Ls Noticias de hoy 28 Enero 2017

                          Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 28 de enero de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano

Papa: estamos llamados a ofrecer juntos la paz de Cristo al mundo herido

Papa a la delegación judía: Holocausto tragedia que no se repita más

Profundo dolor del Papa por los estudiantes húngaros muertos en accidente de tránsito

SANTO TOMÁS DE AQUINO*: Francisco Fernández-Carvajal

“Servir al Señor y a los hombres”: San Josemaria

 Los siete domingos de San José 

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: +Francisco Cerro Chaves.- Obispo de Coria-Cáceres 

Homilía de Mons. Fernando Ocáriz en la entrada solemne en la iglesia prelaticia

 La misión educativa de la familia (II): M. Díez

Quien quiera influir en el mundo actual tiene que amarlo: Jutta Burggraf 

"Cambiar al mundo": Alfonso Aguiló Pastrana

El arte de amar a todos: Pablo Cabellos Llorente

¿Es el embrión una cosa, mera potencia o una vida?: Justo Aznar

¿QUÉ ES LA VIDA?: Leo J. Mart.

 La verdadera “calidad de vida”: Acción Familia 

 HAMBRE: Rafael Carcelén

 El gobernador cristiano de Yakarta,: Suso do Madrid

¿Amistad cívica?: Jesús Domingo Martínez

 Ser y hacer: José Morales Martín

El Banco y el usuario - El prestamista y el usurero: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

 

Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.

27/01/2017 12:48

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  Que Dios nos libre del pecado que nos paraliza como cristianos: la pusilanimidad, el tener miedo de todo, que no nos permite tener memoria, esperanza, coraje y paciencia. Es, en síntesis, cuanto afirmó el Santo Padredurante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

La Carta a los Hebreos propuesta por la liturgia del día – afirmó el Papa Francisco – exhorta a vivir la vida cristiana con  tres puntos de referencia: el pasado, el presente y el futuro. Ante todo nos invita a hacer memoria, porque “la vida cristiana no comienza hoy: continúa hoy”. Hacer memoria es “recordar todo”: las cosas buenas y las menos buenas, es poner mi historia “ante Dios”, sin cubrirla o esconderla:

“‘Hermanos, recuerden los primeros tiempos’: los días del entusiasmo, de ir adelante en la fe, cuando se comenzó a vivir la fe, la pruebas sufridas… No se comprende la vida cristiana, incluso la vida espiritual de cada día, sin memoria. No sólo no se comprende: no se puede vivir cristianamente sin memoria. La memoria de la salvación de Dios en mi vida, la memoria de los problemas de mi vida. Pero, ¿cómo me ha salvado el Señor de estos líos? La memoria es una gracia: una gracia que hay que pedir. ‘Señor, que yo no olvide tu paso en mi vida, que yo no olvide los buenos momentos, también los feos; las alegrías y las cruces’. Pero el cristiano es un hombre de memoria”.

Vivir con la esperanza de encontrar a Jesús

Después el autor de la Carta nos hace entender que “estamos en camino, en espera de algo” – dijo el Papa Bergoglio –  en espera de “llegar a un punto: un encuentro; encontrar al Señor”. “Y nos exhorta a vivir con fe”:

“La esperanza: mirar al futuro. Así como no se puede vivir una vida cristiana sin la memoria de los pasos dados, no se puede vivir una vida cristiana sin mirar al futuro con la esperanza del encuentro con el Señor. Y Él dice una frase bella: ‘Todavía un poco…’. ¡La vida es un soplo, eh! Pasa. Cuando uno es joven, piensa que tiene tanto tiempo por delante, pero después la vida nos enseña aquella palabra que decimos todos: ‘¡Cómo pasa el tiempo! A éste lo conocí de niño, ¡ahora se casa! ¡Como pasa el tiempo!’. Pasa rápido. Pero la esperanza de encontrarlo es una vida en tensión, entre la memoria y la esperanza, el pasado y el futuro”.

Vivir el presente con coraje y paciencia

En fin la Carta a los Hebreos invita a vivir el presente, “tantas veces doloroso y triste”, con “coraje y paciencia”: es decir, con franqueza, sin vergüenza y soportando las vicisitudes de la vida, llevando todo sobre los hombros. “Somos pecadores – dijo Francisco – todos lo somos. Pero vayamos adelante con coraje y con paciencia. No nos quedemos ahí, detenidos, porque esto no nos hará crecer”.

El pecado que paraliza al cristiano: la pusilanimidad

Por último, el Pontífice comentó que el autor de la Carta a los Hebreos exhorta a no cometer el pecado que no nos hace tener memoria, esperanza, coraje y paciencia: la pusilanimidad.

“‘No correr el riesgo, por favor, no… la prudencia…’. Los mandamientos, todos, todos… Sí, es verdad, pero esto te paraliza también, te hace olvidar las tantas gracias recibidas, te quieta la memoria, te quita la esperanza porque no te deja ir. Y el presente de un cristiano, de una cristiana así es como cuando uno va por la calle y viene una lluvia inesperada y el vestido no es tan bueno y se encoge la tela… Almas estrechas… ésta es la pusilanimidad: éste es el pecado contra la memoria, el coraje, la paciencia y la esperanza. Que el Señor nos haga crecer en la memoria, nos haga crecer en la esperanza, nos dé cada día coraje y paciencia y nos libere de esa cosa que es la pusilanimidad, tener miedo de todo…. Almas restringidas para conservarse. Y Jesús dice: ‘El que quiera conservar su propia vida, la pierde’”.

 

 

Papa: estamos llamados a ofrecer juntos la paz de Cristo al mundo herido

El Papa y la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos orientales, 30 de enero de 2015 - OSS_ROM

27/01/2017 12:41

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 Ante el odio y la violencia que genera más violencia, testimoniemos juntos a Jesús y su mensaje de paz, que no es un mensaje genérico. Es la exhortación que reiteró al Papa Francisco a los miembros de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales.

Alentándolos a perseverar en el importante trabajo que realizan «en el camino hacia el día tan anhelado en el que tendremos la gracia de celebrar el Sacrificio del Señor en el mismo altar, como signo visible de la comunión eclesial restablecida plenamente», el Papa recordó con pesar la violencia que sufren numerosos hermanos en Cristo y la misión de ofrecer consolación, esperanza y paz ante el odio y el extremismo:

«Muchos de ustedes pertenecen a Iglesias que asisten cotidianamente al ensañamiento de la violencia y a actos terribles, perpetrados por el extremismo fundamentalista. Somos conscientes de que situaciones de semejante sufrimiento se arraigan con mayor facilidad en contextos de pobreza, injusticia y exclusión social, debidas también a la inestabilidad generada por intereses de parte, a menudo externos, y por conflictos precedentes, que han producido condiciones de vida miserables y desiertos culturales y espirituales, en los cuales es fácil manipular e instigar al odio. Cada día, vuestras Iglesias están cercanas al sufrimiento, llamadas a sembrar concordia y a reconstruir pacientemente la esperanza, confortando con la paz que viene del Señor, una paz que juntos tenemos que ofrecer a un mundo herido y lacerado».

«¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él» (1 Cor 12,26) Con las palabras de San Pablo, el Obispo de Roma renovó su cercanía en la oración:

«Estos sufrimientos vuestros son nuestros sufrimientos. Me uno a ustedes en la oración, invocando el fin de los conflictos y la cercanía de Dios a las poblaciones probadas, en especial a los niños, los enfermos y los ancianos. Llevo en mi corazón, en particular, a los obispos, sacerdotes, consagrados y fieles, víctimas de secuestros crueles, y a todos aquellos que han sido tomados como rehenes o reducidos a la esclavitud».

En este contexto, el Papa Francisco recordó el ejemplo de tantos mártires y santos nuestros y su valiente testimonio de Cristo, invocando su intercesión:

«Ellos nos revelan el corazón de nuestra fe, que no consiste en un mensaje genérico de paz y de reconciliación, sino en el mismo Jesús, crucificado y resucitado: Él es nuestra paz y nuestra reconciliación (cfr Ef 2,14; 2 Cor 5,18). Como discípulos suyos, estamos llamados a testimoniar por doquier, con fortaleza cristiana, su amor humilde que reconcilia al hombre de todo tiempo. Allí donde la violencia llama más violencia y donde la violencia siembra la muerte, nuestra respuesta es el fermento puro del Evangelio, que, sin prestarse a lógicas de fuerza, hace surgir frutos de vida también en la tierra árida y auroras de esperanza después de las noches de terror».

Los mártires y los santos nos indican también hoy la senda de la unidad en Cristo, reiteró una vez más el Papa:

«Su vida ofrecida como don nos llama a la comunión, a avanzar con mayor impulso por el camino hacia la unidad plena. Así como en la Iglesia primitiva la sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos, también hoy la sangre de tantos mártires sea semilla de unidad entre los creyentes, signo e instrumento de un porvenir de comunión y paz».

 

 

Papa a la delegación judía: Holocausto tragedia que no se repita más

El Papa durante su viaje a Cracovia, visita el campo de concentración de Auschwitz. - RV

27/01/2017 16:14

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Esta mañana, en el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el Papa Francisco mantuvo un encuentro en el Vaticano con una delegación del Congreso Judío Europeo, encabezada por su presidente, el Dr. Moshe Kantor.

Presente en el encuentro estuvo también el padre Norbert Hofmann, Secretario de la Comisión de la Santa Sede para la Relaciones religiosas con el Judaísmo.

Ante el micrófono de nuestro colega Sergio Centofanti, el padre Hofmann afirmó que las cinco personas que integraban la delegación del Congreso Judío Europeo recibida por el Pontífice, representan a más de dos millones de judíos en Europa. El Papa se mostró muy abierto y fue una conversación libre” – explica el padre Hofmann - “comenzó el diálogo mencionando esta Jornada importante para los Judíos, pero también para nosotros, porque recordar a las víctimas del Holocausto es importante para que esta tragedia humana no se repita más”.

Por su parte, “el Presidente del Congreso Judío Europeo, Moshe Kantor, habló de la importancia de la ética – prosigue el secretario de la Comisión de la Santa Sede para la Relaciones religiosas con el Judaísmo – de los valores cristianos y judíos que tenemos en común.  Dijo que en nuestro mundo vemos tantos progresos, pero también una caída de los valores morales y éticos. Por lo tanto – constató - tenemos que reforzar estos valores que tenemos en común, judíos y cristianos.  El Papa habló también de la importancia de la educación y de la familia. Él estaba completamente de acuerdo con estos temas.

En la entrevista el padre Hofmann refiere también que el Pontífice habló de su propia familia y relató que su padre recibía siempre a judíos;  él creció en una atmósfera favorable a los judíos - dijo. Hablando de su historia personal el Papa relató que había siempre judíos que iban a visitarlo. Y así, dijo padre Hofmann, nuestro Papa aprendió a tener amigos judíos”.

El encuentro fue muy cordial y los judíos estaban muy satisfechos – finalizaló el prelado. “Ahora toca a nosotros intensificar la colaboración con esta organización judía”.

 

 

Profundo dolor del Papa por los estudiantes húngaros muertos en accidente de tránsito

Estudiantes de Budapest encienden velas enmemoria de los jóvenes húngaros muertos en el accidente de autobús ocurrido en Italia - EPA

27/01/2017 11:47

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El Papa Francisco ha enviado un telegrama a la Conferencia Episcopal de Hungría expresando su profunda tristeza por el accidente de tránsito ocurrido el 20 de enero pasado en la ciudad italiana de Verona, que ha causado la muerte de 16 estudiantes húngaros de la escuela secundaria Szinyei Gimnázium de Budapest.

En la misiva, con fecha 25 de enero y firmada por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, el Pontífice confía “a los difuntos al amor misericordioso de Dios Todopoderoso, reza para que sus familias y amigos puedan ser consolados en su dolor y fortalecidos por la gracia de Dios”.

Asimismo el Papa asegura sus oraciones “por los heridos y todos los involucrados en este accidente, para que puedan conocer la curación y la consolación en este momento de dolor".

"Sobre toda la comunidad del Szinyei Gimnázium y sobre todos los que están de luto, - concluye el telegrama - el Santo Padre invoca las divinas bendiciones de paz y fortaleza". 

 

 

SANTO TOMÁS DE AQUINO*
Doctor de la Iglesia

Memoria

— El camino hacia Dios: piedad y doctrina.

— Autoridad de Santo Tomás. Necesidad de formación.

— La doctrina, alimento de la piedad.

I. En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor1.

Cuando Santo Tomás tenía aún pocos años solía preguntar reiteradamente a su maestro de Montecassino: «¿Quién es Dios?», «explicadme qué cosa es Dios». Y pronto comprendió que para conocer al Señor no bastan los maestros y los libros. Se necesita además que el alma le busque de verdad y se entregue con corazón puro, humilde, y con una intensa oración. En él se dio una gran unión entre doctrina y piedad. Nunca comenzó a escribir o a enseñar sin haberse encomendado antes al Espíritu Santo. Cuando trabajaba en el estudio y exposición del Sacramento de la Eucaristía solía bajar a la capilla y pasar largas horas delante del Sagrario.

Dotado de un talento prodigioso, Santo Tomás llevó a cabo la síntesis teológica más admirable de todos los tiempos. Su vida, relativamente corta, fue una búsqueda profunda y apasionada del conocimiento de Dios, del hombre y del mundo a la luz de la Revelación divina. El saber antiguo de los autores paganos y de los Santos Padres le proporcionó elementos para llevar a cabo una síntesis armoniosa de razón y fe que ha sido propuesta repetidamente por el Magisterio de la Iglesia como modelo de fidelidad a la Iglesia y a las exigencias de un sano razonamiento.

Santo Tomás es ejemplo de humildad y de rectitud de intención en el trabajo. Un día, estando en oración, oyó la voz de Jesús crucificado que le decía: «Has escrito bien de Mí, Tomás: ¿qué recompensa quieres por tu trabajo?». Y él respondió: «Señor, no quiero ninguna cosa, sino a Ti»2. También en este momento se manifestaron la sabiduría y la santidad de Tomás, y nos enseña lo que hemos de pedir y desear nosotros sobre cualquier otra cosa.

Con su enorme talento y sabiduría, siempre tuvo conciencia de la pequeñez de su obra ante la inmensidad de su Dios. Un día en que había celebrado la Santa Misa con especial recogimiento, decidió no volver a escribir más: dejó inconclusa su obra magna, la Suma Teológica. Y ante las preguntas insistentes de sus colaboradores acerca de la interrupción de su trabajo, contestó el Santo: «Después de lo que Dios se dignó revelarme el día de San Nicolás, me parece paja todo cuanto he escrito en mi vida, y por eso no puedo escribir más»3. Dios es siempre más de lo que puede pensar la inteligencia más poderosa, de lo que desea el corazón más sediento.

El Doctor Angélico nos enseña cómo hemos de buscar a Dios: con la inteligencia, con una honda formación, adecuada a las peculiares circunstancias de cada uno, y con una vida de amor y de oración4.

II. El Magisterio de la Iglesia ha recomendado frecuentemente a Santo Tomás como guía de los estudios y de la investigación teológica. La Iglesia ha hecho suya esta doctrina, por ser la más conforme con las verdades reveladas, las enseñanzas de los Santos Padres y la razón natural5. Y el Concilio Vaticano II recomienda profundizar en los misterios de la fe y descubrir su mutua conexión «bajo el magisterio de Santo Tomás»6. Los principios de Santo Tomás son faros que arrojan luz sobre los problemas más importantes de la filosofía y hacen posible entender mejor la fe en nuestro tiempo7.

La fiesta de Santo Tomás trae a nuestra meditación de hoy la necesidad de una sólida formación doctrinal religiosa, soporte indispensable de nuestra fe y de una vida plenamente cristiana en toda ocasión. Solo así, meditando y estudiando los puntos capitales de la doctrina católica, enriqueceremos nuestro vivir cristiano y podremos contrarrestar mejor esa ola de ignorancia religiosa que, a todos los niveles, recorre el mundo. Si tenemos buena doctrina en nuestra inteligencia no estaremos a merced de los estados de ánimo y del solo sentimiento, que puede ser frágil y cambiante. En ocasiones esta formación comienza por el repaso del Catecismo de la doctrina cristiana y por la constancia en la lectura espiritual que nos indica quién aconseja a nuestra alma.

La formación adecuada, profunda, es imprescindible en una época en que la confusión y los errores doctrinales se multiplican y los medios a través de los cuales pueden difundirse son más abundantes y poderosos (lecturas, televisión, radio, etc.). Es necesario decir «creo todo lo que Dios ha revelado», pero esta fe entraña el compromiso de no desentenderse de lograr una mejor y más profunda comprensión de los misterios de la fe, según las propias circunstancias, pues en caso contrario no daríamos importancia a aquello que Dios, en su infinito amor, ha querido revelarnos para que crecieran la fe, la esperanza y la caridad. Santa Teresa de Jesús decía que «quien más conoce a Dios, más fácil se le hacen las obras»8, interpreta con una visión más aguda los acontecimientos, santifica mejor su quehacer y encuentra sentido al dolor que toda vida lleva consigo. «No sé cuántas veces me han dicho –escribe un autor de nuestros días– que un anciano irlandés que solo sepa rezar el Rosario puede ser más santo que yo, con todos mis estudios. Es muy posible que así sea; y por su propio bien, espero que así sea. No obstante, si el único motivo para hacer tal afirmación es el de que sabe menos teología que yo, ese motivo no me convence; ni a mí ni a él. No le convencería a él, porque todos los ancianos irlandeses con devoción al Santo Rosario y al Santísimo que he conocido (y muchos de mis antepasados lo han sido) estaban deseosos de conocer más a fondo su fe. No me convencería a mí, porque si bien es evidente que un hombre ignorante puede ser virtuoso, es igualmente evidente que la ignorancia no es una virtud. Ha habido mártires que no hubieran sido capaces de enunciar correctamente la doctrina de la Iglesia, siendo el martirio la máxima prueba del amor. Sin embargo, si hubieran conocido más a Dios, su amor habría sido mayor»9. Y nosotros sabremos amar más a Jesús si ponemos empeño en conocerle a Él y en conocer su doctrina, que se nos transmite en la Iglesia. Por esto, hoy, que celebramos a este Santo Doctor de la Iglesia, es oportuno que nos preguntemos si ponemos verdadero interés en aprovechar aquellos medios de formación que tenemos a nuestro alcance, y si sentimos la urgencia de una adecuada formación doctrinal que contrarreste esa enorme ola de ignorancia y de error que se abate sobre tantos fieles indefensos.

III. Considerando la vida y la obra de Santo Tomás, advertimos cómo la piedad exige doctrina; por eso, la formación nos lleva a una piedad profunda, manifestada casi siempre de modo sencillo. En el autógrafo de la Suma contra Gentiles se encuentran, por ejemplo, las palabras del Ave María repartidas por los márgenes, como jaculatorias que ayudaban al Santo a mantener el corazón encendido. Y cuando quería probar la pluma, lo hacía escribiendo estas y otras jaculatorias10. Todos sus escritos y sus enseñanzas orales llevan a amar más a Dios, con más profundidad, con más ternura. De él es esta sentencia: de la misma manera que quien poseyese un libro en el que estuviera contenida toda la ciencia solo buscaría saber este libro, así nosotros no debemos sino buscar solo a Cristo, porque en Él, como dice San Pablo, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia11. Toda la doctrina que aprendemos nos ha de llevar a amar a Jesús, a desear servirle con más prontitud y alegría.

«Piedad de niños y doctrina de teólogos», solía inculcar San Josemaría Escrivá, porque la fe firme, cimentada sobre sólidos principios doctrinales, se manifiesta frecuentemente en una vida de infancia en la que nos sentimos pequeños ante Dios y nos atrevemos a manifestarle el amor a través de cosas muy pequeñas, que Él bendice y acoge con una sonrisa, como hace un padre con su hijo. El amor -enseñó Santo Tomás lleva al conocimiento de la verdad12, y todo el conocimiento está ordenado a la caridad como a su fin13. El conocimiento de Dios debe llevar a realizar frecuentes actos de amor, a una disposición firme de trato amable, sin miedos, con Él. Mientras la mente atiende al pequeño deber de cada momento, el corazón está fijo en Dios, recibiendo el suave impulso de la gracia, que la hace tender hacia el Padre, en el Hijo y por el Espíritu Santo.

Una formación doctrinal más profunda lleva a tratar mejor a la Humanidad Santísima del Señor, a la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, a San José, «nuestro Padre y Señor», a los ángeles custodios, a las benditas almas del Purgatorio... Examinemos hoy cómo es nuestro empeño por adquirir esa formación sólida y cómo la difundimos a nuestro alrededor -con naturalidad y como quien da un tesoro en la propia familia, entre los amigos... y siempre que tenemos la menor oportunidad.

1 Antífona de entrada. Eclo 15, 5. — 2 Cfr. Fontes vitae Sancti Tomae, p. 108. — 3 Bartolomé de Capua, en el Proceso napolitano de canonización, n. 79: Fontes vitae Sancti Tomae, p. 3777. — 4 Cfr. Juan Pablo II, Discurso en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, 17-XI-1979. — 5 Cfr. Juan XXIII, Alocución 28-IX-1960. — 6 Conc. Vat. II, Decr. Optatam totius, 16. — 7 Cfr. Pablo VI, Carta Apost. Lumen Ecclesiae, 20-XI-1974, 29. — 8 Santa Teresa, Fundaciones, 3, 5. — 9 F. J. Sheed, Teología para todos, Palabra, 4ª ed., Madrid 1982, pp. 15-16. — 10 Cfr. Santo Tomás, Suma contra Gentiles, ed. Leonina, vol. 13, Pref. p. VIII b. — 11 Cfr. ídem, Comentario sobre la Epístola a los Tesalonicenses, 2, 3, 1 — 12 Cfr. ídem, Comentario al Evangelio de San Juan, 5, 6. — 13 Cfr. ibídem, 15, 2.

* Nació hacia el año 1225 en el castillo de Roccaseca, de Aquino, cerca de Montecassino (Italia). Estudió primero en la abadía benedictina de este lugar y luego en Nápoles; a los veinte años ingresó en la Orden de Predicadores, a pesar de la fuerte oposición familiar. Fue maestro de Filosofía y Teología en Roma, Nápoles, Viterbo y, principalmente, en Colonia y París. Elaboró la primera síntesis teológica, partiendo de la filosofía de Aristóteles, de la teología de San Agustín y de la Sagrada Escritura. Su gran piedad se trasluce de modo especial en sus sermones y en el Oficio que compuso para la fiesta del Corpus Christi. El Magisterio de la Iglesia, desde su muerte, ha hecho suya su doctrina «por estar más conforme que ninguna otra con las verdades reveladas, las enseñanzas de los Santos Padres y la recta razón» (Juan XXIII). Su autoridad doctrinal es universalmente reconocida.

Murió cerca de Terracina el 7 de marzo de 1274, cuando se dirigía al Concilio de Lyón. Su fiesta se celebra hoy, 28 de enero, día en que su cuerpo fue trasladado a Toulouse, en el año 1639. Fue canonizado y declarado Doctor de la Iglesia en el año 1323.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Servir al Señor y a los hombres”

Cualquier actividad –sea o no humanamente muy importante– ha de convertirse para ti en un medio de servir al Señor y a los hombres: ahí está la verdadera dimensión de su importancia. (Forja, 684)

No me aparto de la verdad más rigurosa, si os digo que Jesús sigue buscando ahora posada en nuestro corazón. Hemos de pedirle perdón por nuestra ceguera personal, por nuestra ingratitud. Hemos de pedirle la gracia de no cerrarle nunca más la puerta de nuestras almas.

No nos oculta el Señor que esa obediencia rendida a la voluntad de Dios exige renuncia y entrega, porque el Amor no pide derechos: quiere servir. El ha recorrido primero el camino. Jesús, ¿cómo obedeciste tú? Usque ad mortem, mortem autem crucis, hasta la muerte y muerte de la cruz. Hay que salir de uno mismo, complicarse la vida, perderla por amor de Dios y de las almas. He aquí que tú querías vivir, y no querías que nada te sucediera; pero Dios quiso otra cosa. Existen dos voluntades: tu voluntad debe ser corregida, para identificarse con la voluntad de Dios; y no la de Dios torcida, para acomodarse a la tuya.

Yo he visto con gozo a muchas almas que se han jugado la vida ‑como tú, Señor, usque ad mortem‑, al cumplir lo que la voluntad de Dios les pedía: han dedicado sus afanes y su trabajo profesional al servicio de la Iglesia, por el bien de todos los hombres.

Aprendamos a obedecer, aprendamos a servir: no hay mejor señorío que querer entregarse voluntariamente a ser útil a los demás. Cuando sentimos el orgullo que barbota dentro de nosotros, la soberbia que nos hace pensar que somos superhombres, es el momento de decir que no, de decir que nuestro único triunfo ha de ser el de la humildad. Así nos identificaremos con Cristo en la Cruz, no molestos o inquietos o con mala gracia, sino alegres: porque esa alegría, en el olvido de sí mismo, es la mejor prueba de amor. (Es Cristo que pasa, 19)

 

 

 Los siete domingos de San José 

 

Escrito por  Primeros Cristianos

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

Antífona (para todos los días):
¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

PRIMER DOMINGO
Oh castísimo esposo de María, glorioso San
José: qué aflicción y angustia la de vuestro corazón
en la perplejidad en que estabais, sin saber si debíais
abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla.
Pero cuál no fue también vuestra alegría, cuando
el ángel reveló el gran misterio de la Encarnación.
Por ese dolor y gozo, os pido consoléis nuestro
corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con
la alegría de una vida justa y de una santa muerte,
semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

 

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

DICHOSOS

 

El corazón del Evangelio son las Bienaventuranzas. El Evangelio de Mateo nos presenta como reflejo del Corazón de Cristo, quien es verdaderamente Jesús, el que tiene un corazón ilimitadamente bueno, el Dios cercano que nos ama con una humanidad como la nuestra.

Decía Nieztsche que este discurso de Jesús habría radicalmente prostituido a la humanidad ¿Cómo se pueden llamar felices, dichosos a los pobres, a los que lloran, a los que sufren, a los perseguidos? Estamos en lo más profundo del mensaje de Cristo. No aceptar estas reglas es condenarse a no ser feliz nunca. Sólo son felices los que reflejan el corazón bueno que expresan las Bienaventuranzas y que son las regles del Reino de Dios.

Cuentan que un día, en un país ateo, se hacía burla de Jesús y su mensaje. Los actores lo tenían  tan preparado que no dejaban títere con cabeza. Las risotadas del teatro se oían en la calle, ridiculizando a un tal Jesús de Nazaret. Me contaron que cuando llegó el momento de representar y proclamar las Bienaventuranzas de aquel Jesús, vestido de payaso, todo el mundo enmudeció, nadie se reía, algunos sollozaban. Algunos, quizá por primera vez y por última, se creían que se puede ser feliz siendo pobres, misericordiosos, limpios de corazón, sencillos, abiertos a la vida. En contraposición al mundo, a los poderosos, a los que te dicen que para ser feliz hay que tener, pisotear, ofender, ser rico, aplastar al que no piensa como tú. Aquel Jesús, al que se quería ridiculizar, había proclamado la Buena Noticia a los que sufren.

¿Me siento feliz y dichoso viviendo el Evangelio de Jesús? ¿Estoy convencido de que lo que reflejan las Bienaventuranzas es la persona de Jesús vista desde su Corazón?

Los que ponen en práctica las Bienaventuranzas saben que aquí está la auténtica regla de felicidad que te lleva a vivir al aire de Jesús de Nazaret. Con otro estilo y siendo dichosos en lo humilde. Se descubre que, a lo largo de los siglos, los que han puesto en práctica las Bienaventuranzas son el “resto” de hombres y mujeres felices de todos los tiempos.

No poner en práctica el programa de Jesús es condenarse a vivir en el sótano de los amargados, donde no les llega la cobertura de Dios porque están convencidos que las promesas de felicidad y las consignas sólo las da el mundo. Las Bienaventuranzas son como las “lentejas” o las comes o las dejas.

+Francisco Cerro Chaves.- Obispo de Coria-Cáceres 

 

 

Homilía de Mons. Fernando Ocáriz en la entrada solemne en la iglesia prelaticia

Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, realizó la entrada solemne en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, 27 de enero de 2017, tras ser nombrado por Papa Francisco.

Homilías 27 de Enero de 2017

Opus Dei - Homilía de Mons. Fernando Ocáriz en la entrada solemne en la iglesia prelaticia

Benedictus Dominus qui dedit requiem populo suo (1 Reyes 8:56). Esas palabras, que hemos escuchado en la primera lectura, se referían al pueblo de Israel, y las aplicamos ahora para dar gracias al Señor por esta paz que es, para nosotros, la unidad de la Obra. La unidad de la Obra que nos concede el Señor, a Él la agradecemos; unidad que es fuente de verdadera paz.

A la vez nos damos cuenta, y debemos habitualmente tener conciencia, de que esta paz es el mismo Jesús. Como escribe san Pablo, Ipse enim est pax nostra (Ef 2, 14): Él es nuestra paz. La unidad depende fundamentalmente de la gracia de Dios, que no nos faltará nunca, pero depende también de nosotros, en la medida en que estemos más unidos a Jesucristo. Él es nuestra paz; Él es la fuente de nuestra unidad en el Espíritu Santo.

En la segunda lectura, hemos escuchado unas palabras que San Josemaría meditó tantas veces y nos aconsejó meditar a nosotros: Elegit nos in Ipso ante mundi constitutionem ut essemus sancti (Jn 15, 16). Elegit nos in Ipso: en Cristo; una vez más, la identificación con el Señor, como hijas y como hijos de Dios Padre. Ese es el fundamento de nuestro espíritu: sabernos, sabernos verdaderamente hijas e hijos de Dios, que es fuente de paz para nuestras almas y para poder ser, en todas las circunstancias, sembradores de paz y de alegría.

Es lógico que hoy meditemos en quién es el Padre en la Obra. Entre las condiciones que San Josemaría señaló para el Padre tanto en Statuta como aquí, grabadas en la sede de esta iglesia, está la prudencia: prudencia que yo os ruego que la pidáis al Señor para mi. Prudencia, que es la virtud propia del gobierno. Una prudencia también para todas y para todos -porque lo que es para el Padre, conviene a todos. Prudencia para ser, en todo momento, muy fiel al espíritu de la Obra, ante las circunstancias cambiantes de tiempo y de lugares. Que siempre el Padre tenga la prudencia de ser fiel, fidelísimo, al espíritu de nuestro Padre, que es el espíritu que Dios ha querido para nosotros.

Otra característica, que tiene que tener el Padre, es la piedad, ser muy piadoso. Recordaréis que San Josemaría aseguraba que la piedad es “el remedio de los remedios”; pues pedid que el Padre sea piadoso, que todas seáis piadosas, y que con vuestra piedad sostengáis la piedad del Padre, para que todos formemos con el Señor una unidad de cabeza, de corazón, de intenciones.

Otra característica es el amor a la Iglesia y al Papa. Cuántas veces el Padre, don Javier, nos ha insistido, como hacía el beato Álvaro y como hizo San Josemaría, que recemos mucho, mucho, por la Iglesia y por el Papa. Pues pedid al Señor que el Padre, ahora y siempre, haga realidad ese lema de nuestro fundador: Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam! Que, de verdad, vayamos todos muy unidos al Papa, ahora a Francisco, a Jesús, por María.

Tenemos que considerar estas características un poco deprisa, porque cada una daría para varias homilías... Otra que señalaba San Josemaría es el amor del Padre al Opus Dei y a todas sus hijas e hijos. Por esto, os pido que recéis por mí, también para que se haga realidad en mi vida aquello de la Escritura: Dilatatus est cor meum (Ps 34, 21); que se agrande mi corazón. Y eso vale para todas y para todos. Tantas veces el Padre, don Javier, nos decía: “¡Que os queráis, que os queráis!”. Es con la verdadera fraternidad, como vamos todos unidos; una fraternidad que surge del corazón de Cristo.

En el año 1933, lo habréis ya leído en una biografía o en algún lugar, nuestro Padre le dirigió al Señor una oración, que hacemos ahora también nuestra: “¡Señor! Hazme tan tuyo, que no entren en mi corazón ni los afectos más santos sino a través de tu corazón llagado!”. Y es así: para querer de verdad a todas las personas, y antes que nada a quienes formamos esta familia estupenda que Dios nos ha dado, tenemos que pasar por el corazón de Jesucristo.

Consideremos ahora brevemente el Evangelio de hoy: la Visitación. Todos los días contemplamos en el Rosario esta escena maravillosa de entrega generosísima de la Virgen. Que Ella nos ayude a ser así, generosos en el servicio, y pedid para el Padre que sea también así: servidor de todos, porque la autoridad es servicio, y si no fuese servicio no serviría para nada: que sea siempre servicio.

El magnificat de la Virgen: Magnificat anima mea, Dominum. Alabamos al Señor con estas palabras de la Virgen. Y, a la vez, recordando lo que en una ocasión comentaba Benedicto XVI, este magnificat lo podemos entender como “hacer grande a Dios en nuestras almas” (Benedicto XVI, homilía del 15 de agosto de 2015). Que le demos al Señor todo el espacio de nuestro corazón y así también tendremos un empuje apostólico grande, un afán de almas... iba a decir “que no nos deje vivir”: que nos deje vivir empujándonos continuamente a buscar el bien de las almas por amor a Jesucristo.

Vamos a pedir a la Virgen, Madre de la Iglesia, Reina del Opus Dei: ponemos en su mediación materna toda la Obra, para que esta nueva página de nuestra historia sea siempre con su ayuda, siga siendo, la historia de las misericordias de Dios. Así sea. 

 

 

La misión educativa de la familia (II)

Hablar con los hijos de las cuestiones que les interesan, dar ejemplo y no tener miedo a influir positivamente en sus vidas son algunos de los retos de la educación. Publicamos el segundo editorial sobre este tema en el ámbito de la familia.

Familia 4 de Mayo de 2016

Opus Dei - La misión educativa de la familia (II)

La persona humana se realiza, se edifica a sí misma, por medio de sus libres decisiones. Como es sabido, la libertad no consiste en la simple posibilidad de elegir una opción u otra, sino en la capacidad de ser dueño de uno mismo para dirigirse al bien verdadero. Por eso, un aspecto central en la educación de los hijos es precisamente formarles para la libertad, de manera que quieran hacer el bien: es decir, que lo quieran no sólo porque está mandado, sino justamente porque es bueno.

Muchas veces se educa más con lo que los hijos ven y experimentan en el hogar –un ambiente de libertad, de alegría, de cariño y de confianza–, que con las palabras. Por eso, más que transmitir, la misión educativa de los padres consiste en contagiar ese amor a la verdad que es la clave de la libertad[1].

De esta manera, y con la ayuda de la gracia de Dios, los hijos crecen con el deseo de orientar su vida hacia esa Verdad completa, la única capaz de dar sentido a la existencia y saciar los anhelos más profundos del corazón del hombre.

Amor exigente

Educar para la libertad es todo un arte, muchas veces nada fácil. Como señala Benedicto XVI, «llegamos al punto quizá más delicado de la obra educativa: encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad»[2].

Una premisa útil para afrontar de manera adecuada esta tarea de conciliar exigencia y libertad es recordar que la fe y la moral cristianas son la clave de la felicidad del hombre. Ser cristiano puede ser exigente, pero nunca es algo opresivo, sino enormemente liberador.

La meta es que, desde pequeños, los hijos experimenten en el hogar que el hombre «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás»[3]. Y que una persona que vive plenamente la vida cristiana no es una «persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien»[4].

La vida cristiana es precisamente la única vida feliz; la única que libera de la amargura de una existencia sin Dios. Benedicto XVI lo afirmaba con gran fuerza al inicio de su pontificado: «quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno»[5].

Para lograr esto, lo primero es que los mismos padres “transparenten” la alegría de vivir coherentemente. Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años[6].

Los hijos han de percibir que la conducta que ven hecha vida en sus padres no es un agobio, sino fuente de libertad interior. Y los padres, sin amenazas, con sentido positivo, deben “estructurar interiormente” a sus hijos, educarles para esta libertad, dándoles razones para que entiendan la bondad de lo que se les pide, de modo que lo hagan suyo.

De esta manera se fortalece su personalidad y crecen maduros, seguros y libres. Aprenden así a vivir por encima de modas, yendo a contracorriente, cuando sea necesario. La experiencia muestra que, cuando los hijos son ya mayores, no hay nada que agradezcan más a sus padres que esta educación libre y responsable.

Proponer bienes altos

Indudablemente, el amor a los hijos no tiene que ver con observar una supuesta –imposible en la práctica– “neutralidad educativa”. Por una parte, no hay que olvidar que si los padres no educan, lo harán otros. Siempre, pero hoy quizá más que en el pasado, la sociedad, el ambiente y los medios de comunicación han ejercido una influencia notable, que en ningún caso es neutra. Por otra parte, actualmente hay una tendencia a enseñar unos valores aceptables por todos: quizás positivos pero, desde luego, mínimos.

Los padres han de educar, sin miedo, en todos los bienes que consideran esenciales para la felicidad de sus hijos. De la insistencia de los padres en el estudio, por ejemplo, los pequeños aprenden que el estudio es un bien importante en sus vidas. De la insistencia amable de sus padres en que se limpien y vayan arreglados, aprenden que la higiene y la presentación no son cosas despreciables. Pero si los padres no insisten –acompañándoles siempre con el ejemplo, y razonando los porqués– sobre otras cuestiones (por ejemplo, ser sobrios, decir siempre la verdad, ser leales, rezar, frecuentar los sacramentos, vivir la santa pureza, etc.), los hijos pueden pensar intuitivamente que son bienes en desuso, que ni siquiera sus padres viven, o que no se atreven a proponer en serio.

Un punto de vital importancia para esta tarea es la comunicación. Una tentación habitual es pensar que “a los jóvenes de ahora no los entiendo”; “el ambiente está muy mal”; “antes esto no se hubiera permitido”. La simple argumentación de autoridad puede servir en algún momento, pero acaba mostrándose siempre insuficiente. En la educación, a veces hay que argumentar con el premio y el castigo, pero sobre todo hay que hablar de la bondad o maldad de los actos, y del tipo de vida que estos actos configuran. De esta manera se facilita también que los hijos descubran el vínculo indisoluble que existe entre libertad y responsabilidad.

Razonar con los hijos será siempre necesario. San Josemaría lo concretaba diciendo que hay que llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable[7]. Para lograrlo, es preciso pasar tiempo juntos, escucharles a solas a cada uno, adelantarse para hablar serenamente de los temas centrales de las distintas etapas de la existencia: el origen de la vida, las crisis de la adolescencia, el noviazgo y, sin ninguna duda –porque es lo más importante–, la vocación que Dios tiene prevista para cada persona.

Como señala Benedicto XVI, «sería muy pobre la educación que se limitara a dar nociones e informaciones, dejando a un lado la gran pregunta acerca de la verdad, sobre todo acerca de la verdad que puede guiar la vida»[8]. Los padres no han de tener miedo a hablar de todo con sus hijos, ni a reconocer que ellos también se equivocan, que tienen errores, y que fueron jóvenes: lejos de quitarles autoridad, esta confianza les hace más aptos para su misión educativa.

El primer "negocio"

La misión educativa de los padres es una tarea apasionante y una gran responsabilidad. Los padres deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad[9].

Ser padres es la primera ocupación. San Josemaría solía decir que los hijos son el primer y mejor “negocio” de los padres: el negocio de su felicidad, del que tanto espera la Iglesia y la sociedad. Y, de la misma forma que un buen profesional mantiene siempre un afán noble de aprender y mejorar en su labor, se debe cultivar el deseo de aprender y mejorar a ser mejores esposos, mejores padres.

Para fomentar este deseo, San Josemaría impulsó tantas iniciativas prácticas que siguen ayudando a miles de matrimonios en su tarea: cursos de orientación familiar, clubes juveniles, colegios en los que los padres son los primeros protagonistas, etc.

Ser buenos padres es todo un reto. No hay que esconder el esfuerzo que supone pero, con la gracia de Dios propia del sacramento del matrimonio y la entrega alegre y enamorada de los esposos, todos los sacrificios se llevan con gusto. La educación de los hijos no es un oficio determinado por la suerte o por el ambiente, sino por el amor. Con este amor, los padres pueden dirigirse con toda confianza a Dios, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra[10], para que proteja el hogar familiar y cubra con sus bendiciones a los hijos.

M. Díez

 

[1] Cfr. Jn 8, 32.

[2] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008.

[3] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.

[4] Benedicto XVI, Homilía, 8-XII-2005.

[5] Benedicto XVI, Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24-IV-2005.

[6] Es Cristo que pasa, n. 28.

[7] Ibidem, n. 27.

[8] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008.

[9] Conversaciones, n. 91. [10] Ef 3, 14.

 

 

Quien quiera influir en el mundo actual tiene que amarlo

 

¿Cómo transmitir el mensaje cristiano en una sociedad caracterizada por una pluralidad de visiones del mundo y una creciente ignorancia religiosa?

Por: Jutta Burggraf 

¿Cómo transmitir el mensaje cristiano en una sociedad postmoderna, caracterizada por una pluralidad de visiones del mundo y una creciente ignorancia religiosa? Para Jutta Burggraf[1], profesora de Teología Dogmática en la Universidad de Navarra, es preciso hacerse cargo de las necesidades y las esperanzas de los hombres y mujeres contemporáneos

Como tantos otros pensadores actuales, Jutta Burggraf considera que estamos en una época de cambio. La expresión “sociedad postmoderna” indica el final de una etapa –la modernidad– y el comienzo de otra que todavía no conocemos.

En esta situación de cambio, de poco sirve moverse con la mentalidad propia de tiempos pasados. “Hoy en día, una persona percibe los diversos acontecimientos del mundo de otra forma que las generaciones anteriores, y también reacciona afectivamente de otra manera”, dice Burggraf.

Esto exige, a su juicio, descubrir un nuevo modo de hablar y de actuar que haga más hincapié en la autenticidad. Un cristiano se convierte en un testigo creíble cuando vive su fe con alegría y, al mismo tiempo, comparte con los demás las dificultades que encuentra en su camino.

Por otra parte, añade Burggraf, el cambio cultural al que asistimos no puede llevar a los cristianos a lamentarse o a encerrarse en un gueto. “Quien quiere influir en el presente, tiene que amar el mundo en que vive. No debe mirar al pasado con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto”.

Identidad y diálogo

En un congreso celebrado en Roma se defendía la idea de que afirmar la propia identidad cristiana enriquece el diálogo, en la medida en que contribuye a esclarecer las diversas posiciones. Pero también cabe otra lectura menos optimista: si yo reafirmo demasiado mis convicciones, ¿no existe el riesgo de que me cierre a los demás o, por lo menos, de que les escuche con menos interés?

Sí, este riesgo existe. Pero entonces no sería una auténtica identidad cristiana. Cuanto más cristianos somos, más nos abrimos a los demás. Esta es la dinámica del cristianismo: salir de uno mismo para entregarse al otro. La identidad cristiana nos lleva a dialogar con todos, estén o no de acuerdo con nuestra manera de pensar o nuestro estilo de vida. En ese diálogo, el cristiano puede enriquecerse con la parte de verdad que viene del otro, y aprender a integrarla armónicamente en su visión del mundo.

Ahora bien: esta actitud de apertura a los demás exige tener muy clara la propia identidad cristiana. Porque si no, puedo quedar expuesta a las modas y terminar buscando no lo verdadero sino lo apetecible; lo que me gusta y me va bien. Por otra parte, sin esa sólida identidad cristiana haríamos un flaco favor a los demás: nos quedaríamos sin respuestas para sus interrogantes, y no podríamos darles algo de la luz del cristianismo.

El lenguaje no verbal importa

¿Qué características debería tener el diálogo entre dos personas con distintas visiones del mundo, para no caer en la indiferencia olímpica?

Me parece fundamental escuchar al otro con una actitud abierta y, al mismo tiempo, con mucha actividad interior. Escuchar a los demás no es tan sencillo: requiere ponerse en el lugar del otro e intentar ver el mundo con sus ojos. Si ambos actúan así, nunca habrá un vencedor y un vencido, sino dos (con)vencidos por la verdad.

Lógicamente, esto sólo es posible en un clima de amistad y de benevolencia. Cada uno ha de ver lo bueno que hay en el otro, como aconseja el refrán popular: “Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fueran”. Donde reina el amor, no hace falta cerrarse por miedo a ser herido. Por eso es tan importante mostrar simpatía y cariño al hablar con los demás.

Existe un lenguaje no verbal, que sustituye o acompaña nuestras palabras. Es el clima que creamos a nuestro alrededor, ordinariamente a través de cosas muy pequeñas como, por ejemplo, una sonrisa cordial o una mirada de aprecio.

Pero el cariño ha de ser real. No basta con sonreír y tener una apariencia agradable. Si queremos tocar el corazón de los otros, tenemos que cambiar primero nuestro propio corazón. Uno percibe cuando no es querido, por mucho que le sonrían.

El ambiente actual

Los sociólogos Alain Touraine y Zygmunt Bauman, galardonados con el premio Príncipe de Asturias, llevan tiempo hablando sobre el fin de la modernidad. ¿Qué es lo que ha cambiado en el modo de pensar y de sentir del hombre de hoy?

La modernidad daba por hecho que la vida es un progreso continuo. Hoy, tras el eclipse de los grandes relatos políticos y sociales del siglo XX, somos más escépticos. Caminamos sin rumbo fijo. A esta falta de orientación se añade muchas veces la soledad. Por eso no es extraño que se quiera alcanzar la felicidad en el placer inmediato, o quizá en el aplauso. Si alguien no es amado, por lo menos quiere ser alabado.

A la vez, podemos descubrir una verdadera “sed de interioridad”, tanto en la literatura como en el arte, la música o el cine. Cada vez más personas buscan una experiencia de silencio y de contemplación.

Otro aspecto característico de la modernidad era la confianza excesiva en la razón. Hoy, en cambio, sabemos que el racionalismo cerrado nos lleva a planteamientos erróneos. El problema es que ahora nos hemos pasado al extremo contrario: la sobrestima de la afectividad, el sentimentalismo. El reto actual es llegar a una visión más armónica del hombre, que integre la razón, la voluntad y los sentimientos.

Ir a lo esencial

¿Cómo hablar de Dios a la gente en este contexto menos racionalista y más emotivo que usted ha descrito?

Creo que la transmisión de la fe en la sociedad actual es posible si los cristianos vivimos como testigos antes que como maestros, o bien como maestros-testigos. Esto requiere utilizar un lenguaje personal, más persuasivo. Se trata de interiorizar esa gran verdad que nos está repitiendo constantemente Benedicto XVI: “Dios es amor”.

Quizá en otras épocas, esta idea pudo sonarnos demasiado romántica. Pero hoy hemos de redescubrirla y entender qué significa, porque todo el mensaje cristiano tiene que ver con el amor. El Papa nos está enseñando a centrarnos en lo esencial: descubrir la belleza y la profundidad de la fe.

No podemos quedarnos atrapados en las controversias que continuamente plantea la opinión pública. Claro que las cuestiones morales son importantes, pero si no se entiende bien el fundamento –Dios es amor– tampoco se comprenderá la respuesta de la Iglesia a ciertos problemas morales.

Antes de enredarnos en cuestiones controvertidas, debemos mostrar a la gente el atractivo de las verdades cristianas (la revelación de Dios, la salvación, la libertad de la fe…) y, sólo después, podremos plantearles un cambio de comportamiento.

Una fe más acogedora

En sociedades pluralistas como la nuestra, ya no se acepta que alguien pueda estar en posesión de la verdad. ¿Significa esto que la firmeza de convicciones conduce necesariamente a la arrogancia extrema?

La firmeza de convicciones no está reñida con la humildad ni con la apertura de mente, necesarias para un auténtico diálogo con los demás. Aunque podemos afirmar que la Iglesia católica tiene la plenitud de la verdad, yo –como creyente– personalmente no la tengo. O, mejor dicho, la tengo de forma implícita cuando hago un acto de fe y participo de la plenitud de la Iglesia.

Pero, como en mi vida cotidiana no he llegado a esa plenitud, los demás siempre pueden enseñarme algo. Puedo aprender de todos –creyentes o no–, sin perder mi propia identidad. Además, conocer los puntos de vista ajenos puede servirme para revisar algunas ideas propias que quizá se han vuelto demasiado rígidas.

Hay personas que tienen una fuerte identidad cristiana y, sin embargo, no convencen a nadie. Cuando alguien se muestra demasiado seguro, en general suele despertar rechazo. Ya no se acepta que alguien hable “desde arriba” al común de los mortales, como si él fuera el único portador de la verdad.

Lo que atrae más en nuestros días no es la seguridad, sino la sinceridad: explicar a los demás las razones que nos llevan a creer y, al mismo tiempo, hablarles también de nuestras dudas e incertidumbres. Se trata de ponerse al lado del otro y buscar la verdad junto con él. Ciertamente, yo puedo darle mucho si tengo fe; pero los otros también pueden enseñarme mucho.

¿Cómo puede alguien comprender y consolar a los demás si nunca ha sido destrozado por la tristeza? Hay personas que, después de sufrir mucho, se han vuelto comprensivas, cordiales y sensibles al dolor ajeno. En una palabra, han aprendido a amar. De esta forma, la fe se hace más acogedora.

 

[1] Jutta Burggraf fue Profesora de Teología Dogmática y de Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Falleció el 5 de noviembre de 2010.

 

 

"Cambiar al mundo"

La clave de nuestra capacidad de hacer cambiar a los demás está siempre ligada a nuestra capacidad de cambiarnos a nosotros mismos

Por: Alfonso Aguiló Pastrana 

-Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.

-Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar sólo mi país.

-Pero, con el tiempo, me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí.

-Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y —quien sabe— tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo.-

Este viejo relato, recogido en una lápida de la Abadía de Westminster, puede servirnos como una interesante reflexión acerca del sentido crítico y el deseo de cambio que todos tenemos en nuestro interior. Normalmente, la crítica se tiñe del ánimo o la disposición interior que hay tras ella, y de la que muchas veces procede. También sabemos que hay disposiciones mejores y peores, positivas y negativas, optimistas y pesimistas, y eso debemos tenerlo presente, y saber reconocerlo, pues resulta decisivo para comprobar la rectitud de nuestros juicios y la fiabilidad de nuestra capacidad de valoración y de crítica

Si damos entrada a la envidia, al orgullo, la ira, la ambición, o a cualquiera de las múltiples formas en que la soberbia se manifiesta en todos los hombres, ese ánimo o predisposición con que observamos a los demás condicionará todo lo que observamos. Y entonces perderemos objetividad en nuestros análisis y eficacia en nuestros empeños por mejorar el mundo que nos rodea.

Solamente si hay una buena disposición, si se ve a los demás con el necesario afecto, deseando su bien, sólo entonces la crítica reúne las condiciones que requiere para ser una crítica útil y constructiva. Y sólo entonces es un acto de virtud para quien la practica y una verdadera ayuda para quien la recibe.

Y para entender y realizar así la crítica, es preciso ensayarla primero con uno mismo, como advirtió al final de su vida el protagonista de aquella reflexión. Sólo cuando se sabe lo que cuesta mejorar, lo difícil que resulta y, al tiempo, lo importante y liberador que es, sólo entonces se puede observar a los demás con cierta objetividad y ayudarles realmente. El que sabe decirse las cosas claras a sí mismo, sabe cómo y cuándo decírselas a los demás, y sabe también escucharlas con buena disposición.

Saber recibir y aceptar la crítica es prueba de profunda sabiduría. Dejarse decir las cosas es signo cierto de grandeza espiritual y de inteligencia clara. Aprender de la crítica es decisivo para hacer rendir los propios talentos. En cambio, quien no soporta que se le critique nada, e incluso ataca a quien ha tenido la atención y el desvelo de hacerle una crítica honesta y buena, o incluso se ensaña con el mensajero, esa persona difícilmente saldrá de sus errores, que con seguridad serán numerosos.

No se trata de vivir siempre pendiente de la crítica, bailando al son de lo que se diga o se deje de decir sobre lo que hacemos o somos, porque esa preocupación acabaría siendo patológica. El que no hace nada no suele recibir críticas, pero el que hace mucho suele ser criticado por todos: lo critican los que no hacen nada, porque ven su vida y su trabajo como una acusación; lo critican los que obran de modo contrario, porque lo consideran un enemigo; y lo critican a veces también los que hacen las mismas o parecidas cosas, porque se ponen celosos. Tiene que hacerse perdonar por los que apenas hacen nada y por los que no conciben que se pueda hacer nada bueno sin contar con ellos.

En todo caso, y como también advirtió con lucidez aquel hombre al final de sus días, la clave de nuestra capacidad de hacer cambiar a los demás está siempre ligada a nuestra capacidad de cambiarnos a nosotros mismos.

 

Alfonso Aguiló Pastrana

 

 

El arte de amar a todos

La virtud de la caridad exige estar en gracia de Dios, y así, poder amar con el mismo corazón de Cristo.

Por: Pablo Cabellos Llorente

Son muchas las palabras cuyo contenido cambia, bien por las permutas normales introducidas por escritores o por el pueblo llano e imaginativo, bien por intereses menos claros. No es infrecuente que un mismo vocablo sea utilizado deliberadamente para vaciar su contenido natural por otro que puede resultar ser exactamente lo contrario. Un ejemplo: lo que para algunos es un valor –el derecho al aborto-, para muchos es un desvalor –muerte de un inocente y muy probable padecimiento psicológico de la madre-.

El ejemplo puede ser tomado como brutal, pero es real como bien sabemos todos. Mas no es menos atroz el uso destinado a la palabra amor. Originariamente, la voluntad podría considerarse –como hace Rafael Alvira- en cinco modos de querer: el primer uso sería el deseo como tendencia al fin, la búsqueda de la unión o posesión de lo deseado. La segunda manera de querer aprueba o rechaza hechos sucedidos. Sería la tercera cuando nos dirigimos al futuro, en cuyo caso la voluntad es poder y elegir. La capacidad creadora del ser humano ocuparía el cuarto puesto. Finalmente, hay un uso de la voluntad que llamamos amor y que viene a consistir en el reconocimiento y afirmación de una realidad por lo que en sí misma es y vale.

Estos usos de la voluntad se entremezclan en nuestras vidas y si alguno se ausenta, debilitará el resto y al hombre mismo. Mas si no se encaminan al amor, que es su cúspide, la ruina será mayor. Porque la persona está hecha para abrirse a otros. Muchos autores coinciden en que el hombre es un ser constitutivamente dialogante. Si no hubiese con quien establecer este diálogo manifestativo de la creatividad, de nuestra intimidad, de la capacidad de donación, en lugar de una persona lograda hallaríamos un fracasado. Digamos también que las relaciones interpersonales pueden medirse por el amor y la justicia.

Si saltamos a la caridad –virtud teologal por la que amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestros prójimos como a nosotros mismos por amor de Dios-, observaríamos una virtud que no deroga nada de cuanto va dicho sobre los modos de ejercitar la voluntad y, por tanto, la libertad. No hay espacio para tratar con amplitud sobre la caridad, de la que afirma Tomás de Aquino que es una cierta participación en la infinita caridad, que es el Espíritu Santo, lo que, para ser pleno, exige estar en gracia de Dios. Y así, poder amar con el mismo Corazón de Cristo. ¡Qué lejos queda este planteamiento del pobre concepto de caridad consistente en la limosna dada a un pobre!

Naturalmente, el mundo andaría mejor estructurado con lo escrito en los primeros párrafos, pero no hay duda de que si los cristianos viviéramos una caridad plena, seria más factible disfrutar del arte de amar a los demás. Estoy llamando arte al ejercicio de la primera de las virtudes porque, a pesar de que la creatividad ha sido el enunciado cuarto de las formas de querer, también se afirmó que todas confluyen en el amor, lo que conlleva siempre arte: para relacionarse y dialogar, para tender al bien amado, para rechazar lo que estorba, para elegir el amor.

Ahora vendría bien considerar dos ideas agustinianas: “no se pregunta si ama, se pregunta qué ama”. Aquí aparecerían con toda seguridad discrepancias de apariencia insalvable, que no lo será tanto si enterramos los propios egoísmos para expresar el amor que es donación al otro: a Dios y a los demás. Luego san Agustín expresó aquello tan banalmente entendido por algunos: “Ama y haz lo que quieras”. Esta idea agustiniana no puede comprenderse como una especie de libertinaje suicida, la torpeza de prostituir el amor, lo que puede suceder en toda relación humana que ve a los demás como objetos: de placer, de negocio, de poder…

Dos ideas más sobre el amor a los demás, extraídas de san Josemaría: en “Es Cristo que pasa”, escribió: “la caridad cristiana no se limita a socorrer al necesitado de bienes económicos; se dirige, antes que nada, a respetar y comprender cada individuo en cuanto tal, en su intrínseca dignidad de hombre e hijo del Creador”. En “Amigos de Dios”, puntualiza más este aspecto al afirmar que amar es “buscar el bien de las almas sin discriminación de ningún género, logrando para ellas, antes que nada, lo mejor: que conozcan a Cristo, que se enamoren de Él”
Estaría en sintonía con la reiterada alusión del Papa Francisco a que la Iglesia no es una ONG.

En la otra cara de la moneda queda el reproche del fundador del Opus Dei hacia “la mentalidad de quienes quieren ver el cristianismo como un conjunto de actos o prácticas de piedad, sin percibir su relación con las situaciones de la vida corriente, con la urgencia de atender a las necesidades de los demás y de esforzarse por remediar las injusticias”, expresando a continuación que quien así pensara no habría comprendido todavía lo que significa que el Hijo de Dios se haya encarnado. Así saldremos a las periferias de miseria y marginación.

 

 

¿Es el embrión una cosa, mera potencia o una vida?

 

¿Es el embrión una cosa, mera potencia o una vida?

 

Reproducimos aquí un Editorial de Diario Médico  en el que se comenta la posible ampliación del plazo de 14 días para poder manipular embriones humanos.

La jornada Rethinking the Ethics of Embryo Research: Genome Editing, 14 Days and Beyond congregó a varios científicos para debatir los pros y los contras de promover la investigación con embriones más allá de los 14 días.

“A mediados del pasado mes de diciembre de 2016, “el University College de Londres acogió la jornada Rethinking the Ethics of Embryo Research: Genome Editing, 14 Days and Beyond. Asistieron entre otros la baronesa Mary Warnock, cuyo famoso informe avaló la reproducción asistida y la investigación con embriones; Kathy Niakan, del Instituto Francis Crick y la primera investigadora inglesa autorizada a editar un embrión humano; Ian Wilmut, padre de la oveja Dolly; Sally Cheshire, presidenta de la Human Fertilisation and Embryology Authority del Reino Unido, y George Carey, el que fuera arzobispo de Canterbury. El núcleo del debate era analizar los pros y contras de promover la investigación con embriones más allá de los 14 días, plazo establecido en 1990 por la Human Fertilisation and Embryology Authority tras el informe Warnock de 1984.

Hasta hace unos meses, nadie había propuesto ampliar ese periodo, sobre todo porque nadie había conseguido que los embriones in vitro se desarrollaran más allá de los siete días (en 2014 Nature recogió un caso de nueve días). Pero en mayo de este año, el equipo de Magdalena Zernicka-Goetz, de la Universidad de Cambridge, publicó en Nature un estudio en el que describían cómo habían logrado mantener con vida embriones humanos en un entorno especialmente oxigenado durante 13 días. Explicaron que frenaron el ensayo para no infringir la norma de los 14 días, pero que seguramente se podría extender aún más ese plazo. Algunos de los expertos que asistieron a la jornada sugerían ampliarlo a 28 días, argumentando que en la franja de los 7 a los 28 días -una caja negra en el conocimiento del desarrollo embrionario- se produce la gastrulación, en la que se forman las capas de tejido fundamentales (ectodermo, mesodermo and endodermo) y la especialización de los órganos. El fenómeno seguramente se podría estudiar igual de bien en monos, pero los primates están ahora más protegidos que los seres humanos.

Curiosamente, Mary Warnock se ha opuesto a esa ampliación, alegando que fortalecería a los que se oponen a la manipulación de embriones y que en su día ya dijeron que ese plazo arbitrario de los 14 días terminaría expandiéndose poco a poco en función de los veleidosos avances técnicos; un argumento más retórico que científico, pero que refleja que, aunque las técnicas de fecundación in vitro y la investigación con embriones parezcan asentadas en las rutinas sociales, la controversia bioética sigue tan candente como hace treinta años.

En dicha jornada, David Albert Jones, director del Anscombe Bioethics Centre en Oxford, recordó, entre otras cosas, la necesidad de afrontar el estatuto del embrión, tarea tan explosiva y espinosa que se prefiere soslayar. Como advertía indirectamente Warnock, ese límite difuso de la vida no hace más que confundir y dividir. ¿Por qué 28 días y no 120 o un año? ¿No es la vida un continuo en desarrollo desde la fusión nuclear a la implosión vital? ¿Quién está autorizado a decidir cuál es la fase decisiva de la vida?”. (Diario médico,  19/12/2016)

Valoración

Una vez más lo que en Bioética se denomina «pendiente resbaladiza» se cumple. En efecto en la reunión comentada con anterioridad no se debate la posibilidad o no de manipular los embriones humanos hasta el 14 día de su desarrollo, cosa por otro lado carente de todo aval ético, sino que lo que se discute es la conveniencia de ampliar este plazo hasta los 28 días.

La pregunta que surge de inmediato es ¿se terminará a los 28 días la posibilidad de manipular dichos embriones, como se propone en este documento, o siguiendo esa «pendiente resbaladiza», que comentamos, se ampliará el plazo hasta permitir manipularlos en cualquier momento de su desarrollo?

Parece cumplirse aquí el aforismo de que todo lo que en ciencia se puede hacer se hará, independientemente de su connotación bioética.

Ver (AQUI) artículo publicado en nuestra web “Se amplía la manipulación y destrucción de embriones humanos hasta los 14 días de su evolución“.

Ver Estatuto biológico del embrión humano (AQUI).

Justo Aznar

Observatorio de bioética

Universidad Católica de Valencia

 

 

¿QUÉ ES LA VIDA?

Leo J. Mart.

Te voy a contar qué es la vida para otros y de ahí tú puedes escoger la vida que deseas para ti, porque como dice Unamuno: < A la buena de Dios, cada cual como mejor se las componga, salga lo que saliere, cada uno con su cadaunada>  (Unamuno, Ensayos, ed. Residencia de Estudiantes, III, p. 108>

La vida, para Teresa de Ávila, la madre Teresa, es: <una mala noche en una mala posada> Libro de la vida.

< La vida es una pasión inútil> -dice Sastre, el autor de la Náusea. 

< La vida es un instinto> -dice Nietzsche, autor de Así habló Zaratrusta.

< La vida es una actividad> -dice Aristóteles; pero agrega: < Quod movetur ab alio movetur >  -lo que se mueve, se mueve por otro, un ser superior, llamado Dios. 

Vida, para los escolásticos es <Sui motio > moverse por sí mismo.

La vida para Job es <una guerra> Job 7,1

La vida para Cristo es Él mismo:< Yo soy el Camino,  la Verdad y la Viva > Juan 14,6  < Yo vine a traer Vida y vida en abundancia> Juan 10, 1-10 

Pablo, dice de su vida, que < Ya no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí > Gálatas 2,20

La vida es un viaje transitorio por el planeta tierra, y hay que tener listas las maletas para el viaje sin retorno. < Non habemus hic manentem civitatem > - No tenemos aquí ciudad permanente, dice Pablo, Hebreos, 13,14

La vida es una mala noche, o una pasión inútil si no tienes a Dios. < Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti> -dice Agustín de Hipona, Confesiones (I, 1,1) 

Leo J. Mart. Filósofo, escritor.

 

 

La verdadera “calidad de vida”

 

​Al terminar un año más, se impone la vieja y casi diríamos gastada costumbre del análisis retrospectivo, seguido de una mirada ansiosamente interrogativa sobre lo que nos deparará el año venidero.

Sería inútil tratar de huir de esa práctica, por más rutinaria que parezca. Ella nace de la propia profundidad del orden natural de las cosas. Dios fue quien creó el tiempo para el hombre y quiso que fuese dividido en años. Esta duración anual, unidad siempre igual a sí misma, está admirablemente proporcionada a la extensión de la existencia humana y al ritmo de los acontecimientos terrenos.

La Providencia quiso que la inexorable cadencia de los años proporcionase a los hombres, en los días que sirven de puente entre el año viejo y el nuevo, una ocasión para un examen atento de todo cuanto en ellos y en torno de ellos fue cambiado, para un análisis sereno y objetivo de esos cambios, para una crítica de los métodos y rumbos viejos, para la fijación de métodos y rumbos nuevos, para una reafirmación de los métodos y de los rumbos que no pueden ni deben cambiar.

De algún modo, pues, cada fin de año se parece a un Juicio, en que todo debe ser medido, contado y pesado, para rechazar lo que fue malo, confirmar lo que fue bueno, e ingresar a una nueva etapa.

Quizás lo más difícil será que veamos lo que fue malo porque el concepto de la finalidad de la vida del hombre ha sido olvidado, y también lo que sea la felicidad en esta tierra.

Es necesario restablecer el íntimo significado de la vida, cultivando un arraigado sentido de la vocación cristiana. El error fundamental del hombre de hoy es que olvidó el por qué de su presencia en el mundo, el por qué Dios lo creó. Pertenecemos a Dios en el más absoluto sentido de la palabra y estamos en este mundo para servirlo, aún en las más insignificantes ocupaciones de la vida cotidiana.

La vida se tornó tan infeliz para el hombre moderno precisamente porque actúa contra las más íntimas y vehementes fuerzas que lo impelen hacia Dios. El trata de encontrar la paz, despreciando el plan divino, que está en su propia naturaleza.

Debemos volver a ver la vida a la luz de su finalidad última, de modo que encontremos lo divino en lo material, lo eterno en lo temporal, la santidad en todo, excepto en el pecado. El gran empeño de nuestra hora presente es la penetración de todas las actividades de la vida por la luz y el poder de nuestra fe: el abismo que creó nuestra era entre la fe y la vida debe ser eliminado, y la gracia divina debe operar como un fermento para elevar nuestra existencia a un nivel mejor.

 

 

 

 

HAMBRE

A veces tengo

hambre

nada más que

de una palabra amable –

una palabra contra el frío,

contra el miedo,

una sola palabra

para calentarme

y para respirar,

una palabra sin peso de plomo,

cargada solamente

con un grano de paz,

para que no eche

enseguida a volar.

 

PETER SCHÜTT (Alemania 1939-,)

 

Traducción Germain Droogenbroodt – Rafael Carcelén

de: Wenn das Eis geht

DTV, München

 

 

El gobernador cristiano de Yakarta,

El gobernador cristiano de Yakarta, conocido como “Ahok”, era enjuiciado el 13 de diciembre. Se le acusaba de una supuesta blasfemia, que ha generado en las últimas semanas manifestaciones masivas de sus antagonistas y seguidores. En un discurso pronunciado el pasado mes de septiembre, al anunciar su candidatura a la reelección, citó el verso de una sura del Corán, diciendo que todos los ciudadanos gozan del legítimo derecho a votar por él. En cambio, algunos líderes islámicos afirman que, de acuerdo con el libro sagrado, solamente un musulmán puede guiar a otros musulmanes.

Los extremistas exigen en la calle la destitución y el arresto del gobernador, mientras millones de ciudadanos de diversas confesiones luchan por principios de tolerancia y amor, dentro de la diversidad, con una gran oración por la unidad y un mensaje de paz. Los cristianos de Indonesia, junto con muchos musulmanes, manifiestan la urgencia de promover el bien del país, el respeto por la democracia y la “Pancasila”, el documento de cinco principios para la Constitución de Indonesia y la convivencia civil en el archipiélago.

Suso do Madrid

 

 

¿Amistad cívica?

2016 quizás pase a la historia como el año del “no”. Los resultados de los dos referéndums en Colombia y el Reino Unido, así como las elecciones en Estados Unidos, han sido consecuencia del triunfo del voto negativo. No a la globalización y a los inmigrantes, no a Europa, no a la casta, no al otro. En España hemos estado sin Gobierno casi todo el año por un no obstinado al diálogo, por la negativa a dejar gobernar a la fuerza más votada.

Eso es consecuencia, en gran medida, del fastidio y la frustración, de la absolutización de la ideología. El rey Felipe VI en su discurso de Navidad hacía un llamamiento a superar “la intolerancia y la exclusión, la negación del otro o el desprecio al valor de la opinión ajena”. 

Es esencial tener en cuenta esta invitación ahora que comenzamos un nuevo año. El gran reto es ir más allá de una tolerancia fría que nos encierra detrás de los altos muros de nuestros derechos subjetivos.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Ser y hacer

En el biopic sobre Margaret Thatcher se refleja una escena sublime. Alguien que había acudido a almorzar a su casa le pregunta sobre las diferencias entre sus años de gobierno y los comienzos del nuevo siglo.

La Dama de Hierro le responde: “en mi época, todos queríamos hacer y nadie quería ser. Hoy, todo el mundo quiere ser y nadie quiere hacer”. 

Esta conclusión sigue siendo aplicable a un buen número de asuntos. Se ha extendido la alergia de un hacer que pueda redundar en avances. O al menos de impedir que las cosas que están mal continúen haciendo daño sin ser abordadas. En su lugar, prima alcanzar la cima guiándose del fin justificador de medios, de la traición o del pisar callos, porque en infinidad de ámbitos lo de menos es cómo se llega.

Existe una fórmula infalible para detectar a quien está para ser y quien está para hacer. Aquél, acostumbra a blindarse de sus potenciales contrarios, que suelen ser quienes rechazan su falta de legitimidad para obtener el mando, razón por la que no ceja de intentar acabar con ellos de forma misericorde o inmisericorde, que tanto da. Al de hacer, sin embargo, le obsesiona todo lo que sea lograr progresos para el colectivo, porque su único interés se centra en conquistar ese magno objetivo, con perseverancia, sentido del humor y sano orgullo.

Hacer, en fin, es lo propio de los que piensan en grande, de los que tienen la certeza de que ‘ars longa, vita brevis’, de los que dejan en evidencia a aquellos otros que persiguen triunfos con trampa, y que cuando arriban a la cumbre nos permiten comprobar a todos sus desnudas miserias.

José Morales Martín

 

 

El Banco y el usuario - El prestamista y el usurero

 

                                Debiera ser enseñado antes incluso de llegar a la mayoría de edad; o sea en la escuela o instituto; puesto que vivimos ya en un mundo dominado por la mentira, el abuso y el dominio del dinero, “dios supremo en este mundo”; y este falso dios lo domina la banca y todos sus derivados, de prestamistas o incluso usureros; y donde el que presta, llegado el momento se queda con todo lo que garantice el préstamo; por tanto lo primero a enseñar es que, si firmas garantizando un préstamo, al final puede ser que lo pagues tú y no tu amigo, tu familiar o quién sea el que te “engatuse”. Muchos se han arruinado así “y sin comerlo ni beberlo”.

                                Lo segundo a aprender es que cuando te sientes, ante la mesa de quién te plantee un negocio de dinero; o sea del prestamista, bancario  o no; has  de pensar que ante ti tienes “un león hambriento”, que lo que trata es de “darte el mayor bocado posible”, por tanto entérate bien de lo que te propone y te hará firmar, luego después de firmado ya no podrás reclamar nada y tendrás que apechugar con lo que allí se escribiera, así es que léelo bien y si no lo entiendes, que te lo lea un técnico de tu confianza y te explique bien lo que no entiendas; lo mismo que el que presta no se fía de nadie, tú has de hacer lo mismo y no fiarte de él.

                                “El banco te ofrecerá un paraguas cuando no amenaza lluvia, pero tan pronto se ponga nublo y empiecen a caer gotas, dirá que del paraguas ofrecido no hay nada, que te busques un garantizador de esa posible lluvia y lo lleves al banco para que te avale”. Los bancos nunca dan nada, “salvo malos ratos”, como ahora empiezan a recibir los que esperan recibir un dinero que le cobraron de más, en las hipotecas suscritas con una cláusula “ilegal” y por cuanto así lo ha  dictado un tribunal internacional, puesto que “los nacionales y el gobierno”, lo ignoraron, como ignoran tantos y tantos abusos como soportamos los del común del pueblo, ante la indiferencia de los que encima les pagamos para ello mismo, para que nos defiendan con justicia.

                                Y digo “dinero que esperan recibir” los saqueados, por cuanto aún no han recibido nada y pese a lo que ha legislado el gobierno, los prestamistas se atrincheran en “su poder” y ya veremos cuando devuelven y lo que devuelven en realidad y la forma de devolverlo; puesto que no han devuelto ni un céntimo y ya están pidiendo compensaciones; cuando la devolución debe ser del propio capital bancario o del de los accionistas, que lo mismo que cobran si hay ganancias, tienen que reponer capital cuando resulten pérdidas; aunque se puede añadir… “¿Dónde fue a parar el dinero que tienen que restituir ahora, puesto que no es una reposición que no sea justificable, es una devolución de cantidades abusivas y que fueron cobradas en su día?

                                De hecho ya hay prestamistas que se niegan a devolver nada puesto que han declarado que sus contratos son legales y tienen vigencia como tales. Otros al ir a ventanilla a reclamar les dicen que lo hagan por escrito e incluso por “burofax”; o sea todo es retardar la posible devolución y tratar de que ni se devuelva; seguro que tienen en ebullición sus abogados, buscando salidas hasta “en el infierno. ¿Qué va a hacer el gobierno ante estos obstáculos, puesto que ha prometido que en un tiempo máximo de tres meses, ese dinero más los intereses legales tiene que ser devuelto en tres meses? Y se entiende tres meses “de tiempo natural y que discurre hoy mismo”.

                                Por todo ello, EL DINERO y por la peligrosidad del mismo, debiera estar nacionalizado y controlado por el gobierno de turno y “este” súper controlado para que no se deslice en nada; pero ya se preocupará “el capital” de mantener “la patente de corso que ha logrado y la impunidad con que le dejan operar”.

            Y la realidad que padecemos ya la vaticinó nada menos que un presidente norteamericano, hace más de dos siglos dejando por escrito lo que sigue: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron". THOMAS JEFFERSON, 1802”. 

                                Lo que ocurre es que las grandes palabras y que señalan las grandes ideas para una humanidad mejor, se entierran cuanto antes para que nadie las recuerde, pero afortunadamente siempre hay quién las desentierra y las pone de nuevo en circulación.

                                                       

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                                                       

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes