Las Noticias de hoy 09 Octubre 2017

                                    Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 09 de octubre de 2017     

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: Seamos la viña que el Señor plantó por el bien de todos

Papa: formación sacerdotal, curas discípulos misioneros con Jesús y el Pueblo de Dios en el corazón

El bienaventurado capuchino, Arsenio de Trigolo, “no perdió nunca la esperanza”

“El pueblo de Dios… plasma la arcilla de nuestro sacerdocio”, dice Papa Francisco

 Y CUIDÓ DE ÉL: Francisco Fernández-Carvajal

“Un rato de meditación diaria”: San Josemaria

 Octubre, mes del Rosario

 El Prelado: «Danos esa juventud del alma que siempre tuvo san Josemaría»

En la alegre esperanza de Cristo: Lucas Buch

 Indiferencia que nos deshumaniza: Luis FernandoValdés

El film ‘Red de Libertad’ impulsa el papel de la mujer en la Iglesia: una monja que salvó a 2.000 personas de los nazis

¿CÓMO SE ARREGLA ESTA SOCIETAD?: José Joaquín Camacho                                  

Decálogo de pensamientos sobre la familia y el rezo del rosario

 CRÓNICAS CUBANAS.: Félix  Sautié Mederos.

CAMINO EQUIVOCADO: MANOLIS (Emmanuel Aligizakis),

8 Características de la adolescencia que todo papá debe conocer: Mª José Calvo para LaFamilia.info 

Mami, ¿qué es sufrir?: Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info

 Miguel Grau: “Seguid su ejemplo”: ALFREDO PALACIOS DONGO

 Una piedra en el zapato: Lluis Esquena Romaguera

El nuevo curso: Jesús D Mez Madrid

La inocencia infantil: Jesús Martínez Madrid

La intolerancia con los débiles: Alfonso Aguiló

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

El Papa en el Ángelus: Seamos la viña que el Señor plantó por el bien de todos

"A través de las piedras desechadas, Cristo sigue poniendo en circulación el vino nuevo de su viña". Papa Francisco.

08/10/2017 11:53

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A través de las "piedras descartadas" Dios sigue poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia. En el XXVII domingo del tiempo ordinario, tras reflexionar sobre el Evangelio del día que presenta la parábola de los viñadores malvados, el pontífice exhortó a los cristianos a responder con frutos de bien a la propuesta de amor del Señor de ser su viña: una viña que es "vivaz y abierta", "rica de esperanza y de frutos para todos".

La parábola de los labradores a quienes el propietario confía una viña que había plantado para luego irse de viaje, -quienes se niegan a entregar la cosecha al dueño a su regreso- pone de manifiesto, según Francisco, "la urgencia de responder con frutos de bien a la llamada del Señor", que nos invita a convertirnos en su viña, y nos ayuda a comprender lo que hay "de nuevo y original en la fe cristiana".

Una fe cristiana que, tal como ha afirmado el Papa en diversas ocasiones, "no es sólo la suma de preceptos y normas morales", sino "una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad".

El llamado que Jesucristo hace con esta parábola es, pues, a entrar en Su "historia de amor", para convertirnos en su viña, de modo de poner en circulación aquel «vino nuevo», que es, precisamente, la misericordia de Dios. 

A continuación, la alocución del Papa previa al rezo mariano del Ángelus dominical:

Queridos hermanos y hermanas,

La liturgia de este domingo nos propone la parábola de los labradores, a quienes el propietario arrienda la viña que había plantado y luego se va. (cf. Mt 21.33 a 43). De este modo es puesta a la prueba la lealtad de estos labradores: la viña está confiada a ellos, que deben custodiarla, hacerla fructificar y entregar la cosecha al dueño. Una vez llegado el tiempo de la cosecha, el dueño envía a sus siervos a cosechar los frutos. Pero los viñadores asumen una actitud posesiva: no se consideran simples gestores, sino propietarios, y se niegan a entregar la cosecha. Maltratan a los sirvientes, hasta el punto de matarlos. El dueño se muestra paciente con ellos: envía a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero el resultado es el mismo. Al final, con su paciencia, decide enviar a su propio hijo; pero esos labradores, prisioneros de su comportamiento posesivo, también matan a su hijo pensando que así habrían podido tener su herencia.

Este relato ilustra de manera alegórica los reproches que los Profetas habían dicho sobre de la historia de Israel. Es una historia que nos pertenece: se habla de la alianza que Dios quiso establecer con la humanidad y a la cual llamó a participar también a nosotros. Sin embargo, esta historia de alianza, como cada historia de amor, conoce sus momentos positivos, pero también está signada por traiciones y rechazos. Para hacer entender cómo Dios Padre responde a los rechazos opuestos a su amor y a su propuesta de alianza, el pasaje evangélico pone en los labios del dueño del  viñedo una pregunta: «Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos labradores?» (v. 40). Esta pregunta subraya que la desilusión de Dios por el comportamiento malvado de los hombres no es la última palabra. He aquí la gran novedad del cristianismo: un Dios que, aunque decepcionado por nuestros errores y nuestros pecados, no rompe su palabra, no se detiene y sobre todo no se venga.

Hermanos y hermanas, ¡Dios no se venga! Dios ama, no se venga, nos espera para perdonarnos, para abrazarnos. A través de las “piedras de descarte”- Cristo es la primera piedra que los constructores han desechado- a través de situaciones de debilidad y de pecado, Dios sigue poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia; éste es el vino nuevo de la viña del Señor: la misericordia. Sólo hay un impedimento ante la tenaz y tierna voluntad de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que a veces se convierte también en violencia. Frente a estas actitudes y donde no se producen frutos, la Palabra de Dios conserva toda su fuerza de reprensión y admonición: «el Reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del Reino» (vs. 43)

La urgencia de responder con frutos, frutos de bien a la llamada del Señor, que nos llama a convertirnos en su viña, nos ayuda a comprender qué hay de nuevo y original en la fe cristiana. Ella no es sólo la suma de preceptos y normas morales, sino que es ante todo una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad. Es una invitación a entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña viva y abierta, rica de frutos y de esperanza para todos. Una viña cerrada puede volverse salvaje y producir uvas silvestres. Estamos llamados a salir de la viña para ponernos al servicio de los hermanos que no están con nosotros, para sacudirnos mutuamente y animarnos, para recordarnos que debemos ser la viña del Señor en cualquier ambiente, incluso en los más lejanos e incómodos.

Queridos hermanos y hermanas, invocamos la intercesión de María Santísima para que nos ayude a ser, en todas partes, especialmente en las periferias de la sociedad, la viña que el Señor ha plantado para el bien de todos y a llevar el vino nuevo de la misericordia del Señor. 

(Traducción del italiano: Griselda Mutual - Radio Vaticano)

Tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco recordó la reciente beatificación del padre Arsenio de Trigolo, sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y fundador de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación y alabó a Dios por este humilde discípulo, quien a pesar de las duras pruebas de la vida, siempre mantuvo firme su esperanza. Fue el 20 de enero de este año 2017 cuando su Santidad el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto reconociendo un milagro obrado por Dios atribuido a la intercesión de Arsenio da Trigolo y ayer, 7 de octubre fue declarado beato siendo así honrado con culto.

Palabras del Santo Padre después de la oración mariana del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas,

Ayer en Milán fue proclamado Beato el padre Arsenio de Trigolo ( en el siglo José Migliavacca), sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y fundador de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación. Alabamos al Señor por este humilde discípulo suyo, que aún en la adversidad y las pruebas, y ha tenido tantas, nunca perdió  la esperanza.

Saludo con afecto a todos ustedes peregrinos, sobre todo a las familias y a los grupos parroquiales, provenientes de Italia y de diversas partes del mundo. En particular: a los fieles de Australia, de Francia y de Eslovaquia, así como a los de Polonia que se unen espiritualmente a los compatriotas que hoy celebran el Día del Papa.

Saludo con afecto a ustedes, grupo del Santuario de la Virgen de Fátima en la ciudad de Pieve, acompañados por el Cardenal Gualtiero Bassetti: queridos hermanos y hermanas, les animo a que continúen con alegría vuestro camino de fe, bajo la mirada pensativa y tierna de nuestra madre celestial: ella es nuestro refugio y nuestra esperanza. ¡Id adelante!

Saludo a los fieles de Grumo Appula, a los Scout de Gloriosa Ionica, al coro parroquial de Siror (Triento) y a los confirmandos de San Teodoro en Cerdeña.

A todos ustedes, les deseo un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

 

 

Papa: formación sacerdotal, curas discípulos misioneros con Jesús y el Pueblo de Dios en el corazón

El Papa Francisco reiteró la importancia de la formación sacerdotal permanente que «dura toda la vida» - AP

07/10/2017 12:48

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El Papa Francisco dio su cordial bienvenida a los participantes en el Encuentro Internacional promovido por la Congregación para el Clero, sobre la Ratio Fundamentalis. Y reiteró la importancia de la formación sacerdotal permanente que «dura toda la vida»:

«El tema de la formación sacerdotal es determinante para la misión de la Iglesia: la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones es posible sólo si tenemos sacerdotes bien formados»

Recordando que asimismo la formación sacerdotal depende en primer lugar de la acción de Dios y que cada cura está llamado a colaborar con el Alfarero divino, el Papa evocó la imagen bíblica de las manos amorosas de Dios, que cuida a su criatura y modela la arcilla.

«Imagen que nos ayuda a comprender que la formación no se resuelve con alguna actualización cultural o alguna esporádica iniciativa local»

«Tenemos que decirlo con fuerza: si uno no se deja formar cada día por el Señor, se vuelve un cura apagado, que se arrastra en el ministerio por inercia, sin entusiasmo por el Evangelio, ni pasión por el Pueblo de Dios. En vez, el cura que día a día se encomienda en las manos del Alfarero con ‘A’ mayúscula, conserva en el tiempo el entusiasmo del corazón, acoge con alegría el frescor del Evangelio, habla con palabras capaces de tocar la vida de la gente; y sus manos, ungidas por el Obispo en el día de su Ordenación, son capaces de ungir a su vez las heridas, las expectativas y las esperanzas del Pueblo de Dios».  

Con el papel en la formación sacerdotal de los Obispos, los Rectores, los Directores Espirituales y los educadores en los Seminarios y haciendo hincapié una vez más en el cuidado especial que hay que dedicar a las vocaciones al sacerdocio, el Santo Padre alentó el cuidado de la formación sacerdotal:

«Lleven en su corazón la formación sacerdotal: la Iglesia necesita curas capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sapiencia, capaces de encender la esperanza allí donde las cenizas han cubierto las brasas de la vida, y de generar la fe en los desiertos de la historia».

Y no nos olvidemos nunca del Pueblo de Dios, recomendó finalmente el Papa Francisco, recordando la importancia de caminar en medio de la gente con los avatares de tantas situaciones, sus solicitudes y sus necesidades, llevando y anunciando al Señor:

«El cura, en efecto, debe estar entre Jesús y la gente: con el Señor, en el Monte, él renueva cada día la memoria de la llamada; con las personas, en el valle, sin asustarse nunca por los riesgos y sin endurecerse rígidamente en los juicios, él se ofrece  como pan que alimenta y agua que apaga la sed, ‘pasando y beneficiando’ a aquellos que encuentra por el camino y ofreciéndoles la unción del Evangelio».

Así se forma el cura: huyendo tanto de una espiritualidad sin carne, como viceversa, de un compromiso mundano sin Dios»

Antes de concluir, el Papa presentó algunas preguntas que se deberían plantear los sacerdotes:

«¿Qué cura quiero ser? Un ‘cura de salón’, uno tranquilo y acomodado, o un discípulo misionero con el corazón que arde por el Maestro y por el Pueblo de Dios? ¿Uno que se acomoda en su propio bienestar o un discípulo en camino? ¿Uno tibio que prefiere vivir tranquilo o un profeta que despierta en el corazón del hombre el anhelo de Dios?»

 

 

El bienaventurado capuchino, Arsenio de Trigolo, “no perdió nunca la esperanza”

El Papa saluda su humildad

8 octubre 2017Anita BourdinEl papa Francisco

Angelus 08/10/2017, CTV

(ZENIT – Roma, 8 de octubre de 2017). – El nuevo bienaventurado capuchino, Arsenio de Trigolo (XIXº-XXº ), “no perdió nunca la esperanza” ha observado el Papa Francisco.

El Papa Francisco ha evocado, después del ángelus de este domingo 8 de septiembre de 2017, en la plaza San Pedro, ante la presencia de unas 30.000 personas, la beatificación, en Milán, ayer 7 de octubre, del padre capuchino italiano Arsenio de Trigolo (Trigolo, 13 de junio de 1849 – Bérgamo, 10 de diciembre de 1909) : fue miembro de la compañía de Jesús antes de unirse a los hermanos menores capuchinos.

“El bienaventurado padre Arsenio de Trigolo (en el siglo Giuseppe Migliavacca), sacerdote de los hermanos menores capuchinos y fundador de las hermanas de María consoladora, fue proclamado bienaventurado ayer en Milán” ha recordado el Papa.

Saluda su humildad y su esperanza inquebrantable diciendo: “Alabemos al Señor por su humilde discípulo que, incluso en las adversidades y en las pruebas – que ha tenido muchas! – jamás perdió nunca la esperanza”.

Una humildad que el Papa también ha saludado en un “tweet” este domingo: “si la decepción se apodera de ti, cree en aquellos que todavía trabajan por el bien: su humildad es la semilla de un nuevo mundo “.

Giuseppe Migliavacca fue ordenado sacerdote en 1874, y entró en la Compañía de Jesús en 1888. Fue confesor, predicador de retiros, animador espiritual en los colegios jesuitas e incluso director espiritual de comunidades religiosas.

Un grupo de chicas jóvenes se reunieron entorno a él, especialmente por sus obras a los más necesitados, y se organizaron en “asociación piadosa”.

En 1893, Giuseppe Migliavacca la define como instituto religioso: El instituto de las Hermanas de María Consoladora, teniendo como misión la enseñanza y la formación de las jóvenes de los medios desfavorecidos, el cuidado de los huérfanos y el catecismo.

Su vocación es de “concretizar la misericordia de Dios”.

El padre Migliavacca dirige su fundación una decena de años, y funda casas especialmente las de Turín, Milán y Bérgamo.

En 1903, abandona la dirección del Instituto y deja la Compañía de Jesús para retirarse con los hermanos menores capuchinos. Hará profesión religiosa con el nombre de Arsenio de Trigolo.

Desde entonces, se consagra en el ministerio de la predicación, de la confesión y de la dirección espiritual de los sacerdotes y seminaristas. Muere en Bérgamo el 10 de diciembre de 1909.

El dossier diocesano de beatificación estando cerrado, es transferido de Milán a Roma a la Congregación para las causas de los santos.

El 21 de enero de 2016, el Papa Francisco reconoce el carácter “heroico” de sus virtudes humanas y cristianas, lo que le confiere el título de “venerable”.

El año siguiente, 20 de enero de 2017, el Papa Francisco reconoce como auténtico un milagro obtenido por la intercesión del venerable Arsenio de Trigolo y firma el decreto de beatificación.

La misa de beatificación fue presidida, el 7 de octubre de 2017, en Milán, por el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las causas de los santos.

 

 

“El pueblo de Dios… plasma la arcilla de nuestro sacerdocio”, dice Papa Francisco

Congreso organizado por la Congregación para el Clero (traducción completa)

8 octubre 2017RedaccionEl papa Francisco

Congregación para el Clero 07/10/2017 © L'Osservatore Romano

Audiencia a los participantes en el congreso organizado por la Congregación para el Clero, 07.10.2017

Esta mañana, a las  12.1, en la  Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en el Congreso internacional sobre la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, organizado por la Congregación para el  Clero (Roma, 4-7 octubre 2017).

Sigue el discurso dirigido por el Papa a los participantes en la audiencia:

Discurso del Santo Padre

Señores cardenales

Queridos hermanos obispos y sacerdotes

Hermanos y hermanas

Os doy la bienvenida al final del Congreso internacional sobre la Ratio  Fundamentalis, promovido por la Congregación para el Clero  y agradezco  al cardenal prefecto las amables palabras que me ha dirigido.
El tema de la formación sacerdotal es crucial para la misión de la Iglesia: la renovación de la fe y el futuro de las vocaciones sólo es posible si tenemos sacerdotes bien formados.

Sin embargo,  lo que me gustaría decir  en primer lugar es esto: la formación de los sacerdotes depende ante todo de la acción de Dios en nuestras vidas y no de nuestras actividades. Es una obra que requiere el valor para dejarse modelar por el Señor, para que transforme nuestros corazones y nuestras vidas. Aquí viene  a la mente la imagen bíblica de la arcilla en manos del alfarero (cf. Jer 18.1 a 10) y el episodio en el que el Señor le dice al profeta Jeremías: (v. 2) “Levántate y baja a la alfarería”  El profeta va y observando al alfarero que trabaja la arcilla comprende el misterio del amor misericordioso de Dios. Descubre que Israel está custodiado  en las manos amorosas de Dios, que, como un alfarero paciente, se hace cargo de su criatura, pone  la arcilla en el torno, la moldea, la plasma y, por  lo tanto, le da una forma. Si se da cuenta de que la vasija no ha salido bien, entonces el Dios de la misericordia echa otra vez la arcilla en la masa y con la ternura del Padre, de nuevo empieza a moldearla.

Esta imagen nos  ayuda a comprender que la formación  no se resuelve con una cualquiera actualización  cultural o con una  iniciativa local esporádica. Dios es el artesano paciente y misericordioso de nuestra formación sacerdotal y, como está escrito en la Ratio este trabajo dura toda la vida. Cada día descubrimos – como San Pablo – que llevamos “este tesoro en vasijas de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros” (2 Cor 4,7), y cuando nos separamos de nuestros cómodos hábitos, de la rigidez de nuestros esquemas y de la presunción de haber llegado ya y tenemos el valor de ponernos  ante el Señor, entonces Él puede reanudar su trabajo en nosotros, nos plasma y nos transforma.

Tenemos que decir con firmeza: si uno no se deja formar día tras día por  el Señor, se vuelve un sacerdote apagado, que  arrastra el  ministerio por inercia, sin entusiasmo por el Evangelio ni  pasión por el pueblo de Dios . En cambio, el sacerdote que día tras día  se confía en las manos expertas del Alfarero con la “A” mayúscula, conserva a lo largo del tiempo el entusiasmo en el corazón, acoge con alegría la frescura del Evangelio, habla  con palabras capaces  de tocar la vida de la gente; y sus manos, ungidas por el obispo el día de la ordenación, son capaces de ungir a su vez las heridas, las expectativas y las esperanzas del pueblo de Dios.

Y ahora llegamos a un segundo aspecto importante: cada uno de nosotros,  los sacerdotes, estamos llamados a colaborar con el Alfarero divino. No somos sólo  arcilla, sino ayudantes del Alfarero, colaboradores de  su gracia. En la formación sacerdotal, la inicial y la permanente, – las dos son importantes- podemos identificar al menos tres protagonistas, que también se encuentran en la “casa del alfarero.”

El primero somos  nosotros mismos. En la Ratio está escrito: “El primer responsable de la formación permanente es el sacerdote mismo ” (n 82).¡Precisamente así ! Permitimos que Dios nos moldee y asumimos “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5), sólo cuando no nos  cerramos en  la pretensión de ser una obra ya cumplida, y nos dejamos guiar por el Señor convirtiéndonos cada día más y más en discípulos suyos. Para ser protagonista de su formación, el seminarista o sacerdote tendrá que decir  “síes” y “noes”: al sonido de las ambiciones humanas, preferirá el silencio y la oración; en vez de confiar en sus obras, se abandonará en manos del alfarero y en su creatividad providencial; se dejará guiar más que por esquemas preconcebidos  por una inquietud saludable del corazón, de modo que oriente su ser  incompleto hacia  la alegría del encuentro con Dios y con los demás. Más que el aislamiento, buscará la amistad con los hermanos en el sacerdocio y con su gente, sabiendo que su vocación nace de un encuentro de amor: con Jesús y con  el Pueblo de Dios.

El segundo protagonista son los formadores y los obispos. La  vocación nace, crece y se desarrolla en la Iglesia. Así, las manos del Señor que moldean  esta vasija de barro, actúan a  través del cuidado de los que, en la Iglesia, están llamados a ser los primeros formadores de la vida sacerdotal: el rector, los directores espirituales, los  educadores, los que se ocupan de la formación  continua del clero y, sobre todos , el obispo, que con razón la  Ratio define como  “el primer responsable de la admisión en el Seminario y  de la formación sacerdotal” (n. 128).

Si un formador  o un obispo no baja a “la alfarería” y no colabora con la  obra de Dios ,¡no podemos tener sacerdotes bien formados!

Esto requiere una atención  especial por las vocaciones al sacerdocio, una cercanía cargada de ternura  y de  responsabilidad por  la vida de los sacerdotes, una capacidad para ejercer el arte del discernimiento como instrumento privilegiado de todo el camino sacerdotal. Y – me gustaría decir sobre todo a los obispos – ¡trabajad juntos!  Tened un corazón grande y una visión amplia para que vuestra acción  pueda cruzar los confines  de la diócesis y entrar en conexión con la obra de los otros hermanos obispos. En la formación de los sacerdotes hace falta  hablar más, superar el provincialismo, tomar decisiones compartidas, poner en marcha procesos de formación adecuados,  y formadores a la altura de esta tarea tan importante. Prestad atención a la formación de los sacerdotes, la Iglesia necesita sacerdotes capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sabiduría, como signo de esperanza, allí donde las cenizas han cubierto las brasas de la vida, y de generar confianza en los desiertos de  la historia .

Por último, el pueblo de Dios. No lo olvidemos nunca: la gente , con sus situaciones complejas, con sus preguntas  y necesidades, es un gran “torno” que plasma  la arcilla de nuestro sacerdocio. Cuando salimos hacia el Pueblo de Dios, nos dejamos plasmar por sus expectativas, tocando sus heridas, vemos que el Señor transforma nuestras vidas. Si al pastor se le asigna una porción del pueblo, también es cierto que al pueblo se le asigna el sacerdote. Y, a pesar de la resistencia y la incomprensión, si caminamos en medio del pueblo  y nos entregamos generosamente, nos daremos cuenta de que es capaz de gestos sorprendentes  de atención y ternura hacia sus sacerdotes. Es una escuela verdadera y propia  de educación humana, espiritual, intelectual y pastoral. El sacerdote, efectivamente, debe estar entre Jesús y la gente: con el Señor , en la Montaña, renueva día tras día  la memoria de la llamada; con las personas, en el valle, sin asustarse nunca  de los riesgos ni endurecerse en los juicios se ofrece a sí mismo como el pan que alimenta  y el  agua que apaga la sed, “pasando y haciendo el bien” a los que encuentra en el camino y ofreciéndoles la  unción del Evangelio.

Así se forma el sacerdote: huyendo tanto de una espiritualidad sin carne, como también, a la inversa, de un compromiso mundano sin Dios.

Queridos todos , la pregunta que  nos debe interpelar en profundidad , cuando bajamos a la alfarería  es ésta: ¿Qué sacerdote  quiero ser? ¿Un ” cura de salón “, uno tranquilo y asentado, o un discípulo misionero cuyo corazón arde por el Maestro y por  el pueblo de Dios? ¿Uno que se acomoda  en su propio bienestar o un discípulo en  camino? ¿Un tibio que prefiere la vida tranquila, o un profeta que despierta en el corazón del hombre el deseo de Dios?

La Virgen María, a quien hoy veneramos como Nuestra Señora del Rosario,  nos ayude a caminar  con alegría en el servicio apostólico y haga nuestro corazón semejante al suyo: humilde y dócil, como arcilla en las manos del alfarero. Os  bendigo, y por favor no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

 

 

Y CUIDÓ DE ÉL

— Cristo es el Buen samaritano, que baja del Cielo para curarnos.

— Compasión efectiva y práctica para quien nos necesita.

— Caridad con los más próximos.

I. La parábola del Buen Samaritano que leemos en la Misa1, y que solo recoge San Lucas, es uno de los relatos más bellos y entrañables del Evangelio. En ella, el Señor nos enseña quién es nuestro prójimo y cómo se ha de vivir la caridad con todos. Es posible que el Señor no se encontrara lejos de la ruta que lleva de Jericó a Jerusalén, pues muchas veces revestía sus enseñanzas con detalles tomados de las circunstancias que le rodeaban. Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto.

Muchos Padres de la Iglesia y escritores cristianos antiguos identifican a Cristo con el Buen Samaritano2; el hombre que cayó en manos de los ladrones es figura de la humanidad herida y despojada de sus bienes por el pecado original y los pecados personales. «Despojaron al hombre de su inmortalidad, y lo cubrieron de llagas, inclinándole al pecado»3, afirma San Agustín. Y San Beda comenta que los pecados se llaman heridas porque por ellos se destruye la integridad de la naturaleza humana4. Los salteadores del camino son el demonio, las pasiones que incitan al mal, los escándalos...; el levita y el sacerdote que pasaron de largo simbolizan la Antigua Alianza, incapaces de curar. La posada era el lugar donde todos pueden refugiarse y representa a la Iglesia. «... ¿Qué le habría ocurrido al pobre judío, si el samaritano se hubiera quedado en su casa? ¿Qué habría ocurrido a nuestras almas si el Hijo de Dios no hubiera emprendido su viaje?»5. Pero Jesús, movido por la compasión y la misericordia, se acercó al hombre, a cada hombre, para curar sus llagas, haciéndolas suyas6. En esto se demostró el amor de Dios hacia nosotros, en que envió a su Hijo Unigénito al mundo para que por Él tengamos vida... Queridos –escribe San Juan a los primeros fieles–, si así nos amó Dios también nosotros debemos amarnos los unos a los otros7.

«La parábola del Buen Samaritano está en profunda armonía con el comportamiento de Cristo mismo»8, pues toda su vida en la tierra fue un continuo acercarse al hombre para remediar sus males materiales o espirituales. Esta misma compasión hemos de tener nosotros, de tal manera que nunca pasemos de largo ante el sufrimiento ajeno. Aprendamos de Jesús a pararnos, sin prisas, ante quien, con las señales de su mal estado, está pidiendo socorro físico o espiritual. En la caridad atenta, los demás verán a Cristo mismo que se hace presente en sus discípulos.

II. La parábola tuvo su origen en la pregunta de un doctor de la ley, que le interpeló: ¿Quién es mi prójimo? Para que a todos quedara claro, el Señor hizo desfilar ante el herido diversos personajes: Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote; y viéndole pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él, y al verlo se movió a compasión, y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino, lo hizo subir en su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó.

Quiere enseñarnos Jesús que nuestro prójimo es todo aquel que está cerca de nosotros –sin distinción de raza, de afinidades políticas, de edad...– y necesite nuestro socorro. El Maestro nos ha dado ejemplo de lo que debemos hacer nosotros. «Este Samaritano (Cristo) lavó nuestros pecados, sufrió por nosotros, cargó con el hombre medio muerto, llevándole a la posada, esto es, a la Iglesia, que recibe a todos y que no niega su auxilio a nadie, y a la cual nos convoca Jesús diciendo: Venid a Mí... (Mt 11, 28). Una vez que le llevó a la posada, no se marchó inmediatamente, sino que se quedó con él una jornada entera, cuidándole día y noche... Cuando a la mañana siguiente quiere marcharse, da de su buen dinero dos denarios y encarga al posadero, a los ángeles de su Iglesia, que cuiden y lleven al Cielo al que Él había cuidado en las angustias de este tiempo»9.

El Señor nos anima a una compasión efectiva y práctica, que pone el remedio oportuno, ante cualquier persona que encontremos lastimada en el camino de la vida. Estas heridas pueden ser muy diversas: lesiones producidas por la soledad, por la falta de cariño, por el abandono; necesidades del cuerpo: hambre, vestido, casa, trabajo...; la herida profunda de la ignorancia...; llagas en el alma producidas por el pecado, que la Iglesia cura en el sacramento de la Penitencia, pues Ella «es la posada, colocada en el camino de la vida, que recibe a todos los que llegan, cansados del viaje o cargados con los sacos de sus culpas, en donde, dejando la carga de los pecados, el viajero fatigado descansa y, después que ha descansado, se repone con saludable alimento»10.

Debemos poner los medios para remediar esas situaciones de indigencia, como Cristo mismo lo haría en esas circunstancias. ¡Qué buenos medios son la caridad y la compasión para identificarnos con el Maestro! «Bajo sus múltiples formas –indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas y psíquicas y, por último, la muerte– la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad de salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre sí mismo (Mt 8, 17) e identificarse con los más pequeños de sus hermanos (Mt 25, 40; 45). También por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde sus orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos»11.

Cuando nos acerquemos a quien padece necesidad hemos de hacerlo con una caridad eficaz y poniendo el corazón, haciendo nuestra aquella miseria que tratamos de remediar. Advierte un autor clásico castellano que «el que de veras desea acertar a contentar a Dios, entienda que una de las cosas principales que para esto sirven es el cumplimiento de este mandamiento de amor, con tal que este amor no sea desnudo y seco, sino acompañado de todos los afectos y obras que del verdadero amor se suelen seguir, porque de la otra manera no merecería el nombre de amor...»12. Y añade a continuación: «debajo de este nombre de amor, entre otras muchas cosas, se encierran señaladamente estas seis, conviene a saber: amar, aconsejar, socorrer, sufrir, perdonar y edificar»13.

III. La parábola del Buen Samaritano nos indica «cuál debe ser la relación de cada uno de nosotros con el prójimo que sufre. No nos está permitido pasar de largo, con indiferencia, sino que debernos pararnos junto a él. Buen samaritano es todo hombre, que se para junto al sufrimiento de otro hombre de cualquier género que ese sea»14. Dios nos pone al prójimo con sus necesidades y carencias en el camino de la vida, y el amor hace lo que la hora y el momento exigen. No siempre son actos heroicos y difíciles; por el contrario, muchas veces el Señor nos pide una sonrisa, una palabra de aliento, un buen consejo, saber callar ante una palabra molesta o impertinente, visitar a un amigo que se encuentra enfermo o un poco solo, ejercitarnos en las muestras de educación habituales, como el saludo, dar las gracias... Hay profesiones –señalaba el Papa Juan Pablo II– que son una continua obra de misericordia, como en el caso del médico o de la enfermera15... Pero cualquier oficio exige un trato atento, compasivo y respetuoso con las personas con las que el trabajo nos pone en relación. Hemos de ejercitarnos en ver a Cristo en las personas que tratamos.

A todos hemos de acercarnos en sus necesidades espirituales y materiales, pero, porque la caridad es ordenada, debemos dirigirnos de modo muy particular a quienes están más próximos porque Dios los ha puesto –hermanos en la fe, familia, amigos, compañeros de trabajo...– o porque ha querido, a través de las circunstancias de la vida, que pasemos a su lado para cuidarles. «Pues si tan misericordioso y humano fue un samaritano hacia un desconocido, ¿quién nos perdonará si descuidamos a nuestros hermanos en males mayores?», se pregunta San Juan Crisóstomo. Y, después de aconsejar que no indaguemos por qué otros no lo han hecho –especialmente si son heridas del alma–, dice: «Cúrale tú y no pidas a nadie cuenta de su negligencia. Si encontrases una moneda de oro, a buen seguro que no pensarías: ¿por qué no la ha hallado otro? Al contrario, correrías a tomarla cuanto antes. Pues has de saber que cuando encuentras a tu hermano herido, has encontrado algo que vale más que un tesoro: el poder cuidarle»16. No dejemos de hacerlo.

1 Lc 10, 25-37. — 2 Cfr. San Agustín, Sermón sobre las palabras del Señor, 37. — 3 ídem, en Catena Aurea, vol. V, p. 513. — 4 Cfr. San Beda, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. 5 R. A. Knox, Sermones pastorales, Rialp, Madrid 1963, p. 140. — 6 Is 53, 4; Mt 8, 17; 1 Pdr 2, 24; 1 Jn 3, 5. — 7 1 Jn 4, 9-11. — 8 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 28. — 9 Orígenes, Homilía 34 sobre San Lucas. — 10 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. VI, p. 519. — 11 S. C. para la Doctrina de la Fe, Instr. Libertatis conscientia, 22-III-1986, 68. — 12 Fray Luis de Granada, Guía de pecadores, 1, 2, 16. — 13 Ibídem. — 14 Juan Pablo II, loc. cit., 28. — 15 Ibídem, 29. — 16 San Juan Crisóstomo, Contra ludeos, 8.

 

 

“Un rato de meditación diaria”

Si eres tenaz para asistir a diario a unas clases, sólo porque allí adquieres unos conocimientos... muy limitados, ¿cómo no tienes constancia para frecuentar al Maestro, siempre deseoso de enseñarte la ciencia de la vida interior, de sabor y contenido eternos? (Surco, 663)

¿Qué vale el hombre o el galardón más grande de la tierra, comparado con Jesucristo, que está siempre esperándote? (Surco, 664)
Un rato de meditación diaria –unión de amistad con Dios– es cosa propia de personas que saben aprovechar rectamente su vida; de cristianos conscientes, que obran en consecuencia. (Surco, 665)
Los enamorados no saben decirse adiós: se acompañan siempre.
–Tú y yo, ¿amamos así al Señor? (Surco, 666)
¿No observas cómo muchos de tus compañeros saben demostrar gran delicadeza y sensibilidad, en su trato con las personas que aman: su novia, su mujer, sus hijos, su familia...?
–Diles –¡y exígete tú mismo!– que el Señor no merece menos: ¡que le traten así! Y aconséjales, además, que sigan con esa delicadeza y esa sensibilidad, pero vividas con El y por El, y alcanzarán una felicidad nunca soñada, también aquí en la tierra. (Surco, 676)

 

 

Octubre, mes del Rosario

El mes de octubre, y especialmente el día 7, está dedicado a la Virgen María, en su advocación de nuestra Señora del Rosario.

Año Litúrgico 7 de Octubre de 2017

Virgen de Torreciudad. Foto: Álvaro García Fuentes

La devoción de San Josemaría a la Virgen María.

 

 

El Beato Álvaro explica algunos consejos prácticos para rezar bien el Rosario.

 

 

Textos y audios de San Josemaría sobre los misterios del Rosario: el fundador del Opus Dei comenta el evangelio de cada escena del Rosario.

 

La vida de la Virgen: 20 capítulos que se detienen a contemplar cada una de las escenas donde aparece la Madre de Dios. También está disponible el libro “María, una vida junto a Jesús”.

Galería de fotos de las escenas del Rosario del Santuario de Torreciudad: Azulejos que representan los 20 Misterios, y que están distribuidos en cuatro galerías, fuera del templo: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos.

Oración del Papa Francisco a la Virgen María.

Carta apostólica Rosarium Virginis de San Juan Pablo II.

Más recursos

Leer 'Santo Rosario' en www.escrivaobras.org

Una guía para rezar el Rosario (Descarga en PD

 

 

El Prelado: «Danos esa juventud del alma que siempre tuvo san Josemaría»

Con ocasión del aniversario de la canonización de san Josemaría, celebrada en Roma el 6 de octubre de 2002, el prelado del Opus Dei ha guiado un rato de oración en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. Recogemos a continuación un resumen de sus palabras.

Otras intervenciones 6 de Octubre de 2017

 San Juan Pablo II junto con Mons. Javier Echevarría, el 6 de octubre de 2002.

Al cumplirse hoy quince años de la canonización de san Josemaría, podemos recordar algo que don Javier repetía tantas veces cuando se acercaba aquel momento: "Es una llamada a la conversión". También hoy, a la vuelta de los años, cada una y cada uno puede escuchar de nuevo la llamada de Dios a la santidad. Podemos pensar: "Llevo años luchando por ser santo y ya ves, Señor, cómo estoy. Pero ahora, fiándome de tu palabra, me voy a lanzar mar adentro, hacia esa santidad, que no es ausencia de defectos, sino perfección en el amor, en la identificación contigo, Jesús. Por tu palabra –decimos con san Pedro– echaré las redes".

Que no entre, por tanto, en nuestras almas el desaliento, sino el deseo de mirar hacia delante.

Nos llamas a la santidad: dime, Señor, algo que me haga ahora más consciente de que eres Tú quien me hará santo. Yo me siento un instrumento inepto y sordo, pero me fío de tu palabra. Dinos algo que nos haga entender que detrás de cualquier acontecimiento pequeño o grande de nuestra vida está tu Amor, a pesar de nuestra pequeñez o miseria.

San Josemaría repetía que en 1928 tenía solo 26 años, gracia de Dios y buen humor. Es la juventud de espíritu que le llevó siempre a mantener el deseo de aprender y de crecer, y nos lleva a nosotros al deseo de comenzar y recomenzar. Que no entre, por tanto, en nuestras almas el desaliento, sino el deseo de mirar hacia delante. Danos, Señor, esta juventud de alma. San Josemaría tenía una actitud joven del alma: es la que te pedimos para nosotros.

El buen humor es consecuencia de la alegría: nos lleva a ver el aspecto positivo, ¡divertido!, de las cosas.

¡Gracia de Dios! Participación en la vida divina de la Trinidad, como hijos e hijas en Cristo. El Señor nos la ofrece constantemente, en la eucaristía, en la penitencia y en la oración. ¡Cuántas veces san Josemaría nos exhortaba, con su palabra y con su ejemplo, a ser "almas de eucaristía, almas de oración"!

26 años, gracia de Dios y buen humor. El buen humor es consecuencia de la alegría: nos lleva a ver el aspecto positivo, ¡divertido!, de las cosas. Necesitamos también el buen humor ante nuestras propias limitaciones: es una consecuencia de la alegría de los hijos de Dios. Contentos, pues, en la lucha, en la mortificación, en la cruz, porque la alegría tiene raíces en forma de cruz. Danos, Señor, la capacidad de estar contentos en la cruz. Estaremos contentos, pase lo que pase, en la medida de nuestra fe en el amor que Dios nos tiene.

Mons. Fernando Ocáriz, notas de unas palabras del 6 de octubre de 2017 en Santa María de la Paz, Roma.

 

 

En la alegre esperanza de Cristo

Dejarnos tocar por el amor de Dios, dejarnos mirar por Cristo: la esperanza nos abre un mundo, porque se basa en lo que Dios quiere hacer en nosotros.

Cristo 17 de Julio de 2017

¿Qué hace valiosa la vida? ¿Qué hace valiosa mi vida? En el mundo actual, la respuesta a esta pregunta gira a menudo alrededor de dos polos: el éxito que uno es capaz de alcanzar, y la opinión que los demás tienen de él. No se trata, desde luego, de cuestiones banales: la opinión ajena tiene consecuencias en la vida familiar, social, profesional; y el éxito es la expectativa lógica de lo que emprendemos: nadie se pone a hacer algo con el objetivo de fracasar. Sin embargo, de hecho a veces en la vida hay pequeñas o no tan pequeñas derrotas, o sucede que los demás se forjan una opinión de nosotros en la que quizá no nos reconocemos.

La experiencia del fracaso, del desprestigio, o la conciencia de la propia incapacidad –ya no solo en el mundo laboral, sino incluso en el empeño por vivir una vida cristiana– pueden llevarle a uno al desánimo, al desaliento y, en último término, a la desesperanza. En la actualidad es más fuerte que en otras épocas la presión por tener éxito a distintos niveles, por ser alguien, o al menos por poderse decir que uno es alguien. Y, en realidad, más que en lo que uno es –hijo, madre, hermano, abuela–, los focos están puestos en lo que uno es capaz de hacer. Por eso se es hoy más vulnerable a los distintos tipos de derrotas que suele traer consigo la vida: reveses que antes se resolvían o se sobrellevaban con entereza, hoy causan con frecuencia una tristeza o frustración de fondo, desde edades muy tempranas. En un mundo con tantas expectativas y desengaños ¿es posible aún vivir, como proponía san Pablo, «alegres en la esperanza» (Rm 12,12)?

En la actualidad es más fuerte que en otras épocas la presión por tener éxito a distintos niveles, por ser alguien, o al menos por poderse decir que uno es alguien

En su carta de febrero, el Prelado del Opus Dei dirige la mirada hacia la única respuesta verdaderamente lúcida a esta pregunta; una respuesta que se alza con un sí decidido: «haz, Señor, que desde la fe en tu Amor vivamos cada día con un amor siempre nuevo, en una alegre esperanza»[1]. Aunque a veces la desesperanza pueda parecer menos ingenua, lo es solo al coste de cerrar los ojos al Amor de Dios y su permanente cercanía. Lo recordaba el Papa Francisco en una de sus catequesis sobre la esperanza: «La esperanza cristiana es sólida. Por eso no decepciona (…). No está fundada sobre lo que nosotros podemos hacer o ser, y tampoco sobre lo que nosotros podemos creer. Su fundamento, es decir el fundamento de la esperanza cristiana, es lo más fiel y seguro que existe: el amor que Dios mismo nos tiene a cada uno de nosotros. Es fácil decir: Dios nos ama. Todos lo decimos. Pero (…) cada uno de nosotros ¿es capaz de decir: estoy seguro de que Dios me ama? No es tan fácil decirlo. Pero es verdad»[2].

La gran esperanza

En su predicación y en sus conversaciones, san Josemaría ponía muchas veces la mirada en la vida de los primeros cristianos. La fe era para ellos, antes que una doctrina a aceptar o un modelo de vida a realizar, el regalo de una vida nueva: el don del Espíritu Santo, que había sido derramado en sus almas tras la resurrección de Cristo. Para los primeros cristianos, la fe en Dios era objeto de experiencia, y no solo de adhesión intelectual: Dios era Alguien realmente presente en su corazón. San Pablo escribía a los fieles de Éfeso, refiriéndose a su vida antes de conocer el Evangelio: «vivíais entonces sin Cristo, erais ajenos a la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,11-12). Con la fe, en cambio, habían recibido la esperanza, una esperanza que «no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5).

A la vuelta de veinte siglos, Dios no deja de llamarnos a esta «gran esperanza», que relativiza todas las demás esperanzas y decepciones. «Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar»[3].

Aunque a veces la desesperanza pueda parecer menos ingenua, lo es solo al coste de cerrar los ojos al Amor de Dios y su permanente cercanía

Es bueno considerar si nos hemos acostumbrado a la realidad de un Dios que salva –un Dios que viene a llenarnos de esperanza–, hasta el punto de no percibir a veces en ella mucho más que una idea, sin fuerza real sobre nuestra vida. La Cruz, que parecía un gran fracaso a los ojos de quienes esperaban en Jesús, se convirtió con la Resurrección en el triunfo más decisivo de la historia. Decisivo, porque no se trata de un éxito limitado a Jesús: con él vencemos todos. «Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» en el Resucitado (1 Jn 5,4). Los discípulos de Emaús miraban al pasado con nostalgia. «Nosotros esperábamos», decían (Lc 24,21): no sabían que Jesús caminaba con ellos, que les abría un futuro apasionante, a prueba de cualquier otro desengaño. «Enciende tu fe. –No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: Jesus Christus heri et hodie: ipse et in sæcula! (…) ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!»[4]

Dejarnos tocar por el Amor de Dios

San Pablo describía así la raíz de la vida cristiana: «Con Cristo estoy crucificado: vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,19-20). Para el Apóstol, el cristianismo consiste en primer lugar en que Cristo ha muerto por nosotros, ha resucitado y, desde el Cielo, ha enviado a nuestros corazones su Espíritu Santo, que nos transforma y nos abre los ojos a una vida nueva. «Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente “vida”. Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza»[5]. Como a la samaritana, María Magdalena, Nicodemo, Dimas, los discípulos de Emaús, Jesús nos da un modo nuevo de mirar: de mirarnos a nosotros mismos, a los demás, a Dios. Y solo desde esta nueva mirada que nos da Dios cobran sentido el esfuerzo por mejorar y la lucha por imitarle: tomados por sí mismos, serían «empeño vano» (Qo 2,11).

Al morir en la Cruz «por nosotros los hombres y por nuestra salvación»[6], Cristo nos liberó de una vida de relación con Dios centrada en preceptos y límites negativos, y nos liberó para una vida hecha de Amor: «os habéis revestido del hombre nuevo, que se renueva para lograr un conocimiento pleno según la imagen de su creador» (Col 3,10). Se trata, pues, de conocer el Amor de Dios y de dejarse tocar por Él, para retomar –desde esa experiencia– el camino de la santidad. Encontrar a Dios y dejarnos transformar por Él es lo esencial. El Prelado del Opus Dei lo ha recordado, poco después de su elección: «¿Cuáles son las prioridades que el Señor nos presenta en este momento histórico del mundo, de la Iglesia y de la Obra? La respuesta es clara: en primer lugar, cuidar con delicadeza de enamorados nuestra unión con Dios, partiendo de la contemplación de Jesucristo, rostro de la Misericordia del Padre. El programa de san Josemaría será siempre válido: “Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo”»[7]. La unión con Dios nos permite vivir la Vida que Él nos ofrece. Buscar el rostro de Cristo, y dejarnos mirar por Él es un camino espléndido para ahondar en esa vida de Amor.

Dejarnos mirar por Cristo

Jesucristo es el rostro de la Misericordia de Dios, porque en Él Dios nos habla con un lenguaje a nuestra medida: un lenguaje de escala humana que viene al encuentro de la sed de un amor fuera de toda escala que Él mismo ha puesto en cada uno de nosotros. «Y tú (…) ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo? Como nos enseña san Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rm 5,8). Pero ¿entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?»[8].

¿Has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? (Papa Francisco)

Para descubrir el rostro de Jesús es necesario recorrer el camino de la adoración y de la contemplación: «¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva!»[9]. Se trata, como decía el Papa en otra ocasión, de «mirar a Dios, pero sobre todo [de] sentirse mirado por Él»[10]. Parece sencillo: dejarse mirar, simplemente ser en la presencia de Dios… pero lo cierto es que nos cuesta terriblemente en un mundo hiperactivo y saturado de estímulos como el nuestro. Por eso es necesario pedir a Dios el don de entrar en su silencio y de dejarse mirar por Él: convencerse, en definitiva, de que estar en su presencia es ya una oración maravillosa y tremendamente eficaz, aun cuando no saquemos de ella ningún propósito inmediato. La contemplación del rostro de Cristo tiene en sí misma un poder transformador que no podemos medir con nuestros criterios humanos. «Pongo ante mí al Señor sin cesar; con Él a mi derecha, no vacilo. Por eso se alegra mi corazón, se goza mi alma, hasta mi carne descansa en la esperanza» (Sal 16, 8-9).

El rostro de Jesús es también el rostro del Crucificado. Al constatar nuestra debilidad, podríamos pensar, con un rasero exclusivamente humano, que le hemos decepcionado: que no podemos dirigirnos a Él, como si no hubiera sucedido nada. Sin embargo, esos reparos dibujan solo una caricatura del Amor de Dios. «Hay una falsa ascética que presenta al Señor en la Cruz rabioso, rebelde. Un cuerpo retorcido que parece amenazar a los hombres: me habéis quebrantado, pero yo arrojaré sobre vosotros mis clavos, mi cruz y mis espinas. Esos no conocen el espíritu de Cristo. Sufrió todo lo que pudo –¡y por ser Dios, podía tanto!–; pero amaba más de lo que padecía... Y después de muerto, consintió que una lanza abriera otra llaga, para que tú y yo encontrásemos refugio junto a su Corazón amabilísimo»[11].

¡Qué bien comprendía san Josemaría el Amor que irradia el rostro de Jesús! Desde la Cruz, nos mira y nos dice: «Te conozco perfectamente. Antes de morir he podido ver todas tus debilidades y bajezas, todas tus caídas y traiciones… y conociéndote tan bien, tal como eres, he juzgado que vale la pena dar la vida por ti». La de Cristo es una mirada amorosa, afirmativa, que ve el bien que hay en nosotros –el bien que somos– y que Él mismo nos concedió al llamarnos a la vida. Un bien digno de Amor; más aún, digno del Amor más grande (cfr. Jn 3,16; 15,13).

Caminar con Cristo dejando huella en el mundo

La mirada de Jesús nos ayudará a reaccionar con esperanza ante las caídas, los resbalones, la mediocridad. Y no es simplemente que seamos buenos tal como somos, sino que Dios cuenta con cada uno de nosotros para transformar el mundo y llenarlo de su Amor. También esa llamada está contenida en la mirada amorosa de Cristo. «Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte, nunca al museo»[12].

La de Cristo es la mirada del Amor, que afirma siempre a quien tiene delante y exclama: «¡Es bueno que existas!, ¡qué maravilla tenerte aquí!»[13]. Al mismo tiempo, conociéndonos perfectamente, cuenta con nosotros. Descubrir esta doble afirmación de Dios es el mejor modo de recobrar la esperanza y de sentirnos de nuevo atraídos camino arriba, hacia el Amor, y lanzados después al mundo entero. Esa es, a fin de cuentas, nuestra seguridad más firme: Cristo ha muerto por mí, porque creía que valía la pena hacerlo; Cristo, que me conoce, confía en mí. Por eso exclamaba el Apóstol: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?» (Rm 8,31-32).

De esa seguridad nacerá nuestro deseo de retomar el camino, de lanzarnos al mundo entero para dejar en él la huella de Cristo. Sabiendo que muchas veces tropezaremos, que no siempre lograremos realizar lo que nos propongamos… pero que, en definitiva, no es eso lo que cuenta. Importa, en cambio, seguir adelante, con la mirada puesta en Cristo: «expectantes beatam spem», despiertos y atentos a su alegre esperanza[14]. Él es quien nos salva y cuenta con nosotros para llenar el mundo de paz y de alegría. «Dios nos ha creado para estar de pie. Hay una canción hermosa que cantan los alpinos cuando suben a la montaña. La canción dice así: “En el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no permanecer caído”»[15]. De pie. Alegres. Seguros. En camino. Con la misión de encender «todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo» que llevamos en el corazón[16].

Lucas Buch


[1] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 33.

[2] Francisco, Audiencia general, 15-II-2017.

[3] Benedicto XVI, Enc. Spe Salvi (30-XI-2007), n. 31.

[4] San Josemaría, Camino, n. 584.

[5] Benedicto XVI, Spe Salvi, n. 27.

[6] Misal Romano, Símbolo niceno-constantinopolitano.

[7] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 30 (cfr. Camino, n. 382).

[8] Francisco, Mensaje, 15-VIII-2015.

[9] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (26-XI-2013), n. 264.

[10] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, Ediciones B, Barcelona 2013, p. 54.

[11] San Josemaría, Via Crucis, estación XII, n. 3.

[12] Francisco, Vigilia de oración, 30-VII-2016.

[13] Cfr. J. Pieper, Las Virtudes fundamentales, Rialp, Madrid 2012, 435-444.

[14] Misal Romano, Rito de la Comunión.

[15] Francisco, Homilía, 24-IV-2016.

[16] Camino, n. 1.

 

 

Indiferencia que nos deshumaniza

Luis FernandoValdés

El hambre es una tragedia de la que los medios nos informan a diario, pero la reacción frecuente es la indiferencia. Por eso, el Papa Francisco dio voz a los que padecen hambre y golpeó las conciencias de quienes “están inmunes ante las tragedias ajenas”.
1. Una visita histórica. El Pontífice argentino acudió por primera vez a la sede central del Programa Mundial de Alimentos (PMA), en Roma, con motivo de la inauguración de la sesión anual de su junta directiva.
La presidenta de la Asamblea, la embajadora Stephanie Hochstetter Skinner-Klée, recibió a Francisco con todos los honores, con la esperanza de que las palabras del Pontífice sobre la necesidad de combatir el hambre en el mundo tengan tanta influencia como sus repetidos discursos sobre la importancia de respetar el medio ambiente y de luchar por un planeta sostenible.
Por su parte, al saludar y agradecer a los miembros del PMA, el Santo Padre insistió en que la lucha contra el hambre no puede no “interpelarnos”. Y, más tarde, vía Twitter, Francisco invitó a las “instituciones internacionales a dar voz a todas las personas que sufren silenciosamente el hambre” (El Mundo, 13 jun. 2016; Aleteia, 13 jun. 2106)
1. La indiferencia ante el dolor ajeno. El Papa se refirió a nuestro “mundo híper comunicado” (es decir, a la sociedad actual, que tiene una gran capacidad de recibir información en vivo desde cualquier parte del mundo, y que presencia las tragedias en tiempo real).
Y así se da esta paradoja: “la excesiva información con la que contamos va generando paulatinamente la naturalización de la miseria”. Es decir, da igual que millones de personas pasen hambre, se encuentren desplazadas o vivan en guerra, y que nosotros seamos conscientes de ello.
“Nos volvemos inmunes a las tragedias ajenas y las evaluamos como algo natural”, lamentó el Pontífice, quien añadió: “Son tantas las imágenes que nos invaden que vemos el dolor, pero no lo tocamos; sentimos el llanto, pero no lo consolamos; vemos la sed, pero no la saciamos”.
1. Trágico: alimentos, no; armas, sí. Francisco puso de manifiesto otra absurda paradoja que existe actualmente en las guerras. Denunció que “mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no”.
El Papa lamentó que sin importar la proveniencia de las armas, éstas “circulan con una libertad jactanciosa y casi absoluta en tantas partes del mundo”. Explicó que en algunos casos, “la misma hambre se utiliza como arma de guerra”.
1. Una vía de solución. Pero el Obispo de Roma no solo hizo una denuncia, sino también apuntó a una respuesta: revalorar la dignidad de cada persona. Por eso, Francisco le pidió al personal del PAM, que no caiga en la tentación de normalizar y burocratizar ellos también el hambre y la pobreza.
Y le dio la clave para superar esa posible burocracia: “El secreto es ver detrás de cada expediente un rostro humano que requiere ayuda. Escuchar el grito del pobre les permitirá no dejarse encasillar en fríos formularios”, explicó.
Gracias a los medios de comunicación, somos testigos de las hambrunas en África, de las carencias de alimentos en Venezuela… pero podemos desentendernos de las personas que no tienen comida en nuestras propias ciudades.
Esta indiferencia es un indicador real de nuestra propia “deshumanización”. En cambio, en la “capacidad de socorrer al hambriento y al sediento podemos medir el pulso de nuestra humanidad” (Francisco).
lfvaldes@gmail.com

 

 

El film ‘Red de Libertad’ impulsa el papel de la mujer en la Iglesia: una monja que salvó a 2.000 personas de los nazis

Se trata de la vida Helena Studler, religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, institución que celebra este año su 400 aniversario

La Congregación fundada por san Vicente de Paúl celebra este año su 400 aniversario.  Entre las iniciativas programadas por esta institución, la familia vicenciana también quiso producir una película sobre alguna persona destacada de su congregación. Finalmente se eligió a la religiosa Helena Studler.

 La actriz Assumpta Serna en "Red de Libertad".

09/10/2017 01:00

ReligionConfidencial

“El cine religioso va bien en España”, afirma Pablo Moreno a Religión Confidencial, director de “Red de Libertad”. Sin embargo, reconoce que, en ninguna de sus seis películas, ha recuperado totalmente la inversión realizada.

 No obstante, con “Red de Libertad” esperan cosechar más éxitos: “Esta es la primera apuesta fuerte y creo que tendrá más repercusión que las anteriores”, afirma el director a RC.

La religiosa protagonista de esta cinta, Helena Studler, es una religiosa francesa perteneciente a la congregación de las Hijas de la Caridad fundada por San Vicente de Paúl.

“La familia vicenciana quería conmemorar su aniversario con una película sobre algún miembro destacado de su congregación. Nos propusieron varios nombres y optamos por Helena Stuldler. Es necesario que el mundo conozca la gran relevancia que la mujer ha tenido y tiene dentro de la Iglesia Católica”, explica a Pablo Moreno.

Red de Libertad llegará a las salas españolas el próximo 20 de octubre para contar una increíble historia real de la “Schindler francesa”, Helena Studler.

Producción española

Dirigida por Pablo Moreno (Un Dios Prohibido, Poveda, Luz de Soledad) y protagonizada por Assumpta Serna (Para Elisa, El Maestro de Esgrima, Trash) y la recientemente ganadora de un Goya Luisa Gavasa (La Novia) cuenta la historia de Helena Studler, quién logró liberar a cerca de 2.000 personas de un campo de concentración nazi en la Francia de la Segunda Guerra Mundial.

La película, de producción española entre la familia vicenciana, Contracorrientes Producciones y otros inversores, ha sido rodada en Almeida (Portugal) y también en las localidades de Burgos y Ciudad Rodrigo (Salamanca). Varias películas de Pablo Moreno se han rodado en este municipio salamantino, lo que ha producido un impulso a la industria y a la cultura a esta localidad.

Sinopsis

Francia, inicios de la Segunda Guerra Mundial. Helena Studler es una religiosa que desde joven se dedica al cuidado de los huérfanos y los abandonados. Pero los tiempos han cambiado, el pueblo vive toda una revuelta, los alemanes han entrado en su ciudad y la realidad a la que ahora se enfrenta supera con creces la dureza a la que está acostumbrada.

Helena descubre que cerca de su localidad, los nazis han instalado un campo de concentración. Junto a algunos hombres de la ciudad, varias de sus Hermanas Hijas de la Caridad traman todo un plan para liberar a los cautivos de su trágico final.

Cultura de la paz

Se da la circunstancia de que la actriz, Assumpta Serna, es catalana. “A lo largo del rodaje no hemos hablado de la situación de Cataluña. No obstante, esta película se rodó antes de los últimos acontecimientos. En cualquier caso, esta cinta habla de la cultura de la paz y de la libertad. Abarca cualquier conflicto con un propósito; hacer el bien algo muy distinto al buenismo”, explica Pablo Moreno a RC.

Pablo Moreno desvela que a Assumpta Serana le impactó mucho esta mujer tan luchadora y decidida a salvar vidas.

 

 

¿CÓMO SE ARREGLA ESTA SOCIETAD?
José Joaquín Camacho                                   

Siglo 21, sábado 7 octubre 2017

    Recientemente se señalaba como un peligro actual la falta de esperanza y confianza en la vida que prevalece en la sociedad moderna y la definían como un mal social. Lo calificaba como el mal de nuestro tiempo, pues el pesimista  da una buena excusa para no hacer nada… contra la violencia, la corrupción, etc. Y entonces a la gente que se le van las ganas de luchar y se contribuye al colapso de la sociedad. Hay que esforzarse en ver el lado positivo de las cosas., que hay muchas. Lo contrario es socialmente suicida, además de injusto.
    Y surgen dudas: ¿quien arregla este peligro? Y... ¿se podrá arreglar?
    Se ve dramática la situación, pero con confianza se puede superar. Esta es quizá una de las ideas básicas: esto se puede superar... y puedo hacerlo yo, si soy positivo, si voy habitualmente a lo que une, y no sólo para las  crisis.
    El punto de fondo es de si verdaderamente estoy convencido de que el bien puede más que el mal. Cuando caigo en la tentación de querer vencer al mal con  el mal... el vencido es uno: aunque uno hubiera dominado al contrincante. Este es quizá  un aspecto de otra idea básica: no cansarse de defender que el mal se domina con el bien, jamás con el mal, con la violencia.
    Son planteamientos que deben ser la base de cualquier actuación social, a cualquier nivel. Si uno los abandona, podrá tener razones, pero no tiene razón.
    Viene bien aquí recordar aquel histórico discurso de Juan Pablo II a la Asamblea de Naciones Unidas. Es todo un programa para todos.  Decía allí que debemos vencer nuestro miedo del futuro. Pero que no podremos vencerlo si no es juntos. La «respuesta» a aquel miedo no es la coacción, ni la represión o la imposición de un único «modelo» social al mundo entero, sino el esfuerzo común por construir la civilización del amor; fundada en los valores universales de la paz, de la solidaridad, de la justicia y de la libertad. Y que el «alma» de esta civilización del amor es la cultura de la libertad: la libertad de los individuos y de las naciones vivida en una solidaridad y responsabilidad generosa. No debemos tener miedo del futuro, no debemos tener miedo del hombre. Y añadía que debemos encontrar el camino para discutir, con un lenguaje comprensible y común, acerca del futuro.     Precisamente la ley moral universal, escrita en el corazón del hombre, es una especie de «gramática» que sirve al mundo para afrontar esta discusión sobre su mismo futuro.
    Quizá lo más importante es estar íntimamente convencidos de que es posible cambiar todo esto… y actuar en consecuencia, animando a otros a que se plateen las cosas así…; que es posible que todas las actividades humanas se dirijan a su más noble fin.     Para alguno -los pesimistas- esto constituye un ideal inalcanzable; pero no es así: debemos encontrar el camino para dialogar, con un lenguaje comprensible y común, acerca del futuro del hombre. ¡Podemos y debemos hacerlo!: y nos a cada uno de nosotros.

 

 

Decálogo de pensamientos sobre la familia y el rezo del rosario

3 septiembre, 2012

Ecclesia

 

1.- “La familia que reza unidad permanece unida” (P. Patrick Peyton)

2.- “Hoy en día se hace cada vez más difícil para la familia realizar su vocación y ser el primer ambiente en que la paz de Cristo se vea acogida, cultivada y conservada. Por ello sería realmente útil recuperar la hermosa costumbre de rezar el Rosario en casa, tal y como acontecía en las generaciones pasadas” (Juan Pablo II)

3.- “El rosario es también desde siempre una oración de la familia y por la familia. Antes esta oración era apreciada particularmente por las familias cristianas y ciertamente favorecía su comunión. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todavía esta forma de plegaria que es el rosario”. (Juan Pablo II)

4.- “El rosario es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia. Contemplando a Jesús cada uno de sus miembros recupera también la capacidad de volverse a mirar a los ojos para comunicarse, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios”. (Juan Pablo II)

5.- “Muchos problemas de las familias contemporáneas, especialmente en las sociedades económicamente más desarrolladas, derivan de una creciente dificultad de comunicarse. No se consigue estar juntos y a veces los raros momentos de reunión quedan absorbidos por las imágenes de un televisor. Volver a rezar el rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana otras imágenes muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen de su Madre Santísima”. (Juan Pablo II)

6.- “El rosario es camino hacia Cristo y la síntesis del evangelio.  Es oración evangélica, centrada en el misterio de la encarnación; es, pues, una oración profundamente cristológica”. (Pablo VI)

7.-  “El rezo del santo rosario está detrás de la santa misa y del breviario para los eclesiásticos; y de la participación en los sacramentos para los seglares. Es el evangelio del pueblo y de los pobres” (Beato Juan XXIII)

8.- “El Rosario invita a nuestros dedos, a nuestros labios y a nuestro corazón a entonar  una gran sinfonía de súplica y oración, y por estos motivos es la plegaria más grandiosa que jamás haya compuesto el hombre…” (Monseñor Fulton Sheen)

9.- “La oración es la única fuente posible de toda comprensión. ¿El rosario? ¡Admirable creación! ¡Rezar meditando los misterios! Este es el camino”. (Miguel de Unamuno)

10.- “No encuentro otro medio más poderoso para atraer sobre nosotros el Reino de Dios, la Sabiduría, que unir a la oración vocal la oración mental, rezando el Santo Rosario y meditando sus misterios”. (San Luis Mª Grignon de Montfor)

 

 

CRÓNICAS CUBANAS.

Por Félix Sautié Mederos.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, considero que estamos viviendo un momento muy especial de la Historia de la Humanidad, desde que el mundo es mundo por decirlo de alguna manera comprensible. Incluso pienso  que en esta época a que me refiero, no se debería optar por el facilismo espiritual de obviarla y tratar de ver y concentrarnos en otros aspectos de la vida en sociedad que si bien también son esenciales, podría enajenarnos y sacarnos de lo que verdaderamente hoy resulta importante para nuestra existencia. Lo esencial del momento que quiero describirles en mi opinión muy personal, es que la vida sobre la tierra se encuentra en un peligro inminente de desaparición como nunca antes, que la literatura apocalíptica desde los principios de nuestra Era ya había anunciado, a partir de lo que es en realidad una de las significaciones del término “apocalipsis”; y en estas circunstancias la incultura del desconocimiento, junto con la negación dogmática del contenido de los viejos documentos de la humanidad, podría pagarse muy caro.

El “pecado de la omisión” puede ser en verdad un pecado también muy grave de acuerdo con los conceptos teológicos que algunos con su  incultura dogmática se esfuerzan en negar, porque en definitiva considero que alguien en función de su libre albedrío que no tenga creencias religiosas está en su pleno derecho no tenerlas que hay que respetarlo. No obstante, lo que si considero inadmisible es que no se tengan en cuenta y se nieguen advertencias ancestrales que nos han venido anunciando desde los viejos tiempos algunas de las circunstancias que estamos viviendo hoy. Algo que si le realizamos una exégesis y una hermenéutica verdaderamente científicas, podríamos apreciar que coincide en sus rasgos esenciales con algunas de las realidades que estamos viviendo en la actualidad; si además traducimos correctamente el lenguaje de todos los tiempos en que están expresados.

Un ejemplo muy significativo y lamentable de la época actual son las imágenes que le han dado la vuelta al mundo de un Presidente de los Estados Unidos lanzándoles rollos de papel sanitario a los puertorriqueños en unas circunstancias tan tristes como las actuales  para un  Puerto Rico devastado por el Huracán María. Si revisamos la historia de Norteamérica no se registra ningún caso ni siquiera similar en algunos de los presidentes norteamericanos por muy reaccionarios que hayan sido. El corolario es que el mundo en la actualidad se encuentra a merced de un ser trastornado mentalmente cuyas reacciones son impredecibles e intempestivas incapaz de comprender realmente lo que sucede a su alrededor. Ya no es solo un asunto con Corea, Irán, Venezuela y con el ámbito internacional, es también  un asunto de destrucción y regreso a las agresiones más primitivas hacia Cuba, que nos sitúan aceleradamente en los viejos tiempos en favor de una política criminal y obsoleta de una mafia más criminal aún, ya pasada de su tiempo de esperanza de vida que Trump está reviviendo tal si fuera un nuevo Frankenstein.

En tales circunstancias las personas que son capaces de pensar con pensamiento propio y valgan las redundancias del término, se están planteando muchas interrogantes; y una de estas interrogantes muy propias del momento  la que quiero plantear como un botón de muestra es: Y... ¿dónde estaba Dios?, cuando los huracanes destruían las islas del Caribe por las que estaban pasando y haciendo estragos sensibles en Cuba; así como durante terribles terremotos que tanto daño le han hecho a nuestros hermanos mejicanos especialmente a los más desvalidos.  También podría decirse y ¿dónde está Dios?, mientras que Trump puja por destruir el mundo.

Esta pregunta ya me la han hecho en  varias ocasiones amigos y alumnos míos que en conocimiento de mis estudios, artículos  y libros, así de como los cursos de ética Cristiana que he impartido en los que me refiero a la Teología, se han interesado en conocer mi opinión al respecto de tema un tema tan interesante en los momentos de la desgracia. Recuerdo que cuando el terremoto de Haití también me la hicieron. El tema es realmente muy interesante sobre todo si no se toma en cuenta una real exégesis de lo expresado en el Nuevo Testamento así como las correctas concepciones del Concilio Vaticano Segundo y de la Teología de la Liberación sobre las cuales algunos hablan y hablan sin tener un verdadero conocimiento de lo que expresan.

Mi respuesta siempre ha sido: Dios estaba y está sufriendo también junto a sus hijos desamparados y angustiados. Porque  son cuestiones de la vida de los seres humanos creados a su imagen semejanza; y por tanto, en plena libertad  de acción,  y de creatividad personal y colectiva para construir y destruir incluso. Los seres humanos no somos zombis dependientes de un Dios que nos mueve cual si fuéramos marionetas. Dios es la expresión del bien Supremo cuya  antítesis real y efectiva es el mal que lo enfrenta. Los humanos con nuestra libertad y la capacidad de creación a imagen y semejanza de ese Dios  Único y Trino, que identifica nuestra condición humana somos los que hemos desarrollado la civilización desde la época de las cavernas a la fecha. Somos los que tenemos que relacionarnos efectivamente con la naturaleza y la sociedad que integramos. Somos los llamados a conservarlas y defenderlas; y también, somos los únicos que podemos destruirlas porque capacidad tenemos para ello. La conclusión por tanto es: ¡Alerta muy alerta!, y a movilizarnos como nunca antes para enfrentar y neutralizar todos estos extraños males que nos asechan. Si es que queremos sobrevivir y enfrentar a la época convulsa que estamos viviendo.

Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en el periódico Por Esto!, Sección de Cultura, en Mérida, Yucatán, México el sábado 7 de octubre del 2017.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=33&idTitulo=594192

 

 

CAMINO EQUIVOCADO

 

Venden productos que no necesitas
pero que, sin embargo, compras.
Cantan cacofonías que no te gustan
pero que, sin embargo, escuchas.


¿Cuándo escucharas
el susurro de las flores?


Te imponen ese brillo superficial
que gustosamente asumes
para ser como ellos.
Drenan tu cerebro con su lógica
y piensas que imitarlos
te enriquece


¿Cuándo escucharás
el canto del pinzón?

 

MANOLIS (Emmanuel Aligizakis), Creta, 1947

 

 

8 Características de la adolescencia que todo papá debe conocer

 

Por Mª José Calvo para LaFamilia.info 

Foto: Freepik

Alguien dijo en una ocasión que tener un hijo adolescente era como convivir con una persona con cierta “locura pasajera”… Pero, ¿por qué se comportan de esa manera?

Es un periodo en que se encuentran tan cambiados física, y psicológicamente, que están desconcertados. Y por otra parte, descubren su “yo”, aunque no se reconocen. Quieren ser ellos mismos, pero no saben cómo; son tremendamente inseguros. Por eso se dice que "lo que le pasa al adolescente es que no sabe qué le pasa…"

En esta etapa es cuando nace la intimidad, la vida interior; y por eso es tan importante. Comprende una travesía de la que no conocen la meta. Son inseguros, pero no quieren protección: quieren ser ellos mismos.

Por eso es necesario que se sientan queridos. Tenemos que conocerles para poder comprenderles y, de esa forma, que se sientan valorados, acogidos y queridos. Estas son algunas características que todo papá de un adolescente debe saber:

1. Nace su intimidad

Descubre su “yo”, pero no se reconoce. Descubre su interioridad y la protege. Por eso necesita tranquilidad, islas de silencio, para reflexionar sobre su vida. No le gusta que indaguemos en su intimidad: quiere que le respetemos su autonomía, su forma de ser, sus conversaciones, sus cosas.

Piensa por cuenta propia y por eso se cuestiona nuestras ideas y valores. Pero es preciso decirle lo bueno que tiene, para que lo sepa y lo desarrolle… Porque muchas veces no lo saben: solo ven lo negativo que tienen, incluso aumentado.

2. Se define su personalidad y necesita autoafirmarse

No quiere ayudas porque quiere hacerlo él mismo, aunque a veces no sabe cómo.

Discute por sistema, porque quiere afirmar su independencia, su pensamiento… Por ello se rebela contra todo: sobre todo contra sus padres.

Por eso hay que saber por qué se comportan así; porque quieren ser ellos mismos, actuar por cuenta propia con su pensamiento, sus acciones, etc. Y no debemos impedirles su crecimiento, aunque sí, orientarlo.

3. Cambia su imagen

A veces crecen muy rápido, y no les gusta el resultado. Pueden tener complejos y lo pasan muy mal. Por eso hay que decirles lo positivo que tienen, porque ellos no son muy objetivos. Para que se valoren, para elevar su autoestima.

4. Inestabilidad afectiva

No controlan sus sentimientos o estados de ánimo. El sistema límbico, estrato anatómico fundamental de la afectividad, está a tope por su desarrollo hormonal. Tienen gusto por emociones fuertes, por el riesgo; porque valoran mucho la recompensa emocional por esas actividades.

Pero parte de su cerebro no ha madurado totalmente: en  concreto la corteza prefrontal, que es lo último en madurar, con el pensamiento, el autocontrol, el control de impulsos, la toma de decisiones, el juicio… (Leer más > maduración cerebral).

Entonces son todo emociones vividas al máximo, sin un control que racionalice sus vivencias. Y como pueden estar efusivos en un instante, en otro se hunden en el más profundo abismo por algo insignificante.

Su cerebro está aprendiendo a manejarse, pero el control y el pensamiento no están totalmente operativos. Su afectividad está al máximo, pero sufre desajustes que no saben controlar.

Por eso dan prioridad a los estímulos, a los impulsos, al “me apetece”, sobre lo lógico o razonable. Porque no tienen el filtro de la inteligencia, ni el autocontrol operativos.

5. Inseguridad por todos estos cambios

Intentan demostrar, sobre todo a ellos mismos, que pueden. Ven todo en negativo, y su autoestima suele ser baja. Por eso se muestran prepotentes o insolentes a veces o con conductas agresivas.

6. Incertidumbre

No saben lo que quieren. Por eso necesitan nuestro cariño, nuestra confianza y nuestra claridad de miras para ayudarles, para ir encauzando acontecimientos hacia su madurez. Pero desde un segundo plano.

7. Esperan una libertad entendida como mayor autonomía

No entienden que las acciones tienen sus consecuencias. Que la libertad conlleva responsabilidad: que va “de la mano” de la responsabilidad. Son como las dos caras de la misma moneda. Es preciso explicárselo.

Y en familia podemos darles responsabilidades. Son como “cotas” que tienen que ir alcanzando con su comportamiento responsable, para tener más libertad: se la tienen que ir ganando…

Por otra parte, como la corteza prefrontal no ha madurado, no podemos dejarles solos ante situaciones que les desborden, que no pueden controlar. Porque son todo “acelerador”, y nada de “freno”, aunque ellos no se den cuenta o crean ser ya “maduros”.

8. Descubren el valor de la amistad

Y por eso, muchas veces la anteponen a la familia. Pero no significa que no la valoren. Solo que ven en los amigos algo muy importante, con quienes pueden conectar, y a quienes les pasa lo mismo: que son unos incomprendidos.

En resumen, necesitan que les ayudemos a aprovechar sus enormes posibilidades para madurar y mejorar como personas. También a ver las grandes energías que hay en su interior y que luchan por salir. Y que les ayudemos a desarrollarse, fijándonos especialmente en sus fortalezas y talentos, en sus cualidades “especiales”, en lo bueno que tienen, en el esfuerzo que ponen, para que lo fomenten y lo pongan al servicio de los demás.

Necesitan que confiemos en ellos, que les creamos capaces de grandes retos. Que les ayudemos en el proceso de formación de su personalidad, pero dejándoles ser “ellos mismos”. En definitiva, que les ayudemos a madurar, respetando su intimidad, sus cosas.

Y el cariño que les damos es el artífice de su maduración. A mayor rebeldía, necesitan mayor cariño, pero un cariño incondicional, pase lo que pase… Es como si nos dijeran: “si te importo, ¡préstame atención!”

* Colaboración de Mª José Calvo para LaFamilia.info. Médico de familia por la Universidad de Navarra y Orientadora familiar y conyugal por IPAO, y a través del ICE de la Universidad de Navarra. Colaboradora habitual en la revista “Hacer Familia” sobre temas de pareja. optimistaseducando.blogspot.com.co 

 

 

Mami, ¿qué es sufrir?

 

Por Prince Martínez / Blogs LaFamilia.info - 30.09.2017

Foto: Freepik 

 

Estaba hace unos días con mi nuera Vicky, mi hijo Roberto y el chiquito Roberto Jr., acompañando al otro de sus hijos Ricardo, quien jugaba un partido de fútbol. Se inicia el juego y Vicky suspirando dice: “Ya comienzo a sufrir.” El pequeño Roberto, de cuatro años, con un gesto de extrañeza le pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?” Nos miramos todos. Les confieso que no recuerdo exactamente qué le dijo su mamá. Me quedó, sin embargo,  la inquietud de cuál sería una respuesta para ti y para mi.

Como reflexionamos durante la pasada Semana Santa sobre la pasión y muerte de Jesús en la cruz,  he querido escribir sobre aquella pregunta: “Mami, ¿qué es sufrir?”

 

Hoy con el diccionario en la mano encuentro el significado de sufrir: “Daño, dolor, una enfermedad, un castigo. Sentir un daño moral. Recibir con resignación un daño moral o físico. Sostener, resistir. Aguantar, soportar. Satisfacer por medio de una pena…”

 

Ha sido a través de sufrir la muerte y muerte de cruz que Jesús nos ha redimido, nos ha abierto las puertas del cielo. Lo hizo por amor: “No hay amor más grande que este: dar la vida por sus amigos.”(Jn. 15,13)y después de ese sufrimiento llegó la alegría de la Resurrección. 

 

El ejemplo de San Juan Pablo II

 

“Los últimos años del pontificado de Juan Pablo II no tuvieron una importancia menor, por el testimonio humilde de su pasión. Esta humildad, esta paciencia con la que aceptó casi la destrucción de su cuerpo, la incapacidad cada vez mayor de usar la palabra, él que había sido maestro de la palabra. Así, nos mostró visiblemente la verdad profunda de que el Señor nos redimió con su cruz, con la Pasión, como acto supremo de su amor. Nos mostró que el sufrimiento no es sólo algo negativo, sino que es una realidad positiva; que el sufrimiento aceptado por amor a Cristo, por amor a Dios y a los demás, es una fuerza redentora, una fuerza de amor, y no menos poderosa que los grandes actos de la primera parte de su pontificado. Nos enseñó un nuevo amor a los que sufren. Todos nosotros -en un mundo que vive de activismo, de juventud, de ser joven, fuerte, hermoso, de lograr grandes cosas- debemos aprender la verdad del amor que se convierte en pasión, y precisamente así redime al hombre y lo une a Dios amor. Por consiguiente, quiero dar las gracias a todos los que aceptan el sufrimiento, a los que sufren con el Señor. Y quiero animar a todos a tener un corazón abierto a los que sufren. Oremos, pues, por todos los que sufren y hagamos lo que esté de nuestra parte para ayudarles en la medida en que podamos, con gran respeto por el valor de la vida humana. Debemos amar a los que sufren, no sólo con palabras, sino con toda nuestra acción y nuestro compromiso. Sólo así somos cristianos realmente.” Benedicto PP. XVI. El VIII.MMVIII – Australia

 

Cuando toca a la puerta

San Josemaría Escrivá de Balaguer, en su libro Vía Crucis, novena estación, nos invita a reflexionar:

“Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades.

Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.

Omnia in bonum! (Todo es para bien) ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!”

El Padre Pío nos enseña: “El sufrir es de todos. El saber sufrir es de pocos.”

Y no hay duda que al final llega la alegría como nos ha llegado la de Jesús Resucitado.

 

 

Miguel Grau: “Seguid su ejemplo”

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El 7 de octubre de 1976 se erigió en la Escuela Naval del Perú un cenotafio que contiene una reliquia, prendas personales y un fragmento óseo de la pierna derecha de nuestro Gran Almirante del Perú Miguel Grau Seminario, al pie de su estatua se encuentra acuñada en bronce la expresión: “Cadetes Navales seguid su ejemplo”, y es a través de su predominante ubicación que nuestro máximo héroe ha transmitido de generación en generación a cadetes y oficiales su valorable ejemplo de sacrificio y amor a la patria como una fuerza espiritual y anímica de perpetua rectoría.

Mañana, 8 de octubre, se conmemora el 196° aniversario de la Marina de Guerra del Perú y el 138° aniversario del Glorioso Combate de Angamos, y es en esta histórica contienda que nuestro máximo héroe nacional demostró su sacrificio y patriotismo al inmolarse por la patria, legándonos un cúmulo de valores que dan consistencia y coherencia a su personalidad al pie de firmes convicciones éticas como fidelidad al deber, servicio a la nación, su gran arrojo, destreza y humildad como  expresiones naturales que representan las profundas raíces de su liderazgo, integridad, rectitud, honestidad, desprendimiento y amor a la patria.

En su vida política fue un demócrata a carta cabal; en el golpe de Estado de los hermanos Gutiérrez luchó en favor del orden constitucional, asimismo, fue diputado de la República y tuvo una foja pública digna e impecable, como homenaje, en el Hemiciclo del Congreso existe una curul permanente con su nombre. Por su heroísmo y ejemplo de valores, la figura de Grau convoca a los peruanos de todas las generaciones con una lección de sacrificio y patriotismo, es por ello que en 1984 al escenario de sus hazañas se le denomina, por Ley 23856, “Mar de Grau” y en el año 2000 el Perú entero lo eligió, en forma espontánea, como “El Peruano del Milenio”. 

Bajo este panorama todos los peruanos deberíamos inspirarnos en el ejemplo de vida del Gran Almirante Miguel Grau por su sacrificio, entrega y amor a la Patria, valores que perduran en la memoria de todas nuestras generaciones y superarán el devenir de los siglos, pero especialmente debería seguir su ejemplo nuestra clase política que es la que guía los destinos de nuestra Nación, principalmente demostrando con su proceder vocación de servicio hacia el bien común, honradez, rectitud, ética, honestidad y desprendimiento.

 

 

Una piedra en el zapato

La CENCO (Conferencia Episcopal del Congo) ha publicado un duro comunicado en el que pide al gobierno que garantice la seguridad de las personas y de sus bienes, y a las fuerzas del orden que hagan todo lo posible para liberar a los sacerdotes de las manos de los secuestradores y para desmantelar la red criminal que desestabiliza toda la zona. Además subraya que estos sacerdotes “son hombres de Dios que dedican su vida al bien de la población, sin tener una agenda política; hacerles daño, significa dañar a toda la comunidad a la que sirven”.

No se conoce la identidad de estos milicianos, pero el portavoz de la CENCO no duda en avanzar una hipótesis: la Iglesia no es bien vista por el grupo que está en el poder, porque se ha convertido en garante del acuerdo de San Silvestre, y por eso “representa seguramente una piedra en el zapato del gobierno”.

A estas alturas nadie duda que este secuestro sea un serio aviso para una Iglesia que no se somete, que es la única institución con una presencia activa y capilar en todas las regiones, y que ha pagado ya un generoso tributo de sangre a lo largo de la trayectoria histórica del país. Los obispos son conscientes de que el momento es dramático y de que ellos mismos, así como sacerdotes y religiosas, están en la línea de fuego. Como pastores de la Iglesia no proponen una agenda política, pero ante el “fracaso de la clase política” piden a los congoleños “que tomen el control de su destino de forma pacífica y democrática, con la no violencia activa y evangélica”.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

El nuevo curso

El nuevo curso eclesial comienza sin grandes acciones, ni perspectivas de cambios profundos en el horizonte. El Papa Francisco lo llena todo y la tónica general es mantener engrasada la línea directa con Roma, en un proceso de actualización, renovación y reforma según los presupuestos de la “Evangelii Gaudium”.

Es cierto que la Iglesia es un organismo vivo y complejo y que los muchos niveles de actuación mantienen velocidades distintas. La Iglesia, en genérico, es un gran buque y un giro radical en su dirección puede partirla por el eje. De ahí que se producen ligeros movimientos en la orientación, que en unos casos son más acelerados que otros. Por ejemplo, una cosa es la Conferencia Episcopal, con sus rutinas, procesos internos, mecanismos de motivación, equilibrios, consignas, y otra muy distinta las diócesis.

La pregunta que no pocos se hacen es si la perspectiva de este nuevo período, que implica modificaciones evidentes en la comprensión pastoral que propone este pontificado, tiene detrás un diseño completo hecho desde la Iglesia en España, responde más a los dictados que vienen de fuera, o se confirma la tesis de un cambio a trompicones.

Jesús D Mez Madrid

 

 

 

La inocencia infantil

La inocencia infantil no se corresponde con los prejuicios de muchos adultos, que la ven como ignorancia, inmadurez, e ingenuidad, que deben ser corregidas cuanto antes, (a pesar de que los niños se resisten a abandonar las creencias que anidan en su fantasía).

A un niño de cinco años un compañero de diez le dice en el colegio que no existen los Reyes Magos. El primero, sin inmutarse, contesta: “pues mi mamá sí cree y tiene 40”.

El estado de ignorancia se ha de superar, mientras que la inocencia es un valor intemporal que se debe proteger a lo largo de la vida. Se puede ser inocente y muy experimentado a la vez.

Las nuevas tecnologías potencian valiosas habilidades aplicables al aprendizaje, pero si se usan mal o de forma abusiva, pueden frenar algunos talentos necesarios para crecer armónicamente, entre ellos la imaginación.

El cineasta Robert Redford, tras jubilarse, se dedicó a promover y dirigir películas solo para niños, movido por la nostalgia de la infancia perdida. Lo justificó así: “La infancia es un mundo de magia. Quiero recuperar esa magia que está siendo oscurecida por la tecnología, despertando al niño que llevo dentro”.

Despertar al niño interior es una ilusionante tarea para todos en todas las edades de la vida. Antonio Machado proponía un permanente diálogo con el hombre que cada uno lleva dentro.

Jesús Martínez Madrid

 

 

La intolerancia con los débiles

Alfonso Aguiló

La intolerancia frente a los débiles ha adquirido con frecuencia a lo largo de la historia una dolorosa forma social e institucionalizada de legalidad.

        Son muchas las voces que se han atrevido a denunciar con firmeza esos atropellos de la dignidad humana. Atropellos que llegan a veces a constituir una auténtica "cultura de la muerte" que en todas las épocas se ha manifestado en la muerte legal de inocentes.

        La historia reciente nos lo muestra con crudeza en el genocidio nazi, en las limpiezas étnicas de tantos conflictos bélicos, o en el más sutil y solapado quitar la vida a los seres humanos antes de su nacimiento, o antes de que lleguen a la meta natural de la muerte.

        Son siempre los miembros más débiles de la sociedad quienes corren mayor riesgo frente a esta peligrosa manifestación de intolerancia. Las víctimas suelen ser los no nacidos (aborto y manipulaciones genéticas), los niños (comercio de órganos), los enfermos y ancianos (eutanasia), los pobres (abusivas imposiciones de control demográfico), las minorías, los inmigrantes y refugiados, etc.

        —¿Y por qué crees que se ha impuesto este error en el mundo en tantas ocasiones? ¿De dónde le viene su atractivo?

        El atractivo del error no proviene del error mismo, sino de la verdad -grande o pequeña- que en él palpita. Por eso, un error es tanto más peligroso cuanta más verdad encubre. Y la modesta verdad que subyace en la cultura de la muerte, y a la que esta debe de prestado su atractivo, es la pequeña ganancia (deshacerse del anciano o del enfermo incómodos, eliminar una nueva vida que nos parece inoportuna, mejorar la calidad de vida de los que permanecemos con vida). Una ganancia que satisface fugaz y brevemente las pasiones humanas, y que oscurece la inteligencia hasta incapacitarla para percatarse del error que comete.

        Curiosamente, la tolerancia ha sido muchas veces la bandera que han tomado quienes imponían esos abusos. Pero detrás de la defensa que hacen de los derechos y de las libertades, se esconde siempre un brutal atropello de los derechos y libertades más elementales. Detrás de una máscara de tolerancia, se esconde la más cruel y macabra muestra de intolerancia: la de no dejar vivir al inocente.