Las Noticias de hoy 20 Junio 2017

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 20 de junio de 2017      

Indice:

Newsletter Diario

Adoremos y agradezcamos por este don supremo de la Eucaristía, expresó el Papa en la solemnidad de Corpus Christi en la Catedral de Roma

Aliento del Papa a los participanes en el Congreso Mundial de SIGNIS 2017

Previsiones de la semana del 20 al 26 de junio

11ª semana. Martes: Francisco Fernández-Carvajal

“La única medida es amar sin medida”: San Josemaria

«Adoremos y agradezcamos al Señor el don supremo de la Eucaristía»

Viajes pastorales del Prelado en julio y agosto de 2017

Libro electrónico «Compañeros de Camino»

Trabajo y descanso: F. J. López Díaz, C. Ruiz Montoya

Solemnidad del Sagrado Corazón: VINCENT RYAN

 Autoestima: Mi padre, mi primer amor: Sheila Morataya-Fleishman

El rector de la Santa Cruz explica el perfil de sacerdote que quiere Francisco: abierto, acogedor y que rece

 Evangelización con los más pobres: Ramiro Pellitero

JALISCO ¿BIEN VALE UNA MARCHA?: René Mondragón

La fiesta, el alcohol y el sin sentido: Ángel Cabrero

Volver a casa: Germain Droogenbroodt

... y rechazan la acusación de querer más vacaciones ¿es bueno o malo?​: Jesús Martínez Madrid

 Es el gran “secreto” de Fátima.: Juan García.

Recordando tiempos pasados “o haciendo Historia”: Antonio García Fuentes 

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

Adoremos y agradezcamos por este don supremo de la Eucaristía, expresó el Papa en la solemnidad de Corpus Christi en la Catedral de Roma

"Re-cordar, es decir, llevar en el corazón, no olvidar que Dios nos ama y que estamos llamados a amar” - REUTERS

19/06/2017 09:10

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A la conclusión de la homilía de la misa celebrada en el atrio de la Basílica Mayor san Juan de Letrán, Francisco pidió que “viviendo la Eucaristía, adoremos y agradezcamos al Señor por este don supremo: memoria viva de su amor, que hace de nosotros un solo cuerpo y nos conduce a la unidad”.

Antes, el Obispo de Roma insistió en el tema de la memoria, que aparece una y otra vez en la solemnidad: “Recuerda… El recuerdo de las obras del Señor ha hecho que el pueblo en el desierto caminase con más determinación; nuestra historia personal de salvación se funda en el recuerdo de lo que el Señor ha hecho por nosotros”.

En el segundo “recuerda” el Papa se centró en la explicación de la  importancia de la memoria, “porque nos permite permanecer en el amor, re-cordar, es decir, llevar en el corazón, no olvidar que nos ama y que estamos llamados a amar”. Y manifestó que sin embargo “esta facultad única, que el Señor nos ha dado, está hoy más bien debilitada. En el frenesí en el que estamos inmersos…”. “En cambio, la solemnidad de hoy nos recuerda que, en la fragmentación de la vida, el Señor sale a nuestro encuentro con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía”.

El Sucesor en la Cátedra de Pedro aseveró que “la Eucaristía forma en nosotros una memoria agradecida, porque nos reconocemos hijos amados y saciados por el Padre; una memoria libre, porque el amor de Jesús, su perdón, sana las heridas del pasado y nos mitiga el recuerdo de las injusticias sufridas e infligidas; una memoria paciente, porque en medio de la adversidad sabemos que el Espíritu de Jesús permanece en nosotros”, para afirmar finalmente que “la Eucaristía nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia.” jesuita Guillermo Ortiz -Radio Vaticana

Texto y Audio completo de la homilía pronunciada por el Papa en la solemnidad de Corpus Christi

En la solemnidad del Corpus Christi aparece una y otra vez el tema de la memoria: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer […]. No olvides al Señor, […] que te alimentó en el desierto con un maná» (Dt 8,2.14.16) —dijo Moisés al pueblo—. «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24) —dirá Jesús a nosotros—. Acuerdate de Jesucristo, dira Pablo a sus discípulos: El «pan vivo que ha bajado del cielo» (Jn 6,51) es el sacramento de la memoria que nos recuerda, de manera real y tangible, la historia del amor de Dios por nosotros.

Recuerda, nos dice hoy la Palabra divina a cada uno de nosotros. El recuerdo de las obras del Señor ha hecho que el pueblo en el desierto caminase con más determinación; nuestra historia personal de salvación se funda en el recuerdo de lo que el Señor ha hecho por nosotros. Recordar es esencial para la fe, como el agua para una planta: así como una planta no puede permanecer con vida y dar fruto sin ella, tampoco la fe si no se sacia de la memoria de lo que el Señor ha hecho por nosotros.

Acuerdate de Jesucristo. Recuerda. La memoria es importante, porque nos permite permanecer en el amor, re-cordar, es decir, llevar en el corazón, no olvidar que nos ama y que estamos llamados a amar. Sin embargo esta facultad única, que el Señor nos ha dado, está hoy más bien debilitada. En el frenesí en el que estamos inmersos, son muchas personas y acontecimientos que parecen como si pasaran por nuestra vida sin dejar rastro. Se pasa página rápidamente, hambrientos de novedad, pero pobres de recuerdos. Así, eliminando los recuerdos y viviendo al instante, se corre el peligro de permanecer en lo superficial, en la moda del momento, sin ir al fondo, sin esa dimensión que nos recuerda quiénes somos y a dónde vamos. Entonces la vida exterior se fragmenta y la interior se vuelve inerte.

En cambio, la solemnidad de hoy nos recuerda que, en la fragmentación de la vida, el Señor sale a nuestro encuentro con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía. En el Pan de vida, el Señor nos visita haciéndose alimento humilde que sana con amor nuestra memoria, enferma de frenesí. Porque la Eucaristía es el memorial del amor de Dios. Ahí «se celebra el memorial de su pasión» (Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Antífona al Magníficat de las II Vísperas), del amor de Dios por nosotros, que es nuestra fuerza, el apoyo para nuestro caminar. Por eso, nos hace tanto bien el memorial eucarístico: no es una memoria abstracta, fría o conceptual, sino la memoria viva y consoladora del amor de Dios. Memoria anamnética y mimética. En la Eucaristía está todo el sabor de las palabras y de los gestos de Jesús, el gusto de su Pascua, la fragancia de su Espíritu. Recibiéndola, se imprime en nuestro corazón la certeza de ser amados por él. Y mientras digo esto, pienso de modo particular en vosotros, niños y niñas, que hace poco habéis recibido la Primera Comunión y que estáis aquí presentes en gran número. 

Así la Eucaristía forma en nosotros una memoria agradecida, porque nos reconocemos hijos amados y saciados por el Padre; una memoria libre, porque el amor de Jesús, su perdón, sana las heridas del pasado y nos mitiga el recuerdo de las injusticias sufridas e infligidas; una memoria paciente, porque en medio de la adversidad sabemos que el Espíritu de Jesús permanece en nosotros. La Eucaristía nos anima: incluso en el camino más accidentado no estamos solos, el Señor no se olvida de nosotros y cada vez que vamos a él nos conforta con amor.

La Eucaristía nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16), así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo juntos y compartirlo entre nosotros. La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo. El santo Pueblo fiel de Dios. Nos lo ha recordado san Pablo: «Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10,17). La Eucaristía es el sacramento de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de unidad, porque nace en él, en su «ADN espiritual», la construcción de la unidad. Que este Pan de unidad nos sane de la ambición de estar por encima de los demás, de la voracidad de acaparar para sí mismo, de fomentar discordias y diseminar críticas; que suscite la alegría de amarnos sin rivalidad, envidias y chismorreos calumniadores.

Y ahora, viviendo la Eucaristía, adoremos y agradezcamos al Señor por este don supremo: memoria viva de su amor, que hace de nosotros un solo cuerpo y nos conduce a la unidad. (Radio Vaticana)

 

 

Aliento del Papa a los participanes en el Congreso Mundial de SIGNIS 2017

Papa Francisco, foto de archivo

19/06/2017 16:37

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"Seguir buscando todos los medios tecnológicos y sociales para cooperar en la misión universal de la Iglesia de anunciar el Evangelio de la paz": es el aliento del Papa a todos los profesionales de los medios de comunicación católicos, que se reúnen del 19 al 22 de junio en Quebec, Canadá, con ocasión del Congreso Mundial de SIGNIS, la Asociación Católica Internacional para la comunicación.

Hacer accesible la esperanza a todos

En el mensaje enviado a Mons. Dario Edoardo Viganò, Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, y firmado por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, el pontífice desea que el Congreso pueda inspirar una esperanza, accesible a todos, “precisamente en el lugar donde la vida conoce la amargura del fracaso".

Periodistas, testigos de la esperanza

Al Congreso también llegó el saludo del cardenal Gérald Cyprien Lacroix, arzobispo de Quebec, quien destaca cómo esta conferencia permitirá a los operadores de los medios de comunicación “valorizar su precioso aporte en el dar testimonio de la esperanza del hombre”. “Ustedes son válidos mensajeros - escribe el purpurado -  de los frutos que produce la Palabra de Dios”.

Una sesión dedicada a la reforma de los medios del Vaticano

Centrado en el tema “Medios de Comunicación para una Cultura de Paz: promover historias de esperanza”, el Congreso se abre con una mesa redonda en la que cuatro representantes de organizaciones católicas explican cómo contar historias de esperanza. Seguidamente, representantes del mundo audiovisual dirán cómo “encontrar a Dios en todas las cosas, y filmarlo”. Una sesión específica en la tarde del lunes 19 de junio estará dedicada a profundizar en la reforma de las comunicaciones del Vaticano.

Los jóvenes, la fe y las redes sociales 

Central también la reflexión sobre la participación religiosa y espiritual de los jóvenes que comparten su fe en las redes sociales, el análisis de la relación entre la música y la esperanza, y el de cómo no desesperarse en situaciones de crisis. Serán expuestas experiencias de colaboración en el campo de los medios de comunicación para afrontar campañas de sensibilización.

 

 

Previsiones de la semana del 20 al 26 de junio

Una vista de la Plaza de San Pedro.

19/06/2017 14:24

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El martes 20 de junio el Papa Francisco realizará una peregrinación a la localidad italiana de Bozzolo en la diócesis de Cremona, y a Barbiana en la diócesis de Florencia, para rezar ante las tumbas de los sacerdotes Primo Mazzolari y Lorenzo Milani. Esta visita que el Pontífice realizará de modo privado, se desarrollará de la siguiente manera:

A las 7.30 el Obispo de Roma partirá en helicóptero desde el helipuerto de la Ciudad del Vaticano, para aterrizar, a las 9.00, en el campo deportivo de Bozzolo en Mantua, donde será acogido por Monseñor Antonio Napolioni, Obispo de Cremona y por el Alcalde de esa ciudad.

En la Parroquia de San Pedro, el Pontífice rezará ante la tumba del Padre Primo Mazzolari, fallecido en1959, después de lo cual dirigirá a los fieles presentes en esta iglesia un discurso conmemorativo.

A las 10.30 el Santo Padre partirá en helicóptero desde el campo deportivo de Bozzolo con destino a Barbiana, donde aterrizará a las 11.15 en la explanada frente a la iglesia de esta localidad. Allí será acogido por el Cardenal Giuseppe Betori, Arzobispo de Florencia y por el Alcalde de Vicchio.

El Papa Bergoglio visitará el cementerio y rezará ante la tumba del Padre Lorenzo Milani, fallecido en 1967, en el 50º aniversario de su muerte.

En la iglesia, el Sucesor de Pedro celebrará un encuentro con los discípulos del Padre Milani que aún viven y realizará una breve visita a la canónica; mientras en el jardín adyacente, Francisco dirigirá un discurso conmemorativo, ante la presencia, también, de algunos de los jóvenes huéspedes de la casa-familia.

A las 12.30 el Papa partirá desde Barbiana para llegar a la Ciudad del Vaticano alrededor de las 13.15.

Ese día  en Roma, a las 11.30, en la Asociación de la Prensa Extranjera, la Agencia de la ONU para los Refugiados (UNHCR) presentará la Jornada Mundial del Refugiado. Esta Jornada se celebraba inicialmente en algunos países de África como “Jornada Africana del Refugiado. Actualmente la Agencia de la ONU para los Refugiados pide a los Gobiernos que se garantice a cada niño refugiado la instrucción y que cada familia refugiada tenga un lugar seguro en el que vivir, así como que cada refugiado cuente con un trabajo, o pueda adquirir nuevas competencias a fin de dar su contribución a la comunidad.

El miércoles 21 de junio el Papa Francisco celebrará, a partir de las 10.00 en la Plaza de San Pedro, su tradicional Audiencia General ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, deseosos de escuchar su catequesis semanal, rezar por sus intenciones de Pastor de la Iglesia Universal y recibir su bendición apostólica.

Ese día se cumplirá el 54º aniversario de la elección a la Cátedra de Pedro del Papa Pablo VIGiovanni Battista Montini, nacido en Concesio, en la provincia italiana de Brescia en 1897, quien fue elegido 262º Papa de la Iglesia Católica, sucediendo a Juan XXIIIPablo VI llevó a cumplimiento el Concilio Ecuménico Vaticano II convocado por su Predecesor. El Papa emérito Benedicto XVI lo declaró Venerable tras reconocer sus “virtudes heroicas”, mientras el Santo Padre Francisco lo beatificó el 19 de octubre de 2014.

El jueves 22 de junio el Papa Francisco recibirá en audiencia a los Obispos de Haití con motivo de su Visita “ad limina Apostolorum”, es decir, a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo.

El viernes 23 de junio la Iglesia Católica celebrará la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Y en Italia, la Jornada de santificación sacerdotal.

El sábado 24 de junio la Iglesia Católica celebrará la natividad de San Juan Bautista.

Del 24 al 28 de junio en la localidad italiana de Loreto, se llevará a cabo la “Peregrinación de la Alegría”, organizada por la  Unión Nacional Italiana para el transporte de enfermos a Lourdes y a los Santuarios Internacionales (UNITALSI).

El domingo 25 de junio el Papa Francisco rezará a mediodía la oración mariana del Ángelus con los fieles y peregrinos que se darán cita en la Plaza de San Pedro.

Ese día en VilnaLituania, será beatificado Teofilo Matulionis, Arzobispo Obispo de Kaišiadorys, fallecido en 1962. En representación del Papa Franciscopresidirá la solemne ceremonia el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

El lunes 26 de junio se celebrarán las Jornadas Internacionales contra el consumo y el tráfico de drogas; y en favor de las víctimas de las torturas.

 

 

11ª semana. Martes

SANTIDAD EN EL MUNDO

— Llamada universal a la santidad.

— Ser santos allí donde nos encontramos. La mística ojalatera.

— Todas las circunstancias son buenas para crecer en santidad y realizar un apostolado fecundo.

I. Toda la Sagrada Escritura es una llamada a la santidad, a la plenitud de la caridad, pero hoy nos dice Jesús explícitamente en el Evangelio de la Misa: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto1. Y no se dirige Cristo a los Apóstoles, o a unos pocos, sino a todos. San Mateo nos hace notar que, al terminar estos discursos, las multitudes quedaron admiradas de sus enseñanzas2. No pide Jesús la santidad a un grupo reducido de discípulos que le acompañan a todas partes, sino a todo el que se le acerca, a las multitudes, entre las que había madres de familia, jornaleros y artesanos que se detendrían a oírle a la vuelta del trabajo, niños, publicanos, mendigo enfermos... El Señor llama en su seguimiento sin distinción de estado, raza o condición.

A nosotros, a cada uno en particular, a los vecinos, a los compañeros de trabajo o de Facultad, a estas personas que caminan por la calle..., Cristo nos dice: Sed perfectos..., y nos da las gracias convenientes. No es un consejo del Maestro, sino un exigente mandato. «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía que quienes son apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (1 Tes, 4, 3)»3. «Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad»4. No existe en la doctrina de Cristo una llamada a la mediocridad, sino al heroísmo, al amor, al sacrificio alegre.

El amor se pone al alcance del niño, del enfermo que lleva meses en la cama del hospital, del empresario, del médico que apenas tiene un minuto libre..., porque la santidad es cuestión de amor, de empeño por llegar, con la ayuda de la gracia, hasta el Maestro. Se trata de dar un nuevo sentido a la vida, con las alegrías, trabajos y sinsabores que lleva consigo. La santidad implica exigencia, combatir el conformismo, la tibieza, el aburguesamiento, y nos pide ser heroicos, no en sucesos extraordinarios, que pocos o ninguno vamos a encontrar, sino en la continua fidelidad a los deberes de todos los días.

La liturgia acude hoy a las palabras de San Cipriano, que exhortaba así a los cristianos del siglo iii: «hermanos muy amados, debemos recordar y saber que, pues llamamos Padre a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que Él se complazca en nosotros (...). Sea nuestra conducta cual conviene a nuestra condición de templos de Dios (...). Y como Él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo, por esto, pedimos y rogamos que nosotros, que fuimos santificados en el bautismo, perseveremos en esta santificación inicial. Y esto pedimos cada día»5. Hoy lo imploramos nosotros a Dios: Señor, danos un vivo deseo de santidad, de ser ejemplares en nuestros quehaceres, de amarte más cada día. Ayúdanos a difundir tu doctrina por todas partes...

II. No se contenta el Señor con una vida interior tibia y con una entrega a medias. A todo el que da fruto lo limpia para que dé más fruto6. Por esto purifica el Maestro a los suyos, permitiendo pruebas y contradicciones. «Si el orfebre martillea repetidamente el oro, es para quitar de él la escoria; si el metal es frotado una y otra vez con la lima es para aumentar su brillo. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación»7. Todo dolor –físico o moral– que Dios permite, sirve para purificar el alma y para que demos mayor fruto. Así hemos de verlo siempre, como una gracia del Cielo.

Todas las épocas son buenas para meternos en caminos hondos de santidad, todas las circunstancias son oportunas para amar más a Dios, porque la vida interior se alimenta, con la ayuda constante del Espíritu Santo, de las incidencias que ocurren a nuestro alrededor, de modo parecido a como hacen las plantas. Ellas no escogen el lugar ni el medio, sino que el sembrador deja caer las semillas en un terreno, y allí se desarrollan, convirtiendo en sustancia propia, con la ayuda del agua que les llega del cielo, los elementos útiles que encuentran en la tierra. Así salen adelante y se fortalecen.

Con mucho más motivo saldremos nosotros fortalecidos, pues nuestro Padre Dios es quien ha escogido el terreno y nos da las gracias para que demos fruto. La tierra donde el Señor nos ha puesto es la familia concreta de la que somos parte, y no otra, con los caracteres, virtudes, defectos y formas de ser de las personas que la integran. La tierra es el trabajo, que debemos amar para que nos santifique, los compañeros de la misma empresa o de la misma clase, los vecinos... La tierra, donde hemos de dar frutos de santidad, es el país, la región, el sistema social o político imperante, nuestra propia manera de ser... y no otra. Es ahí, en ese ambiente, en medio del mundo, donde el Señor nos dice que podemos y debemos vivir todas las virtudes cristianas, sin recortarlas, con todas sus exigencias. Dios llama a la santidad en toda circunstancia: en la guerra y en la paz, en la enfermedad y en la salud, cuando nos parece haber triunfado y cuando se presenta el fracaso inesperado, cuando tenemos tiempo en abundancia y cuando casi no llegamos a realizar lo imprescindible. El Señor nos quiere santos en todos los momentos. Quienes no cuentan con la gracia y ven las cosas con una visión puramente humana, están diciendo constantemente: este de ahora no es tiempo de santidad.

No pensemos nosotros que en otro lugar y en otra situación seguiríamos más de cerca al Señor y realizaríamos un apostolado más fecundo. Dejemos a un lado la mística ojalatera. Los frutos de santidad que espera el Señor son los que produce la tierra donde estamos, aquí y ahora: cansancio, enfermedad, familia, trabajo, compañeros de trabajo o de estudio... «Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de esto que suelo llamar mística ojalatera -¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!...-, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor (...)»8. Ese es el ambiente en el que debe crecer y desarrollarse nuestro amor a Dios, utilizando precisamente esas oportunidades. No las dejemos pasar; ahí nos espera Jesús.

III. Contemplada la vida al modo humano, podría parecer que existen momentos y situaciones menos propicios para crecer en santidad o para realizar un apostolado fecundo: viajes, exámenes, exceso de trabajo, cansancio, falta de ánimos...; o bien: ambientes duros, cometidos profesionales delicados en un ambiente paganizado, campañas difamatorias... Sin embargo, esos son momentos de toda vida corriente: pequeños triunfos y pequeños trabajos, salud y enfermedad, alegrías y tristezas, y preocupaciones; momentos de desahogo económico y otros quizá de penuria... El Señor espera que sepamos convertir esas oportunidades en motivos de santidad y de apostolado.

En esos momentos pondremos más atención y empeño en la oración personal diaria (siempre sacaremos tiempo; el amor es ingenioso), en el trato con Jesús sacramentado, con la Virgen..., pues son incidencias en las que necesitamos más ayuda, y la obtenemos en la oración y en los sacramentos. Entonces, las virtudes se hacen fuertes, y toda la vida interior madura.

En el apostolado tampoco debemos esperar circunstancias especiales. Todos los días, cualquier momento es bueno. Si los primeros cristianos hubieran esperado una coyuntura más propicia, pocos conversos habrían llevado a la fe. Esta tarea siempre requerirá audacia y espíritu de sacrificio.

El labrador, para recibir los frutos, es menester que primero trabaje9. Es necesario el esfuerzo, poner en juego las virtudes humanas. De modo particular, el apostolado requiere constancia: Vosotros, hermanos -dice el Apóstol Santiago-, tened paciencia, hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador, con la esperanza de recoger el precioso fruto de la tierra, aguarda con paciencia, hasta que recibe las lluvias temprana y tardía. Esperad, pues, también vosotros con paciencia y esforzad vuestros corazones10. Y con la constancia, la generosidad para sembrar mucho, a voleo, aunque no veamos los frutos.

Pidamos a la Santísima Virgen un efectivo afán de santidad en las circunstancias en las que ahora nos encontramos. No esperemos un tiempo más oportuno; este es el momento propicio para amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro ser...

1 Mt 5, 48. — 2 Cfr Mt 7, 28. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 39. — 4 Ibídem, 40. — 5 Liturgia de las Horas, Martes de la 11ª semana. Segunda Lectura. — 6 Jn 15, 2. — 7 San Pedro Damián, Cartas 8, 6. — 8 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 116. — 9 2 Tim 2, 6. — 10 Sant 5, 7-8.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“La única medida es amar sin medida”

Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., ¡pero notas que te falta algo! Lleva a tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad –la lucha para alcanzarla– es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por El, a los demás. Quizá descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, bu...

...en amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente “tu santidad”, eres envidioso. Te “sacrificas” en muchos detalles “personales”: por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti. (Surco, 739)

A todos los que estamos dispuestos a abrirle los oídos del alma, Jesucristo enseña en el sermón de la Montaña el mandato divino de la caridad. Y, al terminar, como resumen explica: amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperanza de recibir nada a cambio, y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno aun con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, así como también vuestro Padre es misericordioso (Lc VI, 35–36).

La misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión: la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso. Así glosa la caridad San Pablo en su canto a esa virtud: la caridad es sufrida, bienhechora; la caridad no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, se complace en la verdad; a todo se acomoda, cree en todo, todo lo espera y lo soporta todo (1 Cor XIII, 4–7). (Amigos de Dios, 232).  

 

 

El domingo por la tarde el Papa Francisco celebró la Misa del Corpus Christi a las puertas de la catedral de Roma, San Juan de Letrán. En su homilía se volvió a detener en la palabra: "memoria”. Dijo que es la clave para el cristiano que desea vivir una relación profunda con Dios.

Del Papa 19 de Junio de 2017

 

Especial Solemnidad del Corpus Christi (textos, audios y vídeos)

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En la solemnidad del Corpus Christi aparece una y otra vez el tema de la memoria: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer […]. No olvides al Señor, […] que te alimentó en el desierto con un maná» (Dt 8,2.14.16) —dijo Moisés al pueblo—. «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24) —dirá Jesús a nosotros—. «Acuérdate de Jesucristo» (2 Tm 2,8) —dirá san Pablo a su discípulo. El «pan vivo que ha bajado del cielo» (Jn 6,51) es el sacramento de la memoria que nos recuerda, de manera real y tangible, la historia del amor de Dios por nosotros.

Nuestra historia personal de salvación se funda en el recuerdo de lo que el Señor ha hecho por nosotros

Recuerda, nos dice hoy la Palabra divina a cada uno de nosotros. El recuerdo de las obras del Señor ha hecho que el pueblo en el desierto caminase con más determinación; nuestra historia personal de salvación se funda en el recuerdo de lo que el Señor ha hecho por nosotros. Recordar es esencial para la fe, como el agua para una planta: así como una planta no puede permanecer con vida y dar fruto sin ella, tampoco la fe si no se sacia de la memoria de lo que el Señor ha hecho por nosotros. «Acuérdate de Jesucristo».

Recuerda. La memoria es importante, porque nos permite permanecer en el amor, re-cordar, es decir, llevar en el corazón, no olvidar que nos ama y que estamos llamados a amar. Sin embargo esta facultad única, que el Señor nos ha dado, está hoy más bien debilitada. En el frenesí en el que estamos inmersos, son muchas personas y acontecimientos que parecen como si pasaran por nuestra vida sin dejar rastro. Se pasa página rápidamente, hambrientos de novedad, pero pobres de recuerdos.

Así, eliminando los recuerdos y viviendo al instante, se corre el peligro de permanecer en lo superficial, en la moda del momento, sin ir al fondo, sin esa dimensión que nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. Entonces la vida exterior se fragmenta y la interior se vuelve inerte.

En el Pan de vida, el Señor nos visita haciéndose alimento humilde que sana con amor nuestra memoria, enferma de frenesí

En cambio, la solemnidad de hoy nos recuerda que, en la fragmentación de la vida, el Señor sale a nuestro encuentro con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía. En el Pan de vida, el Señor nos visita haciéndose alimento humilde que sana con amor nuestra memoria, enferma de frenesí. Porque la Eucaristía es el memorial del amor de Dios. Ahí «se celebra el memorial de su pasión» (Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Antífona al Magníficat de las II Vísperas), del amor de Dios por nosotros, que es nuestra fuerza, el apoyo para nuestro caminar. Por eso, nos hace tanto bien el memorial eucarístico: no es una memoria abstracta, fría o conceptual, sino la memoria viva y consoladora del amor de Dios. Memoria anamnética y mimética.

En la Eucaristía está todo el sabor de las palabras y de los gestos de Jesús, el gusto de su Pascua, la fragancia de su Espíritu. Recibiéndola, se imprime en nuestro corazón la certeza de ser amados por él. Y mientras digo esto, pienso de modo particular en vosotros, niños y niñas, que hace poco habéis recibido la Primera Comunión y que estáis aquí presentes en gran número.

La Eucaristía forma en nosotros una memoria agradecida, porque nos reconocemos hijos amados y saciados por el Padre

Así la Eucaristía forma en nosotros una memoria agradecida, porque nos reconocemos hijos amados y saciados por el Padre; una memoria libre, porque el amor de Jesús, su perdón, sana las heridas del pasado y nos mitiga el recuerdo de las injusticias sufridas e infligidas; una memoria paciente, porque en medio de la adversidad sabemos que el Espíritu de Jesús permanece en nosotros. La Eucaristía nos anima: incluso en el camino más accidentado no estamos solos, el Señor no se olvida de nosotros y cada vez que vamos a él nos conforta con amor.

La Eucaristía nos recuerda además que no somos individuos, sino un cuerpo. Como el pueblo en el desierto recogía el maná caído del cielo y lo compartía en familia (cf. Ex 16), así Jesús, Pan del cielo, nos convoca para recibirlo, recibirlo juntos y compartirlo entre nosotros.

La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo, el santo pueblo fiel de Dios

La Eucaristía no es un sacramento «para mí», es el sacramento de muchos que forman un solo cuerpo, el santo pueblo fiel de Dios. Nos lo ha recordado san Pablo: «Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10,17).

La Eucaristía es el sacramento de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de unidad, porque nace en él, en su «ADN espiritual», la construcción de la unidad. Que este Pan de unidad nos sane de la ambición de estar por encima de los demás, de la voracidad de acaparar para sí mismo, de fomentar discordias y diseminar críticas; que suscite la alegría de amarnos sin rivalidad, envidias y chismorreos calumniadores.

Y ahora, viviendo la Eucaristía, adoremos y agradezcamos al Señor por este don supremo: memoria viva de su amor, que hace de nosotros un solo cuerpo y nos conduce a la unidad.

 

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Viajes pastorales del Prelado en julio y agosto de 2017

Mons. Fernando Ocáriz visitará diversos países de Europa para estar con fieles y amigos de la Prelatura. Este es el recorrido de su viaje pastoral.

Del Prelado 18 de Junio de 2017

pus Dei - Viajes pastorales del Prelado en julio y agosto de 2017

El prelado del Opus Dei realizará un viaje pastoral por distintos países de Europa.

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San Josemaría, a lo largo de su vida, realizó numerosos viajes para compartir algunos momentos con fieles del Opus Dei de diferentes países. Es una costumbre que han continuado sus sucesores. En las próximas semanas, muchas personas podrán estar por primera vez con el nuevo Prelado del Opus Dei.

Mons. Fernando Ocáriz viajará a Madrid. En la capital española tendrá diversas reuniones entre los días 28 de junio y 3 de julio.

Acudirá a Fátima para rezar en el lugar en el que, hace ahora 100 años, la Virgen se apareció a los tres pastorcillos

Estará en Portugal desde el 4 de julio hasta el día 8, donde acudirá a Fátima para rezar en el lugar en el que, hace ahora 100 años, la Virgen se apareció a los tres pastorcillos.

Acudirá a Barcelona, entre los días 13 y 17 del mismo mes, donde tendrán lugar diferentes encuentros de carácter pastoral.

 

iajes pastorales del prelado del Opus Dei en julio y agosto de 2017

​Viajes pastorales del prelado del Opus Dei en julio y agosto de 2017

 

El día 1 de agosto viajará a París, donde permanecerá hasta el día 5 de ese mes.

Ese día se trasladará a Alemania hasta el día 21 de agosto y desde ahí realizará viajes tanto a Holanda como a Bélgica, para estar con personas que participan en la labor apostólica del Opus Dei en esos países.

Entre el 22 y el 25 de agosto tendrá diferentes encuentros pastorales en Milán (Italia), desde donde se trasladará a Marsella. Después, viajará al santuario de Torreciudad (España). Allí asistirá a la ordenación sacerdotal de dos fieles agregados de la Prelatura, que se celebrará el 3 de septiembre en el templo mariano. 

 

 

Libro electrónico «Compañeros de Camino»

«Camino»: más de 5 millones de ejemplares en 52 idiomas diferentes, una obra con la que san Josemaría ha ayudado a lectores de todo el mundo, acercándoles a Dios y a la Iglesia. Recogemos algunas de esas historias en este libro electrónico.

Libros electrónicos

pus Dei - Libro electrónico «Compañeros de Camino»

ePub ► Libro electrónico «Compañeros de Camino».

Mobi ► Libro electrónico «Compañeros de Camino».

«Que tu vida no sea una vida estéril…». Así comienza el libro «Camino», compuesto por casi mil reflexiones de san Josemaría sobre la vida cristiana. Desde su publicación en 1934, el libro ha superado los 5 millones de ejemplares, y ha sido editado en 52 idiomas diferentes.

Tras cada lector de «Camino» hay una historia de amor a Dios

Como se extiende un fuego, así ha ido difundiéndose esta obra de san Josemaría entre cristianos de todo el mundo e incluso personas de otras creencias. A veces, comprando el libro en una tienda, regalándolo, e incluso copiándolo a mano para hacerlo llegar allí a lugares inauditos.

Tras cada lector de «Camino» hay una historia de amor a Dios. A veces de sufrimiento, y otras de alegría, superación y deseos de santidad.

En el libro electrónico que ahora presentamos se recogen los relatos recibidos a lo largo de los años en la Oficina para las Causas de los Santos de la Prelatura del Opus Dei. Sus autores, Javier Medina y Michele Dolz, han agrupado algunos de esos testimonios.

Cuba, Corea, Congo, Rusia… son algunos de los países de los que proceden algunas historias sobre «Camino». En el trabajo, en la familia, entre los amigos, este libro electrónico es una prueba más de las distintas vías de que se sirve el Espíritu Santo para meterse en las almas y cambiar las vidas. 

 

 

Trabajo y descanso

La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo».

Trabajo 19 de Abril de 2016

pus Dei - Trabajo y descanso

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder. El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14]. Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversione

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelización. Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].

F. J. López Díaz

C. Ruiz Montoya


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975. 

 

 

Solemnidad del Sagrado Corazón

Es una fiesta de origen relativamente reciente, aunque la idea subyacente es muy antigua y tiene sus raíces incluso en la Escritura, ya que lo que celebramos es el amor de Dios revelado en Cristo y manifestado sobre todo en su pasión. El símbolo de ese amor es el corazón de Cristo herido por nuestros pecados.

En el capítulo anterior vimos que una monja, Juliana de Mont Cornillon, fue el instrumento de Dios para promocionar el establecimiento de la fiesta en honor de la eucaristía. Fue igualmente una monja, Margarita María Alacoque, de la orden de la Visitación, en Francia, quien impulsó la idea que cristalizaría en una nueva fiesta en el calendario. Entre 1673 y 1675 tuvo santa Margarita María, en su convento de Paray-le-Monial, una serie de visiones en las que Cristo le habló pidiéndole que trabajase por la institución de una fiesta del sagrado corazón, que debería celebrarse el viernes después de la octava del Corpus Christi.

Roma actúa lentamente, y por eso hubieron de pasar casi cien años hasta que la Santa Sede autorizó a los obispos polacos y a la romana archicofradía del Sagrado Corazón para celebrar dicha fiesta. Solamente en 1856, el papa Pío IX la hizo extensiva a toda la Iglesia. En los años siguientes creció en rango e importancia, así como en popularidad. La Liturgia de las horas y la misa de esta fiesta sufrió varias revisiones. La que se llevó a cabo bajo la dirección de Pío XI quedó en vigor desde 1928 hasta 1968. El breviario romano y el misal, revisados de acuerdo con los principios del concilio Vaticano II, constituyen la etapa final en la confección de la liturgia de esta fiesta. El leccionario de la misa ofrece una más amplia elección de lecturas basadas en el sistema de los tres ciclos.

 

Significado de la fiesta

La devoción al sagrado corazón es devoción a Cristo mismo. En las representaciones artísticas no está permitido mostrar el corazón solo. Hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque él es el objeto de nuestra adoración y hacia él se dirige nuestra oración: "Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor".

Cuando hablamos del corazón de Jesús o de un corazón humano, ¿qué queremos decir? ¿Nos referimos a un órgano humano o a una metáfora? Eso depende del contexto de nuestro discurso; pero, según Karl Rahner en una reflexión filosófica sobre el tema "corazón", es uno de esos términos primordiales que encierran un rico significado y valor y apuntan a todo un mundo de realidades. El corazón representa el ser humano en su totalidad; es el centro original de la persona humana, el que le da unidad. El poeta Yeats habló del "núcleo profundo del corazón". El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones libres, el lugar de la misteriosa acción de Dios 1.

A pesar de que en las profundidades del corazón puede existir el bien y el mal, el corazón es símbolo de amor. Según Rahner, la más íntima esencia de la realidad personal es el amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto emblema del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender algo del amor de Cristo. Su amor es totalmente, pero no solamente, humano, porque en él nos encontramos con el misterio de un amor humano-divino. El corazón humano de Cristo está hipostáticamente unido a su divinidad. El amor de Dios se ha encarnado en el amor humano de Cristo.

El amor de Dios hacia el hombre existía desde toda la eternidad. Los textos del Antiguo Testamento abundan de esta evidencia. "Con amor eterno te he amado", declara Yavé a su pueblo por medio del profeta Jeremías (Jer 31,2). La liturgia de esta fiesta está sacada de los siguientes textos. La antífona de entrada de la misa es del salmo 32: "Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para liberar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre". La respuesta al salmo responsorial es como sigue: "La misericordia del Señor dura por siempre para los que cumplen sus mandatos". Las lecturas del Antiguo Testamento para los tres ciclos proclaman el amor de Dios para con su pueblo, demostrando cómo lo eligió y lo salvó, estableció con él un pacto, lo condujo con suavidad y con andaderas de amor y fue un buen pastor para él.

Si ya el Antiguo Testamento revela el gran corazón de Dios, el Nuevo Testamento lo manifiesta completamente. San Juan, heraldo de la encarnación y del amor de Dios, sólo acierta a exclamar: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó por él a su Hijo único" (Jn 3,16). El amor de Cristo por el Padre y hacia el hombre caído, al que vino a salvar, lo llevará a la muerte, y una muerte de cruz. El mismo declaró: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). El sufrimiento y la muerte en cruz de Jesús son una muestra de su amor por nosotros. San Pablo se maravillaba frecuentemente pensando en ello: "Dios mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5,8). San Pablo experimentó ese amor en un nivel personal profundo: toda su vida fue vivida en la fe en el Hijo de Dios, "el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20).

La contemplación de este misterio debería conducirnos a una respuesta múltiple. Debería suscitar en nosotros sentimientos de fe, amor y adoración. ¿También compasión? También ella tiene su parte en nuestra devoción, con tal de que no olvidemos que Jesucristo, ahora en su gloria, no puede sufrir. Pero el pensamiento de lo mucho que padeció en manos de los hombres puede suscitar sentimientos de compasión. Compadecer a Cristo en sus sufrimientos y penas no es un fenómeno moderno. Ha formado parte de la piedad cristiana desde tiempos muy remotos, y alcanzó su máxima expresión en la Edad Media. La compasión no está totalmente ausente de la liturgia. Se encuentra de forma discreta, pero inconfundible, en las celebraciones de semana santa; por ejemplo, en los "improperios" del viernes santo: "Pueblo mío, ¿qué te he hecho.. ?" Ciertamente, la meditación de los sufrimientos de Cristo debería suscitar en nosotros el dolor de los pecados, de los nuestros propios y de los del mundo. Pero hay también lugar para el gozo, gozo de conocer que somos tan amados y que ha triunfado el amor.

Sin embargo, nuestra devoción no debe quedarse en el nivel del sentimiento. La palabra latina devotio tiene mucha más fuerza que la de sus equivalentes en las lenguas actuales. En el contexto religioso indica servicio dedicado y voluntad decidida de hacer la voluntad de Dios. Sugiere culto no solamente de tipo litúrgico, sino de nuestras vidas completas. Esta devoción se realiza aceptando la invitación de Cristo a tomar nuestra cruz y seguirle. La Iglesia, y sus miembros individualmente, deben completar, de una manera misteriosa, lo que falta a los sufrimientos de Cristo. Todos tenemos el privilegio de tomar parte en la obra redentora de Jesús. Como observa Rahner: "A nosotros, que tomamos parte en el destino de su amor en el mundo, nos está permitido y, además, se nos exhorta a continuar su pasión y muerte en el cuerpo místico de la Iglesia hasta el fin de los tiempos" 2.

Raíces bíblicas y litúrgicas

El papa Pío XII, en su encíclica Haurietis aquas, sobre la devoción al sagrado corazón de Jesús, publicada en 1956, se preocupó de fundamentar esta devoción en sus fuentes bíblicas. La citada encíclica es un documento importante en el que se han inspirado la misa y el oficio de la fiesta actuales. También sirvió de estímulo al famoso historiador monástico Dom Jean Leclercq para trazar, en un artículo escrito hace años, el desarrollo de esta devoción desde sus inicios hasta nuestros días. Las ideas que ofrecemos en esta sección están tomadas del citado artículo.

La devoción al sagrado corazón de Jesús tiene sus orígenes en dos textos del Nuevo Testamento, ambos del evangelio de san Juan. El primero, del capítulo séptimo, versículos 37-38:

El que tenga sed, que venga a mí y beba; el que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas (o corazón) manarán ríos de agua viva.

Los comentaristas concuerdan en que se refiere al pecho, o corazón, de Cristo. Para los creyentes es una fuente inagotable de vida y bendición. Este pasaje se asimila además a otro texto que se encuentra al final del evangelio de san Juan (19,33-34) y recuerda el misterioso incidente que tuvo lugar después de la crucifixión:

Mas al llegar a Jesús y verlo muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y seguidamente salió sangre y agua.

En la tradición cristiana, la sangre se interpretó como símbolo de sacrificio y del misterio eucarístico. El agua simboliza el Espíritu Santo, que brota de Cristo hacia la Iglesia.

La devoción al corazón de Jesús brotó de la meditación de esos textos. Con el correr de los siglos, la atención se centró en el corazón de Jesús más bien que en el costado herido, pero el misterio subyacente sigue siendo el mismo.

Los textos arriba citados colocan la fiesta del corazón de Jesús en el contexto de la semana santa, concretamente el viernes santo. Como observa el padre Plácido Murray, "la liturgia es un eco del viernes santo, una llamada a interior¡zar el culto". El amor es la clave de la semana santa y es a la vez el mensaje principal de esta fiesta.

En el pasaje del capítulo séptimo de san Juan, Jesús alude a la profecía de Ezequiel (Ez 47) que anuncia el agua viva que brota del templo. El es el cumplimiento de aquella profecía, el verdadero templo del que brota el Espíritu: "De él brota sangre y agua, la gracia y los sacramentos; de él nace el misterio de la Iglesia, la salvación de los hombres".

La liturgia relaciona estos textos no sólo con la pasión, sino también con la resurrección. Ya hemos visto cómo el pasaje de Ezequiel se evoca durante el tiempo pascual en el rito de la bendición del agua y la aspersión al comienzo de la misa: "Vi que manaba agua del lado derecho del templo. Aleluya. Y habrá vida dondequiera que llegue la corriente y cantarán. Aleluya, aleluya". La antífona IV alternativa deja claro que esta profecía se cumple en el Calvario: "De tu costado, oh Cristo, mana una fuente de agua viva, que limpia el mundo de pecado y renueva la vida. Aleluya".

Durante la Edad Media, la devoción al sagrado corazón mantuvo su relación con el misterio pascual, con la Biblia y la liturgia. Así lo afirma Dom Leclercq, el cual nos informa de que "consistía en adherirse al misterio de la pasión de Cristo y a su victoria y resurrección mediante una fe confiada, puesto que su muerte y triunfo revelaron precisamente el amor".

La ternura de esta devoción queda expresada en las palabras de un escritor medieval, Arnoldo de Bonneval: ."¡Qué dulzura en esta apertura de su costado! Ella nos ha revelado los tesoros de la bondad de Jesús, la caridad que su corazón tiene por nosotros".

 

La liturgia

Es tiempo ya de que examinemos más de cerca los textos de la liturgia, que incluye algunos de los pasajes más consoladores del Antiguo y del Nuevo Testamento. Además de los textos de la Escritura, tenemos las composiciones de la Iglesia misma, inspirados por la palabra de Dios y la tradición. Hay riqueza de material para meditar y sacar inspiración.

El primer texto que vamos a considerar es del Oficio de lecturas, y pertenece al capítulo octavo de la carta de san Pablo a los Romanos. Nos da el encabezamiento apropiado: "El amor de Dios se ha revelado en Cristo". El Apóstol es aquí de lo más elocuente al proclamar ese amor, del que habla con la experiencia que le otorga el haberlo experimentado incluso en momentos de grandes dificultades personales. "¿Quién me podrá separar del amor de Cristo?" Y responde que ni siquiera la muerte, porque el amor de Cristo ha triunfado.

Veamos ahora el leccionario de la misa con sus lecturas para los tres ciclos. Ya nos hemos referido anteriormente a las tres lecturas del Antiguo Testamento, que descubren el amor eterno de Dios. Nos queda por examinar las del Nuevo Testamento. En el ciclo A es san Juan quien se dirige a nosotros (Jn 4,7-16). Su mensaje indica que el amor de Dios nos fue revelado cuando envió a su Hijo al mundo para ser el sacrificio que quita nuestros pecados. Al final de la lectura, san Juan hace la tremenda afrmación: "Dios es amor".

En el ciclo B, la segunda lectura es de la carta a los Efesios (3,8-19). San Pablo afirma de sí mismo que es el heraldo del amor de Dios. Este amor se va desplegando a lo largo de la historia en un plan llevado a cabo cuidadosamente y que alcanza su punto culminante en Cristo. Su tarea como apóstol consiste en proclamar "el infinito tesoro de Cristo". La segunda parte de la lectura consiste en una fervorosa oración para que los seguidores de Cristo crezcan fuertes en fe y amor y que lleguen a un mayor conocimiento del amor de Cristo, que es un misterio que sobrepasa toda humana capacidad de comprensión.

El amor de Cristo no está reservado exclusivamente a una élite. Abraza a todos los hombres, incluso a los más descarriados. Hasta tiene preocupación y afecto especial para los pecadores. Esta verdad está expresada maravillosamente en la parábola del buen Pastor. Es significativo que esta parábola, en la tierna versión de Lucas 15, 3-7, haya sido elegida como lectura evangélica para el ciclo C. El buen Pastor abandona su rebaño para ir en busca de la oveja perdida, y cuando la encuentra, la lleva al redil cargándola sobre sus hombros. Luego se alegra con sus amigos por haberla encontrado. Así habrá gran alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente.

Hay varios textos que llaman nuestra atención sobre el costado traspasado de Cristo. La lectura evangélica para el ciclo B nos relata precisamente ese hecho descrito por Juan (19,3137), que podría ser el texto fundamental para la fiesta, y cuyo simbolismo ya ha sido comentado. En el Oficio de lecturas, san Buenaventura comunica su comprensión de ese misterio: "Manando de la fuente arcana del corazón (su sangre), dio a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, siendo para los que viven en Cristo como una copa llena en la fuente viva que salta hasta la vida eterna".

Para la oración colecta, el misal propone dos opciones. La primera se refiere al corazón de Cristo como fuente de toda gracia y bendición, recuerda y se alegra de los beneficios de su amor para con nosotros, y concluye pidiendo: "Concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia". La segunda oración, que es la que se usaba antes, ve en este corazón, llagado por nuestros pecados, el receptáculo de los infinitos tesoros del amor de Cristo.

El prefacio reúne las varias ideas: el Calvario, el costado traspasado y el corazón abierto, y celebra el amor de Cristo, que no cesa de arder por amor a la humanidad.

Elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación.

Aquí encontramos de nuevo el misterio pascual; una vez más resuena la proclamación de la pascua: "Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación".

 

Amor mutuo

La obligación de amarnos unos a otros deriva como conclusión lógica del misterio que hemos celebrado. San Juan afirma claramente (1 Jn 4,11): "Si Dios nos ha amado de este modo, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Jamás ha visto nadie a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros y su amor en nosotros es perfecto". Este pasaje es de la primera lectura del ciclo A. La lectura evangélica de este mismo día es del capitulo undécimo de Mateo (25-30), y nos invita a mirar a Cristo y a aprender de su ejemplo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso". El amor cristiano puede tener varias formas, pero cuanto más se acerque al de Cristo más irá adquiriendo el sello de la mansedumbre. "¡Bienaventurados los mansos!"

Hoy ponemos, con razón, el acento en la dimensión horizontal de la religión. Se reconoce la justicia social como un elemento esencial del cristianismo. El amor de Dios no es compatible con la indiferencia ante la manifiesta injusticia social. Pero las actividades políticas y sociales deben ser animadas por el amor cristiano. Cristo debe vivir en el creyente por la fe y el amor. Debemos adquirir la mentalidad de Cristo y dejarnos mover por el Espíritu. "Plantados y construidos sobre el amor", es el principio en el cual debe basarse la acción social cristiana.

Todo eso está en armonía con la devoción al corazón de Jesús, pero conviene que hoy pongamos un acento especial en estas cosas. Lo tenemos implícito en las lecturas de la Biblia, y sólo es necesario explicitarlo y exponerlo en la predicación. Se expresa en las oraciones colecta de la misa y en una de las intercesiones de laudes dirigida expresamente a Cristo: "Jesús, fuente de vida y santidad, haznos santos e irreprochables por el amor".

La comunión sacramental no es solamente participar en el cuerpo y la sangre de Cristo; implica, además, participación en la vida de sus miembros con un compromiso de amor y de servicio. Esta es la idea que expresa la oración poscomunión: "Este sacramento de tu amor, Dios nuestro, encienda en nosotros el fuego de la caridad, que nos mueva a unirnos más a Cristo y a reconocerlo presente en los hermanos". El latín usa la palabra attrahere, en el sentido de ser atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, y se inspira en las mismas palabras del Señor: "Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12,32). Ser atraídos hacia Jesús, hacia su corazón, no significa ser retraídos de nuestros hermanos; es para encontrarlos en el corazón de Cristo, para amarlos "en las entrañas de Cristo Jesús" (Flp 1,8).

 

Magisterio papal reciente

Desde que el papa Pío XII publicó su encíclica Haurietis aquas, varios de sus sucesores han tratado del culto al sagrado corazón de Jesús. El papa Pablo VI, en su carta apostólica titulada Las innumerables riquezas de Cristo (6 de febrero de 1965), recomendaba esta devoción como un medio excelente de honrar al mismo Jesús, y hacía notar la relación íntima entre esta devoción y el misterio eucarístico: "Deseamos especialmente que el corazón de Jesús sea honrado por una participación más intensa en el sacramento del altar, puesto que el mayor de sus dones es la eucaristía". Pablo VI contaba esta devoción entre las fórmulas populares de piedad que el concilio Vaticano II quería promover, porque no podía por menos de alimentar una piedad auténtica hacia la persona de Cristo. Estaba, además, en armonía con la liturgia, porque precisamente en el corazón de Jesús tiene la liturgia su origen y su vida; desde ese corazón el sacrificio de expiación se elevó hacia el Padre eterno.

Juan Pablo II, en su primera encíclica, Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), que trata del misterio de la redención, tiene la siguiente expresión: "La redención del mundo -este tremendo misterio de amor en el cual la creación se renueva- es en su raíz más profunda la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del Hijo primogénito, para que pueda ser justicia en el corazón de muchos seres humanos, predestinados desde la eternidad en el Hijo primogénito a ser hijos de Dios y llamados a la gracia y al amor".

En una audiencia general, el 20 de junio del mismo año, el santo Padre habló abundantemente de la devoción al sagrado corazón, cuya fiesta estaba a punto de celebrarse. "Hoy, anticipando la fiesta de ese día, junto con vosotros, deseo volver los ojos de nuestros corazones hacia el misterio de ese corazón. Me ha hablado desde mi juventud. Cada año vuelvo a este misterio en el ritmo litúrgico del tiempo de la Iglesia".

Es característico del papa Juan Pablo hablar del corazón de Cristo asociándolo con todo corazón humano. Es un caso de "cor ad cor loquitur", "el corazón habla al corazón". El corazón es un símbolo que habla del hombre interior y espiritual. El corazón humano, iluminado por la gracia, está llamado a comprender las "insondables riquezas" del corazón de Cristo. San Juan el apóstol, san Pablo y los místicos de todos los tiempos, han descubierto por sí mismos y han compartido con otros esas mismas riquezas espirituales. Pero Jesús atrae a todos hacia su corazón, se revela a ellos, les habla al corazón, vive en sus corazones por la fe y quiere ser rey de ellos no por el ejercicio de la fuerza, sino con suavidad y amor.

Por fin, en una nota litúrgica, el papa explica cómo esta fiesta incluye y resume el ciclo litúrgico: "Así, al final de este ciclo fundamental de la Iglesia, la fiesta del sagrado corazón de Jesús se presenta discretamente. Todo el ciclo está incluido definitivamente en él: en el corazón del Hombre-Dios. De él irradia también cada año la vida entera de la Iglesia".

VINCENT RYAN

 

 

Autoestima: Mi padre, mi primer amor

Sheila Morataya-Fleishman

“¡Ah! ¿Cómo poder repetir todas las ternuras que “Papá prodigaba a su reinecita? Hay cosas que el corazón siente, pero que ni la palabra, ni siquiera el pensamiento pueden expresar…” Santa Teresita de Jesús

Teniendo como fondo musical la canción de Hotel California del grupo Eagles, me encontré repentinamente recordando a mi papá en ese único viaje que hicimos juntos hacia la ciudad de la bella San Francisco. Puedo ahora mismo retroceder en el tiempo y verme junto a él cuando manejábamos hacia nuestro destino. La canción Hotel California sonaba en la radio mientras veíamos a ambos lados de la carretera los inmensos molinos para generar energía. Platicábamos sobre la lucha por llegar a ser un adulto completo, los minutos inolvidables de la niñez y la bendición que Dios permitía que tuviéramos en ese momento de poder afianzar nuestros lazos como padre e hija. Mi papá sin duda fue mi primer amor.

Las raíces de la seguridad en sí misma

Me contaba hace poco una amiga mía lo mucho que a su hijita de unos 5 años le encanta dormir en la cama de sus padres. Pero ¿sabes?- me decía. Lo que más se asombra y me inunda de ternura es despertarme en medio de la noche y observar como ella esta totalmente pegada a su papá. Desde muy niñas buscamos la seguridad en la figura de un hombre, nuestro padre. Por eso el autor y sicólogo norteamericano Nathaniel Branden hace la observación de que la madre es la que siembra la ternura, compasión, empatía; en cambio el padre siembra la seguridad y los sentimientos de auto-estima. Es por esto tan importante que procures la participación de tu esposo en la vida de tus hijos desde el primer momento en que sabes que estás esperando un hijo. Motívale a perder el orgullo masculino que le impide besar tu vientre, aliéntalo a que le hable todas las noches al bebé que todavía no nace. Y si ya es un recién nacido el que tienen en tu hogar, inyéctale la seguridad deque sus brazos recios, fuertes y varoniles están hechos precisamente para transmitir esa primera seguridad que sólo puede venir de los brazos de un papá. No le permitas o aceptes a que te diga que esperará unos cuantos meses para cargarlo, pues cada día que pasa es de suma importancia para el desarrollo firme y seguro de su propia personalidad. Si es niño dile que lo bese, que lo arrulle, que le cante. Si es niña dile que la bese, que la arrulle, que le cante. No hay diferencia alguna que valga en esos momentos, la diferencia la hace y la hará siempre la calidad de amor que el esté dispuesto a dar. Con inteligencia y haciendo uso de tu genio femenino puedes despertar en él esta consciencia.

Los recuerdos de una niña

Eran hermosos días para mí aquellos en que mi rey querido (papá) me llevaba a la oficina con él; ¡me gustaba tanto jugar con la máquina de escribir, abrir la caja registradora, hacer pan..! fue así que nació en mí el deseo de convertirme en empresaria. Eran los momentos que cada sábado mi papá tenía reservados para mí. Mientras me relataba su historia, a mi amiga se le llenaban los ojos de ilusion y de estrellas. Y además de todo eso, -le preguntaba- ¿cuál fue el mayor impacto que causo tu papá en tu vida? Mientras meditaba por un momento, pausadamente me respondía: creo que fue el sentido de dignidad que me transmitió como mujer e hija de Dios. Papá siempre nos dió ejemplo de respeto. Era un hombre que vivía metido en Dios. Su trato era muy fino, tierno y siempre nos estaba repitiendo que los hombres debían ser de una sola pieza. Los valores, nos decía, a mi y mis hermanos son los tesoros que nos va descubriendo la vida.

También es mi mejor amigo

Recuerdo que mi papá al llegar a mi adolescencia se convirtió en mi mejor amigo. Tenía un don especial para entenderme, comprenderme y guiarme. Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Solía decir Monseñor Escrivá de Balaguer. Mi papá siempre procuró ponerse a nivel mío y de mis hermanos. Ahora que soy adulta y que tengo el privilegio de ser madre, mi papá sigue siendo mi amigo y soy cada día más consciente de que el lazo que nos une es verdaderamente divino . Yo espero amiga, que tu tengas la oportunidad de acercarte a tu padre y le digas cuánto lo amas así como lo mucho que significa para tu vida. Si por cualquier circunstancia no tuviste la dicha de tenerlo a tu lado y hay algo en tu corazón que pesa, procura hacer las paces con el. Es muy importante para la evolución tuya como mujer y para tener unas buenas relaciones de pareja.

Si eres esposa y tienes hijos pequeños haz todo lo posible por tener una conversación profunda con tu esposo y hablale de tus experiencias como hija y de las expectativas y deseos que hay en tu corazón de su participación individual como papá en la vida de vuestros hijos.

Escucho de Nuevo la melodía de Hotel California y al hacerlo no puedo evitar el evocar la figura amada de mi papi y del impacto tan enorme que tuvo y sigue teniendo en mi vida. Puedo verlo en la Casa de Retiros Clara Luna, rezando con sus manos juntas y de rodillas frente a nuestro Señor y desde acá sé que mi corazón esta hablando al suyo pues vuelvo a sentirme una recién nacida que es cargada con infinito amor masculino. Mi papá, mi primer amor.

 

 

El rector de la Santa Cruz explica el perfil de sacerdote que quiere Francisco: abierto, acogedor y que rece

Luis Navarro afirma que el celibato es posible si se ama de forma adecuada siguiendo el sacerdocio de Cristo

Luis Navarro, rector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, ha estado en Madrid invitado por la Fundación CARF, para ofrecer una conferencia sobre la importancia de la formación del sacerdote. Lleva 30 años en la capital italiana y es consultor de varios dicasterios de la Santa Sede.

. Luis Navarro (derecha), rector de la Universidad Pontificia de la

D. Luis Navarro (derecha), rector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, durante la conferencia en Madrid.

ReligionConfidencial

Luis Navarro, que ha estado con Francisco en varias ocasiones, ha explicado a Religión Confidencial el perfil del sacerdote que quiere el Papa: “Creo que el Santo Padre insiste en que se formen sacerdotes con mentalidad adecuada al mundo actual, sacerdotes totalmente entregados a los demás, abiertos, que sepan escuchar, acoger, cercanos a las personas, sobre todo a los que estén lejos de Jesucristo, bien formados teológicamente para que sepan aconsejar y hombres de Dios, que recen”.

Además, deben poseer una madurez afectiva integral y adecuada para el sacerdocio. En declaraciones a Europa Press, Luis Navarro ha afirmado que la completa formación de los seminaristas es “esencial", así como su selección, y que es mejor una parroquia "descubierta", es decir, con pocos sacerdotes, que una “con candidatos que no son idóneos”.

El celibato es posible

En este sentido, explica a este Confidencial que “el celibato sacerdotal es posible. La Iglesia Católica continúa defendiendo el celibato porque hay razones de conveniencia. Aunque no es de derecho divino, el presbítero continúa con el sacerdocio de Jesucristo, que fue célibe. El sacerdote sigue a Jesucristo y ama la Iglesia como Cristo amó a la Iglesia. Además, la disponibilidad del sacerdote hacia los demás debe ser total, una entrega plena”.

Respecto a los que consideran que el celibato es muy difícil, Luis Navarro afirma que “es posible si uno saber amar de un modo adecuado”. En este sentido y sobre los casos de abusos por parte de sacerdotes, el rector asegura que es "un punto doloroso" porque es "terrible" que "quien debe conducir hacia Dios" se erija en un "instrumento del diablo", recoge Europa Press.

Por ello, opina que la petición de perdón por los abusos cometidos en el seno de la Iglesia debe ir acompañada por "medidas concretas que mejoren la selección de los candidatos y de una mayor concienciación de la responsabilidad de cada candidato, de los formadores y del obispo que ordena.

En este sentido, señala que, en la actualidad, en la formación de los seminaristas se insiste mucho en la madurez afectiva del candidato al sacerdocio, que comporta un conocimiento profundo de su persona y también de su dimensión sexual.

Retos del sacerdote del siglo XXI  

Sobre los principales retos a los que se enfrenta el sacerdote del siglo XXI, Luis Navarro considera que la principal preocupación de la Iglesia debe ser llegar a los “miles de bautizados que no pisan una Iglesia”. Explica a RC lo que, en su opinión, deben hacer los católicos: “Primero testimoniar nuestra fe y relación con Cristo. Después, preocuparnos por todos los que tenemos a nuestro lado. Y, en tercer lugar, interpelar con cariño a la gente que nos rodea porque muchos vuelven a la fe cuando les hacemos reflexionar sobre el sentido de su vida”.  

Obviamente, para el rector es esencial utilizar un lenguaje comprensible a todos y adaptar el mensaje, siguiendo el ejemplo de Francisco, y aprovechar las redes sociales para dar buenos testimonios. “Sobre todo, tender puentes a todas las personas”, afirma a RC.

La importancia del Derecho Canónico

El rector de la Santa Cruz, que es profesor de Derecho Canónico, explica la importancia de esta disciplina en la vida de la Iglesia: “En primer lugar, ayuda en las relaciones entre los fieles y los pastores. Además, se necesitan personas preparadas para administrar correctamente el dinero de las diócesis, los bienes eclesiásticos y los de la parroquia. Todo esto está regulado por el derecho canónico y si se respeta, permitirá que haya menos abusos en ese tema”.

También la Iglesia Católica necesita buenos profesionales en derecho canónico para servir a los fieles en los tribunales eclesiásticos, sobre todo en los casos relacionados con la nulidad matrimonial.

Luis Navarro ha dado una conferencia sobre la importancia de la formación sacerdotal a amigos y benefactores de CARF, una Fundación que ayuda cada año, a la formación de cerca de 2.000 sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos de más de 100 países que provienen de distintas congregaciones, movimientos y realidades de la Iglesia Católica. 

 

 

Evangelización con los más pobres

Posted: 18 Jun 2017 02:23 AM PDT

 

Dextera Domini (diestra o mano derecha del Señor), pintura mural del s. XII

Con un importantes mensaje titulado “No amemos de palabra sino con obras” (13-VI-2017), el Papa Francisco ha instituido la “Jornada mundial de los pobres”, que se celebrará este año, por vez primera, el 19 de noviembre de 2017. 

Se trata, afirma en la introducción, de “un imperativo que ningún cristiano puede ignorar”, sobre todo teniendo en cuenta el contraste “entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos”. Así de claro lo dice Francisco: “El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres”. 

No se trata de un mero sentimiento de compasión más o menos auténtico que surge de nosotros; sino de una respuesta de amor a la entrega de Jesús por nosotros, que comienza por la acogida de la gracia de Dios, de su caridad misericordiosa, de manera que nos transforme por dentro, que nos mueva a las obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

Atender las necesidades los demás

Así lo entendieron desde el principio los primeros cristianos, haciendo suyas las enseñanzas de Jesús (cf. Mt 5, 3; Hch 2, 45; St 2, 5- 6, 14-17). Pero observa el Papa: “Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana”. Con todo, el Espíritu Santo ha asistido siempre a la Iglesia para recordarle los aspectos más esenciales del mensaje cristiano. Y no han faltado cristianos —como Francisco de Asís— que han dado su vida en servicio de los más pobres. 

Y nos advierte Francisco: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia”. Reconoce que estas experiencias son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan; pero deberían introducirnos a “un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida”. 

Se trata, sigue explicando, de las consecuencias de la auténtica oración, de la conversión y de la caridad, que llevan a la alegría y la serenidad espiritual cuando se toca con la mano “la carne de Cristo” en sus pobres. Es un argumento muy querido por Francisco, que retoma aquí en conexión central con la presencia de Cristo en la Eucaristía.

“Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles”. El Papa considera siempre actuales las palabras del santo obispo Crisóstomo: “Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez” (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

 

Tender la mano, mirar, salir, reconocer

Y traduce Francisco para nosotros: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”. Es lo que Bossuet llamaba la "eminente dignidad de los pobres".

El Papa argumenta sobre la pobreza no solo como situación de necesidad que hemos de tratar de resolver, sino también como virtud cristiana. Para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo una llamada, esto es, una “vocación para seguir a Jesús pobre”. Es un caminar que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). Significa, en palabras de Francisco, “un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales”. La virtud de la pobreza es “una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad”. 

En este sentido –que comporta un desprendimiento concreto y una moderación en las cosas que usamos y tenemos, junto con la atención a los más necesitados– dice Francisco que la pobreza “crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia”. Nos da la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Insiste el Papa en esas dos dimensiones: por un lado, la virtud cristiana de la pobreza como actitud de desprendimiento y buen uso de los bienes materiales. A la vez, “la opción fundamental” por los pobres, el amor efectivo a los más necesitados, que lleva a esforzarse por ayudarlos de muchas maneras: “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación”. Es la llamada, fuerte y apremiante, que Francisco hace a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, que sienten en el corazón la urgencia de mejorar el mundo que hoy nos toca vivir, para entregarlo más humanizado a las generaciones futuras. Ya Juan Pablo II deseaba una mayor sensibilidad social entre los cristianos.

Incluso a los pobres, sea en sentido material o en sentido cultural, les señala la importancia de vivir cara a Dios y dar un testimonio cristiano, mientras procuran salir de su situación con nuestra ayuda: “A los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida”

Todo ello nos interpela a diario de muchas maneras. Por eso no podemos quedarnos inactivos o “resignados”, sino que debemos reaccionar y responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad. No podemos poner “peros” ni “condiciones”. Y hay que reconocer que en muchos aspectos nos falta tanto por andar en este terreno. 

Pues bien, he aquí este gesto del Papa, simbólico si se quiere llamar así, pero importante, de instituir, como fruto y continuación del Jubileo de la Misericordia, una Jornada Mundial de los Pobres, destinada a estimular nuestra reacción ante los pobres, como cristianos y como personas. 

Algunos deseos concretos

En la línea de los signos, el Papa manifiesta además algunos deseos bien concretos: que en la semana anterior a esa Jornada se organicen encuentros de solidaridad y ayuda concreta; que se invite a los pobres y a los voluntarios a participar conjuntamente en la Eucaristía, como signo de la realeza de Cristo, que es realeza de servicio y de pobreza, en las que se manifiesta el poder del Amor; que se alimente a los pobres del vecindario, como invitados de honor de una mesa compartida por todos.

A ellos, a los pobres mismos, se les pide que, con su confianza y disposición, nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente, es decir, con sobriedad y alegría abandonados a la providencia de Dios, siempre sobre el fundamento de la oración, pues en el Padrenuestro pedimos el “pan” que se asocia a la responsabilidad común. 

A todos nos pide Francisco que apoyemos para que con esta Jornada mundial se establezca “una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo”; que se convierta para nuestra conciencia creyente “en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda”. “Los pobres —asegura— no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.

(una primera versión fue publicada en www.religionconfidencial.com, el 18-VI-2017)

 

 

 

JALISCO ¿BIEN VALE UNA MARCHA?

 Por René Mondragón

DE BOGOTÁ CON AMOR

De mis adorables lectoras que tuvieron la oportunidad de estar en un evento a favor de la vida, en la hermosísima ciudad de Cartagena de Indias, en Colombia, acuso recibo del editorial suscrito por Guillermo Velasco (http://www.mural.com), convertido en una carta llena de preguntas a Aristóteles Sandoval, curioso gobernador del estado mexicano de Jalisco.

La parte “curiosa” de la exposición en medios del político priísta, radica en que, como mandatario –si no, dejaría de ser nota- encabezó una marcha organizada por los colectivos lésbico-gay-trans y demás accesorios que ahora se colocan.

El pretexto del priísta resulta –en opinión de este escribano- bastante ingenuo. Lo hizo, cito al maestro Velasco, para demostrar que “Jalisco es incluyente y que ha superado visiones conservadoras”.

QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE

Y como establece el epistemólogo contemporáneo –Eugenio Derbez- ¡Que alguien me explique!

Si como dice el joven Aristóteles –el de jalisquillo, no el otro- “Jalisco es incluyente”, brinca, hace ruido, no se entiende y suena bastante hueca la expresión de que la entidad es incluyente, donde todos caben, menos aquellos que, en opinión del mandatario estén encadenados, esclavizados y/o sujetos a “visiones conservadoras”, con cualquier cosa que el terminajo llegase a significar.

Lo anterior suena, un tanto, a afirmar que en aquel Estado, todos están incluidos, menos los que son “conservadores”. Es una especie de “sí, pero no. Y no, pero sí”. Se revienta el principio de “No-contradicción”.

El maestro Velasco Barrera le pregunta al gobernador las razones para encabezar la dichosa marcha. Podría señalarse cualquier respuesta: Intereses electoreros, el señor tiene una vida igual a la que llevan los marchantes; lo hizo para ganar espacios en los medios, que, de otra forma, jamás podría lograr. ¿Por qué asistió y por qué encabezó la marcha lésbico-gay?

Si fue para ampliar la base de simpatizantes, ¿cuál es el peso y la rentabilidad electoral de los colectivos que el mandatario protege?  Si desea ir “a la vanguardia”, el respaldo del gobernador de Jalisco, a la zoofilia o la pederastia, brindarían más espacios, comentarios y reacciones en los medios y las redes sociales. Su brandig marcaría posicionamientos interesantes.

EN CABEZA AJENA

Lamentablemente, Aristóteles Sandoval sigue muy mal aconsejado. Por una parte, si encabeza un Estado incluyente, este escribano –con el riesgo de equivocación- no recuerda haberlo visto fotografiar y encabeza la Marcha a favor de la Familia y de la Vida, donde participaron muchos miles de sus gobernados.

Sandoval no escarmentó en cabeza ajena. Al presidente Peña Nieto le resultó tremendamente desafortunada su intervención a favor de una agenda lésbico-gay. Si le quedaban algunos asideros para reforzar sus bajísimos índices de popularidad, aquella iniciativa se los arrebató. La pregunta es espontánea: ¿Qué o quiénes fuerzan y obligan al gobernador Sandoval, a empujar una agenda con ideologías disolventes? ¿No son suficientes las razones que mantienen al pueblo de aquel Estado y a todo México en un modelo de desunión y escaso sentido de pertenencia?

OBVIO          

¿A qué parte de los gobernados no representa Aristóteles Sandoval? Si asume un rol de demócrata, la impresión es que su espíritu democrático es solamente, de spot de radio.

¿Será que –parafraseando a Enrique IV: Paris vaut bien une messe- Jalisco, bien vale una marcha? 

 

 

La fiesta, el alcohol y el sin sentido

Ángel Cabrero

Se ha editado recientemente una novela que, al parecer, ha tenido mucho éxito en Francia, quizá porque siempre llama la atención un autor joven, y también porque su obra está muy bien escrita. El título es “Esperando a Mister Bojangles”, y es la historia de un matrimonio absolutamente esperpéntico, narrada, en gran medida, por el hijo, un niño de 6 o 7 años, encantado con el ritmo festivo de sus padres, pero sin llegar a comprender muchas cosas.

El planteamiento inicial es conocido: tenemos mucho dinero así que, a vivir, a divertirnos, a emborracharnos. La mamá es una mujer llena de fogosidad, el padre está encantado de seguirle la marcha, y el niño no hay forma de que vaya a la escuela porque se acuesta tardísimo la mayoría de los días. Al leer este libro disparatado se acuerda uno de “El gran Gatsby”. El ritmo de vida, la vaciedad de la existencia, el puro hedonismo.

La novela, ya clásica, de Fitzgerald, era una caricatura irónica de aquel mundo frívolo del nuevo rico, en los días previos a la gran crisis de los años 20. Esta, de Bourdeaut, parece más bien mostrar el alma vacía del escritor, pues al describir la situación de esta familia absurda, no parece que tenga una intención moralizante si no que describe lo que muchos desearían.

Gatsby muere por equivocación, pero a su muerte se descubre nítidamente que no tenía ni un amigo. Entre tanto dinero y entre tanta fiesta, la verdad es que estaba solo. Es lo que el autor nos quiere mostrar, para que, en contraste, una persona sensata se dé cuenta de que esa vida no lleva a nada. Los protagonistas de Bourdeaut, en cambio, se suicidan, y uno puede pensar que, dado el estilo de vida, no quedaba otra solución. La juerga continua no es algo que llene a la persona. Y estas pobres gentes no conocían otra cosa.

Es el sin sentido, tan presente en nuestra sociedad, donde priva el placer. En un porcentaje alto de las personas que nos rodean, lo que hay es ansia de dinero para tener comodidad, tener placeres, vivir bien. Viven sin un sentido último que descubra el porqué de su existencia. De manera que, en cuanto fallan los soportes materiales caben pocas soluciones. Pero, ¡cuidado!, pocos nos dirán esta verdad: la causa de mortalidad más alta en nuestro país es el suicidio.

Llama la atención en el libro de este autor francés que no hay una sensación de tragedia en el desenlace. Y, como lo más natural del mundo, si ella se suicida, él se va detrás, y el niño queda de espectador huérfano. En el ambiente de la novela se respira nihilismo, vaciedad, algo que no se manifiesta en la obra salvo que uno mismo esté inmerso en lo mismo. Un autor con un sentido último trascendente nunca dejaría así el desenlace, porque o te parece bien o te parece mal. Pero ahora hay mucha gente vacía que no tiene nada que decir al respecto. Sólo así se puede entender que en Francia haya tenido éxito. Y como diría Sancho Panza “¿Estamos aquí o en Francia?”.

Quizá podamos encontrar en la novela un guiño, una tentación de buscar algo, en la magnífica descripción que hace de la fiesta de San José, en el Levante español, donde tienen un “castillo” y pasan temporadas. Los protagonistas se emocionan con ese ambiente sacro, de gran alegría. La narración que hace solo es posible porque el autor ha estado presente, porque describe la fiesta con todo lujo de detalles. No se descarta que esa experiencia de devoción le haya supuesto el encuentro con una lucecita en su sombría existencia, porque también en su relato es el único momento en el que puede vislumbrarse algo de claridad.

 

 

Volver a casa

A Liliane

 

Cómo volver

a un lugar

o a un tiempo

que uno consciente

o inconscientemente dejó atrás

 

cuando de pronto uno siente

qué vacías están las manos

y cuánto anhela

el corazón

 

Germain Droogenbroodt

Pognana, Lago di Como, 29.5.2016

Traducción de Rafael Carcelén con el autor

 

 

... y rechazan la acusación de querer más vacaciones ¿es bueno o malo?

España lleva mucho tiempo recibiendo “tirones de orejas” en informes internacionales, especialmente el PISA, que indican que la jornada laboral es irracional, y que los índices de productividad no son los que deberían. En resumen, se trabaja demasiadas horas, y la productividad no es buena. Es un modelo de calendario arraigado en los países de nuestro entorno, con mejores resultados en los informes internacionales. Parece lógico pensar que la organización escolar puede influir en los resultados académicos.

El argumento, sobre el plan de Cantabria, de que los profesores sólo buscan más vacaciones es totalmente falso e interesado, para intentar desacreditar una medida que el colectivo docente considera positiva para los alumnos. El profesorado tiene un mes de vacaciones, el mes de agosto.

Durante el resto del año se compaginan periodos lectivos (con presencia de alumnos) y periodos no lectivos (para la realización de otras tareas propias de la función docente) en los que abunda el trabajo burocrático: preparación de clases, búsqueda de materiales, creación, desarrollo y ampliación de programaciones, proyectos, planes, elaboración de informes, participación en seminarios o cursos de formación continua del profesorado (fuera de la jornada lectiva), y un largo etcétera de tareas de diversa índole que tienen que ser realizados fuera de la jornada lectiva. Esperemos apreciar los resultados una vez acabado el presente curso académico.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Es el gran “secreto” de Fátima.

Con motivo del centenario de Fátima, de la visita del Papa y de la canonización de los dos pastorcitos leí la siguiente nota que me parece oportuna su publicación como carta de los lectores. “Y, ¿para qué Santa María les hace partícipes de la realidad del pecado a los pastores de Fátima, del mal del mundo, del infierno, del dolor de Dios?

Una mujer insultaba con frecuencia a los tres pastorcillos. Un día, que salía de una taberna, medio borracha, la mujer “no se contentó con insultarnos”, dice Lucia. Jacinta comentó: “Va a ser necesario que pidamos a la Santa Virgen la conversión de esta pobre mujer y ofrecer sacrificios por ella. Dice tantos pecados que si no se confiesa irá al infierno”.

En vísperas de un día 13, Lucia y Jacinta iban jugando. Jacinta se paró, y le dijo: “No juguemos. Hagamos este sacrificio por la conversión de los pecadores”. Y se puso a rezar elevando los brazos. “Sin pensar que alguien podía verla, eleva las manos juntas y sus ojos hacia el cielo y hace su ofrenda”.

La mujer contempla a Jacinta desde la ventana de su casa, y después tiene la honradez de decirle a la madre de Jacinta que “la plegaria de Jacinta le impresionó de tal modo que no había necesitado otras pruebas para creer en las apariciones”.

Jacinta hizo transparente a los ojos de aquella mujer, la sabiduría de Dios, la misericordia de Dios. La sabiduría de los niños descubre el “vacío” de los intelectuales; la luz de la plegaría de una niña alumbra la oscuridad del alma de una pecadora.

Es el gran “secreto” de Fátima. San Juan Pablo II que confesó su creencia de que la Virgen de Fátima desvió la bala que iba dirigida a su corazón, colocó después la bala en la corona de la imagen. Perdonó al que podría haber sido su asesino, e invitó a todo el pueblo cristiano a seguir rezando para que los pecadores se arrepintieran y gozaran de la misericordia de Dios, reflejada en la sonrisa de la Virgen.

Y el gran “secreto” de Fátima seguirá llenando de luz los corazones de los peregrinos que esperan dos, tres, cuatro horas para poder recibir la absolución de sus pecados. Y Dios se conmueve con Francisco, con Jacinto, con Lucia, que siguen rezando en el Cielo, por nosotros, pecadores, pidiendo por la paz del mundo, rogando por la Iglesia.”

Juan García.

 

 

Recordando tiempos pasados “o haciendo Historia”

 

                  Exactamente lo mismo que murió el franquismo, ha muerto la política denominada de “la transición”; pero con una gran o enorme diferencia: “el Franquismo nos dejó ricos y bien pertrechados en lo económico y social”; y la tan pomposa y cacareada “Transición española”, nos deja, pobres, empobrecidos, indigentes en masa, incluso con hambres manifiestas en sectores que ya han de pedir limosna simplemente para comer…  delincuencia enorme y de todas las escalas habidas y por haber,  donde la corrupción política, incluso la “sindical obrera y la sindical empresarial, destacan con méritos propios”, cosa que o no había, o apenas notábamos en aquel 1975 en que murió “la tan denostada Era anterior; en la que las cárceles que había estaban bastante desocupadas y por el contrario, las que hoy existen y que en cantidad, “centuplican” la capacidad de aquellas, ya que están llenas a rebosar, mientras los juzgados, que igualmente se han “centuplicado”, permanecen “atorados” o llenos a rebosar de infinitos expedientes delictivos, los que de resolverse con la rapidez que debieran, ni imaginamos la enorme cantidad de nuevos presidiarios que arrojarían a unos presidios que no existen ya y por cuanto no habría plazas para tanto “lumpen” o de “guante blanco” como hay a la vista, u oculto en vete a saber que recovecos de todo el sucio entramado que ha proliferado en estos últimos cuarenta años. O sea “todo un éxito de la bien calificada y clasificada casta política que se adueñó de España a la muerte de Franco” y la que hoy se desgañita, gritándonos sus excelencias para que los votemos de nuevo.

                No, no me excedo en este concentrado prólogo de hoy; puesto que cuando se escriba la verdadera historia, si los historiadores son honrados, “los libros van a arder con sus brasas interiores”, puesto que como ya escribí hace tiempo, “La época del reinado de Juan Carlos I, sería catalogada en la historia, como la de mayor corrupción en la era contemporánea”. Trabajo tiene su hijo y heredero, para “recomponer el sucio y roto tejido que ha heredado”; esperemos que lo consiga en bien de todos los españoles (que nos da igual monarquía, que república, que “el consejo de ancianos”, siempre que gobiernen bien) y no sólo en el de “las castas privilegiadas” y que como siempre, han surgido en la vieja y arrugada “España de casi todos los tiempos”; culpables únicos de que este país o nación, no ocupe el lugar que le corresponde en el ámbito mundial.

                 Y no me excedo por cuanto “lo que hoy ya hiede a más que podrido”, se viene denunciando hace muchos años y entre los que tuvieron la valentía de hacerlo, figura uno muy destacado, que ya hace más de tres lustros, incluso escribió un libro que metía no “el dedo en la llaga, sino en los principales huecos del cuerpo ya en pudrición cual era España” (Jesús Cacho y su libro “El negocio de la libertad” del que se hicieron varias ediciones (1999-2000) y que fueron tragadas por las élites dominantes, sin pleitos ni demanda alguna, cosa sorprendente “en el país de los pleitos eternos”); y el que con una larga carrera siguen denunciando casi cada día, lo que en realidad pasó y pasa aquí; escribiendo con claridad como demuestra lo que sigue y que copio, dejándoles la dirección para que puedan leer el resto “que es tremendo”.

http://vozpopuli.com/blogs/5788-jesus-cacho-la-descomposicion-de-un-partido-llamado-a-refundarse-o-desaparecer

“La descomposición de un partido llamado a refundarse o desaparecer: “La mejor historia de España en los últimos años está toda ella teñida, determinada, por una vieja tradición de melancolía que en forma muy visible reaparece en los mayores historiadores del momento. A la contemplación de la historia se le inyecta el deseo de que hubiese sido de modo algo distinto de cómo fue, no por capricho o sentimentalidad de estos sabios, sino porque la historia de España hace siglos que viene consistiendo -entre otras muchas cosas- en un anhelo de desvivirse, de escapar a sí misma. Las ideas de grandeza y de decadencia no sirven aquí para mucho”. El párrafo pertenece a La realidad histórica de España, el célebre ensayo de Américo Castro enmarcado en el debate intelectual acerca de la identidad nacional española, el “Ser de España” o el “Problema de España” que, surgido a finales del XIX, se prolongó durante décadas y de algún modo aún sigue vivo. – La melancolía se ha hecho carne de nuevo entre nosotros al socaire del fracaso aparente de la Transición, ese periodo histórico que se abrió tras la muerte de Franco y que durante años hizo pensar a millones de españoles que sí, que esta vez sí, que a caballo entre el tormentoso siglo XX y el prometedor siglo XXI había llegado el momento de la redención de nuestras miserias y la conversión de la vieja atrabiliaria España en un país definitivamente moderno, incluso ejemplar. Aquel proyecto por el que valía la pena apostar, se ha visto arrastrado por el fango por culpa de la corrupción, la sed de dinero y la falta de escrúpulos morales y éticos de las elites políticas llamadas a defenderlo y engrandecerlo. Todo está podrido, porque una generación entera de políticos, los beneficiarios de la Transición, se han entregado a la adoración del becerro de oro del dinero sin ningún tipo de escrúpulos. Casi solapado con el escándalo Rato, la última desgracia que nos ha caído encima atiende a los nombres de Federico Trillo y Vicente Martínez-Pujalte. – Las explicaciones que llegan de la ribera popular sólo consiguen aumentar la congoja de quienes no pueden sino sentirse avergonzados ante semejante espectáculo de rapiña. Pujalte ha reconocido que los cobros existieron y que, “aunque no parezcan éticos, son legales”, argumento en el que también ha insistido Trillo. Y el PP ha considerado “suficientes” las disculpas. Más aún, el presidente del Congreso, Jesús Posada, ha venido a justificar la faena asegurando que los sueldos de nuestros parlamentarios “son de los más bajos de la UE”, por lo que no ve mal que sus señorías puedan completar su estipendio haciendo lobby en sus ratos libres”.

Lo que antecede es un “espulgueo” y que afecta a un solo partido, lo que en realidad es poca cosa, para “la costra inmensa de cosas iguales, similares o mucho peores que ahoga a España en la que nadie dimite (o apenas nadie) y todos se quedan en el gobierno al que llegaron, como si aquí no hubiese pasado nada; es más, muchos presumiendo de que lo hicieron bien y queriendo ser reelegidos de por vida, puesto que consideran el cargo transitorio, “como una propiedad registrada en el registro oficial de la propiedad inmobiliaria”.

Y en esta situación angustiosa, nos sitúan empujándonos a votar “más de lo mismo, cómo lo menos malo a elegir”… ¿Qué va a ocurrir en un futuro ya inmediato? No lo sabemos, pero lo triste es que la mayoría no sabemos y no nos fiamos ya de nadie… “puesto que nos han robado hasta la ilusión”, cosa esta gravísima. Dejo como vengo haciendo hace ya tiempo, puntos de reflexión, de pensadores afamados, por si ello nos pudiera ayudar en algo… “en esta nueva galerna, tifón, maremoto, o nueva plaga,  que nos amenaza”; puesto que pensar hoy, “en brisas benignas, es de ingenuos; y milagros nunca hubo ni los habrá”.

“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: Platón

Hobbes dejó escrito, que si una realidad no se encara puede tener perturbadoras consecuencias. “Las obligaciones del súbdito con el Estado duran lo que dura la capacidad de éste para protegerle. Ni un minuto más”, sugería el filósofo inglés.

Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder. (Abraham Lincoln) 

“Está claro que la gente no entiende el sistema monetario y bancario, porque si lo entendiese creo que habría una revolución mañana por la mañana”. (Henry Ford lo dijo en 1922)

POLÍTICA Y JUSTICIA: “La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros”. La política se creó para “legalizar” la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.)

BIPARTIDISMO: «Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve.» (Benito Pérez Galdós)

“El individuo es superior a la masa”; lo escribí hace muchos años y lo he reiterado en muchos de mis escritos publicados; a finales de 2014 Manuel Alcántara (Ideal 04-12-2014) escribió, “Decía Einstein, que creía que el valor principal de una sociedad no es el Estado, sino el individuo”; lo que me dejó muy satisfecho de mi propia deducción.

“Los políticos mienten cuando afirman, mienten cuando niegan, y sobre todo mienten cuando callan”. Miguel de Unamuno. (Escrito hace varios años)

 

Antonio García Fuentes 

 (Escritor y filósofo)  

www.jaen-ciudad.es (Aquí más)