Las Noticias de hoy 12 Octubre 2017

                                Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 12 de octubre de 2017    

Indice:

ROME REPORTS

Catequesis del Papa: “El cristiano constructor de paz, en espera vigilante del regreso de Jesús”

Papa: Cada día es una página en blanco en donde escribir obras de bien

 Llamamientos del Papa: rezar por la paz en el mundo y cuidar la creación. Un siglo de Fátima y tres de Aparecida

Papa: escrutar la historia con confianza y esperanza

 El Papa crea dos nueva eparquías en India y pide a los Obispos su apoyo

Que la Iglesia presente con lenguaje renovado la belleza de la fe en Jesucristo, afirmó el Papa

 NUESTRA SEÑORA DEL PILAR: Francisco Fernández-Carvajal

“Hemos de meditar la historia de Cristo”: San Josemaria

«La historia sobre los 40 días de san Josemaría en Barcelona no podía quedar en un cajón»

 Alma sacerdotal, Alma de Cristo: A. Ducay

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II.  Explanada de la «Avenida de los Pirineos» (Zaragoza)

 Pilar de certeza y faro de esperanza: + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 Obispado de Toledo, contundente: el Gobierno está legitimado para defender el bien moral de la unidad de España

FIEL EN LO POCO: Alejo Fernández Pérez

¡OTRA VEZ EL NUMERITO!: René Mondragón

Educa en la Fe a tus hijos antes de que el mundo los “deseduque”: Silvia del Valle Márquez

Los animales y el hombre: P. José Montes, Ucrania

Alianza de hombres y mujeres: Lluis Esquena Romaguera

La ausencia de seriedad,: Suso do Madrid

Hay que asegurar los cuidados paliativos : Enric Barrull Casals

La Hispanidad: Ramiro de Maeztu

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

Catequesis del Papa: “El cristiano constructor de paz, en espera vigilante del regreso de Jesús”

Audiencia General del segundo miércoles de octubre, sobre la dimensión de la esperanza vigilante. - ANSA

11/10/2017 10:58

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“No nos abandonemos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuese un tren del cual se ha perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es de los cristianos levantar los hombros o inclinar la cabeza adelante hacia un destino que nos parece ineludible”, con estas palabras el Papa Francisco reflexionó en la Audiencia General del segundo miércoles de octubre, sobre la dimensión de la esperanza vigilante.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma recordó que, “después de haber conocido a Jesús, nosotros no podemos hacer otra cosa que observar la historia con confianza y esperanza”. Utilizando la imagen de la casa, el Santo Padre dijo que, Jesús es como una casa, y nosotros estamos adentro, y por las ventanas de esta casa nosotros vemos el mundo. “Por esto, precisó, no nos encerremos en nosotros mismos, no nos arrepintamos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino miremos siempre adelante, a un futuro que no es sólo obra de nuestras manos, sino que sobre todo es una preocupación constante de la providencia de Dios”. Porque Dios, subrayó el Papa Francisco, tiene un proyecto de salvación bien delineado para nosotros: «Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera detenerme en aquella dimensión de la esperanza que es la espera vigilante. El tema de la vigilancia es uno de los hilos conductores del Nuevo Testamento. Jesús predica a sus discípulos: «Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta» (Lc 12,35-36). En este tiempo que sigue a la resurrección de Jesús, en el cual se alternan en continuación momentos serenos y otros angustiantes, los cristianos no descansan jamás. El Evangelio exige ser como los siervos que no van jamás a dormir, hasta que su señor no haya regresado. Este mundo exige nuestra responsabilidad, y nosotros la asumimos toda y con amor. Jesús quiere que nuestra existencia sea laboriosa, que no bajemos jamás la guardia, para recibir con gratitud y maravilla cada nuevo día donado por Dios. Cada mañana es una página blanca que el cristiano comienza a escribir con las obras de bien. Nosotros hemos ya sido salvados por la redención de Jesús, pero ahora esperamos la plena manifestación de su señoría: cuando finalmente Dios será todo en todos (Cfr. 1 Cor 15,28). Nada es más cierto, en la fe de los cristianos, de esta “cita”, este encuentro con el Señor, cuando Él regrese. Y cuando este día llegará, nosotros cristianos queremos ser como aquellos siervos que han pasado la noche ceñidos y con las lámparas encendidas: es necesario estar listos para la salvación que llega, listos para el encuentro. Ustedes, ¿han pensado cómo será este encuentro con Jesús, cuando Él regrese? ¡Será un abrazo, una alegría enorme, un gran gozo! Este encuentro: nosotros debemos vivir en espera de este encuentro.

El cristiano no está hecho para el aburrimiento; en todo caso para la paciencia. Sabe que incluso en la monotonía de ciertos días siempre iguales está escondido un misterio de gracia. Existen personas que con la perseverancia de su amor se convierten en pozos que irrigan el desierto. Nada sucede en vano, y ninguna situación en la cual un cristiano se encuentra inmerso es completamente refractaria al amor. Ninguna noche es tan larga de hacer olvidar la alegría de la aurora. Y cuando más oscura es, más cerca está la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y si incluso el mundo entero predicara contra la esperanza, si dijera que el futuro traerá sólo nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro existe el regreso de Cristo. ¿Cuándo sucederá esto? Nadie sabe el tiempo, no lo sabe, pero el pensamiento que al final de nuestra historia está Jesús Misericordioso, basta para tener confianza y no maldecir la vida. Todo será salvado. Todo. Sufriremos, habrán momentos que suscitan rabia e indignación, pero la dulce y poderosa memoria de Cristo expulsará la tentación de pensar que esta vida es equivocada.

Después de haber conocido a Jesús, nosotros no podemos hacer otra cosa que observar la historia con confianza y esperanza. Jesús es como una casa, y nosotros estamos adentro, y por las ventanas de esta casa nosotros vemos el mundo. Por esto, no nos encerremos en nosotros mismos, no nos arrepintamos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino miremos siempre adelante, a un futuro que no es sólo obra de nuestras manos, sino que sobre todo es una preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que es opaco un día se convertirá en luz.

Y pensemos que Dios no se contradice a sí mismo. Jamás. Dios no defrauda jamás. Su voluntad en relación a nosotros no es nublada, sino es un proyecto de salvación bien delineado: «porque Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). Por lo cual no nos abandonemos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuese un tren del cual se ha perdido el control. La resignación no es una virtud cristiana. Como no es de los cristianos levantar los hombros o inclinar la cabeza adelante hacia un destino que nos parece ineludible.

Quien trae esperanza al mundo no es jamás una persona remisiva. Jesús nos pide esperarlo sin estar con las manos cruzadas: «¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada!» (Lc 12,37). No existe un constructor de paz que al final de la cuenta no haya comprometido su paz personal, asumiendo problemas de los demás. Este no es un constructor de paz: este es un ocioso, este es un acomodado. No es constructor de paz quien, al final de la cuenta, no haya comprometido su paz personal asumiendo los problemas de los demás. Porque el cristiano arriesga, tiene valentía para arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha donado, nos ha dado como un tesoro.

Cada día de nuestra vida, repitamos esta invocación que los primeros discípulos, en su lengua aramea, expresaban con las palabras Marana-tha, y que lo encontramos en el último versículo de la Biblia: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Es el estribillo de toda existencia cristiana: en nuestro mundo no tenemos necesidad de otra cosa sino de una caricia de Cristo. Que gracia sí, en la oración, en los días difíciles de esta vida, sentimos su voz que responde y nos consuela: «¡Volveré pronto!» (Ap 22,7). Gracias.

 

 

Papa: Cada día es una página en blanco en donde escribir obras de bien

La esperanza vigilante y la paciencia, fueron las dos características de los cristianos señaladas por el Papa Francisco en su catequesis del miércoles 11 de octubre. - AFP

11/10/2017 10:25

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Jesús quiere que nuestra existencia sea laboriosa, que no nos “acomodemos”, porque este mundo exige nuestra responsabilidad, y nosotros, los cristianos, la asumimos totalmente con amor: fue en síntesis el concepto desarrollado por el Papa Francisco en su catequesis del miércoles 11 de octubre, al reflexionar sobre el pasaje del Evangelio de Mateo en que Jesús advierte a sus discípulos estar preparados para recibir al Señor. El pontífice centró su meditación en la esperanza vigilante que debemos tener los cristianos.

El Evangelio que hemos escuchado nos invita a vivir en esperanza vigilante, es decir, a estar siempre preparados para recibir al Señor, con la total confianza de que ya hemos sido salvados por él y de que estamos esperando la plena manifestación de su gloria. Esto exige que vivamos con responsabilidad nuestra fe, y que acojamos con agradecimiento y asombro cada día de nuestra vida como un regalo de Dios.

El cristiano no fue hecho para el aburrimiento, en todo caso para la paciencia

Hay personas que con la perseverancia de su amor se vuelven como pozos que irrigan el desierto: se trata de cristianos que - aún en la monotonía de algunos días - saben entrever el misterio de la gracia; lo dijo el Papa hablando en italiano, recordando asimismo que “nada es en vano” y que “ninguna noche es tan larga como para hacer olvidar la alegría de la aurora”, y esto porque la potente memoria de quien ha encontrado a Cristo disipará la tentación de pensar que esta vida es equivocada.

La esperanza vigilante y la paciencia son dos características que definen a quien se ha encontrado con Jesús, estructurando su vida desde la confianza y la espera, consciente de que el futuro no es sólo obra de nuestras manos, sino de la preocupación providente de un Dios que es todo misericordia.

La voluntad de Dios no es nebulosa, sino un proyecto de salvación bien delineado

Dios no se desmiente, « pues quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad»: con esta citación de san Pablo, el Santo Padre alentó a los cristianos a no abandonarse “al fluir de los eventos con pesimismo”, recordando que “la resignación no es un virtud cristiana”, como tampoco lo es “alzarse de hombros e inclinar la cabeza ante un destino que nos parece ineludible”. Y esto porque “la voluntad de Dios no es nebulosa, sino un proyecto de salvación bien delineado”.

Este convencimiento lleva al cristiano a amar la vida, a no maldecirla nunca, pues todos los momentos, por muy dolorosos, oscuros y opacos que estos sean, son iluminados con el dulce y poderoso recuerdo de Cristo. Gracias a él estamos convencidos de que nada es inútil, ni vacío, ni fruto de la vana casualidad, sino que cada día esconde un gran misterio de gracia y de que en nuestro mundo no necesitamos otra cosa que no sea una caricia de Cristo.

El cristiano se arriesga, no es sumiso: es un constructor de paz

En los últimos párrafos de su catequesis impartida en italiano, al meditar sobre las Palabras del Señor: «Dichosos aquellos siervos a quienes el Señor, al venir, halle velando» (Lc 12,37) el Papa lanzó un llamado a la acción: "Jesús recomienda esperarlo sin estar con las manos cruzadas", dijo e indicó que "no hay constructor de paz que al final de cuentas no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás". "Éste no es un constructor de paz - añadió improvisando- es un perezoso, un cómodo". "No es un constructor de paz quien, al final de cuentas no haya comprometido su paz personal asumiendo los problemas de los demás. Porque el cristiano se arriesga, tiene la valentía de arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha donado, nos ha dado como un tesoro". 

Al saludar a los fieles de lengua española, el Obispo de Roma los animó a seguir el ejemplo de Nuestra Madre María, viviendo “con una esperanza vigilante”, y siendo para cuantos nos rodean “portadores de la luz y de la caricia del Dios de la Misericordia”.

 

 

Llamamientos del Papa: rezar por la paz en el mundo y cuidar la creación. Un siglo de Fátima y tres de Aparecida

 

Audiencia General del Papa Francisco del 11 de octubre de 2017 - REUTERS

11/10/2017 11:29

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El Papa Francisco renovó su llamamiento - también en la segunda audiencia general del mes de Octubre - a rezar el Rosario como les pidió y enseñó a rezar la Virgen en Fátima a los tres pastorcitos. Señalando la proximidad de los cien años de la última cita de Nuestra Señora con Jacinta, Francisco y Lucía, el Obispo de Roma recordó la importancia de la oración, con su Mensaje para la Jornada de la Paz 2017, titulado «La no violencia: un estilo de política para la paz»:

«El próximo viernes 13 de octubre, se clausura el Centenario de las últimas apariciones marianas en Fátima. Con la mirada dirigida a la Madre del Señor y Reina de las Misiones, invito a todos, en especial en este mes de octubre, a rezar el Santo Rosario por la paz en el mundo.

Pueda la oración mover los ánimos más inquietos, para que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y construyan comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. ‘Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz’» (Mensaje para la L Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2017)

El Santo Padre pronunció asimismo otro llamamiento, señalando la celebración en la misma fecha del Día Internacional organizado por Naciones Unidas, con el lema «Hogar, seguro hogar: reducción de la exposición, reducción del desplazamiento»:

«El mismo día, 13 de octubre, se celebra el Día Internacional para la reducción de los desastres naturales. Renuevo mi apremiante llamamiento por la salvaguarda de la creación mediante una cada vez más atenta tutela y cuidado del ambiente. Aliento, por lo tanto, a las Instituciones y a cuantos tienen responsabilidades públicas y sociales a promover cada vez más una cultura que tenga como objetivo la reducción de la exposición a los riesgos y a las calamidades naturales. Las acciones concretas, dirigidas al estudio y a la tutela de la casa común, puedan reducir progresivamente los riesgos para las poblaciones más vulnerables».

En la víspera de la fiesta de Nuestra Señora Aparecida, el Papa destacó los tres siglos del hallazgo compartiendo con los peregrinos de lengua portuguesa, en especial con los de Brasil la alegría del jubileo mariano:

«La historia de los pescadores que encontraron en el Río Paraíba do Sul el cuerpo y luego la cabeza de la estatua de la Virgen, que luego se unieron, nos recuerda que en este momento difícil de Brasil, la Virgen María es un signo que impulsa a la unidad fundada en la solidaridad y la justicia. Que Dios los Bendiga».

En su bienvenida a los fieles de tantas partes del mundo, el Papa Francisco saludó en especial también a los participantes en la Plenaria de la Congregación para las Iglesias Orientales, encomendando sus trabajos a San Juan XXIII:

«Me alegra acoger al Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, Card. Leonardo Sandri y a los Miembros del Dicasterio reunidos en Roma para la Sesión Plenaria, en la celebración del primer centenario de su fundación. Encomiendo vuestros trabajos a la intercesión de San Juan XXIII, cuya memoria litúrgica celebramos hoy, para que la Congregación para las Iglesias Orientales prosiga con generosa dedición su servicio al Oriente Católico».

La Virgen María nos sigue invitando a rezar y a misionar a Jesús, en particular en el mes de la Misiones. Palabras de aliento y bendición del Papa a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«El mes de octubre es el mes misionero, en el que estamos invitados a rezarle a la Virgen María, Madre de las Misiones: queridos jóvenes, sean misioneros de Cristo en sus respectivos ambientes con la misma misericordia y ternura de él; queridos enfermos, ofrezcan su sufrimiento por la conversión de los alejados y de los indiferentes; y, ustedes, queridos recién casados, sean misioneros de su familia anunciando con el ejemplo el Evangelio de la Salvación».

 

 

Papa: escrutar la historia con confianza y esperanza

El Papa durante la Audiencia General del segundo miércoles de octubre. - ANSA

11/10/2017 11:54

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 En su catequesis de la Audiencia General del segundo miércoles de octubre – prosiguiendo con su ciclo sobre “la esperanza cristiana” – el Papa propuso el tema de “la espera vigilante”, o sea ese estar siempre preparados para recibir al Señor, lo que exige que vivamos con responsabilidad nuestra fe y que acojamos con agradecimiento y asombro cada día de nuestra vida como un regalo de Dio

Hablando en italiano, el Santo Padre recordó que el cristiano no está hecho para el aburrimiento, sino más bien para la paciencia. Sí, porque sabe que en la monotonía de ciertos días – que suelen ser iguales –  se esconde un misterio de gracia. A la vez que destacó que hay personas que con la perseverancia de su amor llegan a ser “como pozos que irrigan el desierto”.

El Obispo de Roma también afirmó que nada sucede en vano y que ninguna situación en la que un cristiano se encuentre inmerso es completamente refractaria al amor. “Ninguna noche es tan larga como para hacer olvidar la alegría de la aurora” – dijo – y añadió que si permanecemos unidos a Jesús, “el frío de los momentos difíciles no nos paraliza” a la vez que incluso si el mundo entero “predicara contra la esperanza”, diciendo que “el futuro traerá sólo nubes oscuras”, el cristiano sabe que en aquel mismo futuro está el regreso de Cristo.

Por esta razón el Papa Bergoglio añadió que cuando esto suceda, si bien nadie sabe cuándo, el pensamiento de que al término de nuestra historia estará Jesús Misericordioso, es suficiente para tener confianza y no maldecir la vida. Así es, porque todo será salvado. “Sufriremos – dijo Francisco –, habrá momentos que suscitarán cólera e indignación, pero la dulce y poderosa memoria de Cristo sacará la tentación de pensar que esta vida es errónea”.

De ahí que el Papa haya manifestado que después de haber conocido a Jesús, no podemos dejar de escrutar la historia con confianza y esperanza. Hacia el final de su reflexión Francisco ofreció la imagen de Jesús como una casa, en la que nosotros nos encontramos dentro, y desde las ventanas vemos el mundo. Pero sin encerrarnos en nosotros mismos, ni añorando con melancolía un pasado que se presume dorado, sino mirando siempre hacia adelante, hacia un futuro que no es sólo obra de nuestras manos sino, ante todo, una preocupación constante de la Providencia de Dios.

“Todo lo que es opaco – dijo el Papa al concluir – un día será luz”. 

 

 

El Papa crea dos nueva eparquías en India y pide a los Obispos su apoyo

"La Iglesia debe promover la unidad entre los cristianos", dice el Papa en su carta. - AP

11/10/2017 13:49

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El Papa Francisco ha decidido establecer dos nuevas eparquías en India, lo equivalente a dos nuevas diócesis en la Iglesia católica latina, un cambio que afecta a la Iglesia siro-malabar que deberá trabajar en comunión con las otras Iglesias presentes en el territorio.

Para explicar su decisión, el Santo Padre ha enviado una carta a los obispos de este país en la que afirma que esta medida "no es un crecimiento de poder y dominio, sino una llamada a vivir en comunión", y recuerda que “la Iglesia católica India tiene sus orígenes en la predicación del Apóstol Tomás que se ha desarrollado precisamente a través de contactos con las Iglesias de tradición caldea y antioqueña, y a partir del siglo XVI, gracias a los esfuerzos de misioneros latinos”.

Este hecho ha provocado que el país quede configurado en tres Iglesias distintas que “corresponden a expresiones eclesiales de la misma fe pero celebrada en ritos distintos acordes a las tres tradiciones litúrgicas, espirituales, teológicas y disciplinarias”, continúa argumentando el Santo Padre.

En este sentido, el Sucesor de Pedro manifiesta que “es esencial que la Iglesia católica muestre su rostro al mundo en toda su belleza, es decir, con la riqueza de sus tradiciones”, y precisamente por ésto, “la Congregación para las Iglesias Orientales, que celebra este año su centenario, ha dado impulso a revalorizar las tradiciones católicas orientales, asegurando el respeto de la dignidad y de los derechos de estas Iglesias antiguas”.

Asimismo, el Papa hace hincapié en que, aunque se deba siempre preservar la riqueza de esta diversidad, estas Iglesias "deben seguir las enseñanzas del Concilio Vaticano II y promover la unidad entre todos los cristianos”.

El Pontífice señala que esta decisión pretende que la Iglesia "no viva entre aislamiento y separación”, y está fundamentada, en parte, a que “en un mundo en el que un gran número de cristianos es obligado a emigrar, las jurisdicciones superpuestas son cada vez más habituales y a menudo son vistas "como un instrumento eficaz para asegurar el cuidado pastoral de los fieles en el pleno respeto de sus tradiciones eclesiales”.

En su escrito, el Papa cita las palabras de Juan Pablo II en la carta enviada hace 30 años a los obispos de la India, para tratar de aplicar la enseñanza conciliar al contexto hindú: «En este país, incluso después de muchos siglos, los cristianos constituyen solo una pequeña parte de la población y, como consecuencia, existe una particular necesidad de manifestar la unidad y de evitar cualquier apariencia de división».

En relación a ello, Francisco añade que esta necesidad de unidad no se opone a la preservación de la diversidad: «Esta necesidad de ser fieles a las tradiciones y al patrimonio del propio rito no puede de ninguna manera ser considerado como interferir con la tarea de la Iglesia de “reunir en uno a todos los hijos de Dios que están esparcidos en el extranjero”». 

Por otro lado, el Vicario de Cristo pide a los obispos de la India que confíen en su decisión ya que “no hay lugar para preocupaciones, sino que es una oportunidad de crecer en la fe”, puesto que en “el crecimiento de las amistades espirituales y de recíproca ayuda, toda tensión y aprensión debería ser superada”. “Tener más obispos en el mismo territorio no compromete la misión de la Iglesia”, afirma el Sucesor de Pedro. "Al contrario, estos pasos han dado más energía a las Iglesias locales para sus esfuerzos pastorales y misioneros”.

Por último el Papa aclara en la carta, que “esta extensión de los espacios pastorales de la Iglesia siro-malabar no debe ser de ninguna manera percibida como un crecimiento de los espacios de poder y de dominio, sino como una llamada a vivir una comunión más profunda que no puede ser nunca entendida como uniformidad”.

 

 

Que la Iglesia presente con lenguaje renovado la belleza de la fe en Jesucristo, afirmó el Papa

Custodiar y proseguir es aquello que compete a la Iglesia por su propia naturaleza. - EPA

11/10/2017 18:19

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(Radio Vaticana).-  Con ocasión del 25 aniversario de la Constitución apostólica Fidei depositum, con la cual san Juan Pablo II promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa Francisco explicó que “san Juan XXIII había deseado y querido el Concilio en primera instancia no para condenar los errores sino sobre todo para permitir que la iglesia llegara finalmente a presentar con un lenguaje renovado la belleza de su fe en Jesucristo.”

En su discurso a los participantes del Encuentro promovido por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, realizado en el Aula del Sínodo, el Papa expreso que “custodiar” y progresar” es cuanto compete a la Iglesia por su misma naturaleza, “para que la verdad expresada en el anuncio del Evangelio, por parte de Jesús, pueda llegar a su plenitud hasta el fin de los siglos. Esta es la gracia que ha sido concedida al Pueblo de Dios, pero es igualmente un compromiso y una misión, de la que tenemos la responsabilidad, para anunciar de modo nuevo y más completo el Evangelio de siempre a nuestros contemporáneos, para que descubran la inagotable riqueza que encierra la persona de Jesucristo.”

“Al presentar el Catecismo de la Iglesia Católica, san Juan Pablo II sostenía que éste debía tener en cuenta las explicitaciones de la doctrina que en el curso de los tiempos el Espíritu ha sugerido a la Iglesia.”

“Este Catecismo –ha dicho el Papa- constituye un instrumento importante no solo porque presenta a los creyentes la enseñanza de siempre, de modo de crecer en la compresión de la fe, sino también y sobre todo porque quiere acercarse a nuestros contemporáneos con sus nuevas y diversas problemáticas; a la Iglesia, comprometida en presentar la fe como respuesta significativa para la existencia humana. Es necesario y urgente que, frente a los nuevos desafíos y perspectivas que se abren para la humanidad, la Iglesia pueda expresar la novedad del Evangelio de Cristo que, encerrada en la Palabra de Dios, no han venido todavía a la luz.”

“Conocer a Dios, como bien sabemos, no es en primer lugar un ejercicio teórico de la razón humana, sino un deseo inextinguible impreso en el corazón de toda persona. Es el conocimiento que proviene del amor porque nos hemos encontrado con el Hijo de Dios en nuestro camino… El que ama quiere conocer cada vez más la persona amada para descubrir la riqueza que esconde en sí y que cada día emerge como una realidad siempre nueva.”

El Papa insiste en un texto más largo que “el catecismo se pone a la luz del amor como una experiencia de conocimiento, de confianza y de abandono al misterio. El Catecismo de la Iglesia Católica al delinear los puntos estructurales de su propia composición, retoma un texto del Catecismo Romano; lo hace suyo, proponiéndolo como clave de lectura y de aplicación: “Toda la sustancia de la doctrina y de la enseñanza debe ser orientada a la caridad que no tendrá fin jamás. De hecho, sea que se expongan las verdades de la fe, o los motivos de la esperanza, o los deberes de la actividad moral, siempre y en todo se le da relieve al amor de nuestro Señor. De modo de hacer comprender que cada ejercicio de perfecta virtud cristiana no puede brotar sino del amor, como en el amor tiene su último fin.”

Varios párrafos siguientes el Papa los dedica a la pena de muerte. “En este horizonte de pensamiento me complace hacer referencia a un tema que debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un espacio más adecuado y coherente con esta finalidad expresada. Pienso de hecho en la pena de muerte". Entre otras cosas Francisco dice que “se debe afirmar con fuerza que la condena a la pena de muerte es una medida inhumana que humilla la dignidad humana, en cualquier modo que venga ejecutada. Es en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente suprimir una vida humana que es siempre sagrada a los ojos del Creador”.

“Desgraciadamente, también en el Estado Pontificio se ha hecho recurso a este remedio extremo y deshumano, dejando de lado el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumamos la responsabilidad del pasado, y reconozcamos que esos medios eran dictados por una mentalidad más legalista que cristiana… permanecer hoy neutrales frente a las nuevas exigencias para la reafirmación de la dignidad personal, nos hace más culpables.”

Finalmente el Papa Francisco concluye que “la Iglesia en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es y todo lo que ella cree”, como dijeron los padres del Concilio.

“La Tradición es una realidad viva y solo una visión parcial puede pensar en el “depósito de la fe” como una cosa estática. ¡La Palabra de Dios no puede ser conservada en naftalina como si se tratara de una vieja frazada que hay que proteger contra los parásitos! No. La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva que progresa y crece porque tiende a un cumplimiento que los hombres no pueden detener…”. (Síntesis de jesuita Guillermo Ortiz traducida del italiano– Radio Vaticana)

 

 

 

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

Fiesta (en España)

— La devoción a la Virgen del Pilar.

— La Virgen va por delante en toda evangelización, en todo apostolado personal. Contar con Ella.

— Firmeza y caridad a la hora de propagar la fe.

I. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí1.

Según una antiquísima y venerada tradición, la Virgen, cuando aún vivía, se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago el Mayor en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían una columna o pilar como signo de su presencia.

En la aparición, Nuestra Señora consoló y reconfortó al Apóstol Santiago, a quien prometió su asistencia materna en la evangelización que estaba llevando a cabo en España. Desde entonces, el Pilar es considerado como «el símbolo de la firmeza de fe»2; a la vez, nos indica el camino seguro de todo apostolado: Ad Iesum per Mariam, a Jesús, por María. La Virgen es el pilar firme, los cimientos seguros, donde se asienta la fe y donde esta fe se guarda3. «Por medio de ella, a través de muy diversas formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos la fe en Cristo, Hijo de Dios y de María». Son sostenidos «por la devoción a María, hecha así columna de esa fe y guía segura hacia la salvación»4.

Al ver tantas naciones y pueblos diversos que celebran hoy esta fiesta y al contemplar su amor a la Virgen podemos ver cumplidas las palabras de la Sagrada Escritura: Eché raíces entre un pueblo grande, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como cedro del Líbano y del monte Hermón, me he elevado como palmera de Engadí y como rosal de Jericó, como gallardo olivo en la llanura y como plátano junto al agua. Exhalé fragancia como el cinamomo y la retama, y di aroma como mirra exquisita, como resina perfumada, como el ámbar y el bálsamo, como nube de incienso en el santuario5. Su devoción se ha extendido por todas partes.

La fiesta de hoy es una excelente ocasión para pedir, por su mediación, que la fe que Ella alentó desde el principio se fortalezca más y más, que los cristianos seamos testigos tanto más firmes cuanto mayores sean las dificultades que podamos encontrar en el ambiente del trabajo, de las personas con las que habitualmente nos relacionamos, o en nosotros mismos. Esto nos consuela: si hemos de enfrentarnos a obstáculos más grandes, más gracia nos obtendrá Nuestra Señora para que salgamos siempre triunfadores.

Le pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento firme, donde se puedan apoyar nuestros familiares y nuestros amigos. Dios todopoderoso y eterno le rogamos en la Misa propia de esta fiesta que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar; concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor6.

II. Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto7.

En el libro del Éxodo se lee cómo Yahvé precedía al pueblo en el desierto, de día como una columna en forma de nube para indicarle el camino, y de noche como una columna de fuego para alumbrarle8. En el Libro de la Sabiduría se señala: Y en lugar de tinieblas encendiste una columna, que le diste para su camino, un sol que no les quemaba, para una gloriosa peregrinación9.

La Virgen fue quien marchó delante en la evangelización de los comienzos, alumbrando el camino, y es quien ahora va primero, iluminando nuestro propio camino y el apostolado personal que como cristianos corrientes realizamos en nuestra familia, en el trabajo y en los ambientes que frecuentamos. Por eso, cuando nos proponemos acercar a un familiar o a un amigo a Dios, lo encomendamos en primer lugar a Nuestra Señora. Ella quita obstáculos y enseña el modo de hacerlo. Cada uno de nosotros, quizá, ha experimentado esta poderosa ayuda de la Virgen. «Sí, tenemos como guía una columna que acompaña al nuevo Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia la Tierra prometida, que es Cristo el Señor. La Virgen del Pilar es el faro esplendente, el trono de gloria, que guía y consolida la fe de un pueblo que no se cansa de repetir en la Salve Regina: Muéstranos a Jesús»10.

La evangelización iniciada en cada lugar del mundo, hace siglos o pocos años, no terminará hasta el fin de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros llevarla a cabo. Para eso hemos de saber comprender a todos de corazón. Con más comprensión cuanto más distantes se encuentren de Cristo, con una caridad grande, con un trato amable, sin ceder en la conducta personal ni en la doctrina que hemos recibido a través del canal seguro de la Iglesia.

Acudamos a Nuestra Señora pidiéndole luz y ayuda en esas metas apostólicas que nos proponemos para llevar a cabo la vocación apostólica recibida en el Bautismo. Acudamos a Ella a través del Santo Rosario, especialmente en este mes de octubre el mes del Rosario, visitemos sus santuarios y ermitas, ofreciéndole algún pequeño sacrificio, que Ella recoge sonriendo y lo transforma en algo grande. Dirigirnos a Ella en petición de ayuda es un buen comienzo en todo apostolado.

En esa acción evangelizadora que cada cristiano debe llevar a cabo de modo natural y sencillo, debemos tenerla a Ella como Modelo. Miremos su vida normal: veremos su caridad amable, el espíritu de servicio que se pone de manifiesto en Caná, en la presteza con que ayuda a su prima Santa Isabel... Debemos contemplar su sonrisa habitual, que la hacía tan atrayente para las personas que habitualmente la trataban... Así hemos de ser nosotros.

III. Siguiendo la Misa propia de esta advocación mariana, pedimos también hoy al Señor que nos conceda, por intercesión de Santa María del Pilar, permanecer firmes en la fe y generosos en el amor11.

Le suplicamos ser firmes en la fe, el tesoro más grande que hemos recibido. Saber guardarla en nosotros y en quienes especialmente Dios ha puesto a nuestro cuidado de todo aquello que la pueda dañar: lecturas inconvenientes, programas de televisión que poco a poco van minando el sentido cristiano de la vida, espectáculos que desdicen de un cristiano...; guardarla sin ceder en lo que fielmente nos ha transmitido la Iglesia, manteniendo con fortaleza esa buena doctrina ante un ambiente que en aras de la tolerancia se muestra en ocasiones intolerante con esos principios firmes en los que no cabe ceder, porque son los cimientos en los que se apoya toda nuestra vida. Resistid firmes en la fe12, exhortaba San Pedro a los primeros cristianos en un ambiente pagano, parecido al que en algunas ocasiones podemos encontrar nosotros. Ceder en materia de fe o de moral, por no llevarse un mal rato, por limar aristas, por puro conformismo y cobardía, ocasionaría un mal cierto a esas personas que, tal vez un poco más tarde, verán la luz en nuestro comportamiento coherente con la fe de Jesucristo.

En un ambiente en el que quizá abundan la debilidad y la flaqueza, esta firmeza ha de ir acompañada por la generosidad en el amor: el saber entendernos con todos, incluso con quienes no nos comprenden o no quieren hacerlo, o tienen ideas sociales y políticas distintas u opuestas a las nuestras, con personas de elevada cultura o con aquellos que apenas saben leer..., manteniendo siempre una actitud amable compatible con la firmeza cuando sea necesaria, que nace de un corazón que trata a Dios diariamente en la intimidad de la oración.

Si la primera evangelización, en España y en todas partes, se realizó bajo el amparo de la Virgen, esta nueva evangelización de las naciones que están cimentadas desde su origen en principios cristianos también se realizará bajo su amparo y ayuda, como la columna que guiaba y sostenía día y noche en el desierto al Pueblo elegido. Ella nos lleva a Jesús, que es nuestra Tierra prometida; «es lo que realiza constantemente, como queda plasmado en el gesto de tantas imágenes de la Virgen... Ella con su Hijo en brazos, como aquí en el Pilar, nos lo muestra sin cesar como el Camino, la Verdad y la Vida»13. «Para eso quiere Dios que nos acerquemos al Pilar escribía San Josemaría Escrivá al terminar de relatar algunos pequeños sucesos de su amor a la Virgen en este santuario mariano: para que, al sentirnos reconfortados por la comprensión, el cariño y el poder de nuestra Madre aumente nuestra fe, se asegure nuestra esperanza: sea más viva nuestra preocupación por servir con amor a todas las almas. Y podamos, con alegría y con fuerzas nuevas, entregarnos al servicio de los demás, santificar nuestro trabajo y nuestra vida: en una palabra, hacer divinos todos los caminos de la tierra»14.

Hoy, en su fiesta, nos acercamos con el corazón al Pilar y le pedimos a Nuestra Señora que nos guíe siempre, que sea la seguridad en la que se apoya nuestra vida.

1 Antífona de comunión, Lc 1, 48. — 2 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, 6-XI-1982. — 3 ídem, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 27. — 4 ídem, Homilía en Zaragoza, cit. — 5 Eclo 24, 16-21. — 6 Oración colecta de la Misa propia del día. — 7 Sab 18, 3; Ex 13, 21-22. — 8 Cfr. Ex 13, 21. — 9 Sab 18, 3. — 10 Juan Pablo II, Ángelus 15-XI-1987. — 11 Oración sobre las ofrendas de la Misa propia del día. — 12 cfr. 1 Pdr 5, 9. — 13 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, cit. — 14 San Josemaría Escrivá, Recuerdos del Pilar, Folleto MC n. 119, p. 47.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Desde antiguo se tributó en aquel lugar culto a la Madre de Dios y en su honor se edificó primero una iglesia y luego la actual basílica, centro de peregrinación de España especialmente y del mundo hispánico. Pío XII otorgó a todas las naciones de América del Sur la posibilidad de celebrar en este día la misma Misa particular que se celebra en España.

 

 

 

“Hemos de meditar la historia de Cristo”

Esos minutos diarios de lectura del Nuevo Testamento, que te aconsejé –metiéndote y participando en el contenido de cada escena, como un protagonista más–, son para que encarnes, para que "cumplas" el Evangelio en tu vida..., y para "hacerlo cumplir". (Surco, 672)

Para ser ipse Christus hay que mirarse en El. No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de El detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz.
Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor. (Es Cristo que pasa, 107)

 

 

«La historia sobre los 40 días de san Josemaría en Barcelona no podía quedar en un cajón»

El autor de “Días de espera en guerra. San Josemaría en Barcelona, otoño de 1937”, explica que ha querido ser fiel a los relatos que hicieron los protagonistas de los 40 días previos a la travesía de los Pirineos. El libro, publicado por Ediciones Palabra, permite entender las dudas que tenía san Josemaría, un joven sacerdote entregado a la gente en un contexto bélico.

Noticias 11 de Octubre de 2017

Jordi Miralbell es el autor de “Días de espera en guerra. San Josemaría en Barcelona, otoño de 1937”.

• Palabra Días de espera en guerra. San Josemaría en Barcelona, otoño de 1937

• Descarga la Introducción y el primer capítulo de Días de espera en guerra. San Josemaría en Barcelona, otoño de 1937 (PDF)

30 cuestiones históricas sobre san Josemaría

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Suena el timbre de la oficina de comunicación del Opus Dei en Cataluña y Andorra de la calle Ausiàs Marc de Barcelona. El filósofo y periodista Jordi Miralbell (Barcelona, 1953) llega con una carpeta bajo el brazo. No sólo conoció personalmente a san Josemaría, también a algunos de los que le acompañaron durante los 40 días que pasó en Barcelona. Contento de haber publicado unos documentos hasta ahora inéditos, se sienta tras beber un sorbo de agua. La grabadora está en marcha.

El libro

¿Qué le ha llevado a escribir este libro?

Es un complemento del trabajo ya realizado. La Associació d’amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra ha trabajado mucho para reconstruir los días en que san Josemaría estuvo en las montañas y, después, en ese pequeño país pirenaico. Pero me parecía que faltaban los 40 días previos que pasó en Barcelona.

¿Cómo se ha documentado?

Hay una documentación extraordinaria, pues tenemos los testimonios de los ocho protagonistas. Todos escribieron de un modo u otro lo que vivieron. A mí me parecía que aquello no podía quedar en un cajón, que debía ser compartido. Como tenía acceso a parte de esta documentación, empecé a trabajar en ella. Al principio no pensaba en un libro. No la he recogido con citas literales entrecomilladas, pero lo que he escrito es casi literalmente lo que dijeron los que lo vivieron. Me parece que este periodo es imprescindible para entender lo que pasó después, en el paso de los Pirineos.

Hay una documentación extraordinaria, pues tenemos los testimonios de los ocho protagonistas

¿Por qué imprescindible?

Por ejemplo, un episodio central del paso de los Pirineos fue el hallazgo de la rosa de madera estofada en Pallerols de Rialb, que anualmente se conmemora con una fiesta. Sucedió al inicio de la travesía, pero también al final de los 40 días de Barcelona, llenos de sufrimientos y dudas, y de muchas carencias. Además, el libro ayuda a entender por qué fueron aquellos ocho los que pasaron, y no otros; cómo contactaron con las redes clandestinas; cómo financiaron el pago de los contrabandistas...

Aparte de los documentos, también está el testimonio personal…

Yo había escuchado personalmente a san Josemaría el relato de aquellas semanas, que todavía tenía muy vivo en 1973. También conocí al Dr. Juan Jiménez Vargas, que fue profesor y muy amigo de mi padre, y podríamos decir que es el segundo protagonista de la historia. Él era consciente de que estaba salvando al fundador del Opus Dei. También he conocido a otros protagonistas, como Paco Botella.

Yo había escuchado personalmente a san Josemaría el relato de aquellas semanas, que todavía tenía muy vivo en 1973. También conocí al Dr. Juan Jiménez Vargas, que fue profesor y muy amigo de mi padre

Por otra parte, se ha hecho una cuidadosa investigación de los personajes secundarios, en la que me han ayudado personas como el historiador y pedagogo Josep Masabeu, por ejemplo. Hemos localizado personajes claves de la red clandestina, los lugares donde se refugiaron, los amigos que tuvieron en Barcelona. Se trata de un buen puñado de investigaciones colaterales que se han tenido que hacer. Después hay un trabajo de contextualización con la ayuda del saber de los diversos historiadores de aquel momento.

¿Se conserva algún objeto de aquellos días?

Sí. Cuando atravesaron los Pirineos, en las mochilas llevaban muy pocas cosas, pero sí llevaron la correspondencia, el diario que escribieron, los billetes de tren y de autobús que habían utilizado, e incluso el menú del restaurante L'Áliga Roja donde iban a comer a veces

La historia

Pascual Galbe era un gran amigo de san Josemaría y al mismo tiempo un juez que podía condenarlo, es uno de los hilos conductores del libro. ¿Cómo se conocieron?

Recuerdo bien una vez que san Josemaría evocaba esos días vividos en Barcelona durante la guerra. Nos habló con detalle de cómo celebraba aquí la Eucaristía, el miedo que tenía Rafaela que entraran en ese momento..., y nos habló también de Pascual Galbe, su amigo. Rezó siempre por él. Le llegó la noticia de que se había suicidado en 1940 en Francia, pero san Josemaría decía que no se sabe qué puede haber en el alma de una persona en el último momento, y rezaba por él. Al final, tampoco está claro que se suicidara.

Fue una amistad sincera, que se mantuvo después, aunque debido a la distancia tuvieron pocos encuentros

¿Cómo se habían conocido?

Se conocieron cuando ambos estudiaban Derecho en Zaragoza. San Josemaría, que era un sacerdote joven, cultivaba la amistad de sus compañeros, y de vez en cuando iban al bar Abdón, por ejemplo, que estaba cerca de la facultad, y uno de estos amigos era Pascual Galbe. Era un hombre de familia republicana, recto y bueno, pero descreído. Fue una amistad sincera, que se mantuvo después, aunque debido a la distancia tuvieron pocos encuentros.

¿Se habían visto en Madrid?

Una vez Pascual Galbe lo encontró por la calle y le preguntó: ¿Qué quieres de mí Josemaría? San Josemaría respondió: Yo no necesito nada de ti, te quiero a ti. Él intentaba llevarle a la fe. Y cuando llegan a Barcelona y se enteraron por casualidad de que ha sido nombrado presidente del Tribunal contra la Alta Traición, san Josemaría no tiene miedo de ir a verlo. Sólo piensa en reencontrar a un amigo. En aquellas semanas tienen una serie de encuentros; el hombre sufría mucho.

Cuando llegan a Barcelona y se enteraron por casualidad de que [Pascual Galbe] ha sido nombrado presidente del Tribunal contra la Alta Traición, san Josemaría no tiene miedo de ir a verlo

Otro elemento clave del libro es la red clandestina para encontrar la manera de irse.

La familia de José María Albareda, uno de los que hicieron el paso de los Pirineos, fue fundamental. Era una familia aragonesa, de Caspe. El hijo mayor, el abogado Manuel Albareda, veraneaba en Salou con su mujer y sus cinco hijos cuando se produjo el levantamiento militar. El caso es que este hombre fue llamado un día antes a Zaragoza, y así la guerra lo separó de sus hijos y de su mujer. Se instaló en San Juan de Luz, en Francia, y desde allí logró que pasaran la frontera su mujer y un hermano. Cuando un amigo de la familia, el sacerdote Pascual Galindo, lo supo, siguió sus pasos: él será quien dará la pista al grupo de san Josemaría. Así pues, pontactan con la red a través de la familia Albareda.

¿Cómo era la gente de estas redes?

Era gente buena, creyente, que se jugaba la vida, y que no lo hacía por dinero. Mantenían conexión con la organización Socorro Blanco, que ayudaba a la gente a sobrevivir a la persecución. Pero esta geste después contrataba contrabandistas para el paso de la frontera, y estos sí que lo hacían por dinero, y con ellos había mucho riesgo. Se decía que a veces pasaban el dinero pero no las personas.

En el libro sale poco la Iglesia clandestina, ¿por qué?

Hay que pensar que en aquel momento estaban abandonados -o destruidos, algunos- todos los templos de la Archidiócesis de Barcelona. Sólo había seis que estaban precintados, pero en ninguno de ellos había culto. Sí había culto en la Capilla Vasca, pero el resto del culto era clandestino, en domicilios. La misma jerarquía no era conocida. No tenía amistades en Barcelona entre el clero escondido y no había manera de conectar con ellos.

Hay que pensar que en aquel momento estaban abandonados -o destruidos, algunos- todos los templos de la Archidiócesis de Barcelona

Pero lo intenta.

Un problema que tiene él, en efecto, es encontrar un sacerdote para confesarse. Consigue localizar uno que había sido maestro suyo, el catedrático Pou de Foixà. Pero este fue el único contacto que consiguió con otros sacerdotes aquí. De hecho, una vez en Barcelona él celebra misa y confiesa a personas que desde el principio de la guerra no han recibido ningún sacramento ni han podido ir a Misa, como los Albareda, los Montagut o los Gayé. Son gente que se confiesan tras un año y medio sin poder hacerlo. No le pueden presentar a ningún otro sacerdote.

Es época de hambre, bombardeos constantes, dificultades económicas...

La guerra ya lleva un año y dos meses. Se vive con miedo y hambre. El ejército republicano -que había quedado aislado en el frente del norte- cae el 21 de octubre y se teme una ofensiva de los nacionales por la parte de Castellón, para aislar al gobierno de la República, que se encuentra en Valencia. Por eso este es un momento de cambio estratégico militar en que mucha gente llega a Barcelona.

La guerra ya lleva un año y dos meses. Se vive con miedo y hambre. El ejército republicano -que había quedado aislado en el frente del norte- cae el 21 de octubre

Además, a partir de los hechos de mayo del 37, los anarquistas son perseguidos por los comunistas de obediencia estalinista, que quieren recuperar el orden. Tener la documentación en regla tenía una importancia capital. Los bombardeos sobre Barcelona no paraban. Es una ciudad llena de altavoces, que por la noche se volvía tétrica, porque se apagaban las luces.

San Josemaría Escrivá

Las biografías de santos tradicionalmente suelen narrar hechos fantásticos. Pero en el libro, san Josemaría parece una persona muy normal.

El libro está escrito con los testimonios de quienes le acompañaron y le querían. Son textos que narran hechos, aunque alguna vez describen lo que ven hacer o decir a san Josemaría. Este periodo contrasta con los meses anteriores que san Josemaría vivió en Madrid, cuando estuvo encerrado en la Legación de Honduras escribiendo muchas cartas y predicando a los que tenía junto a él. Aquellos textos se conservan y nos hacen ver muy de cerca su alma, su santidad.

Al relato le puede faltar para mi gusto un poco más del contexto interno de san Josemaría, que en cambio se puede ver perfectamente antes y después

En cambio, en Barcelona casi no hubo escritos suyos. No tiene casa ni dirección segura para recibir cartas. En este sentido, confieso que me he quedado un poco insatisfecho. Al relato le puede faltar para mi gusto un poco más del contexto interno de san Josemaría, que en cambio se puede ver perfectamente antes y después, donde se toca cómo es el alma de un santo: un hombre enamorado de Dios, alegre, con buen humor, que reza, que ama a todos y está por encima de la guerra y los enfrentamientos, plenamente sacerdotal, y que quiere vivir una penitencia generosa. En Barcelona llegó a pesar poco más cincuenta kilos...

Habla de buen humor. Quizás tampoco era una época para hacer bromas.

Él tenía mucha gracia y mucha chispa, y no la perdió. Se ve en la correspondencia anterior. En estos días barceloneses tenían que tener cuidado y pasar desapercibidos, pero también se manifestó su buen humor. Juan Jiménez Vargas, por ejemplo, siempre estaba preocupado de que no hiciera gestos que lo pudieran identificar como sacerdote. Pues, un día después de celebrar misa en casa de los Albareda, una mujer que ya lo conocía pero que hasta entonces no lo había visto celebrar Misa, y que se llamaba Blanquita, dijo que pensaba que el cura era Juan Jiménez Vargas. Esto le sirvió mucho a san Josemaría para hacerle bromas a Juan. Tenía mucho sentido del humor, que no significa meterse con nadie; todo lo contrario. A la vez era muy paternal.

¿Qué significa ser paternal?

Él es y se siente sacerdote por encima de todo, y que debe ejercer de sacerdote. Se debe a todos los que le necesiten. Cuando sabe que la madre de un amigo se quiere confesar, enseguida va a Badalona, o a casa de los Alvira, o ver a Pascual Galbe... Todo lo que pudo hacer como sacerdote, lo hizo. En estos casos no tenía miedo de arriesgarse. Por encima de todo se sabía un sacerdote de la Iglesia, que debe tener los brazos abiertos a todos.

Todo lo que pudo hacer como sacerdote, lo hizo. En estos casos no tenía miedo de arriesgarse. Por encima de todo se sabía un sacerdote de la Iglesia, que debe tener los brazos abiertos a todos

Y, por otra parte, tiene muy vivo en el corazón un sentimiento paterno hacia las personas del Opus Dei. Se ve muy bien en su correspondencia durante el periodo de encerramiento en la Legación de Honduras. Los quiere como son, como hace una madre. Es muy bromista, pero está siempre a favor del más débil; le gusta que haya un ambiente de familia a su alrededor. Él se lo pasaba bien, reía, estaba muchos ratos así, de broma. Por ejemplo, a pesar del peligro, una vez en Barcelona, él quiere mantener este ambiente familiar, y por ello insiste en tener tertulias juntos a pesar de que no podían hacerlo en la casa porque Rafaela sufría. Por tener tertulias se ponen en peligro en varias ocasiones. En fin, si no se entiende este sentimiento suyo de paternidad, es difícil comprender el porqué de su paso de los Pirineos. No huía para salvar la vida. Sobre todo le urgía reencontrarse con los miembros del Opus Dei que estaban en la otra zona y de los que no sabía nada desde que empezó la guerra, y proseguir la tarea de evangelización que Dios le pedía.

No huía para salvar la vida. Sobre todo le urgía reencontrarse con los miembros del Opus Dei que estaban en la otra zona

¿Esta paternidad es lo que le hace sufrir?

El inicio de la guerra detuvo la tarea de evangelización del Opus Dei. Muchos chicos que habían ido por la residencia DYA de Madrid se habían marchado unas semanas antes. Era mediados de julio. A partir de marzo de 1937, cuando consigue refugiarse en la Legación de Honduras, intenta recuperar el contacto con los muchachos de los que no tenía noticia.

Meses después piensa que puede volver a salir a la calle y reemprender la tarea clandestinamente. En verano del 37 lucha por obtener una documentación que le permita salir a la calle. Así lo hizo a finales de agosto. En septiembre trabaja como sacerdote clandestino en Madrid. Durante ese mes Juan Jiménez Vargas descubre una manera de pasar al otro lado por Barcelona e Isidoro Zorzano, otro fiel del Opus Dei, le pide que lleve consigo a san Josemaría.

San Josemaría no quiere marchar. Finalmente, lo hace por obediencia, aunque no lo ve del todo claro. Este, después, será el drama que le perseguirá en Barcelona

San Josemaría no quiere marchar. Finalmente, lo hace por obediencia, aunque no lo ve del todo claro. Este, después, será el drama que le perseguirá en Barcelona. Además, estaba tan débil que pensaba que sería una carga para sus hijos, porque no podría seguirlos. Vivió aquí una tensión fuerte. Para seguir la marcha pondrá como condición que todo el mundo saliera con él o detrás de él, e incluso fueron a Valencia a buscar algunos. Al final pasaron las montañas ocho, y en el Opus Dei, en la zona republicana, no había muchos más que aquellos ocho.

Nunca se posiciona políticamente. ¿Cómo se explica su actitud en medio de una guerra?

Nunca. Impresiona mucho por contraste con lo que vive todo el mundo a su alrededor y en la calle. Sobre todo por sus escritos en la Legación de Honduras, sabemos que sentía mucha pena y dolor por lo que pasaba en aquellos meses de guerra y persecución. Él sólo tenía sentimientos sacerdotales. Rezaba, y -estoy seguro- pensaba que se podría haber evitado aquella guerra fratricida. Cuando los que estaban a su alrededor escuchaban cada día Radio Nacional de España, y celebraban las victorias de los nacionales, él nunca participaba. Pienso que Dios quiso que viviera la experiencia de la guerra para darse cuenta de primera mano cuál debe ser la misión de la Iglesia respecto de la sociedad política y la sociedad civil, y qué grande ha de ser el amor a la libertad de las conciencias, como después el Concilio Vaticano II recogió.

Pienso que Dios quiso que viviera la experiencia de la guerra para darse cuenta de primera mano cuál debe ser la misión de la Iglesia respecto de la sociedad política y la sociedad civil

En este sentido recuerdo cómo en 1973 nos hizo unos grandes elogios del cardenal Vidal y Barraquer, que en aquellos años de guerra mantuvo esta línea plenamente sacerdotal de tener los brazos abiertos a todos los hombres, de izquierdas y de derechas, a todos; de que los pastores no han de ser hombres de partido. Durante todo ese tiempo que pasa en Barcelona, tiene junto a él a Juan Jiménez Vargas, que sí tenía fuertes sentimientos políticos, y a José María Albareda, de quien habían matado su padre y su hermano. Pero ni en él ni en los de su entorno encontramos ningún pensamiento de odio, ningún resentimiento. Certifica esta actitud su amistad con Pascual Galbe, un hombre significado públicamente en la República, que claramente no compartía su fe. Es el mismo amor a la libertad y a la convivencia que predicará más adelante en todo el mundo. Pero ya se encuentra aquí completo.

Certifica esta actitud su amistad con Pascual Galbe, un hombre significado públicamente en la República, que claramente no compartía su fe

¿Qué importancia tienen estos días en la historia del Opus Dei?

Me acuerdo oirle decir en 1971 que «en Barcelona habrá mucho fruto porque se ha sufrido mucho». No sólo durante la guerra, en la posguerra también, porque hubo una incomprensión muy fuerte. Y es lo que predicó muchas veces: que las cosas de Dios salen con oración y sacrificio, que son la garantía de fruto.

¿Qué faltaría para contar?

En el libro he incorporado todo lo que he encontrado. Toda la información disponible, no queda nada más por añadir. Sólo me hubiera gustado encontrar una foto de José María Alvira Clavería, que era primo de Tomás Alvira, y que fue una gran ayuda para ellos aquí. Y, en lo que refiere al relato, me hubiera gustado encontrar detalles del paso de los Pirineos que hizo Pascual Galindo, que siguió probablemente el mismo camino que ellos hicieron después. Galindo fue quien envió una postal desde Alemania, confirmando que había hecho el paso y dando pistas para que pudieran hacer los contactos en Barcelona. Recibir la postal fue lo que les llevó a Barcelona a toda prisa hace ahora 80 años. Tampoco he encontrado una fotografía de la casa de los Montagut, en la Avenida República Argentina, 60. Quizás aún lo encontremos.

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Entrevista original “Els dies de sant Josepmaria a Barcelona no podien quedar en un calaix” en opusdei.cat

 

 

Alma sacerdotal, Alma de Cristo

Cada mañana, al comenzar la jornada, podemos decir al Señor que queremos que el nuevo día sea también para él, le ofrecemos nuestra vida, nuestro corazón, nuestro trabajo... Esta oferta es posible porque cada cristiano tiene un alma sacerdotal.

Cristo 20 de Febrero de 2016

 "Alma sacerdotal, Alma de Cristo", artículo escrito por A. Ducay.

Entre las preguntas del catecismo que en algunos lugares servía para preparar a los niños a la Primera Comunión, figuraba la siguiente: ¿para qué ha creado Dios a los hombres? La respuesta era sencilla y fácil de memorizar: «Dios ha creado a los hombres para que le amemos y obedezcamos en la tierra y seamos felices con Él en el cielo».

Ahí está dicho lo esencial de nuestro destino en la tierra. El Compendio del actual Catecismo de la Iglesia Católica explicita, sin embargo, un aspecto importante: «el hombre ha sido creado para conocer, servir y amar a Dios, para ofrecerle en este mundo toda la creación en acción de gracias, y para ser elevado a la vida con Dios en el cielo» (1).

Pertenece, en efecto, al sentido general de la creación del hombre, de su llamada a la existencia, el dirigir a Dios su actividad en el mundo y ofrecerle toda la creación en acción de gracias. En cierta manera, puesto que Dios lo ha asociado a su obra creadora, toda actividad humana debe tender a cooperar y reflejar la bondad y la belleza de la acción de Dios. «Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como creador de todo» (2).

Pero, tras el pecado original, esa tarea de colaboración en el diseño divino encontró un obstáculo insuperable: la falta de rectitud del corazón del hombre. Como narra la Biblia, más que cooperar con Dios en la construcción del cosmos, le estábamos comunicando nuestro propio desorden, estábamos construyendo un mundo egoísta. Entonces, por su gran misericordia, Dios nos envió a su Hijo para introducir de nuevo en la creación la rectitud de vida, la justicia del corazón, las palabras y acciones que le agradaran de verdad. Y a esa obra de Redención, prevista por Dios eternamente, fuimos asociados los cristianos. El sacrificio y la gracia de Cristo nos devolvieron a Dios e hicieron posible que nuestras obras pudieran colaborar en la salvación de las criaturas.

El espíritu del Opus Dei subraya esa llamada a cooperar con Cristo en la obra creadora y redentora. Propone además un camino específico: realizar con perfección lo cotidiano, el trabajo ordinario, la vida familiar, las relaciones sociales. Ofrecer a Dios lo de cada día, la vida corriente, hasta llegar a reconocer Su presencia en mil detalles pequeños.

Y esto exige una profunda disposición interior: el deseo sobrenatural de servir a Dios en lo que hacemos, de llevarle las personas que tratamos, de glorificarle y, para eso, de librarnos de las miserias que tienen su raíz en el pecado. Es como un poso en el alma que la acción del Espíritu Santo va dejando poco a poco, contando con nuestra correspondencia; un modo de ser que procede de Cristo y nos liga a su Sacerdocio.

El alma sacerdotal es propia de todos los cristianos, pues por el Bautismo hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia (...), para realizar cada una de nuestras acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios (3). Por eso, cada mañana, al comenzar la jornada, decimos al Señor que queremos que el nuevo día sea también para Él, le ofrecemos nuestra vida, nuestro corazón, nuestro trabajo, todo nuestro ser.

ASENTADA EN LA GRACIA

Podemos agradar a Dios y hacer que nuestras obras reflejen la caridad y la bondad divinas no en virtud de nuestros méritos, sino por la gracia de Cristo que nos hace justos por dentro. Porque, como dice San Pablo, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado (4).

Por eso, el alma sacerdotal nace desde arriba (5), desde nuestra condición de hijos de Dios: despliega en el cristiano la vida de Cristo, sacerdote eterno. Actuar con alma sacerdotal requerirá vencerse frecuentemente, y sobrepasar los límites de dedicación y esfuerzo que parecen razonables; exigirá ignorar o resolver dificultades originadas por el propio carácter o por las circunstancias, porque vemos que algo conviene para la gloria de Dios o el bien de nuestro prójimo; requerirá sacar el tiempo necesario para obrar el bien, o superar el miedo de no ser capaz de realizarlo.

En estas cosas hemos de ejercitarnos cotidianamente, buscando obtener pequeños logros, ampliando la generosidad en algún detalle, evitando desánimos al comprobar que no pudimos o no quisimos; es así como podemos cimentar nuestra vida interior cada vez más profundamente. Nuestra generosidad y correspondencia nunca nos parecerán suficientes si miramos hacia adelante, hacia esa meta que está siempre más allá: si nos miramos en el espejo de la vida de Jesús.

El alma sacerdotal de Cristo queda bien reflejada en la breve afirmación sobre el sentido de su venida: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos (6). Es como si en esas palabras Jesús hubiera querido manifestar la propia disponibilidad a rebasar todo límite con el fin de librar a muchos del pecado y de darles la vida, para que el Padre sea glorificado con la salvación de esas personas.

En esta tierra, fuera de Jesús, sólo de la Virgen tenemos la certeza de que fue capaz de no decir nunca basta, guiada por su deseo de ser en toda circunstancia la sierva del Señor. Ella acompañó a Jesús crucificado más que ninguna otra persona, y el Señor la asoció a su Sacerdocio de un modo especialísimo y superior al de los demás hombres.

Santa María pudo ejercitar el alma sacerdotal con esa perfección por su particular plenitud de gracia del Espíritu Santo. No podemos, por eso, contemplar su ejemplo simplemente con ojos humanos: se inundaría nuestra imaginación con la dificultad que tanta renuncia y sacrificio suponen; juzgaríamos que ese camino es imposible para nosotros, y nos conformaríamos con buscar, consciente o inconscientemente, sendas más cómodas.

La liturgia de la Iglesia dice del Espíritu Santo -que se nos ha dado- que es «Padre de los pobres, Dador de los dones, Luz de los corazones» (7). Si somos fieles y confiamos en Él, obtendremos también todos sus dones: «el premio de la virtud, la realidad de la salvación, el gozo perenne» (8). Y de esa manera, nos llenarán de alegría todas las ocasiones de ejercitar el alma sacerdotal. Precisamente cuando cueste, sentiremos inexplicablemente una alegría mayor, que procede de dentro, de esa fuente de agua que salta hasta la vida eterna (9).

Communicatio Christi

Tened entre vosotros, dice San Pablo, los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús (10). El Evangelio nos deja ver con frecuencia muchos de los deseos y modos de pensar del Señor. Se nota que el primer lugar de su alma es siempre para Dios Padre: le consume el deseo de hacer lo que el Padre le pide, le devora el celo por la Casa de Dios… Un celo que se manifestó, ya siendo adolescente, cuando sintió en el Templo la imperiosa necesidad de ocuparse de las cosas de su Padre. Años más tarde, declararía que esa Voluntad era la sustancia de la que vivía, su alimento, y que sentía verdaderas ansias de ver cumplido el plan divino (11).

Empujado por este afán, Jesús Señor Nuestro deseaba profundamente la conversión de los hombres, que se abrieran al amor de Dios, a la caridad los unos con los otros. Podía descubrir en los corazones esa sed de felicidad, aherrojada muchas veces por las cadenas del pecado: Zaqueo, la samaritana, la adúltera, son testigos elocuentes.

Las necesidades humanas, la indigencia y el dolor movían profundamente su Corazón amabilísimo. La resurrección de su amigo Lázaro, de la hija de Jairo –uno de los jefes de la sinagoga–, del hijo de la viuda de Naín; la miseria de aquellos leprosos, del ciego de nacimiento, de la hemorroisa enferma y arruinada.

Apreciaba Cristo la pureza del corazón de los niños, la humildad de la cananea, la nobleza de sus discípulos. Sentía profundamente la amistad de los suyos, la alegría de verlos crecer en la fe y de compartir sus afanes. Vosotros sois, les decía, los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones… (12). Le dolería hondamente la traición de Judas, la apostasía de los que le abandonarían, la cerrazón de sus enemigos. Lloró Jesús ante el duro destino que aguardaba a Jerusalén.

Nos hemos asomado al alma de Cristo porque en ella encontramos las principales manifestaciones del alma sacerdotal que todo cristiano ha de poseer, participación de aquella voluntad de Redención que llevó a Jesús a morir por nosotros en la Cruz. El alma sacerdotal lleva a cumplir en todo momento la Voluntad divina, ofreciéndose a Dios Padre, en unión con Cristo, gracias a la acción del Espíritu Santo; es tener sentimientos que dispensa en nuestro corazón el Espíritu Santo, que es, como decía San Ireneo, communicatio Christi, comunicación de Jesús y por eso transmisión de su intimidad, de sus pensamientos y afanes, que se hacen cada vez más nuestros. «En la Iglesia se ha asentado el Espíritu Santo, es decir, la comunicación de Cristo» (13).

En la oración, fomentamos nuestros deseos de que así sea. Con frecuencia, nos ayudará a esto la lectura del Evangelio, poniendo empeño por situarnos en aquellas escenas y fijarnos en Jesús, en lo que Él nos quiere comunicar, en lo que lleva en su corazón. Y eso, aunque tal vez tengamos que comenzar diciéndole que estamos faltos de ideas o fríos, o insensibles…, o rogándole que nos conceda al menos aquellos deseos de tener deseos de santidad, que San Josemaría incitaba a pedir. Si lo hacemos con humildad, seguros de que estamos solicitando lo mejor, el Señor tendrá compasión de nuestra pobreza, premiará nuestra fe y obrará en nosotros el milagro: su poder divino, que transformó la vida de los personajes que desfilan por el Evangelio, imprimirá en nuestra alma sus mismos sentimientos redentores.

Y así, mirando el mundo, las personas, la vida nuestra con esos ojos que nos presta Cristo, le pediremos humildemente que nos ayude a acertar, a hacer lo que a Él le agrada, a servirle en las tareas que nos ocupan, a llevarle las personas que nos rodean sin miedo a gastarnos.

En los momentos de oración –y siempre en nuestra vida– volvemos nuestros ojos a María, Madre nuestra, y le pedimos que crezcan impetuosos en el corazón de todos los cristianos estas ambiciones santas, que nos dejemos transformar por el Alma de Cristo para llegar así a ser verdaderamente conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que él sea primogénito entre muchos hermanos (14).

A. Ducay

* * *

1. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 67.

2. Conc. Vaticano II, Const. Past. Gaudium et Spes, n. 31.

3. San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 96.

4. Rm 5, 5.

5. Cfr. Jn 3, 3.5.

6. Mc 10, 45.

7. Secuencia Veni Sancte Spiritus.

8. Ibid.

9. Jn 4, 14.

10. Flp 2, 5.

11. Cfr. Jn 4, 34; Lc 12, 49-50.

12. Lc 22, 28.

13. San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, III, 24, 1.

14. Rm 8, 29.

 

 

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II.  Explanada de la «Avenida de los Pirineos» (Zaragoza)
 Miércoles 10 de octubre de 1984

 

Id y enseñad a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he enseñado. Y mirad: yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los siglos” (Mt 28, 19-20).

1. Estas palabras me parecen particularmente vivas y apropiadas para este encuentro que tengo con vosotros, queridos hermanos obispos, amados hermanos y hermanas de España.

El mandato misionero de Jesús en las riberas del Tiberíades, resuena hoy con fuerza a orillas del Ebro, donde desde hace tantos siglos alienta un eco de los afanes apostólicos de Santiago y de Pablo.

“Id y enseñad a todos los pueblos”. Son esas palabras del Maestro las que me empujan hoy hacia tierras de América, en un viaje que tiene mucho que ver con su mandato misionero.

En efecto, se aprestan ahora los pueblos e Iglesias de América a celebrar el V centenario de su primera evangelización, de su bautismo en la fe de Jesucristo. Una tarea ingente y secular que tuvo su origen aquí, en tierras ibéricas. Una siembra generosa y fecunda la de aquellos misioneros españoles y portugueses que sembraron a manos llenas la Palabra del Evangelio, en un esfuerzo que llega hasta hoy, y que constituye una de las páginas más bellas en toda la historia de la evangelización llevada a cabo por la Iglesia.

Cuando se trata de dar gracias a Dios por los frutos tan abundantes de aquella siembra, y de profundizar en los compromisos actuales y futuros de la evangelización en todo el continente, el Papa, que quiere ser “el primer misionero”, no podía estar ausente. Cuando hace casi dos años, en esta misma ciudad de Zaragoza tuve la alegría de postrarme a los pies de la Virgen del Pilar, y de evocar aquí, ante la Patrona de la Hispanidad, la proximidad del centenario del descubrimiento y evangelización de América, os dije que tal conmemoración era “una cita a la que la Iglesia no puede faltar” (Acto mariano nacional en honor de la Virgen del Pilar, 3; 6 de noviembre de 1982).

A la luz de esta promesa y del propósito misionero que anima mi nuevo viaje a Iberoamérica, bien podéis entender el sentido de la escala que he querido hacer en Zaragoza. En el umbral de un viaje eminentemente misionero, y en nombre de toda la Iglesia, he querido venir personalmente para agradecer a la Iglesia en España la ingente labor de evangelización que ha llevado a cabo en todo el mundo, y muy especialmente en el continente americano y Filipinas.

En muchos de mis viajes he podido constatar el fruto actual de esa labor. Quería por ello, en esta ocasión tan señalada, repetir aquí en Zaragoza lo que ya tuve la oportunidad de decir en Madrid, apenas iniciada mi visita apostólica: “¡Gracias, España; gracias, Iglesia de España por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo”! (Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto Barajas de Madrid, 4; 31 de octubre de 1982). A la hora, pues, de iniciar los preparativos del V centenario de la evangelización de América, he querido hacer un alto en el Pilar de Zaragoza, para subrayar precisamente las dimensiones que este viaje lleva aparejadas.

2. Brilla aquí, en la tradición firme y antiquísima del Pilar, la dimensión apostólica de la Iglesia en todo su esplendor. El Papa es el que por designio y misericordia del Señor encarna y perpetúa de forma eminente esa tradición apostólica, que tiene en Roma una histórica e inquebrantable relación con la figura y el ministerio de Pedro. Pero el Papa quiere llevar a las Iglesias en América no sólo la firmeza de la fe que Pedro representa, sino también la audacia misionera de los otros apóstoles, que obedeciendo al mandato del Maestro, pusieron sus talentos y sus mismas vidas al servicio de la difusión del Evangelio en el Nuevo Mundo.

La fe que los misioneros españoles llevaron a Hispanoamérica, es una fe apostólica y eclesial, heredada —según venerable tradición que aquí junto al Pilar tiene su asiento secular— de la fe de los Apóstoles. Desde la misma fuente vigorosa y auténtica de la fe de los Apóstoles, quiere ahora el Papa llevar un nuevo impulso a las Iglesias en América y a vuestra propia Iglesia española.

3. Aquí, en Zaragoza, luce también esta tarde la dimensión misionera de la Iglesia y, bien en concreto, de la Iglesia en España.

Hace unos instantes he podido encontrar en el templo del Pilar a las familias de los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que sirven hoy al Evangelio en las Iglesias hermanas en América. Ha sido un encuentro breve, pero intenso. ¡No se ha extinguido en la Iglesia en España el aliento misionero! ¡No habéis dejado de cumplir el “id y enseñad a todos los pueblos”! Cerca de diez y ocho mil misioneros españoles perpetúan hoy en aquellas tierras, tan hermanas vuestras, la tradición misionera que yo deseo se acreciente, como una de las glorias más altas de esta Iglesia. ¡Que el Señor bendiga los pasos y las manos de los españoles que en todo el mundo, y especialmente en América, evangelizan y bautizan en su nombre!

¡Que el Señor premie la generosidad de las familias españolas que saben dar sus hijos a la tarea de “ir y enseñar” que nos legó el Maestro! ¡Que el Señor conceda y aumente a esta Iglesia el talante misionero que distinguió su pasado, que forma parte de su vida presente y que debe estimular y enriquecer su futuro!

4. Hay todavía una tercera dimensión, muy entrañable y muy especial, en esta mi escala en España y en Zaragoza: la dimensión mariana.

Mis últimas palabras cuando me despedí de vosotros en Compostela, después de diez días de convivencia de los que guardo gratísimo recuerdo, fueron éstas: “Hasta siempre, España; hasta siempre tierra de María” (Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Santiago de Compostela, 4; 9 de noviembre de 1982). En su compañía y bajo su amparo os dejaba entonces y junto a ella, junto a este Pilar de Zaragoza que simboliza la firmeza de la fe de los españoles y de su gran amor a la Virgen María, os encuentro ahora de nuevo.

No es indiferente ni casual este encuentro. La fe mariana de los misioneros españoles cuajó bien pronto en aquellas latitudes en devociones y advocaciones que siguen siendo norte y estrella de los creyentes de aquellos países. Decir España, es decir María. Es decir el Pilar, Covadonga, Aránzazu, Montserrat, Ujué, el Camino, Valvanera, Guadalupe, la Almudena, los Desamparados, Lluch, la Fuensanta, las Angustias, los Reyes, el Rocío, la Candelaria, el Pino. Y decir Iberoamérica, es decir también María, gracias a los misioneros españoles y portugueses. Es decir Guadalupe, Altagracia, Luján, la Aparecida, Chiquinquirá, Coromoto, Copacabana, el Carmen, Suyapa y tantas otras advocaciones marianas no menos entrañables.

La Conferencia de Puebla, en su reflexión sobre la evangelización, dijo expresamente: “Ella tiene que ser cada vez más pedagoga del Evangelio en América Latina” (Puebla, 290). Sí, la pedagoga, la que nos lleve de la mano, la que nos enseñe a cumplir el mandato misionero de su Hijo y a guardar todo lo que El nos ha enseñado. El amor a la Virgen María, Madre y Modelo de la Iglesia, es garantía de la autenticidad y de la eficacia redentora de nuestra fe cristiana.

Vuestros hermanos de América, que quieren celebrar hondamente el V centenario de la llegada del Evangelio a aquellas inmensas tierras, se debaten en un largo y complejo esfuerzo de afirmación social, cultural y espiritual. Esa América tensa y esperanzada, joven y doliente, esquilmada y generosa, su futuro humano y religioso, yo quiero ponerlo esta tarde a los pies de la Virgen en son de súplica. ¡Que Ella, María, la Madre de la Iglesia, siga guiando y alumbrando la fe y el camino de los pueblos de América! ¡Que encuentren siempre en vosotros, católicos españoles, el consuelo de un testimonio ferviente y la ayuda de vuestra colaboración humilde y generosa!

Pero si nuestro encuentro y nuestra plegaria de hoy tienen una dimensión apostólica, misionera y mariana en función de mi viaje a Santo Domingo y Puerto Rico, no quisiera que consideraseis este alto en Zaragoza como una mera escala en el camino hacia América. Me urgía reconocer y agradecer ante toda la Iglesia vuestro pasado evangelizador. Era un acto de justicia cristiana e histórica. Pero me urge también estimular vuestra capacidad misionera de cara al futuro. “Recordad siempre —como os dije hace dos años— que el espíritu misionero de una determinada porción de la Iglesia es la medida exacta de su vitalidad y de su autenticidad” (Encuentro con los religiosos en Madrid, 8;  2 de noviembre de 1982. Es lo que esta tarde os repito con intensidad nueva.

5. Conozco vuestros esfuerzos, vuestras aspiraciones y dificultades. Mi visita de hace dos años me enseñó a conocer mejor vuestra tradición religiosa y a apreciar vuestros empeños presentes. Entonces pude decir con toda sinceridad a vuestros obispos: “A pesar de los claroscuros, de las sombras y altibajos del momento presente, tengo confianza y espero mucho de la Iglesia en España” (Discurso a la Asamblea plenaria de la Conferencia episcopal española, 8; Madrid, 31 de octubre de 1982).

Mantengo hoy, acrecentadas, la misma confianza y esperanza. Sé bien que vuestros Pastores han diseñado un amplio y exigente programa de “servicio a la fe del pueblo español” basado en la predicación que hace dos años desarrollé en tantos lugares de esta querida nación. Esa predicación no era sino el cumplimiento por mi parte como “primer misionero”, del mandato de Jesús: “Id y enseñad”. Pido al Señor que su recuerdo y meditación produzca los frutos deseados en el Pueblo de Dios.

El modo más natural de concluir este grato encuentro con vosotros es ratificar ahora mi predicación de aquellos días, recordándoos el mandato de Jesús: Id y enseñad todo lo que yo os he enseñado. Enseñad no sólo de palabra, sino también con el ejemplo de vuestra vida.

¡Sed firmes en la fe como este Pilar de Zaragoza! Sed coherentes en vuestro comportamiento personal, familiar y público con las enseñanzas y ejemplos de Nuestro Señor Jesucristo! Dad testimonio práctico de la grandeza y de la bondad de Dios ante aquellos que no le conocen o, conociéndole, parecen avergonzarse de El, en público o en privado. Superad la tentación de las desconfianzas y las divisiones estériles, viviendo con gozo y generosidad la unidad de la fe y la comunión del amor de Cristo.

A ello os guiará el esforzado ministerio de vuestros obispos, mis hermanos, cuya comunión entre sí y con el Sucesor de Pedro es garantía de una fiel transmisión de la fe, base primera de un futuro evangelizador rico en frutos de vida cristiana, en sintonía con el glorioso pasado antes evocado.

6. Sobre nuestra vida social, vuelve a mi mente lo que os dije desde el Nou Camp de Barcelona: “Vivid vosotros e infundid en las realidades temporales la savia de la fe de Cristo”. “Demostrad ese espíritu en la atención prestada a los problemas cruciales. En el ámbito de la familia, viviendo y defendiendo el respeto a toda vida desde el momento de la concepción. En el mundo de la cultura, de la educación y de la enseñanza, eligiendo para vuestros hijos una enseñanza en la que esté presente el pan de la fe cristiana” (Homilía en Barcelona, 8; 7 de noviembre de 1982). Ojalá tenga así plena efectividad en vuestro país el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que prefieren para sus hijos.

Sed ejemplares en vuestra vida cívica y en la capacidad de convivencia, contribuyendo a una mayor justicia social para todos. Con el debido respeto a las legítimas opciones ajenas, “esforzaos porque las leyes y costumbres no vuelvan la espalda al sentido trascendente del hombre ni a los aspectos morales de la vida” (Ibíd., 1212).

No caigáis en el error de pensar que se puede cambiar la sociedad cambiando sólo las estructuras externas o buscando en primer lugar la satisfacción de las necesidades materiales. Hay que empezar por cambiarse a sí mismo, convirtiendo de verdad nuestros corazones al Dios vivo, renovándose moralmente, destruyendo las raíces del pecado y del egoísmo en nuestros corazones. Personas transformadas, colaboran eficazmente a transformar la sociedad.

7. Vosotros que fuisteis capaces de aquella empresa gigantesca que hoy hemos evocado, sed fieles a vuestra historia de fe. Tened confianza en vosotros mismos. Vivid con integridad vuestra fe, en un contexto en el que se la respete plenamente o en el que se le puedan crear algunos obstáculos. Caminad juntos hacia el futuro.

Tenéis delante una gran empresa: preparar ya desde ahora la Iglesia en España, renovada, fiel y generosa del año dos mil, para que vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos encuentren en ella la gracia de Dios y las riquezas de sus dones, para que España pueda seguir siendo fiel a sí misma y punto de apoyo en la difusión del Evangelio.

Os convoco a vosotros, mis queridos jóvenes, con el recuerdo del Bernabeu siempre vivo en mis oídos y en mi corazón.

Convoco a las familias cristianas, que veo aún en ellas la imponente Eucaristía de la Castellana.

Convoco a las religiosas del claustro, que con su vida hecha plegaria y su entusiasmo, pusieron una nota de calor en la fría mañana de Avila.

Convoco a los seglares católicos, a los educadores en la fe, a los niños, a los obreros cristianos, hombres del campo y del mar, a los hombres de la cultura y de la ciencia, a los que tengo bien presentes en los diversos lugares de nuestros inolvidables encuentros.

Convoco, en fin, a todos los católicos españoles, cuya vitalidad de fe me es bien conocida.

Que la Virgen María, bajo cuya protección materna nos hemos reunido esta tarde para cantar y rezar, bendiga copiosamente a todos vosotros, bendiga las familias de España y bendiga esta Iglesia querida, apostólica, misionera y mariana.

Con este deseo os doy a vosotros, Pastores y fieles, en especial a los enfermos de toda España y a cuantos sufren, mi Bendición Apostólica.

 

 

 

Pilar de certeza y faro de esperanza

La nuestra es pequeñina y galana. Así decimos de la Santina en Covadonga. Pero hay otra imagen todavía más diminuta en su santuario zaragozano. La Basílica del Pilar la guarda con el amor que el pueblo aragonés trata las cosas que quiere de veras. Tiene sabor de patronazgo hispano y la imborrable hazaña descubridora que está unida para siempre a su fecha. Pasé años entre Huesca y Jaca con mis primeros años de obispo y guardo esa dulce nostalgia al llegar esta fecha, cuando se atisba el color de los bosques ocres y amarillos, y se percibe el frescor de las primeras nieves que adornan las cumbres de su Pirineo. La Pilarica sabe también de llantos y sonrisas en la plegaria de los fieles que a ella se allegan, convirtiéndose por capricho de calendas en fiesta de toda la Hispanidad, cuando en su día allende los mares se descubrió intuida y ensoñada otra tierra.

Hace cinco siglos sucedió esa epopeya de la historia universal con el descubrimiento de América. Descubrir un mundo nuevo, nuevas gentes, nuevas tierras, encerraba una serie de intereses económicos, políticos y militares. Tamaña hazaña, llevada a cabo por hombres con sus luces y sombras, sus gracias y pecados, tenía también otro objetivo. No sólo llevaban ambiciones comerciales, no sólo portaban arcabuces y soldadescas, llevaban también el evangelio, la cruz del Resucitado y un mensaje salvador que anunciar y compartir como enseña. Es el reconocimiento de estos pueblos hispanos hermanos nuestros con los que tenemos en común la lengua, la fe y el afecto mutuo. Pero antes de la efeméride histórica, el 12 de octubre es para nosotros una fiesta mariana: nuestra Señora del Pilar. Hoy nos hacemos peregrinos de ese santuario zaragozano que nos reclama nuestra mirada y nuestra devoción.

María representa lo mejor de nuestra historia cristiana. La historia creyente de la Virgen nos habla de un requiebro hermoso en la fatalidad cotidiana, para asomarnos con Ella y en Ella a cómo en la tierra de todos nuestros imposibles Dios puede hacer florecer su divina posibilidad. ¿Qué representa para nosotros lo imposible? ¿Nos atreveremos a ponerle nombre y circunstancia? Tantas cosas nos pueden resultar así de inasequibles, de desbordantes, hasta provocar las lágrimas que furtivamente hemos ido a compartir con la dulce Señora en esa ermita escondida del corazón. Ella nos dice que Dios tiene recursos, que nos sabe amar y que es el único que no juega con nuestra felicidad, trocando de este modo nuestro llanto en danza, quitándonos los lutos para revestirnos de la algazara de una fiesta que no acaba.

Cuenta la tradición que el apóstol Santiago, llegó hasta el Finisterrae de entonces, nuestro suelo patrio, para anunciar el Evangelio. No le debió ir del todo bien y, desfondado, se sentó a la orilla del río Ebro, en la Zaragoza de entonces, con un gesto de cansancio fatal. María se hizo presente en el corazón abatido de Santiago, y el que fuera llamado el hijo del Trueno quedaría fulminado no por la cerrazón de sus ingratos oyentes, sino por la ternura acogedora de aquella mujer que fue constituida en madre de todos al pie de la cruz.

Santiago y la Virgen del Pilar en esta fiesta señera, nos mueven a pedir por este pueblo que los tienen como patronos y protectores en la tierra. Que si Santiago es patrono de España, la Pilarica aúna en su fiesta a una nación entera. A ellos nos encomendamos para que lo que nos une en la España toda, sea motivo de alegría fraterna y no división cicatera. Pedimos para que la unidad permita el abrazo de hermanos que saben tejer con sus hilos plurales el bordado bello y pacífico de una serena convivencia.

 

         + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 

 

 

Obispado de Toledo, contundente: el Gobierno está legitimado para defender el bien moral de la unidad de España

El día anterior, se posicionó contra la secesión catalana. Ahora ofrece orientaciones desde la Doctrina Social de la Iglesia

Ante la amenaza de secesión en Cataluña, el grupo de trabajo de la Delegación de Apostolado Seglar de la Archidiócesis de Toledo, (Polis) desde la Doctrina Social de la Iglesia, ha escrito un documento con una serie de orientaciones para aclarar posibles dudas, fundamentalmente, a los cristianos.

 Monseñor Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo, con el Papa.

12/10/2017 01:00

ReligionConfidencial

El pasado 10 de octubre, el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, afirmó en su escrito dominical: “Es un error que la Generalitat de Cataluña haya roto con la Constitución Española”.

Ayer a última hora de la tarde, esta delegación de seglares y laicos de Toledo, envío un comunicado a los medios de comunicación con una serie de orientaciones.

El primer punto España y Cataluña, señala que “Cataluña es parte esencial de esa realidad española desde sus orígenes y no se pueden entender la una sin la otra. Se trata de una parte del territorio español con una específica personalidad cultural y social que merece alcanzar la máxima perfección posible, en la búsqueda del bien común”.

El segundo punto “La Constitución y la Autonomía”, aclara que “en respuesta a reivindicaciones históricas de algunas regiones, se ha ido estableciendo un sistema de organización territorial mediante Comunidades Autónomas con un alto nivel de autogobierno, en el marco de la unidad nacional y de la solidaridad interterritorial. Todos estos elementos cumplen perfectamente con los criterios y principios que la Doctrina Social de la Iglesia”.

Recuerda que la sociedad catalana “fue de las primeras en acceder a la autonomía” y que con su “altísimo nivel alcanzado de autogobierno, cumple sobradamente con los principios de subsidiariedad y participación en la conformación de las decisiones públicas que propugna la Doctrina Social de la Iglesia”.

Atentado a la convivencia

 El tercer punto titulado, “La pretensión independentista: su extrema gravedad e injusticia”, subraya: “No puede existir atentado más grave a la convivencia que intentar llevar adelante dicha pretensión de ruptura. Nada la justifica, pues la construcción de una comunidad histórica como la descrita en el primer apartado es un bien moral a preservar, enriquecer y trasmitir”.

Y explica que “solamente se podría justificar un derecho a la libre determinación de un pueblo ante supuestos de persecución reiterada a la identidad cultural, lingüística, étnica o religiosa, de grave discriminación en el ejercicio de los derechos civiles y políticos o de violación generalizada de los derechos fundamentales de los ciudadanos de un territorio, algo que ha ocurrido en el contexto de los procesos de descolonización. No es el caso de Cataluña”.

Han vulnerado la Constitución

El cuarto punto del escrito del arzobispado de Toledo, “El desafío actual, referéndum, secesión y ruptura social”, desde el arzobispado de Toledo dejan claro que “se han vulnerado la Constitución y el propio Estatuto de Autonomía, con la elaboración de unas pseudoleyes que ampararan un pretendido referéndum de independencia, para legitimar la constitución de una república catalana desligada de la nación y el estado español”. 

Señala asimismo, que “la ruptura social que estas actuaciones está generando, con enfrentamientos incluso familiares, es una de las consecuencias más graves y que resultarán más difíciles de afrontar y sanar”.

Desde la diócesis de Toledo también defienden la nación española y su legalidad: “Ante estas amenazas, las autoridades españolas están legitimadas para actuar en la defensa del bien moral de la unidad de la nación española y obligadas a hacer respetar el orden legal”.

Explica que la “Doctrina Social de la Iglesia, desde siempre, ha avalado el ejercicio de la autoridad en la  aplicación de la ley, así como el deber de obedecer a la misma. Y la autoridad legítima para la defensa de ese bien moral de la unidad nacional cuenta con los instrumentos legales que la constitución atribuye al Gobierno, Parlamento y Jueces y que están obligados a emplear, con prudencia y proporcionalidad, para la restitución del orden legal y la exigencia de responsabilidades legales”.

“Los cristianos y el diálogo”

En el sexto y último punto titulado “Los cristianos y el diálogo”, expone: “Se habla del diálogo como posible solución, pero para ponerlo en práctica en el nivel político, con justicia, sería necesario el previo restablecimiento del orden constitucional y la determinación de las responsabilidades que se hubieran derivado de las actuaciones realizadas. Sólo desde ahí cabría plantearse, y siempre en el marco de la Constitución, las negociaciones políticas oportunas para acometer, en su caso, posibles mejoras del régimen constitucional y estatutario”.

Además, insisten que “esa apelación al diálogo debería dirigirse mucho más allá de la mera negociación política partidista. Será necesario favorecer la creación de ámbitos de encuentro entre los propios catalanes, con el fin de restañar esas heridas abiertas. A este respecto, la Iglesia puede realizar una aportación muy importante, como señala la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española y posteriormente han secundado muchos obispos, con llamadas a la concordia, la paz social y la esperanza, desde la verdad, la reconciliación y la edificación de la comunión”.

 

 

FIEL EN LO POCO

“El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho y el que no es fiel en lo poco, no es fiel en lo mucho”. Graves palabras de Jesús trasmitidas por Lucas. Así, siempre podremos confiar en los que “ son fieles en lo poco”.

Un lector, G.F., me recuerda uno de mis artículos de hace tiempo: “Grandeza de lo pequeño”. Efectivamente, hay cosas que son siempre de actualidad y de las que, sin embargo, casi nadie escribe. En ciertas cuestiones no es suficiente informar ; además,  es necesario formar, repitiendo mil veces las mismas ideas hasta que estas pasen a formar parte de nuestras vidas. Sucede en la educación, en política, en religión ,… Recordemos algo que todo el mundo sabe:

Un clavo  mal puesto en la herradura de un caballo hizo que, en medio de una batalla, se desprendiese la herradura; el caballo se cae, el general que lo monta muere y la batalla se pierde. Por un clavo mueren cientos de soldados.

 Un tornillo  mal apretado se sale de la rueda de un coche, la rueda se desprende de su sitio, el coche se estrella y sus ocupantes mueren. ¡ Por un tornillo! O por ¡Una chapuza!

Una receta “ininteligible” del medico, en manos de un boticario novato puede conducir a la muerte de un enfermo, que toma una medicina equivocada.

¿Poca cosa? Sí, pero una pequeña mancha en un vestido nuevo le estropea el día de la boda o la fiesta a la joven más guapa.

Dimas, el buen ladrón, en el último minuto de vida, arrepentido de sus fechorías se dirigió a Cristo en la Cruz: “Acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino” Y Cristo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. En nada de tiempo, un minuto, obtuvo el Paraíso

Jesús valoró mucho más lo poco que dio una viejecita en el templo- que lo tenía para comer- que lo mucho que echaron los ricos de lo que les sobraba. La diferencia estriba en el amor con que se da.

Cinco minutos no son nada, pero en reuniones de docenas o centenas de personas, perder cada una cinco minutos por llegar retrasado la persona importante, puede suponer una enorme cantidad de tiempo y/o dinero. Y el tiempo es vida, algo más que dinero y nadie tiene derecho a robárnosla.

Quizá, exigiéndonos y exigiendo a los demás puntualidad, trabajo bien hecho, disciplina y un poquito de orden podríamos subir  algunos puntos nuestra riqueza y la de nuestro pueblo, sin necesidad de aumentar los  impuestos. Además, notaríamos que el respeto de quienes nos rodean sube algunos puntos.

Claro que, para esto hay que estar motivados y estimulados como los que se saben dirigidos, protegidos y esperanzados por un ser superior, en quien podamos confiar. Y, a nivel mundial ,solo encontramos al de siempre: a Cristo  ¡Ah! Pero esto no se estudia en el colegio ni en la Educación para la ciudadanía EPC) .

Mérida, Fecha: cualquiera > Alejo Fernández Pérez

Alejo1926@gmail

 

 

¡OTRA VEZ EL NUMERITO!

Por René Mondragón

PUNTO MÁS PARA TRUMP

Como si no fuesen suficientes las crónicas de los saqueos, los robos cometidos por grupos de malandros para dejar sin ayuda a los damnificados. Como si se tratara de una tragedia griega en narrativa del poeta Juvenal, describiendo los sucederes en el barrio bravo de Tepito o en la colonia San Felipe de Jesús de la delegación Gustavo A. Madero, se ha abonado un punto más a favor de los argumentos de Trump para que siga con la idea de construir todo lo que se le ocurra y que no pasen a su territorio los mexicas.

CULTURA DE LA RAPIÑA

Es doloroso, lamentable y vergonzoso lo que hemos visto en los días recientes. Podríamos culpar a las autoridades por su incompetencia en resolver temas de pobreza o empleo, pero esto va mucho más al fondo, porque implica un nivel de insuficiencia materna que para muchos de aquellos que observan la realidad de México, solo les queda decir: “Es que así, son los mexicanos”.

No son suficientes las muestras de valor y valentía de los muchos miles de mexicanos que han donado tiempo, dinero, esfuerzo, sudor y sangre para ayudar a los demás. La nota –tenía que ser- es la de los gandallas profesionales que se dedican a conformar grupos de buitres organizados para hundirse en el estiércol y robar, engañar, transar a cualquiera, y quedarse con los bienes que pertenecen a otros que de verdad lo necesitan.

A los rapiñeros de profesión les importa un pepino que fastidien a otros, mientras ellos puedan lograr pingües ganancias. Lo mismo hacen todos los carroñeros, por eso estas líneas no son ofensivas, sino constituyen un diagnóstico.

LA MALA NUEVA

Evidentemente, de la nota se desprende una comprobación más del nivel de incompetencia de la autoridad, porque sin ser afectados por el sismo de septiembre 19, (http://www.huffingtonpost.com.mx/2017/10/05),  mil nueve sujetos se hicieron pasar por damnificados, hicieron la fila correspondiente y se llevaron, cada uno, un primer cheque –la promesa eran tres- por la cantidad de tres mil pesos como ayuda para vivienda de aquellos ciudadanos que vivían en una casa donde rentaban.

Puede ser que el porcentaje -20% de malandros que fingieron ser afectados por el sismo- no refleje la intensidad del tema porque se expidieron 18,315 cheques de ayuda. Pero el quid está en otra parte.

Desde luego que esto viene a reflejar por enésima ocasión, la idéntica cultura de la gandallez, la transa y la rapiña de varios malos mexicanos; al tiempo que evidencia, una vez más, el nivel de desorden, incompetencia y posible complicidad de una autoridad que no sabe o no quiere actuar con eficacia en momentos de crisis.

Se habla, en efecto, de que se procederá penalmente contra tales bad man, pero –todavía no se dice nada con respecto a los funcionarios incompetentes e ineptos. Eso también es corrupción, solapada o cínica, pero presente.

Al momento en que este escribano tunde su lap top, el jefe de gobierno de la ciudad de México anunció que se cambiaron los requisitos y procedimientos para entregar los cheques de apoyo. Mi santa agüe decía en estos casos: “Después de niño ahogado, tapen el pozo”. La pregunta, sin embargo es vigente: ¿Por qué es necesario entrar en una espiral de crisis y mediocridades, cuando se pueden hacer las cosas bien, desde la primera vez?

¿HASTA CUÁNDO?

El Instituto Mexicano de Competitividad asegura, con su tradicional buen tino, que desterrar la corrupción de –no dice “en”- México, tomará una generación.

Pregunta para mis hermosísimas lectoras y aguerridos lectores: ¿No podríamos empezar a hacer lo necesario, en el ámbito propio de nuestros alcances y competencias, al terminar de compartir estas reflexiones?

Es pregunta llena de curiosidad.

 

 

Educa en la Fe a tus hijos antes de que el mundo los “deseduque”

Silvia del Valle Márquez

Última actualización: 11 Octubre 2017

La educación en la fe es un tema que para muchos ya está pasado de moda o es de poca importancia, sin darse cuenta de que de esto depende la salud espiritual de nuestros hijos y la tranquilidad que puedan tener a lo largo de su vida, ya que les puede permitir tomar las cosas que se les van presentando con sabiduría y tranquilidad, confiando en la providencia y misericordia divina; o las pueden tomar con angustia y estés, como lo hace la mayoría.

Por eso aquí les dejo mis 5 Tips para educar a nuestros hijos en la Fe.

PRIMERO. Siempre es mejor desde pequeños.

La mejor educación es la que se recibe desde que los niños tienen conciencia ya que la van viviendo cotidianamente y esto hace que los conocimientos se queden impregnados en el alma de nuestros hijos. Lo mismo pasa con las cosas de la Fe.

Es importante que desde pequeñitos los acostumbremos a ir a la Iglesia, no importa que hagan un poco de ruido y debemos enseñarles cómo se deben comportar en misa para que poco a poco logren estar tranquilos.

Es bueno también buscar alguna Iglesia en donde haya misa para niños ya que en este tipo de misas las personas que asisten ya saben que encontrarán ruidos, llantos y juegos de los niños y puede ser más fácil para nosotros.

También es muy bueno que desde pequeños enseñemos a nuestros hijos a personarse y algunas de las oraciones básicas como el Padre Nuestro o el Ave María. Para esto existen ahora publicaciones con dibujos grandes y representativos para que nuestros hijos asocien esas imágenes con lo que les vamos diciendo.

Cuando mis hijos eran pequeños hasta les imprimíamos las imágenes y se las dábamos para que la iluminaran mientras rezamos el Rosario.

SEGUNDO. Edúcalos con el ejemplo.

Esto es muy importante ya que la Fe que no es coherente en lugar de educar, fauna a nuestros hijos.

Es importante que aprendan de nuestras acciones más que de nuestras palabras.

Y nuestros hijos nos observan todo el tiempo; observan como reaccionamos ante los problemas, observan que hacemos ante las dificultades y se dan cuenta cuando ponemos a Dios al frente de nuestra vida y le sedemos nuestro tiempo.

Es importante que seamos congruentes para que nuestros hijos vivan la Fe.

TERCERO. También en la adolescencia.

Este punto es algo controvertido ya que hay muchas personas que dicen que cuando los hijos llegan a cierta edad entre los 14 y 18 años, es necesario dejarlos libres para que ellos escojan en que quieren creer; sin darse cuenta que es precisamente a esta edad cuando nuestros hijos adolecen de una conciencia clara.

Es aquí cuando debemos redoblar las enseñanzas en cuestión de Fe y sobre todo las vivencias de una Fe encaminada a hacer la Voluntad de Dios.

Así podrán decidir después, con una conciencia bien formada, que estilo de vida quieren tener.

Si la influencia de los amigos es tan fuerte, busca que tengan amistades afines a su forma de vivir y de pensar.

Es importante que busquemos que nuestros hijos se desarrollen en un ambiente adecuado y propicio para la vivencia de valores y de la Fe como tal.

Con mis hijos tenemos varios círculos de amistades y ellos ya saben distinguir cual es cual. Esto es muy válido y nos ayuda a que nuestros hijos valoren también los beneficios de estas amistades.

CUARTO. Enséñalos a que den testimonio de su Fe.

Es importante que nuestros hijos sean valientes y no les de pena demostrar que son católicos.

Y para esto es importante que vean que a nosotros tampoco nos da pena tener esas manifestaciones públicas de la vivencia de la Fe.

Es hermoso ver que los niños y jóvenes asisten a misa, rezan el rosario, asisten a grupos católicos de formación y convivencia.

Pero también es hermoso ver que nuestros hijos pueden defender lo que piensan frente a algún profesor o algún compañero de la escuela que les diga que lo malo es bueno. Si lo logran hacer, entonces serán valientes y darán testimonio de sus valores y de su Fe.

Un punto importante que debo decir, es que no es necesario llegar a los golpes para defender la Fe, es mejor se inteligentes y dar testimonio con nuestra propia vida.

Y QUINTO. Y si no te hacen caso… Reza por ellos.

En toda familia, nunca falta un hijo que pase por una etapa rebelde o de falta de Fe y nosotros como papás debemos estar al pendiente de ellos.

Es importante que les expliquemos las dudas que tengan o que les aconsejemos cuando veamos que tiene problemas, pero llega un momento en que las cosas se salen de nuestras manos y parece que el problema no tiene soluciono.

Es ahí donde debe entra la oración. La oración de una madre por sus hijos es poderosísima y puede arrancarle milagros a Dios.

También es bueno que tomemos en cuenta la intercesión de nuestra Madre del Cielo que siempre está lista para ayudarnos y que bien sabe lo que sufre nuestro corazón de madre por un hijo que tiene problemas.

Cuando las cosas se salen de nuestras manos, es sólo Dios quien puede regresarlas a su cause natural y hacer que nuestros hijos vuelvan a la Fe.

No olvidemos que a Jesús le encanta que le pidamos, pero siempre sabe que es lo mejor para cada uno.

No perdamos jamás la esperanza en Dios y pongamos manos a la obra, educando a nuestros hijos para ser peregrinos de este mundo, pero sobre todo para que algún día lleguen a ser ciudadanos del Cielo.

 

 

Los animales y el hombre

¿Qué diferencia hay entre una persona y un animal? Según algunos, los animales no se diferencian demasiado del hombre. Es frecuente hoy día encontrar en la prensa noticias sobre la defensa de los animales y referencias a sus «derechos».

Recientemente se dio el caso de Woofie, una perra collie que se salvó de ser ejecutada por orden de una corte escocesa gracias a una campaña internacional encabezada por la ex actriz francesa y ahora defensora de los animales Brigitte Bardot. Bardot, que ha se ha dedicado al bienestar de los animales desde que abandonó abruptamente su carrera artística, hace 25 años, había hecho un dramático llamamiento para que se le perdonara la vida a Woofie.

La perra había sido condenada a morir en septiembre después de que su propietario, Terence Swankie, de Peterhead, en el nordeste de Escocia, reconoció haber violado la ley que prohíbe tener animales peligrosos. En el proceso reconoció además que su mascota suponía un peligro pues estaba «fuera de control en un lugar público». En efecto, la perrita Woofie de tres años tenía aterrorizados a los carteros del barrio durante sus correrías callejeras. La Corte de Edimburgo, sin embargo, imputó el veredicto de un tribunal inferior y decidió mantenerla en vida.

El animal y el hombre

Independientemente del caso de Woofie, numerosas personas se pronuncian a favor de la prohibición de los experimentos médicos con los animales, del uso de las pieles para los vestidos, etc. Algunos van más lejos, hasta construir cementerios u hoteles para los animales. El filósofo Peter Singer desde hace tiempo viene repitiendo la idea de que no hay diferencia intrínseca entre los animales y el hombre. En su famoso libro «Animal Liberation», publicado en 1975 y en años posteriores en varias ediciones, Singer pide que se ponga fin a la «tiranía» de los hombres sobre los animales. Según él, nuestro tratamiento injusto de los animales esequivalente al racismo y al sexismo. Para referirse a él, ha acuñado la palabra «especismo». Más que hablar de derechos, Singer pide una igualdad para los animales.

En su moral utilitarista, basada en Bentham y otros, la vida de un feto no tiene más valor que la vida de un animal. De hecho, en una entrevista concedida en 1996, afirmó que si comparamos la vida de un chimpancé con la un bebé con problemas cerebrales, hay que reconocer un mayor «significado moral» al chimpancé.

En respuesta a este tipo de argumentos, el filósofo inglés Roger Scruton ha publicado un libro donde critica a quienes pretenden poner los animales al mismo nivel del hombre. Su publicación «Animal Rights and Wrongs», publicada en segunda edición este año, ofrece una serie de argumentos convincentes. Por lo que se refiere al tema de la diferencia en la capacidad intelectiva entre el hombre y los animales, Scruton hace las siguientes observaciones:

–» Los animales tienen deseos, pero no hacen opciones. Cuando entrenamos un animal cambiamos sus deseos, pero el animal no hace una opción.

–» La inteligencia de los animales está orientada por sus instintos y la experiencia del momento. El hombre, por el contrario, puede proyectarse en el futuro.

–» La vida social de los animales está guiada por los instintos y no hay diálogo o razonamiento moral como existe en una comunidad de personas.

–» Los animales no tienen una imaginación, propiamente hablando, o un sentido estético y sus emociones están limitadas a un nivel físico. Tampoco tienen consciencia de sí o un lenguaje abstracto.

La dimensión interior

Hay otro filósofo que ha escrito sobre la diferencia entre el hombre y los animales. Se llama Karol Wojtyla. En un libro «Amor y responsabilidad», escrito antes de ser elegido Papa, examina aquello que diferencia al hombre de los demás seres, incluso los animales. Una persona es un ser racional, con una capacidad intelectiva cualitativamente superior a los animales.Pero no nos encontramos sólo ante una cuestión de funcionalidad intelectiva.

La persona goza de una interioridad, en cuanto que es un sujeto con un carácter espiritual, en el que se incluye una conciencia y una orientación hacia la verdad y el bien. Por tanto, la naturaleza del hombre es sustancialmente diversa a la de los animales e incluye la capacidad de la autodeterminación basada sobre la propia reflexión y la libre voluntad.

La diferencia esencial entre la persona y un animal está claramente expresada en el Catecismo de la Iglesia Católica. El número 2415 afirma que «los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura». Pero el dominio del hombre sobre los animales, y sobre toda la creación, no debe ser entendido como un poder absoluto. Si bien es posible servirse de los animales para responder a las necesidades humanas, es necesario respetarlos como criaturas de Dios. El número 2415 dice que los animales pueden ser utilizados legítimamente para alimentar o vestir al hombre, así como para realizar experimentos médicos. En este último aspecto, exige que se garanticen unos límites razonables y que los experimentos contribuyan realmente con la curación o la salvación de vidas humanas.

El siguiente número advierte que se debe evitar hacer sufrir sin necesidad los animales, pero también afirma que no es bueno invertir en ellos sumas de dinero que podrían ser destinados a aliviar la situación de los pobres. Además, explica que «no se debe desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos».

En estos días en los que han sido frecuentes las noticias sobre experimentos con fetos humanos y la manipulación genética del hombre, algunos se preocupan más por los derechos de los animales que por salvaguardar la vida de los seres humanos. Por desgracia, entre los grupos políticos que promueven la defensa de los animales, se da con frecuencia una mentalidad favorable al aborto de los niños. El tiempo es buen consejero, esperemos que también lo sea en este campo.

P. José Montes, Ucrania

 

 

Alianza de hombres y mujeres

Explicar el valor y significado de la diferencia sexual, sostener la generación de la vida, luchar contra la subordinación histórica de las mujeres y promover una nueva alianza de hombres y mujeres… son asuntos que requieren respuestas válidas que la Academia Pontificia para la Vida debe afrontar en diálogo con todas las instancias que desean comprometerse con la justicia, el desarrollo digno y la presencia del ser humano sobre la faz de la tierra.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

La ausencia de seriedad,

La ausencia de seriedad, que es el germen del populismo, también se advierte en el populismo jurídico. En las distintas profesiones ligadas al derecho, no es difícil encontrar operadores que prefieren el resultado apresurado al trabajo abnegado que va al detalle, el fin justificador de medios a la recta aplicación de la ley, aunque ello suponga ir contra la condena anticipada del telediario. También este populismo disfruta con que el derecho esté en el centro del debate, cuando lo debieran estar las ideas para progresar. Los populistas jurídicos, en suma, celebran que el sistema judicial se convierta en una mera correa de transmisión de los modernos sicofantes, a pesar de que se pueda llevar por delante la reputación de tantísimas personas que nada ilegal han hecho.

Hay un sinfín de populismos más, en esta hora blanda de la posverdad y la prementira, en la que la ley Campoamor finalmente se ha impuesto, haciendo que todo en este mundo traidor sea del color del cristal con el que se mira..., aunque no haya ni cristal ni ojos.

Suso do Madrid

 

 

Hay que asegurar los cuidados paliativos

El importante deber y responsabilidad de toda sociedad es el de cuidar y asistir a los ancianos. La medicina y la ciencia siempre al servicio de los que sufren y de los ancianos y nunca de los intereses económicos, tampoco de los Estados. Repito el llamamiento de san Juan Pablo II por el respeto y la tutela de toda vida humana, dijo el Papa Francisco a los participantes en la Asamblea general de la Pontificia Academia para la Vida, sobre el tema “Asistencia al anciano y cuidados paliativos”.

“La persona humana sigue siendo siempre preciosa, aun cuando está marcada por la ancianidad y la enfermedad… en toda circunstancia es un bien para sí misma y para los demás y es amada por Dios”.

“Es la capacidad de servicio a la vida y a la dignidad de la persona enferma, también cuando es anciana, que mide el verdadero progreso de la medicina y de la sociedad entera”. Repitió el llamamiento de san Juan Pablo II: ¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad! Evangelium Vitae, 5».

Enric Barrull Casals

 

La Hispanidad

«El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.» Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?

Primera cuestión: ¿Se incluirán en ella Portugal y Brasil? A veces protestan los portugueses. No creo que los más cultos. Cámoens los llama (Lusiadas, Canto I, estrof. XXXI):

«Huma gente fortissima de Espanha»

André de Resende, el humanista, decía lo mismo, con palabras que elogia doña Carolina Michaëlis de Vasconcelos: «Hispani omnes sumus.» Almeida Garret lo decía también: «Somos Hispanos, e devemos chamar Hispanos a quantos habitamos a peninsula hispánica.» Y D. Ricardo Jorge ha dicho: «chamese Hispánia à peninsula, hispano ao seu habitante ondequer que demore, hispánico ao que lhe diez respeito.» Hispánicos son, pues, todos los pueblos que deben la civilización o el ser a los pueblos hispanos de la península. Hispanidad es el concepto que a todos los abarca.

Veamos hasta qué punto los caracteriza. La Hispanidad, [9] desde luego, no es una raza. Tenía razón El Eco de España para decir que está mal puesto el nombre de Día de la Raza al del 12 de octubre. Sólo podría aceptarse en el sentido de evidenciar que los españoles no damos importancia a la sangre, ni al color de la piel, porque lo que llamamos raza no está constituido por aquellas características que puedan transmitirse al través de las obscuridades protoplásmicas, sino por aquellas otras que son luz del espíritu, como el habla y el credo. La Hispanidad está compuesta de hombres de las razas blanca, negra, india y malaya, y sus combinaciones, y sería absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía.

También por los de la geografía. Sería perderse antes de echar a andar. La Hispanidad no habita una tierra, sino muchas y muy diversas. La variedad del territorio peninsular, con ser tan grande, es unidad si se compara con la del que habitan los pueblos hispánicos. Magallanes, al Sur de Chile, hace pensar en el Norte de la Escandinavia. Algo más al Norte, el Sur de la Patagonia argentina, tiene clima siberiano. El hombre que en esas tierras se produce no puede parecerse al de Guayaquil, Veracruz o las Antillas, ni éste al de las altiplanicies andinas, ni éste al de la selvas paraguaya o brasileña. Los climas de Hispanidad son los de todo el mundo. Y esta falta de características geográficas y etnográficas, no deja de ser uno de los más decisivos caracteres de la Hispanidad. Por lo menos es posible afirmar, desde luego, que la Hispanidad no es ningún producto natural, y que su espíritu no es el de una tierra, ni el de una raza determinadas.

¿Es entonces la Historia quien lo ha ido definiendo? Todos los pueblos de la Hispanidad fueron gobernados por los mismos Monarcas desde 1580, año de la anexión de Portugal, hasta 1640, fecha de su separación, y antes y después por las dos monarquías peninsulares, desde los años de los descubrimientos hasta la separación de los pueblos de América. Todos ellos deben su civilización a los pueblos hispánicos. La civilización no es una aventura. Quiero decir que la comunidad de los pueblos hispánicos no puede ser la de los viajeros de un barco que, después de haber convivido unos días, se despiden para no volver a verse. Y no lo es, en efecto. Todos aquellos conservan un sentimiento de unidad, que no consiste tan sólo en hablar la misma lengua o en la comunidad del origen histórico, ni se expresa [10] adecuadamente diciendo que es de solidaridad, porque por solidaridad entiende el diccionario de la Academia, una adhesión circunstancial a la causa de otros, y aquí no se trata de una adhesión circunstancial, sino permanente.

No exageremos, sin embargo, la medida de la unidad. Pero es un hecho que un Embajador de España no se siente tan extraño en Buenos Aires como en Río Janeiro, ni en Río Janeiro como en Londres, ni en Londres como en Tokío. Es también un hecho que no podrá desembarcar un pelotón de infantería de marina norteamericana en Nicaragua, sin que se lastime el patriotismo de la Argentina y del Perú, de Méjico y de España, y aún también el de Brasil y Portugal. No sólo esto. El mero deseo de un político norteamericano, Mr. William G. McAdoo, de que la Gran Bretaña y Francia transfieran a los Estados Unidos, para pago de sus deudas de guerra, sus posesiones en las Indias occidentales y las Guayanas inglesa y francesa, basta para que dé la voz de alarma un periódico tan saturado de patriotismo argentino como La Prensa, de Buenos Aires, que proclama (18 de noviembre, 1931), que todos los pueblos hispanoamericanos abogan por «la independencia de Puerto Rico, el retiro de tropas de Nicaragua y Haití, la reforma de la enmienda Platt y el desconocimiento, como doctrina, del enunciado de Monroe».

De otra parte, habría muchas razones para dudar de que sea muy sólida esta unidad que llamamos hispánica. En primer término, porque carece de órgano jurídico que la pueda afirmar con eficacia. Un ironista llamó a las Repúblicas hispanoamericanas «los Estados Desunidos del Sur», en contraposición a los Estados Unidos del Norte. Pero más grave que la falta del órgano es la constante crítica y negación de las dos fuentes históricas de la comunidad de los pueblos hispánicos, a saber: la religión católica y el régimen de la Monarquía católica española. Podrá decirse que esta doble negación es consubstancial con la existencia misma de las repúblicas hispanoamericanas, que forjaron su nacionalidad en lucha contra la dominación española. Pero esta interpretación es demasiado simple. Las naciones no se forman de un modo negativo, sino positivamente y por asociación del espíritu de sus habitantes a la tierra donde viven y mueren. Es puro accidente que, al formarse las nacionalidades hispánicas de América, prevalecieran en el mundo las ideas de la revolución francesa. [11] Ocurrió que prevalecían y que han prevalecido durante todo el siglo pasado. Los mejores espíritus están ya saliendo de ellas, tan desengañados como Simón Bolívar, cuando dijo: «Los que hemos trabajado por la revolución hemos arado en el mar.»

Ahora están perplejos. Ya han perdido los más perspicaces la confianza que tenían en las doctrinas de la revolución. En su crisis actual, no quedarán muchos talentos que puedan asegurar, como Carlos Pellegrini hace tres cuartos de siglo, que «el progreso de la República Argentina es un hecho forzoso y fatal». La fatalidad del progreso es una de las ilusiones que aventó la gran guerra. Todos los ingenios hispanoamericanos no tienen la ruda franqueza con que el chileno Edwards Bello proclamó que: «el arte iberoamericano, sin raíces en las modalidades nacionales, carece de interés en Europa.» Pero muchos sienten que las cosas no marchan como debieran, ni mucho menos como en otro tiempo se esperaba. En lo económico, esos pueblos, que viven al día, dependen de las grandes naciones prestamistas, antes, de Inglaterra, ahora, de los Estados Unidos. No son pueblos de inventores, ni de grandes emprendedores. Sus investigadores son también escasos. Padecen, agravados, los males de España. Lo atribuye Edwards Bello, a que están divididos en tantas nacionalidades. Lo que hizo grande, a juicio suyo, a Bolívar y a Rubén Darío, fue haber podido ser, en un momento dado, el soldado y el poeta de todo un Continente. El hecho es que los pueblos hispánicos viven al día, sin ideal. ¿Y no dependerá la insuficiente solidaridad de los pueblos hispánicos de que han dejado apagarse y deslucirse sus comunes valores históricos? ¿Y no será esa también la causa de la falta de originalidad? Lo original, ¿no es lo originario?

Ahora está el espíritu de la Hispanidad medio disuelto, pero vivo. Se manifiesta de cuando en cuando como sentimiento de solidaridad y aún de comunidad, pero carece de órganos con que expresarse en actos. De otra parte, hay signos de intensificación. Empieza a hacer la crítica de la crítica que contra él se hizo y a cultivar mejor la Historia. La Historia está llamada a transformar nuestros panoramas espirituales y nunca ha carecido de buenos cultivadores en nuestros países. Lo que no tuvimos, salvo el caso único e incierto de Oliveira Martins, fue hombres cuyas ideas supieran iluminar los hechos y darles su valor y su sentido. Hasta ahora, por ejemplo, no se sabía, a pesar de los miles [12] de libros que sobre ello se han escrito, cómo se había producido la separación de los países americanos. Desde el punto de vista español parecía una catástrofe tan inexplicable como las geológicas. Pero hace tiempo que entró en la geología la tendencia a explicarse las transformaciones por causas permanentes, siempre actuales. ¿Y por qué no han de haber separado de su historia a los países americanos las mismas causas que han hecho lo mismo con una parte tan numerosa del pueblo español? Si Castelar, en el más celebrado de sus discursos ha podido decir: «No hay nada más espantoso, más abominable, que aquel gran imperio español que era un sudario que se extendía sobre el planeta», y ello lo había aprendido D. Emilio de otros españoles, ¿por qué no han de ser estos intrépidos fiscales los maestros comunes de españoles e hispanoamericanos? Si todavía hay conferenciantes españoles que propalan por América paparruchas semejantes a las que creía Castelar, ¿por qué no hemos de suponer que, ya en el siglo XVIII, nuestros propios funcionarios, tocados de las pasiones de la Enciclopedia, empezaron a propagarlas? Pues bien, así fue. De España salió la separación de América. La crisis de la Hispanidad se inició en España.

* * *

Un libro todavía reciente, Los Navíos de la Ilustración, de D. Ramón de Basterra, empezó a transformar el panorama cultural. Basterra se encontró en Venezuela con los papeles de la Compañía Guipuzcoana de Navegación, fundada en 1728, y vio que los barcos del conde Peña Florida y del marqués de Valmediano, de cuya propiedad fueron después partícipes las familias próceres de Venezuela, como los Bolívar, los Toro, Ibarra, La Madrid y Ascanio, llevaban y traían en sus camarotes y bodegas los libros de la Enciclopedia francesa y del siglo XVIII español. Por eso atribuyó Basterra la independencia de América al hecho de haberse criado Bolívar en las ideas de los Amigos del País de aquel tiempo. El error no consiste sino en suponer que acaeció solamente en Venezuela lo que ocurría al mismo tiempo en toda la América española y portuguesa, como consecuencia del cambio de ideas que el siglo XVIII trajo a España. Al régimen patriarcal de la Casa de Austria, abandonado en lo económico, [13] escrupuloso en lo espiritual, sucedió bruscamente un ideal nuevo de ilustración, de negocios, de compañías por acciones, de carreteras, de explotación de los recursos naturales. Las Indias dejaron de ser el escenario donde se realizaba un intento evangélico para convertirse en codiciable patrimonio. Pero, ¿no ocurría lo propio en España?

Un erudito inglés, Mr. Cecil Jane, ha desarrollado recientemente la tesis de que la separación de América se debe a la extrañeza que a los criollos produjeron las novedades introducidas en el gobierno de aquellos países por los virreyes y gobernadores del siglo XVIII. El hecho de que los propios monarcas españoles incitaran a Jorge Juan y a Ulloa a poner en berlina todas las instituciones, así como los usos y costumbres, en sus Noticias Secretas de América, destruyó, a juicio de Mr. Jane, el fundamento mismo de la lealtad americana: «Desde ese momento ganó terreno la idea de disolver la unión con España, no porque fuese odiado el Gobierno español, sino porque parecía que el Gobierno había dejado de ser español, en todo, salvo el nombre.» Pero antes de Jorge Juan y Ulloa, antes de la Compañía Guipuzcoana de Navegación, cuenta D. Carlos Bosque, el historiador español (muerto hace poco en Lima para retardo de nuestras reivindicaciones), que el marqués de Castelldosrius fue nombrado virrey del Perú por recomendación del propio Luis XIV, por haber sido uno aristócrata catalán que abrazó contra el Archiduque la causa de Felipe V. Castelldosrius fue a Lima con la condición de permitir a los franceses un tráfico clandestino contrario al tradicional régimen del virreinato. Al morir Castelldosrius y verse sustituido por el Obispo de Quito, fue éste procesado por haber suprimido el contrabando francés, que era perjudicial para el Perú y para el Rey. El proceso culpa al obispo de haber prohibido pagar cuentas atrasadas del virrey. Es un dato que revela el cambio acontecido. Los virreyes empiezan a ir a América para pagar deudas antiguas. Así se pierde un mundo.

Todos los conocedores de la historia americana saben que el hecho central y decisivo del siglo XVIII fue la expulsión de los jesuitas. Sin ella no habría surgido, por lo menos entonces, el movimiento de la independencia. Lo reconoce, con lealtad característica, D. Leopoldo Lugones, poco afecto a la retórica hispanófila. La avaricia del marqués de Pombal, que quería explotar, en [14] sociedad con los ingleses, los territorios de las misiones jesuíticas de la orilla izquierda del río Uruguay, y el amor propio de la marquesa de Pompadour, que no podía perdonar a los jesuítas que se negasen a reconocerla en la Corte una posición oficial, como querida de Luis XV, fueron los instrumentos de que se sirvieron los jansenistas y los filósofos para tratar de acabar con los jesuítas. El conde Aranda, enérgico, pero cerrado de mollera, les sirvió en España sin darse cuenta clara de lo que estaba haciendo. «Hay que empezar por los jesuitas como los más valientes», escribía D'Alembert a Chatolais. Y Voltaire a Helvecio, en 1761: «Destruidos los jesuítas, venceremos a la infame.» La «infame», para Voltaire, era la Iglesia. El hecho es que la expulsión de los jesuítas produjo en numerosas familias criollas un horror a España, que al cabo de seis generaciones no se ha desvanecido todavía. Ello se complicó con el intento del siglo XVIII de substituir los fundamentos de la aristocracia en América. Por una de las más antiguas Leyes de Indias, fechada en Segovia el 3 de julio de 1533, se establecía que: «Por honrar las personas, hijos y descendientes legítimos de los que se obligaren a hacer población (entiéndase tener casa en América)…, les hacemos hijosdalgos de solar conocido…» Por eso, las informaciones americanas sobre noblezas prescindieron en los siglos XVI y XVII, de los «abuelos de España», deteniéndose en cambio en referir con todo lujo de detalles, como dice el genealogista Lafuente Machain, las aventuras pasadas en América; y es que la aspiración, durante aquellos siglos, era tener sangre de Conquistador, y en ellas se basaba la aristocracia americana. El siglo XVIII trajo la pretensión de que se fundara la nobleza en los señoríos peninsulares, por medio de una distinción que estableció entre la hidalguía y la nobleza, según la cual la hidalguía era un hecho natural e indeleble, obra de la sangre, mientras la nobleza era de privilegio o nombramiento real. La aristocracia criolla se sintió relegada a segundo término, hasta que con las luchas de la independencia surgió la tercera nobleza de América, constituida por «los próceres», que fueron los caudillos de la revolución.

Hubo también otros criollos que siguieron las lecciones de los españoles, y se enamoraron de los ideales de la Enciclopedia, y su número fue creciendo tanto durante el curso del siglo XIX, que un estadista uruguayo, D. Luis Alberto de Herrera, podía escribir [15] en 1910, que la América del Sur «vibra con las mismas pasiones de París, recogiendo idénticos sus dolores, sus indagaciones y sus estallidos neurasténicos. Ninguna otra experiencia se acepta; ningún otro testimonio de sabiduría cívica o de desinterés humano se coloca a su altura excelsa». Ha de reconocerse que Francia tiene su parte de razón cuando recaba para sí la primacía, como cabeza de la latinidad y principal protagonista de la revolución, diciendo a los hijos de la América hispánica: «Vous n'êtes pas les fils de l'Espagne, vous êtes les fils de la Révolution Francaise.» Bueno; ya no hay franceses, por lo menos entre los intelectuales distinguidos, que se entusiasmen con su revolución. Lo que hacen los de ahora es buscar en la música de la Marsellesa, que es himno sin Dios, entre los demás grandes himnos nacionales, la misma letra con que le hablaban a Juana de Arco las voces de Domorémy. Y empieza a haber no sólo españoles, sino americanos, que vislumbran que la herencia hispánica no es para desdeñada.

Saturados de lecturas extranjeras, volvemos a mirar con ojos nuevos la obra de la Hispanidad y apenas conseguimos abarcar su grandeza. Al descubrir las rutas marítimas de Oriente y Occidente hizo la unidad física del mundo; al hacer prevalecer en Trento el dogma que asegura a todos los hombres la posibilidad de salvación, y por tanto de progreso, constituyó la unidad de medida necesaria para que pueda hablarse con fundamento de la unidad moral del género humano. Por consiguiente, la Hispanidad creó la Historia Universal, y no hay obra en el mundo, fuera del Cristianismo, comparable a la suya. A ratos nos parece que después de haber servido nuestros pueblos un ideal absoluto, les será imposible contentarse con los ideales relativos de riqueza, cultura, seguridad o placer con que otros se satisfacen. Y, sin embargo, desechamos esta idea, porque un absolutismo que excluya de sus miras lo relativo y cotidiano, será menos absoluto que el que logre incluirlos. El ideal territorial que sustituyó en los pueblos hispánicos al católico tenía también, no sólo su necesidad, sino su justificación. Hay que hacer responsables de la prosperidad de cada región territorial a los hombres que la habitan. Mas por encima de la faena territorial se alza el espíritu de la Hispanidad. A veces es un gran poeta, como Rubén, quien nos lo hace sentir. A veces es un extranjero eminente quien nos dice, como Mr. Elihu Root, que: «Yo he tenido que aplicar en territorios [16] de antiguo dominio español leyes españolas y angloamericanas y he advertido lo irreductible de los términos de orientación de la mentalidad jurídica de uno y otro país.» A veces es puramente la amenaza a la independencia de un pueblo hispánico lo que suscita el dolor de los demás.

Entonces percibimos el espíritu de la Hispanidad como una luz de lo alto. Desunidos, dispersos, nos damos cuenta de que la libertad no ha sido, ni puede ser, lazo de unión. Los pueblos no se unen en libertad, sino en la comunidad. Nuestra comunidad no es geográfica, sino espiritual. Es en el espíritu donde hallamos al mismo tiempo la comunidad y el ideal. Y es la Historia quien nos lo descubre. En cierto sentido está sobre la Historia, porque es el catolicismo. Y es verdad que ahora hay muchos semicultos que no pueden rezar el Padrenuestro o el Ave María, pero si los intelectuales de Francia están volviendo a rezarlos, ¿que razón hay, fuera de los descuidos de las apologéticas usuales, para que no los recen los de España? Hay otra parte puramente histórica, que nos descubre las capacidades de los pueblos hispánicos cuando el ideal los ilumina. Todo un sistema de doctrinas, de sentimientos, de leyes, de moral, con el que fuimos grandes; todo un sistema que parecía sepultarse entre las cenizas del pretérito y que ahora, en las ruinas del liberalismo, en el desprestigio de Rousseau, en el probado utopismo de Marx, vuelve a alzarse ante nuestras miradas y nos hace decir que nuestro siglo XVI, con todos sus descuidos, de reparación obligada, tenía razón y llevaba consigo el porvenir. Y aunque es muy cierto que la Historia nos descubre dos Hispanidades diversas, que Herriot días pasados ha querido distinguir, diciendo que era la una la del Greco, con su misticismo, su ensoñación y su intelectualismo, y la otra de Goya, con su realismo y su afición a la «canalla», y que pudieran llamarse también la España de Don Quijote y la de Sancho, la del espíritu y la de la materia, la verdad es que las dos no son sino una, y toda la cuestión se reduce a determinar quién debe gobernarla, si los suspiros o los eruptos. Aquí ha triunfado, por el momento, Sancho; no me extrañará, sin embargo, que los pueblos de América acaben por seguir a Don Quijote. En todo caso, hallarán unos y otros su esperanza en la Historia: «Ex proeterito spes in futurum.»

Ramiro de Maeztu