Las Noticias de hoy 04 Abril 2017

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    martes, 04 de abril de 2017      

Indice:

Newsletter Diario

Papa: Con misericordia y perdón, Jesús es la plenitud de la ley

“Sanctuarium in Ecclesia”

Cuaresma. 5ª semana. Martes: Francisco Fernández-Carvajal

"Haz lo que debes y está en lo que haces"​: San Josemaria

El significado de la Semana Santa

La penitencia y el ayuno en la iglesia primitiva : Primeros Cristianos

La puerta de la humildad: Guillaume Derville

 El Papa nos enseña cómo confesarnos: 'Confesarse es ir hacia Jesús con corazón sincero'

En la muerte de Javier Mora-Figueroa, la fuerza de la unidad de vida: Salvador Bernal

 JESUCRISTO: Carlota Sedeño Martínez

 Cultivos de coca y producción de cocaína en el Perú: ALFREDO PALACIOS DONGO

La mejora vegetal nos hace más sostenibles: Jesús Domingo

COMPARTIR... SIN PENSAR EN RECIBIR: Eliseo León Pretell

6 Reglas para el uso del celular dentro y fuera de casa: Unión Nacional de Padres de Familia 

 Juega con ellos: Sheila Morataya-Fleishman

 Alcanzar la Felicidad matrimonial: Rubén Delgado Moya

 Cuaresma: Enric Barrull Casals

 Libia y los refugiados: Domingo Martínez Madrid

 Sus bodas de oro ante el Papa Francisco: Jaume Catalán Díaz

 GUERRAS ENTRE POLÍTICOS: EL PUEBLO INDIFERENTE: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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Papa: Con misericordia y perdón, Jesús es la plenitud de la ley

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

03/04/2017 12:50

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 Jesús, que juzga “con misericordia”, es la “plenitud” de la ley. Con estas palabras el Santo Padre Francisco invitó, en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa, a no juzgar “el corazón de los demás”, sino a perdona

Frente a los pecados y a la corrupción, Jesús es la única “plenitud de la ley”. El Papa Bergoglio reflexionó acerca del Evangelio de Juan, propuesto por la liturgia del día, según el cual Cristo, a propósito de la mujer sorprendida en adulterio, dice a quien la acusa: “Quien de ustedes esté sin pecado, arroje contra ella la primera piedra”.

El Pontífice también se detuvo sobre la Lectura tomada del libro del Profeta Daniel, dedicada a Susana, hacia la cual dos ancianos jueces del pueblo – dijo – habían orquestado un “adulterio falso, ficticio”. Y añadió que ella se vio obligada a elegir entre la “fidelidad a Dios y a la ley” y “salvar su vida”. Era, de todos modos, fiel a su esposo – observó Francisco –  incluso si, tal vez, era una mujer que tenía otros pecados, “porque todos somos pecadores” y “la única mujer que no tiene pecado es la Virgen”.

De modo que en los dos episodios –  prosiguió el Papa – se destaca “la inocencia, el pecado, la corrupción y la ley”, porque “en ambos casos los jueces eran corruptos”:

“Siempre han existido en el mundo jueces corruptos… También hoy, en todas partes del mundo los hay. ¿Por qué le llega la corrupción a una persona? Porque una cosa es el pecado: “Yo he pecado, resbalo, soy infiel a Dios, pero después trato de no cometer otros o trato de arreglarme con el Señor o, al menos, sé que no está bien”. Pero la corrupción es cuando el pecado entra, entra, entra, entra en tu conciencia y no deja lugar ni siquiera para el aire”.

Lo que significa que todo “se vuelve pecado”. “Esta es la corrupción”. Los corruptos – prosiguió diciendo el Obispo de Roma – creen “con impunidad” que hacen el bien. Y en el caso de Susana, los ancianos jueces “eran corruptos a causa de los vicios de la lujuria, y la amenazan con dar “falso testimonio” contra ella. Además, Francisco dijo que se trata del “primer caso” en que en las Escrituras aparecen los falsos testimonios. Y recordó que precisamente Jesús fue “condenado a muerte mediante el falso testimonio”.

Mientras en el caso de la verdadera adúltera, encontramos que la acusan otros jueces que – explicó el Pontífice – “habían perdido la cabeza” haciendo crecer en ellos una interpretación de la ley “tan rígida que no dejaba espacio al Espíritu Santo”. O sea “la corrupción de la legalidad, del legalismo, contra la gracia”. Y después vemos a Jesús, el verdadero Maestro de la ley, frente a los jueces falsos, que habían “pervertido su corazón” o que daban sentencias injustas “oprimiendo a los inocentes y absolviendo a los malvados”:

“Jesús dice pocas cosas, pocas cosas. Dice: ‘Quien de ustedes esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella’. Y a la pecadora: ‘Yo no te condeno. No peques más’. Y ésta es la plenitud de la ley, no la de los escribas y fariseos que habían corrompido su mente haciendo tantas leyes, tantas leyes, sin dejar espacio a la misericordia. Jesús es la plenitud de la ley y Jesús juzga con misericordia”.

Dejando libre a la mujer inocente, a la que Jesús le dice “mamá” porque – explicó el Papa –  “su madre es la única inocente”, a los juicios corruptos se reservan “palabras no bellas” por boca del profeta: “Envejecidos en los vicios”. Al concluir su homilía Francisco invitó a pensar en la maldad “con la cual nuestros vicios juzgan a la gente”:

“También nosotros juzgamos el corazón de los demás, ¡eh! Detengámonos. Y miremos a Jesús que siempre juzga con misericordia: ‘Ni siquiera yo te condeno. Ve en paz y no peques más’”.

 

 

“Sanctuarium in Ecclesia”

Carta apostólica del papa Francisco en forma de Motu Proprio “Sanctuarium in Ecclesia” con la que se transfieren las competencias sobre los santuarios al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización (11 de febrero de 2017)

1. El Santuario tiene en la Iglesia un “gran valor simbólico” (1) y hacerse peregrinos es una verdadera profesión de fe. Efectivamente, a través de la contemplación de las imágenes sagradas, se atestigua la esperanza de sentir más fuerte la cercanía de Dios que abre el corazón a la confianza de ser escuchados y respondidos en los deseos más profundos (2). La piedad popular, que es una “expresión auténtica de la acción misionera espontánea del pueblo de Dios” (3), encuentra en el Santuario un lugar privilegiado donde expresar la bella tradición de oración, de devoción y de confianza en la misericordia de Dios inculturada en la vida de todos los pueblos.

Desde los primeros siglos se pensó en la peregrinación, en primer lugar, a los lugares donde Jesucristo había vivido, anunciado el misterio del Padre y, sobre todo, donde había una señal tangible de su resurrección: la tumba vacía. Los peregrinos, sucesivamente, se pusieron en camino hacia los lugares en los que, según las diferentes tradiciones, se encontraban las tumbas de los Apóstoles. A través de los siglos, en fin, la peregrinación se extendió también a aquellos lugares, que se han convertido en mayoría, donde la piedad popular ha sentido de primera mano la misteriosa presencia de la Madre de Dios, de los santos y de los beatos (4).

2. Los Santuarios siguen siendo hoy en nuestros días en todas las partes del mundo un signo distintivo de la fe sencilla y humilde de los creyentes que encuentran en estos lugares sagrados la dimensión básica de su existencia creyente. Aquí experimentan profundamente la cercanía de Dios, la ternura de la Virgen María y la compañía de los Santos: una experiencia de verdadera espiritualidad que no puede ser devaluada, so pena de mortificar la acción del Espíritu Santo y la vida de la gracia. Muchos Santuarios han sido percibidos como parte de la vida de las personas, de las familias y de las comunidades hasta el punto de que han plasmado la identidad de enteras generaciones, hasta incidir en la historia de algunas naciones.

La gran afluencia de peregrinos, la oración humilde y sencilla del pueblo de Dios, alternada con las celebraciones litúrgicas, el cumplirse de tantas gracias que muchos creyentes atestiguan haber recibido y la belleza natural de estos lugares demuestran que los Santuarios, en la variedad de sus formas, expresan una oportunidad insustituible para la evangelización en nuestro tiempo.

3. Estos lugares, a pesar de la crisis de fe que afecta al mundo contemporáneo, todavía se perciben como espacios sagrados hacia los que ir como peregrinos para encontrar un momento de descanso, de silencio y de contemplación en medio de la vida, a menudo frenética, de nuestros días. Un deseo escondido hace que surja en muchos la nostalgia de Dios; y los Santuarios pueden ser un verdadero refugio para volver a descubrirse y recuperar las fuerzas necesarias para la conversión. En el Santuario, por último, los fieles pueden recibir apoyo para su camino habitual en la parroquia y en la comunidad cristiana. Esta ósmosis entre la peregrinación al Santuario y la vida de todos los días es una ayuda eficaz para la pastoral, porque hace posible reavivar el compromiso de la evangelización a través de un testimonio más convencido. Por lo tanto, caminar hacia el Santuario y participar en la espiritualidad que expresan estos lugares ya son un acto de evangelización que merece ser valorado por su intenso valor pastoral.(5)

4. Por su misma naturaleza, pues, el Santuario es un lugar sagrado donde el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, especialmente de la Reconciliación y de la Eucaristía, y el testimonio de la caridad expresan el gran compromiso de la Iglesia en la evangelización; y por lo tanto se presentan como un lugar genuino de evangelización donde, desde el primer anuncio hasta la celebración de los sagrados misterios. se manifiesta la acción poderosa con que actúa la misericordia de Dios en la vida de las personas.

A través de la espiritualidad propia de cada Santuario, los peregrinos son llevados con la “pedagogía de la evangelización” (6) hacia un compromiso cada vez más responsable tanto en su formación cristiana, como en el testimonio necesario de caridad que se deriva de ella. El Santuario también contribuye en gran medida al esfuerzo catequético de la comunidad cristiana (7); transmitiendo, efectivamente, de forma coherente con los tiempos el mensaje que dio inicio a su fundación, enriquece la vida de los creyentes, dándoles las razones para un compromiso en la fe (cf. 1 Ts 1,3) más maduro y consciente. En el Santuario, finalmente, se abren de par en par las puertas a los enfermos, los discapacitados, y especialmente a los pobres, los marginados, los refugiados y los migrantes.

5. A la luz de estas consideraciones, es evidente que los Santuarios están llamados a desempeñar un papel en la nueva evangelización de la sociedad actual y que la Iglesia está llamada a valorizar pastoralmente las razones del corazón que se expresan a través de las peregrinaciones a los Santuarios y a los lugares de devoción.

Por lo tanto, queriendo fomentar el desarrollo de la pastoral que se lleva a cabo en los Santuarios de la Iglesia, he decidido transferir al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización las competencias que, en virtud del artículo. 97, 1° de la Const. Ap. Pastor Bonus, estaban asignadas hasta ahora a la Congregación para el Clero así como las previstas en el art. 151 de la misma Constitución, en relación con los viajes por motivos de piedad, sin perjuicio, no obstante, de los deberes de las autoridades eclesiásticas legítimas y de los que, en virtud de leyes especiales, correspondan a otros organismos en relación con determinados Santuarios.

A consecuencia de ello, establezco que de ahora en adelante será tarea del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización:

a) la erección de Santuarios internacionales y la aprobación de sus respectivos estatutos, de acuerdo con los cc. 1232-1233 del CIC.

b) el estudio y la aplicación de medidas para promover la función evangelizadora de los Santuarios y el cultivo en ellos de la piedad popular.

c) la promoción de una pastoral orgánica de los Santuarios como centros propulsores de la nueva evangelización.

d) la promoción de encuentros nacionales e internacionales para promover una obra de renovación pastoral común de la pastoral de la piedad popular y de las peregrinaciones a los lugares de culto.

e) la promoción de la formación específica de los operadores de los Santuarios y de los lugares de piedad y devoción.

f) la vigilancia para que se ofrezca a los peregrinos, en los lugares del recorrido, una asistencia espiritual y eclesial coherente y sostenida que favorezca los mejores frutos personales de estas experiencias.

g) la valorización cultural y artística de los Santuarios según la via pulchritudinis como un modo particular de evangelización de la Iglesia.

Todo lo que he determinado con esta Carta apostólica en forma de Motu Proprio, ordeno que se observa en todas sus partes, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el diario L'Osservatore Romano, entrando en vigor quince días después de la promulgación y, a continuación, insertado en los Acta Apostolicae Sedis.

Francisco

Dado en la Ciudad del Vaticano el 11 de febrero de 2017, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, IV año del pontificado.

Notas

(1) Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre piedad popular y liturgia. Principios y orientaciones (2002), 263.
(2) Cfr V Conferencia General del Episcopado Latino-americano y del Caribe, Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 259.
(3) Exhort. ap. Evangelii gaudium, 122.
(4) Cfr Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes e itinerantes La peregrinación en el Gran Jubileo del 2000 (25 abril 1998), 12-17.
(5) Cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium, 124.126.
(6) Pablo VI, Exort. ap. Evangelii nuntiandi, 48
(7) Cfr Consejo Pontificio de la pastoral para los Emigranti e Itinerantes, El Santuario, memoria, presencia y profecía del Dios viviente (8 maggio 1999), 10.

 

 

Cuaresma. 5ª semana. Martes

MIRAR A CRISTO. VIDA DE PIEDAD

— Los enemigos de la gracia. El remedio: mirar a Cristo.

— Tener presente al Señor en la entraña del mundo. «Industrias humanas».

— Vida de piedad. Jaculatorias.

I. Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí –dice el Señor–1.

La Primera lectura de la Misa nos trae un pasaje del Libro de los Números2 en el que se narra cómo el pueblo de Israel comenzó a murmurar contra el Señor y contra Moisés, porque, aunque habían sido liberados y sacados de Egipto, estaban cansados de caminar hacia la tierra prometida. El Señor, como castigo, envió serpientes venenosas que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces, el pueblo acudió a Moisés reconociendo su pecado, y Moisés intercedió ante Dios para que les librara de las serpientes. El Señor le dijo: Haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla. Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un palo; cuando una serpiente mordía a uno, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Este pasaje del Antiguo Testamento, además de ser un relato histórico, es figura e imagen de lo que había de tener lugar más tarde con la llegada del Hijo de Dios. En la íntima conversación de Jesús con Nicodemo, hace el Señor una referencia directa a ese relato: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él3. Cristo en la Cruz es la salvación del género humano, el remedio para nuestros males. Fue voluntariamente al Calvario para que el que crea tenga vida eterna, para atraer todo hacia Él.

Las serpientes y el veneno que atacan en todas las épocas al pueblo de Dios, peregrino hacia la Tierra Prometida, el Cielo, son muy parecidos: egoísmo, sensualidad, confusión y errores en la doctrina, pereza, envidias, murmuraciones, calumnias... La gracia recibida en el Bautismo, llamada a su pleno desarrollo, está amenazada por los mismos enemigos de siempre. En todas las épocas se dejan notar las heridas del pecado de origen y de los pecados personales.

Los cristianos debemos buscar el remedio y el antídoto –como los israelitas mordidos por las serpientes del desierto– en el único lugar donde se encuentra: en Jesucristo y en su doctrina salvadora. No podemos dejar de mirarlo elevado sobre la tierra en la Cruz, si deseamos de verdad llegar a la Tierra Prometida, que está al final de este corto camino que es la vida. Y como no queremos llegar solos, procuraremos que otros muchos miren a Jesús, en quien está la salvación. Mirar a Jesús: poniendo ante nuestros ojos su Humanidad Santísima, contemplándole en los Misterios del Santo Rosario, en el Vía Crucis, en las escenas que nos narra el Evangelio, o en el Sagrario. Solo con una gran piedad seremos fuertes ante el acoso de un mundo que parece querer separarse más y más de Dios, arrastrando consigo a quien no se encuentre en tierra firme y segura.

No podemos apartar la vista del Señor, porque vemos los estragos que cada día hace el enemigo a nuestro alrededor. Y nadie está inmune por sí mismo. Vultum tuum, Domine, requiram: Buscaré tu rostro, Señor, deseo verte4. Debemos buscar la fortaleza en el trato de amistad con Jesús, a través de la oración, de la presencia de Dios a lo largo de nuestra jornada y en la visita al Santísimo Sacramento. Además el Señor, Jesús, no es solo el remedio ante nuestra debilidad, sino que es también nuestro Amor.

II. El Señor quiere a los cristianos corrientes metidos en la entraña de la sociedad, laboriosos en sus tareas, en un trabajo que de ordinario ocupará de la mañana a la noche. Jesús espera de nosotros que, además de mirarle y tratarle en los ratos dedicados expresamente a la oración, no nos olvidemos de Él mientras trabajamos, de la misma manera que no nos olvidamos de las personas que queremos ni de las cosas importantes de nuestra vida. Jesucristo es lo más importante de nuestro día. Por eso, cada uno de nosotros debe ser «alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca. No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como en un recurso extremo. ¿Nos puede parecer normal ignorar o despreciar a las personas que amamos? Evidentemente, no. A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos: hay como una continua presencia. Pues así con Dios»5.

Con frecuencia, para tener a Jesús presente durante el día necesitaremos echar mano de esas «“industrias humanas”: jaculatorias, actos de amor y desagravio, comuniones espirituales, “miradas” a la imagen de Nuestra Señora»6, y algunos medios humanos que nos recuerden que ya ha pasado un tiempo (demasiado para el amor) en el que no hemos acudido a Nuestro Señor, a la Virgen, al Ángel Custodio...: siempre son cosas sencillas, pero de una eficacia grande. A todos no ocurre que cuando queremos acordarnos de algo durante el día ponemos los medios para que aquello no se nos olvide. Si ponemos el mismo interés en acordarnos del Señor, nuestro día se llenará de pequeños recordatorios, de pequeñas ideas que nos llevarán a tenerle presente.

El padre o la madre de familia lleva en el coche una fotografía de la familia para acordarse de ella mientras viaja. ¿Cómo no vamos a llevar una imagen de Nuestra Señora en la cartera o en el bolso, para que al mirarla le digamos: ¡Madre!, ¡Madre mía!? ¿Por qué no tener muy a mano un crucifijo que nos ayude a reparar, a besarlo discretamente, a mirarlo cuando el estudio o el trabajo se haga más costoso?

Esos recordatorios, los recursos para tener presencia de Dios, son innumerables, porque el amor es ingenioso; serán diversos para el médico que va a comenzar una operación, que para la madre de familia que a la misma hora, quizá, comienza a poner en orden la casa. Un día en el Cielo cada uno verá cómo el haber acudido al Ángel Custodio fue una gran ayuda en sus tareas. El conductor de un autobús tendrá sus «industrias humanas» (sabrá muy bien cuándo está más próximo a Jesús porque divisa ya los muros de aquella iglesia), y la costurera, prácticamente en el mismo sitio durante todo el día, tendrá las suyas. Todo hecho con espíritu deportivo y alegre, sin agobios, pero con amor: «Las jaculatorias no entorpecen la labor, como el latir del corazón no estorba el movimiento del cuerpo»7.

Poco a poco, si perseveramos, llegaremos a estar en la presencia de Dios como algo normal y natural. Aunque siempre tendremos que poner lucha y empeño.

III. Muchas veces el Señor se retira a orar, quizá durante horas: por la mañana, muy de madrugada, salió fuera, a un lugar solitario, y allí hacía oración8; pero otras veces se dirigía a su Padre Dios con la oración corta, amorosa, como una jaculatoria: Yo te glorifico Padre, Señor del cielo y de la tierra...9; Padre, gracias te doy porque me has oído...10.

En otros momentos, el Evangelista nos muestra cómo Jesús se conmueve ante las peticiones de los que se le acercan. Son oraciones que también nos pueden servir a nosotros como jaculatorias: el leproso que dice: Señor, si quieres, puedes limpiarme...11; y el ciego de Jericó: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí...12; y el buen ladrón: Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino...13. Jesús, conmovido por estas oraciones llenas de fe, no hace esperar.

En alguna ocasión, estas expresiones nos servirán para pedir perdón, como hizo el publicano que se marchó a su casa justificado: Ten piedad de mí, Señor, que soy un pecador14; o repetiremos con San Pedro, después de las negaciones: Señor, tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo15, a pesar de mis fallos. Otras, nos ayudarán a pedir más fe: Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad16, fortalece mi fe; ¡Señor mío y Dios mío!17, le dice Tomás, cuando Jesús se le aparece resucitado: es un acto formidable de fe y de entrega, que quizá nos enseñaron a repetir en el momento de hacer la genuflexión ante el Sagrario. Existen muchas jaculatorias y oraciones breves que podemos decir desde el fondo de nuestra alma, y que responden a necesidades o situaciones concretas por las que estamos pasando.

En muchos momentos, ni siquiera hace falta pronunciarlas. A veces basta una mirada, o una sola palabra, o un pensamiento un tanto deshilvanado, pero lleno de amor o de desagravio..., una petición que no aflora, pero que el Señor capta enseguida. Para un alma muy unida a Dios, las jaculatorias, los actos de amor, brotan, naturales, casi espontáneos, como un respirar sobrenatural que alimenta su unión con Dios. Y esto en medio de las ocupaciones más absorbentes, porque de todos espera esta vida de oración y de unión con Él.

Santa Teresa recuerda la huella que dejó en su vida una jaculatoria: «Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces: ¡Para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase, en esta niñez, impreso el camino de la verdad»18.

Siempre hay ocasión para decir una jaculatoria. La lectura del santo Evangelio, la oración misma, será en muchas ocasiones una fuente de jaculatorias que servirán de cauce para mostrar nuestro amor por Jesús y su Madre Santísima.

Al terminar nuestra oración le decimos, como los discípulos de Emaús: Mane nobiscum, Domine, quoniam advesperascit19. Quédate con nosotros, Señor, porque cuando Tú no estás presente se nos hace de noche. Todo es oscuridad cuando Tú no estás. Y acudimos a la Virgen, a quien también sabemos dirigir esas jaculatorias y actos de amor: Dios te salve, María... bendita tú entre todas las mujeres.

1 Antífona de la comunión. Jn 12, 32. — 2 Primera lectura. Num 21, 4-9. — 3 Jn 3, 14-15. — 4 Sal 26. — 5 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 247. — 6 ídem, Cfr. Camino, n. 272. — 7 ídem, Surco, n. 516. — 8 Mc 1, 35. — 9 Mt 11, 25. — 10 Mt 11, 25. — 11 Mt 8, 2-3. — 12 Lc 18, 38-39. — 13 Lc 23, 42-43. — 14 Cfr. Lc 18, 13. — 15 Jn 21, 17. — 16 Mc 9, 23. — 17 Jn 20, 28. — 18 Santa Teresa, Vida, 1, 4. — 19 Lc 24, 29.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

"Haz lo que debes y está en lo que haces"

Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo. (Camino, 813)

¿Quieres de verdad ser santo? -Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. (Camino, 815)

La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante. (Camino, 817)

Me dices: cuando se presente la ocasión de hacer algo grande... ¡entonces! -¿Entonces? ¿Pretendes hacerme creer, y creer tú seriamente, que podrás vencer en la Olimpiada sobrenatural, sin la diaria preparación, sin entrenamiento? (Camino, 822)

¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? -Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. -Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. -Y trozos de hierro. -Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas... ¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... -¡A fuerza de cosas pequeñas! (Camino, 823)

¿No has visto en qué "pequeñeces" está el amor humano? -Pues también en "pequeñeces" está el Amor divino. (Camino, 824)

 

 

El significado de la Semana Santa

Conoce la historia de la Semana Santa, su importancia para la Iglesia y los aspectos a cuidar durante esta semana fundamental en la vida de todo católico.

Ha terminado la cuaresma, el tiempo de conversión interior y de penitencia, ha llegado el momento de conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Después de la entrada triunfal en Jerusalén, ahora nos toca asistir a la institución de la Eucaristía, orar junto al Señor en el Huerto de los Olivos y acompañarle por el doloroso camino que termina en la Cruz.

Durante la semana santa, las narraciones de la pasión renuevan los acontecimientos de aquellos días; los hechos dolorosos podrían mover nuestros sentimientos y hacernos olvidar que lo más importante es buscar aumentar nuestra fe y devoción en el Hijo de Dios.

La Liturgia dedica especial atención a esta semana, a la que también se le ha denominado “Semana Mayor” o “Semana Grande”, por la importancia que tiene para los cristianos el celebrar el misterio de la Redención de Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido por nuestros pecados.

Para esta celebración, la Iglesia invita a todos los fieles al recogimiento interior, haciendo un alto en las labores cotidianas para contemplar detenidamente el misterio pascual, no con una actitud pasiva, sino con el corazón dispuesto a volver a Dios, con el ánimo de lograr un verdadero dolor de nuestros pecados y un sincero propósito de enmienda para corresponder a todas las gracias obtenidas por Jesucristo.

Para los cristianos la semana santa no es el recuerdo de un hecho histórico cualquiera, es la contemplación del amor de Dios que permite el sacrificio de su Hijo, el dolor de ver a Jesús crucificado, la esperanza de ver a Cristo que vuelve a la vida y el júbilo de su Resurrección.

En los inicios de la cristiandad ya se acostumbraba la visita de los santos lugares. Ante la imposibilidad que tiene la mayoría de los fieles para hacer esta peregrinación, cobra mayor importancia la participación en la liturgia para aumentar la esperanza de salvación en Cristo resucitado.

La Resurrección del Señor nos abre las puertas a la vida eterna, su triunfo sobre la muerte es la victoria definitiva sobre el pecados. Este hecho hace del domingo de Resurrección la celebración más importante de todo el año litúrgico.

Aún con la asistencia a las celebraciones podemos quedarnos en lo anecdótico, sin nada que nos motive a ser más congruentes con nuestra fe. Esta unidad de vida requiere la imitación del maestro, buscar parecernos más a Él.

Para nosotros no existen cosas extraordinarias, calumnias, disgustos, problemas familiares, dificultades económicas y todos los contratiempos que se nos presentan, servirán para identificarnos con el sufrimiento del Señor en la pasión, sin olvidar el perdón, la paciencia, la comprensión y la generosidad para con nuestros semejantes.

La muerte de Cristo nos invita a morir también, no físicamente, sino a luchar por alejar de nuestra alma la sensualidad, el egoísmo, la soberbia, la avaricia… la muerte del pecado para estar debidamente dispuestos a la vida de la gracia.

Resucitar en Cristo es volver de las tinieblas del pecado para vivir en la gracia divina. Ahí está el sacramento de la penitencia, el camino para revivir y reconciliarnos con Dios. Es la dignidad de hijos de Dios que Cristo alcanzó con la Resurrección.

Así, mediante la contemplación del misterio pascual y el concretar propósitos para vivir como verdaderos cristianos, la pasión, muerte y resurrección adquieren un sentido nuevo, profundo y trascendente, que nos llevará en un futuro a gozar de la presencia de Cristo resucitado por toda la eternidad

 

 

La penitencia y el ayuno en la iglesia primitiva

 

Escrito por  Primeros Cristianos

La penitencia y el ayuno en la iglesia primitiva

Los primeros cristianos procuraron revivir en sus vidas la Pasión de Cristo, tomando la propia cruz para seguirle, identificándose con Él mediante el espíritu de sacrificio y de penitencia. Supieron encontrar la mortificación en su vida ordinaria, en el cumplimiento de sus deberes, en lo pequeño de cada día. Vivían la sobriedad.

La Iglesia de los primeros tiempos también conservó la práctica del ayuno, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones de culto acompañadas de ayuno. San Pablo, en su misión apostólica, no se co nforma con sufrir hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos. La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición, procurando mediante el ayuno disponernos a recibir mejor las gracias del Señor. 

Presentamos a continuación algunos textos de los primeros escritores cristianos que reflejan cómo vivían el ayuno y la penitencia.

 

Necesidad de la mortificación

El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.
(EPÍSTOLA A DIOGNETO, 5-6)

 

Hermoso es mortificar el cuerpo. De ello te persuada Pablo, que sin cesar lucha y se sujeta con violencia (cfr. 1 Cor 9, 27), e inspira santo temor, con el ejemplo de Israel, a cuantos confían en sí mismos y condescienden con su cuerpo. Que te persuada el mismo Jesús, con su ayuno, su sometimiento a la tentación y su victoria sobre el tentador (cfr. Mt 4, 1 ss).
(SAN GREGORIO NACIANCENO, Discurso 14, 2-5)

No creamos que es suficiente un fervor pasajero de la fe, porque es preciso que cada uno lleve continuamente su cruz, para dar a entender de este modo, que es incesante nuestro amor a Jesucristo. 
(SAN JERÓNIMO, Comentario a San Mateo, 10, 96)

El camino por el que viene el Señor, penetrando hasta dentro del hombre, es la penitencia, por la cual Dios baja a nosotros. De aquí el principio de la predicación de Juan: haced penitencia.  
(SAN JERÓNIMO, Comentario sobre el libro del profeta Joel, 25)

(La mortificación…) purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad.  
(SAN AGUSTÍN,  Sermón 73, 5)

Si eres miembro de Cristo, tú, quienquiera que seas [...], debes saber que todo lo que sufres por parte de aquellos que no son miembros de Cristo es lo que faltaba a la pasión de Cristo. Por esto la completas, porque faltaba; vas llenando la medida, no la derramas; sufres en la medida en que tus tribulaciones han de añadir en parte a la totalidad de la pasión de Cristo, ya que Él, que sufrió como cabeza nuestra, continúa ahora sufriendo en sus miembros, es decir, en nosotros. 
(SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 61, 7)
 

 

Sobre el Ayuno

(El libro del Pastor de Hermas refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen espíritu de esos primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios; y esto en todos los niveles de la Iglesia. No es de extrañar, pues, que el libro gire en torno a la necesidad de la penitencia y el ayuno…) 

Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazón limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón [...]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 3)

Este ayuno es sobremanera bueno, a condición de que se guarden los mandamientos del Señor. Así pues, el ayuno que vas a practicar lo observarás de este modo: ante todas las cosas, guárdate de toda palabra mala y de todo deseo malo y limpia tu corazón de todas las vanidades de este siglo. Si esto guardares, este ayuno tuyo será perfecto.
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 4)

Por lo demás, lo harás de esta manera: después de cumplido lo que queda escrito, el día que ayunes no tomarás sino pan y agua, y de la comida que habías de tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado. Y te humillarás de manera que quien tomare de tu humillación sacie su alma y ruegue por ti al Señor.         (HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 5, 1-4)

 

Alegrad, pues, vuestros rostros. (…) ayuna, y ayuna con alegría.
(SAN BASILIO EL GRANDE, Homilía sobre el ayuno, 1)

Así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también está fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos
(SAN BASILIO EL GRANDE, Sobre la verdadera virginidad, 27)

En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales se merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma son de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios. 
(SAN AMBROSIO, Sermón 3, 148)

Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.   
(BENEDICTO XVI presenta a San Afraates el Sabio, 21 noviembre 2007)

Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri  (Ed. Planeta)
   

 

 

La puerta de la humildad

"Venid a mí, que soy manso y humilde de corazón". Dios se ha hecho pequeño, para que podamos ser grandes, con la grandeza verdadera: la humildad de corazón.

Virtudes 20 de Diciembre de 2016

pus Dei - La puerta de la humildad

La fachada de la basílica de la Natividad en Belén deja adivinar aún hoy el rastro de su antiguo portal, que con el tiempo se redujo a una puertecita de apenas un metro y medio de altura. Así se impedía que se pudiera entrar a caballo, y se protegía el lugar santo. Las reducidas dimensiones de esta puerta interpelan también al visitante actual: le dicen, sin palabras, que «debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido»[1].

Somos hijos e hijas de Dios

En su segunda encíclica, el papa Francisco nos recuerda uno de los porqués profundos de la humildad. Se trata de una verdad sencilla y grande que corremos el peligro de olvidar demasiado fácilmente en el ajetreo de la vida cotidiana: «No somos Dios»[2]. La creación es, en efecto, el punto de partida firme de nuestro ser: hemos recibido nuestra existencia de Dios. Cuando aceptamos esa verdad fundamental, nos dejamos transformar por la gracia divina; conocemos entonces la realidad, la perfeccionamos y la ofrecemos a Dios. El amor al mundo que nos transmite san Josemaría nos lleva a querer mejorar lo que amamos, allí donde nos encontramos, y según nuestras posibilidades. Y en el centro de esta tarea inmensa yace la humildad, «que nos ayuda a conocer, simultáneamente, nuestra miseria y nuestra grandeza»[3]: la miseria, que experimentamos con frecuencia, y la grandeza de ser, por el bautismo, hijas e hijos de Dios en Cristo.

El humilde desarrolla una sensibilidad hacia los dones de Dios, tanto en su propia vida como en la de los demás; comprende que cada persona es un don de Dios, y así acoge a todos, sin comparaciones ni rivalidades

La humildad es «la virtud de los santos y de las personas llenas de Dios […]: cuanto más crecen en importancia, más aumenta en ellas la conciencia de su nulidad y de no poder hacer nada sin la gracia de Dios (cfr. Jn 15,8)»[4]. Así son los niños pequeños, y así somos delante de Dios. Por eso es bueno volver a lo esencial: Dios me ama. Cuando una persona se sabe amada por Dios –un Amor que descubre en el amor que le muestran otras personas– puede querer a todos.

Humildad con los demás

La humildad nos lleva a aceptar la realidad que nos viene dada, y en particular a las personas que nos son más cercanas por lazos familiares, por vínculos de fe, por la vida misma. «Mientras disponemos de tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe» (Ga 6,10). Nos enseña el Apóstol a no cansarnos de ejercer una caridad ordenada. A los que, como nosotros, han recibido el don del bautismo ¿cómo no los vamos a mirar como hermanos, hijos del mismo Padre de bondad y misericordia? «La humildad nos lleva como de la mano a esa forma de tratar al prójimo, que es la mejor: la de comprender a todos, convivir con todos, disculpar a todos; no crear divisiones ni barreras; comportarse –¡siempre!– como instrumentos de unidad»[5].

El humilde desarrolla una sensibilidad hacia los dones de Dios, tanto en su propia vida como en la de los demás; comprende que cada persona es un don de Dios, y así acoge a todos, sin comparaciones ni rivalidades: cada uno es único a los ojos de Dios, y aporta algo que los demás no pueden dar. La humildad lleva a alegrarse por la alegría de los demás, por el hecho de que existen y cuentan. El humilde aprende a ser uno más: uno entre los demás. La familia tiene en este sentido un papel primordial: el niño se acostumbra a relacionarse, a hablar y a escuchar; entre los propios hermanos y hermanas, no es siempre el centro de la atención; aprende a dar las gracias, porque poco a poco se da cuenta de lo que cuestan las cosas. Así, con el tiempo, a la hora de un éxito personal, descubre que tantas cosas han sido posibles gracias a la entrega de sus familiares y amigos, de las personas que le cuidan, dándole de comer y creando hogar. La humildad crece con el agradecimiento, y también con el perdón: perdonar, pedir perdón, ser perdonado. ¿Quién soy, para que me digan: “perdóname”? La humildad de quien pide perdón, siendo quizá alguien revestido de autoridad, resulta amable y contagiosa. Lo es entre esposos, entre padres e hijos, entre superiores y colaboradores.

Quien tiende a hablar con frecuencia de las cosas que le “ponen nervioso” o le irritan, suele hacerlo por falta de amplitud de miras, indulgencia, apertura de mente y de corazón

Sin ser por eso un ingenuo, el cristiano tiene una buena disposición habitual hacia lo que viene del prójimo, pues realmente cada persona vale, cada persona cuenta; cada forma de inteligencia, ya sea más especulativa o venga del corazón, da una luz. La conciencia de la dignidad de los demás evita caer en «la indiferencia que humilla»[6]. El cristiano está por vocación girado hacia los demás: se abre a ellos sin preocuparse excesivamente de si hace el ridículo o queda mal. Hay quien intimida a fuerza de ser tímido, en vez de comunicar luz y calor: piensa demasiado en sí mismo, en qué dirán los demás… quizá por un excesivo sentido del honor, de la propia imagen, que podría encubrir orgullo y falta de sencillez.

Polarizar la atención sobre sí mismo, expresar repetidamente deseos excesivamente concretos y singulares, enfatizar problemas de salud más o menos comunes; o, al contrario, esconder de modo exagerado una enfermedad que los demás podrían conocer para ayudarnos mejor, con su oración y apoyo: son todas ellas actitudes que necesitan probablemente de una purificación. La humildad se manifiesta también en una cierta flexibilidad, en el esfuerzo por comunicar lo que vemos o sentimos. «Tú no serás mortificado si eres susceptible, si estás pendiente solo de tus egoísmos, si avasallas a los otros, si no sabes privarte de lo superfluo y, a veces, de lo necesario; si te entristeces, cuando las cosas no salen según las habías previsto. En cambio, eres mortificado si sabes hacerte todo para todos, para ganar a todos (1 Co 9,22)»[7].

Ver lo bueno y convivir

«Hemos tocado para vosotros la flauta y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones y no habéis hecho duelo» (Mt 11,17): el Señor se sirve de una canción o quizá de un juego popular para ilustrar cómo algunos de sus contemporáneos no le saben reconocer. Nosotros estamos llamados a descubrir a Cristo en los acontecimientos y en las personas; nos toca respetar los modos divinos de actuar: Dios crea, libera, rescata, perdona, llama... «No podemos correr el riesgo de oponernos a la plena libertad del amor con el que Dios entra en la vida de cada persona»[8].

Abrirse a los demás implica amoldarse a ellos; por ejemplo, para participar en un deporte colectivo con otros que tienen menos técnica; u olvidando alguna preferencia, para descansar con los demás como a ellos les gusta. En la convivencia, la persona humilde ama ser positiva. El orgulloso, en cambio, tiende a subrayar demasiado lo negativo. En la familia, en el trabajo, en la sociedad, la humildad permite ver a los demás desde sus virtudes. Quien, en cambio, tiende a hablar con frecuencia de las cosas que le “ponen nervioso” o le irritan, suele hacerlo por falta de amplitud de miras, indulgencia, apertura de mente y de corazón. Quizá deberá aprender a amar a los demás con sus defectos. Se pone así en obra una pedagogía del amor que, poco a poco, crea una dinámica irresistible: uno se hace más pequeño para que los demás crezcan. Así fue con el precursor: «Conviene que Él crezca y yo disminuya» (Jn 3,30), dijo el Bautista. El Verbo se hizo más pequeño todavía: «Los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: “Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado” (Is 10,23; Rm 9,28)... El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance»[9].

Al humilde nada le resulta ajeno: si, por ejemplo, se esfuerza por mejorar su formación profesional, además del natural interés por su especialidad, es para servir mejor a los demás

Jesucristo se puso al alcance de todos: sabía dialogar con sus discípulos, recurriendo a parábolas, poniéndose a su nivel –por ejemplo, al solucionar el problema del impuesto al César, no duda en tomar a Pedro como igual (cfr. Mt 17,27)[10]–, con las mujeres, santas o más alejadas de Dios, con los fariseos, con Pilatos. Importa llegar a desprenderse del propio modo de ser, para salir hacia los demás: se desarrolla así, por ejemplo, una cierta capacidad de amoldarse a los demás, evitando dejarse llevar por obsesiones o manías; descubriendo en cada persona ese algo amable, esa chispa del amor divino; conformándose con ser uno más, a tono con lo que se celebra en nuestra casa o país, también a la luz del tiempo litúrgico, que marca el ritmo de nuestra vida de hijos e hijas de Dios. El humilde vive atento, pendiente de quienes le rodean. Esta actitud es la base de la buena educación y se manifiesta en muchos detalles, como no interrumpir una conversación, una comida o una cena, y menos todavía la oración mental, para contestar al teléfono, salvo en caso de verdaderas urgencias. La caridad, en fin, nace en el humus –terreno fértil– de la humildad: «la caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia» (1 Co 13,4).

 

Humildad en el trabajo

En su encíclica Laudato si’, el Papa señala que en todo trabajo subyace «una idea sobre la relación que el ser humano puede o debe establecer»[11] con lo que le rodea y con quienes le rodean. El trabajo ofrece no pocas ocasiones de crecer en humildad.

Si, por ejemplo, un dirigente se muestra demasiado autoritario, se puede buscar una excusa, pensar que lleva mucho peso encima, o simplemente que ha dormido mal. Cuando un colaborador se equivoca, cabe corregir el error sin herir a la persona. Entristecerse de los éxitos de los demás denotaría falta de humildad, pero también de fe: «todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3,22-23). Al humilde nada le resulta ajeno: si, por ejemplo, se esfuerza por mejorar su formación profesional, además del natural interés por su especialidad, es para servir mejor a los demás. Eso supone rectificar la intención, volver al punto de mira sobrenatural, no dejarse arrastrar por un ambiente superficial o incluso corrompido, sin mirar por eso a los demás por encima del hombro. El humilde rehuye el perfeccionismo, reconoce las propias limitaciones y cuenta con que otros podrán mejorar lo que ha hecho. El humilde sabe rectificar y pedir perdón. Cuando hace cabeza, es el reconocimiento de su autoridad, más que un cierto poder establecido, lo que le confiere el liderazgo.

Dios nos ha llamado a ser, con un amor gratuito; sin embargo, a veces nos parece que necesitamos justificar nuestra propia existencia. El afán por distinguirse, por hacer las cosas de otro modo, por llamar la atención, una excesiva preocupación por sentirse útil y lucirse hasta en el servicio, pueden ser síntomas de una enfermedad del alma, que invitan a pedir ayuda, y a aceptarla siendo dóciles a la gracia. «Con una mirada apagada para el bien y otra más penetrante hacia lo que halaga el propio yo, la voluntad tibia acumula en el alma posos y podredumbre de egoísmo y de soberbia (…), la conversación insustancial o centrada en uno mismo, (…) aquel non cogitare nisi de se, que se exterioriza en non loqui nisi de se (…), se resfría la caridad, y se pierde la vibración apostólica»[12]. Pensar mucho en sí mismo, hablar solo de uno mismo… La persona humilde evita conducir las conversaciones a su historia, a su experiencia, a lo que ha hecho: evita buscar desmedidamente que se reconozcan sus méritos. Bien diferente, en cambio, es hacer memoria de las misericordias de Dios e integrar la propia vida dentro del designo de la Providencia. Si uno habla de lo que hizo, es para que el otro pueda desarrollar su historia. Así pues, el testimonio de un encuentro personal con Cristo, dentro del legítimo pudor del alma, puede ayudar al otro a descubrir que a él también Jesús le ama, le perdona y le diviniza. ¡Qué alegría entonces! «Soy amado, luego existo»[13].

¿Somos de esas personas que quieren que los demás se rindan a nuestro modo de pensar? La tendencia excesiva a insistir en el proprio punto de vista puede denotar rigidez de mente

Hay momentos especialmente propicios para renovar los deseos de humildad. Por ejemplo, cuando uno recibe una promoción o empieza a tener un trabajo con cierta visibilidad pública. Es hora entonces de tomar decisiones que reflejan un estilo cristiano de trabajar: acoger esa posición como una oportunidad que Dios nos da de servir aún más; rehuir cualquier ventaja personal innecesaria; intensificar nuestra atención a los más débiles, sin sucumbir a las tentación de olvidarlos, ahora que uno trata con gente a la que antes no tenía acceso. También es entonces el momento de dar ejemplo de desprendimiento de las ganancias y honores inherentes a ese cargo o trabajo, de quitar peso a los aplausos que suele recibir quien manda y, en cambio, estar abierto a las críticas, que suelen pasar más ocultas y que contienen signos de verdad. Son muchas las manifestaciones de esa sencillez en el trabajo: reírnos de nosotros mismos cuando nos sorprendemos, por ejemplo, buscando enseguida si salimos en una fotografía o si nos citan en un texto; superar la tendencia a dejar nuestra firma en todo, o a amplificar un problema cuando no se nos pidió consejo para resolverlo, como si tuvieran que consultar siempre con nosotros...

 

Aprender a rendir el juicio

En el ambiente profesional, familiar, incluso recreativo, se organizan reuniones donde se intercambian puntos de vista quizá opuestos. ¿Somos de esas personas que quieren que los demás se rindan a nuestro modo de pensar? Lo que tendría que ser, lo que habría que hacer… La tendencia excesiva a insistir en el proprio punto de vista puede denotar rigidez de mente. Sin duda, ceder no es algo automático, pero en todo caso muchas veces prueba que se posee una inteligencia de las situaciones. Aprovechar las ocasiones de rendir el propio juicio es algo agradable a los ojos de Dios[14]. Con frase lapidaria, Benedicto XVI comentaba en una ocasión el triste giro que dio Tertuliano en los últimos años de su vida: «Cuando solo se ve el propio pensamiento en su grandeza, al final se pierde precisamente esta grandeza»[15].

Alguna vez hemos de escuchar a personas más jóvenes, con menos experiencia, pero que quizá gozan de más dotes de inteligencia o de corazón, o tienen funciones en las que la gracia de Dios les asiste. Ciertamente, a nadie le gustaría pasar por tonto, o por alguien sin corazón, pero si nos preocupa mucho lo que los demás piensan de nosotros, es que nos falta humildad. La vida de Jesús, el Hijo de Dios, es una lección infinita para cualquier cristiano investido de una responsabilidad que el mundo juzga alta. Las aclamaciones de Jerusalén no hicieron olvidar al Rey de Reyes que otros lo iban a crucificar y que era también el Siervo doliente (cfr. Jn 12,12-19).

El rey san Luis aconsejaba a su hijo que, si un día llegaba a ser rey, en las reuniones del consejo real no defendiera con viveza su opinión, sin escuchar antes a los demás: «Los miembros de tu consejo podrían tener miedo de contradecirte, cosa que no conviene desear»[16]. Es muy saludable aprender a no opinar con ligereza, sobre todo cuando no se tiene la responsabilidad última y se desconoce el trasfondo de un asunto, además de carecer de la gracia de estado y de los datos que quizá posee quien está constituido en la autoridad. Por otro lado, tan importante como la ponderación y la reflexividad es la disposición a rendir el juicio con nobleza y magnanimidad: a veces hay que ejercer la prudencia de escuchar a consejeros y cambiar de parecer, y en eso se manifiesta cómo la humildad y el sentido común hacen a la persona más grande y eficaz. La prudencia en el juicio es favorecida por el trabajo en equipo: hacer equipo, aunar esfuerzos, elaborar un pensamiento y llegar a una decisión con los demás: todo eso es también un ejercicio de humildad y de inteligencia.

Humildad del siervo inútil

En las iniciativas pastorales, en las parroquias, en las asociaciones de beneficencia, en los proyectos para ayudar a los inmigrantes, muchas veces las soluciones a los problemas no son evidentes, o simplemente caben distintos modos de enfrentarlos. La actitud humilde lleva a manifestar la propia opinión, a decir de manera oportuna si algún punto no resulta claro, y a aceptar incluso una orientación distinta de la que uno veía, confiando en que la gracia de Dios asiste a quienes ejercen su función con rectitud de intención y cuentan con la ayuda de expertos en la materia.

Es poco conocido que la Iglesia católica, desde una preciosa humildad colectiva, es la institución que más iniciativas vivifica en el mundo entero para ayudar pobres y enfermos. En el pueblo de Dios justamente, donde conviven lo humano y lo divino, la humildad es especialmente necesaria. ¡Qué bonito aspirar a ser el sobre que se tira cuando se lee una carta, o la aguja que deja el hilo y desaparece, una vez que ha cumplido su misión! El Señor nos invita a decir: «Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Así, el sacerdote tendrá la humildad de «aprender a no estar de moda»[17], no buscar estar siempre a la última, a la vanguardia de todo; a rechazar de manera casi instintiva el protagonismo que, fácilmente, va de la mano de una mentalidad de propietario de las almas. A su vez, el fiel laico, si es humilde, respeta a los ministros del culto por lo que representan: no critica a su párroco o a los sacerdotes en general, sino que les ayuda, con discreción. Los hijos de Noé cubrieron la desnudez de su padre embriagado (cfr. Gn 9,23). «Como los hijos buenos de Noé, cubre con la capa de la caridad las miserias que veas en tu padre, el Sacerdote»[18]. Santo Tomás Moro aplicaba este relato incluso al Romano Pontífice, por quien el pueblo cristiano hubiese debido rezar… ¡en vez de perseguirle![19]

 

El tiempo es de Dios: fe y humildad

«El testimonio de la Escritura es unánime: la solicitud de la divina providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia. Las Sagradas Escrituras afirman con fuerza la soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos: “Nuestro Dios está en los cielos. Cuanto le agrada, lo hace” (Sal 115,3); y de Cristo se dice: “si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir” (Ap 3,7); “hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero solo el plan de Dios se realiza” (Pr 19,21)»[20]. Y la dirección espiritual es un medio excelente para situarnos mejor en ese horizonte. El Espíritu Santo actúa, con paciencia, y cuenta con el tiempo: el consejo recibido debe hacer su camino en el alma. Dios espera la humildad de un oído atento a su voz; entonces es posible sacar un provecho personal de las homilías que uno escucha en su parroquia, no solo para aprender algo, sino sobre todo para mejorar: tomar unas notas durante una charla de formación o un rato de oración, para comentarlas después con alguien que conoce bien nuestra alma, es también reconocer la voz del Espíritu Santo.

Fe y humildad van de la mano: en nuestro peregrinar hacia la patria celestial es necesario dejarnos guiar por el Señor, acudiendo a Él y escuchando su Palabra[21]. La lectura sosegada del Antiguo y del Nuevo Testamento, con los comentarios de carácter teológico-espiritual, nos ayuda a entender qué nos dice Dios en cada momento, invitándonos a la conversión: «mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos, mis caminos –oráculo del Señor»(Is 55,8; cfr. Rm 11,33). La humildad de la fe se arrodilla ante Jesucristo presente en la Eucaristía, adorando al Verbo encarnado como los pastores en Belén. Así sucedió santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein: nunca se olvidó de aquella mujer, que entró en una iglesia con su bolsa de compras y se arrodilló para hacer su oración personal, en conversación íntima con Dios[22].

La humildad lleva a vivir un presente aligerado de todo porvenir, porque los cristianos somos de esos que «han deseado con amor su venida» (2 Tm 4,8). Si nos enfadamos ante unas circunstancias menos favorables, necesitamos crecer en fe y en humildad. «Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas –a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos– no salen a tu gusto... Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan»[23]. De este modo, se evita un descontento exagerado, o la tendencia a retener en la memoria las humillaciones: un hijo de Dios perdona los agravios, no guarda rencor, va adelante[24]. Y si alguno piensa que otro le ha ofendido, trata de no hacer memoria de las ofensas, no guarda rencor: mira a Jesús, sabiendo que «a mí, que todavía me ha perdonado más, ¡qué gran deuda de amor me queda!»[25]. El humilde dice, con San Pablo: «olvidando lo que queda atrás, una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante, correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús» (Flp 3,13-14).

Esta actitud nos ayuda a aceptar la enfermedad, y a convertirla en una tarea fecunda: es una misión que Dios nos da. Y parte de esa misión es aprender a facilitar que otros nos puedan ayudar a aliviar nuestro dolor y las posibles angustias: dejarse asistir, curar, acompañar, es prueba de abandono en las manos de Jesús, que se hace presente en nuestros hermanos. Hemos de completar «lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).

La conciencia de que somos débiles nos llevará a dejarnos ayudar, a ser indulgentes con los demás, a comprender la condición humana, a evitar sorpresas farisaicas. Nuestra debilidad nos abre la inteligencia y el corazón para comprender la de los demás: se puede salvar la intención, por ejemplo, o pensar que una persona se encontró en situaciones muy difíciles de gestionar, aunque evidentemente eso no supone ignorar la verdad, llamando «al mal bien y al bien mal», y cambiando «lo amargo en dulce y lo dulce en amargo» (Is 5,20). Por otro lado, puede suceder a veces que uno tienda a infravalorarse. Esa baja autoestima, frecuente en muchos ambientes, tampoco es saludable, porque no corresponde a la verdad y corta las alas de quien está llamado a volar alto. No hay motivo para desmoralizarse: la humildad nos lleva a aceptar lo que nos viene dado, con la convicción profunda de que los caminos por los que el Señor desea conducirnos son de misericordia (cfr. Hb 3,10; Sal 95[94],10); pero nos lleva también, por eso mismo, a soñar con audacia: «Sentirse barro, recompuesto con lañas, es fuente continua de alegría; significa reconocerse poca cosa delante de Dios: niño, hijo. ¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios?»[26]

 

Apertura a la Providencia

El hombre y la mujer humildes están abiertos a la acción de la Providencia sobre su futuro. No buscan ni desean controlar todo, ni tener explicaciones para todo. Respetan el misterio de la persona humana y confían en Dios, aunque parezca incierto el día de mañana. No intentan conocer las secretas intenciones divinas, ni lo que supera su fuerza (cfr. Si 3,21). Les basta la gracia de Dios, porque «la fuerza se perfecciona en la flaqueza» (2 Co 12,9). Encontramos esa gracia en el trato con Jesucristo: es participación en su vida.

Tras una emocionante acción de gracias a Dios Padre, Jesús invita a sus discípulos de todos los tiempos a acercársele, quia mitis sum et humilis corde (Mt 11,29): el Señor es manso y humilde de corazón, y por eso encontraremos en Él comprensión y sosiego. Nos acercamos a Cristo en la Eucaristía, a su Cuerpo herido y resucitado: in humilitate carnis assumptae, reza el Prefacio I de Adviento –viene por primera vez en la humildad de nuestra carne. Tocamos la inefable humildad de Dios. «Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario... –Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz»[27]. La Virgen María nos acompaña para que le recibamos con la humildad con la que ella recibió a su Hijo Jesús. Salve radix, salve porta, ex qua mundo lux est orta[28]: Salve Raíz, salve puerta, de quien nació la Luz para iluminar un mundo sumergido en las tinieblas del orgullo; Jesucristo, Luz de Luz[29], nos revela la misericordia de Dios Padre.

Guillaume Derville

[1] Benedicto XVI, Homilía, 24-XII-2011.

[2] Francisco, Encíclica Laudato si’ (24-V-2015), 67.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, 94.

[4] Francisco, Discurso a la Curia Romana, 21-XII-2015.

[5] San Josemaría, Amigos de Dios, 233.

[6] Francisco, Bula Misericordiae Vultus (11-IV-2015), 15.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 9.

[8] Francisco, Carta ap. Misericordia et misera (30-XI-2016), 2.

[9] Benedicto XVI, Ex. ap. postsinodal Verbum Domini, 12.

[10] Cfr. Guillaume de Saint-Thierry, Exposé sur le Cantique des Cantiques, 109, en Sources Chrétiennes 82, 243.

[11] Francisco, Laudato si’, 125.

[12] Beato Álvaro del Portillo, Carta pastoral, 9-I-1980, 31 (citado en Álvaro del Portillo, Orar. Como sal y como luz, Barcelona: Planeta, 2013, 207).

[13] Francisco, Misericordia et misera, 16.

[14] Cfr. San Josemaría, Camino, 177.

[15] Benedicto XVI, Audiencia, 30-V-2007.

[16] San Luis de Francia, Testamento espiritual a su hijo, futuro Felipe III, en Acta Sanctorum Augustii 5 (1868), 546.

[17] San Josemaría, Conversaciones, 59.

[18] Camino, 75.

[19] Cfr. Santo Tomás Moro, Responsio ad Lutherum, en The Yale Edition of The Complete Works of St Thomas More, vol. 5, p. 142 (CW5, 142/1-4).

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, 303.

[21] Cfr. Sagrada Biblia, Traducción y notas de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, comentario al Salmo 95 (94).

[22] Cfr. santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Aus dem Leben einer jüdischen Familie. Das Leben Edith Steins: Kindheit und Jugend, 1965 (ed. completa 1985), p. 362.

[23] San Josemaría, Surco, 860.

[24] Cfr. Javier Echevarría, Carta pastoral, 4-XI-2015, n. 21.

[25] San Josemaría, Forja, 210.

[26] Amigos de Dios, 108.

[27] Camino, 533.

[28] Himno Ave Regina Cælorum.

[29] Cfr. Misal Romano, Credo.

 

 

El Papa nos enseña cómo confesarnos: 'Confesarse es ir hacia Jesús con corazón sincero'

Tener la valentía, delante del confesor, de llamar a los pecados con su propio nombre, sin esconderlos. De este modo, el papa Francisco centró su homilía en el sacramento de la Reconciliación, durante la misa celebrada en la mañana de este viernes en la residencia Santa Marta. Confesarse, dijo, es ir al encuentro del amor de Jesús con un corazón sincero y con la transparencia de los niños; y no rechazando, sino más bien acogiendo la "gracia de la vergüenza", que hace percibir el perdón de Dios.

 

Con la transparencia de los niños y aceptando 'la gracia de la vergüenza' que hace percibir el amor de Dios.

ROMA, 25 de octubre de 2013

Para muchos creyentes adultos, confesarse frente a un sacerdote es un esfuerzo insostenible --que a menudo conduce a esquivar el Sacramento-- o al punto de convertir un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos --dijo el papa-- hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que “en su carne no mora el bien". Presume de ser un "esclavo" que no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere. Esto sucede en la vida de fe, observa Francisco, cuando “quiero hacer el bien, el mal está junto a mí".

"Y esta es la lucha de los cristianos. Es nuestra lucha cotidiana. Y no siempre tenemos el valor de hablar como Pablo habla de esta lucha. Siempre buscamos una forma de justificación: ‘Sí, todos somos pecadores’... y lo decimos así, ¿no? Esto se explica de una manera dramática: es nuestra lucha.

Y si no reconocemos esto, nunca podemos tener el perdón de Dios. Porque si el ser pecador es ser una palabra, una frase, una manera de decir, entonces no necesitamos del perdón de Dios. Pero si se trata de una realidad que nos convierte en esclavos, necesitamos de esta liberación interior del Señor, de esa fuerza. Pero lo más importante aquí es que para encontrar el camino de salida, Pablo confiesa su pecado a la comunidad, su tendencia al pecado, no lo esconde".

La confesión de los pecados con humildad es lo que "la Iglesia nos pide a todos nosotros", recuerda el santo padre, que cita también la invitación de Santiago: "Confiesen sus pecados entre ustedes". Sin embargo, "no para hacer publicidad --dijo, sino-- para dar gloria a Dios", y reconocer que es "Él quien me salva". Por eso, continúo, para confesarse se va donde el hermano, "el hermano sacerdote": es para actuar como Pablo. Ante todo --subrayó-- con la misma "eficacia":

"Algunas personas dicen: ‘Ah, yo me confieso con Dios'. Eso es fácil, es como confesarse por correo electrónico, ¿no? Dios está ahí lejos, digo las cosas y no hay un ‘cara a cara’, no se da un ‘cuatro ojos’. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara. Otros dicen: "No, yo sí voy a confesarme", pero se confiesan cosas tan etéreas, tan en el aire, que no tienen ninguna sustancia. Y eso es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión de psiquiatría, ni tampoco ir a una sala de tortura, sino que es decirle al Señor: ‘Señor, soy un pecador’, pero decirlo a través del hermano, para que decirlo, sea también concreto. ‘Y yo soy un pecador por esto, por esto y por esto'".

Concretizar, honestidad y también --añade Francesco-- una habilidad sincera de avergonzarse de sus propios errores: no hay sendas a la sombra, alternativas al camino que conduce al perdón de Dios para sentir en lo más profundo de mi corazón su perdón y su amor. Y aquí el papa dijo lo de imitar a los niños:

"Los más pequeños tienen esa sabiduría: cuando un niño viene a confesarse, nunca dice una cosa general. ‘Padre, hice esto e hice aquello a mi tía, a aquel le dije tal palabra’ y dicen la palabra. Pero son concretos, ¿no? Tienen la sencillez de la verdad. Y nosotros siempre tenemos la tendencia a ocultar la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa hermosa: cuando confesamos nuestros pecados en la presencia de Dios, siempre sentimos la gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: "Yo me avergüenzo". Pensemos en Pedro, después del milagro de Jesús en el lago: 'Señor: aléjate de mí, que soy un pecador’. Tenía vergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo".

 

 

En la muerte de Javier Mora-Figueroa, la fuerza de la unidad de vida

Salvador Bernal

No pensaba escribir sobre él, en gran medida por respeto a la intimidad, habida cuenta de que lo tenía pared con pared en los últimos meses de su vida. Pero unas palabras de don Ramón Herrando Prat de la Riba, Vicario regional del Opus Dei en España, en la homilía del funeral celebrado en la basílica de la Concepción de Nuestra Señora en Madrid, me movieron a cambiar de criterio.

Se refirió expresamente a la ciudadanía del cielo que los católicos compartimos aquí abajo con la ciudadanía de la tierra, desde el bautismo, endiosados por la gracia, mientras recorremos el camino humano tratando de cumplir la voluntad de Dios, descubriendo el quid divinum -como repetía el Fundador del Opus Dei-, en las circunstancias ordinarias de cada día.

“Don Javier había escuchado muchas veces de labios de San Josemaría el siguiente consejo que hizo suyo con gran maestría: 'debemos estar  en el cielo y la tierra siempre. No entre el cielo y la tierra, porque somos del mundo. ¡En el mundo y en el paraíso a la vez!'"

El camino de la unidad de vida cristiana no niega la belleza de las circunstancias terrenales; al contrario, las contempla como camino para identificarse con la persona de Cristo y llevarle con optimismo a los demás. En estos tiempos de laicismo, donde surge casi sin querer la tentación de cierto clericalismo, la vida de Javier Mora-Figueroa –antes y después de su ordenación sacerdotal en 1981- muestra que la clave está en la auténtica y profunda laicidad encerrada en la doctrina del amor al mundo, esencial en el mensaje de san Josemaría, que hizo suyo con especial garbo humano.

Lo pensé en la capilla ardiente de don Javier, instalada en un salón del antiguo colegio mayor Castilla, tantas veces frecuentado por él para impulsar la vida cristiana de la gente joven. Lo confirmaría días después en el funeral, donde –además del cariño de tantos hermanos, sobrinos y sobrinos-nietos, algunos bautizados por él- se producía un plebiscito de amistad. Veía hecha realidad lo que san Josemaría escribió en Forja 565: “En un cristiano, en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor”.

Por eso se estaba tan bien al lado de Javier, incluso en las últimas semanas de su vida, cuando le flojeaban las fuerzas, y había que ayudarle en los desplazamientos más sencillos. Agradecía de veras los cuidados que recibía, pero siempre con sensación –injusta- de hacer perder el tiempo a los demás. Su gratitud alcanzaba de modo especial a los detalles para distraerle o hacerle descansar, sobre todo, a través de la audición de piezas musicales clásicas. Su unidad de vida no sólo era -digámoslo así- teológica: también denotaba una síntesis humana, capaz de combinar el amor a la patria sin fisuras propio del marino de guerra formado en el hogar paterno y en Marín, con la atención –algo no siempre unido a la mentalidad castrense- a los acontecimientos diarios, como corresponde a un hombre culto, aficionado a la lectura y a la música clásica. No es posible olvidar sus citas de grandes poemas castellanos en la predicación sacerdotal…

Le acompañé unos días en la Clínica Universitaria de Navarra, pocos meses antes de su fallecimiento. Estaba bastante agotado, y trataba yo –desde mi ignorancia médica- de mantenerlo despierto durante el día, pensando que así descansaría mejor por las noches... Antes de que los médicos moderaran mi afán, utilicé el recurso de encender el televisor de la habitación, pero no para ver películas o servicios informativos, sino para conectar con Radio clásica: qué bien lo pasamos con un ciclo sobre Mahler; mucho más aún, al escuchar una tarde, antes de la cena, la famosa Carmen de Bizet, no exenta de escenas con gran fuerza humana, por resumirlo de algún modo.

Don Javier deja un surco profundo en infinidad de personas. Lo sabía, pero he tenido ocasión de comprobarlo en directo al final de sus días en la tierra. Más de uno ha evocado ahora sus largos años como Rector del santuario de Torreciudad, una advocación digamos urbana –Turris civitatis- inseparable de la Stella maris tan familiar para él en sus múltiples singladuras. Por eso, emocionó a muchos escuchar al Cardenal Rouco, al final de la concelebración eucarística que había presidido en la basílica de la Concepción, unirse con fuerza al coro y a los fieles en el canto de la Salve marinera...

 

 

JESUCRISTO

Están cercanos los días en que se celebrará la Semana Santa en Málaga. Veremos las diversas imágenes de Cristo que representan su Pasión y Resurrección, y muchas imágenes de su Madre, la Virgen María.  Yo no voy a hablar del arte y la belleza de las procesiones, ni de la cultura y la piedad popular, ni de la llegada de turistas, que supondrán una inyección económica en las maltrechas economías familiares de tantas personas. Todo esto es verdad y me alegro de que así sea. Yo intentaré ir al fondo de la cuestión y tratar de contemplar la vida de Jesús a través de las personas que vivieron aquellos acontecimientos históricos.  Como dice Francisco Fernández-Carvajal en su libro “Como quieras Tú”: “…ver a Jesús a través de María, su Madre, de Simón de Cirene, del buen ladrón, del centurión, de Judas, de Pedro, de José de Arimatea,  de Nicodemo, de María Magdalena, de los discípulos de Emaús, del apóstol Juan… Estas consideraciones ayudan a una oración íntima con el Señor y facilitan extraer diversas conclusiones prácticas para la vida corriente.”

Continúa Fernández-Carvajal: “Buscaré, Señor, tu rostro…” (Salmo 26,8). La contemplación de  la Humanidad Santísima del Señor es inagotable fuente de amor y de fortaleza en medio de las dificultades de la vida… De Jesús hemos de aprender también a dialogar con todos y, cuando esto no sea posible, callaremos, para no faltar a la caridad…, y aprenderemos también a esperar.”  Como expone, en su más reciente libro: “El misterio de Jesús de Nazaret”, es el Amigo único que acompaña a cada persona que llega a este mundo. Es Dios encarnado, misterioso y cercano a la vez.  Cuenta la anécdota de una revista americana que realizaba, hace años, una encuesta en la que una de sus preguntas era: ¿Qué persona ha influido más en su vida? Un conocido político decía de modo contundente: “Jesús de Nazaret, Él cambió mi corazón.” Tendría que añadir ahora que, para llegar a eso, hay que querer de verdad. Esto es lo más opuesto a mirar una imagen de Cristo lejanamente, viendo sólo el arte del escultor. Ha dicho el Papa Francisco: “Él nos ha buscado antes, nos ha enardecido el corazón para proclamar la Buena Noticia en las grandes ciudades y en las pequeñas poblaciones, en el campo y en todos los lugares de este mundo nuestro.” Y también dice:” La Cuaresma es un desafío a la rutina para emprender un camino de conversión.”  Viene muy bien considerar estas palabras de Benedicto XVl en junio de 2006: “En la medida en que nos alimentamos de Cristo y estamos enamorados de Él, sentimos también dentro de nosotros el estímulo de llevarle a los demás a Él, pues no podemos guardar para nosotros la alegría de la fe; debemos transmitirla.”

Al contemplar el mundo de hoy, en el que Dios parece ausente para muchas personas, vemos que este mundo está dominado por miedos, por incertidumbre, por la inseguridad, por el desconcierto. Y, sin embargo, si abriéramos nuestros ojos y nuestro corazón, podríamos descubrir que existe una gran noticia que aparece ante cada generación: el amor de Dios se ha encarnado, es Jesucristo. Podríamos repetir con el filósofo francés André Frossard: “Dios existe, yo me lo encontré”.  Jesús lo prometió: “Yo estaré con vosotros siempre”, o sea, en cualquier circunstancia, en todo momento, cuando somos “buenos” y cuando no lo somos tanto. Todos los días y en cualquier edad. Pero, naturalmente, hay que querer. Dios respeta exquisitamente la libertad con la que fuimos dotados y sabe esperar como sólo Él puede: con una paciencia que es infinita, como su amor. Como dice Fernández-Carvajal: “Dios existe y yo puedo hablar con Él, como un amigo habla con su amigo, a cualquier hora de la noche o de la mañana, en cualquier circunstancia. Nos recibe sin hacernos esperar. Cada día es una sorpresa; cada día puede ser un encuentro con Él”

Como otros muchos, a lo largo de la Historia, en el Evangelio contemplamos cómo Andrés y Juan encuentran a Jesús porque le buscan, es decir, son buscadores de la Verdad.  También, ahora, en este momento, hay muchas personas en búsqueda sincera, queriendo encontrar, no entreteniéndose en “filosofar”, en elucubrar, como otras que realmente no buscan sino que “chacharean”. En Andrés y Juan se daba el deseo de conocer a Jesús pero no les movía la curiosidad, se daba en ellos una fuerza superior y más profunda. Se dejaron llevar por la sed de Dios que existe en todo ser humano, hasta en aquellas personas que se “ocupan” de negarle repetidamente (en esta repetida negación se percibe su desvalimiento y la necesidad perentoria de llenar su vacío). Lo que sí es claro es que se requiere una actitud humilde y receptiva. Hablar de humildad en nuestra época parece una locura ¿verdad? Pero es la base para establecer una sólida relación con Dios e, igualmente, con los demás, con nuestros próximos o prójimos.

Ese gran buscador que fue San Agustín dice:”…incluso en la eternidad proseguirá nuestra búsqueda; será una aventura eterna descubrir nuevas grandezas, nuevas bellezas… la belleza de la eternidad consiste en que no es una realidad estática sino un progreso inmenso en la inmensa belleza de Dios.”  Jesús de Nazaret, Dios y Hombre verdadero, nos abraza, nos guía, si le dejamos, y da un sentido pleno a nuestra vida.

Carlota Sedeño Martínez

 

 

Cultivos de coca y producción de cocaína en el Perú

 

Escribe: ALFREDO PALACIOS DONGO

Ver mi blog  www.planteamientosperu.com

Con mucho asombro escuchamos el pasado 13 de marzo a Carmen Masías, presidenta de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), manifestar que las 40,300 hectáreas registradas en el último Monitoreo de Cultivos de Coca (julio 2016) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) no son tales sino son 55,000 hectáreas, es decir, de la noche a la mañana se incrementaron 14,700 hectáreas (+36.5%), y según su explicación, Devida con participación de Naciones Unidas ha reajustado la metodología con ajustes más sofisticados que nos acercan a cifras más reales. Es algo muy raro porque para los monitoreos la UNODC se basa en delimitación y medición de parcelas sobre imágenes satelitales validadas con verificaciones aéreas y terrestres.

La nueva y sofisticada metodología para determinar la cantidad de cultivos debe ser debidamente aclarada por DEVIDA, porque puede significar que las informaciones del gobierno de Humala eran falsas (hablaban de récords históricos), o que la UNODC tiene cifras incorrectas, o inclusive que la cantidad de cultivos pueda ser mayor de 55,000 hectáreas. Es fundamental que dicha información sea real y fidedigna porque es base para diseñar e implementar políticas públicas y para elaborar la estrategia nacional contra las drogas que después de 8 meses del actual gobierno aún no conocemos.

Respecto a la producción anual de cocaína, increíblemente no tenemos cifras oficiales desde hace 9 años, el último registro fue 302 TM (Monitoreo de Cultivos 2008) empleándose 375 como factor de conversión hoja de coca-cocaína (con 375 kg de hoja de coca seca se obtiene 1 kg de cocaína), según la UNODC no pudo actualizarse dicho factor por restricciones legales para la validación de datos de transformación en campo y determinación de análisis de pureza en laboratorio.

Es necesario conocer la cantidad real de cocaína producida por narcotraficantes en Perú para efecto de planificaciones y acciones; el actual factor de conversión estimado estaría en un rango de 200 a 250 kg de hoja seca para producir 1 kg de cocaína (por mayor rendimiento de cultivos al usarse nuevas tecnologías, agroquímicos y sistemas de riego); nuestro último monitoreo 2016 registra 96,304 TM de hoja seca, menos 9,000 TM (consumo tradicional), con las restantes 87,304 TM totalmente derivadas al narcotráfico estarían produciendo anualmente en nuestro país entre 349 TM y 437 TM de cocaína.

 

 

La mejora vegetal nos hace más sostenibles

 

La mejora genética ha impulsado a Europa en su camino por conseguir la sostenibilidad del sector agrícola. Gracias a la mejora vegetal, los agricultores europeos han conseguido desde el año 2000 alimentar a 160 millones de personas, lo que se traduce en alimentar a la población de Francia y Alemania durante los últimos 15 años. La obtención vegetal permite a Europa alimentarse por sí sola.

 

Sin la obtención vegetal, Europa necesitaría 19 millones de hectáreas más para producir la misma cantidad de comida que produce hoy día. Esas hectáreas hoy pueden ser bosques, humedales u otro tipo de hábitat que si fueran cultivos aportarían a la atmosfera 3,4 mil millones de toneladas de CO2. Estas toneladas serían equiparables a las producidas por el tráfico en Alemania o las emisiones anuales de CO2 de un país del tamaño de Holanda. La utilización de estos hábitats como cultivo, tendría el mismo efecto que si se destruye un área del tamaño de Letonia, con la riqueza en fauna y biodiversidad del Amazonas.

 

La reducción, gracias a la mejora vegetal, de estos 3,4 mil millones de emisiones de gases efecto invernadero en los últimos 15 años representa un 33% de reducción de los gases equivalentes CO2 emitidos por la Unión Europea. Mantener la agricultura europea ayuda a cumplir los objetivos para 2030 sobre Cambio Climático. Esta reducción supone anualmente 160 millones de toneladas. Esto equivale al 34% del total emitido por la agricultura europea en 1990, el doble de los propuestos para el 2020 y a solo un 6% de distancia del objetivo 2030.

 

La mejora vegetal no sólo ha permitido la reducción de las hectáreas utilizadas para cultivo y las emisiones de gases invernadero, también ha permitido a los agricultores reducir su consumo de agua. Los agricultores europeos han ahorrado 54 mil millones de m3 de agua desde el año 2000 gracias a las mejoras obtenidas, esto equivale a 22 millones de piscinas olímpicas.

 

Por todo esto, las nuevas variedades vegetales han ayudado a la Unión Europea a abastecer de alimentos de calidad y seguridad alimentaria, a cumplir sus objetivos frente al cambio climático y a luchar contra las sequias.

Fuente: Anove

 

Jesús Domingo

 

 

 

COMPARTIR... SIN PENSAR EN RECIBIR

Autor: Eliseo León Pretell

*Poeta internacional peruano

“Ciudad Satelital”

Houston Texas, E.E. U.U.

 

 

(DÉCIMA ESPINELA)

 

 

Si viéramos solamente

la sabia naturaleza

mostrándose con justeza

y enseñándole a la gente.

El magnífico aliciente

de ceder y compartir,

el de endulzar su vivir

repartiendo a los demás,

todo un convivir en paz

sin pensar en recibir.

♪♪♪

Esta vaca generosa

aquí nos da una lección

cómo le da el corazón

para una acción tan hermosa.

Serena, voluntariosa

como Cristo frente al pan,

dando los que otros no dan

con su gesto más amable

distante del miserable

hombre, egoísta y rufián.

♪♪♪

La lluvia nos manda el cielo,

las flores su rico olor,

sin distinguir el color

la piel o tono de pelo.

Jesús no trajo el consuelo

por gracia y sin excepción,

de otorgarnos su perdón 

y una hermosa vida eterna.

Así esta vaquita tierna

comparte con tanto amor.

 

Derechos reservados

Estudien, progresen y si pueden háganse grandes; pero nunca se olviden de la tierra bendita donde nacieron

ELP

 

 

 

6 Reglas para el uso del celular dentro y fuera de casa

Lee este artículo en nuestra página aquí

Los teléfonos celulares se han adueñado de la vida cotidiana. Están presentes en todas partes y han modificado nuestra forma de convivir y comunicarnos con las personas a nuestro alrededor.

En nuestros hogares, la hora de la comida solía ser sinónimo de pláticas, risas y anécdotas en familia, pero hoy, se ha convertido en un momento de silencio donde cada quien está metido en su pequeño mundo virtual.

Es por esto que los padres debemos encontrar formas de regular el uso del celular en casa, sobre todo, tratándose de los niños, pues implica un detrimento en su desarrollo personal y social al no poder establecer las habilidades adecuadas para interactuar en el mundo real.

Aunque puede sonar algo complicado, solo es cosa de constancia y de poner límites apropiados a nuestros hijos. Para ayudarte, aquí te compartimos una serie de reglas que puedes aplicar para restaurar la convivencia familiar en tu hogar (y fuera de él):

1.La comida es sagrada

Es sencillo: el uso del celular debe estar restringido al ingerir alimentos sentados a la mesa. Esta regla debe empezar por los padres, aun si alguien llama o recibe un mensaje. Si no es una emergencia, el celular puede esperar hasta después de la comida.

2. Antes de dormir, el celular se queda en la sala

No hay excusa para que un niño tenga el celular en la mano a la hora de acostarse. Su uso desmedido puede alterar el sueño y reducir el descanso. Si el celular funge como alarma, compra un reloj despertador en su lugar.

3. Límites de tiempo

Al igual que con la televisión y los videojuegos, el uso del celular en los niños debe limitarse a un tiempo razonable. No dejes que tus hijos utilicen el teléfono todo el día, establece horarios y asegúrate de que los respeten.

4. Usa las opciones de control parental

En todo celular, así como en aplicaciones de uso común, hay opciones dirigidas a los padres para que puedan controlar lo que sus niños venlo que hacen y con quién lo hacen. Úsalas a tu favor y confía en que tus hijos usarán el Smartphone sanamente.

5. Inculca responsabilidad

Hazles saber a tus hijos que deben hacer un buen uso del celular además de cuidarlo; si lo descomponen, no habrá otro. Tú como padre no debes pasar por alto actos de irresponsabilidad, pues entenderán que no pasa nada si descuidan sus cosas y que, con solo pedirlo, conseguirán lo que quieran.

6. El celular se queda en casa

La escuela es la única responsabilidad real de nuestros hijos, y como tal, deben dedicarse enteramente a ella. Si es absolutamente necesario, un teléfono básico bastará para mantenerse en comunicación con ellos, ya que uno “mejor” puede traducirse en distracciones y falta de concentración.

¡Lucha por el bienestar de tus hijos! Sé un padre responsable y aplica estas reglas   para que el uso del celular no se convierta en su única forma de interaccióncon su familia y el mundo real.

 

 

Juega con ellos

Sheila Morataya-Fleishman

Juega con tus hijos para volver a ser niña

Jugar con un hijo, requiere de poner la inteligencia y la voluntad en esa tarea, en el momento que se debe. De lo contrario no resulta. Pero si estás decidida a hacerlo y sobre todo vivirlo, ni siquiera te fijarás en el espacio que tienes para hacerlo. Trata de que sea una rutina diaria, especialmente si eres mamá de un hijo único. Es el momento de poner tu creatividad a toda marcha. Si tu bebé tiene menos de tres años, si sólo tiene meses de nacido ¡Baila con él! Escoge música que puedas dedicarle y trasmitirle a través del calor de tu cuerpo. Cuando mi bebé tenía entre 6 meses y 2 años, siempre bailaba una canción que va así: “lindo capullo de arelí, porque tu sabes que sin ti la vida es nada para mí….”. Y a medida que cantaba la canción, más me abrazaba. Esto hizo, que los lazos de amor que me unen con mi hija se hicieran más firmes. Le daba seguridad, y ella a mí alegría y buen humor para disfrutar mi labor de mamá a tiempo completo. ¡Me hacía niña con ella!

Juega con tus hijos para conocerlos

Si quieres saber como son tus hijos desde muy pequeñitos, obsérvalos al hacer lo que a ellos más les gusta, ¡Jugar! Cada niño posee una individualidad particularísima y al jugar, expresan su propia forma de ser y lo que configurará las características de su personalidad. Puedes darte cuenta por ejemplo al jugar con tu hija de 4 años, si estará orientada a ser líder o seguidora. ¿Cómo? Observando la forma en que ella misma conduce sus juegos. Si te dice, “mami, tu serás la bebé y yo la mamá”, ten la seguridad que estás ante una líder. Si por el contrario, necesita motivación para tomar acción, entonces notarás que deberás ir reforzando la confianza en sí misma. Esto lo puedes hacer simplemente indicándole que haga esto o aquello. Pensando en lo que es mejor para su desarrollo.

Conocerás el temperamento de tus hijos, al por ejemplo, jugar con bloques y observar el empeño que ponen al terminar cada figura que comienzan. Hay algunos que son testarudos y no paran si no terminan. Esto es bueno, ya que indica que tendrás un hijo perseverante. Si por el contrario, se da por vencido demasiado pronto, tendrás un motivo para trabajar sobre su voluntad, al hacerlo juntos. ¡Y no lo dejes ir, sino hasta que termine!

Todo esto, sólo puede hacerse y sobre todo descubrirse al jugar con ellos. Los hábitos como el orden, pueden enseñarse y sembrarse en sus primeros tres años a través de los mismos juegos. Cada vez que se termina de jugar, es necesario recoger y dejar todo en su lugar. ¡Qué regalo más maravilloso damos, cuando enseñamos el orden a nuestros hijos a través del juego! ¡Cómo crecemos como seres humanos a través de esa entrega que no es para todos, fácil!

Juega con ellos y hazlos descubrir su potencialidad inmensa para aprender. A través de los juegos, estamos enseñando a nuestros hijos a ser sociables, a compartir, a dar amor, a controlar las emociones. El pequeño está sediento de información y estimulación:

– Fuerte

– Clara

– Distinta

– Alegre e intensa

Inconfundible. (Puedes consultar la obra El desarrollo total del niño de Juan Valls Juliá para más conceptos como estos).

Al jugar con tus hijos estimulas fuertemente para la generosidad, ya que estás brindando tu atención y tu tiempo. Le perteneces a tu hijo en ese momento. Al dar instrucciones claras en los juegos, desarrollas su inteligencia y esto le lleva a desarrollar un sano autoconcepto de sí mismo. Se siente capaz.

Al jugar con tus hijos, pasas a ser un modelo de padre o madre diferente. El que hace una diferencia distinta en la vida de los mismos al dejar pasar el egoísmo y abrirse al amor en acciones concretas.

Al jugar alegre e intensamente, les estás enseñando lo que es disfrutar el don de la vida; lo que tiene de espectacular sentirse persona y sobre todo, le estás enseñando a sentirse feliz. Lo normal es que un niño a los tres años te exprese: “mami, papi, ¡Soy feliz!

Juega con tus hijos, no te canses de hacerte niña de nuevo con ellos. Enséñales la alegría que se encuentra al volcarse en los otros. Dales seguridad a través de tus tratos y tus atenciones firmes e impregnadas de sentido del humor. Tal vez, ahora mismo no verás los resultados…..pero dentro de diez años, la cosecha será abundante y buena. ¡Te lo aseguro!

 

 

Alcanzar la Felicidad matrimonial

Rubén Delgado Moya

Montesquieu, en “Del espíritu de las leyes”, dice que antes de que se descubriera el radio del círculo, éste ya existía, con lo cual considera que las leyes que elaboran los hombres deben de estar de acuerdo con lo que las leyes naturales ya tienen establecido.

Bacon considera que para domeñar a la naturaleza habría que someterse a ella. Esto significa que las leyes humanas deben de estar de acuerdo con las leyes de la naturaleza, con la finalidad de que el hombre pueda someterla, lo cual jamás se logra contradiciéndolas, como está sucediendo con la alteración del clima por no respetar la ecología.

La unión de dos homosexuales quebranta las leyes que la naturaleza tiene establecidas sobre el particular. Lucas Rivera dice que el matrimonio es una alianza, no un contrato, que marca el principio de una nueva vida. Es un nacimiento con todas las angustias y dolores de un nacimiento.

El matrimonio, dice Lucas Rivera, también es una resurrección, y así como la felicidad eterna no se concibe sino a través de la muerte, así también la felicidad matrimonial no se conquista sino cuando cada uno de los desposados se resigna a morir como soltero, abandonando su vida de egoísmo para resurgir a la vida de casados.

La idea de que el matrimonio es un mero contrato de naturaleza civil y de que, por consiguiente, no interesa más que a los contrayentes, es un concepto notoriamente erróneo. El matrimonio tiene mucha más fuerza obligatoria que cualquier contrato civil. Por medio de él los contrayentes establecen relaciones de parentesco y de solidaridad entre dos familias, forman una alianza que consolida la tradición, aportando a la nueva sociedad la herencia de las generaciones pasadas. Y mirando hacia el futuro, ayuda a la perpetuación de la especie, y en eso va la suerte de las generaciones venideras.

Las responsabilidades morales que se originan son de mucha mayor trascendencia que las civiles o pecuniarias.

Para los agnósticos hablaré en términos físicos. El matrimonio es sacramento. Soldar es unir materialmente dos cosas distintas que seguirán siendo extrañas. En Física, fundir es algo más que soldar. Así es el matrimonio.

Unirse no es matrimonio.

Tener hijos tampoco es matrimonio.

Firmar un contrato civil para legalizar la unión y reglamentar los bienes patrimoniales, no es matrimonio.

La esencia del matrimonio está en la voluntad perpetua de no formar más que una sola alma por la fusión de dos almas.

El matrimonio es el nacimiento de dos gemelos que vivirán y crecerán teniendo los mismos gustos, o cediendo en algunos de ellos. Y cuando después de largos años de vida íntima, los desposados se den cuenta de que ya no pueden pensar, ni obrar, ni gozar, ni sufrir cada quien por su lado, sino que todo lo hacen a dúo, entonces llegarán a comprender que eso es precisamente lo que constituye la felicidad matrimonial.

Y entonces sabrán que ésta no sólo consistió en casarse, sino en haber vivido juntos, en haber gozado y sufrido juntos, y en haber formado una sola carne en sus cuerpos, un solo espíritu con sus espíritus. Todo lo que impida esta unificación de los dos seres es contrario a los fines esenciales del matrimonio.

En la vida moderna tres grandes obstáculos se oponen a la felicidad matrimonial:

1) El egoísmo de los cónyuges que, aún jóvenes, creen que tienen derecho a gozar de la vida antes de tener hijos… Ni siquiera es cierto que los casados jóvenes gocen más de la vida sin hijos que con hijos; al contrario, los hijos contribuyen mucho a su unidad, y apartan a éstos de la vida de pasión, que como toda miel hostiga, y como todo narcótico, acaba por enviciar.

2) Casarse pensando que tienen abierta la puerta del divorcio para escapar al primer asomo de borrasca. Debería de ser excepcional para un último e irremediable extremo. Mientras haya una mínima posibilidad de entendimiento, no debe desertarse abandonando el campo del hogar. El que se resuelve a no escapar de su hogar, lleva todas las posibilidades de conquistar la felicidad matrimonial.

3) El 99% de los varones casados creen que el problema de “su” felicidad personal consiste en imponerse, en mandar, en fajarse los pantalones. Los tiempos han cambiado. Se comienza a comprender que la cooperación intelectual de la mujer es tan importante como la del hombre. No puede concebirse la felicidad matrimonial a base de la obediencia de la mujer al hombre. Ambos deben prescindir de su voluntad individual en muchas ocasiones. En vez de una lucha de voluntades, debe haber un concurso de renunciaciones.

Desgraciadamente, no es sino muy tarde cuando los casados llegan a comprender estas verdades fundamentales, dice Lucas Ribera, quien las resume así:

“En el matrimonio, la verdadera sabiduría consiste en la renunciación, y la suprema felicidad está en amar definitiva y dulcemente a la otra mitad de nuestra vida”.

 

 

Cuaresma

 

En la vida cristiana, la Cuaresma no es un paréntesis, sino como la intensificación de elementos centrales de la doctrina y la moral. Desde luego, con cierto tono penitencial, como corresponde a la propia existencia que desearía desembarazarse de limitaciones y miserias.

Enlaza con los comienzos de la predicación evangélica, ya en las palabras del Bautista, y pronto en las primeras de Jesucristo. Y está presente en los documentos más antiguos de la Iglesia, como aquel clásico del Pastor de Hermas, IV, 2, que vale la pena releer: “Yo –dijo- estoy encargado de la penitencia, y a todos los que se arrepienten les concedo inteligencia. ¿O es que no te parece –me dijo‑ que este mismo arrepentirse es un género de inteligencia? Sí –prosiguió-, el arrepentimiento es una inteligencia grande. Porque el pecador que hace penitencia cae en la cuenta que hizo el mal delante del Señor y sube a su corazón el remordimiento de la obra que ejecutó y se arrepiente y ya no vuelve a obrar el mal, sino que se entrega a la práctica del bien por múltiples modos y humilla y atormenta su alma por haber pecado”.

Lo recuerda el papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma del 2017. Este año propone de modo especial la parábola de Epulón y Lázaro como tema de meditación: “La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión”.

Enric Barrull Casals

 

 

Libia y los refugiados

La política tiene horror al vacío. Esta máxima clásica bien puede aplicarse hoy a Libia, un país en el que, tras la caída de Gadhafi, reina el más puro salvajismo. Traficantes y tratantes de seres humanos, milicianos y militares supuestamente profesionales, tropas internacionales, migrantes y refugiados han ocupado el país. Estos últimos proceden mayoritariamente de Somalia, Eritrea y Nigeria, y sueñan con alcanzar las costas de Europa. El precio para conseguirlo es la propia vida. 

Más de veintiséis mil mujeres y niños han sido violados en Libia. Una parte importante de esas mujeres y niñas acabarán su viaje, si consiguen cruzar el Mediterráneo, en prostíbulos, pisos o polígonos del mundo occidental como víctimas de explotación sexual. Muchos niños perderán a sus padres y serán usados como “ancla” para que los traficantes puedan introducir mujeres en Europa. Buena parte de los hombres adultos serán víctimas de explotación laboral o perderán su vida en el mar. 

Esta cruda realidad es resultado de invasiones militares erróneas, decisiones económicas injustas y medidas políticas cortoplacistas. ¿Cuándo empezará Occidente ha pensar en serio en esta gente? Son seres humanos.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Sus bodas de oro ante el Papa Francisco

El conocido cantante argentino Palito Ortega, ha anunció que celebrará sus bodas de oro y renovará sus votos matrimoniales con Evangelina Salazar ante la presencia del Papa Francisco en el Vaticano, publicaba el Diario Popular de Argentina.

 La noticia la anticipó en su programa de radio Mitre en Córdoba, el conductor y amigo de Palito, Juan Alberto Mateyko, quien sostuvo que el también ex gobernador de Tucumán viajará rumbo a la Santa Sede para la ceremonia, que será presidida por el Sumo Pontífice en la capilla de su casa, en Santa Marta.

El artista tucumano ha recibido una bendición apostólica del Papa al conmemorarse los 50 años de matrimonio con su esposa. El autor de la canción “La felicidad”, ha manifestado su apoyo a la gran obra mundial que Francisco lleva adelante por la paz mundial y por el cuidado de la Casa Común.

Jaume Catalán Díaz

 

GUERRAS ENTRE POLÍTICOS: EL PUEBLO INDIFERENTE

 

                                La política se ha convertido en una especie de “gangrena” a la que no se le encuentra cura, por lo que cada vez avanza más “en el cuerpo social” y lo va devastando cada vez más; o sea que en vez de solucionar problemas  va creando nuevos en vez de eliminar los ya viejos e inservibles. 

            Se demuestra ello con una simple observación que es la siguiente:             “Los españoles deben trabajar de media 182 días al año (15.706 euros) sólo para cumplir con sus obligaciones con Hacienda, si bien por ejercicio consecutivo el Día de Liberación Fiscal se adelanta una jornada, al celebrarse el 30 de junio, un día antes que en 2015, según un estudio elaborado por La Unión de Contribuyentes (UC) y la Fundación para el Avance de la Libertad. http://www.eleconomista.es/economia/noticias/7586090/05/16/Cuantos-dias-... gobiernos se ensañan con las clases medias porque no pueden 'huir': Las rentas más bajas y más altas ahora pagan una porción menor. Las clases medias ahora soportan unos "impuestos más agresivos". La desigualdad de ingresos se debe la respuesta fiscal de los gobiernos”. http://www.eleconomista.es/economia/noticias/7583709/05/16/Los-gobiernos...

                                Aparte de lo que nos cobra ya la administración central, unamos lo que nos cobra la municipal, la autonómica y lo que nos imponen los muchos monopolios que nos ahogan; a saber, carburantes y combustibles, luz, agua, basura, teléfono, internet, etc. recibos que en general nos cobran cargados de impuestos que se han inventado, pero los que ya “causan miedo” al consumidor, que estamos indefensos ante tanto latrocinio, junto a los abusos incalificables por cómo nos tratan.

                                Ante todo ello, si ahora el denominado “Partido Socialista Obrero Español”, batalla dividido en tres facciones, nos importa dos cojones, si continua o desaparece; de igual forma nos importan todos los demás; que a los únicos que les importa son a los que viven de ello, que como vemos son meros mercenarios y sólo luchan por su panza y su bolsillo. ¿El pueblo? Somos “la simple ganadería” que nos necesitan para su mantenimiento, pero al que no aportan nada más que PROBLEMAS.

 

*** “COSAS A RECORDARLES Y SIN ESPERANZA DE QUE TOMEN NOTA***

POLÍTICO Y SU ASESOR: Un político no tiene por qué saber de todo; como estos insensatos y en mayoría pretenden; el político tiene que recurrir a asesores, pero no esos asesores “de cabecera y cama”; que no son otra cosa que parásitos a mantener por el contribuyente. Un asesor se busca cuando se necesita y se busca entre los mejores que existan y oído y examinado la solución que aporten, entonces es cuando el político debe actuar y en caso de error, siempre podrá decir que lo asesoró el mejor o uno de los mejores y dará nombres y apellidos; puesto que un político no es un “dios”, ni falta que nos hace. 

 

"Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil J. Ortega y Gasset. YO LE AÑADO: El sistema de gobierno no es el malo, los malos son los que lo manejan con arreglo a sus perversos instintos, por tanto el nombre no dice nada en sí.   “El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.

     Hobbes dejó escrito, que si una realidad no se encara puede tener perturbadoras consecuencias. "Las obligaciones del súbdito con el Estado duran lo que dura la capacidad de éste para protegerle. Ni un minuto más", sugería el filósofo inglés.

Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder. (Abraham Lincoln) 

                                “Está claro que la gente no entiende el sistema monetario y bancario, porque si lo entendiese creo que habría una revolución mañana por la mañana”. (Henry Ford lo dijo en 1922)

                                POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.)

                                BIPARTIDISMO: «Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve.» (Benito Pérez Galdós)

                                De todo ello se desprende LA NECESIDAD DE UNA ADMINISTRACIÓN PROFESIONAL; y con ella eliminar la inmensidad de puestos políticos que sobran, sólo dejar “las cabezas” bien seleccionadas, para que asesorados por la administración estatal y la opinión de “otras cabezas individuales del pueblo” (prensa totalmente libre y que responda sólo ante los jueces INDEPENDIENTES) pienso que sería suficiente para que todo marchara infinitamente mejor que hoy. FUERA LAS DICTADURAS INCLUIDAS LAS DE PARTIDOS

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes