Las Noticias de hoy 27 Marzo 2017

                    Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 27 de marzo de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

Ángelus del Papa ¿Qué cosa significa caminar en la luz? 

Beatos mártires de Almería testigos de Cristo y de su paz, impulsen el compromiso de la Iglesia. Aliento del Papa

Homilía del Papa en Monza: “Dios continúa buscando corazones dispuestos a creer a pesar de las adversidades”

«Nada es imposible para Dios», aliento del Papa a los jóvenes en su visita a Milán

Cuaresma. 4ª semana. Lunes: Francisco Fernández-Carvajal

“Dios ama al que da con alegría”​: San Josemaria

El corazón de una madre sólo lo entiende otra Madre

El rostro de Jesús: J. Diéguez

Las inundaciones de "El Niño" activan a los universitarios de Piura

¿Manipulando a Jesucristo?: Ernesto Juliá

SOLIDARIDAD: Eliseo León Pretell 

 Paloma Gómez Borrero concedió una de sus últimas entrevistas a El Confidencial Digital

Confusionismo galopante en la fe católica: Miguel Rivilla San Martín

Tiempos de Humildad: Pablo Cabellos Llorente

Las resistencias antimicrobianas: Jesús Domingo

Pueblo y masa – Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios: Plinio Corrêa de Oliveira

 El cuerpo de una mujer objeto de compraventa: Pedro García

 Parte importante de nuestra historia: Juan García. 

 Prohibición de que suenen las campanas de una iglesia: Xus D Madrid

‘LAS CORRUPTOCRACIAS’: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

 

Ángelus del Papa ¿Qué cosa significa caminar en la luz? 

El Papa durante el Ángelus - AFP

26/03/2017 12:22

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 Ante miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, comentando el Evangelio del IV Domingo de Cuaresma, el Papa Francisco se refirió al encuentro entre Jesús y un hombre ciego de nacimiento, que “representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero que por causa del pecado somos como ciegos, tenemos necesidad de una luz nueva, aquella de la fe, que Jesús nos ha donado”. El Obispo de Roma precisó que el hecho que aquel ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia.  “También nosotros hemos sido ‘iluminados’ por Cristo en el Bautismo, y  por lo tanto estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz”, constató el Papa, para luego precisar que esto exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según una nueva escala de valores, que viene de Dios.

Con el sacramento del Bautismo somos hijos de la luz llamados a caminar en la luz, pero ¿qué cosa significa caminar en la luz? se preguntó el Pontífice. “Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación”.

Asimismo el Santo Padre advirtió sobre otra luz falsa, “seductora y ambigua”: aquella del interés personal. “si evaluamos a hombres y cosas en base al criterio de nuestra conveniencia, de nuestra satisfacción, de nuestro prestigio, no actuamos con la verdad en las relaciones y en las situaciones”, señaló, antes de pedir para que María, “que fue la primera en acoger a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger de nuevo en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo”.  

(RC-RV)

Palabras del Papa Francisco antes del rezo del Ángelus

 

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En el centro del Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma se encuentran Jesús y un hombre ciego de nacimiento (cfr Jn 9,1-41).  Cristo le restituye la vista y obra este milagro con un tipo de rito simbólico: primero mezcló la tierra con la saliva y la untó en los ojos al ciego; luego le ordena ir a lavarse a la piscina de Siloé. Aquel hombre va, se lava, y readquiere la vista. Era un ciego de nacimiento.  Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero que por causa del pecado somos como ciegos, tenemos necesidad de una luz nueva; todos tenemos necesidad de una luz nueva: aquella de la fe, que Jesús nos ha donado. De hecho aquel ciego del Evangelio adquiriendo la vista se abre al misterio de Cristo. Jesús le pregunta «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». «Y quien es, Señor, para que crea en él?», respondió el ciego sanado (v. 36). «Lo estás viendo: el que te está hablando» (v. 37). «¡Creo, Señor!» y se prostró ante él.

Este episodio nos induce a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios, y al mismo tiempo se refiere también al Bautismo, que es el primer Sacramento de la fe: el Sacramento que nos hace “venir hacia la luz”, mediante el renacer del agua y del Espíritu Santo; así como sucede al ciego de nacimiento, al cual se abrieron los ojos después de haberse lavado en el agua de la piscina de Siloé. El ciego de nacimiento sanado nos representa cuando no nos damos cuenta que Jesús es la luz, es «la luz del mundo», cuando miramos hacia otra parte, cuando preferimos fiarnos de pequeñas luces, cuando tambaleamos en la oscuridad. El hecho de que aquel ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia. También nosotros hemos sido “iluminados” por Cristo en el Bautismo, y por lo tanto estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz. Y comportarnos como hijos de la luz exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El sacramento del Bautismo, de hecho, exige una elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz.  Si ahora les preguntase: “¿Creen que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creen que les puede cambiar el corazón? ¿Creen que puede hacer ver la realidad como la ve Él, y no como la vemos nosotros? ¿Creen que Él es luz, que nos da la verdadera luz?” ¿Qué cosa responderían? Cada uno responda en su corazón.

¿Qué cosa significa tener la verdadera luz? ¿Qué cosa significa caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los otros, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de animadversión contra aquellos que juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelación. Eh… esto es pan de todos los días ¿eh? Cuando se habla mal de los otros, se camina no en la luz: se camina en las sombras.  Otra luz falsa, porque es seductora y ambigua, es aquella del interés personal: si evaluamos a hombres y cosas en base al criterio de nuestra conveniencia, de nuestra satisfacción, de nuestro prestigio, no actuamos con la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si andamos por este camino del buscar sólo el interés personal, caminamos en las sombras.

Que la Virgen Santa, que fue la primera en acoger a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger de nuevo en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo, que todos hemos recibido. Y que esta nueva iluminación se transforme, nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo.

 

 

Beatos mártires de Almería testigos de Cristo y de su paz, impulsen el compromiso de la Iglesia. Aliento del Papa

El Papa Francisco en la cita del Ángelus dominical - AFP

26/03/2017 12:12

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 Los mártires de Almería son testigos heroicos de Cristo y su Evangelio de paz, destacó el Papa Francisco, recordando a los nuevos beatos españoles, después del rezo del Ángelus:

«Ayer en Almería, España, han sido proclamados beatos José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires. Estos sacerdotes, religiosos y laicos han sido testigos heroicos de Cristo y de su Evangelio de paz y reconciliación fraterna. Que su ejemplo e intercesión sostengan el compromiso de la Iglesia en la edificación de la civilización del amor».

Como es tradicional, el Obispo de Roma saludó a los fieles romanos y peregrinos de Italia y de otros países, que acudieron a la cita mariana dominical. Citando, en particular a los de Córdoba, España; y a los adolescentes del decanato ‘Romana-Vittoria’, de Milán.

Y hablando de Milán, el Obispo de Roma expresó su agradecimiento por la calurosa acogida que recibió en su visita pastoral, destacando que se sintió en casa:

«A propósito de Milán, quisiera agradecer al Cardenal Arzobispo y a todo el pueblo milanés por la calurosa acogida de ayer.

Verdaderamente, me sentí en casa… y ello con todos, creyentes y no creyentes.

Les agradezco mucho queridos milaneses y les diré una cosa: he comprobado que es verdad lo que se dice «en Milán se recibe con el corazón en la mano». ¡Gracias!

 

 

Homilía del Papa en Monza: “Dios continúa buscando corazones dispuestos a creer a pesar de las adversidades”

Santa Misa del Papa Francisco celebrada en el Parque de Monza, en el marco de su Visita Pastoral a Milán. - REUTERS

25/03/2017 15:55

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“Como ayer, Dios continúa buscando aliados, continúa buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Espíritu. Dios continúa recorriendo nuestros barrios y nuestras calles, se lanza en todo lugar en búsqueda de corazones capaces de escuchar su invitación y de hacerlo carne aquí y ahora”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Santa Misa celebrada en el Parque de Monza, en el marco de su Visita Pastoral a Milán.

Esta mañana después de haber encontrado a las familias residentes de las “Casas Blancas”, donde viven numerosos inmigrantes y ancianos; dialogó en la Catedral de Milán, con los sacerdotes, religiosos, religiosas y consagrados de esta arquidiócesis; sucesivamente, el Obispo de Roma rezó el Ángelus, para luego visitar y almorzar con los presidiarios de la Cárcel de “San Vittore”.

Por la tarde, tuvo lugar el caluroso encuentro con los fieles de la diócesis de Milán en el Parque de Monza, donde celebró la Eucaristía en una catedral a cielo abierto. En su homilía, el Papa Francisco comparó dos anuncios que nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo Jesús. “Hemos apenas escuchado el anuncio más importante de nuestra historia – dijo el Pontífice – la anunciación a María y el anuncio del nacimiento de Juan Bautista. Dos anuncios que se subsiguen y que están unidos; dos anuncios que, comparados entre ellos, nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo”.

Un contraste que nos señala que el nuevo Templo de Dios, precisó el Papa, el nuevo encuentro de Dios con su pueblo tendrá lugar en un sitio que normalmente no nos esperamos, en los márgenes, en las periferias. “Ahí se encontrarán, ahí Dios se hará carne para caminar junto a nosotros desde el seno de su Madre”. Porque Dios mismo, señaló el Pontífice, es quien toma la iniciativa elige quedarse en nuestras casas, en nuestras luchas cotidianas, llenas de ansias y anhelos”. Es justamente dentro de nuestras ciudades, agregó el Obispo de Roma, dentro de nuestras escuelas y universidades, de las plazas y de los hospitales que se cumple el anuncio más bello que podemos escuchar: “Alégrate, el Señor está contigo”. Es el anuncio de una alegría que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en el modo en el cual vemos el mañana, en la actitud con la cual vemos a los demás. Una alegría que se hace solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia los demás.

Texto y audio completo de la homilía del Papa Francisco

Hemos apenas escuchado el anuncio más importante de nuestra historia: la anunciación a María (Cfr. Lc 1,26-38). Un pasaje denso, lleno de vida, y que me gusta leer a la luz de otro anuncio: aquel del nacimiento de Juan Bautista (Cfr. Lc 1,5-20). Dos anuncios que se subsiguen y que están unidos; dos anuncios que, comparados entre ellos, nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo.

La anunciación de Juan Bautista sucede cuando Zacarías, sacerdote, listo para dar inicio a la acción litúrgica entra en el Santuario del Templo, mientras toda la asamblea está afuera en espera. La anunciación de Jesús, en cambio, sucede en un lugar perdido de Galilea, en una ciudad periférica y con una fama no particularmente buena (Cfr. Jn 1,46), en el anonimato de la casa de una joven llamada María.

Un contraste no de poca importancia, que nos señala que el nuevo Templo de Dios, el nuevo encuentro de Dios con su pueblo tendrá lugar en un sitio que normalmente no nos esperamos, en los márgenes, en las periferias. Ahí se darán cita, ahí se encontrarán; ahí Dios se hará carne para caminar junto a nosotros desde el seno de su Madre. No habrá más un lugar reservado a pocos mientras la mayoría permanece afuera en espera. Nada ni nadie será indiferente, ninguna situación será privada de su presencia: la alegría de la salvación tiene inicio en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret.

Dios mismo es Quien toma la iniciativa y escoge quedarse, como hizo con María, en nuestras casas, en nuestras luchas cotidianas, llenas de ansias y anhelos. Y es justamente dentro de nuestras ciudades, de nuestras escuelas y universidades, de las plazas y de los hospitales que se cumple el anuncio más bello que podemos escuchar: «Alégrate, el Señor está contigo». Una alegría que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en el modo en el cual vemos el mañana, en la actitud con la cual vemos a los demás. Una alegría que se hace solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia los demás.

Al igual que María, también nosotros podemos ser invadidos por el desconcierto. ¿«Cómo sucederá esto» en tiempos llenos de especulación? Si se especula hoy sobre la vida, sobre el trabajo, sobre la familia. Se especula sobre los pobres y sobre los marginados; se especula sobre los jóvenes y sobre su futuro. Todo parece reducirse a cifras, dejando, de otro lado, que la vida cotidiana de tantas familias se manche de precariedad y de inseguridad. Mientras el dolor toca muchas puertas, mientras en tantos jóvenes crece la insatisfacción por falta de reales oportunidades, la especulación abunda por todas partes.

Ciertamente, el ritmo vertiginoso al cual estamos sometidos pareciera robarnos la esperanza y la alegría. Las presiones y las impotencias ante tantas situaciones parecieran vaciar el alma y hacernos insensibles ante numerosos desafíos. Y paradójicamente cuando todo se acelera para construir – en teoría – una sociedad mejor, al final no se tiene tiempo para nada y para nadie. Perdemos el tiempo para la familia, el tiempo para la comunidad, perdemos el tiempo para la amistad, para la solidaridad y para la memoria.

Nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo es posible vivir la alegría del Evangelio hoy dentro de nuestras ciudades? ¿Es posible la esperanza cristiana en esta situación, aquí y ahora?

Estas dos preguntas tocan nuestra identidad, la vida de nuestras familias, de nuestros países y de nuestras ciudades. Tocan la vida de nuestros hijos, de nuestros jóvenes y exigen de nuestra parte un nuevo modo de situarnos en la historia. Si continúa a ser posible la alegría y la esperanza cristiana no podemos, no queremos permanecer delante a tantas situaciones dolorosas como meros espectadores que miran al cielo esperando que “deje de llover”. Todo lo que sucede exige de nosotros que miremos al presente con audacia, con la audacia de quien conoce la alegría de la salvación toma forma en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret.

Ante el desconcierto de María, ante nuestros desconciertos, tres son las claves que el Ángel nos ofrece para ayudarnos a aceptar la misión que nos es confiada.

El primer desafío: Evocar la Memoria

La primera cosa que el Ángel hace es evocar la memoria, abriendo así el presente de María a toda la historia de la salvación. Evoca la promesa hecha a David como fruto de la alianza con Jacob. María es la hija de la Alianza. También nosotros somos invitados a hacer memoria, a mirar nuestro pasado para no olvidar de dónde venimos. Para no olvidarnos de nuestros antepasados, de nuestros abuelos y de todo aquello que han pasado para llegar a donde estamos hoy. Esta tierra y su gente han conocido el dolor de dos guerras mundiales; y a veces han visto su meritada fama de laboriosidad y civilización contaminada de descontroladas ambiciones. La memoria nos ayuda a no permanecer prisioneros de discursos que siembran fracturas y divisiones como único modo de resolver los conflictos. Evocar la memoria es el mejor antidotito a nuestra disposición ante soluciones mágicas de la división y de la extrañez.

El segundo desafío: La pertenencia al Pueblo de Dios

La memoria permite a María de apoyarse en su pertenencia al Pueblo de Dios. ¡Nos hará bien recordar que somos miembros del Pueblo de Dios! Milaneses, sí, Ambrosianos, cierto, pero parte del gran Pueblo de Dios. Un pueblo formado de mil rostros, historia y proveniencias, un pueblo multicultural y multiétnico. Esta es una de nuestras riquezas. Es un pueblo llamado a hospedar las diferencias, a integrarlas con respeto y creatividad y a celebrar la novedad que proviene de los demás; es un pueblo que no tiene miedo de abrazar los confines, las fronteras; es un pueblo que no tiene miedo de acoger a quien se encuentra en la necesidad porque sabe que ahí está presente su Señor.

Y la tercera clave de desafío es la posibilidad de lo imposible

«Nada es imposible a Dios» (Lc 1,37): así termina la respuesta del Ángel a María. Cuando creemos que todo depende exclusivamente de nosotros permanecemos prisioneros de nuestras capacidades, de nuestras fuerzas, de nuestros miopes horizontes. Cuando en cambio, nos disponemos a dejarnos ayudar, a dejarnos aconsejar, cuando nos abrimos a la gracia, parece que lo imposible comienza a hacerse realidad. Lo saben bien estas tierras que, en el curso de su historia, han generado muchos carismas, muchos misioneros, mucha riqueza para la vida de la Iglesia. Tantos rostros que, superando el pesimismo estéril y divisor, se han abierto a la iniciativa de Dios y se han convertido en signo de cuanto fecunda puede ser una tierra que no se deja cerrar en sus propias ideas, en sus propios límites y en sus propias capacidades y se sabe abrir a los demás.

Como ayer, Dios continúa buscando aliados, continúa buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Espíritu. Dios continúa recorriendo nuestros barrios y nuestras calles, se lanza en todo lugar en búsqueda de corazones capaces de escuchar su invitación y de hacerlo carne aquí y ahora. Parafraseando a San Ambrosio en su comentario a este pasaje podemos decir: Dios continúa buscando corazones como aquel de María, dispuestos a creer a pesar de las condiciones del todo extraordinarias (Cfr. Exp. del Evan. seg. Lucas II, 17: PL 15, 1559). El Señor acreciente en nosotros esta fe y esta esperanza.

 

 

«Nada es imposible para Dios», aliento del Papa a los jóvenes en su visita a Milán

Francisco compartió también en Milán con los chicos que se preparan para la Confirmación. Fue un diálogo - REUTERS

25/03/2017 16:43

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 La tarde del sábado 25 de marzo, tras una intensa jornada de actividades, incluida la celebración de la Santa Misa en el parque milanés Monza, el Papa Francisco culminó su visita en Milán con un emotivo encuentro multitudinario con los jóvenes que recibirán este año el sacramento de la confirmación y que tuvo lugar en el Estadio de San Siro.

 

La cita, a la que asistieron aproximadamente 70.000 chicos y chicas procedentes de varias diócesis italianas acompañados por padres, maestros y catequistas, estuvo marcada por un ambiente de alegría y complicidad entre los jóvenes y el Pontífice, que escucharon con gran atención las palabras que les dirigió el Santo Padre centradas especialmente en la importancia de vivir la vida cristiana con "docilidad al Espíritu Santo".

A lo largo de este encuentro, animado con música, cánticos y varias actuaciones artísticas, hubo espacio también para la lectura y profundización del Evangelio del día. Posteriormente, tres representantes de los grupos de participantes, un joven, un padre y un catequista plantearon tres preguntas al Papa Francisco, quien respondió, como es habitual en él, espontáneamente y con el corazón.

Francisco concluyó el evento con un conmovedor llamamiento a luchar contra el bullying, y a denunciar los casos de los que se tenga conocimiento. "Es un fenómeno muy feo que daña a nuestra sociedad y me preocupa mucho", dijo el Papa, invitando a los jóvenes que se confirmarán dentro de poco, a preguntarse a sí mismos si se burlan, se ríen o maltratan a algún amigo, compañero o vecino y pidiéndoles que le prometan a él y también a Jesús que no harán bullying jamás y que asimismo evitarán que otros lo hagan. 

A continuación las preguntas y las respuestas del encuentro

-Pregunta de David, un joven: ¿Cuando tenías nuestra edad, qué cosas te ayudaban a hacer crecer la amistad con Jesús?

Buenas tardes. David ha hecho una pregunta muy simple que para mí es fácil de responder porque solamente debo hacer un poco de memoria. Memoria de los tiempos en los cuales yo tenía la edad de ustedes, y la respuesta tiene tres elementos con un vínculo en común. Los primeros que me han ayudado han sido los abuelos. Ustedes se preguntarán...pero cómo Padre... ¿los abuelos pueden hacer crecer la amistad con Jesús qué piensan ustedes? ¿Pero ... cómo? Ustedes dirán...Los abuelos son de otra época, los abuelos no saben usar el ordenador, no tienen celulares. ¿Pregunto una vez más, los abuelos pueden ayudarnos a hacer crecer la amistad con Jesús?

Si, claro que sí. Esta ha sido mi experiencia, los abuelos me han hablado normalmente de las cosas de la vida. Un abuelo mío era carpintero, el mismo oficio de Jesús, así cuando miraba a mi abuelo pensaba en Jesús. El otro abuelo me decía: "nunca vayas a la cama sin decirle una palabra a Jesús", mi abuela me ha enseñado a rezar, también mi madre y mi otra abuela igual.

 Lo importante es que los abuelos tienen sabiduría de la vida. Ellos con esa sabiduría nos enseñan cómo estar más cerca de Jesús. A mí me lo enseñaron. Un consejo: hablen con los abuelos, háganles todas las preguntas que quieran, hablen… es importante en estos tiempos hablar con los abuelos. Después me ha ayudado mucho jugar con los amigos porque jugar bien y sentir la alegría del juego con los amigos sin insultarse, hace sentirnos más cerca de Jesús, nos hace pensar que así jugaba Jesús, pero les pregunto ¿Jesús jugaba? Él era Dios, ¿puede jugar Dios?...

Sí, la respuesta es sí. Jesús jugaba, jugaba con los demás. A nosotros nos hace bien jugar con los demás con los amigos, porque cuando el juego es limpio, se aprende a respetar a los otros, a hacer el trabajo en equipo, todos juntos y esto nos une a Jesús. Así que jugar con los amigos.

Uno de ustedes ha preguntado, ¿pelear con los amigos ayuda a conocer a Jesús?

No. Por eso, si uno discute (porque es normal pelear), pide perdón y se termina la historia, ¿está claro? A mí me ha ayudado mucho jugar con los amigos. Y una tercera cosa que me ha ayudado a crecer en la amista es laparroquia, el oratorio, reunirme con los otros. Esto es muy importante. A ustedes les gusta ir a la parroquia. Estas tres cosas, les harán crecer en la amistad con Jesús, es un consejo que les doy. Porque con estas tres cosas rezarán más. Y la oración es ese vínculo que une las tres cosas. 

-Los abuelos, mis amigos y la Parroquia.

-Pregunta de un padre: ¿Cómo transmitir a nuestros hijos la belleza de la fe? A veces parece verdaderamente difícil poder hablar de este tema sin ser aburridos y mundanos y peor aún, autoritarios?

-Creo que esta es una de las cuestiones clave que toca nuestras vidas como padres, como pastores, como educadores: la transmisión de la fe. Y me gustaría encomendarla a ustedes. Los invito a recordar cuáles han sido las personas que han dejado una huella en su fe y qué cosa de ellas les impresionó más.

Los invito, a ustedes padres, a volver a ser niños por unos minutos y a recordar las personas que los ayudaron a creer. ¿Quién me ha ayudado a creer?  El padre, la madre, los abuelos, una catequista, una tía, el párroco, un vecina quizás… todos llevamos con nosotros en la memoria, pero especialmente en el corazón, a alguien que nos ha ayudado a creer. Ahora los invito a hacer un minuto de silencio y a preguntarse...  ¿Quién me ha ayudado a creer? Y yo respondo también y para responder con sinceridad debo regresar en el recuerdo a Lombardía, a mí me ha ayudado a crecer en la fe un sacerdote muy bueno que me ha bautizado y luego me ha acompañado hasta la entrada al noviciado. Y esto lo debo a ustedes los lombardos. Y no me olvido más de aquel sacerdote, nunca, nunca, era un apóstol del confesionario. Misericordioso, bueno, trabajador y así me ha ayudado a crecer en la fe. Se preguntarán el porqué de este pequeño ejercicio. Nuestros hijos nos miran constantemente, aunque no nos demos cuenta, ellos nos observan todo el tiempo e intentan imitarnos. Conocen nuestras alegrías, nuestras tristezas y preocupaciones. Cuánto sufren los niños cuando los padres pelean, cuando se separan. Cuando se trae un hijo al mundo, ustedes deben tener conciencia de esto. Ustedes deben tomar la responsabilidad de hacer crecer en la fe a este hijo. Les ayudara tanto leer la exhortación Amoris Laetitia, sobre todo los primeros capítulos sobre el amor en el matrimonio, el capítulo cuatro. No se olviden ... cuando ustedes pelean los niños sufren y no crecen en la fe.Consiguen captar todo y como son muy intuitivos, sacan sus propias conclusiones y enseñanzas. Saben cuando les hacemos trampas o cuando no. Lo saben, son muy listos. Por eso, una de las primeras cosas que les digo a ustedes es, cuídenlos, cuiden el corazón de sus hijos, cuiden sus alegrías y esperanzas. Los "ojitos" de sus hijos, poco a poco memorizan y leen con el corazón cómo la fe es una de las mejores herencias que han recibido de sus padres, de sus ancestros. Mostrarles como la fe te ayuda a salir adelante, no con una actitud pesimista sino con confianza.

Hay un dicho que dice : "Las palabras se las lleva el viento", pero lo que se siembra en la memoria, en el corazón, permanece para siempre”.

En segundo lugar, en varios países, muchas familias tienen la costumbre de ir a misa juntos, después van a un parque y llevan a sus hijos a jugar juntos. Esto es bello porque ayuda a cumplir con el mandamiento “ santificar las fiestas”. No sólo ir a Misa a rezar, o a dormirse... (sucede eh)... risas...No sólo ir a misa sino estar un poco juntos recuperando una bella tradición que en Buenos Aires llamamos “dominguear”, es decir, “vivir el domingo”. Creo que esto es un elemento bello para redescubrir y valorar. Estos tiempos son muy difíciles, porque tantos padres para dar de comer a sus hijos deben trabajar también los domingos. Yo siempre les pregunto a los padres cuando me dicen que pierden la paciencia con los hijos, les digo... ¿tú juegas con tus hijos? y no saben qué responder. Los padres en estos tiempos no pueden o han perdido el hábito de jugar con sus hijos. Quédense con esto: jugar con los hijos,  "perder el tiempo" en jugar con ellos y transmitirles la fe de nuestros antepasados, es la gratuidad de Dios.

Y en tercer lugar, es fundamental la educación familiar en la solidaridad. Me gusta acentuar la importancia de la alegría, la gratuidad y el buscar a otras familias para vivir y compartir la fe como un espacio de gozo familiar. "No hay fiesta sin solidaridad, ni solidaridad sin fiesta", porque cuando uno es solidario es alegre también y si es alegre es solidario. Educar a los hijos en la solidaridad que cuesta, no la que sobra. Y esto nuestros hijos lo aprenden en casa.

-Pregunta de un catequista: Nuestro Arzobispo nos ha animado desde hace tiempo a constituir una “comunidad educadora”, en la que el compartir fraterno entre catequistas, maestros, padres y entrenadores sostenga el deber educativo común. ¿Qué consejos nos puede dar para abrirnos a la escucha y al diálogo con todos los educadores que tienen que ver con nuestros jóvenes?

-Primero, una educación basada en el pensar, hacer y sentir ( cabeza, manos, corazón). El conocimiento es multiforme y nunca uniforme. Muchas veces los maestros piensan que su materia es la más importante de todas. Muchos piensan que su área de enseñamiento es única. Somos un poco celosos de nuestras cosas, y no nos damos cuenta de que todos estamos formando al mismo niño o joven. Por eso es fundamental ponernos de acuerdo para mostrar que todos los saberes son importantes y que cuanto más se desarrollan, más rica es la educación.

En cuanto al punto precedente, entre nuestros estudiantes hay algunos que destacan más en el deporte, otros en las ciencias, las matemáticas, etc. Un buen maestro, educador o entrenador sabe estimular las buenas cualidades de sus alumnos, sin descuidar a los demás, buscando siempre la complementariedad. Ninguno puede ser bueno en todo y esto debemos enseñárselo a nuestros alumnos.

Otro punto que considero importante es la educación por proyectos. Poder enseñar a trabajar de manera poliédrica y no lineal. Que puedan estudiar el mismo fenómeno de diversas perspectivas y hacer propuestas. Sí, hacer propuestas de mejora, que ellos se sientan partícipes de su propia educación. A veces veo programas educativos que quieren convertir a los alumnos en super hombres y super mujeres. De esta manera se les somete desde pequeños a presiones muy fuertes. Está bien estimularlos pero atención: los niños también tienen necesidad de jugar, de divertirse, de dormir. Esto forma parte del crecimiento. Los descansos, el reposo, el juego, así como la frustración, son partes importantes del crecimiento.

Recuperar el asombro de equilibrar el determinismo. La tecnología nos ofrece muchas cosas y permite a nuestros jóvenes conocer tanto y de manera instantánea. Han llegado a tener un acceso a la información que jamás habríamos imaginado. Muchas veces hablando con algunos de ellos me sorprendo de las cosas que saben, o las buscan sin problema y te dicen: “ahora lo busco”. Esto les ofrece muchos instrumentos y posibilidades. Pero hay una cosa que la tecnología no puede dar: la compasión. Y esto se aprende sólo entre humanos, con los demás.

Por último, quisiera mencionar un fenómeno muy feo en esta época que me preocupa mucho: el bullying. Estén atentos. Y ahora les pregunto a ustedes jóvenes que se van a confirmar.  Les  pregunto: ¿en su barrio hay algún joven del cual se ríen o se burlan? ya sea por su aspecto físico o que incluso le peguen. Esto se llama bullying. Por favor, les pido que para recibir el sacramento de la santa confirmación hagan la promesa de que jamás harán esto y de que jamás permitirán que esto le pase a otros. ¿Me lo prometen?.

¡Sí!, contestan los jóvenes a gritos.

El Papa continúa: Nunca por favor, se rían o se burlen de un compañero, un vecino, un amigo...¿me lo prometen? Ahora en silencio piensen que cosa fea es esto y piensen si son capaces de prometérselo a Jesús. ¿Prometen a Jesús que jamás harán este bullying?

¡Sí!, contestan los jóvenes a gritos.g

 

Cuaresma. 4ª semana. Lunes

LA ORACIÓN PERSONAL

— Necesidad de la oración. El ejemplo de Jesús.

— Oración personal: diálogo confiado con Dios.

— Poner los medios para rezar con recogimiento y evitar las distracciones.

I. Estaba Jesús orando en cierto lugar...1. Muchos pasajes del Evangelio muestran a Jesús que se retiraba y quedaba a solas para orar2; y se pone particularmente de relieve en los momentos más importantes de su ministerio público: Bautismo3, elección de los Apóstoles4, primera multiplicación de los panes5, transfiguración6, etcétera. Era una actitud habitual de Jesús: «A veces, pasaba la noche entera ocupado en coloquio íntimo con su Padre. ¡Cómo enamoró a los primeros discípulos la figura de Cristo orante!»7. ¡Cómo nos ayuda a nosotros!

En esta Cuaresma podemos fijarnos especialmente en una escena que contemplamos en el Santo Rosario: la oración de Jesús en el Huerto. Inmediatamente antes de entregarse a la Pasión, el Señor se dirige con los Apóstoles al Huerto de Getsemaní. Muchas veces había rezado Jesús en aquel lugar, pues San Lucas dice: Salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos8. Pero esta vez la oración de Jesús tendrá un matiz muy particular, porque ha llegado la hora de su agonía.

Llegado a Getsemaní, les dijo: Orad, para no caer en tentación9. Antes de retirarse un poco para orar, el Señor pide a los Apóstoles que permanezcan también en oración. Sabe Jesús que se acerca para ellos una fuerte tentación de escándalo al ver que es apresado su Maestro. Se lo ha comunicado ya durante la Última Cena, y ahora les advierte que no podrán resistir la prueba si no permanecen vigilantes y orando.

La oración es indispensable para nosotros, porque si dejamos el trato con Dios, nuestra vida espiritual languidece poco a poco. «Si se abandona la oración, primero se vive de las reservas espirituales..., y después, de la trampa»10. En cambio, la oración nos une a Dios, que nos dice: Sin mí no podéis hacer nada11. Conviene orar perseverantemente12, sin desfallecer nunca. Hemos de hablar con Él y tratarle mucho, con insistencia, en todas las circunstancias de nuestra vida. Además, ahora, durante este tiempo de Cuaresma, vamos con Jesucristo camino de la Cruz, y «sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!»13.

El Señor nos enseña con el ejemplo de su vida cuál ha de ser nuestra actitud: dialogar siempre filialmente con Dios. «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»14. Siempre hemos de procurar tener presencia de Dios y contemplar los misterios de nuestra fe. Ese diálogo con Dios no debe interrumpirse; más aún, debe hacerse en medio de todas las actividades. Pero es indispensable que sea más intenso en esos ratos que diariamente dedicamos a la oración mental: meditamos y hablamos en su presencia sabiendo que verdaderamente Él nos oye y nos ve. Quizá sea la necesidad de la oración, junto con la de vivir la caridad, uno de los puntos en los que el Señor insistió más veces en su predicación.

II. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya15.

Cuando el sufrimiento espiritual es tan intenso que le hace entrar en agonía, el Señor se dirige a su Padre con una oración llena de confianza. Le llama Abba, Padre, y le dirige palabras íntimas. Ese es el camino que debemos seguir también nosotros. En nuestra vida habrá momentos de paz espiritual y otros de lucha más intensa, quizá de oscuridad y de dolor profundo, con tentaciones de desaliento... La imagen de Jesús en el Huerto nos señala cómo hemos de proceder siempre: con una oración perseverante y confiada. Para avanzar en el camino hacia la santidad, pero especialmente cuando sintamos el peso de nuestra debilidad, hemos de recogernos en oración, en conversación íntima con el Señor.

La oración pública (o en común) en la que participan todos los fieles es santa y necesaria, pues Dios quiere ver a sus hijos también juntos orando16, pero nunca puede sustituir al precepto del Señor: tú, en tu aposento, cerrada la puerta, ora a tu Padre17. La liturgia es la oración pública por excelencia, «es la cumbre hacia la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo fuente de donde mana toda su fuerza (...). Con todo, la vida espiritual no se contiene en la sola participación de la sagrada Liturgia. Pues el cristiano, llamado a orar en común, debe sin embargo entrar también en su aposento y orar a su Padre en lo oculto, es más, según señala el Apóstol, debe rezar sin interrupción (1 Tes, 5, 17)»18.

La oración hecha en común con otros cristianos también debe ser oración personal, mientras los labios la recitan con las pausas oportunas y la mente pone en ella toda su atención.

En la oración personal se habla con Dios como en la conversación que se tiene con un amigo, sabiéndolo presente, siempre atento a lo que decimos, oyéndonos y contestando. Es en esta conversación íntima, como la que ahora intentamos mantener con Dios, donde abrimos nuestra alma al Señor, para adorar, dar gracias, pedirle ayuda, para profundizar –como los Apóstoles– en las enseñanzas divinas. «Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!; y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.

»En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”»19.

Nunca puede ser plegaria anónima, impersonal, perdida entre los demás, porque Dios, que ha redimido a cada hombre, desea mantener un diálogo con cada uno de ellos, y al final de la vida la salvación o condenación dependerán de la correspondencia personal de cada uno. Debe ser el diálogo de una persona concreta –que tiene un ideal y una profesión determinada, y unas amistades propias..., y unas gracias de Dios específicas– con su Padre Dios.

III. Cuando se levantó de la oración y llegó hasta los discípulos, los encontró adormilados por la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en tentación20.

Los apóstoles han descuidado el mandato del Señor. Los había dejado allí, cerca de Él, para que velaran y orasen y así no cayeran en la tentación: pero aún no aman bastante, y se dejan vencer por el sueño y la flaqueza, abandonando a Jesús en aquel momento de agonía. El sueño, imagen de la debilidad humana, ha permitido que se apodere de ellos una tristeza mala: decaimiento, falta de espíritu de lucha, abandono de la vida de piedad.

No caeremos en esa situación si mantenemos vivo el diálogo con Dios en cada rato de oración. Frecuentemente tendremos que acudir a los Santos Evangelios o a otro libro –como este que lees–, para que nos ayude a encauzar ese diálogo, aproximarnos más al Señor, en el que nada ni nadie nos puede sustituir. Así hicieron muchos santos: «Si no era acabando de comulgar –dice Santa Teresa– jamás osaba comenzar a tener oración sin libro, que tanto temía mi alma estar sin él en oración, como si con mucha gente fuera a pelear. Con este remedio, que era como una compañía o escudo en que había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada»21.

Hemos de poner los medios para hacer esa oración mental con recogimiento. En el lugar más adecuado según nuestras circunstancias, siempre que sea posible, ante el Señor en el Sagrario. Y a la hora que hayamos determinado en nuestro plan de vida ordinario. En la oración estaremos también prevenidos contra las distracciones; esto supone, en gran medida, la mortificación de la memoria y de la imaginación, apartando lo que nos impida estar atentos a nuestro Dios. Hemos de evitar el tener «los sentidos despiertos y el alma dormida»22.

Si luchamos con decisión contra las distracciones, el Señor nos facilitará la vuelta al diálogo con Él; además, el Ángel Custodio tiene, entre otras, la misión de interceder por nosotros. Lo importante es no querer estar distraídos y no estarlo voluntariamente. Las distracciones involuntarias, que nos vienen a pesar nuestro, y que procuramos rechazar en cuanto somos conscientes, no quitan provecho ni mérito a nuestra oración. No se enfadan el padre y la madre porque balbucee sin sentido el niño que todavía no sabe hablar. Dios conoce nuestra flaqueza y tiene paciencia, pero hemos de pedirle: «concédenos el espíritu de oración»23.

Al Señor le será grato que hagamos el propósito de mejorar en la oración mental todos los días de nuestra vida; también aquellos en los que nos parezca costosa, difícil y árida, porque «la oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada»24. Si lo hacemos así, toda nuestra vida saldrá enriquecida y fortalecida. La oración es un potentísimo faro que da luz para iluminar mejor los problemas, para conocer mejor a las personas y así poder ayudarlas en su caminar hacia Cristo, para situar en su verdadero lugar aquellos asuntos que nos preocupan. La oración deja en el alma una atmósfera de serenidad y de paz que se transmite a los demás. La alegría que produce es un anticipo de la felicidad del Cielo.

Ninguna persona de este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre Santa María, que pasó largas horas mirándole, hablando con Él, tratándole con sencillez y veneración. Si acudimos a Nuestra Madre del Cielo, aprenderemos muy pronto a hablar, llenos de confianza, con Jesús, y a seguirle de cerca, muy unidos a su Cruz.

1 Lc 11, 1-3. — 2 Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 16; etc. — 3 Cfr. Lc 3, 21. — 4 Cfr. Lc 6, 12. — 5 Cfr. Mc 6, 46. — 6 Cfr. Lc 9, 29. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 119. — 8 Lc 22, 39. — 9 Lc 22, 40. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 445. — 11 Jn 15, 5. — 12 Cfr. Lc 18, 1. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 89. — 14 Santa Teresa, Vida, 8, 2. — 15 Lc 22, 41-42. — 16 Cfr. Mt 18, 19-20. — 17 Mt 6, 6. — 18 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 10, 12. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 91. — 20 Lc 22, 45-46. — 21 Santa Teresa, Vida, 6, 3. — 22 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 368. — 23 Preces de laudes. Lunes IV semana de Cuaresma. — 24 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 464.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

“Dios ama al que da con alegría”

¡Sufres! –Pues, mira: “El” no tiene el Corazón más pequeño que el nuestro. –¿Sufres? Conviene. (Camino, 230)

Te advierto que las grandes penitencias son compatibles también con las caídas aparatosas, provocadas por la soberbia. En cambio, con ese deseo continuo de agradar a Dios en las pequeñas batallas personales -como sonreír cuando no se tienen ganas: yo os aseguro, además, que en ocasiones resulta más costosa una sonrisa que una hora de cilicio-, es difícil dar pábulo al orgullo, a la ridícula ingenuidad de considerarnos héroes notables: nos veremos como un niño que apenas alcanza a ofrecer a su padre naderías, pero que son recibidas con inmenso gozo.

Luego, ¿un cristiano ha de ser siempre mortificado? Sí, pero por amor. (…) Quizá hasta estos momentos no nos habíamos sentido urgidos a seguir tan de cerca los pasos de Cristo. Quizá no nos habíamos percatado de que podemos unir a su sacrificio reparador nuestras pequeñas renuncias: por nuestros pecados, por los pecados de los hombres en todas las épocas, por esa labor malvada de Lucifer que continúa oponiendo a Dios su non serviam! ¿Cómo nos atreveremos a clamar sin hipocresía: Señor, me duelen las ofensas que hieren tu Corazón amabilísimo, si no nos decidimos a privarnos de una nimiedad o a ofrecer un sacrificio minúsculo en alabanza de su Amor? La penitencia -verdadero desagravio- nos lanza por el camino de la entrega, de la caridad. Entrega para reparar, y caridad para ayudar a los demás, como Cristo nos ha ayudado a nosotros.

De ahora en adelante, tened prisa en amar. El amor nos impedirá la queja, la protesta. Porque con frecuencia soportamos la contrariedad, sí; pero nos lamentamos; y entonces, además de desperdiciar la gracia de Dios, le cortamos las manos para futuros requerimientos. Hilarem enim datorem diligit Deus. Dios ama al que da con alegría, con la espontaneidad que nace de un corazón enamorado, sin los aspavientos de quien se entrega como si prestara un favor. (Amigos de Dios, nn. 139-140)

 

El corazón de una madre sólo lo entiende otra Madre

En la beatificación de Álvaro del Portillo, en Valdebebas, nos topamos con un matrimonio singular, y pensamos que debía proceder de algún lugar remoto entre Europa oriental y el sudeste asiático. Nada más…cerca. Venían de Valencia y nos ofrecieron un emocionante testimonio que publicamos bajo el título Los chicos del coro. Hoy, su hija Marina nos cuenta cómo terminó la historia de Luis y Kika y toda su familia. O, mejor dicho, cómo sigue, porque las historias felices nunca terminan.

En primera persona 24 de Marzo de 2017

pus Dei - El corazón de una madre sólo lo entiende otra Madre

Soy la tercera de una familia numerosa de trece hermanos. Mis padres siempre han sido profundamente cristianos; mi padre se parece al santo Job -y un poco a Papá Noel- y mi madre, a Judith por su belleza y su carácter.

 

ika y Marina, madre e hija.​Kika y Marina, madre e hija.

 

 

Ella fue siempre profunda en argumentos y sentimientos, rebelde en una sociedad acomodada y muy valiente. Pero sobre todo era madre por definición. Nos educó sin programas ni recetas, con la naturalidad de una familia, celebrando todo lo que se podía celebrar y estando muy presente en casa. Leía mucho, hablaba y disfrutaba con nosotros, y nos reñía de vez en cuando -tenía 113 motivos-. Todos recordamos el día en que fue a estampar una tarta en la cara de mi padre y, al ver su cara de susto, giró la mano, de forma que la tarta se incrustó en el techo. Mientras la recogían les entró la risa tonta y tras su reconstrucción nos la comimos felizmente.

Mi madre nos educó sin programas ni recetas, con la naturalidad de una familia, celebrando todo lo que se podía celebrar y estando muy presente en casa

A pesar de los lógicos roces, siempre nos hemos considerado una familia muy unida y privilegiada por tantos regalos recibidos de Dios a lo largo de los años: el mayor, el don de la fe, que pudimos reafirmar junto a Juan Pablo II en la misa del primer Encuentro de las Familias en 1994. Otro, saber disfrutar de la vida. Nos encantan las relaciones humanas, las reuniones con familiares y amigos, etc. Tener la oportunidad de vivir es una maravilla que siempre hemos valorado:

Los planes de Dios no son nuestros planes

Cuando yo tenía 19 años fui al Santuario de Torreciudad con unos amigos. Allí, mi hermana Paula, que es supernumeraria, me presentó a una chica del Opus Dei y, desde ese momento, empecé a ir a algunas actividades. Siempre pensé que mi vida sería similar a las de mis padres, por la gran admiración que les tenía y por mi inclinación natural al matrimonio y la maternidad. Sin embargo, los planes de Dios no son nuestros planes y, después de años de búsqueda, cuando estaba acabando la carrera de Arquitectura Técnica, descubrí que Dios me pedía una vida de entrega a Él y a los demás, como numeraria del Opus Dei. Poco antes, mi hermano Arturo había tomado la misma decisión de responder a la llamada de Dios.

Cuando lo hablé con mi madre, su reacción fue totalmente inesperada. No creía que tuviera verdadera vocación: montó literalmente en cólera y me dijo que, si quería vivir esa vida, me echaba de casa con lo puesto, y así lo hizo. Acto seguido, habló con mi hermano Arturo para decirle que hiciera la maleta y se fuera él también. Tanto nosotros como el resto de la familia estábamos muy desconcertados con lo que había pasado, pero el corazón de una madre sólo lo puede entender otra madre.

Mi padre también reaccionó mal al principio pero, después de escuchar mi historia, me dijo: “Esto es de Dios, cuando lo oiga tu madre seguro que se convence”; pero mi madre no tenía fuerzas para escuchar

Mi padre también reaccionó mal al principio pero, después de escuchar mi historia, me dijo: “Esto es de Dios, cuando lo oiga tu madre seguro que se convence”; pero mi madre no tenía fuerzas para escuchar. Mi padre siempre la ha apoyado, han sido un sólo corazón y una sola cabeza, y eso ha sido un ejemplo para todos. Se puede decir que han cumplido a la letra la promesa hecha en su matrimonio: “Te querré en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza... todos los días de mi vida”.

 

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​Muchas veces oía en mi corazón cómo el Señor me decía: “Ten confianza, tu cuida de mis cosas, que yo cuido de las tuyas”.

 

Dos semanas después volvimos a casa, pero nuestra familia ya no volvió a ser la misma. La relación con mi madre cambió bastante: habitualmente discutíamos y había incomprensiones mutuas. Yo sufría pensando que lo que me pedía Dios, podía separar a mi madre y a mis hermanos de Él y de la Iglesia. Muchas veces oía en mi corazón cómo el Señor me decía: “Ten confianza, tu cuida de mis cosas, que yo cuido de las tuyas”. Dentro de las “mías” estaba nuestra familia.

Pasaron los años y mi madre seguía sin comprender nuestra vocación, aunque las relaciones se fueron suavizando. El nacimiento de mi sobrina Marina nos acercó un poco más

Pasaron los años y mi madre seguía sin comprender nuestra vocación, aunque las relaciones se fueron suavizando. El nacimiento de mi sobrina Marina nos acercó un poco más. Mis padres seguían sin pisar los centros dónde vivíamos ni saber nada de nuestra vida con relación al Opus Dei. Nunca dejaron de querernos y contaban con nosotros. Solíamos ir por casa con frecuencia, aunque no tanta como ellos deseaban, y nos lo hacían notar. Arturo bromeaba con mi padre diciéndole que no tenía el “don de la bilocación”, que querría estar siempre en sus dos casas. Una Nochebuena, mi padre le regaló un anillo de la bilocación -de papel-, pero lógicamente, no funcionó. Yo lo llevaba peor, porque no conseguía bromear con mi madre. Como el tiempo pone las cosas en su sitio, mi madre terminó por admitir que la nuestra era verdadera vocación y no el fruto de una “volada” y contaba con nosotros para que rezáramos por diversas intenciones, que casi siempre tenían que ver con mis hermanos y familiares.

Una enorme crisis familiar

La armonía familiar parecía restablecida, pero cuando ya habían pasado catorce años desde el primer “terremoto”, mi hermana Paz decidió entregarse a Dios como consagrada del Regnum Christi. Se entregó al Señor el día de mi cumpleaños, 27 de agosto de 2012, y considera la coincidencia una señal clara de que su respuesta es consecuencia de la mía. Nos preguntamos cómo reaccionarían nuestros padres. Pensábamos que quizá se lo tomarían bien, pero esta vez el equilibrio precario se rompió, desatando una enorme crisis. Tras años de sufrimiento moral, y cansada de ser “la mala de la película”, mi madre estalló. El día que se lo dijo, Paz se vio también de "patitas en la calle". Nos costaba entender esta falta de aceptación, pero mi madre era la primera que no aceptaba no aceptarlo.

En enero mi madre decidió marcharse a vivir al apartamento que tenemos en la playa y le dijo a mi padre que “había decidido separarse de él”

Ante esta nueva situación y la incapacidad de asumirla, mi madre se sumergió en una depresión bastante fuerte que le llevó a rechazar lo que más quería. En enero decidió marcharse a vivir al apartamento que tenemos en la playa y le dijo a mi padre que “había decidido separarse de él”. Al principio no la creímos porque parecía la típica amenaza que se pasa en poco tiempo; pero transcurrían días, semanas y meses y ella seguía sin querer saber nada de mi padre. Estaba cansada de asumir las decisiones importantes de la familia, de luchar por cada uno de nosotros y quería dejar de sufrir de una vez. Así que optó por “ojos que no ven, corazón que no siente”.

 

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​Sin saber qué hacer, decidimos pedirle con fuerza a la Virgen que nos devolviera a nuestra madre.

 

Sin saber qué hacer, decidimos pedirle con fuerza a la Virgen que nos devolviera a nuestra madre. Un día quedamos mi padre, Paz y yo para ir a un Santuario Mariano. En aquellas fechas, la renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco y otras circunstancias, la conmovieron. Por otro lado, a mi hermano le tocaba ser clavario en nuestra Cofradía de la Sangre y Cristo de San Marcelo y mi madre se desplazó a Segorbe con toda la familia, aunque seguía manteniendo cierta distancia con mi padre.

La Virgen de Torreciudad cambia los corazones

Hablé con mi madre y le propuse ir a Torreciudad tras Semana Santa, aprovechando que Arturo estaba allí en una convivencia con chavales y yo pasando unos días de descanso y formación en La Solana, una casa de retiros cercana. Para mi sorpresa, accedió. Mi madre seguía dura de corazón, sin ganas de cambiar.

El primer día, la invité a comer y a pasar la sobremesa conmigo en La Solana. La administración preparó paella valenciana y la gente estuvo muy cariñosa. Al acabar estaba feliz, conmovida por la atención y los detalles. Cuando me enteré que venía fui a hablar con don Javier Mora-Figueroa, que entonces era el rector del Santuario y le expliqué la situación: “Tiene que hablar con mi madre, tiene que ser usted”. Él, con la mejor de sus sonrisas, me replicó: “No, tiene que ser la Virgen; tú reza, pídeselo a Ella”.

“Tiene que hablar con mi madre, tiene que ser usted” -le pedí a D. Javier Mora-Figueroa-. Él, con la mejor de sus sonrisas, me replicó: “No, tiene que ser la Virgen; tú reza, pídeselo a Ella”

Durante esos días íbamos a comer con mi madre, de excursión, o visitábamos los lugares del santuario. Una tarde decidimos ir al rezo del rosario y la bendición con el Santísimo. Nada más acabar miré a mi madre, que estaba muy seria, y le dije: “Mamá, le he dicho al rector que estás aquí: ¿te gustaría hablar con él?” Ella sin dudar contestó: “Sí, ahora mismo”. Después me contó la conversación que había tenido con él, en concreto le dijo: “Reconozco tantos errores de mi vida… Pero no quiero cambiar, no quiero volver con mi marido, así que, no podría confesarme”. El sacerdote le dijo: “Tú por eso no te preocupes, que el propósito de la enmienda te lo dará Dios”. Y así fue porque al día siguiente quedaron para limpiar el alma. Ese día mi madre era otra vez mi madre y estaba feliz.

Una semana después mi madre volvió a Valencia con Arturo, contenta de volver a casa. Insegura de sí misma pero segura de Dios

Los días siguientes, tanto el rector como el vicerrector se volcaron con nosotros. Me impactaba el trato delicado y cariñoso, la comprensión y misericordia tan exquisitas. Una de las virtudes de las personas que acogen a la gente en Torreciudad es la capacidad para atenderte como si fueras la única persona en el mundo. En una visita guiada, el vicerrector nos enseñó la capilla de la Sagrada Familia. Nos dijo que allí se celebraban muchos aniversarios de boda. Mi madre dijo que ese 12 de octubre, hacían cuarenta años de casados, y sería buen momento para ir con todos. Entonces el vicerrector riendo dijo que sí, que esperar a los cincuenta es arriesgado; primero, porque hay que ver si llegas, y segundo, porque hay que ver cómo llegas. Una semana después mi madre volvió a Valencia con Arturo, contenta de volver a casa. Insegura de sí misma pero segura de Dios.

Una llamada urgente

El 24 de septiembre de 2013, me llamó mi padre alarmado para decirme que mi madre estaba en el hospital porque de repente tenía problemas serios en el habla. Fui corriendo y, cuando llegué, la doctora nos dijo que tenía un tumor cerebral bastante claro. Decidimos decírselo enseguida porque ella siempre ha querido saber la verdad y además es experta en pillarnos cualquier disimulo o mentira. Así que, con el alma rota, acompañamos a la médico. Estábamos en la habitación mi madre, Paula, mi padre y yo. Ante la noticia, mi madre miró a la doctora y le dijo: “Bueno, de algo hay que morirse; unos vamos antes y otros, después”. Entonces rompimos en sollozos y mi madre nos dijo que “no hiciéramos dramas y nos fuéramos a comer”.

Estábamos en la habitación mi madre, Paula, mi padre y yo. Ante la noticia, mi madre miró a la doctora y le dijo: “Bueno, de algo hay que morirse; unos vamos antes y otros, después”

En el bar, mi padre, entre lágrimas y con una risa nerviosa, me dijo que estaba alucinado de la fortaleza de mi madre y que pensaba que tendría que haber sido todo al revés: que la médico tendría que habérselo dicho a ella primero y después preguntarle: “Bien, señora, ¿en qué momento ve mejor que se lo comuniquemos a su esposo e hijos?”, porque realmente la noticia nos cayó como una bomba: mi madre era joven y nosotros todavía la necesitábamos mucho.

 

 

o le contesté: “A ver mamá, el Papa Francisco está hablando de misericordia. Dios se reir

Yo le contesté: “A ver mamá, el Papa Francisco está hablando de misericordia. Dios se reirá cuando llegues al Cielo y te dará un abrazo muy grande”.

 

Esa noche me quedé en el hospital con ella. Hubo un momento en el que, con cara de preocupación, me dijo: “Menudo palo me va a dar Dios cuando llegue a la otra vida, porque, tantos años oponiéndome a su voluntad...”. Yo le contesté: “A ver mamá, el Papa Francisco está hablando de misericordia. Dios se reirá cuando llegues al Cielo y te dará un abrazo muy grande”. Intentó sonreír, pero yo me di cuenta que no estaba tranquila. Me dormí en el sillón del hospital pidiendo al Señor que le diese la paz que le faltaba. Al día siguiente le dije: “Te traeré esta tarde rosquilletas. ¿Quieres algo más?”. Y ella contestó: “Sí, tráeme a un cura”. Durante su estancia en el hospital hablamos mucho de Dios, de la vida eterna, de la oración, etc. Le pedía al Señor que “le inflamase el corazón como a Santa Teresa de Jesús".

“Pensat y fet”

Después de mil pruebas, los médicos decidieron que había que operar el 14 de octubre. Llamamos al vicerrector de Torreciudad para decir que no podríamos celebrar allí el aniversario de mis padres. Mi madre estaba apenada por no ir. El 11 de octubre, a las tres de la madrugada rezaba: “Caray, Señor, te podrías haber esperado a lo del tumor un poco más y así nos habríamos ido a Torreciudad toda la familia”. Sintió que el Señor le contestaba: “¿Y quién te impide ir?”. Entonces pensó: “¡Es verdad! ¡Nadie nos impide ir!”, y se lo dijo a mi padre. A las 8 de la mañana estábamos todos avisados. Pidió permiso en el hospital y así, al más puro estilo valenciano -pensat y fet-, nos fuimos al día siguiente los treinta y seis en un autobús, ida y vuelta en el día.

El 11 de octubre, a las tres de la madrugada rezaba: “Caray, Señor, te podrías haber esperado a lo del tumor un poco más y así nos habríamos ido a Torreciudad toda la familia”. Sintió que el Señor le contestaba: “¿Y quién te impide ir?”

Para mí, ese día fue agridulce. Muy dulce por la maravilla de ir con todos a Torreciudad. Era la respuesta del Señor: “yo la lié, yo lo arreglé”. Pero un poco agrio porque pensaba que podría ser el último viaje que hiciéramos en familia; que la operación tenía un alto porcentaje de fracaso y mi madre estaba preparada para afrontar el paso al Cielo. San Josemaría afirmaba que Dios no es un cazador furtivo que se lleva a su presa en el momento más inesperado, sino que es un jardinero que corta la rosa en el momento más bello: así veía yo a mi madre, como una flor hermosa que se puede cortar. La Virgen derramó su gracia sobre cada uno de nosotros. Mis padres se quisieron volver a confesar antes de la ceremonia y alguno de mis hermanos dio un paso decisivo hacia la conversión. Solo podíamos dar gracias a Dios por la familia que nos había dado.

“Quiero dar testimonio”

El 14 de octubre la operación fue muy bien. Pudieron extirpar el tumor de manera limpia y sin dañar el cerebro. Por la tarde, vimos a mi madre en la UCI. A Arturo y a mí nos tocó los últimos. Entramos en el box y nos dijo con el rostro radiante: “Hoy ha sido el día más feliz de mi vida”. Le pregunté si había tenido miedo en la operación y contestó que no.

Unos días después, fui a dormir al hospital con ella y me atreví a preguntarle sobre lo que había pasado en la operación. Ella me dijo: “No lo sé exactamente, solo sé que Dios se me ha dado como un don, y no quiero perderlo. No entiendo cómo se me ha dado de este modo, yo que he estado tan lejos, yo que me he opuesto a su voluntad tantas veces, yo que el año pasado quería abandonar todo”. Le dije que ciertamente era un misterio, pero que siempre había intentado vivir rectamente y eso Dios lo veía. Se sentía como Dimas, el buen ladrón, que en el último momento le robó el Cielo a Jesucristo. Luego le pregunté: “Mamá, ¿y ahora entiendes nuestra vocación?” Y, sin casi dejarme acabar, me dijo: “No sólo la entiendo, sino que entiendo que es lo mejor que os ha podido pasar”. Después, hablando con una hermana, me contó que al entrar en planta tras la operación le dijo a varios hermanos: “Quiero que sepáis una cosa: me he pasado toda mi vida confiando mucho en Dios, pero confiando hasta un punto. Y ese punto era mi soberbia, y ese punto me impedía la unión con Dios y entender sus cosas”. Esos días también tuvo muchas palabras de reconciliación, ternura y comprensión con mi hermana Paz.

Luego le pregunté: “Mamá, ¿y ahora entiendes nuestra vocación?” Y, sin casi dejarme acabar, me dijo: “No sólo la entiendo, sino que entiendo que es lo mejor que os ha podido pasar”

Días después, nos decía que quería dar testimonio de una madre que ha vivido obcecada con la vocación de sus hijos, de una madre que se ha equivocado. No obstante mi madre no se equivocó, porque nos supo educar y nos enseñó a ser generosos, de modo que es una realidad que debemos el noventa por ciento de nuestra vocación a nuestros padres -como decía San Josemaría-; yo diría que en nuestro caso el 99%.

Al analizar el tumor, nos dieron la mala noticia de que le quedaban entre seis meses y un año de vida. Han sido meses de tratamiento: radioterapia, quimioterapia, etc., y de regalo de vida porque ahora han pasado dos años. Ha podido vivir acontecimientos importantes: bodas, bautizos, una peregrinación a Tierra Santa, visita a la Virgen de Fátima, a Torreciudad, etc. Pero no sólo eso, cada día nos ha enseñado nuevas cosas, ha tenido tiempo para pedir perdón, para dar gracias, para hablar con cada uno, para pedirnos que seamos no buenos sino santos.

 

o obstante mi madre no se equivocó, porque nos supo educar y nos enseñó a ser

​No obstante mi madre no se equivocó, porque nos supo educar y nos enseñó a ser generosos.

 

En septiembre de 2014, mis padres acudieron a la Beatificación de Álvaro del Portillo en Madrid. Fueron unos días inolvidables, también cargados de mucha gracia de Dios y agradecimiento por nuestra parte. Allí, el día de la Misa de acción de gracias, por “casualidad” pudieron decir unas palabras conmovedoras que se recogieron en la página web de la Obra, en un reportaje titulado Los chicos del coro.

La historia de conversión de mi madre ha sido la historia de conversión de mi padre y de cada uno de sus hijos. Ella decía que se iba a ir al Cielo a prepararnos la casa de modo que esté acogedora. Falleció el 24 de febrero 2016, rodeada de sus hijos y nietos con una gran serenidad y alegría. Ella es la que tirará desde arriba hasta conseguir que todos vayamos junto a ella, junto a la familia de Nazaret, junto a la Trinidad Beatísima. Allí en el Cielo no habrá ni llanto, ni dolor, ni quimios, ni incomprensiones... solo habrá una gran comunión de amor y espero encontraros a todos vosotros, los que leéis este relato. 

 

 

El rostro de Jesús

"Que busque tu rostro, que aprenda a encontrarlo y a mostrarlo, que sepa descubrirte en las cosas corrientes de mi vida, que advierta realmente que eres Tú", dice el autor de este artículo.

Cristo 20 de Febrero de 2016

pus Dei - El rostro de Jesús​ "El rostro de Jesús", artículo escrito por J. Diéguez.

El rostro de Jesús (PDF, para imprimir).

Varones de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? [1] . Los ojos de los Apóstoles habían quedado fijos en el lugar por donde Jesús se había marchado... Un ángel tuvo que advertirles de que la vida continuaba.

El mensajero de Dios no pretendía disminuir el interés de aquellos hombres por su Maestro, pero quizá sí hacerles pensar que a partir de entonces tendrían que aprender a verle de otra manera, a encontrarse con Él, con su mirada, en los demás y en las cosas ordinarias de la vida.

San Pablo entendió aquellos deseos de los Apóstoles, porque también él anhelaba estar con Cristo y verle cara a cara [2] . Pero, puestos a escoger, prefería seguir el tiempo que Dios quisiera contemplándole como en un espejo y borrosamente [3] , si así podía ayudar a otros a vivir en esa Luz [4] .

A los destinatarios de su misión apostólica, les aconsejaba con la fuerza de su ejemplo y de su palabra que, mientras estaban en este mundo, mantuviesen la mirada fija en el Cielo, donde está Cristo: si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios [5] .

Quæ sursum sunt quærite! [6] . ¡Buscad las cosas de arriba! Queremos hacer nuestro ese grito, pero necesitamos aprender. En tantas ocasiones nos descubrimos con la mirada baja, excesivamente centrada en cosas pasajeras.

Echamos de menos una mayor agudeza para dar con el papel que Cristo desempeña en cada suceso de la existencia: amamos este mundo, que es el nuestro, el lugar donde nos encontramos con Dios [7] , y desearíamos adquirir una mayor facilidad para percibir la mirada de Jesucristo mientras nos ocupamos de nuestras tareas habituales. Querríamos también que otros pudieran ver en nosotros a Cristo; nos ilusiona la maravillosa posibilidad de hacer presente a nuestros amigos el rostro de Jesús.

Vultum tuum, Domine, requiram! [8] . ¡Buscaré, Señor, tu rostro! Señor –le diremos–, que busque tu rostro, que aprenda a encontrarlo y a mostrarlo, que sepa descubrirte en las cosas corrientes de mi vida, que advierta realmente que eres Tú.

Tal vez oiremos aquel aviso de San Josemaría: Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. –Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... –Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él! [9]

Los Evangelios aluden en diversas ocasiones a la mirada de Jesucristo. Una mirada benévola y afectuosa, conmovedora y conmovida, una mirada profundamente conocedora, que penetra la intimidad, una mirada que enseña y corrige, que mueve al arrepentimiento, y llega a provocar un arranque de generosidad [10] .

Quizás muchas veces hemos tratado de representárnosla en nuestra oración, con la intención de descubrir cómo podemos encontrarla y hacerla presente en nuestra vida ordinaria. Algunos personajes que se cruzan con Jesús en las horas de la Pasión nos pueden ayudar a avanzar en la realización de este deseo.

En el camino de la Cruz tres personas tienen una particular relación con el rostro de Cristo: sólo dos lo buscan, pero tres lo encuentran. De las tres podemos aprender; cada una de ellas sugiere una enseñanza distinta sobre el modo de dar forma al afán de ver el rostro de Jesús.

Con Santa María, un solo corazón

Apenas se ha levantado Jesús de su primera caída, cuando encuentra a su Madre Santísima, junto al camino por donde Él pasa [11] . Nada nos dice el Evangelio de ese encuentro, pero el silencio de la Escritura no ha hecho más que estimular la imaginación de los cristianos a lo largo de los siglos. Nuestro Padre se lo representa así: Con inmenso amor mira María a Jesús, y Jesús mira a su Madre; sus ojos se encuentran, y cada corazón vierte en el otro su propio dolor [12] .

El amor es tan intenso que basta el encuentro de los ojos para que cada uno sepa que cuenta con el otro, que puede verter en Ella, en Él, su inmenso dolor, porque aquel corazón es capaz de aceptarlo. En medio de ese sufrimiento, tienen el profundo consuelo de saberse acompañados, comprendidos.

El alma de María queda anegada en amargura, en la amargura de Jesucristo [13] . La amargura que llena el alma de María es la de su Hijo, como de María es la amargura que llena el alma de Jesús. Es tan fuerte la unión de sus corazones que el dolor de uno está hecho del sufrimiento del otro; así se apoyan y mutuamente se sostienen.

¡Quién nos diera a nosotros una identificación así con los sentimientos de Cristo! Nos queda –es cierto– muy lejos, pero la deseamos ardientemente. Sabemos que si avanzamos por ese camino no nos ahorraremos dolores en esta vida, porque toda existencia humana los conlleva, pero tendremos siempre una luz para afrontarlos, nunca nos faltará una base firme para no sucumbir, para encararlos con serenidad.

Simeón había profetizado a la Virgen que una espada atravesaría su alma [14] . Desde el anuncio de la Pasión, la herida de espada no abandonará nunca a la Madre de Jesús. Ella tendrá siempre presente que sólo pueden ofenderla a través de las afrentas hechas a su Hijo; es consciente de que todo sufrimiento, y también toda alegría, sólo puede tener su causa en relación con Él.

La Virgen enseña que en las amarguras y en los pequeños disgustos –profesionales, familiares, sociales...– podemos buscar y descubrir el rostro de Cristo; y, como consecuencia, estaremos llenos de paz incluso en medio del dolor.

Verónica, un corazón bueno

Cuenta una tradición de la Iglesia que, un poco más adelante, una mujer sale al paso del Señor con la intención de limpiarle el rostro. Es el único hecho que sabemos de Verónica, pues con este nombre es conocida.

Quizás no se había planteado nunca conscientemente ese anhelo –ver la faz de Jesucristo– e incluso si lo había hecho, pensaría que el motivo por el que ahora buscaba ese rostro era más sencillo: ella sólo pretendía tener una atención con aquel Hombre que sufría. Sin embargo, esta mujer, que ni siquiera aparece en los Evangelios, ha dado un nombre propio al deseo de contemplar la faz de Dios.

Bienaventurados, vuestros ojos porque ven (...). Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron [15] . Si a la Verónica se pueden aplicar especialmente estas palabras, si ella realizó esa aspiración que ha llenado el alma de tantos santos a lo largo de la historia, fue por su bondad sencilla, porque su corazón de mujer buena no se deja «contagiar por la brutalidad de los soldados, ni inmovilizar por el miedo de los discípulos» [16] , no se frena ante la oportunidad de prestar un pequeño servicio. Y ese «acto de amor imprime en su corazón la verdadera imagen de Jesús» [17] .

El rostro del Dios hecho Hombre queda grabado en aquel lienzo, sí; pero sobre todo queda grabado en sus entrañas de bondad. «El Redentor del mundo da a Verónica una imagen auténtica de su rostro. El velo, sobre el que queda impreso el rostro de Cristo, es un mensaje para nosotros. En cierto modo nos dice: he aquí cómo todo acto bueno, todo gesto de verdadero amor hacia el prójimo aumenta en quien lo realiza la semejanza con el Redentor del mundo. Los actos de amor no pasan. Cualquier gesto de bondad, de comprensión y de servicio deja en el corazón del hombre una señal indeleble, que lo asemeja un poco más a Aquél que “se despojó de sí mismo tomando condición de siervo” ( Flp 2,7). Así se forma la identidad, el verdadero nombre del ser humano» [18] .

¿No es ésta una manera accesible de buscar el rostro de Jesucristo? ¿No es también un modo de hacerle presente entre quienes nos rodean?

Es posible que en la vida tengamos ocasión de prestar grandes servicios a otras personas; que podamos renunciar a algo valioso por ayudar a los demás. Pero, se nos presenten o no esas oportunidades, procuremos vivir cotidianamente con un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad: todos los demás consuelos apenas sirven para distraer un momento, y dejar más tarde amargura y desesperación [19] .

Muchas veces lo que más ayuda a las almas a descubrir la mirada amorosa del Señor es precisamente ver cómo sus discípulos, en medio de sus limitaciones, saben advertir lo que los demás necesitan: son capaces de descubrir esos detalles que, si se pasaran por alto, nadie reclamaría; y que en cambio, cuando se reciben, se agradecen de todo corazón.

Si con sentido sobrenatural obramos de este modo, realizamos –cuanto es factible en esta vida– el deseo de contemplar el rostro de Jesucristo. Y al mismo tiempo facilitamos que otras personas se encuentren con Él.

Puede ser que no lo noten inmediatamente y necesiten un tiempo para descubrir al Señor, mas no dejarán de percibir desde el primer momento que hay algo especial en quienes les tratan con una bondad tan sencilla.

Si queremos descubrir a otros el semblante amabilísimo del Maestro, procuremos dispensar amabilidad, serenidad, paz, paciencia, respeto, cortesía, cariño; también cuando no esperemos ser correspondidos; si queremos ver en los demás el rostro de Jesús, acerquémonos a ellos con un corazón sencillo, un corazón que valora y admira y quiere a los padres, a los hijos, a los amigos uno por uno; que descubre cómo cada una de ellas refleja, a su modo, la bondad de Dios.

Simón de Cirene, un encuentro con la Cruz

Los Evangelios sinópticos nos hablan de un tercer personaje que se topa con Jesucristo en el camino del Calvario. Santa María y la Verónica le buscaron, salieron a su encuentro por propia iniciativa. Simón de Cirene, no. Simón fue forzado a llevar la Cruz [20] La misma expresión que usan los evangelistas indica que, quizá, hubo una resistencia inicial.

Resulta bien comprensible: a nadie le gusta que le obliguen a cargar con una cruz ajena, y menos después de una dura jornada de trabajo. San Marcos dará a entender que los hijos de este hombre eran conocidos como cristianos [21] : Todo empezó por un encuentro inopinado con la Cruz [22] . Una gran fortuna que tuvo su origen en un suceso aparentemente desafortunado.

El cambio de actitud del Cireneo no debió de ser repentino, sino gradual, y no es arriesgado suponer que tuvo que ver con el rostro de Jesucristo. Él pensaba que trataba con un malhechor, pero aquella mirada amable, agradecida, pacífica, le desarmó. Al principio se disgusta porque simplemente ve ; después mira y va descubriendo que compartir la Cruz con ese condenado vale la pena.

Lo que al principio aparecía como un inconveniente que se interponía entre él y su descanso, fue progresivamente transformado por el rostro de aquel Hombre en una oportunidad única, que terminó por cambiar su vida.

Para él, como para todos los cristianos, la Cruz se convirtió en el signo distintivo de su fe, en el instrumento de la salvación; en una realidad redentora, inseparable de la misión de Cristo. A través de los siglos, los cristianos mirarán con cariño y esperanza la Cruz, que debería estar en el centro de su vida y que, por el mismo motivo, «debería estar en el centro del altar y ser el punto de referencia común del sacerdote y de la comunidad que ora» [23] .

A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros [24] Ante la Cruz inesperada experimentaremos un movimiento de rechazo. Es la reacción habitual de nuestra naturaleza, que no nos debe preocupar, pero que no ha de impedir una progresiva aceptación.

Sabemos que en esas situaciones en las que podemos sentirnos solos, Dios no nos deja, está a nuestro lado; quizá incluso le vemos , somos capaces de dirigirnos a Él de algún modo. Pero demos un paso más: busquemos su mirada. Si no nos conformamos con ver , si procuramos mirar a Cristo que carga la Cruz con nosotros, si dejamos que nos hable, lo que parecía desafortunado va adquiriendo otro color, y termina por cambiar nuestra vida.

Darnos cuenta de que una contradicción puede significar un encuentro más profundo con Jesucristo nos ayudará a encararla de otro modo y entonces, nuestra Cruz no será una Cruz cualquiera: será... la Santa Cruz [25] .

* * *

Vultum tuum, Domine, requiram! [26] . Tres personas tienen una particular relación con el rostro de Cristo en el camino del Calvario. Sólo dos le buscan, pero las tres le encuentran. Ninguna de ellas queda indiferente, ninguna se va de vacío. De cada una podemos aprender algo y deseamos hacerlo porque anhelamos contemplar y ayudar a otros a descubrir ese rostro en nuestro camino ordinario por el mundo.

Querríamos alcanzar la unidad de corazones que se da entre Santa María y su Hijo. Somos conscientes de que supera nuestras fuerzas, pero no abandonamos ese deseo, porque sería renunciar al Amor y porque sin duda podemos avanzar por ese camino.

Un modo de hacerlo es aprovechar las enseñanzas de los otros dos personajes: una bondad sencilla será la ocasión de que muchos –en primer lugar, nosotros mismos– se encuentren con el Señor; buscar esa mirada en las adversidades y amarguras de la vida, hará que vayamos gradualmente identificándonos con la Voluntad de Dios. Entonces seremos capaces de reflejar el rostro de Jesús.

J. Diéguez

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[1] Hch 1, 11.

[2] Cfr. Flp 1, 23.

[3] Cfr. 1 Cor 13, 12.

[4] Cfr. Flp 1, 25.

[5] Col 3, 1.

[6] Ibid .

[7] Cfr. Conversaciones , n. 113.

[8] Cfr. Sal 26, 8 (Vg).

[9] Camino , n. 212.

[10] Cfr. Mc 10, 21; Mc 12, 41; Mt 4, 18-22; Jn 1, 42; Mt 19, 16; Mc 3, 5; Lc 22, 61; Jn 1, 38-47.

[11] Vía Crucis , IV estación.

[12] Ibid .

[13] Ibid .

[14] Cfr. Lc 2, 35.

[15] Mt 13, 16-17.

[16] J. Ratzinger, Vía Crucis en el Coliseo, Viernes Santo de 2005, VI estación.

[17] Ibid .

[18] Juan Pablo II, Vía Crucis en el Coliseo, Viernes Santo de 2000, VI estación.

[19] Es Cristo que pasa , n. 167.

[20] Cfr. Mc 15, 21.

[21] Cfr. Mc 15, 21.

[22] Vía Crucis , V estación.

[23] J. Ratzinger, Introducción al espíritu de la liturgia , p. 105. ((poner referencia completa))

[24] Vía Crucis , V estación.

[25] Santo Rosario , IV misterio doloroso.

[26] Cfr. Sal 26, 8 (Vg).

 

 

Las inundaciones de "El Niño" activan a los universitarios de Piura

​Las inundaciones producidas en el norte de Perú han causado estragos. El fenónemo meteorológico llamado "El Niño" ha dañado principalmente la región de Piura.

Iniciativas sociales 24 de Marzo de 2017

pus Dei - Las inundaciones de "El Niño" activan a los universitarios de Piura​ Trabajadores quitan el agua tras las inundaciones.

La Universidad de Piura, obra corporativa del Opus Dei, junto con otras realidades locales ha puesto en marcha diversas iniciativas para ayudar desde el mundo académico a los afectados.

Con ese fin se ha creado “Todos somos Piura”, una campaña destinada a la recolección de víveres y medicinas en los centros de acopio instalados en los campus de Piura, Lima y el PAD.

Los más de 200 voluntarios -estudiantes, investigadores y profesores de la Universidad- están preparando paquetes con víveres, útiles de aseo, medicinas...

Los productos que se acumularán para distribuirlos son: víveres (agua, leche, galletas, menestras, arroz, azúcar, fideos, atún y aceite); Medicinas (polvos rehidratantes, antiácidos, repelente y cremas dermatológicas para erupciones cutáneas); y otros productos, como pastillas de cloro y jabón antibacterial.

Los más de 200 voluntarios -estudiantes, investigadores y profesores de la Universidad- están preparando paquetes con víveres, útiles de aseo, medicinas y en algunos casos ropa, que son entregados a los damnificados.

Hasta el momento, los voluntarios del campus de Piura han entregado más de 400 kits; mientras que en Lima se repartieron hasta el momento 933 kits con productos de primera necesidad.

Junto con materiales de primera necesidad, la Universidad de Piura a través de sus asociaciones de voluntariado se ofrece también a recibir maquinaria pesada, materiales de construcción y donaciones corporativas y a gran escala, entre otros.

 

 

¿Manipulando a Jesucristo?

Ernesto Juliá

En mi anterior artículo sobre los “discernimientos” que algunos pretenden utilizar para interpretar las palabras de Jesús que nos han transmitido los Evangelios, recogí la primera parte de una frase de un eclesiástico romano, que ha sido muy comentada, y criticada. Hoy recojo la frase entera, y comento la segunda parte.

El entrevistador pregunta:

“El cardenal Müller, Prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, ha dicho a propósito del matrimonio que las palabras de Jesús son muy claras y que “ningún poder en el cielo y en la tierra, ni un Ángel ni el Papa, ni un concilio ni una ley de los obispos, tiene la facultad de modificarlas”.

La respuesta del eclesiástico es la siguiente:

“Antes que nada sería necesario comenzar una buena reflexión sobre lo que verdaderamente dijo Jesús. En esa época nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras. Lo que se sabe es que las palabras de Jesús hay que ponerlas en contexto, están expresadas con un lenguaje, en un ambiente concreto, están dirigidas a alguien determinado”.

La pregunta que surge inmediatamente se puede dar por descontada:

Si hay que examinar todas las palabras de Jesús y reconducirlas a su contexto histórico ¿significa que no tienen un valor absoluto y para los hombres y mujeres de todos los tiempos, de todas las generaciones, hasta el fin de los siglos?

Las afirmaciones de este eclesiástico se pueden aplicar tranquilamente a los discursos de un político, de un sociólogo, de un novelista, de un historiador, etc, etc., Pero, ¿se pueden aplicar a las palabras de Dios hecho hombre, Jesucristo, el único Salvador de toda la humanidad?

San Pedro ya lo dijo con toda claridad, cuando ante las palabras de Cristo que anunciaban la Eucaristía, y ante las que una gran parte de los seguidores de Cristo decidieron abandonarlo, el Señor preguntó a los Apóstoles si ellos también querían irse, Pedro contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Y las palabras de Pedro siguen teniendo el mismo valor, entonces que hoy, y lo tendrán siempre. A Pedro no se le ocurre cuestionar a Jesús y tratar de que se explique de modo que lo “entiendan” todos. El misterio de la Eucaristía sigue siendo tan inexplicable como lo era entonces, y como lo será siempre; y no por eso, deja de ser vida para todos los creyentes de entonces, de hoy y de siempre.

“Palabras de vida eterna”. Las palabras de Cristo han renovado civilizaciones, culturas en todas partes del mundo, y de lo más diversas entre sí. A Cristo lo han entendido japoneses, chinos, romanos, ingleses, españoles, congoleses, keniatas, nigerianos, sudafricanos, americanos del norte y del sur. No hay, ni ha habido, ni habrá, raza, cultura, civilización que no pueda ser vivificada, redimida, con las “palabras de vida eterna”, que Jesús ha traído al mundo, y nos ha dado a conocer.

Tratar de quitar valor eterno, verdad eterna y absoluta a las palabras de Cristo, y querer “interpretarlas”, “manipularlas”, “discernirlas”, según los “espíritus” de esta o de aquella civilización o cultura, es sencillamente, no sólo relativizarlas, sino negarles toda relación con Dios, toda la Verdad de Dios, del Amor de Dios, que Cristo vino a revelarnos.

La Iglesia ha mantenido vivas esas “palabras de vida eterna” en el corazón y en la inteligencia de los fieles, a lo largo de sus dos mil años de historia. Algunas veces con mayor éxito, otras en medio de tribulaciones no pequeñas. El Espíritu Santo ha dado siempre luz para que, no obstante los errores humanos que se han cometido en la Iglesia, la Verdad de las palabras de Cristo no desaparezca nunca.

“Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad., pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir” (Juan, 16, 12-13).

Es el Espíritu Santo, y no los “manipuladores de turno”, Quien se encargará de hacer llegar a todos los pueblos, todas las civilizaciones, todas las culturas que poblarán la tierra, las “Palabras de Vida eterna” de Jesucristo.

ernesto.julia@gmail.com

 

SOLIDARIDAD

Autor: Eliseo León Pretell 

 *Poeta internacional peruano

“Ciudad Satelital”

Houston Texas, E.E. U.U.

 

(OCTAVA CLÁSICA)

 

Un niño con ansiedad

se acercó a su abuelo un día,

pidiéndole con porfía

que le diga la verdad.

En aras de mi amistad

quiero ayudar a mi amiga,

ella busca quién le diga:

¿Qué es la solidaridad?

♪♪♪

El viejo en su ancianidad

quiso lucirse en el tema,

resolviendo aquel problema

con prolija claridad.

Le habló con serenidad

poniendo ejemplo en el caso,

acentuando en cada paso

lo que es: ¡¡Solidaridad!!

♪♪♪

Si vieras que en tu ciudad

se lucha por algo bueno,

ese no es problema ajeno

te digo con propiedad.

Únete con voluntad

a la causa con afán,

los que observan se dirán

¡¡Esa es solidaridad!!

♪♪♪

Si ves a tu vecindad

empeñada en la justicia,

acércate sin malicia

con toda tu voluntad.

Reclama con dignidad

poniendo al frente tu pecho

eso valioso... que has hecho

¡¡Es la solidaridad!!

♪♪♪

Si ves la fatalidad

al alcance de tu mano,

llama a tu amigo cercano

y ofrezcan su caridad.

Júntense en la enfermedad

en la angustia y el dolor,

si dan todo con amor

¡¡Esa es solidaridad!!

♪♪♪

Si hay niños en orfandad

y requieren de tu ayuda,

acércate sin más duda

a ver su necesidad.

esa actitud de verdad

engrandece más al hombre,

y tiene tan sólo un nombre:

¡¡Pura solidaridad!!

♪♪♪

Al vivir en sociedad

ve con los que hacen bien,

no importa los que te ven

da con prodigalidad.

Dios con su divinidad

guiará tus buenas acciones

ablandando corazones

con tu solidaridad.

 

Derechos reservados

Aún cuando no creas en Dios, nunca le digas a tu hijo que Dios no existe.

Natalia Ginzburg

 

 

 

Paloma Gómez Borrero concedió una de sus últimas entrevistas a El Confidencial Digital

“Nunca he creído hacer nada especial. Me he limitado a contar noticias, lo mejor posible, de manera inteligible y divertida”, afirmaba

La periodista Paloma Gómez Borrero, que falleció el viernes a los 82 años de edad víctima de un cáncer de hígado diagnosticado hace pocas semanas, concedió una de sus últimas entrevistas a El Confidencial Digital, en la que hacía un recorrido por su vida y hablaba del periodismo pasado y actual.

aloma Gómez Borrero con el periodista Álvaro Sánchez León. ÁLVARO GARCÍA FUENTES​ Paloma Gómez Borrero con el periodista Álvaro Sánchez León. ÁLVARO GARCÍA FUENTES. @ALVAROGAFU.

RC

En esta entrevista realizada por Álvaro Sánchez León en El Confidencial Digital,, el periodista la define de esta manera: “Pionera: fue la primera mujer corresponsal en TVE. Periodista: prensa, radio y, sobre todo, televisión, desde hace más de 45 años. Comunicadora: con su tono afable y sus historias, ha entrado en las salas de estar de mucha España. Es la Paloma del Vaticano que nos contó todo Juan Pablo II. Aunque ella no sólo ha hablado de papas, muchas generaciones le conocen como esa-mujer-sonriente-con-la-Plaza-de-San-Pedro-como-telón-de-fondo”.

Sánchez León la califica como “campechana y liberal en mitad de la ‘España escéptica’. Sin complejos. Sin prejuicios. Ella va a misa pisando fuerte. Ahora sus colegas de la Academia de Televisión le acaban de catodizar en los altares de la tele. Los alabarés entran en el plató.”

En la entrevista, Sánchez León le pregunta: ¿Cuándo empezó su carrera se imaginó tanto reconocimiento? Y Paloma responde: “No. Nunca he creído hacer nada especial. Simplemente, me limitaba a contar noticias, lo mejor posible, de manera inteligible y divertida, especialmente en televisión. Como emitíamos para un telediario a la hora de comer y de cenar, teníamos que enganchar a los telespectadores. Siempre pensaba cómo empezar cada crónica para que la cuchara o el tenedor del que veía la tele se quedara en suspenso, en el aire, como con curiosidad para saber qué contaba ese día”.

Paloma contó todo de Juan Pablo II, mucho Benedicto XVI y algo del Papa Francisco. Decía que el Vaticano “es una corresponsalía de muchísima responsabilidad. Hay que pensar que el Papa influye en 1.100 millones de personas de los cinco continentes. Él no es la cara de un simple partido político. En España, vayan o no vayan a misa, se declaran católicos cerca del 87% de los ciudadanos, y la información que les das tiene mucha relevancia. Prueba de ello es que, desde el punto de vista informativo, tiene más fuerza el Vaticano que toda Italia. Hay más periodistas acreditados para cubrir información vaticana que para atender a todo el país”.

Los tres últimos papas

San Juan Pablo II le enseñó “cómo debe ser un político de Dios, centrado en defender al hombre, la paz, la justicia, pero sin ser político, sino llamando a las conciencias, sin pensar en que tendría más o menos votos”.

De Benedicto XVI decía que era “un intelectual, un profesor universitario y un teólogo como hacía años que no existía ninguno de su calidad y su fuerza. Es un hombre introvertido, muy estricto, como buen académico. Se le criticó mucho por su discurso de Ratisbona, y se ha visto que tenía toda la razón del mundo. Los propios musulmanes moderados lo han reconocido. Es una persona de una talla intelectual excepcional”.

Y a Francisco le veía “muy argentino, muy cálido, muy cercano a la gente. Quiere hacer grandes reformas, aunque de momento no las ha hecho. Comunica muy bien, también porque los argentinos, en general, tienen ese don. Le veo como un gran párroco del mundo”.

Despedida

Paloma Gómez Borrero fue nombrada en diciembre de 1976 corresponsal de TVE y el Vaticano, siendo una de las primeras mujeres corresponsales en el extranjero de la televisión nacional. Hasta junio de 2012 fue corresponsal de la cadena COPE, desde Roma-Vaticano, comentando los eventos religiosos de la Iglesia católica retransmitidos en Cadena Cope y Popular TV.

El mundo del periodismo y la cultura se han despedido de ella. Numerosos compañeros de profesión se han desplazado hasta el tanatorio de la localidad madrileña de Alcobendas.

Las redes sociales han recogido numerosos testimonios de cariño de personas que la conocían y que la admiraban. La periodista Mariló Montero se despedía de ella de esta forma en su cuenta de Istagram: “Querida amiga, Paloma: te recorriste el mundo entero. Te faltaba el cielo. Allí te espera tu gran amigo. Gracias por haber existido. Te quiero”. Junto a este mensaje, publicaba una foto de Paloma Gómez Borrero con san Juan Pablo II.

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, le dedicaba estas palabras: “Querida Paloma Gómez Borrero, saluda de nuestra parte a San Juan Pablo II. Rezamos por tu eterno descanso en estas 24 horas para el Señor”. 

aloma Gómez Borrero con san Juan Pablo II.

Paloma Gómez Borrero con san Juan Pablo II.     

 

 

Confusionismo galopante en la fe católica

Falsas proposiciones no católicas que, cual monedas falsas, corren por doquier sin que apenas nadie discuta su validez

Por: Miguel Rivilla San Martín

Cualquier persona medianamente conocedora de la enseñanza de la Iglesia católica y que viva ahora en contacto con la realidad circundante, habrá quedado fuertemente impactado y sorprendido ­bien en lo que ve, lee o escucha- por las ideas totalmente falsas y contrarias a la fe católica, que pululan en su entorno y que amenazan seriamente la fe profesada desde siglos por la misma y única Iglesia de siempre.

Se impone una labor de clarificación, de arriba abajo, por parte de los pastores y responsables de la trasmisión del depósito de la fe, para que no desaparezca la luz de la revelación divina en medio del confusionismo generalizado que nos invade.

Movido por este loable deseo de clarificación, es por lo que me he decidido, como sacerdote católico, a enumerar -sin entrar en profundizaciones- una serie de falsas proposiciones no católicas que, cual monedas falsas, corren por doquier sin que apenas nadie discuta su validez.

HE AQUÍ ALGUNAS:

1-Los católicos estamos buscando con otras religiones LA VERDAD.

2-Cristo está en la forma consagrada SÓLO con una presencia espiritual.

3-La misa es SÓLO una CENA, que conmemora la Última Cena de Jesús el primer Jueves Santo.

4-Todas las religiones reconocen y rezan al MISMO DIOS.

5-El diablo es la PERSONIFICACIÓN SIMBÓLICA del Mal.

6-Los niños al nacer vienen a un mundo empecatado, pero ellos no tienen pecado alguno.

7-No està bien ni es correcto intranquilizar a los que están de buena fe en distinta religión a la católica.

8-Jesús no fundó ninguna iglesia. NO ES DIOS. Todo lo más está al mismo nivel de Moisés, Mahoma, Buda o uno de los profeta del A.T. o libros sagrados de otras religiones anteriores al cristianismo.

9-La resurrección de Jesús es UN MITO, promovido y proclamado, interesadamente, por la Iglesia primitiva.

10-LA VERDAD varía según los tiempos y circunstancias. TODO ES RELATIVO.

11-Lutero fue un digno y valiente reformador de la Iglesia católica corrompida de su tiempo.

12-María la madre de Jesús, tuvo más hijos después de Jesús.

13-La Iglesia católica es una más entre todas las demás confesiones cristianas.

14-El Papa no tiene poder de jurisdicción. Tiene sólo un primado de honor entre los demás obispos.

15-La Iglesia tiene que ser democrática y debe ordenar a mujeres con idéntico derecho que los varones.

16-No existe el infierno.

17-No hay resurrección de los cuerpos. Sòlo reencarnación.

18-Todos los que mueren van directamente al cielo. Es una invención de la Iglesia lo del Purgatorio.

19-El Espíritu Santo no es persona. Es sólo una fuerza.

20-La moral sexual de la Iglesia está obsoleta. Debe adaptarse a los tiempos.

21-Lo importante es hacer el bien. No se necesita confesarse o lo hago con Dios.

22-Si de verdad existiese Dios no habría mal, guerras, muertes e injusticias en el mundo.

23-El diálogo con las demás religiones y no la evangelización, es la solución a los problemas del mundo actual.

24-Católico, te invito a que sigas completando la lista de "FALSAS PROPOSICIONES NO CATÓLICAS" y QUE SAQUES TÚ MISMO LAS DEBIDAS CONCLUSIONES.

 

 

Tiempos de Humildad

El Papa Francisco ha asombrado al mundo con su humilde sencillez.

Por: Pablo Cabellos Llorente

El Concilio Vaticano II consideró deber de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos para interpretarlos a la luz del Evangelio. Sin embargo, no faltan personas que intentan justamente lo contrario: desean desentrañar el mensaje de Cristo a través de los sucesos del mundo.

Los tres últimos papas -de manera diversa cada uno de ellos- han visto en la humildad una luz evangélica con la que mirar la historia cotidiana. Basta recordar la figura acartonada de Juan Pablo II predicando incansablemente sin importarle las duras críticas hechas a su imagen. Basta contemplar la renuncia y el desaparecimiento de Benedicto XVI, quien había aludido a la humildad como una virtud no tratada antes del cristianismo.

El Papa Francisco ha asombrado al mundo con su humilde sencillez desde su primera comparecencia pública, particularmente cuando dijo: "Y ahora querría dar la bendición, ... Pero antes, antes, os pido un favor: antes de que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis al Señor para que me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí. Pedir oraciones es manifestación de indigencia, de necesidad". El nuevo Papa utilizó el lenguaje de la esperanza humilde, como llamó Piper a la plegaria de petición.

Seguramente todos tenemos necesidad de esa virtud, que el Papa Francisco ha mostrado manifiestamente desde el primer momento. Un mundo lleno de apariencias, de deseo desmesurado de poder y poseer, un mundo dominado por la búsqueda de una imagen adecuada, un mundo que miente descaradamente por quedar bien, es un mundo muy necesitado de la humildad. Pero entiéndase bien, no "una humildad de garabato", como indicaba gráficamente san Josemaría para expresar la humildad de las apariencias, una falsa virtud no enraizada en el convencimiento de nuestra poquedad. Lo expresaba muy bien la Biblia poniendo estas palabras en boca de Yahweh: "Tu miseria es tuya, Israel; tu fuerza soy Yo".

Por la apoyatura en Dios, la humildad no está reñida con la magnanimidad, al contrario, se requieren mutuamente para encontrarse en la esperanza. En ese espíritu, decía Francisco a los cardenales: "Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona.
Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor. Cuando no se camina, se está parado. ¿Qué ocurre cuando no se edifica sobre piedras? Sucede lo que ocurre a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena. Todo se viene abajo. No es consistente. Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la memoria la frase de León Bloy: «Quien no reza al Señor, reza al diablo». Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio". Sólo el humilde puede hablar con esa audacia.

 

 

Las resistencias antimicrobianas

 

Las resistencias antimicrobianas provocarán más muertes en 2050 que los accidentes de tráfico y el cáncer, según la AEMPS

 

Es la afirmación realizada por Consuelo Rubio, de la Agencia Española de Medicamentos Veterinarios y Productos Sanitarios (AEMPS). Ha sido en la jornada técnica sobre resistencias antimicrobianas, celebrada en el Colegio de Veterinarios de Huesca. Dice que estamos ante un problema muy grave de salud pública y sanidad animal.

 

De momento no hay problemas de resistencias a los medicamentos en la cabaña ganadera, pero sí los hay en el caso de humanos. Es tan grave el problema que han tomado partido instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Naciones Unidas (ONU).

 

La sede central de Naciones Unidas en Nueva York acogía meses atrás una reunión estratégica de alto nivel para abordar esta cuestión. Es la cuarta vez que ocurre algo así con un asunto sanitario (en las anteriores se habló del ébola, SIDA y diabetes).

 

Existe el cálculo de que, si no se revierte la situación, en el año 2050 la resistencia a los antibióticos provocará más muertes que los accidentes de tráfico, el cáncer y la diabetes.

 

Consuelo Rubio apunta que es un problema global, es decir, que afecta a todo el planeta.

 

Y ello por un mal uso y un abuso de los medicamentos.

 

El mensaje que ha lanzado a los veterinarios de la provincia de Huesca se resume en que “jamás se debe dar antibióticos de forma profiláctica o preventiva”.

 

Y añade: “Los antibióticos se darán de forma metafiláctica o curativa en determinadas ocasiones; y se evitarán las asociaciones, y los medicamentos de amplio espectro”.

 

Según nota del Colegio Oficial de Veterinarios de Hueca

 

 

Jesús Domingo

 

 

Pueblo y masa – Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios

 

Las enseñanzas de Pío XII

Antes aún de abordar los textos de las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, parece conveniente evitar el sobresalto que la lectura de los presentes comentarios podrá producir a ciertas personas influenciadas por el populismo radicalmente igualitario de nuestros días, así como a otras –pertenecientes quizá a la nobleza o a élites análogas– que tendrán miedo de enfurecer a los corifeos de dicho populismo con la afirmación franca y desinhibida de muchas de las tesis enunciadas a lo largo de este trabajo. Para ello, resulta oportuno evocar y explicar la verdadera

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doctrina católica sobre las justas y proporcionadas desigualdades en la jerarquía social, y eventualmente también en la jerarquía política.

 

1. Legitimidad y hasta necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades entre las clases sociales

La doctrina marxista de la lucha de clases afirma el carácter injusto y nocivo de todas las desigualdades y
la consecuente licitud de que la clase menos alta, se movilice a nivel universal para eliminar a las más altas. “¡Proletarios de todos los países, uníos!” este es el conocido grito con que Marx y Engels concluyeron el manifiesto comunista de 1848. [1]

En sentido contrario, la doctrina católica tradicional afirma la legitimidad e incluso la necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades entre los hombres y condena, en consecuencia, la lucha de clases.
Obviamente, esa condenación no se aplica a una clase que se empeñe en que le sea reconocida en el cuerpo social, o eventualmente en el político, la posición que le pertenece, e incluso luche a favor de ello; pero la Iglesia se opone a que la legítima actitud de defensa de una clase agredida degenere en una guerra de exterminio de las demás o en el rechazo de la posición que respectivamente les corresponde dentro del conjunto social. El católico debe desear que exista mutua paz y armonía entre las diversas clases, y no una lucha crónica, máxime cuando lo que se pretende es establecer una igualdad completa y radical.

Todo esto se comprendería mejor si las admirables enseñanzas de Pío XII sobre pueblo y masa hubiesen sido adecuadamente difundidas por todo Occidente.

¡Oh Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, exclamó la famosa revolucionaria francesa Madame Roland, junto a la guillotina en que fue ejecutada por decisión del régimen del Terror. [2] Contemplando la historia de nuestro perturbado siglo XX se podría análogamente exclamar: “¡Pueblo, pueblo, cuántos desatinos, cuántas injusticias, cuantos crímenes cometen en tu nombre los demagogos revolucionarios de hoy en día!”

Es cierto que la Iglesia ama al pueblo y se ufana de haberlo hecho de modo especial desde el primer momento en que fue instituida por su Divino Maestro. Pero, ¿qué es el pueblo? Es algo muy diferente de la masa; sí, de la masa agitada como el mar revuelto, fácil presa de la demagogia revolucionaria.

A esas masas la Iglesia, que es madre, tampoco les recusa su amor; antes bien, precisamente movida por él, les desea el bien precioso de que sean ayudadas a pasar de la condición de masa a la de pueblo.

¿No habrá, sin embargo, en esas afirmaciones un mero juego de palabras? ¿Qué es la masa? ¿Qué es el pueblo?

2. Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes

Las admirables enseñanzas de Pío XII explican muy bien esta diferencia, y describen claramente como ha de ser la natural concordia que, al contrario de lo que afirman los profetas de la lucha de clases, puede y debe existir entre las élites y el pueblo.

Afirma Pío XII en su Radiomensaje de Navidad de 1944: [3]
Pueblo y multitud amorfa o, como se suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes.

1.- “El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera.”

2.- “El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales –en su propio puesto y a su manera,– es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra.”

3.- “De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce, abundante y rica, por el Estado y por todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común. Sin embargo, de la fuerza elemental de la masa, manejada y aprovechada con habilidad, puede servirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, agrupados artificialmente por tendencias egoístas, el propio Estado –con la ayuda de la masa, reducida a simple máquina– puede imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo; el interés común queda así golpeado gravemente durante largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar”.

3.- También en una democracia deben existir las desigualdades provenientes de la naturaleza

A continuación, el Pontífice distingue entre verdadera y falsa democracia: la primera es corolario de la existencia de un verdadero pueblo; la segunda es consecuencia, a su vez, de la reducción del pueblo a la condición de mera masa humana.

4.- “De ello se desprende claramente otra conclusión: la masa –tal como acabamos de definirla– es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad y de igualdad.”

5.- “En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en si mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto a la libertad y a la dignidad de los demás. En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades, que no nacen del arbitrio, sino de la propia naturaleza de las cosas, desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social –sin perjuicio, claro está, de la justicia y de la caridad mutua–, no son de hecho un obstáculo para que exista y predomine un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Por el contrario, lejos de perjudicar de ningún modo la igualdad civil, dichas desigualdades le confieren su legítimo significado; es decir, que, frente al Estado, cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su propia vida personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y las disposiciones de la Providencia le han colocado.”

Pueblo y masa, son dos conceptos muy diferentes. Aquél tiene vida y ella es inerte.

Esta definición de la genuina y legítima igualdad civil, así como de los correlativos conceptos de fraternidad y comunidad mencionados en el mismo párrafo, esclarece, a su vez, con gran riqueza de pensamiento y propiedad de expresión, lo que son según la doctrina católica la verdadera igualdad, fraternidad y comunidad; igualdad y fraternidad éstas, radicalmente opuestas a aquellas que, en el siglo XVI, las sectas protestantes instauraron en mayor o menor medida en sus respectivas estructuras eclesiásticas, como también al tristemente célebre trilogía que la Revolución Francesa y sus adeptos enarbolaron en todo el mundo como lema en el orden civil y social, y que la Revolución comunista de 1917 extendió, por fin, al orden socio-económico. [4]

Esta observación es particularmente importante si se toma en consideración que, en el lenguaje usado corrientemente tanto en las conversaciones particulares como en los mass–media, estas palabras son entendidas en el sentido erróneo y revolucionario en la mayoría de los casos.

4. En una democracia desvirtuada la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica

Después de haber definido lo que es la verdadera democracia, Pío XII pasa a describir la falsa:

6.- “En contraste con este cuadro del ideal democrático de libertad e igualdad en un pueblo gobernado por manos honradas y previsoras, ¡qué espectáculo ofrece un Estado democrático abandonado al arbitrio de la masa! La libertad, en cuanto deber moral de la persona, se transforma en una pretensión tiránica de dar libre desahogo a los impulsos y a los apetitos humanos, con perjuicio de los demás. La igualdad degenera en una nivelación mecánica, en una uniformidad monocroma; el sentimiento del verdadero honor, la actividad personal, el respeto a la tradición, la dignidad, en una palabra, todo aquello que da a la vida su valor, poco a poco se hunde y desaparece. Solamente sobreviven, por una parte, las víctimas engañadas por la llamativa fascinación de la democracia, confundida ingenuamente con el propio espíritu de la democracia, con la libertad y la igualdad; y, por otra parte, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada o el propio poder.” [5]

En estos principios del Radiomensaje de Navidad de 1944 se funda gran parte de las enseñanzas enunciadas por Pío XII en las alocuciones dirigidas al Patriciado y a la Nobleza romana, así como a la Guardia Noble Pontificia.

A partir de esta situación objetivamente descrita por el Pontífice, es evidente que, como veremos a continuación, incluso en los días de hoy, en un Estado bien ordenado –sea monárquico, aristocrático o democrático– les cabe a la Nobleza y a las élites tradicionales una alta e indispensable misión.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

El cuerpo de una mujer objeto de compraventa

En unos momentos en que algunos, muchos, tenemos la sensación de que los humanos nos hemos deshumanizado y estamos jugando con la vida de los otros, donde las adopciones son un negocio, la reproducción asistida otro negocio y los abortos ni te cuento, ahora, llega el último grito en aberraciones morales y éticas: la maternidad subrogada. En el fondo para legalizar lo que ya se viene haciendo: alquilar una madre para, básicamente, procurar descendencia a las parejas de varones homosexuales.

De nuevo la ideología de género ataca, las mujeres homosexuales y las parejas heterosexuales no tenían ninguna traba ni legal ni científica para tener descendencia, pero faltaba que los varones homosexuales pudieran procrear, ya que la dictadora naturaleza no les ha dotado de útero para poder llevar en su seno a un hijo, ni de pechos para poder amamantarlo, hemos encontrado la solución: alquilar una madre; es decir: convertir el cuerpo y los gametos de una mujer y a su propio hijo, en objetos de compraventa para satisfacción de los usuarios (previo desembolso, claro).

Y mientras tanto: miles de niños abortados y otros tanto esperando encontrar una familia. Macabro, se mire por donde se mire.

Pedro García

 

 

Parte importante de nuestra historia

El catolicismo forma parte importante de nuestra historia, tradiciones y costumbres, desde luego mucho más que otras confesiones religiosas. Por lo tanto, no hay que caer en el engaño de ciertas propuestas, que tienen en el punto de mira exclusivo a la Iglesia Católica.

La religión es una dimensión racional, digna y libre de toda persona, también en sus manifestaciones públicas, a las que tiene todo el derecho. Pero molesta, estorba a algunos políticos de un modo más que sospechoso.

Con estas fobias anticatólicas, esos políticos buscan a veces distraer de los auténticos problemas ciudadanos, dar la sensación de que gobiernan un “cambio” que ya nos gustaría ver en materias sanitarias, laborales o sociales. Buscan contentar a sus votantes, fidelizarlos, pero tengo mis dudas de que logren ese objetivo, y desde luego no pienso que ganen votos con estas fobias.

Otra clave puede ser que hay instancias superiores a esos partidos que han decidido acelerar la fobia anticatólica, en estos momentos de supuesto “cambio” y ante la real disminución de la práctica religiosa entre los católicos, que se ve en las iglesias, en el número de bodas por la Iglesia y en muchos otros datos. Pero llama la atención que la participación ciudadana en procesiones y actos religiosos de pueblos y ciudades ha ido en aumento, probablemente porque lo festivo atrae con facilidad, y también porque los factores emocionales se reavivan. Y porque la religión católica forma parte importante de nuestra cultura, aunque moleste a algunos, en el arte, en la literatura, en la historia, en las tradiciones.

Juan García. 

 

 

Prohibición de que suenen las campanas de una iglesia

Una gran mayoría de los vecinos de la parroquia de San Nicolás, en Valencia, situada cerca de la catedral y de la basílica de la Virgen de los Desamparados, están en contra de la prohibición del alcalde de la ciudad, Joan Ribó (Compromís) de que suenen las campanas de la iglesia, prohibición que también afecta a otras iglesias de la ciudad, como de San José de la Montaña, aduciendo el alcalde que su sonido molestaba a los vecinos.

Los vecinos de la parroquia de San Nicolás han recogiendo firmas para que las campanas de su iglesia vuelvan a sonar las tres veces al día que sonaban.

Lo que los vecinos argumentan es que “los ruidos que molestan en el barrio son las verbenas que organiza el alcalde en verano en la plaza de la Virgen, y la suciedad que existe habitualmente en el barrio”.

Xus D Madrid

 

‘LAS CORRUPTOCRACIAS’

            Visto cuanto ocurre desde hace ya muchos años, los que hemos leído en libros que han explicado todo tipo de gobiernos y el comportamiento del hombre (minorías) que han intervenido e intervienen en los gobiernos políticos... hay que inventar nuevas palabras para clasificar lo que por generalizado... ya son hechos innegables y por cuanto el más tonto los detecta, pese a que esos denominados ‘poderes fácticos’, traten de desinformar y ocultar la pura y cruda realidad, que yo sintetizo con esa nueva palabra: ‘corruptocracia’ (los gobiernos o estamentos, dominados por la corrupción).

            Quede claro que no señalo a ninguno en particular, pero igualmente señalo que a la vista de cuanto sabemos... ‘todos,  o casi todos... están pringados’; y no me vale lo que dicen sobre la mal practicada democracia (la que puede ser un gobierno tan bueno o más que todos los conocidos, por tanto difiero de lo de... ‘el menos malo’)... y digo mal practicada, por cuanto su esencia es prostituida y deformada y por tanto... llevada a los intereses de quienes en definitiva, a lo que van... es... ‘a llevarse el dinero público de las cien mil formas pseudo legales o abiertamente delictivas, pero cubiertas todas por unas impunidades, que los medianamente inteligentes, ni comprendemos ni llegamos a aceptar’; puesto que estamos convencidos que la regla debe ser la que sintetiza el viejo dicho popular... ‘que el que la haga, la pague’; y ello... abarcando desde el primero al último de la comunidad del tipo que sea y por amplia que sea, por tanto desde el modesto negociado oficial, hasta el mayor de los estamentos políticos... ‘fueros para nadie’. Y por descontado hay que devolver hasta el último céntimo de lo robado “o mangoneado”; mientras ello no se cumpla, el delincuente tiene que estar en la cárcel.

            Es claro que igualmente, la delincuencia común, necesita nuevos replanteamientos y con todas las atenuantes humanas y lógicas que sean necesarias, pero que las leyes se adecuen a cada delito y que las penas sean cumplidas en su totalidad... ¿Para qué juzgar y condenar a penas, que luego no se cumplen?... El juez o magistrado, se supone, debe saber lo que hace y... el delicado punto en que ha de dictar sentencia, pero una vez dictada la misma... que se cumpla.

            No se puede seguir en la forma ya ‘añeja’ (muy añeja) en qué mal funcionan todas las funciones o casi todas... de unos estados y las sociedades que los componen... sociedades que por mimetismo y observación, obran con la facilidad que da el que... ‘si fulano ha hecho tal o cual delito manifiesto y tras los largos trámites, se escabulle y se está paseando tranquilamente por la calle... viviendo opíparamente de lo que se supone se ha llevado, pero que nadie encuentra’... ¿por qué yo no puedo imitarlo en todo cuanto pueda y esté al alcance de mi mano?.

            Las sociedades se comportan como se dice en el corto ejemplo de... ‘la manzana podrida en el cesto en el que el resto están sanas’... de igual manera, si los elementos corrompidos de la sociedad, no se aíslan y eliminamos ‘los contagios’ (procurando recuperar al...  denominemos ‘enfermos social’)... caminamos a una corrupción total y donde lo raro y extraño y puede que incluso combatido... ‘sea el individuo que mantiene un comportamiento relativamente digno, para la generalidad de lo que se ve y practica’.

            ¿Qué tienen que decir a esto los políticos que dicen gobernarnos?

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 Lo publiqué el 19 Agosto 2001: han transcurrido dieciséis años “y pico”; ¿cuánta corrupción había entonces y cuanta se ha acumulado después? ¿Este es el progreso y civilización que nos ofrecían los nuevos progresistas? De bochorno para aquellos que sepan valorar tan brutal decadencia: y aún quieren seguir mangoneando “los mismos” que ya mangoneaban entonces; “sálvese el que pueda”. ¿Votar más… para qué?

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes