Las Noticias de hoy 25 Mayo 2017

              Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 25 de mayo de 2017     

Indice:

Newsletter Diario

El Papa en la catequesis: “Jesús camina siempre junto a nosotros para darnos esperanza”

La «terapia de la esperanza» de Jesús. Catequesis del Papa en español

Paz en Ucrania, María Auxiliadora, la Ascención del Señor. Oración y bendición del Papa a peregrinos del mundo

Catequesis del Papa: Emaús, el camino de la esperanza

El Papa Francisco recibió al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Solemnidad de la Ascensión del Señor: Francisco Fernández-Carvajal

"Que sepamos abrir el alma": San Josemaria

Decenario al Espíritu Santo

Vida de fe

Mujer elegante, el poder de una revolución: Sheila Morataya-Fleishman

 El hombre no puede ser feliz sin una familia: Salvador Casadevall 

Porqué me convertí al catolicismo: G. K. Chesterton

Necesidades de un adolescente: Lucía Legorreta de Cervantes

 INFIERNO ¿ QUÉ ES?: Alejo Fernández Pérez

Católicos acomplejados: Pablo Cabellos Llorente

Refinería de Talara: cuestionada modernización: ALFREDO PALACIOS DONGO

NOTA DE PRENSA: El Centro Jurídico Tomás Moro lanza su portal temático sobre Ideología de Género.

Comprometerse en la construcción de una paz justa y duradera: Jaume Catalán Díaz

 Sobre el pluralismo religioso: Enric Barrull Casals

 Crisis fundamentalmente de valores  : Jesús Martínez Madrid

 AQUEL TELÉFONO DE CANUTOS: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

Newsletter Diario

 

El Papa en la catequesis: “Jesús camina siempre junto a nosotros para darnos esperanza”

Audiencia General del 24 mayo 2017. - ANSA

24/05/2017 10:54

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“En el fondo somos todos un poco como estos dos discípulos. Cuántas veces en la vida hemos esperado, cuántas veces nos hemos sentido a un paso de la felicidad, y luego nos hemos encontrado por los suelos decepcionados. Pero Jesús camina: Jesús camina con todas las personas desconsoladas que proceden con la cabeza agachada. Y caminando con ellos, de manera discreta, logra dar esperanza”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del cuarto miércoles de mayo, en que consiste la “terapia de la esperanza”.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma comentando el pasaje bíblico de la narración de los discípulos de Emaús y su encuentro con Jesús, dijo que estos “dos hombres caminaban decepcionados, tristes, convencidos de dejar atrás la amargura de un acontecimiento terminado mal. Antes de esa Pascua estaban llenos de entusiasmo: convencidos de que esos días habrían sido decisivos para sus expectativas y para la esperanza de todo el pueblo”. Pero no fue así. “Los dos peregrinos – afirma el Papa – cultivaban sólo una esperanza humana, que ahora se hacía pedazos. Esa cruz izada en el Calvario era el signo más elocuente de una derrota que no habían pronosticado”.

En este contexto, el encuentro de Jesús con esos dos discípulos parece ser del todo casual: se parece a uno de los tantos cruces que suceden en la vida. Los dos discípulos caminan pensativos y un desconocido se les une. Es Jesús; pero sus ojos no están en grado de reconocerlo. Y entonces Jesús comienza su “terapia de la esperanza”. Y esto que sucede en este camino es una terapia de la esperanza. ¿Quién lo hace? Jesús.

Texto y Audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera detenerme en la experiencia de los dos discípulos de Emaús, del cual habla el Evangelio de Lucas (Cfr. 24,13-35). Imaginemos la escena: dos hombres caminaban decepcionados, tristes, convencidos de dejar atrás la amargura de un acontecimiento terminado mal. Antes de esa Pascua estaban llenos de entusiasmo: convencidos de que esos días habrían sido decisivos para sus expectativas y para la esperanza de todo el pueblo. Jesús, a quien habían confiado sus vidas, parecía finalmente haber llegado a la batalla decisiva: ahora habría manifestado su poder, después de un largo periodo de preparación y de ocultamiento. Esto era aquello que ellos esperaban, y no fue así.

Los dos peregrinos cultivaban sólo una esperanza humana, que ahora se hacía pedazos. Esa cruz izada en el Calvario era el signo más elocuente de una derrota que no habían pronosticado. Si de verdad ese Jesús era según el corazón de Dios, deberían concluir que Dios era inerme, indefenso en las manos de los violentos, incapaz de oponer resistencia al mal.

Así, esa mañana de ese domingo, estos dos huyen de Jerusalén. En sus ojos todavía están los sucesos de la pasión, la muerte de Jesús; y en el ánimo el penoso desvelarse de esos acontecimientos, durante el obligado descanso del sábado. Esa fiesta de la Pascua, que debía entonar el canto de la liberación, en cambio se había convertido en el día más doloroso de sus vidas. Dejan Jerusalén para ir a otra parte, a un poblado tranquilo. Tienen todo el aspecto de personas intencionadas a quitar un recuerdo que duele. Entonces están por la calle y caminan. Tristes. Este escenario – la calle – había sido importante en las narraciones de los evangelios; ahora se convertirá aún más, desde el momento en el cual se comienza a narrar la historia de la Iglesia.

El encuentro de Jesús con esos dos discípulos parece ser del todo casual: se parece a uno de los tantos cruces que suceden en la vida. Los dos discípulos caminan pensativos y un desconocido se les une. Es Jesús; pero sus ojos no están en grado de reconocerlo. Y entonces Jesús comienza su “terapia de la esperanza”. Y esto que sucede en este camino es una terapia de la esperanza. ¿Quién lo hace? Jesús.

Sobre todo pregunta y escucha: nuestro Dios no es un Dios entrometido. Aunque si conoce ya el motivo de la desilusión de estos dos, les deja a ellos el tiempo para poder examinar en profundidad la amargura que los ha envuelto. El resultado es una confesión que es un estribillo de la existencia humana: «Nosotros esperábamos, pero Nosotros esperábamos, pero …» (v. 21). ¡Cuántas tristezas, cuántas derrotas, cuántos fracasos existen en la vida de cada persona! En el fondo somos todos un poco como estos dos discípulos. Cuántas veces en la vida hemos esperado, cuántas veces nos hemos sentido a un paso de la felicidad, y luego nos hemos encontrado por los suelos decepcionados. Pero Jesús camina: Jesús camina con todas las personas desconsoladas que proceden con la cabeza agachada. Y caminando con ellos, de manera discreta, logra dar esperanza.

Jesús les habla sobre todo a través de las Escrituras. Quien toma en la mano el libro de Dios no encontrará historias de heroísmo fácil, tempestivas campañas de conquista. La verdadera esperanza no es jamás a poco precio: pasa siempre a través de la derrota. La esperanza de quien no sufre, tal vez no es ni siquiera eso. A Dios no le gusta ser amado como se amaría a un líder que conduce a la victoria a su pueblo aplastando en la sangre a sus adversarios. Nuestro Dios es una farol suave que arde en un día frío y con viento, y por cuanto parezca frágil su presencia en este mundo, Él ha escogido el lugar que todos despreciamos.

Luego Jesús repite para los dos discípulos el gesto-cardinal de toda Eucaristía: toma el pan, lo bendice, lo parte y lo da. ¿En esta serie de gestos, no está quizás toda la historia de Jesús? ¿Y no está, en cada Eucaristía, también el signo de qué cosa debe ser la Iglesia? Jesús nos toma, nos bendice, “parte” nuestra vida – porque no hay amor sin sacrificio – y la ofrece a los demás, la ofrece a todos.

Es un encuentro rápido, el de Jesús con los discípulos de Emaús. Pero en ello está todo el destino de la Iglesia. Nos narra que la comunidad cristiana no está encerrada en una ciudad fortificada, sino camina en su ambiente más vital, es decir la calle. Y ahí encuentra a las personas, con sus esperanzas y sus desilusiones, a veces enormes. La Iglesia escucha las historias de todos, como emergen del cofre de la conciencia personal; para luego ofrecer la Palabra de vida, el testimonio del amor, amor fiel hasta el final. Y entonces el corazón de las personas vuelve a arder de esperanza. Todos nosotros, en nuestra vida, hemos tenido momentos difíciles, oscuros; momentos en los cuales caminábamos tristes, pensativos, sin horizonte, sólo con un muro delante. Y Jesús siempre está junto a nosotros para darnos esperanza, para encender nuestro corazón y decir: “Ve adelante, yo estoy contigo. Ve adelante”

El secreto del camino que conduce a Emaús es todo esto: también a través de las apariencias contrarias, nosotros continuamos a ser amados, y Dios no dejará jamás de querernos mucho. Dios caminará con nosotros siempre, siempre, incluso en los momentos más dolorosos, también en los momentos más feos, también en los momentos de la derrota: ahí está el Señor. Y esta es nuestra esperanza: vayamos adelante con esta esperanza, porque Él está junto a nosotros caminando con nosotros. Siempre.

 

 

La «terapia de la esperanza» de Jesús. Catequesis del Papa en español

En la catequesis el Papa habló de la "terapia de la esperanza" - ANSA

24/05/2017 10:29

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"El secreto de la terapia está en mostrar a la persona que, aunque que pueda parecer lo contrario, sigue siendo amada por Dios". Así explicó el Papa Francisco la «terapia de la esperanza» de Jesús, en la Audiencia General del miércoles 24 de mayo. 

El pontífice se centró en el Evangelio de Lucas que narra el pasaje de la huida de los discípulos de Jerusalén, quienes tras la muerte de Jesús, caminan hacia Emaús desanimados porque habían visto morir las esperanzas que habían puesto en el Maestro. Jesús, conociendo la tristeza que los inundaba quería ayudarles a sondear en profundidad la amargura que se había apoderado de ellos. 

Los discípulos caminan tristes, observó el Papa, porque vieron morir las esperanzas que habían puesto en Jesús de Nazaret; y la señal más elocuente de la derrota, que no habían previsto, es aquella cruz en el Calvario. En cambio se trata de una derrota que sí había sido prevista por Dios y también anunciada en las Sagradas Escrituras.

"En los Libros Sagrados -  prosiguió el Pontífice -  no se encuentran historias de heroísmo fácil, ni de conquistas fulminantes. A Dios no le gusta ser amado como a un líder que lleva a su pueblo a la victoria, aniquilando a los adversarios" sino, más bien, él representa "una llama frágil que arde en un día de frío y viento"; y, para aparecer aún más frágil, Él ha escogido el lugar que todos despreciamos. 

Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a los discípulos:fue entonces cuando los discípulos de Emaús lo reconocieron. En ese encuentro rápido de Jesús con los dos discípulos, dijo Francisco, está contenido todo el destino de la Iglesia; y en el gesto de la Eucaristía, el significado también de cómo debe ser nuestra vida: Jesús nos toma, nos bendice, 'parte' nuestra vida - porque no hay amor sin sacrificio - y la ofrece a los demás, a todos.

A continuación, el resumen de la catequesis que el Papa pronunció en nuestro idioma: 

"Queridos hermanos y hermanas:

La lectura del Evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos narra la experiencia de los dos discípulos que, después de la muerte de Jesús en el Calvario, huyen de Jerusalén sin esperanza, desilusionados y llenos de amargura por la derrota del Maestro, hacia la tranquilidad de Emaús.

En ese caminar hacia su aldea, mientras conversan con paso triste y desesperanzado, se les une un desconocido. Los ojos de ellos, velados aún por el fracaso de sus expectativas humanas, no reconocen que es Jesús. El Señor camina con ellos, y aunque conoce el motivo de su desilusión, no se impone, sino pregunta y escucha. Comienza su «terapia de la esperanza». Les deja el tiempo necesario para que hagan un recorrido interior y lleguen al fondo de su amargura. Y ellos pronuncian aquellas palabras: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel», que trasudan tristeza, decepción, derrota, y que son un retrato de la existencia humana que nos es común.

Jesús camina, de manera discreta, junto a todas las personas desalentadas, y logra darles de nuevo la esperanza. Como a los discípulos de Emaús, él habla a través de las Escrituras, manifestando cómo la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento. Y al final del camino cumplido en su compañía, Jesús se hace reconocer en la Fracción del pan, gesto fundamental de la Eucaristía, don de su amor total, de donde brota la vida de la Iglesia y del cristiano.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza. Que Dios los bendiga".

 

 

Paz en Ucrania, María Auxiliadora, la Ascención del Señor. Oración y bendición del Papa a peregrinos del mundo

El Papa aseguró una vez más su oración por la paz en Ucrania, en su audiencia general el día de María Auxiliadora - REUTERS

24/05/2017 11:39

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En su audiencia general,  en el día en que la Iglesia universal invoca a María Auxiliadora y en la víspera de la Solemnidad de la Asunción del Señor, el Papa  Francisco deseó a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo que su peregrinación a la Ciudad Eterna reavive su fe y suscite un nuevo compromiso en la caridad y en la solidaridad.

Asegurando una vez más su oración por la paz, el Santo Padre se dirigió en especial a un grupo proveniente de Ucrania:

«Saludo a los peregrinos ucranianos que han participado en la peregrinación militar internacional a Lourdes y sigo invocando al Señor por la paz para la querida tierra ucraniana».

El anhelo de tantas personas hoy es el de encontrar a Jesús y de que Él nos encuentre

En su bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, en especial a los provenientes de Siria, Tierra Santa y Oriente Medio, el Papa Francisco hizo hincapié en el tema central de su catequesis, sobre Emaús y el camino de la  esperanza cristiana:

«Hoy, tantas personas viven la experiencia de los dos discípulos de Emaús, con el corazón desgarrado por guerras y desilusiones: viven la necesidad de encontrar a Jesús y de ser encontrados por Él. En realidad, sólo el Resucitado puede reencender, en ellos y en la humanidad desilusionada, la llama de la esperanza que nunca defrauda. Que el Señor los bendiga a todos y los proteja del maligno»

En la alegría del Señor Resucitado, el Obispo de Roma renovó su invocación al amor misericordioso de Dios, nuestro Padre, sobre todos. Y, en su cordial saludo a los  polacos, reiteró su exhortación a buscar y confiar siempre en el amparo de la Madre de Dios:

«Todo hombre, en los momentos difíciles de la vida, se siente perdido y no sabe qué hacer. Necesitamos el apoyo de alguien, una ayuda, un consejo, sobre todo en ámbito espiritual. La memoria de la Bienaventurada Virgen María Auxiliadora, que recordamos hoy nos hace tomar conciencia de la grandeza del don de la protección de la Madre del Hijo de Dios sobre cada uno de nosotros. Encomendémosle precisamente a Ella nuestra vida. Cuando estemos en duda invoquemos sin cesar su amparo: ¡María Auxiliadora interceda por nosotros! ¡Alabado sea Jesucristo!

El Papa Francisco invocó a Nuestra Señora de Sheshan en la Jornada de Oración por la Iglesia en China:

«Hoy quiero saludar también en especial a los peregrinos de Hong Kong en el día de la Virgen de Sheshan, que ella los proteja».

La Virgen María auxilio de los cristianos estuvo presente también en las palabras del Papa en su saludo especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Hoy celebramos la memoria de María Auxiliadora, auxilio de los cristianos. Queridos jóvenes, aprendan a amar siguiendo la escuela de la Madre de Jesús; queridos enfermos, en el sufrimiento rueguen la celestial intercesión de la Virgen Santa con el rezo del Rosario; y ustedes, queridos recién casados, al igual que la Virgen, sepan  escuchar siempre la voluntad de Dios sobre vuestra familia»

 

 

Catequesis del Papa: Emaús, el camino de la esperanza

El Papa Francisco durante la Audiencia General del cuarto miércoles de mayo - ANSA

24/05/2017 12:10

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 “Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza”. Fue el deseo que expresó el Papa Bergoglio al saludar a los peregrinos de lengua española que participaron en la Audiencia General del cuarto miércoles de mayo.

Prosiguiendo con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, mediante la lectura de un pasaje del Evangelio de San Lucas, que narra la experiencia de los dos discípulos – que tras la muerte de Jesús huyen desilusionados de Jerusalén – el Santo Padre propuso en esta ocasión meditar acerca de Emaús como camino de esperanza.

Hablando en italiano, el Papa Francisco explicó que estos dos peregrinos habían cultivado una esperanza meramente humana, que ahora veían destrozada puesto que la cruz elevada en el Calvario representaba para ellos el signo más elocuente de una derrota. Y así huyen manteniendo en sus ojos los acontecimientos de la pasión de Jesús, para ir a un lugar tranquilo y tratar de remover aquel recuerdo tremendo.

El Obispo de Roma afirmó que el encuentro de Jesús con estos dos discípulos que parece casual, bien puede definirse la “terapia de la esperanza” del Señor, quien les pregunta y los escucha. Sí, porque como dijo el Papael nuestro no es un Dios entrometido, a pesar de que conoce ya los motivos de nuestras decepciones. Y reafirmó que Jesús está al lado de todas las personas desanimadas que caminan con la cabeza gacha. El Maestro, que camina con nosotros de manera discreta, logra devolvernos la esperanza. Lo saben bien – dijo el Papa – todas las personas que han experimentado momentos de oscuridad en sus vidas.

Por otra parte, el Pontífice destacó que nuestro Dios es como una lumbre tenue que arde en un día de frío y de viento, y que por más frágil que parezca, Él ha elegido el lugar que todos desdeñamos.  

El Sucesor de Pedro recordó que aquel rápido encuentro de Jesús con los dos discípulos de Emaús contiene en realidad todo el destino de la Iglesia, porque nos habla de una comunidad que no está encerrada en una ciudad fortificada, sino que camina en su ambiente más vital, es decir, en la calle, donde encuentra a las personas, con sus esperanzas y decepciones.

El Santo Padre concluyó su reflexión afirmando que la Iglesia escucha las historias de todos para ofrecer siempre la Palabra de vida, que es testimonio del amor de Dios. Aquí está el secreto del camino que conduce a Emaús: que incluso cuando la apariencia es contraria, nosotros seguimos siendo amados por Dios.

 

 

El Papa Francisco recibió al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

El Papa Francisco recibe al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la Biblioteca del Palacio Apostólico - EPA

24/05/2017 09:23

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El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

La Audiencia al Jefe de Estado estadounidense inició a las 8.30 de mañana. Tras encontrar al Pontífice, el Presidente Trump se dirigió al Palacio del Quirinal para reunirse con Presidente del Estado Italiano Sergio Mattarella, y más tarde, con el Primer Ministro Gentiloni.

Desde muy temprano la ciudad de Roma se presentó blindada: los helicópteros sobrevolaban el Vaticano y más de 1.000 agentes fueron desplegados en tierra, en colaboración con la CIA.

La entrada en procesión del coche blindado del Presidente de los EE.UU. en el Vaticano ocurrió aproximadamente a las 08:20 y se dirigió al atrio de san Damaso, en donde el Jefe de Estado y su séquito, conformado por once personas, fueron recibidos por la Guardia Suiza y por el Prefecto de la Casa Pontificia, Mons. George Ganswein.

De allí el ingreso al Palazo Apostólico Vaticano para tomar el ascensor que lo llevó a la biblioteca privada del Pontífice, en donde fue recibido por el Papa Francisco. Mientras tanto, fieles y peregrinos llenaban la plaza de San Pedro para la tradicional Audiencia General de los días miércoles. 

Tras el encuentro con el Santo Padre, el Presidente Trump mantuvo un coloquio con el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y con S.E. Mons.Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Al finalizar, la visita del Presidente y la Primera Dama a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro. 

La Oficina de Prensa del Vaticano informó en un comunicado que "durante las cordiales conversaciones, se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia". Asimismo "se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes. Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas". 

 

 

Solemnidad de la Ascensión del Señor

JESúS NOS ESPERA EN EL CIELO

— Culmina en este misterio la exaltación de Cristo glorioso.

— La Ascensión fortalece y alienta nuestro deseo de alcanzar el Cielo. Fomentar esta esperanza.

— La Ascensión y la misión apostólica del cristiano.

I. Una bendición fue el último gesto de Jesús en la tierra, según el Evangelio de San Lucas1. Los Once han partido desde Galilea al monte que Jesús les había indicado, el monte de los Olivos, cercano a Jerusalén. Los discípulos, al ver de nuevo al Resucitado, le adoraron2, se postraron ante Él como ante su Maestro y su Dios. Ahora son mucho más profundamente conscientes de lo que ya, mucho tiempo antes, tenían en el corazón y habían confesado: que su Maestro era el Mesías3. Están asombrados y llenos de alegría al ver que su Señor y su Dios ha estado siempre tan cercano. Después de aquellos cuarenta días en su compañía podrán ser testigos de lo que han visto y oído; el Espíritu Santo los confirmará en las enseñanzas de Jesús, y les enseñará la verdad completa.

El Maestro les habla con la Majestad propia de Dios: Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra4. Jesús confirma la fe de los que le adoran, y les enseña que el poder que van a recibir deriva del propio poder divino. La facultad de perdonar los pecados, de renacer a una vida nueva mediante el Bautismo... es el poder del mismo Cristo que se prolonga en la Iglesia. Esta es la misión de la Iglesia: continuar por siempre la obra de Cristo, enseñar a los hombres las verdades acerca de Dios y las exigencias que llevan consigo esas verdades, ayudarles con la gracia de los sacramentos...

Les dice Jesús: recibiréis el Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Y después de decir esto, mientras ellos miraban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos5. Así nos describe San Lucas la Ascensión del Señor en la Primera lectura de la Misa.

Poco a poco se fue elevando. Los Apóstoles se quedaron largo rato mirando a Jesús que asciende con toda majestad mientras les da su última bendición, hasta que una nube lo ocultó. Era la nube que acompañaba la manifestación de Dios6: «era un signo de que Jesús había entrado ya en los cielos»7.

La vida de Jesús en la tierra no concluye con su muerte en la Cruz, sino con la Ascensión a los Cielos. Es el último misterio de la vida del Señor aquí en la tierra. Es un misterio redentor, que constituye, con la Pasión, la Muerte y la Resurrección, el misterio pascual. Convenía que quienes habían visto morir a Cristo en la Cruz entre insultos, desprecios y burlas, fueran testigos de su exaltación suprema. Se cumplen ahora ante la vista de los suyos aquellas palabras que un día les dijera: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios8. Y aquellas otras: Ya no estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo y voy a Ti, Padre Santo9.

La Ascensión del Señor a los Cielos la contemplamos en el segundo misterio glorioso del Santo Rosario. «Se fue Jesús con el Padre. —Dos Ángeles de blancas vestiduras se aproximan a nosotros y nos dicen: Varones de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? (Hech 1, 11).

»Pedro y los demás vuelven a Jerusalén –cum gaudio magno– con gran alegría. (Lc 24, 52). —Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los Ángeles y de todas las legiones de los bienaventurados de la Gloria»10.

II. «Hoy no solo hemos sido constituidos poseedores del paraíso –enseña San León Magno en esta solemnidad–, sino que con Cristo hemos ascendido, mística pero realmente, a lo más alto de los Cielos, y conseguido por Cristo una gracia más inefable que la que habíamos perdido»11.

La Ascensión fortalece y alienta nuestra esperanza de alcanzar el Cielo y nos impulsa constantemente a levantar el corazón, como nos invita a hacer el prefacio de la Misa, con el fin de buscar las cosas de arriba. Ahora nuestra esperanza es muy grande, pues el mismo Cristo ha ido a prepararnos una morada12.

El Señor se encuentra en el Cielo con su Cuerpo glorificado, con la señal de su Sacrificio redentor13, con las huellas de la Pasión que pudo contemplar Tomás, que claman por la salvación de todos nosotros. La Humanidad Santísima del Señor tiene ya en el Cielo su lugar natural, pero Él, que dio su vida por cada uno, nos espera allí. «Cristo nos espera. Vivimos ya como ciudadanos del cielo (Flp 3, 20), siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios (...).

»Si, a pesar de todo, la subida de Jesús a los cielos nos deja en el alma un amargo regusto de tristeza, acudamos a su Madre, como hicieron los apóstoles: entonces tornaron a Jerusalén... y oraban unánimemente... con María, la Madre de Jesús (Hech 1, 12-14)»14.

La esperanza del Cielo llenará de alegría nuestro diario caminar. Imitaremos a los Apóstoles, que «se aprovecharon tanto de la Ascensión del Señor que todo cuanto antes les causaba miedo, después se convirtió en gozo. Desde aquel momento elevaron toda la contemplación de su alma a la divinidad sentada a la diestra del Padre; la misma visión de su cuerpo no era obstáculo para que la inteligencia, iluminada por la fe, creyera que Cristo, ni descendiendo se había apartado del Padre, ni con su Ascensión se había separado de sus discípulos»15.

III. Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras Él se iba, se presentaron junto a ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, vendrá de igual manera que le habéis visto subir16. «También como los Apóstoles, permanecemos entre admirados y tristes al ver que nos deja. No es fácil, en realidad, acostumbrarse a la ausencia física de Jesús. Me conmueve recordar que, en un alarde de amor, se ha ido y se ha quedado; se ha ido al Cielo y se nos entrega como alimento en la Hostia Santa. Echamos de menos, sin embargo, su palabra humana, su forma de actuar, de mirar, de sonreír, de hacer el bien. Querríamos volver a mirarle de cerca, cuando se sienta al lado del pozo cansado por el duro camino (Cfr. Jn 4, 6), cuando llora por Lázaro (Cfr. Jn 11, 35), cuando ora largamente (Cfr. Lc 6,12), cuando se compadece de la muchedumbre (Cfr. Mt 15, 32, Mc 8, 2).

»Siempre me ha parecido lógico y me ha llenado de alegría que la Santísima Humanidad de Jesucristo suba a la gloria del Padre, pero pienso también que esta tristeza, peculiar del día de la Ascensión, es una muestra del amor que sentimos por Jesús, Señor Nuestro. Él, siendo perfecto Dios, se hizo hombre, perfecto hombre, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Y se separa de nosotros, para ir al cielo. ¿Cómo no echarlo en falta?»17.

Los ángeles dicen a los Apóstoles que es hora de comenzar la inmensa tarea que les espera, que no se debe perder un instante. Con la Ascensión termina la misión terrena de Cristo y comienza la de sus discípulos, la nuestra. Y hoy, en nuestra oración, es bueno que oigamos aquellas palabras con las que el Señor intercede ante Dios Padre por nosotros mismos: no pido que los saques del mundo, de nuestro ambiente, del propio trabajo, de la propia familia..., sino que los preserves del mal18. Porque quiere el Señor que cada uno en su lugar continúe la tarea de santificar el mundo, para mejorarlo y ponerlo a sus pies: las almas, las instituciones, las familias, la vida pública... Porque solo así el mundo será un lugar donde se valore y respete la dignidad humana, donde se pueda convivir en paz, con la verdadera paz, que tan ligada está a la unión con Dios.

«Nos recuerda la fiesta de hoy que el celo por las almas es un mandato del Señor, que, al subir a su gloria, nos envía como testigos suyos por el orbe entero. Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima»19.

Quienes conviven o se relacionan con nosotros nos han de ver leales, sinceros, alegres, trabajadores; nos hemos de comportar como personas que cumplen con rectitud sus deberes y saben actuar como hijos de Dios en las incidencias que acarrea cada día. Las mismas normas corrientes de la convivencia –que para muchos quedan en algo externo, necesario para el trato social– han de ser fruto de la caridad, manifestaciones de una actitud interior de interés por los demás: el saludo, la cordialidad, el espíritu de servicio...

Jesús se va, pero se queda muy cerca de cada uno. De un modo particular lo encontramos en el Sagrario más próximo, quizá a menos de un centenar de metros de donde vivimos o trabajamos. No dejemos de ir muchas veces, aunque solo podamos con el corazón en la mayoría de las ocasiones, a decirle que nos ayude en la tarea apostólica, que cuente con nosotros para extender por todos los ambientes su doctrina.

Los Apóstoles marcharon a Jerusalén en compañía de Santa María. Junto a Ella esperan la llegada del Espíritu Santo. Dispongámonos nosotros también en estos días a preparar la próxima fiesta de Pentecostés muy cerca de nuestra Señora.

1 Lc 24, 51. — 2 Cfr. Mt 28, 17. — 3 Cfr. Mt 16, 18. — 4 Mt 28, 18. — 5 Primera lectura. Hech 1, 7 ss. — 6 Cfr. Ex 13, 22; Lc 9, 34 ss. — 7 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos, 2. — 8 Jn 20, 17. — 9 Jn 17, 11. — 10 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario, Rialp, 24ª ed., Madrid 1979, Segundo misterio glorioso. 11 San León Magno, Homilía I sobre la Ascensión. — 12 Cfr. Jn 14, 2. — 13 Cfr. Apoc. 5, 6. — 14 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 126. — 15 San León Magno, Sermón 74, 3. — 16 Hech 1, 11.— 17 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 117. — 18 Jn 17, 15. — 19 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 122.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

"Que sepamos abrir el alma"

«Tota pulchra es Maria, et macula originalis non est in te!» –¡toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original!, canta la liturgia alborozada. No hay en Ella ni la menor sombra de doblez: ¡a diario ruego a Nuestra Madre que sepamos abrir el alma en la dirección espiritual, para que la luz de la gracia ilumine toda nuestra conducta! –María nos obtendrá la valentía de la sinceridad, para que nos alleguemos más a la Trinidad Beatísima, si así se lo suplicamos. (Surco, 339)

No me abandones, Señor mío: ¿no ves a qué abismo sin fondo iría a parar este pobre hijo tuyo?

–Madre mía: soy también hijo tuyo. (Forja, 314)

Asoma muchas veces la cabeza al oratorio, para decirle a Jesús: ...me abandono en tus brazos.

–Deja a sus pies lo que tienes: ¡tus miserias!

–De este modo, a pesar de la turbamulta de cosas que llevas detrás de ti, nunca me perderás la paz. (Forja, 306) «Nunc coepi!» –¡ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir –¡de amar!– con lealtad enteriza a nuestro Dios. (Surco, 161)

 

 

Decenario al Espíritu Santo

El Decenario al Espíritu Santo nos prepara para la fiesta de Pentecostés. Reunimos varios textos y audios de san Josemaría, quien tenía la costumbre de vivir esta devoción cristiana.

Año Litúrgico 24 de Mayo de 2017

 

El Gran Desconocido: San Josemaría dedicó esta homilía al Espíritu Santo.

Oraciones al Espíritu Santo: oraciones para preparar la fiesta de Pentecostés ('Ven, oh Santo Espíritu'; 'Veni, Creátor'; y la secuencia de Pentecostés 'Ven, Espíritu divino'). También en formato pdf y epub.

La venida del Espíritu Santo: Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio.

Oración de San Josemaría al Espíritu Santo.

 

 

Vida de fe

"Resulta necesario invocar sin descanso, con una fe recia y humilde: ¡Señor!, no te fíes de mí. Yo sí que me fío de Ti". Seleccionamos un fragmento de audio de esta homilía de San Josemaría

Homilías en audio 23 de Octubre de 2009

 

La fe es virtud sobrenatural que dispone nuestra inteligencia a asentir a las verdades reveladas, a responder que sí a Cristo, que nos ha dado a conocer plenamente el designio salvador de la Trinidad Beatísima. Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras por los profetas, nos ha hablado últimamente en estos días, por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien crió también los siglos. El cual, siendo como el resplandor de su gloria, vivo retrato de su substancia, y sustentándolo todo con su poderosa palabra, después de habernos purificado de nuestros pecados, está sentado a la diestra de la Majestad en lo más alto de los cielos.

Yo querría que fuese Jesús quien nos hablara de fe, quien nos diera lecciones de fe. Por eso abriremos el Nuevo Testamento, y viviremos con El algunos pasajes de su vida. Porque no desdeñó enseñar a sus discípulos, poco a poco, para que se entregaran con confianza en el cumplimiento de la Voluntad del Padre. Les adoctrina con palabras y con obras.

Mirad el capítulo noveno de San Juan. Al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿qué pecados son la causa de que éste haya nacido ciego, los suyos, o los de sus padres?. Estos hombres, a pesar de estar tan cerca de Cristo, piensan mal de aquel pobre ciego. Para que no os extrañe si, en el rodar de la vida, cuando servís a la Iglesia, encontráis discípulos del Señor que se comportan de modo semejante con vosotros o con otros. No os importe y, como el ciego, no hagáis caso: abandonaos de verdad en las manos de Cristo; El no ataca, perdona; no condena, absuelve; no observa con despego la enfermedad, sino que aplica el remedio con diligencia divina.

Nuestro Señor escupió en la tierra, formó lodo con la saliva, lo aplicó sobre los ojos del ciego, y le dijo: anda, y lávate en la piscina de Siloé, que significa el Enviado. Fue, pues, el ciego y se lavó allí, y volvió con vista.

¡Qué ejemplo de fe segura nos ofrece este ciego! Una fe viva, operativa. ¿Te conduces tú así con los mandatos de Dios, cuando muchas veces estás ciego, cuando en las preocupaciones de tu alma se oculta la luz? ¿Qué poder encerraba el agua, para que al humedecer los ojos fueran curados? Hubiera sido más apropiado un misterioso colirio, una preciosa medicina preparada en el laboratorio de un sabio alquimista. Pero aquel hombre cree; pone por obra el mandato de Dios, y vuelve con los ojos llenos de claridad.

Pareció útil —escribió San Agustín comentando este pasaje— que el Evangelista explicara el significado del nombre de la piscina, anotando que quiere decir Enviado. Ahora entendéis quién es este Enviado. Si el Señor no hubiese sido enviado a nosotros, ninguno de nosotros habría sido librado del pecado. Hemos de creer con fe firme en quien nos salva, en este Médico divino que ha sido enviado precisamente para sanarnos. Creer con tanta más fuerza cuanta mayor o más desesperada sea la enfermedad que padezcamos.

Hemos de adquirir la medida divina de las cosas, no perdiendo nunca el punto de mira sobrenatural, y contando con que Jesús se vale también de nuestras miserias, para que resplandezca su gloria. Por eso, cuando sintáis serpentear en vuestra conciencia el amor propio, el cansancio, el desánimo, el peso de las pasiones, reaccionad prontamente y escuchad al Maestro, sin asustaros además ante la triste realidad de lo que cada uno somos; porque, mientras vivamos, nos acompañarán siempre las debilidades personales.

Es éste el camino del cristiano. Resulta necesario invocar sin descanso, con una fe recia y humilde: ¡Señor!, no te fíes de mí. Yo sí que me fío de Ti. Y al barruntar en nuestra alma el amor, la compasión, la ternura con que Cristo Jesús nos mira, porque El no nos abandona, comprenderemos en toda su hondura las palabras del Apóstol: virtus in infirmitate perficitur; con fe en el Señor, a pesar de nuestras miserias —mejor, con nuestras miserias—, seremos fieles a nuestro Padre Dios; brillará el poder divino, sosteniéndonos en medio de nuestra flaqueza.

Esta vez es San Marcos quien nos cuenta la curación de otro ciego. Al salir de Jericó con sus discípulos, seguido de muchísima gente, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino para pedir limosna. Oyendo aquel gran rumor de la gente, el ciego preguntó: ¿qué pasa? Le contestaron: Jesús de Nazaret. Y entonces se le encendió tanto el alma en la fe de Cristo, que gritó: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.

¿No te entran ganas de gritar a ti, que estás también parado a la vera del camino, de ese camino de la vida, que es tan corta; a ti, que te faltan luces; a ti, que necesitas más gracias para decidirte a buscar la santidad? ¿No sientes la urgencia de clamar: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí? ¡Qué hermosa jaculatoria, para que la repitas con frecuencia!

Os aconsejo que meditéis despacio los momentos que preceden al prodigio, con el fin de que conservéis bien grabada en vuestra mente una idea muy clara: ¡qué distintos son, del Corazón misericordioso de Jesús, nuestros pobres corazones! Os servirá siempre, y de modo especial a la hora de la prueba, de la tentación, y también a la hora de la respuesta generosa en los pequeños quehaceres y en las ocasiones heroicas.

Había allí muchos que reñían a Bartimeo con el intento de que callara. Como a ti, cuando has sospechado que Jesús pasaba a tu vera. Se aceleró el latir de tu pecho y comenzaste también a clamar, removido por una íntima inquietud. Y amigos, costumbres, comodidad, ambiente, todos te aconsejaron: ¡cállate, no des voces! ¿Por qué has de llamar a Jesús? ¡No le molestes!

Pero el pobre Bartimeo no les escuchaba, y aun continuaba con más fuerza: Hijo de David, ten compasión de mí. El Señor, que le oyó desde el principio, le dejó perseverar en su oración. Lo mismo que a ti. Jesús percibe la primera invocación de nuestra alma, pero espera. Quiere que nos convenzamos de que le necesitamos; quiere que le roguemos, que seamos tozudos, como aquel ciego que estaba junto al camino que salía de Jericó. Imitémosle. Aunque Dios no nos conceda enseguida lo que le pedimos, aunque muchos intenten alejarnos de la oración, no cesemos de implorarle.

Parándose entonces Jesús, le mandó llamar. Y algunos de los mejores que le rodean, se dirigen al ciego: ea, buen ánimo, que te llama. ¡Es la vocación cristiana! Pero no es una sola la llamada de Dios. Considerad además que el Señor nos busca en cada instante: levántate —nos indica—, sal de tu poltronería, de tu comodidad, de tus pequeños egoísmos, de tus problemitas sin importancia. Despégate de la tierra, que estás ahí plano, chato, informe. Adquiere altura, peso y volumen y visión sobrenatural.

Aquel hombre, arrojando su capa, al instante se puso en pie y vino a él. ¡Tirando su capa! No sé si tú habrás estado en la guerra. Hace ya muchos años, yo pude pisar alguna vez el campo de batalla, después de algunas horas de haber acabado la pelea; y allí había, abandonados por el suelo, mantas, cantimploras y macutos llenos de recuerdos de familia: cartas, fotografías de personas amadas... ¡Y no eran de los derrotados; eran de los victoriosos! Aquello, todo aquello les sobraba, para correr más aprisa y saltar el parapeto enemigo. Como a Bartimeo, para correr detrás de Cristo.

No olvides que, para llegar hasta Cristo, se precisa el sacrificio; tirar todo lo que estorbe: manta, macuto, cantimplora. Tú has de proceder igualmente en esta contienda para la gloria de Dios, en esta lucha de amor y de paz, con la que tratamos de extender el reinado de Cristo. Por servir a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, debes estar dispuesto a renunciar a todo lo que sobre; a quedarte sin esa manta, que es abrigo en las noches crudas; sin esos recuerdos amados de la familia; sin el refrigerio del agua. Lección de fe, lección de amor. Porque hay que amar a Cristo así.

E inmediatamente comienza un diálogo divino, un diálogo de maravilla, que conmueve, que enciende, porque tú y yo somos ahora Bartimeo. Abre Cristo la boca divina y pregunta: quid tibi vis faciam?, ¿qué quieres que te conceda? Y el ciego: Maestro, que vea. ¡Qué cosa más lógica! Y tú, ¿ves? ¿No te ha sucedido, en alguna ocasión, lo mismo que a ese ciego de Jericó? Yo no puedo dejar de recordar que, al meditar este pasaje muchos años atrás, al comprobar que Jesús esperaba algo de mí —¡algo que yo no sabía qué era!—, hice mis jaculatorias. Señor, ¿qué quieres?, ¿qué me pides? Presentía que me buscaba para algo nuevo y el Rabboni, ut videam —Maestro, que vea— me movió a suplicar a Cristo, en una continua oración: Señor, que eso que Tú quieres, se cumpla.

Rezad conmigo al Señor: doce me facere voluntatem tuam, quia Deus meus es tu, enséñame a cumplir tu Voluntad, porque Tú eres mi Dios. En una palabra, que brote de nuestros labios el afán sincero de corresponder, con deseo eficaz, a las invitaciones de nuestro Creador, procurando seguir sus designios con una fe inquebrantable, con el convencimiento de que El no puede fallar.

Amada de este modo la Voluntad divina, entenderemos que el valor de la fe no está sólo en la claridad con que se expone, sino en la resolución para defenderla con las obras: y actuaremos en consecuencia.

Pero volvamos a la escena que se desarrolla a la salida de Jericó. Ahora es a ti, a quien habla Cristo. Te dice: ¿qué quieres de Mí? ¡Que vea, Señor, que vea! Y Jesús: anda, que tu fe te ha salvado. E inmediatamente vio y le iba siguiendo por el camino. Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en descubrir modos nuevos. La fe que El nos reclama es así: hemos de andar a su ritmo con obras llenas de generosidad, arrancando y soltando lo que estorba.

Ahora es San Mateo quien nos cuenta una situación conmovedora. He aquí que una mujer, que hacia doce años que padecía un flujo de sangre, vino por detrás y rozó el borde de su vestidura. ¡Qué humildad la suya! Porque pensaba ella entre sí: con que pueda solamente tocar su vestido me veré curada. Nunca faltan enfermos que imploran, como Bartimeo, con una fe grande, que no tienen reparos en confesar a gritos. Pero mirad cómo, en el camino de Cristo, no hay dos almas iguales. Grande es también la fe de esta mujer, y ella no grita: se acerca sin que nadie la note. Le basta tocar un poco de la ropa de Jesús, porque está segura de que será curada.

 

 

Mujer elegante, el poder de una revolución

Sheila Morataya-Fleishman

elegancia

Ser elegante significa saber escoger: elegir entre ser una mujer más, o ser, por el contrario, una revolucionaria que se enfrenta al mundo.

Elegancia: la presencia de lo bello en cada Mujer

Tengo una amiga que siempre ha representado para mí un modelo a seguir en el arte de la elegancia. Su manera tan femenina de comportarse, la distinción con la que camina, el destello de sus ojos y la perfecta combinación de su ropa, hacen que todos los que la ven al pasar, volteen hacia ella su Mirada.

Y es que su elegancia no es algo puramente externo, sus maneras femeninas y su ropa únicamente responden a su fondo e interioridad como mujer. Tiene mi amiga, una elegancia poseída desde el fondo de ella misma. Podría decirse que es ella una fascinante dualidad de habla y silencio; opacidad y transparencia; interioridad y exterioridad, moda y prudencia. Todo eso la hace elegante, misteriosa y atractiva a los ojos de los demás.

Por eso la elegancia que aquí me refiero es esa que se cultiva desde el fondo de una misma y a medida en que perdemos la frescura de nuestra juventud, hace que aflore una belleza más auténtica, más serena, más elegante y más verdadera.

¿Que es la elegancia?

Sobre todo es naturalidad y expresión de la propia personalidad. Es saber vestir con buen gusto.

La raíz de la palabra elegancia proviene de la voz latina eligere que significa “saber escoger”. Este saber escoger responde también a la escala de valores que tengo para regir mi vida. ¿Valores? Sí, porque si para mí el pudor está considerado como una conducta a seguir en pro de la protección de mi propia intimidad así se reflejará en mi manera de vestir.

Vivir el pudor como valor, es la decisión que hace cada mujer a mantener cubierto lo que no debe ser mostrado, a callar lo que no debe ser dicho, a reservar a su verdadero dueño el don y el secreto que no deben ser comunicados más que a aquel a quien uno ama. Amar, no se olvide, es donar la propia intimidad.

Por eso a la hora de vestirme escogeré aquellas prendas demasiado escotadas, el largo de las faldas será considerado y procuraré evitar el uso de las piezas que provoquen escándalo como lo son los vestidos, pantalones y blusas que se ciñen con exceso al cuerpo. ¿Eso significa “vestirnos como viejita”? ¡Por supuesto que no! Hay un fino equilibrio entre el ser moderna y ser elegante.

A la mujer moderna, especialmente a las jovencitas, le cuesta mucho entender hoy en día el concepto del pudor que puedo afirmar es la raíz de la elegancia. Este fenómeno se da porque las madres de hoy en día mujeres en sus treinta, cuarenta e incluso cincuenta se dejaron influir por todo lo que los medios y sobre todo, todo lo que la industria de la moda anuncia.

Por supuesto que la moda influye no sólo en la forma de vestir, sino en el modo de vivir.

Las campañas publicitarias muestran, además de unos colores y unos tejidos, un canon de belleza (el de las modelos) y unos modos concretos de conducta: en la relación hombre-mujer, con los amigos, ante los padres, etc. Por todo esto, se hace importante no tener una mente tan superficial a la hora de escoger lo que va mostrar la dignidad que tenemos como mujeres.

Una mujer con ropa demasiado ceñida se está exhibiendo como objeto de placer, de deseo y como cosa. ¿Dónde dejamos entonces a la inteligencia, al auto-control, a la paciencia y a las virtudes que nos hacen mujeres únicas e irrepetibles? Una mujer que se viste para llamar la atención de los demás y para exhibir su cuerpo no podrá nunca ser elegante. Deja de ser interesante, su feminidad comienza a parecer injustamente algo burdo cuando es exactamente lo contrario: algo delicado.

Ser elegante significa custodiar lo íntimo, ponerse límites y atreverse a ser una mujer que va contra la corriente.

La elegancia también enseña

Vestirse y comportarse de acuerdo a los valores que se viven y sobre todo hacer uso de la moda de acuerdo a nuestra edad. No es raro ver mujeres de treinta y cinco años vestidas como adolescentes, preocupadas por ocultar el paso de los años.

La elegancia también enseña. O, mejor dicho, también se enseña. Si somos madres de niñas en lo particular no debemos pasar por alto que nosotras somos el modelo en que nuestras hijas se verán reflejadas.

Para hablar en específico de la elegancia desde el comportamiento, si nuestros modales son distinguidos, recordando que lo distinguido es lo que sobresale, lo elevado, lo señorial y que nos sitúa por encima de lo vulgar desarrollando el verdadero comportamiento femenino, es lógico que esto será un valor para la convivencia dentro de las relaciones humanas que tus hijos, y sobre todo tus hijas heredarán.

Las niñas lo copian todo, me refiero a “todo”. Imitan la forma en que acogemos a nuestro esposo y a los otros; juegan con sus muñecas de acuerdo a la sensibilidad que hemos depositado en ellas. Miran a los otros con lo profundo de nuestra mirada y saludan con el calor o la frialdad con que nosotras lo hacemos. Copian todas nuestras actitudes.

Todo esto viene por la inspiración que la madre pueda dar y sobre todo la interiorización en su ser de que ella, es una mujer. Por eso es importante hacer un auto-análisis de tu propia forma de conducirte en privado, es decir con aquellos que te permiten ser tu con toda libertad.

Más importante aún es enlazar la forma de vestirse con los valores que quiero inculcar en mis hijas. Por esto:

– Si quiero hijas que al llegar a la adolescencia no quieran empezar a desnudar su cuerpo con la ropa que esta de moda, será importante que desde pequeñitas vayan observando la forma cuidadosa y elegante en que mami se viste.

– Si quiero hijas que al llegar a la adolescencia no se decidan sólo por los tenis y los pantalones de mezclilla, será importante acostumbrarlas que a la iglesia se va con vestido y el cabello muy bien recogido por ejemplo.

– Si quiero hijas que al llegar a la adolescencia sean femeninas, conscientes de su enorme dignidad como mujeres y orgullosas de hacer del pudor un valor que guiará su vida me tocará a mí reorientar mi conducta en cuanto a la vestimenta que elijo. Después de todo también tengo derecho a encarnar los valores que harán que emerja un tipo de mujer diferente. No podemos controlar la industria de la moda, tampoco tenemos control sobre aquello que nuestras hijas irán a ver a la calle cuando salgan con sus amigas.

No podemos controlar la forma en que se visten los artistas, las modelos en la televisión y aquellos personajes públicos que lamentablemente son tomados como modelo a seguir. Pero si podemos influenciar enormemente con audacia e inteligencia el fondo de sus conciencias.

Enseñarles de una manera creativa que la elegancia para la mujer es lo que para un pintor como Leonardo Da Vinci representan las acuarelas, sin ellas no hay pintura.

Sin elegancia no hay mujer completa, no puede contemplarse el verdadero esplendor femenino que sólo puede nacer de una alma bien cultivada, un corazón disciplinado y una inteligencia consciente de su dignidad como mujer. Eso lo hace, ya lo sabes, tu que eres o que serás madre y que te gusta estar a la moda. Como a mí. ¿Te lo piensas?

Qué tan elegante soy cuando:

– Me levanto por las mañanas y saludo amablemente con una sonrisa.

– Cuido de mi apariencia inmediatamente si soy una madre que se queda al cuidado de sus hijos

– Al llamar la atención, al tener una discusión, ¿me controlo? ¿lo hago a gritos? ¿soy pesada?

– Al tratar con el personal de servicio.

Y si soy una mujer que trabaja fuera de casa:

– ¿Va antes mi gusto por la moda que la imagen profesional que quiero proyectar?

– ¿Saludo de una manera cordial a mis compañeros de trabajo cada mañana?

– Al resolver conflictos, ¿mantengo el equilibrio, soy elegante en mis palabras?

Como hemos visto el comportamiento forma parte de la elegancia en una mujer y por esto se hace preciso estar alerta en la forma en que estamos expresando nuestra feminidad, sobre todo porque la mujer es la que crea el ambiente para las relaciones humanas.

¿Qué es lo correcto en el vestido?

Hoy en día, vestirse es todo un reto, sobre todo con elegancia. Hemos dicho anteriormente que una mujer se viste de acuerdo a los valores que rijan su vida. Una vez más, es preciso considerar aquello en lo que yo creo, lo que yo quiero proyectar y la reputación que quiero lograr a la hora de ir por un estilo que sea el sello de mi personalidad, la expresión de mi interioridad.

El valor de la elegancia y la presentación es innegable en nuestra sociedad que parece regirse únicamente por la apariencia. Sin embargo como mujeres debemos ir más lejos, ser más audaces y más revolucionarias. Eso significa que si la última moda indica que debemos usar ropa que pretende “vendernos”, entonces es el momento de poner un alto y remar contra corriente. La elegancia y lo revolucionario nace en el corazón, y no en la ropa.

La mujer elegante y que mide su forma de vestir llama mucho más la atención que quien desea mostrar todo de golpe. Genera un encanto y un misterio que son… más irresistibles que una minifalda.

Si nos dejamos llevar por la moda y queremos exhibirnos ¿Dónde dejamos el enigma? ¿Qué le reservamos al amor de nuestra vida? ¿Qué valor me doy a mi misma si parece que “quiero venderme”? Nuestro vestido puede y debe reflejar lo que somos en el interior: mujeres que nos respetamos, que nos valoramos y que entendemos nuestro delicado papel en la humanidad: ser revolucionarias del corazón.

 

El hombre no puede ser feliz sin una familia

Algunos rechazan el verdadero y único modelo de familia y se van a vivir en pareja, se encuentran sus cuerpos y frecuentemente no se encuentran sus almas

Por: Salvador Casadevall 

Hablar de las crisis de la familia en el mundo de hoy no es ninguna novedad.
Hasta hay películas que se ocupan de ello; entonces quiere decir que esa crisis existe realmente y es profunda.

Esta crisis afecta el modo de vivir, afecta los lazos sobre los que se fundó gran parte de la vida y la historia de generaciones de hombres.

Desde el fondo de la historia que la familia existe.
Nació antes que nacieran los Estados o Naciones.
La familia nació como un modelo de vida, para bien o para mal.
La familia es el primer lugar que el hombre conoce, es allí donde aprende sus primeros conocimientos.

Todas las modalidades y contradicciones con que el mundo basa su forma de vivir, tienen su origen y empezaron en una familia.

En la familia, el amor demuestra, sobre todo, su capacidad de perpetuarse y de incidir de manera decisiva sobre la realidad.

Si la familia se acabara, con ella se acabaría una parte esencial de nuestro modo de ser, de nuestra forma de vivir o convivir, de amar y de sobrevivir.

Si la familia llegara a desaparecer y ya nadie se acordara de su existencia, el mismo mundo la volvería a inventar.
El hombre no puede ser feliz sin familia.
Y no existe el hombre que no quiera ser feliz.
Por eso el mundo todo, la volvería a inventar.

La familia siempre ha sido un signo significativo de la transmisión de valores.
Esos valores consisten en la transmisión y continuidad del amor conyugal, del amor fraterno, del amor de un padre y de una madre, que trasciende a la familia misma y que hace que lo sintamos en nosotros mismos, por lejos que estemos del hogar.

Está claro que la familia no ha sido siempre un modelo de armonía, un modelo de amor y concordia.
A menudo, ha sido más bien un espacio de atropellos, violencias y desgracias.

Todo esto desconcierta a muchos.
Algunos rechazan el verdadero y único modelo de familia y se van a vivir "en pareja", como se dice ahora.
Se encuentran sus cuerpos y frecuentemente no se encuentran sus almas.
Y al no encontrarse sus almas, su relación se va diluyendo con el tiempo y como consecuencia de ello, terminan también no encontrando sentido el que sus cuerpos se sigan encontrando.
Evidentemente esas parejas no logran liberarse del modelo de familia como unión social fundamental.

El Señor está cerca de quien tiene el corazón herido (Salmo 34,19)
¡La opción de interrumpir la vida matrimonial no puede ser nunca considerada una decisión fácil y sin dolor!
Cuando dos esposos se dejan, llevan en el corazón una herida que marca, más o menos pesadamente, su vida, la de sus hijos y de todos los que aman (padres, hermanos, parientes, amigos)l.

Cuando Jesús afirma que el vínculo matrimonial entre un hombre y una mujer es indisoluble. (Mateo 19,1-12). ¿Por qué lo hace? Porque sabe el dolor que causa la destrucción de un unión que nació por el amor mutuo y que su destrucción afectará la continuidad de la vida que son sus hijos.

"Todo lo que no era más que molestia en el matrimonio indisoluble, se transforma en algo insoportable en el matrimonio que puede ser disuelto" (De Bonald).

El primero y el más fundamental de los derechos del niño es el de tener una familia, el de tener un padre y una madre que le aseguren una existencia de acuerdo a la dignidad humana. El niño necesita ver que sus padres lo aman y se aman.
Por eso, eliminar la función de la unión conyugal y conservar el placer es un desorden biológico y una depravación moral.

La familia es el único lugar en el que puede educarse a un niño.
Y ese niño necesita de la estabilidad y de tiempo vivido en unión estable, y de tiempo suficiente para que él sienta que se ocupan de él.

El niño necesita de la fidelidad mutua de los que le dieron la vida; vida que es consecuencia de actos responsables que llevan a la continuidad y perduración de la vida.

Mientras tanto, sería bueno seguir pensando, sintiendo, que la vida del hombre consiste esencialmente en nacer, casarse, ser padres, abuelos y hasta algunos bisabuelos y morirse
Los años no vienen, sino que se van. Y si se van gozando de vivir plenamente el ciclo, el morirse es una separación con aroma de eternidad.

Y eso sigue sucediendo y deberá seguir sucediendo, para bien de la humanidad, en una familia.

Salvador Casadevall
salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

 

 

Porqué me convertí al catolicismo

Ensayo en el que el autor narra su conversión al catolicismo.

Por: GK Chesterton 

 

Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema "por qué soy católico" es muy distinto del problema "por qué me convertí al catolicismo". Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después... Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma.

Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La "confirmación" de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón.

Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por el contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.
¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como "Kensitite Press" a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso -creo que se trataba de Horton y Hocking- se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico que escribía: "Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!" Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario "Daily News" (entonces yo mismo era todavía alguien del "Daily News"), como ejemplo típico del "formulismo muerto" de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: "¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia".

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas.

Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O´Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del "Daily News".

Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal.

Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.
Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fue fortificándose.

Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.
Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe.

Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los "intermezzos" de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y "menos razonables" -por decirlo así- son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado de lo superior, es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al "nonsense", a la insensatez.

Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento "realmente existente" hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: en lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la más alta exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue:

Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean -como ellos mismos dicen- reformas prácticas y objetivas.

Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fue sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años.

Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios. Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos.

El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tíbet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder si se reconocieran más los valores sobrenaturales.

Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre, pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo -podría decirse en su excusa-. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

G. K. Chesterton

 

 

Necesidades de un adolescente

Lucía Legorreta de Cervantes

Última actualización: 24 Mayo 2017

Muchos papás desean que sus hijos no lleguen a la adolescencia, por el miedo a vivir esta etapa en la familia. Pero más que temerle, hay que conocer a fondo cuáles son las inquietudes de nuestros jóvenes y sobre todo cuáles son sus necesidades.

 

éxico; adolescente, necesidades

Comparto contigo ocho muy importantes necesidades de todo adolescente:

1) Guía

Los hijos necesitan mucha orientación. Nos gusta creer que saben lo que quieren en la vida y cómo conseguirlo. ¿Cuál es la realidad?:  Ni saben lo que quieren y mucho menos cómo lograrlo.

Pero no necesitan sermones o reprimendas, sino guía. Aunque cueste creerlo, los adolescentes adoran los instructivos, los manuales y los desafíos;  busca junto a ellos la orientación que vayan necesitando en cada momento de su vida.

Ayúdalos a encontrar el norte en lo sentimental, lo moral, lo académico, lo vocacional.  Ellos irán descubriendo lo que quieren de la vida y lo que tienen qué hacer para alcanzarlo.

Además, si los guías con prudencia, te verán como un aliado y no como un estorbo.

2) Paciencia y disciplina

¿Has notado cómo tu hijo se ha vuelto impaciente contigo? ¿Notas que es un poco más proclive a enojarse con los demás?

La paciencia que más necesita es consigo mismo. Esa paciencia es el núcleo de la persistencia constante u consistente, lo cual no es otra cosa que la disciplina.

Ayúdalo a ser paciente consigo mismo y con su entorno.

3) Límites

Si crees que tu hijo es ya un maduro y responsable (hombre o mujer), hecho y derecho, porque recoge a su hermano pequeño, paga las cuentas o se va a la escuela solo, estás en un error.

Él necesita saber que es completamente libre para actuar, siempre que esté dentro de lo demarcado por la cerca de seguridad de las reglas. Debe respetar horarios de salida, topes de gastos, guardar respeto y deferencia hacia los demás y saber que siempre habrá alguien ante quien deba rendir cuentas.

4) Frustración

Creer que los mejores padres son aquellos que logran la hazaña de evitar que su hijo se enfrente a la adversidad, el rechazo, la pérdida y el dolor, es un error.

Tu hijo necesita valorar el aprendizaje que se obtiene cuando una tarea en que puso todo su empeño recibió una calificación baja, así como el dolor de un rechazo amoroso, un proyecto malogrado e incluso un castigo.

No se trata de obstaculizar su vida, sino que muchas veces la mejor manera de ayudarlo será quedándote a un lado sin hacer nada, sólo mirando y haciéndole saber que estás al tanto y que conoces sus sentimientos. Será un hombre o una mujer independiente y sabia.

5) Logros

Por cada cien intentos fallidos debe haber un logro alcanzado. Los jóvenes son intensos en sus intereses. No destruyas sus intenciones. Guíalo.

Ayúdalo a ponerse metas pequeñas primero, para que pueda saborear los triunfos que van creciendo en dificultad. Lo hará un ser más agradecido con la vida.

6) Decisión y responsabilidad

Sabemos que llevamos más tiempo que nuestros hijos en el mundo. Aun así, no podemos ayudarlos a ser responsables si todas las decisiones importantes de su vida las tomamos nosotros. Esto incluye la elección de la carrera que estudiará, las novias que tendrá, sus amigos.

Deberá ser responsable de sus decisiones; a veces las consecuencias serán dolorosas o incluso cambiar su vida, pero también lo harán mucho más responsable.

7) Deberes y tareas

Nada mejor para desarrollar el sentido de la responsabilidad que el tener asignaciones fijas y cambiantes que cumplir  (cuarto limpio, sacar la basura, trabajar para ayudar con el gasto, cuidar a algún enfermo en la casa).

8) Amor

Si tienes un hijo adolescente, debes duplicar tu porción de amor para él, si quieres ayudarle a conseguir estas cosas.

Necesitas de mucho amor para ayudar a tu hijo a realizarse y ser feliz. Recuerda, son el mayor tesoro que tenemos en esta vida.

 

 

INFIERNO ¿ QUÉ ES?

Particularmente, como cristiano,  estoy convencido de que Dios y el  Diablo existen, como existe el bien y el mal. Los ateos digan lo que digan también creen , basta ver como a la hora de morir, incluso los más famosos ateos, llaman a gritos al cura para ser confesados. “Por si las moscas”.

En religión y en el mundo material, la inteligencia pasa a segundo lugar y su lugar es ocupado por la FE, el amor, el odio, el dinero, la fama, la soberbia,… El hombre mas que un animal racional es un animal que en algunas ocasiones razona, pero raramente las obras son causadas por las razones. Juan se casó con María porque al darle la mano le dio “la calambre”

 Creer en el Infierno es un acto de fe , pero ¿ Qué es el infierno?  Pablo II nos dió un aldabonazo. Ante unos 10.000 asistentes a su audiencia semanal, “el Papa aseguró que el  Infierno es una  posibilidad real” Millones de cristianos así lo hemos creído siempre, pero lo que a muchos no se les había pasado por la cabeza es que “ El infierno es la situación de quien se aparta  de modo libre y definitivo de Dios...Esta trágica condición es lo que se  llama condenación o infierno”  “La representación simbólica del infierno como  un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes  debe ser interpretado correctamente”.

Parece poca cosa que la gloria consista en “ Amar al Señor, verle y estar junto a El.”. Los mahometanos se encuentran más contentos pensando que en el cielo disfrutarán también con bellas huríes.

Sin embargo, la Biblia, palabra de Yahvé,  nos dice que el “hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios” Luego hemos de creer que el pensamiento , la conducta y las emociones humanas, salvando las diferencias, tendrá alguna similitud  con la voluntad del  Señor. 

Para el hombre, en la tierra,  ¿que es el infierno? ¿Cuáles son las circunstancias que convierten sus vidas en un infierno? Intentemos explicarlo en términos humanos, familiares y con conceptos y palabras de andar por casa. Por ejemplo: Todo el mundo entiende que no hay amor más sublime en este mundo que el de una madre por su hijo; si este se pierde, es raptado o muere, el mundo se  transforma en un infierno para la madre. Una persona  enamorada está pensando todo el día en el  momento de reunirse con su pareja, no vive más que para ella, no hay mayor gloria que la estar juntos. A veces, cuando uno de los dos muere o sale de su vida, el otro siente hundirse en el infierno , nada merece la pena, prefiere morir

Si aquí en la tierra comprobamos que la separación del ser amado  nos sumerge en un infierno ¿ por qué no habíamos de entender que el infierno exista en la otra vida, y que ese infierno pueda consistir en estar separados para siempre del ser amado ? El creyente, sabe que “Dios es amor” , y que la gloria, el cielo consiste en disfrutar de la presencia de Dios por toda la eternidad.

El demonio ha conseguido una gran victoria, ha conseguido que no se hable del infierno , de la gloria, ni de él. ¿ Qué estos no existen? Seguiremos hablando después de la muerte.

Mérida 2017-05-23  >   Alejo Fernández Pérez > alejo1926@gmail.com

 

 

Católicos acomplejados

Por: Pablo Cabellos Llorente

 

Ruego disculpas por titular negativamente. Sólo es un intento de recabar la atención del lector. Es negativo, pero existe hoy día un catolicismo vergonzante, poco valiente, trufado de relativismo, deslumbrado por la ciencia experimental que en ocasiones sólo es base de una teoría no demostrada; dudoso de si trata de vivir algo bueno pero aburridísimo; y arrinconado por un laicismo rampante y viejo, aunque expuesto como dogma imprescindible para la convivencia democrática. Algunos han logrado que en bastantes ambientes no se mencione a Dios ni para despedirse, ni se hable de las preguntas fundamentales en torno al hombre -de dónde vengo, adónde voy, el más allá, la muerte, el sentido de la vida-; muchos se han convencido con el pensamiento de que el cristiano no debe imponer sus ideas -cosa bien cierta-, pero aceptan como obligatorias las anticristianas, que acabamos viendo como lo moderno. Desean ser razonables, pero esconden a Dios o lo pretenden con cabida en sus mentes y actuando como ellos decidan. Nos citan a Galileo y nos callan.

Es imposible abarcar lo que nos acompleja; lo escrito anteriormente son unas pinceladas de lo que podríamos llamar el secuestro de Dios incluso en las mentes y vidas cristianas. Somos prisioneros de unos tópicos bien manejados y con algún fundamento en comportamientos inadecuados para un seguidor de Cristo, pero que en modo alguno invalidan su doctrina ni modo de ser. Podríamos preguntarnos qué es ser católico y cómo se debe mostrar; ir a buscar nuestra quintaesencia y no quitarle ni un pelo por más que seamos débiles. Frágiles, sí, pero sabiendo lo que somos y lo que hemos de vivir, aunque hayamos de rectificar en muchas ocasiones.

Como es sabido, las fuentes de lo revelado por Dios al hombre -ahí se contiene lo que somos- son la Sagrada Escritura y la Tradición custodiadas por el Magisterio de la Iglesia. Lo que Dios ha manifestado de Sí mismo, del hombre y de su destino está en esos dos manantiales, con el natural cuidado de la Providencia para evitar interpretaciones de parte o simplemente erradas. Eso es el Magisterio de la Iglesia: la custodia e interpretación del depósito de la fe, como lo llama muy adecuadamente san Pablo. El cristianismo no es una "religión del libro", sino la religión de la Palabra de Dios, "no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo", como afirmó san Bernardo.

Volvamos a la pregunta: ¿qué es ser cristiano? Y lo primero que permanece claro es que no somos seguidores de una palabra muerta, sino discípulos del Dios vivo, que por obra del Espíritu Santo son identificados con ese Verbo encarnado, con Cristo, para ser y actuar como hijos de Dios. Escribe san Pablo a los romanos: "los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios". Y poco más adelante añade que la creación espera ansiosa la manifestación de los hijos de Dios. Esto puede no entenderse o no creerse por carecer del don de la fe, pero un cristiano es otro Cristo -un hijo de Dios en Cristo por la fuerza del Espíritu- al que toda la creación espera con dolores de parto -dice gráficamente el Apóstol- hasta ver a Cristo formado y actuando en cada uno, para que, sin complejos, viva con la mayor honradez posible lo que en verdad es, algo no realizable sin la gracia de Dios y sin la libertad humana. Con esta fuerte razón teológica, afirmó el fundador del Opus Dei: "el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima". Ahí radica la identidad cristiana y de ahí deriva nuestro comportamiento apropiado. El mismo san Josemaría indicaba en una entrevista -recogida en "Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer"- que esa verdad de ser hijo de Dios en Cristo ha de penetrar la vida entera, ha de dar sentido al trabajo, al descanso, a la amistad, a la diversión, a todo. "No podemos ser hijos de Dios sólo a ratos, aunque haya unos momentos dedicados a considerarlo, a penetrarnos de ese sentido de nuestra filiación divina, que es la médula de la piedad". Conocer la verdad no quita libertad, la da. La libertad se pierde en la ignorancia.

Si volvemos a las consideraciones iniciales, comprenderemos que no tiene sentido vivir un catolicismo acomplejado; en todo caso, hemos de moderar el buen complejo de superioridad nacido de lo que realmente somos. Pero no por sentirnos más que nadie, sino por experimentar con sencillez la fuerza de saberse y ser hijo del Padre nuestro que está en los cielos, por la identificación con Cristo operada por el Espíritu Santo, cosa que no sucede de ningún modo mágico: se adquiere por el bautismo, se refuerza en la confirmación, se rehace en la confesión sacramental, se alimenta con la Eucaristía, se vive con las luces y el empuje de la oración, y requiere lucha, empeño constante para vivirlo en todo momento. "Hay que ser conscientes de esa raíz divina, que está injertada en nuestra vida, y actuar en consecuencia" (Es Cristo que pasa, n. 60).

 

 

Refinería de Talara: cuestionada modernización

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

La historia de modernización de la Refinería de Talara, caracterizada por misterios y desfases y por confusas acciones y declaraciones, se inició en octubre 2008, la primera convocatoria con un solo postor precalificado fue declarada desierta, se buscaba una empresa que invierta US$ 800 millones que recuperaría con la venta de combustibles. En segunda convocatoria ganó la buena pro (diciembre 2009) la empresa española Técnicas Reunidas, firmándose el contrato por US$ 1,177 millones (marzo 2010), sin embargo, el proceso de licitación internacional fue cuestionado por empresas que llegaron a la etapa final, y por 2 de los 6 miembros del directorio de Petroperú que votaron contra el contrato. 

En noviembre 2012 Técnicas Reunidas ya valorizaba el proyecto en US$ 3,450 millones, por el elevado monto el Gobierno decidió no desarrollarlo todo sino por partes, pero en diciembre 2013 el Congreso aprobó la Ley 30130 declarando la modernización necesidad pública e interés nacional dándole visto bueno, así, se suscribió un nuevo contrato con Técnicas Reunidas (mayo 2014) para incrementar la capacidad de refinación de 65,000 a 95,000 barriles petróleo diarios (bpd) y producir combustibles con bajo contenido de azufre (según Petroperú esto mejoraría la seguridad energética y reduciría las importaciones). En octubre 2016 Petroperú anunció nuevo costo del proyecto (US$ 4,782 millones) y en febrero 2017 otro incremento (US$ 5,400 millones), es decir, en 9 años el monto del proyecto casi se septuplicó, de US$ 800 millones previstos inicialmente a US$ 5,400 millones declarados actualmente. 

Bajo este panorama existen muchos cuestionamientos a este proyecto, entre otros: 1) Falta de transparencia, los contratos fueron divulgados (por presión) recién hace 2 meses después de 7 años de firmados; 2) El proyecto fue iniciado sin contar con financiamiento cerrado: 3) Es una inversión de dudosa rentabilidad en el largo plazo (deben recuperarse US$ 5,400 millones en 30 años); 4) Para la Contraloría los incrementos de costos no significan mejoras en el esquema del proyecto; 5) Existe un retraso de 2 años, el último plazo (2020) puede seguir postergándose; 6) Se busca incrementar la capacidad de refinación con reducción de azufre, pero no tenemos crudo disponible porque nuestra producción cayó drásticamente por falta de exploración y explotación (de 196,000 bpd en 1980, hasta 40,000 bpd el 2016) obligándonos a seguir importándolo, y hasta el Oleoducto Norperuano está paralizado 1 año 3 meses sin visos de una solución segura y confiable.

 

NOTA DE PRENSA: El Centro Jurídico Tomás Moro lanza su portal temático sobre Ideología de Género.

 

Madrid, a 20 de Mayo de 2017.- En estos momentos está amenazada seriamente la educación de nuestros hijos con la promulgación de las llamadas leyes de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual, que -con la excusa de defender la igualdad y no discriminación- (extremos que evidentemente compartimos) van mucho más allá y vulneran determinados derechos y libertades de los ciudadanos. Dichas normas atentan fundamentalmente a la libertad de los padres para educar a sus hijos según sus convicciones, ya que imponen la enseñanza en los colegios de la ideología de género, una ideología anticientífica.

Desde el Centro Jurídico Tomás Moro llevamos años luchando contra la ideología de género, pero ahora ante los cada vez más numerosos ataques a las libertades ciudadanas hemos decidido dar un paso más para facilitar a los padres y a todos los ciudadanos las herramientas necesarias para:

-       Informar de los peligros de la ideología de género.

-       Facilitar herramientas e instrumentos para combatirla.

 

Por ello el Centro Jurídico Tomás Moro ha creado en su web un portal específico sobre ideología de género que se puede consultar en http://www.tomasmoro.info/ideologia-de-genero/

 

En dicho portal se puede consultar la siguiente información:

 

-       Las actuaciones que el Centro Jurídico Tomás Moro ha realizado en los últimos años relacionadas con la ideología de género.

-       Vídeos divulgativos.

-       Información sobre la ideología de género.

-       Formularios y guías informativas.

Es necesario recordar que además de sus propias actividades el Centro Jurídico Tomás Moro es miembro fundador junto a otras asociaciones de la Plataforma Por Las Libertades(www.plataformaporlaslibertades.org)plataforma con la que la sociedad civil quiere ayudar a la ciudadanía a defender su libertad frente a una clase política empeñada en restringir nuestros derechos.

Dado que es muy importante que la lucha contra la ideología de género llegue al mayor número de personas posibles, desde el Centro Jurídico Tomás Moro pedimos a la ciudadanía:

-       La mayor difusión posible del portal sobre la ideología de género http://www.tomasmoro.info/ideologia-de-genero/

-       La mayor difusión posible de la Plataforma por las Libertades http://www.plataformaporlaslibertades.org/

-       Ayuda económica para poder difundir de forma más amplia las actividades contra la imposición totalitaria de la ideología de género (se puede realizar una donación en www.tomasmoro.info/nosotros/donar)

 

*La plataforma está formada por las siguientes asociaciones: Aesvida. Andoc (Asociación Nacional de Objeción de Conciencia). Asociación Católica de Maestros de Valencia. Asociación Cívica: Ciencia, Vida y Cultura. Asociación Cruz de San Andrés. Asociación Custodia Compartida por Nuestros Hijos. Asociación de derechos y víctimas de la ideología de género de Murcia. Asociación de Padres de Familia Separados de Las Islas Baleares (APFSIB). Asociación de Profesores Universitarios Santa Catalina. Asociación Deporte, Cultura y Desarrollo. Asociación Despertar Sin Violencia. Asociación Enraizados. Asociación Española de Farmacéuticos Católicos. Asociación Europea de Abogados de Familia. Asociación Europea de Ciudadanos Contra la Corrupción. Asociación Familia y Dignidad humana. Asociación Femidisidencia. Asociación Hazteoir.Org. Asociación Libertas de Murcia. Asociación Milicia POCAC. Asociación para la defensa de los valores católicos en la enseñanza (ADVCE). Asociación Profesionales por la ética. Asociación Valencia Educa en Libertad (VAEL). Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro. Cidevida. Civismo. Comunidad Evangélica. Custodia Compartida Málaga: por los Derechos del Menor y Familia. Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos (FCAPA). Federación de Familias numerosas de Madrid (22 asociaciones). Federación Educación y Desarrollo en Libertad (FEDEL). Federación Española de Asociaciones Provida (33 asociaciones). Federación Europea One Of Us (35 asociaciones). Foro Valenciano de la Familia. Fundación Citizengo. Fundación Jérôme Lejeune. Fundación Madrina. Fundación Valores y Sociedad. Gabinete Psicosocial Soluciona. Instituto de Política Familiar. Jóvenes Pro-familia. Plataforma Civil Católica de Toledo. Plataforma Koinonía. Remar Internacional. Universidad Católica de Valencia. Universidad Católica San Antonio de Murcia.

 

Para más información:

www.tomasmoro.info

www.tomasmoro.info/ideologia-de-genero

info@tomas-moro.org

 

 

Comprometerse en la construcción de una paz justa y duradera

El Papa Francisco siempre tiene una palabra para recordarnos la necesidad de comprometernos, cada uno en la medida de nuestras posibilidades, en la construcción de una paz justa y duradera. Precisamente, en el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de este año nos hablaba de la cantidad de veces que la Iglesia se ha comprometido en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países. 

Acaba de mostrarlo con las palabras y los hechos en su histórico viaje a Egipto, donde, en la declaración conjunta firmada con el Patriarca de Alejandría, se refería explícitamente a cómo el testimonio cristiano puede suponer una señal de reconciliación y de esperanza para la sociedad egipcia y ser una semilla que produzca frutos de justicia y de paz.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Sobre el pluralismo religioso

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la CEE ha publicado la Instrucción “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”.

Afirman los obispos en dicha Instrucción que: “No se puede aceptar como doctrina de la Iglesia un supuesto “pluralismo asimétrico” que tan solo diferenciaría a unas religiones de otras por la capacidad de respuesta del hombre al ofrecimiento universal e igualitario que Dios hace al hombre de su amor irrestricto y sin acepción de personas. Cuando se habla de la divinidad de Jesucristo como la plena realización humana de Jesús, en aquella plenitud que haría de él la expresión más acabada del receptor de la presencia de Dios, se desfigura la fe de la Iglesia en Jesucristo. Si se habla de la actitud de Jesús ante Dios como la “máxima recepción posible” en los límites de una concreción histórica, no se ve de qué modo pueda evitarse reducir tan sólo a lenguaje la enseñanza de la Iglesia sobre la divinidad de Jesucristo” (n. 31).

Por ello, cuando hablan de la esperanza del cristiano no se refieren al optimismo natural al que uno se agarra como puede cuando sufre. La esperanza cristiana se apoya definitivamente en la Resurrección  y Ascensión gloriosa de Jesucristo al Cielo a la derecha del Padre. Y aunque parezca necedad a los oídos mundanos esperamos la resurrección de la carne, esa que escandalizó a los corintios cuando Pablo les habló de esa certeza (Hch 17, 32).

Porque hoy día con el barrer la muerte del horizonte cultural y social, con las cenizas arrojadas  al mar, o con las ceremonias laicas con poesías en lugar del Evangelio, pocos creen ya en la resurrección de la carne al fin de los tiempos, ni en la Parusía cuando Jesucristo cierre la historia humana, el tiempo de gracia y salvación ofrecido a los hombres libres.

Enric Barrull Casals

 

 

Crisis fundamentalmente de valores  

Ferrán Riera, director de un colegio en Vic, considera que falta más determinación por parte de padres, profesores, instituciones y de la Iglesia católica por defender este tipo de enseñanza, la concertada. “La libertad educativa en Cataluña necesita nuevo impulso. Nos vamos a despertar tarde”.

Este director, que ha sido invitado recientemente por la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal para hablar sobre los retos actuales de la educación religiosa, señala que la fuerte secularización y laicismo de Cataluña, ha derivado en una crisis educativa en valores que está haciendo mella en los colegios.  

“El futuro de un país, de su prosperidad y desarrollo está en la educación. Si la educación falla, se resiente una cultura. Creo que la crisis económica tanto en Cataluña como en España tiene su origen en la crisis educativa. Quien solo busca el beneficio propio y de la propia empresa sin considerar el bien común, es que no ha sido educado en unos valores solidarios”, explica Ferrán Riera con el cual estoy de acuerdo.

Jesús Martínez Madrid

 

 

AQUEL TELÉFONO DE CANUTOS

 

            Han transcurrido más de setenta años; era yo muy niño cuándo ya sometido a un horario de ocho horas de trabajo, entré en aquella droguería; que aún tenían instalado aquel teléfono de canutos, pues eran dos, los que unidos a la caja de madera, permitían mediante un cable, llevarlo a la oreja y el otro, fijo en la madera... había que arrimar bien la boca, para pedir el número a la telefonista; a la que se le avisaba descolgando el del oído y moviendo una manivela instalada a la derecha del cajetín. No se me olvidará que aún estando en una capital de provincia, cuyos habitantes no llegarían entonces a cincuenta mil, el número de aquel negocio no lo olvidaré nunca; tenía asignado el 154, de aquellos (hoy) rudimentarios aparatos. Luego cuándo vino el servicio automático, se pasó a cuatro cifras y le asignaron el 1615. Aquellas cuatro cifras se mantuvieron hasta después de mi casamiento y paternidad; todo lo demás vino mucho después, pero cuasi en aluvión por lo rápido.

            Pero no puedo olvidar anécdotas como la que sigue. Ya me dedicaba aún siendo bastante joven, a pequeños negocios y representaciones y recuerdo, que una vez, y tratando de cerrar una operación de dos toneladas de aceite de linaza; tuve que emplear dos días, en lograr tres conferencias con un pueblo de León (La Bañeza) para cerrar el trato, puesto que en el locutorio de la Telefónica de calle Mesones, era imposible conectar con la provincia de León y la señorita del mostrador, repetía incesantemente a mis requerimientos... no hay línea, no puedo conectar nada más que con Madrid y allí no me dan línea... larguísimas horas con la incertidumbre de conseguir, o no, aquella, para mí importantísima operación, que al fin se logró.     Igualmente recuerdo al compañero viajante y desde el teléfono de la pensión, descolgar el teléfono y decirle a la operadora... Señorita póngame con tal número y avíseme antes de que se acaben los tres minutos... recordemos que se cobraban fracciones de tres minutos y si se pedía, la operadora te avisaba para si querías continuar con otra fracción; aquel viajante sabía aquello y cómo eran épocas en que no sobraba el dinero, pues había que economizar.

            Pasó el tiempo y como sabe el que me conoce, emprendí una más de mis aventuras empresariales e inauguré en 1972 un hotel; el que y tras lucha con el monopolio telefónico, me hizo desmontar una centralita sueca y me colocó por bemoles... una de su propia cosecha y que costaba el doble. Los teléfonos eran normales y se mantenía el contacto humano, donde una voz humana te atendía en todas las necesidades propias; había contadores para medir los pasos consumidos etc. aún cuando seguían existiendo ciertos abusos monopolistas.

            Bueno, pues a pesar de todo ello, yo recuerdo ese período de más de cuarenta años, que va de lo que digo al principio hasta lo de la centralita. Hoy vas a un hotel y estás sólo y aislado para muchos servicios telefónicos, puesto que la electrónica ha permitido ello y los buenos días señor, son las siete de la mañana (por ejemplo) se transforma en una musiquilla, algunas veces horrible, que suena tras desconectar el auricular y entonces caes, en que es la hora en que dijiste anoche que te despertasen... no hablemos de esa horrible invasión de telefonines y ruidos más o menos desagradables, que te importunan a cada momento y en cada lugar... ¡Oh progreso... cuánto nos has dado... pero también... cuánto nos has quitado de humanidad!!

Antonio García Fuentes

(Escritor y Filósofo)

www.jaen-ciudad.es (en ella otros muchos trabajos)