las Noticias de hoy 17 Junio 2017

         Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 17 de junio de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

Papa Francisco: Diálogo “entre el tesoro y el barro”

Encuentran la reliquia robada de san Juan Bosco

10ª semana. Sábado: Francisco Fernández-Carvajal

“Constancia, que nada te desconcierte”: San Josemaria

Oír a San Josemaría En la fiesta del Corpus Christi

Corpus Christi; ciclo A

El Papa Francisco denuncia la corrupción, también dentro del Vaticano: Mercedes De La Torre

Fui refugiado, y me acogisteis: + Jesús Sanz Montes. Arzobispo de Oviedo

 La Casa de una relación sólida: Sheila Morataya

La belleza nos salvará de la crisis. La propuesta educativa de Dostoievski​: Tomás Baviera Puig

Neurociencia aplicada al marketing: Nuria Chinchilla

Un debate casi taurino: Jorge Hernández Mollar

 Corpus Christi: gran lección de combatividad de la Iglesia: Plinio Corrêa de Oliveira

Corpus Cristi 2017: Josefa Romo

 La canción y el llanto de Fátima: Lluis Esquena Romaguera

“Por supuesto, mis padres no saben nada”.: JD Mez Madrid

 Ser buen papá: Silvia del Valle Márquez

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

Papa Francisco: Diálogo “entre el tesoro y el barro”

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

16/06/2017 10:06

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Tener “conciencia” de que somos débiles, vulnerables y pecadores: sólo el poder de Dios nos salva y nos cura. Es la exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Ninguno de nosotros “puede salvarse a sí mismo”. Tenemos necesidad “del poder de Dios” para ser salvados. Francisco reflexionó sobre la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios – en la que el Apóstol se refiere al misterio de Cristo – afirmando que “tenemos un tesoro en vasijas de barro” y exhorta a todos a tomar “conciencia” de ser, precisamente “barro, débiles y pecadores”. Sí porque sin el poder de Dios – recordó el Papa – no podemos “ir adelante”. Este tesoro de Cristo –  explicó el Pontífice – lo tenemos “en nuestra fragilidad: nosotros somos barro”. Porque es “el poder de Dios, la fuerza de Dios lo que nos salva, nos cura y nos pone de pie”. Y esto, en el fondo, es “la realidad de nuestra vulnerabilidad”:

“Todos nosotros somos vulnerables, frágiles, débiles, y tenemos necesidad de ser curados. Y Él lo dice: estamos llenos de tribulaciones, estamos trastornados, somos perseguidos, afectados como manifestación de nuestra debilidad, de la debilidad de Pablo, manifestación del barro. Ésta es nuestra vulnerabilidad. Y una de las cosas más difíciles en la vida es reconocer la propia vulnerabilidad. A veces, tratamos de encubrir la vulnerabilidad, para que no se vea; o de camuflarla, para que no sea vea; o disimularla… El mismo Pablo, al inicio de este capítulo dice: ‘Cuando he caído en las disimulaciones vergonzosas. Las disimulaciones son vergonzosas. Siempre. Son hipócritas”.

Además de la “hipocresía hacia los demás” – prosiguió diciendo el Papa Francisco – existe también la de “la confrontación con nosotros mismos”, o sea, cuando creemos que “somos otra cosa”, pensando “que no tenemos necesidad de curación” y “apoyo”. En una palabra, cuando decimos: “no estoy hecho de barro”, tengo “un tesoro mío”.

“Éste es el camino, el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de aquellos que no sintiéndose barro, buscan la salvación, la plenitud de sí mismos. Pero el poder de Dios es el que nos salva, y Pablo reconoce nuestra vulnerabilidad: ‘Padecemos tribulaciones, pero no estamos aplastados’. No aplastados, porque el poder de Dios nos salva. ‘Estamos trastornados’ – reconoce – ‘pero no desesperados’. Hay algo de Dios que nos da esperanza. Somos perseguidos, pero no abandonados; golpeados, pero no asesinados. Siempre está esta relación entre el barro y el poder, el barro y el tesoro. Nosotros tenemos un tesoro en vasijas de barro. Pero la tentación es siempre la misma: encubrir, disimular, no creer que somos barro. Esa hipocresía con nosotros mismos”.

El Apóstol Pablo – subrayó el Papa – con este modo “de pensar, de razonar, de predicar la Palabra de Dios” nos conduce, por tanto, a un diálogo “entre el tesoro y el barro”. Un diálogo que continuamente debemos hacer, “para ser honestos”. Francisco propuso el ejemplo de la confesión, cuando “decimos los pecados como si fuera una lista de precios del mercado”, pensando “blanquear un poco el barro” para ser más fuertes. En cambio, debemos aceptar la debilidad y la vulnerabilidad, incluso si resulta “difícil” hacerlo: es aquí donde entra en juego “la vergüenza”:

“Es la vergüenza la que ensancha el corazón para que entre el poder de Dios, la fuerza de Dios. La vergüenza de ser barro y no ser una vasija de plata o de oro. De ser barro. Y si nosotros llegamos a este punto, seremos felices. Seremos muy felices. El diálogo entre el poder de Dios y el barro: pensemos en el lavatorio de los pies, cuando Jesús se acerca a Pedro y Pedro dice: ‘No, a mí no, Señor, ¡pero por favor! ¿Qué haces?’. Pedro no había entendido que tenía necesidad del poder del Señor para ser salvado”.

De manera que está en la “generosidad” reconocer “que somos vulnerables, frágiles, débiles y pecadores”. Sólo si aceptamos que somos barro – terminó diciendo el Santo Padre – el “extraordinario poder de Dios vendrá a nosotros y nos dará la plenitud, la salvación, la felicidad, la alegría de ser salvados”, recibiendo así el “tesoro” del Señor.

 

 

Encuentran la reliquia robada de san Juan Bosco

Lo informa la agencia ANS en un cable fechado hoy en Roma

16 junio 2017RedaccionUncategorized

a reliquia de Don Bosco (fto. Ans)

La reliquia de Don Bosco (fto. Ans)

(ZENIT – Roma, 16 Jun. 2017).- La Agencia de Noticias Salesianas ANS, en una nota fechada hoy en Roma confirma que los carabineros recuperaron ayer jueves 15 de junio, la ampolla con una reliquia de Don Bosco, dando por concluida la historia del robo. “Grande fue la alegría y la gratitud de la Familia Salesiana”, indican, en la nota. Señalan también que miles de creyentes y simpatizantes de Don Bosco oraban insistentemente pidiendo sea recuperada.

La reliquia había sido hurtada de la Basílica inferior de Colle Don Bosco en la tarde del 2 de junio. En el caserío de Becchi, hoy llamado Colle Don Bosco, es donde nació el 16 agosto 1815 el santo fundador de los salesianos. El ladrón había subido por encima del muro de vidrio colocado en la protección del relicario y después sustrajo la ampolla que contiene parte del cerebro del santo italiano.

Si bien la noticia del robo se convirtió “breaking news”, alcanzando pequeñas redacciones y tratando el tema religioso, los Carabineros del comando provincial de Asti y los fiscales continuaron sus investigaciones, sin mucho rumor, pidiendo específicamente discreción en la comunicación para no obstaculizar la investigación.

El autor es un hombre de 42 años de edad, reo confeso y se descubrió que la reliquia se encontraba escondida en un recipiente de vidrio, en la casa del hombre, en Pinerolo.

“La ampolla de vidrio en la que se hallaba la reliquia se encuentra intacta. No ha sido tocado ni manipulado”, manifestó el Padre Cereda. “Los fieles y muchos jóvenes amigos del santo, pueden seguir orando delante de la Reliquia pidiendo seguir su ejemplo de piedad y bondad”, añadió Mons. Nosiglia.

A la conclusión del hecho, la Familia Salesiana se une a las palabras del Rector Mayor, P. Ángel Fernández Artime, que expresó: “Agradecemos a Dios por la rápida y satisfactoria conclusión del hecho, y hacemos extensiva nuestra gratitud a todos los que han ayudado y apoyado en estos días”.

 

 

10ª semana. Sábado

EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA

— El Señor realza el valor de la palabra dada. Si no existe la necesidad de un juramento, nuestra palabra debe bastar.

— Amor a la verdad en toda ocasión y circunstancia.

— Fidelidad y lealtad a nuestros compromisos.

I. En tiempos de Jesús, la práctica del juramento había caído en el abuso por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimizar su incumplimiento. Jesús sale al paso de esta costumbre, y con la fórmula pero yo os digo, que emplea con frecuencia para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios por testigo, no solo de cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre debe bastar. Así lo recoge San Mateo en el Evangelio de la Misa1: A vosotros os debe bastar decir sí o no. El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra del hombre de bien que se siente comprometido por lo que dice.

Jurar, es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o se promete, es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces un acto de la virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios. El Profeta Jeremías ya había señalado que el juramento grato a Dios debía ser realizado en verdad, en juicio y en justicia2; es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia –ni ligera ni temerariamente– y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos y de hombres honrados debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad y que dan un gran valor a la palabra empeñada, en lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad: a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la familia, a los amigos, a la empresa en la que trabajamos.

En las situaciones normales de la vida corriente, bastará nuestra palabra para dar toda la consistencia necesaria a lo que afirmamos o prometemos; pero la fuerza de la palabra empeñada ha de ganarse día a día, siendo veraces en lo pequeño, rectificando con valentía cuando nos hemos equivocado, cumpliendo nuestros compromisos. ¿Nos conocen así en el lugar donde trabajamos, en la familia, aquellos que nos tratan? ¿Saben que procuramos no mentir jamás, ni siquiera por diversión, o por conseguir un bien, o por evitar un mal mayor?

II. En las enseñanzas de Cristo, la hipocresía y la falsedad son vicios muy combatidos3, mientras que la veracidad es una de las virtudes más gratas a Nuestro Señor: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez4, dirá de Natanael cuando se le acerca acompañado de Felipe. Jesucristo mismo es la Verdad5; por el contrario, el demonio es el padre de la mentira6. Quienes sigan al Maestro han de ser hombres honrados y sinceros que huyen siempre del engaño y basan sus relaciones –humanas y divinas– en la veracidad.

La verdad se transmite a través del testimonio del ejemplo y de la palabra: Cristo es el testigo del Padre7; los Apóstoles8, los primeros cristianos, nosotros ahora, somos testigos de Cristo delante de un mundo que necesita testimonios vivos. Y ¿cómo creerían nuestros amigos y colegas en la doctrina que queremos transmitirles, si nuestra propia vida no estuviera basada en un gran amor a la verdad? Los cristianos debemos poder decir, como Jesucristo, que hemos venido al mundo para atestiguar sobre la verdad9, en un momento en que muchos utilizan la mentira y el engaño como una herramienta más para escalar puestos, para alcanzar un mayor bienestar material o evitarse compromisos y sacrificios; o simplemente por cobardía, por falta de virtudes humanas. El mismo Jesús señaló el amor a la verdad como una cualidad necesaria en sus discípulos, que lleva consigo la paz del alma, porque la verdad os hará libres10.

Hemos de ser ejemplares, estando dispuestos a construir nuestra vida, nuestra hacienda, nuestra profesión, sobre un gran amor a la verdad. No nos sentimos tranquilos cuando hay por medio una mentira. Debemos amar la verdad y poner empeño en encontrarla, pues en ocasiones está tan oscurecida por el pecado, las pasiones, la soberbia, el materialismo..., que de no amarla no sería posible reconocerla. ¡Es tan fácil aceptar la mentira cuando llega –disimulada o con claridad– en ayuda del falso prestigio, de mayores ganancias en la profesión...!; pero ante la tentación, tantas veces disfrazada con variados argumentos, hemos de recordar, clara, diáfana, la doctrina de Jesús: sea vuestra palabra: «Sí, sí»; «No, no»11.

Ser veraces es un deber de justicia, una obligación de caridad y de respeto al prójimo. Y esta misma consideración por quienes nos escuchan nos llevará en ocasiones a no manifestar, indiscretamente, nuestros conocimientos y opiniones, sino de acuerdo con la formación, edad, etc., de los oyentes. El amor a la verdad que nos han confiado nos llevará a mantener firmes otras exigencias morales, como la reserva o el secreto profesional, el derecho a la intimidad, etc., pidiendo, si es preciso, consejo sobre el modo de actuar en casos difíciles para defender una determinada verdad ante quien quiere acceder a ella injustamente.

III. Al dar nuestra palabra, en cierto modo nos damos nosotros mismos, nos comprometemos en lo más íntimo de nuestro ser. Un cristiano, un verdadero discípulo de Jesucristo, a pesar de sus errores y defectos, ha de ser leal, honesto, un hombre de palabra; alguien que es fiel a su palabra. En la Iglesia los cristianos nos llamamos fieles, para expresar la condición de miembros del Pueblo de Dios adquirida por el Bautismo12. Pero también fiel es la persona que inspira confianza, de la que nos podemos fiar, aquella cuyo comportamiento corresponde a la confianza puesta en ella o a lo que exigen de ella el amor, la amistad, el deber, y que es fiel a una promesa, a la palabra dada...13. En la Sagrada Escritura el calificativo fiel es atribuido a Dios mismo, porque nadie como Él, de modo eminente, es digno de confianza: es siempre fiel a sus promesas, no nos falla jamás. Fiel es Dios –dice San Pablo a los Corintios–, que no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas...14.

Es fiel quien es leal a su palabra. Es leal el que cumple sus compromisos: con Dios y con los hombres. Pero la sociedad muestra con frecuencia duda y relativismo, ambiente de infidelidad; muchas gentes, de todas las edades, parecen ignorar la cabal obligación de ser fieles a la palabra dada, de llevar adelante los compromisos que se adquirieron con total libertad, de mantener una conducta coherente con las decisiones que han tomado ante Dios o ante los hombres: en la vida religiosa y en la vida civil. Podrán presentarse dificultades, pero en cualquier caso la fe y la doctrina de la Iglesia, el ejemplo de los santos, nos enseñan que es posible vivir las virtudes: a quien hace lo que está de su parte, Dios no le niega su gracia.

Hemos de estar firmemente persuadidos, y ayudar a los demás a estarlo, de que se pueden vivir las virtudes con todas sus exigencias, pues se ha extendido ampliamente una idea –a veces un sentimiento difuso– de que las virtudes, los compromisos, son una especie de «ideales», unas metas a las que hay que tender, pero que son inalcanzables. Pidamos fervientemente al Señor que no nos inficcionemos nunca de ese error.

El cristiano, ejercitándose en la lealtad, no cederá cuando las exigencias morales sean o parezcan más fuertes. Hemos de pedir a Dios esa rectitud de conciencia: quien cede, teóricamente «desearía» vivir las virtudes, «desearía» no pecar, pero considera que si la tentación es fuerte o las dificultades grandes, está poco menos que justificado ceder. Esto puede ocurrir ante los compromisos en el trabajo, frente a la necesidad de rechazar con energía un clima de sensualidad, al ser necesarios unos medios costosos para sacar adelante la educación de los hijos, o el propio matrimonio, o el camino vocacional. Recordemos hoy en nuestra oración aquella advertencia de Jesús: cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca15. La roca es Cristo, que nos brinda siempre su fortaleza.

Fieles a Cristo: esta es la mayor alabanza que nos pueden hacer; que Jesucristo pueda contar con nosotros sin limitaciones de circunstancias o de futuro, y que nuestros amigos sepan que no les fallaremos, que la sociedad a la que pertenecemos se pueda apoyar, como en cimiento firme, en los pactos que hemos suscrito, en la palabra empeñada de modo libre y responsable. «Cuando viajáis de noche en ferrocarril, ¿no habéis pensado nunca de pronto que la vida de varios centenares de personas está en manos de un maquinista, de un guardagujas que, sin cuidarse del frío y del cansancio, están en su puesto? La vida de todo un país, la vida del mundo, dependen de la fidelidad de los hombres en el cumplimiento de su deber profesional, de su función social, de que cumplan fielmente sus contratos, que sostengan la palabra dada»16, sin necesidad de poner a Dios por testigo, como hombres cabales.

A vosotros os debe bastar decir sí o no. Hombres de palabra, leales en el cumplimiento de los pequeños deberes diarios, sin mentiras ni engaños en el ejercicio de nuestra profesión, sencillos y prudentes, huyendo de lo que no es claro: honradez sin fisuras, diáfana. Si vivimos esta lealtad en lo humano, con la ayuda de la gracia seremos leales con Cristo, que en definitiva es lo que importa, pues quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho17; no podríamos construir la integridad de nuestra fidelidad a Cristo sobre una lealtad que se cuarteara cada día en las relaciones humanas.

Qué alegría recibimos cuando en medio de una dificultad llega un amigo y nos dice: «¡Puedes contar conmigo!». También agradará al Señor que le digamos hoy en nuestra oración, con la sencillez de quien conoce su debilidad: Señor, ¡puedes contar conmigo! Nos puede servir también como una jaculatoria que repitamos a lo largo del día.

Pidamos a María Santísima, Virgo fidelis, Virgen fiel, que nos ayude a ser leales y fieles en nuestra conducta diaria, en el cumplimiento de nuestros deberes y compromisos.

1 Mt 5, 33-37. — 2 Jer 4, 2. — 3 Cfr. Mt 23, 13-32. — 4 Jn 1, 47. — 5 Jn 14, 6. 6 Jn 8, 44. — 7 Jn 3, 11. — 8 Cfr. Hech 1, 8. — 9 Jn 14, 6. — 10 Jn 8, 32. — 11 Mt 5, 37. — 12 Cfr. A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 28 ss. — 13 M. Moliner, Diccionario de uso del español, Gredos, Madrid 1970, voz Fiel. — 14 1 Cor 10, 13. — 15 Mt 7, 25. — 16 G. Chevrot, Pero Yo os digo..., Rialp, Madrid 1981, p. 180. — 17 Lc 16, 20.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Constancia, que nada te desconcierte”

El desaliento es enemigo de tu perseverancia. -Si no luchas contra el desaliento, llegarás al pesimismo, primero, y a la tibieza, después. -Sé optimista. (Camino, 988)

Constancia, que nada desconcierte. -Te hace falta. Pídela al Señor y haz lo que puedas por obtenerla: porque es un gran medio para que no te separes del fecundo camino que has emprendido. (Camino, 990)

No puedes "subir". -No es extraño: ¡aquella caída!...

Persevera y "subirás". -Recuerda lo que dice un autor espiritual: tu pobre alma es pájaro, que todavía lleva pegadas con barro sus alas.

Hacen falta soles de cielo y esfuerzos personales, pequeños y constantes, para arrancar esas inclinaciones, esas imaginaciones, ese decaimiento: ese barro pegadizo de tus alas.

Y te verás libre. -Si perseveras, "subirás". (Camino, 991)

Da gracias a Dios, que te ayudó, y gózate en tu victoria. -¡Qué alegría más honda, esa que siente tu alma, después de haber correspondido! (Camino, 992)

 

 

Oír a San Josemaría En la fiesta del Corpus Christi

 

Ofrecemos el audio de la homilía pronunciada por san Josemaría el 28-V-1964, fiesta del Corpus Christi, que se encuentra recogida en el libro Es Cristo que pasa.

En esta fiesta, en ciudades de una parte y otra de la tierra, los cristianos acompañan en procesión al Señor, que escondido en la Hostia recorre las calles y plazas —lo mismo que en su vida terrena—, saliendo al paso de los que quieren verle, haciéndose el encontradizo con los que no le buscan. Jesús aparece así, una vez más, en medio de los suyos: ¿cómo reaccionamos ante esa llamada del Maestro?

Porque las manifestaciones externas de amor deben nacer del corazón, y prolongarse con testimonio de conducta cristiana. Si hemos sido renovados con la recepción del Cuerpo del Señor, hemos de manifestarlo con obras. Que nuestros pensamientos sean sinceros: de paz, de entrega, de servicio. Que nuestras palabras sean verdaderas, claras, oportunas; que sepan consolar y ayudar, que sepan, sobre todo, llevar a otros la luz de Dios. Que nuestras acciones sean coherentes, eficaces, acertadas: que tengan ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, porque recuerden su modo de comportarse y de vivir.

La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las ciudades del mundo. Pero esa presencia, repito, no debe ser cosa de un día, ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la memoria que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra. No nos faltan errores, miserias, pecados. Pero Dios está con los hombres, y hemos de disponernos para que se sirva de nosotros y se haga continuo su tránsito entre las criaturas.

Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con El se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí.

Lea la homilía completa aquí

 

 

Corpus Christi; ciclo A

Homilía I: textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
Homilía IV: Homilía pronunciada por S.S. Benedicto XVI

(Dt 8,2-3.14b-16a) "No te olvides del Señor"
(1 Cor 10,16-17) "Formamos un solo cuerpo, porque comemos todos un mismo pan"
(Jn 6,51-58) "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía del Corpus Christi, en San Juan de Letrán (21-VI-1984)

--- Glorificar al Dios viviente
--- Iglesia y Eucaristía
--- Comunión

--- Glorificar al Dios viviente

“Iglesia santa, glorifica a tu Señor” (cf. Sal 147,12).

Esta exhortación, que resuena en la liturgia de hoy, responde casi como un eco lejano a la invitación que el Salmista dirigió a Jerusalén: “Glorifica al Señor, Jerusalén;/ alaba a tu Dios, Sión,/ que ha reforzado los cerrojos de tus puertas/ y ha bendecido a tus hijos dentro de ti” (Sal 147,12-13).

La Iglesia creció en Jerusalén y en lo más profundo de su corazón trae esta invitación a glorificar al Dios viviente. Hoy desea responder a esta invitación de modo particular. Este día -jueves después del domingo de la Santísima Trinidad- se celebra la solemnidad del Corpus Domini: del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Iglesia creció desde la Jerusalén de la Antigua Alianza como Cuerpo bien compacto en unidad mediante la Eucaristía. “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1 Cor 10,17).

“Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?” (1 Cor 10,16).

Jesucristo dice: (Jn 6,56-57) “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí”.

--- Iglesia y Eucaristía

Esta es la vida de la Iglesia. Se desarrolla en el ocultamiento eucarístico. Lo indica la lámpara que arde día y noche ante el tabernáculo. Esta vida se desarrolla también en el ocultamiento de las almas humanas, en lo íntimo del tabernáculo del hombre.

La Iglesia celebra incesantemente la Eucaristía, rodeando de la máxima veneración este misterio, que Cristo ha establecido en su Cuerpo y en su Sangre; este misterio que es la vida interior de las almas humanas. Lo hace con toda la sagrada discreción que merece este sacramento.

Pero hay un día, en el que la Iglesia quiere hablar a todo el mundo de este gran misterio suyo. Proclamarlo por las calles y plazas. Cantar en alta voz la gloria de su Dios. De este Dios admirable, que se ha hecho Cuerpo y Sangre: comida y bebida de las almas humanas. “...y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6,51).

Es necesario, pues, que el mundo lo sepa. Es necesario que “el mundo” acoja este día solemne el mensaje eucarístico: el mensaje del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

Deseamos, pues, rodear con un cortejo solemne a este “pan”, por medio del cual nosotros -muchos- formamos un solo “Cuerpo”.

Queremos caminar y proclamar, cantar, confesar: He aquí a Cristo -Eucaristía- enviado por el Padre./ He aquí a Cristo, que vive por el Padre./ He aquí a nosotros, en Cristo:/ a nosotros, que comemos su Cuerpo y su Sangre,/ a nosotros, que vivimos por Él: por medio de Cristo-Eucaristía./ Por Cristo, Hijo Eterno de Dios.

--- Comunión

“El que come su Carne y bebe su Sangre tiene la vida eterna... Cristo lo resucitará el último día” (cf. Jn 6,54).

A este mundo que pasa,/ a esta ciudad, que también pasa, aunque se le llame “ciudad eterna”,/ queremos anunciarles la vida eterna, que está, mediante Cristo, en Dios:/ la vida eterna, cuyo comienzo y signo evangélico es la Resurrección de Cristo;/ la vida eterna, que acogemos como Eucaristía: sacramento de vida eterna.

DP-209 1984

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Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Ocho veces emplea Jesús el verbo comer al prometer en la sinagoga de Cafarnaúm la Eucaristía. Tal vez para despejar cualquier interpretación metafórica de sus palabras y que tuviéramos así la certeza de que en Ella está su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad. El Verbo que pone su tienda, su tabernáculo entre nosotros (Cfr Jn 1,14).

La Eucaristía, por la que entramos en comunión con Dios y escapamos de la muerte (Evang.), escandalizó a los discípulos de Jesús como ocurrió con el anuncio de la Pasión. La Eucaristía y la Cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio. “¿También vosotros queréis marcharos?” “Esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo Él tiene palabras de vida eterna y que acoger en la fe el don de la Eucaristía es acogerlo a Él mismo” (CEC, 1336). ¡Miremos con ojos de fe esta prueba del amor del Señor que se queda con nosotros! Porque “la palabra de Cristo -enseña S. Ambrosio-, que pudo hacer de la nada lo que no existía ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? No es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambiársela”. (Myst. 9, 50.52).

En este misterio de fe y de amor está la “fuente y la cima de toda la vida cristiana” (L. G., 11). Una antigua oración confiesa bellamente esta verdad: “Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura!” S. Ireneo de Lyón, se hace eco de la transfiguración que se operará en nuestro cuerpo gracias a la Eucaristía: “Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la Eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección” (Haer. 4, 18, 4-5).

“El pan que partimos ¿no nos une a todos en el Cuerpo de Cristo?” (2ª lect.) “El Cuerpo real y sacramental del Señor alimenta y hace vivir de su Espíritu al Cuerpo espiritual y social, que somos nosotros en la Iglesia... La Eucaristía se convierte en la gran fuente del amor fraterno... Incluso de aquel prójimo que carece todavía de comunión de fe, de esperanza, de caridad, de unión eclesial” (Pablo VI).

“Jesús no es una idea ni un sentimiento ni un recuerdo. Jesús es una persona viva siempre y presente entre nosotros. Amad a Jesús presente en la Eucaristía” (Juan Pablo II). “Os diré que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro” (S. Josemaría Escrivá).

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Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

«Formamos todos un solo cuerpo, porque comemos de un mismo pan»

I. LA PALABRA DE DIOS

Deut 8,2-3.14b-16a.: «Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres»
Sal 147,12-13.14-15.19-20: «Glorifica al Señor, Jerusalén»
1Co 10,16-17: «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo»
Jn 6,51-59: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida»

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

El recuerdo del Éxodo y de la estancia en el desierto marcaría el final de la etapa que había empezado en el monte Horeb y el comienzo de la que comenzaría en Moab. Había que recordar al pueblo la necesidad de ser fiel a la Palabra; así, la Palabra da la vida (Te alimentó con el maná....para enseñarte «que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios») El maná sería el signo de la obediencia a la Palabra.

El Evangelio es un fragmento de la segunda parte del Discurso sobre el Pan de Vida. Todos coinciden en que tiene todo él una fuerte carga eucarística, pero con una notable diferencia: mientras en la primera parte, Jesús emplea un lenguaje más simbólico; en la segunda tiene un matiz más sacramental.

III. SITUACIÓN HUMANA

El hombre de hoy, ahíto de muchas cosas, no suele sentir necesidad de nada, porque cree que tiene todo bien cubierto. Llena sus vacíos con aquello en que abunda. Pero sigue sintiendo hambre, porque no ha aplicado el remedio justo. No lo confiesa, pero en el fondo es hambre de plenitud. Y eso no se llena con lo que el hombre cree tener de sobra.

IV. LA FE DE LA IGLESIA

La fe
– La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial: "«La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana. Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales, y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (PO 5)" (1324; cf 1325-1327).

– Nombres de este Sacramento: Eucaristía (1328); Banquete, Fracción del pan, Asamblea Eucarística (1329); Memorial de la Pasión, Santo Sacrificio, Santa y divina Liturgia (1330); Comunión (1331); Santa Misa (1332).

– Los signos del pan y del vino: 1333-1336.

La respuesta
– «Tomad y comed...»: La comunión: "El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el Sacramento de la Eucaristía. «En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tendraéis vida en vosotros»" (1384; cf 1385-1390).

– Frutos de la Comunión: 1391-1401.

El testimonio cristiano
– "«La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción, por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo por el Padre» (CdR, inst. «Eucharisticum mysterium», 6.)" (1325; cf 1355).

Se ha quedado, no porque necesite de nosotros, sino porque nosotros le necesitamos a Él; se nos da como alimento, porque pereceríamos de «hambre» en nuestro peregrinaje; se nos ha entregado en sacrificio, porque la perpetuación del Sacrificio del Calvario actualiza la Redención.

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Homilía IV: Homilía pronunciada por S.S. Benedicto XVI

SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

Basílica de San Juan de Letrán
Jueves 23 de junio de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta del Corpus Christi es inseparable del Jueves Santo, de la misa in Caena Domini, en la que se celebra solemnemente la institución de la Eucaristía. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros en el pan partido y en el vino derramado, hoy, en la celebración del Corpus Christi, este mismo misterio se presenta para la adoración y la meditación del pueblo de Dios, y el Santísimo Sacramento se lleva en procesión por las calles de la ciudad y de los pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos guía hacia el reino de los cielos. Lo que Jesús nos dio en la intimidad del Cenáculo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no es sólo para algunos, sino que está destinado a todos. En la misa in Caena Domini del pasado Jueves Santo puse de relieve que en la Eucaristía tiene lugar la conversión de los dones de esta tierra —el pan y el vino—, con el fin de transformar nuestra vida e inaugurar de esta forma la transformación del mundo. Esta tarde quiero retomar esta consideración.

Todo parte, se podría decir, del corazón de Cristo, que en la Última Cena, en la víspera de su pasión, dio gracias y alabó a Dios y, obrando así, con el poder de su amor, transformó el sentido de la muerte hacia la cual se dirigía. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de «Eucaristía» —«acción de gracias»— expresa precisamente esto: que la conversión de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo es fruto de la entrega que Cristo hizo de sí mismo, donación de un Amor más fuerte que la muerte, Amor divino que lo hizo resucitar de entre los muertos. Esta es la razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de vida. Del corazón de Cristo, de su «oración eucarística» en la víspera de la pasión, brota el dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones cósmica, humana e histórica. Todo viene de Dios, de la omnipotencia de su Amor uno y trino, encarnada en Jesús. En este Amor está inmerso el corazón de Cristo; por esta razón él sabe dar gracias y alabar a Dios incluso ante la traición y la violencia, y de esta forma cambia las cosas, las personas y el mundo.

Esta transformación es posible gracias a una comunión más fuerte que la división: la comunión de Dios mismo. La palabra «comunión», que usamos también para designar la Eucaristía, resume en sí misma la dimensión vertical y la dimensión horizontal del don de Cristo. Es bella y muy elocuente la expresión «recibir la comunión» referida al acto de comer el Pan eucarístico. Cuando realizamos este acto, entramos en comunión con la vida misma de Jesús, en el dinamismo de esta vida que se dona a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a través de Jesús, hasta nosotros: se transmite una única comunión en la santa Eucaristía. Lo escuchamos hace un momento, en la segunda lectura, de las palabras del apóstol san Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto: «El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1 Co 10, 16-17).

San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria. De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo. De aquí, de la Eucaristía, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, come lo testimonian los grandes santos sociales, que han sido siempre grandes almas eucarísticas. Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad. Del don de amor de Cristo proviene, por tanto, nuestra responsabilidad especial de cristianos en la construcción de una sociedad solidaria, justa y fraterna. Especialmente en nuestro tiempo, en el que la globalización nos hace cada vez más dependientes unos de otros, el cristianismo puede y debe hacer que esta unidad no se construya sin Dios, es decir, sin el amor verdadero, ya que se dejaría espacio a la confusión, al individualismo, a los atropellos de todos contra todos. El Evangelio desde siempre mira a la unidad de la familia humana, una unidad que no se impone desde fuera, ni por intereses ideológicos o económicos, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros, porque nos reconocemos miembros de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, porque hemos aprendido y aprendemos constantemente del Sacramento del altar que el gesto de compartir, el amor, es el camino de la verdadera justicia.

Volvamos ahora al gesto de Jesús en la Última Cena. ¿Qué sucedió en ese momento? Cuando él dijo: Este es mi cuerpo entregado por vosotros; esta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos, ¿qué fue lo que sucedió? Con ese gesto, Jesús anticipa el acontecimiento del Calvario. Él acepta toda la Pasión por amor, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte en cruz. Aceptando la muerte de esta forma la transforma en un acto de donación. Esta es la transformación que necesita el mundo, porque lo redime desde dentro, lo abre a las dimensiones del reino de los cielos. Pero Dios quiere realizar esta renovación del mundo a través del mismo camino que siguió Cristo, más aún, el camino que es él mismo. No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento. Mediante el pan y el vino consagrados, en los que está realmente presente su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimilándonos a él: nos implica en su obra de redención, haciéndonos capaces, por la gracia del Espíritu Santo, de vivir según su misma lógica de entrega, como granos de trigo unidos a él y en él. Así se siembran y van madurando en los surcos de la historia la unidad y la paz, que son el fin al que tendemos, según el designio de Dios.

Caminamos por los senderos del mundo sin espejismos, sin utopías ideológicas, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, tenemos la firma certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es más fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres cielos nuevos y una tierra nueva, donde reinan la paz y la justicia; y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra patria verdadera. También esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra querida ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros está Jesús Eucaristía, el Resucitado, que dijo: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28, 21). ¡Gracias, Señor Jesús! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Quédate con nosotros, porque ya es de noche. «Buen pastor, pan verdadero, oh Jesús, piedad de nosotros: aliméntanos, defiéndenos, llévanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos». Amén.

© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana

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El Papa Francisco denuncia la corrupción, también dentro del Vaticano

Primer debate internacional en Roma: líderes mundiales condenan el crimen organizado y la mafia

El Vaticano ha convocado por primera vez a un grupo internacional formado por personalidades eclesiásticas e institucionales, jueces, policías, miembros de movimientos y organizaciones, víctimas de delitos, intelectuales, embajadores y periodistas para debatir sobre la corrupción.

El Papa Francisco y el cardenal Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede.

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Mercedes De La Torre

Corresponsal en el Vaticano

Esta iniciativa fue organizada por el nuevo dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (en el cual se agruparon los Consejos Pontificios Justicia y Paz, para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, para la Pastoral de los Agentes Sanitarios y Cor Unum) pero también contó con la colaboración de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.

Además del importante precedente que permite la creación de una red de cristianos y no cristianos expertos en el tema, ha sido que durante la misma semana se haya publicado el libro-entrevista “Corrosión” del cardenal Peter Turkson -prefecto de este nuevo dicasterio- con Victor V. Alberti.

Ciertas estructuras mundanas de la Iglesia 

La mayor fuerza de este libro es que el autor del prólogo es el mismo Pontífice en el que expresa fuertes palabras en contra de la corrupción hasta llegar a calificarla como "una forma de blasfemia” ya que reflexiona sobre cómo combatir la “corrupción en la Iglesia y en la sociedad”.

De este modo, la publicación es más que actual, pues convoca a “trabajar todos juntos, cristianos, no cristianos, personas de cualquier fe y no creyentes, para combatir esta forma de blasfemia, este cáncer que destruye nuestras vidas”, escribe Francisco.

Sin embargo, no es la primera vez que el Papa condena fuertemente la corrupción. Recordarán por ejemplo, el encuentro a puertas cerradas con religiosos de todo el mundo que se llevó a cabo hace meses, allí el Papa aseguró: “Hay corrupción en el Vaticano, pero yo vivo en paz”. Posteriormente, explicó que en ciertas estructuras de la Iglesia se puede encontrar “una atmósfera mundana y principesca” y dijo “no hay necesidad de convertirse en cardenales para creerse príncipes. Basta ser clericales. Esto es lo peor en la organización de la iglesia”, aseguró.

Evidentemente las reacciones a este tipo de declaraciones del Papa no son siempre bien recibidas dentro de los muros vaticanos. Algunos analistas consideran que “sería mejor que no lo dijera para no crearse rivalidades”.

De todos modos, la corrupción en la cual se centra Bergoglio en esta ocasión -junto a Turkson y muchos otros líderes- es la mundial, que el Papa califica “origen de la explotación del hombre, de la degradación y de la falta de desarrollo, del origen del tráfico de de armas, de la injusticia social… la raíz de la esclavitud, del desempleo, de la incuria de las ciudades, de los bienes comunes y de la naturaleza”. Problemas que estudia y resuelve la doctrina social de la Iglesia.

 

 

Fui refugiado, y me acogisteis

Una foto puede captar el mundo entero cuando allí se retrata la luz o la penumbra de un momento de la humanidad. En estos días hemos visto con tremendo dolor a Aylan Kurdi con sólo tres años. Su foto ha dado la vuelta al mundo mostrando su pequeño cuerpo que yacía sin vida en la turística playa turca de Bodrum. Unas zapatillas sin desgastar todavía, las que calzaba alguien que apenas había aprendido a corretear. Aquí el llanto que él no pudo prorrumpir lo hemos llorado tantos al ver conmovidos esa impresionante imagen que viene a sumarse al álbum de los errores y los horrores que coleccionamos los humanos cuando perdemos la entraña. Son imágenes que se convierten en iconos y sacuden hondamente la conciencia para que nos asomemos con realismo al mundo que estamos construyendo.

Son instantáneas que despiertan de golpe nuestro privilegio de dormir plácidamente ante la tragedia de los refugiados. No podemos mirar para otro lado. Y a ello nos invita el Papa con una propuesta que hemos de acoger con todo interés y caridad cristiana. Me viene a la mente lo que les pasó a los discípulos con Jesús aquel día de la multiplicación de los panes y los peces. Ellos le pedían al Maestro que despidiese a la muchedumbre, que terminase su sermón y que cada cual hiciese lo que pudiese. Antes habían hecho cuentas calculando cuánto podría costar alimentar a toda esa gente hambrienta de pan y de esperanza. Y decidieron quitarse de en medio. Hasta que Jesús les espetó aquello que cada generación hemos de seguir oyendo: «dadles vosotros de comer». Este fue el revuelo, la provocación de Dios en medio de la inhibición sensata, comedida y cobarde. Ellos no podían con todo aquello: ya lo sabía Jesús. Pero les estrujó el corazón y la conciencia para que movieran ficha, para que hicieran algo: «dadles vosotros de comer». Y fueron con dos peces y cinco panes que un chaval tenía en el cesto. No había más. Pero desde aquello poco e insuficiente que empezaron a compartir, Jesús hizo el milagro saciando hasta las sobras aquellas bocas y aquellos corazones.

Nuestra Diócesis tiene un compromiso con esta palabra si queremos que la ciudad se llene realmente de alegría como dice nuestro plan pastoral. El mundo no cabe en nuestros cauces de la solidaridad, pero los tenemos. El año pasado ofrecimos a Cáritas que gestionase algunas casas rectorales que puedan servir para paliar la acogida de los sin techo. Es el Proyecto Red Hogares de Cáritas, que junto a otras viviendas, espacios habitacionales y comedores sociales está gestionando nuestra organización solidaria. Estos son nuestros pocos peces y panes que ponemos a disposición de aquellos pobres a los que Jesús nos sigue diciendo que demos de comer. Y ante la invitación del Papa Francisco de acoger cada monasterio, cada santuario, cada parroquia a una familia de refugiados, nos sentimos comprometidos en un gesto de solidaridad cristiana. Tanto la inmensa mayoría de nuestras parroquias como una parte del edificio del Seminario Metropolitano tienen las puertas abiertas para la acogida de estos hermanos.

Obviamente deberemos estudiarlo con nuestra Cáritas, para coordinar el modo de un servicio que sea útil y eficaz, porque acoger a familias de refugiados es pensar no sólo en un techo donde cobijarse, sino en su salud, su alimentación, la escolaridad de los niños, en un trabajo eventual de los adultos. Ofrezco a nuestras autoridades autonómicas y municipales nuestra colaboración en esta noble causa, además de lo que por nuestra cuenta y nuestros medios podamos realizar como venimos haciendo a favor de los pobres de cualquier pobreza que implique desamparo y exclusión social.

+ Jesús Sanz Montes. Arzobispo de Oviedo

 

 

La Casa de una relación sólida

Sheila Morataya

El teléfono suena una vez más, esta vez en domingo. Felizmente pude responder inmediatamente y al otro lado, escucho la voz de un hombre en copioso llanto. Me conmueve, llora como un niño. Inmediatamente me pregunta si tengo citas de emergencia, está pasando una crisis intensa en su matrimonio que ha llevado a su esposa a pedir el divorcio.

Suelo recibir muchas llamadas de mujeres pidiendo una cita para superar un problema de autoestima, un trauma de la infancia, la comprensión de sus emociones y encontrar el sentido de su vida. Las mujeres son valientes. Cuando un hombre me llama (suele ocurrir con frecuencia) para salvar su relación, para reconquistar a su mujer considero, que son heroicos. Hace falta mucho amor y humildad para hacer esto. Los hombres no se abren naturalmente a alguien fuera de su relación. La verdad es que los seres humanos queremos ser felices en nuestra relación en pareja. Dios tuvo en mente un plan perfecto: varón y mujer juntos en la tierra para cuidarse, acompañarse, amarse y que el culmen de ese amor sea el recibimiento de los hijos.

Hace tan solo siete años que trabajo con parejas gracias a una oportunidad que me dio la Universidad de Navarra para estudiar la Maestría en Matrimonio y Familia. Desde entonces me he consagrado a la orientación, acompañamiento y restauración de los matrimonies en crisis, los que no lo están y quieren ser más felices, y los novios que piensan en casarse. Hace dos años conocí a los Doctores Julie y John Gottman en Seattle, Estados Unidos en la Universidad de Washington. No iba por ellos, sino a un programa del Doctor Daniel J Siegel (Psicólogo y Neurocientífico) que ha investigado la capacidad de la mente humana para contemplarse a sí misma. Su libro “Tormenta Cerebral” dirigido a padres de adolescentes es ahora un clásico entre los psicoterapeutas y acompañantes de la salud mental. No conocía a los Gottman, pero estar en la Universidad de Washington y conocer “el laboratorio del amor” fue para mí un envío de Dios para que aprendiera otro método para ayudar mejor a las parejas con las que trabajo. Me certifique como Educadora de Matrimonio y Familia Gottman. Actualmente soy nivel 3 en clínica, en base a su método “La Casa de Una Relación sólida”, que nació como producto de un estudio longitudinal a unas 3000 parejas a lo largo de 25 años por lo que el método tiene un 96% de éxito en aquellos matrimonios que pasan por él. En este artículo voy hablar de los dos pilares que sostienen a “La Casa de Una Relación sólida”.

La confianza

Cuando pienso en la confianza, pienso en Dios Padre. A Él acudimos en la necesidad, para elevar el corazón y agradecerle por estar ahí, por esta vida que me ha prestado para hacer feliz a otro, compartir la vida con otro, crecer con otro, llorar con otro, desnudarme frente a otro, descubrirme con otro, ser yo mismo con otro. La confianza es esa experiencia íntima en el corazón que me dice: contigo caminaré la vida. Sé que tú estarás siempre ahí para mí, en las buenas y en las malas. Contigo puedo verme a través del tiempo y envejecer. A tí puedo acudir siempre que necesite un consejo, una mano amiga, cuando no me soporte, cuando no encuentre salidas. Yo sé que estarás siempre ahí para mí y yo estaré a tu lado. Por eso, solo el que confía y tiene esa experiencia de amor incondicional puede dar el sí y fundirse junto al otro o la otra en una carne.

El compromiso

“El amor conyugal pertenece a aquel tipo de amores que tienen por objeto al otro en cuanto posee una determinada condición o está en una relación peculiar respecto del que ama”, escribe Javier Hervada, esta relación peculiar es exclusiva, ya que su naturaleza además de espiritual es sexual. Por ello, lo llamamos compromiso, porque uno se da cuenta que el otro es un BIEN para mí y que yo soy un BIEN para él, y esto nos impulsa e inspira a ambos a formalizar este amor, a comprometernos y crear el “conyugio” (estar unidos por el mismo yugo). Los esposos deberíamos dedicar unos 2 minutos de nuestra oración diaria a pensar en esto y frente a Dios renovar nuestra confianza y compromiso en pareja para todos los días tener un amor bueno, un amor trascendente , un amor que da toda la Gloria a Dios.

En mi próximo artículo hablaré sobre los siete pisos de La Casa de una Relación Sólida. Mientras tanto reflexiona, comparte y pregunta sobre este artículo. Estoy aquí para responder tus dudas o lo que es mejor, conversa con la Virgen Santísima.

Sheila Morataya

 

La belleza nos salvará de la crisis. La propuesta educativa de Dostoievski​

 

Escrito por Tomás Baviera Puig

Publicado: 16 Junio 2017

Dostoievski nos conduce a una singular propuesta: lo que nos va a salvar de la crisis existencial son los buenos recuerdos de las personas que nos han amado incondicionalmente

Notas para la Conferencia impartida por Tomás Baviera Puig, en el Ateneo de Valencia, invitado por la Universidad Católica de Valencia, el 6.VI.2017.

Incluimos texto y vídeo de su intervención.

Introducción

En 1905 Chesterton publicó un libro titulado Herejes, en el que daba nombres y apellidos. Los herejes no eran otros que los grandes intelectuales de la época. Según Chesterton, todos ellos estaban equivocados, y el motivo de su herejía no era otro que esquivar el problema de qué es lo bueno”[1]. Hablaban de progreso, dignidad o justicia, pero apenas abordaban el tema de lo bueno.

Esta es la crisis que me propongo abordar en esta conferencia: la crisis sobre el bien, o mejor dicho, la falta de reflexión sobre lo bueno. Para ello me voy a apoyar en uno de los intelectuales que reflexionó sobre esta cuestión: el novelista ruso Fiódor Dostoievski.

De hecho, el título de la conferencia está inspirado en una frase de El Idiota, que es una de sus grandes novelas. La idea más repetida por el protagonista es: “La belleza salvará el mundo”.

Dostoievski profundizó en esta gran intuición en sus dos grandes novelas siguientes: Los demonios y Los hermanos Karamazov. Seguiremos la pista de la Belleza en estos dos libros con el fin de presentar las grandes concepciones educativas de nuestra cultura occidental.

La conferencia tendrá tres partes.

− En la primera presentaremos la propuesta educativa clásica.

− En la segunda, delinearemos de la mano de Dostoievski el proyecto moral moderno, y trataremos de profundizar en algunas de las raíces filosóficas que alimentan dicho proyecto.

− Por último, en la tercera parte nos centraremos en la respuesta de Dostoievski a la educación moral moderna.

La primera y segunda parte serán desarrolladas partiendo de la novela Los demonios, mientras que la tercera parte y más larga estará centrada en Los hermanos Karamazov. En ambas novelas, comentaremos con detenimiento la escena corazón, la que se encuentra en el centro mismo del libro. De esa forma, aprovecharemos el jugo de las novelas sin estropear la historia a aquellos de ustedes que todavía no las hayan leído.

1. Los demonios

Stepan: “El hombre no puede vivir sin belleza”

La trama principal de Los demonios gira en torno a una célula revolucionaria clandestina que se asienta en un pueblo ruso. La novela cuenta con un gran abanico de personajes que se interrelacionan en diferentes subtramas. Nos fijaremos en dos de ellos: Stepan y el jefe de la célula revolucionaria.

Stepan encarna a un personaje culto afincado en el pueblo, y que tiene un carácter un tanto excéntrico y nada práctico. Por su parte, el jefe revolucionario llega al pueblo y se hace pasar por una persona respetable y con un futuro prometedor.

Uno de los efectos de la llegada de este personaje es la caída en desgracia de Stepan: deja de ser la referencia culta del lugar. De hecho, se le ha empezado a ver como alguien decadente y burgués. Cuando Stepan intenta contrarrestar lo que él llama las nuevas ideas, termina siendo ridiculizado en público.

En un momento dado surge la idea de celebrar un festival literario. Nunca se había hecho una cosa así en el pueblo, y todo el mundo está muy agitado. En realidad, el festival se encuentra boicoteado por la célula revolucionaria. Parte del plan consiste en introducir como público gente grosera a la que solo le interesan los canapés y las bebidas.

El núcleo del discurso de Stepan ese día es el siguiente:

Gente miope, ¿qué os hace falta todavía para entender? ¿Pero no sabéis, no sabéis, que la humanidad puede seguir viviendo sin ingleses, sin Alemania, y por supuesto sin rusos? ¿Que es posible vivir sin ciencia, sin pan, pero que sin belleza es imposible vivir, porque entonces al mundo no le quedará nada que hacer? ¡Ahí está el secreto! ¡Ahí está toda la historia! ¡Ni siquiera la ciencia podría vivir un minuto sin la belleza! ¿Sabéis eso, los que os reís de mí? ¡Se hundiría en la barbarie, no podría inventar ni siquiera un clavo![2]

Con el ambiente caldeado del festival, estas palabras serán tomadas a burla. Al igual que el protagonista de El idiota, Stepan es considerado como un “idiota”, como un “tipo raro” que dice “cosas raras”.

Sin embargo, Dostoievski da un paso más que en El idiota. En aquella novela, al idiota le preguntaban “¿Qué belleza?” Y todos estaban de acuerdo en que se trataba de un misterio, de un enigma. En cambio, en Los demonios, el propio Stepan la víspera del festival señala la raíz del problema en torno a la belleza:

toda la confusión proviene de tener que decidir qué es más bello: Shakespeare o un par de zapatos, Rafael o el petróleo[3].

La belleza griega

Para comprender mejor el sentido de estas palabras, conviene tener presente que Stepan se consideraba a sí mismo como un “griego pagano”. Por tanto, su “discurso” se encuadra en torno al ideal griego de belleza. La referencia ineludible en este punto es la tradición que arranca con las enseñanzas de Sócrates y Platón.

Antes hemos mencionado la denuncia de la herejía moderna por parte de Chesterton. Pues bien, quizá no haya habido nadie en la historia como Sócrates que se tomara tan en serio lo de pensar sobre lo bueno. Su reflexión le llevó a una de las más audaces afirmaciones, que viene recogidas en el Gorgias de Platón. Ahí Sócrates sostiene que “si fuera necesario cometer [una injusticia] o sufrirla, preferiría sufrirla a cometerla”[4].

Quizá esta afirmación nos parezca hoy ridícula. También a los contemporáneos les hacía gracia este tipo de declaraciones de Sócrates.

¿Por qué dice esto Sócrates? Sócrates vive en una sociedad que está en guerra, y además, una guerra que Atenas terminará perdiendo. Esto supuso una honda crisis social y política. En este contexto, Sócrates busca un fundamento más firme de la justicia que no dependa del poder o de la tradición, ni siquiera de la apariencia que uno pueda tener. Ese fundamento lo encuentra en un tipo particular de conocimiento que debe ser descubierto personalmente.

Platón ilustró este descubrimiento en el mito de la caverna en el diálogo La República. El mito cuenta lo que sucede a aquel prisionero que sale de un mundo de sombras a un mundo iluminado por el sol. El prisionero descubría deslumbrado algo más excelente que lo que conocía antes, que lo que había conocido de toda la vida, algo más bueno, más amable; y también algo más bello.

También los psicólogos actuales han prestado atención a este tipo de experiencias personales. Por ejemplos, Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard y autor de la teoría de las inteligencias múltiples, explica que, cuando contemplamos un paisaje o nos dejamos tocar por la música, podemos vernos inmersos en la belleza de un modo existencial. Quien experimenta este encuentro que podríamos llamar existencial sale “más enriquecido, más ennoblecido y también más humillado”[5].

El tipo de conocimiento que uno alcanza con estos encuentros permite juzgar mejor sobre lo que conocíamos previamente.

Ejemplo de Camarón: cuando yo escuché la canción de Camarón de la Isla Como el agua, ya no fue lo mismo oír cantar a los grupos de música pop que antes me gustaban tanto: su voz no era capaz de transmitir el sentimiento como lo hacía Camarón. La voz de Camarón era más excelente que los vocalistas de música pop.

Sócrates y toda la tradición clásica denominaron a este conocimiento singular como sabiduría. Cuando Tomás de Aquino explica este tipo de conocimiento, lo explica como una connaturalidad o compenetración con el objeto conocido. Y trae a colación la referencia a las Etimologías de San Isidoro para explicar el origen del término:

Sabio viene de sabor, porque, al igual que el gusto es idóneo para percibir los sabores, discierne el sabio las cosas y las causas[6].

Dicho con otras palabras, el sabio es aquel que saborea la realidad, y el conocimiento así adquirido le permite discernir lo sabroso de lo soso. O como diría Chesterton, le permite distinguir entre la grandeza y la vulgaridad.

¿Qué sucede con una comida sosa? Que uno no repite. En cambio, cuando tiene la posibilidad de tomar una comida excelente, sabrosa, e incluso acompañada de un buen vino, la disfruta, la goza, y si puede, pide más.

Platón no escuchó a Camarón ni leyó a Shakespeare. Pero conoció un ejemplo asombroso de amor a este tipo de conocimiento en la persona de Sócrates. Así nació la filosofía, entendida como amor a la sabiduría. Y esta fue la semilla plantada por Platón en su Academia, un lugar donde se promovió el estudio por todo lo que es valioso en sí mismo. De esa forma, facilitaría una formación para ser personas íntegras y justas.

Plan revolucionario: “solo hace falta la obediencia”

Volvamos ahora a los revolucionarios. Todos los miembros implicados en la célula desean cambiar las cosas actuales. Uno de ellos ha reflexionado seriamente sobre el plan a seguir, y lo ha escrito en un libro. Algunas de las ideas de ese estudio son las siguientes:

mis propios datos me tienen perplejo, y mi conclusión contradice directamente la idea que me sirvió de punto de partida. Partiendo de la libertad sin límites llego al despotismo ilimitado[7].

[H]abrá dos grupos, unos deberán perder toda individualidad y convertirse en una especie de rebaño y habrá otro que será los que los dirijan[8].

El jefe de la célula afirma sobre este sistema, con gran entusiasmo, que por fin “se ha inventado la igualdad”:

Todos esclavos e iguales a los demás. (...) Como primera providencia se rebaja el nivel de la educación, la ciencia y el talento. (...) los esclavos deben ser iguales. Sin despotismo no ha habido nunca ni libertad ni igualdad, pero en el rebaño habrá necesariamente igualdad[9].

Será a renglón seguido cuando el jefe revolucionario pronunciará la principal afirmación de su plan de acción:

en el mundo solo hace falta una cosa: la obediencia. (...)

Recurriremos a la depravación más extremada; estrangularemos a todo ingenio en su infancia. Reduciremos todo a un común denominador: la igualdad completa[10].

Esta “necesidad” de lograr que todos obedezcan, va a justificar lo injustificable:

el crimen es ahora sentido común, casi un deber y, cuando menos, una noble protesta (...) de momento son indispensables una o dos generaciones de libertinaje. De libertinaje monstruoso, procaz, del género que hace de un hombre un bellaco asqueroso, cobarde, cruel y egoísta. ¡Eso es lo que se necesita![11]

Una de las grandes habilidades del jefe revolucionario es el manejo de la opinión pública: en la novela se aprecia cómo juega con las apariencias, no le importa engañar a la gente, con tal de salirse con su propósito. Despliega una astuta retórica con el objetivo de dominar, de que la gente haga lo que él desee, mediante el miedo. ¿Qué dirá cuando encuentre alguien que discrepe de él? Dirá que tienen prejuicios.

Casi al final de la novela, el jefe revolucionario espoleará al resto de la célula con las siguientes palabras:

p. 748: de momento, lo que hacen tiene como fin la destrucción de todo lo existente: el Estado y su estructura moral. Solo quedaremos nosotros, los que nos hemos preparado de antemano para conquistar el poder. (...) habrá que reeducar a una generación para hacerla digna de la libertad.

El jefe revolucionario actúa asumiendo que TODO ESTÁ PERMITIDO. Se puede destruir la estructura moral, porque no hay límites morales.

Base filosófica: Ockham

¿Qué se encuentra en la base de este razonamiento? Para entender mejor el planteamiento del jefe revolucionario, necesitamos rastrear los orígenes del concepto de libertad moderno, que entiende la libertad como autonomía. Aunque son muchos los factores de esta génesis, me gustaría seguir la pista apuntada por Michael Gillespie, profesor de filosofía política en la Duke University. Según este autor, las profundas raíces de la modernidad son de carácter teológico[12].

En concreto, Gillespie señala que el punto de inflexión se produjo con el cambio en la concepción de Dios propuesto por Guillermo de Ockham en el siglo XIV[13].

Ockham reacciona frente a la reciente asimilación del pensamiento griego en los círculos universitarios teológicos. Una de las grandes aportaciones del pensamiento griego es la noción del orden intrínseco de la realidad. Sin esta concepción difícilmente habrían podido desarrollar las Matemáticas como lo hicieron, pues la geometría requiere de una estructura estable en la realidad susceptible de ser abstraída.

Sin embargo, la admisión de un orden intrínseco en la realidad, tal y como fue asimilado en ciertos círculos medievales, inducía a pensar que la acción de Dios estaba limitada por ese orden. Dicho de otro modo: Dios no sería tan poderoso, puesto no podría hacer cualquier cosa. No sería Omnipotente. Este es el punto teológico que Ockham busca salvar, y lo hará eliminando toda restricción a la acción de Dios. La libertad divina tenía que ser plenamente autónoma.

En el ámbito moral, el giro de Ockham supone sostener que las cosas son buenas porque Dios ha dicho que esas cosas son buenas, pudiendo haberlo establecido de otra forma. Si Dios hubiera decidido otro ordenamiento, entonces tendríamos otra escala de valores totalmente válida en virtud de la voluntad divina. Podría suceder entonces que robar no sería malo si así lo establecía Dios.

Con este movimiento Ockham otorgó un poder sin límites a Dios, pero con ello transformó radicalmente el sentido del bien. En este nuevo marco, el bien dejó de ser intrínseco para pasar a resultar arbitrario.

Pero también alteró el sentido de la libertad humana. Si el bien resultaba arbitrario, entonces la libertad ya no podía orientarse hacia la excelencia, como veíamos en la antigüedad clásica, sino que la libertad se convertía −en palabras de Servais Pinckaers− en una libertad de indiferencia.

Esta distinción se revela en el lamento de Stepan: quizá Shakespeare valga hoy menos que un par de zapatos, pues al menos el par de zapatos proporcionan una utilidad. Sí, ahora seremos más autónomos y sacaremos más provecho de las cosas, pero el precio exigido por esta libertad será una progresiva incapacidad para apreciar y disfrutar de la lectura de Shakespeare...

Esto nos conduce a perfilar el tipo de educación moral adecuada en este escenario. Dostoievski en este punto acertó de pleno.

Al tener una libertad indiferente, el modo en que el bien vincula al hombre no puede ser otro que por vía de la ley: los preceptos de hecho promulgados por el poder. Pero en un mundo secularizado, el poder legislativo ya no reside en un Dios bueno todopoderoso, sino que corresponde al Estado determinar lo que es correcto hacer.

Dostoievski sintetiza esta idea en el contraste entre los mensajes de ambos personajes de Los Demonios. Si Stepan decía que el hombre no puede vivir sin belleza, el jefe revolucionario sostendrá que el mundo sólo necesita obediencia. Esta será, en definitiva, la nueva finalidad de la educación: reeducar.

La educación no será tanto un proceso de crecimiento personal a través de la belleza y la verdad, sino que tenderá más bien a la imposición de la conformidad social mediante el miedo y las amenazas.

Dios Creador

Si el razonamiento anterior resulta plausible, entonces la solución tiene mucho que ver con recuperar el rostro genuino de Dios.

De hecho, el mismo Dostoievski señala explícitamente este camino en Los demonios. A medida que la novela avanza, ese TODO ESTÁ PERMITIDO del jefe revolucionario se revela como un plan de mentiras y engaños perfectamente orquestados en el que las personas resultan superfluas. Pues bien, el más rudo de sus sicarios más rudos le dirá en un tono triste al jefe revolucionario, hacia el final de la novela:

¿y sabes lo que mereces porque en la maldad de tu corazón has dejado de creer en Dios mismo, el Creador verdadero? No eres más que un idólatra[14].

El sicario no apela a un Dios que sea todopoderoso, sino que más bien lo califica como Creador verdadero. Para Dostoievski, el eclipse de Dios creador se encuentra en la raíz del problema moderno de la libertad. Lo mismo que dice Gillespie.

El modo en que el ser humano puede recuperar el rostro de este Dios Creador será uno de los grandes temas abordados en Los hermanos Karamazov. Vamos, pues, a dirigir nuestra atención ahora a la última novela de Dostoievski.

2. Los hermanos Karamazov

Escena central de Los hermanos Karamazov

La escena central de Los Hermanos Karamazov está protagonizada por Aliosha, el hermano pequeño de los Karamazov. Tiene 19 años y lleva poco tiempo como novicio en el monasterio del pueblo. El término más empleado para caracterizar a Aliosha es el de ángel: se trata de una persona bondadosa que siempre está dispuesta a ayudar en lo que pueda a los demás.

Aliosha está muy unido al monje Zósima, una persona con fama de santidad al que admira por su sabiduría y por el trato especial que tiene con todos los que sufren. Pero Zósima se encuentra gravemente enfermo, y terminará muriendo.

Mientras están en el velatorio, la sala donde están sus restos mortales empieza a oler mal. No es otra cosa que la descomposición del cadáver. Sin embargo, este proceso natural dispara una avalancha de críticas entre los monjes hacia el difunto. Si su cuerpo se descompone −razonan−, entonces quizá no sería tan santo como parecía.

Todo esto provoca una honda crisis en Aliosha. ¿Cómo es posible que la gente diga semejantes cosas acerca de una persona tan santa como Zósima? No lo entiende. Se pregunta continuamente “¿Dónde estaba el dedo de Dios para evitar esta injusta afrenta?” Su corazón se ahoga al constatar el quebranto de la “justicia suprema”. Zósima no se merece este rechazo tan cruel e injusto. Claramente, se rebela contra Dios.

Este momento de debilidad de Aliosha es aprovechado por Rakitin, un personaje malévolo que se deleita en el mal ajeno. Rakitin percibe el enorme cambio en Aliosha, y comienza a tentarle en cosas que por su condición de novicio no podía hacer. Juega con él, hasta que se ofrece a llevarle a Grushenka. Aliosha da su consentimiento inmediato a esta visita.

¿Quién es Grushenka? Se trata de una mujer de 22 años, huérfana, que llegó al pueblo hacía poco tiempo. Se encuentra en la plenitud de su belleza. Pero Grushenka es una mujer sin escrúpulos, que lleva de cabeza al padre de Aliosha y a su hermano mayor Dimitri. Los dos están colados por ella, en buena medida porque ella ha alimentado conscientemente ese deseo. Todo esto lo sabe Aliosha, y sin embargo, consiente en ir a verla justo en este momento crítico.

Por su parte, Grushenka llevaba tiempo detrás de Aliosha. Era de las pocas personas que le “ignoraba” en el pueblo, que apenas le prestaba atención. Por eso, le había pedido a Rakitin que le trajera a Aliosha: quería seducirlo y −como dirá más adelante− “me lo tragaré y me burlaré de él[15]”.

Grushenka se alegra mucho de verles entrar en su casa. Rápidamente, pide que traigan champan, hace sentar en el diván a Aliosha, ella se sienta a su lado, y sin que Aliosha diga nada, al poco tiempo se incorpora, se sienta en sus rodillas y le rodea el cuello con su brazo derecho, con ademanes cariñosos.

Si estuviéramos en una película de Hollywood, ¿cómo se habría desarrollado una escena así? Una mujer atractiva sentada en las rodillas de un joven inexperto. Un novicio enfadado con Dios que consiente en acercarse a la chica más deseada en el pueblo.

¿Cuál sería el desenlace de una escena como ésta si estuviéramos en el cine?

Pero Dostoievski no es Hollywood. Razona de otra manera porque su antropología es radicalmente distinta.

Esto es lo que sucedió. Aliosha mira a Grushenka y nota algo raro por dentro. Así lo describe el narrador:

aquella mujer, a la que antes temía más que a ninguna otra y que tenía en esos momentos sentada sobre las rodillas y abrazándole, despertaba en él, repentinamente, un sentimiento de una curiosidad extraordinaria, grandiosa y franca, y ello sin miedo alguno, sin la más mínima parte de su anterior espanto[16].

La misma Grushenka nota también algo raro. En su calculada locuacidad, se le escapa lo siguiente:

Estoy mirando a Alióshecka... Bueno, sonríeme, mi nene, alégrate: ríete de mi tontería, ríete para que yo me alegre... ¡Sí, se ha sonreído, se ha sonreído! Oh, qué dulzura en su mirada[17].

Rakitin está deleitándose viendo la escena. Entre él y Grushenka se gastan bromas insulsas, hasta que Rakitin comenta que el monje Zosima ha fallecido. En este punto acontece lo inesperado:

−¡Cómo! ¡Ha muerto el stárets Zosima! −exclamó Grushenka−. ¡Señor, y yo no lo sabía! −se persignó devotamente−.Señor, pero ¡qué estoy haciendo, me estoy sentada ahora en las rodillas de Aliosha! −exclamó de repente, como asustada; saltó en un abrir y cerrar de ojos y fue a sentarse en el diván[18].

Aliosha permanece un momento en silencio. Después, se gira hacia Rakitin y le dice conmovido:

Vale más que te fijes en lo que ella ha hecho: ¿has visto cómo ha tenido compasión de mí? Yo he venido aquí para encontrar un alma vil, lo deseaba yo mismo porque de mí se habían apoderado la maldad y la vileza, pero aquí he encontrado a una hermana sincera, he encontrado un tesoro, un alma amorosa... Ahora se ha compadecido de mí... Agrafiona Alexándrovna [Grushenka], hablo de ti. Acabas de devolver a mi alma a su anterior estado[19].

Aquí no termina lo inesperado. Resulta que Grushenka está más conmovida que Aliosha: nunca en su vida le había dicho nadie cosas semejantes, ni había sido tratada con tal dignidad. Grushenka se ve desarmada por la mirada de ternura, justo en el momento en que estaba desplegando toda su artillería para destruirle.

Pero esto no es todo. El amor inmerecido experimentado por Grushenka hace algo más que desarmarla: le ayuda a desenmascarar su cruel corazón y a pedir perdón por su culpa, por su torcida intención de hacer daño. Así expresa Grushenka la conmoción del momento:

Aliosha, calla porque tus palabras me avergüenzan, pues yo soy mala y no buena, soy mala. (...) Él me ha llamado hermana suya, no lo olvidaré jamás[20].

Entonces Grushenka abre su corazón. Es un corazón que nada tiene que ver con la imagen de una mujer decidida, guapa y con éxito. Sufre una grave herida emocional. Cuando ella contaba con 17 años, un oficial polaco la engañó y la deshonró. Después este oficial la abandonó, se marchó y se casó.

Este trauma dejó a Grushenka tremendamente humillada. Desde entonces, todos los días lloraba de rabia en su cama contra sí misma y contra su ofensor. Eran lágrimas de orgullo, que al calar en su corazón, lo iban endureciendo progresivamente. Por eso podía actuar sin escrúpulos contra cualquiera.

Es muy interesante lo que Grushenka explica a Rakitin sobre lo que le ha sucedido:

Sus palabras [de Aliosha] me han llegado al corazón y lo han conmovido... Ha sido el primero, el único que ha tenido compasión de mí. (...) [de rodillas ante Aliosha exclama:] Toda la vida he estado esperando a uno como tú, sabía que vendría alguien así y que me perdonaría. ¡Creía que también a mí, ruin, alguien me amaría no solo por mi deshonor!...[21]

Esclarecimiento de la escena central: Crisis existencial

Toca ahora intentar esclarecer esta escena para dar respuesta al interrogante inicial de nuestra conferencia. Aquí se nos revela la auténtica crisis que padece el hombre, según Dostoievski. No es tanto una crisis de carácter económico, de falta de medios, o de injusticia social, como un tipo particular de crisis existencial: la incapacidad de amarse a uno mismo.

La tragedia de Grushenka consiste en una espiral autodestructiva que le impide amar a los demás. Dicho con más precisión: lo que a Grushenka le carcome por dentro es la pregunta:

Si yo soy capaz de querer el mal de esta persona (como es el caso de Aliosha, pero en realidad no es el único en la novela que sufre este deseo destructivo de Grushenka)... Si yo soy capaz de querer el mal de esta persona, y de hecho provoco ese mal deseado tantas veces, entonces, ¿quién podrá amarme como realmente soy? ¿Cómo podré amar en plenitud bajo el miedo a ser rechazada cuando se conozca lo malvada que puedo llegar a ser?

Estas son las angustiosas preguntas que hieren a Grushenka en el fondo de su corazón roto, porque sabe que ella no puede hacer nada. Por eso se ve arrastrada por una espiral de autorrechazo y rabia, de crueldad con los demás y de búsqueda exclusiva de sus propios intereses y caprichos. Estamos ante la desesperación de quien sabe que nunca podrá amar plenamente ni ser amado sinceramente debido a la conciencia de su culpa moral.

Por su parte, la tragedia de Aliosha es más fría y por eso más destructiva: busca activamente la desobediencia a Dios como afirmación de su desacuerdo.

Estos ingredientes dan mucho de sí para una catástrofe fatal. No obstante, la escena se resuelve con la transformación de los dos personajes. Cabría decir, en una primera aproximación, que ambos se salvan mutuamente, lo cual es cierto, pues por sí mismos no habrían podido salir de semejante agujero. En efecto,

  • La tierna mirada de Aliosha conmovió el duro corazón de Grushenka.
  • La sincera piedad de Grushenka desarmó la rebelde voluntad de Aliosha.

Apertura a una belleza singular

Pero, ¿qué hay detrás de esta mirada tierna y de esta piedad sincera? Pues hay un cierto tipo de belleza, de un encuentro existencial con lo que Zósima denomina amor activo. Si antes decíamos que la palabra sabiduría se había olvidado en nuestros días, con la palabra amor sucede que se ha malgastado. Para evitar confusiones, voy a referirme a este amor que presenta Dostoievski con el término griego original: agapé. Este es el amor incondicional que engendra un tipo de alegría especial.

Josef Pieper ha descrito el dinamismo de esta alegría y su relación con el agapé siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino. Lo decisivo de esta alegría es la certeza de saberse amado. Soy aceptado como soy realmente, y soy querido así. Pero la propia aceptación no es un acto autónomo, no depende exclusivamente de mí. Uno se acepta a sí mismo, con toda su mochila, solo si es aceptado por algún otro, con toda la mochila incluida. El hombre necesita de otro que le diga de corazón, de palabra y de obra: “Es bueno que tú existas”. Esta es la fuente de la auténtica alegría: nos sabemos únicos para el otro, irremplazables.

Quien no es amado así, ni siquiera puede amarse a sí mismo. Pero para ser amado así, hay que dejarse amar, sin condiciones, sin caretas.

El encuentro con el agapé y la belleza tienen muchos puntos en común. Se parecen en el sentido de que

− ambos encuentros no son exigibles, sino que son gratuitos;

− después del encuentro, uno mira de forma distinta la realidad, uno se transforma de algún modo por dentro;

− y se parecen también en el deseo de tener más experiencias de este tipo de encuentros, engendran esperanza.

En definitiva, la belleza nos dispone para el encuentro transformativo del agapé, porque ambos son una gracia inmerecida.

El verdadero rostro de Dios

Pero Pieper también señala un problema de este agapé. Y es que el corazón humano es frágil. Lo vemos en Grushenka y Aliosha. Ambos sufren la injusticia en sus carnes: el uno por el cruel rechazo a Zósima por parte de los otros monjes; la otra, por la herida de verse habitualmente utilizada por los demás como un objeto. Estas injusticias les mueven en direcciones destructivas: el uno desobedece conscientemente a Dios para mostrarle su decepción, la otra se consuela manejando a la gente a su antojo.

¿Cómo puede resolverse, entonces, un encuentro entre estos dos corazones tan heridos? Si los dos buscan su destrucción, ¿cómo es posible que los dos se salven? ¿No estaremos ante un truco del guión? Lo normal hubiera sido un desenlace fatal. Hollywood habría tenido razón... a no ser por el comentario del personaje que asiste a la escena.

Dostoievski no es tan ingenuo como para “amañar” de este modo el encuentro fatal entre Aliosha y Grushenka. Para dejar claro lo que el autor nos quiere transmitir, resulta crucial que sea Rakitin quien afirme asombrado varias veces que se trata de un milagro. Él, que tiene más visos de demonio que de ángel, no puede dejar de reconocer que allí ha actuado Dios. Pero claro, este Dios es muy distinto del de Ockham...

El Dios del agapé es Omnipotente como quería Ockham, en el sentido de que ama incondicionalmente. Su amor no pone condiciones. No se mide ni guarda listas de agravios. Eso que a nosotros tanto nos cuesta vivir y tanto lo deseamos para nosotros, pues eso lo puede hacer Dios.

Pero este poder tiene un límite. Sí: es Omnipotente con límites. Justo esto es lo que Ockham rechazó. El límite de Dios es nuestra libertad. Dios se detiene ante la puerta de nuestro corazón.

¿Cómo es posible esto? ¿No estaremos −como diría Ockham y quizá bastantes coetáneos nuestros− ante un Dios débil, y por lo tanto, un Dios indigno?

Para Dostoievski, a diferencia de Ockham, el núcleo de la identidad de Dios no es el poder. Es otra cosa. Lo va a revelar de modo explícito uno de los personajes de Los hermanos Karamazov. No diré quién es, para no estropear la trama, pero sí diré que este personaje se va a ver beneficiado por la ayuda de Aliosha y Grushenka, pero ojo, de Aliosha y Grushenka transformados ya por el agapé.

Este personaje se ve envuelto en un juicio en el que le acusan de algo que no ha cometido. Sin embargo, todas las pruebas apuntan en su contra. La víspera del veredicto Aliosha va a visitarle. El otro personaje sabe que va a ser condenado a Siberia, pero acepta este castigo por sus otras muchas felonías. Así manifestará a Aliosha su estado de ánimo:

Oh, sí, estaremos cargados de cadenas, no tendremos libertad, pero entonces, en medio de nuestra inmensa amargura, volveremos a resucitar en la alegría sin la cual el ser humano no puede vivir, ni puede Dios existir, pues Dios da la alegría, es su gran privilegio… Señor, ¡que se consuma el hombre en la plegaria! ¿Cómo podía yo vivir bajo tierra, sin Dios? (…) Entonces nosotros, hombres de bajo tierra, desde las entrañas de la misma, elevaremos un trágico himno a Dios, fuente de la alegría. ¡Gloria a Dios y a su alegría! ¡Lo amo![22]

Si en Los Demonios el hombre no podía vivir sin la belleza, en Los Karamazov el hombre no puede vivir sin la alegría, pero se trata de una alegría que proviene de Dios como de su atributo esencial. Es la alegría del agapé incondicional, del agapé real.

Para intentar calar en lo que hay de fondo en esta audaz afirmación de Dostoievski, deberemos retomar el tema de la Creación y preguntarnos por qué crea Dios. Si Dios no tenía ninguna necesidad de crear al ser humano ni al universo, si fue algo totalmente libre, entonces ¿qué le movió a crear?

Si asumimos el planteamiento de Ockham de que la identidad fundamental de Dios está en el poder, parece que nos abocamos a numerosas perplejidades. ¿Un Dios todopoderoso creando seres con el único móvil de manifestar su poder? ¿Por el placer de dominar a sus criaturas, salidas de sus propias manos? Quizá a alguien le pueda parecer esta explicación razonable pero ¿no resulta un tanto ridícula utilizar arbitrariamente el poder para crear una relación así, sin ninguna necesidad de hacerlo?

Ahora bien, si asumimos el planteamiento propuesto por Dostoievski de que el núcleo divino es la alegría, entonces hemos de razonar de otro modo.

Tengo que reconocer que la mejor respuesta a esta pregunta la encontré aquí, en la plaza del Ayuntamiento. Fue la noche que España ganó el Mundial de Fútbol. ¿Qué sucedió al terminar el partido? Que todo el mundo se congregó aquí. Nadie les había llamado, y sin embargo la plaza se llenó de gente deseosa de celebrar juntos la grandísima alegría de nuestro primer Mundial.

La alegría, a diferencia del poder, es de esas pocas realidades que aumentan cuando se comparten

Pues algo así debió sucederle a Dios cuando nos creó. Quería compartir, no la alegría del Mundial, sino la alegría inconmensurable de quien es el ser incondicionado. Dios crea para compartir su alegría, y por eso crea seres capaces de gozarse con él.

Pero esta ilusión de Dios solo es posible si el ser humano es libre. Ahora bien, esta libertad es muy distinta de la libertad autónoma propuesta por Ockham.

¿Cabe alegrarse con alguien que no se abra sinceramente? Es más, ¿cabe alegrarse con alguien indiferente hacia nosotros? Si así fuera, esa alegría terminaría siendo hueca y cínica. No: para alegrarse juntos hace falta una capacidad de sintonizar con el corazón del otro, de entrar en resonancia con la persona del otro tal cual es. La libertad que se necesita para compartir una alegría no es la mera capacidad de elegir, sino una libertad que engendre comunión personal, capaz de hacer latir al unísono dos corazones.

Pero hay una diferencia más crucial entre estos dos tipos de libertades. La libertad que engendra amistad no es una libertad de indiferencia. Conviene tener presente que existen amores adictivos. Por eso NO DA IGUAL AMAR CUALQUIER COSA. Hay amores, como el amor al dinero, a la fama o a la droga, que absorben nuestra capacidad de amar, y la succionan toda para ellos. Hieren nuestro corazón porque no buscan nuestro bien como personas, como seres capaces de amar. En cambio, los amores más verdaderos, aquellos que son más dignos de ser amados, no solo los amamos, sino que como consecuencia amamos mejor todo; el amor más verdadero nos capacita para amar mejor todo lo que es amable.

Basta pensar en cómo miran las madres cuando reciben el bebé recién nacido. Su ternura refleja cómo ha cambiado su corazón, y cómo ya no volverán a ver el mundo de la misma forma que antes. Querrán compartir todo lo bueno de este mundo con su bebé.

Hemos dicho antes que Dios se detiene ante la libertad del hombre. En realidad, no se detiene. Más bien deberíamos decir que Dios mendiga nuestro corazón, pide permiso para entrar y compartir su inmensa alegría con cada uno de nosotros. Pero... ¿acaso no es esto ASOMBROSO...? ¿Podemos encontrar algo más inaudito que el mismo Creador se ilusione con el corazón de la criatura? Estamos ante un misterio, el misterio más impresionante que pone patas arriba nuestro corazón.

La propuesta educativa de Dostoievski

¿Cómo podemos cuidar esta libertad que nos abre a la alegría divina? Dostoievski se hizo la misma pregunta, y la respondió en la última página de Los hermanos Karamazov, por boca de Aliosha:

Sepan, pues, que nada hay más alto ni más fuerte ni más sano ni más útil en nuestra vida que un buen recuerdo, sobre todo si lo tenemos de la infancia, del hogar paterno. A ustedes se les habla mucho de la educación; pues bien, un recuerdo de esta naturaleza, magnífico, sacrosanto, conservado desde la infancia, quizá sea la mejor educación. El que ha acumulado recuerdos de esta naturaleza, es hombre salvado para toda la vida. E incluso si no quedara más que un solo recuerdo bueno en nuestro corazón, puede que algún día ese recuerdo nos salve[23].

En efecto. Si Aliosha miró tiernamente a Grushenka, no fue por su rebeldía contra Dios ni por su deseo lascivo. Fue porque tenía el recuerdo de Zósima en carne viva, y miró como Zósima miraba a quien estaba sufriendo. De ese recuerdo se sirvió la gracia divina para que no sucumbiera completamente a su obcecación, y para que Grushenka experimentara por primera vez ser amada como una hermana.

Dostoievski nos ha conducido a esta singular propuesta: lo que nos va a salvar de la crisis existencial son los buenos recuerdos de las personas que nos han amado incondicionalmente. Este es el caso de los buenos recuerdos de la infancia. La memoria de la belleza de este amor alimentará la esperanza de que nosotros también seremos capaces de amar de esa misma manera.

Conclusión

A los tres años de publicar Herejes, Chesterton escribió Ortodoxia. Era su propia reflexión sobre lo bueno, según lo había articulado él mismo sin ninguna referencia a la fe cristiana. Pues bien, llama mucho la atención cómo el punto de inflexión de su reflexión consiste en descubrir la noción de Creador, algo con lo que Dostoievski estaría plenamente de acuerdo.

En Ortodoxia, Chesterton sostiene que para poder confiar en la razón, necesitamos proporcionarle un punto de apoyo correcto. Si falla el punto de arranque, seremos conducidos hacia el escepticismo o el pesimismo, dos escenarios donde la alegría de lo bueno difícilmente tiene cabida.

Quizá nadie como Ratzinger en Introducción al Cristianismo haya sintetizado mejor este punto de partida para la razón que abre horizontes llenos de esperanza al corazón humano:

El hombre vuelve profundamente a sí mismo no por lo que hace, sino por lo que recibe; tiene que esperar el don del amor y el amor solo puede recibirlo como don... El hombre solo se hace plenamente hombre, cuando es amado, cuando se deja amar[24].

Tomás Baviera Puig

 

[1] G. K. CHESTERTON, Herejes, Acantilado, Barcelona 2007, p. 24.

[2] FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI, Los demonios, Alianza Editorial, Madrid 52009, p. 602.

[3] Ibídem, p. 601.

[4] PLATÓN, Gorgias, 469b.

[5] HOWARD GARDNER, Intelligence Reframed: Multiple Intelligences for the 21st century, Basic Books, New York 1999, p. 65.

[6] SAN ISIDORO, cit. en SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, c. 46, a. 1.

[7] FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI, Los demonios, o.c., p. 501.

[8] Ibídem, p. 502.

[9] Ibídem, p. 519. Énfasis añadido.

[10] Ibídem, p. 520.

[11] Ibídem, p. 523.

[12] MICHAEL ALLEN GILLESPIE, The Theological Origins of Modernity, The University of Chicago Press, Chicago 2008.

[13] Cfr. especialmente ibídem, capítulo 1.

[14] FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI, Los demonios, o.c., p. 692.

[15] FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI, Los hermanos Karamázov, Cátedra, Madrid 82005, p. 543.

[16] Ibídem, p. 537.

[17] Ibídem, p. 538.

[18] Ibídem, p. 539.

[19] Ibídem, p. 540.

[20] Ibídem.

[21] Ibídem, p. 547.

[22] Ibídem, p. 865.

[23] Ibídem, p. 1110.

[24] JOSEPH RATZINGER, Introducción al cristianismo, Sígueme, Salamanca 2005, p. 222.

 

Neurociencia aplicada al marketing

Uno de los objetivos del marketing es predecir lo más exactamente posible qué va a elegir el cliente. Durante mucho tiempo, la psicología se ha acercado a ello, pero siempre de una manera externa y lateral. En 2005, un médico de origen indio, el dr. A. K. Prateek, funda en Berkely (California) NeuroFocus, una empresa destinada a ayudar a sus clientes de marketing, frustrados por no saber qué querían sus clientes. Investigó las reacciones neurológicas que se producen en el cerebro de un cliente cuando observa un producto, y determinó que podía tratar esa frustración que sentían las empresas de marketing, usando la metodología y la tecnología de la neurociencia cognitiva.

La neurociencia, en definitiva, podía ayudarles a predecir si el cliente se fijaría o no en sus productos y cuánto tiempo mantendrían su atención. NeuroFocus fue comprada por Nielsen en 2011. Surge el Neuromarketing, nuevo campo del marketing que usa tecnologías médicas como la resonancia magnética y otras similares para estudiar las respuestas cerebrales a los diferentes estímulos del marketing.

De ello nos ha hablado esta semana mi colega del IESE Elena Reutskaja, profesora de marketing, en nuestra sesión mensual del I-WIL LUNCH en el campus de Barcelona.

La prof. Elena Reutskaja, durante la sesión

Los métodos tradicionales de estudio de mercados (cuestionarios, encuestas, entrevistas, experimentos) siguen teniendo vigencia porque son fáciles y rápidos y además ofrecen gran cantidad de datos. Sin embargo, adolecen de cierta falta de credibilidad, ya que se prestan a manipulación. La profesora Reutskaja nos sometió a un rápido experimento en el que se puso de manifiesto que muchos procesos cerebrales tienen lugar de forma inconsciente. De ahí que se estén imponiendo otros métodos que tienen en cuenta datos obtenidos de otra manera. Por ejemplo, métodos que usan datos biológicos, como el Eye-Tracking (seguimiento ocular), Brain‐Imaging (FMRI, EEG, TMS,…) o imágenes cerebrales obtenidas por resonancia magnética, tomografía, etc., y el Reconocimiento Facial de Emociones.

El uso de estos métodos crece con rapidez, debido principalmente a que los datos se obtienen durante el proceso de medición y son difíciles de manipular. Pero son muy caros y técnicamente complicados. El más popular es el Eye-Tracking, porque es relativamente más fácil y barato de implementar. Existen aparatos por 99 dólares, aunque lo realmente caro es el análisis de los datos obtenidos, unos 150 euros por persona y análisis. Si tu cliente está mirando tu web, los datos obtenidos se analizan mediante mapas de calor, parpadeo y recorrido de los ojos. Permite determinar dónde y cuánto tiempo ha puesto la persona su atención, de manera que luego se pueden modificar las páginas, la colocación de los productos o la información más relevante en esa web.

Eye-tracker

Las aplicaciones de estas técnicas en el marketing incluyen mejoras de efectividad en el uso de la web, del diseño del producto y/o el empaquetado (puede mejorar incluso la seguridad en los coches…), anuncios, merchandising… También es posible que las personas con alguna discapacidad usen estos instrumentos medidores.

Las técnicas de Reconocimiento Facial de Emociones: Se han determinado 6 emociones básicas, que se repiten en todas las personas de cualquier raza. Enfado, asco, felicidad, tristeza, sorpresa y miedo. Una simple cámara instalada en cualquier soporte digital que atraiga miradas (un anuncio en una tienda…) puede reconocer esas emociones en la cara de los clientes que observan, mientras distribuye esos datos que obtiene según el sexo o la edad del posible cliente. Lo que primero era un técnico leyendo esas emociones (mayoritariamente indios, que parece que son los que mejor las leen), ahora es un software que primero calibra el tamaño de la cara y después detecta la emoción. Así se obtiene un emociograma, que también se usa en política, aconsejando sobre qué gestos adoptar para transmitir a los votantes según qué emociones; también lo usa la policía para labores de interrogatorio.

Una vez leída y analizada la emoción en la cara del posible cliente, la empresa puede tomar toda clase de medidas en relación al producto. El coste de esta técnica es de 150-200 dólares por persona analizada (20 minutos).

Emociones básicas

Técnicas de Brain-Imaging: además de electroencefalografías (parte externa del cerebro), tomografías, se usa sobre todo la Resonancia Magnética Funcional, porque permite determinar qué parte del cerebro funciona con un estímulo concreto, midiendo la cantidad de sangre oxigenada. Son técnicas muy caras, debido al precio de los aparatos y al coste del gas utilizado. Normalmente las empresas los alquilan a hospitales, donde se utiliza helio. El coste por persona entonces es de unos 350 euros (2 horas por persona).

 

El FMRI es usado también en la Universidad de Navarra

La prof. Reutskaja nos explicó algunos ejemplos de la aplicación de estas técnicas en publicidad, a partir de los datos obtenidos con las técnicas que hemos mencionado: hay patatas Lays “para mujeres” (horneadas en lugar de fritas), porque el cerebro femenino presenta mayor sensación de culpabilidad que el masculino, lo que hace que se resistan a tomar lo supuestamente menos saludable.

Por increíble que nos parezca, las fotos más explícitas de los daños que el tabaco ocasiona a la salud…¡aumentan las ganas de fumar! Puesto que la cafeína aumenta la capacidad de memoria y atención…¿deberían los de Starbucks insertar publicidad en sus vasos?

La visión de la marca de Coca-Cola produce emociones positivas y afecto, cosa que no han logrado en Pepsi… La actividad cerebral puede predecir con exactitud el éxito en TV y en la música.

Todos estos ejemplos son realidades o sugerencias de uso de las técnicas que usan los datos obtenidos de nuestro cerebro. La gran cuestión pendiente es la ética de todos estos procedimientos: ¿Quién debería tener acceso a estas técnicas? ¿Es ético que los expertos en marketing puedan pulsar el “botón comprar” en la mente de los consumidores? Son preguntas muy relevantes que los departamentos de marketing, y muy especialmente sus responsables, deben poner sobre la mesa.

Pero es toda la sociedad la que debe ser consciente de que esas técnicas tienen otras muchas aplicaciones que pueden beneficiarnos a todos. Os dejo con un ejemplo en vídeo de cómo el reconocimiento facial ayuda en el diagnóstico avanzado de enfermedades:

 

 

Un debate casi taurino

Después de casi veinte años de ejercer como parlamentario nacional y europeo, tengo que confesar que me ha sorprendido, por novedoso, este nuevo formato de una moción de censura con tres protagonistas. Dos de ellos/as, Irene y Pablo, dividiéndose teóricamente los papeles en busca de una alternativa mediática que les sirviera de altavoz callejero a sus tediosos y repetitivos discursos que se han centrado exclusivamente en la corrupción, mientras buscaban persistentemente el tendido   del 15M en un hemiciclo que languidecía aburrido y pacífico.

En la primera sesión, Mariano Rajoy ejerció de catedrático taurino socarrón templando a sus dos oponentes/tas y sin esforzarse mucho, sorteando con frialdad alguna embestida peligrosa de Montero y despachando con naturales bien entrelazados a un Iglesias descentrado que buscaba las tablas de Pedro Sánchez. Lo inesperado fue que una diputada canaria, Ana Oramas, fuese la llamada a darle la estocada de muerte al desnortado presidenciable Pablo Iglesias que sucumbió ante el verbo sutil e hiriente de una mujer que sin despeinarse ni amedrentarse le tildo de “machista” y de hacer de la moción de censura un montaje más propio de un  plató televisivo que de un debate riguroso y serio como se merece el Sancta Sanctórum de la soberanía popular.

Las banderillas, las cogidas, el griterío y los almohadillazos se disfrutaron al día siguiente con los tres espadas de la segunda sesión Rivera, Abalos y Hernando. Rivera se desmelenó con el candidato, su pose suarista le obligaba ya a una equidistancia con la izquierda rupturista y catastrofista y el compromiso de los presupuestos le arrastraba inexorablemente a una posición de no agresividad  con una derecha vilipendiada y criminalizada por el frustrado presidenciable; sus aparentes amoríos (políticos) de antaño con Iglesias se han tornado en un divorcio exprés que parece irreconciliable.

Abalos se estrenaba en la plaza. Con unas ciertas dosis de seguridad y aplomo siguió el guión que su nuevo jefe de filas Sánchez le había trazado: El Partido Popular ha sido la bestia que ha arruinado España. A sus pecados de corrupción que debe expiar en los más profundo del averno le espetaba insistentemente en ser el causante de las desigualdades, de la pobreza y de la precariedad laboral de esta nuestra querida España…, claro que en el guión que le pasó Sánchez, le ocultó que todo esa dramática crisis fue el legado que el gobierno socialista de Zapatero nos dejó a los españoles y que hoy nuestros socios de la UE e incluso otros organismos internacionales, dicen que estamos ya en la buena senda de la recuperación.

Después de estas estocadas en hueso al gobierno de Mariano Rajoy sonrió  abiertamente a Iglesias, le ofreció árnica y la posibilidad de un idilio con el candidato derrotado en la búsqueda de compañeros/as que se unieran en la aventura de nacionalizar Cataluña desde una nación que no es nacionalidad pero que se adorna de una cultura nacional, es un trabajo de investigación arduo pero que a lo mejor con tan ilustres intelectuales constitucionalistas encuentran la fórmula magistral para que desde el diálogo y el consenso por fin Sánchez e Iglesias hagan de Cataluña la madre patria de los secesionistas.

Hernando decididamente entró a matar, era ya la hora, los avisos estaban agotados y había que culminar la faena. Tantos insultos, tantas difamaciones y tantas amenazas al más puro estilo republicanista de aquellas Cortes prebélicas de los años treinta, habían retenido con silencio y paciencia las respuestas que la bancada popular demandaba a tanto improperio.

Rafa Hernando, amigo y conocido desde hace años, no es un primer espada sagaz y brillante pero es un portavoz con experiencia parlamentaria que debe jugar los papeles que se le encomiendan y en esta ocasión era el de dar cumplida respuesta a un demagogo insultador, como Iglesias,  que desde la tribuna del Congreso criminalizó al Partido Popular y con ello a todos los dirigentes, militantes y votantes que sostienen y forman parte del mismo.

Su contundente respuesta sacando las vergüenzas de quienes se ciegan de soberbia acusadora sin mirarse al espejo, era la esperada no solo por la mayoría del grupo parlamentario popular sino también por millones de votantes y simpatizantes que nos sentimos insultantemente tratados por un candidato afortunadamente frustrado y rechazado.

Jorge Hernández Mollar

Ex Subdelegado del Gobierno de Málaga

 

 

 

Corpus Christi: gran lección de combatividad de la Iglesia

 

Estamos en la fiesta de Corpus Christi y me gustaría mostrarles algo al respecto de la razón por la cual esa fiesta fue instituida.

Procesión del Corpus Christi, Sevilla – Manuel Cabral y Aguado Bejarano -1857

Ustedes saben que los protestantes, herejes, negaron y niegan la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Ese fue uno de los mayores escándalos ocurridos en la Iglesia en el siglo XVI, que fue un siglo de tantos escándalos. Los medievales tenían una profunda fe en el Santísimo Sacramento, en la presencia real y, por lo tanto, una devoción enorme ya sea a la Santa Misa, ya sea a la adoración del Santísimo Sacramento. Y los protestantes negaron brutalmente la presencia real.

Esa negación fue uno de los puntos de fractura entre protestantes y católicos y fue recibida por los católicos como uno de los peores ultrajes que jamás se haya cometido contra Nuestro Señor.

¿Cuál fue entonces la política, porque se puede aquí hablar de política en el sentido elevado del término, es decir, cuál fue la táctica pastoral usada por la Iglesia frente a ese hecho?

La Iglesia tenía dos caminos. Ella podía decir: “bien, nuestros hermanos separados protestantes están negando la presencia real. Si nosotros afirmamos protuberantemente la presencia real, aumentamos la separación. Como ellos no aceptan de ninguna manera ese dogma, en la medida en que nosotros lo afirmamos, ellos se apartan; entonces vale la pena que repensemos el dogma de la presencia real. Y, tomando en consideración que los tiempos cambiaron, porque el año 1500 estaba en buenas cuentas bien lejos del año 1 de la era cristiana, era muy natural que ahora expresásemos la presencia real en un vocabulario diferente que agradara a los protestantes. No sería una negación de la presencia real. ¡Esto jamás! Es un dogma definido por Nuestro Señor Jesucristo y, debido a esto, no diremos lo contrario de este dogma.

Proclamación del Dogma de la Infalibilidad Pontificia

Pero, en vez de afirmar tan protuberantemente que Nuestro Señor está realmente presente bajo las apariencias eucarísticas, presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, podríamos decir lo siguiente. ¿Que es realmente esta presencia? Dios está presente en todas partes y los buenos amigos protestantes pueden entender que Dios está presente allí, como Él está, por ejemplo, presente en una flor, o cómo está presente en un pan cualquiera. Nosotros entendemos que no es así. Que está realmente presente con Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, pero no vamos a decir esto para no crear una división. Después, vamos a comenzar el diálogo. En el diálogo les decimos: “¿qué tal sería si volvemos a estudiar los fundamentos del dogma de la presencia real, para verificar, en conjunto, hasta que punto ese dogma tiene o no su fundamento en la Sagrada Escritura?”

El protestante diría: “su duda es hermana de la mía. Yo también quiero estudiar el asunto, como también usted quiere”. El quedará con una cierta impresión de que tengo duda, pero yo no dije que tengo duda.

Entonces comienza una conversación al respecto del Santísimo Sacramento en la que yo digo: “mire, sería más interesante, en vez de tomar una posición endurecida, que estudiemos cuál es el modo por el cual podríamos llegar a un acuerdo. De tal manera que de la tesis “Jesucristo está presente en realmente en la Eucaristía”, y de la antítesis “Jesucristo no está realmente presente en la Eucaristía”, pudiésemos deducir una tercera posición. Que no sería enteramente una ni otra cosa. Usted cede un poco, y yo cedo un poco. Y afirmaremos juntos que Jesucristo de hecho está presente en la Eucaristía. Ahora, si está presente sólo en cuanto Dios, o en cuanto Hombre-Dios, es un pormenor al respecto del cual cada uno de nosotros reclama su libertad de posición. Entonces, habremos llegado finalmente a una síntesis.

Por esta forma, se podía haber evitado la ruptura entre protestantes y católicos y el mundo cristiano hoy sería unánimemente católico. Esto habría dado a la Religión Católica una fuerza, un vigor, una magnitud muy diferente de la tristeza de esa ruptura, de esa división que existe. Ustedes católicos, cuando ven las sectas protestantes pulverizadas y que de lo alto y de dentro de su unidad se reían de esa pulverización, ¿imaginan bien de qué desgracia se ríen? ¿De qué infortunio se están burlando? ¿Tienen una idea de cuánto esto representó para el relajamiento moral de este mundo protestante así dividido? ¿Cuánto representó de luchas, de divisiones, de dolores y de sufrimiento? La primera cisión partió de ustedes, cuando rechazaron nuestra novedad. Las otras cisiones ocurrieron en cadena, exactamente debido a ese rechazo que ustedes practicaron. Ustedes son los autores de los males de los cuales se quejan y ustedes se ríen de nosotros, siendo que ustedes nos redujeron al estado en que estamos.

Si Satanás tuviese que hacer uso de la palabra, con más inteligencia y con más atractivo, diría más o menos la misma cosa.

Los Santos, los teólogos, los papas que vivieron en aquel tiempo, siguieron una política enteramente diversa. Y pensaron lo siguiente: la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo para enseñar la verdad. Ella no tiene el derecho de dar una enseñanza confusa porque la instrucción confusa no es una enseñanza digna de ese nombre. La enseñanza confusa es indigna. Aunque sea involuntariamente, y que el profesor por incompetencia, deje la confusión reinar sobre el contenido de lo que está enseñando, aunque sea involuntariamente, no es digno de ser profesor. Porque la claridad es la primera de las cualidades del profesor.

Por lo tanto, la primera exigencia de la enseñanza es ser clara. Si quien enseña no lo hace intencionalmente con claridad, es peor que un incompetente: es un deshonesto. Porque es una deshonestidad, es un fraude, que alguien se presente con la segunda intención de no dar la verdad entera, cuando es esto lo que se espera.

Si, de acuerdo a lo que pensaron aquellos grandes teólogos y Doctores, la Iglesia guardara silencio a ese respecto, oyendo los fieles una enseñanza confusa sobre una verdad indispensable para la salvación, Ella estaría haciendo un fraude a los fieles. Y estaría faltando a su misión.

En segundo lugar, si la Iglesia silenciase al respecto de la Eucaristía, haría que los fieles comulguen mal. ¿Quién puede hacer un acto de adoración al Santísimo Sacramento si no tiene certeza si allí está Nuestro Señor Jesucristo? ¡No es posible! Es decir, la Iglesia para mantener una unidad pútrida, sacrificaría la vida espiritual de sus fieles.

Los Padres del Concilio de Trento entendieron que era necesario hacer lo contrario. Y en oposición al protestantismo, acentuar el culto al Santísimo Sacramento. Instituir una fiesta para la adoración del Santísimo Sacramento. Hacer una procesión en la que el Santísimo Sacramento saliera a la calle, adorado por todos, en que las multitudes lo adoran de rodilla en tierra, reconociendo que bajo las apariencias eucarísticas, allí está Nuestro Señor Jesucristo. E impulsar ese culto de todas las maneras, llegando a esa plenitud que es la adoración perpetua al Santísimo Sacramento, instituida por San Pedro Julián Eymard.

Era la política de enfrentar, de no conceder, de luchar, de afirmar, de proclamar. Era la política de la honestidad, de la lealtad, de la integridad, de la coherencia. De ella vino para la Iglesia un torrente de gracias; exactamente las gracias de la Contrarreforma, que representaron una de las mayores lluvias de gracias que la Iglesia ha recibido.

Acentuar el culto al Santísimo Sacramento, a Nuestra Señora, la devoción al papado, fue la respuesta de la Iglesia al protestantismo. Una larga respuesta de 300 años, que se fue acentuando. En el siglo XIX, la proclamación de la infalibilidad papal, la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción y, en nuestros días, el dogma de la Asunción. Tuvimos una serie de afirmaciones, de instituciones, etc., desarrollando y afirmando aquello que el protestantismo negaba. De manera que cuanto más ellos persistían en su error, tanto más alto íbamos proclamando la verdad. Cuanto más ellos se dividían, tanto más nuestra unidad se afirmaba.

Hasta que otros vientos soplaron. Vamos a decir la verdad de frente: hay incontables católicos que ya no tienen más la coherencia de su fe. No tienen más la pugnacidad, no tienen más aquella e integridad que caracteriza la institución cuando está viva.

La Iglesia nunca disminuye de vitalidad, porque ella es inmortal. Ella es sobrenatural, ella es divina, pero la correspondencia de sus hijos puede disminuir y puede, por lo tanto, la densidad de la fe disminuir el espíritu de muchos hijos de la Iglesia. Ahora, en la fiesta de Corpus Christi, vemos como el coraje de proclamar los dogmas disminuyó y como, por consecuencia, hay una disminución de la fe, en incontables de esos que se dicen católicos.

La fiesta del Corpus Christi es la fiesta del Santísimo Sacramento, pero ella es una gran lección de combatividad. Aprendamos esa lección, y procuremos ser cada vez más combativos por amor a Nuestra Señora y por adoración al Santísimo Sacramento.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Corpus Cristi 2017

 

La Fiesta católica del Corpus Christi es la Fiesta Eucarística por

excelencia. Aunque la tradición la situaba en jueves, sesenta días

después del Domingo de Resurrección- “hay tres jueves que  brillan más

que el Sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión”-,

desde 1989 se celebra en domingo, excepto en donde es fiesta local,

como Toledo, por ejemplo. El origen está en unas visiones que tuvo la

monja Santa Juliana de Lieja (Bélgica. S. XIII). La fiesta la aprobó

el Papa Urbano IV y la extendió a toda la Iglesia en 1264; está

enriquecida con indulgencias, incluso plenaria con las condiciones

debidas. Juan Pablo II estuvo muy interesado en que se honre con

procesiones al Santísimo Sacramento, y es la única procesión

obligatoria. En Valladolid, se realzó muchísimo el Corpus Christi de

1916, con un lleno inusitado en Campo Grande, en donde se celebró la

Eucaristía, presidida por el Sr. Arzobispo- Cardenal Blázquez.

 

Como para confirmar la razón de la fiesta, se produjo el llamado

milagro eucarístico de Orvieto (Bolsena, Italia, 1264): un sacerdote,

al celebrar la Santa Misa, dudó de la presencia real de Jesucristo en

la Eucaristía, y la Santa Hostia derramó sangre. Son bastantes los

milagros eucarísticos  acaecidos desde entonces

(es.churchpop.com/2016/05/29/5-extraordinarios-milagros-eucaristicos-en-fotos/.);

quizá, el último conocido sea el ocurrido en 1996 en Buenos Aires:

una hostia consagrada se transformó en carne y sangre. El entonces

Cardenal Bergoglio, ahora,  Papa Francisco, mandó hacer fotos y una

investigación rigurosa en laboratorio. Jesús está real y

verdaderamente presente en la Eucaristía, y hay comuniones sacrílegas.

Antes de comulgar, se debe uno confesar, salvo que se esté en gracia y

se trate de un fiel de confesión frecuente.

 

Josefa Romo

 

 

 

La canción y el llanto de Fátima

El Señor sorprende siempre a los hombres. Y una sorpresa divina, bajada del Cielo, fue la Virgen Santísima en Fátima hace cien años, y sigue siendo hoy, cien años después.

Tres pequeños que no sabían leer; tres criaturas, dos niñas y un niño, de una pequeña aldea portuguesa que apenas sabían otra cosa que llevar las ovejas a pastar, y en pastos conocidos, y rezar las oraciones que habían aprendido de sus padres.

El Señor envía a su Santísima Madre a hablar con estos pequeños, y en apenas seis meses, desde el 13 de mayo, día de la primera aparición hasta el 13 de octubre, fecha la última aparición, los encuentros de la Virgen María con los tres pastores de Fátima han tenido eco en medio mundo, y la temblorosa y sumisa voz de tres niños de una aldea de Portugal ha resonado con fuerza en todo el mundo.

Hemos prestado una atención muy grande a la cuestión de los “secretos” que parecían escondidos en las palabras de la Virgen. Yo los dejo a las consideraciones ya hechas, y a las que tenga que hacer, el Papa y su entorno. Yo me quiero quedar hoy con los normales diálogos de la Virgen con Jacinta, Francisco y Lucia.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

“Por supuesto, mis padres no saben nada”.

A partir de la década de los ochenta, especialmente en este país, surge una nueva preocupación para los padres de hijos adolescentes: el riesgo de que estos últimos se conviertan en consumistas de alcohol. En los primeros años, lo que más alarmó a los padres fueron los titulares de los medios de comunicación tras cada fin de semana:

“Un adolescente muere en accidente de tráfico. Conducía en estado de embriaguez”; “Joven hospitalizado de urgencia por coma etílico”; “Tres heridos por arma blanca en una pelea cuando bebían en el botellón”.

Cada año que pasa se adelanta algo más la edad en la que los adolescentes se inician en el consumo habitual de bebidas alcohólicas. El riesgo de llegar a ser alcohólico es mayor cuanto menor es la edad en la que comienza el consumo.

Para comprender la gravedad de este fenómeno suelen ayudar más los testimonios reales de adolescentes adictos al alcohol que las estadísticas. Por ejemplo, el siguiente:

“Necesito beber. Me preocupa mucho sentirme dependiente del alcohol. Nada he podido hacer por detenerme desde que me inicié a los 16 años para desinhibirme y afrontar mi timidez. Ahora tengo 25 y conozco los efectos letales que este odioso líquido causa en mi cerebro, y, aun así, continuo asesinándome paso a paso. He perdido el control sobre mí misma. La mayoría de los adolescentes de mi edad bebe como si se tratara de un ritual. Por supuesto, mis padres no saben nada”.

JD Mez Madrid

 

Ser buen papá

Silvia del Valle Márquez

Última actualización: 16 Junio 2017

Casi siempre nuestros consejos van enfocados a nuestros hijos, pero ahora me voy a enfocar a una pieza muy importante de la familia, el Papá.

Cómo ser un padre cercano a los hijos?

Muchos piensan que su labor se limita sólo a proveer lo necesario para el sustento de la familia, sin darse cuenta que su participación, activa y cercana, es insustituible. Por eso, aquí les dejo 5Tips para lograr ser un padre cercano a los hijos.

Primero. Pon sus intereses primero

Debemos tener presente que nosotros somos los modelos de nuestros hijos y papá mucho más.

Así que debemos tener cuidado de nuestras actitudes y aficiones, ya que nuestros hijos nos observan en todo momento; por eso, si a ti, papá, te gusta fumar y tomar, procura que tus hijos no te vean hacerlo, ya que el mensaje que les das es que eso está bien.

Por eso, es bueno presentarle a nuestros hijos modelos sanos a seguir. Así que si te tienes que sacrificar un poco, ¡¡no pasa nada!!

En nuestro caso, mi esposo ha tenido que entrarle a hacer ejercicio para jugar con mis hijos, porque a ellos les encanta el futbol. Así que ha hecho a un lado el cansancio y se ha puesto en forma para aguantarles el paso.

Segundo. Juega con ellos

No trates de comprarles juegos caros para entretenerlos, el ingrediente más importante para tener el juego perfecto eres tú.

Enséñales el gusto por los deportes y los juegos al aire libre. Enséñales a divertirse sanamente, así como les enseñas los buenos hábitos.

En mi familia ya lo logramos. No saben qué gusto me da ver a mi esposo jugando futbol con mis hijos por horas y horas. De verdad que los lazos entre ellos se han hecho cada vez más fuertes.

Tercero. Pasa el mayor tiempo posible con ellos

Yo sé que, como papás, su prioridad debe ser trabajar para traer el sustento a casa; pero en la medida de tus posibilidades, cuando llegues a casa dedica tiempo de calidad a tus hijos.

Es cierto que lo que más se te antoja es relajarte y descansar de tantos problemas que tienes en el trabajo, pero 10 minutos para escuchar cómo les fue en el día, son indispensables.

Si puedes, recuéstate en el sofá con ellos y pregúntales cómo les fue en su día, qué hicieron. Esto les hará saber que te interesan sus cosas y además te ayudará a conocer mejor a tus hijos y detectar cualquier problema o cambio importante.

Los fines de semana, dedícales tanto tiempo como sea posible. El mejor regalo que les puedes dar a tus hijos es tu tiempo.

Si tienes oportunidad, léeles un cuento por las noches. Esto les da seguridad.

Cuarto, Dales muchos abrazos

Los papás no deben tener miedo a demostrar el afecto. Los niños necesitan el contacto físico y no sólo de nosotras las mamás.

Rompe el hielo, apapáchalos y bésalos. Y si ya están en la edad en que esas cosas ya no les gustan, con un abrazo les puedes transmitir todo tu amor.

Y Quinto. Cuida de ti

Para poder darles calidad de vida, tú también tienes que estar sano y bien contigo mismo.

Nadie da lo que no tiene. Por eso, es muy importante que dediques tiempo para cuidar tu salud, cuidando tu alimentación, haciendo ejercicio, leyendo, y sobre todo, no malpasándote en el tiempo de trabajo. Recuerda que no puedes cuidar a tus hijos si estas enfermo.

Los valores se enseñan en todo momento, aun cuando te das un tiempo para ti; por eso, no dudes en hacerlo. Pero ten cuidado, que esta actividad no te absorba tanto que les quites tiempo a tus hijos. El chiste es encontrar el justo medio.

Aprovecho para felicitar a todos los papás, ahora que va a ser su día y espero que estos consejos les sean de utilidad.