Las Noticias de hoy 08 Noviembre 2017

                               Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 08 de noviembre de 2017    

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

 Ricardo Lagos: "El cambio climático y la Laudato si’ al centro de nuestra conversación con el Papa"

 Simposio internacional en el Vaticano sobre desarme nuclear. Prioridades del Papa: paz, ambiente, calidad de vida para la familia humana

LOS FRUTOS DE LA CRUZ: Francisco Fernández-Carvajal

“Que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas”: San Josemaria

 Trabajo de Dios: J. López

“Tenemos que soñar para servir más y mejor a la sociedad”

 Muerte y testamento del Quijote: Ernesto Juliá

Abortos, ZP y Rajoy: Alejo Fernández

 Feminismo radical: Arturo Ramo García.

FRAGILIDAD INSTITUCIONAL: René Mondragón

 Vejez: ¿decrepitud o apogeo?: Plinio Corrêa de Oliveira

Consejos para impuntuales: Lucía Legorreta

Ser cristiano: vocación al compromiso: Ramiro Pellitero

 Nenuco: Amor maternal, amor incondicional: Alfonso Mendiz

Decidida vocación europea y abierta al mundo.: José Morales Martín

Todos estamos llamados a la santidad: Enric Barrull Casals

Agita el avispero iraní: Suso do Madrid

  Oriol Junqueras: Jorge Hernández Mollar

¿Qué habrá tras la paz independentista en Cataluña?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Martes, 7 de noviembre de 2017

En el Evangelio de San Lucas (Lc 14,15-24) de la liturgia de hoy Jesús narra una parábola, sin explicaciones, para responder a uno de los comensales que le dice: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!». El Señor aconseja a quien deba invitar a alguien a casa, que invite a quien no te pueda corresponder. Un hombre dio una gran cena –relata la parábola– e invitó a mucha gente. Los primeros invitados no quisieron ir porque no les interesaba ni la cena, ni la gente, ni la invitación del Señor: solo se preocupaban de sus propios intereses, que consideraban más grandes que la invitación: uno había comprado cinco yuntas de bueyes, otro un campo, y otro se había casado.

En definitiva, se preguntaban qué podían ganar. Estaban “atareados” como aquel hombre que hizo los almacenes para acumular sus bienes, pero murió aquella noche (cfr. Lc 12,20). Estaban tan apegados al interés que les lleva a una esclavitud del Espíritu, es decir, a ser incapaces de entender la gratuidad de la invitación. Una actitud de la que debemos estar en guardia, porque si no se entiende la gratuidad de la invitación de Dios no se comprende nada. La iniciativa de Dios siempre es gratuita. Pero, para ir a ese banquete, ¿cuánto hay que pagar? Pues el billete de entrada es estar enfermo, ser pobre, ser pecador… Así te dejan entrar, ese es el billete de entrada: estar necesitado ya sea en el cuerpo o en el alma, con necesidad de atención, de curación, de amor…

Así pues, hay dos actitudes: por una parte, la de Dios que no cobra nada y, además, dice al siervo que traiga a pobres, lisiados, buenos y malos: se trata de una gratuidad que no tiene límites; Dios recibe a todos. Por otra, el modo de hacer de los primeros invitados que no comprenden la gratuidad. Como el hermano mayor del hijo pródigo, que no quiso ir al banquete organizado por su padre para su hermano que se había ido: no lo entiende (cfr. Lc 15,1ss). Pero, a este que ha gastado todo el dinero, que ha dilapidado la herencia con vicios, con pecados, ¿tú le haces una fiesta? Y yo que soy un católico practicante, que voy a Misa todos los domingos, y cumplo las cosas, ¿a mí nada? No entiende la gratuidad de la salvación, piensa que la salvación es el fruto del ‘yo pago y tú me salvas’. Pago con esto, con esto y con esto… No, ¡la salvación es gratuita! Y si no entras en esa dinámica de la gratuidad, no entiendes nada. La salvación es un don de Dios al que se responde con otro don, el don de mi corazón.

Los que piensan en sus propios intereses, cuando oyen hablar de dones, saben que se deben hacerlos, pero en seguida piensan en que serán correspondidos: haré este regalo, y luego él, en otra ocasión, me hará otro. En cambio, el Señor no pide nada a cambio, solo amor, fidelidad, como Él es amor y es fiel, porque la salvación no se compra, simplemente se entra en el banquete. «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»: esa es la salvación.

Pero los que no están dispuestos a entrar en el banquete, se sienten seguros, a salvo a su modo fuera del banquete, han perdido el sentido de la gratuidad, el sentido del amor. Han perdido una cosa más grande y más hermosa aún, y eso es muy feo: han perdido la capacidad de sentirse amados. Y cuando pierdes –no digo la capacidad de amar, porque esa se recupera– la capacidad de sentirte amado no hay esperanza, has perdido todo. Nos hace pensar en el escrito de la puerta del infierno de Dante: ‘Perded toda esperanza’, has perdido todo. Debemos pensar lo que dice el Señor: ‘Porque yo os digo que quiero que mi casa se llene’. Este Señor que es tan grande, que es tan amoroso, que en su gratuidad quiere llenar la casa. Pidamos al Señor que nos salve de perder la capacidad de sentirnos amados.

 

 

Ricardo Lagos: "El cambio climático y la Laudato si’ al centro de nuestra conversación con el Papa"

Encuentro del Papa Francisco con “The Elder”, la Organización Internacional no gubernamental formada por líderes defensores de la paz y de los derechos humanos. - REUTERS

07/11/2017 14:14

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En el marco del Encuentro del Papa Francisco con “The Elders”, la Organización Internacional no gubernamental formada por un grupo de conocidos líderes defensores de la paz y de los derechos humanos, en Radio Vaticana entrevistamos a uno de sus componentes: Ricardo Lagos Escobar, ex presidente de la República de Chile durante los años 2000 y el 2006, y quien además de político, es economista y abogado y destaca por haber sido recientemente nombrado por la ONU como enviado especial para tratar el cambio climático.

Ricardo Lagos explica que ha tenido un coloquio con el Santo Padre de algo más de una hora en el que han hablado sobre distintos temas. Uno de los primeros asuntos que han tocado ha sido “la próxima visita del Papa a Myanmar y el tema de los refugiados tanto en Myanmar como en el resto del mundo” donde se pudo ver “a un Papa emocionado cuando recuerda aquellos momentos difíciles que le ha tocado presenciar de los campamentos” asegura el ex presidente de Chile.  

También mantuvieron una conversación extensa “sobre el cambio climático” en la que “Laudato si’ fue la figura central” afirma. Una plática en la que hubo dos cosas que le sorprendieron a Ricardo Lagos: “la capacidad del Papa de hablar con un tono que todo el mundo entiende” y “la capacidad de plantear los temas con una responsabilidad muy grande respecto al futuro” y entender en consecuencia que "lo que está en peligro no es el planeta Tierra sino la vida humana”. Además, Ricardo Lagos asegura que el Papa en Laudato si’ “hace un planteamiento de una claridad meridiana”.

En definitiva, asevera Lagos, “a esta generación le ha tocado enfrentar el tema del cambio climático pero también a esta generación y a la próxima le toca el gran desafío de como introducir modificaciones para que nuestras generaciones futuras sigan disfrutando de la Tierra”.

Por último, hablando acerca de temas más actuales como de “Venezuela” y “el tema nuclear y la proliferación”, asegura que fueron temas que el Papa abordó con un espíritu que le llamó mucho la atención “por la serenidad del Pontífice”.

 

 

Simposio internacional en el Vaticano sobre desarme nuclear. Prioridades del Papa: paz, ambiente, calidad de vida para la familia humana

Nunca más Hiroshima - EPA

07/11/2017 14:00

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«Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y un desarme integral». Es el Simposio internacional que se va a celebrar en el Vaticano - el 10 y 11 de noviembre de 2017, en el Aula Nueva del Sínodo - cuyos participantes serán recibidos por el Papa Francisco, al comenzar los trabajos, en la  Sala Clementina, donde pronunciará su intervención.

Un comunicado de la Secretaría de Estado de Su Santidad, citando al Card. Peter Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, instituido por el mismo Santo Padre, señala que «el evento responde a las prioridades del Papa Francisco en favor de la paz y del uso de los bienes de la creación para el desarrollo y una justa calidad de vida para todos, individuos y pueblos, sin distinción».

Mons. Bruno Marie Duffé, Secretario del citado Dicasterio, subrayó en la Conferencia de la agencia  Internacional para la Energía Atómica, que se celebró en Viena del 18 al 22 de septiembre de 2017, la importancia de la «responsabilidad moral de los Estados» y del desafío de una «estrategia común de diálogo», invocadas por el Santo Padre.

«Se trata del primer encuentro global sobre desarme atómico después de la aprobación del ‘Tratado sobre la prohibición de las armas nucleares’, firmado por 122 Países de la Comunidad internacional, entre ellos la Santa Sede en Nueva York, el 7 de julio de 2017, después de intensas y fatigosas negociaciones, y abierto a la firma en aquella misma Ciudad el 20 de septiembre pasado», destaca el mismo Comunicado, que añade luego importantes detalles sobre los participantes.

Particularmente significativo y esperado el testimonio de Masako Wada, una de las últimas supervivientes del bombardeo de Hiroshima, que intervendrá en nombre de las víctimas de las armas atómicas y de todas las víctimas de otros experimentos nucleares.

El Simposio verá la participación de 11 premios Nobel de la Paz, de dirigentes de la ONU y de la OTAN, de lo diplomáticos representantes de los Estados, entre ellos, Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur, Irán; así como destacados expertos en armamentos y exponentes de fundaciones, organizaciones y de la sociedad civil, comprometidos desde hace tiempo y activamente en el tema. También estarán presentes, además de los representantes de las Conferencias episcopales y de las Iglesias, a nivel ecuménico y de otras confesiones religiosas, delegaciones de docentes y estudiantes provenientes de las Universidades de Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea.

 

 

LOS FRUTOS DE LA CRUZ

— Sentido del dolor.

— Sus frutos en la vida cristiana.

— Acudir a Jesús y a María en la enfermedad y en la contradicción.

I. La Cruz es el símbolo y señal del cristiano porque en ella se consumó la Redención del mundo. El Señor empleó la expresión tomar la cruz en diversas ocasiones para indicar cuál había de ser la actitud de sus discípulos ante el dolor y la contradicción. En el Evangelio de la Misa Jesús nos dice: el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo1. Y en otra ocasión, dirigiéndose a todos los presentes, les advirtió: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame2.

El dolor, en sus diversas manifestaciones, es un hecho universal. San Pablo compara el sufrimiento a los dolores de la madre en su alumbramiento: pues sabemos que la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto3, y la experiencia nos enseña que todas las criaturas –pobres y ricos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres– sufren por diversos motivos y causas. Por eso, San Pedro advertía a los primeros cristianos: Carísimos, cuando Dios os prueba con el fuego de las tribulaciones, no os extrañéis, como si os aconteciese una cosa muy extraordinaria4. Parece como si el dolor derivara de la misma naturaleza del hombre. Sin embargo, la fe nos enseña que el sufrimiento penetró en el mundo por el pecado. Dios había preservado al hombre del dolor por un acto de bondad infinita. Creado en un lugar de delicias, si hubiera sido fiel a Dios, habría sido trasladado de este paraíso terreno al Cielo para gozar eternamente de la más pura felicidad.

El pecado de Adán, transmitido a sus descendientes, alteró los planes divinos. Con el pecado, entraron en el mundo el dolor y la muerte. Pero el Señor asumió el sufrimiento humano a través de las privaciones de una vida normal (pasó hambre y sed, se cansó en el trabajo...) y de su Pasión y Muerte en la Cruz, y así convirtió los dolores y penas de esta vida en un bien inmenso. Es más, todos estamos llamados, con el sufrimiento y la mortificación voluntaria, a completar en nuestro cuerpo la Pasión de Jesús5.

La fe en esta participación misteriosa de la Cruz lleva consigo «la certeza interior de que el hombre que sufre completa lo que falta a los padecimientos de Cristo; que en la dimensión espiritual de la obra de la redención sirve, como Cristo, para la salvación de sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, no solo es útil a los demás, sino que realiza incluso un servicio insustituible. En el Cuerpo de Cristo (...) precisamente el sufrimiento (...) es el mediador insustituible y autor de los bienes indispensables para la salvación del mundo. El sufrimiento, más que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la gracia que transforma las almas. El sufrimiento, más que todo lo demás, hace presente en la historia de la humanidad la fuerza de la Redención»6.

En nosotros está colaborar con generosidad con Cristo al aceptar con amor el dolor, las contrariedades, las dificultades normales de la vida, la enfermedad... que Él permite para nuestra santificación personal y la de toda la Iglesia. El dolor tiene entonces sentido y nos convertimos en verdaderos colaboradores del Señor en la obra de la salvación de las almas y, si participamos de sus sufrimientos en la tierra, compartiremos un día su gloria y de este modo la obra de nuestra santificación será completa7.

II. El árbol de la Cruz está lleno de frutos. Los sufrimientos nos ayudan a estar más desprendidos de los bienes de la tierra, de la salud... «Deus meus et omnia!», ¡Mi Dios y mi todo!8, exclamaba San Francisco de Asís. Teniéndole a Él no perdemos gran cosa. Por el contrario, «¡dichoso quien pueda decir de todo corazón: Jesús mío, Tú solo me bastas!»9.

Las tribulaciones son una gran oportunidad de expiar mejor nuestras faltas y pecados de la vida pasada. Enseña San Agustín que, especialmente en esas ocasiones, el Señor actúa como médico para curar las llagas que dejaron los pecados y emplea el medicamento de las tribulaciones10. Las dificultades y dolores que padecemos nos mueven a recurrir con más prontitud y constancia a la misericordia divina: En su angustia me buscarán11, dice el Señor por boca del Profeta Oseas. Y Jesús nos invita a que vayamos a Él en esas situaciones difíciles: Venid a Mí todos cuantos andáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré12. ¡Tantas veces hemos experimentado este alivio! Verdaderamente, Él es nuestro refugio y nuestra fortaleza13 en medio de todas las tempestades de la vida, es el puerto donde hemos de acudir presurosos.

Las contrariedades, la enfermedad, el dolor... nos dan ocasión de practicar muchas virtudes (la fe, la fortaleza, la alegría, la humildad, la identificación con la voluntad divina...) y nos dan la posibilidad de ganar muchos méritos. «Al pensar en todo lo de tu vida que se quedará sin valor, por no haberlo ofrecido a Dios, deberías sentirte avaro: ansioso de recogerlo todo, también de no desaprovechar ningún dolor. —Porque, si el dolor acompaña a la criatura, ¿qué es sino necedad el desperdiciarlo?»14. Y existen épocas en la vida en las que se presenta abundantemente... No dejemos que pase sin que deje bienes copiosos en el alma.

El dolor llevado con sentido cristiano es un gran medio de santidad. Nuestra vida interior necesita también de contradicciones y de obstáculos para crecer. San Alfonso Mª de Ligorio afirmaba que así como la llama se aviva al contacto del aire, así el alma se perfecciona al contacto de las tribulaciones15. Incluso las tentaciones ayudan a progresar en el amor al Señor. Fiel es Dios, quien no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas; antes bien, junto con la tentación os dará también la ayuda para soportarla16. Y la prueba sobrellevada junto al Señor nos atrae nuevas gracias y bendiciones.

III. Cuando nos veamos atribulados acudamos a Jesús, en quien siempre encontraremos consuelo y ayuda. Como el Salmista, también nosotros podremos decir: Clamé al Señor en mi congoja, y me escuchó17, pues carecemos de fuerza frente a esa gran multitud que se nos viene encima, y no sabemos qué hacer; mas en Ti tenemos puestos nuestros ojos18. En el Corazón misericordioso de Jesús encontramos siempre la paz y el auxilio. A Él es a quien primero debemos acudir con serenidad para no tener que oír las palabras que un día dirigió el Maestro a Pedro: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?19. «¡Oh, válgame Dios! –exclamaba Santa Teresa–. Cuando Vos, Señor, queréis dar ánimo, ¡qué poco hacen todas las contradicciones!»20. Pidamos siempre ese «ánimo» a Jesús cuando se haga presente el dolor o la tribulación.

Junto al Señor, todo lo podemos; lejos de Él no resistiremos mucho. «Con tan buen amigo presente –nuestro Señor Jesucristo–, con tan buen capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero»21. Con Él, nos sabremos comportar con alegría, incluso con buen humor, en medio de las dificultades, como hicieron los santos. Abundantes ejemplos nos han dejado.

El Señor nos enseñará también a ver las pruebas y las penas con más objetividad, para no dar importancia a lo que de hecho no la tiene y para no inventarnos penas que, por falta de humildad, crea la imaginación, o bien aumentarlas de volumen cuando, con un poco de buena voluntad, podemos sobrellevarlas sin darles la categoría de drama o de tragedia.

Al terminar nuestra oración acudimos a Nuestra Señora para que Ella nos enseñe a sacar fruto de todas las dificultades que hayamos de padecer, o que estemos pasando en estos días. «“Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!” —invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.

»—Y pídele –para cada alma– que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada»22.

1 Lc 14, 27. — 2 Lc 9, 23. — 3 Rom 8, 22. — 4 1 Pdr 4, 12. — 5 Cfr. Col 1, 24. — 6 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 27. — 7 Cfr. A. Tanquerey, La divinización del sufrimiento, pp. 20-21. — 8 San Francisco de Asís, Opúsculos, Pedeponti, 1739, vol. I, p. 20. — 9 San Alfonso Mª de Ligorio, Sermones abreviados, 43, 1, en Obras ascéticas de... vol. II, p. 822. — 10 Cfr. San Agustín, Comentario a los Salmos, 21, 2, 4. — 11 Os 6, 1. — 12 Mt 11, 28. — 13 Sal 45, 2. — 14 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 997. — 15 San Alfonso Mª de Ligorio, o. c., p. 823. — 16 1 Cor 10, 13. — 17 Sal 119, 1. — 18 2 Par 20, 12. — 19 Mt 14, 31. — 20 Santa Teresa, Fundaciones, 3, 4. — 21 ídem, Vida, 22. — 22 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 258.

 

 

“Que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas”

Ama y busca la ayuda de quien lleva tu alma. En la dirección espiritual, pon al descubierto tu corazón, del todo —¡podrido, si estuviese podrido!—, con sinceridad, con ganas de curarte; si no, esa podredumbre no desaparecerá nunca. Si acudes a una persona que sólo puede limpiar superficialmente la herida..., eres un cobarde, porque en el fondo vas a ocultar la verdad, en daño de ti mismo. (Forja, 128)

Me produce una pena muy grande enterarme de que un católico –un hijo de Dios que, por el Bautismo, está llamado a ser otro Cristo– tranquiliza su conciencia con una simple piedad formularia, con una religiosidad que le empuja a rezar de vez en cuando, ¡sólo si piensa que le conviene!; a asistir a la Santa Misa en los días de precepto –y ni siquiera todos–, mientras cuida puntualmente que su estómago se quede tranquilo, comiendo a horas fijas; a ceder en su fe, a cambiarla por un plato de lentejas, con tal de no renunciar a su posición... Y luego, con desfachatez o con escándalo, utiliza para subir la etiqueta de cristiano. ¡No! No nos conformemos con las etiquetas: os quiero cristianos de cuerpo entero, de una pieza; y, para conseguirlo, habréis de buscar sin componendas el oportuno alimento espiritual.
Por experiencia personal os consta –y me lo habéis oído repetir con frecuencia, para prevenir desánimos– que la vida interior consiste en comenzar y recomenzar cada día; y advertís en vuestro corazón, como yo en el mío, que necesitamos luchar con continuidad. Habréis observado en vuestro examen –a mí me sucede otro tanto: perdonad que haga estas referencias a mi persona, pero, mientras os hablo, estoy dando vueltas con el Señor a las necesidades de mi alma–, que sufrís repetidamente pequeños reveses, y a veces se os antoja que son descomunales, porque revelan una evidente falta de amor, de entrega, de espíritu de sacrificio, de delicadeza. Fomentad las ansias de reparación, con una contrición sincera, pero no me perdáis la paz.
(...) Os insisto en que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas, al que confiéis todas vuestras ilusiones santas y los problemas cotidianos que afecten a la vida interior, los descalabros que sufráis y las victorias. (Amigos de Dios, nn. 13-15)

 

 

Trabajo de Dios

«No os digo: abandonad la ciudad y apartaos de los negocios ciudadanos. No. Permaneced donde estáis, pero practicad la virtud». Lo decía un santo del siglo IV y lo repetía San Josemaría, al proclamar que en la vida ordinaria, hecha de trabajo, nos espera Dios.

Trabajo 6 de Mayo de 2012

Foto: Jcarlosbulas

 

San Josemaría solía hablar de la vieja novedad del mensaje que recibió de Dios: viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo[1]. Viejo, pues el espíritu del Opus Dei es el que han vivido los primeros cristianos, que se sabían llamados a la santidad y al apostolado sin salirse del mundo, en sus ocupaciones y tareas diarias. Por eso, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime, del Bautismo[2].

Llenaba de alegría al Fundador del Opus Dei encontrar en los escritos de los antiguos Padres de la Iglesia trazas de este mensaje. Bien claras a este respecto son las palabras que San Juan Crisóstomo dirige a los fieles en el siglo IV: «No os digo: abandonad la ciudad y apartaos de los negocios ciudadanos. No. Permaneced donde estáis, pero practicad la virtud. A decir verdad, más quisiera que brillaran por su virtud los que viven en medio de las ciudades, que los que se han ido a vivir en los montes. Porque de esto se seguiría un bien inmenso, ya que nadie enciende una luz y la pone debajo del celemín... Y no me vengas con que: tengo hijos, tengo mujer, tengo que atender la casa y no puedo cumplir lo que me dices. Si nada de eso tuvieras y fueras tibio, todo estaba perdido; aun cuando todo eso te rodee, si eres fervoroso, practicarás la virtud. Sólo una cosa se requiere: una generosa disposición. Si la hay, ni edad, ni pobreza, ni riqueza, ni negocios, ni otra cosa alguna puede constituir obstáculo a la virtud. Y, a la verdad, viejos y jóvenes; casados y padres de familia; artesanos y soldados, han cumplido ya cuanto fue mandado por el Señor. Joven era David; José, esclavo; Aquila ejercía una profesión manual; la vendedora de púrpura estaba al frente de un taller; otro era guardián de una prisión; otro centurión, como Cornelio; otro estaba enfermo, como Timoteo; otro era un esclavo fugitivo, como Onésimo, y, sin embargo, nada de eso fue obstáculo para ninguno de ellos, y todos brillaron por su virtud: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, esclavos y libres, soldados y paisanos»[3].

«El Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia» (Juan Pablo II).

Las circunstancias de la vida ordinaria no son obstáculo, sino materia y camino de santificación. Con las debilidades y defectos propios de cada uno somos, como aquellos primeros discípulos, ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe[4]. El espíritu del Opus Dei se dirige a cristianos que no necesitan salirse de su propio lugar para encontrar y amar a Dios, precisamente porque —como ha recordado Juan Pablo II glosando la enseñanza de San Josemaría— «el Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia»[5].

Por eso, exclamaba nuestro Padre: Al suscitar en estos años su Obra, el Señor ha querido que nunca más se desconozca o se olvide la verdad de que todos deben santificarse, y de que a la mayoría de los cristianos les corresponde santificarse en el mundo, en el trabajo ordinario. Por eso, mientras haya hombres en la tierra, existirá la Obra. Siempre se producirá este fenómeno: que haya personas de todas las profesiones y oficios, que busquen la santidad en su estado, en esa profesión o en ese oficio suyo, siendo almas contemplativas en medio de la calle[6].

Las enseñanzas que San Josemaría ha transmitido con su palabra y sus escritos, junto con su ejemplo, constituyen un espíritu con unos rasgos característicos, como el sentido de la filiación divina, la contemplación en la vida ordinaria, la fusión de alma sacerdotal y mentalidad laical, el amor a la libertad y la alegría de los hijos de Dios... Estos y todos los demás aspectos de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei no son elementos simplemente yuxtapuestos, sino destellos de un único espíritu capaz de informar y penetrar todos los momentos y circunstancias de la vida.

Como gira con naturalidad una puerta alrededor de su eje, del mismo modo el espíritu de la Obra se apoya, como en su quicio, en el trabajo ordinario, en el trabajo profesional ejercido en medio del mundo[7]. El quicio de una puerta no es más importante que la puerta, sino un elemento que ocupa una posición singular. Así como no serviría para nada un gozne solo, sin puerta, del mismo modo apenas tendría sentido —por mucho que brillara— un trabajo profesional aislado del conjunto, convertido en fin de sí mismo: un trabajo que no fuera eje de la santificación de toda la vida ordinaria, familiar y social. Pero a la vez, ¿qué sería de la puerta sin el eje? Para nosotros, el trabajo profesional y los deberes familiares y sociales son elementos inseparables de la unidad de vida, imprescindible para santificarnos y santificar el mundo desde dentro, configurando la sociedad humana según el querer de Dios[8].

Nuestro trabajo profesional puede ser, efectivamente, trabajo de Dios, operatio Dei, porque somos hijos adoptivos de Dios y formamos una sola cosa con Cristo. El Hijo Unigénito se ha hecho Hombre para unirnos a Sí —como los miembros de un cuerpo están unidos a la cabeza— y obrar a través de nosotros. Verdaderamente, somos de Cristo como Cristo es de Dios[9]. Él vive y obra en el cristiano por la gracia.

San Josemaría predicó incansablemente que cualquier trabajo honesto puede santificarse —hacerse santo—, convertirse en obra de Dios. Y que el trabajo así santificado nos identifica con Cristo —perfecto Dios y perfecto Hombre—, nos santifica y perfecciona, haciéndonos imagen suya. Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios[10]: no un castigo o maldición, sino una realidad querida y bendecida por el Creador antes del pecado original[11], una realidad que el Hijo de Dios encarnado asumió en Nazaret, donde llevó una vida de largos años de trabajo cotidiano en compañía de Santa María y San José, sin brillo humano pero con esplendor divino. En manos de Jesús el trabajo, y un trabajo profesional similar al que desarrollan millones de hombres en el mundo, se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación[12]. El mismo esfuerzo que exige el trabajo ha sido elevado por Cristo a instrumento de liberación del pecado, de redención y santificación[13]. No existe trabajo humano limpio que no pueda «transformarse en ámbito y materia de santificación, en terreno de ejercicio de las virtudes y en diálogo de amor»[14].

En nuestras manos, como en las de Cristo, el trabajo ha de convertirse en oración a Dios y en servicio a los hombres para corredención de la humanidad entera. El Creador había formado al hombre del barro de la tierra y le había hecho partícipe de su poder creador para que perfeccionara la creación, transformándola con su ingenio[15]. Sin embargo, después del pecado, en vez de elevar las realidades de esta tierra a la gloria de Dios por medio del trabajo, frecuentemente el hombre se ciega y se degrada. Pero Jesús ha convertido el barro en colirio para curar nuestra ceguera, de modo similar a como hizo con el ciego de nacimiento[16]. Cuando descubrimos que es posible santificar el trabajo, todo se ilumina con un nuevo sentido, y empezamos a ver y amar a Dios —a ser contemplativos— en las situaciones que antes parecían monótonas y vulgares o se desplegaban sobre un horizonte sólo terreno, sin alcance eterno y sobrenatural.

Un espléndido panorama se presenta ante nosotros: santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo[17]. Somos protagonistas del designio divino de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. Designio que Dios quiso que nuestro Padre comprendiera con una visión clarividente que le llevaba a escribir, lleno de fe en la gracia y de confianza en nuestra correspondencia: Contemplo ya, a lo largo de los tiempos, hasta al último de mis hijos —porque somos hijos de Dios, repito— actuar profesionalmente, con sabiduría de artista, con felicidad de poeta, con seguridad de maestro y con un pudor más persuasivo que la elocuencia, buscando —al buscar la perfección cristiana en su profesión y en su estado en el mundo— el bien de toda la humanidad[18].

* * *

Oh Dios, ¡qué preciosa es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres a la sombra de tus alas se cobijan (...). En ti está la fuente de la vida, y en tu luz veremos la luz[19]. La Santísima Trinidad concedió a nuestro Padre su luz para que contemplara profundamente el misterio de Jesucristo, luz de los hombres[20]: le otorgó «una vivísima contemplación del misterio del Verbo Encarnado, gracias a la cual comprendió con hondura que el entramado de las realidades humanas se compenetra íntimamente, en el corazón del hombre renacido en Cristo, con la economía de la vida sobrenatural, convirtiéndose así en lugar y medio de santificación»[21]. El espíritu de la Obra ha iluminado ya la vida de multitud de hombres y mujeres de las más diversas condiciones y culturas, que han emprendido la aventura de ser santos en la naturalidad de la vida ordinaria. Una aventura de amor a Dios, abnegado y fuerte, que colma de felicidad el alma y siembra en el mundo la paz de Cristo[22].

Juan Pablo II invitó a seguir fielmente el ejemplo de San Josemaría. «Tras las huellas de vuestro Fundador, proseguid con celo y fidelidad vuestra misión. Mostrad con vuestro esfuerzo diario que el amor de Cristo puede animar todo el arco de la existencia»[23]. Contamos sobre todo con la intercesión de Nuestra Madre. A Ella le pedimos que nos prepare diariamente el camino y nos lo conserve siempre. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!, iter serva tutum!

J. López


 

[1] Conversaciones, n. 24.

[2] Ibidem.

[3] San Juan Crisóstomo, In Matth. hom., XLIII, 5.

[4] Conversaciones, n. 24.

[5] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 2.

[6] De nuestro Padre, Carta 9-I-1932, nn. 91-92. Citado en El Fundador del Opus Dei, p. 304.

[7] Es Cristo que pasa, n. 45.

[8] Cfr. Conc. Vaticano II, Cons. dogm. Lumen gentium, n. 33.

[9] Cfr. Jn 6, 56-57; XVII, 23; 1 Co 3, 23; Col 1, 26-29; Gal 2, 20; Rm 8, 10-11.

[10] Es Cristo que pasa, n. 47.

[11] Cfr. Gn 2I, 15.

[12] Conversaciones, n. 55.

[13] Cfr. 1 Cor 6, 11.

[14] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 2.

[15] Cfr. Gn 2, 7, 15.

[16] Cfr. Jn 7, 7.

[17] Es Cristo que pasa, n. 44.

[18] De nuestro Padre, Carta 9-I-1932, n. 4.

[19] Sal 35, 8, 10.

[20] Jn 1, 4.

[21] Congregación para las Causas de los Santos, Decreto sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, 9-IV-1990, §3.

[22] Cfr. Ef 1, 10.

[23] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 4.

 

 

“Tenemos que soñar para servir más y mejor a la sociedad”

Una mesa redonda analiza en la Universidad de Navarra la relación de las figuras de don José María Arizmendiarrieta, san Josemaría y san Ignacio de Loyola.

Del Opus Dei 26 de Noviembre de 2016

 

Con motivo del 40 aniversario del fallecimiento de don José María Arizmendiarrieta, precursor del movimiento cooperativo en Mondragón, la Universidad de Navarra acogió la mesa redonda "Huellas del trabajo". En ella se abordó la relación entre las trayectorias de este sacerdote vizcaíno, declarado venerable por el Papa Francisco, san Josemaría y san Ignacio de Loyola, tres figuras con un denominador común: su conexión entre la espiritualidad y dimensiones del mundo laboral, social y de la realidad cotidiana.

“Desde perfiles distintos de la fe, somos capaces de aportar a la sociedad con humildad y sin complejos el fermento que necesita” (Xabier Retegi, presidente de la Fundación Arizmendiarrieta)

José María Guibert, rector de la Universidad de Deusto; Carlos García de Andoin, vocal de la Fundación Arizmendiarrieta; y María Iraburu, vicerrectora de Profesorado de la Universidad de Navarra, analizaron sus biografías: “Desde perfiles distintos de la fe, somos capaces de aportar a la sociedad con humildad y sin complejos el fermento que necesita”, afirmó el moderador Xabier Retegi, presidente de la Fundación Arizmendiarrieta.

Los ponentes y el moderador del diálogo "Huellas del trabajo", en la Universidad de Navarra. Foto: Manuel Castells.

José María Guibert, rector de Deusto, repasó las etapas principales de la vida de Ignacio de Loyola, partiendo de la herida en Pamplona hasta su peregrinación y los estudios en Teología.

José María Guibert, rector de Deusto, identificó las características del “liderazgo ignaciano” en el siglo XXI

Asimismo, identificó las características del “liderazgo ignaciano” en el siglo XXI: conocerse a uno mismo, construir un cuerpo unido y servicial, e impulsar una misión orientadora. “Hay que analizar la realidad, planificar instituciones con un espíritu y gestionar lo planificado con un modo de proceder”, destacó.

El trabajo, colaboración en la acción creadora

Le siguió en la exposición Carlos García de Andoin, vocal de la Fundación Arizmendiarrieta, quien sostuvo que, para el sacerdote, impulsor de la aplicación de la doctrina social de la Iglesia en el trabajo, “fue difícil concebir este en el sentido técnico que trajo la Revolución industrial como hábitat de transformación del orden social”.

“La suerte de los desfavorecidos se juega en la creación de riqueza y de empleo repartidos en una comunidad. La profesión y las empresas también construyen el reino de Dios” (Carlos García de Andoin)

“La suerte de los desfavorecidos se juega en la creación de riqueza y de empleo repartidos en una comunidad. La profesión y las empresas también construyen el reino de Dios”, dijo. De acuerdo con García de Andoin, Arizmendiarrieta coincide con Josemaría Escrivá en el desarrollo del trabajo como colaboración en la acción creadora. “A través del trabajo Dios hace al hombre socio de su mejor empresa: la creación”, manifestó.

En este sentido, la vicerrectora de Profesorado de la Universidad de Navarra, María Iraburu, quiso destacar que “las huellas de los hombres de Dios son una herencia viva que sigue inspirándonos y señalando el camino a seguir”.

María Iraburu, quiso destacar que “las huellas de los hombres de Dios son una herencia viva que sigue inspirándonos y señalando el camino a seguir”

Siguiendo la invitación del fundador de la Universidad de Navarra, la vicerrectora afirmó: “Tenemos que soñar para servir más y mejor a la sociedad”. Así pues, explicó, “queda la tarea tanto de discernir los retos del presente y afrontarlos desde las tareas profesionales; como el modo de establecer vínculos entre instituciones y personas para llegar juntos más lejos”.

 

Finalmente, María Iraburu se refirió a la santificación del trabajo profesional que propuso san Josemaría, quien “percibió el valor espiritual de las realidades terrenas como lugar de encuentro con Dios”. Para él –recordó la profesora–, la realización del trabajo con perfección y competencia no es suficiente; pues la frontera entre realidad material y espiritual es muy tenue. “Hay un algo santo, divino, en las situaciones comunes que nos toca descubrir a cada uno”, concluyó citando al santo.

 

 

Muerte y testamento del Quijote

Ernesto Juliá

En estos días de noviembre es casi obligada una visita a la tumba de quienes nos han precedido en dejar los caminos de la tierra, abriéndose paso hacia la Vida Eterna. Un día también nosotros seguiremos sus pasos.

En esta perspectiva hoy me acerco a la muerte de Alonso Quijano el Bueno, que Cervantes eternizó. 

“Morir cuerdo y vivir loco

Todavía muchos se harán la misma pregunta: ¿el final del Quijote, ese capítulo 74 de la Segunda Parte, es la forma más perfecta, o al menos, la más conveniente y acertada, para acabar con la aventura del Hidalgo?

No sé si Cervantes le dio muchas vueltas a su cabeza, antes de decidirse por esa solución. Vista hoy parece fácil coincidir con él en que el “morir cuerdo y vivir loco” ha sido el final más acertado para el héroe.

En su lecho de muerte, y después de dormir seis largas horas, despertó el Quijote y exclamó:

“¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres”.

A lo largo de las páginas de la Primera y de la Segunda Parte palpita la luz y las sombras de la misericordia divina, el aliento del más profundo sentido cristiano del vivir; y entra dentro de la lógica vital que el Quijote recobre la plena conciencia de la vida eterna cuando se prepara a rendir el alma a Dios.

Don Quijote se lanza a deshacer entuertos como un enviado de Dios -ciertamente no es un profeta ni hijo de profeta-, para hacer justicia en esta tierra llena de pecado. Su cabeza se descalabra y osa intentar hacer justicia contra los gigantes, molinos de viento; una justicia que siempre busca el revivir de la dignidad del hombre querida por Dios -también la de los condenados a galeras-, más que cumplir la letra de una ley establecida por la simple autoridad de los hombres.

El Hidalgo de la Mancha presta su lanza, y las pocas fuerzas de Rocinante, para llevar a cabo su gran misión:

“Y para entonces os prometo mi favor y ayuda, como me obliga mi profesión, que no es otra sino favorecer a los desvalidos y menesterosos” (cap. LII, part 1ª)

Don Quijote de la Mancha no desfallece nunca y aun después de ser devuelto a su pueblo, el lugar sin nombre de la Mancha, en un carro de bueyes, descalabrado y sin fuerzas, recapacita, se recompone y vuelve a comenzar.

¿Es verdaderamente un “error” la vida del Quijote?

No. El sentido profundamente cristiano de la justicia que el Quijote sueña con establecer en todas sus aventuras, viene a ser un eco de la liberación del pecado que Jesucristo estableció muriendo en la Cruz; un anuncio de la Verdad eterna de la Redención del hombre por Dios.

Después de pedir a la Sobrina que llamara a sus bueno amigos, el Cura, el bachiller Sancho Carrasco y a Nicolás el Barbero, porque quiere confesarse y hacer testamento, don Quijote abrió su alma:

“Dadme albirícias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron el renombre de Bueno (…) ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentando en mi cabeza, las abomino”.

Ante las hazañas y desvaríos del Quijote las reacciones son muy dispares. Algo tienen sin embargo en común: invitan a pensar. Como quedaron pensativos los que formaban el coro de personajes en la disputa sobre el yelmo de Mambrino, cuando oyeron la voz de don Quijote:

“Y en la mitad de este caos, máquina y laberinto de cosas, dijo (don Quijote) con voz que atronaba la venta: -¡Ténganse todos; todos envainen; todos se sosieguen; óiganme todos, si todos quieren quedar con vida! A cuya gran voz todos se pararon” (part. 1ª, cap. XLV).

Volver a la cordura, y prepararse a bien morir, es la última invitación a todos nos hace don Quijote-Alonso Quijano.

“Yo, señores, me estoy muriendo a toda priesa: déjense burlas aparte, y traíganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento, que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre de su alma” (part. 2ª, cap. LXXIV).

El escribano dio testimonio de que no le constaba  que ningún caballero andante hubiese muerto “tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote” (part. 2ª, cap.  LXXIV).

Con el deseo de “desfacer entuertos”, el Quijote-Alonso Quijano, no perdió la vida; ganó la última batalla, anunciando la Resurrección, la Vida Eterna, como le cantó el bachiller Carrasco:

                        “Yace aquí el Hidalgo fuerte

                        que a tanto extremo llegó

                        de valiente, que se advierte

                        que la muerte no triunfó

                        de su vida con su muerte”

                        “Morir cuerdo, vivir loco”

Sin duda, su mejor Testamento.

 

 

Abortos, ZP y Rajoy

Los pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla. Recordemos algo del 2014 muy aumentado en 2017

Zapatero ZP = Rajoy en todo.( del artículo Abortos, Rajoy, ZP Criticas 2014-09-18)> Cobardía o traición

"Todo el demencial aparato legal de la época de Zapatero continua vigente y refrendado por la asunción de quienes eran su oposición. Todos los discursos del PP contra las leyes de Zapatero contrarias al derecho natural, a la concepción del ser humano, siguen igual. Todas las medidas a favor de los grupos de presión del homosexualismo político, de la ideología de género, la ausencia de control sobre las empresas que se dedican lucrativamente al aborto, incluso la instrucción a los fiscales de que no persigan las falsas denuncias de violencia de género que interponen algunas mujeres, siguen en pie".

"¿En la cultura del sentido de la vida humana, de la concepción del ser humano, de la razón moral, es decir de la capacidad para interpretar y señalar el bien, en que se diferencia Mariano Rajoy y su Gobierno de Zapatero? Hasta ahora en nada. Es más con el PSOE todo era más claro, con el PP más confuso, y por consiguiente más desmovilizada la sociedad del bien común. Hay que terminar con esta situación que nos asfixia. Si Mariano Rajoy quiere el aborto, no podemos querer que siga Mariano Rajoy".

Notas sobre Abortos.- El aborto es el drama de nuestra época que escandalizará y horrorizará a la futuras generaciones cuando  esta tragedia sea un recuerdo más en la Historia de los de los horrores de la humanidad” (S.O.S familia)

Abortos retroceden en USA > En 2914 se cerraron 73 clínicas abortistas  en los EE.UU. En 1991 existían  2.176, hoy el 75% de ellas han desaparecido. Quedan aun 551 centros de abortos  centros quirúrgicos en la nación.  Solo  30 países de lo 179 existentes, permiten el aborto en sus leyes y en todo el mundo comienza a extenderse  la restricción de los abortos. Europa sigue siendo  la región del planeta  donde más países permiten al aborto sin restricciones. En España tuvimos 108.690 en 2013

En 2017 no solo ha empeorado el tema de los abortos sino que con los LGBTIQ han adquirido naturaleza legal en el mundo cristiano, hasta el punto de que en numerosas naciones como Inglaterra y los países escandinavos  enormes multas y la cárcel se ciernen sobre cualquier que incumpla las leyes aprobadas. Nuestro mundo se sigue degradando de forma satánica.  ¿ Hasta cuándo?

Mérida 2017-11-07  Alejo Fernández > alejo1926@gmail.com

 

 

Feminismo radical


       Uno de los hechos que caracterizan nuestro tiempo es la manipulación del lenguaje y la confusión de los conceptos. Las palabras quedan vacías de su sentido original y toman otros contenidos nuevos.

       Algo de esto ocurre con el feminismo original y el feminismo radical, que ha derivado del anterior. Para Cristina Hoff Sommers, el feminismo es la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Es un movimiento de la historia, espontáneo, que es protagonizado por mujeres y no tiene carácter político, sino que tiene que ver con todos los campos de la vida, y persigue la justa reinvocación de la igualdad jurídica, social y política de la mujer y el hombre.

       El feminismo radical es una ideología política sustituta del marxismo en el imaginario teórico de la izquierda progresista. Lo mismo que hay ricos opresores y pobres oprimidos, también la mujer está presa en un sistema patriarcal opresivo.    El nivel de radicalidad de este feminismo puede tener distintos grados de desarrollo, desde lo más elemental hasta los casos más extremos y radicales, de carácter maoísta.

       De los restos del feminismo radical surgió en Estados Unidos la ideología de género, que hoy día comprende a otros movimientos feministas. La feminista Mª Giovanna Nocelli llega a afirmar que “aceptar la ideología de género es, para el feminismo, una forma de suicidio”.

       La ideología de género ha desarrollado los modelos de emancipación de la mujer, que pretende el igualitarismo entre hombres y mujeres, aunque en realidad termina reduciéndose a “imitar al varón”

Arturo Ramo García.

 

 

FRAGILIDAD INSTITUCIONAL

Por René Mondragón

INCERTIDUMBRE HABEMUS

¡Y que se descubre un nuevo yacimiento petrolero! Como era obvio esperar, la retórica triunfalista, el boato, la parafernalia y los detalles perfectamente coreografiados, echaron a volar las campanas nacionales. Nuestros pozos petroleros  -con todo y Romero Deschamps, antediluviano líder sindical- se han vestido de gloria.

Al escribano le pareció, de pronto, sacar del baúl de los recuerdos, los festejos del presidente López Mateos, los “reventones” en el Molino Rojo en  París, de la pareja López Portillo; y las celebraciones afrancesadas de don Benito y don Porfirio. ¡Era el paroxismo de la felicidad!

Casi podía escucharse el murmullo de las olas de los hombres y mujeres del presidente: “Por fin, volvemos a ser ricos. Adiós a los funestos efectos de la racionalidad en el gasto y los recortes presupuestales. ¡Aquí hay petróleo para un buen rato!” 

Lo malo del asunto es que ya casi, no tenemos clientes a quien venderles el “oro negro”, porque todo mundo está más preocupado por sustituir esos hidrocarburos por energía más limpia y amigable con el ambiente. Y nuestros socios extranjeros, pareciera que ya no están muy interesados.

En fin. El asunto  no logró capturar la atención del respetable, porque se “encuataron” las notas. Al parejo de los globos y las serpentinas, (http://www.animalpolitico.com/2017/02) “la otra nota” superó la del nuevo yacimiento: Pemex pierde 100 mil mdp por robo de combustible y fugas en el sexenio de Peña. En el periodo 2009-2016 la cantidad de combustible perdido asciende a 14 mil 652 millones de litros. Ese monto es 55% superior al que se registró con Felipe Calderón en los últimos cuatro años de su administración.

Y hasta donde las fuentes del escribano aseguran, todavía no hay Fiscal contra los “Huachicoleros” (Nombre rarísimo en el argot mexicano para los ladrones de combustible). La pregunta es insoslayable: ¿Para qué tanta celebración? ¿En verdad hay algo qué celebrar en estos días en México?

PARTE DEL PROBLEMA

Este amanuense sigue sosteniendo que nunca –y ahora menos que nunca- ha deseado que le vaya mal al presidente Peña; porque si le va mal al mandatario, nos va peor a todos (Pregúntese a Puigdemont, que dejó en la orfandad a sus gobernados, igualito que el subcomandante Marcos en México, cuando se inundó Chiapas. El defensor de los pobres nunca se paró por allí  ayudar a los damnificados) Lo que sucede es que a nuestro presidente le ha ido como en feria: Si pone un circo, le crecen los enanos.

Mis adorables lectoras y gentiles lectores lo recuerdan en sus tweets: Desde el “Saving México”, pasando por la casa blanca, Ayotzinapa, las reformas que no acaban de cuajar; el enorme crecimiento de la delincuencia y el narcotráfico, más el pleito con Trump; los eternos pleitos con la CNTE;  la veintena de gobernadores del PRI, y los tan indudables como escasos resultados alcanzados, dejan en una posición muy incómoda al mandatario mexica.

…Y PARIÓ LA ABUELA

Las dificultades presidenciales no terminan ahí. Odebretch, Raúl Cervantes (hoy ex procurador), Emilio Lozoya (hoy ex director de PEMEX) y Santiago Nieto (hoy ex Fiscal para Delitos Electorales), se han convertido en un verdadero molusco-invertebrado-gaseoso, en una simbiosis jurídica, política, mediática, económica de connotaciones internacionales. Veamos:

En otros países –que conste, “en otros países”- los sobornos entregados por ejecutivos de Odebretch han conseguido procesos penales, incluso, contra ex presidentes de sus respetivas repúblicas. Aquí, la retórica acostumbrada: “Seguimos investigando”.

El desaseado tema del “Fiscal Carnal” daba la impresión de enviar al Siglo XXXI, la resolución de los procesos penales contra el montón de funcionarios priístas con evidencias de una enorme corrupción y enriquecimiento ilícito. Parece un acierto de Raúl Cervantes haber renunciado a ser Procurador General.

Y cuando los indicios apuntaban a la tranquilidad post tormentum,  que corren a Santiago Nieto y descabezan a la FEPADE en un año de elecciones presidenciales; amén de que tampoco se ha nombrado al Fiscal Anticorrupción y los temas de transparencia duermen el sueño de los injustos.

Por supuesto, las secuelas de los sismos, las carretadas de dinero requeridas para la reconstrucción y las ocurrencias hipotecarias para los mayores de 70 años, vienen a aderezar más los frágiles escenarios. La impresión es simple: A 100 años de la Constitución Mexicana, continúa la fragilidad de nuestras instituciones.

 

Vejez: ¿decrepitud o apogeo?

 

Cómo se engaña el mundo moderno cuando sólo ve en el envejecimiento una decadencia. Cuando se sabe apreciar más los valores del espíritu de que los del cuerpo, envejecer es crecer en lo que el hombre tiene de más noble, que es el alma, si bien que signifique la decadencia del cuerpo, que es apenas el elemento material de la persona humana.

¡Y que decadencia! Es verdad que el cuerpo pierde su belleza y vigor. Pero éste se enriquece con la transparencia de un alma que a lo largo de la vida supo desarrollarse y creer. Transparencia esta que constituye la más alta belleza de que la fisonomía humana sea capaz.

Santa María Eufrasia Pelletier, nació en La Vandée, Francia en 1796, fundadora de una Congregación docente femenina, falleció en 1868. Su fiesta se celebra el día 24 de abril.

Nada de lo que signifique hermosura le faltó en su juventud, la perfección de los trazos, la belleza de los ojos y del cutis, la distinción de su fisonomía, la nobleza de porte, la elegancia y la gracia de la juventud.

Agregamos: el esplendor de un alma clara, lógica, vigorosa, pura, reflejándose fuertemente en su faz.

Es el tipo magnífico de joven cristiana.

Veámosla en su ancianidad. Del encanto de los viejos tiempos, resta apenas un vago perfume. Pero otra hermosura más alta brilla en este semblante admirable. ¡La mirada ganó en profundidad, una serenidad noble e imperturbable parece preanunciar en ella algo de la nobleza trascendente y definitiva de los bienaventurados en la gloria celestial!

El rostro conserva el vestigio de las arduas batallas de la vida interior y apostólica de los Santos. Alcanzó algo de fuerte, de completo, de inmutable: es la madurez en el más bello sentido de la palabra. La boca es un trazo rectilíneo, fino, expresivo, que trae la nota típica de una templanza de hierro. Una gran paz, una bondad sin romanticismo ni ilusión, con algún resto de la antigua belleza, refleja aún esta fisonomía.

El cuerpo decayó, pero el alma creció tanto, que ya está toda en Dios, y hace pensar en la palabra de San Agustín: nuestro corazón, Señor, fue creado para Vos, y sólo está en paz, cuando reposa en Vos.

¿Quién osaría afirmar que, para Santa María Eufrasia, envejecer fue lo mismo que decaer?

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Consejos para impuntuales

Lucía Legorreta

Última actualización: 07 Noviembre 2017

La puntualidad no es un rasgo de la personalidad, sino un buen hábito que forma parte del orden. Es una filosofía de vida que respeta a los demás y permite vivir más tranquilo.

Las personas que llegan tarde sufren consecuencias negativas: falta de credibilidad (los demás ya no confían en ella); la impuntualidad es sinónimo de desorganización, de no tener palabra, de ser poco profesional.

Es un motivo de estrés para quien llega tarde y para quien espera y provoca el llamado efecto arrastre, terminan por desorganizar su agenda, su tiempo y el de sus acompañantes. La impuntualidad es contagiosa.   

¿Eres una de persona que nunca llega a tiempo? Estos son diez consejos para trabajar tu impuntualidad:

1. Detecta en que pierdes tu tiempo y limítalo: escribe en una agenda cuánto tardas en realizar cada actividad y cuadra lo que tienes planeado para que puedas llegar a todo. Tener una hora de inicio y otra de finalización también agilizará tu mente. Saber a qué hora acaba te permitirá divagar menos y centrarte en el tema. No te compliques: cumple con los horarios.

2. Organiza tus cosas: muchas personas impuntuales llegan tarde por falta de organización. Al salir de la casa les falta el celular, no encuentran las llaves, no saben dónde dejaron la agenda y un largo etcétera. Ten un lugar claro en que colocar lo que necesitas a la hora de salida o calcula previamente cinco minutos más para lo que tengas que hacer antes de la salida.  

3. Cuenta con un margen de error:  no establezcas los tiempos como si no existiera el tráfico o pensando en una reunión perfecta. Deja siempre un margen de 15 minutos. Si al final no hay ningún imprevisto y llegas antes, aprovecha para revisar la agenda, poner ideas en orden, o lleva un libro y lee. Es preferible aparecer 10 minutos antes que 10 minutos retrasado.

4. No postergues el momento de levantarte cuando suene la alarma: Uno de los mayores placeres para muchas personas es apagar el despertador y seguir durmiendo cinco minutos más. Si te gusta hacer esto déjalo mejor para los fines de semana, pero para los días en los que otras personas dependen de tu presencia. Pon el despertador lejos de la cama, de tal forma que manejarlo te obligue a salir de tu sitio cómodo. Y no vuelvas atrás.   Empieza tu rutina, pasa al baño, sírvete un café y ponte las pilas.

5. Calcula el tiempo que te lleva cada tarea de forma objetiva: No valores lo que te gustaría tardarte, sino lo que realmente inviertes. ¿Cuánto tiempo empleas en elegir la ropa, en desayunar, en maquillarte? ¿Cuánto tarda el trayecto de tu transporte, de caminar a la parada de autobús, al metro, hacer cola, sacar el boleto, bajar la escalera que te lleva al andén? Son muchas las personas que dicen que su camión tarda 10 minutos y salen de casa con los segundos justos pensando que los estará esperando a su llegada.      

Si a este cálculo irracional le añadimos el de comer, desayunar, las llamadas, reuniones, contestar correos…resulta que al final del día hemos dejado de contar por lo menos con un margen de dos horas.

6.Lleva reloj y consúltalo: El celular ha sustituido al reloj de muñeca, pero es más fácil mirar la hora en este que sacar el teléfono del bolsillo o de la bolsa.

7. Oblígate a llegar 10 minutos antes de cualquier cita: Por lo menos hasta que aprendas a manejar tu tiempo.   Cuando hayas conseguido este logro, te puedes proponer cinco minutos antes, y posteriormente, dos minutos antes. Así no fallarás nunca. Es preferible que tu esperes, a que tengan que esperarte los demás.

8. Planifica tu agenda con racionalidad: Su saturas tu agenda con muchas actividades y tiempos imposibles de cumplir, es normal que siempre llegues pasada la hora. Escribe en ella lo que es viable, con los horarios que emplearás para conseguirlo. Y al margen, en el mismo día, anota otros temas pendientes que no sean ni urgentes ni importantes y que, de sobrarte tiempo, puedes atender.

9. Si eres una persona olvidadiza, pon alarmas o anotas las cosas en tu agenda: La memoria de trabajo, también conocida como memoria a corto plazo, da para lo que da. Si abusas de su capacidad de recuerdo, olvidarás temas que deberás atender fuera de horario y desorganizaran lo que tenías en ese momento.

10. Aprende a decir NO: Las personas muy solícitas y serviciales sueles tener problemas para decir que no a las peticiones y favores de otros. Rehúyen el conflicto y valoran tanto su colaboración y ayuda que terminan por sobrecargarse.

Tener compromisos de más hace a tu agenda más lenta y retrasada. La persona que pide un favor cuenta con que no se lo puede hacer. Cumple primero con tus compromisos, y después si tú lo decides, dedica el tiempo a hacer las cosas de otros.

Recuerda: la impuntualidad habla mal de ti, no es buena compañera ni en tu profesión ni en tu vida personal.

 

 

Ser cristiano: vocación al compromiso

Por: Ramiro Pellitero

Ser cristiano es una vocación (una llamada) al amor y la verdad. Si toda persona tiene esta llamada, el cristiano debe comprometerse con Dios para servir a las necesidades materiales y espirituales de todas las personas del mundo, comenzando por los que tiene más cercanos (su familia, sus amigos).

La encíclica Caritas in veritate, donde el término “vocación” (llamada) aparece en 25 ocasiones, afirma:

“Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano”. Esa vocación universal al amor y a la verdad es manifestada por Jesucristo, que la libera de las limitaciones humanas y la hace plenamente posible.

En la medida de su respuesta a esa llamada –explica el documento–, “los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad”.

Puesto que toda llamada espera una respuesta, ¿cuáles serían las condiciones para responder a esta “vocación al desarrollo humano”? La encíclica señala tres condiciones principales: la libertad, la verdad y la caridad.

a) La libertad va siempre unida a la responsabilidad, palabra que viene de responder. Y deben responder a esa llamada –de Dios, del propio ser humano y de las personas necesitadas– cada cristiano y también las estructuras e instituciones sociales y eclesiales.

b) Responder al desarrollo humano con la verdad significa “promover a todos los hombres y a todo el hombre”. Con otras palabras: preocuparse por todos, con espíritu de solidaridad y corazón universal, y atender a todas las necesidades reales de los demás, las del cuerpo y las del espíritu. A este propósito el Evangelio es fundamental, porque enseña a conocer y respetar el valor incondicional de la persona humana. Cristo revela el hombre al propio hombre –señala el Concilio Vaticano II– y, así, le muestra que su valor es grande para Dios. Le muestra “el gran sí de Dios” a todos sus anhelos.

De aquí deduce el Papa que sólo abriéndose a Dios el hombre puede ser feliz y realizarse plenamente: “Precisamente porque Dios pronuncia el ‘sí’ más grande al hombre, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocación divina para realizar –ante todo– el propio desarrollo” y contribuir al desarrollo de los demás.

c) Finalmente, “la visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad”. Las causas del subdesarrollo –se lee en la encíclica– no son principalmente materiales, sino que radican, primero, “en la voluntad que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad”. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente a la voluntad (por eso se requiere configurar un “humanismo nuevo”). Y, sobre todo, la causa está en “la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”.

Ahora bien –se pregunta Benedicto XVI–, ¿podrán los hombres lograr esta fraternidad por sí mismos, especialmente en nuestra era de la globalización? Y responde que no, porque la fraternidad nace de Dios Padre, que nos amó primero y nos enseñó mediante su Hijo lo que es la caridad fraterna. De ahí también –añade– que la vocación para el desarrollo requiere hoy la urgencia de la caridad de Cristo.

Sólo esa urgencia de la caridad permite responder a los aspectos concretos y costosos de esa llamada. Así es la intervención en la vida pública, cultural y política, cada cual según su condición. “Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis”. Otro aspecto es el cuidado y la responsabilidad por la naturaleza; y, antes, el cuidado respetuoso de cada persona en la familia, en la empresa, en la universidad, sabiéndose servidores y no dueños de los demás. Responder a esta vocación requiere del trabajo y de la técnica que de él procede. En todo caso, Benedicto XVI proclama la necesidad de formar “hombres rectos… que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común”.

Finalmente, conviene subrayar que esta vocación no nos la hemos dado a nosotros mismos, sino que viene de Dios. Por eso, antes que nada, y continuamente, es preciso acoger a Dios en nuestra vida, dejarle entrar libremente y seguirle con toda fidelidad y entusiasmo. Ha llegado la hora –especialmente para los jóvenes y más aún para los universitarios– del compromiso con Dios y los demás. Pues “sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero”.

 

 

 

Nenuco: Amor maternal, amor incondicional

 

La voz en off  de una mujer apunta un itinerario romántico: “Un día me enamoré de un desconocido. Ese amor cambió mi vida…”. En paralelo, la imagen nos muestra quién es el que ha robado su corazón: protegido por su brazo y sus caricias, está su hijo recién nacido.

La emoción sube de tono cuando ella recuerda la profunda relación que se ha creado entre los dos: “Si no puede dormir, saco fuerzas para estar a su lado. Si no come, soy yo la que siente un vacío…”.

Sólo quien ha dado a luz puede comprender la plenitud de amor que una madre derrocha en el hijo. Ese “desconocido” que irrumpe en la propia vida y es capaz de enamorar, de dar sentido a todos los sufrimientos, llena el corazón por completo: “Si algo le duele, me duele más a mí…”.

En los últimos años, Nenuco ha sabido crear un sólido storytelling en torno a la idea del “amor incondicional” de una madre hacia su hijo. Un amor que entienden perfectamente las madres vocacionales, las que se sienten orgullosas de serlo y que –junto a su proyección profesional– valoran aún más su familia y saben encontrar en ella su felicidad: “Y cuando sonríe soy la mujer más feliz del mundo…”.

Me ha alegrado mucho ver que unas alumnas de 1º de Publicidad de UIC Barcelona han seleccionado esta campaña como tema para su trabajo en clase. Ellas son: Nuria Escudé, Andrea García, Irina Rafel, Nuria Palomares y Alba Perarnau. Han hecho un trabajo espléndido, pues han sabido analizar el vínculo emocional que la marca establece con su público.

Como señala con acierto el eslogan de la campaña, hay amores que suenan a Nenuco. (Para ver el spot, pincha en la imagen).

 

 

 

Decidida vocación europea y abierta al mundo.

Uno de los pocos efectos colaterales positivos de la crisis catalana, seguramente el único, ha sido la recuperación de un sano patriotismo desacomplejado e inclusivo. Un patriotismo que no distingue entre izquierdas y derechas ni se contrapone a lo catalán, a lo andaluz o a lo gallego, sino que asume esa diversidad como una riqueza. Un patriotismo español, por último, en las antípodas del nacionalismo, con decidida vocación europea y abierta al mundo.

Esa es la realidad que empieza a asomar estos días en las calles, en las manifestaciones de Barcelona de los domingos 8 i 29 de octubre o en la celebración de la Hispanidad el día 12, aunque todavía queda un largo camino por recorrer. Sigue a flor de piel en algunos la tentación de acusar de “traidor a la patria” a quien piensa de forma distinta.

José Morales Martín

 

Todos estamos llamados a la santidad

El Papa Francisco nos recordado el 1 de noviembre de hace dos años el gran don que supone poder vivir unidos, todos, en la comunión de los santos, es decir, la comunión de todos los bautizados. Somos hijos de Dios y esa es precisamente la raíz de la vocación a la santidad. No es una llamada para unos pocos, todos estamos llamados a la santidad.

Una de las características de los santos es que son ejemplos para imitar, tanto los santos canonizados, como aquellos a los que el Papa se refería como “los de la puerta de al lado”, que con la gracia de Dios se han esforzado por practicar el Evangelio en su vida ordinaria. De estos santos hemos encontrado también nosotros, quizás hemos tenido alguno en familia, o bien entre los amigos y conocidos. Debemos estarles agradecidos, y sobre todo debemos estar agradecidos a Dios que nos los ha dado, que nos los puso cerca, como ejemplos vivos y contagiosos del modo de vivir y de morir en la fidelidad a Jesús y al Evangelio.

Enric Barrull Casals

 

 

Agita el avispero iraní

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue empeñado en abrir nuevos frentes de conflicto en el panorama internacional. Ahora le ha tocado a Irán a cuenta del acuerdo firmado en 2015 por su predecesor, Barack Obama. El equilibrio con el país chií más poderoso del mundo pende ahora de un hilo después de las incendiarias declaraciones de Trump, que llamó “fanáticos” y “terroristas” a los iraníes y aseguró que si el Congreso no da el visto bueno al pacto antinuclear (que, por cierto, Teherán está respetando), éste quedará anulado. Resulta difícil comprender qué persigue el republicano más allá de reducir el legado de Obama a cenizas y enviar un mensaje a sus electores. El precio a pagar por agitar el avispero de Oriente Medio puede resultar muy alto y Trump no es conocido precisamente por calibrar bien las consecuencias de sus decisiones.

Suso do Madrid

 

 

 Oriol Junqueras

El impertérrito Oriol Junqueras, momentos antes de ser trasladado a la prisión, escribió  un tuit a los suyos exhortándoles a  “hacer cada día todo lo que esté a vuestro alcance para que el bien derrote al mal en las urnas el 21-D.” Dudo mucho que el bien y el mal al que se refería el ya cesado Vicepresidente de la Generalidad, tuviera nada que ver con la noción, que sobre uno y otro, desarrolla Santo Tomás de Aquino en la Summa Theológiae.

Si se cumpliera su vaticinio la victoria sería, por el contrario, la del mal que su pertinaz conspiración tanto daño está haciendo a Cataluña y a España para fracturar la sociedad catalana, propiciar la fuga de grandes, pequeñas y medianas empresas, incrementando así el paro de los trabajadores y  contribuyendo irresponsablemente al desequilibrio e inestabilidad de uno de los Estados más desarrollados, relevantes e influyentes de la Unión Europea.

 El bien sería, sin embargo, que el 21-D, todo el pueblo catalán pudiera reconciliarse ejerciendo su derecho al voto pacífica y libremente, como lo ha venido haciendo desde el espíritu de concordia constitucional al que tan decisivamente contribuyó Cataluña.

Jorge Hernández Mollar

 

 

¿Qué habrá tras la paz independentista en Cataluña?

 

            Ocurrió sobre 1815 y ya derrotado Napoleón, en lo que intervino “toda España” (Cataluña incluida); los ingleses agradecidos (fueron los mayores beneficiarios de la derrota) ofrecieron al indeseable Fernando VII (canalla conocido como “el rey felón”); una gigantesca obra para que el sur de España (principalmente Andalucía) se desarrollase grandemente. Esta obra consistía en hacer navegable el río Guadalquivir hasta la ciudad de Córdoba en principio y luego a cotas superiores, puesto que hasta la confluencia de éste con el río Guadalimar y hasta las que hoy son ruinas de Cástulo, en el centro de la provincia de Jaén (Linares) ya lo fue antes de Cristo y así lo atestiguan los historiadores de aquellas épocas y lo recuerda en uno de sus libros D. José Manuel Cuenca Toribio, historiador de la Universidad de Córdoba (aún vivo; ver resumen biográfico en nota final)[i]

            Escribió en uno de sus libros hace ya “muchos lustros” lo siguiente: “Enterados los catalanes de tal proyecto, se opusieron al mismo y presionando al gobierno del “rey felón” (desconozco si hubo sobornos o no) logrando que no fuese aceptado aquel gran proyecto, por cuanto alegaron que, “los ingleses lo que pretendían era meter por vía marítima sus textiles hasta el centro de España y ello perjudicaría grandemente a los textiles catalanes”. Deduzca el lector lo que ello significó y significa hasta el día de hoy, los intereses de todo ese sur de España y zonas aledañas, al no contar con el medio más económico que existe para el transporte de mercancías.

            Bueno, pues esa es la forma de actuar de los intereses catalanes a lo largo de la historia; cosa que no critico en absoluto, puesto que ello fue posible, por la ignorancia, complicidad o vete a saber qué tipo de sobornos, de los políticos de las regiones perjudicadas, que les han dejado hacer todo cuanto han querido y en ello siguen.

            Veamos lo que publica recientemente D. Roberto Centeno en su ya clásico “El disparate económico”, del que les dejo la dirección y pueden leerlo, que es “más que interesante”; puesto que ni independencia, ni nada de nada, “dinero, dinero, monopolio, monopolio y sacar a España todo lo imposible y más; o sea lo que siempre han hecho empleando toda la sabiduría de explotación comercial que dominan los catalanes, que normalmente su dios es “la pela y la pela” (la palabra peseta es del idioma catalán).

“Respecto al tema económico, De Guindos ha ofrecido públicamente un “nuevo modelo de financiación para Cataluña” y en TV3 lo ha concretado: cupo vasco en la fiscalidad y Agencia Tributaria propia que les permita apropiarse del IVA de las ventas de las empresas catalanas medianas y pequeñas fuera de la región y del impuesto de sociedades, como ocurre en el País Vasco, donde supone un robo entre 12 y 13.000 millones al año. Pero como la economía catalana es 3,2 veces la vasca, su aplicación supondría entre 38 y 41.000 millones de euros, equivalente al doble del déficit de las pensiones. Adicionalmente, el PSOE/PSC quiere que se condone la deuda de 74.000 millones y se blinden las pensiones en Cataluña”.https://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2017-10-30/pacto-electoral-economia-cataluna-155_1468751/ 

            Por tanto, atentos el resto de políticos; que lo que quieren los catalanes “es metérnosla doblada”, que es lo que siempre hicieron y harán en el futuro, puesto que esa es su forma ancestral de proceder y de ahí su desarrollo y el empobrecimiento de muchas de las tierras de España, que ellos controlaron y siguen controlando, con esa sibilina y astuta forma de proceder; vean hoy mismo, quienes son las empresas bancarias más fuertes de toda España, esa es la más contundente forma de analizar el comportamiento catalán; todo lo demás son… “Capullos de Alejandría”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 


Nacido en una familia oriunda de Higuera de Calatrava (Jaén), licenciado en Geografía e Historia en octubre de 1961 por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, con la calificación de "Premio Extraordinario". En mayo de 1964 obtiene el doctorado en la misma facultad, con igual calificación. Profesor contratado de la Universidad de Sevilla en el curso 1962-63. Casado con la profesora Soledad Miranda García, son padres de tres hijos. Profesor adjunto de Historia Moderna de la Universidad de Navarra entre 1964 y 1967, profesor agregado de la Universidad de Barcelona entre 1967 y 1971, fue nombrado catedrático de Historia Universal Contemporánea y de España de la Universidad de Valencia en 1971. Vicedecano de la facultad de Filosofía y Letras de Valencia en 1972, fue Decano entre los cursos 1972 y 75. Catedrático de Historia de España y Universal Contemporánea en la Universidad de Córdoba desde 1975 hasta 2009 y Decano de la misma entre 1975 y 1987. Catedrático emérito de la misma Universidad desde 2009. Profesor emérito de la Universidad CEU San Pablo.