Las Noticias de hoy 21 Junio 2017

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 21 de junio de 2017     

Indice:

Newsletter Diario

Papa: actualidad del mensaje de Don Mazzolari, el párroco y su servicio al Señor y al pueblo de Dios

Papa: Don Milani “sacerdote transparente como un diamante”

Don Milani y Don Mazzolari: dos pastores con olor a oveja. Breves biografías

11ª semana. Miércoles: Francisco Fernández-Carvajal

“Llevad los unos las cargas de los otros”: San Josemaria

Las misas de san Josemaría en España

Trabajar a conciencia

¿Cómo celebraban la Misa los primeros cristianos? : Primeros Cristianos

Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús

 Antes de entregar tu amor, conoce muy bien tu autoestima: Sheila Morataya

Un experto sobre la eutanasia: ‘Es absurdo la muerte por compasión cuando el dolor se puede aliviar’

 La virtud cristiana de la pobreza exige luchar contra la miseria: Salvador Bernal

Aprender a ser mejores padres: Jorge Salinas

SILENCIO!: Alejo Fernández Pérez

 La familia, responsable de la participación social: Ana Teresa López de Llergo

LO QUE LA “TOLERANCIA” SE LLEVÓ: René Mondragón

Cuenca del Lago Titicaca: inadmisible contaminación: ALFREDO PALACIOS DONGO

La responsabilidad de los padres ante Dios: Acción Familia 

Descender a la plazuela a competir con la New Age o el relativismo: Jesús D Mez Madrid

El silencio no es una respuesta adecuada: Enric Barrull Casals

El mundo puede esperar a la paz: Lluis Esquena Romaguera

¿Gamberros? ¡No! Delincuentes condenables: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

Newsletter Diario

 

Papa: actualidad del mensaje de Don Mazzolari, el párroco y su servicio al Señor y al pueblo de Dios

El Papa Francisco reza ante la tumba de Don Mazzolari - REUTERS

20/06/2017 11:20

SHARE:

Ante la tumba de Don Primo Mazzolari, en Bozzolo empezó hoy la peregrinación del Papa para luego proseguir hasta el cementerio de  Barbiana y rezar ante Don  Lorenzo Milani:

«Hoy he peregrinado aquí, Bozzolo y luego a Barbiana, siguiendo los pasos de dos párrocos que han dejado una huella luminosa, por cuanto ‘incómoda’, en su servicio al Señor y al pueblo de Dios. He dicho tantas veces que los párrocos son la fuerza de la Iglesia en Italia. Cuando son los rostros de un clero no clerical, ellos dan vida a un verdadero ‘magisterio de los párrocos, que hace tanto bien a todos. Don Primo Mazzolari ha sido definido ‘el párroco de Italia’. Y San Juan XXIII lo saludó como ‘torbellino del Espíritu Santo en la baja padania».

Tras hacer hincapié en la personalidad sacerdotal de Don Primo Mazzolari, que ha querido proponer a todos los párrocos de Italia y del mundo, arraigada en «la rica tradición cristiana de esa tierra padana, lombarda y cremonesa, el Obispo de Roma meditó sobre la actualidad de su mensaje, que puso simbólicamente con el telón de fondo de tres escenarios, típicos de esa zona de Italia, que cada día llenaban sus ojos y su corazón: el río, el cortijo y la llanura.

Con la imagen del río, el Papa recordó el ministerio de Don Mazzolari, su predicación embebida en la Palabra del Dios vivo, en el Evangelio meditado y rezado, reflejado en el Crucificado y en los hombres:

«Su profecía se realizaba en el amar su propio tiempo, enlazando su corazón a la vida de las personas que encontraba, percibiendo toda posibilidad para anunciar la misericordia de Dios. Don Primo Mazzolari no fue uno que vivía lamentando la Iglesia del pasado, sino que intentó cambiar la Iglesia y el mundo a través del amor apasionado y la entrega incondicional».

Con la imagen del cortijo, el Santo Padre hizo hincapié en las viviendas de campaña que reunían a las familias campesinas y la mirada misericordiosa y evangélica sobre la humanidad del párroco Mazzolari. Y en el marco de la imagen de la gran llanura, el Papa reiteró que Jesús prepara a sus discípulos conduciéndolos entre la multitud, en medio de los pobres, donde se encarna la misericordia de Dios:

«Ante la caridad pastoral de Don Primo se abrían diversos horizontes, en las complejas situaciones que tuvo que afrontar: guerras, totalitarismos, enfrentamientos fratricidas, la fatiga de la democracia en gestación, la miseria de su gente. Los aliento, hermanos sacerdotes, a escuchar al mundo, que vive y obra, para hacerse cargo de toda solicitud de sentido y de esperanza, sin temer atravesar desiertos y zonas de sombra. Así podemos ser Iglesia pobre para y con los pobres, la Iglesia de Jesús»

El Siervo de Dios Primo Mazzolari «vivió como cura pobre, no como un pobre cura», señaló también el Papa Francisco, recordando el testamento espiritual de este párroco y su amor a los pobres:

«Queridos amigos les agradezco por haberme acogido hoy en la parroquia de Don Primo. Enorgullézcanse por haber generado ‘curas así’ y no se cansen de llegar a ser también ustedes ‘curas y cristianos así, aunque ello requiera luchar con uno mismo, llamando por su nombre las tentaciones que nos insidian dejándonos sanar por la ternura de Dios».

(CdM – RV)

 

Texto completo del discurso del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Me han aconsejado que acorte un poco este discurso porque es un poco larguito. He tratado de hacerlo, pero no lo logré. Me venían tantas cosas, de aquí y de allá. ¡Ustedes tengan paciencia! No, porque no quisiera dejar de decir todo aquello que quiero decir sobre don Mazzolari.

Soy peregrino aquí, en Bozzolo, y después en Barbiana, siguiendo los pasos de dos párrocos que han dejado una huella luminosa, aunque “incómoda”, en su servicio al Señor y al pueblo de Dios. He dicho varias veces que los párrocos son la fuerza de la Iglesia en Italia, y lo repito.  Cuando son los rostros de un clero no clerical, como era este hombre,  ellos dan vida a un verdadero “magisterio de los párrocos”, que hace tanto bien a todos. Don Primo Mazzolari ha sido definido “el párroco de Italia”; y San Juan XXIII lo saludó como “la trompeta del Espíritu Santo en la Baja Padana”. Creo que la personalidad sacerdotal de Don Primo sea no una singular excepción sino un espléndido fruto de vuestras comunidades, si bien no haya sido comprendido y apreciado siempre. Como dijo el Beato Pablo VI: “¡Caminaba adelante con una paso demasiado largo y a menudo no se le podía estar atrás! Y así, él sufrió y hemos sufrido también nosotros. Es el destino de los profetas”. (Saludo a peregrinos de Bozzolo y Cicognara, 1 mayo 1970). Así decía Pablo VI.

Su formación es hija de la rica tradición cristiana de esta tierra padana, lombardacremonesa. En los años de la juventud, fue impresionado por la figura del gran obispo Geremia Bonomelli, protagonista del catolicismo social, pionero de la pastoral de los emigrantes. No corresponde a mí relatar o analizar la obra de don Primo. Agradezco a quien, a través de los años, se ha dedicado a esto. Prefiero meditar con ustedes - sobre todo con mis hermanos sacerdotes que están aquí, y también con aquellos de toda Italia: por esto el “párroco de Italia” - meditar la actualidad de su mensaje, que pongo simbólicamente en el marco de tres escenarios que cada día llenaban sus ojos y su corazón: el río, la granja y la llanura. 

El río es una imagen espléndida, que pertenece a mi experiencia y también a la vuestra. Don Primo desarrolló su ministerio a lo largo de los ríos, símbolos de la primacía y de la potencia de la gracia de Dios que fluye incesantemente hacia el mundo. Su palabra, predicada o escrita, extraía clareza de pensamiento y fuerza persuasiva en la fuente de la Palabra del Dios vivo, en el Evangelio meditado y rezado, reencontrado en el Crucifijo y en los hombres, celebrado en gestos sacramentales jamás reducidos a puro rito. Don Mazzolari, párroco en Cicognara y en Bozzolo, no se resguardó del río de la vida, del sufrimiento de su gente, que lo plasmó como pastor franco y exigente, sobre todo con sí mismo. A lo largo del río aprendía a recibir cada día el don de la verdad y del amor, para volverse mensajero fuerte y generoso. Predicando a los seminaristas de Cremona, recordaba: “El ser un ‘repetidor’ es nuestra fuerza. ¡Pero entre un repetidor muerto, un altoparlante y un repetidor vivo existe una gran diferencia! El sacerdote es un repetidor, pero este ‘repetir’ suyo no debe ser sin alma, pasivo, sin cordialidad. Junto a la verdad que repito, debe haber, debo poner algo mío, para hacer ver que creo en lo que digo; debe ser hecho de manera que mi hermano sienta una invitación a recibir la verdad”. Así decía él. Su profecía se realizaba en el amar el propio tiempo, en el vincularse a la vida de las personas que encontraba, en el aprovechar toda posibilidad de anunciar la misericordia de Dios. Don Mazzolari no ha sido uno que ha añorado la Iglesia del pasado, sino que ha buscado cambiar la Iglesia y el mundo a través del amor apasionado y la dedicación incondicionada.

En su escrito ‘La parroquia’ él propone un examen de conciencia sobre métodos del apostolado, convencido que las faltas de la parroquia de su tiempo fueran debidas a un defecto de encarnación. Existen tres caminos que no conducen en la dirección evangélica: el camino del “dejar hacer”, que es aquella de quien está en la ventana a mirar sin ensuciarse las manos. Aquel “balconear” la vida. Nos conformamos con criticar, con “describir con placer amargo y altanero los errores” del mundo que nos rodea. Esta actitud tranquiliza la conciencia, pero no tiene nada de cristiano porque lleva a mantenerse afuera, con espíritu de juicio, a veces áspero. Falta la capacidad propositiva, una aproximación constructiva a la solución de los problemas.

El segundo método errado es aquel del “activismo separatista”.  Nos comprometemos en crear instituciones católicas (bancos, cooperativas, círculos, sindicatos, escuelas…). Así su fe se hace operosa, pero – advertía Mazzolari – puede generar una comunidad cristiana elitista. Se favorecen intereses y clientelas con una etiqueta católica. Y sin quererlo, se construyen barreras que corren el riesgo de volverse insuperables en el surgir de la solicitud de fe. Se tiende a afirmar lo que divide con respecto a aquello que une. Es un método que no facilita la evangelización, cierra puertas y genera desconfianza.

El tercer error es el “sobrenaturalismo deshumanizante”. Nos refugiamos en lo religioso para soslayar las dificultades y las desilusiones que se encuentran. Nos enajenamos del mundo, verdadero campo del apostolado, para preferir devociones. Es la tentación del espiritualismo. De ello deriva un apostolado débil, sin amor. “Los alejados  no se pueden interesar con una oración que no se vuelve caridad, con una procesión que no ayuda a llevar las cruces de la hora”. El drama se consume en esta distancia entre la fe y la vida, entre la contemplación y la acción.

Segundo: la granja. Al tiempo de don Primo, era una “familia de familias”, que vivían juntas en estas fértiles campiñas, aun sufriendo miserias e injusticias, en espera de un cambio, que después terminó en el éxodo hacia las ciudades. La granja, la casa, nos dan una idea de Iglesia que guiaba don Mazzolari. También él pensaba en una Iglesia en salida, cuando meditaba para los sacerdotes con estas palabras: “Para caminar es necesario salir de casa y de la Iglesia, si el pueblo de Dios no viene más; y ocuparse y preocuparse también de aquellas necesidades que, aun no siendo espirituales, son necesidades humanas y, así como pueden perder al hombre, lo pueden también salvar. El cristiano se ha separado del hombre, y nuestro hablar no puede ser entendido si antes no lo introducimos por este camino, que parece el más lejano y es el más seguro. [...] Para hacer mucho es necesario amar mucho”.  Así decía vuestro párroco.

La parroquia es el lugar donde cada hombre se siente esperado, “un hogar que no conoce ausencias”. Don Mazzolari ha sido un párroco convencido que “los destinos del mundo se maduran en periferia” y ha hecho de la propia humanidad un instrumento de la misericordia de Dios, a la manera del padre de la parábola evangélica, tan bien descrita en el libro “La más bella aventura”.

Él ha sido definido justamente “el párroco de los alejados” porque los amó y buscó siempre, se preocupó no de definir sentado un método de apostolado válido para todos y para siempre, sino de proponer el discernimiento como camino para interpretar el ánimo de cada hombre. Esta mirada misericordiosa y evangélica sobre la humanidad lo llevó a dar valor también a la necesaria gradualidad: el cura no es uno que exige la perfección sino que ayuda a cada uno a dar lo mejor.  Decía: “Conformémonos de lo que pueden dar nuestras poblaciones. ¡Tengamos sentido común! No debemos masacrar las espaldas de la pobre gente”. Yo quisiera repetir esto, y repetirlo a todos los sacerdotes de Italia y también del mundo: ¡tengamos sentido común! ¡No debemos masacrar las espaldas de la pobre gente! Y si por estas aperturas, venía llamado a la obediencia, lo vivía en pie – la obediencia – como adulto, como hombre, y contemporáneamente  de rodillas, besando la mano de su obispo, que no dejaba de amar.

El tercer escenario – el primero era el río, el segundo la granja – el tercer escenario es aquel de vuestra gran llanura. Quien ha acogido el “Discurso de la montaña” no teme ir más allá, como viandante y testigo, en la llanura que se abre, sin confines aseguradores. Jesús prepara a esto a sus discípulos, conduciéndolos entre la muchedumbre, en medio de los pobres, revelando que la cumbre se alcanza en la llanura, donde se encarna la misericordia de Dios (cfr. Homilía para el Consistorio, 19 noviembre 2016). A la caridad pastoral de Don Primo se abrían diversos horizontes, en las complejas situaciones que tuvo que afrontar: las guerras, los totalitarismos, los enfrentamientos fratricidas, la fatiga de la democracia en gestación, la miseria de su gente. Los aliento, hermanos sacerdotes, a escuchar al mundo, a quien vive y obra en él, para que se hagan cargo de toda solicitud de sentido y de esperanza sin temer atravesar desiertos y zonas de sombra. Así podemos volvernos Iglesia pobre para y con los pobres, la Iglesia de Jesús. Aquella de los pobres es definida por don Primo una “existencia incomoda” y la Iglesia tiene necesidad de convertirse al reconocimiento de su vida para amarlos así como son: “Los pobres – decía – deben ser amados como pobres, es decir como son, sin hacer cálculos sobre su pobreza, sin pretensión o derecho de hipoteca, ni siquiera aquella de hacerlos ciudadanos del reino de los cielos, mucho menos proselitistas”. ¡Él no hacía proselitismo. ¡Él no hacía proselitismo porque esto no es cristiano! El Papa Benedicto XVI nos ha dicho que la Iglesia, el cristianismo, no crece por proselitismo, sino por atracción, es decir, por testimonio.

Es lo que don Primo Mazzolari ha dado: testimonio. El Siervo de Dios ha vivido como sacerdote pobre, no como pobre sacerdote: hay una diferencia. En su testamento espiritual escribía: “Entorno a mi Altar como entorno a mi casa y a mi trabajo no hubo nunca “sonido de dinero”. Lo poco que pasó por mis manos fue donde debía ir. Si pudiera tener una amargura sobre este punto, concerniría a mis pobres y a las obras de la parroquia que hubiera querido ayudar ampliamente”.

Había meditado profundamente sobre la diversidad de estilo entre Dios y el hombre: “El estilo del hombre: con mucho hace poco. El estilo de Dios: con nada hace todo”. Por esto la credibilidad del anuncio pasa a través de la sencillez y la pobreza de la Iglesia: “Si queremos volver a traer a la pobre gente a su Casa, es necesario que el pobre encuentre el aire del Pobre”, es decir, de Jesucristo.  

En su escrito “El vía crucis del pobre”, don Primo recuerda que la caridad es cuestión de espiritualidad y de mirada. Así dice: “Quien tiene poca caridad ve pocos pobres, pero quien tiene mucha caridad ve muchos pobres; quien no tiene nada de caridad no ve a nadie”. Y agrega: “Quien conoce al pobre, conoce al hermano: quien ve el hermano ve a Cristo, quien ve a Cristo ve la vida y su verdadera poesía, porque la caridad es la poesía del cielo traída a la tierra” .

Queridos amigos, les agradezco por haberme recibido hoy, en la parroquia de don Primo.

A ustedes y a los obispos les digo: “Sean orgullosos por haber generado ‘sacerdotes así’, y no se cansen de volverse también ustedes ‘sacerdotes y cristianos así’, aun si esto provoca luchar con sí mismos, llamando por nombre a las tentaciones que nos insidian, dejándonos curar por la ternura de Dios. Si se dieran cuenta que no han recibido la lección de don Mazzolari, hoy los invito a que la atesoren. Que el Señor, que ha suscitado siempre en la santa madre Iglesia pastores y profetas según su corazón, nos ayude hoy a no ignorarlos todavía. Porque ellos han visto lejos, y seguirles nos habría ahorrado sufrimientos y humillaciones. Tantas veces he dicho que el pastor debe ser capaz de ponerse delante del pueblo para indicar el camino, en medio como signo de cercanía o atrás para alentar a quien se ha quedado atrás. (cfr. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 31).

Y don Primo escribía: “Donde veo que el pueblo resbala hacia bajadas peligrosas, me pongo atrás; donde es necesario subir, me pongo adelante. Muchos no entienden que es la misma caridad que me mueve en uno o en otro caso y que nadie la puede hacer mejor que un cura”.

Con este espíritu de comunión fraterna, con ustedes y con todos los sacerdotes de la Iglesia en Italia, con aquellos buenos párrocos, quisiera concluir con una oración de don Primo, párroco enamorado de Jesús y de su deseo de que todos los hombres tengan la salvación.

Así rezaba don Primo: “Has venido para todos: para aquellos que creen y para aquellos que dicen que no creen. Los unos y los otros, a veces estos más que aquellos, trabajan, sufren, esperan para que el mundo vaya un poco mejor. Oh Cristo, has nacido ‘fuera de la casa’ y has muerto ‘fuera de la ciudad’, para ser de manera todavía más visible el cruce y el punto de encuentro. Nadie está fuera de la salvación, oh Señor, para que nadie esté fuera de tu amor, que no se consterna ni se reduce por nuestras oposiciones y nuestros rechazos”.

Y ahora les daré la bendición. Recemos a la Virgen, primero, que es nuestra Madre: sin Madre no podemos seguir adelante.

Ave María…

 

Papa: Don Milani “sacerdote transparente como un diamante”

El Papa en Barbiana. - AFP

20/06/2017 12:56

SHARE:

En el ámbito de la visita privada que el Papa Francisco realizó el tercer martes de junio a las localidades italianas de Bozzolo, en la diócesis de Cremona y a Barbiana, en la de Florencia, para rezar ante las tumbas de los sacerdotes Primo Mazzolari y Lorenzo Milani, destacamos el segundo encuentro que el Pontífice mantuvo con una parte de esta población.

El Obispo de Roma, tras su primera etapa, partió a las 10.30 en helicóptero desde el campo deportivo de Bozzolo con destino a Barbiana, donde poco después de las 11.00 aterrizó en la explanada frente a la iglesia de esta localidad, donde lo esperaba el Cardenal Giuseppe BetoriArzobispo de Florencia y el Alcalde de Vicchio.

El Papa Bergoglio visitó el cementerio y rezó ante la tumba del Padre Lorenzo Milani, fallecido en 1967, en el 50º aniversario de su muerte. A continuación, el Sucesor de Pedro celebró un encuentro con los ancianos discípulos del Padre Milani y realizó una breve visita a la canónica; mientras en el prado adyacente a la iglesia, Francisco dirigió un discurso conmemorativo, ante la presencia también de algunos de los jóvenes huéspedes de la casa-familia.

En su discurso, el Santo Padre explicó que había viajado a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que ha testimoniado cómo en el don de sí por Cristo se produce el encuentro con los hermanos y sus necesidades, sirviéndolos, a fin de que se defienda y promueva su dignidad de personas, con la misma entrega de sí mismo que nos demostró Jesús, hasta ser clavado en la Cruz.

Al manifestar su alegría por encontrarse con quienes, en su tiempo, fueron alumnos del Padre Lorenzo Milani, el Papa les dijo:

“Ustedes son testigos de cómo un sacerdote ha vivido su misión en los lugares en los que la Iglesia lo llamó, con plena fidelidad al Evangelio. Y precisamente por esto, con plena fidelidad a cada uno de ustedes, que el Señor le había encomendado. Y son testigos de su pasión educativa, de su intento de despertar en las personas al ser humano para abrirlas a lo divino”.

Francisco destacó asimismo que el Padre Milani se dedicó completamente a la escuela, con una elección que precisamente en Barbiana él puso en acto de modo radical:

“La escuela para Don Lorenzo, no era una cosa diversa con respecto a su misión de sacerdote, sino el modo concreto con el que desarrollar esa misión, dándole un fundamento sólido y capaz de elevarse hasta el cielo”.

Volver a dar a los pobres la palabra, porque sin la palabra no hay dignidad y, por tanto, ni siquiera libertad y justicia: esto enseña el Padre Milani”, dijo el Papa Bergoglio, a lo que añadió:

“Esto vale a su modo también para nuestros tiempos, en los que sólo poseer la palabra puede permitir discernir entre los tantos, y con frecuencia, confusos mensajes que nos llueven encima, y dar expresión a las instancias profundas del propio corazón, como asimismo, a las expectativas de justicia de tantos hermanos y hermanas que esperan justicia. De aquella humanización, que reivindicamos para cada persona en esta tierra, junto al pan, la casa, el trabajo y la familia, forma parte el dominio de la palabra como instrumento de libertad y de fraternidad”.

Dirigiéndose a los chicos y chicas presentes en este encuentro, y que representan para la Iglesia a los tantos jóvenes que hoy tienen necesidad de ser acompañados en su camino de crecimiento, el Santo Padre les dijo: “Sé que ustedes, como tantos otros en el mundo, viven situaciones de marginación y que hay quien está junto a ustedes para no dejarlos solos y para indicarles un camino de rescate posibleun futuro que se abra sobre horizontes positivos”.  

Francisco no olvidó agradecer su trabajo a los educadores y a cuantos se ponen al servicio del crecimiento de las nuevas generaciones. “La suya – les dijo – es una misión llena de obstáculos pero también de alegría. Y, sobre todo, es una misión. Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar y sin tener conciencia de que lo que se da es sólo un derecho que se reconoce, el de aprender”.

Tras dirigirse a los sacerdotes presentes, algunos de los cuales fueron testigos – como dijo el Papa – de “la aventura humana y sacerdotal del Padre Lorenzo”, mientras los demás son “sus herederos”,  Francisco les recordó la dimensión sacerdotal de esta gran figura con una sugerencia:

“Amemos a la Iglesia, queridos hermanos, y hagamos que la amen como atenta madre de todos, sobre todo de los más pobres y frágiles, tanto en la vida social como en la personal y religiosa. La Iglesia que el Padre Milani ha mostrado al mundo tiene este rostro materno y amable, inclinado a dar a todos la posibilidad de encontrar a Dios y, por lo tanto, dar consistencia a la propia persona en toda su dignidad”.

(María Fernanda Bernasconi – RV). 

Texto del discurso del Santo Padre Francisco en el campo adyacente a la iglesia de Barbiana:

Queridos hermanos y hermanas:

He venido a Barbiana para rendir homenaje a la memoria de un sacerdote que ha dado testimonio de cómo al entregarse a Cristo, se encuentran los hermanos en sus necesidades, y se sirven entre si, para que sea defendida y promovida su dignidad como personas, con el mismo don de si mismo que Jesús ha mostrado hasta la cruz.

1. Me alegro de encontrar aquí a todos los que en su tiempo fueron alumnos de don Lorenzo Milani, algunos en la escuela pública de San Donato de Calenzano, otros aquí en la escuela de Barbiana. Ustedes son testimonio de como un cura vivió su misión, en los lugares a dónde la iglesia lo llamó, con fidelidad plena al Evangelio y por esto mismo, fidelidad plena a cada uno de ustedes, a todos los que el Señor le confió. Y ustedes son testigos de su pasión educativa, de su intento de despertar en las personas lo humano para abrir a lo divino.

De aquí, el que se dedicara completamente a la escuela, con una dedicación que aquí a Barbiana, se convertirá en una elección todavía más radical. La escuela para don Lorenzo, no era algo diferente de su misión como sacerdote, sino el modo concreto con el cual desarrollar esa misión, dando un fundamento sólido y capaz de alzarlo hasta el cielo. Y cuando la decisión de su obispo, lo condujo de Calenzano hasta aquí, entre los jóvenes de Barbiana, comprendió pronto que si el Señor lo había alejado de unos, era para darle nuevos hijos, a los que enseñar a crecer y a amar. Devolver la palabra a los pobres, porque sin la palabra no hay dignidad, y sin dignidad, tampoco hay libertad y justicia: esto es lo que enseña don Milani. Y es la palabra, la que abre el camino a la plena ciudadanía en la sociedad, mediante el trabajo, y la correspondencia plena con la Iglesia, con una fe comprometida. Esto vale también en cierto modo para nuestro tiempo, en el que tan sólo tener pleno dominio de la palabra, nos permite discernir entre tantos y a menudo confusos mensajes que nos llueven encima; y también de dar expresión a las instancias más profundas del corazón, como también a las expectativas de justicia de tantos hermanos y hermanas que esperan esa justicia. Esa humanización que reivindicamos, para cada persona en esta tierra, además del pan, de la casa, del trabajo y de la familia, es parte también del dominio de la palabra como instrumento de libertad y de fraternidad.

2. Están también aquí algunos jóvenes y niños, que representan para nosotros a tantos jóvenes y niños que necesitan hoy alguien que les acompañe en su camino de crecimiento. Se que ustedes como tantos otros en el mundo, viven cerca de situaciones marginales, pero que hay alguien que está junto a ustedes para no dejarlos solos, e indicarles un camino correcto y un futuro que se abra hacia horizontes positivos.

Quiero desde aquí agradecer a todos los educadores, a todos los que se ponen al servicio de la educación de las nuevas generaciones, en particular de aquellos que se encuentran en situación de dificultad. Vuestra misión está llena de obstáculos, pero también de alegrías. Pero sobretodo es una misión. Una misión de amor, porque no se puede enseñar sin amar, y sin el reconocimiento de que lo que dan, es sólo un derecho que se reconoce, el del aprendizaje. Y hay tantas cosas que enseñar, pero la más importante es la de hacer crecer una conciencia libre, capaz de confrontarse con la realidad, y de orientarse dentro de ésta, guiada por el amor, por la voluntad de comprometerse con los demás, de hacerse cargo de sus fatigas, de sus heridas, y de rehuir cualquier egoísmo, para servir al bien común. Encontramos escrito en Carta a una profesora: “He aprendido que el problema de los demás es igual que el mío. Que podamos salir todos juntos de ello, es la política a seguir. Salir solos es avaricia.” Esto es una llamada a la responsabilidad. Una llamada que tiene que ver con ustedes, queridos jóvenes, pero sobre todo para nosotros adultos, llamados a vivir la libertad de conciencia en modo auténtico, como búsqueda de lo verdadero, de la belleza y del bien, dispuestos a pagar el precio que esto conlleva.

3. Para terminar, pero no por último, me vuelvo a ustedes sacerdotes, a los que he convocado junto a mí, hoy en Barbiana. Veo entre ustedes sacerdotes ancianos, que compartieron con don Lorenzo Milani los años de seminario y ministerio en lugares vecinos ; y también curas jóvenes, que representan el futuro del clero florentino e italiano. Algunos de ustedes son por tanto testigos de la aventura humana y sacerdotal de don Lorenzo, otros son herederos. A todos quiero recordar que la dimensión sacerdotal de don Lorenzo Milani está en la raíz de todo lo que hasta el momento he recordado de él. Todo nace de su condición de sacerdote. Pero al mismo tiempo, su condición de sacerdote nace de una raíz todavía más profunda, la de la fe. Una fe “totalizante”, que se convierte en una entrega total al Señor, y que en el ministerio sacerdotal, encuentra una forma plena y completa para el joven convertido. Son notables las palabras de don Raffaele Bensi, su director espiritual, al cual acudieron en aquellos años, las figuras más altas del catolicismo florentino, que tenía tanta vitalidad, alrededor de la mitad del siglo pasado, en torno al ministerio paterno, del venerable Cardenal Elia Dalla Costa. Estas fueron las palabras de don Bensi: “Para salvar el alma vino a mi. Desde ese día de agosto hasta el otoño, se fundió en el gozo, literalmente, del Evangelio y de Cristo. Aquel joven partió derecho hacia el absoluto, sin vías intermedias. Quería salvarse y salvar a cualquier precio. Transparente y duro como un diamante, debía pronto herirse y herir”. (Nazzareno Fabbretti , Entrevista a Monseñor Raffaele Bensi, Domenica del Corriere  27 de junio de 1971). Ser sacerdote como forma de vivir el Absoluto. Decía su madre Alicia: “mi hijo buscaba el Absoluto. Lo encontró en la religión y en la vocación sacerdotal”. Sin esta sed del Absoluto, se puede ser un buen funcionario de lo sacro, pero no se puede ser sacerdote, verdaderos sacerdotes, capaces de hacerse servidores de Cristo en los hermanos. Queridos sacerdotes, con la gracia de Dios, busquemos ser hombres de fe, una fe jugosa, no seca, ; y hombres de caridad, caridad pastoral hacia todos aquellos que el Señor nos confía como hermanos e hijos. Don Lorenzo nos enseña también a querer bien a la Iglesia, como la quiere bien él, con el discernimiento y la verdad que pueden crear tensiones, pero nunca fracturas, abandonos. Amamos a la iglesia, queridos hermanos, y hagámosla amar, mostrándola como madre atenta a todos, sobre todo a los más pobres y frágiles, ya sea en la vida social, como en la vida religiosa. La Iglesia que don Milani ha mostrado al mundo,  tiene este rostro materno y atento, dispuesto a dar a todos la posibilidad de encontrar a Dios y por tanto de dar consistencia a la propia persona en toda  su dignidad.

4. Antes de concluir, no puedo ocultar, que el gesto de hoy, quiere ser una respuesta  a esta petición hecha tantas veces por don Lorenzo  a su Obispo, y esto fue que se le reconociese su fidelidad al Evangelio y la rectitud de su acción pastoral. En una carta a su obispo escribe: “ Si usted no me honra con algún acto solemne, todo mi apostolado aparecerá como un acto privado….” Desde el Cardenal Silvano Piovanelli, de querida memoria, pasando por los arzobispos de Florencia, todos han hecho este reconocimiento a don Lorenzo. Hoy lo hace el Obispo de Roma. Esto no borra las amarguras que acompañaron la vida de don Milani, - no se trata de borrar la historia o negarla, sino de comprender las circunstancias y la humanidad que están en juego-  se trata de que la Iglesia reconoce en esa vida, un modo ejemplar de servir al Evangelio, a los pobres, y a la propia Iglesia. Con mi presencia en Barbiana, con la oración sobre la tumba de don Lorenzo Milani pretendo dar respuesta a todo lo que suplicaba su propia madre: “ Deseo solamente que se conozca al sacerdote, que se sepa la verdad, que se rinda honor a la iglesia también por lo que él fue dentro de la Iglesia y que la Iglesia le rinda honor a él…..esa Iglesia que lo hizo sufrir tanto, pero que también le dio el sacerdocio, y la fuerza de esa fe, que es para mí el misterio más profundo de mi hijo…..Si no se comprende de verdad el sacerdote que ha sido don Lorenzo, difícilmente se podrá comprender en él todo el resto. Por ejemplo su profundo equilibrio entre dureza y caridad”. (Nazareno Fabbretti, “Encuentro con las madre del párroco de Barbiana a tres años de su muerte”, Il Resto del Carlino, Bolonia, 8 de julio de 1970) El sacerdote duro y transparente como un diamante, sigue transmitiendo la luz de Dios sobre el camino de la Iglesia.

¡Muchas gracias otra vez! Oren por mí, no se olviden. ¡Que también yo tome ejemplo de este gran sacerdote! ¡Gracias por su presencia! Que el Señor les bendiga a todos, y a ustedes sacerdotes – ¡porque no hay jubilación en el sacerdocio!- A todos, ¡adelante y valor! ¡Gracias!

 

 

Don Milani y Don Mazzolari: dos pastores con olor a oveja. Breves biografías

El padre Mazzolari en una foto de archivo - RV

20/06/2017 11:12

SHARE:

(RV).- El Papa en Barbiana y Bozzolo en una peregrinación que dura poco más de medio día, para rendir homenaje y rezar ante las tumbas de Don Lorenzo Milani y de Don Primo Mazzolari, dos sacerdotes, párrocos ambos, cuyas vidas ejemplares el romano pontífice quiere honrar con su presencia y oración. 

Biografías breves:

Don Lorenzo Milani nace en Florencia el 27 de mayo de 1923 en el seno de una familia culta y rica; hijo de Albano Milani y de Alice Weiss, esta última de origen israelí. En 1947 es ordenado sacerdote y enviado a Montespertoli para ayudar por un breve periodo en la parroquia del padre Bonanni y luego, en octubre de 1947 a San Donato en Calenzano donde es enviado como capellán del padre Pugi. En San Donato funda una escuela nocturna para los jóvenes trabajadores y campesinos de la parroquia. Años más tarde muere Don Pugi y don Lorenzo es nombrado prior de Barbiana, una pequeña parroquia de montaña. Al cabo de unos días comienza a reunir a los jóvenes en la casa parroquial con una escuela popular nocturna similar a la de San Donato.

En 1956 renuncia a la escuela nocturna para los jóvenes, y organiza para los primeros seis chicos que habían terminado la primaria estatal, una escuela de iniciación industrial. En mayo de 1958 publica su libro “Experiencias pastorales”, iniciado ocho años antes en San Donato. Ese mismo año el libro es retirado de la venta por orden del Santo Oficio, porque considerarse inapropiada su lectura. Realiza diversos escritos, entre ellos la “Carta a una Maestra”. Inicia un método pedagógico de educación no tradicional que se convierte en un movimiento educativo laico a favor de los pobres. Muere tras una larga enfermedad en 1967 a los cuarenta y cuatro años de edad.

Escribe el padre Giancarlo Pani, vicedirector de "La Civiltà Cattolica": "el objetivo de la escuela de don Milani, era formar a los chicos como maestros, sindicalistas o trabajadores con plena conciencia civil y responsabilidad social. Por esto el punto cardinal de la pastoral del prior de Barbiana era la escuela".

Don Primo Mazzolari nace en Cremona, el 13 de enero de 1890 en una familia de campesinos. En 1902 entra en el Seminario de Cremona y en 1912 es ordenado sacerdote. Vice párroco en Spinadesco y en Boschetto, enseñante en el Seminario di Cremona, en 1914 va a Suiza por los emigrados italianos repatriados desde Alemania. En 1915 Italia entra en guerra y el padre Mazzolari es soldado en Génova, caporal en el hospital militar de Cremona luego, y por último capellán militar. Una vida de sufrimientos que lo marcan profundamente. A su regreso el Obispo lo nombra párroco de Cicognara.

Inflexible en su oposición al fascismo, en 1932 es nombrado párroco de Bozzolo donde inicia un camino eclesial y pastoral, literario y social, ligado a los movimientos políticos italianos. Colabora con la resistencia partisana, movimiento armado de oposición al fascismo y a las tropas de ocupación nazis instaladas en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Arrestado tres veces, buscado por la SS por mandato de captura entra en clandestinidad y se esconde en Gambara y luego en Bozzolo. Tras la Liberación prepara a los jóvenes para la democracia y en 1949 funda el periódico Adesso, para evangelizar a los más pobres y a los campesinos, que le procura diez sanciones de la autoridad eclesiástica. En 1954 el Santo Oficio le prohíbe predicar fuera de la diócesis y escribir, pero más tarde el Papa Montini lo invita a predicar en la Misión de Milán y Juan XXIII lo recibe en audiencia privada. Dos reconocimientos importantes. El Padre Mazzolari fallece en Bozzolo, Italia, a la edad de 69 años. El presidente de la fundación Mazzolari y postulador de la causa de beatificación afirma: “La propuesta del padre Mazzolari es la propuesta de un cristianismo que pone en el centro la misericordia de Dios”.  Él es definido por muchos “el párroco de los lejanos”; “el párroco de Italia”: su mirada siempre estuvo atenta también a aquellos que no estaban, a los ausentes, a quienes necesitaban sentir una cercanía.

 

 

11ª semana. Miércoles

LA ORACIÓN MENTAL

— Necesidad y frutos.

— La oración preparatoria. Ponerse en presencia de Dios.

— La ayuda de la Comunión de los Santos.

I. El Evangelio de la Misa de hoy1 es una llamada a la oración personal. Cuando oréis -nos dice Jesús-, no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres... Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo oculto...

El Señor, que nos da esta enseñanza acerca de la oración, la practicó en su vida en la tierra. El Santo Evangelio nos refiere las muchas veces que se retiraba Él solo para orar2. Y este mismo ejemplo lo siguieron los Apóstoles y los primeros cristianos, y después todos aquellos que han querido seguir de cerca al Maestro. «El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso»3.

La oración diaria nos mantiene vigilantes ante el enemigo que acecha continuamente, nos hace firmes ante pruebas y dificultades, aprendemos en ella a servir a los demás, es el faro de luz intensa que ilumina el camino y ayuda a ver con claridad los obstáculos. La oración personal nos mueve a realizar mejor el trabajo, a cumplir los deberes con la propia familia y con la sociedad, y tiene una influencia decisiva en las relaciones con los demás. Pero, sobre todo, nos enseña a tratar al Maestro y a crecer en el amor. «¡No dejéis de orar! –nos aconseja el Papa Juan Pablo II–. ¡La oración es un deber, pero también es una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo!»4.

En la oración estamos con Jesús; eso nos debe bastar. Vamos a entregarnos, a conocerle, a aprender a amar. El modo de hacerla depende de muchas circunstancias: del momento que pasamos, de las alegrías que hemos recibido, de las penas... que se convierten en gozo cerca de Cristo. En muchas ocasiones traemos a la consideración algún pasaje del Evangelio y contemplamos la Santísima Humanidad de Jesús, y aprendemos a quererle (no se ama sino lo que se conoce bien); examinamos otras veces si estamos santificando el trabajo, si nos acerca a Dios; cómo es el trato con aquellas personas entre las que transcurre nuestra vida: la familia, los amigos...; quizá al hilo de la lectura de algún libro –como el que tienes entre las manos–, convirtiendo en tema personal aquello que leemos, diciendo al Señor con el corazón esa jaculatoria que se nos propone, continuando con un afecto que el Espíritu Santo ha sugerido en lo hondo del alma, recogiendo un pequeño propósito para llevarlo a cabo en ese día o avivando otro que habíamos formulado...

La oración mental es una tarea que exige poner en juego, con la ayuda de la gracia, la inteligencia y la voluntad, dispuestos a luchar decididamente contra las distracciones, no admitiéndolas nunca voluntariamente, y poniendo empeño en dialogar con el Señor, que es la esencia de toda oración: hablarle con el corazón, mirarle, escuchar su voz en lo íntimo del alma. Y siempre debemos tener la firme determinación de dedicar a Dios, a estar con Él a solas, el tiempo que hayamos previsto, aunque sintamos gran aridez y nos parezca que no conseguimos nada. «No importa si no se puede hacer más que permanecer de rodillas durante este tiempo, y combatir con absoluta falta de éxito contra las distracciones: no se está malgastando el tiempo»5. La oración siempre es fructuosa si hay empeño por sacarla adelante, a pesar de las distracciones y de los momentos de aridez. Nunca nos deja Jesús sin abundantes gracias para todo el día. Él «agradece» siempre con mucha generosidad el rato en que Le hemos acompañado.

II. Es de particular importancia ponernos en presencia de Aquel con quien deseamos hablar. Con frecuencia, el resto de la oración puede depender de estos primeros minutos en los que ponemos empeño en estar cerca de Quien sabemos nos ama y espera nuestra súplica, un acto de amor, que consideremos junto a Él un asunto que nos preocupa..., o sencillamente que permanezcamos en su presencia mirándole y sabiendo que nos mira. Si cuidamos con esmero, con amor, estos primeros momentos, si nos situamos de verdad delante de Cristo, una buena parte de la aridez y de las dificultades para hablar con Él desaparecen..., porque eran simplemente disipación, falta de recogimiento interior.

Para ponernos en presencia de Dios al comenzar la oración mental, debemos hacernos algunas consideraciones, que nos ayuden a alejar de nuestra mente otras preocupaciones. Le podemos decir a Jesús: «Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, para escucharme. Está en el Tabernáculo, realmente presente bajo las especies sacramentales, con su Cuerpo, su Sangre, Alma y Divinidad; y está presente en nuestra alma por la gracia, siendo el motor de nuestros pensamientos, afectos, deseos y obras sobrenaturales (...): ¡que me ves, que me oyes!

»Enseguida –nos sigue diciendo San Josemaría Escrivá–, el saludo, como se acostumbra a hacer cuando conversamos con una persona en la tierra. A Dios se le saluda adorándole: ¡te adoro con profunda reverencia! Y si a esa persona la hemos ofendido alguna vez, si la hemos tratado mal, le pedimos perdón. Pues, a Dios Nuestro Señor, lo mismo: te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer bien, con fruto, este rato de conversación contigo. Y ya estamos haciendo oración, ya nos encontramos en la intimidad de Dios.

»Pero, además, ¿qué haríamos si esa persona principal, con la que queremos charlar, tiene madre, y una madre que nos ama? ¡Iríamos a buscar su recomendación, una palabra suya en favor nuestro! Pues a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra y nos quiere tanto, hemos de invocarla: ¡Madre mía Inmaculada! Y acudir a San José, el padre nutricio de Jesús, que también puede mucho en la presencia de Dios: ¡San José, mi Padre y Señor! Y al Ángel de la Guarda, ese príncipe del Cielo que nos ayuda y nos protege... ¡Interceded por mí!

»Una vez hecha la oración preparatoria, con esas presentaciones que son de rigor entre personas bien educadas en la tierra, ya podemos hablar con Dios. ¿De qué? De nuestras alegrías y nuestras penas, de nuestros trabajos, de nuestros deseos y nuestros entusiasmos... ¡De todo!

»También podemos decirle, sencillamente: Señor, aquí estoy hecho un bobo, sin saber qué contarte... Querría hablar contigo, hacer oración, meterme en la intimidad de tu Hijo Jesús. Sé que estoy junto a Ti, y no sé decirte dos palabras. Si estuviera con mi madre, con aquella persona querida, les hablaría de esto y de lo otro; contigo no se me ocurre nada.

»¡Esto es oración (...)! Permaneced delante del Sagrario, como un perrito a los pies de su amo, durante todo el tiempo fijado de antemano. ¡Señor, aquí estoy! ¡Me cuesta! Me marcharía por ahí, pero aquí sigo, por amor, porque sé que me estás viendo, que me estás escuchando, que me estás sonriendo»6.

Y junto a Él, incluso cuando no sabemos muy bien qué decirle, nos llenamos de paz, recuperamos las fuerzas para sacar adelante nuestros deberes, y la cruz se torna liviana porque ya no es solo nuestra: Cristo nos ayuda a llevarla.

III. Junto a Cristo en el Sagrario, o allí donde nos encontremos haciendo el rato de oración mental, perseveraremos por amor, cuando estemos gozosos y cuando nos resulte difícil y nos parezca que aprovechamos poco. Nos ayudará en muchas ocasiones el sabernos unidos a la Iglesia orante en todas las partes del mundo. Nuestra voz se une al clamor que, en cada momento, se dirige a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. «A la hora de la oración mental, y también durante el día –nos continúa diciendo San Josemaría Escrivá–, recordad que nunca estamos solos, aunque quizá materialmente nos encontremos aislados. En nuestra vida (...) permanecemos siempre unidos a los Santos del Paraíso, a las almas que se purifican en el Purgatorio y a todos nuestros hermanos que pelean aún en la tierra. Además, y esto es un gran consuelo para mí, porque es una muestra admirable de la continuidad de la Iglesia Santa, os podéis unir a la oración de todos los cristianos de cualquier época: los que nos han precedido, los que viven ahora, los que vendrán en los siglos futuros. Así, sintiendo esta maravilla de la Comunión de los Santos, que es un canto inacabable de alabanza a Dios, aunque no tengáis ganas o aunque os sintáis con dificultades –¡secos!–, rezaréis con esfuerzo, pero con más confianza.

»Llenaos de alegría, pensando que nuestra oración se une a la de aquellos que convivieron con Jesucristo, a la incesante plegaria de la Iglesia triunfante, purgante y militante, y a la de todos los cristianos que vendrán. Por tanto (...), cuando te encuentres árido en la oración, esfuérzate y di al Señor: Dios mío, yo no quiero que falte mi voz en este coro de alabanza permanente dirigida a Ti y que no cesará nunca»7.

En la diaria oración se encuentra el origen de todo progreso espiritual y una fuente continua de alegría, si ponemos empeño y vamos decididos a estar «a solas con quien sabemos nos ama»8. La vida interior progresa al compás de la oración, y repercute en las acciones de la persona, en su trabajo, en su apostolado, en su mortificación...

Acudamos con frecuencia a Santa María para que nos enseñe a tratar a su Hijo, pues ninguna persona en el mundo supo dirigirse a Cristo como lo hizo su Madre. Y junto a Ella, San José, que tantas veces habló con Jesús, mientras trabajaba, en el descanso, durante un viaje, mientras paseaban por los alrededores de Nazaret... Después de María, José fue quien más horas pasó junto al Hijo de Dios. Él nos enseñará a tratar al Maestro y, si se lo pedimos, nos ayudará cada día a sacar propósitos firmes, concretos y claros que nos ayudarán a mejorar el trabajo, a limar las asperezas del carácter, a ser más serviciales, a estar alegres por encima de todas las contradicciones que pueden sobrevenir...

Sancte Ioseph, ora pro eis, ora pro me! San José, ruega por ellos (aquí podemos fijar nuestra atención en las personas concretas por las que deseamos pedir con particular intensidad), ruega por mí.

1 Mt 6, 1-6; 16-18. — 2 Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 6; etc. — 3 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 295. — 4 Juan Pablo II, Alocución, 14-III-1979. — 5 E. Boylan, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 141. — 6 San Josemaría Escrivá, Registro Histórico del Fundador, 20165, p. 1410. — 7 Ibídem, 20165, p. 1411. — 8 Santa Teresa, Vida, 8, 2.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Llevad los unos las cargas de los otros”

Dice el Señor: “Un mandato nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos”. –Y San Pablo: “Llevad unos la carga de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo”. –Yo no te digo nada. (Camino, 385)

Si mirásemos a nuestro alrededor, encontraríamos quizá razones para pensar que la caridad es una virtud ilusoria. Pero, considerando las cosas con sentido sobrenatural, descubrirás también la raíz de esa esterilidad: la ausencia de un trato intenso y continuo, de tú a Tú, con Nuestro Señor Jesucristo; y el desconocimiento de la obra del Espíritu Santo en el alma, cuyo primer fruto es precisamente la caridad.

Recogiendo unos consejos del Apóstol -llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo- añade un Padre de la Iglesia: amando a Cristo soportaremos fácilmente la debilidad de los demás, también de aquél a quien no amamos todavía, porque no tiene obras buenas.

Por ahí se encarama el camino que nos hace crecer en la caridad. Si imaginásemos que antes hemos de ejercitarnos en actividades humanitarias, en labores asistenciales, excluyendo el amor del Señor, nos equivocaríamos. No descuidemos a Cristo a causa de la preocupación por el prójimo enfermo, ya que debemos amar al enfermo a causa de Cristo.

Mirad constantemente a Jesús que, sin dejar de ser Dios, se humilló tomando forma de siervo, para poder servirnos, porque sólo en esa misma dirección se abren los afanes que merecen la pena. El amor busca la unión, identificarse con la persona amada: y, al unirnos a Cristo, nos atraerá el ansia de secundar su vida de entrega, de amor inmensurable, de sacrificio hasta la muerte. Cristo nos sitúa ante el dilema definitivo: o consumir la propia existencia de una forma egoísta y solitaria, o dedicarse con todas las fuerzas a una tarea de servicio. (Amigos de Dios, 236)

 

 

Las misas de san Josemaría en España

Listado de algunas de las misas organizadas por la festividad de san Josemaría, fundador del Opus Dei. Actualizado el 20 de junio a las 16:00.

Noticias 20 de Junio de 2017

pus Dei - Las misas de san Josemaría en España

Textos litúrgicos de la Misa de san Josemaría (Descarga en formato PDF)

Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

Biografía del fundador del Opus Dei

*****

Ciudades (por orden alfabético)

A Coruña

San Jorge. 26 de junio a las 20:00.
Parroquia Santuario de Fátima. 26 de junio a las 12:00.

 

Alaquàs

Parroquia de la Asunción. 26 de junio a las 19:00.

Albacete

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Alcalá de Henares

Magistral. 26 de junio a las 19:30.

Alcázar de san Juan

Parroquia de san Rafael. 26 de junio a las 20:00.

Alcorcón (Madrid)

Parroquia de San Josemaría. 26 de junio a las 20:00.

Algeciras

Iglesia del Carmen. 26 de junio a las 19:30.

Alicante

Parroquia Nuestra Señora de Gracia. 26 de junio a las 20:00.

Almería

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Andorra

Església de Sant Julià de Lòria. 2 de julio a las 11:30.

Antequera

Iglesia Colegiata de San Sebastián. 26 de junio a las 19.00.

 

Arbucias (Girona)

Parroquia de Sant Quirze i Santa Julita. 26 de junio a las 19.30.

Ávila

Santuario de Sonsoles. 20 de junio a las 20:00.

Badajoz

Catedral. 24 de junio a las 20.00.

Badalona

Sant Josep. 26 de junio a las 20:00.

Barakaldo

Nuestra Señora de la Esperanza. 26 de junio a las 19:30.

 

Barcelona

Nuestra Señora de Montalegre. 26 de junio a las 19:00.

Oratorio de Santa María de Bonaigua. 26 de junio a las 20:15.

Sant Cristòfol. 26 de junio a las 19:00.

Barbastro

Parroquia de San José (Iglesia de San Josemaría). 26 de junio a las 20:00.

Bilbao

San Vicente. 26 de junio a las 19:30.

Burgos

Parroquia de San Josemaría. 26 de junio a las 19:45.

Cáceres

Parroquia de Jesús Resucitado. 26 de junio a las 20:00.

Cádiz

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Calatayud

Parroquia de San Juan el Real. 26 de junio a las 19:30.

Canals

Parroquia de S. Antonio Abad. 26 de junio a las 19:30.

Canet del Mar

Sant Pere i Sant Pau. 26 de junio a las 20:00.

Cartagena

Parroquia Santa María de Gracia. 26 de junio a las 19:30.

Castellón

Concatedral de Santa María. 26 de junio a las 20:00.

Castro Urdiales

Iglesia de Santa María. 17 de junio a las 11:30.

Ceuta

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Ciudad Real

Santiago Apóstol. 26 de junio a las 20:00.

Ciutadella (Menorca)

Iglesia del Sant Crist. 20 de junio a las 19:30.

Collado Villalba (Madrid)

Nuestra Señora del Camino. 26 de junio a las 20:30.

Córdoba

Catedral. 25 de junio a las 20:00.

Cuenca

San Esteban. 26 de junio a las 20:00.

Durango

Santa María. 26 de junio a las 19:00.

Elche

Basílica Santa María. 26 de junio a las 20:00.

Estella

Parroquia de San Pedro. 26 de junio a las 19:00.

Ferrol (A Coruña)

S. Julián (Concatedral de Ferrol). 26 de junio a las 19:30.

Gandía

Colegiata. 27 de junio a las 19:30.

Gijón

Iglesia de San Lorenzo. 26 de junio a las 20:00.

Girona

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Granada

Monasterio de San Jerónimo. 26 de junio a las 20:00.

Guadalajara

Parroquia Santa María la Mayor. 26 de junio a las 20:00.

Guadix

Iglesia de Santiago. 26 de junio a las 20:00.

 

Hospitalet de Llobregat

Sta. Eulàlia de Mérida. 26 de junio a las 20:00.

Huelva

Catedral (Parroquia de La Merced). 27 de junio a las 20:30.

Huesca

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Ibiza

Parroquia Santa Cruz. 27 de junio a las 20:30.

Igualada

Basílica de Santa María. 26 de junio a las 20:00.

Jaén

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Jerez

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

La Línea de la Concepción

Parroquia de la Inmaculada. 27 de junio a las 20:00.

Las Arenas (Getxo)

Las Mercedes. 26 de junio a las 20:00.

Las Palmas

Catedral. 26 de junio a las 19:00.

León

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Lleida

Catedral Nueva. 26 de junio a las 20:00.

Lodosa

Parroquia de San Miguel. 26 de junio a las 20:00.

Logroño

Concatedral de Sª Mª de la Redonda. 26 de junio a las 20:00.

Lugo

Santiago “A nova”. 26 de junio a las 20:00.

Madrid

Catedral de la Almudena. 26 de junio a las 20:00.
Caballero de Gracia. 26 de junio a las 12:15.
Nuestra Señora de los Ángeles. 26 de junio a las 20:30.
Basílica de la Milagrosa. 26 de junio a las 20:30.
Parroquia de San Josemaría (Aravaca). 26 de junio a las 20:30.
Basílica de San Miguel. 26 de junio a las 20:30.

Iglesia del Espíritu Santo. 26 de junio a las 12:00.

Málaga

Catedral. 26 de junio a las 19:30.

Manresa

Santa Maria de la Seu. 26 de junio a las 19:00.

Marbella

Nª Sª de la Encarnación. 26 de junio a las 20:00.

Martorell

Crist Salvador. 26 de junio a las 18:30.

Matadepera (Barcelona)

Parroquia de de St. Joan. 26 de junio a las 19:30.

Mataró

Sant Josep. 26 de junio a las 19:30.

 

 

 

Mérida

Concatedral de Santa María. 26 de junio a las 20.30.

Molina de Aragón

Parroquia de San Gil. 27 de junio a las 20.00.

Motril

Iglesia Mayor de la Encarnación. 26 de junio a las 20.00.

Murcia

Catedral. 26 de junio a las 20:15.

Ourense

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Oviedo

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Palamós

Parroquia de Santa María del Mar. 26 de junio a las 19:30.

Palencia

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Palma de Mallorca

Catedral. 26 de junio a las 19:30.

Pamplona

Polideportivo Universidad de Navarra. 26 de junio a las 19:30.

Plasencia

San Nicolás. 28 de junio a las 20:00.

Pontevedra

San José. 26 de junio a las 20.00.

Ronda

Nuestra Señora de la Merced. 26 de junio a las 18:30.

 

Sabadell

Sant Feliu. 26 de junio a las 20:00.

Salamanca

Catedral Vieja. 26 de junio a las 20.00.

San Sebastián/Donostia

Basílica de Santa María del Coro. 26 de junio a las 20:00.

Sant Cugat del Vallès

Monestir. 26 de junio a las 20:30.

Santa Cruz de Tenerife

Parroquia del Sagrado Corazón. 26 de junio a las 19:00.

Santander

Catedral. 26 de junio a las 19:30.

Santiago de Compostela (A Coruña)

Catedral de Santiago. 26 de junio a las 19:30.

Segovia

Catedral. 26 de junio a las 19:30.

Sevilla

Catedral. 25 de junio a las 20:00.
Iglesia del Señor San José. 26 de junio a las 12:00.

Sigüenza

Catedral. Parroquia de San Pedro. 26 de junio a las 20:00.

Soria

San Juan de Rabanera. 26 de junio a las 19:00.

Talavera de la Reina

San Ildefonso. 26 de junio a las 20:00.

Tarragona

Catedral. 26 de junio a las 20:00.

Terrassa

Parroquia de les Fonts. 26 de junio a las 19:30.

Teruel

Catedral. 27 de junio a las 20:00.

Toledo

Santiago del Arrabal. 26 de junio a las 20:00.

Santuario de Torreciudad

26 de junio a las 11:00.

Torrent

Parroquia de San José. 26 de junio a las 19:30.

Tortosa

Sant Blai. 26 de junio a las 19:00.

Tudela

Catedral. 27 de junio a las 20:00.

Úbeda

Parroquia de la Trinidad. 26 de junio a las 20:30.

Valencia

Parroquia San Josemaría. 26 de junio a las 19:30.
San Juan del Hospital. 26 de junio a las 12:00 y a las 19:00.
Parroquia San Pascual Bailón. 26 de junio a las 20.00.

Valladolid

Catedral. 26 de junio a las 20.00.

Vic

Parroquia del Carme. 26 de junio a las 20:00.

Vigo (Pontevedra)

Santuario de Fátima. 26 de junio a las 20:00.
Santiago de Vigo. 26 de junio a las 12:30.

Vitoria-Gasteiz

Parroquia de San Miguel. 26 de junio a las 19:30.

Zamora

Convento del Tránsito. 26 de junio a las 20:30.

Zaragoza

 

Basílica de Nuestra Señora de El Pilar. 26 de junio a las 20:00.

Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz. 26 de junio a las 12:00.

 

 

Trabajar a conciencia

A quien desea ser santo, no le basta trabajar: debe trabajar bien, empeñándose, aceptando los fracasos, y aprendiendo a vivir las virtudes -como la paciencia o la caridad- en su ocupación diaria. Nuevo texto editorial sobre la santificación del trabajo.

Trabajo 19 de Abril de 2016

pus Dei - Trabajar a conciencia

Si queremos de veras santificar el trabajo, hay que cumplir ineludiblemente la primera condición: trabajar, ¡y trabajar bien!, con seriedad humana y sobrenatural[1].

Ya hemos visto, en un artículo precedente, que trabajar por un motivo sobrenatural es como el alma de la santificación del trabajo[2]. Ahora nos detendremos a considerar que la materia, por así decir, a la que da vida ese alma es el trabajo bien hecho, pues el motivo sobrenatural, si es auténtico amor a Dios y al prójimo, reclama necesariamente que procuremos llevar a cabo nuestra tarea lo mejor posible.

De modo particular hemos de tener presente que, según enseñó San Josemaría, la santificación del trabajo ordinario supone la buena realización del trabajo mismo, la perfección también humana, el buen cumplimiento de todas las obligaciones profesionales y sociales. Es trabajar a conciencia, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas.

La santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, decía San Josemaría, sino en hacerlas cada día con más amor.

Para meditar con fruto esa enseñanza del fundador del Opus Dei, conviene observar que cuando hablamos de "trabajar bien" nos referimos ante todo a la actividad de trabajar, no al resultado del trabajo.

Puede suceder que se trabaje bien y sin embargo la tarea salga mal, ya sea por una equivocación involuntaria o por causas que no dependen de uno mismo. En estos casos –que se presentan a menudo– aparece con claridad la diferencia entre quien trabaja con sentido cristiano y quien busca principalmente el éxito humano. Para el primero lo que tiene valor es, ante todo, la misma actividad de trabajar y, aunque no haya obtenido un buen resultado, sabe que no se ha perdido nada de lo que ha procurado hacer bien por amor a Dios y afán de corredimir con Cristo; por eso no se rebela ante las contrariedades –tratando de superarlas–, sino que ve la posibilidad de unirse más a la Cruz del Señor. En cambio, para el segundo, todo se ha malogrado si no ha salido bien. Evidentemente, quien piense de este modo nunca entenderá qué es santificar el quehacer profesional.

Trabajar a conciencia es trabajar con perfección humana por un motivo sobrenatural. No es trabajar humanamente bien y "después" añadir un motivo sobrenatural. Es algo más profundo. Es el amor a Dios lo que debe llevar a un cristiano a realizar con perfección su tarea, porque no podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los mínimos detalles: Dios no acepta las chapuzas. No presentaréis nada defectuoso, nos amonesta la Escritura Santa, pues no sería digno de El (Lv 22, 20)[3].

Cuando se procura actuar de este modo es normal que el trabajo salga bien y se obtengan buenos resultados. Más aún, es frecuente que quien busca santificar el trabajo destaque profesionalmente entre sus iguales porque, el amor a Dios impulsa a excederse gustosamente, y siempre, en el deber y en el sacrificio[4]. Pero no hay que olvidar nunca –vale la pena repetirlo– que Dios permite a veces contradicciones y fracasos humanos para que purifiquemos la intención y participemos de la Cruz del Señor. Y esto no significa que no se haya trabajado bien y santificado esa tarea.

Virtudes humanas en el trabajo

El trabajo bien hecho pone en práctica las virtudes humanas informadas por la caridad. Es toda una trama de virtudes la que se pone en juego al desempeñar nuestro oficio, con el propósito de santificarlo: la fortaleza, para perseverar en nuestra labor, a pesar de las naturales dificultades y sin dejarse vencer nunca por el agobio; la templanza, para gastarse sin reservas y para superar la comodidad y el egoísmo; la justicia, para cumplir nuestros deberes con Dios, con la sociedad, con la familia, con los colegas; la prudencia, para saber en cada caso qué es lo que conviene hacer, y lanzarnos a la obra sin dilaciones... Y todo, insisto, por Amor[5].

Todas las virtudes humanas son necesarias, porque forman un entramado en el que los hilos se refuerzan entre sí. Pero hay un orden entre ellas: unos hilos que se ponen antes que otros, lo mismo que al tejer un tapiz.

Como la primera condición es trabajar y trabajar bien, se comprende que nuestro Fundador destaque dos virtudes humanas –la laboriosidad y la diligencia–, que se confunden en una sola: en el empeño por sacar partido a los talentos que cada uno ha recibido de Dios[6].

Como en la parábola del Evangelio, el Señor nos ha otorgado los talentos necesarios para cumplir la misión de ponerle en la entraña de las actividades humanas santificando la profesión propia de cada uno. No es lícito comportarse como el siervo malo y perezoso[7] que enterró el talento recibido. Dios quiere que hagamos rendir, por amor suyo, los dones que nos ha dado. Y para esto hay que trabajar con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana, poniendo todo el esfuerzo necesario.

La laboriosidad y la diligencia inclinan juntas a afrontar el trabajo que se debe hacer, no cualquier cosa o lo que apetece, y a realizarlo cómo y cuándo se debe. El que es laborioso aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, ¡es gloria de Dios! Hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Por eso es diligente. El uso normal de esta palabra –diligente– nos evoca ya su origen latino. Diligente viene del verbo diligo, que es amar, apreciar, escoger como fruto de una atención esmerada y cuidadosa. No es diligente el que se precipita, sino el que trabaja con amor, primorosamente[8].

Es preciso luchar contra la pereza, vicio capital y madre de todos los vicios[9]. Una de sus formas es la tardanza en el cumplimiento de las obligaciones[10]: aplazando lo que cuesta y dando prioridad a otras cosas que gustan más o exigen menos esfuerzo. No dejes tu trabajo para mañana[11], aconseja San Josemaría, porque a veces, con falsas excusas, somos demasiado cómodos, nos olvidamos de la bendita responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros, nos conformamos con lo que basta para salir del paso, nos dejamos arrastrar por razonadas sinrazones para estar mano sobre mano, mientras Satanás y sus aliados no se toman vacaciones[12]. No servimos a Dios con lealtad cuando nos puedan señalar como vagos, informales, frívolos, desordenados, perezosos, inútiles...[13].

El quehacer profesional es campo para el ejercicio de todas las virtudes humanas, imitando el ejemplo de los años de Jesús en Nazaret. El orden y la serenidad, la alegría y el optimismo, la reciedumbre y la constancia, la lealtad, la humildad y la mansedumbre, la magnanimidad y todas las demás virtudes que aquí no es posible ni siquiera mencionar, hacen del trabajo profesional terreno fecundo que se llena de frutos con la lluvia de la gracia.

El secreto para realizar cada día mejor el trabajo son las cosas pequeñas: detalles que están al alcance de un hijo de Dios y que dan un remate de perfección a nuestra actividad.

Sin la lucha para practicar diariamente estas virtudes es fácil caer en el error de quienes se consideran cristianos "practicantes" porque asisten a unos actos de culto y recitan unas oraciones, pero dejan que su vida profesional discurra, más o menos descaradamente, al margen de la moral cristiana, con faltas de justicia, de veracidad, de honradez...

Una labor de este género no es agradable a Dios, y no puede decirse que esté bien hecha, ni santificada, aunque obtenga resultados brillantes a los ojos humanos y destaque por su perfección técnica en algunos aspectos. San Josemaría ha enseñado siempre a poner en práctica la fe –¡a encarnarla!– en el trabajo profesional, con unidad de vida. Y esto se logra mediante las virtudes humanas informadas por la caridad.

Sin la caridad, el esfuerzo humano no basta para santificar el trabajo, porque la caridad –el amor sobrenatural a Dios y a las almas– es la esencia de la santidad. Un cristiano que sea muy eficaz, si falta a la caridad no santifica su trabajo. En realidad tampoco puede decirse que trabaje muy bien, porque la caridad va dentro de las virtudes, y su falta se manifiesta antes o después en la quiebra de éstas: en injusticias, en odios, en ira, en envidia...

 

an Josemaría Escrivá, con sus dos sucesores, don Álvaro y don Javier.

​San Josemaría Escrivá, con sus dos sucesores, don Álvaro y don Javier.

 

El amor a Dios no es un sentimiento inoperante. Es el acto de la virtud teologal de la caridad que, junto con la fe y la esperanza, debe gobernar la realidad concreta de la vida de un hijo de Dios mediante el ejercicio de las virtudes humanas. Sólo así podemos identificarnos a Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

Cosas pequeñas

Las virtudes cristianas se manifiestan y se desarrollan en la actividad profesional ordinariamente a través de cosas pequeñas. La misma laboriosidad, que de algún modo es la condición de las demás virtudes en el trabajo, no consiste sólo en trabajar mucho, porque no hay que olvidar que a fuerza de descuidar detalles, pueden hacerse compatibles trabajar sin descanso y vivir como un perfecto comodón[14].

Esta virtud puede perder su genuino valor si se descuida la lucha en aquellos detalles de orden a los que quizá no se siente inclinación, o de puntualidad al comenzar y terminar el trabajo, o se posterga la atención a la familia, o se desatienden las iniciativas apostólicas con la excusa de que el trabajo absorbe casi todas las energías. El cuidado de las cosas pequeñas protege de este peligro porque custodia la rectitud de intención, ya que muchos detalles sólo brillan ante Dios.

La santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, decía San Josemaría, sino en hacerlas cada día con más amor. El secreto para realizar cada día mejor el trabajo son las cosas pequeñas: detalles que están al alcance de un hijo de Dios y que dan un remate de perfección a nuestra actividad.

Otra cosa distinta es el "perfeccionismo", el defecto de buscar como fin la perfección por la perfección en el resultado exterior del trabajo. Este defecto encierra una deformación de las virtudes humanas, muestra que se ha perdido la visión de conjunto, el sentido de la prudencia que dicta a veces que lo mejor es enemigo de lo bueno, porque pretender lo mejor llevaría a descuidar otras exigencias del trabajo bien hecho, como acabarlo en el plazo oportuno. El perfeccionismo es un sucedáneo de la perfección, que revela amor propio y complacencia vana, y es preciso combatirlo con el realismo de la humildad cristiana que sabe reconocer las propias limitaciones y confiar en Dios.

Él ha creado todo por amor, y sus obras son perfectas: Dei perfecta sunt opera[15]. Nuestro trabajo es una participación en la obra creadora[16], y ha de ser también perfecto, en lo que depende de nuestras fuerzas, con la gracia de Dios.

El cuidado de las cosas pequeñas caracteriza el modo divino de trabajar de un hijo de Dios, porque manifiesta la perfección del amor. Y es fundamental llegar a ser contemplativos en el trabajo, porque así como Dios creó y vio que era bueno[17] –contempló el reflejo de su Amor y Verdad en lo que había creado– análogamente, con la infinita distancia que comporta aquí la analogía, nuestro trabajo será bueno y medio de contemplación si es una tarea no sólo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral. Así el trabajo será oración. Oración contemplativa, pues un trabajo realizado con perfección, poniendo amor en las cosas pequeñas, permite descubrir ese algo divino que en los detalles se encierra[18]. Por eso, concluía nuestro Padre, cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios[19].

Aprender a trabajar bien

El panorama maravilloso que se abre ante nuestros ojos ha de ser puesto por obra en nuestra vida. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo[20]. Servir a Dios y a los demás con nuestro trabajo, requiere preparación, competencia no sólo técnica sino moral, humana y cristiana.

 

San Josemaría quería grabar en nuestros corazones que no basta la "buena voluntad" para ser un buen médico o una buena ama de casa, sino que se requieren conocimientos y virtudes.

Para servir, servir, son unas palabras que San Josemaría quería grabar en nuestros corazones con el fin de que no olvidásemos que no basta la "buena voluntad" para ser un buen médico o una buena ama de casa, sino que se requieren conocimientos y virtudes. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas[21].

La "formación profesional" para santificar el trabajo no consiste sólo en unos conocimientos teóricos previos. Se necesita mucho más como se ha dicho antes: hacen falta virtudes humanas informadas por la caridad. Por este motivo, principalmente, la formación profesional dura toda la vida, y se mejora día a día poniendo empeño en crecer en las virtudes cristianas. No basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas. Discite benefacere (Is 1, 17), aprended a hacer el bien. Hay que ejercitarse habitualmente en los actos correspondientes –hechos de sinceridad, de veracidad, de ecuanimidad, de serenidad, de paciencia–, porque obras son amores, y no cabe amar a Dios sólo de palabra, sino con obras y de verdad (1 Jn 3, 18)[22].

Cauce estupendo para esta formación es la dirección espiritual personal. Si sabemos abrir el alma de par en par, podremos recibir consejos certeros –a veces indicaciones sobre deberes morales o de conciencia–, porque el Espíritu Santo da su luz y su gracia a través de ese medio. También hemos de estar dispuestos a recibir esta formación en el mismo lugar de trabajo, sabiendo aprovechar las observaciones de quienes nos rodean. Se requiere para esto humildad, sencillez para admitir las propias limitaciones y para dejarse ayudar evitando la suficiencia, la presunción y la vanidad.

Ilusión profesional

Una disposición interior muy conveniente para aprender a trabajar es la ilusión profesional. Pero es importante tener una idea justa, elevada, de lo que debe ser esta ilusión en un cristiano, para no reducirla a una simple inclinación natural.

En rigor es el anhelo de servir a Dios y a los demás con nuestro trabajo, el deseo de contribuir con la propia actividad profesional al progreso humano orientándolo con sentido cristiano, y a empapar así la sociedad con el espíritu de Cristo. Esta es la médula de la ilusión profesional de un hijo de Dios, que despierta el interés humano por la tarea que se realiza y lo alimenta desde la raíz con una savia de esperanza sobrenatural que mantiene vivo el empeño de convertir la prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico[23].

Las actividades más ordinarias no son ya un monótono sucederse de acciones que se repiten, como no lo fueron en la vida de Jesús, María y José en Nazaret. Se descubre una nueva dimensión en nuestras tareas, y se goza con la presencia de Dios que las aprueba, acogiendo la ofrenda del trabajo bien hecho.

Para un hijo de Dios, la ilusión profesional no es un gusto o un capricho. Es la ilusión de realizar el trabajo que Dios quiere para que se santifique y dé fruto. Por esto hay una vocación profesional, que es parte importante de la vocación divina. Pero ese querer de Dios se descubre no sólo por las inclinaciones y aptitudes –que ciertamente cuentan–, sino también por las circunstancias en las que cada uno se encuentra por Providencia divina, y concretamente por los deberes que ha de cumplir y los servicios que de hecho puede prestar.

"Coloca los quehaceres profesionales en su sitio: constituyen exclusivamente medios para llegar al fin; nunca pueden tomarse, ni mucho menos, como lo fundamental. ¡Cuántas "profesionalitis" impiden la unión con Dios!" (San Josemaría).

Todo este conjunto de factores configura la vocación profesional, y se llama "vocación" porque efectivamente representa una llamada de Dios a elegir, de acuerdo con las circunstancias personales, la actividad profesional más conveniente como materia de santificación y apostolado.

En este marco se ve cuán lejos de la ilusión profesional esté esa patología que suele llamarse profesionalitis. Lo primero es el amor al trabajo como medio de santificación y apostolado; lo segundo es la esclavitud a un ídolo que se ha puesto como fin. Y esto último puede suceder sin haberlo pretendido expresamente, por haber descuidado rectificar la intención y haberse movido en la práctica por metas terrenas poniendo en el triunfo la propia complacencia.

San Josemaría advierte de este peligro: coloca los quehaceres profesionales en su sitio: constituyen exclusivamente medios para llegar al fin; nunca pueden tomarse, ni mucho menos, como lo fundamental. ¡Cuántas "profesionalitis" impiden la unión con Dios![24]. Aprender a trabajar bien es también aprender a poner el trabajo en su sitio, un sitio tan importante como el de eje de la santificación en la vida ordinaria, pero siempre un medio.

* * *

A los buenos profesionales se les conoce por su trabajo. A San José todos le conocían como el artesano, y a Jesús como el hijo del artesano, fabri filius[25], y artesano Él mismo[26]. No nos ha quedado el resultado de su trabajo, ninguno de los enseres que fabricaron, con calidad, con la perfección que permitían las herramientas, trabajando con esfuerzo, orden, alegría..., mientras Santa María se ocupaba con el mismo espíritu de las tareas del hogar. Nos ha quedado en cambio el amor redentor de Jesús en ese quehacer, y el de María y José unidos al suyo con un solo corazón. Ésta es la esencia de la santificación del trabajo.


[1] Forja, n. 698.

[2] Cfr. Camino, n. 359.

[3] Amigos de Dios, n. 55.

[4] Surco, n. 527.

[5] Amigos de Dios, n. 72.

[6] Ibidem, n. 81.

[7] Mt 25, 26.

[8] Amigos de Dios, n. 81.

[9] Surco, n. 505. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1866.

[10] Santo Tomás de Aquino, S.Th., II-II, q. 54, a. 2, ad 1.

[11] Camino, n. 15.

[12] Amigos de Dios, n. 62.

[13] Ibidem.

[14] Surco, n. 494.

[15] Dt 32, 4 (Vg).

[16] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2427.

[17] Gn 1, 10 ss.

[18] Conversaciones, n. 116.

[19] Ibidem, n. 116.

[20] Es Cristo que pasa, n. 50.

[21] Ibidem.

[22] Amigos de Dios, n. 91.

[23] Es Cristo que pasa, n. 50.

[24] Surco, n. 502.

[25] Mt 13, 55.

[26] Cfr. Mc 6, 3.

 

 

¿Cómo celebraban la Misa los primeros cristianos? 

En los Hechos de los Apóstoles encontramos evidencia de que las primeras comunidades cristianas celebraban la Eucaristía, a este respecto resulta muy interesante el relato que nos hace San Justino Mártir para el año 155 y que veremos en un momento…

Cabe señalar que en un comienzo a la Eucaristía se le conocía como la “Fracción del Pan”, nombre que permaneció en uso mientras la Eucaristía se celebraba en el marco de una comida. También se le llamaba la “Cena del Señor”. Dentro de ese marco, dice San Pablo, no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y por la oración.

La Eucaristía supone participar de la Mesa del Señor, pero con un acento marcado en la acción de gracias: “A este alimento lo llamamos Eucaristía”, dice San Justino en su Primera Apología. Ya para ese entonces, la Eucaristía se había separado de la cena y se había trasladado a la mañana. Esto lo encontramos por primera vez a mediados del Siglo II, pero luego se impone en toda la Iglesia.

Sabemos que las primeras comunidades eran perseguidas y acusadas de realizar sacrificios humanos en su culto a Dios. Se conserva una carta que San Justino le envió al emperador romano Antonio Pío para el año 155 en la que el santo explicaba, en un lenguaje que el “César” pudiera comprender, cómo era exactamente eso que hacían los cristianos en aquellas extrañas reuniones dominicales,

“El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. (se celebraba en domingo)

Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los profetas, tanto tiempo como es posible. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. (Liturgia de la Palabra, con todo y homilía)

Luego nos levantamos todos juntos y oramos por nosotros… y por todos los demás donde quiera que estén a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar así la salvación eterna. (Oración de los Fieles)

Cuando termina esta oración nos besamos unos a otros. (Rito de la Paz)

Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua y de vino mezclados. (Presentación de las Ofrendas)

El presidente los toma y eleva alabanza y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da gracias (en griego: eucharistian) largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones. (Liturgia de la Eucaristía)

Cuando terminan las oraciones y las acciones de gracias todo el pueblo presente pronuncia una aclamación diciendo: Amén. Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo le ha respondido, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes pan, vino y agua “eucaristizados” y los llevan a los ausentes.” (la Comunión)

Este relato de San Justino Mártir está recogido en su tratado conocido como Primera Apología (Apología 1, 65-67) y cuya dedicatoria reza: “Al emperador Antonino Pío y a los hijos adoptivos Marco Aurelio y Lucio Vero, al senado y al pueblo romano dirijo esta alocución y súplica en defensa de los hombres de toda estirpe, injustamente odiados y perseguidos”.

 

A continuación el texto completo de Apología 1, 65-67 de San Justino Mártir

“Después de ser lavado de ese modo, y adherirse a nosotros quien ha creído, le llevamos a los que se llaman hermanos, para rezar juntos por nosotros mismos, por el que acaba de ser iluminado, y por los demás esparcidos en todo el mundo. Suplicamos que, puesto que hemos conocido la verdad, seamos en nuestras obras hombres de buena conducta, cumplidores de los mandamientos, y así alcancemos la salvación eterna.

Terminadas las oraciones, nos damos el ósculo de la paz. Luego, se ofrece pan y un vaso de agua y vino a quien hace cabeza, que los toma, y da alabanza y gloria al Padre del universo, en nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo. Después pronuncia una larga acción de gracias por habernos concedido los dones que de Él nos vienen. Y cuando ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: Amén, que en hebreo quiere decir así sea. Cuando el primero ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que llamamos diáconos dan a cada asistente parte del pan y del vino con agua sobre los que se pronunció la acción de gracias, y también lo llevan a los ausentes.

A este alimento lo llamamos Eucaristía. A nadie le es lícito participar si no cree que nuestras enseñanzas son verdaderas, ha sido lavado en el baño de la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. Porque no los tomamos como pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro Salvador, se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo modo nos han enseñado que esta comida – de la cual se alimentan nuestra carne y nuestra sangre – es la Carne y la Sangre del mismo Jesús encarnado, pues en esos alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración que contiene las palabras del mismo Cristo. Los Apóstoles – en sus comentarios, que se llaman Evangelios – nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera, tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó (…)

Nosotros, en cambio, después de esta iniciación, recordamos estas cosas constantemente entre nosotros. Los que tenemos, socorremos a todos los necesitados y nos asistimos siempre los unos a los otros. Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Hacedor del universo a través de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo.

El día que se llama del sol, se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas, mientras hay tiempo. Cuando el lector termina, el que hace cabeza nos exhorta con su palabra y nos invita a imitar aquellos ejemplos. Después nos levantamos todos a una, y elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas, se ofrece el pan y el vino con agua como ya dijimos, y el que preside, según sus fuerzas, también eleva sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama: Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos.

Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de Saturno, y en el siguiente—que es el día del sol—, apareciéndose a sus Apóstoles y discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a vuestro examen.”

 

 

Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús

REFLEXIONES PARA CADA DÍA DEL MES DE JUNIO

Oración introductoria de cada día

Corazón amantisimo de Jesús digno de todo amor y de toda mi adoración; movido por el deseo de reparar y de lavar las ofensas graves y numerosas hechas contra ti, y para evitar que yo mismo me manche de la culpa ingrato, te ofrezco y te consagro enteramente mi corazón, mis afectos, mi trabajo y todo mi ser.

Por cuanto son pobres mis méritos, ¡oh Jesús!, te ofrezco mis oraciones, mis actos de penitencia, de humildad, de obediencia y de las demás virtudes que practicaré hoy y durante mi vida entera hasta el último suspiro.

Propongo hacer todo por tu gloria, por tu amor y para consolar a tu Corazón. Te suplico aceptes mi humilde ofrecimiento por las manos purísimas de tu Madre y Madre mía Maria.

Dispón de mí y de mis cosas, Señor, según el beneplácito de tu Corazón. Amén.

 P.Dehon

Día 1.- EL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS

El Corazón de Jesús! Una herida, una corona de espinas, una cruz, una llama.,”He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres”. ¿Quién nos ha dado aquel Corazón? Jesús mismo. Él nos había dado todo: su doctrina, sus milagros, sus dones de Eucaristía, su Madre divina. Pero el hombre permanece todavía insensible a tantos dones. Su soberbia les hace olvidar el Cielo, sus pasiones les hacen descender al fango Fue entonces cuando Jesús mismo dirigió una mirada piadosa sobre la humanidad; se apareció a su hija predilecta, Margarita María para manifestarle los tesoros de su corazón.

Día 2.- FUENTE DE SALVACIÓN

En cada página del evangelio, el Corazón de Jesús habla de la fe. Por la fe Jesús cura las almas, sana los cuerpos y resucita a los muertos. Cada uno de los milagros es el fruto de la fe; cada palabra suya es una incitación a la fe

La fe es necesaria como el pan que comes, como el aire que respiras. Con la fe eres todo; sin la fe no eres nada. Con frecuencia nuestra fe es lánguida como una llama a punto de extinguirse. Cuando en los campos, en las casas, en las oficinas, en las tiendas, se mofan de tu fe ¿sientes el coraje de defenderla sin sonrojarte, sin respeto humano? Cuando las pasiones te asaltan ferozmente ¿Te acuerdas que con un acto de fe resultas invencible porque Dios combate por ti y contigo?

Día 3. – LA CORONA DE ESPINAS

Si observas al Corazón de Jesús, pruebas un sentimiento de pena.Es coronado de espinas, mana sangre, es traspasado su Corazón. Es el símbolo de la vida de Jesús. Nacido en medio de sufrimientos, abraza al dolor, abraza una cruz, la lleva al Calvario, muere crucificado.

Jesús valora el dolor y crea una escuela: “Quien quiera venir en pos de mí, tome su cruz” (Mt.16,24).Es una frase un poco amarga, un poco triste, pero es así. El dolor cristiano está para purificar, para santificar las almas.

La cruz que Él te da es aquella que es buena para ti. Trata de tener devoción a tu cruz; ámala, como la amaron los Santos, como la amó Jesús.

4.-EL AMOR DE DIOS

Jesús te ama… y te da su Corazón, símbolo de amor. Sobre este corazón se enciende una llama que quiere extenderse e inflamar todos los corazones. ¡Jesús te ama!.He venido -dice Jesús- a traer el fuego del amor sobre la tierra y ¿qué puedo desear sino que ese fuego encienda?

Mírate a ti mismo.¿ Cómo correspondes al amor de Jesús? ¿Lo amas con todo tu corazón, con todas las fuerzas?

A la mañana, cuando te despiertas, ¿tienes un pensamiento para Jesús? ¿Le rezas durante el día alguna jaculatoria?

5.-LOS MANDAMIENTOS DE DIOS

Jesús habló claramente : “Si me amas, guarda mis mandamientos”¿ Quieres salvarte? Observa mis mandamientos. Aquí no hay escapatoria: para querer bien a Jesús y para salvarte, es necesario que hagas lo que Él te manda: observar sus santos mandamientos.

A ti no te queda mas que obedecer. Sí, es necesario obedecer. Pero la obediencia debe ser completa; observarlos todos y siempre.

Dios no ha dado ni cinco ni siete mandamientos, sino diez; y al infierno se va lo mismo por transgredir uno que los diez. A la cárcel no se va por cometer muchos delitos; basta un solo delito.

6. -LA AGONÍA DEL CORAZÓN DE JESÚS

También Jesús llora. ¿Recordáis el Huerto de los Olivos? Allí, el Corazón de Jesús fue expuesto al dolor, al miedo, a la tristeza. Aquí Jesús te renueva aquella triste escena. Pide adoradores, tiene sed de almas, y está solo, abandonado,olvidado.Solo en la noche. Solo en las largas jornadas. Siempre solo. ¿Irá quizá alguno a hacerle compañía?

Jesús vive en el sagrario y es abandonado por el hombre. Quiere ser su comida y sufre el rechazo. Derrama por él su sangre y la derrama inútilmente.

En vano el señor llama adoradores a su altar. En vano llama a las almas a la comunión; pero los hombres se obstinan en vivir lejos de Él. Por eso, Él está triste.

 7.-EL PECADO MORTAL

Jesús llora ante la muerte de su amigo Lázaro. ¿Sabes tú por qué Jesús ante el cadáver de su amigo llora, vibra, reza?

Por que era cadáver. He aquí tu imagen cuando te duermes en el pecado . No bastan las invitaciones del ángel custodio, las oraciones de la madre, los consejos de los amigos las correcciones del confesor. Queremos un milagro de Jesús. Es Jesús mismo quien debe llorar, gritar, rezar por ti, alzar su voz. ¿Y tú tan fácilmente te abandonas al pecado?

Con un pecado mortal pierdes todo, todo está perdido. Tú eres sensible a todos los afectos más tiernos y delicados. ?no sientes nada al ofender a Dios, al ponerlo de nuevo en la cruz? Sobre tu frente está esculpida la imagen de Dios y tú la manchas para echarla en el fango.

8.-EL ESCÁNDALO

El corazón más dulce y más humilde de la tierra es el Corazón de Jesús. Pero este corazón divino no puede quedar indiferente frente a la ruina de tantas almas y es entonces cuando se conmueve y grita: ¡Ay, del mundo por los escándalos!

Jesús trabaja por la salvación de las almas; el escándalo roba las almas a Jesús para darles el demonio. Jesús muere en la cruz para redimir a los pecadores; el escándalo hace estragos de la inocencia, destruye y arruina la obra de la redención.

Dice S. Agustín que el escandaloso sufrirá tantos infiernos corno las almas que él ha asesinado. Examínate bien. La Magdalena fue escandalosa, pero repar6 y lleg6 a ser santa, Haz tú lo mismo.

 9. -EL PECADO VENIAL

En el tribunal de Anás, Jesús recibe una bofetada de un siervo y en la humildad de su Coraz6n exclama: El pecado venial deliberado es una bofetada a Jesús; no lo pone en la cruz como el pecado mortal, pero es siempre un agravio, una injusticia, una ofensa.

¿Qué diríamos de un criado que obedeciese los mandatos del amo, pero despreciase sus deseos Y sus consejos? ¿Qué diríamos de un hijo que diese una bofetada a su madre? Nosotros hacernos algo peor con Jesús cuando cometemos el pecado venial.

10.-LA MURMURACIÓN

Toma la vida de Jesús y léela a fondo: no verás en El una palabra de rnurmulaci6n. El Sagrado Coraz6n es siempre. El mismo: tiene una palabra dulce para los justos y los pecadores, una palabra de ternura para sus traidores, una palabra de perdón para los que le crucifican. Sobre todos extiende el manto benigno de la caridad. Por eso odia tanto la murmuración y establece una regla especial: “No juzguéis y no seréis juzgados”, dice.

En la medida con la que juzguéis a los otros, seréis juzgados. ¿Por qué ves la mota en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?

11.-EL RESPETO HUMANO

A Jesús no le valen las medias tintas, las almas insípidas Él quiere cristianos solo de una pieza; tiene el corazón abierto para todos, también para los corazones más obstinados, pero no quiere saber nada del respeto humano. Muchas veces nos ha dicho que no podemos servir a Dios y al mundo. Él ha hablado claro que, si queremos contentar al mundo, no estamos con Él, estaremos en contra de Él.

Tú sabes que ciertas amistades con un continuo peligro para el alma y comprendes que no te dejan tranquila la conciencia y no te sientes con fuerza de romper esa triste cadena. ¿Cuántas veces no has observado los preceptos de la Iglesia por no huir de las críticas de alguna mala lengua?

Día 12.-LA CONFESIÓN

El Corazón de Jesús es un corazón de padre y como el padre está siempre dispuesto a perdonar las culpas del hijo; el Corazón de Jesús quiere hallar el medio con el que tú puedes encontrar siempre el perdón de tus pecados.

Le presentaron a Jesús 1 0 leprosos y Él les dijo: “Id a presentaros a los sacerdotes”. Ellos obedecieron y fueron curados. Jesús quiere así prepararnos con el sacramento de la Penitencia que instituyó cuando dijo a sus discípulos: “Recibid el espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis les serán retenidos”.

El mismo Concilio de Trento llama a la confesión segunda tabla de salvación después del naufragio. ¿Y tú no la estimas?

13.-OCASIONES PELIGROSAS

Hasta ahora hemos tomado del Corazón de Jesús aquellas palabras que condenan el pecado. Ahora Jesús quiere sugerirnos también el medio con el que podemos evitar la huida de las ocasiones peligrosas. No hay escapatoria. ¿Quieres huir del pecado? Debes necesariamente evitar las ocasiones. Reza, confiésate, pero si no huyes de las ocasiones peligrosas todo será tiempo malgastado. ¿Cuáles son las compañías que frecuentas? ¿Quizá se encuentran allí personas con las que permites confidencias que hacen llorar a tu ángel custodio? ¿Se encuentra acaso alguna persona que te insinúa dudas sobre la fe, que susurra palabras que repugna oírlas, que te aleja de tus prácticas de piedad?

¿Cuáles son tus diversiones? ¿ Son acaso ciertos lugares donde todos pierden la vergüenza, donde las pasiones se levantan impetuosas?

14.-LAS TENTACIONES

Los apóstoles se acercaron un día a Jesús y le dijeron: “Maestro, tú nos invitas siempre a orar; nosotros somos ignorantes, enséñanos tú . Y Jesús siempre bueno, respondió”: Cuando oréis hacedlo así: Padre nuestro que estás en los cielos; y les enseñó la estupenda oración del Padre nuestro. ¿Sabes por qué Jesús quiere que oremos al Padre para no dejarnos caer en la tentación? Porque Él sabía que el demonio nos tentaría siempre y quería que nosotros pidiésemos la ayuda celestial para no sucumbir a la tentación. El mismo pemitió que el demonio le tentase para darnos ejemplo.

15. -EL VALOR DE LA ORACIÓN

Jesús invita, recomienda, impone la oración, une a ella toda gracia, toda bendición hasta la salvación eterna. El mismo reza por todas partes y siempre: en el templo, en el Huerto de los olivos, en el monte, sobre las aguas, en las plazas y en las sinagogas.

San Pedro corre el peligro de hundirse en las aguas y reza; la oración lo fortifica. Marta y María piden llorando ante Jesús en la hora del dolor y la oración las consuela.

Rezan los Apóstoles en el cenáculo y la oración hace descender al Espíritu Santo con sus dones celestiales. Y tú, ¿cuándo rezas? ¿Sólo cuando estás enfermo o cuando quieres que algo te salga bien?

Reza siempre porque siempre tienes necesidad de permanecer junto a tu Dios.

16.- RESPETO A LA IGLESIA

El celo más santo tiene sus manifestaciones más sublimes; no puedo admitir todos los obstáculos que se interponen a la gloria de Dios. He aquí al Corazón de Jesús encendido del celo más ardiente por la gloria del Padre; por Él obra, por Él sufre, a Él da gracias

¿Estás verdaderamente persuadido de lo que la Iglesia es en verdad la casa de Dios, el lugar donde están los ángeles para hacer la guardia a Jesús eucaristía, el lugar donde se manifiesta más claramente a las almas. Y si estás plenamente convencido, ¿con qué intención te acercas a la iglesia? Déjate guiar por el amor que Dios te tiene.

17.- SEMBRAR OBRAS DE BIEN

El Corazón de Jesús habló claro y fuerte: Toda la ley divina se compendia en los mandamientos: el amor a Dios y el amor al prójimo. Sin estos dos amores es imposible agradar al Señor, es imposible entrar en el cielo. Pocos comprenden bien en qué consiste el amor al prójimo. Si crees que amar al prójimo basta con no odiarlo, no hacerle mal, sólo crees a medias. No, esto será de buenos hombres, pero no de buenos cristianos. El amor es operativo y debe manifestarse haciendo aquello que queremos y deseamos se nos haga a nosotros. La prueba generosa de este amor viene dada por el ejercicio de las obras de misericordia.

Jesús tiene como echo a sí mismo todo lo que se hace a los pobres en su nombre. Y cuando alguna persona está enferma, busca una media hora para visitarla, para darle una palabra de ánimo, para consolarla en sus dolores, para animarla a la paciencia, a la santa resignación a la voluntad de Dios.

18.-CUIDA DE LA JUVENTUD

El Corazón de Jesús ama a todos, pero tiene un amor especial por los jóvenes, por los niños. “Dejad que los niños vengan a mí”. Jesús ve alrededor de ellos a madres doloridas y llorosas. “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino por vuestros hijos”.

Ved cómo hoy crece parte de la juventud. Son muchos los que crecen ligeros, vanidosos, volubles, llenos de exigencias, inclinados a la arrogancia, a la frivolidad, a la libertad desenfrenada. Son el llanto de tantas familias… y en ocasiones el deshonor de la casa. Padres, que vuestra principal preocupación sea vuestros hijos.

19.-SED HUMILDES DE CORAZÓN

Cuando el Corazón de Jesús quiso enseñarnos algo de sí mismo, lo dijo con una sola frase: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Debe tener, pues, un gran esta humildad si Jesús la estimó de tal manera hasta anteponerla a todas las demás virtudes. Él recomienda la castidad, la caridad, la obediencia, pero ninguna de estas virtudes da el privilegio que da a la humildad con estas palabras: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

Los santos comprendieron bien esta sublime doctrina y no buscaron la santidad sino por4 medio de la humildad, persuadidos de que la humildad es el fundamento de todas las virtudes, el principio de toda gloria. La misma Virgen confiesa haber recibido insignes favores del Señor porque Él vio ” la humildad de su esclava”.

20.-LA CASTIDAD

El Corazón de Jesús es el emblema de la inocencia. Él quiere ser el cordero sin mancha que se alimenta en un jardín de lirios. En su vida terrena, Jesús escoge un precursor, mártir de la castidad, ofrece sus confidencias a un discípulo, Juan, que es virgen. “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. La Iglesia amará la castidad como el ornamento más delicado y suave de sus ministros … y los santos la magnificarán como la virtud angélica… creadora de los ángeles sobre la tierra

21.-LA MORTIFICACIÓN

Es el mandato de Jesús. Mandato duro para los cristianos débiles y demasiado apegados a las propias comodidades. Mandato suave y dulce para aquellas almas que sienten la belleza de la perfección, gustan las dulzuras íntimas de la vida cristiana. “Quien quiera seguirme, debe renunciar a sí mismo”

Para seguirle, para ser verdaderos cristianos, debemos corregir nuestros defectos, mortificar nuestras pasiones y nuestros sentidos. El primer médico de nosotros somos nosotros mismos.

Para conocerte bien debes hacer el examen de conciencia cada día, cuando estás libre de ocupaciones materiales.

¿Cómo regulas tus pasiones? ¿Reina en tu corazón la soberbia, la avaricia, la cólera, la indiferencia en hacer el bien, la envidia del bien ajeno? Bajo la excusa de la prudencia,

¿ No escondes, quizá el respeto humano? ¿Cómo mortificas tus sentidos?

22.-LA PERSECUCIÓN

Quien más pesada, quien más ligera, todos tenemos una cruz personal que llevar, pero no hay una común a todos; es la cruz predicha por Jesús cuando subió al monte de las bienaventuranzas y pronunció las palabras que fueron una verdadera revelación para sus discípulos: Dichosos vosotros cuando os ultrajen, os persigan y mintiendo, digan de vosotros cosas malas por mi causa .Ser perseguidos por amor a Jesús es una bienaventuranza? Alegraos porque será grande vuestra recompensa en los cielos.

23.-FRENTE A TANTO MAL

Cuando San Juan Bautista desde la prisión envió a dos de sus discípulos a Jesús para pedirle si era verdaderamente el redentor prometido, Jesús, por toda respuesta se refirió a los frutos: “Id y referid a Juan que los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan los pobres son evangelizados”. Jesús quiere nuestra salvación. Él vive y obra por nosotros; por nosotros muere en la cruz.

Siembra mucho, siembra a manos llenas el bien; no se perderá en la tierra; fructificará siempre para el cielo. Los cojos caminarán.

¡Cuántos defectos en las personas que tú conoces, que tú quieres! ¡Cuántas malas inclinaciones y quizá cuántos escándalos! Tu sabes que la caridad cristiana obliga a todos a la corrección fraterna.

24. – ACCIONES ÚTILES

¿Cuáles han sido los dos grandes deseos del Corazón de Jesús? La gloria del Padre y la salvación de las almas. Por la gloria del Padre, Jesús, con doce años, se encuentra con los doctores del templo; por su gloria recorre toda Palestina, bendiciendo y curando, y cuando llega la hora del suplicio, alza los ojos al cielo y reza: “Padre, yo te he glorificado en la Tierra donde he cumplido la obra que me has confiado. Padre, yo he manifestado tu nombre a los hombres que me has dado. Santifícalos en la verdad. Con estas pocas palabras, Jesús explica su gran misión: Darle mayor gloria al eterno Padre y salvar las almas perdidas.”

Proponte ofrecer cada día al Señor tus acciones y hacerlas con el único fin de darle gloria, de agradarle.

25. -LA PRESENCIA DE DIOS

Escucha las exhortaciones de Jesús: “Cuando hagáis limosna recordad que el Padre ve en lo escondido; que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Cuando reces, entra en la habitación y cierra la puerta pues el Padre ve en lo secreto. Cuando ayunes, tu ayuno no se manifestará a los hombres, pero tu Padre celestial ve todo a tu alrededor …dentro de ti. También las mínimas cosas escondidas a los hombres no se esconden de su divina mirada. Nadie puede penetrar en los secretos de tu corazón. Dios, sí. Cuando crees que estás solo hay siempre un ojo que ve tus acciones, un oído que siente tus palabras, una mano que escribe tus pensamientos. ¡Dios te ve!

26. -DEVOCIÓN A LA VIRGEN

Jesús antes de morir, dio su testamento. En medio de la agonía contempla al discípulo predilecto y le dice: “He aquí a tu madre”. Por su última voluntad, María se convierte en madre de todos.

Jesús, que amaba perfectamente a su madre, se mostró siempre sometido y obediente a ella.

Todas las gracias del Señor vienen a ti por su mediación. Y si la estimas. ¿Cómo tratas de amarla? Un hijo que dice amar a su madre y después la ofende no es sincero; es un mal hijo. ¿Y tú no ofendes a la Virgen con tus faltas de amor?

27. -EL PREMIO FINAL

¡Qué premio tan hermoso te ha reservado el Sagrado Corazón!

Es el momento en que el solo pensamiento hace estremecerse: el momento de la muerte. Ante este pensamiento, el hombre tiembla, se agita; sin embargo, debe afrontarlo con amor y con la esperanza puesta en la misericordia de Dios.

Jesús te sonríe y quiere asegurarte la muerte santa, la muerte del justo. Entre las promesas que hizo a Santa Margarita María quiere recordar este punto: “Mi corazón será para todos mis devotos el seguro asilo en vida y espe cialmente en el momento de la muerte”.

Si quieres, pues, afrontar la muerte con la calma del justo, trata de creer en Jesús, de vivir en Jesús. Entonces será cuando Él te dirá estas dulces palabras: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

28. -LA SANTA MISA

¡El Sagrado Corazón de Jesús se hace víctima por todos en la eucaristía! Es el sol de la tierra. En la Misa no eres tú el que rezas, es Jesús quien reza por ti. Es la gloria y la alabanza a la Trinidad, la alegría de los ángeles, el camino del perdón de los pecadores, la fuerza y la gracia de los justos, el refrigerio de las almas del Purgatorio, la alegría de los ángeles, el camino del perdón de los pecadores, el beneficio de la Iglesia, la medicina contra las enfermedades espirituales. San Isidro Labrador antes de ir al campo se empapaba de este bálsamo de adoración y amor. ¿Cómo vives tú la Santa Misa?

29. – EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Una dulce palabra sale del sagrario: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”. ¿Quién habla así? El Corazón de Dios. ¿A quien habla? A la pobre criatura débil enferma. ¿Para qué te llama? Para ser tu fuerza, tu consuelo. Jesús se ha hecho víctima en la Misa. Desea que tú lo recibas en la comunión. Quiere también ser visitado por ti, quiere hablar sólo con tu corazón.

¿Cómo practicas este deseo del Sagrado Corazón? ¿Vas cuando puedes a la iglesia a adorarlo, a ofrecerte a Él, a tomar fuerza, a hacer la comunión espiritual? ¿Le pides perdón por tus culpas pasadas, por los pecados de tu familia, de tus parientes? ¿Lo reparas por tantas almas ingratas, por tantos pecadores moribundos?

30. – LA COMUNIÓN REPARADORA

Si quieres amar al Corazón de Jesús debes comulgar su cuerpo muy frecuentemente. ¿No eres digno? Y para hacerla una vez al año ¿te sientes digno? No eres perfecto. Pero la comunión no es un premio; es un medio para llegar a la perfección. ¿Tienes muchos defectos? Para corregirlos tienes necesidad de la comunión. No son los sanos los que tienen necesidad de curación, sino los enfermos. ¿No sabes que la comunión borra por sí todos los pecados veniales y preserva de los mortales?

(TEXTO ANTERIOR DEL BOLETÍN 351 DE LOS P.P. REPARADORES)

PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS A SUS DEVOTOS

1.- A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado.

2. Daré paz a sus familias.

3. Las consolaré en todas sus aflicciones.

4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida y principalmente en la hora de la muerte.

5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.

6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

7. Las almas tibias se harán fervorosas.

8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.

9. Bendeciré las casas y sitios en que esté expuesta y sea honrada la imagen de mi Sagrado Corazón.

10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón, y jamás será borrado de él.

12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

 

 

Antes de entregar tu amor, conoce muy bien tu autoestima

Sheila Morataya
 

morinter

“No vivas confundida y angustiada por el futuro de esa relación que no llega, humana y espiritualmente existen respuestas para vivir con paz y alegría”.

Hace algunos años en uno de mis seminarios de autoestima para jóvenes ejecutivas, conocí a una chica muy atractiva, inteligente y con un puesto corporativo muy bueno. Se me acercó luego de la charla para pedirme consejo sobre cómo manejar su relación amorosa con el muchacho del que estaba enamorada. Alguien que, cómo leerás a continuación, no la tomaba en serio.

Una situación muy frecuente

Era una situación “muy común”, parecida tal vez a la tuya o la de alguien que conoces. El galán la llamaba una vez cada dos meses: salían, se daba el encuentro romántico y parecía que por fin su relación marcharía sobre ruedas; tristemente, una vez más, el desaparecía y ella se quedaba con el corazón hecho pedazos y sintiéndose culpable por no darse su lugar. Todos los días esperaba en vano su llamada y se juraba a sí misma que la próxima vez que llamara cortaría de raíz esa relación que no la llevaba a ningún lado. El muchacho volvía dos meses más tarde a llamar, y ella como mujer que se valora poco, volvía a caer entre sus brazos ¿te suena a exageración?

Lamentablemente, casos el de la chica anterior hay miles. Son mujeres de la clase alta y media, estudiantes destacadas y profesionales con maestría. Su autoestima en el campo académico está muy buen puesta, pero a nivel personal, íntimo, su autoestima (la relación afectiva y ordenada hacia ti misma) no es tan buena: en vez de esperar por el hombre que verdaderamente aprecie el valor que tienes como mujer, se van conformando con migajas.

Dios conoce tu necesidad de Amor

Si estás pasando por una situación así, es importante que “te despiertes” y pongas en “orden” tu mundo interior. Hay, en cada mujer, una necesidad profunda de amor. Una exigencia interior de ser amada y sentirse amada, pero muchas veces, si no aprendes a controlar la afectividad, o sea, el modo en que eres afectada interiormente por las circunstancias que se producen en tu alrededor (según el psiquiatra Enrique Rojas), caerás casi sin percibirlo en una disminución de tu dignidad como mujer. ¿Cuándo? En el momento en que aceptas relaciones amorosas que no contribuyen a tu crecimiento como mujer y te llenan de angustia.

Aunque en su origen los sentimientos son irracionales, pueden ser armonizados con la razón y la voluntad, se trata de aprender a tener sentimientos adecuados a la realidad. En muchos casos, puede ser que aceptes una relación “circunstancial”, debido a tu propia inmadurez, ya que no sabes qué es lo que verdaderamente quieres. Estoy de acuerdo con que acudas a un psicólogo para que te ayude a entender el concepto de autoestima, pero es más importante que analices cómo está la fe en tu vida. Porque la fe es el “asiento” desde donde emerge la mujer madura, cauta, sabia y consciente de su enorme dignidad como hija de Dios. La fe es el fundamento que da madurez a la personalidad.

Respóndete a ti misma estas preguntas: ¿Quién es Dios para mí? ¿Me siento realmente amada por Él como hija? ¿Qué lugar ocupa en mi vida? ¿Cómo alimento mi relación con Él? Es decir ¿tengo una vida de oración para poder entender el sentido de mi vida y todo lo que me pasa?

Luego de haber reflexionado las preguntas anteriores, analiza lo siguiente: “No hay nada que llene más el corazón de una mujer que la filiación amorosa que se decida a tener con Cristo”. Si estas aferrada a un amor humano esto será muy difícil de entender, pero si tratas de interiorizarlo y vivirlo, entonces amiga, no necesitarás más ir al psicólogo, ni estarás confundida y angustiada por el futuro de esa relación que no llega, porque Cristo irá llenando esa necesidad de amor que tu corazón tiene, y además, sanará para siempre tu autoestima (el amor ordenado por uno mismo y la conciencia de tu enorme valor). No sabes de lo que te pierdes si no te enamoras de Él con locura, antes que de alguna criatura humana.

Podemos concluir que:

  • Si estás en una relación en la que hacen contigo lo que quieren, desde el punto de vista psicológico necesitas trabajar en tu autoestima, entendiendo lo que es y la forma en que le ayuda a tu personalidad. La autoestima es una habilidad de la personalidad necesaria para poner límites, tener claros tus derechos. La autoestima también es un sentimiento muy íntimo de ternura hacia uno mismo: te amas, te respetas y valoras. Te cuidas tanto de tus emociones como tu físico y afectos. Desde el punto de vista cristiano, y siendo que este concepto no es apoyado por la religión yo te diría que autoestima es tener la seguridad de qué eres: una Hija de Dios quién te ama por ser tú, hecha a su imagen y semejanza.
  • Si tienes que estar rogando constantemente por un poco de amor, explora junto a tu terapeuta, tu director o directora espiritual, qué es lo que puede estar pasando, tal vez tuviste un padre que no estuvo emocionalmente presente o un padre que nunca jugo contigo y se limitó a proveer económicamente. Esto puede ser uno de los muchos factores por los que mendigas el amor. Y menciono a tu padre, porque es la figura masculina quién siembra el amor por uno mismo. También es cierto, que la autoestima se va cultivando y fortaleciendo en cada una de las etapas de la vida y es una habilidad que posee gran plasticidad para recuperarse cuando se le hiere siendo mayor.
  • Si hay angustia, impaciencia y desesperación por encontrar una pareja, tienes mucha inseguridad y poca fe en tus posibilidades como compañera. Como cristiana debes analizar que si no te abandonas a la voluntad de Dios y esperas, no tendrás paz y alegría.

Más que autoestima, Sacramentos

“Los sacramentos los necesitamos como la luz, la respiración, como el circular de la sangre, como la luz, para apreciar en cualquier instante lo que el Señor quiere de nosotros.”-Es Cristo que pasa, Escrivá de Balaguer, pág. 181

La autoestima siempre será importante para lograr las metas de la vida: tendrás esa seguridad interna de que puedes hacer las cosas, que mereces felicidad, que triunfarás algunas veces y otras fracasaras, pero esto es parte de tus recursos psicológicos que no necesariamente definirán tu vida.

Acércate un poco más al sacramento de la penitencia y la Eucaristía. Verás cómo con la ayuda de la Gracia Divina serás una mujer nueva que se ama y acepta como es, por lo tanto, se valora y no permite migajas de nadie, sino más bien esperando el momento sagrado de la alianza con el hombre que desde la eternidad ha sido elegido como tu compañero camino al cielo.

Sheila Morataya

 

 

Un experto sobre la eutanasia: ‘Es absurdo la muerte por compasión cuando el dolor se puede aliviar’

El profesor de bioética Emilio García-Sanchez sostiene que "nadie debe morir a manos de otro por la lástima de un tratamiento no paliado"

El profesor de Bioética en las Facultades de Medicina y Enfermería en la Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia), Emilio García-Sánchez, apela a una concepción adecuada de la “compasión con el enfermo”, que  ha de “llevar a que el tratamiento del dolor sea una prioridad profesional y ética de cualquier sanitario que quiera ser compasivo”.

 

 

El libro escrito por Emilio García-Sánchez.

El libro escrito por Emilio García-Sánchez.

RC

Eliminar el dolor a través de la muerte, cuando ya es posible controlarlo y aliviarlo, equivale a amputar un brazo para curar un dedo”, afirma a Religión Confidencial este profesor de bioética, biólogo y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI), y que recibió en 2016 el premio Ángel Herrera a la Mejor Labor de Investigación en el Área de Humanidades concedido por la Fundación San Pablo CEU.

Para el experto en bioética, esto es “absurdo. Nadie debería morir a manos de otro por la lástima de un dolor no paliado. Existiendo los cuidados paliativos no tiene sentido seguir hablando ni de muerte compasiva ni de eutanasia”.

Acaba de publicar el libro “Despertar la compasión. El cuidado ético de los enfermos graves”, en el que aborda la “grandeza de la compasión y su deformación”.

Para el profesor García-Sánchez, “llorar, tener lástima, compadecerse de un enfermo que sufre constituyen acciones humanas que brotan de un corazón sensible, y es muy humano sentirse así por alguien”.

La eutanasia puede conducir a la impiedad

“Sin embargo, una excesiva sentimentalización de la compasión –hipertrofia – puede desembocar en un resultado antagónico: la impiedad”, ha subrayado a RC, “que conduce a justificar una muerte compasiva o la eutanasia, en una sociedad fuertemente dominada por el sentimentalismo”.

Señala que al desvincular la compasión de la razón práctica, “se produce una confusión ética que la hace errar en su esencia, anulando su racionalidad, por dejarse embaucar por meros sentimientos, que quita el sentido real a la compasión”.

A preguntas de este confidencial sobre los errores de una compasión mal entendida, evoca una frase del protagonista de “El quinto en discordia” (Robertson Davies): “La compasión embota la inteligencia más deprisa que el coñac”.

Este profesor desarrolla en su libro recientemente publicado un auténtico sentido de la compasión, a la que presenta como “uno de los cuadros más conmovedores del amor humano, que ha de llevar a poner en práctica todas las acciones dirigidas a paliar eficazmente el dolor en todas sus dimensiones. 

 

 

La virtud cristiana de la pobreza exige luchar contra la miseria

Salvador Bernal

Acaba de ser presentado el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará por vez primera el próximo 19 de noviembre, penúltimo domingo del tiempo ordinario, antes de la solemnidad de Cristo Rey. Se introduce así un elemento más en el ya recargado calendario de celebraciones religiosas y laicas. Ciertamente, el último pasará por delante, por la radical importancia de su motivación en un mundo globalizado demasiado herido por la cultura del descarte. A título anecdótico, ese día de otoño, aparte de siete santos de la Iglesia católica, Wikipedia incluye, entre otros, los siguientes eventos, de consistencia y enfoque desiguales:  Día Internacional del Hombre (más bien, varón),  Día Mundial para la prevención del abuso de los niños, Día Mundial del Ajedrez, Día Mundial del Inodoro, para "concientizar sobre la importancia del acceso a los servicios básicos de saneamiento para la prevención de enfermedades".

Desde el primer momento, y sin necesidad hasta ahora de esta nueva y bienvenida celebración, el papa ha hecho honor al nombre que eligió tras ser elegido en el cónclave: amor a los pobres y a la naturaleza... Y seguirá insistiendo una y otra vez, porque la pobreza responde a un rasgo central de la vida y de la doctrina de Jesucristo.

El pasado jueves me topé con la clásica cuestación de Caritas, que recordaba la antigua celebración entre semana de la fiesta del Corpus, enlace de la radical communio con el espíritu de comunión cada vez más mencionado tras el Concilio Vaticano II: me propuse escribir este artículo. Pensé, incluso, la posibilidad de que esa cuestación tuviera sede más apropiada en ese domingo del tiempo ordinario. En cualquier caso, me decidí a revisar mi información sobre la pobreza, término ciertamente polisémico, por utilizar una expresión cursi.

El propio papa Francisco hizo uso con libertad de esa característica un tanto paradójica del término, en el título de su mensaje para la Cuaresma de 2014: “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Esa imagen procede de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios; el apóstol alentaba a mostrar su generosidad ayudando a los hermanos de Jerusalén que atravesaban serias dificultades. El pontífice se interrogaba sobre el significado de la invitación a la pobreza evangélica de San Pablo en nuestros días, y proponía a los fieles algunas reflexiones, para facilitar “el camino personal y comunitario de conversión”.

Resulta imposible olvidar cómo, en el derecho canónico, se consolidó el voto de pobreza, junto con castidad y obediencia, como elementos esenciales de la vida consagrada: de los “religiosos”, como se decía llanamente. Se configuraba como una gran virtud, que hundía sus raíces en la vida de los primeros cristianos en Jerusalén: ponían todo en común.

A la vez, en el lenguaje habitual, la pobreza denota carencias, algo negativo, no deseable para nadie..., sinónimo de miseria, en sentido material, indigna de la condición de la persona. Es como la miseria que entra por los ojos a todos, aunque Francisco ha señalado otras, como la miseria moral, “que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado", o la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor".

Hace bastantes años, en unos apuntes sobre la vida del fundador del Opus Dei, tuve ocasión de reflejar esa paradoja de la pobreza. La había incluido en Camino 194 entre los tesoros del cristiano, junto con hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, soledad, traición, calumnia, cárcel... Pero no dejaba de reiterar en sus enseñanzas la respuesta de Jesucristo a los discípulos del Bautista: "Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el Evangelio a los pobres" (Mateo, XI, 45): esas palabras le removían por dentro hasta concluir: “luego amaremos el desasimiento, lo amaremos con predilección; porque cuando el espíritu de pobreza se resquebraja, es que va mal toda la vida interior”. Enseñaba a gente que vive en medio del mundo que la pobreza no se reduce a mera renuncia: implica utilizar los recursos humanos para resolver los problemas de la vida y facilitar el desarrollo de las personas y de las comunidades”.

Me permito recomendar la lectura del mensaje pontificio, que comienza con unas palabras claras de la primera carta de san Juan: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Ahí está la clave. Pero no deja de exigir discernimiento según las circunstancias de cada uno; por eso, invitar a continuar dando vueltas a las exigencias profundas de la pobreza cristiana. Y, por mi parte, intentaré seguir escribiendo sobre esta materia.

 

 

Aprender a ser mejores padres

Date: junio 15, 2017Author: jsalinas 0 Comentarios

He conocido a profesores y profesoras que, al final de una jornada agotadora, lamentan el poco interés y la poca dedicación que tienen algunos padres en la verdadera educación de sus hijos. Nosotros no sustituimos a la familia, somos simplemente colaboradores, pero a veces nos dejan el trabajo que deberían hacer ellos y tenemos que bregar con casos de chicos y chicas jóvenes problemáticos, carentes de afecto familiar o sin la guía necesaria para afrontar la vida.

En muchos casos la formación tiene que empezar por los padres. Ser buen padre o buena madre no son cualidades infusas. También ellos tienen que aprender, especialmente en los primeros años de matrimonio y contar con la experiencia de expertos en educación y de otras familias.

Hay que asumir con responsabilidad la tarea de formar hombres y mujeres cabales para el futuro. Esa tarea tiene más importancia que el trabajo profesional u otra ocupación secundaria

 

 

SILENCIO!

Dentro de un mundo extremadamente ruidoso sorprende la reverente importancia que se le da al silencio en multitud de circunstancias. Basta repasar algunos casos para recordar su imperiosa necesidad:

Exigen silencio los estudiantes para aprobar un curso o preparar una oposición, se juegan su porvenir. En Hospitales, Centros de Investigación, Bibliotecas, Aulas de Enseñanza y en todo Centro donde vibre la vida o la muerte necesitamos silencio. En los conciertos de música, donde el sonido se hace poesía, no se tolera el vuelo de una mosca. Cuando un futbolista va a tirar un penalti decisivo, miles de aficionado se quedan sin voz,  un silencio que a continuación se deshace en lágrimas o en una explosión de alegría

Silencio, se graba, repiten los Directores de películas. Silencio se está operando, se lee en cualquier clínica; silencio, por favor, hay enfermos;…

Los no creyentes no entienden que en la Iglesia, día tras día y misa tras misa se mantenga un silencio “religioso” tan profundo. Y es que allí está Dios.

Los excursionistas al llegar a la cima de la montaña, fascinados por el paisaje, se quedan mudos. Un silencio infinito acompañado de una brisa suave llena sus almas. ¿Qué podríamos decir?

A los enamorados, cuando su amor es limpio,  les sobra con una mirada, un apretón de manos, el murmullo apenas audible de un “Te quiero” , junto con el palpitar de sus corazones, que nadie más que ellos escuchan

En las guerras, mientras truenan los cañones, los Estados Mayores organizan las operaciones en silencio y no permiten ser  molestados por nada ni por nadie. Está en juego la vida de miles de soldados.

“Estas re­jas , dicen las monjas encerradas,  son sólo un medio, no un fin, y es la manera instituida por la Iglesia de preservar el silencio”, uno de los tesoros más apreciados por las hermanas...Lo necesitan para volcarse en la “oración de alabanza” , la más hermosa e importante de todas las oraciones, común a todas las religiones; la que sirve para ponerse en contacto con Dios creador y darle gracias. ¿ No es eso lo que quieren los padres de sus hijos?

El Génesis,  libro divino, pura poesía, al que los científicos vuelven una y otra vez, y cada vez que ven naufragar sus teorías, ha terminado por ser la más creíble de las teorías  sobre la creación del mundo. Y el mundo lo hizo el Señor en silencio con muy pocas palabras: “Hágase la luz” y hubo luz; “haya firmamento, y así fue; sepárese el agua de la tierra, brote hierba y árboles de la tierra….y vio Dios que era bueno…No sabemos si se hizo con mucho ruido pues hasta que creó al hombre nadie pudo oír nada. Una vez creado  empezaron las voces. Y siguen.

El silencio está ahí, con sus beneficiosos efectos, pero el ruido también.  En cuanto a los efectos de los ruidos nos preguntamos:¿Cuantos cientos o miles de personas sólo  en Extremadura no pueden dormir hasta la cinco de la mañana los fines de semana , debido a las “movidas”? Otro tanto nos ocurre  los días de fiestas o ferias sin que nadie se rasgue las vestiduras, sin que a nadie importe y sin que nadie haga otra cosa que dejar hacer “en nombre de la libertad”. ¿Pero qué se habrán creído algunas personas que es eso de la libertad? ¿Emborracharse los fines de semana? ¿Llenar de orines, cerveza y botellones vacíos los alrededores de plazas, ayuntamientos o viviendas junto a bares y discotecas?¿Impedir que des­cansen los que van a trabajar el día siguiente? ¿Llegar los lunes al trabajo deshechos, no rendir y cobrar después? ¿Amargar la vida de sus familia­res?

Por estos miles de personas sin dormir, ni descansar se movilizarán menos guardias - si es que se moviliza alguno- que por un par de cigüe­ñinos enredados en unas cuerdas en su nido del campanario. Célebre fue la multa de 2,5 millones de ptas, que le colgaron a un muerto de “Jambre” por comerse un lagarto.

Copiamos de la prensa diaria: Uno de cada tres habitantes de las gran­des ciudades sufren algún tipo de trastornos auditivos...Altos niveles de ruido llevan a una situación de stress en el hombre y generan un aumento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y di­gestivas.

Se provocan problemas en las funciones reproductoras y sexuales, y disminuyen la resistencia a las enfermedades víricas. Se produce un incremento en el consumo de tranquilizantes y píldoras para dormir.

Los ruidos pueden llevar al  divorcio, debido a la tensión en la vida matrimonial, derivado de pérdida de apetito sexual; al desequilibrio ner­vioso-mental, a la disminución de la productividad laboral, a la fobia de la mujer por el hogar o a la claustrofobia.

Las mujeres que viven habitualmente en medios acústicos agresivos dan a luz prematuramente, el doble de veces que las mujeres que viven en zonas sin ruido.

El director del departamento de acústica del Instituto Torres Quevedo, dictó sentencia: “El ruido es un elemento perturbador de prime­rísimo orden; desequilibra el sistema nervioso, perturba las funciones di­gestivas, entorpece la circulación de la sangre, etc. etc.”

Pero, si guardamos silencio cuando tenemos la obligación de hablar, entonces, nos estamos haciendo cómplices y culpables de los daños, a veces muy graves daños como sucede al callar ante robos, peleas, asesinatos, malversaciones, leyes injustas, … 

Por el contrario, “El silencio es una forma de agrandar el tiempo, y eso lo sa­ben todos los artistas que quieren crear algo.”El progreso, la ciencia, la belleza, el arte, el amor a Dios y al prójimo caminan siempre a lomos del silencio, y en silencio las manos del Señor nos conducen a la vida y a su gloria. Entonces . ¿Si tanto se valora el silencio, por qué se permite y permitimos por cobardía  tanto ruido? ¿ Si tan necesario es para poder trabajar con rigor por qué se toleran sus excesos? ¿Si es preciso para la salud, por qué jaleamos y permitimos tantos ruidos molestos? ¿Qué hacemos cuando sus nocivos efectos atenazan a nuestros hijos y familiares? Como siempre, ¡La culpa es de los otros!  Pero ¿no tendremos también Vd. y yo un poquito de responsabilidad? ¿No podemos hacer algo más, o es que ya no podemos hacer menos?

Mérida(España) 2017-06-16 13 > Alejo Fernández Pérez >Alejo1926@gmail.com

 

 

La familia, responsable de la participación social

Ana Teresa López de Llergo

Última actualización: 19 Junio 2017

Consideraciones básicas

El sistema democrático, en el que vivimos, consiste en tomar en cuenta a todos los miembros de la sociedad. El principio está definido, nos toca a cada uno participar para que nos tomen en cuenta. Quien no vive activamente en su sociedad es culpable de permitir que se cometan acciones impropias o de no aportar para la mejora de su entorno.

 

emolición sistemática de la familia

En la democracia se parte de la relación de los individuos –personas– con la sociedad. Sin embargo, para llegar a este proceder hay que partir de una realidad previa para entender cómo y dónde se desarrollan los individuos, y cuál es el origen de la sociedad, porque entre los individuos y la sociedad hay muy variadas sociedades intermedias.

Familia

La vida humana proviene del poder generativo de la unión de la madre y del padre. Cuando hombre y mujer son responsables, cuidan de su vida procurando la salud física y espiritual, que consisten en alimentarse saludablemente, recuperarse de cualquier enfermedad siguiendo las recomendaciones médicas, hacer el ejercicio adecuado, etcétera. Todo esto en el aspecto físico.

En el aspecto espiritual la educación tiene un papel de primordial importancia, pues capacita a la persona para alcanzar la toma de decisiones bien ponderadas en todo lo que compete a su vida y a sus relaciones con los demás. Somos corresponsables unos de los otros.

Entonces, la persona educada, con el ejercicio de su libertad, sabrá elegir sus alimentos y los medios para conservar la salud. También aplicará sus conocimientos para adquirir una profesión con la cual consiga recursos para subsistir y aportar lo que sabe para el beneficio familiar y social. La educación conduce nuestras acciones en el presente y las proyecta al futuro.

Este panorama que se espera de cada persona exige la constancia en el trato con sus progenitores –padre y madre–, y de los progenitores entre sí. De allí la necesidad de forjar familias estables. La estabilidad es una necesidad, porque el perfeccionamiento humano requiere un trato continuo cuyo fruto es el acertado conocimiento de las personas y la constancia en la adecuada aplicación de las medidas educativas. Sólo la estabilidad ofrece estas garantías.

La familia, constituida por los progenitores y los hijos, se hace más buena en la medida que pone los medios para hacer mejores a las personas y para hacer mejores las relaciones entre ellos. En esto consiste la educación familiar, en aplicar las medidas pertinentes. Y estas medidas se dosifican de distinta manera, de acuerdo al modo de ser de cada miembro de la familia.

En el trato íntimo lucen las cualidades y los defectos, por eso se prevé lo que cada persona puede llegar a aportar. Allí se detectan las capacidades de liderazgo o de dependencia, el grado de sociabilidad o de aislamiento, las tendencias a la benignidad o a la perversión. Sólo en la familia la educación es intrínsecamente personalizada, e involucra a unos respecto a los demás.

Por ejemplo, cuando se sabe que a un miembro de la familia le atrae lo ajeno, todos vigilan su comportamiento y quien descubre un acto deshonesto, con la ayuda de los demás, le hace rectificar. Este modo de proceder recurrente, obliga a rectificar, al principio este cambio será presionado, pero poco a poco la persona, con tal de no tener dificultades cambiará, hasta que finalmente actuará por convicción. Entonces ya adquirió la virtud. Así, en familia se logra forjar un ciudadano honesto en vez del corrupto que pudo ser.

En la familia se aprende a forjar la libertad, se aprende a respetar y a la vez a entender que hay desigualdad de funciones, todo ello en la dependencia de los propios padres y en la jerarquía que nace de esa dependencia. Hay un incipiente acercamiento a los principios de autoridad, de solidaridad y de subsidiaridad, propios de toda sociedad.

De hecho, la familia tiene su propia peculiaridad relacional, la mujer y el hombre vinculados en la unidad de acuerdos, y los hijos bajo los acuerdos de los progenitores. Por eso, aunque la familia es una sociedad fundamental, la igualdad de sus miembros es distinta a la igualdad de los miembros de la sociedad. De hecho, se dan problemas sociales cuando no se toman en cuenta estos matices de la igualdad.

“La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública.” (República, libro I, 7).

Sociedad

Como vemos, la sociedad es la suma de las familias que se van multiplicando, por eso, la familia es la célula básica de la sociedad. Y la sociedad tiene su propia fisonomía como resultado del sello que cada familia hereda a sus miembros. Los ciudadanos tienen una red de relaciones, las primeras se dan en la familia, las siguientes en la sociedad, mediante sociedades intermedias, a éstas la sociedad civil ha de cuidarlas para su buena marcha.

La familia capacita para la vida extra familiar, en ella están como semillas la autoridad, la jerarquía y la unión, leyes indispensables de toda sociedad que quiera perdurar. La autoridad de los progenitores en la familia capacita para aceptar la autoridad en el gobierno de la sociedad. La jerarquía de los progenitores ubica en su papel correspondiente –subalterno o de gobierno- en la sociedad. Las bondades de la unión entre esposa y esposo llevan a comprender la unión entre los ciudadanos para el logro de los fines de la sociedad.

Sociedades intermedias: empresa…

Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.

 

 

LO QUE LA “TOLERANCIA” SE LLEVÓ

Por René Mondragón

DE TOLERANCIAS A TOLERANCIAS

Algunas de mis bellísimas lectoras y amabilísimos lectores coinciden con el escribano: Se tolera el mal, lo que está mal, lo que nos afecta negativamente. Porque el bien se disfruta, hace que el alma se alegre; genera endorfinas para el beneplácito de quienes lo comparten.

El tema que al amanuense le parece crucial, es que en nombre de la tolerancia se han cometido desde abusos pequeños, hasta idioteces mayúsculas.

REMEMBER CLARK GABLE

Surge una similitud interesante entre el debate de hoy y la película estelarizada por Clark Gable, que ahora podríamos catalogar como “Lo que la tolerancia se llevó”.

Es frecuente que, al abordar temas fuertes y de interés, ya no se pueda disentir, debatir o expresar el desacuerdo, porque a quien opine en contra de lo “políticamente correcto”, se le califica como “intolerante” y se pide el cadalso para el disenso; todo, en nombre de la tolerancia.

Esa especie de “tolerancia” se ha convertido en una dictadura literaria, comunicacional, de cerrazón política y de espacios promotores de lo absurdo:

Las mentadas de madre le llovieron al Cardenal Rivera Carrera durante la gestión de Marcelo Ebrard; ahora un grupo de separatistas lo acaba de denunciar por “proteger sacerdotes pederastas”. El P. Hugo Valdemar precisó: esos tales demandan al Cardenal Rivera por no sancionar a los pederastas. El Cardenal los echó fuera de la Iglesia, los suspendió en el ministerio y mediaron también denuncias ante la Procuraduría. La nota se desinfló y a la aclaración, le dieron menos de un minuto al aire. El escándalo tuvo una cobertura mucho mayor. Todo, en nombre de la tolerancia.

LOS “TOLERANTES” del ODIO Y LA  VIOLENCIA

No es la primera vez que suceden escenas de odio y violencia. En España, los epítetos y las alusiones familiares se dirigieron contra un autobús que decía algo “intolerable”: Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Los anatemas de los socialistas de PODEMOS cayeron flamígeros sobre el vehículo. O sea, ¡Viva la libertad de expresión!

Ahora, la violencia, l intolerancia y el odio se centraron en la página de Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, agencia informativa católica (¿Será por eso que lo odian?)

El reportero David Ramos -https://www.aciprensa.com/noticias-  informó las razones:

1.- Resulta que la diputada colombiana Angela Hernández, destacada por su entusiasta y firme defensa de la familia, fue entrevistada por Bermúdez. La tolerancia que no tolera nada, lanzó una campaña feroz y llena de odio en contra de la página de Facebook de ACI Prensa. Esto fue el 15 de junio pasado.

2.- La tolerancia que no tolera a nadie en contra, se expandió. Felipe Balaguera, el sujeto que encabeza los ataques contra Ángela Hernández, se lanzó a la yugular: la homofobia y la intolerancia son “la enseñanza de la Iglesia Católica, por varios señalamientos que el Catecimo hace sobre la homosexualidad. Así es la tiranía. Por eso no marca la importancia de una consigna para los católicos: recibir con respeto, compasión y delicadeza, eliminar la discriminación injusta versus los homosexuales. Eso ya no se dice.

El cuestionamiento es natural y obvio: el odio, la violencia y la tiranía…¿De qué lado vienen?

 

 

Cuenca del Lago Titicaca: inadmisible contaminación

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

El pasado día 11 se reunió la Comisión de Vivienda y Construcción del Congreso con parlamentarios puneños, gobernador regional, alcaldes provinciales y el director ejecutivo de la Agencia de Promoción de la Inversión (ProInversión), Álvaro Quijandría, quien señaló que en agosto próximo se emitiría la “declaración de interés” de la iniciativa privada cofinanciada del proyecto para tratamiento de aguas residuales de la Cuenca del Lago Titicaca (10 plantas, inversión US$ 437 millones, concesión 30 años), desde esta declaratoria se requiere en promedio 2 años para recién iniciarlo lo cual ocurriría en agosto 2019. Este proyecto estuvo en evaluación por ProInversión desde mayo 2014 y a pesar de su importancia y urgencia no fue analizado ni declarado de interés por lo cual es parte responsable del retraso. 

La Cuenca del Lago Titicaca se encuentra seriamente impactada por vertimientos en sus afluentes (Ramis, Suches) de metales pesados y aguas residuales de mercurio usado por mineros ilegales para purificar oro (15 toneladas anuales), y de aguas residuales domésticas sin tratamiento de poblaciones circundantes (34 fuentes contaminantes producen 8,200 toneladas anuales de materia orgánica), además por arrojo de residuos sólidos en sus riberas (se generan 700 toneladas diarias pero solo 2, de 13 municipios, cuentan con plan para gestionarlos).  

Desde la década del 90 la población ya demandaba la construcción de plantas de tratamiento, y en 2002, mediante Ley 27814, se declara de necesidad y utilidad pública la descontaminación de la bahía interior de Puno y con DS 007-2002 se constituye la primera Comisión Técnica Multisectorial para proponer su recuperación, pero no se logró contrarrestar las causas contaminantes, en julio 2012 (Ley 29906) se declaró de necesidad y utilidad pública la prevención y recuperación ambiental integral del Lago Titicaca y sus afluentes, y en 2013 fue creada la segunda Comisión Multisectorial presidida por el Ministerio del Ambiente y conformada por 24 integrantes (DS 075-2013-PCM), pero poco o nada se ha avanzado.

Bajo este panorama resulta inaceptable la incapacidad de autoridades y funcionarios de los gobiernos nacionales, regionales y locales para solucionar un antiguo y grave problema contaminante en una de nuestras principales reservas nacionales (declarada en 1978) que debe ser área natural protegida, sin embargo, se ha convertido en un patrimonio amenazado, tanto la cuenca y afluentes al lago navegable más alto del mundo (3,800 msnm) con inmensas reservas de agua dulce (9,000 millones m3).

 

 

La responsabilidad de los padres ante Dios

Los padres que se ocupen en educar bien a sus hijos no serán confundidos, en el juicio particular y en el juicio universal. Triste, no obstante, será el juicio de padres apenas empeñados en gozar la vida y despreocupados de la educación de su prole.

San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) el insigne maestro de la Teología Moral enseña acerca de los deberes de los padres con relación a sus hijos.

* * *

Teniendo en vista la intensa y creciente oposición a las enseñanzas de la Santa Iglesia observada en nuestros días, es nuestro deber propagar la moral católica tradicional.

Los padres deberán prestar cuentas a Dios por cada hijo que se pierda por su negligencia — Amonestación materna, Ferdinand Georg Waldmüller, 1850

En ese sentido, es notorio el conflicto entre dos categorías de personas: los que desean formar acertadamente a sus familias de acuerdo con esas enseñanzas tradicionales; y aquellos que, debido a las influencias del neopaganismo actual —como las provenientes de la televisión, que invade incontables hogares con telenovelas y otros programas de tenor anticatólico—, tratan de adaptarse a las máximas de la mentalidad moderna.

Acción Familia procura ofrecer a todos los que desean mantener la fidelidad integral a la moral católica, subsidios para resistir valientemente a la avalancha que busca desagregar y hasta extinguir la familia, célula mater de la sociedad.

En su obra Revolución y Contra-Revolución, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira denuncia claramente tal objetivo de la Revolución, multisecular proceso que viene destruyendo la civilización cristiana. Así, en el capítulo 7 (Primera Parte, n. 3, f) declara: “Entre los grupos intermedios que serán abolidos, ocupa el primer lugar la familia. Mientras no consigue extinguirla, la Revolución procura reducirla, mutilarla y vilipendiarla de todos los modos”.

Como poderoso auxilio para los padres de familia, transcribimos algunos principios que el gran Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, proclamó en sus sermones*:

Cuando Dios bendice a los padres dándoles hijos, lo que Él tiene en vista no es la ventaja de la casa; sino que los hijos sean educados en el santo temor y formados para la salvación eterna. De ahí estas palabras de San Juan Crisóstomo: “Miremos a los hijos como precioso depósito, velemos por ellos con toda la solicitud posible”. Si los hijos fuesen un don ofrecido apenas a los padres, estos podrían disponer de ellos como quisiesen; pero como son un simple depósito, los padres deberán prestar cuentas a Dios por cada hijo que se pierda por su negligencia.

Consecuencias de una buena o mala formación

Quien quiera saber si la conducta de un padre de familia es buena o mala, examine la conducta del hijo

A fin de que comprendamos que viviendo según la voluntad de Dios los padres atraen las bendiciones celestiales sobre ellos y sobre toda la casa, la Sagrada Escritura dice: “Así serán felices, tú y tus hijos después de ti, porque habrás realizado lo que es bueno y recto a los ojos del Señor, tu Dios” (Deut. 12, 25). Quien quiera saber si la conducta de un padre de familia es buena o mala, examine la conducta del hijo. “El árbol se conoce por su fruto” (Mt. 12, 33), dice Nuestro Señor. Cuando un padre de familia muere, pero deja un hijo, es como si él no hubiese muerto, pues ese hijo lo perpetúa, lo continuará. “Muere el padre, y es como si no muriera, porque deja detrás de sí a uno igual a él” (Eclo. 30, 4). Por los hijos que blasfeman, que dicen palabras impuras o roban, se puede advertir los vicios del padre. Pues, dice el Eclesiástico, “Un hombre se conoce por los hijos que deja” (Eclo. 11, 30).

Responsabilidad de los padres

Tranquila y feliz será la muerte de los padres y madres de familia que forman a sus hijos en la vida cristiana. “Mientras viva, se alegrará de verlo, y a su muerte, no sentirá ningún pesar” (Eclo. 30, 5). Y dice San Pablo: “se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad” (1 Tim. 2, 15). Gracias a la buena educación que les habrán dado. Al contrario, muy triste y hasta desesperada, será la muerte de aquellos padres que únicamente se preocupan en aumentar la fortuna y el brillo de su casa, para gozar la vida, sin preocuparse en lo más mínimo en educar a sus hijos. “Si alguien —dice aún San Pablo— no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel” (1 Tim. 5, 8).

¡Si al menos ciertos padres cuidasen de sus hijos tanto cuanto de sus animales! ¡Cuánta solicitud para que nada les falte! ¡Qué atención para que la comida les sea dada a su tiempo! Y, con la atención enteramente puesta en ello, no se preocupan si sus hijos conocen o no el catecismo, si asisten a misa y se confiesan. “¡Sí —lamenta San Juan Crisóstomo—, caballos y bueyes les toman más el corazón que los propios hijos!”

Consecuencias de la negligencia de los padres

Para los hijos, cuando aún son niños, es fácil adquirir buenos hábitos, es difícil al hombre maduro corregirse de los malos hábitos contraídos en la mocedad.

Es una gran desgracia para los hijos tener malos padres, no sólo incapaces de educarlos, sino, peor aún, indiferentes a sus conductas: que ven a sus hijos en malas compañías, discutiendo, divirtiéndose con amistades sórdidas, y, en vez de reprenderlos y castigarlos, los excusan diciendo: “No se puede hacer nada, son cosas de la juventud”. ¡Bella máxima… bella educación…!

Así como para los hijos, cuando aún son niños, es fácil adquirir buenos hábitos, es difícil al hombre maduro corregirse de los malos hábitos contraídos en la mocedad.

Pasaremos al segundo punto, y yo os suplico, padres y madres de familia, que retengáis bien esto que os diré sobre la manera de educar bien a vuestros hijos.

La disciplina comprende la enseñanza de la religión y de la moral

¿En qué consiste precisamente la buena educación de los hijos? San Pablo lo dice claramente en dos palabras: “Educad a vuestros hijos en la disciplina y en la corrección del Señor” (Ef.6,4).

En primer lugar, por disciplina, es necesario comprender todo lo que los padres deben hacer para formar a los hijos en las buenas costumbres. Consiste en instruirlos y darles buen ejemplo.

Que los padres tengan ante todo el deber de enseñar a los hijos el temor de Dios y la fuga del pecado. Así hacía el justo Tobías con relación a su hijo. En efecto, leemos en la Sagrada Escritura: “Al cual enseñó desde la infancia a temer a Dios y abstenerse de todo pecado” (Tob. 1, 10).

¡Qué consolaciones y qué alegrías el Cielo reserva en recompensa por la solicitud de los padres cristianos! Sí, dice el Sabio: “Corrige a tu hijo, y él te dará tranquilidad y colmará tu alma de delicias” (Prov. 29, 17). Pero, si el hijo bien instruido es la alegría de sus padres, los hijos ignorantes los llenan de tristezas; pues, ignorar las reglas de la vida cristiana y comportarse mal, es una sola cosa.

Cuenta Tomás de Cantimpré que, en 1248, un sacerdote fue encargado de hacer un discurso al clero de París reunido en sínodo. Este sacerdote era muy ignorante y, estando en la presencia de su auditorio, se confundió completamente. Entonces el demonio vino en su ayuda y le sugirió que pronunciase las siguientes palabras: “Los príncipes de las tinieblas saludan a los príncipes de la iglesia, y les agradecemos vivamente por la negligencia en instruir al pueblo. Pues, las almas estancadas en la ignorancia, siguen el camino del mal y llegan al infierno”. Semejante lenguaje bien se podría dirigir a ciertos padres de familia.

——————————————————————————–

* Sermons de S. Alphonse de Liguori, Analyses, commentaires, exposé du système de sa prédication, par le R. P. Basile Braeckman, de la Congrégation du T. S. Rédempteur, Tome Second, Jules de Meester-Imprimeur-Éditeur, Roulers, pp. 464-47.

 

 

Descender a la plazuela a competir con la New Age o el relativismo

El intelectual, Ignacio Peiró le ha hecho a Valentín Puig una larga entrevista. Pero lo más interesante de ella es quizá el análisis que hace del período en el que Valentín Puig vuelve a la fe católica: “Ahora pienso, -señala- que entre la muerte de Juan Pablo II y el retiro de Benedicto XVI, en Europa la civilización cristiana ha entrado en una fase de zozobra. Esa Europa que en muy buena parte es una creación cristiana anda extraviada. Aquellos días en Roma, por mucho que uno tuviese presente la secularización acelerada de las sociedades europeas –en especial, España-, algo hacía pensar en un renacer, en una nueva vitalidad. Con los años que han transcurrido, me temo que todo es más insincero”.

Más adelante, apunta un diagnóstico de la secularización en España y del fenómeno del catolicismo intelectual. Ahora que estamos en el post-relativismo, “en la sedimentación “natural” del relativismo que da por hecho que el catolicismo es una superstición”, “haría falta –insiste Puig- una intelectualidad católica en la línea de Acton o Montalambert” Y añade: “que lea a Chesterton y Bernanos. La encarnadura del catolicismo debería descender a la plazuela a competir con la New Age o el relativismo. Para eso falta reforzar el lenguaje, poniéndolo al día sin que pierda su sentido trascendente”.

Por cierto, Valentín Puig que últimamente no se prodiga tanto como quisiéramos en los medios, escribe ahora en “El País”.  

Jesús D Mez Madrid

 

 

El silencio no es una respuesta adecuada

Ante la situación creada por algunos movimientos, una colonización, sobre aspectos esenciales a la vida humana y la falta de respuesta por parte de quienes ostentan la representación. La cuestión, ahora, es qué se va a hacer y cómo se está abordando esa “colonización ideológica” en el día a día de la Iglesia. Porque el Papa tiene muy claro el principio de la distinción y, por tanto, el de la actuación. Pero en ocasiones da la impresión que se circunscribe la actuación eclesial al tratamiento en lo relacionado con el pecador, y con el pecado, pero se da un abandono de actuación en el ámbito de lo referido a las ideas.  

En la práctica, incluso por estos predios, sabemos cómo abordar el encuentro con el pecador –acogida-, y qué hacer ante y con el pecado –misericordia también sacramental- . Pero, ¿sabemos cómo afrontar la “colonización ideológica”? Precisamente por ser una cuestión compleja debiera colocarse dentro de las prioridades, no sé si denominarlas también, pastorales.

Lo que parece claro es que el silencio, y la espiral del silencio, no es una respuesta adecuada. Como lo demuestra, una vez más, el Papa Francisco.

Enric Barrull Casals

 

 

El mundo puede esperar a la paz

En el vuelo de vuelta a Roma tras su estancia en Fátima, el Papa Francisco, como es habitual, respondió abiertamente a las preguntas de los periodistas que le acompañaban en el avión. Entre los diversos temas que le plantearon, habló sobre el exquisito y prudente discernimiento que la Iglesia lleva a cabo en casos de apariciones marianas. 

Habló también, sin tapujos, de la necesidad de seguir trabajando más y mejor en todo lo relativo a la tutela de menores, y habló de la necesidad de seguir fortaleciendo la conciencia católica en la vida pública, especialmente en lo que se refiere a la implicación política de los fieles y en su sentimiento de pertenencia a la Iglesia. 

Habló de todo ello y lo hizo siempre teniendo como referencia el gran mensaje que Fátima nos deja. Se trata de un mensaje de paz llevado a la humanidad por tres grandes comunicadores que tenían menos de 13 años.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

¿Gamberros? ¡No! Delincuentes condenables

 

                      NOCTURNIDAD Y ALEVOSÍA (Escrito hace muchos años)

       Lo que hoy comento, ocurre en la ciudad de Jaén entre los días 28 al 30 del pasado enero (mi espacio semanal me obliga a “esperar” y publico cuando puedo) pero como antes ha ocurrido con profusión y lo seguirá ocurriendo después, tristemente mi artículo no va a pasar de una de las más “tristes actualidades”, de nuestra capital.

            Solemos ir, mi esposa y yo, a desayunar en esa entrañable y típica calle peatonal cuál es la denominada “Nueva” (muy céntrica) y siempre al bajar por las escaleras que la comunican con la de “Virgen de la Capilla”, encontramos motivos de incomprensión, cuando no de indignación, por cuanto allí se ve casi cada día. El panorama es el siguiente.

            Contenedores de basuras, de los que inteligentemente dotó el servicio municipal de limpieza a los establecimientos hoteleros que allí proliferan; están tirados por el suelo, algunas veces pisoteados o rotos y las basuras esparcidas. Esos establecimientos antes mentados, que incluso “un día” se unieron para engalanar y adornar tan grato rincón jaenero, han terminado por no hacer nada de nada. Los grandes y bien seleccionados, maceteros, que en su día tuvieron “plantas vivas”, han terminado por estar vacíos, llenos alguno de ellos de papeles, envases y otras suciedades, donde incluso se puede apreciar, que las humedades que contienen, no son otra cosas que orines de “pobres diablos” y por último, cuando esto escribo, ya han roto varios de ellos, los que por ser bastante grandes y sólidos, es de suponer “el esfuerzo” y ruido  que han tenido que producir los antes  mentados y pobres diablos. Los que más que  de otra cosa, son dignos de lástima y conmiseración, pues se necesita ser poca cosa y carecer de un mínimo de personalidad para efectuar tan deleznables hechos, que sólo daño dejan tras de sí.

Cuasi simultáneamente, “esos engendros humanoides”, parece ser (así me lo han contado) que pegan fuego a un contenedor de escombros y restos inservibles, procedentes de las obras de un nuevo establecimiento bancario, que abre sus puertas en  el primer tramo del Paseo de la Estación y se produce tal tipo de hoguera, que prende en la cabina y motor de una furgoneta que allí hay aparcada y la que queda inutilizada y con daños, que quizá no sean ya recuperables y tengan que "tirarla” en el desguace.

            Llegan a mis oídos los comentarios de una vecina de la citada Calle Nueva y tal y como me lo cuentan, lo digo, puesto que la descripción es todo un relato.

             Ocurre, que ésta vecina al oír de madrugada, el escándalo y los ruidos que producen éstos ya delincuentes (atentan contra la propiedad privada y municipal) se sobresalta y sale o mira por su ventana o balcón, con el consiguiente cuidado para que no la vean, puesto que teme los improperios o insultos que pudiera recibir y no sabemos si alguna pedrada, puesto que ya no sabemos cómo reaccionarían éstos pobres seres.

            Y prestando atención oye el siguiente diálogo.

            -¡Vamos a rayar coches! (dice uno de “la partida”, puesto que son grupo).

            -¡¡Nó!!: hoy vamos “a dejar en paz” a los coches, tengo pensado “otra cosa”.

            Responde, quien parece ser el jefe de la partida, compuesta por varios jóvenes, se me dice, de más de veinte años de edad; o sea que no son “chiquillos o mozalbetes”, son hombres (es un decir) “hechos, pero más torcidos que derechos”.

            Desconocemos, si “la otra cosa”, fue pegar fuego al citado contenedor o vete tú a saber lo que hicieran, puesto que no es sólo los hechos que comento, ya que Jaén, es un ejemplo de un tal tipo de abandono, que parece ser que ni tenemos alcalde y policía municipal y menos aún, otro tipo de “fuerzas”, las que o no actúan porque no reciben órdenes, porque están durmiendo, o por no sabemos qué; pues en el caso de la Calle Nueva, simplemente controlando “las tres entradas o salidas”; los que allí hubiese en cualquier madrugada, eran cogidos como “a ratas” (y que me perdonen estos roedores, que actúan como lo que son) y desde luego, (yo) les hacía pagar los daños y perjuicios “a peso de oro”, además publicaba sus nombres en los periódicos y sin nada de “presuntos”, pues cuando se coge a alguien “con las manos en la masa”, lo de presunto, es simplemente un insulto, para  quienes suelen comportarse como buenos ciudadanos y además pagan puntualmente los impuestos, que en teoría, sirven para mantener la paz ciudadana, eliminar delincuentes y gamberros y otras cosas que hoy no digo.

***************************

            Esto que cuento hoy, ocurría aquí hace “dos décadas”. ¿Cómo sigue la situación y no solo en mi ciudad natal; como extremo, ayer día catorce de junio; en los noticieros televisivos; en ese punto cuál es el denominado “Campo de Gibraltar” (incluido el peñón) donde las drogas circulan, como los caramelos y golosinas en cualquier feria de cualquier pueblo en fiestas; un helicóptero de la policía-guardia civil, era tiroteado desde una canoa (planeadora de alta velocidad) que conducida por traficantes y cargada de droga, circulaba por ese lugar “y no pasa nada”, o sea que cualquier día y con ametralladoras, derriban un aparato y mueren los ocupantes, que les pagan “salarios modestos”, mientras y por boca de un portavoz de “las autoridades”, manifestaba y con apariencia de miedo e impotencia, lo siguiente: “Tenemos noticias que ya todos estos traficantes tienen armamento moderno e incluso están contratando sicarios, para la defensa de su negocio”. Decir finalmente que un miembro de la policía municipal española murió persiguiendo a un traficante en pleno casco urbano de La Línea, municipio fronterizo con la colonia que aún posee Inglaterra en Europa (El Peñón de Gibraltar)… “hagan los comentarios que quieran, se van a quedar cortos”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes