Las Noticias de hoy 30 Mayo 2017

 

                    Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 30 de mayo de 2017    

Indice:

Newsletter Diario

Papa: Sin el Espíritu Santo se puede caer en la fe ideológica

Previsiones de la semana del 30 de mayo al 5 de junio

Pascua. 7ª semana. Martes: -Decenario al Espíritu Santo: Francisco Fernández-Carvajal

“Haced lo que Él os diga”: San Josemaria

«Lo que recibes de Dios es gratis y debes darlo gratis»

«¿Entiendes lo que lees?»: respirar con la Sagrada Escritura (I): Guillaume Derville

Podríamos confluir todos en la grandeza de corazón: Pablo Cabellos Llorente

La escucha que sana: Salvador Casadevall 

ESCUELA PARA PADRES:Los nuevos SíSí, que Sí estudian y Sí trabajan.: Francisco Gras

La intolerancia laicista como amenaza para el pacto educativo en España: Salvador Bernal

La Ascensión del Señor: La mayoría de edad. Por Santiago Martin

EL ADULTERIO ES EL CÁNCER DEL HOGAR: Leo J. Mart. Filósofo, escritor 

La compra de super alimentos: Jesús Domingo

“Generosos” y “tacaños”: Acción Familia 

 Quién es Jesucristo : Jesús D Mez Madrid

 Sobre la tarea de las universidades y escuelas de inspiración católica: Valentín Abelenda Carrillo

 El rancio anticatolicismo es violento: Enric Barrull Casals

 Canallas y asesinos ya incalificables: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

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Papa: Sin el Espíritu Santo se puede caer en la fe ideológica

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

29/05/2017 10:42

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Es necesario dejarse interpelar por el Espíritu Santo, aprender a escucharlo antes de tomar decisiones. Es la  exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco destacó que si no se discierne acerca de lo que sucede, se corre el riesgo de caer en una fe ideológica.

El Espíritu Santo, que mueve el corazón, inspira, suscita las emociones fue el tema central de la reflexión del Papa. Y recordó que en preparación a la fiesta de Pentecostés, la Iglesia pide que se rece para que el Espíritu Santo llegue al corazón, a la parroquia y a la comunidad. El Pontífice comenzó a partir de la Primera Lectura del día que  – dijo – podríamos llamar “la Pentecostés de Éfeso”. Y explicó que, en efecto, la comunidad de Éfeso había recibido la fe, pero ni siquiera sabía que existía el Espíritu Santo. Era “gente buena, gente de fe”, pero no conocía este don del Padre. Y cuando después Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas.

El Espíritu Santo mueve el corazón

En efecto, el Espíritu Santo mueve el corazón, tal como se lee en los Evangelios donde tantas personas – Nicodemo, la hemorroísa, la samaritana, la pecadora – se sienten impulsadas a acercarse a Jesús precisamente por el Espíritu SantoFrancisco invitó asimismo a preguntarse cuál es el lugar que el Espíritu Santo tiene en nuestra vida:

“¿Yo soy capaz de escucharlo? ¿Yo soy capaz de pedir inspiración antes de tomar una decisión o de decir una palabra o de hacer algo? ¿O mi corazón está tranquilo, sin emociones, un corazón fijo? Pero, algunos corazones, si nosotros hiciéramos un electrocardiograma espiritual tendrían un resultado lineal, sin emociones. También en los Evangelios están éstos. Pensemos en los Doctores de la Ley: eran creyentes en Dios, conocían todos los mandamientos, pero el corazón estaba cerradodetenido, no se dejaban inquietar”.

Dejarse interpelar por el Espíritu Santo, no a la fe ideológica

La exhortación central del Papa Francisco fue la de “dejarse inquietar”, es decir, dejarse interpelar por el Espíritu Santo que nos hace discernir y no tener una fe ideológica:

Dejarse inquietar por el Espírito Santo: “Eh, he oído esto… Pero, padre, ¿aquello es sentimentalismo?”. No, puede ser, pero no. Si tú vas por el camino justo no es sentimentalismo”. “He sentido las ganas de hacer esto, de ir a visitar a aquel enfermo, o de cambiar de vida o de dejar esto…”. Sentir y discernir: discernir lo que siente mi corazón, porque el Espíritu Santo es el maestro del discernimiento. Una persona que no tiene estos movimientos en su corazón, que no discierne lo que sucede, es una persona que tiene una fe fría, una fe ideológica. Su fe es una ideología. Eso es lo que sucede”.

Interrogarse acera de la propia relación con el Espíritu Santo

Era éste el “drama” de aquellos Doctores de la Ley que se enfadaban con Jesús. Por último, el Obispo de Roma exhortó a interrogarse acerca de la propia relación con el Espíritu Santo:

“¿Pido que me guíe por el camino que debo elegir en mi vida y también todos los días? ¿Pido que me dé la gracia de distinguir lo bueno de lo menos bueno? Porque lo bueno de lo malo se distingue inmediatamente. Pero está ese mal escondido que es el menos bueno, pero que tiene escondido el mal. ¿Pido esta gracia? Yo quisiera sembrar esta pregunta en su corazón”.

Sería necesario preguntarse – añadió el Papa Francisco – si tenemos un corazón inquieto porque está movido por el Espíritu Santo. El Pontífice invitó también a interrogarse cuando “nos llegan las ganas de hacer algo” si le| pedimos al Espíritu Santo que nos inspire, que “diga que sí o que no”, o si sólo hacemos “cálculos mentales”.

Y recordó que en el Apocalipsis de Juan comienza invitando a las “siete Iglesias” – las  siete diócesis de aquel tiempo –  a escuchar lo que el Espíritu Santo les dice. “Pidamos también nosotros esta gracia de escuchar lo que el Espíritu  Santo dice a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra parroquia, a nuestra familia” y a “cada uno de nosotros”,  finalizó el Papa. Pidamos “la gracia de aprender este lenguaje para escuchar al Espíritu Santo”.

 

Previsiones de la semana del 30 de mayo al 5 de junio

Una vista de la Plaza de San Pedro. - ANSA

29/05/2017 10:33

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 El martes 30 de mayo en las Catacumbas romanas de Domitila, a las 17.00 se presentarán las últimas restauraciones del nuevo Museo. Moderará este encuentro la Dra. Paloma García OvejeroVicedirectora de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. La introducción de este evento correrá a cargo del Cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra.

Ese día en Bruselas, Bélgica, se celebrará un Congreso sobre el tema: “Afrontar desde la raíz las causas de la migración”, para comprender lo que Europa puede hacer en este ámbito. Entre los relatores, participará Monseñor François-Xavier Maroy Rusengo, de la República Democrática del Congo.

El miércoles 31 de mayo, en que se recordará la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, el Papa Francisco celebrará, a partir de las 10.00 en la Plaza de San Pedro, su tradicional Audiencia General, ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, deseosos de escuchar su catequesis semanal, rezar por sus intenciones de Pastor de la Iglesia Universal y recibir su bendición apostólica.

Ese día en la ciudad italiana de Milán, se presentará, en la sede de la fundación “Corriere della Sera”, el nuevo libro del Cardenal Angelo ScolaArzobispo de esta arquidiócesis titulado: “¿Pos-cristianismo? El malestar y las esperanzas del Occidente”.

Del 31de mayo al 4 de junio en Roma, se llevarán a cabo las celebraciones por el “Jubileo de oro” de la Renovación Carismática en el mundo. Muchos de sus participantes asistirán a la Audiencia General del Papa Francisco mientras en los días siguientes tendrán la oportunidad de asistir a una de las Misas presididas por el Pontífice.

El jueves 1º de junio el Papa Francisco recibirá en Audiencia a los miembros de la Federación europea de las Asociaciones familiares católicas, con ocasión de los 20 años de su fundación.  En efecto, nacida en 1997, la Federación reúne a catorce países y está presente en el Consejo de Europa, en la Conferencia de las Organizaciones no gubernamentales internacionales y en la plataforma de la Unión Europea para los derechos fundamentales.

Ese día en la Ciudad del Vaticano se presentará el libro titulado: “Un sacerdote católico en el Estado Islámico. La historia del padre Ragheed Ganni”. La iniciativa es de Ayuda a la Iglesia Necesitada, con ocasión del 10º aniversario de la muerte del sacerdote iraquí asesinado el 3 de junio del año 2007 en Mosul. El volumen ha sido escrito por el padre Rebwar Audish Basa, amigo del sacerdote fallecido, que incluye, además, escritos y testimonios inéditos, y la presentación ha sido escrita por el Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien conoció al padre Ganni durante su mandato como Nuncio Apostólico en Iraq.

También el 1º de junio se presentará en Madrid, el informe anual de la actividad de la Iglesia católica elaborado por la Conferencia Episcopal Española. Intervendrá en la presentación el Cardenal Presidente Ricardo Blázquez Pérez.

El viernes 2 de junio Italia celebrará la Fiesta de la República.

Del 2 al 3 de junio en Roma, se llevarán a cabo diversos eventos celebrativos, en el Circo Máximo, con ocasión del “Jubileo de oro” de la Renovación en el Espíritu Santo. A las 20.45 el Cardenal Kevin Joseph FarrellPresidente del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida presidirá la celebración de la Santa Misa.

También se ha previsto una Vigilia de oración presidida por el Papa Franciscoel sábado 3 de junio a partir de las 18.00.

Ese día en Uganda se celebrará asimismo la “Jornada de los mártires ugandeses”. El tema de este año es “Firmes en la fe que se les ha enseñado”.

El 4 de junio, Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco presidirá la celebración de la Santa Misa a las 10.30 en la Basílica Vaticana. Y a mediodía rezará con los fieles y peregrinos que se darán cita en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Regina Coeli.

Ese día se celebrará asimismo la Jornada internacional de los niños inocentesvíctimas de agresiones instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1982, con el objetivo de “reconocer el dolor padecido por los niños en todo el mundo, víctimas de abusos físicos, psicológicos y emotivos”.

El lunes 5 de junio se celebrará la Jornada mundial del ambiente, que este año hospeda Canadá.

 

 

Pascua. 7ª semana. Martes: -Decenario al Espíritu Santo

EL DON DE PIEDAD

— Este don tiene como efecto propio el sentido de la filiación divina. Nos mueve a tratar a Dios con la ternura y el afecto de un buen hijo hacia su padre.

— Confianza filial en la oración. El don de piedad y la caridad.

— El espíritu de piedad hacia la Virgen Santísima, los santos, las almas del Purgatorio y nuestros padres. El respeto hacia las realidades creadas.

I. El sentido de la filiación divina, efecto del don de piedad, nos mueve a tratar a Dios con la ternura y el cariño de un buen hijo con su padre, y a los demás hombres como a hermanos que pertenecen a la misma familia.

El Antiguo Testamento manifiesta este don de múltiples formas, particularmente en la oración que constantemente el Pueblo elegido dirige a Dios: alabanza y petición; sentimientos de adoración ante la infinita grandeza divina; confidencias íntimas, en las que expone con toda sencillez al Padre celestial las alegrías y angustias, la esperanza... De modo particular encontramos en los salmos todos los sentimientos que embargan el alma en su trato confiado con el Señor.

Al llegar la plenitud de los tiempos, Jesucristo nos enseñó el tono adecuado en el que debemos dirigirnos a Dios. Cuando oréis habéis de decir: Padre...1. En todas las circunstancias de la vida debemos dirigirnos a Dios con esta filial confianza: Padre, Abba... En diversos lugares del Nuevo Testamento el Espíritu Santo ha querido dejarnos esta palabra aramea: abba, que era el apelativo cariñoso con que los niños hebreos se dirigían a sus padres. Este sentimiento define nuestra postura y encauza nuestra oración ante Dios. Él «no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias. Es un Padre que ama a sus hijos hasta el extremo de enviar al Verbo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que, encarnándose, muera por nosotros y nos redima. El mismo Padre amoroso que ahora nos atrae suavemente hacia Él, mediante la acción del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones»2.

Dios quiere que le tratemos con entera confianza, como hijos pequeños y necesitados. Toda nuestra piedad se alimenta de este hecho: somos hijos de Dios. Y el Espíritu Santo, mediante el don de piedad, nos enseña y nos facilita este trato confiado de un hijo con su Padre.

Mirad qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios, y lo somos3. «Parece como si después de las palabras que seamos llamados hijos de Dios, San Juan hubiera hecho una larga pausa, mientras su espíritu penetraba hondamente en la inmensidad del amor que el Padre nos ha dado, no limitándose a llamarnos simplemente hijos de Dios, sino haciéndonos sus hijos en el más auténtico sentido. Esto es lo que hace exclamar a San Juan: ¡y lo somos!»4. El Apóstol nos invita a considerar el inmenso bien de la filiación divina que recibimos con la gracia del Bautismo, y nos anima a secundar la acción del Espíritu Santo que nos impulsa a tratar a nuestro Padre Dios con inefable confianza y ternura.

II. Esta confianza filial se manifiesta particularmente en la oración que el mismo Espíritu suscita en nuestro corazón. Él ayuda nuestra flaqueza, pues no sabiendo siquiera qué hemos de pedir en nuestras oraciones, ni cómo conviene hacerlo, el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos que son inenarrables5. Gracias a estas mociones, podemos dirigirnos a Dios en el tono adecuado, en una oración rica y variada de matices, como es la vida. En ocasiones, hablaremos a nuestro Padre Dios en una queja familiar: ¿Por qué escondes tu rostro...?6; o le expondremos los deseos de una mayor santidad: a Ti te busco solícito, sedienta está mi alma, mi carne te desea como tierra árida, sedienta, sin aguas7; o nuestra unión con Él: fuera de Ti nada deseo sobre la tierra8; o la esperanza inconmovible en su misericordia: Tú eres mi Dios y mi Salvador, en Ti espero siempre9.

Este afecto filial del don de piedad se manifiesta también en rogar una y otra vez como hijos necesitados, hasta que se nos conceda lo que pedimos. En la oración, nuestra voluntad se identifica con la de nuestro Padre, que siempre quiere lo mejor para sus hijos. Esta confianza en la oración nos hace sentirnos seguros, firmes, audaces; aleja la angustia y la inquietud del que solo se apoya en sus propias fuerzas, y nos ayuda a estar serenos ante los obstáculos.

El cristiano que se deja mover por el espíritu de piedad entiende que nuestro Padre quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Todo lo tiene dispuesto para nuestro mayor bien. Por eso la felicidad está en ir conociendo lo que Dios quiere de nosotros en cada momento de nuestra vida y llevarlo a cabo sin dilaciones ni retrasos. De esta confianza en la paternidad divina nace la serenidad, porque sabemos que aun las cosas que parecían un mal irremediable contribuyen al bien de los que aman a Dios10. El Señor nos enseñará un día por qué fue conveniente aquella humillación, aquel desastre económico, aquella enfermedad...

Este don del Espíritu Santo permite que los deberes de justicia y la práctica de la caridad se realicen con prontitud y facilidad. Nos ayuda a ver a los demás hombres, con quienes convivimos y nos encontramos cada día, como hijos de Dios, criaturas que tienen un valor infinito porque Él los quiere con un amor sin límite y los ha redimido con la Sangre de su Hijo derramada en la Cruz. El don de piedad nos impulsa a tratar con inmenso respeto a quienes nos rodean, a compadecernos de sus necesidades y a tratar de remediarlas. Es más, el Espíritu Santo hace que en los demás veamos al mismo Cristo, a quien rendimos esos servicios y ayudas: en verdad os digo, siempre que lo hicisteis con algunos de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicisteis11.

La piedad hacia los demás nos lleva a juzgarlos siempre con benignidad, «que camina de la mano con un filial afecto a Dios, nuestro Padre común»12; nos dispone a perdonar con facilidad las posibles ofensas recibidas, aun las que nos pueden resultar más dolorosas. Así nos lo indicó el Señor: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen, orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace nacer su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos y pecadores13. Si el Señor se refiere aquí a ofensas graves, ¿cómo no vamos a perdonar y disculpar los pequeños roces que lleva consigo toda convivencia? El perdón generoso e incondicionado es un buen distintivo de los hijos de Dios.

III. Este don del Espíritu Santo nos mueve y nos facilita el amor filial a nuestra Madre del Cielo, a la que procuramos tratar con el más tierno afecto; la devoción a los ángeles y santos, particularmente a aquellos que ejercen un especial patrocinio sobre nosotros14; a las almas del Purgatorio, como almas queridas y necesitadas de nuestros sufragios; el amor al Papa, como Padre común de los cristianos... La virtud de la piedad, a la que perfecciona este don, inclina también a rendir honor y reverencia a las personas constituidas legítimamente en alguna autoridad, y en primer lugar a los padres.

La paternidad de la tierra viene a ser una participación y un reflejo de la de Dios, del cual proviene toda paternidad en el cielo y sobre la tierra15. «Ellos nos dieron la vida, y de ellos se sirvió el Altísimo para comunicarnos el alma y el entendimiento. Ellos nos instruyeron en la religión, en el trato humano y en la vida civil, y nos enseñaron a llevar una conducta íntegra y santa»16.

El sentido de la filiación divina nos impulsa a querer y a honrar cada vez mejor a nuestros padres, a respetar a los mayores (¡cómo premiará el Señor el cuidado de los que ya son ancianos!) y a las legítimas autoridades.

El don de piedad se extiende y llega más allá que los actos de la virtud de la religión17. El Espíritu Santo, mediante este don, impulsa todas las virtudes que de un modo u otro se relacionan con la justicia. Su campo de acción abarca nuestras relaciones con Dios, con los ángeles y con los hombres. Incluso con las cosas creadas, «consideradas como bienes familiares de la Casa de Dios»18; el don de piedad nos mueve a tratarlas con respeto por su relación con el Creador.

Movido por el Espíritu Santo, el cristiano lee con amor y veneración la Sagrada Escritura, que es como una carta que le envía su Padre desde el Cielo: «En los libros sagrados, el Padre, que está en el Cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos»19. Y trata con cariño las cosas santas, sobre todo las que pertenecen al culto divino.

Entre los frutos que el don de piedad produce en las almas dóciles a las gracias del Paráclito se encuentra la serenidad en todas las circunstancias; el abandono confiado en la Providencia, pues si Dios se cuida de todo lo creado, mucha más ternura manifestará con sus hijos20; la alegría, que es una característica propia de los hijos de Dios. «Que nadie lea tristeza ni dolor en tu cara, cuando difundes por el ambiente del mundo el aroma de tu sacrificio: los hijos de Dios han de ser siempre sembradores de paz y de alegría»21.

Si muchas veces cada día consideramos que somos hijos de Dios, el Espíritu Santo irá fomentando cada vez más ese trato filial y confiado con nuestro Padre del Cielo. La caridad con todos también facilitará el desarrollo de este don en nuestras almas.

1 Lc 11, 2. — 2 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 84. — 3 1 Jn 3, 1. — 4 B. Perquin, Abba, Padre, Rialp, Madrid 1986, p. 9. — 5 Rom 8, 26. — 6 Cfr. Sal 43, 25. — 7 Sal 62, 2. — 8 Sal 72, 25. — 9 Sal 24, 5. — 10 Cfr. Rom 8, 28. — 11 Mt 25, 40. — 12 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, 4ª ed., Madrid 1982, vol I, p. 191. — 13 Mt 5, 44-45. — 14 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 121. — 15 Ef 3, 15. — 16 Catecismo Romano, III, 5, 9. — 17 Cfr. M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 300. 18 Ibídem. — 19 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 21. 20 Cfr. Mt 6, 28. 21 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 59.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Haced lo que Él os diga”

En medio del júbilo de la fiesta, en Caná, sólo María advierte la falta de vino... Hasta los detalles más pequeños de servicio llega el alma si, como Ella, se vive apasionadamente pendiente del prójimo, por Dios. (Surco, 631)

Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino (cfr. Jn 2, 3). Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

—Haced lo que Él os diga (Jn 2, 5).

Implete hydrias (Ioann. II, 7), llenad las vasijas, y el milagro viene. Así, con esa sencillez. Todo ordinario. Aquellos cumplían su oficio. El agua estaba al alcance de la mano. Y es la primera manifestación de la Divinidad del Señor. Lo más vulgar se convierte en extraordinario, en sobrenatural, cuando tenemos la buena voluntad de atender a lo que Dios nos pide.

Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!...

Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos (Jn 2, 11). Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

— ¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea! (Santo Rosario, 2º Misterio luminoso).

 

 

«Lo que recibes de Dios es gratis y debes darlo gratis»

Vivian es una joven de Malasia, que ha recibido el bautismo de manos del Papa Francisco.

En primera persona 29 de Mayo de 2017

 

Papa Francisco: Vivian Francesca, ¿quieres recibir el bautismo en la fe de la Iglesia que todos juntos hemos profesado?
Vivian: Sí, quiero.
- Hola, soy Vivian, de Malasia. Estoy muy emocionada y muy feliz, porque soy una de las que serán bautizadas por el Papa mañana por la noche durante la Vigilia Pascual.
Papa Francisco: Vivian Francesca, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

ivian con dos amigas en la Plaza de san Pedro.

Vivian con dos amigas en la Plaza de san Pedro.

- El año pasado tuve la oportunidad de venir a Roma en Semana Santa.
El domingo de Pascua tuvimos la suerte de estar cerca del Papa. Pasó cerca de nosotros, muy cerca, y en ese momento sentí algo en mi corazón y me di cuenta de que él es realmente el representante de Jesús en la tierra.
En ese momento empecé a pensar en mi bautismo. Antes de esto, yo era un persona muy normal, con una vida normal, pero la religión no tenía un impacto en mi vida. Nunca pensaba en Dios, no lo conocía. Nunca había estado en mi vida.

 

Pero en 2015 aproveché la ocasión de participar en un "training program" en el centro del Opus Dei de Malasia, allí conocí la fe y poco a poco comencé a pensar que la fe y lo que había aprendido debía ser verdad.
A través de la formación que he recibido en estos dos años he aprendido que lo que recibes de Dios es gratis y que tienes que darlo también a otras personas. Rezo para que cada uno pueda recibir lo que estoy recibiendo ahora

 

«¿Entiendes lo que lees?»: respirar con la Sagrada Escritura (I)

La Sagrada Escritura está llamada a ocupar un lugar central en la vida interior de cada cristiano. Este editorial, en dos entregas, propone algunas líneas para seguir descubriéndola.

Otros 29 de Mayo de 2017

pus Dei - «¿Entiendes lo que lees?»: respirar con la Sagrada Escritura (I)

Al relatar los primeros compases de la expansión de la joven Iglesia desde Jerusalén, san Lucas nos introduce en el carruaje de un funcionario etíope, encargado de la administración del patrimonio del reino de Nubia, al sur de Egipto, que había ido a Jerusalén para adorar al Dios de Israel (cfr. Hch 8, 27-28). Ya de regreso a su tierra, este peregrino leía a Isaías, aunque sin entender el texto del profeta. Dios mueve entonces al diácono Felipe para que intervenga (cfr. Hch 8,26.29): «Corrió Felipe a su lado y oyó que leía al profeta Isaías. Entonces le dijo: –¿Entiendes lo que lees? Él respondió: –¿Cómo lo voy a entender si no me lo explica alguien? Rogó entonces a Felipe que subiera y se sentase junto a él» (Hch 8,30-31). El superintendente del tesoro de la reina de Etiopía se había detenido en aquellas palabras proféticas: «Como oveja fue llevado al matadero… (Is 53,7-8). Felipe, comenzando por este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús» (Hch 8,35) y, tras bautizarlo en una fuente junto al camino, lo confió a la acción misteriosa del Espíritu Santo, que le había traído hasta esta alma «sedienta de Dios, del Dios vivo» (Sal 42 [41],3).

En esta conversación, comenta San Jerónimo en una carta, Felipe muestra a su interlocutor a «Jesús que estaba oculto y como aprisionado en la letra»[1]. Sirviéndose de la guía y las explicaciones de los creyentes, la Escritura actúa poderosamente, como «una espada de doble filo» (Hb 4,12), en el alma de quien se acerca a ella. Felipe desvela, libera la figura del Señor ante los ojos de quien no entendía nada. También nosotros, escribe el Papa Francisco en su carta apostólica Misericordia et misera, estamos llamados a «ser instrumentos vivos de la transmisión de la Palabra»[2], de modo que sean muchos los hombres y mujeres que perciban «la atracción de Jesucristo»[3].

 

La Tradición, mirada de fe

En el mundo hebreo, la Sagrada Escritura tenía un papel de primer orden: el culto en las sinagogas, que alimentaba la piedad de los judíos durante el año, giraba en torno a la lectura de la Torah y de los profetas y el rezo cantado de los Salmos[4]. Con todo, las Escrituras de Israel eran plasmación de una tradición oral: los autores inspirados pusieron por escrito enseñanzas de patriarcas y profetas. Y esta tradición no solo precedía a las Escrituras, sino que acompañaba su lectura, como una mirada penetrante por la que los justos –quienes buscan al Señor[5]– podían reconocer, o al menos atisbar, su sentido.

La Tradición es la mirada a la Escritura desde la fe de la Iglesia; una mirada viva, porque está guiada por el Espíritu Santo.

Así sucede también en la Iglesia, nuevo pueblo de Israel: la Tradición precede a la Escritura, empezando por el hecho mismo de que es la Iglesia quien nos dice cuáles son las Escrituras sagradas[6]. «No creería en el Evangelio –escribía san Agustín– si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica»[7]. En este sentido, es célebre un momento de los trabajos del Concilio de Trento. Cuenta el diario de uno de los presentes cómo se desestimó, en una de las sesiones, la opinión de que el evangelio según san Juan fuera digno de fe por ser san Juan su autor: el evangelio es digno de fe, se concluyó, porque lo ha recibido la Iglesia[8]. Pero el papel de la Tradición no se limita a esa tarea de definición del canon, sino a un constante discernimiento, en el que la Iglesia cuenta con la luz del Espíritu Santo. «Todavía tengo que deciros muchas cosas, dice Jesús al final de su vida en la tierra, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad» (Jn 16,12-13).

La Tradición, pues, es inseparable de la Escritura, como es inseparable la mirada de lo que se percibe. Hay miradas que ven ciertas cosas, y otras que no: ante un edificio, por ejemplo, un arquitecto ve detalles que a otros les pasan desapercibidos; ante un pequeño suceso que a muchos les parece ordinario, el poeta y el artista se conmueven. La Tradición es la mirada a la Escritura desde la fe de la Iglesia; una mirada viva, porque está guiada por el Espíritu Santo; una mirada certera, porque solo desde el seno de la Iglesia se puede comprender la Palabra de Dios en su verdadero alcance. Como Jesús hacía con los discípulos camino de Emaús, el Espíritu Santo hace arder el corazón de la Iglesia, y de cada cristiano, mientras nos explica las Escrituras (cfr. Lc 24,32). La Palabra de Dios es una Palabra que atraviesa los siglos –«el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24,35)–, y necesita de un lector que atraviese también los siglos: el Pueblo de Dios que camina en la historia. Por eso, a fin de cuentas, decía San Hilario que «la Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos»[9].

 

Una lectura que escucha

«Por medio de la Sagrada Escritura, que se mantiene viva gracias a la fe de la Iglesia, el Señor continúa hablando a su Esposa y le indica los caminos a seguir, para que el Evangelio de la salvación llegue a todos»[10]. El anuncio de la Palabra de Dios cobra una fuerza particular cuando se la lee en la asamblea litúrgica. Impresiona la narración, llena de detalles, de la solemne lectura de la Torah por parte de Esdras, el escriba (cfr. Ne 8,1-12). En ese momento, la mayor parte del pueblo ha vuelto de Babilonia, y recibe la Palabra de Dios con una emoción contenida durante décadas de exilio: «¿Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extraña? Si me olvido de ti, Jerusalén –se decían los exiliados–, que se me paralice mi diestra; que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti» (Sal 137 [136], 4-6). Con esa disposición, y al oír de nuevo la Ley de Dios, llora la multitud, porque perciben la distancia entre su vida y los mandamientos del Señor. Pero Esdras, que lee, y los levitas, dicen a todos: «¡Hoy es un día santo para el Señor, vuestro Dios! No os lamentéis ni lloréis» (Ne 8,9).

Como Jesús hacía con los discípulos camino de Emaús, el Espíritu Santo hace arder el corazón de la Iglesia, y de cada cristiano, mientras nos explica las Escrituras.

Jesucristo leerá en la sinagoga de Nazaret al profeta Isaías, que anuncia su llegada: «El Espíritu del Señor está sobre mí (…); me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos» (Lc 4,18). A la vuelta de veinte siglos, la Escritura sigue hablando del presente y al presente, como esa vez en Nazaret: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21; cfr. Is 61,1). Cada día, y en especial cada domingo, «la Palabra de Dios es proclamada en la comunidad cristiana para que el día del Señor se ilumine con la luz que proviene del misterio pascual (…). Dios sigue hablando hoy con nosotros como sus amigos, se “entretiene” con nosotros, para ofrecernos su compañía y mostrarnos el sendero de la vida. Su Palabra se hace intérprete de nuestras peticiones y preocupaciones, y es también respuesta fecunda para que podamos experimentar concretamente su cercanía»[11].

Cuando esta convicción se hace fuerte, se cuida con esmero la Liturgia de la Palabra en la Santa Misa. Hablando del modo de proclamar la Palabra de Dios, san Josemaría daba a sus hijos sacerdotes orientaciones llenas de sentido común y de amor de Dios. Les animaba a leer «dando sentido», que no significa «hacerlo enfáticamente, ni declamando, sino marcando bien las pausas necesarias; como cuando se lee un texto para tres o cuatro personas que están escuchando. Por eso convendrá que hagáis un poco de ejercicio leyendo una epístola, un evangelio, un prefacio…»[12] Son consejos también para todos los que intervienen en la liturgia de la Palabra, porque la Escritura pide esas atenciones de parte de todos: no se lee, pues, como si se tratase de un texto ajeno, o de una simple información a transmitir, sino desde un corazón caldeado por el cariño, por la escucha atenta, por el hambre de saciarse de toda palabra que procede de la boca de Dios (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3). Por eso «el sursum corda, una antiquísima fórmula de la liturgia, ya debería ser antes del Prefacio, antes de la liturgia, el “camino” de nuestro hablar y pensar. Debemos elevar nuestro corazón al Señor no solo como una respuesta ritual, sino como expresión de lo que sucede en este corazón que se eleva y arrastra hacia arriba a los demás»[13].

Para comprender la Escritura

«La Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor»[14]. La Escritura suscita un pensamiento vivo y personal, lleno de admiración; no anula nuestra inteligencia, sino que la solicita y la ilumina: «antorcha es tu palabra ante mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119 [118],105); ella da al mundo y a las cosas su verdadera dimensión, contrarrestando la miopía con la que el pecado desdibuja la realidad. La Palabra de Dios «entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón» (Hb 4,12). Por eso, quien conoce y medita la Biblia, aunque cuente solo con una preparación académica modesta, tiene la sabiduría que otros quizá no encuentran en sus estudios. «Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos» (Jn 9,39).

Quien conoce y medita la Biblia, aunque cuente solo con una preparación académica modesta, tiene la sabiduría que otros quizá no encuentran en sus estudios.

Los acontecimientos narrados en la Biblia tienen, desde la fe, un sentido que trasciende la categoría de los simples hechos históricos: a través de las acciones y las vicisitudes del Pueblo de Dios, se trata sobre todo de lo que el Señor obra en él y por él; nuestra Madre lo expresa con nitidez: «ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo» (Lc 1,49). También los sucesos de la historia del mundo, y de nuestra historia personal, encuentran luz en la Escritura: «No hay ante ella criatura invisible, sino que todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuenta» (Hb 4,13). La Palabra de Dios envuelve e ilumina nuestra vida; por eso la oración y el apostolado encuentran en ella su medio natural.

Sin embargo, el medio natural no es siempre el de más sencillo acceso: aunque Dios nos ha creado para vivir con Él, «el camino que conduce a la vida» es estrecho (cfr. Mt 7,14). No debería extrañarnos que a veces algunos pasajes de la Escritura nos puedan resultar oscuros o difíciles. Benedicto XVI contaba en una ocasión que un amigo suyo, «tras haber escuchado predicaciones con largas reflexiones antropológicas para llegar juntos al Evangelio, decía: A mí no me interesan estas consideraciones; yo quiero entender lo que dice el Evangelio». Y apostillaba el Papa: «Me parece que, a menudo, en lugar de largas reflexiones, sería mejor decir (…): este Evangelio no nos gusta, somos contrarios a lo que dice el Señor. ¿Pero qué quiere decir? Si yo digo sinceramente que a primera vista no estoy de acuerdo, ya hemos puesto atención: se ve que yo quisiera, como hombre de hoy, entender lo que dice el Señor. Así podemos entrar de lleno en el núcleo de la Palabra»[15].

Si, como sostienen los neurólogos, apenas utilizamos un pequeño porcentaje de las capacidades de nuestro cerebro, se puede decir análogamente que la Escritura está dotada de una riqueza y una profundidad inagotables: «en todo lo perfecto he visto límite, pero tu mandamiento es infinito» (Sal 119 [118], 96). Por eso ya los Padres de la Iglesia distinguían varios sentidos en un mismo texto; más tarde, en época medieval, se desarrolló y consolidó la doctrina de los cuatro sentidos de la Escritura: literal, alegórico, moral y anagógico. El sentido literal, fundamento de todos los demás[16], no se reduce al significado directo que las palabras tienen para el lector: es necesario comprenderlo en el contexto de la época en que fue escrito para evitar lecturas aparentemente fieles pero distorsionadas. A su vez, la articulación de este sentido con los demás requiere con frecuencia la orientación de un lector experto, con el conocimiento que da el estudio. Por eso resultan muy útiles, y a veces imprescindibles, las ediciones de la Escritura que cuentan con buenas introducciones y notas de comentarios, así como otros libros de teología bíblica y de comentario de la Biblia. Los índices de citas de la Sagrada Escritura que se recogen al final de muchos de estos libros, y en particular en el Catecismo de la Iglesia Católica, permiten aproximarse a los diversos pasajes con más profundidad[17].

La Escritura quiere ser leída desde un corazón caldeado por el cariño, por la escucha atenta, por el hambre de saciarse de toda palabra que procede de la boca de Dios (Mt 4,4)

En la Sagrada Escritura ningún texto se puede aislar del conjunto, que tiene su unidad en el Verbo de Dios. «En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios, del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua»[18]. El Nuevo Testamento se lee por eso a la luz del Antiguo, y el Antiguo teniendo a Cristo como clave de interpretación, según la famosa fórmula de san Agustín: el Nuevo está escondido en el Antiguo, y el Antiguo se manifiesta en el Nuevo; Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet[19]. Escribe Santo Tomás de Aquino que el corazón de Jesús «estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías»[20]. Por eso, cuando el Resucitado se aparece a los discípulos, escribe san Lucas que «les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras» (Lc 24,45). Así hace también Jesús con nosotros, cuando dejamos que nos acompañe en el camino de nuestra vida, por nuestra escucha atenta, por nuestra búsqueda sincera; de la mano de los santos, y de tantos hermanos en la fe, hallamos en la Escritura «la voz, el gesto, la figura amabilísima de nuestro Jesús»[21].

Texto: Guillaume Derville

Foto: thoroughlyreviewed.com

 

[1] San Jerónimo, Epist. 53, 5 (PL 22, 544).

[2] Francisco, Carta ap. Misericordia et misera, 20-XI-2016, 7.

[3] San Josemaría, notas de una meditación, 1-IV-1962, en En diálogo con el Señor, 46 (AGP, biblioteca, P09).

[4] La Torah (en hebreo, “instrucción, enseñanza, ley”) es el corazón de la Biblia Hebrea, y está compuesta por los libros del Pentateuco (en griego, “cinco estuches”): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

[5] Se trata de una expresión repetida por los salmos; cfr., por ejemplo, Sal 9,11; 40 [39],17; 70 [69],5.

[6] Cfr. Concilio de Trento, Sesión IV (8-IV-1546), DS 1501-1504.

[7] San Agustín, Contra epistulam Manichaei quam vocant fundamenti, 5, 6 (PL 42, 176), citado en Catecismo de la Iglesia Católica, 119.

[8] «Ait enim Cavensis episcopus: Evangelio Ioannis non credo, quia ab ecclesia sit receptum, sed quia Ioannis est. Cui hoc esse haereticum responsum est»: Concilio de Trento, Diariorum, Actorum, Epistularum, Tractatuum nova Collectio, Herder, Friburgo 1901, vol. 1, 480.

[9] San Hilario de Poitiers, Liber ad Constantium Imperatorem, 9 (PL 10, 570).

[10] Francisco, Misericordia et misera, 7.

[11] Francisco, Misericordia et misera, 6.

[12] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 12-II-1956, en Crónica, II-1993, 195s. (AGP, Biblioteca, P01).

[13] Benedicto XVI, Discurso, 31-VIII-2006.

[14] Francisco, Misericordia et misera, 7.

[15] Benedicto XVI, Discurso, 26-II-2009.

[16] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 1, a. 10, ad 1.

[17] Por otro lado, según la voz autorizada de quien coordinó los trabajos de elaboración del Catecismo, los nn. 101-104 constituyen una breve summa metodológica para una auténtica lectura teológica de la Escritura. Cf. J. Ratzinger, ¿El Catecismo de la Iglesia católica está a la altura de la época? Meditaciones diez años después de su promulgación, en Caminos de Jesucristo, Ediciones cristiandad, Madrid 2004, p. 144.

[18] Catecismo de la Iglesia Católica, 112 (cfr. cfr. Lc 24,25-27.44-46; Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum, 12).

[19] San Agustín, Quaestiones in Heptateuchum, 2, 73 (PL 34, 623).

[20] Santo Tomás de Aquino, Expositio in Psalmos 21, 11 (citado en Catecismo de la Iglesia Católica, 112).

[21] Javier Echevarría, “Introducción” a Mientras nos hablaba en el camino, 17 (AGP, biblioteca, P18). 

 

 

Podríamos confluir todos en la grandeza de corazón

Escrito por Pablo Cabellos Llorente

Publicado: 30 Mayo 2017

He tenido la fortuna de ser testigo de ese modo de ser en el que todos caben, incluidos los que piensan de modo diverso incluso en temas graves

Una historia enternecedora ha sido recogida en los medios de comunicación y también por las redes sociales. El pasado uno de febrero Nolan Scully fallecía en los brazos de su madre, con cuatro años de edad. Fue una dura batalla contra el cáncer, más dura si cabe por la corta edad y el tremendo sufrimiento que hubo de padecer. Después de un tiempo, la madre ha publicado en su muro de Facebook la última conversación sostenida con el pequeño Nolan. Destacan unas palabras que dirigió a su madre: “Me iré al cielo y jugaré hasta que llegues”. Quizá podamos fijarnos más en la crueldad de una vida segada tan pronto, tal vez logremos usar la historia contra un Dios que permite estos sucesos. Pienso que esas actitudes serían propias de un corazón ruin, pequeño, que intenta explicar lo inexplicable.

La magnanimidad que han mostrado madre e hijo no es muy habitual, o tal vez sí porque hay muchos héroes anónimos que no dan importancia a su modo de ser y actuar. La madre de Nolan ha hecho pública esa última conversación tras pensar que era importante y decidir que podría hacer bien a muchas gentes. En la Ética a Nicómaco, escribió el gran Aristóteles: El magnánimo parece ser el hombre que se siente digno de las cosas más grandes, y lo es en efecto; porque el que tiene esta alta estimación de sí mismo sin merecerla es un insensato; y un corazón conforme a la virtud no es insensato ni irracional. El magnánimo es, pues, lo que se acaba de decir. El que tiene poco valor personal y lo reconoce él mismo, no pretendiendo sino las cosas que están a su alcance, puede ser muy bien un hombre entendido y modesto, pero nunca un corazón magnánimo. La magnanimidad supone siempre lo grande, como la belleza, que sólo se encuentra en un cuerpo grande; porque los hombres pequeños pueden ser elegantes y bien hechos, pero no bellos.

Magnanimidad: ánimo grande, alma amplia en la que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo egoísta, ni la trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. No se conforma con dar: se da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a Dios. Así escribía San Josemaría. He tenido la fortuna de ser testigo de ese modo de ser en el que todos caben, incluidos los que piensan de modo diverso incluso en temas graves. Ahí es donde pienso que podemos confluir: en la grandeza de corazón, absolutamente alejada de la chinchorrería, el arribismo, o de un corazón lastrado por el prejuicio. El que peca por defecto en esta materia, tiene un alma sin grandeza, un alma pequeña; y el que, por el contrario, peca por exceso, es un vanidoso.

No sin razón, el DRAE la define como generosidad y grandeza de espíritu. No estoy pensando solamente en la vida política −aunque ahí se hace más visible−, sino en toda la vida social que, por principio, es relacional. Monseñor Fernando Ocáriz ha subrayado recientemente la urgencia que todos tenemos de agrandar el corazón, para que entren en él todas las necesidades, los dolores, los sufrimientos de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los más débiles, refiriéndose a los diversos rostros de la pobreza: enfermos y ancianos abandonados, los refugiados, la miseria en la que vive buena parte de la humanidad como consecuencia de injusticias que claman al Cielo. Nada de esto puede resultarnos indiferente.

Aunque la referencia no entre en el ámbito de la cultura −o tal vez, sí−, María Dolores Pradera, a quien seguí mucho en mi juventud, cantando casi siempre al amor perdido, vocalizaba esta letra: no tienes corazón, tu amor no vale nada. Es cierto que la integridad humana no está forjada solamente de sentimiento, sino que es capital la inteligencia, la voluntad y las relaciones con los demás. Es más, la magnanimidad, la grandeza de corazón demanda todos los restantes aspectos citados, para evitar un sentimentalismo estéril. Sin embargo, insisto en que podríamos confluir en la grandeza del corazón. En cierta ocasión leí que en una espada toledana estaba grabado algo que le decía a su dueño: no te fíes de mí si te falta corazón. Se supone que era fortaleza para herir o matar, algo de lo que aquí no se trata. La moraleja es obvia

La virtud es fortalecimiento de la voluntad para el bien. Será vicio si la voluntad se refuerza para el mal. Podemos hablar de virtudes físicas, intelectuales o morales. Aquí se situaría la grandeza del corazón. Su libre ejercicio ensancha la misma libertad. El desprestigio intelectual de la virtud (Nietzsche) ha cedido el paso a la recuperación de los planteamientos clásicos hacia ella, como escribió con gran acierto A. MacIntyre. Quizá deberíamos pensarlo.

Pablo Cabellos Llorente, en lasprovincias.es.

 

La escucha que sana

Escuchar al otro es un servicio que los cristianos debemos practicar

Por: Salvador Casadevall 

José Carlos Bermejo es el autor del libro Apuntes de relación de ayuda.
En él, el autor opina que ser escuchados es una necesidad vital que humaniza, no sólo al que habla, sino al que escucha.

La autentica escucha es un acto de amor que cura y ayuda a superar las dificultades, motivándonos mutuamente.

Es frecuente que personas que me escuchan en mi programa de radio: Reflexiones desde la familia... para acompañar a vivir, me llamen preguntándome dónde tengo el consultorio. Cuando les digo que no tengo ningún consultorio, se muestran extrañados, preguntándome:

--- ¿Usted no es psicólogo?
--- No, no soy psicólogo, simplemente soy un esposo y padre de familia que juntamente con mi esposa Lidia hace más de cincuenta años que participamos activamente en la pastoral para la familia dentro del Movimiento Familiar Cristiano.
Mis reflexiones no son otra cosa que la experiencia vivida dentro de la pastoral familiar.

--- ¿Cómo podemos hacer para hablar con usted?
--- Y ......vengan a casa.

Así fue como tiempo atrás apareció un matrimonio a las diez de la noche y se fueron a las dos de la madrugada.

En esas cuatro horas largas, hablaron ellos, se hablaron ellos. Yo no hice otra cosa que escucharlos. Yo era una especie de espectador.
Media docena de situaciones eran lo que hacía años les complicaba la vida.

Se las señalé y les indiqué lo que a mi criterio debían hacer. No eran cosas muy complicadas para ser entendidas, la dificultad estaba en que debían poner voluntad en dejarlas de hacer u otras tenían que poner voluntad para hacerlas.
Nada más he sabido de ellos y ya hace mucho tiempo que pasaron por casa.

Recientemente también Catalina, una de mis amantes......del programa, sintió la necesidad de venir a verme. También a igual que el matrimonio lo que tenía era la necesidad de hablar y ser escuchada. Poco fue lo que le tuve que decir. Su necesidad principal era que alguien la escuchara.

Escuchar al otro es un servicio que los cristianos debemos practicar. Es una forma de salir al paso del que necesita, es una forma de brindar cariño hacía los demás, demostrando interés por lo que el otro vive, siente y necesita.

“Es una necesidad vital”, nos dice Bermejo en el libro, “quien no se siente escuchado se siente solo, aunque esté en compañía: se siente excluido, no interesante para los demás.

Muchas personas necesitan ser escuchadas para sanar su mente, para sanar su corazón y su espíritu, porque, hasta que no nos confiamos a otras personas, podemos vivir encerrados en nuestros sufrimientos”.

“La palabra tiene un gran poder, pero debe nacer de una verdadera escucha.
La palabra puede confortar, aliviar, sostener, liberar, estimular, motivar: como puede también herir, hundir, humillar, matar.
La palabra que está llena de bondad siempre sana.”

“Hay que partir siempre de la aceptación de la persona, que no quiere decir aprobación de la conducta. Uno puede aceptar a una persona incondicionalmente con voluntad de ayudarle, creyendo en él y en sus posibilidades de mejorar y crecer, aunque la conducta que haya tenido o esté teniendo sea absolutamente reprobable.”

En lo más profundo del corazón del hombre se inscriben el deseo y la nostalgia de Dios. En toda persona que necesita ser escuchada hay mucho de este deseo de florecer cosas que están ahí, que están en lo profundo de su corazón y en esa profundidad siempre hay algo de Dios que necesita florecer.

Al principio de sus Confesiones, san Agustín da testimonio del carácter imperioso de ese deseo; Nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.

Alessandra di Rudini que vivió una vida llena de altibajos y que llegó a fundar varios conventos carmelitas en Francia e Italia cuando reflexiona sobre su vida pasada desde los ojos de Sor María de Jesús, su nuevo nombre de monja, nos deja dicho: No existe peor dolor que el del alma que busca y no consigue alcanzar la verdad.

Consciente de la dificultad que sienten las personas que buscan la verdad, que buscan ser escuchadas, el Papa Juan Pablo II escribía: Ante tales cometidos lo más urgente hoy es llegar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido último y definitivo de la existencia.

En la búsqueda de la Verdad es necesario la humildad. Cuando uno vive bamboleándose por las inestables mareas de la duda, Monseñor Serenelli recomienda: La fe pura y luminosa no es fruto de razonamientos humanos, sino un don de Dios.....en consecuencia, pidámosle al Señor el don de esa fe.

Cuando imaginas que puedes resolver por ti mismo, crisis que acompañarán tu vida, pretendiendo alcanzar la fe por tus propias fuerzas, no olvides que la fe es un don de Dios: porque separados de mí no podéis hacer nada, nos dice Jesús.

Y los que escuchamos no olvidemos que de alguna manera Dios nos puso ahí y nos puso ahí para escuchar y comprender.

Comentarios al autor:salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

 

ESCUELA PARA PADRES:Los nuevos SíSí, que Sí estudian y Sí trabajan.

Editado el 29 de Mayo del 2012

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Estos SíSí, jóvenes y mayores, son los que trabajan y además estudian, opuestos a los NiNi, que ni estudian, ni trabajan. Son los nuevos modelos de comportamiento social. Para esta élite, hay un plus de esfuerzo y un plus de recompensa, por adecuar sus perfiles profesionales, a las necesidades de las empresas.

Sorprende que hoy en día, trabajar sea un privilegio que conlleva la necesidad, y en muchos casos la obligación, de seguir estudiando, para estar al día y así poder mantener el trabajo. Ese privilegio puede perderse en cualquier momento, basta con que el empresario, decida que necesita que el trabajador tenga los conocimientos profesionales más actualizados, o que contraten a otro trabajador más puesto al día.

Casi todos los trabajos, cambian continuamente dentro de un proceso de mejora, hacia la automatización. El que no se adapta a las nuevas técnicas, se queda retrasado y tiene muchas probabilidades, de perder el privilegio de trabajar. A plazo medio, y para muchas profesiones, valdrán más los certificados profesionales, que algunas de las carreras genéricas.

La mayoría de los fracasos profesionales, son consecuencia de querer retrasar, por pereza o ignorancia, el momento de las oportunidades, que se buscan o se presentan. La suerte es la meta, el lugar donde la inspiración, la preparación y la dedicación, se juntan con la oportunidad.

Los triunfadores a medio y corto plazo, están llevando a la práctica un nuevo concepto de vida, duro pero muy rentable. Ya no se puede trabajar, sin tener un proyecto de formación profesional continua. No tenerlo  es muy peligroso, de muy poca visión del futuro y puede suponer un suicidio profesional.

También es peligros el estar estudiando y no intentar trabajar a la misma vez, compaginando los estudios con algún trabajo, remunerado o no, que esté relacionado con los propios estudios, para que pueda ayudar a alcanzar la profesión que se quiere adquirir.

Las excepciones a esta dualidad pueden ser: A) Ser heredero de una sólida fortuna. B) Tener la capacidad de trabajar, pero no la de seguir formándose. C) No tener aspiraciones de mejora profesional. D) No temer a perder los ascensos. E) No importar el despido.

Antes la discusión era que, si una vez conseguido un trabajo, ya no era necesario formarse más, pues el trabajo era para toda la vida. Pero hemos entrado en la nueva era del trabajo, más el aprendizaje continuado, para mantener el empleo y poder ascender y prosperar.

En muchos trabajos actuales y cada vez más en el futuro inmediato, se trabajará por horas, días, semanas, proyectos concretos, etc. Sin contratos laborales, solamente con contratos mercantiles, donde los trabajadores pagarán sus propios seguros, pensiones, etc. Es la época de decir adiós al empleo fijo y tiempo completo, pues ha llegado a sustituirlo el trabajo temporal, fijo – discontinuo, el de los contratistas independientes y el de los auto-empleados.

¿Qué es lo que hay que seguir estudiando? Lo que el mercado condicione, lo que la capacidad personal considere aceptables y lo que se vea, que puede producir mejores oportunidades profesionales. Muchos de estos estudios, pueden ser realizados en línea a través del Internet, desde cualquier parte del mundo, seleccionando los que ofrezcan los estudios más cualificados, sin ser obligatorio el tener que asistir a la universidad presencial.

Continuamente la ciencia crea nuevos conceptos y servicios, y las empresas se adaptan a ellos. Los cambios de profesiones, empresas, ciudades y países, están a la orden del día. Las estadísticas sobre la movilidad profesional, lo indican.

Las empresas están aumentando la demanda de modernos tipos de perfiles profesionales, que hoy todavía, algunos ni se han diseñado, aunque seguramente no los van a poder cubrir completamente, ante la falta de candidatos bien formados. La demanda de trabajos especiales, está muy por encima de la oferta.

El desajuste existente, entre las necesidades empresariales y la oferta profesional del mercado laboral, hace que cada vez, sean más los profesionales que deciden continuar con su formación, para no quedarse fuera del mercado de trabajo.

La tecnología avanza y se desarrolla muy rápidamente, y las empresas que no se adapten a esos avances, sucumbirán, y con ellas los empleados que no hayan sabido saltar del barco, antes de su hundimiento, porque no estaban preparados profesionalmente. Además, al quedarse sin empleo y no tener los nuevos conocimientos, se quedaran fuera del mercado laboral.

Este diferencial, existente entre las necesidades empresariales y la oferta profesional del mercado laboral, se ha traducido en un aumento notable de profesionales que, a pesar de disponer de un empleo, están estudiando para obtener las habilidades que demanda el mercado.

Hay organizaciones, como la ONG www.genesyswork.com que se encargan de formar, a los jóvenes estudiantes calificados de los últimos cursos, para que conozcan cómo es el trabajo en las empresas, lo que les permitirá disminuir el choque, entre la vida escolar y la profesional. También negocia con las empresas, para que les faciliten un trabajo a tiempo parcial a los estudiantes, de forma que pueda combinar, después del horario de trabajo, la asistencia a los estudios en la universidad. Así aprenden a compaginar el trabajo con los estudios y los estudios con el trabajo.

Hay que querer, apasionarse y desear trabajar, estando continuamente, formándose profesionalmente cara al futuro, pues “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

13 Conceptos que debo analizar con expertos, antes de empezar la formación profesional, continúa: 

  1. Conocer y examinar en el mercado laboral, las tendencias o proyecciones hacia las nuevas profesiones o hacia variantes de las mismas, relacionadas con mi trabajo, conocimientos y estudios realizados.
  2. Analizar lo que se quiere, lo que se puede y lo que se debe estudiar, mientras se trabaja, sin descartar una nueva avenida formativa, diferente a la que se ha empezado. Ejemplo: Un abogado que después estudia ingeniería, para especializarse en patentes industriales.
  3. Examinar rigurosamente el pasado, el presente y posible futuro profesional y personal, junto a las obligaciones familiares.
  4. Considerar y sopesar, los factores con los que hay que enfrentarse: El tiempo y costos necesarios que hay que invertir, para conseguir determinada formación. La movilidad geográfica. El retorno a la inversión que haya que hacer, en los nuevos estudios. La posible calidad de vida. El lucro cesante, durante el periodo de formación.
  5. Investigar si la formación profesional que se necesita adquirir, se puede obtener en línea o en un centro presencial, para tratar de conseguir la mejor compatibilidad con el tiempo libre. Sus costos y duración.
  6. Estudiar cuales son los sectores relacionados, con la profesión que haya más demanda y mejor pagada.
  7. Evaluar si se está sufriendo acoso laboral (bullying), motivado por la propia ignorancia profesional, que impide seguir las normas y los procesos de la empresa, lo que dificultan el trabajo en equipo.
  8. Examinar las capacidades personales y entorno familiar, para crear un negocio propio.
  9. Asesorarse de los profesionales especializados en la formación continua, sobre la propia situación laboral y formación. Los cazadores de talentos (Head Hunters), son los profesionales adecuados para empezar las consultas.
  10. Consultar a los expertos, si tiene futuro el trabajo que realizo en la empresa, o si necesita adaptarse al mercado, y si el futuro de ese trabajo, quedará obsoleto a plazo medio o largo.
  11. Averiguar con los expertos, si mis actuales estudios, están bien desarrollados en el trabajo que realizo, cuál es la actualización necesaria o si están infrautilizados.
  12. Reconocer mis capacidades personales de adaptación, a las posibles nuevas realidades.
  13. Estudiar con los profesionales, si con mis actuales conocimientos, ya he llegado al techo de mis posibilidades en la empresa y si para ascender, debería cambiar de sector, industria, actividad profesional o añadirle algunos conocimientos complementarios.
  14. Hay que reconocer las propias fortalezas y debilidades, a través del autoexamen del propio conocimiento, buscando ser proactivo e inconformistas, explorando nuevas oportunidades, donde esas cualidades puedan ser valoradas. Tratar de no estar esperando, a que alguien llegue a descubrirme.

En los avances tecnológicos y en la imprescindible formación continua profesional, donde unos ven problemas, otros ven oportunidades. La inteligencia artificial creará cada día nuevas aplicaciones y por lo tanto, nuevas profesiones. Hoy en día, nadie sabe que es lo que va a tener que estudiar, para poder utilizar esos adelantos tecnológicos y su aplicación en el mercado laboral. Una cosa son las invenciones de los productos, servicios y sistemas, y otra es la formación imprescindible para trabajarlos y sacarles el mejor rendimiento.

Las nuevas tecnologías con estudios en (Ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas, digitalización, etc.) van eliminando muchos empleos tradicionales, en todas las categorías, incluso los que requieren titulaciones universitarias. Para algunas nuevas tecnologías, los nuevos productos y servicios que desarrollan y sus aplicaciones en el mercado, se requieren nuevos trabajos, con certificaciones técnicas especializadas, adecuadas a las nuevas circunstancias. Muchos de los conocimientos anteriores de los trabajadores, no encajarán en los nuevos sistemas, como hay engranajes nuevos, que no encajan con los antiguos ya desgastados, siempre hay que adecuarlos.

Los robots llamados exoesqueletos, son los que se adaptan exteriormente al cuerpo, permiten a los usuarios, eliminar prácticamente los esfuerzos físicos laborales. En su fabricación, mantenimiento y reposición, crean muchos puestos de trabajos, no los eliminan, e incluso mejoran las condiciones físicas laborales, eliminando accidentes.

No siempre las nuevas tecnologías, eliminan los trabajos de los menos preparados laboralmente, aunque se estén creando nuevos puestos de trabajo, mucho más técnicos. También hay nuevas tecnologías, que ayudan a los trabajadores menos cualificados, a hacer el trabajo con menos esfuerzo físico y con más seguridad, disminuyendo las horas de hospital que conllevan, muchos de los trabajos no cualificados.

En esta era, el conocimiento es poder, si se empieza a trabajar de peón de albañil o de ingeniero, pero no se fomenta la formación continua profesional, hay muy pocas probabilidades de ascender en el trabajo. Llegarán a la jubilación en la misma categoría profesional, con la que empezaron. Los ascensos ya no se consiguen por la antigüedad, sino demostrando el aumento del conocimiento y de la experiencia adquirida. Estos ascensos, si no se pueden conseguir en la misma empresa, hay que buscarlos cambiando a otras, en el mismo sector o en otro, que los sepan apreciar, incluso cambiando de ciudad o de nación.

También se asciende, se desciende o se consolida en el trabajo, en función de la ley de oferta y demanda del conocimiento. Cada vez hay más demanda, de trabajadores especializados y bien formados en las nuevas técnicas, pero no hay tanta oferta de trabajadores preparados, como para suplir las necesidades de las empresas. Por eso, aunque en algunas naciones hay un alto índice de desempleo, también hay muchos puestos de trabajo, que no se cubren por diversas causas, como: Adecuación de conocimientos a las necesidades empresariales, nuevas tecnologías, descolocaciones geográficas, falta de incentivos profesionales, costos de vida altos e ingresos bajos, diferencias climáticas extremas, etc.

Compaginar el empleo con la formación continua profesional, bien actualizándola o consiguiendo una diferente, no es solamente para los jóvenes, que quieren mantenerse a flote en la subida o bajada de la ola de su empleo. Las personas mayores, también tienen que hacerlo, si quieren que no les sustituyan por su inadaptabilidad técnica profesional o por no saber adecuarse, a las nuevas demandas del mercado laboral, que se crean con los avances tecnológicos. Después no valen los lamentos.

Los techos emocionales de acero que algunos trabajadores, voluntariamente, se ponen encima de sus cabezas, para no avanzar en la formación continua profesional, les impide crecer en su futura proyección laboral. Suelen ponerse, principalmente, por la falta de confianza, la ausencia de autoestima, el miedo al fracaso en los nuevos estudios, “el qué dirán”, el estereotipo del “sabelotodo”, etc. Solamente se pueden romper esos techos, analizando los propios obstáculos internos y externos, y actuando en consecuencia, para revertir los resultados negativos profesionales, que pudiera haber en el presente y en el futuro.

Algunos conceptos que se deben fomentar, para triunfar laboral y socialmente: La autoexigencia, el trabajo en equipo, las virtudes y valores humanos, la capacidad de sacrificio frente a las adversidades sociales y profesionales, el esfuerzo, los principios familiares, laborales y sociales, la lucha y la humildad, la igualdad, el desarraigo de la ignorancia, la ecología, la sostenibilidad, la seguridad en el sentido más amplio, el rechazo al conformismo, etc. 

francisco@micumbre.com

 

La intolerancia laicista como amenaza para el pacto educativo en España

Salvador Bernal

Existe un agresivo laicismo latino, como se sabe. No se trata sólo de un explicable anticlericalismo, sino de auténtica obsesión contra las convicciones católicas. Más bien minoritario, resulta demasiado intolerante cuando alcanza alguna cuota de poder. Se proyecta de modo particular en el sistema educativo, a diferencia de lo que ocurre en tantos países de Europa.

No es necesario mencionar la tradición británica, el auténtico igualitarismo de Bélgica y Holanda, y la más reciente apertura a la iniciativa social en Suecia. Basta pensar en Francia, una república constitucionalmente laica, que tiene en su haber una ley de separación entre Iglesia y Estado, que ha resistido el paso del tiempo desde su promulgación en 1905.

Sin embargo, en 1959 se promulgó la ley Debré, que introdujo los contratos de asociación –equivalente a los conciertos educativos españoles-, para ofrecer una ayuda decisiva a centros privados, con más de cinco años de existencia: la exigencia de cumplir los programas generales, dentro de un Estado netamente centralista, no deroga el respeto de las convicciones ideológicas de los promotores. Alcanza de hecho al 20% de alumnos no universitarios y, en su inmensa mayoría, se trata de centros católicos. La ley se ha mantenido vigente a lo largo de los años, a pesar de la alternancia en el poder de partidos de diferente signo político.

Por esto, traigo hoy a estas páginas un suceso relativamente reciente: la intervención del portavoz de una combativa asociación laicista en la subcomisión del Congreso de los Diputados sobre el pacto educativo. No he seguido con detalle los trabajos de los parlamentarios, pero me permito señalar que el artículo 27 de la Constitución, si se lee con detenimiento –aunque no se acepte la historia de su redacción- establece con claridad las bases de ese gran acuerdo.

Se ignoraba de hecho en la intervención que comento, porque no se acepta por quien propone un modelo de enseñanza único, público, democrático, inclusivo y laico. Además, y a pesar de que los datos estadísticos, no avalan esa opinión, consideraba que quienes ganan espacios de poder, dentro del actual sistema, son la Iglesia católica y el empresariado privado. La realidad es que, a pesar de los conciertos –establecidos de acuerdo con un proyecto de ley enviado a las Cortes generales por un gobierno del PSOE-, se ha ido reduciendo cuantitativamente la proporción de centros privados en el conjunto de la enseñanza española.

No se puede negar a estas alturas el derecho de los padres a elegir la educación que desean para sus hijos, invocando convenios internacionales y sentencias del Tribunal del Consejo de Europa en Estrasburgo, con interpretaciones sesgadas, que omiten lo fundamental de los tratados y de las decisiones jurisdiccionales. Al final, la crítica del adoctrinamiento convierte al Estado en el gran maestro de doctrina y moral, camino del gran inquisidor

Algo de esto se refleja en la información de El País sobre una sentencia del Tribunal Supremo contra las decisiones adoptadas por la Junta de Andalucía en materia de conciertos educativos. El periódico -fue en su día diario de referencia-, se hace portavoz de los argumentos del recurso perdedor, no de los fundamentos jurídicos de dos sentencias aprobadas por todos los magistrados de la Sala, excepto uno o dos (por razones jurídicas formales, no en cuanto al fondo).

No se trata en modo alguno de una cuestión confesional. En mi caso, además, saben bien mis amigos que no soy partidario de los conciertos, a pesar de las ventajas que puedan tener a corto plazo. A largo término, consolidan la pasividad de la sociedad civil, diluyen la responsabilidad personal de los ciudadanos y amenazan la inspiración propia de los centros, como se ha visto en Francia.

Respecto de los centros cristianos, no me parece que la seguridad financiera sea buen criterio apostólico; al menos, así lo entiendo, reflexionando también sobre grandes enfoques del pontificado del papa Francisco. En todo caso, como en tantas otras cuestiones prácticas, la unidad de los católicos no se confunde con la uniformidad, menos aún si se aborda desde los derechos de los fieles en materia de información y opinión.

 

 

La Ascensión del Señor: La mayoría de edad. Por Santiago Martin

“Id y haced discípulos de todos los pueblos… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19)

La Ascensión del Señor al cielo supuso, sin duda, un enorme pesar para los apóstoles. Cierto que el dolor de la separación quedaba mitigado por las “presencias” de Cristo en la tierra -la Eucaristía, la Palabra, los Apóstoles, el prójimo necesitado, su presencia en medio de los discípulos-, así como por la asistencia maternal de la Virgen y por la esperanza en volverse a encontrar con él en la vida eterna.

Pero, además del dolor, la ausencia de Cristo representaba un vacío que ahora eran ellos, los apóstoles, los discípulos, los que habían de llenar. Es como cuando muere una de esas grandes personalidades que lo han sido todo en la vida de muchos, en la empresa o en la familia; da la impresión de que, con su partida, todo se vendrá abajo, pues parece inimaginable que se pueda llenar el hueco que ha dejado tan importante personaje. Si los que le rodean piensan así, inevitablemente se producirá la crisis y la ruina.

 

Si, en cambio, conscientes de su pequeñez pero sin acobardarse por ella, intentan IMITAR al gran personaje, quizá no logren las cotas que él alcanzó, pero todo irá adelante. Además, esta lucha les hará crecer, lo mismo que crecen los árboles pequeños cuando el gran árbol que les daba sombra desaparece.

Cristo está en el cielo y nosotros en la tierra. Debemos luchar por Él y por su Reino. Con la ayuda del Espíritu Santo, de la Virgen, de los santos. Con el alimento de la Eucaristía. Es la hora de nuestra mayoría de edad. Es la hora de demostrarle al Señor que puede contar con nosotros, que hemos asimilado sus enseñanzas, que -con la ayuda de su gracia, sin la cual no podemos hacer nada- estamos dispuestos a llevar a cabo la tarea evangelizadora que nos confió.

Nota de Alejo:

Para esto hace falta que seamos consciente de que nuestro único modelo a imitar es Cristo, no ningún santo o virgen de nuestra particular devoción, que también, pero en segundo lugar. No es raro ver en la Iglisia a gente rezando ante todos los santos menos ante Jesús sacramentado, al que solemos mantener oculto en cualquier lugar menos en el Altar mayor

 

 

EL ADULTERIO ES EL CÁNCER DEL HOGAR

Leo J. Mart.

El adulterio es promiscuidad, engaño, fraude, falsedad, infidelidad.

El adulterio es faltar al pacto solemnemente prometido en el momento del santo matrimonio, de ser uno con una hasta que la muerte los separe.

Dios habla por medio del profeta Malaquías, 2,14 y reprocha al hombre adúltero: < Dios ha sido testigo del pacto entre tú y tu mujer, contra el cual has obrado deslealmente…No seas desleal con la mujer de tu juventud>

El adúltero es ladrón que roba a su esposa y a sus hijos el amor que a ellos les pertenece.

El adulterio, en la antigüedad, era castigado con la pena de muerte: < Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro, el adúltero y la adúltera han de morir> Levítico 20,10

La Escritura santa es reiterativa al prohibir el adulterio:

< No cometerás adulterio> Éxodo 20,14

< No te acostarás con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella> Levítico, 18,20

< No cometerás adulterio> Deuteronomio 5,18

< Si se encuentra a un hombre acostado con una mujer casada, los dos morirán, así quitarás el mal de Israel> Deuteronomio 22,22

No puede haber paz en el hogar donde hay traición y engaño. No puede estar Dios en el hogar donde no hay paz.

Normalmente donde no hay amor hay escases y donde hay amor hay abundancia, porque donde los cónyuges ponen el amor Dios pone el vino. 

La plaga de la sociedad es el adulterio y el engaño.

Jesús fue muy claro al decir: < Todo el que se separa de su mujer y se casa con otra comete adulterio, y el que se casa con una mujer separada del marido comete adulterio > Lucas 16,18

El adulterio comienza con mirar a otras mujeres, porque <el prado del vecino es más verde> -dice el dicho popular, y esto lleva a desearlas. Jesús, dice: < Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio".  Pero yo os digo que todo el mire a una mujer deseándola, ya cometió adulterio en su corazón > Mateo, 5,28

Al principio de la creación, cuando el Génesis 2,24 habla del hombre y la mujer, advierte:   < Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne > Este punto del Génesis tiene mucha tela que cortar. La Escritura santa se refiere en concreto al hombre, le ordena en primer lugar que abandone el hogar y el criterio de su padre y de su madre, y se una al hogar y al criterio de su esposa. 

< Una sola carne>, como dice le Génesis, no se refiere solamente a la parte corporal, se refiere a toda el alma. Hablando en términos coloquiales, como dicen en mi pueblo, un hombre debe entregarse a su mujer con alma, vida y sombrero. 

Cuando un hombre se casa debe abandonar los planes y programas con sus amigotes de la calle para hacer planes con su esposa y con sus hijos. El adulterio comienza cuando el hombre llega tarde, y si tiene mucho que ausentarse del hogar el asunto se vuelve ocasión propicia al adulterio.

Cuando un hombre se casa ya no debe manejar él  sus ingresos y sus gastos por su cuenta, es la mujer, como buena economista (la economía, oikos-casa, es la ciencia del hogar) y administradora del hogar la que maneja los ingresos y los gastos. Cuando el hombre no ha entregado su billetera no ha entregado el alma. El adulterio comienza cuando el hombre maneja por su cuenta sus gastos personales. Las tarjetas de créditos sí que son gran ocasión para el grave pecado de adulterio.

El adulterio comienza cuando el hombre sigue dependiendo de sus padres para el manejo del hogar. Para unos padres, como dice la canción de Serrat, la esposa del hijo: < tiene muchos defectos –dice mi madre-, y demasiados huesos –dice mi padre.> 

Adulterio es robarle a la esposa la buena fama que merece. El esposo que les está contando a sus padres los defectos de su esposa, es un traidor, un desleal. Toda mujer buena tiene defectos, y si es santa, tiene aún más defectos, porque <para aguantarse a un santo se necesita otro santo> -dice el dicho popular. Además <los trapos sucios se lavan en casa> -dice la sabiduría popular. El hombre solamente debe hablar de su mujer las cosas buenas, de lo contrario se encargará de echarle a su mujer el odio de la familia, ocasión propicia para que el hombre justifique su separación y su adulterio.

El adulterio no es solamente cambiar a la mujer por otra, sino por otros interese, la música, el deporte, la diversión con los amigos, el exceso de trabajo, y el manejo del dinero.

El adulterio, el robo, comienza cuando el hombre no le dedica el suficiente tiempo a su mujer y a sus hijos. 

El adulterio comienza cuando el hombre no es solidario con la mujer y no la alaba, no la valora, no le proporciona cariño y ternura sino crítica destructiva.

 Además si el esposo llega del trabajo a meterse en su computador al Internet o a la tv, apague y vámonos, ya cambió a su mujer por otra chica, la pantalla chica, donde aparecen otras chicas, esto es adulterio.

Leo J. Mart. Filósofo, escritor 

 

 

La compra de super alimentos

 

La compra de super alimentos crece el doble que la de convencionales

Una población que envejece progresivamente, el aumento de las enfermedades crónicas y la alimentación como medicina (los alicamentos), que implica una serie de pautas nutricionales para prevenir o tratar enfermedades. Y es que la salud no es una simple tendencia de consumo, sino que es una de las principales demandas de los españoles como consumidores. Tal es así que la “súper cesta de la compra” crece el doble que el mercado de gran consumo en conjunto, según Nielsen. En concreto, en los últimos seis meses, los españoles compraron un 4,1% más de súper alimentos, frente al 1,9% del total mercado.

Esta “súper cesta de la compra” toma como referencia una base de 25 categorías de producto diferentes que pueden denominarse súper alimento, es decir, con unas propiedades nutricionales superiores. Algunos productos son auténticos clásicos de la dieta mediterránea como el aceite de oliva virgen (que crece un 4%), que muchas veces el consumidor no etiqueta como súper alimento cuando en realidad sí lo es.

Al mismo tiempo, hay una serie de productos “emergentes” que se han colado en la lista de la compra de los españoles, que no es que sean nuevos, pero sí novedosos en nuestras despensas. Es el caso de la chía y la quinoa, que crecen más de un 1.000% cada uno de ellos.

Y, sin parecer que no están tan a la última, aunque bien sabemos que son imprescindibles, legumbres como las lentejas crecieron en el período de tiempo analizado casi un 4%. Por su parte, las alubias y los garbanzos prácticamente se mostraron planos respecto al mismo período del año anterior.

Otros súper alimentos en forma son los arándanos, la coliflor y el brócoli, que crecieron doble dígito; mientras que los frutos secos aumentaron sus ventas por encima del 5%.

CAMBIOS EN LA DIETA

En esta tesitura de “mayoría de edad” y de querer cuidarnos más, y quién sabe si en busca de una mayor longevidad, un 27% de españoles manifiesta su intención de aumentar el consumo de súper alimentos. Este dato está incluso por encima de la media en Europa en su conjunto, que es de un 20%.

No obstante, si bien incorporar un mayor número de súper alimentos en la dieta es una de las principales iniciativas para velar por nuestra salud, los españoles tienden a buscar medidas más clásicas. Es el caso del consumo de frutas y verduras (45%), que es la más recurrente cuando nos concienciamos de que algo hay que mejorar en nuestro estilo de vida y en la forma de alimentarnos.

Esta diferencia entre medidas se explica en parte porque muchos españoles no saben bien todavía qué son los súper alimentos y qué tienen que comprar, ya que casi dos de cada tres demandan más información para saber cómo incluirlos en su dieta.

Y, al mismo tiempo, cerca de cuatro de cada diez no saben a ciencia cierta si los súper alimentos son un buen sustitutivo para prescripciones médicas; y otros tantos desconocen si proporcionan una manera natural de prevenir o tratar dolencias.

Jesús Domingo

 

 

“Generosos” y “tacaños”

 

La sociedad es como una torre: cuanto más sólidos y profundos son sus cimientos, más alta puede ser su construcción.

El fundamento de la familia y de la sociedad es la moral. Los “tolerantes”, de “espíritu amplio”, llevan a los “prudentes” a aceptar un mundo sin Dios ni ley.

La sociedad es como una torre: cuanto más sólidos y profundos son sus cimientos, más alta puede ser su construcción.

El fundamento de la familia y, por lo tanto, de la sociedad es la moral. Si esta base es insuficiente, cuanto más alta vaya siendo la torre de la civilización, mayor y más próxima será su ruina.

Y, cuando los escombros que llenen la tierra hayan demostrado la debilidad del edificio, los arquitectos de torres de Babel envidiarán la casa de amplios cimientos y de una altura proporcionada que desafía a las intemperies y se burla del tiempo.

La Iglesia, que pudo actuar libremente hasta el siglo XIV, puso profundos cimientos para después construir sobre ellos no un monumento vano de un orgullo temerario, sino el edificio fuerte y admirable de prudencia y de sabiduría que fue la Civilización Cristiana. Los fundamentos que restan, aún hoy soportan el peso inmenso de un mundo que se desmorona.

Y, cuando los escombros que llenen la tierra hayan demostrado la debilidad del edificio, los arquitectos de torres de Babel envidiarán la casa de amplios cimientos y de una altura proporcionada que desafía a las intemperies y se burla del tiempo.

Los gérmenes que amenazan nuestra existencia, nacieron de la inobservancia de las leyes de Dios y de la Iglesia. Hoy como ayer, una inmensa cantidad de hombres, organizados y actuando en diversos niveles, continúan socavando estos fundamentos: son los que se auto-titulan “liberales”, “generosos”, “tolerantes”, hombres “modernos” y de “espíritu amplio”. Bajo diversos pretextos y sofismas, van llevando a la masa incontable de los “prudentes” a aceptar la construcción paulatina de un mundo sin Dios ni ley.

Ellos acusan a quienes se oponen a sus designios de tacaños, mentes estrechas y sin generosidad, cuando no de fascistas y otros epítetos intolerantes.

Esta demolición que está siendo realizada en nuestro país, fue muy bien descrita por el dirigente del MIR, Andrés Pascal Allende: “Estamos hablando no sólo de un cambio político, es también un cambio de forma de vida, es un cambio civilizatorio (…) Ése es un cambio más radical y más profundo que el que nunca nosotros nos planteamos antes”.

(Puede bajar gratuitamente el libro: “La Revolución Cultural: un smog que envenena a la Familia chilena“)

 

Quién es Jesucristo 

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la CEE ha publicado la Instrucción “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”.

Son cuatro los apartados desarrollan el contenido de este documento: 1. Anunciamos a Jesús, Hijo de Dios encarnado, revelador del origen y destino del ser humano; 2. Jesucristo revela la verdad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; 3. Jesucristo, Salvador universal; 4. El encuentro con Jesucristo Redentor, principio de renovación de la vida cristiana y meta del anuncio evangélico.

Durante los dos últimos siglos se han dado reinterpretaciones de la Persona de Jesucristo atribuyendo su carácter divino estricto a la mitologización helenista, y separan al “Jesús histórico” del “Cristo de la fe”. Para enterarse bien habría que leer el “Jesús de Nazaret” de Benedicto XVI - J.Ratzinger, donde dialoga con exégetas y teólogos de la reforma. 

Ahora, glosando las palabras “No se nos ha dado otro Nombre bajo el cielo en el que podamos salvarnos” (Hch 4,12), los obispos destacan que Jesucristo es Señor de todos los hombres, incluidos los que no le conocen aún; es el Mediador universal también para quienes siguen otra religión, porque el designio salvador de Dios es único por su muerte y resurrección redentoras, en beneficio de toda la humanidad en el tiempo y en el espacio.                     

Jesús D Mez Madrid

 

 

Sobre la tarea de las universidades y escuelas de inspiración católica

Las escuelas y universidades de inspiración católica se ponen “al servicio del crecimiento en humanidad, en el diálogo y en la esperanza”. En definitiva, se trata de enseñar a pensar desde una visión completa de la persona, abierta como está a la transcendencia. Enseñar a dialogar con todos, también con los que no tienen una visión cristiana de la persona, pero están dispuestos a escuchar las razones del otro. Buscar conjuntamente la verdad que contribuya a mejorar la vida de las personas, dotarla de sentido y hacerla más plena.

La tarea educativa de universidades y escuelas o colegios de inspiración católica se sitúa, en suma, en el ámbito antropológico del diálogo entre la fe y la razón. Esto se traduce en un diálogo entre la religión y la filosofía (sobre todo la antropología y la ética), como también un diálogo entre la fe y las ciencias, sean ciencias naturales o ciencias humanas. Este diálogo se desarrolla por medio de la convivencia entre los profesores y entre los alumnos, y por medio de proyectos interdisciplinares capaces de impulsar una humanidad renovada.

La educación cristiana no impone nada ni adoctrina. Promueve el pensamiento y el diálogo constructivo, el trabajo con espíritu de servicio y la esperanza como aliento de una vida mejor para todos.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

El rancio anticatolicismo es violento

Con la cuestión de la Misa los domingos en TV2, se han ido esgrimiendo razones para mantener esta retransmisión, que van desde la prestación de un servicio público indudable a personas mayores o enfermas, la libertad religiosa, la audiencia, el coste o la producción, que no reitero por conocidas y evidentes.

Parece que Podemos se ha dado un batacazo, y más le vale aprender la lección. Ha descubierto que las redes sociales no son patrimonio exclusivo suyo, si es que lo pensaban hasta ahora. También ha descubierto que la Misa interesa a más personas de las que pensaban, y por tanto que el catolicismo no está tan muerto como gustaría a los podemitas, que tienen su punto de mira en atribuir falsos “privilegios” con demagogia a la Iglesia Católica. Podemos ha despertado con su iniciativa a los católicos, y a quienes defienden la libertad religiosa: ha sido un auténtico “boomerang”, lanzado por Podemos y que le ha ido a pegar a Podemos tras errar el blanco.

Tamara Falcó, hija de Isabel Preysler, se sumó a las firmas para mantener la Misa en La 2, y ha recibido muchas burlas e insultos por esa opinión. También se extrae una lección dolorosa: el rancio anticatolicismo es violento y busca anular, y es una muy mala noticia. No ha habido insultos, que yo sepa, contra Podemos por su iniciativa. Cada uno se ha retratado con esta cuestión, que sirve para evaluar el talante democrático de cada uno, así como el respeto a la diversidad de opiniones.

Enric Barrull Casals

 

 

Canallas y asesinos ya incalificables

 

                                Tras el asesinato o masacre en Inglaterra (Manchester) donde los hechos por lo multipublicado no repito; viene días después el otro incalificable ocurrido en Egipto, sobre los cristianos coptos, que no olvidemos son habitantes allí, varios siglos antes de que empezaran a llegar los musulmanes; y los que vienen siendo “machacados” inmisericordemente simplemente por serlo; mi indignación es tal que en estos momentos siento repulsión por haber nacido aquí y pertenecer a la especie humana; por ello hoy escribo y lo hago, dirigiéndome al propio Mahoma y a todos los que dicen seguirlo, según el libro que escribiera y del que poseo una copia, supongo que bien traducida al idioma español. Y les digo a todos ellos en conjunto.

                                “He leído y meditado gran cantidad de textos “dicen que religiosos” de todo el mundo y de todas las épocas en que se ha escrito sobre ese “Dios o dioses que crearon la vida y el hombre en esta mierda de planeta en el que por la fuerza que sea y que no me importa… fui obligado a nacer y padecer”; pues bien, analizando escritos y prédicas de los que la humanidad cataloga como los más sabios, HOMBRES Y MUJERES; el extracto más sabio y convincente, para mí es el siguiente… “NO HARÁS A NADIE NI A NADA VIVO, SEA HOMBRE, ANIMAL O PLANTA, NADA QUE TÚ NO QUIERES QUE A TI TE SEA HECHO”… “Sencillo, claro y contundente” y para cualquiera dotado de una mínima inteligencia, más que suficiente para lograr una convivencia en una suficiente y verdadera civilización donde impere el mutuo respeto y la suficiente paz o convivencia digna de denominarse de verdad HUMANA.

                                ¿Cómo se puede denominar religioso, quién es capaz de suicidarse (el suicidio es la mayor cobardía que puede cometer ese animal humano) y de paso acabar con la vida de múltiples personas, dejando otra cantidad enorme de heridos lastrados con todo tipo de heridas y que dejo a la imaginación del lector que las enumere él mismo?… ¿Cómo otros canallas incalificables para mí, pueden cargar sus armas automáticas y descargarlas fríamente sobre una cantidad de congéneres entre los que igualmente hay niños e incluso bebés? ¿Y tras estos hechos incalificables esperar todo tipo de bienes y goces en un hipotético edén o paraíso que seguro que no existe en ninguno de los mundos que pueblan el inmenso Universo? ¡Increíble para quien piense con un mínimo de raciocinio!

                                El Islam necesita muchos estudios por realizar y hacer como ya las iglesias cristianas hicieron hace siglos (antes y después de Mahoma) concilios y discusiones sobre un libro sagrado, que simplemente pensando “con el tiempo como testigo”… Si se hubiese escrito en el pasado siglo o “en estos días”, seguro que el propio Mahoma, “hubiese redactado un texto muy diferente al que escribiera hace y casi un milenio y medio”. ¿Qué van hacer a partir de ahora “los Maestros” del Islam para “sosegar a los partidarios de su libro sagrado? Pues lo que para mí está muy claro… “DEGOLLANDO, DESCUARTIZANDO, ASESINANDO SERES HUMANOS Y DESTRUYÉNDOLES SUS BIENES, ESE SERÁ UN CAMINO DE SANGRE, QUE SE ENSANGRENTARÁ CADA VEZ MÁS” y no creo que ese Dios que nombra en primer lugar el libro de Mahoma, quiera eso, puesto que lo primero que dice “El Corán” es lo siguiente… “EN NOMBRE DEL DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO”, frase que en sí misma condensa todo lo demás que se escribiera en tal libro.

                                Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes