Las Noticias de hoy 05 Abril 2017

                    Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 05 de abril de 2017        

Indice:

Newsletter Diario

Homilía del Papa: La cruz no es sólo un símbolo o una joya

Papa: paz para la humanidad con desarrollo integral e integración entre los pueblos, como impulsó Pablo VI 

El Papa Francisco autoriza a sacerdotes de la Fraternidad San Pío X a confesar y celebrar matrimonios

Cuaresma. 5ª semana. Miércoles: Francisco Fernández-Carvajal

“El santo no nace: se forja”​: San Josemaria

«Pidan conmigo por los jóvenes»

Perdiguera recuerda a su párroco, san Josemaría

Ejemplos de fe (VIII): Marta y María: Juan Chapa

Cuando la humildad es el camino: Sheila Morataya

 Via Crucis: Beata Teresa de Calcuta

Nuestra Señora de los Dolores: José María López Ferrera 

La vida cabe en una hora: Javier Alonso Sandoica

 La muerte explicada por una niña con cáncer terminal: Dr. Rogério Brandão

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia: Plinio Corrêa de Oliveira

 LA RECONSTRUCCIÓN, CON UNMODELO ALTERNATIVO AL CAPITALISMO: Dr. Hugo SALINAS

Por qué han sobrevivido los indios en Norteamérica. : Borja Cardelus

¿Por qué contra los capellanes castrenses?: Lluis Esquena Romaguera

 Cataluña grande dentro de España: Pedro García

 Formas de eutanasia encubierta : Xus D Madrid

 Las infecciones de transmisión sexual crecen un 30% en un año en Cataluña: JESSICA MOUZO QUINTÁNS

Impuestos confiscatorios: drogas y prostitución no pagan: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

 

Homilía del Papa: La cruz no es sólo un símbolo o una joya

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

04/04/2017 10:44

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No llevar la cruz sólo como un símbolo de pertenencia, como “un distintivo”, sino mirar al Crucificado como a “este Dios que se he hecho pecado” para salvarnos. Es la exhortación del Santo Padre Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Tres veces Jesús en el Evangelio de la liturgia del día dice a los fariseos: “Morirán en sus pecados”, porque tenían el corazón cerrado y no comprendían aquel misterio que era el Señor. “Morir en el propio pecado es una cosa fea”, dijo el Papa.

La serpiente de bronce: el que la miraba, quedaba salvado

Además, en su diálogo con ellos, Jesús recuerda: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces entenderán que Yo soy y que no hago nada por mí mismo”. La referencia de Jesús es a cuanto sucedió en el desierto – narrado por la Primera Lectura – cuando el pueblo, que no podía soportar el camino, “se aleja del Señor” y “habla mal de Moisés y del Señor”. Llegan las serpientes que muerden y causan la muerte. Entonces el Señor dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y que la ponga sobre un asta: de modo que el que hubiera sido mordido, sería curado si la miraba.

La serpiente es el “símbolo del diablo”, “el padre de la mentira”, “el padre del pecado, el que ha hecho pecar a la humanidad”. Y Jesús recuerda que cuando será levantado, todos irán hacia Él. Y éste – afirmó el Pontífice – es el misterio de la cruz. “La serpiente de bronce curaba” –  pero explicó – “era signo de dos cosas: del pecado hecho por la serpiente, de la seducción de la serpiente, de la astucia de la serpiente; y también era señal de la cruz de Cristo. Era una profecía”.

El Obispo de Roma concluyó su homilía recordando con San Pablo que Jesús se hizo pecado y que quien no reconoce en aquel hombre levantado “la fuerza de Dios que se hizo pecado para salvarnos”, morirá en el propio pecado:

“La salvación sólo viene de la cruz, pero de esta cruz que es Dios hecho carne. No hay salvación en las ideas, no hay salvación en la buena voluntad, en el deseo de ser buenos… No. La única salvación está en Cristo crucificado, porque sólo Él, como significaba la serpiente de bronce, ha sido capaz de tomar todo el veneno del pecado y nos ha curado allí. Pero ¿qué es la cruz para nosotros? Sí, es el signo de los cristianos, es el símbolo de los cristianos. Y nosotros nos hacemos el signo de la cruz, pero no siempre lo hacemos bien, a veces hacemos así… Porque no tenemos esta fe en la cruz. Otras veces, para algunas personas es un distintivo de pertenencia: ‘Sí, yo llevo la cruz para hacer ver que soy cristiano’. Está bien eso, pero no sólo como distintivo, como si fuera de un equipo, el distintivo de un equipo: como memoria de Aquel que se ha hecho pecado”.

Además, prosiguió diciendo Francisco, otros llevan la cruz como un ornamento y algunos la llevan con piedras preciosas para hacerse ver:

“Dios dijo a Moisés: El que mire a la serpiente será curado”. Jesús dice a sus enemigos: ‘Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán’. El que no mira la cruz, así, con fe, morirá en sus propios pecados, no recibirá aquella salvación”.

De modo que, como dijo el Papa, la Iglesia propone un diálogo con el misterio de la cruz:

“Hoy la Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la cruz, con este Dios que se ha hecho pecado, por amor a mí. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Por amor a mí’. Y podemos pensar: ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo un recuerdo? Cuando hago el signo de la cruz ¿soy consciente de lo que hago? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Sólo como un símbolo de pertenencia a un grupo religioso? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo ornamento? ¿Cómo una joya, con tantas piedras preciosas, de oro…? ¿He aprendido a llevarla sobre los hombros, donde hace mal? Cada uno de nosotros mire hoy al Crucificado, mire a este Dios que se ha hecho pecado para que nosotros no muramos en nuestros pecados y responda a estas preguntas que yo les he sugerido”.

 

 

Papa: paz para la humanidad con desarrollo integral e integración entre los pueblos, como impulsó Pablo VI 

El Papa Francisco y el Card. Turkson, foto de archivo - AFP

04/04/2017 12:27

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Promover el desarrollo integral de todos los hombres y de todo el hombre

«Integrar los diversos pueblos de la tierra», «ofrecer modelos viables de integración social»; «integrar en el desarrollo todos los elementos que lo hacen verdaderamente así»; «integrar la dimensión individual y comunitaria» y, finalmente, «integrar entre sí cuerpo y alma»

Son los cinco aspectos que destacó el Papa Francisco, en su cordial bienvenida a los participantes en el Congreso Internacional que celebra el 50 aniversario de la Encíclica Populorum progressio, encabezados por el Card. Turkson que «ha puesto en marcha, no sin dificultades» el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Con su profunda gratitud «por lo que hacen en su actividad de promoción humana y del bien común», el Santo Padre hizo resonar en el Aula del Sínodo el anhelo y las palabras que escribió el Papa Montini en su Encíclica «sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos».

Alentando a seguir las huellas de Pablo VI, el Papa Francisco señaló el primer aspecto:

«Se trata de integrar los diversos pueblos de la tierra. El deber de solidaridad nos obliga a buscar modalidades justas en el compartir, para que no haya esa dramática desigualdad entre quienes tienen demasiado y los que no tienen nada, entre el que descarta y el que es descartado. Sólo el camino de la integración entre los pueblos consiente a la humanidad un futuro de paz y de esperanza».

Con la «Visión cristiana del desarrollo» del Beato Pablo VI en su Encíclica Populorum progressio, reafirmó que «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (14), el Papa recordó asimismo el servicio que la Iglesia desea ofrecer al mundo siguiendo al Señor Jesús:

«Dios se hizo conocer plenamente en Jesucristo: en Él, Dios y el hombre no están divididos ni separados entre sí. Dios se hizo hombre para hacer de la vida humana, tanto personal como social, un camino concreto de salvación. Así la manifestación de Dios en Cristo – incluyendo sus gestos de sanación, liberación, reconciliación que hoy estamos llamados a volver a proponer a los tantos heridos en el borde del camino – indica la senda y la modalidad del servicio que la Iglesia se propone ofrecer al mundo: con su luz se puede comprender qué significa un desarrollo ‘integral’, que no le falta el respeto ni a Dios ni al hombre, porque asume toda la consistencia de ambos.

En este sentido, precisamente, el concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, ayuda a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona dice siempre relación, no individualismo, afirma la inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación, la libertad no la constricción

La Iglesia no se cansa de ofrecer esta sapiencia y su obra al mundo, con la conciencia de que el desarrollo integral es el camino del bien que la familia humana está llamada a recorrer. Les pido que lleven adelante esta acción con paciencia y constancia, confiando en que el Señor nos acompaña. Que él los bendiga y la Virgen los proteja».

Tras reiterar  que «economía, finanza, trabajo, cultura, vida familiar, religión, son cada uno con sus características, un momento irrenunciable» en el desarrollo humano integral y la importancia de la tutela de la dignidad de la vida humana, el Papa puso en guardia, una vez más, contra cierta cultura, por lo menos en el mundo occidental, que exalta el individualismo. Sin olvidar «las visiones ideológicas y los poderes políticos que han aplastado a la persona, masificándola y privándola de aquella libertad sin la cual el hombre ya no se siente hombre». Masificación que interesa también a poderes económicos que quieren explotar la globalización para imponer un mercado global con reglas que favorecen sólo sus provechos.

El Papa Francisco recordó asimismo que la familia es la primera célula de la sociedad en la que se aprende a estar juntos.

 

 

El Papa Francisco autoriza a sacerdotes de la Fraternidad San Pío X a confesar y celebrar matrimonios

El Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes de la Fraternidad San Pio X las facultades para confesar válidamente. - AFP

04/04/2017 11:54

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El Santo Padre Francisco aprobó, el pasado 24 de marzo, la Carta de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei dirigida a los Prelados de las Conferencias Episcopales interesadas acerca de la licencia para la celebración de los matrimonios de los fieles de la Fraternidad San Pío X.

En la misiva, dada a conocer este 4 de abril y firmada por el cardenal Gerhard Card. Müller, Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Secretario, Mons. Guido Pozzo, arzobispo titular de Bagnoregio, se hace referencia a las iniciativas que se están llevando a cabo para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En este marco, se lee en la carta, “el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente”.

Siguiendo la misma línea pastoral y con el objetivo de “tranquilizar la conciencia de los fieles, no obstante  - precisa el documento -  la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima, el Santo Padre a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad”, siguiendo algunas indicaciones específicas.

(MCM-RV)

A continuación el texto completo de la Carta:

Eminencia:

Excelencia Rev.ma:

Como Ud. sabe, desde hace algún tiempo se están realizando encuentros e iniciativas para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En concreto, recientemente el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente (cf. Carta Apostólica Misericordia et misera, n. 12), asegurando la posibilidad de que la absolución sacramental de los pecados por ellos administrada sea recibida válida y lícitamente.

En la misma línea pastoral, que pretende tranquilizar la conciencia de los fieles –no obstante, que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones.

Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad. Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado.

Este Dicasterio confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional.

El Sumo Pontífice Francisco, el 24 de marzo de 2017, en la audiencia concedida al Cardinal Presidente, ha aprobado la presente Carta y ha ordenado su publicación.

Dada en Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 27 de marzo de 2017.

Gerhard Card. Müller

Presidente

 

Guido Pozzo

Arzobispo tit. de Bagnoregio

Secretario

 

 

Cuaresma. 5ª semana. Miércoles

CORREDIMIR CON CRISTO

— Jesucristo nos redimió y liberó del pecado, raíz de todos los males. Valor de corredención del dolor sufrido por amor a Cristo.

— Jesucristo ha venido a traernos la salvación. Todos los demás bienes han de ordenarse a la vida eterna.

— A cada hombre se le aplican los méritos que Cristo nos alcanzó en la Cruz. Necesidad de corresponder. La Redención se actualiza de modo singular en la Santa Misa. Corredentores con Cristo.

I. Nos ha trasladado Dios al reino de su Hijo querido, por cuya Sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados1.

Redimir significa liberar por medio de un rescate. Redimir a un cautivo era pagar un rescate por él, para devolverle la libertad. Os aseguro –son palabras de Jesucristo, en el Evangelio de la Misa de hoy– que quien comete pecado es esclavo del pecado2. Nosotros, después del pecado original, estábamos como en una cárcel, éramos esclavos del pecado y del demonio, y no podíamos alcanzar el Cielo. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, pagó el rescate con su Sangre, derramada en la Cruz. Satisfizo sobreabundantemente la deuda contraída por Adán al cometer el pecado original y la de todos los pecados personales cometidos por los hombres y que se habrían de cometer hasta el fin de los tiempos. Es nuestro Redentor y su obra se llama Redención y Liberación, pues verdaderamente Él nos ha ganado la libertad de hijos de Dios3.

Jesucristo nos liberó del pecado, y así sanó la raíz de todos los males; de esa forma hizo posible la liberación integral del hombre. Ahora cobran su sentido pleno las palabras del Salmo que hoy reza la Iglesia en la liturgia de las Horas: «Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo?, el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? (...) Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo»4. Si no se hubiera curado el mal en su raíz, que es el pecado, el hombre jamás habría podido ser verdaderamente libre y sentirse fuerte ante el mal. Jesús mismo quiso padecer voluntariamente el dolor y vivir pobre para mostrarnos que el mal físico y la carencia de bienes materiales no son verdaderos males. Solo existe un mal verdadero, que hemos de temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado5; esa es la esclavitud más honda, es la única desgracia para toda la humanidad y para cada hombre en concreto.

Los demás males que aquejan al hombre solo es posible vencerlos –parcialmente en esta vida y totalmente en la otra– a partir de la liberación del pecado. Más aún, los males físicos –el dolor, la enfermedad, el cansancio–, si se llevan por Cristo, se convierten en verdaderos tesoros para el hombre. Esta es la mayor revolución obrada por Cristo, que solo se puede entender en la oración, con la luz que da la fe. «Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies; hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel...»6.

Por eso hoy podemos examinar si de verdad consideramos el dolor, físico o moral, como un tesoro que nos une a Cristo. ¿Hemos aprendido a santificarlo o, por el contrario, nos quejamos? ¿Sabemos ofrecer a Dios con prontitud y serenidad las pequeñas mortificaciones previstas y las que surjan a lo largo del día?

II. La liturgia de las Horas hoy proclama: Vultum tuum, Domine, requiram: Tu rostro buscaré, Señor7. La contemplación de Dios saciará nuestras ansias de felicidad. Y esto tendrá lugar al despertar, porque la vida es como un sueño... Así la compara muchas veces San Pablo8.

Mi reino no es de este mundo, había dicho el Señor. Por esto, cuando declaró: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia9, no se refería a una vida terrena cómoda y sin dificultades, sino a la vida eterna, que se incoa ya en esta. Vino a liberarnos principalmente de lo que nos impide alcanzar la felicidad definitiva: del pecado, único mal absoluto, y de la condenación a la que el pecado conduce. Si el Hijo os hace libres seréis realmente libres, nos dice el Señor en el Evangelio de hoy10. Nos dio también así la posibilidad de vencer las otras consecuencias del pecado: la opresión, las injusticias, las diferencias económicas desorbitadas, la envidia, el odio..., o padecerlas por Dios con alegría cuando no se pueden evitar.

Es de tal valor la vida que Cristo nos ha ganado que todos los bienes terrenos deben estarle subordinados. De ninguna manera quiere decir esto que los cristianos debamos quedar pasivos ante el dolor y la injusticia; por el contrario, toca a cada uno, manteniendo esa subordinación de todos los demás bienes al bien absoluto del hombre, asumir el compromiso, nacido de la caridad y en ocasiones de la justicia, de hacer un mundo más humano y más justo, comenzando por la empresa en que trabajamos, en el barrio de la gran ciudad o en el pueblo en el que nos encontramos.

El precio que Cristo pagó por nuestro rescate fue su propia vida. Así nos mostró la gravedad del pecado, y cuánto vale nuestra salvación eterna y los medios para alcanzarla. San Pablo también nos recuerda: Habéis sido comprados a gran precio; y a continuación añade, como consecuencia: glorificad a Dios y llevadle en vuestro cuerpo11. Pero sobre todo, quiso el Señor llegar tan lejos para demostrarnos su amor, pues nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos12, porque la vida es lo más que puede dar el hombre. Esto hizo Cristo por nosotros. No se conformó con hacerse uno de nosotros, sino que quiso dar su vida como rescate para salvarnos. Nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros13. «Nos ha trasladado Dios al reino de su Hijo querido, por cuya Sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados»14. Cualquier hombre puede decir: El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí15.

¿Cómo aprecio la vida de la gracia que me consiguió Cristo en el Calvario?, nos podemos preguntar hoy cada uno de nosotros. ¿Pongo los medios para aumentarla: sacramentos, oración, buenas obras? ¿Evito las ocasiones de pecar, manteniendo una lucha decidida contra la sensualidad, la soberbia, la pereza...? Os aseguro que quien comete pecado, es esclavo del pecado...

III. El aparente «fracaso» de Cristo en la Cruz se vuelve redención gozosa para todos los hombres, cuando estos quieren. Nosotros estamos ahora recibiendo copiosamente los frutos de aquel amor de Jesús en la Cruz. «En la misma historia humana que es el escenario del mal, se va tejiendo la obra de la salvación eterna»16, en medio de nuestros olvidos y negaciones, y de nuestra correspondencia llena de amor.

La Cuaresma es un buen momento para recordar que la Redención se sigue haciendo día a día y para detenernos a considerar los momentos en que se hace más patente: «Cada vez que se celebra en el altar el sacrificio de la Cruz, por el que se inmoló Cristo nuestra Pascua, se realiza la obra de nuestra redención»17. Cada Misa posee un valor infinito; los frutos en cada fiel dependen de las disposiciones personales. Con San Agustín podemos decir, aplicándolo a la Misa, que «no está permitido querer con amor menguado (...), pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por vosotros murió clavado en la Cruz»18. La Redención se realizó una sola vez mediante la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y se actualiza ahora en cada hombre, de un modo particularmente intenso, cuando participa íntimamente del Sacrificio de la Misa.

Se realiza también la redención, de modo distinto a lo dicho anteriormente sobre la Misa, en cada una de nuestras conversiones interiores, cuando hacemos una buena Confesión, cuando recibimos con piedad los sacramentos, que son como «canales de la gracia». El dolor ofrecido en reparación de nuestros pecados –que merecían un castigo mucho mayor–, por nuestra salvación eterna y la de todo el mundo, nos hace también corredentores con Cristo. Lo que era inútil y destructivo se convierte en algo de valor incalculable. Un enfermo en un hospital, la madre de familia que se enfrenta a problemas que aparentemente la superan, la noticia de una desgracia que nos hiere profundamente, los obstáculos con los que cada día tropezamos, las mortificaciones que hacemos sirven para la Redención del mundo si las ponemos en la patena, junto al pan que el sacerdote ofrece en la Santa Misa. Nos puede parecer que son cosas muy pequeñas, de poco peso, como las gotas de agua que el sacerdote añade al vino en el Ofertorio. Sin embargo, del mismo modo que esas gotas de agua se unen al vino que se convertirá en la Sangre de Cristo, también nuestras acciones así ofrecidas alcanzarán un valor inmenso a los ojos de Dios, porque las hemos unido al Sacrificio de Jesucristo. «El pecador perdonado es capaz de unir su propia mortificación física y espiritual, buscada o al menos aceptada, a la Pasión de Jesús que le ha obtenido el perdón»19. Nos hacemos así corredentores con Cristo.

Acudimos a la Virgen para que nos enseñe a vivir nuestra vocación de corredentores con Cristo en medio de nuestra vida ordinaria. «¿Qué sentiste, Señora, al ver así a tu Hijo? –le preguntamos en la intimidad de nuestra oración–. Te miro, y no encuentro palabras para hablar de tu dolor. Pero sí entiendo que al ver a tu Hijo que lo necesita, al comprender que tus hijos lo necesitamos, aceptas todo sin vacilar. Es un nuevo “hágase” en tu vida. Un nuevo modo de aceptar la corredención. ¡Gracias, Madre mía! Dame esa actitud decidida de entrega, de olvido absoluto de mí mismo. Que frente a las almas, al aprender de ti lo que exige el corredimir, todo me parezca poco. Pero acuérdate de salir a mi encuentro, en el camino, porque solo no sabré ir adelante»20.

1 Antífona de comunión. Col 1, 13-14. — 2 Jn 8, 34. — 3 Cfr. Gal 4, 31. — 4 Sal 26. — 5 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 386. — 6 Ibídem, n. 194. — 7 Sal 26. — 8 Cfr. 1 Tes 4, 14. — 9 Jn 10, 10. — 10 Jn 8, 36. — 11 1 Cor 6, 20. — 12 Jn 15, 13. — 13 Cfr. Ef 5, 2. — 14 Antífona de comunión. Gal 1, 13-14. — 15 Gal 2, 20. — 16 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 186. — 17 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 18 San Agustín, Sobre la santa virginidad, 55. — 19 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 31. — 20 M. Montenegro, Vía Crucis, Palabra, 3ª ed., Madrid 1976, IV.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“El santo no nace: se forja”

Todo aquello en que intervenimos los pobrecitos hombres –hasta la santidad– es un tejido de pequeñas menudencias, que –según la rectitud de intención– pueden formar un tapiz espléndido de heroísmo o de bajeza, de virtudes o de pecados. Las gestas relatan siempre aventuras gigantescas, pero mezcladas con detalles caseros del héroe. –Ojalá tengas siempre en mucho -¡línea recta!– las cosas pequeñas. (Camino, 826)

El principal requisito que se nos pide –bien conforme a nuestra naturaleza–, consiste en amar: la caridad es el vínculo de la perfección; caridad, que debemos practicar de acuerdo con los mandatos explícitos que el mismo Señor establece: amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, sin reservarnos nada. En esto consiste la santidad.

Ciertamente se trata de un objetivo elevado y arduo. Pero no me perdáis de vista que el santo no nace: se forja en el continuo juego de la gracia divina y de la correspondencia humana. Todo lo que se desarrolla –advierte uno de los escritores cristianos de los primeros siglos, refiriéndose a la unión con Dios–, comienza por ser pequeño. Es al alimentarse gradualmente como, con constantes progresos, llega a hacerse grande. Por eso te digo que, si deseas portarte como un cristiano consecuente –sé que estás dispuesto, aunque tantas veces te cueste vencer o tirar hacia arriba con este pobre cuerpo-, has de poner un cuidado extremo en los detalles más nimios, porque la santidad que Nuestro Señor te exige se alcanza cumpliendo con amor de Dios el trabajo, las obligaciones de cada día, que casi siempre se componen de realidades menudas. (Amigos de Dios, 7)

 

 

«Pidan conmigo por los jóvenes»

El Papa Francisco nos pide que recemos por los jóvenes «para que sepan responder con generosidad a su propia vocación, y movilizarse por las grandes causas del mundo».

Del Papa 4 de Abril de 2017

 

“Sé que ustedes, los jóvenes, no quieren vivir en la ilusión de una libertad que se deja arrastrar por la moda del momento, que apuntan alto. ¿Es así, o me equivoco? No dejen que otros sean los protagonistas del cambio.

Ustedes los jóvenes son los que tienen el futuro. Les pido que lo construyan, que se metan en el trabajo por un mundo mejor

Ustedes los jóvenes son los que tienen el futuro. Les pido que lo construyan, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Es un reto, sí es un reto. ¿Lo aceptan?

Pidan conmigo por los jóvenes, para que sepan responder con generosidad a su propia vocación, y movilizarse por las grandes causas del mundo”.

 

ntención del Papa Francisco para el mes de abril: rezar por los jóvenes.

Intención del Papa Francisco para el mes de abril: rezar por los jóvenes.

 

Intenciones mensuales anteriores.

Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.


Carta del Papa Francisco a los jóvenes: Carta del Santo Padre a los jóvenes con ocasión de la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

Libro electrónico: El Papa Francisco en Polonia (JMJ).

Sínodo 2018: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

La fe a los 20: En un documental que los jóvenes regalaron al papa Francisco, relatan cómo procuran vivir su fe en la sociedad actual y cómo el mensaje de San Josemaría les ayuda en su camino de cristianos.

Documento preparatorio del XV Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes.

 

 

Perdiguera recuerda a su párroco, san Josemaría

​En Perdiguera (provincia de Zaragoza, España), la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de esa localidad, cuenta con una nueva imagen: la de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Se trata de una figura de bronce realizada en forma de altorrelieve que se ha colocado en el interior de la iglesia, junto a la puerta de entrada y muy cerca de la pila bautismal.

Últimas noticias 23 de Marzo de 2017

 

La bendición de esta imagen tuvo lugar el pasado 18 de marzo en una ceremonia en la que estuvieron presentes, además del párroco de Perdiguera, D. Héctor Castaño, el Vicario de la Delegación del Opus Dei en Zaragoza, y otros sacerdotes.

En la homilía, D. Héctor resaltó: “Porque Dios se vale de personas para llevar el mensaje del Evangelio, y escoge personas como San Josemaría, el cual entrega su vida en causa del Reino de Dios. (…) Bendice a este pueblo de Perdiguera y bendice a su Iglesia y reclama para Dios personas llenas de espíritu, de entrega, de servicio, de amor y de caridad”.

 

a imagen de san Josemaría es una figura de bronce realizada en forma de alto

La imagen de san Josemaría es una figura de bronce realizada en forma de altorrelieve, que se ha colocado en el interior de la iglesia.

 

San Josemaría, nació en Barbastro en 1902. Fue ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925 y dos días después celebró su Primera Misa en la Santa Capilla de la Basílica de El Pilar. La parroquia de Perdiguera fue el primer destino pastoral de San Josemaría, a donde llegó el 31 de marzo de 1925 y permaneció hasta el 18 de mayo de ese mismo año.

La parroquia de Perdiguera fue el primer destino pastoral de San Josemaría, a donde llegó el 31 de marzo de 1925 y permaneció hasta el 18 de mayo de ese mismo año

De su estancia y de las gentes de esta parroquia de la diócesis de Zaragoza siempre guardó un gratísimo recuerdo. Así rememoraba San Josemaría ese tiempo: “he estado dos veces en parroquias rurales. ¡Qué alegría cuando me acuerdo! Me hicieron un bien colosal, colosal, colosal! ¡Con qué ilusión recuerdo aquello!

 

ablo Lacorte, Vicario de la Delegación del Opus Dei en Zaragoza, y el párroco de

Pablo Lacorte, Vicario de la Delegación del Opus Dei en Zaragoza, y el párroco de Perdiguera, D. Héctor Castaño, durante la bendición de la imagen del fundador del Opus Dei.

 

Estudió Derecho en la Universidad de Zaragoza y trabajó como sacerdote en esta diócesis hasta 1927, que se trasladó a Madrid, donde fundó el Opus Dei al año siguiente. En 2002 fue canonizado por Juan Pablo II.

Más información

La parroquia de Perdiguera (Capítulo de “El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada)

Voz 'Perdiguera', del Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer (PDF)

Primeros años de sacerdote

San Josemaría, Sacerdote Diocesano.

Actualidad eclesial del mensaje de Josemaría Escrivá. Testimonio de P. Ambrogio Eszer, O. P. Relator General de la Congregación para las Causas de los Santos.

 

 

Ejemplos de fe (VIII): Marta y María

La fe es abrir las puertas a Cristo, hospedarle en la propia casa, compartir la mesa con él, dejar que entre hasta lo más íntimo del alma. Así lo hizo la familia de Betania compuesta por Marta, María y Lázaro, de quienes se habla en este editorial.

Virtudes 9 de Diciembre de 2016

pus Dei - Ejemplos de fe (VIII): Marta y María

Los evangelios recogen los recorridos de nuestro Señor por los senderos de Palestina. En esos trayectos fueron muchas las personas que se encontraron con Él. Algunos, tristemente, no supieron reconocer al Hijo de Dios en esa figura misericordiosa, amable y extraordinaria que les salía al encuentro. Otros, en cambio, creyeron en Él y supieron acogerle. Así lo hicieron las gentes de Galilea que habían visto los signos realizados por Jesús[1] y otros muchos cuyos nombres no han quedado recogidos en los evangelios. Pero de entre los que dijeron que sí a Cristo encontramos, por ejemplo, a los Doce, a Zaqueo, al centurión… En otros capítulos hemos considerado el ejemplo de fe que nos han dado algunas de estas personas. Ahora miraremos a Marta y María, que tuvieron la maravillosa fortuna de hospedar a nuestro Señor.

El recibimiento que Marta hace al Señor "en su casa"[2] es expresión y resultado de su fe en Él. Marta creyó en Jesús. Le abrió no solo las puertas de su vivienda, sino las de su corazón. Y como a Marta, el Señor llama también a los corazones de los hombres y mujeres de todos los tiempos, pidiendo entrar. La Palabra Eterna del Padre hecha Hombre sale al encuentro de sus hermanos los hombres buscando acogida. Por nuestra parte, solo hace falta recibirle por la fe, tal como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: la fe es la respuesta a Dios que se revela y se entrega al hombre[3]. La fe es abrir las puertas a Cristo, hospedarle en la propia casa, compartir la mesa con él, dejar que entre hasta lo más íntimo del alma. Así lo hizo la familia de Betania compuesta por Marta, María y Lázaro. Y a imitación de ellos, nosotros también podemos participar en la intimidad divina, pues «la fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo», pues es «el comienzo de la vida eterna»[4].

 

Fe con obras

La fe supone una confianza y un abandono en Dios que constituyen el comienzo de la justificación. Además, esta virtud lleva consigo el asentimiento a un conjunto de verdades que se proponen para ser creídas. A la vez, la fe, si es verdadera, "actúa por la caridad"[5], manifestándose en detalles concretos de amor, porque el encuentro con Cristo «da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[6] a la vida cotidiana. La fe no «nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto Dios ama a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra»[7]. Marta acoge al Señor y manifiesta su fe y confianza en Él ocupándose de "las tareas de servir"[8]. No sólo cree en Jesús, sino que le deja entrar en su vida, reconociendo su señorío con obras y buscando con hechos concretos agasajar al Divino Huésped.

La actitud de Marta manifiesta que la respuesta a Dios no se queda solo en el plano intelectual, ni solo en el afectivo, sino que se reconoce también por los hechos. Una vez que la persona acoge a Dios que se revela, la fe afecta al conjunto de su ser y de su actuar. Por eso, las obras –realizadas también por amor– son necesarias para la salvación. Santiago, ante la posibilidad de que alguno pudiera decir que tiene fe y no obras, dice: "muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe"[9]. Las obras cooperan en el crecimiento y aumento de la justificación[10]. Como enseña el Catecismo, «la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero, "la fe sin obras está muerta" (St 2,26): Privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo»[11].

Así como Cristo manifestó su amor al Padre con obras, los cristianos, como buenos hijos, debemos realizar y madurar nuestra condición filial en nuestro cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios. No basta afirmar que creemos en Dios y nos abandonamos a su querer, si no lo ratificamos con hechos: si no acabamos bien nuestro trabajo por amor a Él, si no sabemos sufrir por Él, si no tenemos detalles de delicadeza con los demás, si no aceptamos las enfermedades y contratiempos, si nos quejamos ante lo que nos disgusta… San Agustín, recogiendo esta doctrina, escribe: «todas tus obras se deben basar en la fe, porque "el justo vive de la fe y la fe obra por el amor"[12]. Las obras buenas, las acciones realizadas con esperanza y por amor, serán las que nos acompañen cuando debamos presentarnos ante el Altísimo. Esto es lo que enseña san Josemaría cuando habla de una fe operativa[13], una fe que obra por el amor y se manifiesta en la vida cotidiana de las hijas e hijos de Dios.

Marta, aun cuando inicialmente se queja ante el Señor por la aparente inactividad de su hermana, es ejemplo de confianza y fe en Jesús. San Josemaría animaba a seguir su ejemplo, y a "manifestarle sinceramente vuestras inquietudes, hasta las más pequeñas"[14]. También para nosotros, la verdadera señal de que creemos y amamos a Dios serán las obras de amor: el cariño que ponemos en vivir una determinada práctica de piedad o una devoción cristiana, los detalles de caridad con la gente que nos rodea, el cuidado del trabajo, el interés en comprender y ayudar a las personas que tratamos, y un sin fin de acciones que llenan nuestra jornada. Todas esas actividades deben reflejar nuestra fe, porque estarán iniciadas y acabadas por el amor a Dios y al prójimo. Los hechos concretos realizados por amor confirmarán la autenticidad de lo que creemos, de que la fe obra en nosotros por la caridad.

 

Fe que adora

Ciertamente, las obras no deben sofocar la fe. Ese es el riesgo del activismo, del hacer por hacer, del dejarse llevar por un torbellino de gestiones. Jesús reprochó a Marta el olvidarse de lo más importante: "Tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria"[15]. Es una enseñanza que también recuerda el Señor cuando advierte del peligro de centrarse en las necesidades materiales más inmediatas: Por todas esas cosas se afanan las gentes del mundo. Bien sabe vuestro Padre que estáis necesitados de ellas. "Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os añadirán"[16]. El peligro de “afanarse en muchas cosas”, del hacer, del activismo, está siempre al acecho.

Por eso, la actividad que desempeñamos, y que queremos que esté entretejida de obras de amor a Dios, tiene necesidad de la escucha atenta y contemplativa de la Palabra divina. Así lo manifiesta María, quien, "sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra"[17]. Es fácil imaginarse la escena: María mirando sin pestañear a Jesús y embebiéndose en sus palabras. Por eso, la Tradición de la Iglesia ha visto en ella una imagen de la vida contemplativa. San Josemaría animaba a tratar a Jesús en la oración como lo hacía María, ensimismándonos como ella, que estaba "pendiente de las palabras de Jesús"[18].

Si la fe sin obras está muerta, la fe que no se alimenta de la adoración languidece. Nuestra jornada, desde la mañana a la noche, está repleta de múltiples ocupaciones: de un trabajo absorbente y exigente, de la atención a la familia, del trato con nuestros amigos. Pero si queremos que todas esas actividades sean un encuentro con el Señor, necesitamos unos momentos del día para “sentarnos” en la presencia de Dios, para arrodillarnos ante el Señor y adorarle; queremos que en ese tiempo no haya nada que pueda distraernos de la contemplación, de mirar y escuchar atentamente al Señor. «Antes que cualquier actividad y que cualquier cambio del mundo, debe estar la adoración. Sólo esta nos hace verdaderamente libres, sólo esta nos da los criterios para nuestra acción. Precisamente en un mundo en el que progresivamente se van perdiendo los criterios de orientación y existe el peligro de que cada uno se convierta en su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración»[19].

La fe, pues, lleva a la adoración, conduce a anticipar lo que será nuestra vida con Dios para siempre en los cielos, a querer realizar aquí en la tierra lo que los ángeles hacen en el Cielo dando gloria a Dios. La fe que adora nos lleva a postrarnos ante Dios y a desear unirnos a Él. Por eso, la fe, que es confianza y adhesión a Dios, encuentra un momento culminante en la adoración eucarística. Esa fue también la enseñanza de san Josemaría: "Dios Nuestro Señor necesita que le repitáis, al recibirlo cada mañana: ¡Señor, creo que eres Tú, creo que estás realmente oculto en las especies sacramentales! ¡Te adoro, te amo! Y, cuando le hagáis una visita en el oratorio, repetídselo nuevamente: ¡Señor, creo que estás realmente presente! ¡Te adoro, te amo! Eso es tener cariño al Señor. Así le querremos más cada día. Luego, continuad amándolo durante la jornada, pensando y viviendo esta consideración: voy a acabar bien las cosas por amor a Jesucristo que nos preside desde el tabernáculo"[20]. Se entiende por eso que el fundador de Opus Dei se refiriera al sagrario como Betania y animara a quienes le oían a meterse en él[21]. Por la fe en el Señor sacramentado podemos “introducirnos” en el sagrario y pregustar la visión de Dios, y esa actitud de adoración nos permite estar pendientes de Él hasta lograr una unión de amor que se manifiesta en todas las actividades del día.

***

Cuando en una ocasión le anunciaron a Jesús que su Madre y sus parientes deseaban verle, Él en respuesta les dijo: "mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen"[22]. La escena de Betania ratifica esta enseñanza. Escucharle como María y cumplir lo que dice como Marta encarna la fe de los que pertenecen a la familia de Dios. Mediante la escucha de la Palabra y el esfuerzo por ponerla en práctica seremos miembros vivos de la Iglesia y, con la gracia de Dios, llegaremos a la meta: «Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente (cfr. Mc 9,24; Lc 17, 5; 22, 32); debe “actuar por la caridad” (Gal 5, 6; cfr. St 2, 14-26), ser sostenida por la esperanza (cfr. Rom 15, 13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia»[23]. Y si en alguna ocasión nos puede parecer difícil o no sabemos bien cómo hacerlo, encontraremos ejemplo y ayuda en Nuestra Madre Santa María. Ella fue quien con más atención escuchó la Palabra de Dios y quien, con su fiat, más fielmente la puso en práctica. En Ella en todo momento la fe actuó por el amor.

Juan Chapa


[1] Cfr. Lc 8, 40.

[2] Lc 10, 38.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 26.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 163.

[5] Gal 5, 6.

[6] Benedicto XVI, Carta enc. Deus Caritas est, 25-XII-2005, n. 1.

[7] Francisco, Carta enc. Lumen fidei, 29-VI-2013, n. 13.

[8] Lc 10, 40.

[9] St 2, 17-18.

[10] Cfr. Conc. de Trento, Decreto sobre la justificación, cap. 10.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1815, refiriéndose al Concilio de Trento.

[12] San Agustín, Enarrationes in Psalmos 32, 2, 9.

[13] Cfr. San Josemaría, Camino, n. 317; Surco, n. 111; Forja, n. 155; Amigos de Dios, n. 198, etc.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 222.

[15] Lc 10, 41-42.

[16] Lc 12, 30-31.

[17] Lc 10, 39.

[18] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 222.

[19] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22-XII-2005.

[20] San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 4-IV-1970, en J. Echevarría, Carta pastoral, 6-X-2004.

[21] Cfr. Camino, nn. 269 y 322.

[22] Lc 8, 21.

[23] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 162. 

 

 

Cuando la humildad es el camino

Sheila Morataya

La psiquiatra Elizabeth Kubler-Ross ahora ya fallecida escribió un libro titulado: “La Muerte y el Morir”. El libro surgió de una entrevista que hizo a cientos de pacientes que habían sido declarados clínicamente muertos y luego habían sido reanimados.

En sus narraciones estos pacientes repetían prácticamente lo mismo al ser entrevistados por la doctora. Ellos comentaban que  al sufrir la experiencia de la muerte veían pasar su vida frente a sus ojos en forma de fotos instantáneas. La doctora escribe la forma en que esta experiencia afecto a estas personas

“Cuando uno llega a este punto (el momento de dejar la vida) uno ve que sólo existen dos cosas que son importantes: el servicio que presta a los demás y el amor.  Todas esas cosas que nosotros pensamos que son importantes como la fama, el dinero, el prestigio y el poder son insignificantes”.

Nos acercamos  al domingo de Pascua,  ese día Jesús entra como todo un rey a Jerusalén. Pero no entra como todos los reyes a quiénes se les tiraban una alfombra roja, vestía con ropa cara y subían en lujosas carrozas impulsadas por caballos. Jesús, entra subido en un burro (que seguramente era prestado) con una túnica blanca. Me lo imagino con una sonrisa saludando a toda la gente que le gritaba y quería estar cerca de él.

Mucha de esa gente después lo traicionaría. Jesús cruzaba hacia el inicio de su calvario, sólo después de haber servido mucho, de haber trabajado duro entrenando a sus apóstoles, de haber amado mucho curando enfermos, resucitando incluso muertos.  Si en ese momento de su vida, si Dios le llamaba a su presencia ya había servido.  Sin embargo, Él quería servir más, amar más hasta el punto de dejarse clavar en una cruz.

Y yo, ¿de qué forma comprendo el servicio? ¿Cuánto amo? ¿Sé lo que quiere Dios de mí en mi paso por esta tierra?  

No dejemos que estos días que faltan para ser testigos de  la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén  se queden ahí.  Tú y yo podemos hacer más.

Quizá el día lunes empezar a meditar en todo el servicio que Jesús hizo a la humanidad al decidir encarnarse como hombre para mostrarnos de qué forma se debía vivir los días de la vida en la tierra.  Además de observar a Jesús trabajando intensamente en la preparación de sus apóstoles, en la formación de las consciencias de las gentes, en la asistencia a los enfermos y moribundos, lo vemos humilde. Él no se infla, no se siente alguien especial o elegido. Él simplemente trabaja, se entrega, da amor: “Él siempre había amado a los suyos que estaban en el  mundo, y así los amó hasta el final  “Juan 13: 1;  sirve a los demás y nos deja en la memoria lo que significa ser humilde cuando lava los pies  del otro: “Cuando iba a lavarle los pies a Simón Pedro, éste le dijo: -Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?  – Si no te los lavo no podrás ser de los míos”.   (Juan 13: 6; 8)

La humildad, su práctica, es un requisito para la imitación de Jesús.

Siempre me he preguntado para qué Dios nos quiso enseñar a vivir así: nacer en un pesebre, tener padres sencillos, vestir con ropas humildes, trabajar  en silencio…. Creo que era para que viviéramos conscientes de que aunque lográramos mucho con esta vida, aquí no es lugar de permanencia, de eternidad.

Algo que en la actualidad se pierde de vista tan rápidamente puesto que vivimos en un mundo abierto, en donde toda la gente conoce los éxitos, triunfos y hasta desgracias de todas las gentes.

En dónde las redes sociales se utilizan para mostrar lo que se está logrando y poco para hablar de Dios.  Si uno no tiene la gracia de la humildad hay que pedirla a Dios, pero sobre todo hay que volver al evangelio y  leer con atención esa escena de Jesús entrando subido en un burro,  poniéndose de rodillas para lavar los pies a los apóstoles pues no podría ser de otra manera.

Sheila Morataya

 

 

Via Crucis: Beata Teresa de Calcuta

Compuesto por la Madre Teresa de Calcuta para los jóvenes del mundo, con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico Internacional de 1976.

Via Crucis: Beata Teresa de Calcuta

Oración

Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas y las fatigas, las torturas de la vida diaria; que tu muerte y ascensión nos levante, para que lleguemos a una más grande y creativa abundancia de vida. Tú que has tomado con paciencia y humildad la profundidad de la vida humana, igual que las penas y sufrimientos de tu cruz, ayúdanos para que aceptemos el dolor y las dificultades que nos trae cada nuevo día y que crezcamos como personas y lleguemos a ser más semejantes a ti.

Haznos capaces de permanecer con paciencia y ánimo, y fortalece nuestra confianza en tu ayuda. Déjanos comprender que sólo podemos alcanzar una vida plena si morimos poco a poco a nosotros mismos y a nuestros deseos egoístas. Pues sólo si morimos contigo, podemos resucitar contigo. Amén.


I. Jesús es condenado a muerte

Llegada la mañana todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo, tuvieron consejo contra Jesús para matarlo, y atado lo llevaron al procurador Pilato (Mt 27, 1-2) El pequeño niño que tiene hambre, que se come su pan pedacito a pedacito porque teme que se termine demasiado pronto y tenga otra vez hambre. Esta es la primera estación del calvario.


II. Jesús carga con la cruz

Entonces se lo entregó para que lo crucificasen. Tomaron, pues, a Jesús, que llevando la cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota (Jn 19, 16-17). No tengo razón? Muchas veces miramos pero no vemos nada! Todos nosotros tenemos que llevar la cruz y tenemos que seguir a Cristo al Calvario, si queremos reencontrarnos con Él. Yo creo que Jesucristo, antes de su muerte, nos ha dado su Cuerpo y su Sangre para que nosotros podamos vivir y tengamos bastante ánimo para llevar la cruz y seguirle, paso a paso.


III. Jesús cae por primera vez

Dijo Jesús: El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame, pues el que quiera salvar su vida la perderá: pero el que pierda su vida, ese la salvará (Mt 16,24) En nuestras estaciones del Via Crucis vemos que caen los pobres y los que tienen hambre, como se ha caído Cristo. Estamos presentes para ayudarle a Él? Lo estamos con nuestro sacrificio, nuestro verdadero pan? Hay miles y miles de personas que morirían por un bocadito de amor, por un pequeño bocadito de aprecio. Esta es una estación del Via Crucis donde Jesús se cae de hambre.


IV. Jesús encuentra a su Madre

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí (Lc 1, 45-49). Nosotros conocemos la cuarta estación del Vía Crucis en la que Jesús encuentra a su Madre. Somos nosotros los que sufrimos las penas de una madre? Una madre llena de amor y de comprensión? Estamos aquí para comprender a nuestra juventud si se cae? Si está sola? Si no se siente deseada? Estamos entonces presentes?


V. El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Cuando le llevaban a crucificar, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo y le obligaron a ayudarle a llevar la cruz (Lc 23, 26). Simón de Cirene tomaba la cruz y seguía a Jesús, le ayudaba a llevar su cruz. Con lo que habéis dado durante el año, como signo de amor a la juventud, los miles y millones de cosas que habéis hecho a Cristo en los pobres, habéis sido Simón de Cirene en cada uno de vuestros hechos.


VI. La Verónica limpia el rostro de Jesús

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me distéis de beber (Mt, 25,35). Con respecto a los pobres, los abandonados, los no deseados, somos como la Verónica ? Estamos presentes para quitar sus preocupaciones y compartir sus penas? O somos parte de los orgullosos que pasan y no pueden ver?


VII. Jesús cae por segunda vez

Quiénes son mi madre y mis parientes? Y extendiendo su mano sobre sus discípulos dijo Jesús: he aquí a mi madre y a mis parientes quienquiera que haga la voluntad de mi Padre (Mt 12, 48-50). Jesús cae de nuevo. Hemos recogido a personas de la calle que han vivido como animales y se murieron entonces como ángeles? Estamos presentes para levantarlos También en vuestro país podéis ver a gente en el parque que están solos, no deseados, no cuidados, sentados, miserables. Nosotros los rechazamos con la palabra alcoholizados. No nos importan. Pero es Jesús quien necesita nuestras manos para limpiar sus caras. Podéis hacerlo?, o pasaréis sin mirar?


VIII. Jesús consuela a las mujeres

Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se lamentaban y lloraban por Él. Vuelto hacia ellas les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos (Lc 23, 27-28). Padre Santo, yo rezo por ellas para que se consagren a tu santo nombre, santificadas por Ti; para que se entreguen a tu servicio, se te entreguen en el sacrificio. Para eso me consagro yo también y me entrego como sacrificio con Cristo.


IX. Jesús cae por tercera vez

Os he dicho esto para que tengáis paz conmigo. En el mundo tendréis tribulaciones, pero confiad: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). Jesús cae de nuevo para ti y para mí. Se le quitan sus vestidos, hoy se le roba a los pequeños el amor antes del nacimiento. Ellos tienen que morir porque nosotros no deseamos a estos niños. Estos niños deben quedarse desnudos, porque nosotros no los deseamos, y Jesús toma este grave sufrimiento. El no nacido toma este sufrimiento porque no tiene más remedio de desearle, de amarle, de quedarme con mi hermano, con mi hermana.


X. Jesús es despojado de sus vestiduras

Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado y la túnica (Jn 19,23) Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas, fatigas y torturas de la vida diaria, para que logremos siempre una más grande y creativa abundancia de vida!


XI. Jesús es clavado en la cruz

Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí con dos malhechores Jesús decía: padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 33). Jesús es crucificado. Cuántos disminuidos psíquicos, retrasados mentales llenan las clínicas! Cuántos hay en nuestra propia patria. Les visitamos? Compartimos con ellos este calvario? Sabemos algo de ellos? Jesús nos ha dicho: Si vosotros queréis ser mis discípulos, tomad la cruz y seguidme y Él opina que nosotros hemos de coger la cruz y que le demos de comer a Él en los que tienen hambre, que visitemos a los desnudos y los recibamos por Él en nuestra casa y que hagamos de ella su hogar.


 

XII. Jesús muere en la cruz

Después de probar el vinagre, Jesús dijo: Todo está cumplido, e inclinando la cabeza entregó el espíritu (Jn 19,30). Empecemos las estaciones de nuestro vía crucis personal con ánimo y con gran alegría, pues tenemos a Jesús en la sagrada Comunión, que es el Pan de la Vida que nos da vida y fuerza! Su sufrimiento es nuestra energía, nuestra alegría, nuestra pureza. Sin Él no podemos hacer nada.


 

XIII. Jesús es bajado de la cruz

Al caer la tarde vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era discípulo de Jesús tomó su cuerpo y lo envolvió en una sábana limpia (Mt 27, 57.59). Vosotros jóvenes, llenos de amor y de energía, no desperdiciéis vuestras fuerzas en cosas sin sentido!


XIV. Jesús es sepultado

Había un huerto cerca del sitio donde fue crucificado Jesús, y en él un sepulcro nuevo, en el cual aún nadie había sido enterrado y pusieron allí a Jesús (Jn 19, 41-42). Mirad a vuestro alrededor y ved, mirad a vuestros hermanos y hermanas no sólo en vuestro país, sino en todas las partes donde hay personas con hambre que os esperan. Desnudos que no tienen patria. Todos os miran! No les volváis las espaldas, pues ellos son el mismo Cristo!.

 

 

Nuestra Señora de los Dolores

La Virgen de los Dolores

siguió a Cristo hasta el calvario

y, de aquel itinerario,

los sufrimientos y horrores

guardó como relicario.

 

Lloraba al pie de la Cruz

de la que el Hijo pendía

y tanta pena sufría

por la Pasión de Jesús,

que , unida a Él, redimía.

 

El Señor la asoció así

a su obra salvadora

y la hizo bienhechora

para el cielo conseguir,

como Madre intercesora.

 

Su dolor era mayor

por mor de su santidad

inferior a la deidad;

y quiso Dios, puro Amor,

darnos su Maternidad.

 

Bendita Madre de Dios

y nuestra por donación:

Que sepamos ofrecer

 las penas que nos afligen,

como Tú supiste hacer.

 

José María López Ferrera 

 

 

 

        La vida cabe en una hora

 

La vida de María Victoria duró una hora exacta. Dio mucho amor a quienes la besamos y, de repente, se marchó. En mis veinte años de sacerdocio nunca se me había hecho un regalo tan inesperado…

Las doce de la noche no son horas para llamar por teléfono, es una frontera psicológica que marca el inicio de la preocupación. Sin embargo, para un capellán de hospital es cosa ordinaria, un asunto que no espera demora. Una familia está a punto de dar a luz a su cuarto hijo, es niña y llega con síndrome de Edwards (me tuve que ir a Wikipedia para saber qué me estaban diciendo), una trisomía incompatible con la vida.

Bajé a paritorio para hablar con los padres. Me dijeron que, si nacía con vida, querían bautizar a su hija María Victoria. Tenían el aspecto de familia corriente, expectante ante la llegada de un nuevo milagro. Según Wikipedia la niña podía vivir unas horas, una semana, quizá un mes, pero no más. Hablé con una matrona: «Bueno, hay madres que interrumpen el embarazo porque si el bebé llega con esa clase de incompatibilidad prefieren ahorrarse el dolor, en cambio las hay que escogen ver a su hijo». No entendí bien el argumento, porque el sentido común nos dice que cada vida, más allá de la voluntad de los progenitores, llega con afán de seguir adelante, ya le sobrevenga un tiesto en la cabeza con doce años, un ictus a los noventa, o una trisomía que solo les ponga una semana por delante.

Subí a mi habitación avisando de que me llamaran inmediatamente en el momento del parto. María Victoria nació sin llorar, pronunciaba rítmicamente una escasa variedad de hipidos, estaba cetrina pero era guapa. No tenía las arrugas típicas de los bebés, que ya llegan al mundo lamentándose de un trauma. Tenía las facciones perfectas.

Bautizada para la vida eterna

María Victoria llegó a la vida dormida, sugiriendo que por favor no la molestaran. La bauticé sobre el pecho de su madre. Yo era consciente de que era un momento que llevaba en su envés una marca histórica, el niño que ve nevar por primera vez, el pie de Amstrong en la luna, la pulverización de una marca olímpica. Detrás de mí todo el equipo médico estaba quieto y callado, nunca tanto silencio se acercó tanto a una oración. La madre me dijo: «Padre, ¿es consciente de que acaba de bautizar a mi hija para el más allá y no para esta vida?». Y yo me callé, como si estuviera ante el David de Miguel Ángel.

El padre, muy emocionado, besaba a su mujer y a su hija sin ninguna clase de patrón. Llevaron la cama a una habitación aparte para que los padres tuvieran más tranquilidad. Entonces, no sé de dónde, aparecieron los hermanos de María Victoria. La madre les había dicho que muy pronto se iba a ir al Cielo y ellos querían estar allí, con su hermanita. Llegaron con un regalo, flores para la recién nacida, estaban dispuestos a no perderse la fiesta. Eran muy pequeños, de esas edades inciertas con las que uno nunca termina de atinar, no llegaban a los doce pero seguro que pasan de siete. La fueron besando con besos de bienvenida, no se estaban despidiendo, el suyo era un comité de recepción en toda regla. Y pusieron el cuarto patas arriba, se perseguían por aquella habitación de ocho metros cuadrados contando chistes inocentes, se hicieron cientos de fotos… La madre los mandaba callar: «Chicos, que nos van a echar del hospital», y los niños se reían, porque sabían que mamá estaba feliz y no hablaba muy en serio. Y entonces María Victoria se fue al Cielo, solo la madre se dio cuenta de que la niña ya no dormía, había dejado este mundo y sugirió a sus hijos que era hora de marcharse. Los chavales remolonearon, pero se fueron. Empezó un pequeño duelo en los padres, ahora sí eran lagrimas de despedida. Una enfermera se me acercó: «Envidio profundamente a esta familia». En el backstage, llegaron los funcionarios que hablaban de los trámites de la funeraria, de protocolos, papeleos, orden de actuación, pero eso ocurría en el backstage, yo viví otra cosa.

La vida de María Victoria duró una hora exacta, trajo la emoción de su nacimiento, mientras estuvo con vida dio mucho amor a quienes la besamos, y de repente se marchó. Todo estuvo allí muy concentrado, la emoción del parto, esa alegría inesperada de ponerse a vivir, como si viniéramos al mundo polinizados por un misterio profundo, la enfermedad y el momento de la separación. No hace falta decir que es la primera vez que veo el ciclo completo de una vida y quizá parezca extraño, pero aquella noche fue inolvidable. En mis veinte años de sacerdocio nunca se me había hecho un regalo tan inesperado.

Ahora, que leo una biografía de la inclasificable pensadora Simone Weil, me topo con una frase muy hermosa de Gustave Thibon: «La realidad profunda es demasiado eterna para ser actual».

Javier Alonso Sandoica

 

 

        La muerte explicada por una niña con cáncer terminal

 

 

La muerte explicada por una niña con cáncer terminal

«Cuando yo muera, creo que mi madre sentirá nostalgia. Pero yo no tengo miedo a morir. ¡Yo no nací para esta vida!»

Como médico oncólogo, ya endurecido con largos 29 años de actuación profesional, puedo afirmar que he crecido y he cambiado con los dramas vividos por mis pacientes. No conocemos nuestra verdadera dimensión hasta que, golpeados por la adversidad, descubrimos que somos capaces de ir mucho más allá.

Me acuerdo con emoción del Hospital del Cáncer de Pernambuco, donde di mis primeros pasos como profesional… Empecé a frecuentar la enfermería infantil y me apasioné por la oncopediatría.

Viví los dramas de mis pacientes, niños víctimas inocentes del cáncer. Con el nacimiento de mi primera hija, comencé a asustarme al ver el sufrimiento de los niños.

¡Hasta el día en que un ángel pasó a por mí! Mi ángel vino en forma de una niña de 11 años de edad, ya probada por dos largos años de tratamientos diversos, manipulaciones, inyecciones y todas las incomodidades que provocan los programas químicos y las radioterapias.

Pero nunca vi a este pequeño ángel flaquear. La vi llorar muchas veces; también vi miedo en sus pequeños ojos; al fin y al cabo, ¡esto es humano!

Un día llegué al hospital muy temprano y encontré a mi pequeña ángel sola en la habitación. Pregunté por su madre. La respuesta que recibí, aún hoy, no consigo contarla sin experimentar una profunda emoción.

— Tío —me dijo ella— a veces mi madre sale del cuarto para llorar a escondidas en el pasillo… Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia. Pero, yo no tengo miedo a morir, tío. ¡Yo no nací para esta vida!

Le pregunté: — ¿Y qué es la muerte para ti, querida mía?

– Escucha, tío, cuando la gente es pequeña, a veces, nos vamos a dormir a la cama de nuestro padre, y al día siguiente nos despertamos en nuestra propia cama, ¿a que sí? (Recordé a mis hijas, en la época en que eran niñas de 6 y 2 años, con ellas yo hacía exactamente igual). Esto mismo es.

– Un día yo me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme. Me despertaré en la casa de Él, ¡en mi verdadera vida!

Me quedé estupefacto, no sabía qué decir. Me impactó la madurez con que el sufrimiento había acelerado la visión y la espiritualidad de aquella niña.

– Y mi madre me recordará con nostalgia – añadió ella.

Emocionado, conteniendo una lágrima y un sollozo, le pregunté:

– ¿Y qué significa la nostalgia para ti, querida mía?

– ¡La nostalgia es el amor que permanece!

Hoy, a los 53 años de edad, desafío a quien quiera a dar una definición mejor, más directa y simple de la palabra nostalgia: ¡es el amor que permanece!

Mi angelito ya se fue hace muchos años. Pero me dejó una gran lección que ayudó a mejorar mi vida, a intentar ser más humano y cariñoso con mis pacientes, a revisar mis valores. Cuando la noche llega, si el cielo está limpio y veo una estrella, para mí es «mi ángel», que brilla y resplandece en el cielo.

Imagino que ella es una estrella fulgurante en su nueva y eterna casa.

Gracias angelito, por la vida bonita que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste. ¡Qué bueno que existe la nostalgia! El amor que queda es eterno.

Por el Dr. Rogério Brandão, oncólogo brasileño
Artículo publicado en el blog Pensador, y traducido por Aleteia

 

 

Anticonsumismo, glorificación del ocio y de la indigencia

 

La indolencia es propia de muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista

La indolencia, propia de muchos pueblos que vivieron 50 años o más bajo la tiranía comunista, era acentuada por el hecho de que, en ese régimen, todos tenían que trabajar más o menos gratuitamente para el Estado. A cambio, se les exigía poco trabajo, el cual era realizado además sin mayor preocupación, porque nadie ‒salvo los privilegiados de la nomenclatura‒ tenía derecho de asegurar para sí una mejoría en sus condiciones de vida, que se obtiene sistemáticamente en función del aumento cualitativo y cuantitativo de su trabajo. Así, el modo de vivir consistía en vegetar. Pero vegetar, bajo cierto punto de vista, es descansar. Y el mero descanso, aún en la indigencia, para muchos individuos o para muchos pueblos, es un estilo de gozar la vida apropiado para los fracasados.

En esas poblaciones se introdujo así la idea de que trabajar mucho para producir mucho no compensa la fatiga de trabajar. Por otro lado estaba la preocupación de estar elucubrando negocios y el temor del perjuicio generalmente acarreado por negocios mal hechos. Todo este fardo de esfuerzos y de aprensiones pesa sobre el hombre y no compensa –según esos apologistas de la pereza‒ el esfuerzo que exige. Así, vale la pena trabajar lo menos posible, comer del mismo modo lo menos posible, descansar mucho, embriagarse mucho… mas que trabajar mucho, consumir en abundancia y mejorar constantemente el propio nivel de vida.

La violencia gubernamental hace que la gente se acostumbre a vivir en la miseria

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Lo indispensable, lo conveniente y lo superfluo

¿Qué viene a ser aquí consumir?

La primera idea que viene a la mente es la de comer, lo que realmente está incluido en el concepto de consumo. Sin embargo, consumir significa también tener en la vida otros placeres –no necesariamente los del magnate de Mamón, a quien le están abiertas las puertas del alto consumo– sino placeres que proporcionan bienestar al hombre, en una proporción mayor o menor, conforme a las apetencias de su naturaleza.

La palabra consumir abarca por lo tanto el conjunto de aquello que apetece a las justas temperancias de la naturaleza humana.

En el ámbito del consumo de una ciudad pueden existir bienes que de ningún modo son necesarios para matar el hambre, y que en rigor no son indispensables para vivir, como por ejemplo tres o cuatro grandes teatros, en los cuales haya permanentemente exhibiciones artísticas de gran valor, a los que una parte de la población, aficionada a esos espectáculos, asiste.

En el mismo orden de ideas estaría un óptimo museo, una galería de arte, un excelente tren subterráneo.

El concepto de consumo incluye, pues, todo aquello que es indispensable para que el hombre pueda vivir. Pero incluye también lo conveniente, y en lo conveniente, hasta lo superfluo, que hace la vida agradable.

En Venezuela, la primera etapa del drama: del anticonsumismo a la miseria

Una madre de familia entra en un almacén y ve una figura de porcelana representando una pastora conduciendo un corderito; juzga que sería agradable tenerla en el centro de la mesa de su comedor; lo compra: ella consumió. Ella no se comerá aquel objeto de porcelana; lo adquirió sólo para que todos lo miren. Sin embargo, es un verdadero consumo.

Tesis típicamente socialista

Va naciendo ahora una tesis. Y, si la analizamos con atención, se nota desde luego su cuño característicamente socialista.

Dado que unos tienen mucho y otros tienen poco, es necesario que los que tienen mucho se queden sólo con lo indispensable para vivir y den todo lo superfluo a los demás. Porque si reúnen en torno de sí objetos de lujo, de confort, con eso consumen mucho. Correlativamente comen mucho; beben mucho; gozan de vacaciones fastuosas; cuando viajan, lo hacen en avión, de modo preferente en un avión propio; poseen campo de aviación en su propiedad rural; helipuerto en el jardín de su casa, etc.

El descontento de la población es reprimido en nombre del pueblo

Ahora, según los anticonsumistas aquello que no es indispensable para vivir, nadie lo puede tener. Así, nadie tiene derecho a gastar en helicópteros, en viajes, ni en figuras de porcelana: todos deben gastar para provecho de todos.

Quien sea trabajador, aquel a quien Dios dotó con mayor capacidad de trabajo, si da el fruto de su trabajo a los otros, procede bien. Pero si acumula para consumir después para sí mismo o para los suyos, es un gran egoísta.

Resultado: ¡en una sociedad en la cual nadie tiene ventaja en trabajar más que los otros… nadie trabaja más que los otros! Es una sociedad organizada en beneficio de los perezosos, con perjuicio de los trabajadores auténticos, de los diversos niveles sociales.

En esa sociedad, prácticamente desaparece la abundancia. Voltaire, hombre pésimo, ateo despreciable, pero que tenía cierto talento –con el cual, a propósito, hizo un grandísimo mal a la tradición europea, siendo un difusor encarnizado de los principios de la Revolución– Voltaire, sin embargo, lanzó una frase al mismo tiempo espirituosa y no desprovista de profundidad: “Lo superfluo, esa cosa tan indispensable…”

Es lo contrario de lo que inculca el anticonsumismo.

Para que haya estímulo para trabajar, es necesario dar a quien trabaja la debida compensación. Para aprovechar en beneficio de la sociedad a los más productivos –en una palabra, a los mejores– es necesario que ganen más. Si esto no ocurre, la sociedad flaquea y cae en el no‒consumismo. Y de ahí resbala hacia un estado de pobreza crónica, perezosa, emoliente, que tiende, en último análisis, a la barbarie.

Naciones ricas y pobres: dicotomía ilusoria

Según una concepción muy difundida –y que aún recientemente encontró guarida en no pocos participantes de la Conferencia del Cairo– el mundo se divide en dos partes: las naciones ricas y las naciones pobres.

Las naciones ricas consumen: son los Estados Unidos, Canadá, los países de Europa Occidental, Japón.

De otro lado las naciones de América Española y América Lusa, las naciones de Africa, de Asia y de Oceanía, que no tienen el nivel económico de Europa y de América del Norte.

Entonces –según los propugnadores del anticonsumismo– América del Norte, Europa Occidental y Japón, naciones consumistas, oprimen a las naciones pobres, defraudándolas en toda especie de negocios. Consecuentemente, las naciones expoliadas, no consumistas, deben hacer una contra‒ofensiva contra el mundo consumista, obligándolo a bajar su nivel de consumo, y nivelándolo por debajo con el mundo pobre.

La impotencia frente a la violencia gubernamental

Con eso, todos caerán en una situación parecida a aquella en que la dictadura comunista arrastró a Rusia y a las naciones satélites del antiguo imperio soviético. Y, también, análoga a la que el viejo tirano de Cuba mantiene a sus infelices compatriotas.

A favor de un consumismo sensato y proporcionado

Frente a ese anticonsumismo retrógrado, debemos propugnar un consumismo sensato, proporcionado, en que las naciones más ricas, lejos de imponer a las más pobres condiciones de vida casi insustentables, busquen, por el contrario, estimular la producción de esos hermanos pobres, proporcionándoles salarios y niveles de existencia alentadores, que den a éstos el gusto de un consumo sabroso y agradable, que los estimule a trabajar más.

“Podréis obtener de nosotros dinero –deberían decir los pueblos más ricos–desde que trabajéis. Sed hombres productivos, procurad atraer sobre vosotros, a fuerza de trabajo, todo el bien que deseareis. Sólo si veis frustrados, sin culpa vuestra, esos meritorios esfuerzos, extendednos la mano para pedir ayuda. Reconocemos, en tal caso, que será obligación nuestra atender vuestro justo pedido, de modo que renunciaremos de buen grado a lo que nos es superfluo, para así proporcionaros lo que os es necesario”.

Hacer de la convivencia mundial una liga en que los pueblos más capaces trabajen inútilmente, sin ventaja propia, en beneficio de los incapaces, perezosos, vagos… eso es inaceptable.

La glorificación de la vagancia es propia del socialismo y del comunismo, no de la Civilización Cristiana ni de la doctrina católica.

Es, sin embargo, hacia donde conduce este anticonsumismo, ocioso, bebedor, enemigo de la civilización, del bienestar y del buen vivir de todos los hombres.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

LA RECONSTRUCCIÓN, CON UNMODELO ALTERNATIVO AL CAPITALISMO

 

Dr. Hugo SALINAS

salinas_hugo@yahoo.com

 

¿Qué es Capitalismo? Es la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica, en donde el 100% de la riqueza creada pertenece única y exclusivamente a quien maneja el acto económico. Es el origen de las grandes desigualdades socio-económicas así como del desempleo.

 

Y el Niño Peruano se ha encargado de mostrar con toda su crudeza los efectos perversos del comportamiento individualista, tanto de las personas como de las empresas y de las instituciones, generado por este tipo de repartición. Las pérdidas cuantiosas en vidas humanas y materiales exigen iniciar un nuevo modelo socio-económico que actúe, constante y fluidamente, en bien de todas las personas y de la sociedad. Hoy en día no existe ninguna relación entre la persona y su sociedad. La inclusión social, como los donativos y actos humanitarios, no sueldan el tejido social roto en América Latina desde la invasión española de 1532.

 

El Niño Peruano ha devastado ciudades enteras, dejado a miles de familias sin vivienda, agua, electricidad y otros servicios básicos que requiere una persona. Pero, al mismo tiempo, ha dejado en evidencia el comportamiento individualista tanto de las personas como de las empresas que, en casos como éste, sus acciones se revierten con toda su fuerza, en forma negativa, contra las mismas personas y las empresas.

 

La furia de la Naturaleza, traducida en torrenciales lluvias, ha motivado que los ríos recuperen sus cauces e invadan sus antiguos lechos. Desgracia humana, porque aquellos lechos habían sido ocupados por personas en búsqueda de un lugar para cobijarse en este mundo de marginación, extrema pobreza y desocupación. Un comportamiento individualista de solución al problema de la vivienda que, en circunstancias como ésta, resulta ser mortífera. Hasta ahora van cerca de 100 muertos y miles de damnificados.

 

Poblaciones enteras sumergidas en el lodo y aguas servidas, además de estar expuestas a todo tipo de enfermedades. Una vez más, la solución individualista en el problema de la vivienda y de los servicios comunes, se muestran contrarias al propio interés de las personas y de las empresas.

 

La búsqueda de una rentabilidad inmediata, sin tomar en consideración las previsiones más elementales, se muestran contradictorias con el interés común de las personas. Un tipo de comportamiento que ha invadido inclusive a los órganos de gobierno cuya misión es el servicio público. “Piura pudo salvarse del gran desastre, nos dice Sonia Suyón en Hildebrandt en sus trece. Existe un proyecto integral de prevención desde el 2003, encarpetado, y que el MEF no vio con buenos ojos porque ‘no hay retorno de inversión’.”[i] 

 

Esto nos está probando que el espíritu individualista y su elemento motor, la Repartición Individualista del resultado de la actividad económica, colisionan con el bienestar de la población y el futuro de la sociedad. El fenómeno del Niño Peruano nos está diciendo a gritos que debemos cambiar la forma de resolver nuestros problemas de sociedad.

 

Juan de la Puente, columnista del diario La República, se hace esta pregunta: “¿Un país que no pudo prevenir podrá reconstruir?”[ii]. Una pregunta que nos conduce al meollo de la cuestión. ¿Por qué, en las condiciones actuales, bajo el modelo socio-económico imperante, no se puede prevenir los problemas de sociedad?

 

La vivienda, por ejemplo, nos es un tema individual. Es un problema de sociedad. Sin embargo, el modelo socio-económico actual ha empujado a las personas a que resuelvan individualmente su problema de vivienda. Y éstas son las consecuencias.

 

Ahora estamos enfrentando “a la quinta reconstrucción después de desastres de envergadura en los últimos 50 años, luego del Niño de los años 1983 y 1998, y de los terremotos de los años 2001 y 2007. […] Las cuatro reconstrucciones fueron fallidas […], si nos atenemos a los objetivos ubicados más allá de la reposición de puentes y principales carreteras”[iii], anota el articulista. Es decir, ninguna de las reconstrucciones iniciadas en los últimos 50 años en el Perú ha sido terminada correctamente, menos aún pensar que fuera ejecutada con visión de futuro. Los damnificados han pasado al olvido y la reconstrucción se ha convertido en una burla.

 

Dentro de un modelo alternativo existen dos parámetros esenciales: la propiedad colectiva y la empresa-país.

 

La propiedad colectiva, ante una embestida de la Naturaleza, como la actual, permite que la sociedad inmediatamente reaccione y traslade a toda la población afectada hacia un lugar seguro y de propiedad colectiva. La construcción de una nueva urbanización o ciudad se decide y actúa rápidamente porque, la pérdida lo insume la sociedad, así como su costo de reconstrucción. Con la propiedad colectiva de las viviendas, las personas podrán rápidamente rehacer sus vidas. Pero, con el modelo actual, la reconstrucción tomará decenios, y a cargo esencialmente de cada una de las personas afectadas. Las desigualdades socio-económicas se agrandan.

 

La decisión de construir una nueva ciudad, a partir de cero, en propiedad colectiva y ejecutada por empresas-país, que son igualmente de propiedad colectiva, es una decisión de sociedad inmediata. Porque en las empresas-país no existe el interés del lucro y del enriquecimiento ilimitado, enfermizo y contra la dignidad humana. En las empresas-país no existe la colisión de intereses entre el bienestar general y el bienestar individual. No hay lugar para la corrupción.

 

Y con ello se corta rápidamente el dolor humano y los efectos negativos de todo desastre que cauce la Naturaleza. Con la propiedad colectiva no existirán nunca más los efectos perversos de la coima en la reconstrucción, de la corrupción en la aprobación de proyectos de inversión, ni de invasiones a zonas peligrosas por personas carentes de recursos económicos, y presas fáciles de traficantes de terrenos y políticos mafiosos.

 

San Juan de Lurigancho, 1 de abril del 2017


[i] Sonia Suyón, Un proyecto que pudo salvar a Piura, in Hildebrandt en sus trece, viernes 31 de marzo del 2017

[ii] http://larepublica.pe/impresa/opinion/860829-por-que-fracasan-las-reconstrucciones

[iii] Idem

 

 

 

Por qué han sobrevivido los indios en Norteamérica.

Por Borja Cardelus

 

Las misiones españolas que fundaron San Diego, San Francisco o Los Ángeles civilizaron pueblos que pudieron subsistir a la llegada de los anglosajones

 

or qué han sobrevivido los indios en Norteamérica

 

Tuvieron suerte de que fuera España el primer ocupante. Dos frailes y un reducido séquito de soldados se adentraban en cualquier amplio valle al oeste del Misisipi, y convocaban a los indios de la comarca. Mientras los soldados construían un Presidio o fuerte, los frailes, a cambio de regalos convencían a los indios para que les ayudaran a levantar una Misión, al tiempo que sembraban cultivos nuevos e introducían las primeras cabezas de ganado.

Una vez fundada, la Misión no se reducía a una iglesia y un patio, sino que contenía los elementos necesarios para hacer de ella un núcleo de desarrollo regional. Poseía talleres, huertas, campos de cultivo, potreros y corrales para el ganado, zonas de pastos, bosques maderables… así como habitaciones para alojar a los indios y sus familias, que durante los siguientes años iban a residir en la Misión.

La jornada comenzaba a las seis de la mañana, y tras una misa y la enseñanza del Evangelio, se desayunaba, tras lo cual los niños acudían a clases de castellano, de cuentas y de cultura general, y los adultos marchaban a sus trabajos. Unos, en los campos, desarrollando las nuevas labores agrícolas y ganaderas españolas; otros, en los talleres, aprendiendo oficios como la carpintería, los textiles, la albañilería o la herrería.

 

El almuerzo, a las doce, y luego descanso hasta las tres de la tarde. Después, hasta las seis, se reproducían los aprendizajes y labores de la mañana. A las seis de la tarde rezos y la cena, y hasta las diez el tiempo del esparcimiento: horas para la tertulia, el juego, la música, la danza o el teatro, hacia los que los indios sentían gran inclinación. Concluía la jornada a las diez, cuando se tocaba silencio. La jornada laboral nunca podía ocupar más de siete horas, y todo era conducido por dos frailes y algunos indios auxiliares ya adoctrinados.

Cuando habían transcurrido diez años, los indios ya habían asimilado el conjunto de la cultura española, y se hallaban capacitados para gobernarse de forma autónoma. La Misión se convertía en un pueblo, donde su plaza mayor sería el patio de la iglesia. Ellos mismos elegían Alcalde y gobierno municipal, correas de transmisión ante las autoridades virreinales. Y los franciscanos, cumplido su objetivo, dejaban el nuevo pueblo en manos de los indios y se trasladaban doscientos kilómetros para reproducir el proceso. Así, una y otra vez, durante doscientos años. Muchos núcleos urbanos del Suroeste de Estados Unidos han nacido así, como San Diego, San Antonio, San Francisco y otros muchos pueblos menores

Y cuando los angloamericanos, tras la salida de España ocuparon el Suroeste, no se toparon, como en el Este, con unos nativos bárbaros a los que sería fácil despojar de sus tierras y desplazarlos, sino que encontrarían pueblos civilizados, capaces de cultivar una gran panoplia de productos europeos como el trigo, las legumbres, los frutales o las vides, de las que obtenían vino; que habían aprendido a criar vacas, ovejas, cabras, cerdos, gallinas, de las que obtenían leche, huevos, lana, carne, manteca…; que confeccionaban vestidos, fabricaban objetos de carpintería o de metal, o hacían curtidos; pueblos que hablaban la lengua española, que tenían nociones de aritmética, de música, de teatro; que habían abandonado sus hechicerías, estaban bautizados y celebraban las fiestas del calendario religioso católico. Pueblos, en suma, civilizados, según lo que disponían las Ordenanzas de Poblaciones de Felipe II: «Porque el fin principal que nos mueve es la predicación y dilatación de la Fe Católica, y que los indios sean enseñados y vivan en paz y civilización». Que ese era el principal objeto de España lo prueba el hecho de que en el territorio de Estados Unidos no había oro, solo almas por convertir y cultivar.

De este modo, y con el coste en recursos que cabe imaginar, se desarrolló la colonización por España de los Estados Unidos. Y por eso quedan indios, integrados en la sociedad y económicamente pujantes, al oeste del Misisipi, ocupada por España, y apenas quedan al Este, donde colonizaron los ingleses. Quedarían también en Florida, área española, pero las más de cien misiones construidas allí por los franciscanos fueron violentamente destruidas por los colonos ingleses de Georgia y las Carolinas, con sus asoladoras razzias sobre las misiones para capturar a los indios y llevarlos como esclavos a sus plantaciones de Jamaica.

De este modo pacífico, humano, integral, sembró España la religión y la cultura en los Estados Unidos, salvando a las tribus indias de la extinción. Todo esto ha sido ignorado, y solo lo reconocen voces aisladas, como la del escritor norteamericano Maynard Geiger: «El sistema de la Misión española fue sin duda uno de los esfuerzos humanitarios más grandes que el mundo haya visto para la mejora y el desarrollo espiritual de unos pueblos atrasados y no cristianos».

 

 

¿Por qué contra los capellanes castrenses?

Después de arremeter contra el servicio público de la Misa en Televisión Española, la penúltima excentricidad de Podemos recoge ahora la propuesta de eliminar los capellanes en el Ejército. Como han recordado desde el propio Arzobispado Castrense, la asistencia religiosa de las Fuerzas Armadas es un derecho del militar creyente. Los capellanes españoles llevan siglos acompañando a los militares y a sus familias, ayudándoles en todo aquello que les facilita un mejor cumplimiento de sus deberes. 

En España, como en todos los países libres y democráticos de nuestro entorno, está reconocida esta asistencia y estructurada en función del número de fieles de las distintas religiones. Basta con preguntarles a los militares y a sus familias por el servicio que prestan y por su presencia entregada en la asistencia espiritual y en la disponibilidad para ir de la mano en otras tareas de carácter asistencial y de promoción cultural y humana que se realizan dentro de los Ejércitos. 

Lluis Esquena Romaguera

 

 

Cataluña grande dentro de España

El gesto de miles de personas, que recorrieron el domingo 19 de marzo las calles de Barcelona, sirve para recordar que, a pesar de contar con todos los altavoces a su servicio, el independentismo no es exclusivo y tal ni mayoritario en Cataluña, y que una buena parte de la población está dispuesta a romper el silencio y alzar la voz contra el asalto a la ley que se está perpetrando día tras día en el Parlamento catalán. 

Algunos han respondido desde la simpleza y el sectarismo diciendo que la manifestación era cosa de la extrema derecha. Otros, como Puigdemont y Junqueras, respondían el día después con un artículo en un medio en el que continúan intentando confundir, comparándose con Escocia y buscando los vericuetos para lanzar un nuevo señuelo, ahora el de un referéndum pactado con el Gobierno. 

La respuesta tiene que seguir siendo más libertad, más democracia (que incluye el respeto a las leyes) y mayor y mejor política al servicio de todos los catalanes, valorando la historia común que ha hecho a Cataluña grande dentro de España, y a España más rica y dinámica, gracias a Cataluña.

Pedro García

 

 

Formas de eutanasia encubierta 

La guía “Bioética al final de la vida” diferencia entre sedación paliativa y terminal, que es adelantar la muerte con dosis más altas 

La Fundación Jérôme Lejeune ha editado un manual titulado “Bioética al final de la Vida” en el que se abordan de forma accesible problemas de bioética que suscitan la eutanasia y sus tipos, definición de muerte, coma, estado vegetativo persistente, cuidados paliativos, etc. Todo ello desde la perspectiva de la medicina, de la ética y el derecho, para aclarar al lector (familias y personal médico) conceptos que orienten a la hora de tomar decisiones sobre la persona moribunda, para que sea tratada siempre y en todo momento con la dignidad que le corresponde y no se apliquen formas de eutanasia encubierta 

Xus D Madrid

 

 

Las infecciones de transmisión sexual crecen un 30% en un año en Cataluña

Los ambulatorios del ICS detectaron 1.500 casos de clamidia

JESSICA MOUZO QUINTÁNS

 

Un chico se hace la prueba de detección de ITS en el centro comunitario BCN Checkpoint, en Barcelona CARLES RIBAS

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) se han convertido en una piedra en el zapato para la salud pública. La tendencia sigue al alza y sin visos de frenar. Los ambulatorios del Instituto Catalán de la Salud (ICS), la empresa pública que aglutina ocho hospitales y el 80% de los centros de atención primaria (CAP), detectaron el año pasado 10.519 nuevos casos de ITS, un 29,75% más que en 2015.

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“El entorno más natural de diagnósticos está en la atención primaria comunitaria. Es donde se concentra el gran volumen de detecciones, así que esto es representativo del total de Cataluña”, explica Mireia Alberny, responsable corporativa de ITS y VIH de la dirección asistencial de atención primaria del ICS. El Departamento de Salud también dispone de unidades específicas de salud sexual y reproductiva, centros comunitarios y hospitales para hacer las pruebas de detección de ITS, pero la mayoría se hacen en atención primaria.

 

Los médicos de familia achacan el incremento de casos nuevos a una mejora en el diagnóstico y el registro, pero también a que crece la incidencia por el cambio en las conductas sexuales de la población. “Es un aumento progresivo y hay que insistir en las cuestiones de prevención”, advierte Alberny.

Los casos de gonorrea y clamidia son los que más han aumentado. Los ambulatorios del ICS detectaron 1.518 infecciones de clamidia (un 67% más que en 2015) y 649 de gonorrea (un 65,5% más). Los casos de sífilis (560) también crecieron un 34%; las berrugas genitales (el grupo más numeroso, con 5.023 infecciones detectadas), aumentaron un 18%; los herpes genitales (1.993) subieron un 38%; y los casos de tricomoniasis (776) ascendieron un 13%. “Tenemos varias subepidemias. Los aumentos de gonorrea y la sífilis se ven más entre hombres que tienen sexo con hombres y la clamidia está más repartida”, señala Alberny.

Los casos reportados por los ambulatorios siguen la tendencia registrada en el último informe del Centro de Estudios Epidemiológicos sobre ITS y sida de Catalunya, donde se constató que en 10 años, los casos de sífilis se han cuadruplicado y los de gonorrea, triplicado, la mayoría entre el colectivo gay. Según un informe de los servicios de vigilancia epidemiológica centinela de las ITS en Cataluña, en 2015 se notificaron 1.447 casos de clamidia, un 53,4% más que el año anterior. El 70%, en este caso, entre heterosexuales

 

 

Impuestos confiscatorios: drogas y prostitución no pagan

 

                                En España puede (supongo) considerarse ya como “líder” de parásitos a mantener por el Estado y por ello mismo llevará el liderato en recaudar impuestos, al común del pueblo, que ya lo único que le falta es pagar impuestos “por respirar” el oxígeno que la Naturaleza nos entrega gratis. Por ello estamos ya en un estado de irritación incalificable, que nos hace repudiar a los políticos y política que mantienen, de explotación esclavista de la que no se preocupan en absoluto puesto que nos saben indefensos. Y meto a toda la política, puesto que gobierno y oposición, son iguales en esta actitud de injusticias; ya que sus luchas son simplemente por sus intereses y el resto no les importa nada en absoluto, a la vista ya del grado que padecemos.

                                Han llegado al extremo de poner altos impuestos, hasta para las herencias que los muertos dejan a sus herederos; y en tal grado, que muchos de ellos llegan a renunciar a las mismas, que al final terminan en manos estatales, puesto que implacablemente, al impago continuado terminan en subastas y las cantidades recaudadas pasan a las arcas públicas. Sobre este solo impuesto se pueden escribir muchos libros; yo les dejo un solo caso detallado, pero hay manifestaciones de protestas públicas y recogidas de cantidades enormes de firmas, que llevadas a estamentos del Estado, los que dicen gobernar, “se limpian el culo con ellas”; vean aquí ese caso comentado: http://sevilla.abc.es/andalucia/sevi-pierde-herencia-padre-y-debe-90000-euros-junta-impuesto-sucesiones-201703282333_noticia.html#ns_campaign=rrss-inducido&ns_mchannel=abcdesevilla-es&ns_source=fb&ns_linkname=noticia.foto&ns_fee=0

                                La infinidad de impuestos y abusos no se pueden resumir en un artículo; ya que desde aparatos controladores del tráfico, que son en realidad trampas para recaudar multas, puesto que colocados de forma tan canalla que casi todo el mundo cae, se da el caso de que uno solo de estos cepos (Cuesta del Espino vía Córdoba-Sevilla) haya recaudado una cantidad enorme EN MILLONES DE EUROS en un período muy corto de tiempo.

                                Los recibos de suministros vitales, como pueden ser la electricidad, el agua, los carburantes, o suministros de gas doméstico, etc. etc.; van cargados con infinidad de impuestos por conceptos etéreos incomprensibles de descifrar o que luego nadie sabe dónde irán a parar tan monstruosas cantidades de dinero, puesto que España está en la ruina y con una deuda pública ya considerada impagable.

                                Mientras y por el contrario, aquí la circulación de drogas, circula por todo el territorio nacional en un comercio inmenso, que no paga impuestos, la prostitución igualmente extendida al máximo, “y localizable simplemente viendo periódicos y revistas especializadas”, tampoco paga ningunos impuesto al Estado; con el agravante de que estos dos sectores solamente, tienen ocupados a muchos recursos policiales, judiciales y de sanidad, que pagamos los españoles con nuestros impuestos; lo que no es admisible, por cuanto puestos a pagar impuestos, todo tipo de comercio (incluidos la nube de vendedores ambulantes o manteros que nadie controla tampoco) debieran ser controlados y pagar impuestos por ese comercio, que como tal mueve dinero en cantidades importantes, y así muchas cosas más que habría que aclarar.

                                Y sobre todo “limpiar” el Estado de parásitos de todo tipo y condición y que irían desde “el alto asesor que nos incrusta la sucia política que padecemos, hasta quién cobra regularmente una paga por el motivo que sea, pero sin derecho justificado que permita esos otros dislates”.

                                En resumidas cuentas, que una mínima parte de “La España que trabaja y produce verdaderamente”; lleva mucho tiempo siendo esquilmada, por esa otra que no produce nada más que gastos y cosas peores que ya nos indignan sobremanera y que deben ser corregidas y con la urgencia que ya el caso requiere, puesto que de seguir así… ¿Dónde vamos a terminar con tanto desastre? ¿Quién responde?

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes