Las Noticias de hoy 23 Junio 2017

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 23 de junio de 2017  

Indice:

Newsletter Diario

Papa: Como Don Milani, asistamos a los demás sin buenismos

El Papa a la Roaco: Sean Puentes entre Oriente y Occidente

El Santo Padre a los jugadores de la National Football League: ‘Los jóvenes necesitan modelos’

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: Francisco Fernández-Carvajal

“Jesús, en tu nombre, buscaré almas”: San Josemaria

 Un bajorrelieve en Sonsoles para recordar a san Josemaría

 En el Corazón de Cristo

 Carta del arzobispo de Madrid: el Sagrado Corazón y la cultura del encuentro

 EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL

Familias numerosas, uno de los colectivos más castigados por la crisis: “No hay voluntad política de proteger la natalidad”

Poner en valor el tiempo, tener más tiempo de vida: Nuria Chinchilla

Perspectiva de Vida y Familia llegan a AG de OEA: Unión Nacional de Padres de Familia 

La envidia lleva al deseo de la igualdad absoluta: la admiración a la generosidad: Acción Familia

 Sufrir con sentido: Pablo Cabellos Llorente 

El mandamiento nuevo de Jesús: Enric Barrull Casals

 Cien años después, : Juan García. 

¿Otra economía es posible?: Domingo Martínez Madrid

El sistema monetario o la gran sanguijuela: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

Newsletter Diario

 

Papa: Como Don Milani, asistamos a los demás sin buenismos

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

22/06/2017 11:07

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Un pastor debe ser apasionado, debe saber discernir y también debe saber denunciar el mal. Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Papa se detuvo a considerar la figura del Apóstol Pablo para dirigir después su pensamiento al ejemplo que ofreció Don Milani. “Como el párroco de Barbiana  – dijo Francisco – es necesario acudir  al prójimo, pero sin buenismos ingenuos.

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas

El Papa Bergoglio se inspiró en la Primera Lectura – tomada de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios  – para detenerse en las características que debería tener un pastor. Y, de hecho, en San Pablo encontró la figura del “pastor verdadero”, que no abandona a sus ovejas como haría, en cambio, “un mercenario”. E indicó que la primera cualidad es ser “apasionado”. Apasionado “hasta el punto de decir a su gente, a su pueblo: ‘Yo experimento  por  ustedes una especie de celo divino’”. Es “divinamente celoso”, comentó Francisco.

El verdadero pastor sabe discernir y está atento a la seducción del mal

Una pasión, por lo tanto, que se vuelve casi “una locura”, “una necedad” para su pueblo. “Y esto – añadió el Santo Padre – es aquel rasgo que nosotros llamamos el celo apostólico: no es posible ser un pastor verdadero sin este fuego que arde dentro”.

Mientras una segunda característica – prosiguió diciendo el Obispo de Roma– es que el pastor debe ser “un hombre que sepa discernir”:

“Sabe que en la vida existe la seducción. El padre de la mentira es un seductor. El pastor, no. El pastor ama. Ama. La serpiente, en cambio, el padre de la mentira, el envidioso es un seductor. Es un seductor que trata de alejar de la fidelidad, porque aquel celo divino de Pablo era para llevar al pueblo a un único esposo, para mantener al pueblo en la fidelidad  a su esposo. En la historia de la salvación, en la Escritura, tantas veces encontramos el alejamiento de Dioslas infidelidades al Señor, la idolatría, como si fuera una infidelidad matrimonial”.

Es necesario saber denunciar el mal, no ser ingenuos

Por lo tanto, la primera característica del pastor es “que sea apasionado, que tenga celo, que sea diligente”.

La segunda característica es “que sepa discernir: discernir dónde están los peligres, dónde están las gracias… dónde está el verdadero camino”. Y esto – subrayó el Papa – “significa que acompaña a las ovejas siempre: en los momentos bellos y también en los momentos feos, también en los momentos de la seducción, y con la paciencia, las lleva al redil”.

la tercera característica es “la capacidad de denunciar”:

Un apóstol no puede ser un ingenuo: ‘Ah, es todo hermoso, vamos adelante, ¡eh!, es todo bello… Hacemos una fiesta, todos… todo se puede…’. Porque está la fidelidad al único esposo, a Jesucristo, que hay que defender. Y sabe condenar: lo concreto, decir: ‘esto no’, como los padres le dicen al niño cuando comienza a gatear y se acerca al enchufe para poner los dedos: ‘¡No, esto no! ¡Es  peligroso!’. Me viene a la mente, tantas veces aquel ‘tuca nen’ (no tocar nada), que mis padres y abuelos me decían en aquellos  momentos donde había un peligro”.

Ocuparse de los demás sin buenismos, como hacía Don Milani

Tras afirmar que “el Buen Pastor sabe denunciar, con nombre y apellido”, como hacía San PabloFrancisco regresó a su visita a Bozzolo y a Barbiana, aludiendo a “aquellos dos buenos pastores italianos”. Y hablando de Don Milani, se refirió a su “lema”, cuando “enseñaba a sus muchachos”:

I care. ¿Pero qué cosa significa? Me han explicado: con esto él quería decir ‘me importa’. Enseñaba que las cosas se debían tomar en serio, contra el lema de moda en aquel tiempo que era ‘no me importa’, pero dicho con otro lenguaje, que yo no oso decirlo aquí. Y así enseñaba a los chicos a ir adelante. Ocúpate: ocúpate de tu vida, y ‘¡esto no!’”

De manera que hay que saber denunciar también “lo que va contra tu vida”. Y tantas veces – dijo el Papa  – “perdemos esta capacidad de condena y queremos llevar adelante a las ovejas un poco con el buenismo que no sólo es ingenuo” sino que “hace mal”. Ese “buenismo de los compromisos”, para “atraer la admiración o el amor de los fieles dejando hacer”.

Por último Francisco reafirmó el celo de Pablo de quien dijo que fue un hombre que supo discernir porque conocía la seducción y sabía que el diablo seduce, a lo que añadió que también fue un hombre con capacidad de condenar las cosas que harán mal a sus ovejas. Y concluyó con una oración “por todos los pastores de la Iglesia, para que San Pablo – dijo  – interceda ante el Señor, a fin de que nosotros, los pastores, podamos tener estos rasgos para servir al Señor”.

 

 

El Papa a la Roaco: Sean Puentes entre Oriente y Occidente

Audiencia del Papa a la ROACO - OSS_ROM

22/06/2017 15:33

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El Papa Francisco recibió en audiencia en la mañana del jueves 22 de junio a los participantes en la Asamblea de la Reunión de las Obras para la Ayuda de las Iglesias Orientales (ROACO) llegados a Roma con motivo de su 90 Sesión Plenaria.

Tras saludar y expresar palabras de agradecimiento a los presentes en la persona del Card. Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, el pontífice renovó su gratitud por el trabajo que realiza la ROACO desde 1968 a las Iglesias, orientales y latinas, de los territorios confiados a la competencia de la Congregación para las Iglesias Orientales:

“Ustedes sostienen las actividades pastorales, educativas y de asistencia y salen al encuentro de sus necesidades urgentes” dijo, y saludó y bendijo además, en la persona del padre Custodio, a los Frailes Franciscanos que han comenzado a celebrar el octavo centenario de su presencia en Tierra Santa.

El pontífice recordó que también la Congregación para las Iglesias Orientales está celebrando su centenario, y tuvo palabras de reconocimiento por la labor realizada por dicha congregación en décadas en que las Iglesias orientales han sido “a menudo arrolladas por terribles oleadas de persecuciones y tribulaciones”.

Por otra parte, manifestó su alegría por la reflexión conjunta de las Iglesias sobre la importancia de la formación inicial de los seminaristas y aquella permanente de los sacerdotes: “Somos conscientes de la elección radical expresada por muchos de ellos y del heroísmo de su testimonio de entrega al lado de sus comunidades, a menudo sometidas a duras pruebas”, expresó, a la vez que puso en guardia de las tentaciones que pueden encontrarse, como la búsqueda de un estatus social o de un modo de ejercer el papel de guía, siguiendo criterios humanos de consolidación de la propia posición.

Tras señalar que el esfuerzo que la Congregación y las agencias deben seguir cumpliendo es aquel de sostener los proyectos e iniciativas que edifican con autenticidad el ser Iglesia, el pontífice puntualizó que todo debe ser realizado alimentando el estilo de la proximidad evangélica:

“Sintámonos piedras vivas unidas con Cristo, que es la piedra angular. Las Iglesias orientales custodian tantas veneradas memorias, iglesias, monasterios, lugares de santos y santas: hay que custodiarlos y conservarlos, también gracias a vuestra ayuda, favoreciendo así la peregrinación a las raíces de la fe. Pero cuando no se pueden reparar o mantener las estructuras, hay que seguir siendo templo vivo del Señor, recordando que la "arcilla" de nuestra vida creyente ha sido moldeada por las manos del “alfarero”, el Señor, que ha infundido en ella su Espíritu vivificador. Y no hay que olvidar que en Oriente, incluso en nuestros días, los cristianos – no importa que sean católicos, ortodoxos o protestantes - derraman su sangre como sello de su testimonio”.

En la conclusión el Santo Padre deseó que los fieles orientales, cuando estén obligados a emigrar, puedan ser acogidos en los lugares adonde llegan, y puedan seguir viviendo según las propias tradiciones eclesiales, de modo que la labor de los representantes de los organismos, sea puente entre Oriente y Occidente, tanto en los países de origen como en aquellos de los que provienen. 

 

 

El Santo Padre a los jugadores de la National Football League: ‘Los jóvenes necesitan modelos’

Los recibió en el Vaticano. “Los valores ayudan a construir una cultura del encuentro”

22 junio 2017RedaccionEl papa Francisco

En Papa con los representantes de la NFL (Osservatore © Romano)

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 22 Jun.2017).- El papa Francisco recibió este miércoles en el Vaticano a una delegación de la National Football League (NFL) y al saludarlos les dijo: soy un apasionado del fútbol  pero en el país de donde vengo se juega de manera muy diferente”.

Y subrayó cómo en sus palabras de saludo, el dirigente del equipo “destacó los valores tradicionales de la lealtad y la deportividad que tratan de personificar,  tanto en el terreno de juego como en la vida,  en vuestras  familias y comunidades”.

“El mundo en que vivimos –añadió el Santo Padre– y en especial los jóvenes, necesitan modelos, personas que nos muestren cómo sacar lo mejor de nosotros mismos, para que fructifiquen los dones y talentos que nos ha dado Dios y, haciendo así, nos enseñen el camino para un futuro mejor  de nuestras sociedades”.

“El trabajo en equipo, el juego limpio y el esforzarse por lo mejor, son valores  –incluso en el sentido religioso de la palabra– que orientan vuestro empeño en el terreno de juego”, añadió. Y precisó que “de estos valores hay una necesidad urgente fuera del campo, en todos los ámbitos de la vida comunitaria”.

“Son los valores –aseguró el sucesor de Pedro– que ayudan a construir una cultura del encuentro, en la que podemos prevenir y sostener  las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, y luchar contra el exagerado individualismo, la indiferencia y la injusticia que nos impiden vivir como una única familia humana . ¡Cuánto necesita el mundo esta cultura del encuentro!”

El Pontífice se despidió con estas palabras: “Invoco sobre vosotros y vuestras familias  la bendición de Dios, la alegría y la paz”.

 

 

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Solemnidad

— Origen y sentido de la fiesta.

— El amor de Jesús por cada uno de nosotros.

— Amor reparador.

I. Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para librar las almas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre1, leemos en el comienzo de la Misa.

El carácter de la Solemnidad que hoy celebramos es doble: de acción de gracias por las maravillas del amor que Dios nos tiene y de reparación, porque frecuentemente este amor es mal o poco correspondido2, incluso por quienes tenemos tantos motivos para amar y agradecer. Desde siempre fue fundamento de la piedad cristiana la consideración del amor de Jesús por todos los hombres; por eso, el culto al Sagrado Corazón de Jesús «nace de las fuentes mismas del dogma católico»3. Este culto recibió un especial impulso por la devoción y piedad de numerosos santos a quienes el Señor mostró los secretos de su Corazón amantísimo, y les movió a difundir la devoción al Sagrado Corazón y a fomentar el espíritu de reparación.

El viernes de la octava de la festividad del Corpus Christi, el Señor pidió a Santa Margarita María de Alacoque que promoviera el amor a la comunión frecuente..., sobre todo los primeros viernes de cada mes, con sentido de reparación, y le prometió hacerle partícipe, todas las noches de este jueves al viernes, de su pena en el Huerto de los Olivos. Un año más tarde, se le apareció Nuestro Señor y, descubriéndole su Corazón Sacratísimo, le dirigió estas palabras, que han alimentado la piedad de muchas almas: Mira este Corazón que ha amado tanto a los hombres y que no ha omitido nada hasta agotarse y consumirse para manifestarles su amor; y en reconocimiento, Yo no recibo de la mayor parte sino ingratitudes por sus irreverencias y sacrilegios y por las frialdades y desprecios que tienen hacia Mí en este sacramento de amor. Pero lo que me es más sensible todavía es que sean corazones que me están consagrados los que así me traten. Por eso, te pido Yo que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento sea dedicado a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando con algún acto de desagravio...

En muchos lugares de la Iglesia existe la costumbre privada de reparar los primeros viernes de mes con algún acto eucarístico o el rezo de las letanías del Sagrado Corazón. Además, «el mes de junio está dedicado de modo especial a la veneración del Corazón divino. No solo un día, la fiesta litúrgica que, de ordinario, cae en junio, sino todos los días»4.

El Corazón de Jesús es fuente y expresión de su infinito amor por cada hombre, sean cuales sean las condiciones en las que se encuentra. Él nos busca a cada uno: Yo mismo -dice un bellísimo texto mesiánico del Profeta Ezequiel- buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas: y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad5. Cada uno es una criatura que el Padre ha confiado al Hijo para que no perezca, aunque se haya marchado lejos.

Jesús, Dios y Hombre verdadero, ama al mundo con «corazón de hombre»6, un Corazón que sirve de cauce al amor infinito de Dios. Nadie nos ha amado más que Jesús, nadie nos amará más. Me amó -decía San Pablo- y se entregó por mí7, y cada uno de nosotros puede repetirlo. Su Corazón está lleno de amor del Padre: lleno al modo divino y al mismo tiempo humano.

II. El Corazón de Jesús amó como ningún otro, experimentó alegría y tristeza, compasión y pena. Los Evangelistas advierten con mucha frecuencia: tenía compasión del pueblo8, tenía compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor9. El pequeño éxito de los Apóstoles en su primera salida evangelizadora le hizo sentirse como nosotros cuando recibimos una buena noticia: se llenó de alegría, dice San Lucas10; y llora, cuando la muerte le arrebata a un amigo11.

Tampoco nos ocultó sus desilusiones: Jerusalén, que matas a los profetas (...). Cuántas veces he querido reunir a tus hijos...12. ¡Cuántas veces! Jesús ve la historia del Antiguo Testamento y de la Humanidad toda: una parte del pueblo judío y de los gentiles de todos los tiempos rechazará el amor y la misericordia divina. De alguna manera podemos decir que aquí está llorando Dios con ojos humanos por la pena contenida en su corazón de hombre. Y este es el significado real de la devoción al Sagrado Corazón: traducir para nosotros la naturaleza divina en términos humanos. A Jesús no le era indiferente –no lo es ahora en nuestro trato diario con Él– el que unos leprosos no volvieran a darle las gracias después de haber sido curados, o las delicadezas y muestras de hospitalidad que se tienen con un invitado, como le dirá a Simón el fariseo. Él experimentó en muchas ocasiones la inmensa alegría de ver que alguno se arrepentía de sus pecados y le seguía, o la generosidad de quienes lo dejaban todo para ir con Él, y se contagiaba del gozo de los ciegos que comenzaban a ver, quizá por vez primera.

Ya antes de celebrar la Última Cena, al pensar que se quedaría siempre con nosotros mediante la institución de la Eucaristía, manifestó a sus íntimos: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer13; emoción que debió de ser mucho más honda cuando tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Esto es mi Cuerpo...14. ¿Y quién podrá explicar los sentimientos de su Corazón amantísimo cuando en el Calvario nos dio a su Madre como Madre nuestra?

Cuando ya había entregado su vida al Padre, uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante brotó sangre y agua15. Esa herida abierta nos recuerda hoy el amor inmenso que nos tiene Jesús, pues nos dio voluntariamente hasta la última gota de su preciosa Sangre, como si estuviéramos solos en el mundo. ¿Cómo no nos vamos a acercar con confianza a Cristo? ¿Qué miserias pueden impedir nuestro amor, si tenemos el corazón grande para pedir perdón?

III. Después de la Ascensión al Cielo con su Cuerpo glorificado, no cesa de amarnos, de llamarnos para que vivamos siempre muy cerca de su Corazón amantísimo. «Aun en la gloria del Cielo lleva en las heridas de sus manos, de sus pies y de su costado los resplandecientes trofeos de su triple victoria: sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerte; lleva además, en su Corazón, como en arca preciosísima, aquellos inmensos tesoros de sus méritos, frutos de su triple victoria, que ahora distribuye con largueza al género humano ya redimido»16.

Nosotros hoy, en esta Solemnidad, adoramos el Corazón Sacratísimo de Jesús «como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inexhausto que nuestro Divino Redentor siente aun hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo divino, y, en ella y por ella, a su divina voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en amor divino y humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que nuestro Redentor adquirió por los méritos de su vida, padecimientos y muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de su Cuerpo místico»17.

El meditar hoy en el amor que Cristo nos tiene, nos impulsará a agradecer mucho tanto don, tanta misericordia inmerecida. Y al contemplar cómo muchos viven de espaldas a Dios, al comprobar que muchas veces no somos del todo fieles, que son muchas las flaquezas personales, iremos a su Corazón amantísimo y allí encontraremos la paz. Muchas veces tendremos que recurrir a su amor misericordioso buscando esa paz, que es fruto del Espíritu Santo: Cor Iesu sacratissimum et misericors, dona nobis pacem, Corazón sacratísimo y misericordioso de Jesús, danos la paz.

Y al ver a Jesús tan cercano a nuestras inquietudes, a nuestros problemas, a nuestros ideales, le decimos: «¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos, que cuida de los pecadores y de los justos...

»-¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo!»18.

Muy cerca de Jesús encontramos siempre a su Madre. A Ella acudimos al terminar nuestra oración, y le pedimos que haga firme y seguro el camino que nos lleva hasta su Hijo.

1 Antífona de entrada, Sal 32, 11; 19. — 2 Cfr. A. G. Martimort, La Iglesia en oración, p. 997. — 3 Pío XII, Enc. Haurietis aquas, 15-V-1956, 27. — 4 Juan Pablo II, Ángelus, 27-VI-1982. — 5 Primera lectura. Ciclo C. Ez 34, 11-16. — 6 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 22. — 7 Gal 2, 20. — 8 Mt 8, 2. — 9 Mc 6, 34. — 10 Lc 10, 21. — 11 Cfr. Jn 11, 35. — 12 Mt 23, 37. — 13 Lc 22, 15. — 14 Cfr. Lc 22, 19-20. — 15 Jn 19, 34. — 16 Pío XII, loc. cit., 22. — 17 Ibídem, 24. — 18 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 813.

* Ya existía como devoción particular en la Edad Media; como fiesta litúrgica aparece en 1675, a raíz de las apariciones del Señor a Santa Margarita María de Alacoque. En estas revelaciones conoció la Santa con particular hondura la necesidad de reparar por los pecados personales y de todo el mundo, y de corresponder al amor de Cristo. Le pidió el Señor que se extendiera la práctica de la comunión frecuente, especialmente los primeros viernes de cada mes, con sentido reparador, y que «el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento» fuera dedicada «una fiesta particular para glorificar su Corazón». La fiesta se celebró por vez primera el 21 de junio de 1686. Pío IX la extendió a toda la Iglesia. Pío XI, en 1928, le dio el esplendor que hoy tiene.

Bajo el símbolo del Corazón humano de Jesús se considera ante todo el Amor infinito de Cristo por cada hombre; por eso, el culto al Sagrado Corazón «nace de las fuentes mismas del dogma católico», como el Papa Juan Pablo II ha expuesto en su abundante catequesis sobre este misterio tan consolador.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Jesús, en tu nombre, buscaré almas”

“Duc in altum”. –¡Mar adentro! –Rechaza el pesimismo que te hace cobarde. “Et laxate retia vestra in capturam” –y echa tus redes para pescar. ¿No ves que puedes decir, como Pedro: “in nomine tuo, laxabo rete” –Jesús, en tu nombre, buscaré almas? (Camino, 792)

Vamos a acompañar a Cristo en esta pesca divina. Jesús está junto al lago de Genesaret y las gentes se agolpan a su alrededor, ansiosas de escuchar la palabra de Dios. ¡Como hoy! ¿No lo veis? Están deseando oír el mensaje de Dios, aunque externamente lo disimulen. Quizá algunos han olvidado la doctrina de Cristo; otros -sin culpa de su parte- no la aprendieron nunca, y piensan en la religión como en algo extraño. Pero, convenceos de una realidad siempre actual: llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor. (Amigos de Dios, nn. 260)

 

 

Un bajorrelieve en Sonsoles para recordar a san Josemaría

Mons. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila, bendijo el 20 de junio un bajorrelieve de san Josemaría Escrivá de Balaguer, que recuerda la romería que realizó el 2 de mayo de 1935 al Santuario de Nuestra Señora de Sonsoles.

Noticias 22 de Junio de 2017

pus Dei - Un bajorrelieve en Sonsoles para recordar a san Josemaría

Panorámica de la ermita durante la celebración de la Misa.

Presidió la celebración de la Santa Misa acompañado del Vicario del Opus Dei para Madrid-Oeste y Ávila, D. Pedro Álvarez de Toledo y Bandeira, el Capellán del Santuario, D. Arturo Díaz y D. Javier Contreras.

 

l bajorrelieve en bronce, a la cera perdida, obra de Rebeca Muñoz.

El bajorrelieve en bronce, a la cera perdida, obra de Rebeca Muñoz.

 

Comenzó la ceremonia con unas palabras de D. Pedro Álvarez de Toledo para agradecer la presidencia del Obispo y para agradecer al Patronato del Santuario de Nuestra Señora de Sonsoles, allí presente, su presencia y apoyo en la iniciativa.

Entre el numeroso público asistente se encontraba la escultora del bajorrelieve, Rebeca Muñoz, autora de otras esculturas de san Josemaría para la Iglesia de Saint Juliá de Loira (Andorra) y la Iglesia de Santa María de Gracia (Cartagena). Además de otras obras y de su participación en exposiciones individuales y colectivas, Muñoz destaca por las obras de temática religiosa en bronce, entre otros, del Beato Pere Tarrés, de la Beata Janer y de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, en el convento de Carmelitas Descalzas de Barcelona.

 

l obispo de Ávila Mons. Jesús García Burillo saluda a algunas familia

El obispo de Ávila Mons. Jesús García Burillo saluda a algunas familias antes de entrar en la ermita de Nuestra Señora de Sonsoles.

 

En el bajorrelieve la escultora ha querido reflejar la historia de la ciudad de Ávila y de aquella visita de san Josemaría con algunos signos: la universalmente conocida muralla de Ávila, Patrimonio de la Humanidad, la Catedral románica, con su torreón de fortaleza medieval… Y los campos de espigas, en el camino de tierra que conduce desde la ciudad amurallada a Sonsoles. “Estas espigas –señaló el Obispo–, san Josemaría las guardaba como un recordatorio del celo apostólico y de que Dios quiere llamar a muchos para que colaboren en sus planes de salvación para el mundo”.

La devoción a Nuestra Señora de Sonsoles en el mundo

En su libro de homilías Es Cristo que pasa, san Josemaría rememora aquella primera visita: “En aquella romería a Sonsoles conocí el origen de esta advocación de la Virgen. Un detalle sin mucha importancia, pero que es una manifestación filial de la gente de aquella tierra. La imagen de Nuestra Señora que se venera en aquel lugar, estuvo escondida durante algún tiempo, en la época de las luchas cristianos y musulmanes en España.

 

l obispo de Ávila Mons. Jesús García Burillo bendice el bajorrelieve

El obispo de Ávila Mons. Jesús García Burillo bendice el bajorrelieve de san Josemaría.

 

Al cabo de algunos años, la estatua fue encontrada por unos pastores que –según cuenta la tradición–, al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!”.

El Obispo de Ávila recordó en su homilía que “Nuestra Señora de Sonsoles es lugar de peregrinación de personas de todo el mundo atraídas por la Virgen, y por el amor a Nuestra Madre de san Josemaría”.

 

Mons. Jesús García Burillo recordó las palabras del Papa Juan Pablo II en la canonización de san Josemaría, que le llamó “el santo de lo ordinario” y cómo cada fiel cristiano en la Iglesia, en esa “partecica” de la Iglesia que es el Opus Dei, debe “llevar a Cristo a todos los ambientes, mediante la santificación del trabajo profesional y de todas las realidades humanas”.

 

lgunos asistentes a los pies del bajorrelieve de san Josemaría.

Algunos asistentes a los pies del bajorrelieve de san Josemaría.

 

Concluyó el Obispo de Ávila resaltando cómo aquella primera romería de san Josemaría, fue origen de tantos cientos de miles en el mundo. Desde Chile a Japón, pasando por Vancouver, Boston, Nueva York, Buenos Aires, Río de Janeiro, Viena, Tokio, Kinshasa, Nueva Delhi… Y pidiendo a la Nuestra Señora de Sonsoles para todos los presentes el mismo amor a la Virgen que guio a san Josemaría en su vida de apóstol de Jesucristo.

Otras noticias relacionadas

La ciudad de Ávila y San Josemaría Escrivá de Balaguer. Artículo de José Ignacio Peláez en el Diario de Ávila (19 de junio de 2017).

75 años de la romería a Sonsoles.

 

 

En el Corazón de Cristo

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

Últimas noticias 1 de Marzo de 2009

La Obra se hace extensa. Y empieza a sonar su eco en los trabajos profesionales. No todos van a comprender la dedicación de cada uno de los miembros del Opus Dei a las tareas de su tiempo. El Padre vuelve a sufrir la crítica de minorías que no aciertan a entender la libertad de actuación que tienen los miembros de la Obra, como todos los cristianos, en el orden temporal. En 1952 parecen confabularse las dificultades. De una parte las de orden material, ya que en Roma siguen construyéndose los edificios de la Sede Central, y los apuros económicos son constantes.

Pero, sobre todo, existen otros obstáculos. El Opus Dei se abre camino fatigosamente, y determinadas personas calumnian constantemente a la Obra y al Padre. Nadie pierde la serenidad, pero parte del esfuerzo que necesitan para la expansión que les urge ha de emplearse en aventar «cortinas de humo» que impiden la visión clara del espíritu que viven.

El Padre recomienda a todos que pidan a Dios, muchas veces al día, la paz. Primero la paz interior, la paz del alma, que es el don prometido aquí en la tierra a los hombres de buena voluntad. Luego, la paz exterior, para que la Obra, superadas todas las incomprensiones, marche con paso firme, largo y seguro, por los caminos de Dios. También la paz económica, porque es constante la preocupación por las necesidades de toda índole a que deben hacer frente. Y, finalmente, la paz del mundo.

Recurre nuevamente a la protección del Cielo. Es su única respuesta. La mejor dialéctica que conoce y que practica: rezar, para conseguir la luz a los que andan a oscuras y la seguridad confiada a los que han sido elegidos por Dios. Esta vez llama en su ayuda al Corazón de Cristo. A este Dios que en el mundo de los hombres paseó su amor y su mirada por los trigos y los mares, por los quehaceres y zozobras de la existencia cotidiana, por los oficios y afanes de cuantos se cruzaron con El por los caminos de la tierra. Jesús de Nazaret, que escuchó de Pedro los azares de la pesca; de Juan, los deseos de una adolescencia limpia; de Mateo, los problemas del cambio y del impuesto; de la fiesta de bodas, la desilusión de un vino escaso... Jesús de Nazaret, que convivió las nimias grandezas del trabajo y de la tierra, será el mejor escudo para cubrir los afanes de la Obra, su quehacer habitual por todo el mundo.

«Me acordé de que, cuando estaba de director en San Carlos, había un altar lateral con una imagen del Corazón de Jesús, mística pero humana, que invitaba a rezar. Escribí al obispo auxiliar -se hallaba la sede vacante-, pidiéndole unas fotografías, y me las enviaron enseguida. Se las enseñé a un hermano vuestro, y le comenté: mira, quiero una cosa de este estilo. Puedes hacer las variaciones que creas convenientes.

Me sentaba a su lado mientras él pintaba, ¡cuántas jaculatorias rezaba ya, invocando la protección omnipotente y la paz que Dios concede a sus hijos! Quedó una imagen muy agradable: un corazón envuelto en llamas, rodeado por la corona de espinas y rematado por la Cruz; y unos Angeles con los instrumentos de la Pasión en sus manos. Es una representación agradable y devota, que mueve a la piedad»(35).

No se ha terminado de construir Villa Tevere , cuyos muros aparecen aún cubiertos de andamios. Pero el cuadro se cuelga en un oratorio en la fiesta de Cristo Rey, 26 de octubre de 1952. De pie, porque no es fácil arrodillarse en aquel recinto en obras, suena la voz firme del Padre:

«Al consagrarte nuestra Obra, con todas sus labores apostólicas, te consagramos también nuestras almas con todas sus facultades; nuestros sentidos; nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones; nuestros trabajos y nuestras alegrías. Especialmente te consagramos nuestros pobres corazones, para que no tengamos otra libertad que la de amarte a Ti, Señor» (36).

Desde ese día repetirá, ante dificultades de todo tipo: Cor Iesu Sacratissimum, dona nobis pacem !; Corazón Sacratísimo de Jesús, danos la paz. La paz y el amor. «Para que nos dejen trabajar tranquilos», añadirá después con buen humor, «y para que sepamos dar esa paz a las personas que se nos acerquen en nuestra labor»(37). 

 

 

Carta del arzobispo de Madrid: el Sagrado Corazón y la cultura del encuentro

Foto: CNS

 

No hay discípulo sin el corazón de Cristo, no hay discípulo sin comunión, no hay discípulo que pueda escaparse de construir la cultura del encuentro. La Iglesia atrae cuando vive en comunión

Estamos en el mes del Sagrado Corazón y quiero acercar a vuestras vidas el significado profundo de esta devoción y esta realidad, para ser constructores de la cultura del encuentro. En los momentos más importantes de su vida pública, precisamente para favorecer y evaluar la comunión entre sus discípulos, Jesús los llamaba a un lugar aparte para hablarles al corazón desde su Corazón. Ahora, el Señor quiere hablarnos al corazón, desea decirnos en la intimidad lo que es indispensable para alimentar nuestra vida. Cuando tenemos el Corazón de Cristo vemos claramente que es en la comunión con el Padre y con su Hijo muerto y resucitado, en la comunión en el Espíritu Santo, es decir, en el misterio de la Trinidad, donde encontramos la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia. Y donde encontramos los fundamentos para construir la cultura del encuentro.

No hay discípulo sin el corazón de Cristo, que es como decir que no hay discípulo sin comunión; no hay discípulo que pueda escaparse de construir la cultura del encuentro. Hay una tentación que nos viene dada por nuestra cultura: ser cristianos con espiritualidades individualistas, que disipan la realidad y la certeza de que la fe nos llegó a través de la comunidad eclesial y así tuvimos la experiencia de tener una familia que es la Iglesia Católica. Es esto lo que nos libera del aislamiento y nos convoca a tener el Corazón de Cristo y a realizar la misión hablando a los hombres con este.

Con el recuerdo de la carta Tertio millennio adveniente, con la que el Papa san Juan Pablo II nos invitaba a prepararnos para vivir y acometer la evangelización del tercer milenio, quiero deciros con fuerza que la Iglesia, que es «comunidad de amor», está llamada a reflejar la gloria del amor de Dios que es comunión. Es así como atraerá a los hombres y mujeres de este mundo y a todos los pueblos hacia Jesucristo. Esta carta apostólica animaba a renovar el interés que debe tener la Iglesia por las grandes cuestiones de este tercer milenio y hacía una propuesta clara: hacer una nueva civilización, la «civilización del amor» o, como hoy tan claramente nos dice el Papa Francisco, hagamos y vivamos la cultura del encuentro, con relaciones entre los hombres sustentadas en el amor, la justicia y la paz.

La Iglesia de la que somos parte es clave para alentar esta cultura del encuentro. Y lo hace cuando los discípulos misioneros asumimos y nos dejamos trasplantar el corazón y que en nosotros esté el Corazón de Cristo.

Recorramos la hermosa y bella aventura de la fe, en la comunión y en la unidad, reflejando la gloria de la comunión trinitaria. Como nos decía el Papa Benedicto XVI, «la Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción: como Cristo atrae a todo a sí con la fuerza de su amor». Y la Iglesia atrae cuando vive en comunión; nos lo dijo el Señor: seremos reconocidos si nos amamos los unos a los otros como Él nos amó. La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí. La comunión es misionera, nos provoca a salir. Y la misión es para la comunión.

Dar la vida

Hoy el Señor invita a la Iglesia a que afronte las grandes cuestiones que afectan a los hombres e ilumine todas las situaciones con la luz y la fuerza de Jesucristo. La Iglesia sabe que esto lo tiene que hacer viviendo en la alegría y la esperanza. No puede vivir de otra manera desde que el Señor vino a este mundo e hizo a la Iglesia mensajera de su Buena Noticia. Esta familia construida por el Señor y a la que Él le ha dado la misión de decir a todos los hombres desde dónde y cómo se construye la cultura del encuentro no puede vivir de otra manera. Te ama y te da su Corazón, para que el tuyo se agrande y se haga vida y verdad en nuestra vida, haciendo de nuestro mundo una gran familia, tomando la decisión de vivir como Iglesia, encontrándonos con todos los hombres en la situación en la que están, pero siempre siendo esa Iglesia en la que cada uno acogemos, somos sensibles a los problemas de los hombres y de esta humanidad, desde la identidad de quien puso los fundamentos que la engrandecen y conforman. Volver a las raíces para proyectar futuro es necesidad. Y las raíces están en vivir que la Iglesia es comunión de amor en la diversidad de carismas, ministerio y servicios puestos a disposición de los demás, para que circule la caridad.

El Evangelio de san Lucas nos hace preguntarnos lo mismo que preguntaban a Juan Bautista: ¿Entonces, qué hacemos? ¿Qué hacemos nosotros? Para Jesucristo y sus discípulos no bastan las respuestas que reciben los oyentes de Juan Bautista: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene»; «no exijáis más de lo establecido»; no hagáis extorsión a nadie (cfr. Lc 3, 11-12). Son respuestas humanas, buenas y necesarias, pero Jesucristo va hasta al fondo y mucho más allá. No basta dar la túnica, hay que dar la vida misma. Ya lo dice Juan Bautista: «El que viene detrás de mí es más fuerte que yo», y nos invita a entrar en comunión con Él y dar la vida. Se trata de dar el ser como Él nos lo da: «Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego» (cfr. Mt 3, 11). Esto es lo que tenemos que dar, el ser que ha puesto el Señor en nuestra vida: el Espíritu de Amor, de entrega, de servicio, de fidelidad, de comunión, de riesgo por el otro hasta dar la vida. Para ello seamos discípulos misioneros con el Corazón de Cristo.

Urgente, pero no a cualquier precio

El siglo XXI debe lograr una base que sirva de referencia a la sociedad en el orden económico, político y social. Por eso, defender la libertad auténtica, la verdad, la justicia y la paz, como bienes imprescindibles para una sociedad que se precie de humana y con aspiraciones a un progreso humano, es urgente; pero esto no puede hacerse a cualquier precio y de cualquier manera. Jesucristo nos enseña el modo y la manera, las dimensiones que tiene que tener el corazón del ser humano que arriesgue la vida por construir esta cultura del encuentro:

1. Requiere de hombres y mujeres que se dejen amar por el Señor: que sientan en sus vidas el amor de Dios y con ello la alegría de quien se sabe querido por Dios y llamado por Él para realizar su misión. Las palabras del apóstol san Pablo tienen una fuerza especial en nuestra vida: «Alegraos siempre en el Señor […].Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Flp 4, 4-7).

2. Requiere de hombres y mujeres que sepan que, cuando los pueblos nos debatimos en confrontaciones de todo tipo, los desacuerdos continúan, las guerras aumentan y los muros de separación no disminuyen, hay que superar los prejuicios religiosos, raciales, nacionales e internacionales, con convicción profunda avalada por la manera de entender la vida de Jesucristo. Los seres humanos nos tenemos que encontrar en algún lugar más profundo que nos haga sentir que somos una misma familia. Y queridos hermanos, ese lugar ni son ideas ni plataformas especiales, aunque nos haga construir algunas necesarias, es una persona y tiene un nombre: Jesucristo. Solamente incorporando a nuestra vida el estilo y la manera de vivir del Sagrado Corazón que es Jesús mismo podemos hacer la cultura del encuentro. Y esto es posible, ahí tenéis hombres y mujeres que lo han llevado a cabo, desde los primeros discípulos del Señor, los apóstoles, hasta esos santos conocidos por nosotros como santo Tomás de Villanueva, san Juan de Ribera, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier, santa Teresa de Ávila, santa Soledad Torres Acosta o san Juan de la Cruz; pasando por hombres y mujeres más cercanos como esa gran santa Edhit Stein, el padre Kolbe, Pedro Poveda o Teresa de Calcuta. No dudéis. Ellos han realizado la cultura del encuentro que hace XXI siglos inauguraba Jesucristo de una vez para siempre.

3. Requiere de hombres y mujeres que construyan esa cultura del encuentro digna de la persona humana y de una verdadera cultura de la libertad y de la solidaridad: para ello hay que abordar los elementos centrales para cualquier civilización, pero sobre todo hay que tener en cuenta los valores morales y los contenidos religiosos que no son independientes de los componentes económicos, políticos y culturales. Seamos serios y profundos: ¿cómo proponer y luchar por la paz en esta sociedad en la que el conflicto es algo constitutivo de la realidad cotidiana?, ¿cómo ser justos en medio de un sistema basado en el lucro y en la competitividad?, ¿cómo renovar la cultura que tiene estructuras de pecado? Hay respuestas para ello. El Corazón de Cristo nos lo dice cuando se convierte para nosotros en escuela y santuario de la humanidad nueva que nace del encuentro con Jesucristo. La Iglesia tiene una misión preciosa y apasionante: hacer que los hombres no olviden a Dios, dándole rostro. Olvidarlo trae la negación del hombre. Con el olvido de Dios se niega al autor de la vida y, por tanto, el valor de la vida. Hay muestras concretas en nuestro contexto cotidiano: el terrorismo, el aborto, la violencia… Hay que promover una nueva cultura, la del encuentro, la del amor mismo de Dios. Hay que mostrar a este mundo alternativas vitales y morales que hacen al hombre más feliz, más solidario, más pacífico y más libre.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid

 

 

EL TRABAJO, UN TEMA RECUPERADO POR LA TEOLOGIA ESPIRITUAL

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

Últimas noticias 25 de Noviembre de 2011

El carácter secular es propio y peculiar de los laicos... A los fieles corrientes pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando según el querer de Dios los asuntos temporales. Viven en el mundo, es decir, en todas y cada una de las actividades de la vida familiar y social con las que su existencia forma un único tejido“(1). Con estas palabras, la Constitución Lumen gentium perfila, en su capítulo cuarto, las notas distintivas del laicado como elemento integrante del pueblo de Dios.

Superaba así el Concilio Vaticano II una descripción puramente negativa de la condición propia de los laicos (los que no son ni clérigos ni religiosos), para dar paso a una descripción positiva en la que se subrayan, de una parte, la pertenencia al pueblo de Dios y la incorporación a Cristo, y, de otra, la realización de una misión en el mundo, en el núcleo mismo de las estructuras temporales (2).

El esfuerzo de penetración teológica en la comprensión y descripción del laicado, que supuso la elaboración de la Constitución Lumen gentium y que se refleja a lo largo de todo el capítulo cuarto de esa Constitución, encuentra su lógica prolongación en el capítulo quinto: la llamada universal a la santidad. „Todos los fieles -proclama el Concilio-, cualquiera que sea el estado o régimen de su vida, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad... Todos los fieles, en cualquier condición de vida, de oficio o de circunstancia, y precisamente por medio de todo eso, se pueden santificar cada día más, siempre que todo sea recibido con fe de la mano del Padre celestial; siempre que se coopere con la voluntad divina al manifestar a todos, incluso en un servicio temporal, la caridad con que Cristo amó al mundo“(3).

Una frase resulta especialmente significativa dentro del párrafo que se acaba de citar: el inciso donde se aclara que no solo se puede aspirar a la santidad desde cualquier estado de vida, sino que debe aspirarse „precisamente por medio de ese estado de vida“. Poco antes, y aludiendo a quienes se dedican al trabajo manual, los Padres conciliares habían escrito: „los que viven entregados al trabajo, con frecuencia duro, conviene que a través de esa misma tarea humana busquen su perfección“(4). La conexión entre esas afirmaciones de la Constitución Lumen gentium es clara: si los seglares, por vocación divina, deben estar en las estructuras temporales, ha de ser ahí donde encuentren los medios para su santificación. El trabajo, la tarea humana, se presenta así como algo que se injerta hondamente en el terreno de lo sobrenatural(5).

Esta formulación de la Lumen gentium encuentra su aplicación y complemento en otros documentos conciliares, en los que se nos ofrecen los elementos centrales para una reflexión sobre el valor santificador del trabajo:

a) De una parte, en efecto, esos documentos recogen y glosan aquellos aspectos del dogma cristiano que fundamentan la dignidad del trabajo humano. Quizá ninguna frase más gráfica en este sentido que el siguiente párrafo de la Constitución Gaudium et spes : „Una cosa es cierta para los creyentes: que el trabajo humano, individual o colectivo, es decir el conjunto ingente de los esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios... Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para si y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia“(6). En suma, la actividad humana, el trabajo, forma parte del orden querido por Dios, que no es un orden estático, sino dinámico; un orden, pues, que refleja la perfección de Dios no solo por el mero hecho de ser, es decir, por su simple estar hecho, sino por su obrar (7).

b) De otra, esos mismos documentos prolongan esas perspectivas dogmáticas y cósmicas, que se acaban de señalar, para, ya a un nivel más inmediatamente antropológico, poner de manifiesto la importancia del trabajo para la perfección del hombre, también para su perfección sobrenatural. El documento del Vaticano II donde este aspecto se encuentra más desarrollado es el Decreto Apostolicam actuositatem , en los párrafos destinados a perfilar algunos de los rasgos generales de la vida espiritual de los seglares: „Los laicos deben servirse de estos auxilios (las diversas prácticas espirituales y la liturgia), de tal modo que, al cumplir como es debido las funciones propias del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la unión con Dios de su vida personal, sino que crezcan en esa unión realizando su trabajo según la voluntad de Dios... La vida espiritual de los laicos debe tomar su nota peculiar a partir del estado de matrimonio y familia, de celibato o viudedad, de la situación de enfermedad, de la actividad profesional y social. No dejen, pues, de cultivar con asiduidad las cualidades y dotes que, adecuadas a esas situaciones, les han sido dadas, y hagan uso de los dones recibidos en propiedad del Espíritu Santo“(8).

El magisterio pontificio de los años transcurridos desde la celebración del Concilio Vaticano II ha reiterado y prolongado esas enseñanzas (9). No es necesario proceder ahora a documentar ese hecho; nos limitaremos, pues, simplemente a algunas citas significativas de los dos pontífices que, junto con el breve pontificado de Juan Pablo I, cubren el lapso de tiempo que va desde la década de los sesenta hasta nuestros días, Pablo VI y Juan Pablo II.

En palabras breves e incisivas, Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio -publicada, como se recordara, poco mas de un año después de la terminación del Vaticano II- ponía en relación trabajo y obra creadora: „Dios, habiendo adornado al hombre con el intelecto, el pensamiento y los sentidos, le ha dado los instrumentos necesarios para que, la obra que Él había incoado, en cierto modo la completara y perfeccionara“ (10). Y, en otro momento, desde una perspectiva no ya dogmática sino espiritual, comentaba: „no solo hay que convertir la profesión en algo bueno, no solo se la debe santificar, sino que la misma profesión ha de ser considerada como santificante, como algo que perfecciona. No es necesario salirse del propio camino para mejorar, para ser digno del Evangelio y de Cristo. Basta quedarse allí, permanecer allí. Es decir: basta dedicar a los propios deberes esa atencion y fidelidad que convierten al hombre en una persona buena, honesta, justa, ejemplar“(11).

Juan Pablo II ha desarrollado esas perspectivas, tanto las dogmáticas como las espirituales, en diversos momentos, y especialmente en uno de los documentos más emblemáticos de su pontificado, la Encíclica Laborem exercens . La densidad del documento -el más amplio de los dedicados al trabajo por el magisterio eclesiástico- nos exime de un comentario detenido. Limitémonos a recordar que toda la Encíclica quiere ser como una glosa del „evangelio“, es decir, de la buena nueva sobre el trabajo que implica la fe cristiana, en referencia a dos ejes fundamentales: la narración del Génesis sobre la creación del hombre como ser llamado a dominar la tierra y el testimonio de Jesucristo y la realidad concreta de su trabajo en Nazaret. De ahí la intensidad de muchas de sus frases sintéticas, de entre las que reproducimos una: „Si la Iglesia considera como deber suyo pronunciarse sobre el trabajo desde el punto de vista de su valor humano y del orden moral en el cual se encuadra (...), contemporáneamente ve como un deber suyo particular la formación de una espiritualidad del trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor“ (12).

El alcance doctrinal y la trascendencia histórica de afirmaciones como las que acabamos de citar se advertirá más claramente si recordamos que, apenas unos años antes, un lenguaje semejante hubiera resultado inconcebible: la teología espiritual ignoraba, en efecto, el tema del trabajo o, si lo mencionaba, era solo marginal o tangencialmente. Baste remitir a tres de los más conocidos manuales de teología espiritual de la época a la que aludimos. Tanquerey, en su Compendio de Teología Ascética y Mística (primera edición, 1923), apenas dedica tres páginas al tema de la santificación del trabajo, y eso dentro del capítulo titulado „Santificación de la vida de relación“. En Las tres edades de la vida interior , de Garrigou-Lagrange (primera edición, 1938), o en la Theologia spiritualis del profesor de la Gregoriana J. de Guibert (primera edición, 1937), del trabajo ni siquiera se habla; la misma suerte corre el tema de los deberes de estado. Los ejemplos podrían multiplicarse.

¿Cómo puede haberse producido ese olvido?, ¿qué factores lo explican? Aunque volveremos sobre algunos aspectos de este problema en páginas posteriores, podemos ya ahora apuntar un esbozo de respuesta, aludiendo a tres factores, entre otros que podrían mencionarse.

Ese olvido parece vinculado, en primer lugar, al influjo ejercido sobre la teología espiritual por planteamientos surgidos a partir de la experiencia monástico-religiosa. Expliquémonos bien. Todas las espiritualidades que a lo largo de los siglos han ido floreciendo en la Iglesia, se justifican por si mismas en la medida de su fidelidad al Evangelio, de la que es garantía la aprobación de la Jerarquía eclesiástica. Los fallos o carencias son imputables, más bien, a la reflexión teológica posterior, que, en más de una ocasión, puede haber pecado de unilateralidad, al no abordar el problema en su conjunto, por encerrarse en perspectivas parciales. Fue eso lo que, en nuestro caso concreto, condujo, durante bastante tiempo, a considerar la espiritualidad cristiana solo -o al menos preponderantemente- desde el prisma del apartamiento del mundo y no también desde la óptica propia de quien está inserto en él, olvidando o dejando de lado, en la práctica, los valores propios de la experiencia laical y, por tanto, el trabajo en cuanto actividad u ocupación secular (13).

La experiencia monástica -sea en general, sea especialmente en la tradición benedictina- implicaba, ciertamente, una valoración de la actividad manual. Y en los siglos medievales, el desarrollo de las corporaciones y de la sociedad en general apuntó en más de un momento a una valoración del trabajo profesional, que, en la época del Renacimiento y del humanismo, se amplió, incluso desde una perspectiva más formalmente especulativa. La ruptura del universo cristiano que se produjo a raíz de la reforma protestante, y la crispación de posturas en que esa ruptura desembocó, trajo consigo -y este es el segundo de los factores a los que deseábamos aludir- una paralización de esos gérmenes. La teología postridentina y barroca, que supo advertir y valorar otras realidades temporales, ignoró en cambio el trabajo e incluso, en más de un momento, se dejó condicionar por un aristocratismo que lo excluía o lo minusvaloraba.

Todo ello se vio agravado -tercer factor- por la fractura que, como consecuencia de un complejo proceso histórico, se produjo, a partir del siglo XVIII, entre mundo civil y mundo eclesiástico, entre filosofía y teología, entre vivir humano y espiritualidad cristiana. En la génesis y desarrollo de ese proceso influyeron realidades y planteamientos muy diversos, tanto positivos, como neutros o ambivalentes e incluso negativos. Sin entrar ahora en mayores precisiones (14), digamos solo, y de forma muy esquemática, que ese proceso desembocó en fractura como consecuencia de la presencia y la acción de ideologías, de cuño deísta o ateo, que conciben la vida humana como una realidad cerrada en sí misma, relegando, por tanto, la religión, y todo lo relacionado con ella, al orden de lo insignificante o, incluso, de lo perjudicial.

La realidad fue que, de hecho, se llegó no solo -lo que resulta de por sí suficientemente grave- a actitudes que se limitaban a yuxtaponer entre vida de trabajo y vida cristiana, sino, peor aún, a planteamientos que presuponian que entre ambas dimensiones reina una verdadera oposición, como lo denunciaba Pablo VI, en un artículo publicado en 1960, cuando era todavía el Cardenal Montini: „Religión y trabajo. Existe hoy algo que no solo distingue, sino que separa estas dos expresiones de la vida humana: a veces se ignoran, en ocasiones se miran con suspicacia, otras se oponen mutuamente. Con frecuencia conviven sin ayudarse, sin fundirse en una espiritualidad homogénea, sin entrecruzarse en una equilibrada armonía. Cuando son impulsadas a un acercamiento, lo hacen con temor. Si se les obliga a estar juntas, una obstaculiza la segunda; y la segunda profana a la primera. Se diría que no están hechas para ir de acuerdo. Se diría, incluso, que la oposición surgida en la mentalidad trabajadora contra la religión supone algo profundo, irreductible“ (15).

Ningún desarrollo, ninguna realización le son dados al hombre de una vez para todas, puesto que la historia implica el actualizarse incesante de nuestra libertad, pero el reconocimiento de la posibilidad de una síntesis armónica entre trabajo y espiritualidad es ya una adquisición a nivel de la conciencia cristiana, como testimonian los textos del Concilio Vaticano II antes citados, encuadrados como están en ese esfuerzo de la Iglesia por „dar una más plena definición de sí misma“(16). Podemos hablar así de una nueva situación teológica, de una recuperación por parte de la teología y, concretamente, por parte de la teología espiritual del valor específicamente cristiano y teologal del trabajo.

Si antes nos interrogábamos acerca de las causas que pueden explicar el olvido del tema del trabajo por parte de la teología espiritual que nos ha precedido, podemos ahora preguntarnos: ¿qué hechos concretos han provocado esa recuperación?, ¿qué factores han motivado esa mayor profundización en el mensaje de Cristo que ha llevado a reconocer el valor santificador del trabajo?

Todo intento de explicación o reconstrucción histórica es empresa arriesgada ya que los elementos en juego son múltiples y variados y resulta difícil reducirlos de algún modo a unidad. Esa dificultad aumenta si se trata de explicar procesos de vida cristiana en los que -así lo reconoce todo pensador creyente- está presente, aunque sea de modo imperceptible, la acción de Dios. „El Espíritu Santo es quien da su espiritualidad al nuevo pueblo de Dios“, escribe Schmaus en su tratado sobre la Iglesia (17). El Espíritu Santo es quien anima y hace crecer el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia; los grandes cambios, los grandes movimientos no se producen en la Iglesia por el mero juego de fuerzas naturales, ni tan siquiera por el simple esfuerzo humano en meditar sobre la palabra de Dios, sino que es la acción soberana del Espíritu la que mueve los hilos de una trama que va encaminando a la Iglesia hacia esa medida de la plenitud de Cristo en la que tiene su meta.

La toma de conciencia a la que nos hemos referido presupone esa realidad, constituye uno de esos pasos por los que la Iglesia, asumiendo todos y cada uno de los momentos de su pasado, los integra en un deseo de mayor fidelidad a Cristo y a la palabra que Él nos ha transmitido, manifestando así, con su propio vivir, la presencia viva del Espíritu. Porque -digámoslo con palabras del Beato Josemaría Escrivá- „la Iglesia, que es un organismo vivo, demuestra su vitalidad con el movimiento inmanente que la anima. Este movimiento es, muchas veces, algo más que una mera adaptación al ambiente: es una intromisión en él, con ánimo positivo y señorial. La Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, no transita por este mundo como a través de una carrera de obstáculos, para ver cómo puede esquivarlos o para seguir los meandros abiertos según la línea de menor resistencia, sino que, por el contrario, camina sobre la tierra con paso firme y seguro, abriendo Ella camino“ (18).

No es, pues, mediante una investigación puramente erudita, y menos aún, con una consideración meramente conceptual como conseguiremos explicarnos la historia de la Iglesia. Es necesario saber mirar con ojos penetrantes, con ojos de fe, esa historia, estando atentos tanto a los grandes acontecimientos como al desenvolverse concreto del existir. Newman ha mostrado ya suficientemente la importancia de la práctica, de la experiencia, de la vida, en el desarrollo de la doctrina católica (19). Y si esto es verdad en todos los terrenos, lo es de modo muy especial en el terreno de la doctrina espiritual. Toda pretensión de ofrecer una explicación acabada pecaría, por eso, inevitablemente, de unilateral.

Pero una vez dicho todo eso, y teniéndolo presente, nada impide que, sin pretensiones de exhaustividad, apuntemos algunos de los acontecimientos y realidades que han estado en juego en el proceso de toma de conciencia sobre el valor cristiano y, más concretamente, santificador del trabajo. Recordemos, por ejemplo, los movimientos culturales y sociales de inspiración cristiana surgidos como respuesta ante los problemas planteados por la revolución industrial y por la descristianización de amplias masas de población, ya que condujeron, aunque en ocasiones por vía indirecta, a interrogarse sobre la vida espiritual como fundamento de la acción. Evoquemos también a los estudios teológicos, bíblicos y patrísticos, nacidos, en más de una ocasión, como apoyo o contribución a experiencias apostólicas o pastorales. Mencionemos además, aunque su perspectiva sea diversa, diversos intentos de reflexión filosófica, de inspiración cristiana, en diálogo crítico con las filosofías del trabajo surgidas a partir de los inicios de la revolución industrial.

Y finalmente, aunque en más de un caso entrecruzándose con todo lo anterior, las realidades e iniciativas espirituales, fruto de esa acción por la que el Espíritu Santo, que sopla donde quiere y como quiere (20), continúa haciendo resonar a lo largo de la historia, con acentos a la vez perennes y nuevos, la palabra de Cristo.

En esta última línea se sitúan el acontecimiento y la realidad en la que vamos a centrar la atención en este libro: el nacimiento del Opus Dei en 1928 y su posterior desarrollo y difusión, y, más concretamente, su espíritu. El mensaje proclamado y la labor realizada por su Fundador, el Beato Josemaría Escrivá, han sido, en efecto, uno de los caminos elegidos por el Espíritu Santo para promover la renovación de la vida cristiana en y a través de las tareas seculares e impulsar el reconocimiento tanto intelectual como vital del valor santificador del trabajar humano.

Juan Pablo II quiso dejar constancia de ello en la homilía que pronunció el 17 de mayo de 1992, con ocasión de la Beatificación del Fundador del Opus Dei. „Con sobrenatural intuición -fueron sus palabras-, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación“. En una sociedad en la que la fuerza técnica y la riqueza material corren el riesgo de convertirse en un ídolo, „el nuevo Beato -continuó diciendo- nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. „Todas las cosas de la tierra -enseñaba-, también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios“(21).

Toda beatificación constituye un reconocimiento de la santidad de vida de la persona a la que se refiere. Las palabras pronunciadas por Juan Pablo II indican que, en el caso de Josemaría Escrivá, ese acto eclesial y litúrgico implicaba, a la vez, el reconocimiento de la trascendencia histórica y pastoral de un mensaje. Mejor dicho, la confirmación de esa trascendencia, puesto que, en realidad, había sido ya amplia y reiteradamente reconocida en años anteriores, en especial desde que, en las décadas de 1940 y 1950, el Opus Dei recibiera las oportunas aprobaciones pontificias. Las declaraciones públicas en ese sentido fueron particularmente numerosas en la segunda parte de la década de 1970, a raíz del fallecimiento de Beato Josemaría, acaecido en junio de 1975. De entre los diversos testimonios de ese período, resultará útil citar dos, especialmente significativos desde una perspectiva espiritual.

El primero proviene de un artículo que el Cardenal Albino Luciani, poco después Juan Pablo I, publicó el 25 de junio de 1978 y en el que, bajo el título „Buscando a Dios en el trabajo cotidiano“, glosaba algunos rasgos de la espiritualidad del Opus Dei, acudiendo, para mostrar su relevancia histórica, a la comparación con uno de los grandes santos de la época moderna: San Francisco de Sales, bien conocido por su preocupación por promover la vida espiritual de los cristianos corrientes, entregados a las tareas seculares. „Escrivá de Balaguer -escribía el entonces Patriarca de Venecia- supera en muchos aspectos a Francisco de Sales. Este también propugna la santidad para todos, pero parece enseñar solamente una espiritualidad de los laicos, mientras Escrivá quiere una espiritualidad laical. Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá es más radical: habla de materializar -en buen sentido- la santificación. Para él, es el mismo trabajo material lo que debe transformarse en oración y santidad“ (22).

El segundo está tomado de un texto, aparecido un mes después del fallecimiento del Beato Josemaría, que tiene por autor al Cardenal Sebastiano Baggio, en aquel momento Prefecto de la Congregación para los Obispos, y conocedor del Fundador del Opus Dei desde el año mismo en que este fijó su residencia en Roma, es decir, desde 1946. „Es evidente -escribe- que la vida, la obra y el mensaje del Fundador del Opus Dei constituyen en la historia de la espiritualidad cristiana un viraje, o, más exactamente, un capítulo nuevo y original, si consideramos esa historia -y así debe ser- como un camino rectilíneo bajo la guía del Espíritu Santo“. A lo largo de la historia de la Iglesia -comenta-, no han faltado predicadores o directores de almas que han invitado a todos los hombres, cualquiera que fuera su situación en la vida, a seguir a fondo el camino de Cristo, pero -añade- „lo que continúa siendo revolucionario en el mensaje espiritual de Mons. Escrivá de Balaguer es la manera práctica de orientar hacia la santidad cristiana a hombres y mujeres de toda condición, en una palabra: al hombre de la calle (...)“. Ese modo de concretar, en la práctica, el mensaje al que acabamos de referirnos se basa -continúa- „en tres novedades características de la espiritualidad del Opus Dei: 1) los seglares no deben abandonar ni despreciar el mundo, sino quedarse dentro, amando y compartiendo la vida de sus conciudadanos; 2) quedándose en el mundo, deben saber descubrir el valor sobrenatural de todas las normales circunstancias de su vida, incluidas las más prosaicas y materiales; 3) en consecuencia, el trabajo cotidiano -es decir, el que ocupa la mayor parte del tiempo y caracteriza la personalidad de la mayoría de las personas- es lo primero que han de santificar y el primer instrumento de su apostolado“ (23).

Con relativa frecuencia en testimonios como los mencionados, o en otros de la misma época, al glosar la figura del Beato Josemaría y de su mensaje, se hace alusión a la importancia de su contribución al proceso de renovación eclesial que había terminado por confluir en el Concilio Vaticano II y, especialmente, en su proclamación de la llamada a la santidad y al apostolado en y a través de las ocupaciones seculares (24). En el momento del fallecimiento del Beato Josemaría Escrivá habían transcurrido solo diez años desde la conclusión del Concilio, y era lógico que acudiera espontáneamente a la memoria el recuerdo del gran acontecimiento conciliar para situar con relación a él hechos, acontecimientos y doctrinas. Ahora, casi treinta años después y en el momento del tránsito del segundo al tercer milenio de la era cristiana, el horizonte se ha hecho más complejo, aunque el Concilio sigue siendo un punto decisivo de referencia (25).

En todo caso, nuestra intención no es tanto buscar antecedentes de acontecimientos concretos, cuanto situarnos ante un gran ideal, la santificación del trabajo humano, considerando la luz y el impulso que, a ese efecto, implica el mensaje proclamado por el Fundador del Opus Dei. Vamos, pues, a lo largo de este ensayo, a exponer algunos de los rasgos fundamentales de ese espíritu, considerándolo, primero, en términos generales -lo que implicará aportar algunos datos que ayuden a situarlo en el contexto de la historia de la espiritualidad cristiana (26)- y analizándolo, después, de forma más detallada.

Notas

1 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 31.

2 Sobre la comprensión del laico o cristiano corriente que implican los textos del Concilio Vaticano lI, los desarrollos espirituales y los estudios que confluyeron en las declaraciones conciliares, así como los debates posteriores y la reafirmación y profundización en la doctrina del Vaticano II realizadas por la Asamblea del Sínodo de Obispos celebrado en 1987 y la sucesiva Exhortación apostólica Christifideles laici, puede encontrarse información ybibliografía en nuestro estudio La discusión teológica sobre la noción delaico, en „Scripta Theologica” 22 (1990) 771-789 (recogido después en J. L.ILLANES, Laicado y sacerdocio, Pamplona 2000).

3 CONC. VATICANO II, Const. Lumen gentium, nn. 40 y 41.

4 Ibid., n. 41.

5 Para un desarrollo de esa idea, ver nuestro estudio La llamada universal a la santidad, en„Nuestro Tiempo“ 162 (1967) 611-630, donde el tema es analizado teniendo a la vista precisamente textos tanto del Concilio Vaticano II como del Fundador del Opus Dei (recogido luego en J. L. ILLANES, Mundo y santidad, Madrid 1984, pp. 65-96).

6 CONC. VATICANO II, Const. Gaudium et spes, n.34.

7 Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUlNO, Summa Theologiae, 1, q. 103, a.6.

8 CONC. VATICANO II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 4.

9 Para un análisis más detenido de la enseñanza del Vaticano II, ver R. M. NUBIOLA, Trabajo y redención en la „Gaudium et spes“, Terrassa (Barcelona) 1993, y H. FITTE, Lavoro umano e redenzione. Riflessione teologica dalla „Gaudium et spes“ a la „Laborem exercens“, Roma 1996, en ambos casos con buena bibliografía

10 PABLO VI, Enc. Populorum progressio, n. 27; ver también el n. 28 donde recuerda a la vez el carácter ambivalente que, como toda realidad temporal, intrahistórica, tiene el trabajo. La Populorum progressio fue promulgada el 26-III-1967.

11 ÍDEM, Discurso a la Asociación de Juristas Católicos, 15-XII-1963 (en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Políglota Vaticana, I, 1963, p. 609). Como puede advertirse, el pasaje que citamos no es posterior sino contemporáneo del Vaticano II; textos posteriores del mismo pontífice, en H. FITTE, Lavoro umano e redenzione, cit., pp. 244-249.

12 JUAN PABLO II, Enc. Laborem exercens, n. 24. Sobre esta Encíclica, junto a nuestro ensayo Trabajo, historia y persona. Elementos para una teología del trabajo en la„Laborem exercens“, en „Scripta Theologica“ 15 (1983) 205-231 (recogido en J.L. ILLANES, Ante Dios y en el mundo. Apuntes para una teología del trabajo, Pamplona 1997, pp. 143-178), pueden consultarse, entre otros estudios, AA. VV., Estudios sobre la „Laborem exercens“, Madrid 1987; E. COLOM Y F. WURMSER, El trabajo en JUAN PABLO II, Madrid 1995; H. FITTE, Lavoro humano e redenzione, cit., pp. 251-273, con amplia bibliografía.

13 Durante largo tiempo, afirmaba Henri Sanson, „el aspecto ascético del trabajo ha ocultado su significación humana“ (Spiritualité de la vie active, Le Puy 1957, p. 212; ver también páginas 9-11). Jacques Maritain (Le paysan de la Garonne, París 1966,pp. 73-79; versión castellana: El campesino del Garona, Bilbao 1967, pp. 80-85 )expresaba un juicio análogo afirmando que, por una errada interpretación del dicho de algunos grandes místicos -alude a la expresión „desprecio del mundo”- la teología espiritual ha estado afectada, en ocasiones de forma patente, otras larvada, por un maniqueísmo práctico que hacía imposible una apreciación positiva de las realidades seculares, y, por tanto, del trabajo profesional que el cristiano realiza en medio del mundo y sabiéndose parte del mundo.

14 De ese proceso, y más concretamente de la distinción entre secularización, secularidad y secularismo -por acudir a términos emblemáticos y usuales-, nos hemos ocupado ya con detalle en otros momentos, especialmente en Cristianismo, historia, mundo, Pamplona 1973, e Historia y sentido. Estudios de teología de lahistoria, Madrid 1997.

15 Un grande problema del giorno: Religione e lavoro, en „L’Osservatore Romano”, 1-IV-1960,p. 3. Cinco años más tarde, ya Pontífice y en plena celebración del Concilio Vaticano II,pronunciaba unas palabras, dirigidas a los participantes en un congreso de jóvenes obreros, en las que cabe detectar un eco de ese diagnóstico de la situación, unido a la invitación a superarla: „Toca a vosotros llevar, volver a llevar a Cristo al mundo del trabajo y, especialmente, a las nuevas promociones de trabajadores. No se trata de hacer una propaganda fanática, ni de adoptar posturas de beatos, ni mucho menos de encerrarse en círculos cerrados, o de sentirse ajeno a la participación de la vida obrera. Se trata de no privar, a esa vida del trabajo, de su dignidad espiritual, de sus derechos religiosos y morales; se trata de infundir en el trabajo el sentido cristiano yhumano, que lo ennoblece, lo fortifica, lo purifica, lo conforta y lo llena de buenos sentimientos de solidaridad y amistad, y ayuda a defender los propios intereses económicos y profesionales con espíritu de justicia y de comprensión para el bien común. ¿No es vuestra fe, vuestra conciencia cristiana, vuestra certeza religiosa, la que os da el sentido más alto, más seguro, más alegre dela vida? He aquí para qué sirve la fe: ¡sirve para la vida!“ (Discurso al IX congreso nacional de la juventud de la Associazione Católica dei Lavoratori Italiani, ACLI, pronunciado el 5 de enero de 1965; en lnsegnamenti di Paolo VI, vol. III, 1965, pp. 16-17).

16 PABLO VI,Discurso de apertura a la Segunda Sesión del Concilio Vaticano II, AAS, 54 (1963), p. 847.

17 Katholische Dogmatik, párr. 170 (edición castellana, tomo IV, Madrid 1960, p. 315).

18 BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ, La Constitución apostólica „Provida Mater Ecclesia“ y el Opus Dei, Madrid 1949, p. 7 (se trata de una conferencia pronunciada en 1948 en la sede

madrileña de la Asociación Católica de Propagandistas, y luego publicada en edición aparte).

19 Véase su Essay on the Development of Christian Doctrine, a lo largo de toda la obra y quizá

especialmente las páginas que, al principio de la obra, dedica a poner de manifiesto la conexión entre desarrollo dogmático y fe auténticamente vivida.

20 Cfr. Jn 3,8.

21 JUAN PABLO II, Homilia en la Misa de Beatificación del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, 17-V-1992; expresiones parecidas en el Breve pontificio de Beatificación. Ambos textos pueden consultarse en „Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei“ 8 (1992) 18-20 y 11-15.

22 A. LUCIANI, Cercando Dio nel lavoro quotidiano, en „II Gazzettino“, Venecia, 25-VII-1978.

23 S. BAGGIO, Opus Dei: una svolta nella spiritualitá, en „Avvenire“, Milán, 26-VII-1975.Declaraciones análogas se encuentran en escritos publicados por otras muchas personalidades eclesiásticas; remitamos, a modo de ejemplo, a los testimonios, dados en esas mismas fechas, de diversos cardenales: SERGIO PIGNEDOLI, Mons. Escrivá de Balaguer: un esemplaritá spirituale, en „Il Veltro“, Roma 19 (1975) 275-282; MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN, ¿Cuál sería su secreto?, en „ABC” suplemento dominical, Madrid, 24-VIII-1975; JULlUS ROSALES, Msgr. Escrivá: Profile of a saint, en „Philippines Evening Express“, Manila, 26-VI-1976; AGNELO ROSSI, Mensagem universal de Mons. Escrivá, en „O Estado de S. Paulo“, Sao Paulo, 27-VI y 4-VII-1976; FRANZ KÖNIG, Il significato dell’Opus Dei, en „Corriere

della Sera“, Milán, 9-XI-1975; JOHN CARBERRY, The Work of God, en „The Priest“,

Huntington (Indiana), VI-1979; LUIS APONTE, La santidad del pueblo de Dios, una pasión de Mons. Escrivá de Balaguer, en „El Visitante de Puerto Rico“, San Juan de Puerto Rico, 11-II-1979; PIETRO PARENTE, Le radici della spiritualitá del fondatore dell’Opus Dei, en „L’Osservatore Rornano“, 24-VI-1979.

24 Así lo hizo, entre otros, el propio JUAN PABLO II, por ejemplo, en una homilía pronunciada

durante una Misa celebrada el 19 de agosto de 1979, en la que participaba un numeroso grupo de fieles del Opus Dei: „Vuestra institución -afirmó- tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo . Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los

comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio” (el original italiano de esa homilía se encuentra en „L’Osservatore Romano“, 20/21-VIII-1979; su traducción castellana, en „L’Osservatore Romano“, edición en español, 26-VIII-1979). Unos años antes, siendo todavía el Cardenal Karol Wojtvla, había tenido ocasión de aludir al Opus Dei en relación precisamente al tema que nos ocupa: el trabajo. Fue en una conferencia pronunciada en 1974, sobre el tema La evangelización y

el hombre interior, y en la que, después de haber puesto de manifiesto que el crecimiento del hombre pasa a través del crecimiento interior, se preguntaba cómo se entrelaza el desarrollo humano con el progreso de la técnica y de la praxis que de ella deriva: „¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la Tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?“. Acto seguido continuó: „Podremos responder a esta pregunta con la expresión -tan feliz y ya

tan familiar a gentes de todo el mundo- que Mons. Escrivá de Balaguer ha difundido desde hace tantos años: „santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo“.“ Una versión castellana de esta conferencia está recogida en el libro La fe de la Iglesia. Textos del Card. Karol WojiyIa, Pamplona 1979; las frases citadas están en pp. 94-95.

25 A él remite expresamente JUAN PABLO II en los documentos que destinó a enmarcar el Gran Jubileo del año 2000: el destinado a orientar su preparacion y celebración yel encaminado a glosar su clausura, es decir, la Carta apost. Tertio millennio adveniente y la Carta. apost. Novo millennio ineunte. En ambos documentos (cfr., especialmente, nn. 18-20 del primero y n. 3 y 57 del segundo), lo presenta, en efecto, como acontecimiento decisivo en la historia de la Iglesia del siglo XX y como impulso y orientación para la actividad apostólica futura.

26 A lo largo de las páginas que siguen emplearemos varias veces las expresiones "espíritu“,„espiritualidad“ y „espiritualidades“. No es nuestra intención entrar en discusiones sobre la significación estricta de tales vocablos, baste aclarar que el punto de partida de toda reflexión sobre estos temas es la unidad esencial de la espiritualidad cristiana: no hay cristianismo fuera de la identificación con Cristo. Por lo demás, el significado con que en cada lugar empleamos esas voces se deduce claramente del contexto. Sobre este punto, ver lo que hemos escrito en Mundo y santidad, cit., pp. 194-208. 

 

Familias numerosas, uno de los colectivos más castigados por la crisis: “No hay voluntad política de proteger la natalidad”

La Fundación Foessa constata que el 70% de los hogares, principalmente los que tienen menores, no han notado los efectos de la recuperación

Tres años después del inicio del nuevo ciclo económico, el 70% de los hogares no ha percibido que los efectos de la recuperación económica les hayan llegado. En el caso de los hogares bajo el umbral de la pobreza, sólo un 9% percibe, en estos momentos, que la recuperación económica ha mejorado sus condiciones de vida.

Eva Holgado, a la derecha, presidenta de Familias Numerosas.

Eva Holgado, a la derecha, presidenta de Familias Numerosas.

ReligionConfidencial

Esta es una de las principales constataciones que la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) pone sobre la mesa en el informe Análisis y Perspectivas 2017. Desprotección social y Estrategias familiares” que se ha presentado ayer en la sede de Cáritas Española de Madrid.

Los hogares más afectados según este informe, son los hogares con menores (68%),  familias monoparentales o monomarentales (62%) siendo especialmente grave la situación de las familias numerosas (81%).

A la luz de estos datos, se puede concluir que tener hijos empobrece,  situación incrementada al no existir ayudas concretas por parte del Estado a proteger la natalidad, algo esencial para paliar los efectos del invierno demográfico en toda Europa y en concreto, en España.

El Instituto Nacional de Estadística acaba de hacer público unos nuevos datos que constatan el envejecimiento de la población: 256 defunciones más que nacimientos en 2016.

Ni ultra católicas ni ultra ricas  

“Somos un colectivo vulnerable. El Estado sigue sin proteger a las familias con hijos. Ciertamente, la reforma fiscal ha favorecido un poco más los hogares con menores a cargo, pero es insuficiente”, afirma a Religión Confidencial Eva Holgado, presidente de la Federación Española de Familias Numerosas.

Holgado anuncia que existen promesas por parte del Gobierno pero reitera que no hay voluntad política para realizar un pacto estratégico de Estado de apoyo a la familia con hijos a cargo, para fomentar y proteger la natalidad.

“El 25% de las familias numerosas no llegan a fin de mes, es decir, viven con 1.500 euros mensuales y más del 60% de éstas, con menos de 3.000 euros. Algunos partidos políticos y colectivos piensan que las familias numerosas somos ultra católicas y ultra ricas, y nada más lejos de la realidad”, explica Eva Holgado a RC.

Necesidades de salud  

Según el informe de la Fundación Foessa, perteneciente a Cáritas, en cuatro de cada diez hogares han empeorado también su capacidad para hacer frente a necesidades de salud no cubiertas por el sistema nacional de salud, para pagar refuerzos educativos a los hijos, para afrontar el pago de recibos energéticos y para garantizar una estabilidad en el empleo de los miembros del hogar y unos ingresos estables.

Según el informe, este empeoramiento ha llevado a las familias a tomar una serie de decisiones durante los últimos años que las ubican en un diferente escenario a la hora de poder afrontar las contingencias actuales. FOESSA divide en tres bloques las estrategias que han tomado las familias: reducción del consumo energético, aceptación de condiciones laborables poco deseables y reducción de gastos en el pago de la vivienda.

La solidaridad de la familia y los amigos 

El informe investiga también cuáles son los componentes básicos de la red de protección con la que cuentan los hogares en la poscrisis para afrontar el futuro y asumir posibles cambios concretos en sus condiciones de vida, y en primer lugar está la familia y luego, los amigos.

 

 

Poner en valor el tiempo, tener más tiempo de vida

La 4ª Semana de los Horarios (celebrada del 12 al 18 de junio) ha tenido un gran impacto en los medios de comunicación catalanes (ved aquí algunos enlaces a medios de comunicación). Como sabéis, la Iniciativa para la Reforma Horaria (aquí tenéis su web) se gesta en 2013, cuando se forma un grupo motor integrado por una quincena de expertos de diferentes campos, del que formo parte. El objetivo: fundamentar, sensibilizar y diseñar la Reforma en 3 años. Está previsto que a mediados de este mes de julio se firme el Pacto para que llegue 2025 habiendo cumplido el objetivo de situarse en las cifras de la media europea en diferentes ámbitos. Aquí y aquí tenéis otros posts que hemos publicado sobre este tema.

En Cataluña hay ya varias empresas que han adoptado el horario laboral europeo: la consultora Techno Trends, la bodega Vallformosa, la Fundación Joia, la cooperativa de atención social Suara, y otras que podéis ver en la imagen:

Organizaciones que se han adherido a la Iniciativa de la Reforma Horaria

En los próximos meses se espera llegar a más de 1.000 empresas catalanas comprometidas con el cambio. La Iniciativa de la Reforma Horaria utiliza como herramienta para que las empresas se autoevalúen el Inventario Reforma Horaria, que podéis consultar aquí.

Como podéis leer en el documento “Aplicación y opinión de las empresas catalanas” (lo podéis consultar aquí), durante el segundo trimestre de 2016 se incluyeron en la CLEM (Encuesta de Clima Empresarial) preguntas sobre la reforma horaria. El objetivo era conocer diversas cuestiones relacionadas con la aplicación del horario laboral europeo en los establecimientos empresariales con actividad en Cataluña. Se entiende por horario europeo el inicio de la jornada laboral a las 9h o antes, una pequeña pausa al mediodía para comer, y finalizar la jornada a las 17h.

Se incluían preguntas sobre el grado en que la aplicación del citado horario más europeo (en caso de haberse adoptado tal horario) “permitía una vida más saludable; favorecía el clima interno de trabajo y la vinculación con la empresa; mejoraba la productividad; disminuía el absentismo; mejoraba las competencias transversales del trabajador; facilitaba la relación con empresas extranjeras; favorecía una mejor relación entre trabajo y familia; y, por último, aumentaba la participación cultural, cívica y política”.

En caso de que la empresa no estuviera aún aplicando el horario más europeo, las preguntas eran sobre las condiciones en que estaría dispuesta dicha empresa a unirse a la propuesta: “Siempre que no se incrementen los gastos laborales; siempre que esos cambios fuesen generales en el propio entorno empresarial; si se tuviese evidencia de la mejora en la productividad, la disminución del absentismo y otras ventajas; o en ningún caso (se estaría dispuesto a aceptar dicho horario)”. También se les pedía que valoraran los cambios que la aplicación del nuevo horario produciría en caso de adaptarlo.

Por último, otras preguntas iban dirigidas a conocer qué medidas de modernización de la organización y los horarios laborales se aplican en la empresa de los cuestionados: “Flexibilidad horaria; posibilidad de jornada compacta; introducción del teletrabajo o del trabajo en casa; trabajo por objetivos y no por horas; excedencias y permisos para cuidar de familiares, más allá de las regulaciones laborales; permisos para formación continuada del trabajador”.

Podéis consultar todos los resultados en el enlace al documento que hemos copiado más arriba. A resaltar brevemente que el 35% de las empresas catalanas aplica ya el horario europeo. A la pregunta sobre qué valoración hacen esas empresas de los beneficios que se citaban más arriba, podéis ver en esta imagen el resultado:

Valoración del grado de aplicación de los beneficios tras aplicar los nuevos horarios

Las empresas que no aplican los horarios europeos valoran los cambios que se podrían producir:

Valoración de cómo podrían mejorar estos aspectos, si se aplicaran los nuevos horarios

Cristina Sánchez Miret, miembro también de la Iniciativa, ha recogido el sentir común en un reciente artículo en La Vanguardia (que podéis leer completo aquí):

“Es la conciencia social colectiva la que despierta y hace que continúe la necesidad de llegar a un nuevo modelo horario. Uno que sea más sostenible, que no estropee nuestras oportunidades de vida en todos los ámbitos de nuestra existencia. En estos años de Iniciativa para la Reforma Horaria hemos visto cuántas pequeñas y grandes acciones se han activado, pensado, discutido y trabajado en muchos espacios y colectivos diferentes. En los ayuntamientos, en las empresas, en las asociaciones de comerciantes, en las de vecinos… a veces bajo el paraguas de la reforma, otras anteriores o espontáneas; porque hay una necesidad ­real de mejorar, de cambiar, de repensar el ritmo de vida. Y ya hay muchos cambios –para algunos quizás pequeños– constatables que se han instalado en la cultura de las empresas y de los trabajadores, pero también de una buena parte de la ciudadanía que ha puesto en valor su tiempo y que quiere tener tiempo de vida.”

El Periódico ha publicado el artículo “Las dudas no resueltas de la Reforma Horaria”, que podéis leer aquí.

Con el mismo fin, ARHOE (Asociación para la racionalización de los horarios europeos) también ha presentado el Sello Horarios Racionales (SHR), dirigido a aquellas empresas y organizaciones que cumplan con los requisitos establecidos en la norma del mismo nombre, y que puede solicitar dirigiendo un correo electrónico a shr@horariosenespana.com con el asunto «Petición Norma SHR». Una norma y un sello avalados por la auditoría TÜV Rheinland Ibérica, con el apoyo, entre otros, de la Comunidad de Madrid.

En este vídeo podéis conocer más sobre la aplicación en Cataluña del horario laboral europeo en las empresas:

 

 

 Perspectiva de Vida y Familia llegan a AG de OEA

 

 

7 Asamblea OEA

El movimiento de Vida y Familia de todo América sostuvo un encuentro con el Canciller de México, Luis Videgaray, en el cual se entregó la Declaración de las Américas por la Vida, la Familia y la soberanía de las naciones.

Cancún, Quintana Roo, a 20 de junio de 2017. El movimiento de Vida y Familia de todo América sostuvo un encuentro con el Canciller de México, Luis Videgaray, en el cual se entregó la Declaración de las Américas por la Vida, la Familia y la soberanía de las naciones, suscrita por 700 legisladores de todo el continente, con los cuales la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil presentes en esta 47 Asamblea General nos identifiquemos.

Esta Declaración exige al Secretario General, Luis Almagro y a las distintas autoridades de la OEA, frenar el intento desmedido de imponer la Ideología de Género, violentando el mandato que tiene este organismo, su marco normativo y la soberanía de los países del continente.

El texto solicita que la OEA se apegue a los artículos primero que establece no tener más facultades que aquellas que expresamente le confiere su carta constitutiva, ninguna de las cuales le autoriza intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los estados miembros, y el tercero que tiene como puntos centrales el respeto a la soberanía e independencia de los estados, además el reconocer la centralidad del ejercicio efectivo del respeto a la democracia representativa.

Parte de los puntos de la Declaración de las Américas que se entregó son:

  • Rechazo a cualquier intento de imponer o subsidiar el aborto o que se limite el derecho de objeción de consciencia.
  • Afirma que la institución matrimonial tiene como elementos constitutivos la complementariedad entre hombre y mujer, base fundamental de la familia.

Hoy, durante la 47 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, que se lleva a cabo en Cancún, Quintana Roo, Luis Videgaray, Canciller de nuestro país y actualmente nombrado por aclamación presidente de esta Sesión, puntualizó que:

“Así mismo buscamos que las declaraciones que surjan de esta asamblea tengan una perspectiva de género, una perspectiva de familia y una perspectiva de vida, queremos que esta Asamblea General sea un espacio para el fortalecimiento de la democracia”

Reconocemos que el Canciller Luis Videgaray nos recibiera, haya leído la Declaración de las Américas e incluido la perspectiva de vida y familia como un criterio para todo lo que surja de la Asamblea General de la OEA, también llamamos a que se actúe en consecuencia y para ello contará con nuestro acompañamiento y exigencia.

 

 

La envidia lleva al deseo de la igualdad absoluta: la admiración a la generosidad

 

Los hombres son todos iguales por naturaleza y diferentes solamente en sus accidentes. Los derechos que provienen del simple hecho de ser hombres, son iguales para todos: derecho a la vida, al honor, a condiciones de existencias suficientes y, por tanto, al trabajo, a la propiedad y a la práctica de la verdadera religión, etc. Las desigualdades que violan estos derechos se yerguen contra el orden instaurado por la Providencia. [1]

Sin embargo, si ellas respetan estos límites, las desigualdades provenientes de accidentes como la virtud, el talento, la belleza, la fuerza, la familia, la tradición, etc., son justas y conformes al orden del universo.[2]

El alma generosa, cuando se encuentra ante cualquier superioridad “superioridad de edad, de talento, de educación, de instrucción, de inteligencia, de encanto, sobre todo de virtud” se alegra, porque ama la jerarquía, el orden y el respeto; ama venerar, rendir homenaje; tiene consideración por lo que es más que ella, admira, quiere el bien, ella desea servir y conservar porque ve en cada desigualdad legítima un grado más, que la ayuda a conocer a Dios.

Es esta posición de alma que lleva a admirar los objetos más bonitos, los de mayor valor artístico, porque son superiores a lo común y, todo aquello que es superior, merece admiración.

Cuando el revolucionario ve una superioridad, se llena de envidia, no admira, detesta y trata de derribar. El no puede soportar que los otros sean más que él. Tiene un alma tapiada, cerrada, obstruida, ciega a lo que es superior.

Uno es “hijo de la luz” y el otro “hijo de las tinieblas”. Cuando un alma admira, se ilumina y se llena de alegría. Cuando un alma se llena de envidia, se torna amarga, propensa a la indignación, triste y ensombrecida; nada le es suficiente y ella quiere quitar a los demás lo que tienen.

El mundo de hoy se caracteriza por una rebelión continua de lo que es menos contra aquello que es más; por el rechazo del homenaje debido a quien es más, comenzando por Dios, por una rebelión contra todas las desigualdades más razonables.[3]
Para quienes quieran conocer este asunto en profundidad, pueden bajar gratuitamente el libro “Revolución y Contra-Revolución
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[1] Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, Révolution et Contre-Révolution, TFP, Paris, 1997, p.63.

[2] Cf. Pio XII, Mensaje de Navidad, 1944, Discorsi e Radiomessaggi, vol.VI, p. 239.

[3] Societé française pour la défense de la Tradition, Famille et Propriété  Le double-jeu du socialisme français, TFP, Paris, 2002, p.21

 

Sufrir con sentido

Por: Pablo Cabellos Llorente 

Cualquier tipo de dolor que aqueja al ser humano es percibido de inmediato como un mal. Por eso procuramos ponerle remedio: si es un dolor físico, acudimos a un médico; cuando se trata de un sufrimiento moral buscamos consuelo en el sacerdote o en el amigo; si está producido por la contemplación de las indigencias de los hombres, el corazón pide que acudamos a remediarlas en lo posible, es más: “un hombre o una sociedad que no reacciona ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerza por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del corazón de Cristo” (beato Josemaría Escrivá).

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos humanos, el sufrimiento persiste y, de un modo u otro, nos alcanza a todos de manera más o menos habitual. Se hace necesario, pues, un esfuerzo de comprensión y de sentido para que ese dolor no sea estéril o se transforme en un elemento de desesperanza o desestabilización de la persona. “Ante esas pesadumbres -afirma también san Josemaría Escrivá-, el cristiano sólo tiene una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva: Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su corazón, que una lanza abrió por amor a todos” (Es Cristo que pasa).

En efecto, tanto amó Dios al mundo -se lee en el Evangelio de Juan- que le dio a su Hijo Unigénito, para que quien cree en É1 no muera, sino que tenga la vida eterna. La Cruz de Cristo ha borrado el pecado y la muerte y el dolor definitivos. Cristo ha muerto para que nosotros vivamos esa vida que no tiene fin. Si miramos al acontecer diario de tejas abajo, el sufrimiento es una losa tremenda. En cambio, cuando, unidos a la cruz de Cristo, vemos el sentido de esta vida como un simple paso para la otra, todo adquiere un relieve nuevo. “Dios da su Hijo al mundo -escribió Juan Pablo II- para librar al hombre del mal que lleva en sí la definitiva y absoluta perspectiva del sufrimiento” (Salvici Doloris).

Con la muerte de Cristo el dolor pierde su carácter definitivo y absoluto para convertirse en algo transitorio y redentor. Por eso -afirmó también Juan Pablo II-, “la Cruz es la inclinación más profunda de la divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre -de modo especial en los momentos definitivos y dolorosos- llama su infeliz destino”. “La Cruz -insistía el Papa ya Beato- es como un toque de amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre” (Dives in misericordia)

Cristo da respuesta al interrogante sobre el sufrimiento no sólo con sus enseñanzas, sino con el propio y verdadero sufrimiento. Bastaría recordar aquellas trágicas palabras pronunciadas en la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. Surgen estas palabras del corazón de un hijo indisolublemente unido a su Padre, pero, a la vez, misteriosamente rechazado, separado de É1 porque -como dice san Pablo- a quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros”. Y Dios Padre detesta el pecado. En la Cruz se cumple la redención mediante el sufrimiento, a la vez que ese sufrimiento queda redimido y se hace redentor. El dolor debe acercar a Cristo, debe unir a Él, hace crecer y madurar a la persona, purifica de caprichos y falsas necesidades, convierte. Con un sentido cristiano del dolor se conoce el sentido de la tribulación, hace que cada cristiano complete en sí mismo lo que falta a la pasión de Cristo (Carta a los Colosenses), lo que no significa que la Redención no sea completa, sino que permanece continuamente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano” (Salvifici Doloris). Se explica así que san Pablo escribiera a los fieles de Colosas: ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros. Porque sentirse en la Cruz con Cristo trae la certeza y la alegría de saberse otro Cristo y, así, hijo de Dios.

 

 

 

El mandamiento nuevo de Jesús

El mandamiento central del que habla san Pablo, en su carta a Timoteo le  pide que guarde “el mandamiento sin mancha ni reproche” (1 Tm 6,14),  le lleva a Francisco a pensar también en el mandamiento nuevo de Jesús: “Que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).

En segundo lugar se detiene el Papa para señalar cómo debe anunciarse el amor de Dios: mediante el amor efectivo a los demás.

Se trata de orientaciones muy valiosas para la evangelización: “Al Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde. No se anuncia bien a Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo sólo bonitos sermones”.

Insiste Francisco: “Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio”.

En una tercera reflexión se detiene en cómo debe ser el educador de la fe y en concreto del catequista.

Enric Barrull Casals

 

 

 

Cien años después, 

El día 13 de octubre de 2013 el Papa Francisco celebró un solemne Acto de Consagración a la Virgen de Fátima. Cuatro años después, al cumplirse el centenario de las Apariciones, Francisco ha devuelto a María de Fátima el viaje que Ella hizo hace cuatro años a Roma.

El Papa pidió entonces a María que reforzara nuestros deseos de bien, iluminara nuestras esperanzas y animara la caridad. La ternura de María y su predilección por los pequeños y los pobres, por los excluidos, los que sufren y los extraviados de corazón, deben ser nuestro faro.

Ese voto ha sido renovado en Fátima y a María han sido de nuevo consagrados los más pequeños, los inocentes, los vulnerados, los descartados. 

Juan García. 

 

 

¿Otra economía es posible?

¿Otra economía es posible? No es un simple eslogan para Cáritas. El informe Economía y Personas, presentado a finales de abril, pone el foco en las 49 entidades de economía social promovidas por las Cáritas diocesanas. Se trata de empresas que compiten en el mercado libre, en sectores que van desde la agricultura ecológica a las finanzas éticas, pero que emplean preferentemente a personas descartadas por el mercado laboral. 

Cáritas ha hecho un gran esfuerzo durante la crisis, poniendo en pie 12 nuevas empresas de este tipo desde 2013. En total, dieron empleo en 2016 a unas 1.500 personas, rescatándolas en muchos casos de situaciones de exclusión y demostrando a la sociedad que es viable un modelo empresarial que pone en el centro a la persona y opera desde los parámetros de la transparencia y la honestidad. 

Domingo Martínez Madrid

 

 

El sistema monetario o la gran sanguijuela

 

            Los buitres del dinero, han terminado por “crear” un “lo que sea”, para que unos pocos se forren de dinero contante y sonante y multitudes, pierdan “hasta la camisa”, sin que todo ello lleve a la cárcel y con cadena perpetua a quienes sean los culpables; y lo veo así de crudo y por ello titulo como lo hago; puesto que para mí el hecho es así, ya que, si todo efecto procede de una causa no encuentro otra explicación.

            Me lo confirma el texto que sigue y que entrecomillo, dejándoles la dirección donde se publica para que puedan leer el resto.

          “¿Recuperación económica?: la gran mascarada: Quienes están acumulando capital de forma desaforada en los últimos 30 años son los terratenientes, no Silycon Valley u otros titanes tecnológicos. Son los propietarios de suelo urbanizable, que se encuentran en una posición única para extraer rentas a la ciudadanía y con ello hundir aún más los salarios. http://www.vozpopuli.com/desde_la_heterodoxia/Recuperacion-economica-gran-mascarada_7_1035566434.html Todo es una mascarada, un montaje. El sistema financiero, roto; la inversión privada inexistente; la pobreza, creciente; la acumulación de capital, neo-feudal. Lo último, lo del Popular. No hay recuperación alguna, todo es una construcción artificial, casi farsa por y para el uno por ciento más rico, y nadie más. Nada podría ser más obvio sobre la base de los resultados económicos de los últimos veinte años. Desde la crisis monetaria asiática y la primera burbuja tecnológica del 2000, Occidente solo sobrevive generando inflaciones de activos que simplemente benefician al 1% más rico. Y España con sus burbujas inmobiliarias, un alumno aventajado. Todo lo demás, teatro del Barroco”.

            Acuérdense de aquel otro gran “golpe de las preferentes” y de muchos otros que ya no me acuerdo o quiero acordarme, donde “cazan a multitudes como a los conejos los cazan con hurón; y luego todos los culpables “se sacuden el muerto” y al final el dinero desaparece y va a los bolsillos ya destinados para recibirlo; puesto que eso también está claro; “nadie hace hogueras con los billetes de banco, luego en alguna parte fueron guardados”. 

            Los que debieran responder de todo ello, son los gobiernos que ni responden ni detienen de inmediato a los culpables y con la mayor diligencia juzgan y condenan como merecen estos “ladrones de guante blanco”. Los bancos nacionales y sus responsables/irresponsables, justifican los hechos o dicen no saber nada y siempre-siempre, paga el siempre indefenso súbdito o siervo, que como en épocas lejanas, estaba al capricho de aquellos “señores (y lo de señores es un sarcasmo) de horca y cuchillo, que tampoco respondían de nada, puesto que como hoy pero de otra manera, “son otros los dueños de vidas y haciendas”; quedan para la defensa, nada menos que ejércitos de abogados, que como profesionales siempre irán “a lo suyo”: y unas montañas de “leyes” que al final solo sirven para “el lamento de aquel gitano” que manifestó su fracaso gritando. ¡Pleitos tengas y los ganes! Cosa que hizo, tras presentarle la cuenta de gastos “aquel picapleitos que le llevó el caso; pleito que le costó mucho más que valía lo que aquel pobre gitano reclamó con pleno derecho”.

            BANCO POPULAR ESPAÑOL: Nacido en 1926 como “Los previsores del Porvenir” y luego controlado por “La obra de Dios” (Opus Dei) fue creciendo de forma notable, controlando otros bancos y similares y llegando a ser, “la séptima potencia bancaria nacional de España”; lo que no concuerda con “la desaparición reciente” y la posterior compra por “el gran buitre nacional”… ¿Dónde fueron a parar todo el dinero de tan gran banco que además está protegido por fuerzas divinas y “los linces” del Opus Dei, que de negocios de dinero saben tanto o más que de la religión de Cristo? Misterio que no lo aclarará ni “dios”; pero de lo que podemos imaginar seguro es que “la divina obra no ha perdido ni un céntimo”; las pérdidas son siempre para los de siempre, que ahora empiezan a patear tribunales con legiones de abogados, que a lo peor y cuando “las ranas echen pelo”, logran recuperar algunas migajas; mientras, el “gobierno de españa (adrede con minúsculas) y todos sus estamentos”, estarán silbándoles a “los pájaros de la noche” o viendo las libélulas lucir sus brillantes “panzas” para que acudan las hembras para “darse el lote anual”.

            Ya es que hasta los billetes de banco, no los garantiza el sistema, puesto que aquello de que… “El Banco de España Pagará al portador”; eso pasó a lo historia y puede llegar un momento en que se conviertan “en papel mojado” y no sirvan ni para encender un cigarro puro canario. Lean por curiosidad, lo que dicen en el papel donde se imprimen los tan ansiados euros y ríanse escépticamente de las garantías que nos dan.

             Y otra cosa. ¿Qué han hecho con las cajas de ahorro y que van a hacer con el resto y cuántos van a cambiar de dueño, como usted y yo cambiamos de calcetines?

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes