Las Noticias de hoy 26 Mayo 2017

                    Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 26 de mayo de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

El Papa se comunicó con los pequeños pacientes del Hospital Gaslini: les llevo la caricia de Jesús

Encuentro fraterno y cordial con el Papa Francisco: Mons. De Villa, Presidente de la CEG

Felicitaciones del Papa Francisco por la Fiesta Nacional de la República Argentina

Prevenir los desastres naturales. La voz del Vaticano en México

Pascua. 6ª semana. Viernes. Decenario al Espíritu Santo: Francisco Fernández-Carvajal

“María, Reina de los Apóstoles”: San Josemaria

¿Qué sabemos realmente de Jesús?

Decenario al Espíritu Santo: Francisca Javiera del Valle

Cantar para Dios: Sheila Morataya

Por qué soy Católico: Por: GK Chesterton

 Papado y ecumenismo: Fernando Pascual

¿Qué es un laico?: Daniel Tirapu

Mamá: no tienes que ser perfecta, te queremos como eres: La familia.info 

Devoción al Inmaculado Corazón de María, parte esencial del Mensaje de Fátima: Plinio Corrêa de Oliveira

 Se enfadan con los políticos y con razón: Domingo Martínez Madrid 

LA FE, POR VOS, NO MUERE.: Amparo Tos Boix, Valencia.

 Antídoto contra el individualismo: Juan García.

 Personalidad narcisista: Jesús Martínez Madrid

Socialistas, Comunistas, “Peperos y otras yerbas”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

Newsletter Diario

 

 

El Papa se comunicó con los pequeños pacientes del Hospital Gaslini: les llevo la caricia de Jesús

Foto de archivo - ANSA

25/05/2017 15:13

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El próximo sábado 27 de mayo el Santo Padre realizará una Visita pastoral a Génova. Entre las citas del pontífice se cuentan la visita a la planta industrial Ilva, donde mantendrá un encuentro con el mundo del trabajo, el encuentro en la Catedral con los Obispos, el Clero, los consagrados y los seminaristas de la Región Eclesiástica de Liguria, y más tarde, el encuentro con los jóvenes en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia

Entre los momentos más impactantes de este viaje destacan el almuerzo en dicho Santuario con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos, y la visita al Hospital pediátrico “Giannina Gaslini”, donde encontrará a los niños allí ingresados. Precisamente para ellos el pontífice reservó una pequeña sorpresa: el miércoles por la tarde Francisco se puso en contacto con los pequeños pacientes a través de la Emisora Parroquial  'Radio fra le note', fundada por el sacerdote genovés don Roberto Fiscer, que dedica cada miércoles su programa al hospital pediátrico:

“Queridos niños huéspedes del Hospital Gaslini de Génova, los saludo a todos con afecto en espera de encontrarnos el sábado. Quiero decirles que espero con alegría el momento de reunirme con ustedes y sus familiares. Voy para estar un cerca de ustedes, escucharles y llevarles la caricia de Jesús. Él siempre está cerca nuestro, especialmente cuando estamos en problemas y lo necesitamos. Él siempre nos da confianza y esperanza. Rezo desde ya por ustedes y ustedes, por favor, recen por mí. Nos vemos el sábado”. Después del saludo el Papa rezó junto con los niños un Ave María e impartió su bendición a ellos y a sus familias.

La última cita pública del Papa en Génova será en el area de la Feria del Mar, en donde presidirá la celebración de la Santa Misa. 

 

Encuentro fraterno y cordial con el Papa Francisco: Mons. De Villa, Presidente de la CEG

Los obispos de Guatemala en visita Ad Limina Apostolorum.

25/05/2017 14:55

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Fraterno, cercano y cordial: así define el encuentro con el Santo Padre Francisco, Monseñor Gonzalo de Villa, SJ, Obispo de Sololá-Chimaltenango y Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en estos días en visita Ad Limina Apostolorum junto a los obispos guatemaltecos.

“Fue una conversación - afirma Mons. De Villa - que comenzó con la lectura de algunos puntos importantes, que queríamos plantear al Santo Padre. El Papa hizo preguntas y observaciones y así comenzó el diálogo con los obispos, abordando diversos temas: la migración, importante para nosotros y para la realidad guatemalteca; la relación con las iglesias históricas y el ecumenismo, entre otros.

“La iglesia en Guatemala está luchando por ser y hacer lo que dice el Papa - prosigue el Presidente de la CEG -  una Iglesia que busca las periferias, que busca ser una Iglesia de los pobres”.

El obispo de Sololá - Chimaltenango se refiere luego al “rostro indígena” de su país: “nuestros feligreses en su mayoría son indígenas, como es la realidad de mi diócesis - puntualiza - donde el 85 por ciento del clero es indígena y también el 95 por ciento de los seminaristas.

Fueron dos horas de conversación “fluida, fraterna, cercana, coloquial”, asegura Mons. De Villa. “Realmente, salimos todos muy contentos de haber encontrado al Papa Francisco con el cual, por el hecho de ser latinoamericano, gozamos de una longitud de onda cultural que nos da una mayor cercanía”.

“Regresaremos a nuestra tierra renovados, después de haber encontrado al Santo Padre y de haber concelebrado con él en Santa Marta, de haber compartido nuestra fe en la Eucaristía con el Sucesor de Pedro. Volvemos confirmados en la fe, renovados en la misión y en la búsqueda de comunión entre nosotros”, concluye el Presidente de la CEG.

 

Felicitaciones del Papa Francisco por la Fiesta Nacional de la República Argentina

Felicitaciones del Papa Francisco con motivo de la Fiesta Nacional de Argentina. - EPA

25/05/2017 10:53

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“Pido al Señor que les acompañe en su desarrollo material y espiritual, propiciado por un clima de serenidad, paz y respeto mutuo”, lo escribe el Papa Francisco en el telegrama de felicitaciones que envió al Presidente de Argentina, el Sr. Mauricio Macri, con motivo de la Fiesta Nacional de este país.

En su mensaje por la fiesta de su país natal, el Santo Padre expresa su cordial felicitación al Presidente Macri y al mismo tiempo, el Pontífice, extiende sus saludos “a todos los hijos de nuestro amado país”, por quienes pide al Señor “que les acompañe en su desarrollo material y espiritual, propiciado por un clima de serenidad, paz y respeto mutuo”.

Recordando que este día en Argentina se celebra un Aniversario más de la llamada “Revolución de Mayo”, es decir, una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en mayo de 1810, en la ciudad de Buenos Aires. De este modo, la Revolución de Mayo, inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino, que concluyó con la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Texto completo del Telegrama del Papa Francisco

Excmo. Sr. Mauricio Macri

Presidente de la República Argentina

Buenos Aires

Con motivo de la Fiesta Nacional de la República Argentina, deseo expresar a vuestra Excelencia mi cordial felicitación, que extiendo a todos los hijos de nuestro amado país, a la vez que pido al Señor que les acompañe en su desarrollo material y espiritual, propiciado por un clima de serenidad, paz y respeto mutuo.

Francisco

 

 

Prevenir los desastres naturales. La voz del Vaticano en México

Cardenal secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin - EPA

25/05/2017 16:10

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Una colaboración fundada sobre el bien común para reducir los riesgos provocados por los desastres naturales. Es el pedido del cardenal secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, en una Carta enviada al presidente de México, Enrique Peña Nieto, que guía la Plataforma Global 2017 para la reducción de los riesgos de desastres. Prevención, formación, participación de las comunidades locales más pobres: en resumen, para reducir los riesgos de los desastres naturales, sirve una colaboración fraternal fundada en el bien común. Es el deseo que, a nombre del Papa, el cardenal Parolin dirige al evento que se realiza en Cancún, asegurando que en esta perspectiva la Santa Sede está lista a ofrecer su contribución.

En su mensaje al presidente mexicano, el purpurado subraya tres aspectos centrales. Ante todo en el campo de la prevención hay instrumentos de alerta, que pueden reducir la pérdida de vidas humanas. Es necesario por ejemplo administrar mejor el agua, recurso valioso pero también entre las principales causas de desastres. Asimismo se requieren instrumentos educativos que puedan promover a nivel local y global una “verdadera y propia cultura” para la reducción de tales riesgos. Se necesita involucrar sobre todo a las poblaciones más pobres, o sea las más vulnerables, en los procesos educativos y de compartir del conocimiento, escribe, añadiendo que es necesario también concentrarse sobre la reconstrucción no solo material sino también humana y espiritual.

El tercer aspecto contempla la capacidad de movilización de las comunidades locales, entre las que se encuentran las poblaciones indígenas. Por lo tanto se buscan soluciones innovadoras, pero para realizar estos tres aspectos sirve “un cambio de mentalidad y de estilos de vida”, subraya Parolin. Cuando, de hecho, se toma en consideración el futuro de la humanidad, no se habla solo de cuestiones técnicas sino de valores, de solidaridad.  Los desastres no son solo aquellos naturales sino también los que derivan de crisis sociales, recuerda el purpurado italiano citando la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco.

 

 

Pascua. 6ª semana. Viernes. Decenario al Espíritu Santo

EL DON DE ENTENDIMIENTO

— Mediante este don llegamos a tener un conocimiento más profundo de los misterios de la fe. Es necesario para la plenitud de la vida cristiana.

— Se concede a todos los cristianos, pero su desarrollo exige vivir en gracia y empeñarse en la santidad personal.

— Necesidad de purificar el alma. El don de entendimiento y la vida contemplativa.

I. Cada página de la Sagrada Escritura es una muestra de la solicitud con que Dios se inclina hacia nosotros para guiarnos hacia la santidad. El Señor se muestra en el Antiguo Testamento como la verdadera luz de Israel, sin la cual el pueblo se descamina y tropieza en la oscuridad. Los grandes personajes del Antiguo Testamento se vuelven una y otra vez hacia Yahvé para que les conduzca en las horas difíciles. Dame a conocer tus caminos1, pide Moisés para guiar al pueblo hasta la Tierra prometida. Sin la enseñanza divina, se siente perdido. Y el rey David pide: Dame entendimiento para que guarde tu Ley y la cumpla de todo corazón2.

Jesús promete el Espíritu de verdad, que tendrá la misión de iluminar a la Iglesia entera3. Con el envío del Paráclito «completa la revelación, la culmina y la confirma con testimonio divino»4. Los mismos Apóstoles comprenderán más tarde el sentido de las palabras del Señor, que antes de Pentecostés se les presentaban oscuras. «Él es el alma de esta Iglesia –enseña Pablo VI–. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio»5.

El Paráclito nos conduce desde las primeras claridades de la fe a una «inteligencia más profunda de la revelación»6. Mediante el don de entendimiento o inteligencia al fiel cristiano le es dado un conocimiento más profundo de los misterios revelados. El Espíritu Santo ilumina la inteligencia con una luz poderosísima y le da a conocer con una claridad desconocida hasta entonces el sentido profundo de los misterios de la fe. «Conocemos ese misterio desde hace mucho tiempo; esa palabra la hemos oído y hasta la hemos meditado muchas veces; pero, en un momento dado, sacude nuestro espíritu de una manera nueva; parece como si nunca hasta entonces lo hubiésemos comprendido de verdad»7. Bajo este influjo, el alma tiene una mayor certeza de lo que cree, todo es más claro, y bajo esta luz que le hace conocer más hondamente las verdades sobrenaturales experimenta un gozo indescriptible, anticipo de la visión beatífica.

Gracias a este don –enseña Santo Tomás de Aquino–, «Dios es entrevisto aquí abajo»8 por la mirada purificada de quienes son dóciles a las mociones del Paráclito, aunque los misterios de la fe sigan envueltos en cierta oscuridad.

Para llegar a este conocimiento no bastan las luces ordinarias de la fe; es necesaria una especial efusión del Espíritu Santo, que recibimos en la medida de la correspondencia a la gracia, de la purificación del corazón y de los deseos de santidad. El don de entendimiento permite que el alma, con facilidad, participe de esa mirada de Dios que todo lo penetra, empuja a reverenciar la grandeza de Dios, a rendirle afecto filial, a juzgar adecuadamente de las cosas creadas... «Poco a poco, a medida que el amor va creciendo en el alma, la inteligencia del hombre resplandece más y más con la propia claridad de Dios»9, y nos da una gran familiaridad con los misterios escondidos de Dios.

En este día del Decenario al Espíritu Santo podríamos preguntarnos sobre el deseo de purificar nuestra alma, y si este deseo tiene, entre otras manifestaciones, el aprovechar muy bien las gracias de cada Confesión. Si acudimos a ella con la puntualidad que hayamos previsto, si preparamos con toda sinceridad el examen de conciencia, si pedimos al Paráclito ayuda para fomentar la contrición y un gran deseo de alejarnos de todo pecado y faltas deliberadas.

II. El Espíritu Santo, mediante el don de entendimiento, hace penetrar al alma, de muchas maneras, en las profundidades de los misterios revelados. De una forma sobrenatural, y por tanto gratuita, enseña en lo íntimo del corazón lo que encierran las verdades más profundas de la fe. «Como uno que sin haber aprendido ni trabajado nada para saber leer ni tampoco hubiese estudiado nada –explica Santa Teresa–, hallase que ya sabía toda la ciencia, sin saber cómo ni de dónde le había venido, pues nunca había trabajado ni para aprender el alfabeto. Esta comparación última enseña algo de este don celestial, porque el alma ve en un momento el misterio de la Santísima Trinidad y otras cosas muy elevadas con tal claridad, que no hay teólogo con quien no se atreviese a discutir estas verdades tan grandes»10.

El don de entendimiento lleva a captar el sentido más hondo de la Sagrada Escritura, la vida de la gracia, la presencia de Cristo en cada sacramento y, de una manera real y sustancial, en la Sagrada Eucaristía. Este don nos da como un instinto divino para aquello que de sobrenatural hay en el mundo. Ante la mirada del creyente iluminada por el Espíritu brota así todo un universo nuevo. Los misterios de la Santísima Trinidad, de la Encarnación, de la Redención, de la Iglesia se convierten en realidades extraordinariamente vivas y actuales que orientan toda la vida del cristiano, influyendo decisivamente en el trabajo, en la familia, en los amigos... Su influjo hace la oración más sencilla y profunda.

Quienes son dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, purifican su alma, mantienen la fe despierta, descubren a Dios a través de todas las cosas creadas y de los sucesos de la vida ordinaria. El que vive en la tibieza no percibe ya estas llamadas de la gracia, tiene embotada su alma para lo divino, y ha perdido el sentido de la fe, de sus exigencias y delicadezas.

El don de entendimiento lleva a contemplar a Dios en medio de las tareas ordinarias, en los acontecimientos, agradables o dolorosos, de la vida de cada uno. El camino para llegar a la plenitud de este don es la oración personal, en la que contemplamos las verdades de la fe, y la lucha, alegre y amorosa, por mantener la presencia de Dios durante el día fomentando los actos de contrición cuando nos hemos separado del Señor. No se trata de una ayuda sobrenatural extraordinaria que se concede exclusivamente a personas muy excepcionales, sino a todos aquellos que quieren ser fieles al Señor allí donde se encuentran, santificando sus alegrías y dolores, su trabajo y su descanso.

III. Para ir adelante en este camino de santidad es necesario fomentar el recogimiento interior (evitar andar con los sentidos despiertos, estar dispersos en las cosas, sin presencia de Dios...), la mortificación de los sentidos internos (la imaginación, los recuerdos y pensamientos inútiles...) y de los externos, esforzarse diariamente en la presencia de Dios, tomando ocasión de los sucesos y percances de cada día.

Es preciso purificar el corazón, pues solo los limpios de corazón tienen capacidad para ver a Dios11. La impureza, el apegamiento a los bienes de la tierra, el conceder al cuerpo todos sus caprichos embotan el alma para las cosas de Dios. El hombre no espiritual no percibe las cosas del Espíritu de Dios, pues son necedad para él y no puede conocerlas, porque solo se pueden enjuiciar según el Espíritu12. El hombre espiritual es el cristiano que lleva al Espíritu Santo en su alma en gracia, y tiene la mente y el pensamiento puestos en Cristo. Su vida limpia, sobria y mortificada es la mejor preparación para ser digna morada del Espíritu, que habitará en él con todos sus dones.

Cuando el Espíritu Santo encuentra un alma bien dispuesta, se va adueñando de ella, y la lleva por caminos de oración cada vez más profunda, hasta que «las palabras resultan pobres... y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto»13.

San Josemaría Escrivá describía el sendero de las almas, en las ocupaciones más normales de la vida y cualquiera que fuera su cultura, profesión, estado, etcétera, hasta llegar a la oración contemplativa. Para muchos, el camino parte de la consideración frecuente de la Humanidad Santísima del Señor, a quien se llega a través de la Virgen –pasando necesariamente por la Cruz–, y acaba en la Trinidad Santísima. «El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo, y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!»14.

Al terminar nuestra oración acudimos a la Virgen, que tuvo la plenitud de la fe y de los dones del Espíritu Santo, y le pedimos que nos enseñe a tratar y a amar al Paráclito en nuestra alma siempre, pero de modo particular en este Decenario, y que no nos quedemos a mitad del camino en ese sendero que conduce a la santidad, a la que hemos sido llamados.

1 Ex 33, 13. — 2 Sal 119, 34. — 3 Cfr. Jn 16, 13. — 4 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 4. — 5 Pablo VI, Exhor. Apost. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, 75. — 6 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 5. — 7 A. Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas, Palabra, 4ª ed., Madrid 1985, p. 72. — 8 Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 69, a. 2. — 9 M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 194. — 10 Santa Teresa, Vida, 27, 8-9. — 11 Cfr. Mt 5, 8. — 12 1 Cor 2, 14. — 13 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 296. — 14 Ibídem, 306.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“María, Reina de los Apóstoles”

¡Qué lección tan extraordinaria cada una de las enseñanzas del Nuevo Testamento! –Después de que el Maestro, mientras asciende a la diestra de Dios Padre, les ha dicho: "id y predicad a todas las gentes", se han quedado los discípulos con paz. Pero aún tienen dudas: no saben qué hacer, y se reúnen con María, Reina de los Apóstoles, para convertirse en celosos pregoneros de la Verdad que salvará al mundo. (Surco, 232)

Si miramos nuestra vida con humildad, distinguiremos claramente que el Señor nos ha concedido, además de la gracia de la fe, talentos, cualidades. Ninguno de nosotros es un ejemplar repetido: Nuestro Padre nos ha creado uno a uno, repartiendo entre sus hijos un número diverso de bienes. Hemos de poner esos talentos, esas cualidades, al servicio de todos: utilizar esos dones de Dios como instrumentos para ayudar a descubrir a Cristo.

(…) Es tarea de los hijos de Dios lograr que todos los hombres entren -en libertad- dentro de la red divina, para que se amen. Si somos cristianos, hemos de convertirnos en esos pescadores que describe el profeta Jeremías, con una metáfora que empleó también repetidamente Jesucristo: seguidme, y yo haré que vengáis a ser pescadores de hombres, dice a Pedro y a Andrés. (Amigos de Dios, 258-260)

 

 

¿Qué sabemos realmente de Jesús?

Una de las 50 preguntas frecuentes sobre Jesucristo y la Iglesia, respondidas por un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra.

Preguntas 1 de Junio de 2016

pus Dei - 1. ¿Qué sabemos realmente de Jesús?

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Descargar ePub - Descargar Mobi - Descargar PDF

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Disponemos de todo lo que los testigos de su vida y de su muerte nos han transmitido: tradiciones orales y escritas sobre su persona, entre las que destacan los cuatro evangelios, que han sido transmitidas en la realidad de la comunidad de fe viva que él estableció y que continúa hasta hoy. Esta comunidad es la Iglesia, compuesta por millones de seguidores de Jesús a lo largo de la historia, que le han conocido por los datos que ininterrumpidamente les trasmitieron los primeros discípulos. Los datos que hay en los evangelios apócrifos y otras referencias extrabíblicas no aportan nada sustancial a la información que nos ofrecen los evangelios canónicos, tal como han sido trasmitidos por la Iglesia.

Hasta la Ilustración, creyentes y no creyentes estaban persuadidos de que lo que podíamos conocer sobre Jesús se contenía en los evangelios. Sin embargo, por ser relatos escritos desde la fe, algunos historiadores del siglo XIX cuestionaron la objetividad de sus contenidos. Para estos estudiosos, los relatos evangélicos eran poco creíbles porque no contenían lo que Jesús hizo y dijo, sino lo que creían los seguidores de Jesús unos años después de su muerte. Como consecuencia, durante las décadas siguientes y hasta mediados del siglo XX se cuestionó la veracidad de los evangelios y se llegó a afirmar que de Jesús “no podemos saber casi nada” (Bultmann).

Hoy en día, con el desarrollo de la ciencia histórica, los avances arqueológicos, y nuestro mayor y mejor conocimiento de las fuentes antiguas, se puede afirmar con palabras de un conocido especialista del mundo judío del siglo I d.C. —a quien no se puede tachar precisamente de conservador— que “podemos saber mucho de Jesús” (Sanders). Por ejemplo, este mismo autor señala “ocho hechos incuestionables”, desde el punto de vista histórico, sobre la vida de Jesús y los orígenes cristianos: 1) Jesús fue bautizado por Juan Bautista; 2) era un Galileo que predicó y realizó curaciones; 3) llamó a discípulos y habló de que eran doce; 4) limitó su actividad a Israel; 5) mantuvo una controversia sobre el papel del templo; 6) fue crucificado fuera de Jerusalén por las autoridades romanas; 7) tras la muerte de Jesús, sus seguidores continuaron formando un movimiento identificable; 8) al menos algunos judíos persiguieron a ciertos grupos del nuevo movimiento (Ga 1,13.22; Flp 3,6) y, al parecer, esta persecución duró como mínimo hasta un tiempo cercano al final del ministerio de Pablo (2 Co 11,24; Ga 5,11; 6,12; cf. Mt 23,34; 10,17).

Sobre esta base mínima en la que los historiadores están de acuerdo se pueden determinar como fidedignos desde el punto de vista histórico los otros datos contenidos en los evangelios. La aplicación de los criterios de historicidad sobre estos datos permite establecer el grado de coherencia y probabilidad de las afirmaciones evangélicas, y que lo que se contiene en esos relatos es sustancialmente cierto.

Por último, conviene recordar que lo que sabemos de Jesús es fiable y creíble porque los testigos son dignos de credibilidad y porque la tradición es crítica consigo misma. Además, lo que la tradición nos trasmite resiste el análisis de la crítica histórica. Es cierto que de las muchas cosas que se nos han trasmitido sólo algunas pueden ser demostrables por los métodos empleados por los historiadores. Sin embargo, esto no significa que las no demostrables por estos métodos no sucedieran, sino que sólo podemos aportar datos sobre su mayor o menor probabilidad. Y no olvidemos, por otra parte, que la probabilidad no es determinante. Hay sucesos muy poco probables que han sucedido históricamente. Lo que sin duda es verdad es que los datos evangélicos son razonables y coherentes con los datos demostrables. En cualquier caso, es la tradición de la Iglesia, en la que estos escritos nacieron, la que nos da garantías de su fiabilidad y la que nos dice cómo interpretarlos.

Bibliografía

A. Vargas Machuca, El Jesús histórico. Un recorrido por la investigación moderna, Universidad Pontifica de Comillas, Madrid 2004;

J. Gnilka, Jesús von Nazareth. Botschaft und Geschichte, Herder, Freiburg 1990 (ed. esp. Jesús de Nazaret, Herder, Barcelona 1993);

R. Latourelle, A Jesús el Cristo por los Evangelios. Historia y hermenéutica, Sígueme, Salamanca 21986;

F. Lambiasi, L’autenticità storica dei vangeli. Studio di criteriologia,: EDB, Bologna 21986.

 

 

Decenario al Espíritu Santo

Francisca Javiera del Valle

​I
I
La víspera de empezar este Decenario, que es la víspera de la Ascensión gloriosa de nuestro Divino Redentor, nos debemos preparar, con resoluciones firmes, para emprender la vida interior, y emprendida esta vida, no abandonarla jamás.[1]

PRIMER DÍA

Oración[2]

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración[3]

Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo

descendió sobre los discípulos del Señor

Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones. La victoria que Cristo —con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección— había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad.

Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas. Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por Él, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén.

Los hombres y las mujeres que, venidos de las más diversas regiones, pueblan en aquellos días la ciudad, escuchan asombrados. Partos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y del Asia, los de Frigia, de Pamfilia y de Egipto, los de Libia, confinante con Cirene, y los que han venido de Roma, tanto judíos como prosélitos, los cretenses y los árabes, oímos hablar las maravillas de Dios en nuestras propias lenguas. Estos prodigios, que se obran ante sus ojos, les llevan a prestar atención a la predicación apostólica. El mismo Espíritu Santo, que actuaba en los discípulos del Señor, tocó también sus corazones y los condujo hacia la fe.

Nos cuenta San Lucas que, después de haber hablado San Pedro proclamando la Resurrección de Cristo, muchos de los que le rodeaban se acercaron preguntando: —¿qué es lo que debemos hacer, hermanos? El Apóstol les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Aquel día se incorporaron a la Iglesia, termina diciéndonos el texto sagrado, cerca de tres mil personas.

La venida solemne del Espíritu en el día de Pentecostés no fue un suceso aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: Él es quien inspira la predicación de San Pedro, quien confirma en su fe a los discípulos, quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles, quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús. En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

SEGUNDO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

Vigencia y actualidad de la Pentecostés

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea —siempre y en todo— signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios. Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara.

También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo. El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que Él derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos.

La experiencia de nuestra debilidad y de nuestros fallos, la desedificación que puede producir el espectáculo doloroso de la pequeñez o incluso de la mezquindad de algunos que se llaman cristianos, el aparente fracaso o la desorientación de algunas empresas apostólicas, todo eso —el comprobar la realidad del pecado y de las limitaciones humanas— puede sin embargo constituir una prueba para nuestra fe, y hacer que se insinúen la tentación y la duda: ¿dónde están la fuerza y el poder de Dios? Es el momento de reaccionar, de practicar de manera más pura y más recia nuestra esperanza y, por tanto, de procurar que sea más firme nuestra fidelidad.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

TERCER DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

La Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo, es el Cuerpo Místico de Cristo

Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo. Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.

Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.

Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, pro Corpore eius, quod est Ecclesia, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia.

Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios? El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

CUARTO DÍA

Oración

Ven ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos; fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras…

Consideración

Nuestra fe en el Espíritu Santo debe ser absoluta

Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios: no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena. La acción del Espíritu Santo puede pasarnos inadvertida, porque Dios no nos da a conocer sus planes y porque el pecado del hombre enturbia y obscurece los dones divinos. Pero la fe nos recuerda que el Señor obra constantemente: es Él quien nos ha creado y nos mantiene en el ser; quien, con su gracia, conduce la creación entera hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Por eso, la tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón. El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es Él quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno.

Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza. Cuando venga el Espíritu de verdad —anunció Jesús—, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que Él nos mereció en la tierra.

No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo. Me viene a la mente considerar hasta qué punto será extraordinariamente importante y abundantísima la acción del Divino Paráclito, mientras el sacerdote renueva el sacrificio del Calvario, al celebrar la Santa Misa en nuestros altares.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

QUINTO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

El Espíritu Santo está en medio de nosotros

Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro; Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado. En muchas ocasiones, desde hace más de un cuarto de siglo, al recitar el Credo y afirmar mi fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añado a pesar de los pesares. Cuando he comentado esa costumbre mía y alguno me pregunta a qué quiero referirme, respondo: a tus pecados y a los míos.

Todo eso es cierto, pero no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertos cristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.

Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa, con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo.

Antes de que Cristo fuera crucificado —escribe San Juan Crisóstomo— no había ninguna reconciliación. Y, mientras no hubo reconciliación, no fue enviado el Espíritu Santo… La ausencia del Espíritu Santo era signo de la ira divina. Ahora que lo ves enviado en plenitud, no dudes de la reconciliación. Pero si preguntaron: ¿dónde está ahora el Espíritu Santo? Se podía hablar de su presencia cuando ocurrían milagros, cuando eran resucitados los muertos y curados los leprosos. ¿Cómo saber ahora que está de veras presente? No os preocupéis. Os demostraré que el Espíritu Santo está también ahora entre nosotros…

Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos decir: Señor, Jesús, pues nadie puede invocar a Jesús como Señor, si no es en el Espíritu Santo (1 Corintios XII, 3). Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos orar con confianza. Al rezar, en efecto, decimos: Padre nuestro que estás en los cielos (Mateo VI, 9). Si no existiera el Espíritu Santo no podríamos llamar Padre a Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque el apóstol nos enseña: Y, por ser hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abba, Padre (Gálatas IV, 6).

Cuando invoques, pues, a Dios Padre, acuérdate de que ha sido el Espíritu quien, al mover tu alma, te ha dado esa oración. Si no existiera el Espíritu Santo, no habría en la Iglesia palabra alguna de sabiduría o de ciencia, porque está escrito: es dada por el Espíritu la palabra de sabiduría (1 Corintios XII, 8)… Si el Espíritu Santo no estuviera presente, la Iglesia no existiría. Pero, si la Iglesia existe, es seguro que el Espíritu Santo no falta.

Por encima de las deficiencias y limitaciones humanas, insisto, la Iglesia es eso: el signo y en cierto modo —no en el sentido estricto en el que se ha definido dogmáticamente la esencia de los siete sacramentos de la Nueva Alianza— el sacramento universal de la presencia de Dios en el mundo. Ser cristiano es haber sido regenerado por Dios y enviado a los hombres, para anunciarles la salvación. Si tuviéramos fe recia y vivida, y diéramos a conocer audazmente a Cristo, veríamos que ante nuestros ojos se realizan milagros como los de la época apostólica.

Porque ahora también se devuelve la vista a ciegos, que habían perdido la capacidad de mirar al cielo y de contemplar las maravillas de Dios; se da la libertad a cojos y tullidos, que se encontraban atados por sus apasionamientos y cuyos corazones no sabían ya amar; se hace oír a sordos, que no deseaban saber de Dios; se logra que hablen los mudos, que tenían atenazada la lengua porque no querían confesar sus derrotas; se resucita a muertos, en los que el pecado había destruido la vida. Comprobamos una vez más que la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que cualquier espada de dos filos y, lo mismo que los primeros fieles cristianos, nos alegramos al admirar la fuerza del Espíritu Santo y su acción en la inteligencia y en la voluntad de sus criaturas.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

SEXTO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

Dar a conocer el camino de la correspondencia

a la acción del Espíritu Santo

Veo todas las incidencias de la vida —las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de las historia— como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos.

Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio.

No es verdad que toda la gente de hoy —así, en general y en bloque— esté cerrada, o permanezca indiferente, a lo que la fe cristiana enseña sobre el destino y el ser del hombre; no es cierto que los hombres de estos tiempos se ocupen sólo de las cosas de la tierra, y se desinteresen de mirar al cielo. Aunque no faltan ideologías —y personas que las sustentan— que están cerradas, hay en nuestra época anhelos grandes y actitudes rastreras, heroísmos y cobardías, ilusiones y desengaños; criaturas que sueñan con un mundo nuevo más justo y más humano, y otras que, quizá decepcionadas ante el fracaso de sus primitivos ideales, se refugian en el egoísmo de buscar sólo la propia tranquilidad, o en permanecer inmersas en el error.

A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual podamos ser salvos.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

SEPTIMO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

El don de la sabiduría nos permite conocer a Dios

y gozarnos en su presencia

Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida. Si fuéramos consecuentes con nuestra fe, al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron el de Jesucristo: al ver aquellas muchedumbres se compadecía de ellas, porque estaban malparadas y abatidas, como ovejas sin pastor.

No es que el cristiano no advierta todo lo bueno que hay en la humanidad, que no aprecie las limpias alegrías, que no participe en los afanes e ideales terrenos. Por el contrario, siente todo eso desde lo más recóndito de su alma, y lo comparte y lo vive con especial hondura, ya que conoce mejor que hombre alguno las profundidades del espíritu humano.

La fe cristiana no achica el ánimo, ni cercena los impulsos nobles del alma, puesto que los agranda, al revelar su verdadero y más auténtico sentido: no estamos destinados a una felicidad cualquiera, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los ángeles y a todos los hombres.

Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo.

Hemos de vivir de fe, de crecer en la fe, hasta que se pueda decir de cada uno de nosotros, de cada cristiano, lo que escribía hace siglos uno de los grandes Doctores de la Iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas e ilustradas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a las demás la luz de la gracia. Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De Él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que puede ser pensado, el hacerse Dios.

La conciencia de la magnitud de la dignidad humana —de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia en hijos de Dios— junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino. Es ésta una verdad que no puede olvidarse nunca, porque entonces el endiosamiento se pervertiría y se convertiría en presunción, en soberbia y, más pronto o más tarde, en derrumbamiento espiritual ante la experiencia de la propia flaqueza y miseria.

¿Me atreveré a decir: soy santo? —se preguntaba San Agustín. Si dijese santo en cuanto santificador y no necesitado de nadie que me santifique, sería soberbio y mentiroso. Pero si entendemos por santo el santificado, según aquello que se lee en el Levítico: sed santos, porque yo, Dios, soy santo; entonces también el cuerpo de Cristo, hasta el último hombre situado en los confines de la tierra y, con su Cabeza y bajo su Cabeza, diga audazmente: soy santo.

Amad a la Tercera Persona de la Trinidad Beatísima: escuchad en la intimidad de vuestro ser las mociones divinas —esos alientos, esos reproches—, caminad por la tierra dentro de la luz derramada en vuestra alma: y el Dios de la esperanza nos colmará de toda suerte de paz, para que esa esperanza crezca en nosotros siempre más y más, por la virtud del Espíritu Santo.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

OCTAVO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

Vivir según el Espíritu Santo

Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración.

Fue así como vivieron aquellos primeros, y como debemos vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal —la oración sin anonimato— cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta. Si eso falta, habrá tal vez reflexión erudita, actividad más o menos intensa, devociones y prácticas. Pero no habrá auténtica existencia cristiana, porque faltará la compenetración con Cristo, la participación real y vivida en la obra divina de la salvación.

Es doctrina que se aplica a cualquier cristiano, porque todos estamos igualmente llamados a la santidad. No hay cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica sólo una versión rebajada del Evangelio: todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una la caridad.

Podemos, por tanto, tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros?, y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, el Gran Desconocido: un nombre que se pronuncia, pero que no es Alguno —una de las tres Personas del único Dios—, con quien se habla y de quien se vive.

Hace falta —en cambio— que lo tratemos con asidua sencillez y con confianza, como nos enseña a hacerlo la Iglesia a través de la liturgia. Entonces conoceremos más a Nuestro Señor y, al mismo tiempo, nos daremos cuenta más plena del inmenso don que supone llamarse cristianos: advertiremos toda la grandeza y toda la verdad de ese endiosamiento, de esa participación en la vida divina, a la que ya antes me refería.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

NOVENO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

Docilidad, oración y unión con la Cruz

Porque el Espíritu Santo no es un artista que dibuja en nosotros la divina substancia, como si Él fuera ajeno a ella, no es de esa forma como nos conduce a la semejanza divina; sino que Él mismo, que es Dios y de Dios procede, se imprime en los corazones que lo reciben como el sello sobre la cera y, de esa forma, por la comunicación de sí y la semejanza, restablece la naturaleza según la belleza del modelo divino y restituye al hombre la imagen de Dios.

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo —y, con Él, al Padre y al Hijo— y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad —repito—, vida de oración, unión con la Cruz.

Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Si nos dejamos guiar por ese principio de vida presente en nosotros, que es el Espíritu Santo, nuestra vitalidad espiritual irá creciendo y nos abandonaremos en las manos de nuestro Padre Dios, con la misma espontaneidad y confianza con que un niño se arroja en los brazos de su padre. Si no os hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos, ha dicho el Señor. Viejo camino interior de infancia, siempre actual, que no es blandenguería, ni falta de sazón humana: es madurez sobrenatural, que nos hace profundizar en las maravillas del amor divino, reconocer nuestra pequeñez e identificar plenamente nuestra voluntad con la de Dios.

Vida de oración, en segundo lugar, porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana requiere un diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo. ¿Quién sabe las cosas del hombre, sino solamente el espíritu del hombre, que está dentro de él? Así las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios. Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro.

Acostumbremos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas. Y se reproducirá en nuestras vidas esa visión final del Apocalipsis: el espíritu y la esposa, el Espíritu Santo y la Iglesia —y cada cristiano— que se dirigen a Jesús, a Cristo, y le piden que venga, que esté con nosotros para siempre.

Unión con la Cruz, finalmente, porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano: somos —nos dice San Pablo— coherederos con Jesucristo, con tal que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados. El Espíritu Santo es fruto de la cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos.

Sólo cuando el hombre, siendo fiel a la gracia, se decide a colocar en el centro de su alma la Cruz, negándose a sí mismo por amor a Dios, estando realmente desprendido del egoísmo y de toda falsa seguridad humana, es decir, cuando vive verdaderamente de fe, es entonces y sólo entonces cuando recibe con plenitud el gran fuego, la gran luz, la gran consolación del Espíritu Santo.

Es entonces también cuando vienen al alma esa paz y esa libertad que Cristo nos ha ganado, que se nos comunican con la gracia del Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad: y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

DECIMO DÍA

Oración

¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

Consideración

La vida del cristiano consiste en empezar una y otra vez

En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.

Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.

Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. No puedo, por eso, terminar de otra manera que haciendo mía la petición, que se contiene en uno de los cantos litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, que es como un eco de la oración incesante de la Iglesia entera: Ven, Espíritu Creador, visita las inteligencias de los tuyos, llena de gracia celeste los corazones que tú has creado. En tu escuela haz que sepamos del Padre, haznos conocer también al Hijo, haz en fin que creamos eternamente en Ti, Espíritu que procedes de uno del otro.

Oración

¡Espíritu Divino!

Por los méritos de Jesucristo

y la intercesión de tu esposa, Santa María,

te suplicamos vengas a nuestros corazones

y nos comuniques la plenitud de tus dones,

para que, iluminados y confortados por ellos,

vivamos según tu voluntad y,

muriendo entregados a tu amor,

merezcamos cantar eternamente tus infinitas misericordias. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

[1] F. J. del Valle. Decenario al Espíritu Santo, Madrid: Rialp, 1954.

[2] Cf. Postulación para la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer: Registro Histórico del Fundador [del Opus Dei] , 20172, p. 145.

[3] Las consideraciones de este Decenario están tomadas de la homilía El Gran Desconocido en Es Cristo que Pasa por San Josemaría Escrivá de Balaguer.

 

 

Cantar para Dios

Sheila Morataya

RAYALESSANDROINT

¿Conoces a Fray Alessandro?

Si no lo conoces te invito a buscarlo y escuchar su magnífica voz
Fray Alessandro (Alessandro Brustenghi) es un hermano franciscano. Ahora mismo al escribir estas líneas puedo transportarme hasta Asís en Italia, donde tuve la oportunidad de visitar el año pasado y caminar y recorrer los lugares de San Francisco, el lugar donde está enterrado, vi su tumba y recé ahí. También pude visitar la Iglesia de Santa Clara, y rezar frente a ella y su cuerpo incorrupto.

Cuando el autobús va acercándose a Asís se lee “bienvenido a la ciudad de la Paz” es una sensación única en el corazón pues en verdad ahí se siente palpitar la paz. Luego adentrarse en sus calles con pequeñísimos ladrillos de miles de años y subir y bajar hasta poder llegar a la Basílica de San Francisco es como caminar quizá en el mismo cielo. Rezar frente a la tumba de San Francisco y escuchar misa ahí no puede compararse tampoco con nada.
Francisco era el hombre que vino a enseñar la paz, la dependendencia total de Dios. Un alma pura y extraordinaria, un “instrumento de la paz”.

Estar en la Ciudad de la Paz es una experiencia única, irrepetible, inolvidable y transformadora del corazón.

Vivir de cerca con los franciscanos es conocer la mansedumbre de Jesús. El día en que yo me venía de regreso y con mucha tristeza en el corazón, ya que habían sido días extraordinarios en soledad, en búsqueda de la voluntad de Dios, en acercamiento a la santidad, de repente me topé con un gran enorme poster en el que se anunciaba la presentación de Fray Alessandro ese día.

Tuve dudas de quedarme o irme, sin embargo ya habían sido 20 días fuera de mi hogar y mi esposo me necesitaba. Decidí volver. Creo que si hubiera ido a YouTube y lo hubiera escuchado realmente no me hubiera resistido y me hubiera quedado. Sin embargo, Dios me permitió estar ahí, conocer su nombre y buscarlo en internet para escuchar su voz, la voz y el amor de Dios en su corazón.

Fray Alessandro conmueve hondamente, desde las primeras notas, el corazón. Luego siguen las lágrimas ya que en pocos segundos te ves transportada a la vida íntima de Dios.

Creo que Dios nos ha dado a este fraile porque lo necesitábamos. Necesitamos comprender que Dios es el Dios de los tiempos en cada época, en cada lugar. Hoy los tiempos se llaman “redes sociales” no hay fronteras y no hay límites para soñar y lograr lo que se quiera. Sin embargo, esa rapidez, esa montaña de información, esas propuesta de luz , fama y fortuna, tienen la capacidad de hacernos que olvidemos a Dios, que no le necesitamos en la vida, en lo profundo de la entraña y del corazón.

Fray Alessandro nos invita a ti y a mí a buscar la Gracia, a sentirla en el cerebro, la piel y el corazón, porque Dios en medio de lo frenético de este mundo está presente y me mira y te mira y quiere tener una relación contigo, un diálogo de amor y confiar en tus manos y a tu vida, tareas que solo pueden ser realizadas en el mundo, desde la persona que eres.

¡Qué hermoso ver a este franciscano usar su talento para el bien de la Iglesia, para el bien de los hombres, para la salvación de la humanidad!

Fray Alessandro no ha renunciado a sus votos de pobreza, de castidad. Sigue siendo un hermano. Todo lo que recauda en sus presentaciones se destina a obras para la iglesia, para comunidades pobres, para seguir promoviendo el mensaje de amor de Jesús.

No puedo evitar cerrar mis ojos, recogerme en mi interior y comprobar que estoy hecha para Dios. Que estamos hechos para vivir en su Gracia, en comunión con Él pues es desde esa comunicación como encuentras la tarea, el propósito y la valentía para hacer las cosas que tengas que hacer en el mundo, que el Dios del amor te confía.

Yo deseo que al escuchar a Fray Alessandro te des cuenta del “espectacular amor” que Dios tiene por ti y de cómo al crearte confía su mundo en tus manos.

Sheila Morataya

 

 

Por qué soy Católico

De “Doce Apóstoles Modernos y sus Credos” (1926) (Hay otra versión de este ensayo, en el libro “The Thing” en el cual Chesterton lo complementó)

Por: GK Chesterton

La dificultad de explicar “por qué soy un católico”, es porque hay mil razones que se juntan en una sola: El Catolicismo es Verdadero. Podría llenar todo mi espacio con distintas frases en que cada una partiera con las palabras: “Es la única cosa que…”

Como por ejemplo (1) Es la única cosa que realmente previene al pecado de ser un secreto. (2) Es la única cosa en la que el superior no puede ser superior; en el sentido displicente. (3) Es la única cosa que libera al hombre de la degradante esclavitud de ser un niño de su edad (4) Es la única cosa que habla como si fuera la Verdad; como si fuera el verdadero mensajero que se rehúsa a alterar el verdadero mensaje. (5) Es el único tipo de Cristianismo que realmente contiene a todo tipo de hombre; incluso al hombre respetable. (6) Es el único gran intento por cambiar al mundo desde adentro; trabajando a través de las voluntades y no de la ley; y así sigue.

O podría trata el asunto personalmente y describir mi propia conversión; pero sucede que tengo un fuerte sentimiento de que este método hace ver el asunto mucho mas pequeño de lo que realmente es.

Numerosos hombres, mucho mejores, han sido sinceramente convertidos a religiones mucho peores. Yo preferiría mucho mas tratar de decir aquí sobre la Iglesia Católica precisamente las cosas que no se pueden decir incluso de sus respetables rivales.

En fin, voy a decir precisamente respecto de la Iglesia Católica que es católica. Me gustaría tratar de sugerir que no es solamente más grande que yo, sino que más grande que cualquier cosa en el mundo; que es, de hecho, más grande que el mundo. Pero como este espacio es corto, y solo puedo tomar una sección, la voy a considerar en su capacidad de ser guardiana de la Verdad.

El otro día un bien-conocido escritor, en otro sentido bien-informado, dijo que la Iglesia Católica es la enemiga de las nuevas ideas. Es probable que no se le ocurriera que su propio comentario no era exactamente de la naturaleza de las nuevas ideas. Es una de las nociones que los católicos tienen que estar continuamente refutando, porque es una muy vieja idea. De hecho, aquellos que se quejan que el catolicismo no puede decir nada nuevo, rara vez piensan que es necesario decir cualquier cosa nueva sobre el catolicismo.

En cuanto a los hechos, un verdadero estudio de la historia demostrará que es curiosamente contrario a los hechos. En cuanto a que las ideas son realmente ideas, y en cuanto a que cualquiera de esas ideas puede ser nueva, los católicos continuamente han sufrido por apoyar esas ideas cuando realmente eran nuevas; cuando eran demasiado nuevas para encontrar a cualquier otro que las apoyara. El Católico no solo era el primero en el campo, sino que estaba sólo en el campo; y ahí no había nadie que pudiera entender lo que él allí había encontrado.

De esta manera, por ejemplo, cerca de dos mil años antes de la Declaración de Independencia y la Revolución Francesa, en una era devota al orgullo y alabanza de príncipes, el Cardenal Bellarmino y Suárez el Hispano lograron explicar lucidamente toda la teoría de la democracia real. Pero en la era del Derecho Divino ellos solo dieron la impresión de ser unos sofistas y sanguinarios Jesuitas, arrastrándose con dagas para efectuar el asesinato del rey.

Y, de nuevo, el Cauists de los colegios católicos dijo todo lo que realmente se puede decir para las obras problemáticas y las novelas problemáticas de nuestro propio tiempo, dos mil años antes de que fueran escritas. Ellos dijeron que realmente hay problemas de conducta moral; pero ellos tuvieron el infortunio de decirlo dos mil años muy adelantados. En un tiempo de gran (tub.thumping) fanatiquismo y libre y fácil vituperio, casi logran que les llamen mentirosos y (shufflers) por ser psicológicos, antes de que la psicología estuviera de moda. Sería fácil dar otros numerosos ejemplos hasta el tiempo presente, y el caso de que hay ideas que todavía son muy nuevas para ser comprendidas.

Hay pasajes de la “Encíclica Laboral” del Papa León XII {también conocida como Rerum Novarum, publicada en 1891} que sólo ahora están empezando a ser usadas como pistas para los movimientos sociales mucho más nuevos que el socialismo. Y cuando el Sr. Belloc escribió acerca del Estado Servil, él avanzó una teoría económica tan original que difícilmente alguien se ha dado cuenta qué es. Una cuantas centurias más adelante, probablemente otras personas las repitan, y la repitan mal. Y después, si los Católicos objetan, sus protestas serán fácilmente explicadas por los bien conocidos hechos de que los Católicos nunca se han interesado por nuevas ideas.

Sin embargo, el hombre que hizo el comentario sobre los Católicos quería decir algo; y es solamente justo para él, el entenderlo mas bien claramente de cómo él lo dijo.
Lo que él quiso decir era que, en el mundo moderno, la Iglesia Católica es, de hecho, la enemiga de muchas modas influenciables; muchas de las cuales todavía proclaman el ser nuevas, aunque muchas de ellas están empezando a ser un poco rancias.

En otras palabras, en cuanto a lo que quiso decir, que la Iglesia usualmente ataca lo que el mundo en cualquier momento apoya, estaba perfectamente en lo cierto. La Iglesia usualmente se pone en contra de las modas de este mundo que pasan de moda; Y ella tiene experiencia suficiente para saber como cuan rápido pasaran de moda. Pero para entender exactamente lo que esto envuelve, es necesario más bien tomar un punto de vista más amplio y considerar la finalidad natural de las ideas en cuestión, considerar, por así decirlo, la idea de la idea.

Nueve de cada diez de las ideas que llamamos nuevas son en realidad viejos errores. La Iglesia Católica tiene por una de sus principales obligaciones el prevenir a la gente que cometa esos viejos errores; de cometerlos una y otra vez para siempre, como la gente siempre hace cuando se las deja a ellas solas. La verdad sobre la actitud Católica respecto a la herejía, o como algunos dirían, hacia la libertad, puede ser mejor expresada, a lo mejor, usando la metáfora de un mapa.

La Iglesia Católica lleva una especie de mapa de la mente que se parece mucho a un mapa de un laberinto, pero que de hecho es una guía para el laberinto. Ha sido compilada por el conocimiento, que incluso considerándolo como conocimiento humano, no tiene ningún paralelo humano.

No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar por dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido.

En este mapa de la mente los errores son marcados como excepciones. La mayor parte de el consiste en patios de recreos y felices lugares de caza, donde la mente puede tener tanta libertad como quiera; sin mencionar cualquier numero de terrenos de batalla intelectuales donde la batalla esta indefinidamente abierta e indecisa. Pero definitivamente toma la responsabilidad de marcar ciertos caminos que llevan a ninguna parte, o que te llevan a la destrucción, a una muralla en blanco, o a un precipicio total.

Por estos medios, previene a los hombres de perder el tiempo o perder la vida por caminos que han sido encontrados fútiles o desastrosos una y otra vez en el pasado, pero que puede, por lo demás, atrapar a viajeros una y otra vez en el futuro. La Iglesia se hace responsable de prevenir a su gente en contra de esto: y respecto a esto depende el verdadero problema del caso.
Ella defiende dogmáticamente a la humanidad de sus peores enemigos, esos anticuados, horribles y devoradores monstruos que son los viejos errores.

Ahora, todos estos falsos problemas tienen una forma de parecer bastante frescos, especialmente para nuestra nueva generación. Su primera declaración siempre suena inofensiva y plausible.

Voy a dar sólo dos ejemplos. Suena inofensivo decir, como la mayoría de la gente moderna ha dicho: “Las acciones son solamente malas cuando son malas para la sociedad” Siguiendo esto a cabalidad, tarde o temprano tu vas a tener la inhumanidad de una colmena o una ciudad pagana, estableciendo la esclavitud como el mas barato y seguro medio de producción, torturando a los esclavos por evidencia porque los individuos son nada para el Estado, declarando que un hombre inocente debe morir por el pueblo, como hicieron los asesinos de Cristo.

Entonces, a lo mejor, vas a volver a las definiciones Católicas, y encontraras que la Iglesia, que mientras también dice que es nuestro deber trabajar para la sociedad, dice otras cosas además que prohíben la injusticia individual.

O denuevo, suena bastante piadoso decir “Nuestro conflicto moral debe terminar con una victoria de lo espiritual sobre lo material” Siguiendo esto a cabalidad, terminaras en la locura de los Maniqueos, diciendo que el suicidio es bueno porque es un sacrificio, que una perversión sexual es buena porque no produce vida, que el demonio hizo el sol y la luna ya que son materiales. Entonces pondrías comenzar a suponer por que el Catolicismo insiste en que hay espíritus malos al igual que hay espíritus buenos; y que lo material también puede ser sagrado, como en la Encarnación o en la Misa, en el Sacramento del Matrimonio o en la Resurrección del Cuerpo.

Ahora no hay otra mente corporativa en el mundo que actúe de ésta manera para prevenir a las mentes se encaminen al error.
El policía viene muy tarde, cuando trata de prevenir al hombre de que se vuelva malo. El doctor viene muy tarde, porque el sólo viene a buscar a un loco, no a advertir a uno sano en como no volverse loco. Y todas las demás sectas y escualas son inadecuadas para tal propósito.

Esto no es porque cada una de ellas pueda no contener una verdad, sino que precisamente porque cada una de ellas contiene una verdad; y se contente con contener una verdad. Ninguna de esas otras en verdad pretende contener la verdad. Ninguna de las otras en realidad pretende esta mirando en todas las direcciones al mismo tiempo. La Iglesia no esta meramente armada contra las herejías del pasado, ni siquiera las del presente, sino igualmente contra las del futuro, que pueden ser exactamente lo opuesto a la del presente.

Catolicismo no es ritualismo; puede que en el futuro esté luchando contra una suerte de supersticiosa e idolatra exageración de un ritual. Catolicismo no es ascetismo; en el pasado ha estado una y otra vez en contra de la fanática y cruel exageración del ascetismo. Catolicismo no es meramente misticismo; está incluso ahora defendiendo a la razón humana contra el misticismo de los Pragmáticos.

Así, cuando el mundo se transformó en Puritano en el siglo diecisiete, la Iglesia estaba cargada con pujante caridad hasta el punto del sofismo, al hacer todo más fácil con la permisividad de lo confesional.

Ahora el mundo no se esta volviendo Puritano sino Pagano, es la Iglesia la que esta en todas partes protestando contra el relajo Pagano del vestir y los modales. Es hacer lo que los Puritanos quieren hecho cuando realmente lo quieren. Con toda probabilidad, todo lo que es bueno en el Protestantismo va a sobrevivir en el Catolicismo; y en el sentido de que todos los Católicos van a seguir siendo Puritanos cuando los Puritanos se vuelvan Paganos así, por ejemplo, Catolicismo, en un sentido pocamente entendido, se para fuera de la disputa como el Darwinismo en Dayton. Se para fuera debido a que está en alrededor de todo, como una casa se para toda alrededor de dos incongruentes piezas de muebles.

No es una sectaria presunción el decirlo antes y después y mas allá de todas estas cosas en todas las direcciones. Es imparcial en la pelea entre los Fundamentalistas y la teoría del Origen de las Especies, porque va más atrás que el origen de ese Origen; porque es más fundamental que los Fundamentalistas. Sabe de donde viene la Biblia. También sabe a donde van la mayoría de las teorías de la Evolución, sabe que hubo muchos otros Evangelios, y que los otros solo fueron eliminados por la autoridad de la Iglesia Católica. Sabe que hay otras muchas teorías de la evolución además de la teoría Darwiniana; y que está última es bastante probable que sea eliminada por los avances científicos.

No acepta, en el sentido convencional de la frase, las conclusiones de la ciencia, por la simple razón que la ciencia no ha concluido. Concluir es callarse; y el hombre de ciencia no es para nada probable que se calle. No cree, en el sentido convencional de la frase, “lo que la Biblia dice”, por la simple razón de que la Biblia no dice nada. No puedes poner a la Biblia en el estrado de los testigos y preguntarle que es lo realmente quería decir. La controversia Fundamentalista por si misma destruye al Fundamentalismo.

La Biblia por si sola no puede ser una base para el acuerdo cuando es ella misma la causa del desacuerdo; no puede ser el piso común de los Cristianos cuando algunos la toman alegóricamente y otros literalmente. Los Católicos se refieren a algo que puede decir algo, a la viviente, consistente y continua mente de la cual yo he hablado; la mente más grande del hombre guiada por Dios.

Cada momento incrementa en nosotros la necesidad moral de una mente inmortal como esa. Debemos tener algo que siga sosteniendo las cuatro esquinas del mundo, mientras nosotros hacemos nuestros experimentos sociales o construimos nuestras Utopías. Por ejemplo, debemos tener un acuerdo final, aunque sea en la evidente hermandad humana, que resista alguna reacción de la brutalidad humana.

Nada es mas probable ahora que la corrupción del gobierno representativo llevará, todo a la vez, al rico rompimiento suelto, y pisoteando todas las tradiciones de igualdad con mero orgullo pagano. Debemos tener lo evidente en todas partes reconocido como verdad. Debemos prevenir la mera reacción y la lúgubre repetición de viejos errores.

Debemos hacer al mundo intelectual seguro para la democracia. Pero en las condiciones de la mentalidad anárquica moderna, ni siquiera ese o cualquier otro ideal esta a salvo, así como los Protestantes apelaron de sacerdotes a la Biblia, y no se dieron cuanta de que la Biblia también podía ser interrogada, así que los republicanos apelaron de los reyes al pueblo, y no se dieron cuenta de que el pueblo también podía revelarse. No hay término para la disolución de ideas, la destrucción de todas las pruebas de verdad, que ha surgido, posiblemente, desde que el hombre ha abandonado el intento de guardar una central y civilizada Verdad, de contener todas las verdades y rastrear y refutar todos los errores.

Desde entonces, cada grupo a tomado una verdad y a gastado su tiempo en volverla falsedad. Hemos tenido nada más que movimientos; o, en otras palabras, monomanías. Pero la Iglesia no es un movimiento sino un lugar de encuentro; lugar de encuentro de toda la verdad en el mundo

 

 

 

Papado y ecumenismo

Por: P. Fernando Pascual

Buscar y promover la unidad de la Iglesia, buscar y promover la unidad de los cristianos: esta es una de las misiones más importantes del Obispo de Roma, este es uno de los retos que tiene por delante el nuevo Papa, Benedicto XVI.

Lo ha reconocido en su primera homilía, pronunciada ante los cardenales el miércoles 20 de abril de 2005, en la misma Capilla Sixtina donde fue elegido Sucesor de Pedro. Especialmente subrayamos estas reflexiones del Papa:

“Alimentados y apoyados por la Eucaristía, los católicos no pueden dejar de sentirse estimulados a tender a esa plena unidad que Cristo deseó ardientemente en el Cenáculo. El sucesor de Pedro sabe que tiene que hacerse cargo de modo muy particular de este supremo deseo del divino Maestro. [...] El actual sucesor de Pedro se deja interpelar en primera persona por esta petición y está dispuesto a hacer todo lo posible para promover la causa fundamental del ecumenismo. Tras las huellas de sus predecesores, está plenamente determinado a cultivar toda iniciativa que pueda parecer oportuna para promover contactos y el entendimiento con los representantes de las diferentes iglesias y comunidades eclesiales. A ellos les dirige también en esta ocasión el saludo más cordial en Cristo, único Señor de todos”.

¿Por qué es necesario el esfuerzo ecuménico? El hombre, por motivos muy complejos, tiende a la división, al egoísmo, a caminar por su cuenta, sin pensar en los otros, sin buscar la verdad. También esto ocurre entre los bautizados, entre los que creemos en el mismo Señor Jesús, aunque a veces con credos diferentes. Por eso resulta tan importante el ministerio del Papa: porque sirve y promueve la comunión y la unidad en la fe entre todos los cristianos.

Las iglesias y comunidades eclesiales que se han separado de Roma, que han roto su unidad con el Papa, que a veces han perdido contenidos importantes de la fe, no sólo han vivido una vida sin la plenitud de la savia que viene del Espíritu Santo, sino que han sufrido divisiones y divisiones cada vez más profundas entre sus miembros. Basta con observar la historia del protestantismo para darnos cuenta de esto. Algo parecido, si bien en un modo distinto, ha ocurrido entre algunos sectores de las iglesias ortodoxas.

En cambio, la Iglesia católica mantiene una unidad llena de riqueza. Unidad que no es uniformidad. Muchos se han sorprendido al ver a cardenales vestidos de un modo “especial” en los funerales de Juan Pablo II o en los días del cónclave. Esos cardenales representan a las iglesias católicas de rito oriental, que son parte de una riquísima tradición de ritos muy variados que han convivido dentro de la misma Iglesia. Conviene incluso recordar que, además de la pluralidad de ritos, coexisten en nuestra Iglesia dos derechos distintos, el Código de Derecho Canónico para la Iglesia de rito latino, y el Código de los cánones para las Iglesias orientales.

Benedicto XVI se ha propuesto continuar, tras las huellas de Juan Pablo II, tras las huellas de tantos Papas a lo largo de los siglos, el esfuerzo por conseguir que todos los bautizados, en la riqueza de tradiciones, lenguas y de culturas, vivamos unidos en un solo rebaño, con un solo Pastor (cf. Jn 10,16), en la misma fe. Que logremos un día vivir lo que el Espíritu Santo inspiró a san Pablo: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef 4,5-6).

Esa fue una de las indicaciones que nos dejó el Concilio Vaticano II en el decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo (publicado el 21 de noviembre de 1964). Ese fue uno de los legados que nos dejó Juan Pablo II en la encíclica Ut unum sint (del 25 de mayo de 1995).

En esta hermosa encíclica Juan Pablo II recordaba la importancia de la misión ecuménica del Papado: “Esta es un preciso deber del Obispo de Roma como sucesor del apóstol Pedro. Yo lo llevo a cabo con la profunda convicción de obedecer al Señor y con plena conciencia de mi fragilidad humana. En efecto, si Cristo mismo confió a Pedro esta misión especial en la Iglesia y le encomendó confirmar a los hermanos, al mismo tiempo le hizo conocer su debilidad humana y su particular necesidad de conversión: «Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22,32). Precisamente en la debilidad humana de Pedro se manifiesta plenamente cómo el Papa, para cumplir este especial ministerio en la Iglesia, depende totalmente de la gracia y de la oración del Señor: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lc 22,32). La conversión de Pedro y de sus sucesores se apoya en la oración misma del Redentor, en la cual la Iglesia participa constantemente. En nuestra época ecuménica, marcada por el concilio Vaticano II, la misión del Obispo de Roma trata particularmente de recordar la exigencia de la plena comunión de los discípulos de Cristo” (Ut unum sint n. 4).

No podemos dejar al Papa solo en esta misión, en este esfuerzo constante por promover la unidad de los creyentes. Todos podemos y debemos rezar para que pronto, muy pronto, se superen las barreras que nos han separado de las iglesias orientales y de aquellas comunidades eclesiales que comparten con nosotros tantos dones del Señor, movidos por el deseo profundo (que viene del mismo Dios) de poder abrazarnos un día como miembros de la única Iglesia de Cristo.

 

 

¿Qué es un laico?

Daniel Tirapu

Voz, laico en el Diccionario jurídico de la Real Academia de jurisprudencia y legislación, escrito por Daniel Tirapu. Gracias a Josemaría Escrivá, Alvaro del Portillo y Newman, llegué a esta claridad de concepto.

La noción de laico ha sido y es objeto de debate en la doctrina canónica. Si todos los miembros de la Iglesia son fieles (jerarquía religiosos y laicos) los laicos han sido caracterizados como aquellos fieles de la Iglesia que no han recibido el sacramento del orden ni se han vinculado en la Iglesia mediante votos o consejos evangélicos. Pero esta sería una definición negativa y simplista. Son laicos en la Iglesia aquellos fieles bautizados la mayor parte de los fieles de la Iglesia que están llamados a la santificación de las realidades temporales “política economía acción social mundo laboral' mediante su testimonio de vida coherente y que junto con todos los demás cuidan del mundo creado y participan de sus alegrías y sufrimientos.

Están especialmente llamados a la vida familiar donde transmiten la fe y las destrezas propias siendo elementos fundamentales de esperanza y de cohesión entre las generaciones para hacer un mundo más justo y amable.

A los laicos corresponde la función de santificar en las celebraciones litúrgicas pues participan del sacerdocio común de Cristo por el Bautismo. En este ámbito sin ser su principal función pueden llevar algunas funciones como acólitos, lectores, comentadores y administrar algunos sacramentales. Los laicos como testigos del anuncio evangélico en algunas ocasiones pueden ser llamados a colaborar con el Obispo y los presbíteros en el ejercicio del ministerio de la palabra. El laico actúa a título personal sin responsabilizar a la Iglesia. Tienen el derecho a recibir una formación cristiana adecuada incluso a obtener títulos oficiales de ciencias sagradas.

En cuanto a las funciones de gobierno los laicos a tenor del derecho pueden cooperar en el ejercicio de la potestad de gobierno a tenor del c. 0129,2 del CIC. Un laico puede ser consejero de juez, único, procurador y abogado notario, perito e incluso la Conferencia episcopal de cada país puede permitir que el laico sea juez en Tribunal colegiado.

Por laico en derecho estatal se suele entender que el estado no es creyente y que por tanto no puede sustituir ni concurrir al acto de fe de los ciudadanos. Algunos entienden por laico laicista o agresivo con la religión. En España el Tribunal Constitucional sentenció que la actitud del Estado respecto a las confesiones religiosas debe ser de una laicidad positiva el Estado no es confesional, pero coopera con las confesiones religiosas en el bien común.

 

 

Mamá: no tienes que ser perfecta, te queremos como eres

Por LaFa Mamá: no tienes que ser perfecta, te queremos como eres

La familia.info 

 

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La sociedad moderna se ha puesto un tanto exigente con las madres: deben ser las “coach” de sus hijos, las mejores esposas, también competentes y brillantes en sus puestos laborales, deben verse arregladas, bonitas, y ¡en forma! Ah, y la casa siempre en orden... Las “súper mamás” de hoy se sienten agotadas.

 

Todas estas condiciones han hecho que las mujeres se vuelvan inseguras en cuanto a sus capacidades de ser madre y han olvidando la esencia natural y femenina que fluye cuando a su cuidado se encuentra un pequeño ser. Esto también ha llevado a causar un gran temor a las que aún no se han decidido a ser madres.

 

A propósito del tema, nuestra bloguera La Mamá Oca hace esta reflexión en su escrito “La maternidad no es perfección”:

 

“¿Qué chip se ha quemado en nosotras, las mujeres, que vivimos una angustiosa inseguridad en torno a nuestro rol de madres? ¿Por qué mientras más sabemos, más tememos? ¿En qué parte de la historia nuestra liberación femenina sometió a nuestra naturaleza de mujeres? Lo que debería ser algo normal se ha convertido en un juego de decisiones, depresiones, postergaciones, sacrificios mal entendidos, entre otros tantos dramas, que nos han hecho pensar que la mujer no está hecha para ser madre de buenas a primeras y que si no somos súper archi perfectas –bajo nuestra propia escala de valores, claro está— nuestros hijos nos odiarán y serán pequeños monstruos infelices. Y así empezamos este calvario de amor que nos carga de culpas y cuestionamientos, además de tareas agotadoras para alcanzar esta utópica perfección.

 

(…) ¿Qué nos ha pasado? ¿El feminismo radical no sólo convenció a los hombres de que son totalmente prescindibles como padres sino también nos convenció a nosotras que siendo simplemente madres dispuestas a amar y a educar estamos siendo imperfectas y candidatas a la infelicidad? ¿El mundo de hoy, consumista y relativista, ganó la guerra al amor puro y bueno, es decir, al más natural de los amores?”. 

 

Por eso como dice Giuliana, la mujer que está detrás de “La Mamá Oca”, no debemos olvidar jamás el potente vínculo natural que existe entre una madre y su hijo, ni obviar que la maternidad es un DON que viene cargado de sabiduría, fortaleza e intuición, que todas las madres, adoptivas o biológicas, lo poseen sin excepción alguna.

 

Te queremos como eres

 

Recordemos que la palabra “matrimonio” se deriva de la expresión latina "matris munus", oficio de madre. De ahí que acostumbramos a decir que un hogar es lo que es la madre, que la madre llena el hogar. Por esa razón, una familia ya es feliz y no todo tiene que marchar a la perfección, precisamente en ese proceso caótico y hermoso a la vez, es que realmente se llega a ser feliz.

 

Así que el gran consejo para las madres es no echarse culpas, ni menospreciar su rol; mejor las invitamos a aceptar sus fortalezas y debilidades, y trabajar por ser mejor pero sin perder de vista lo más importante: no tienes que ser perfecta para que tus hijos te quieran.

 

Por consiguiente, date el permiso de sentir cansancio, o aceptar que has tenido un mal día, o que te has equivocado, o llora “supuestamente” sin tener razón. El mundo no se acabará, y sí sentirás un gran alivio de saber que eres completamente normal. Después, respira profundo y con sólo ver a tu familia, te llegará de inmediato una recarga de fuerzas. Confía en ti, en tu esencia femenina, en tu don.

 

Hoy nos ponemos en los tacones de mamá, para entender su exigente mundo y reflexionar sobre cómo los hijos y el esposo pueden ayudar a quitarles tanto peso que tienen en sus espaldas. En  este Día de la Madre, dile a tu mamá, a tu esposa o a las madres que tienes alrededor: “No tienes que ser perfecta, te queremos como eres”.

 

Te dejamos con este video para confirmar que todo lo anterior es cierto.

 

 

 

Devoción al Inmaculado Corazón de María, parte esencial del Mensaje de Fátima

 

En el 100º Aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima, queremos compartir con Uds. este breve comentario sobre una gran promesa.

Nuestra Señora reveló en Fátima, durante su segunda aparición el 13 de junio de 1917, a Lucía, Francisco y Jacinta:

“Jesús desea usarte para hacerme conocer y amar. Él desea establecer la devoción a mi Inmaculado Corazón en el mundo. Prometo la salvación a aquellos que la abrazan; y estas almas serán amadas de Dios como flores arregladas por mí para adornar Su trono”.

Comentario de Plinio Corrêa de Oliveira:

“Lo que dice Nuestra Señora acerca de la devoción a su Inmaculado Corazón es asombroso. Ella promete formalmente el Cielo a todos los que practican esta devoción. No hay dos interpretaciones, ella es muy clara: a los que abracen la devoción a su Inmaculado Corazón, promete la salvación.

“Esta promesa fue hecha a Lucía, Jacinta, Francisco y, a través de ellos, a toda la humanidad. Esto vale para todo los que quieran aprenderla en los próximos años. Así, dondequiera se anuncie, se hace esta promesa. Por ejemplo, al hablar de ella en este exacto momento, esta promesa se está haciendo.

“Entonces, ¿qué estamos esperando? ¡Aceptemos de inmediato! Es Nuestra Señora quien hace esta promesa. Es como si nos dijera: “Apresúrate a abrazar esta promesa. Te amaré mucho más por ello. ¡Ven!’

“Es como si Nuestra Señora estuviera esforzándose por pensar en nuevas maneras de atraernos al Cielo. Pero hay un miserable algo en el hombre moderno que lo hace impermeable incluso a las promesas más magníficas. Él preferiría más confiar todo a una póliza de seguro de vida que a una promesa como esta.

“Ahora, consideren la hermosa comparación que hace Nuestra Señora: dice que aquellas almas que abrazan la devoción a su Inmaculado Corazón serán colocadas junto al trono de Dios en el Cielo, como una dama pone flores ante un altar cerca del Santísimo Sacramento.

¡Qué magnífico pensamiento! Imaginar nuestra alma colocada cerca de Dios como si fuera una flor! ¿Se puede comparar algo con eso? Sin embargo, la gente oye esto y se mantiene indiferente… “

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Se enfadan con los políticos y con razón

 

Enfado con los políticos: “El Congreso protege al lobo en contra de los ganaderos para buscar votos en las ciudades”

 

Seguro que muchos contemporáneos recuerdan aquellos cuentos de la infancia, el de Caperucita es un claro ejemplo, o el del pastor que engañaba a sus vecinos pidiendo ayuda contra el lobo ¡“que viene el lobo! gritaba, pues eso de temer al lobo y luchar contra él por que se comía las ovejas se ha acabado. El pasado fin de semana se emitía una nota de prensa por parte de organizaciones de ganaderos, especialmente por UPA ganadera, mostrando un “enfado mayúsculo” después de que la comisión de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Congreso haya aprobado una proposición no de ley en la que pide al Gobierno la plena protección del lobo ibérico en toda España.

 

Ante este hecho, los ganaderos han declarado sentirse “defraudados y marginados”, creo que con razón, por esta propuesta debatida por el Congreso, presentada por Unidos Podemos y respaldada por el PSOE, ERC y Compromís. Les ha acusado de basar su postura en una “búsqueda de votos en la ciudad” y un desconocimiento de la situación que vive el mundo rural, cosa que consideran un desprecio.

 

Los productores han asegurado que su ganado es “tan necesario o más en el monte que el lobo ibérico”, y que la adopción de una medida como la aprobada supondría “la expansión incontrolada de esta especie depredadora que España, como país, no se puede permitir”.

 

UPA ha defendido la ganadería extensiva por todos los beneficios que aporta a la sociedad y al medio ambiente. Y la expansión del lobo está acarreando, a día de hoy, -personalmente sigo muy de cerca las noticias sobre estos tema y puedo asegurar que al menos hay entre 3 i 4 ataques de lobos con muerte de animales cada semana-, cierres de explotaciones extensivas en las zonas de mayor presión lobera, han recordado desde esta organización.

 

También piden que se proteja a los ganaderos a través de un plan de convivencia con la fauna salvaje equilibrado y justo. Desde la Organización solicitarán próximamente una reunión con la ministra de Agricultura y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina y con los representantes de todos los partidos políticos para debatir en el mismo Congreso cómo aplicar un “plan de convivencia coherente y sostenible que permita la convivencia de los ganaderos con especies salvajes como el lobo”. Esperan no verse como el pastor del cuento, en este caso no hay moraleja ni han engañado a sus vecinos ni a la Administración, abandonados por un puñado de votos.

 

 

 

LA FE, POR VOS, NO MUERE.  

El segundo domingo de mayo celebra Valencia a su Patrona, la Virgen de los Desamparados, cuya devoción se remonta al siglo XV, cuando se creó el primer hospital del mundo para locos. 

Para la sociedad del siglo XXI, que parece anda algo loca, sigue  plenamente vigente la popular devoción a nuestra Patrona, y el texto de su himno, donde encontramos la frase que encabeza estas líneas: “En tierras valencianas la fe, por Vos, no muere”, es decir “gracias a Vos, la fe en Cristo no muere”, lo cual conecta directamente con la recomendación de Nuestra Señora en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”.

 

                                                                        Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 

Antídoto contra el individualismo

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha publicado la Instrucción “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”.

Ya en los primeros párrafos dicen los obispos que la fe en Jesucristo nos arranca del individualismo religioso tan extendido entre quienes hacen una religión a su medida, o dicen creer y no practicar cuando en realidad es lo contrario: como no practican no creen o creen a su modo ¿Aunque ese Jesús es realmente el del Evangelio? Porque el individualismo es una enfermedad que nace en la juventud y no acaba hasta la muerte, salvo que uno se abra a la gracia de Dios y a la mediación de su Iglesia que son realmente un antídoto contra el individualismo.

Juan García.

 

 

Personalidad narcisista

Entre las posibles causas de la personalidad narcisista descubiertas en la investigación están ciertos errores de algunos padres en la educación familiar. Uno de ellos es la excesiva severidad, unida a la falta de cariño y maltrato o humillación. Otro error es hacer creer al hijo que es el mejor o que es único.

Actualmente se está intentando asustar a los padres con el riesgo de que sus hijos lleguen a tener falta de autoestima. Y para prevenirlo se les recomienda a desarrollar esa cualidad con procedimientos como los siguientes: alabar a los hijos por sistema, con independencia de su comportamiento; rebajar los ideales de vida (para que luego no sufran posibles decepciones); reducir la exigencia hasta llegar a la tolerancia sin límites (para que nunca se sientan culpables de nada).

La experiencia dice que la autoestima no se desarrolla por la vía del elogio continuo o de la tolerancia casi total. Los padres que buscan fortalecer el “ego” de sus hijos por ese camino, lo único que consiguen es debilitarlo y aislarlo.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Socialistas, Comunistas, “Peperos y otras yerbas”

 

                                Aquí en España, el domingo pasado, se dirimió el enfrentamiento de las tres “fracciones o facciones” de lo que aquí se autodenominan “socialistas” o “socialistos” (así los denominaron algunos hace ya bastante tiempo). Conjunto o partido político, que en franca decadencia, camina hacia su desaparición, como terminaron los italianos y ahora recientemente, los franceses, donde incluso un alto cargo en el gobierno (Sr. Valls) ha declarado que el partido “está muerto”.

            La decadencia política en la actualidad afecta a la inmensidad de partidos de todo el mundo; se ha llegado (por lo que sea que no lo saben o quieren  decir) a un estado de anquilosamiento, parálisis, o fase final, que no saben cómo enmendar. Yo creo que en gran medida, ello procede de “una invasión del progreso cibernético u ordenadores y robótica”, que habiéndosenos dicho que venía a ayudar al hombre, en realidad lo está destruyendo, puesto que al eliminar  infinidad de seres humanos de sus trabajos habituales y el producto dinerario que esa invasión, ha producido, yendo  a pocas manos (el gran capital domina todo o casi todo)”: masas enormes de “pobres humanos”, languidecen, vegetan o van llegando a estados o situaciones desesperadas o ya insostenibles, incluso temiendo cada vez más, el que no hay futuro “para las manos del hombre” y que este será cada vez más esclavo de un sistema, que curiosamente ha creado ese hombre, pero cuyos beneficios no son repartidos con una equidad mínimamente equitativa y ese es para mí, el gran problema y el que los políticos (todos los políticos) eluden el tratar de ir buscando soluciones y obran como el avestruz.

            España ha sido arruinada por todos los políticos y partidos que la han mangoneado en los más de cuarenta años en que van ya, después de la desaparición de la dictadura de Franco; y en vez de administrar bien “la gran herencia económica que esta dejó”, la han dilapidado, malversado o robado y el resultado hoy es, unas multinacionales impensables entonces y una cantidad de ricos o ricos-ricos, que son los que se han apropiado de todo; creando al propio tiempo, unas “argollas gubernativas traducidas a impuestos y obligaciones, ya insoportables y que nos han transformado en una nueva situación de esclavitud o servidumbre (siervos mejor dicho) de la que no podemos liberarnos; lo que ha ido creando una situación de repulsión, al político en general y a los gobiernos en particular; en los que se incluyen, el estatal, el autonómico y el municipal; convertidos todos en una plaga de sanguijuelas, que se lo llevan todo y no crean apenas nada de la riqueza que se llevan, y que es la principal misión del gobierno que sea y con los impuestos que inmisericordemente saca a sus sojuzgados contribuyentes.

            Se ha creado una burrocracia (con b de burro) insoportable y parásita,  la que habría que reducir en grado superlativo, puesto que para ello cuentan con ordenadores que ya nos tienen medido, hasta el diámetro del “ojete” (ano) y ya apenas nos va quedando el que nos coloquen en las vías respiratorias, un contador de oxígeno para cobrarnos impuestos también por este imprescindible consumo que nos ofrece gratuitamente la Naturaleza del propio planeta que habitamos.

            Por todo ello y muchas más cosas que ya he comentado hace muchos años, a los españoles de hoy, nos importan “dos cojones”, los políticos en general y sus partidos; puesto que todos van “a la trinca” y por tanto a aprovecharse del dinero público, en continuos saqueos, puesto que en general y sálvese el que pueda (a la enorme corrupción descubierta me remito y lo que nos da pie para imaginar la mucha aún por descubrir) todos son de panza y bolsillo; “únicos móviles o ideales que les impulsan a obrar” y como la mayoría, “no han hecho nada en esta vida salvo vivir y medrar en la política”, se demuestra una vez más la veracidad, del consejo del sabio Confucio…   “Que nadie que no sepa gobernar su hacienda y su familia, entre en política para gobernar a los hombres” (cito de memoria). Por ello los nuevos comunistas-capitalistas chinos, han dado orden que en todo el inmenso país, vuelvan a impartirse en todos sus centros de enseñanza, las que impartiera Confucio y algunos otros sabios chinos, de hace dos milenios y medio y otros de épocas pretéritas pero de muchos siglos atrás; ya que por lo visto, también el “nuevo capitalismo chino” ha visto ya que el camino que llevan no es el conveniente; quizá también por cuanto “su gran capital imperial”, es hoy de las más contaminadas e insalubres de todo el mundo. Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes