Las Noticias de hoy 24 Marzo 2017

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 24 de marzo de 2017     

Indice:

Newsletter Diario

Papa: Endureciendo el corazón nos volvemos “católicos ateos”

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco

Francisco en Milán, el alcalde Sala: se puede ser competitivos y solidarios

Cuaresma. 3ª semana. Viernes: Francisco Fernández-Carvajal

“Amar significa recomenzar cada día a servir”​: San Josemaria

 La figura histórica de Jesús: B. Estrada

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ: BENEDICTUS PP XVI

 La noción de Dios y el indiferentismo ético: P. Enrique Cases 

 Dios saca bien hasta del mal: Pedro Beteta López

El 63% de los alumnos van a clase de Religión

¿Familia o profesión?, la nueva incógnita de la mujer: Miriam Paola Herrera Burciaga 

 HABLAR BIEN, HASTA DE LOS AMIGOS: Alejo Fernández Pérez

EL LLANTO… DE MI PERÚ: Eliseo León Pretell  

 El Acuario y el hombre contemporáneo: Plinio Corrêa de Oliveira

Primeros cristianos y las pestes: Daniel Tirapu

Beber un litro agua mineral : Jesús Domingo

 Ir a Misa: José María López Ferrera 

 Educación libre, no dictadura. : Lluis Esquena Romaguera

 Llamados a ser artesanos de la paz: Juan García. 

 Otro malentendido sobre la laicidad: José Morales Martín

¿La nueva destrucción de España?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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Papa: Endureciendo el corazón nos volvemos “católicos ateos”

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

23/03/2017 11:58

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Escuchar la Palabra de Dios para evitar el riesgo de que el corazón se endurezca. Lo pidió el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco subrayó que cuando nos alejamos de Dios nos volvemos sordos a su Palabra y llegamos a ser católicos infieles e incluso “católicos ateos”.

El Papa Bergoglio se inspiró en la Primera Lectura – un pasaje tomado del Libro del Profeta Jeremías – para desarrollar una meditación acerca de la escucha de la Palabra de Dios. “Cuando nosotros no nos detenemos a escuchar la voz del Señor  – subrayó el Pontífice – terminamos por alejarnos, nos alejamos de Él, le damos la espala. Y si no se escucha la voz del Señor, se escuchan otras voces”.

Si no escuchamos la Palabra de Dios, al final escuchamos a los ídolos del mundo

Al  final – constató con aflicción el Santo Padre – a fuerza de cerrar los oídos, “nos volvemos sordos: sordos a la Palabra de Dios”.

“Y todos nosotros, si hoy nos detenemos un poco y miramos nuestro corazón, veremos cuántas veces  – ¡cuántas veces! – hemos cerrado los oídos y cuántas veces nos hemos vuelto sordos. Y cuando un pueblo, una comunidad, digamos también una comunidad cristiana, una parroquia, una diócesis, cierra los oídos y se vuelve sorda a la Palabra del Señor, busca otras voces, otros señores, y termina con los ídolos, los ídolos que el mundo, la mundanidad, la sociedad, le ofrecen. Se aleja de Dios vivo”.

Si el corazón se endurece, nos convertimos en “católicos paganos” e incluso en “católicos ateos”

Cuando nos alejamos del Señor – prosiguió diciendo el Obispo de Roma – nuestro corazón se endurece. Cuando “no se escucha – reafirmó – el corazón se vuelve más duro, más cerrado en sí mismo, pero duro e incapaz de recibir algo; no sólo cerrazón, sino dureza de corazón”. Vive entonces “en aquel mundo, en aquel clima que no le hace bien. Lo aleja cada día más de Dios”:

“Y estas dos cosas – no escuchar la Palabra de Dios y el corazón endurecido, cerrado en sí mismo – hacen que se pierda la fidelidad. Se pierde el sentido de la fidelidad. Dice la Primera Lectura, el Señor, allí: ‘La fidelidad ha desaparecido’, y nos convertimos en católicos infieles, católicos paganos o, peor aún, en católicos ateos, porque no tenemos una referencia de amor a Dios vivo. No escuchar y dar la espalda – lo que hace que se nos endurezca el corazón – nos lleva por el camino de la infidelidad”.

“Esta infidelidad, ¿cómo se colma?”, se preguntó el Papa. “Se colma con la confusión – dijo – no se sabe dónde está Dios, dónde no está, se confunde a Dios con el diablo”. Aludiendo al Evangelio del día, Francisco puso de manifiesto que “a Jesús, que hace milagros, que hace tantas cosas para la salvación y la gente está contenta, feliz, y le dice: ‘Y esto lo hace porque es un hijo del diablo. Tiene el poder de Belcebú’”.

Preguntémonos si verdaderamente escuchamos la Palabra de Dios o si endurecemos el corazón

“Ésta – dijo el Sucesor de Pedro – es la blasfemia. La blasfemia es la palabra final de este itinerario que comienza con el no escuchar, lo que endurece el corazón”, lo que “lleva a la confusión, te hace olvidar la fidelidad y, al final, dices blasfemias”. Pobre aquel pueblo – añadió el Papa – que se olvida del estupor del primer encuentro con Jesús:

“Cada uno de nosotros hoy puede preguntarse: ‘¿Me detengo a escuchar la Palabra de Dios? ¿Tomo la Biblia en la mano,  que me está hablando a mí? ¿Mi corazón se ha endurecido? ¿Me he alejado del Señor? ¿He perdido la fidelidad al Señor y vivo con los ídolos que me ofrece la mundanidad de cada día? ¿He perdido la alegría del estupor del primer encuentro con Jesús?’. Hoy es una jornada para escuchar. ‘Escuchar, hoy, la voz del Señor, hemos orado. ‘No endurezcan su corazón’. Pidamos esta gracia: la gracia de escuchar para que nuestro corazón no se endurezca”.

 

 

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco

Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo, deseó el Papa al recibir el Premio Carlomagno - OSS_ROM

23/03/2017 13:40

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Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo

  Ante la audiencia del Papa Francisco – el 24 de marzo - a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, llegados a Italia para las celebraciones del 60 aniversario de los Tratados de Roma, resuenan las palabras del Santo Padre, al recibir el Premio Carlomagno.

El 6 de mayo de 2016, el Papa Francisco, con profunda gratitud, empezó su denso discurso ofreciendo a su vez al continente europeo el galardón e invitando a un renovado y audaz impulso:

«Deseo reiterar mi intención de ofrecer a Europa el prestigioso premio con el cual he sido honrado: no hagamos un mero un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente».

Recordando el valioso testimonio que ha dado Europa a la humanidad, con su creatividad, ingenio, capacidad de levantarse y de salir de sus propios límites, que pertenecen al alma europea, junto con la tutela de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad, el Obispo de Roma hizo hincapié en la importancia de inspirarse en el pasado, para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de «actualizar la idea de Europa»:

«Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de dialogar y la capacidad de generar».

Invitando a impulsar estas tres capacidades, el Papa recordó la tarea y misión de la Iglesia, con el anuncio y testimonio del Evangelio, brindando la presencia y misericordia de Jesús:

«La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades. Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a través de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, estén tocados por él y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas. Sólo una Iglesia rica en testigos podrá llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las raíces de Europa. En esto, el camino de los cristianos hacia la unidad plena es un gran signo de los tiempos, y también la exigencia urgente de responder al Señor «para que todos sean uno» (Jn 17,21)».

El Papa Francisco culminó su discurso presentando con esperanza su sueño: «un nuevo humanismo» para una Europa madre, que da vida. Una Europa hermana, que socorre y acoge a los más necesitados. Una Europa de familias, que no olvida a los jóvenes ni a los ancianos. Una Europa que no desmaya en su compromiso en favor de los derechos humanos:

«Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía».  Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir 

 

 

Francisco en Milán, el alcalde Sala: se puede ser competitivos y solidarios

El alcalde de Milán, Giuseppe Sala. - ANSA

23/03/2017 15:23

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 El sábado 25 de marzo todas las campanas de las miles de iglesias pertenecientes a las 1.107 parroquias de la Diócesis de Milán sonarán juntas para dar la bienvenida coral al Santo Padre Francisco que transcurrirá la entera jornada en tierra ambrosian

Inmediatamente después de aterrizar en el aeropuerto de Linate, Francisco visitará la periferia sur de la ciudad. A las 10, en la Catedral, encontrará a los sacerdotes y consagrados. Más tarde, la misa en el parque de Monza. Última cita del Pontífice el encuentro y diálogo con los jóvenes en el estadio Meazza de Milán, para volver al atardecer a Roma. Pero ¿qué ciudad encontrará el Papa Francisco? Nuestro colega Luca Collodi habló con el alcalde de Milán, Giuseppe Sala.

“Hoy Milán es una ciudad que no ha renunciado a ser competitiva y a promover la economía, pero con la misma intensidad, es también solidaria - asegura el alcalde. Espero que el Papa lo vea con sus ojos y espero también tener la oportunidad de mostrarle por qué Milán ha hecho grandes pasos hacia adelante en términos de solidaridad”.

El alcalde Sala describe Milán como ciudad que ha realizado grandes progresos desde el punto de vista de la economía y pone como ejemplo al turismo que “actualmente entre visitantes por negocios y por turismo ha superado Roma”. En este contexto existe el tema de las periferias:  “es una simplificación hablar de periferias – afirma – existe un tema que es aquel de los barrios que sufren aun necesidades significativas. En particular en las periferias hemos previsto grandes inversiones, ciertamente para el restauro de las casas, porque habitar es algo importante, pero también para lugares de agregación, para la socialización. Si no se resuelve este gran tema – asegura – la primacías de Milán quedarán como algo que dejará un sabor amargo”.

Milán es también tierra de inmigración, con una cantidad de inmigrantes de alrededor 19 por ciento, el doble de la media italiana – precisa el alcalde milanés.  “Ellos son, para ser honesto, motores de desarrollo de la ciudad. Algunas comunidades están muy integradas”. Y sobre este tema el alcalde milanés  explica cómo ha cambiado la situación desde hace un año: “estamos afrontando una onda diversa motivada por la necesidad absoluta de quien escapa de la guerra o del hambre. Hasta hace un año de los migrantes que llegaban a Milán se quedaban solamente un 10 por ciento porque después se iban hacia el Norte, a Suiza, Francia, Alemania, o hacia el Oeste a Francia. Hoy es más difícil porque el 70 por ciento solicita el estado de refugiado".

"El problema se ha vuelto importante porque, en primer lugar, es un problema de acogida inmediata. Luego debemos ocuparnos de los menores, debemos hacerlos estudiar, darles una vida con espacios de oportunidad. Si no encontraremos fórmulas para poner estos migrantes en condiciones para trabajar, será una batalla perdida, porque Milán tiende siempre la mano y ayuda, pero al final es necesario encontrar soluciones, porque la integración pasa a través del trabajo".

"Milán está hoy en un momento positivo, fructífero – asegura después Giuseppe Sala. Con un sistema universitario con más de 200 mil estudiantes, de los cuales el 7/8 por ciento llega del extranjero; el sistema industrial, de la creatividad, de la moda, del diseño, la tecnología”. Pero existe la otra Milán: porque junto a todo esto, “las estadísticas dicen que uno de diez milaneses se dedican al voluntariado y ésta es una cualidad increíble” – asegura el alcalde. Nosotros pensamos que la fuerza de la ciudad nazca de la capacidad de integración de estos mundos y de la capacidad de llevar a la práctica políticas que unan lo público a lo privado”.

Finalmente, el alcalde de Milán expresa sus expectativas acerca de la visita del Pontífice:

“Espero que esta atención a los últimos – no sólo a los últimos, porque las ciudades están hechas de últimos, penúltimos, antepenúltimos, hay una larga escala de necesidades – se identifique en lo que es la sociedad milanesa. Espero también que el Papa deje Milán con la consciencia de que se puede ser, es más, se debe ser, competitivo como Milán, pero con un gran nivel de solidaridad, que esta mezcla pueda funcionar y que Milán pueda ser un ejemplo para otras ciudades.

 

 

Cuaresma. 3ª semana. Viernes

EL AMOR DE DIOS

— El amor infinito de Dios por cada hombre.

— El Señor nos ama siempre. También cuando le ofendemos, tiene misericordia de nosotros.

— Nuestra correspondencia. El primer mandamiento. Amor a Dios en las incidencias de cada día.

I. En toda la Sagrada Escritura se habla continuamente del amor de Dios por nosotros. Nos lo hace saber de muchas maneras. Nos asegura que, aunque una madre se olvidara del hijo de sus entrañas, Él jamás se olvidará de nosotros, pues nos lleva escritos en su mano para tenernos siempre a la vista1.

La Primera lectura de la Misa, del libro del profeta Oseas, es uno de esos textos que muestran el triunfo emocionante del amor de Dios sobre las infidelidades y las conversiones hipócritas de su pueblo. Israel reconoce al fin que no le salvarán alianzas humanas, ni dioses fabricados por sus manos2, ni holocaustos vacíos, sino el amor, expresado en la fidelidad a la Alianza. Se vislumbra entonces una felicidad sin límites. La misma conversión es obra del amor de Dios, pues todo nace de Él, que nos ama con largueza. Yo curaré sus extravíos –leemos–, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré rocío para Israel, florecerá como azucena, arraigará como el álamo. Brotarán sus vástagos, como el olivo será su esplendor, su aroma como el Líbano. Volverán a descansar a su sombra: cultivarán el trigo, florecerán como la viña, será su fama como la del vino del Líbano3.

Jamás podremos imaginar lo que Dios nos ama. Para salvarnos, cuando estábamos perdidos, envió a su Unigénito para que, dando su vida, nos redimiera del estado en que habíamos caído: tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna4. Este mismo amor le mueve a dársenos por entero de un modo habitual, habitando en nuestra alma en gracia: Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y en él haremos morada5, y a comunicarse con nosotros en lo más íntimo de nuestro corazón, durante estos ratos de oración y en cualquier momento del día.

«Hasta te serviré, porque vine a servir y no a ser servido. Yo soy amigo, y miembro y cabeza, y hermano y hermana, y madre; todo lo soy, y solo quiero contigo intimidad. Yo, pobre por ti, mendigo por ti, crucificado por ti, sepultado por ti; en el cielo intercedo por ti ante Dios Padre; y en la tierra soy legado suyo ante ti. Todo lo eres para Mí, hermano y coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres?»6. ¿Qué más podemos desear? Cuando contemplamos al Señor en cada una de las escenas del Vía Crucis es fácil que desde el corazón se nos venga a los labios el decir: «¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y... no me he vuelto loco?»7.

II. No tienes otros iguales, Señor: Grande eres y haces maravillas, tú eres el único Dios8. Una de las mayores maravillas es el amor que nos tiene. Nos ama con amor personal e individual, a cada uno en particular. Jamás ha dejado de amarnos, de ayudarnos, de protegernos, de comunicarse con nosotros; ni siquiera en los momentos de mayor ingratitud por nuestra parte o cuando cometimos los pecados más graves. Quizá, en esas tristes circunstancias, ha sido cuando más atenciones hemos recibido de Dios, como nos muestra en las parábolas en las que quiso expresar de modo singular su misericordia: la oveja perdida es la única que es llevada a hombros, la fiesta del padre de familia es para el hijo que dilapidó la herencia pero que supo volver arrepentido, la dracma perdida es cuidadosamente buscada por su dueña hasta encontrarla...9.

A lo largo de nuestra vida, la atención de Dios y su amor para cada uno de nosotros han sido constantes. Ha tenido presentes todas las circunstancias y sucesos por los que habíamos de pasar. Está junto a nosotros en cada situación y en todo momento: Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo10, hasta el último instante de nuestra vida.

¡Tantas veces se ha hecho el encontradizo! En la alegría y en el dolor, a través de lo que al principio nos pareció una gran desgracia, en un amigo, en un compañero de trabajo, en el sacerdote que nos atendía... «Considerad conmigo esta maravilla del amor de Dios: el Señor que sale al encuentro, que espera, que se coloca a la vera del camino, para que no tengamos más remedio que verle. Y nos llama personalmente, hablándonos de nuestras cosas, que son también las suyas, moviendo nuestra conciencia a la compunción, abriéndola a la generosidad, imprimiendo en nuestras almas la ilusión de ser fieles, de podernos llamar sus discípulos»11.

Como muestra de amor nos dejó los sacramentos, «canales de la misericordia divina». Entre ellos, por recibirlos con más frecuencia, le agradecemos ahora de modo particular la Confesión, donde nos perdona los pecados, y la Sagrada Eucaristía, donde quiso quedarse como una muestra singularísima de amor por los hombres.

Por amor nos ha dado a su Madre por Madre nuestra. Como manifestación de este amor nos ha dado también un Ángel para que nos proteja, nos aconseje y nos preste infinidad de favores hasta que llegue el fin de nuestro paso por la tierra, donde Él nos espera para darnos el Cielo prometido, una felicidad sin límites y sin término. Allí tenemos preparado un lugar.

A Él le decimos, con una de las oraciones de la Misa de hoy: Señor, que la acción de tu Espíritu en nosotros penetre íntimamente nuestro ser, para que lleguemos un día a la plena posesión de lo que ahora recibimos en la Eucaristía12. Y le damos gracias por tanto Amor, por tanta atención, que no merecemos. Y procuramos encendernos en deseos: Amor, con amor se paga. Poéticamente expresa esta idea Francisca Javiera del Valle: «Mil vidas si las tuviera daría por poseerte, y mil... y mil... más yo diera... por amarte si pudiera... con ese amor puro y fuerte con que Tú, siendo quien eres... nos amas continuamente»13.

III. Nos dice el Evangelio de la Misa: Uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?

Respondió Jesús: El primero es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser14. Él espera de cada hombre una respuesta sin condiciones a su amor por nosotros.

Nuestro amor a Dios se muestra en las mil pequeñas incidencias de cada día: amamos a Dios a través del trabajo bien hecho, de la vida familiar, de las relaciones sociales, del descanso... Todo se puede convertir en obras de amor. «Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto»15.

Cuando correspondemos al amor a Dios los obstáculos se vencen; y al contrario, sin amor hasta las más pequeñas dificultades parecen insuperables. Todo se hace llevadero si hay unión con el Señor. «Todas estas cosas, sin embargo, hállanlas difíciles los que no aman; los que aman, al revés, eso mismo les parece liviano. No hay padecimiento, por cruel y desaforado que sea, que no lo haga llevadero y casi nulo el amor»16. La alegría mantenida aun en medio de las dificultades es la señal más clara de que el amor de Dios informa todas nuestras acciones, pues –como comenta San Agustín– «en aquello que se ama, o no se siente la dificultad o se ama la misma dificultad (...). Los trabajos de los que aman nunca son penosos»17.

El amor a Dios ha de ser supremo y absoluto. Dentro de este amor caben todos los amores nobles y limpios de la tierra, según la peculiar vocación recibida, y cada uno en su orden. «No sería justo decir: “O Dios o el hombre”. Deben amarse “Dios y el hombre”; a este último, nunca más que a Dios o contra Dios o igual que a Dios. En otras palabras: el amor a Dios es ciertamente prevalente, pero no exclusivo. La Biblia declara a Jacob santo y amado por Dios; lo muestra empleando siete años en conquistar a Raquel como mujer, y le parecen pocos años, aquellos años –tanto era su amor por ella–. Francisco de Sales comenta estas palabras: “Jacob –escribe– ama a Raquel con todas sus fuerzas y con todas sus fuerzas ama a Dios; pero no por ello ama a Raquel como a Dios, ni a Dios como a Raquel. Ama a Dios como su Dios sobre todas las cosas y más que a sí mismo; ama a Raquel como a su mujer sobre todas las otras mujeres y como a sí mismo. Ama a Dios con amor absoluto y soberanamente sumo, y a Raquel con su amor marital; un amor no es contrario al otro, porque el de Raquel no viola las supremas ventajas del amor de Dios”»18.

El amor a Dios se manifiesta necesariamente en el amor a los demás. La señal externa de nuestra unión con Dios es el modo como vivimos la caridad con quienes están junto a nosotros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos...19, nos dejó dicho el Señor: en la delicadeza en el trato, en el respeto mutuo, en el pensar del modo más favorable de los otros, en las pequeñas ayudas en el hogar o en el trabajo, en la corrección fraterna amable y oportuna, en la oración por el más necesitado...

Pidámosle hoy a la Virgen que nos enseñe a corresponder al amor de su Hijo, y que sepamos también amar con obras a sus hijos, nuestros hermanos.

1 Is 49, 15-17. — 2 Cfr. Os 14, 4. — 3 Primera lectura. Os 14, 2-10. — 4 Jn 3, 16. — 5 Jn 14, 23. — 6 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 76. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 425. — 8 Antífona de entrada. Sal 85, 8. 10. — 9 Cfr. Lc 15, 1 ss. — 10 Mt 28, 20. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 59. — 12 Oración después de la comunión. — 13 Francisca Javiera del Valle, Decenario al Espíritu Santo, Rialp, Madrid 1974, 4ª edic., p. 139. — 14 Mc 12, 28-30. — 15 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 296. — 16 San Agustín, Sermón 70. — 17 ídem, De bono viduitatis, 21, 26. — 18 Juan Pablo I, Audiencia general, 27-9-1978. — 19 Jn 13, 35.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Amar significa recomenzar cada día a servir”

Estos días –me comentabas– han transcurrido más felices que nunca. –Y te contesté sin vacilar: porque "has vivido" un poco más entregado que de ordinario. (Surco, 7)

Recordad la parábola de los talentos. Aquel Siervo que recibió uno, podía -como sus compañeros- emplearlo bien, ocuparse de que rindiera, aplicando la cualidades que poseía. ¿Y qué delibera? Le preocupa el miedo a perderlo. Bien. Pero, ¿después? ¡Lo entierra! Y aquello no da fruto.

No olvidemos este caso de temor enfermizo a aprovechar honradamente la capacidad de trabajo, la inteligencia, la voluntad, todo el hombre. ¡Lo entierro -parece afirmar ese desgraciado-, pero mi libertad queda a salvo! No. La libertad se ha inclinado hacia algo muy concreto, hacia la sequedad más pobre y árida. Ha tomado partido, porque no tenía más remedio que elegir: pero ha elegido mal.

Nada más falso que oponer la libertad a la entrega, porque la entrega viene como consecuencia de la libertad. Mirad, cuando una madre se sacrifica por amor a sus hijos, ha elegido; y, según la medida de ese amor, así se manifestará su libertad. Si ese amor es grande, la libertad aparecerá fecunda, y el bien de los hijos proviene de esa bendita libertad, que supone entrega, y proviene de esa bendita entrega, que es precisamente libertad.

Pero, me preguntaréis, cuando alcanzamos lo que amamos con toda el alma ya no seguiremos buscando: ¿ha desaparecido la libertad? Os aseguro que entonces es más operativa que nunca, porque el amor no se contenta con un cumplimiento rutinario, ni se compagina con el hastío o con la apatía. Amar significa recomenzar cada día a servir, con obras de cariño.

Insisto, querría grabarlo a fuego en cada uno: la libertad y la entrega no se contradicen; se sostienen mutuamente. La libertad sólo puede entregarse por amor; otra clase de desprendimiento no la concibo. No es un juego de palabras, más o menos acertado. En la entrega voluntaria, en cada instante de esa dedicación, la libertad renueva el amor, y renovarse es ser continuamente joven, generoso, capaz de grandes ideales y de grandes sacrificios. (Amigos de Dios, 30-31)

 

 

La figura histórica de Jesús

¿Quién es Jesús? ¿qué sabemos de Él? El autor de este artículo define la figura de Cristo como "una piedra de escándalo para la razón".

Cristo 20 de Febrero de 2016

pus Dei - La figura histórica de Jesús

La figura histórica de Jesús (En PDF)

En los años que marcan el comienzo del tercer milenio parece que se hubiera despertado en el mundo un interés especial por Jesús de Nazaret. En realidad, los libros escritos en los últimos años sobre su figura y su persona, aunque no todos positivos, ponen de relieve la actualidad y la trascendencia del Hijo de Dios hecho hombre, y el atractivo de su vida.

En efecto, en su comunión con el Padre, Jesús se hace presente hoy ante nosotros. ¿Y qué trae Jesús, qué da al mundo? La respuesta es sencilla: Dios [1] .

 

Enciende tu fe. –No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” –dice San Pablo– ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! [2] .

La predicación de la Iglesia primitiva presenta siempre a Jesucristo como Hijo de Dios y único Salvador. La proclamación del Misterio Pascual llevaba consigo un paradójico anuncio de humillación y de exaltación, de vergüenza y de triunfo: nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios [3] .

No fue fácil para los primeros cristianos superar el escándalo de la cruz, la realidad de la crucifixión y muerte del mismo Hijo de Dios. De ahí el intento de los docetistas y de los gnósticos de negar que Jesús tuviese un cuerpo real y pasible, o el de Nestorio, dos siglos más tarde, de afirmar la existencia en Jesucristo de dos personas, una humana y otra divina.

A ningún estudioso serio escapa, sin embargo, el hecho histórico de Jesús de Nazaret. Aunque no hay una gran cantidad de datos extra-bíblicos sobre su persona y su misión, son suficientes para afirmar, sin lugar a dudas, su paso por la tierra. Es substancialmente aceptado, por ejemplo, el testimonio de Flavio Josefo. En uno de sus libros, este historiador judío del siglo primero se refiere a Jesús como «hombre sabio (…); Él realizó obras extraordinarias, siendo un maestro de hombres que acogen la verdad» [4] . Más adelante escriben sobre Jesús, durante el imperio de Trajano, Plinio el Joven y Tácito; y después lo hará Suetonio, secretario de Adriano.

 

ábana Santa de Turín.

​Sábana Santa de Turín.

 

Junto a estas referencias, los evangelios constituyen «el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador» [5] ; son las fuentes que proporcionan una visión detallada de su personalidad.

La Tradición de la Iglesia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha reconocido en estos escritos la plasmación auténtica y segura de la figura histórica del Señor, una figura histórica que posee un carácter divino.

El valor de los evangelios como fuentes primarias para conocer a Jesús no fue puesto en duda por los cristianos hasta finales del siglo XVIII. En ese momento, surgieron algunos autores que pretendieron analizarlos con criterios historiográficos y positivistas, eliminando las narraciones que consideraban inaceptables para el hombre moderno ; esto es, los milagros y las profecías, sólo explicables por el carácter extraordinario de la intervención divina en la historia. Se trataba del primer intento de estudiar los evangelios solo como libros de historia, sin considerar su contenido sobrenatural, un proyecto que abordaba los textos excluyendo la fe en la divinidad de Cristo.

A partir de entonces, abundaron las “vidas de Jesús” en las que Cristo aparecía como uno de tantos candidatos a mesías; un fracasado condenado a muerte por la autoridad romana que, eso sí, poseía una indudable autoridad moral.

De este modo, con frecuencia, estas pretendidas biografías históricas retrataban más el carácter de quien las escribía que el de Jesucristo.

 

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​Detalle del rostro de la sábana santa.

 

Posteriormente, el avance de los estudios exegéticos llevó a una fuerte reacción contra este planteamiento: se pasó a considerar los evangelios como textos escritos con fe sincera, aunque desinteresados de las coordenadas de la historia; no se superó el escepticismo sobre la divinidad de la figura histórica de Cristo . En los últimos decenios, los nuevos criterios metodológicos han permitido una lectura teológica de la Biblia más de acuerdo con la fe [6] .

La verdad proclamada por la Iglesia sobre el Hijo de Dios, que después de veinte siglos sigue siendo una piedra de escándalo para la razón, es la de una Persona ante la cual cada uno debe comprometer su propia vida a través de un acto de fe; pero no una fe puramente fiducial o credulona , sino una fe que se apoya en que Dios mismo ha hablado y actuado en la historia; una fe que cree en la vida y obras reales del Hijo de Dios hecho hombre, y que encuentra en Él la razón de su esperanza.

La importancia de la realidad histórica del mensaje evangélico se hizo patente desde los primeros instantes del cristianismo; como señala San Pablo, si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe [7] .

Los milagros y la autoridad de Jesús

En los evangelios se relata que Jesús hace milagros. En el Antiguo Testamento ya se narraban prodigios realizados por profetas como Elías y Eliseo, por no hablar de los protagonizados por Moisés o Josué. También en la literatura antigua, tanto judía como helenística, se cuentan portentos de algunos personajes.

 

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​Monte de las Bienaventuranzas.

 

Quienes buscan negar la veracidad de los milagros de Cristo –y, en general, de todos los que aparecen en la Escritura–, suelen apoyarse en estos últimos para afirmar que los relatos de hechos milagrosos implican un género literario de ficción, tal vez dirigido a exaltar un personaje histórico.

Pero las similitudes dejan pronto paso a profundas divergencias, que constituyen signos de la credibilidad y de autenticidad de los evangelios. En primer lugar, los milagros de Jesús sorprenden por su verosimilitud. Los evangelios hablan, sí, de portentos; pero nada hay de exagerado en cómo los describen.

Un ciego recobra la vista; un cojo empieza a andar... Se aprecia, en la sencillez del relato, que se está muy lejos de pretender exaltar una figura; son relatos ajenos a toda aparatosidad, y en los que se refleja la vida cotidiana de los protagonistas.

También llama la atención la autoridad que Jesús ejerce cuando los realiza. Los prodigios narrados en la literatura rabínica se obtienen después de largas oraciones. Él, en cambio, los hace con su propio poder, con una palabra o un gesto, y el efecto se sigue casi siempre de modo inmediato.

Otra característica única es la discreción de Jesús: rara vez toma la iniciativa, se muestra reticente, manda que no se divulgue... Incluso en ocasiones dice el texto sagrado que no pudo hacer milagros [8] , porque no encontró en los interesados las disposiciones espirituales adecuadas.

 

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​Via dolorosa que Cristo recorrió con la cruz.

 

Por último, es importante notar cómo los milagros de Cristo poseen siempre un sentido que trasciende el mero efecto físico. El Señor no cede al gusto de los hombres por lo maravilloso, o a la curiosidad: busca la conversión del alma, quiere atestiguar su misión. Jesús hace ver que no son simples prodigios; para realizarlos, exige la fe en su Persona, en la misión que el Padre le ha confiado. Parten de la fe y llevan a la fe.

De todo esto se concluye que los evangelistas se propusieron poner al alcance de todos hechos históricos, para que pudieran ser trascendidos por la fe; testimonian que «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en Él reside la plenitud de la Divinidad corporalmente”» [9] .

De ahí la centralidad, en la vida del cristiano, del consejo de san Josemaría: Saboread aquellas escenas conmovedoras en las que el Maestro actúa con gestos divinos y humanos, o relata con giros humanos y divinos la historia sublime del perdón, la de su Amor ininterrumpido por sus hijos. Esos trasuntos del Cielo se renuevan también ahora, en la perenne actualidad del Evangelio: se palpa, se nota, cabe afirmar que se toca con las manos la protección divina [10] .

La autoridad de Jesús, sin embargo, no se manifiesta sólo en su modo de hacer milagros. Aparece todavía más límpidamente en su modo de disponer de la ley y de la tradición: las interpreta, profundiza y corrige. Éste es otro rasgo diferenciador, que no se encuentra en ningún otro testimonio de la época. La originalidad de esta actitud, patente en las enseñanzas recogidas en los evangelios, sólo se explica por el carácter único del Maestro, por su fuerte personalidad y doctrina.

Este poder sobre la Ley se percibe cuando se examina cómo Él la cumple fielmente. Por una parte, en ese cumplimiento Cristo muestra unas exigencias que van hasta lo más profundo del corazón, más allá de cualquier asomo de formalismo.

 

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​Fragmento del muro del templo de Jerusalém, donde acudía Cristo.

 

Es cierto que Jesús mantiene la ley, pero la interpreta según un espíritu novedoso que, al mismo tiempo que la cumple, la supera; trae un vino nuevo que rechaza componendas con los odres viejos. Por otra parte, esto lo hace como un legislador que habla en nombre propio, superando a Moisés. Lo que Dios había dicho a través de Moises, lo perfecciona su Hijo Unigénito.

Jesús inaugura una nueva era, la del Reino anunciado desde hacía mucho tiempo por los profetas: destruye el Reino de Satanás arrojando los espíritus con el dedo de Dios [11] . La mesianidad de Jesús no puede ser una invención de sus discípulos ideada después de la Pascua: la tradición evangélica contiene tantos recuerdos sólidos y armónicos de su vida pública que no es posible rechazarlos diciendo sencillamente que se trata de una creación póstuma, fruto de una presunta ideologización apologética. Las enseñanzas de Cristo son inseparables de la autoridad con que las proclama.

La divinidad de Jesús en los Evangelios

De modo análogo a como se niega la historicidad de los milagros, a veces se afirma que el título de «hijo de Dios» sólo designa, en los evangelios, una cercanía especial de Jesús con Dios. Generalmente, se argumenta señalando que este título tiene diversos usos en los textos de la época: se aplica a personajes que se distinguen por ser justos, al pueblo de Israel, a los ángeles, a la realeza o a personas con alguna facultad especial. Pero cuando consideramos los relatos evangélicos, de nuevo aparecen diferencias sólo explicables si se reconoce la naturaleza divina de Cristo, proclamada a la luz del Misterio Pascual.

Así, en el evangelio según San Marcos se testimonia que la personalidad de Jesús es sobrehumana. Ciertamente, en ocasiones, Jesús es proclamado hijo de Dios por quienes tal vez sólo lo hacen según el sentido normal de la época, sin conocer a fondo sus implicaciones.

Pero también la voz del mismo Padre en el Bautismo y en la Transfiguración atestigua que Jesús es Hijo de Dios; y a la luz de esta declaración se puede apreciar en otros muchos pasajes el carácter real y único de la filiación divina de Cristo. Por ejemplo, Jesús mismo se presenta como el “hijo amado” en la parábola de los viñadores homicidas, radicalmente distinto a todos los enviados anteriores; también manifiesta una relación personal única de filiación y confianza con el Padre al llamarle –y éste es el único evangelio que lo recoge– Abba [12] , Papá.

En este contexto, es de interés señalar cómo la fe del evangelista en la divinidad de Jesús queda enmarcada por el versículo programático evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios [13] , y la confesión del centurión, al final del texto: ¡verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! [14] .

En San Mateo, la filiación divina de Jesús se presenta con más profusión que en San Marcos. El título viene pronunciado por endemoniados, por el centurión, por quienes pasan bajo la Cruz en el Calvario, por los sacerdotes, por Pedro y los discípulos, especialmente después de un milagro. Aún más claramente que en San Marcos se ve que no todos los que le llaman hijo de Dios lo reconocen como tal, y sin embargo esta actitud sirve al evangelista como contrapunto de quienes sí lo hicieron.

Por su parte, el tercer evangelio resalta la relación entre Jesús y el Padre, enmarcándola en un ambiente de oración, de intimidad y confianza, de entrega y sumisión, que desemboca en las últimas palabras pronunciadas en la Cruz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu [15] .

Al mismo tiempo es fácil captar cómo su vida y su misión son continuamente guiadas por el Espíritu Santo, ya desde la Anunciación donde se proclama su filiación divina. Junto a estos rasgos particularmente destacados en San Lucas, volvemos a encontrar otros testimonios comunes con los demás evangelistas: también los demonios llaman “Hijo de Dios” a Jesús en las tentaciones y en las curaciones de los endemoniados en Cafarnaún y en Gerasa.

En San Juan se presenta la filiación divina de Cristo en su sentido más profundo y trascendente: Él es el Verbo, que está en el seno de Dios y se hace carne; es preexistente, ya que es anterior a Abrahán; ha sido enviado por el Padre, ha bajado del cielo... Son características que destacan la realidad divina de Jesús.

La confesión de la divinidad por parte de Tomás puede considerarse la culminación del evangelio, que ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre [16] .

En San Juan es patente, tal vez más que en ningún otro evangelista, cómo la afirmación de la divinidad real de Jesús pertenece al mismo núcleo de la predicación apostólica. Una afirmación, por lo demás, que hunde sus raíces en la conciencia que Cristo tenía de ella en su paso por la tierra.

En este sentido, es de especial interés recordar –y es un elemento común a todos los evangelistas– el que Jesús diferencia su relación con el Padre de la que tienen los demás hombres: mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios [17] ; subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios [18] ; la expresión «Padre nuestro» en labios de Jesús sólo aparece en una ocasión, al enseñar a los discípulos el modo en que deben rezar. Cristo nunca pone en el mismo nivel su especial filiación con la de los discípulos: una muestra de la conciencia que Él mismo tenía de su divinidad.

La predicación de la primitiva comunidad cristiana presenta las formas de anuncio, de catequesis, de exhortación o de argumentación en favor de la fe, que vienen recogidas en la narración evangélica. Esto influye más en sus características literarias que en el contenido de lo que aconteció.

Es útil descubrir que las necesidades de la predicación han llevado a seleccionar algunos pasajes frente a muchos otros [19] , y que movieron a los evangelistas a presentar la vida de Cristo en un modo más teológico que biográfico, más sistemático que cronológico. Pero no hay motivo para pensar que ese interés y esas necesidades lleven a falsificar los recuerdos, a crearlos o a inventarlos.

Más aún, las expresiones y sucesos desconcertantes son una prueba más de la credibilidad de los evangelios –¿por qué el bautismo, si Cristo no tenía pecado?, ¿por qué afirmar la aparente ignorancia de Jesús respecto a la Parusía, o que no pudo hacer milagros, o que estaba cansado?–, como lo son también la forma semítica de las palabras, o el uso de expresiones arcaicas o no asumidas por la teología posterior –como «hijo del Hombre».

Los evangelios están repletos de episodios llenos de candor y naturalidad; cada uno de ellos es una muestra de veracidad, y del deseo de contar la vida de Jesús en el seno de la tradición de la Iglesia. Quien escucha y recibe esa Palabra puede llegar a ser discípulo [20] .

En el mensaje cristiano se entrelazan fe e historia, teología y razón, y los testigos apostólicos manifiestan la preocupación de apoyar su fe y su mensaje sobre los hechos, contados con sinceridad.

En esas páginas, Cristo mismo se da a conocer a los hombres de todos los tiempos, en la realidad de su historia, de su anuncio. Leyéndolas, no accedemos a un ideal moral; meditar el evangelio no es un reflexionar sobre una doctrina. Es meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección [21] , porque cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella [22] .

B. Estrada

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[1] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus von Nazareth , cap. 1 y 2.

[2] Camino , n. 584.

[3] 1 Co 1, 23s.

[4] Cfr. Flavio Josefo, Antiquitates Judaicæ 18, 3, 3.

[5] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum , n. 18.

[6] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , Introducción.

[7] 1 Co 15, 14.

[8] Cfr. Mt 13, 18; Mc 6, 50.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 515.

[10] Amigos de Dios, n. 216.

[11] Cfr. Lc 11, 20.

[12] Mc 14, 36.

[13] Mc 1, 1.

[14] Mc 15, 39.

[15] Lc 23, 46.

[16] Jn 20, 31.

[17] Jn 8, 54.

[18] Jn 20, 17.

[19] Cfr. Jn 21, 25.

[20] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , cap. 4.

[21] Es Cristo que pasa , n. 107.

[22] Es Cristo que pasa , n. 107. 

 

 

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ

1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? - ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt 5,9).

La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).

Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011
BENEDICTUS PP XVI

 

 

La noción de Dios y el indiferentismo ético

Por: P. Enrique Cases 

Los hechos muestran, a principio del tercer milenio, un clima cultural que podemos llamar de indiferentismo ético, o de vacío moral, o, más aún, de una inversión de valores. Muchos son los que lo atestiguan, también fuera del ámbito religioso.

Como dice Aurelio Fernández: "conviene reseñar que los que hacen la denuncia ya no son las diversas instancias religiosas (tradicionalmente esta parecía constituir la misión exclusiva de los eclesiásticos), sino que a ellas se añaden las mentes mas preclaras de la cultura y de los filósofos etc., acusan constantemente y con dureza la grave crisis que padecen los hombres y la sociedad de nuestro tiempo.

Se llega a afirmar que nos encontramos en una etapa que ya ha superado el estadio de inmoralidad, que se caracteriza por la conculcación de los principios morales; que también hemos atravesado el estadio de amoralidad, caracterizado por la vida espontánea, que no tiene en cuenta para nada los principio éticos y que hemos alcanzado la etapa final como de desmoralización, en la cual el mal moral produce tal estado de desventura social que no puede ser contrarrestado por el bien que también produce la dinámica de la convivencia.

De hecho los estados se sienten impotentes para erradicar algunos vicios de los ciudadanos, por ejemplo, la delincuencia organizada, el terrorismo, la drogadicción, el paro, la xenofobia etc" .

Como indica la Veritatis Splendor "ha venido a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano y psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre las enseñanzas morales de la Iglesia.

Ya no se trata de constataciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de manera global y sistemática, el patrimonio moral.

La influencia más o menos velada de corrientes de pensamiento que acaban de erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva de la verdad.

Y así se rechaza la doctrina tradicional sobre la ley natural y sobre la universalidad y la permanente validez de sus preceptos; considera simplemente inaceptables algunas enseñanzas morales de la Iglesia; opina que el mismo Magisterio no ha de intervenir en cuestiones morales mas que para exhortar a las conciencia y proponer valores en los cuales cada uno basará después autónomamente sus decisiones y opciones de vida"(VS,4).

Ejemplos de mentes lúcidas de este estado de crisis moral son, por ejemplo, Spengler en "La decadencia de Occidente" (1918-1922), Horkheimer "Dialéctica de la Ilustración" 1944; Romano Guardini "Fin de los tiempos modernos" 1950; Ghelen "El fin de la modernidad"; Fromm "Tener o ser" 1978; Morin "Para salir del siglo" 1981; Peccei "Testimonio sobre el futuro 1981; Spaeman "Fin de la modernidad" 1982, y el mismo posmodernismo que se contenta con unos mínimos morales siempre a la baja. El pesimismo de los que no atisban soluciones es constante.

Pensamos que hay soluciones, pero que antes se debe diagnosticar la raíz de la crisis, y la vemos en la decadencia de la noción de Dios en la mente de los hombres.

La recuperación humana viene seguida de una más profunda intelección de quién es Dios por todos los caminos posibles. No en vano detectaba Pío XII que la crisis de nuestro tiempo era una "crisis del sentido de pecado", y Juan Pablo II confirmaba esta afirmación señalando que se debía a una "crisis del sentido de Dios".

Veamos históricamente cómo se ha producido esta crisis.

En un punto álgido del sentido de Dios podemos situar a Santo Tomás de Aquino, en él se junta la mente pensante del filósofo, con la luz de la fe que eleva el pensamiento humano y el modo de pensar teológico, todo ello eleva el pensamiento y todo el conocer humano a niveles sublimes.

De una parte la aportación de la filosofía apofática del pseudo Dionisio que llega a Dios por la vía negativa de modo que Dios es más que todo lo que podemos afirmar de Él, el hiper bien, la hiper verdad, el hiper uno, porque nuestro conocimiento de verdad, belleza, bien, unidad son limitados, y Dios es misterio que todo lo supera.

Después llega al descubrimiento del Esse en toda su riqueza no reducible a la esencia y que tiene toda la perfección del acto puro. Dios es el Ipsum Esse subsistens, perfección, pura y subsistente.

Si a esto añadimos la revelación de la intimidad de Dios como un ser Trino en personas en comunión de amor la riqueza es máxima aunque se escape a la razón y se acceda a ella por la fe y los dones del Espíritu Santo.

La idea del hombre como imagen de Dios es riquísima; la moral se basa en tomar como eje fin y fundamento ese Dios rico en ser, verdad y amor, libre, fin último de la criatura libre.

Dios crea por amor, porque es amor, y llama al amor verdadero al hombre que se dignifica con la acción moral. Ser imagen de Dios es entonces una realidad riquísima, es ser alguien ante Dios y para siempre, persona que habla y ama a las personas divinas en diálogo de comunión eterno en la condescendencia divina.

Un primer decaimiento de esta noción se da en Duns Scoto, gran creyente, e, incluso beato, pero que tiene una idea que al desarrollarse dará frutos no queridos.

Ya no es el esse ese acto único y rico, sino que el ser es común a todos los seres, lo más común, es el concepto común del ser que influye mucho en la noción del ser divino.

Entre los atributos divinos, Escoto concede gran importancia a la omnipotencia. Dios puede hacer todas las cosas posibles por sí mismo sin el concurso de causas intermedias. Dios tiene poder absoluto sin ninguna contingencia que lo limite, a no ser lo que de suyo es contradictorio. La moral está más fundada en la obediencia a la voluntad de Dios que en otras razones.

En Ockham es problema se agrava, la teología y la fe se alejan del conocer filosófico al que apenas fecundan. Dios está en su pensamiento más lejos, por ello insiste en la voluntad de Dios de tal manera que el principio de no contradicción ya no es obstáculo para el querer divino.

No hay acciones contradictorias (puede hacerse esto y su contrario, sin que ello suponga problema alguno); hay, en cambio, cosas que, si existiesen, es decir, si fuesen hechas, al estar hechas serían contradictorias: y, por ello, Dios no puede hacerse a sí mismo.

Pero Dios podía habernos mandado que le odiáramos, y, en tal caso, odiarle sería bueno. En otras palabras: la bondad y la malicia de las acciones humanas radica exclusivamente en la obediencia o desobediencia a la voluntad divina pura, entendida ésta como algo arbitrario para nosotros, o, al menos carente de toda razón, es decir, al margen de su Intelecto y de su Ser.

Dios no manda hacer lo bueno y evitar lo malo, sino simplemente obedecerle. Por eso mismo , no hay acciones buenas o malas, ni meritorias y, por ello, Dios podría condenar a los inocentes y salvar a los culpables.

Esta idea disparatada tiene una enorme influencia en los tiempos posteriores, especialmente en Lutero. La noción de un Dios caprichoso e irracional, no amoroso y justiciero se aproxima a las ideas de los dioses paganos especialmente los del Norte de Europa.

Se ve en este autor una descristianización de la noción de Dios bastante notable. Se vislumbra el pecado de Occidente que es un voluntarismo lúcido, aún con Dios, pero pronto contra Dios.

Los saberes se separan, los descubrimientos de la ciencia experimental atraen a muchos hasta que llegue a ser la técnica un instrumento al servicio de la voluntad de poder, la filosofía se separa de la teología en una inmersión en lo que será un racionalismo que se cree autosuficiente, y la fe tiene una incidencia accidental con ausencia de vida.

Lutero está formado en este ambiente intelectual, su noción de Dios justicia es terrible, lejana a la paternidad tantas veces revelada. Si a esto unimos un alma atormentada por la salvación y una conciencia angustiada por el pecado se explica la rebelión protestante del hombre al mismo tiempo justo y pecador, la moral se hace puritana, contradictoriamente permisiva.

La raíz es la idea de Dios que con apasionamiento muestra lejano del amor revelado por Jesucristo. La idea de un Dios justiciero y vengativo le atormenta hasta la desesperación y la angustia, lo que unido a escrúpulos y obsesiones hace una mezcla verdaderamente explosiva.

Considera incompatibles el Dios justiciero que arde en cólera y venganza con el hombre pecador. Cristo mismo se hace pecador ante ese Dios implacable para justificar externamente al hombre obsesionado con la salvación.

La problemática se ha desplazado al hombre, pero lo clave es la idea subyacente de Dios, idea indeseable que se irá acentuando en sus seguidores.

Calvino tendrá la misma idea con el añadido de la predestinación con la que unos están predestinados a la salvación y otros a la condenación, hagan lo que hagan. Esto muestra intensamente a un Dios caprichoso e injusto en el fondo, aunque se digan otras cosas con las palabras. El decaimiento es imparable.

No es impensable que en este ambiente, junto a una religiosidad rígida, se den rebeliones y desasosiegos.

Aunque en otra órbita de pensamiento encontramos en Descartes una idea poco cristiana de Dios, dice que el inicio de su pensamiento es el pensar para llegar a la certeza, cuando más bien es un querer dudar ante lo evidente, con lo que secretamente se esconde la voluntad como el inicio del pensar.

Dice que su pensamiento es muy adecuado para demostrar la existencia de Dios desde el acto de pensar puro, pero nada dice de Él y ese silencio es elocuente ante el alejamiento de Dios que equivale a un agnosticismo práctico.

Dios equivale a la naturaleza en Spinoza. Su Deus sive natura es un panteísmo, que por una parte puede llevar al materialismo, y de otra ha reducido aún más la noción de Dios a lo que se da en el mundo material. Su negación de la revelación es total.

Estamos lejos de un Dios personal, que habla y ama a los hombres en un acto de libertad creadora y reformadora.

Kant es el filosofo del luteranismo. Niega que se pueda llegar por el conocimiento intelectual a Dios y sólo lo postula la moral. Cree en Dios, pero el agnosticismo es total. A Lutero no le interesaba el Dios en sí, sólo el Dios para mí.

Kant no llega a Dios por la razón pura y sólo a un Dios casi desconocido, legislador oculto y exigente de una moral del deber por el deber, por la razón práctica. El empobrecimiento es grande en el conocimiento de Dios.

Los idealistas ahondan el problema al hablar del absoluto. Hegel afirma de Dios que es un absoluto que toma conciencia de sí en el hombre y en la historia en una dialéctica de muerte de Dios para vivir conociéndose tras la leyes de la razón que él ha descubierto.

Es lógico que Feuerbach y con él los marxistas digan que ese Dios no es Dios sino una proyección del espíritu humano y reduzcan la noción de Dios a antropología o a materia dialéctica siendo la religión una alineación. Todos niegan la libertad y con ella la moral está al servicio de una necesidad más o menos desconocida.

El punto grave de la inversión de valores está en el desenmascarador del racionalismo y de los diversos nominalismos que es Nietzsche. La raíz de sus planteamientos es la voluntad y Dios es el oponente.

El enemigo, el que tiene el poder y el saber y al que se tiene que matar como se mata al padre para apoderarse de la herencia. La moral será la voluntad de poder que consiste en ponerse el hombre en el lugar de Dios para construir una nueva moral.

Se ha pasado del amor a Dios, Bondad, Amor, Verdad, al odio a Dios, aunque quizá con una nostalgia de Dios como plenitud de toda la belleza que se hace imposible al hombre rebelde.

La moral es una anti moral consciente y programada. La raíz un acto libre más o menos consciente. En el caso de Nietzsche muy consciente y lúcido y cuyas consecuencias estamos viendo en el alba del tercer milenio, cien años después de su muerte.

Algunos se dicen: hemos pisado fondo, pero está por ver el espesor del lodo de ese fondo. Si la llegada del racionalismo en sus diversas caras de idealismo y positivismo ha llevado a dos guerras mundiales y a centenares de millones de muertos en masacres increíbles, ¿qué ocurrirá en el paso siguiente de ese camino?

Es momento de rezar y de pensar conscientes del peligro, pero algunos comen, beben, se casan, se descasan y no ven lo que está delante de sus ojos más o menos turbios.

¿Hay soluciones? Sí, ciertamente, y van en muchas líneas, pero la principal está en la recuperación de la noción de Dios en el hombre y en un salto que lleve del conocimiento a la fe acompañada de la caridad y de la esperanza como dones de Dios a quien se entrega a Él y después del salto definitivo a la mística, preludio de la visión beatífica en la que se vea Dios desde dentro del mismo Dios.

Unas poesías oraciones pueden servir como preludio a su estudio.

Decidme ¿Quién es Dios?

Dios es Amor,
y se me sobrecoge el alma.
Amor a lo infinito.
¿Qué es tanto querer?
¿Qué será dar hasta el extremo?
Amor entre Tres
que se dan en sólo uno.

El Padre es el principio,
Amor de fuente
que engendra a un Hijo
igual a su sustancia.
El Padre es el Amante.
El Hijo es el Amado.
Ahí está la diferencia
en unión total y sin fisura.

El Hijo es engendrado eternamente,
es Verdad sin límites ni cortes.
Saber increado.
Pensamiento personal,
Engendrado de la ciencia del Padre de sí mismo.
La Palabra del Padre
que contiene todo lo posible.
La Imagen del Padre,
su rostro iluminado.

El Padre al ver al Hijo se extasía.
El Hijo al ver al Padre corresponde.
Ese amor de éxtasis de unión
es el Espíritu, Santo por Amor,
Dios de Dios, Don de Dios a Dios,
Corazón del Padre y del Hijo,
Lazo que une a los amantes.
Expansión infinita.
Éxtasis de amor eterno.
Comunión e intercambio que no cesa.

Dios es amor, pero amor vivo,
Personal,
Donación continua
que desborda haciendo el día
en lo creado.
sobreabunda, sorprendente, en Cristo mismo
y se da, hoy también,
en esa alma tuya
que se pierde y se encuentra
entre los Tres que la llenan
de luz,
de amor,
de eternidad,
de vida.

Decidme ¿Quién es Dios?

Yo soy el que soy,
tú eres el que no es.
Mira tu cuerpo,
el espacio,
los aires.
Yo estoy más allá.

Mira tu mente,
tu afecto,
tus ideas,
tus deseos,
tu querer.
Estoy más allá.

Me llaman infinito,
Eterno,
Inefable,
Inmutable,
y otros no,
y dicen que no soy como las cosas.
Dentro de cada una estoy Yo,
Dando vida, ser, belleza,
Pero supero los límites de todo.

Yo soy el que soy,
no des más vueltas,
y adora como hombre,
que esa es tu honra y tu gloria.

2.6.00

Ésta es la meta: aunar la filosofía cristiana que usa su método propio, pero sabiendo lo que se le ha revelado por la fe, con la teología que parte de la revelación para llegar a una inteligencia de la fe explicitando lo más posible el misterio, y luego denunciar los decaimientos de la cuestión más importante: "ésta es la vida eterna que te conozcan a Ti y a tu enviado Jesucristo"(Jn 17,3)

Veamos el camino seguido por Edith Stein, conversa desde el ateísmo que descubre la fe en la lectura de la vida de Santa Teresa como una experiencia de trato con el Dios vivo, filósofa, contemplativa y mártir en un itinerario de lucidez y de humildad, cuya falta sea uno de las limitaciones mayores de todos lo que hemos visto anteriormente.

"Hemos partido del hecho innegable de nuestro propio ser. Éste se ha manifestado como un ser fugitivo que pasa de un instante a otro y, por consiguiente, impensable sin otro ser fundado en sí mismo y creador, dueño de todo ser, en breves palabras, el ser mismo" .

Este ser eterno ocupa todo el abismo posible de la nada, además "el ser supremo es necesariamente un persona" .

Profundizando más ve que "lo que me da el ser y colma al mismo tiempo este ser de inteligencia, no debe ser solamente el ser supremo, sino también la inteligencia suprema" , en otras palabras el Logos de modo que se puede decir: "al principio era la Inteligencia" .

Y con libertad añade: "nosotros agregamos también lo que dice la sabiduría eterna por la boca del apóstol Pablo."Él existe antes de todas las cosas y todas las cosas subsisten en Él (Col 1,17)" . Dios, el ser supremo, es Persona, es eterno, es sabiduría, ya conocemos más de Él, es un ser real, no un ser pensado., desde la fe se puede decir que es el Verbo "El Padre se expresa y el Verbo es su palabra" , o dicho de otro modo: en el primer ente estaba el Logos (la inteligencia o la esencia divina) –en el Padre estaba el Hijo, la Inteligencia de lo real primitivo.

La generación del Hijo significa la presencia de la esencia en la nueva realidad personal del Hijo, que no sobrepasa, sin embargo, la realidad primera del Padre" .

Este afirmar a Dios como aquel cuya esencia es el ser no llega a comprender la esencia divina, pues si comprehedis non es Deus", no podemos abrazar completamente lo que queremos decir, pues rebasa la capacidad humana, "todas la veces que tratamos en la tierra de captar el infinito, captamos solamente una parábola finita" , aunque "el ser esencial de Dios es el ser real y, de hecho, el ser más real" .

El ser es uno y simple por una parte fundamento de la multiplicidad, la solución está más allá de los límites filosóficos, que son los que abordará Edith Stein.

El siguiente paso es ver en Dios los trascendentales: unidad, verdad, bien, belleza. Es una expresión de aquello de San Anselmo id quod magis cogitari non posse. Edith Stein percibe que todas las palabras deben sufrir una modificación de sentido cuando son transpuestas a Dios.

Por ello hablando de que Dios es la Verdad, dice que "su saber es en verdad un saber anterior a todas las cosas creadas y absolutamente independiente de ellas" . La inteligibilidad máxima se da en Dios.

Decir que Dios es bueno es señalar que es un trascendental del ser, bien es "la medida de lo perfecto" , no es perfectible como los seres creados porque tiene toda la perfección, es decir, es plenamente santo.

La belleza se distingue del bien en cuanto hace referencia a lo inmóvil y el bien a lo móvil, lo que atrae. Lo bello está fundado en el orden, la justa proporción y la determinación, o dicho de otro modo la perfección, la justa medida y la claridad. "La belleza es un resplandor que toca el alma" .

Una vez dados los pasos de la metafísica pasa al nombre revelado de Dios como Yo soy el que soy, que es el nombre que Dios se da a sí mismo y dice: "el "Yo soy" significa: yo vivo, yo sé, yo quiero, yo amo; pero todo esto no constituye una sucesión, una yuxtaposición de actos temporales; al contrario, se trata de algo que es absolutamente uno desde toda la eternidad en la unidad del acto divino único en el que coinciden todos los significados diferentes de la palabra acto: ser real, presente vivo, ser acabado, movimiento espiritual, acto libre.

El yo divino no está vacío, sino que él contiene, abraza y dirige toda la plenitud.(...) la plenitud del ser está formada personalmente, (...) es ser esencial,(...) Pues en Dios, en cuanto "Yo soy", la esencia y el ser son inseparables" . Los trascendentales los entendíamos respecto al hombre elevándolos a la perfección, "ahora todas estas determinaciones son trazadas en el "Yo soy" de una manera indivisible" .

Un paso posterior es el descubrimiento de la Trinidad, el "Yo soy" es amor, recíproco, eterno. "La vida interior de Dios es el amor recíproco enteramente libre, inmutable, eterno de las personas divinas entre sí. Su don recíproco es la esencia y el ser existenciales y únicos, eternos, infinitos que abrazan perfectamente a cada una de ellas y a todas juntas.

El Padre lo ofrece –desde toda la eternidad- al Hijo al engendrarlo y mientras el Padre y el Hijo se dan el uno al otro, el Espíritu Santo procede ellos" .

Sigue Edit Stein mostrando a Dios en su Trinidad y añade: "Dios es el amor, pero el amor es un más libre don de sí, de un yo a un tú y una unidad existencial de los dos en un nosotros.

Puesto que Dios es espíritu, es transparente a sí mismo y produce desde toda la eternidad la imagen de su ser en la que Él se ve a sí mismo, es decir, su Hijo idéntico a Él, la sabiduría o el Verbo(...)

Cuando el Hijo y el Padre se aman el uno al otro, su don de sí es al mismo tiempo un acto libre de la persona del amor.

Pero el amor es la vida en la más alta perfección: el ser que se da eternamente sin sufrir ninguna disminución, la fecundidad infinita.

Por eso el Espíritu Santo es el don, no sólo el don de sí de las personas divinas entre sí, sino el don de sí de la divinidad a todo lo que es exterior; contiene en sí todos los dones que Dios hace a las creaturas" .

Se advierte en estas palabras la emoción de la que desde el ateísmo ha descubierto la riqueza intima de Dios y de su vida íntima. Dios ya no es algo que explica lo inexplicable, sino alguien para amar que da su vida eterna al hombre en una comunión inefable.

Sobre esta base se puede elaborar una moral que esté de acuerdo con el ser del hombre pues ya sabemos qué es el bien y no el capricho de una libertad separada de la verdad que acaba en verdaderas degeneraciones y abusos.

La moral pasa a ser un acto de correspondencia al amor, una libertad que elige amar a Dios y por Dios a todos y a todos.

La ley deja de ser una imposición positivista para ser el camino para alcanzar la perfección de ese Dios que espera al caminante.

El cielo eres Tú/ divino amante/ que sacias la sed del caminante. El infierno, aquí y en el más allá, es la autoexclusión del amor, triste efecto de la libertad errante opuesta a la libertad amante.

Acabemos con unas palabras que pueden servirnos para conocer y amar a Dios Padre:

Padre, ¿quién eres?

Eres Dios escondido
en esa oculta fuente
de dar vida
engendrando eternamente
al Hijo, al Amado
y a muchos, muchos hijos.

Te conozco en el rostro de Jesús
que con fuerza clama ¡Abba!
te veo sufriendo por amor,
te contemplo al dar la vida,
al Cristo resucitado,
me admiro del don de Pentecostés,
pero quiero verte a Ti solo,
aunque sé que no es posible.

Quiero verte en el origen,
saborear el amor en el principio,
tus cuidados sabios de los hombres,
tu libertad amorosa y sorprendente,
tu poder que es perdón
una y mil veces.

Si te conozco,
llegaré a ser padre,
además de hijo,
y sembraré el mundo de caricias.
6.XII.00

 

 

Dios saca bien hasta del mal

 

En su convalecencia tras el atentado sufrido de 1981, Juan Pablo II meditó mucho acerca del dolor. Fue entonces cuando elaboró la Carta Apostólica Salvifici doloris, un verdadero tesoro de exposición teológica sobre el sufrimiento, de la que el Papa dijo: “Quisiera que esta Carta fuera como una guía para vuestra vida, de forma que contempléis siempre vuestra situación a la luz del Evangelio, fijando la mirada en Jesucristo, Señor de la vida, Señor de nuestra salud y de nuestras enfermedades, Dueño de nuestros destinos”[1].

 

Mirando a Cristo crucificado encontramos la fuerza necesaria para asumir el dolor. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo eleva, los purifica, lo sublima y lo convierte en una ocasión para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en la civilización del amor como tantas veces repetía el anterior Papa.

 

Es un hecho que salta a la vista. La realidad del dolor como una experiencia terrible, ante la cual especialmente si son inocentes, el hombre plantea aquellos difíciles, atormentados y dramáticos interrogantes, que constituyen a veces una denuncia, cuando no un desafío o un grito de rechazo contra Dios. ¿Cómo conciliar el mal y el sufrimiento con la solicitud paterna, llena de amor, que Jesucristo atribuye a Dios en su Evangelio? Dicho de otra manera: ¿cómo podemos creer que “Dios es amor”, y que ese amor es omnipotente?

           

A la pregunta sobre cómo conciliar el mal y el sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina, ésta no se puede contestar de modo definitivo sin hacer referencia a Cristo. Efectivamente, por una parte, Cristo –Verbo encarnado– confirma con su propia vida y sobre todo con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre que sufre; más aún, que Él toma sobre Sí el sufrimiento en su variedad de formas en la existencia terrena del hombre. Para Dios cada hombre es único. Por uno solo hubiera hecho lo mismo que hizo por toda la humanidad.

 

En una Eucaristía para más de trescientos enfermos, en una tarde de septiembre, Juan Pablo II se quedó –saltándose el plan previsto– hasta las diez de la noche y todavía seguía el Papa saludando uno a uno a los asistentes. Un periodista dijo al día siguiente en su rotativo que el Papa era como Dios porque “sólo sabe contar hasta uno”, y es que no ve más que un solo rostro en todos y cada unos de los hombres, sanos o enfermos, ricos o pobres, blancos o negros, y ese rostro es el de Jesucristo.

 

El hombre, creado por Dios y elevado por Él a la sublime dignidad de hijo, lleva en sí un ansia indeleble de felicidad y siente una natural adversión a toda clase de sufrimiento. Jesús, en cambio, en su obra evangelizadora, incluso inclinándose sobre los enfermos y achacosos para curarlos y consolarlos, no ha suprimido precisamente el sufrimiento, sino que ha querido someterse Él mismo a todo el dolor humano posible, el moral y el físico, en su pasión hasta la agonía mortal en Getsemaní, pasando por el abandono del Padre en el Calvario y su larga agonía y muerte en la cruz. Por eso, ha declarado bienaventurados a los afligidos y a los que tienen hambre y sed de justicia. ¡La redención se efectúa concretamente a través de la cruz![2]

 

Dios afirma de forma clara y perentoria que la maldad no triunfa sobre su Sabiduría y que si permite el mal en el mundo es con fines más elevados, pero no quiere ese mal. Es Cristo quien en el contexto de su misterio redentor, ofrece la respuesta plena y completa a ese atormentador interrogante. Posee ciertamente un poder admirable pero que se pone de manifiesto precisamente en el contraste ante la debilidad y el anonadamiento de su pasión y muerte en la cruz. ¿Acaso no podía habernos rescatado del pecado de manera menos dolorosa? Si lo ha hecho así es porque hay razones divinas que sólo alcanzamos a acariciar. La dignidad humana es tan grande y tan grandiosa fue la indignidad que supuso el delito de la criatura contra el Creador que lo hacían conveniente. No fue el pecado primero una falta de ortografía; el pecado fue, y es siempre, un delito contra el infinito amor de Dios hacia el hombre.

 

Es esta una sabiduría excelsa y tan originalísma como desconocida fuera de la Revelación divina. Sucede que en el plano eterno de Dios y en su providencial acción sobre la historia del hombre, todo mal, y de forma especial el mal moral –el pecado– es sometido al bien de la redención y de la salvación precisamente mediante la cruz y la resurrección de Cristo. Se puede afirmar que Dios saca bien del mal. Esta es la gran rebelión que supone nuestra fe cristiana: Cristo trasforma el dolor en amor, de la caída saca impulso, de la muerte y el pecado, vida y santidad.

 

Así pues, visto con los ojos de la fe, el sufrimiento, si bien puede presentarse como el aspecto más oscuro del destino del hombre en la tierra, permite transparentar el misterio de la Divina Providencia, contenido en la revelación de Cristo, y de un modo especial en la cruz y su resurrección.

 

Indudablemente, puede seguir ocurriendo que, planteándose los anteriores interrogantes señalados sobre el mal y el sufrimiento el hombre no encuentre respuesta inmediata, sobre todo si no posee una fe viva en el misterio de Cristo. Pero gradualmente y con la ayuda de la fe alimentada por la oración se descubre el verdadero sentido del sufrimiento que cada cual experimenta en su propia vida[3].

 

Vemos que el único mal es el pecado y no el dolor. Vemos que Dios saca con su Amor encarnado de la muerte vida y del pecado salvación si hay arrepentimiento. La criatura racional, excelsa entre todas, pero siempre limitada e imperfecta, podía hacer mal uso de la libertad, la podía emplear contra Dios, su Creador. Así pues, el pecado no sólo era una posibilidad, sino que se confirmó como un hecho real desde al comienzo. Ante esto nos preguntamos: ¿No hubiera sido todo más fácil si Dios nos hubiera creado impecables? A esto hay que responder: el respeto de la libertad creada es tan esencial que Dios permite en su Providencia incluso el pecado del hombre. Podemos deducir pues, que a los ojos de Dios era más importante que en el mundo creado hubiera libertad, aun con el riesgo de su mal empleo, que privar de ella al mundo para excluir de raíz la posibilidad del pecado[4].

 

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor

 


[1] Cfr. JUAN PABLO II, Encuentro con los jóvenes enfermos, San Pedro, 19-VIII-1989

[2] Cfr. JUAN PABLO II, A los enfermos, en Pompeya, 21-X-1979    

[3] Cfr. JUAN PABLO II,Audiencia general, 11-VI-1986

[4] Cfr. JUAN PABLO II, Audiencia general, 21-V-1986

 

 

El 63% de los alumnos van a clase de Religión

 

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El 63% de los alumnos van a clase de Religión

Nota de la C. E. de Enseñanza y Catequesis sobre la opción por la Enseñanza Religiosa Católica (2016-2017)

Ofrecemos las estadísticas sobre la Enseñanza Religiosa Católica de este curso 2016-17. Los datos sobre la opción por la enseñanza religiosa católica que se ofrecen a continuación han sido elaborados por la Oficina de Estadística de la CEE con información recabada de las diferentes diócesis de España. Han proporcionado datos sesenta y ocho diócesis. Según los datos recibidos, de un total de 5.689.369 alumnos escolarizados, 3.559.076 alumnos reciben enseñanza religiosa católica, lo que supone el 63 %.

Los porcentajes son muy semejantes a los del curso pasado. Cabría destacar solamente el ascenso en Bachillerato y en la ESO. La oferta de la enseñanza religiosa en el curriculum escolar es decisiva para una educación integral de la persona, para el diálogo entre fe y cultura, además de ayudar a entender las raíces de ésta, a favorecer la acogida y comprensión del otro, a comprender y estimar las otras religiones, a respetar y amar la naturaleza como obra de Dios. Por eso, invitamos a los padres a favorecer la educación religiosa de sus hijos, sin dejarse frenar por las dificultades que pueden encontrar en algunos centros educativos a la hora de apuntar a sus hijos a la asignatura de religión católica. La tarea educativa de los padres se realiza, en primer lugar, con su palabra y testimonio ante sus hijos y con la colaboración estrecha de los profesores, en este caso de los que imparten la formación religiosa.

Conviene recordar que la enseñanza religiosa escolar forma parte del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones religiosas. A ellos corresponde la educación de sus hijos y no al Estado. La eliminación de este derecho o la imposibilidad de elegir libremente el centro educativo para sus hijos debilitarían significativamente nuestra democracia. En una sana democracia, las administraciones centrales y autonómicas deben favorecer dicha educación elegida por la familia o los propios estudiantes, sin intentar imponer otras concepciones éticas. Al Estado no le corresponde imponer su visión del mundo y del hombre ni una ética determinada sino servir al pueblo, formado por diversas sensibilidades, credos y formas de entender la vida.

Los obispos de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis animamos a los padres cristianos a que inscriban a sus hijos en la asignatura de religión y agradecemos a los profesores de dicha asignatura su servicio a la formación integral de los alumnos.

Madrid, 23 de marzo de 2017

 

 

¿Familia o profesión?, la nueva incógnita de la mujer

Miriam Paola Herrera Burciaga 

Última actualización: 23 Marzo 2017

Una gran incertidumbre que sentimos muchas profesionistas al momento de hacer un proyecto de vida, es sobre cómo sobrevivir entre tener una familia (con hijos y todo el paquete) y ser exitosas en la profesión que elijamos.

Pareciera que tendríamos que sacrificar alguna, porque en la práctica vemos que así es: “Si tengo éxito en mi trabajo, casi es seguro que terminaré divorciada”; o “Si me dedico sólo a la familia, entonces para qué ‘pierdo’ el tiempo estudiando tal carrera”.

Tras la grave problemática social de desintegración familiar, ¿fue un error que la mujer se saliera del hogar?, ¿a la basura la lucha por la equidad? La realidad es que la familia donde papá llevaba el sustento al hogar y mamá se quedaba trabajando en el mismo, ha cambiado drásticamente. ¿Entonces que los hijos se críen solos? Pero, ¿y los derechos de las mujeres?

Para tranquilizar el estrés mental, hay que considerar ciertos conceptos que el sociólogo José Pérez Adán nos ejemplifica:

La funcionalidad de la familia no radica en si tienes una familia tradicional, aquellas donde hay una separación de trabajo productivo (laboral) del trabajo reproductivo (trabajo en el hogar), o moderna, donde ambos cónyuges realizan ambos roles. Pues una familia que funciona a la sociedad asegura buenos ciudadanos y es capaz de:

* Transmitir cultura a las siguientes generaciones (una lengua, cultura, arte, tradición, religión).

* Mantener un control social (evitando conductas socialmente dañinas).

* Generar la socialización entre sus miembros (la familia aporta condiciones que permite a sus integrantes actuar en sociedad).

* Garantizar una equidad generacional (a través del afecto y solidaridad diacrónica).

Lo que consiste realmente equidad: la gran tortura mental que me provocó la ideología de género fue la sexualización del mismo género, cuando el sexo es biología (nuestra genética es XX o XY); y el género, por otro lado, adoptado el término en sociología por Ann Oackley, es cultura (valores masculinos o femeninos) y cambia conforme se modifican los roles sociales. Por lo tanto, sexo y género no son lo mismo:

* Valores masculinos

- Competitividad

- Iniciativa

- Lucro (interés propio, si no sirve lo desecho)

- Autonomía

- Fuera del hogar

* Valores femeninos

- Comprensión

- Complementariedad

- Servicio (protección por el débil)

- Interdependencia

- Dentro del hogar

Tras la innegable confusión de conceptos, se ha encadenado que haya personas que piensan que tanto el sexo como el género son constructos sociales, así como para otras el género es mera invención ideológica. Ambas son erróneas. Yo puedo optar conscientemente por valores masculinos y seguir siendo de sexo femenino; pero son los valores femeninos, que tanto hombres, mujeres e instituciones deberán optar por justicia social.

La integración de la mujer al ámbito empresarial, político y social no significa el culmen de la equidad de género. sino a la integración del hombre a las labores del hogar. El gran reto aquí es que los trabajos dentro del hogar (vivencia de valores femeninos), como no aportan capital en el mercado en nuestra odiosa economía neoclásica, se le da al rol de ama de casa un estatus social nulo, generando muchos hombres (y mujeres también) machistas.

Por lo tanto, tener una familia y laborar, sí pueden ser posibles; pero encontrar a la pareja con la cual compartir esa responsabilidad… ese es otro cantar.

 

 

HABLAR BIEN, HASTA DE LOS AMIGOS

Actualizado

No hablar mal de alguien se puede aguantar ; pero hablar bien, incluso  de los amigos es mucho más de lo que se puede soportar. ¿Qué pasa? Pues pasa que al hablar bien de Juan, Juan sube en la escala social, mientras nosotros quedábamos más bajitos. Y esto afecta a la fibra más íntima de nuestro “YO”, de nuestra importancia. ¡Yo, Yo y YO y nadie más que Yo. Hasta en la Biblia   lo expresa Sofinías 2,15 “Tal será la ciudad alegre que reposaba en seguridad, la que decía en su corazón: «¡Yo, y nadie más!»  

Todos queremos ser los más guapos, ricos, inteligentes, graciosos y los que metemos más goles del grupo; pero eso es casi imposible, así que era mucho más cómodo rebajar al que sobresale, poniendo encima de las mesa todos sus defectos, vicios y manías sean verdad o no, y por supuesto callándonos sus virtudes. ¡ Hasta ahí podíamos llegar; que Juan fuese más listo que los demás! ¡Jamás!

Como siempre la luz proviene de esos libritos que se llaman Evangelios. ¿Qué autoridad hay semejante a Cristo referente a cómo hemos de vivir? . Cristo dijo  “(Mt 7 1-5) No juzguéis y no seréis juzgados, porque como juzguéis os juzgarán, y con la medida que midiereis se os medirá. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo”   Además rectificó “Amar al prójimo como a ti mismo “ por  : “Este es mi precepto que os améis los unos a los otros como Yo os he amado” Comprobó que hay gente que no se quiere a sí mimo Aquí está la clave y el fundamento de todo el cristianismo: EN EL AMOR

 

La parte negativa del amor es no hacer daño, pero lo que importa es hacer el bien, hablar bien. Sólo amando y siendo amados podemos alcanzar el poco de felicidad posible en este mundo.  Aparte de la felicidad del animal sano, bien alimentado y cuidado, el ser humano exige mucho más. Necesitamos ser amados, estimados, respetados, valorados y de alguna forma admirados. Nunca el hombre o la mujer son  más felices que cuando son reconocidos y “alabados” por sus trabajos o cualidades personales: Basta ver la satisfacción de ese buen futbolista que mete un difícil gol y salta de alegría, se revuelca, brinca y es alabado con unos aplausos estruendosos 

 

La más pequeña de las acciones o regalos  hechos con amor suelen agradecerse como el mejor de los tesoros. El mismo Jesús lo reconoció así en la pobre mujer que dando los pocos dineros que tenía para comer lo ofreció todo por amor en el templo. Con razón, la oración preferida y deseada por Yahvé  es la oración de alabanza, la de los santos y las monjas encerradas. Igualmente  los Mandamientos de la ley  de Dios carecen de valor, no tienen sentido,  sin el primero: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

 

En conclusión, no perdamos ninguna ocasión para alabar sincera y honestamente a toda persona en sus actividades. Pero ¡Ojo! Dígamoslo de corazón , de verdad, con normalidad, con una sonrisa y comprobarás como te lo agradecerán. Además nunca mentirás, pues todo lo que hace el Señor es hermoso. Existe una pega: Hay que entrenarse. No hace falta mentir ni disimular,  pues todas tienen algo bueno. Cuando no podamos decir nada bueno,¡callémonos! Mientras tanto podemos empezar:

 

María que guapa estás hoy ¿Quién te ha peinado? o ¿ Qué vestido tan bonito llevas? Paco, ¡enhorabuena! me han dicho que has aprobado “casi” todo. Al mal alumno alabarle lo poco bueno que haga, en vez de criticarle duramente lo mucho malo. Sorprendido se esmerará un poco más. Y todo dicho con cara alegre y sonriente. ¡Ojo! Si se nos ocurriese utilizar la “coba”  nos pasaríamos de listos, lo notarían rápidamente  y caeríamos en un repugnante fariseísmo.

 

También Los principios de la física valen para la vida: “Toda acción tiene una reacción igual y contraria”. Por tanto, sonríe y te sonreirán, critica y te criticarán, ayuda y te ayudarán, odia y serás odiado,  ama y serás amado. Al sembrar amor y palabras amables, el ambiente cambia rápidamente a nuestro alrededor y a cada sonrisa nuestra se nos responderá con otra parecida. Prueben durante una semanita y comprobarán los excelentes resultados humanos que se obtienen por un precio tan pequeño, sin necesidad de ser rico, guapo  ni una “lumbrera”.

                                               Mérida (España), 2017-03-23 

                                               Alejo Fernández Pérez

                                               Alejo1926@gmail.com

 

 

EL LLANTO… DE MI PERÚ

Autor: Eliseo León Pretell  

*Poeta internacional peruano

“Ciudad Satelital”

Houston Texas, E.E. U.U.

 

(DÉCIMA ESPINELA)

 

Llora el cielo en mi Perú

rugen los andes peruanos

sufren mis tristes hermanos

todo se cubre de alud.

 La belleza y pulcritud

de la “Casa de Pizarro”

está entre el negro del barro

juntito al río hablador

que en grito desolador

se abre paso en su desgarro.

☼☼☼

Llora la selva y la sierra

gime la costa y el mar

el peruano en su avatar

a su propiedad se aferra.

El río arrastra su tierra

 el huayco corre y avanza

arrasando lo que alcanza

en su feroz estampida

haciendo cambiar la vida

sin atisbo de esperanza.

☼☼☼

Llora nuestro sur y norte

llora el centro por doquier

se desesperan al ver

a su azul cielo de luto.

El gobierno irresoluto

tardo y lento en su accionar

por la corrupción sin par

dividido en mil pedazos

no puede afirmar sus pasos

para un desastre afrontar.

☼☼☼

Con la lluvia sin cesar

se desbordaron los ríos

barriendo los sembradíos

del peruano y su arrabal.

Se rompieron cual cristal

escuelas, casas y puentes

empobreciendo a las gentes

que lucharon por lograr

su soñado bienestar

acariciado en sus mentes.

☼☼☼

 No hubo tiempo en el congreso

para algún plan pre visorio,

como en un salón mortuorio

lejos del abrazo y beso,

cual ratones frente al queso

peleaban la corrupción,

mientras el río “Chillón”

el “Rimac” y el “Huaycoloro”

en un trepidar sonoro

bajaron sin compasión.

☼☼☼

Como obscura maldición

todo se cubre de lodo,

pareciera de algún modo

Dios reclamara un perdón.

El político bribón

por pensar en la mordida

y en su fortuna escondida

no cumple lo prometido

pasa otro tramo perdido

en nuestra patria querida.

 

Derechos reservados

El Político te roba: La salud, la vivienda, la educación, la pensión, la recreación, el trabajo, la ilusión y hasta la conciencia.

¡¡ Y TÚ LO ELIGES!!

 

 

 

El Acuario y el hombre contemporáneo

 

Una vez visité un acuario en el que cada pez permanecía en su área. Me sorprendió lo sensibles que se mostraban en relación a cualquier cosa que se encontraba en el camino de su incesante y ocioso andar a través de su medio líquido: el contacto con la vegetación, algún pequeño obstáculo

,cuario

​ hasta una burbuja de aire tenía inmediatamente un efecto en su dirección y movimientos.

Tuve ganas de saber como reaccionaba su sensibilidad con respecto a lo que pasaba fuera de la pecera, puesto que ésta tenía uno de sus lados enteramente dispuesto para la observación de los visitantes.

Los peces literalmente apoyaban sus bocas – uno podría decir hasta sus ojos- en el vidrio. Pero eran completamente insensibles a cualquier cosa que estuviera fuera: una mano descansando sobre el vidrio, dedos gesticulando o golpeando – nada de ello les causaba la más mínima reacción. El mundo fuera de la pecera podría estar cayéndose, que ninguno de estos peces le prestaría la más mínima atención hasta que ello no sucediese dentro de su pequeño y líquido mundo.

Me vienen a la mente aquellos peces cuando veo las actitudes de algunos de mis contemporáneos – no de pocos de ellos – cuando reciben noticias o comentarios sobre el mundo de hoy, a través de la televisión, la radio o los diarios. Con cada vez mayor frecuencia, las noticias tratan de catástrofes individuales, locales y hasta nacionales. A veces hasta es discutida la destrucción del mundo en una hecatombe nuclear. La persona que escucha tales noticias permanece indiferente, mientras no causen inmediatas repercusiones en su pequeña vida privada, en su acuario.

Síntomas de alarmante corrupción, contradicciones aberrantes, indicaciones alarmantes sobre transformaciones de la psicología de grupos sociales – nada de ello es relevante mientras que su pequeña vidita continúe inalterada unos pocos días más, o, tal vez, sólo algunas horas.

Esa actitud me llamaba muchísimo la atención.

Justo en frente de la pecera, tuve el deseo – afortunadamente controlado – de golpear el vidrio y hablarle a los peces para que realmente sintieran la realidad del mundo externo en el que yo estaba y que ellos ignoraban completamente. También tuve el deseo de golpear otros “vidrios” en los que algunos “peces contemporáneos” viven, escondidos en su pequeño mundo, indiferentes a lo que pase afuera.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Primeros cristianos y las pestes

Daniel Tirapu

Continúo  con la primera evangelización de los cristianos con ideas de Rodney Stark, La expansión del cristianismo, y Scot Hann, La nueva evangelización de los católicos.

  1. El testimonio de vida de los cristianos no quedó  sólo en sus hogares. Su Fe les llevaba a las obras de misericordia en serio. Las peste, grandes epidemias producían más muertos que las guerras.  Cuando se desataba una epidemia, las familias ricas se iban al campo, y los médicos se iban con ellas. El resto de la población se quedaba en una perspectiva de muerte. Los contagios eran masivos, los padres abandonaban sus hijos enfermos y los hijos a sus padres enfermos. En su libro Stark analiza dos de las más graves epidemias que asolaron al imperio. Una del año 165 y otra del 251.Se llevaron en torno a un tercio de la población. Esta proporción no se dio entre los cristianos, es más seguían creciendo.
  2. Los cristianos no vivían como los paganos en estas circunstancias. Los cristianos n huían; cuidaban de sus enfermos y agonizantes, que con pequeñas medidas de higiene frenaban la epidemia. Es más cuidaban también de sus vecinos paganos, abandonados por sus familias. Dionisio, obispo en el año 260 en Alejandría describe la firmeza y la heroicidad de los cristianos en la epidemia. Muchos murieron per partieron felices acompañados por sus familias. Los paganos, incluso, les culpaban de infectarles a ellos, pero los cristianos demostraron paciencia y fortaleza, como mártires cita Dionisio.
  3. El emperador Juliano, enemigo de los cristianos escribe a un amigo con enfado y admiración a la vez. Los impíos galileos no apoyan sólo a sus enfermos, sino también a los nuestros, que efectivamente fueron conscientes de la falta de ayuda del Imperio, que pasaba sus días en el campo. El testimonio de los cristianos de cuidarse unos a otros y de cuidar a sus vecinos paganos, creó un nuevo estilo de vida bien percibida, como ahora se dice, por la gente. La fe pagana no ofrecía consuelo alguno ante la calamidad; el testimonio de los cristianos y su Fe era un contraste clamoroso. Ofrecían sentido, consuelo y piedad con los suyos y sus vecinos.
  4. Un pagano culto de la época escribe: los estoicos aprendieron a no temer a la muerte, mediante una austera disciplina de vida; en los cristianos la falta de miedo a la muerte es un hábito incluso entre niños y jóvenes. Muchos de los supervivientes se hicieron masivamente cristianos; por estima, pero sobre todo por el gozo, la alegría serena. Además de agradecidos, querían vivir el gozo, la serenidad y el sentido de comunidad de los cristianos. En esas situaciones de pánico y desesperación, la Fe de los cristianos superaba la oferta pagana. La decisión estaba tomada y clara: quiero ser como éstos.
  5. La famosa epístola a Diogneto, constata que los cristianos no se distinguen por su modo de vestir,  ni por la lengua, ni sus costumbres como ciudadanos. “ Dan muestras de  una vida admirable y ciertamente increíble. Se casan, engendran, pero no abandonan a sus hijos e hijas; tienen mesa común pero no  el lecho. Superan las leyes, son en el mundo lo que el alma en el cuerpo. Viven en el mundo pero su religión no se y da vida a todo. Hacen lo mismo que todos pero en su conducta ordinaria, su modo de ser familia, de atender a los pobres los hace distintos. Viven extraordinariamente la vida ordinaria”

 

Hemos avanzado mucho, gracias a Dios y al trabajo de generaciones. Pero el atractivo de los cristianos está en sus vidas. No se divorcian, cuidan a sus enfermos, se preocupan de los demás, tienen hijos con deficiencias psíquicas o físicas y son aceptados con alegría. Mueren con los suyos. Se preocupan de su familias, vecinos, de los enfermos y mayores y niños. Luchan por ser castos en un mundo podrido. Perdonan a sus enemigos. Todavía recuerdo a Maite Letamendía, viuda de Araluce, asesinado por ETA, rodeado de sus nueve hijos en la tele diciéndole: ¿verdad? les  hemos perdonado. La cara de los hijos era un drama, pero asentían. Los misioneros y misioneras por todo el mundo no dejan a sus cristianos, aunque la Embajada lo pida o lo exija. La historia de las misiones es algo increíble.

Hay mucha gente sola, desorientada, fastidiada en un mundo avanzado pero cruel. El cristiano con su Fe tiene respuestas al dolor, a la muerte, a la enfermedad, a las contradicciones, que no le hace perder la sonrisa; en el Castillo de Javier en Navarra hay un Cristo precioso que desde la cruz perdona y SONRÍE. No es todo esto demasiado sobre humano, sí, sin duda. Pero la gente no es tonta, detecta ese modo de vivir, esa paz. Y la ansía como los paganos de antaño. Cristianos, no seamos cómodos, apáticos, no os encerréis en un ghetto. Están deseando nuestro anuncio. Iglesia en salida, dice Papa Francisco, cristianos de 24 horas, Dios está empeñado además y su Madre.

 

 

Beber un litro agua mineral

 

Un estudio del CSIC asegura que beber un litro agua mineral con gas al día reduce el colesterol

 

Un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición del CSIC asegura que la toma de un litro al día de agua mineral carbónica con las comidas baja el colesterol, los índices de riesgo cardiovascular y la glucosa.

 

El resultado del estudio, en el que han participado 64 voluntarios del área de Madrid de entre 18 y 45 años que han tomado esta agua con gas durante ocho semanas, concluye que mejora los lípidos y disminuye la glucosa, ya que sustituye a otras bebidas menos saludables.

 

Además de reducir el colesterol y la glucosa, este agua mineral carbónica modifica el PH de la orina y disminuye las pérdidas de calcio, siempre según este informe del CSIC, cuya investigadora principal ha sido la doctora María Pilar Vaquero.

 

Los resultados del estudio indican que este agua con gas “puede recomendarse en el contexto de la dieta mediterránea para mantener la salud cardiovascular”.

 

Asimismo, se ha explicado que el agua es un nutriente y un alimento convertido en “bien escaso”, que es necesario para el equilibrio hídrico y ácido base, para la termorregulación, el aporte de minerales, la excreción de metabolitos y para el incremento de la eficacia de la fibra dietética, y es compatible con todos los tratamientos farmacológicos.

 

Jesús Domingo

 

 

Ir a Misa

                          ENHORABUENA con mayúsculas merece ABC por la manifestación sin ambages de opinión y apoyo a tantas personas destacadas en la política, arte y cultura, sobre la asistencia a Misa como expresión de fe y orgullo de detentarla públicamente, frente a los ataques ofensivos de quienes son incapaces de mantenerse respetuosos ante la libertad de muchos que, al modo de los entrevistados, se consideran católicos y no esconden tal condición de bautizados. Estos creyentes son muestra de una gran mayoría que alcanza un porcentaje por encima del setenta y cinco por cien de ciudadanos españoles. La Misa, además, es de cumplimentación necesaria para los fieles por ser eje central de lo que constituye esa fe y, al celebrarla, se actualiza en ella el sacrificio redentor de la cruz y, por el milagro de la transustanciación, Jesucristo cobra presencia real dándose, a quienes le reciben en condiciones, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, unido a esta grandeza otros beneficios de sus fines sobre adoración, expiación, ruego para vivos y difuntos y acción de gracias.                  

José María López Ferrera 

 

 

Educación libre, no dictadura. 

En su intervención en el Forum Europa hace unos pocos días, el cardenal Carlos Osoro ha sostenido que la educación no debe verse condicionada por intereses de partido y ha urgido a un auténtico pacto de Estado que reconozca que los protagonistas de la educación de los hijos son los padres, no el Estado. Lo contrario, ha sostenido el cardenal Osoro, sería asomarnos a la dictadura. 

Con respecto a la presencia cristiana en la sociedad, ha alertado contra las tentaciones de ideologizar la fe, de privatizar la vida de la Iglesia y de seleccionar aspectos del Evangelio para construir un mensaje a nuestra medida. Sólo la propuesta integral del Evangelio puede hacer fecunda la misión de la Iglesia.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

Llamados a ser artesanos de la paz

Con el corazón puesto en las diversas periferias del mundo, el Papa pone ahora encima de la mesa el sueño de viajar a Sudán del Sur, país devastado por la guerra civil y por la hambruna. No me parece que será fácil organizar un viaje de tal calibre a un país en el que no puede entrar ni la ayuda humanitaria, pero el simple hecho de expresar el deseo de viajar y de hacerlo conjuntamente con el primado anglicano, nos invita a considerar con seriedad que no todo está perdido, que, incluso en las periferias más abandonadas de la tierra la paz es posible, y que no se trata de un deseo iluso, sino de una esperanza cierta, fundada en Dios que nunca defrauda, y que nos enseña con toda claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano. 

Nada es imposible, tampoco viajar a Sudán del Sur, si nos dirigimos a Dios con nuestra oración conjunta, porque todos, absolutamente todos, estamos llamados a ser artesanos de la paz.

Juan García. 

 

 

Otro malentendido sobre la laicidad

Sobre la laicidad del estado o sobre la aconfesionalidad, otro malentendido, no casual, es pensar que el pensamiento del creyente determina su discurso académico, político, científico; y en cambio el pensamiento “laico” es neutro, científico, objetivo, no sometido más que a la razón. Nada más lejos de la realidad: el pensamiento “laico” está lleno de ideología, concepciones del hombre y la sociedad y en algunas ocasiones, imbuido de su aparente neutralidad, puede intentar imponerse como un laicismo confesional.

Por otra parte, quiero poner de relieve que la mayor parte de los países de nuestro entorno y nadie duda de su pedigree democrático son confesionales: Inglaterra, Alemania (biconfesional), Suecia, Dinamarca, Grecia. Es sólo un dato, incluso la laica Francia no lo es tanto, cuando se elige Presidente de la República se celebra, así lo tengo entendido, con un Te Deum en la Catedral de París.

José Morales Martín

 

 

¿La nueva destrucción de España?

 

Desde la contundente verdad acuñada por el “canciller de hierro”… (“Los españoles llevan siglos tratando de destruir España y no lo consiguen”) y mucho antes, o sea tras desaparecer “los reyes católicos”, artífices de la España más extensa de todos los tiempos; España ha estado dirigida por intereses extranjeros, aparte de saqueada por los muchos bandidos, traidores, renegados y demás chusmas que han saqueado a sus habitantes, con la saña que sólo sabiendo parte de nuestra enorme historia, y teniendo una capacidad intelectual notable, se puede apreciar. Por todo ello España ha llegado a ser “el paria” que ha llegado a protagonizar, en vez de ser el primer país de la civilización occidental, como estuvo llamada a serlo. Y en ello estamos. Es de nuevo, un español notable y afortunadamente vivo el que nos lo recuerda por enésima vez veamos ello e imaginemos la realidad tan miserable en que nos encontramos las víctimas. 

                                         “El Estado autonómico: un despilfarro del 10% del PIB: Solo la recentralización de todo lo transferido a las autonomías llevaría a un ahorro anual del orden de los 40.000 millones de euros anuales – 36.000 millones Sanidad y Educación y 4.000 todo lo demás. En contra del disparate histórico que supone afirmar que España es una “nación de naciones”, como hacen los separatistas y la parte más iletrada y sectaria de la izquierda, nuestra nación es la más antigua de Europa y la tercera del mundo después de Japón y China. El consenso de nuestros mejores historiadores y pensadores políticos sitúa el inicio de nuestra unidad nacional en la monarquía visigoda del s. VI, que crea el mayor estado de Occidente sobre las ruinas de Imperio Romano, abarcando España entera y la Galia meridional. La recuperación de la unidad nacional en el s XVI fue solo la reunificación de algo ya existente, reunificación que fue el motor de la Reconquista. Explico esto para que se comprenda la enormidad del desastre que una casta política ávida de riquezas, honores y poder han hecho caer sobre esta gran nación. El Régimen del 78 perpetró el mayor engaño a un pueblo de la historia de Europa. Se jactó de traer la democracia cuando era la única opción posible, como se vio después en el este de Europa; lo que hicieron fue robarla imponiéndonos una oligarquía de partidos sin separación de poderes ni representación política, y cuya única finalidad fue: ¡todos al reparto del botín! Para ello, dividieron España en 17 trozos contrarios a la realidad histórica y geográfica de nuestra nación, donde el gasto quedó a merced de ignorantes y corruptos, donde la eficacia y la eficiencia se sustituyeron por el clientelismo y la inmoralidad, y donde, en el colmo del dislate, ni responden por el endeudamiento, ni rinden cuentas a nadie aunque la gente no relaciona su experiencia personal con el despilfarro público. Y, sin embargo, es la causa de que tengamos los mayores niveles de pobreza y exclusión social de Europa, 13,6 millones (790.000 más en 2016); de la mayor pérdida de renta disponible ( -20%) y riqueza ( -40%) de las familias del mundo desarrollado; de la destrucción de la clase media ( 3,5 millones menos); de los mayores impuestos de nuestra historia; de que nos hayamos empobrecido respecto al resto del mundo creciendo muy por debajo de nuestro potencial; de la mayor corrupción jamás conocida; y de la gigantesca burbuja de deuda pública de 1,56 billones de euros y una deuda exterior neta de un billón, que serán la ruina de las generaciones futuras durante los próximos 50 años. Han destruido nuestras expectativas y nuestras esperanzas, por ello o acabamos con el régimen del 78 y las autonomías o ellos acabaran con nosotros.” Pueden leer el resto en la siguiente dirección: http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2017-03-20/el-estado-autonomico-un-despilfarro-del-10-del-pib_1351235/

                                Viendo cómo se manifiestan “los nuevos saqueadores” (sálvese el que pueda) y que en realidad lo único que les preocupa es su propio medrar o acumular bienes y poder mientras vivan, nosotros el pueblo, seguiremos totalmente indefensos, puesto que “la enfermedad” ya es prácticamente incurable y salvo milagro, no hay curación que podamos intuir para un larguísimo futuro. Menos mal que España sigue siendo rica y admite el mangoneo por mucho tiempo y ellos lo saben.

 

Antonio García Fuentes

 Escritor y filósofo

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes