Las Noticias de hoy 11 Mayo 2017

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 11 de mayo de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

María nos enseña a esperar, cuando todo parece sin sentido. Catequesis del Papa

El Papa: “María nos dice: Levántate, mira adelante, mira el horizonte, porque es Madre de esperanza”

El Papa al CELAM: “Sean Pastores de esperanza para anunciar el Evangelio en medio a las dificultades”

Papa: Contemplamos a María como Madre de la esperanza

Video mensaje del Papa Francisco por la peregrinación al Santuario de Fátima

 APRENDER A DISCULPAR: Francisco Fernández-Carvajal

“Servir, hijos míos, es lo nuestro”: San Josemaria

 Mensaje del Prelado (10 mayo 2017)

Oración del beato Álvaro a la Virgen de Fátima

 La formación de la conciencia según Guardini: Ramiro Pellitero

 “La mitad de las familias cristianas de Mosul y Nínive se han marchado del país”: Primeros Cristianos

 Trabajar o quedarse en casa con los hijos: el gran dilema de las mamás: LaFamilia.info

La utopía democrático-socialista y la demolición de la sociedad: Acción Familia 

No somos átomos aislados girando en el espacio: Plinio Corrêa de Oliveira

Mamás que trabajan: Lucía Legorreta de Cervantes

 Vídeo-homenaje: 120 años soñando en los cines: Alfonso Mendiz

¿La tristeza de la jubilación?: Domingo Martínez Madrid

 Con un patrimonio que necesita el mundo: José Morales Martín

 La clase de Religión es libertad: Enric Barrull Casals

Basuras dentro y fuera del planeta: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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María nos enseña a esperar, cuando todo parece sin sentido. Catequesis del Papa

María Madre de la Esperanza, en la catequesis del Papa - AP

10/05/2017 10:18

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«María estaba allí». En la catequesis del miércoles 10 de mayo el Papa Francisco volvió a hablar del sí de María, y más precisamente de aquel “sí” a la invitación del Ángel que fuera sólo el primero de una larga lista de obediencias que acompañaron su itinerario de madre.

De hecho, continuando con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana el pontífice fijó su mirada en la que llamó la “Madre de la Esperanza”, una madre que atravesó más de una noche oscura en su camino, a partir de aquel anuncio del Ángel y hasta a la noche suprema, cuando su Hijo fue clavado en la madera de la Cruz.

De joven - dijo el Papa - María responde con un  a la propuesta que el Ángel Gabriel le hace de ser la madre del Hijo de Dios, aunque nada supiera del destino que la esperaba. Pero ella no es una mujer que se deprime frente a las incertidumbres de la vida, ni que protesta con violencia y se lamenta contra el destino de la vida que muchas veces se le presenta hostil. Por el contrario, es una mujer que acepta la vida como viene, con sus días felices, pero también con sus tragedias.

En la noche más oscura de María, aquella de la crucifixión de su Hijo, en medio de aquella comunidad de discípulos frágiles, entre quien había negado el Maestro, los que habían huido, todos los que tenían miedo, María simplemente estaba allí, a los pies de la cruz, aun cuando ni ella misma conocía el destino de resurrección que su Hijo, en aquel momento, estaba creando para todos nosotros.

Es por eso que María nos enseña a esperar, cuando todo parece sin sentido, y es por eso,  aseguró Francisco, que todos nosotros la amamos como Madre.

A continuación el resumen de la catequesis que el Papa pronunció en nuestro idioma:

Queridos hermanos:

En la catequesis de hoy contemplamos a María como Madre de la esperanza. Ella pasó también por momentos muy difíciles. No era fácil responder con un «sí» al anuncio del Ángel y acoger en su seno el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Después, en el momento crucial de la vida de Jesús, cuando casi todos lo han abandonado, María permaneció junto a la cruz de su Hijo por amor de madre y por fidelidad al plan de Dios.

Ella, a pesar de que no siempre comprendía todo lo que estaba sucediendo, se nos muestra como una mujer valiente, que no se detiene ante las dificultades. Una mujer que está atenta a la Palabra de Dios y que sabe meditar todo en su corazón.

Por último, también la vemos al comienzo de la Iglesia, junto a los discípulos de su Hijo, acompañándolos y animándolos como madre de esperanza. Así nos enseña que en los momentos de dificultad, cuando parece que nada tiene sentido, siempre tenemos que esperar y confiar en Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy celebramos la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero español y maestro de vida espiritual. Pidamos por todos los sacerdotes, para que sean siempre una imagen transparente de Jesús, Buen Pastor, y la Virgen María los sostenga a lo largo de su vida sacerdotal. También quisiera enviar un saludo desde aquí a los fieles de mi Patria que hace dos días celebraron la Solemnidad de la Patrona de Argentina, Nuestra Señora de Luján. Mi corazón estuvo en Luján estos días. Que el Señor los bendiga a todos. Muchas gracias.

 

El Papa: “María nos dice: Levántate, mira adelante, mira el horizonte, porque es Madre de esperanza”

Audiencia General del segundo miércoles de mayo de 2017. - AFP

10/05/2017 10:55

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“No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del segundo miércoles de mayo, que María es la madre de la esperanza.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma señaló que, “en nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy miramos a María, Madre de la esperanza”. La figura de María – señaló el Pontífice – desde la primera aparición en la historia de los Evangelios, emerge como si fuera el personaje de un drama. Aquel “si” que pronunció la joven mujer de Nazaret, dijo el Papa, es el primer paso de una larga lista de obediencias que acompañaran su itinerario de madre. “Así María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa, que muchas veces no comprende todo aquello que sucede a su alrededor, pero que medita cada palabra y cada suceso en su corazón”.

Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy miramos a María, Madre de la esperanza. María ha atravesado más de una noche en su camino de madre. Desde la primera aparición en la historia de los Evangelios, su figura emerge como si fuera el personaje de un drama. No era simplemente responder con un “si” a la invitación del ángel: sin embargo ella, mujer todavía en la flor de la juventud, responde con valentía, no obstante no sabía nada del destino que le esperaba. María en aquel instante se presenta como una de las tantas madres de nuestro mundo, valerosa hasta el extremo cuando se trata de acoger en su propio vientre la historia de un nuevo hombre que nace.

Aquel “si” es el primer paso de una larga lista de obediencias – ¡larga lista de obediencias! – que acompañaran su itinerario de madre. Así María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa, que muchas veces no comprende todo aquello que sucede a su alrededor, pero que medita cada palabra y cada suceso en su corazón.

En esta disposición hay fragmento bellísimo de la psicología de María: no es una mujer que se deprime ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir por el camino correcto. No es mucho menos una mujer que protesta con violencia, que injuria contra el destino de la vida que nos revela muchas veces un rostro hostil. Es en cambio una mujer que escucha: no se olviden que hay siempre una gran relación entre la esperanza y la escucha, y María es una mujer que escucha, que acoge la existencia así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

Hasta ese día, María había casi desaparecido de la trama de los Evangelios: los escritores sagrados dejan entrever este lento eclipsarse de su presencia, la suya permanece muda ante el misterio de un Hijo que obedece al Padre. Pero María reaparece justamente en el momento crucial: cuando buena parte de los amigos han desaparecido por motivo del miedo. Las madres no traicionan, y en aquel instante, a los pies de la cruz, ninguno de nosotros puede decir cual haya sido la pasión más cruel: si aquella de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su hijo. Los Evangelios son lacónicos, y extremamente discretos. Registran con un simple verbo la presencia de la Madre: ella “estaba” (Jn 19,25). Ella estaba. No dicen nada de su reacción: si lloraba, si no lloraba… nada; ni mucho menos una pincelada para describir su dolor: sobre estos detalles se habrían luego lanzado la imaginación de los poetas y de los pintores regalándonos imágenes que han entrado en la historia del arte y de la literatura. Pero los Evangelios solo dicen: ella “estaba”. Estaba allí, en el momento más feo, en momento cruel, y sufría con su hijo. “Estaba”.

María “estaba”, simplemente estaba ahí. Estaba ahí nuevamente la joven mujer de Nazaret, ya con los cabellos canosos por el pasar de los años, todavía luchando con un Dios que debe ser sólo abrazado, y con una vida que ha llegado al umbral de la oscuridad más densa. María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”. No se había ido. María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas. Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios del cual se ha proclamada sierva desde el primer día de su vocación, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión. Los sufrimientos de las madres… todos nosotros hemos conocido mujeres fuertes, que han llevado adelante tantos sufrimientos de sus hijos…

La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles: uno había negado, muchos habían huido, todos habían tenido miedo (Cfr. Hech 1,14). Pero ella, simplemente estaba allí, en el más normal de los modos, como si fuera del todo natural: en la primera Iglesia envuelta por la luz de la Resurrección, pero también por las vacilaciones de los primeros pasos que debía cumplir en el mundo.

Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo. En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza. Gracias.

CLICK para ver las imágenes de la Audiencia General del Santo Padre.

 

 

El Papa al CELAM: “Sean Pastores de esperanza para anunciar el Evangelio en medio a las dificultades”

Mensaje del Papa Francisco a la Asamblea General Ordinaria del CELAM. - AFP

10/05/2017 13:07

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- “En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin ‘filtros clericales’ el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza”, es el aliento del Papa Francisco en su Mensaje a los Obispos y Pastores del Consejo Episcopal Latinoamericano, reunidos con ocasión de la XXXVI Asamblea General Ordinaria del CELAM, que se viene realizando en San Salvador, El Salvador, del 9 al 12 de mayo.

La Asamblea General del Episcopado Latinoamericano cuenta con la participación de los representantes de las 22 Conferencias Episcopales y representantes de los Obispos de Canadá y Estados Unidos que fueron invitados a participar en la Asamblea que tiene como lema: “Iglesia pobre para los pobres”.

En su Mensaje, el Papa Francisco manifiesta su cercanía a los Pastores Latinoamericanos, “con Ustedes – señala – me gustaría poder ‘visitar’ el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida. Una visita de hijos y de discípulos, visita de hermanos que como Moisés quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo”. El Obispo de Roma recordando que, hace 300 años un grupo de pescadores salió como de costumbre a tirar sus redes, es decir, “salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos”. Era Nuestra Señora de la Concepción. “Aún hoy 300 años después, señala el Papa, Nuestra Señora Aparecida, nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular”. En este sentido, Aparecida es una escuela de discipulado precisa el Pontífice y señala tres imágenes importantes de este camino:

Los pescadores que enfrentan inclemencias: la Corrupción

El primero son los pescadores. “Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del rio y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa tozudez de quienes día a día no dejan - porque no pueden, afirma el Papa - de tirar las redes”. Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida – precisa el Pontífice – y lo hacen con la inseguridad de no saber cuál será el resultado. Y lo que más duele es ver que salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupción, esa corrupción que arrasa con vidas sumergiéndolas en la más extrema pobreza. Corrupción que destruye poblaciones enteras sometiéndolas a la precariedad. Corrupción que, como un cáncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ahí están tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los “desbordes” de muchos... de muchos que no necesitan salir.

La Madre en medio de las luchas y búsquedas

El segundo aspecto es la Madre, afirma el Papa Francisco. María conoce de primera mano la vida de sus hijos. “En el relato de Aparecida la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ahí espera a sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza”. María aparece allí – señala el Papa – donde los pescadores tiran las redes, allí donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ahí está ella.

El encuentro: presencia que llena y da sentido a la vida

Por último, precisa el Pontífice, el encuentro. “Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llenó la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con María – subraya el Papa – luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneció un buen tiempo”. Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la región iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, se hizo Iglesia afirma el Pontífice. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad.

Esto ayudará a revelar la dimensión misericordiosa de la maternidad de la Iglesia – concluye el Papa Francisco – que, al ejemplo de Aparecida, está entre los “ríos y el fango de la historia” acompañando y alentando la esperanza para que cada persona, allí donde esté, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Texto completo del Mensaje del Papa Francisco al CELAM

Mis hermanos Obispos reunidos en la Asamblea del CELAM

Queridos hermanos Quiero acércame a Ustedes en estos días de Asamblea que tiene como mística de fondo la celebración de los 300 años de Nuestra Señora Aparecida. Y, con Ustedes me gustaría poder “visitar” ese Santuario. Una visita de hijos y de discípulos, visita de hermanos que como Moisés quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo. Así también quisiera que fuese nuestra “visita” a los pies de la Madre, para que ella nos engendre en la esperanza y temple nuestros corazones de hijos. Sería como “volver a casa” para mirar, contemplar pero especialmente para dejarnos mirar y encontrar por Aquel que nos amó primero.

Hace 300 años un grupo de pescadores salió como de costumbre a tirar sus redes “Salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambió los pasos: en sus rutinas son encontrados por una pequeña imagen toda recubierta de fango. Era Nuestra Señora de la Concepción, imagen que durante 15 años permaneció en la casa de uno de ellos, y allí los pescadores iban a rezar y Ella los ayudaba a crecer en la fe. Aún hoy 300 años después, Nuestra Señora Aparecida, nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular. Aparecida es toda ella una escuela de discipulado. Y, al respecto, quisiera señalar tres aspectos.

El primero son los pescadores. No eran muchos, un grupito de hombres que cotidianamente salían a encarar el día y a enfrentar la incertidumbre que el rio les deparaba. Hombres que Vivian con la inseguridad de nunca saber cuál sería la “ganancia” del día; incertidumbre nada fácil de gestionar cuando se trata de llevar el alimento a casa y sobre todo cuando en esa casa hay niños que alimentar. Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del rio y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa “tozudez” de quienes día a día no dejan - porque no pueden- de tirar las redes.

Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida. Y lo hacen con la inseguridad de no saber cuál será el resultado. Y lo que más duele es ver que - casi de ordinario - salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados más graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupción, esa corrupción que arrasa con vidas sumergiéndolas en la más extrema pobreza. Corrupción que destruye poblaciones enteras sometiéndolas a la precariedad. Corrupción que, como un cáncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ahí están tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los “desbordes” de muchos... de muchos que no necesitan salir.

El segundo aspecto es la Madre. María conoce de primera mano la vida de sus hijos. En criollo me atrevo a decir: es madraza. Una madre que está atenta y acompaña la vida de los suyos. Va a donde no se la espera. En el relato de Aparecida la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ahí espera a sus hijos, ahí está con sus hijos en medio de sus luchas y búsquedas. No tiene miedo de sumergirse con 2 ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza. María aparece allí donde los pescadores tiran las redes, allí donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ahí está ella.

Por último, el encuentro. Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llenó la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con María. Luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneció un buen tiempo. Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la región iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, Iglesia. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad.

En Aparecida, encontramos la dinámica del Pueblo creyente que se confiesa pecador y salvado, un pueblo recio y tozudo, consciente de que sus redes, su vida, está llena de una presencia que lo alienta a no perder la esperanza; una presencia que se esconde en lo cotidiano del hogar y de las familias, en esos silenciosos espacios en los que el Espíritu Santo sigue apuntalando a nuestro Continente. Todo esto nos presenta un hermoso icono que a nosotros, pastores, se nos invita a contemplar. Vinimos como hijos y como discípulos a escuchar y aprender que es lo que hoy, 300 años después, este acontecimiento nos sigue diciendo.

Aparecida (ya sea aquella aparición como hoy la experiencia de la Conferencia) no nos trae recetas sino claves, criterios, pequeñas grandes certezas para iluminar y, sobre todo, “encender” el deseo de quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las raíces, a lo esencial, a la actitud que plantó la fe en los comienzos de la Iglesia y después hizo de nuestro Continente la tierra de la esperanza. Aparecida tan solo quiere renovar nuestra esperanza en medio de tantas “inclemencias”.

La primera invitación que este icono nos hace como pastores es aprender a mirar al Pueblo de Dios. Aprender a escucharlo y a conocerlo, a darle su importancia y lugar. No de manera conceptual u organizativa, nominal o funcional. Si bien es cierto que hoy en día hay una mayor participación de fieles laicos, muchas veces los hemos limitado solo al compromiso intraeclesial sin un claro estímulo para que permeen, con la fuerza del evangelio, los ambientes sociales, políticos, económicos, universitarios. Aprender a escuchar al Pueblo de Dios significa descalzarnos de nuestros prejuicios y racionalismos, de nuestros esquemas funcionalistas para conocer cómo el Espíritu actúa en el corazón de tantos hombres y mujeres que con gran reciedumbre no dejan de tirar las redes y pelean por hacer creíble el evangelio, para conocer como el Espíritu sigue moviendo la fe de nuestra gente; esa fe que no sabe tanto de guanacias y de éxitos pastorales sino de firme esperanza. !Cuánto tenemos aprender de la fe de nuestra gente! La fe de madres y abuelas que no tienen miedo a ensuciarse para sacar a sus hijos adelante. Saben que el mundo que les toca vivir está plagado de injusticias, por doquier ven y experimentan la carencia y la fragilidad de una sociedad que se fragmenta cada día más, donde la impunidad de la corrupción sigue cobrándose vidas y desestabilizando las ciudades.

No solo lo saben... lo viven. Y ellas son el claro ejemplo de la segunda realidad que como pastores somos invitados a asumir: no tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza. Sólo pesca aquél que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos. Y esto no nace de la heroicidad o del carácter kamikaze de algunos, ni es una inspiración individual de alguien que se quiera inmolar. Toda la comunidad creyente es la que va en búsqueda de Su Señor, porque sólo saliendo y dejando las seguridades (que tantas veces son ‘mundanas”) es como la Iglesia se centra. sólo dejando de ser autoreferencial somos capaces de re-centrarnos en Aquél que es fuente de Vida y Plenitud. Para poder vivir con esperanza es crucial que nos re-centremos en Jesucristo que ya habita en el centro de nuestra cultura y viene a nosotros siempre nuevo. Él es el centro. Esta certeza e invitación nos ayuda a nosotros, pastores, a centrarnos en Cristo y en su Pueblo. Ellos no son antagónicos. Contemplar a Cristo en su pueblo es aprender a descentrarnos de nosotros mismos, para centrarnos en el único Pastor. Re-centrarnos con Cristo en su Pueblo es tener el coraje de ir hacia las periferias del presente y del futuro confiados en la esperanza de que el Señor sigue presente y Su presencia será fuente de Vida abundante. De aquí vendrá la creatividad y la fuerza para llegar a donde se gestan los nuevos paradigmas que están pautando la vida de nuestros países y poder alcanzar, con la Palabra de Jesús, los núcleos más hondos del alma de las ciudades donde, cada día más, crece la experiencia de no sentirse ciudadanos sino más bien <ciudadanos a medias> o <sobrantes urbanos> (Cfr. EG 74).

Es cierto, no lo podemos negar, la realidad se nos presenta cada vez más complicada y desconcertante, pero se nos pide vivirla como discípulos del Maestro sin permitirnos ser observadores asépticos e imparciales, sino hombres y mujeres apasionados por el Reino, deseosos de impregnar las estructuras de la sociedad con la Vida y el Amor que hemos conocido. Y esto no como colonizadores o dominadores, sino compartiendo el buen olor de Cristo y que sea ese olor el que siga transformando vidas.

Vuelvo a reiterarles, como hermano, lo que escribía en Evangelii Gaudium (49): <prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: <¡Dadles vosotros de comer!>> (Mc 6,37)>.

Esto ayudará a revelar la dimensión misericordiosa de la maternidad de la Iglesia que, al ejemplo de Aparecida, está entre los “ríos y el fango de la historia” acompañando y alentando la esperanza para que cada persona, allí donde est6, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado.

Esta mirada, este diálogo con el Pueblo fiel de Dios, ofrece al pastor dos actitudes muy lindas a cultivar: coraje para anunciar el evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades y los sinsabores que la misma predicación provoca. En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hondón de sus heridas, podremos mirar sin “filtros clericales” el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza. Que María, Nuestra Señora Aparecida, nos siga llevando a su Hijo para que nuestros pueblos en Él, tengan vida... y en abundancia.

Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente.

Vaticano, 8 de mayo de 2017 .

Francisco

 

 

Papa: Contemplamos a María como Madre de la esperanza

El Papa Francisco durante la Audiencia General del segundo miércoles de mayo. - AP

10/05/2017 13:56

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“Pidamos hermanos por todos los sacerdotes, para que sean siempre una imagen transparente de Jesús, Buen Pastor, y la Virgen María los sostenga a lo largo de su vida sacerdotal”.

Fue la invitación del Papa Bergoglio al saludar a los peregrinos de lengua española que participaron en la Audiencia General del segundo miércoles de mayo, tras recordar la fiesta de San Juan de Ávila, patrono del clero español y maestro de vida espiritual.

En su catequesis semanal el Santo Padre propuso contemplar la figura de María como Madre de la esperanza. Y lo hizo a partir de la lectura de un pasaje del Evangelio de San Juan que nos la presenta junto a la cruz en el momento en que Jesús viéndola junto al discípulo a quien él amaba, le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Y al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”.

Hablando en italiano, el Obispo de Roma explicó a los numerosos fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro que María atravesó más de una noche en su camino de madre. Y recordó que desde que aparece en la historia de los Evangelios, su figura se perfila come el personaje de un drama. En efecto – añadió el Papa – no era sencillo responder con un “sí” a la invitación del ángel: y sin embargo, ella que se encontraba en plena juventud, respondió con coraje, a pesar de ignorar el destino que le esperaba. Pero María– agregó Francisco – en aquel instante se nos presenta también como una de las tantas madres de nuestro mundovalerosa hasta el extremo cuando se trata de acoger en su propio seno la historia de un nuevo hombre que nace.

Tras afirmar que aquel “sí” fue el primer paso de una larga lista de obediencias en su itinerario maternal, el Pontífice dijo que en la disposición de Maríapodríamos observar un aspecto de su psicología, en el sentido de que no es una mujer que se deprime ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir por el sentido correcto. Tampoco es una mujer que protesta con violencia, que despotrica contra el destino de su vida.

En cambio – prosiguió diciendo el Santo Padre –  “es una mujer que escucha, que acoge la existencia tal como se entrega a nosotros, con sus días felices, y también con sus tragedias”. Y agregó que María reaparece en el momento crucial de la historia, cuando buena parte de los amigos se han disipado a causa del miedo. Pero Francisco afirmó que “Las madres no traicionan”, y en aquel instante, “a los pies de la cruz, ninguno de nosotros puede decir cuál haya sido la pasión más cruel”: si la de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su Hijo.

Hacia el final de su reflexión, el Sucesor de Pedro reafirmó que María está allí por fidelidad al plan de Dios del que se proclamó sierva en el primer día de su vocación, y también a causa de su instinto de madre que sufre cada vez que hay un hijo que padece una pasión. Y añadió que la encontraremos también en el primer día de la Iglesia, como Madre de la esperanza, en medio de aquella comunidad de discípulos tan frágiles.

“Por esto – terminó diciendo el Papa – todos nosotros la amamos como Madre. Porque nos enseña la virtud de la espera, incluso cuando todo parece sin sentido”.

 

 

Video mensaje del Papa Francisco por la peregrinación al Santuario de Fátima

El Papa Francisco ha enviado un video mensaje al pueblo portugués a dos días de su peregrinación a Fátima. - AP

10/05/2017 19:07

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A dos días de emprender su peregrinación al Santuario de Fátima, en ocasión del centenario de las Apariciones de la Beata Virgen María en la Cova da Iria, el Papa Francisco envió un video mensaje al pueblo portugués. Éstas son las palabras del Pontífice:

Texto completo del mensaje:

¡Querido pueblo portugués!

Faltan pocos días para nuestra peregrinación hasta la Vírgen de Fátima. Vivo una feliz expectativa por nuestro encuentro en la casa de la Madre. Sé bien que ustedes me quisieran tener también en sus casas y comunidades, en sus pueblos y ciudades. ¡He recibido la invitación! Me gustaría decir que quisiera aceptarla, pero ¡no me es posible! Desde ya, agradezco la comprensión con la cual las diferentes Autoridades han acogido mi decisión de limitar la visita a los momentos y eventos propios de la peregrinación al Santuario de Fátima, dando cita a todos ustedes a los pies de la Virgen Madre.

De hecho, es como pastor universal que me preparo a presentarme ante Ella, ofreciéndole el ramo de las más bellas ‘flores’ que Jesús me ha confiado para su cuidado (cf. Jn 21, 15-17), o sea los hermanos y las hermanas de todo el mundo, rescatados por su sangre, sin excluir a ninguno. ¿Lo ven? Tengo necesidad de tenerlos conmigo; necesito su unión (física o espiritual, lo importante es que sea de corazón) para mi ramo de flores, mi ‘rosa de oro’. Volviéndome junto a ustedes ‘un solo corazón y una sola alma’ (cf. Hch 4, 32), confiaré a todos a la Virgen, pidiéndole susurrar a cada uno: “Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios” (Aparición de junio 1917).

«Con María, peregrino en la esperanza y en la paz»: así dice el lema de esta peregrinación que es un entero programa de conversión. Me alegra saber que están preparando con intensa oración este momento bendito que lleva a la  conclusión de un centenario de momentos benditos. Esto ensancha nuestros corazones y los prepara a recibir los dones de Dios. Les agradezco por las oraciones y los sacrificios que ofrecen todos los días por mí y de los que tengo tanta necesidad, porque soy un pecador entre los pecadores, «un hombre de los labios impuros que vive en medio de un pueblo de los labios impuros». La oración ilumina mis ojos para saber mirar a los otros como Dios los ve, para amar a los otros como Él los ama.

En su nombre, voy hasta ustedes con la alegría de compartir con ustedes el Evangelio de la esperanza y de la paz. ¡El Señor los bendiga y la Virgen Madre los proteja!

 

Pascua. 4ª semana. Jueves

APRENDER A DISCULPAR

— Las personas pueden cambiar. No hacer juicios inamovibles sobre las personas, basados en su actuación externa.

— Disculpar y olvidar. Recomponer lazos rotos de amistad.

— A pesar de nuestros titubeos y flaquezas, podemos ser buenos instrumentos del Señor si somos humildes.

I. La Primera lectura de la Misa nos narra un incidente entre los colaboradores que acompañan a San Pablo en la evangelización.

Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos hasta llegar a Perge de Panfilia; pero Juan se separó de ellos y volvió a Jerusalén1. Los demás siguieron su viaje apostólico y llegaron hasta Antioquía de Pisidia. Juan, también llamado Marcos, era primo de Bernabé, el apóstol inseparable de Pablo, y una de las columnas en las que se apoyaba la extensión de la fe entre los gentiles. Marcos, desde muy joven, había vivido la intensa actividad de los primeros cristianos de Jerusalén en torno a la Virgen y a los Apóstoles, a los que había conocido en su intimidad: la madre de Marcos fue de las primeras que ayudaron a Jesús y a los Doce. Parece razonable que Bernabé se fijase en su primo Juan Marcos, para iniciarle en las tareas de propagación del Evangelio en su compañía y bajo su dirección y la de San Pablo2.

A Marcos le falló el ánimo y se volvió a su casa, abandonando a sus compañeros. No se sintió con fuerzas y se volvió atrás. Este hecho debió de pesar bastante en los demás que siguieron adelante. Pero al preparar el segundo gran viaje apostólico para visitar a los hermanos que habían recibido la fe, Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos; Pablo, en cambio, consideraba que no debía llevar al que se había apartado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la tarea3.

San Pablo no estaba dispuesto a llevar consigo al que ya les había fallado una vez. Entonces, se produjo una discrepancia tal entre ambos que se separaron uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y embarcó para Chipre, mientras Pablo eligió a Silas y partió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor4. La discusión y la disparidad de criterios debió de ser grande para llegar a causar esa separación. «Pablo más severo y Bernabé más benigno –comenta San Jerónimo–, cada uno mantiene su punto de vista. Y, sin embargo, la discusión manifiesta un tanto la fragilidad humana»5.

A pesar de todo, San Pablo, un hombre de corazón inmenso, sacrificado hasta el extremo por sus hermanos y ferviente apóstol, no mantiene un juicio inamovible sobre Marcos. Por el contrario, años más tarde encontramos a este como colaborador íntimo del Apóstol6, al que sirve de profundo consuelo7: Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos -primo de Bernabé-, acerca del cual ya recibisteis instrucciones: acogedle si va a veros, y Jesús, el llamado Justo (...), que me sirven de consuelo8. Más tarde San Pablo pide a Timoteo que vaya con Marcos, pues este le es muy útil para el ministerio9. En pocos años, Marcos ha pasado a ser un amigo y un colaborador eficaz, que sirve de apoyo al Apóstol en momentos difíciles. Quizá un día Pablo pensó que Marcos no servía; ahora le quiere cerca. Las personas pueden cambiar, y, cuando tenemos que juzgar su actuación externa -las intenciones solo Dios las conoce-, nunca debemos hacer juicios fijos e inamovibles sobre ellas. El Señor nos quiere como somos, también con nuestros defectos cuando luchamos por superarlos, y, para cambiarnos, cuenta con la gracia y con el tiempo. Ante los defectos de quienes nos rodean -a veces evidentes, innegables- no debe faltar nunca la caridad que mueve a la comprensión y a la ayuda. «¿No podríamos desde ahora mirar ya a los demás de manera que sus defectos no nos descorazonasen? Llegará un momento en que las heridas serán olvidadas (...). A lo mejor muchas cosas que nos han entristecido en este día o en estos últimos tiempos van a ser olvidadas. Tenemos defectos, ¡pero podemos querernos! Porque somos hermanos, porque Cristo nos quiere de verdad... como somos»10. Esta es la razón fundamental: Cristo no quiere nuestros defectos, pero nos quiere a nosotros, aunque tenemos muchos. Que no nos distancien los defectos de aquellos con quienes convivimos, con quienes cada día nos encontramos en la oficina, en la Universidad..., en cualquier lugar de trabajo.

II. San Pablo nos da ejemplo de saber olvidar, de saber recomponer lazos rotos, de capacidad de amistad. Por su parte, San Marcos es para nosotros un magnífico ejemplo de humildad y de esperanza. Aquel suceso que motivó la separación de Pablo y de Bernabé, en el que él fue la causa de la discusión, le debió de causar al Evangelista una honda impresión y un gran dolor. Tuvo que sentir en lo más hondo de su alma el verse rechazado por Pablo, con su gran prestigio bien ganado de evangelizador incansable, de sabiduría, de santidad. Sin embargo, él también supo olvidar, y cuando se le necesita allí está él, sirviendo de consuelo a Pablo y siéndole muy útil para el ministerio.

San Marcos supo olvidar y disculpar porque tenía un alma grande, por eso fue luego un extraordinario instrumento de la gracia. «¡Qué alma más estrecha la de los que guardan celosamente su “lista de agravios”!... Con esos desgraciados es imposible convivir.

»La verdadera caridad, así como no lleva cuenta de los “constantes y necesarios” servicios que presta, tampoco anota, “omnia suffert” –soporta todo–, los desplantes que padece»11.

Si no somos humildes tenderemos a fabricar nuestra lista de pequeños agravios que, aunque sean pequeños, nos robarán la paz con Dios, perderemos muchas energías y nos incapacitaremos para los grandes proyectos que cada día tiene el Señor preparados para quienes permanecen unidos a Él. La persona humilde tiene el corazón puesto en Dios, y así se llena de gozo y se hace de alguna manera menos vulnerable; no le importa tanto lo que habrán dicho, o lo que habrán querido decir; olvida enseguida y no le da demasiadas vueltas a las humillaciones que experimenta todo hombre y toda mujer de una forma u otra en los sucesos de la vida corriente.

Esa sencillez, esa humildad, el no enredarse en «puntos de honra» que levanta la soberbia, el dejar a un lado los posibles agravios dan a la persona una gran capacidad para recomenzar de nuevo después de una cobardía o de una derrota. A San Marcos, después de la cobardía o el cansancio en el primer viaje, le vemos enseguida de nuevo en la tarea con Bernabé, dispuesto a ser fiel sin condiciones.

El que es humilde se siente con facilidad hermano de los demás; por eso busca cada día la comunicación con quienes se relaciona, y recompone la amistad si por cualquier motivo se hubiese roto o enfriado, y está dispuesto siempre a prestar una ayuda fraterna y también a ser ayudado. Así se construyen cada día las relaciones necesarias de toda convivencia. «Los que están cercanos se sostienen recíprocamente, y gracias a ellos surge el edificio de la caridad (...). Si yo, pues, no hago el esfuerzo de soportar tu carácter, y si tú no te preocupas de soportarme con el mío, ¿cómo podrá levantarse entre nosotros el edificio de la caridad si el amor mutuo no nos une en la paciencia? En un edificio, ya lo hemos dicho, cada piedra sostiene y es sostenida»12.

III. Además de sus tareas apostólicas en la extensión y consolidación de las nuevas conversiones, San Marcos fue colaborador muy cercano de San Pedro, de San Pablo y de Bernabé; y, según la tradición más firme, intérprete de San Pedro en Roma, probablemente traduciendo al griego y al latín la predicación y las enseñanzas orales del Príncipe de los Apóstoles. Y, sobre todo, fue un instrumento muy dócil al Espíritu Santo, dejándonos la joya impagable del segundo de los Evangelios.

Para nosotros es un gran motivo de consuelo y de esperanza contemplar la figura de este Evangelista: desde sus pasos primerizos hasta llegar a ser un instrumento valiosísimo en la primitiva Iglesia, y para siempre. A pesar de nuestras flaquezas, de las posibles faltas y titubeos de nuestros años pasados, podemos confiar como él en poder prestar con abnegación un servicio útil a la Iglesia, con el auxilio de la gracia. A pesar de todo, podemos también nosotros llegar a ser instrumentos eficaces.

¡Cómo ayudaría a San Pablo, ya anciano, preso en Roma! ¡Cuánta solicitud! Ambos habían hecho vida suya lo que el Apóstol de las gentes había escrito a los cristianos de Corinto: ... La caridad es paciente, la caridad es benigna...13. La caridad lo supera todo.

La caridad puede más que los defectos de las personas, que la diversidad de caracteres, que todo aquello que se pueda interponer en el trato con los demás. La caridad vence todas las resistencias. ¡Qué distinto hubiera sido todo si San Pablo se hubiera quedado con el prejuicio de que con Marcos no se podía hacer nada porque en una ocasión tuvo miedo o cansancio, o unos momentos de desánimo... y se volvió a su casa a Jerusalén! ¡Qué distinto también si Marcos se hubiera quedado con el corazón herido, guardando agravios, porque el Apóstol no quiso que le acompañase en el segundo viaje!

Pidámosle hoy nosotros a la Virgen, Nuestra Madre, que nunca guardemos pequeñas o grandes ofensas, que causarían un enorme daño en nuestro corazón, en nuestro amor al Señor y en la caridad con el prójimo. Aprendamos de San Marcos a recomenzar, una o mil veces, si por cualquier motivo tenemos un mal momento de desfallecimiento o de cobardía.

1 Hech 13, 13. — 2 Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, Introd. al Evangelio según San Marcos. — 3 Hech 15, 37-38. — 4 Hech 15, 39-40. — 5 San Jerónimo, Diálogo contra los pelagianos, II, 17. — 6 Cfr. Fil 24. — 7 Cfr. Col 4, 10 ss. — 8 Cfr. Col 4, 10-11. — 9 Cfr. 2 Tim 4, 11. — 10 A. Mª Gª Dorronsoro, Dios y la gente, Rialp, 2ª ed., Madrid 1974, p. 150. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 738. — 12 San Gregorio Magno, Homilías sobre el profeta Ezequiel. — 13 Cfr. 1 Cor 13, 1 ss.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Servir, hijos míos, es lo nuestro”

En medio del júbilo de la fiesta, en Caná, sólo María advierte la falta de vino... Hasta los detalles más pequeños de servicio llega el alma si, como Ella, se vive apasionadamente pendiente del prójimo, por Dios. (Surco, 631)

Servir, servir, hijos míos, es lo nuestro; ser criados de todos, para que en nuestros días el pueblo fiel aumente en mérito y número (Oración Super populum.).

Mirad a María. Jamás criatura alguna se ha entregado con más humildad a los designios de Dios. La humildad de la ancilla Domini (Lc I, 38.), de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como causa nostrae laetitiae, causa de nuestra alegría. Eva, después de pecar queriendo en su locura igualarse a Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba: estaba triste. María, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros: que salgamos en esto a Ella –a Santa María–, y así nos pareceremos más a Cristo. (Amigos de Dios, 108-109)

 

 

Mensaje del Prelado (10 mayo 2017)

Mons. Fernando Ocáriz invita en este mensaje a acompañar al Santo Padre en su viaje a Fátima con la oración y con el amor atento a quienes nos rodean.

Cartas pastorales y mensajes 10 de Mayo de 2017

pus Dei - Mensaje del Prelado (10 mayo 2017)

El centenario, ya inminente, de las apariciones de la Virgen en la Cova da Iria y la peregrinación del Papa a Fátima despiertan de nuevo en nosotros, de un modo especial, aquel deseo vibrante de san Josemaría: Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam! Acompañemos al Papa Francisco con la cercanía que da la oración: dejemos en las manos de nuestra Madre las grandes intenciones de paz y de conversión que Ella comunicó en sus apariciones. Confiémosle también la unidad de la Iglesia y de los cristianos, para que, ¡todos con Pedro!, sembremos paz y alegría en el mundo. A la intercesión de los próximos santos Francisco y Jacinta encomendamos a quienes sufren las consecuencias físicas y espirituales de la violencia, de la guerra, de la falta de libertad, de la discriminación, de la soledad, de la pobreza. La Virgen recomendó en Fátima el Rosario. Recémoslo con el cariño y la confianza de hijos que acuden al corazón de la Madre.

La oración será fecunda si la paz y la fraternidad que inspiran los mensajes de Nuestra Señora se hacen más presentes en el amor atento, abierto, delicado, a quienes Dios pone a nuestro lado. La caridad no es una fría educación. Meditémoslo con calma: en nuestra casa, en el trabajo, en la relación con todos, a pesar de nuestras limitaciones y de nuestra impaciencia, ¿pueden reconocer los demás en nosotros algo de la mirada maternal de Santa María?

Roma, 10 de mayo de 2017 

 

 

Oración del beato Álvaro a la Virgen de Fátima

En 1989, el beato Álvaro acudió al santuario de Fátima a rezar ante la Virgen. En voz alta, recitó la súplica que ahora ofrecemos, que puede servir para rezar y prepararse así al centenario de las apariciones.

Noticias 9 de Mayo de 2017

pus Dei - Oración del beato Álvaro a la Virgen de Fátima​ El beato Álvaro rezando en la Capelinha, en 1989.

Beato Álvaro
Oración personal en el Santuario de Fátima, 25 . 1 . 89

Madre nuestra,

tú acoges benigna las súplicas que los corazones de todo el mundo elevan,

en la confianza de tu poderosa intercesión.

Sé que nos oyes siempre, pero aún así hemos venido desde Roma para decirte lo que ya sabes:

que te amamos, pero queremos amarte más.

Ayúdanos a servir a la Iglesia como ella quiere ser servida: con todo el corazón, con entrega absoluta, con lealtad y fidelidad.

Es lo único que interesa, y es lo que vengo a pedirte, pensando en toda la Obra; que sirvamos cada vez mejor a la Iglesia Santa, dirigida por el Papa y por los Obispos en cada diócesis; que alcancemos a prestar más ayuda a todo el pueblo fiel.

Virgen Inmaculada, Madre del Amor hermoso: ya ves que el mundo se escapa de Jesús, que la familia cristiana se está disgregando, que se infieren tantas ofensas al Señor por parte de esta civilización nuestra.

Ten piedad de las almas que el pecado ha hecho egoístas, y yacen incapaces de levantar el corazón para decirte "Madre nuestra" y para decir a tu Hijo: "¡Aquí estamos!"

Muévelas -y muévenos-, para que nos decidamos a seguir a Jesús por el camino estrecho de la abnegación, que debemos recorrer aunque nos cueste trabajo.

Recuérdanos que la Cruz del Señor no es pesada, porque nuestro Cirineo es Él, Jesús, que la lleva con nosotros y que murió por nuestra salvación.

Madre nuestra, ¡ayúdanos!


* Esta oración se recoge en el folleto de la Santa Misa en la fiesta litúrgica del Beato Álvaro, que el Prelado del Opus Dei celebrará en la basílica de Sant'Eugenio el 12 de mayo, víspera del centenario de las apariciones de Fátima. 

 

 

La formación de la conciencia según Guardini

Posted: 10 May 2017 10:31 AM PDT

Enrico Garff, The voice of conscience

Alguien dijo que todo comienza por la conciencia y nada vale si no por ella. Estos días y siempre vemos cómo desde la política y la economía, la comunicación y la educación se sigue valorando mucho la conciencia moral. Resulta lógico que tanto los anteriores sínodos sobre la familia como la preparación del ya cercano sobre los jóvenes subrayen la importancia del discernimiento y de la formación de la conciencia [1]. Una joya sobre el tema es el pequeño libro de carácter práctico que publicó Romano Guardini por vez primera en 1929, titulado “El bien, la conciencia y el recogimiento” (cf. La coscienza. Il bene, il raccoglimento, Morcelliana, Brescia 2009).

El libro está dividido en tres conferencias o meditaciones. En la primera, la más amplia, se trata de la conciencia moral desde un punto de vista antropológico y fenomenológico. La segunda amplía esa visión hacia la perspectiva religiosa y teológica de la conciencia en relación con el mensaje cristiano. La tercera se ocupa de lo que podríamos llamar la parte que debe poner el sujeto. Todo ello se dirige a iluminar la formación de la conciencia y más en general la educación moral.

El bien y la conciencia

1. El bien y la conciencia. Guardini comienza distinguiendo entre obrar por un fin en general y obrar por un deber. El deber no es un fin útil cualquiera sino un fin “intrínsecamente justo”. A esto es a lo que llamamos un “bien”, un bien en sí mismo. Contra todo escepticismo, el bien es algo que existe y adquiere su dignidad por sí mismo y no desde fuera, algo ligado a mi destino supremo e indiscutible. Y a este bien responde la conciencia como el ojo a la luz. La conciencia es así, el órgano natural de captación del bien en distinción con el mal.

La conciencia capta el bien como valor universal que “debe” ser buscado en cada acción, más allá de la mera utilidad, de acuerdo con lo que pide la realidad, con las exigencias de las cosas, con lo razonable y justo, con lo que es conforme al ser [2]. De esa forma, la persona, a través de sus propios actos, en cada situación, va madurando en la dirección de la verdad y del amor. La conciencia tiene que ver con lo que la Biblia llama el corazón, es decir el núcleo de la persona, su interioridad, el “fondo del alma”. Gracias a la conciencia, la persona es “como un embajador del bien en el mundo”. Piensa Guardini que en nuestra época la frialdad moral se explica sobre todo porque se ha perdido de vista el valor del bien: su grandeza y densidad, su riqueza y plenitud, y se piensa que no vale la pena el esfuerzo por lograrlo.

Por eso, dice, se impone ahora redescubrir los objetivos de la educación moral: enseñar el valor, la grandeza y plenitud de bien que tiene -valga la redundancia- el actuar bien, educar el deseo ardiente, la alegría y la belleza de ese deber moral, liberándolo de ser visto como mera obligación y carga; enseñar a abrir los ojos ante lo que reclaman los acontecimientos y las cosas; ponderar el poder y la capacidad de comprometerse, reconstituir la comprensión y la unidad de la voluntad y, así, abrir a la luz a y la sabiduría de la moral cristiana, a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo.

A lo largo de este pequeño gran libro, su autor considera la conciencia, lo hemos visto, como el órgano para captar el bien; también como una puerta por la que la eternidad entra en el tiempo, como la cuna de la que surge la historia humana, que es fruto de la libertad; como una ventana abierta a la vez sobre la eternidad y sobre los acontecimientos cotidianos. 

La conciencia avisa, diríamos hoy, como una luz o un piloto rojo en el salpicadero del coche sobre los niveles de gasolina o de aceite, como un termómetro que indica la temperatura corporal. Nos informa sobre el modo en que el bien definitivo y eterno pide ser realizado aquí y ahora [3], quizá en una pequeña acción.

La conciencia, entiende también Guardini, es como nuestra suprema brújula, que puede estropearse por superficialidad y frivolidad (conciencia laxa), por rigorismo, obsesión y escrúpulo (conciencia escrupulosa) o, finalmente, por alteraciones psicológicas de la percepción de la realidad, y en general por falta de armonía entre la inteligencia y la voluntad, los sentidos y los afectos. 

Por eso, deduce el autor, a la formación de la conciencia le corresponde también: educar la mirada para abarcar el contenido de la situación y ver a las personas como son y también la circunstancias; tener en cuenta la experiencia de la realidad; educar el deseo y el valor del bien, la fuerza de la voluntad y la valentía de la decisión. Ha de enseñar a obedecer y crear, mirar, comprender y juzgar, penetrar y decidir.

La formación de la conciencia es la educación para ser capaces de salir del círculo del propio “yo”. En efecto, y el secreto de la conciencia –no puede ser otro- es la apertura al amor.

Conformidad con Dios

2. El “acuerdo” (o la conformidad) con Dios. Ahora bien, este salir del propio “yo”, según Guardini solamente puede lograrse del todo por medio de la realidad religiosa. El bien “no es una ley que cuelgue fija de alguna parte. No es una simple idea. No es un concepto instalado en el aire. No, es algo vivo. Digámoslo sin ambages: es la plenitud del valor del mismo Dios vivo. La santidad del Dios vivo: he ahí el bien”.

A partir de ahí reformula su idea sobre la conciencia: “La conciencia es por tanto el órgano para la realidad viviente y para el contacto con Dios; para el querer de Dios”: es decir, el órgano capaz de captar la realidad de Dios y su voluntad, su presencia y su Amor. Un órgano, por tanto, capaz de guiarnos en el actuar en Su presencia, bajo Su mirada, actuar por el honor de Dios, vivir en Dios, como dice la Escritura. 

Por eso, observa nuestro autor, la conciencia es también un testigo o testimonio de Dios. Así es, y por eso la conciencia se ha considerado como el santuario donde resuena la voz de Dios. Y al que vive de fe, observa Guardini, Dios le da la gracia de una conciencia clara para que “se haga su voluntad en la tierra como en el cielo”. 

Y exclama: “¡Qué significado preciosísimo y profundísimo adquiere aquí la conciencia!”. Y atención a lo que sigue: “Pero todo esto alcanza su plenitud en el misterio de nuestra elevación a (ser) hijos de Dios”. Desde ahí avanza en su comprensión de la moral: “El cumplimiento de la ley moral no es ya solamente el cumplimiento de un deber abstracto, sino la edificación de nuestra salvación”. Se trata, en efecto, de colaborar con la salvación propia y de los demás, sobre la base de la iniciativa salvadora de Dios uno y trino y en el marco de la familia de la Iglesia, de la vocación y misión de los cristianos en el mundo y para el servicio de la humanidad [4]

Recogimiento, vida interior, oración

3. El ejercicio del recogimiento. En su tercera meditación, el autor considera que la conciencia tiene un carácter de llamada divina a participar de la santidad de Dios, que pide una respuesta por parte del cristiano.

Por eso está lleno de significado el hecho, que Guardini evoca, de que nuestro “nombre” se nos ponga en el Bautismo, aludiendo a la “piedrecita blanca” de la que habla de Biblia: "Al vencedor le daré maná escondido y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe" (Ap 2, 17). Ciertamente, esto se ha interpretado en el sentido de que nuestro “nombre” es aquél que solo Dios conoce y que solo Él podría expresar quizá así y de ningún otro modo menos completo: “Fulanito de tal, al que yo llamé para tal misión y que la realizó de tal o de tal manera”. 

Pero, reconoce Guardini, comprender todo esto y prestarse a ello no es fácil ni automático. Solo puede desarrollarse y funcionar a nivel humano con los años de la maduración interior y la experiencia exterior, pasando por las sucesivas etapas de la persona, y a nivel de la fe, con la gracia de Dios. En este contexto nuestro autor subraya la importancia del sacramento de la Confirmación, al que considera “el sacramento de la conciencia cristiana”. 

En definitiva, la formación de la conciencia solamente se lleva a cabo “dilatando, corrigiendo e iluminándonos a nosotros mismos” por la apertura a la gracia divina. Es lo que llamamos el crecimiento en la "vida interior". Guardini sintetiza este proceso en el término recogimiento, pues, en efecto, la formación de la conciencia, como parte de la educación de la fe, debe enseñar a cultivar la profundidad del espíritu, la contemplación, el examen o la vigilancia interior, la plenitud de la justicia, la pasión por el bien; y, para todo ello, la vida espiritual con su cortejo de virtudes, la oración y la paz interior, la escucha de la Palabra de Dios y la oración. 

Al final de su libro sobre la conciencia, "voz viviente de la santidad de Dios en nosotros", Guardini recoge una oración. Su autor es John Henry Newman, Newman, beatificado por Benedicto XVI en 2010, considera que la conciencia cristiana es maestra, luz y voz de Dios, facilitadora y guía de la escucha, sanadora de la mirada, purificadora del corazón:

“Dios mío, tengo necesidad de Ti, necesito que me instruyas cada día, tal como lo exige la jornada. Señor, ¡concédeme una conciencia iluminada, capaz de percibir y comprender Tu inspiración! Mis oídos están cerrados, por eso no escucho Tu voz. Mis ojos están tapados por eso no veo Tus signos. Solamente Tú puedes abrir mis oídos y curar mi vista, puedes purificar mi corazón. Enséñame a estar sentado a Tus pies, y a escuchar Tu palabra” .

 

 

Este texto es una ampliación del artículo publicado, con el mismo título, 

en www. religionconfidencial.com, el 10-V-2017

 

 

 

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[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1776-1802.
[2] Es lo que R. Spaemann llama, al principio de los años 80, “hacer justicia a la realidad”. Ver el capítulo VI: “El individuo o, ¿hay que seguir siempre la conciencia?” de su libro Ética: cuestiones fundamentales, Eunsa, Pamplona 2010, pp. 91-105, donde desarrolla el tema desde el punto de vista antropológico. Vid. nuestro breve análisis “La conciencia moral”, en www.iglesiaynuevaevangelizacion.com, 14-XI-2013.
[3] El papa Francisco expresa esto al referirse al “bien posible” que puede ser hecho (cf. Exhortación Amoris laetitia, sobre el amor en la familia (19.III.2016), n. 308. Y esto no tiene nada que ver con la denominada “ética de la situación” o con la defensa de una “ética autónoma”: estos planteamientos rechazan los principios morales objetivos que recuerda el magisterio de la Iglesia. 
[4] Todo ello completa, para el cristiano, el marco y el contenido para el discernimiento de la conciencia y, por tanto, para la formación de la conciencia. Cf. J. Ratzinger, “Conciencia y verdad”, conferencia de 1991 recogida en el libro del mismo autor, La Iglesia: una comunidad siempre en camino, eds. Paulinas, Madrid 1992, pp. 95-115 y en la primera parte del libro de J. Ratzinger, El elogio de la conciencia. La verdad interroga al corazón, Librería Edirice Vaticana- ed.Palabra, Madrid 2010, pp. 9-36. Cf. nuestro breve “Conciencia y mensaje cristiano”, en iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com, 12-V-2014.

 

 

 

 “La mitad de las familias cristianas de Mosul y Nínive se han marchado del país”

Sábado, 29 Abril 2017 00:00

Escrito por  Primeros Cristianos

“La mitad de las familias cristianas de Mosul y Nínive se han marchado del país”

Necesitamos una solución práctica y política, internacional

Entrevista con el sacerdote Behnam Benoka de Erbil, Irak, que afirma que la vuelta a los pueblos liberados del Daesh va a ser complicada por el conflicto de intereses entre grupos militares y religiosos

 

ACN.- El padre Behnam Benoka es sacerdote sirio-católico de Erbil, en el kurdistán iraquí. Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Roma, ha sido rector del Seminario Sirio-católico de Erbil. Ha servido como sacerdote en Erbil, Ankawa, Mosul y Qaraqosh. Desde el éxodo cristiano de la Llanura de Nínive por el avance del Daesh, el 6 de agosto de 2014, coordina la atención sanitaria de los centros de refugiados en Erbil. Ayuda a la Iglesia Necesitada le ha entrevistado tras su paso por el EncuentroMadrid, donde la fundación pontificia participó con la exposición “La Belleza del Martirio”, sobre los cristianos perseguidos.

– ACN: ¿Qué situación hay actualmente en los pueblos cristianos de la Llanura de Nínive? ¿Qué condiciones hay para que las familias puedan volver?

– P. Behnam Benoka: En la Llanura de Nínive hay doce pueblos cristianos, todos menos Alqosh fueron ocupados por el Daesh o Estado Islámico (EI). A finales de 2016, el ejército iraquí y el ejército kurdo han cooperado para la liberación de la Llanura de Nínive, con acuerdos internos. La zona norte está controlada por los kurdos y la zona sur por el ejército iraquí. Esto complica la situación de la seguridad en la zona. La situación de la zona norte si es más clara, pero en la zona sur, en el área de los pueblos de Bartella, Karamlesh y Qaraqosh no se sabe qué grupo militar y religioso va a tener el control.

Por ejemplo, la gente de Teleskef, en el norte, ha vuelto a sus casas. Allí la destrucción no es tan grande y no hay conflictos entre grupos étnicos pues no hay presencia árabe o chabaquí. Sin embargo en el sur, hay muchas aldeas y pueblos de chabaquíes, que son de religión islámica chiítas y filoiraníes. También hay árabes sunitas y kurdos. Es cierto que la mayoría es cristiana, pero la vuelta va a ser complicada por el conflicto de intereses por controlar el sur de la Llanura de Nínive.

– ACN: ¿Los cristianos no vuelven porque estos grupos no les dejan volver?

– P. Behnam Benoka: Así es. Los pueblos están ya liberados del Estado Islámico pero la zona no ha vuelto a manos de los cristianos, por eso la gente no puede volver a sus casas. La seguridad en la zona no está garantizada y esto es lo que complica el futuro de los cristianos. Hay muchas familias que querrían  volver a sus casas pero con la condición de que haya seguridad y que en el futuro no haya un nuevo Daesh. Antes del EI tuvimos otro grupo radical bajo la influencia de los chabaquíes que desde el tiempo de Sadam Husein ha buscado hacer un cambio demográfico en la zona cristiana en favor de los chabaquíes. Ellos son apoyados por el gobierno iraquí que es un gobierno chiíta.

– ACN: ¿Qué solución hay ante esto?

– P. Behnam Benoka: Necesitamos una solución práctica y política, internacional, para garantizar la seguridad y que los cristianos puedan tener un futuro en Irak, para ayudar en la reconstrucción del país. Cada día perdemos a familias que se marchan a Jordania, Líbano, Turquía, etc. Esto no es algo bueno para la presencia del Cristianismo. Todos quieren cancelar la presencia cristiana de allí. Necesitamos urgentemente protección para poder seguir viviendo. Esta protección no puede venir del gobierno iraquí o de los kurdos, porque ellos mismos son una parte del conflicto. Ellos crean conflictos para los cristianos, son parte del problema.

– ACN: Va a hacer tres años de crisis de los cristianos en Mosul y Nínive, ¿cómo está la gente allí? ¿Cuál es la mayor necesidad?

– P. Behnam Benoka: Después de casi tres años, gracias a las organizaciones católicas y otras organizaciones tenemos templos, algunos son prefabricados pero podemos reunirnos para celebrar juntos. La principal necesidad es asegurar la Llanura de Nínive para poder volver. También necesitamos asegurar la reconstrucción de la Llanura de Nínive. La mayoría de las casas y lugares de trabajo están destruidos. Necesitamos garantizar el trabajo para que sobre todo los jóvenes puedan tener trabajo y un futuro.

– ACN: ¿Qué piensan de los cristianos de Irak después de tres años de crisis?

– P. Behnam Benoka: Están cansados de esta situación. Tenemos conflictos continuos desde los años 70 hasta ahora y la gente quiere la paz, vivir una vida normal. Esto es un derecho natural de la persona humana. Si las familias quieren dejar el país para vivir, es un derecho. Si quieren continuar en Irak, porque es su tierra, son sus raíces, deberían poder continuar viviendo allí. Pero no tienen a muchas personas que les ayuden a seguir viviendo allí.

La fe es una gracia y se puede vivir en cualquier parte del mundo, ayuda a que las familias crezcan y cada ser humano crezca como persona. Pero, por otro lado, existe el derecho a vivir en un lugar, porque no solo estamos hechos de espíritu y alma, sino también de cuerpo. El derecho mundial está para asegurar el derecho del hombre para pueda vivir con dignidad. Pero dónde está esa dignidad, quién nos puede asegurar que podamos vivir con dignidad. La mitad de las familias de Mosul y Nínive se han marchado ya a otros países. Después del 6 de agosto de 2014, cuando Daesh tomo todo Nínive, dije “estamos muriendo”. Y esto es literalmente, en el cuerpo y en la dignidad. Los padres no pueden dejar a sus hijos jugar en la calle, no hay dignidad.

– ACN: ¿Qué crees que mueve a un cristiano a seguir yendo a la Eucaristía aun sabiendo que puede morir o ser atacado?

– P. Behnam Benoka: La Eucaristía es el único sitio donde un cristiano coge la fortaleza y confianza para poder seguir viviendo. Y solo se puede seguir viviendo después de toda esta situación en Irak gracias a la fe y a la Eucaristía. No es gracias a los políticos. Dios está presente constantemente en la vida de los cristianos. Sí, es verdad que tenemos muchos problemas, también dentro de las familias. Pero son las consecuencias normales de una situación como la que vivimos.

AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA

 

 

Trabajar o quedarse en casa con los hijos: el gran dilema de las mamás

 

Blogs LaFamilia.info - La Mamá Oca

 

​ Foto: Freepik 

 

Desde que investigo sobre temas de educación para padres, me he encontrado con mucha información sobre la “gran” disyuntiva del mundo materno actual: ¿Es mejor trabajar o quedarse en casa con los niños? A esta pregunta habría que agregarle una serie de apéndices cómo: ¿Y mi desarrollo personal? ¿Mis hijos serán normales si no estoy todo el día con ellos? ¿Se criarán bien en una guardería o con una niñera o con la abuela? ¿Nos alcanzará el dinero con un solo sueldo? Y entre éstas, les aseguro que todas tenemos miles de preguntas y dudas al respecto que nos confunden y torturan, en algunos casos.

 

No está de más sumarle la gran competencia entre las mamás que trabajan y las que no: las comparaciones, las envidias, las auto disculpas de optar por cualquiera de las dos opciones, etc. He estado en más de una reunión con mamás donde las que no trabajan hablan de la maravilla que es no tener que trabajar y lo extraordinarios y felices que son sus hijos, así como las que trabajan argumentan que la profesora les ha dicho lo independientes, seguros y autosuficientes que son sus hijos gracias a que ellas no están todo el día encima. Habría que entrar en sus corazones para ver cuántos de estos puntos realmente se los creen y cuántos son auto justificaciones en voz alta para no sentirse mal de quedarse en la casa o salir a trabajar, dependiendo del caso.

 

Recuerdo que cuando era soltera, una amiga que se casó diez años antes que yo y tuvo tres hijos, me dijo que ella no trabajaba porque veía lo segura que era su hija comparándola con otras niñas cuyas mamás trabajaban. Y yo me preguntaba: ¿Y qué hay de mí considerando que mi mamá se divorció a los 36 años contra su voluntad, con tres hijos a cuestas y un ex marido que no tomó en serio sus responsabilidades económicas? ¿Seré un desastre? Dime Dios, ¿soy insegura, inestable y estoy destinada al fracaso?

 

Y de ahí viene mi reflexión de hoy: ¿Trabajar o no trabajar? ¿Realmente TODAS podemos escoger quedarnos en casa? Lo dudo mucho. Y no estoy hablando de las ganas, porque seguramente muchas queremos pasar el día llevando y trayendo a los chicos del colegio, luego irnos al gimnasio, para después almorzar con nuestras amigas una ensaladita light en un restaurante lindo, en la tarde ir con los chicos a todas las clases de música, karate, baile e inglés, luego a la peluquería y en la noche estar listas para la comida en la calle con nuestro esposo. ¿Pero, es ésta una realidad que todas podemos escoger? Por supuesto que no.

 

Debemos dejar de hablar de las mamás que trabajan como algo raro e inhumano, como si siempre se pudiera elegir. Debemos hablar de las mamás que TENEMOS que trabajar, porque escogimos casarnos y formar una familia con un hombre común y corriente que no se apellida Onassis ni Windsor y tenemos que poner el hombro para salir adelante en el día a día. Y muchas mujeres ni siquiera lo hacen para acceder a un carro del año sino a las cuestiones básicas de la vida, como casa, comida, educación y vestido.

 

¿Trabajar nos debe condenar a nosotras y a toda nuestra descendencia? Por supuesto que no. Lo que sí es que requiere mucho más esfuerzo y organización de nuestra parte para poder coordinar las actividades de nuestros hijos y sacrificar nuestro propio tiempo libre para dedicárselo a los niños.

 

Estoy segura también que muchas madres que no trabajan dan calidad de tiempo a sus hijos, así como muchas otras que trabajan le dan todas sus horas libres a estar con sus pequeños. Es tan difícil marcar una línea y definir un patrón de lo que es bueno y lo que no.

 

Lo importante es dar lo mejor de cada uno y vivir nuestra realidad, sea cual sea, disfrutándola lo mejor posible y aprovechando cada momento para hacer de éstos unos espacios especiales familiares o personales.

 

Además, no olvidemos que al momento de decidir casarnos o tener hijos, no estamos renunciando a nuestra individualidad y al derecho de seguir creciendo como personas. Y si en esta decisión se inserta el querer trabajar, en buena hora.

 

No nos sintamos culpables, porque nos hemos convertido en madres para nutrirnos, para ser mejores personas y criar personitas felices; no para vivir un constante infierno de culpas y autocríticas que nos hacen complicado el diario vivir.

 

Para seguir con este tema, voy a buscar información de otros medios que complementen esta reflexión. Estén atentas para seguir trabajando esta faceta de nuestra vida maternal que, de hecho, nos afecta de una manera muy importante.

 

 

 

La utopía democrático-socialista y la demolición de la sociedad

 

Para el Estado democrático revolucionario los individuos son todos iguales

La utopía democrática es la igualdad. La democracia sueña con un Estado social y sólo se preocupa con los individuos, y con los individuos socialmente iguales.

No es esto lo que está en los planos de Dios. Y para convencernos de esta verdad, basta considerar el proceder de Dios.

Dios podría haber creado a cada hombre, como lo hizo con Adán, directamente y sin auxilio de nadie. Así hizo con los ángeles, y aún en éste caso no quiso la igualdad. Dios creó a cada ángel como una especie distinta, correspondiente a una idea particular en el pensamiento divino.

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Formando al ser humano como una especie única, la igualdad habría reinado entonces si todos hubiésemos recibido la existencia directamente de manos del Creador. Pero Dios tenía otros designios. El quiso que recibiéramos la vida unos de los otros, y que por este medio fuésemos constituidos, no en la libertad y la igualdad sociales, sino en la dependencia de nuestros padres y en la jerarquía que debía nacer de esa dependencia.

 

Dios establece la familia

Dios creó a Adán, y después de su cuerpo hizo el cuerpo de Eva. Dios entonces bendijo al hombre y a la mujer y les dijo: “Sed fecundos, llenad y dominad la tierra“.

Ciceron decía que los estados proceden de esa socieda primera que es la familia

Dios creó así la familia, la transformó en una sociedad y la constituyó de acuerdo con un plan totalmente diverso de la igualdad social: la mujer sumisa al hombre y los hijos sumisos a los padres.

En los mismos orígenes del género humano, por lo tanto, encontramos las tres grandes leyes sociales: la autoridad, la jerarquía y la unión. La autoridad, que pertenece a los autores de la vida; la jerarquía, que torna al hombre superior a la mujer y a los padres superiores a los hijos; y la unión, que deben conservar entre sí aquellos vínculos vivificados por la misma sangre.

Los Estados proceden de esa sociedad primera.

La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública. (República, libro I, 7).

Al comienzo Abraham funda una familia nueva, y de ella surgen doce tribus, que constituyen un pueblo. Esos son propiamente los orígenes del pueblo de Dios.

Lo mismo ocurrió con los gentiles.

La familia no es sólo el elemento primero de todo Estado, sino su elemento constitutivo, de tal manera que la sociedad no se compone de individuos, sino de familias. P. 11

Actualmente sólo los individuos importan y el Estado sólo reconoce a los ciudadanos aislados. Esto es contrario al orden natural. Antiguamente era de tal manera así que los censos de población no contaban las personas, sino los “fuegos”, es decir, los hogares.

Cada hogar era considerado el centro de una familia, y cada familia era dentro del Estado una unidad política y jurídica, al mismo tiempo que económica.

El individualismo conduce a la destrucción de la sociedad

Fue la Revolución Francesa la que vino a destruir este orden. Ella se impuso el deber de emancipar al individuo, a la persona humana, estimada como célula elemental orgánica de la sociedad. Esta tarea que la Revolución se impuso, conduce nada menos que a desorganizar la sociedad y a disolverla.

El individuo es sólo un elemento dentro de esa célula orgánica de la sociedad que es la familia. Separar sus elementos, impulsar el individualismo, es destruir su vida, es tornarla impotente para llenar su papel en la constitución del ser social, como lo haría, en los seres vivos, la disociación de los elementos de la célula vegetal o animal.

La Revolución Francesa vino a destruir el orden y se impuso el deber de emancipar al individuo, esclavizándolo finalmente al Estado

En nuestros días, el individualismo fue llevado a su exacerbación por el relativismo. Así, cada individuo posee “su verdad” y sus “valores”. Sobre todo, sus derechos y no sus deberes.

Desaparición de la noción del bien común

Las legislaciones socialistas exacerban este individualismo, dando al individuo derechos gravemente perjudiciales para el bien común.

La noción de que la sociedad sólo puede subsistir cuando existe una preocupación por el bien común, ha venido desapareciendo casi completamente.

Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.

No debemos extrañar, por lo tanto, que las encuestas muestren a la familia como una institución en vías de desaparecer. Y, con su desaparición, la propia sociedad es demolida.

La patria sólo subsiste cuando sus componentes tienen un “proyecto” común. Cuando cada individuo tiene sus propios “valores”, la unidad nacional desaparece.

 

 

No somos átomos aislados girando en el espacio

 

Familia Patriarcal y familia nuclear

Una sociedad es un tejido de almas, con interacciones mutuas, del todo sobre cada una y de cada una sobre el todo.

Cada hombre trae dentro de sí varias hereditariedades. Somos la resultante biológica de un sinnúmero de corrientes de vida que vinieron a tener en nosotros su punto de encuentro.

Así como en una laguna existen aguas de diversos ríos que en ella desembocan, así existen en nosotros esas hereditariedades.

Somos recipientes en los que se funden varias corrientes del pasado

Los historiadores concuerdan al afirmar la existencia de obras que necesitan ser llevadas a cabo por varias generaciones: la fundación de ciertos países, el desarrollo de cierta política, la creación de ciertas fuentes de prosperidad. La institución de derecho natural que asegura la realización de la obra histórica a través de las generaciones es la familia.

 

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La naturaleza del hombre lo lleva a establecer nexos más directos con ciertas cosas, y relaciones más próximas con ciertas personas. Ser propietario, tener familia, son situaciones que le dan una justa sensación de plenitud, de personalidad. Vivir como átomo aislado, sin familia ni bienes, entre una multitud de personas extrañas, le da una sensación de vacío, de anonimato y aislamiento, que es para él profundamente antinatural.

 

La reforma social más urgente

Social… sociedad. ¿Habrá algo más santo y augustamente social que velar por la familia? Pues, ¿no es ésta la base de la sociedad?

Tanto se habla de reformas de base. ¿Quién entre los “arditi” del reformismo habla seriamente de reformar, de restaurar la base, esto es, la familia?

¿Qué espíritu social es éste, que no tiene ojos para ver la crisis de la familia y la insuficiencia de las medidas destinadas a reformar una sociedad en que la base está minada?

¿Pero que es la familia en la fuerza del término?

Familia para mí es equivalente a familia en su normalidad. Y por lo tanto familia patriarcal.

Por patriarcal debe entenderse no la pequeña familia nuclear -padre, madre e hijos- sino una familia numerosa, con muchos hijos. Y, además de eso, relacionada con un número muy grande de parientes de varios grados, de varios lados, que frecuentan la casa y la ponen en movimiento.

Con la familia patriarcal se constituye un todo con tres distancias.

La primera distancia es mi casa, enteramente afín conmigo.

Otra, son las casas de mi familia más apartada, algo parecida y algo diferente.

Una tercera distancia es la calle, punto de encuentro fortuito y casual de todas las semejanzas y de todas las diferencias.

Si estoy apoyado por estas tres distancias, si puedo expandirme en estas tres dimensiones, cuando llego a la calle tengo detrás de mí y a mi lado toda mi parentela que se presenta en los lugares públicos, en los lugares de diversión, pensando como yo, sintiendo como yo, imponiéndose.

Enfrento la popularidad o la impopularidad, porque tengo un cuadro en que apoyarme, tengo elementos para expandir mi personalidad.

Cuán diferente es la situación de la familia minúscula -padre, madre e hijos- viviendo una vida dentro del hogar que, por ser constituido por pocas personas, tiene poca variedad y que, por eso, se torna monótona.

Siendo así, se tiende a huir, y se huye, yendo hacia la calle o trayendo la calle dentro de la casa, bajo el aspecto de dos o tres televisores en varias salas, para intentar olvidar que se está dentro de casa y tener la sensación de que se está en la calle.

Pero en la calle la persona se siente aislada. El niño llega al colegio aislado. El joven o la joven entran en la sociedad aislados.

No tienen apoyo en nadie.

Tienen un modo de ser, fabricado por la propaganda “ab extrínseco” y que es impuesto.

Si no quisieren adherir, se monta contra ellos la persecución del ridículo y del ostracismo.

Resultado: inseguridad interior, titubeo, duda, aislamiento, capitulación.

Al cabo de diez o veinte años de ese fenómeno, si la persona no tuviere una personalidad más o menos definida, esta habrá sido destruida.

No sabe ser amigo quien no sabe ser primo. Y no sabe ser primo quien no sabe ser hermano.

La familia nuclear y sus insuficiencias

Considero la expresión familia nuclear bien acertada, porque no es la familia-célula, sino que es una célula reducida a su núcleo, con todo lo que hay de irregular en que el núcleo viva sin su protoplasma. Es un exilio para el núcleo -si no fuere directamente la muerte- el hecho de estar privado del protoplasma.

La imaginación de las personas actualmente sólo alcanza la familia nuclear. No se sabe ya lo que fue la familia “árbol-frondoso”.

Los psicólogos, en la comparación entre la familia nuclear y la familia patriarcal, llaman la atención sobre la importancia y la necesidad del grupo de parientes -primos, tíos, etc.- como factor de armonía en las relaciones de los hijos con los padres.

En la familia nuclear hay una confrontación directa entre los hijos y los padres, en aquel espacio delimitado que es el hogar; en la familia patriarcal, la confrontación se diluye entre los parientes, y el hijo puede recurrir a un tío, a un primo, a una tía, etc.

Es normal que el marido y la mujer tengan dificultades en el trato mutuo muy grandes. El modo de amortiguar estas dificultades es que estén envueltos por un ambiente de familia muy homogéneo, dentro del cual encuentren varios puntos comunes, engendrando afinidades que reducen la fricción proveniente de la diferencia de temperamentos y de caracteres individuales.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Mamás que trabajan

Lucía Legorreta de Cervantes

Última actualización: 10 Mayo 2017

En la actualidad, muchas mamás de distintos niveles socioeconómicos trabajan. Unas empiezan antes de tener hijos y continúan haciéndolo estando embarazadas; otras hacen una pausa desde su embarazo para dedicarse a sus hijos y retomar el trabajo más adelante.

Hay mujeres que tienen que trabajar durante, después del embarazo y siempre, porque son el pilar económico de la familia. Otras trabajan por decisión personal, y aunque gozan de horarios flexibles, enfrentan un doble reto: las labores propias del hogar y las profesionales, lo cual es desgastante.

Para los hijos es importante el enfoque que su mamá tiene de sí misma, de su familia y de su trabajo.

Cuando la mujer concibe su trabajo como una carga que resta tiempo a su vida en familia y se siente poco valorada, mal remunerada y explotada, sus hijos se dan cuenta y perciben abandono por parte de su madre, y tienden a ser conflictivos, buscando ser foco de atención.

El nivel de responsabilidad del cargo laboral juega un papel importante, es decir, qué tanto ese trabajo demanda largas horas de trabajo o responsabilidades fuertes.

Sin embargo, la situación de la mujer es la misma, si trabaja en una papelería, en labores de limpieza o si es neurocirujano, piloto aéreo o presidente de un país.

¿Por qué? Consiste en lograr el equilibrio mediante tres recursos indispensables: planeación, organización y redes de apoyo, lo cual puede implicar dos horas menos de sueño por la noche, o tener que posponer o disminuir tiempo destinado a actividades menos importantes.

Con esto quiero decir que aun cuando una mujer tenga un trabajo que no demanda mucho tiempo o esfuerzo, puede estar totalmente desorganizada, no contar con redes de apoyo y por ende descuidar o ignorar a sus hijos.

El ser humano necesita tiempo para la familia, el trabajo y los amigos; para la actividad física, el descanso y la distracción; para actividades espirituales o religiosas, y para tener contacto con la naturaleza.

Algunas mujeres dan prioridad a su familia y a su trabajo, y descuidan los demás aspectos.

Hay quienes el trabajo las llena de satisfacción y las mantiene vigentes en el ambiente social y laboral, enriquece su vida y les aporta beneficios sociales y económicos, así como motivación para ser personas integrales.

Los hijos de estas mujeres y cónyuges tienden a ser más comprensivos ante horarios difíciles y poco tiempo para la convivencia familiar, que es de mayor calidad y más satisfactoria.

De aquí la importancia que platiques con tus hijos y esposo sobre tu trabajo, tus inquietudes y miedos; que sepan que esa parte de tu vida es importante tanto para ti como para ellos.

Siempre es de gran ayuda tener un familiar o persona cercana al pendiente de los hijos, y que pueda asistir a compromisos sociales y escolares en representación de los padres.

Afortunadamente en nuestro país, las redes familiares permiten a muchas mujeres trabajar y sacar a sus hijos adelante.

En resumen, un trabajo que demanda mucho tiempo y responsabilidad puede ser bien compaginado con una vida familiar de calidad, siempre y cuando se tenga organización y apoyo familiar.

Y muy importante: que tú como mujer estés contenta con el ambiente laboral y con el tipo de trabajo que haces, ya que de otra forma, les trasmitirás constantemente a tus hijos una imagen negativa de tu trabajo, el cual acabarán por rechazarlo.

Por otro lado, entre algunas mamás que no trabajan existe el síndrome de víctima, ya que se sienten frustradas porque “su familia les ha robado la oportunidad de realizarse profesionalmente”.

Ante estas situaciones, ya sea por exceso de trabajo o por la falta de éste, es recomendable acercarse a un profesional para trabajar en los aspectos que impiden a la familia gozar de una sana convivencia, así como de plenitud personal y familiar.

Recuerda que si tú estás tranquila y satisfecha en tu trabajo, aunque el día a día no sea fácil, tu familia aceptará, vivirá y apreciará tu desempeño laboral; y por supuesto, estará orgullosa y agradecida por lo que haces por ellos.

 

Vídeo-homenaje: 120 años soñando en los cines

 

Del 8 al 12 de mayo centenares de salas de cine en nuestro país están celebrando la "Fiesta del Cine", iniciativa desarrollada por FECE, FAPAE y FEDICINE para incentivar que mucha gente acuda de nuevo a las salas de exhibición. Gracias a esta iniciativa, los amantes del cine podrán ver sus películas favoritas por tan solo 2,90 euros.

En esta edición, el principal reclamo para los espectadores está siendo la segunda entrega de Guardianes de la Galaxia, que lucha por convertirse en la película más vista en los 12 años de la "Fiesta del Cine". Junto a ella, ocupan un lugar destacado títulos como John Wick: Pacto de sangre, Noche de venganza, Z. La Ciudad Perdida, Plan de fuga, El Círculo, Un golpe con estilo, Fast & Furious 8, Life, Órbita 9 o Power Rangers.

Esta coyuntura tan propicia a la nostalgia (¡aquellas salas que nos permitieron soñar en nuestra infancia!) ofrece una ocasión inmejorable para visionar este precioso y emotivo "Vídeo-homenaje a las salas de exhibición" que la productora Tandem Entertainment difundió el 28 de diciembre de 2015, con motivo de los 120 años de la primera proyección de la historia.

Tandem Entretainment, creada por Claudia Maluenda y Laura Rubirola, acaba de estrenar un prometedor cortometraje (Hasta mañana, de Daniel Torres) y tiene en preparación dos largometrajes con directores conocidos: El cometa Halley, con Fernando Trullols, y White Flags are for Losers, con Guillermo Ramírez. Este vídeo que hoy os ofrezco os hará recordar muchos filmes inolvidables que mostraron la experiencia de soñar viendo una gran película. ¡Que lo disfrutéis!

 

 

 

¿La tristeza de la jubilación?

No deja de ser un contrasentido hablar de jubilación -o sea, de júbilo- unido a la tristeza. Para la mayoría de las personas el momento de retirarse de la vida activa supone una tranquilidad, la idea de cobrar el dinero que se ha ganado honradamente después de muchos años de trabajo, duro o menos, intenso o menos, pero trabajo, con horario fijo, con preocupaciones y cansancios. Es una satisfacción. Es mi caso, aunque reconozco que no lo es para todos, pues a algunos les gustaría que les dejaran más tiempo. Porque se lo pasa bien con su trabajo y pueden intuir aburrimiento.

Sería una pena que para esa gran mayoría que suspiran porque llegue el momento, que no ven el día en que les toque, que miran el calendario, los días, las semanas, resulte que a las pocas semanas de producirse el acontecimiento jubiloso se encuentran vacíos, tristes, aburridos, y el júbilo se les quede en tristeza.

La jubilación hay que prepararla, no basta con esperarla, que luego se queda uno con un pasmo de narices. Se pueden hacer cosas bonitas, y lo que más llena es lo que cuesta un poco, pero se hace por generosidad, por caridad, por servir. Es bueno hacer planes, no dejarse llevar por una espera pasiva, para que al dejar el trabajo profesional de toda la vida se encuentre uno con la alegría, con el júbilo, de seguir haciendo cosas de provecho.

Domingo Martínez Madrid

 

Con un patrimonio que necesita el mundo

El discurso del Papa a los Presidentes de los 27 países del Unión Europea cuando se cumplían los 60 años de la Unión, ¿recuerdan?, fue denso y profundo, con dos partes bien diferenciadas. La primera, dedicada a hacer memoria de los orígenes, de la mano de los grandes padres fundadores del proyecto de unidad europeo. Como dijo Francisco, volver a Roma sesenta años más tarde no podía ser sólo un viaje al pasado, preñado de nostalgia, sino una ocasión de hacer memoria para construir el futuro. 

La memoria empieza por afirmar que Europa no es un conjunto de normas y protocolos, sino una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad sagrada. Esa ha sido la fuerza generadora de la Unión, y cuando esa conciencia se diluye, todo el edificio se resiente. Reducir los ideales fundacionales de la Unión a las exigencias productivas, económicas y financieras, sólo puede conducir al desafecto de los ciudadanos y al colapso de este proyecto.

José Morales Martín

 

 

La clase de Religión es libertad

Poder elegir con libertad. Este es uno de los grandes argumentos que da la nueva campaña de la Conferencia Episcopal animando a las familias a seguir eligiendo la clase de Religión. La buena salud de esta asignatura se demuestra en el hecho de que dos de cada tres alumnos se matriculan en ella cada año, pese a las trabas puestas desde no pocas administraciones de todos los colores políticos. 

Se trata de una cuestión de libertad, como dice la campaña, porque la clase de Religión permite ejercer el derecho reconocido constitucionalmente a los padres de elegir “la formación religiosa y moral” que quieren para sus hijos, ya sea la religión católica, la musulmana o ninguna. Pero la Constitución reconoce además que la educación debe contribuir al “pleno desarrollo de la personalidad humana”. 

Es la misma terminología que emplea la Declaración Universal de los Derechos Humanos para resaltar que la escuela no se dedica solo a enseñar una serie de destrezas y conocimientos técnicos, sino que transmite unos valores, promueve la convivencia pacífica y fomenta las preguntas acerca de las grandes cuestiones de la vida. 

Enric Barrull Casals

 

 

Basuras dentro y fuera del planeta

 

                                Se nos ha dicho y asegurado, que este planeta se conformó tras infinitas transformaciones de la “materia estelar que se acumuló en un punto del espacio donde “algo” ordenara que naciera este diminuto cuerpo estelar, el que calentado por su estrella madre”, consiguió que aquí naciera “una vida genérica”, que en el infinito tiempo fue dando lugar a infinitas especies animales, entre las que se encuentra el género al que no sé por qué, se le dio el pomposo título de “sapiens-sapiens”, y el que al final parece ser, va a ser el asesino del planeta o “su tierra madre”.

                                También se nos asegura, que antes de todo ello, esa materia inerte tuvo que irse transformando, bajo temperaturas extremas y en las que fue vomitando, escorias y basuras, que tras irlas regenerando por sí mismo, logró las inconmensurables bellezas que aún hoy podemos comprobar, en aquellos lugares donde no pudo llegar ese “doble sabio” ya mentado.

                                Pero aquel “mono” que apareció en el planeta y que en realidad nadie sabe el qué y el cómo pudo llegar aquí y “subirse a los árboles”; decidido a emprender su propia aventura y bajando de la arboleda, se dedicó a transformar su sociedad (“o sociedades”) para según él, lograr algo que se denominó “civilización”, pero que ha terminado en algo así, como “el comerse los unos a los otros y de paso enmierdar desde el lugar donde come y duerme, hasta los espacios siderales donde infelizmente ha podido llegar, dejando tras de sí, una cantidad de basuras, que yo dudo sea capaz de limpiarlas de nuevo y al menos dejar esos lugares como naturalmente eran cuando aún fueron vírgenes”. ¿Para qué todo ello? Ni lo sé ni creo lo sepa ninguno de los “sapiens-sapiens”, que tratan de arreglar algo ya inarreglable. Veamos el porqué de todo ello.

                                “Alerta de la Agencia Espacial Europea: En cien años no se podrá viajar al espacio sin chocar con basura. Las agencias espaciales pondrán en marcha un servicio de limpieza para retirar satélites inutilizados. Alrededor de la Tierra orbitan 166.000 millones de fragmentos de basura de entre un milímetro y un centímetro, amén de los incontables mucho mayores y de los que no dan datos” (ABC 22-04-2017); diario que dedica dos muy densas páginas y que nos “ilustran” de ese basurero y otros, fuera del espacio que pisamos los terrícolas actuales.

                                Si nos fijamos en la tierra y mares del planeta; los basureros son infinitos y las ciudades en general, ya son basureros constantes y las que cada vez son más insalubres e inhabitables, de ahí (yo pienso o creo) la enorme cantidad de enfermedades nuevas que aparecen y sobre todo la peor de todas ellas, conocida como “cáncer” que como “la gran peste”, acaba cada vez con más “sapiens y no sapiens”, incluyendo hasta a los que apenas nacidos, ya vienen con algún tipo de “esta peste”, que yo estimo es ya, como una venganza de la vida natural, que avanza anunciando quizá, aquel Apocalipsis, bíblico que anunciara aquel santo varón.

                                Y mientras aquí los que dicen dominar cualquier zona de poder y que se creen es suya en propiedad, siguen dirimiendo “si son galgos o son podencos”; lo que es algo así como para… “morirse de risa”, pobrecitos el porvenir que nos espera.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes