Las Noticias dejo 26 Enero 2017

                      Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 26 de enero de 2017       

Indice:

Newsletter Diario

"El apóstol Pablo nos muestra el camino para anunciar el Evangelio de la reconciliación", el Papa en las Vísperas

Papa: brille el Evangelio en la sociedad con María, Madre de Cristo y de la esperanza

Catequesis del Papa: confiar en Dios sin ponerle condiciones

Judit nos indica el camino de la confianza, la oración y la obediencia”, el Papa en su Catequesis

El Papa: La unidad de los cristianos se hace caminando juntos

Cercanía del Papa a damnificados por incendios en Chile 

SANTOS TITO Y TIMOTEO*: Francisco Fernández-Carvajal

“Un encuentro personal con Dios”: San Josemaria

Mons. Mariano Fazio, nombrado vicario general del Opus Dei

«Jóvenes, familia y pobreza son los retos de los cristianos de hoy»

Tiempo de raíces:+ Fr. Jesús Sanz Montes.-  Arzobispo de Oviedo

Casada y con Hijos: AntonioOrozco Delclós

El enemigo invencible: encuentra.com

Lo que piensa don Fernando Ocáriz: Jose Francisco Serrano

Carta del cardenal arzobispo de Madrid: Haz un mundo acogedor y seguro: + Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

Es necesario saber dar y negar: Plinio Corrêa de Oliveira

¿QUIÉN ERES TÚ? : Leo J. Mart.

 Antropoceno: Jesús D Mez Madrid

 Un panorama desolador: Enric Barrull Casals

“Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.: Jesús Martínez Madrid

 MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

"El apóstol Pablo nos muestra el camino para anunciar el Evangelio de la reconciliación", el Papa en las Vísperas

El Papa celebra las segundas Vísperas de la Fiesta de la Conversión de San Pablo, en la Basilica de San Pablo Extramuros. - ANSA

25/01/2017 13:32

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 Como es tradición, el Santo Padre Francisco se trasladó la tarde del miércoles 25 de enero a la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, para presidir la celebración de las segundas Vísperas en la Solemnidad de la Conversión del Apóstol de Pablo. En el marco de la conclusión de la Semana de Oración para la Unidad de los cristianos, estuvieron presentes en la celebración los representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales. El Papa visitó la tumba del Apóstol y tras detenerse unos minutos en oración, tuvo inicio la celebración. 

Durante la homilía el Obispo de Roma se refirió inicialmente al encuentro de Pablo con Jesús, que cambió la vida del Apóstol, y que "lo empujó a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece a la humanidad en Cristo". Después de recordar el tema de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos, Francisco hizo presente que "la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es, ante todo, la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo", es decir, "un don gratuito de Dios", que "interpela a la persona perdonada y amada al anuncio del Evangelio de la Reconciliación". 

Reiterando que una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse "cuando sepamos reconocer los dones de los demás" y cuando "seamos capaces de aprender unos de otros", el Papa reconoció que "mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria", pero advirtió que "detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente".  Por ello invitó a seguir adelante "en el camino de reconciliación y de diálogo", y a aprovechar cada oportunidad para rezar, anunciar, amar y servir juntos, en particular "a los más pobres y abandonados", con la confianza en que el Padre concederá a todos los creyentes la plena comunión visible". 

(Griselda Mutual - Radio Vaticano)

Audio y texto de la homilía completa del Papa Francisco

El encuentro con Jesús en el camino de Damasco transformó radicalmente la vida de san Pablo. A partir de entonces, el significado de su existencia no consiste ya en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor gratuito e inmerecido de Dios, a Jesucristo crucificado y resucitado. De esta manera, él advierte la irrupción de una nueva vida, la vida según el Espíritu, en la cual, por la fuerza del Señor Resucitado, experimenta el perdón, la confianza y el consuelo. Pablo no puede tener esta novedad sólo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo.

 Para el Apóstol de los gentiles, la reconciliación del hombre con Dios, de la que se convirtió en embajador (cf. 2 Co 5,20), es un don que viene de Cristo. Esto aparece claramente en el texto de la Segunda Carta a los Corintios, del que se toma este año el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (cf. 2 Co 5,14-20). «El amor de Cristo»: no se trata de nuestro amor por Cristo, sino del amor que Cristo tiene por nosotros. Del mismo modo, la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo. Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios. Como resultado de este don, la persona perdonada y amada está llamada, a su vez, a anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada.

En esta perspectiva, podemos preguntarnos hoy: ¿Cómo anunciar el evangelio de la reconciliación después de siglos de divisiones? Es el mismo Pablo quien nos ayuda a encontrar el camino. Hace hincapié en que la reconciliación en Cristo no puede darse sin sacrificio. Jesús dio su vida, muriendo por todos. Del mismo modo, los embajadores de la reconciliación están llamados a dar la vida en su nombre, a no vivir para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (cf. 2 Co 5,14-15). Como nos enseña Jesús, sólo cuando perdemos la vida por amor a él es cuando realmente la ganamos (cf. Lc 9,24). Es esta la revolución que Pablo vivió, y es también la revolución cristiana de todos los tiempos: no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor.

 Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida. Es también una invitación a salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la auto-referencia, que impide captar lo que el Espíritu Santo lleva a cabo fuera de nuestro ámbito. Una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros.

 Si vivimos este morir a nosotros mismos por Jesús, nuestro antiguo estilo de vida será relegado al pasado y, como le ocurrió a san Pablo, entramos en una  nueva forma de existencia y de comunión. Con Pablo podremos decir: «Lo antiguo ha desaparecido» (2 Co 5,17). Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente. La Palabra de Dios nos anima a sacar fuerzas de la memoria para recordar el bien recibido del Señor; y también nos pide dejar atrás el pasado para seguir a Jesús en el presente y vivir una nueva vida en él. Dejemos que Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5) nos conduzca a un futuro nuevo, abierto a la esperanza que no defrauda, a un porvenir en el que las divisiones puedan superarse y los creyentes, renovados en el amor, estén plena y visiblemente unidos.

Este año, mientras caminamos por el camino de la unidad, recordamos especialmente el quinto centenario de la Reforma protestante. El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante, logrado con la ayuda de Dios y de la oración a través de cincuenta años de conocimiento recíproco y de diálogo ecuménico.

Mientras imploro a Dios el don de la reconciliación con él y entre nosotros, saludo cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante personal en Roma del Arzobispo de Canterbury, y a todos los representantes de las distintas Iglesias y comunidades eclesiales aquí presentes. Me complace saludar particularmente a los miembros de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, a quienes deseo un trabajo fructífero en la sesión plenaria que está teniendo lugar en estos días. Saludo también a los estudiantes del Ecumenical Institute of Bossey, que están de visita en Roma para profundizar en su conocimiento de la Iglesia Católica, y a los jóvenes ortodoxos y ortodoxos orientales que estudian en Roma, gracias a las becas del Comité de Cooperación Cultural con las Iglesias ortodoxas, que opera en el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los cristianos. A los superiores y a todos los colaboradores de ese Dicasterio expreso mi estima y agradecimiento.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra oración por la unidad de los cristianos participa en la oración que Jesús dirigió al Padre antes de la pasión, «para que todos sean uno» (Jn 17,21). No nos cansemos nunca de pedir a Dios este don. Con la esperanza paciente y confiada de que el Padre concederá a todos los creyentes el bien de la plena comunión visible, sigamos adelante en nuestro camino de reconciliación y de diálogo, animados por el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas que, tanto ayer como hoy, están unidos en el sufrimiento por el nombre Jesús. Aprovechemos todas las oportunidades que la Providencia nos ofrece para rezar juntos, anunciar juntos, amar y servir juntos, especialmente a los más pobres y abandonados.

 

Papa: brille el Evangelio en la sociedad con María, Madre de Cristo y de la esperanza

Aprendamos de María a caminar en la esperanza y a confiar en el Señor, exhortó el Papa Francisco - AP

25/01/2017 12:26

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«¡Aliento a todos a ser fieles a Cristo para que en la sociedad pueda resplandecer la alegría del Evangelio!»

Fue la invitación del Papa Francisco, haciendo hincapié en que el Señor «nos desafía a salir de nuestro mundo pequeño hacia el Reino de Dios y hacia la verdadera libertad, con el anhelo de llevar la Bendición de Dios a todos los hombres, iluminados por el Espíritu Santo».

En sus palabras a los peregrinos de tantas partes del mundo, que participaron en su  audiencia general, el Obispo de Roma reiteró su exhortación a la esperanza cristiana y, resumiendo su catequesis central dedicada a la figura de Judit, recordó a María, Madre de Cristo y de la esperanza:

«Judit, mujer llena de fe y de coraje, es proclamada ‘bendita ante Dios más que todas las mujeres’ (cfr. Judt 13,18). Ella nos recuerda a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la esperanza. Aprendamos de María a caminar por las sendas de la esperanza y a confiar en el Señor, que nos conduce desde la oscuridad a su luz pascual.

Queridos hermanos y hermanas, cuando en la vida experimentamos pruebas, no debemos ponerle condiciones a Dios. Dejemos que la esperanza venza todos nuestros temores».

En el día en que la Iglesia universal celebra la Conversión de San Pablo, «que nos invita a dejarnos guiar por el Espíritu Santo», el Papa Francisco deseó que el Santo Apóstol de los Gentiles nos ayude «a crecer en la confianza en la Providencia de Dios y a ser testimonios de esperanza». Y lo recordó en sus palabras de aliento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Hoy celebramos la Fiesta de la Conversión de San Pablo. Queridos jóvenes, que la figura de Pablo sea para todos ustedes modelo de discipulado misionero. Queridos enfermos, ofrezcan sus sufrimientos por la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo. Y ustedes, queridos recién casados, inspírense en el ejemplo del Apóstol de los Gentiles, reconociendo la primacía de Dios y de su amor en vuestra vida familiar».

 

 

Catequesis del Papa: confiar en Dios sin ponerle condiciones

El Papa Francisco durante la Audiencia General del cuarto miércoles de enero celebrada en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano. - REUTERS

25/01/2017 11:29

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 Al celebrar la Audiencia General del cuarto y último  miércoles de enero – en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, y en la que participaron varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países – el Papa Francisco prosiguiendo con su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, se refirió al valor de una mujer que da esperanza a su pueblo, ilustrando la figura bíblica de Judit.

Hablando en italiano, el Pontífice explicó que se trata de una de las figuras de mujeres del Antiguo Testamento que sobresale por ser heroína de su pueblo, en tiempos del rey Nabucodonosor. Y afirmó que de la lectura de aquel relato se observa la presencia de aquel gran e invencible enemigo que exterminando y destruyendo llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel.

El Santo Padre recordó que el fin, que en aquel entonces, parecía ineluctable con la pérdida de confianza en Dios por parte de ese pueblo y en medio de la desesperación, paradójicamente cambia cuando se enciende una débil esperanza mediante la idea de resistir al enemigo cinco días más, en espera de la intervención salvífica del Todopoderoso. Como si cinco días – dijo el Papa – fueran concedidos a Dios para intervenir, cinco días de espera…

En semejante situación aparece en la escena Judit, mujer viuda de gran belleza y sabiduría que se dirige al pueblo con el lenguaje de la fe para pedirle a sus hermanos que no provoquen la ira del Señor poniéndolo a prueba, puesto que si querrá ayudarlos Él tiene pleno poder para defenderlos así como para hacerlos perecer por parte de sus enemigos. De ahí que les haya pedido que esperen con confianza su salvación, para lo cual los invita a suplicarlo para que venga en su ayuda, sabiendo que, si lo querrá, escuchará su grito.

El Obispo de Roma afirmó asimismo que Judit, con la fuerza de un profeta, llama a los hombres de su pueblo para que vuelvan a tener confianza en Dios. Sí, porque ella, con la mirada de un profeta, ve más allá del horizonte propuesto por los jefes y que el miedo vuelve aún más limitado.

Por esta razón, el Papa Bergoglio invitó a los fieles presentes en esta Audiencia General a no poner jamás condiciones a Dios sino a dejar que la esperanza venza todos nuestros temores. Porque confiar en Dios – dijo – “quiere decir entrar en sus designios sin pretender nada” e incluso aceptando que su salvación y ayuda lleguen de una manera distinta a la de nuestras expectativas.

Por último, tras recordar que solemos pedir al Señor vida, salud, afectos y felicidad – lo que ciertamente es justo – Francisco hizo hincapié en que debemos ser conscientes de que Dios es capaz de obtener la vida también de la muerte, puesto que sabemos que es posible experimentar la paz incluso en la enfermedad; tener serenidad también en la soledad así como beatitud en el llanto. De modo que el Pontífice reafirmó que no podemos enseñar a Dios lo que debe hacer, dado que Él sabe mejor que  nosotros lo que necesitamos.

Y concluyó su catequesis diciendo que el camino que Judit nos indica es el de la confianza, la espera en la paz, la oración y la obediencia, sin fáciles resignaciones, sino haciendo todo lo que podemos, pero permaneciendo siempre en el surco de la voluntad del Señor, tal como lo hizo ella.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

Texto y audio del resumen de esta catequesis que el Papa Francisco pronunció en nuestro idioma:

Queridos hermanos y hermanas:

El personaje bíblico de Judit nos muestra a una mujer llena de fe y de valor, capaz de orientar a los hombres y mujeres de su tiempo, que se enfrentaban a una situación límite y desesperada, hacia la verdadera esperanza en Dios.

Ella nos enseña que, ante las situaciones difíciles y dolorosas, el camino a seguir es el de la confianza en Dios, y nos invita a recorrerlo con paz, oración y obediencia, haciendo también todo lo que esté en nuestra mano para superar estas situaciones, pero reconociendo siempre y en todo la voluntad del Señor.

Como ella, tenemos que mirar más allá de las cosas del aquí y el ahora, y descubrir que Dios es un Padre bueno que sabe todo lo que nos hace falta mejor que nosotros mismos. Nosotros podemos pedirle todo lo que necesitemos, pero siempre con la humildad necesaria para reconocer su voluntad y entrar en sus designios, aunque a veces no coincidan con los nuestros, pues él es el único que con su amor puede sacar vida incluso de la muerte, conceder paz en la enfermedad, serenidad en la soledad y el consuelo en el llanto.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Hoy celebramos la fiesta de la Conversión de san Pablo y se concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, los invito a todos a que, conscientes de que el amor de Cristo nos apremia, no dejen nunca de rezar para que los cristianos trabajemos, con respeto fraterno y caridad activa, por llegar a la tan deseada unidad. Que Dios los Bendiga.

 

“Judit nos indica el camino de la confianza, la oración y la obediencia”, el Papa en su Catequesis

Audiencia General del último miércoles de enero de 2017. - AP

25/01/2017 11:30

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“Queridos hermanos y hermanas, no pongamos jamás condiciones a Dios y dejemos en cambio que la esperanza venza nuestros temores. Confiar en Dios, quiere decir, entrar en sus designios sin ninguna pretensión, también aceptando que su salvación y su ayuda lleguen a nosotros de modos distintos a nuestras expectativas”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del último miércoles de enero, el significado de la esperanza y su relación con la oración y la valentía.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza cristiana”, el Obispo de Roma comentando el Libro de Judit señaló que, el Antiguo Testamento nos presenta la figura de una heroína del pueblo. “una mujer viuda, de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe”. Y con la fuerza de un profeta, Judit convoca a los hombres de su pueblo para conducirlos a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y del miedo que lo hace aún más limitado.

Texto completo y audio de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Entre las figuras de las mujeres que el Antiguo Testamento nos presenta, resalta aquella de una gran heroína del pueblo: Judit. El Libro bíblico que lleva su nombre narra la grandiosa campaña militar del rey Nabucodonosor, el cual, reinando en Nínive, expande los límites del imperio derrotando y conquistando a todos los pueblos de su alrededor. El lector entiende que se encuentra ante un gran e invencible enemigo que está sembrando muerte y destrucción y que llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel.

El ejército de Nabucodonosor, de hecho, bajo la guía del general Holofernes, sitió una ciudad de Judea, Betulia, cortando las reservas de agua y debilitando así la resistencia de la población.

La situación se vuelve dramática, al punto que los habitantes de la ciudad se dirigen a los ancianos pidiendo rendirse ante los enemigos. Sus palabras son desesperadas: «Ya no hay nadie que pueda auxiliarnos, porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que desfallezcamos de sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos. Han llegado a decir esto: “Dios nos ha abandonado”; la desesperación era grande en esa gente. Llámenlos ahora mismo y entreguen la ciudad como botín a Holofernes y a todo su ejército» (Jdt 7,25-26). El fin parece inevitable, la capacidad de confiar en Dios se ha terminado – la capacidad de confiar en Dios se ha terminado. Y cuantas veces nosotros llegamos a situaciones extremas donde no sentimos ni siquiera la capacidad de tener confianza en el Señor. Es una fea tentación. Y, paradójicamente, parece que, para huir de la muerte, no queda más que entregarse en manos de quien asesina. Ellos saben que estos soldados entraran a saquear la ciudad, a tomar a las mujeres como esclavas y luego matar a todos los demás. Esto es justamente “lo extremo”.

Y ante tanta desesperación, el jefe del pueblo intenta proponer un motivo de esperanza: resistir todavía cinco días, esperando la intervención salvífica de Dios. Pero es una esperanza débil, que les hace concluir: «Si transcurridos estos días, no nos llega ningún auxilio, entonces obraré como ustedes dicen» (7,31). Pobre hombre: no tenía salida. Cinco días les son concedidos a Dios – y está aquí el pecado – cinco días les son concedidos a Dios para intervenir; cinco días de espera, pero ya con la perspectiva del final. Conceden cinco días a Dios para salvarlos, pero saben que no tienen confianza, esperan lo peor. En realidad, ninguno más, entre el pueblo, es todavía capaz de esperar. Estaban desesperados.

Es en esta situación que aparece en escena Judit. Viuda, mujer de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe. Valiente, reprocha en la cara al pueblo diciendo: «Ustedes ponen a prueba al Señor todopoderoso, […]. No, hermanos; cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro Dios. Porque si él no quiere venir a ayudarnos en el término de cinco días, tiene poder para protegernos cuando él quiera o para destruirnos ante nuestros enemigos. […]. Por lo tanto, invoquemos su ayuda, esperando pacientemente su salvación, y él nos escuchará si esa es su voluntad» (8,13.14-15.17). Es el lenguaje de la esperanza. Toquemos la puerta del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. Esta mujer, viuda, arriesga de quedar mal ante los demás. ¡Pero es valiente! ¡Va adelante! Esta es mi opinión: las mujeres son más valientes que los hombres.

Y con la fuerza de un profeta, Judit convoca a los hombres de su pueblo para conducirlos a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y del miedo que lo hace aún más limitado. Dios actuará ciertamente – ella lo afirma – mientras la propuesta de los cinco días de espera es un modo para tentarlo y para someterse a su voluntad. El Señor es Dios de salvación – y ella lo cree –, cualquier forma esa tome. Es salvación librar de los enemigos y hacer vivir, pero, en sus planes impenetrables, puede ser salvación también entregar a la muerte. Mujer de fe, ella lo sabe. Luego conocemos el final, como terminó la historia: Dios salva.

Queridos hermanos y hermanas, no pongamos jamás condiciones a Dios y dejemos en cambio que la esperanza venza nuestros temores. Confiar en Dios quiere decir entrar en sus designios sin ninguna pretensión, también aceptando que su salvación y su ayuda lleguen a nosotros de modos distintos a nuestras expectativas. Nosotros pedimos al Señor vida, salud, afectos, felicidad; y es justo hacerlo, pero con la conciencia que Dios sabe traer vida también de la muerte, que se puede experimentar la paz también en la enfermedad, y que puede haber serenidad también en la soledad y alegría también en el llanto. No somos nosotros los que podemos enseñar a Dios aquello que debe hacer, de lo que nosotros tenemos necesidad. Él lo sabe mejor que nosotros, y debemos confiar, porque sus vías y sus pensamientos son distintos a los nuestros.

El camino que Judit nos indica es aquel de la confianza, de la espera en la paz, de la oración y de la obediencia. Es el camino de la esperanza. Sin fáciles resignaciones, haciendo todo lo que está en nuestras posibilidades, pero siempre permaneciendo en el surco de la voluntad del Señor, porque – lo sabemos – ha orado mucho, ha hablado al pueblo y después, valiente, se ha ido, ha buscado el modo para acercarse al jefe del ejército y ha logrado cortarle la cabeza, decapitarlo. Es valiente en la fe y en las obras. Y busca siempre al Señor. Judit, de hecho, tiene un plan, lo actúa con suceso y lleva al pueblo a la victoria, pero siempre en la actitud de fe de quien todo acepta de la mano de Dios, segura de su bondad.

Así, una mujer llena de fe y de valentía devuelve la fuerza a su pueblo en peligro mortal y lo conduce sobre la vía de la esperanza, indicándolo también a nosotros. Y nosotros, si hacemos un poco de memoria, cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes que uno piensa que – sin despreciarlas – fueran ignorantes. Pero son palabras de la sabiduría de Dios. Las palabras de las abuelas. Cuantas veces las abuelas saben decir la palabra justa, la palabra de esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido mucho, se han encomendado a Dios y el Señor les da este don de darnos consejos de esperanza. Y, recorriendo esas vías, será alegría y luz pascual encomendarse al Señor con las palabras de Jesús:  «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Y esta es la oración de la sabiduría, de la confianza y de la esperanza.

 

 

El Papa: La unidad de los cristianos se hace caminando juntos

El Papa Francisco durante la celebración de las Segundas Visperas, en la conclusión de la Semana de Unidad de los Cristianos 2016. - ANSA

25/01/2017 15:10

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El Papa Francisco preside en la tarde de hoy 25 de enero, a las 17.30 horas, en la Basílica de San Pablo Extramuros, las Segundas Vísperas de la Fiesta de la Conversión de San Pablo, en la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Participará en la celebración,  junto a la Capilla Musical Pontificia “Sixtina”, el Coro anglicano de la Abadía de Westminster.

Y en el tweet publicado hoy el Papa reitera “que la unidad de los cristianos se realiza caminando juntos, con el encuentro, la oración y el anuncio del Evangelio”.

En el tradicional encuentro ecuménico presidido por el Papa cada 25 de enero en la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, participan los delegados de varias confesiones cristianas. Presente también en la celebración, el arzobispo metropolita ortodoxo de Italia y Malta, Gennadios Zervos, en representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y el representante del arzobispo de Canterbury ante la Santa Sede y también Director del Centro Anglicano de Roma, David Moxon.

Durante las Vísperas se rezará para que sean saneadas las heridas y las divisiones que todavía separan a los discípulos de Jesús, y se invocará a Dios para que sostenga a los cristianos víctimas de persecuciones.

En la audiencia general de esta mañana, el Papa Francisco invitó a todos “a no dejar nunca de rezar para que los cristianos trabajen, con respeto fraternal y caridad activa, para alcanzar la tan deseada unidad”, empujados solamente por el amor de Cristo y guiados por el Espíritu Santo, para volverse en el mundo “testigos de esperanza”.

También en el curso de la audiencia, el Santo Padre dedicó un pensamiento especial a los enfermos, pidiéndoles que ofrezcan sus sufrimientos por la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo. Y finalmente, el Pontífice agradeció al Coro Anglicano de la Abadía de Westminster “por las alabanzas a Dios a través del canto”.

 

 

Cercanía del Papa a damnificados por incendios en Chile 

Incendios afectan diversas zonas de Chile - REUTERS

25/01/2017 15:59

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 El Papa Francisco reza por los fallecidos y afectados por los incendios que afectan diversas zonas de Chile. Pide fortaleza y consuelo para los damnificados. E invita a todos atenuar el dolor con generosidad y caridad. Mediante una nota del Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Monseñor Santiago Silva, el  Obispo de Roma expresa su cercanía y solidaridad con las familias que han sufrido los devastadores incendios forestales que han causado graves daños en la región central del país.

El documento expresa textualmente: “El Santo Padre, al conocer la triste noticia de los incendios que han afectado a ese querido país, ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos”. Al mismo tiempo, expresa su "cercanía espiritual a los heridos y a cuantos sufren las consecuencias de esta catástrofe”.

El Pontífice también solicita que se transmita a los familiares de las víctimas su más sentido pésame, a la vez que “eleva oraciones para que el Señor conceda fortaleza y consuelo a los damnificados por las deflagraciones e inspire en todos sentimientos de solidaridad, para que en estos momentos tan difíciles colaboren eficazmente, con generosidad y caridad, a atenuar el dolor y a superar las adversidades, mientras les imparte de corazón la confortadora bendición apostólica”.

 

 

SANTOS TITO Y TIMOTEO*
Obispos

Memoria

— Conservar la buena doctrina.

— Conocer con profundidad las verdades de la fe.

— Difundir la Buena Nueva custodiada por la Iglesia.

I. Tito y Timoteo fueron discípulos y colaboradores de San Pablo. Timoteo acompañó al Apóstol en muchas de sus tareas misionales como un hijo a su padre1. San Pablo le tuvo siempre un especial afecto. En su último viaje por Asia Menor le encargó el gobierno de la Iglesia de Éfeso, mientras que a Tito le confió la de Creta. Desde la prisión de Roma les escribe a ambos encareciéndoles el cuidado de la grey a ellos confiada, el encargo de mantener la doctrina recibida y de estimular la vida cristiana de los fieles, amenazada por el ambiente pagano que les rodeaba y por las doctrinas heréticas de algunos falsos maestros. En primer lugar, han de conservar intacto el depósito de la fe2 que les ha sido confiado y dedicarse con esmero a la enseñanza de la doctrina3, conscientes de que la Iglesia es columna y fundamento de la verdad4; por esto, deben rechazar con firmeza los errores y refutar a quienes los propagan5.

Desde los comienzos, la Iglesia ha procurado que la formación doctrinal de sus hijos se dirija a los contenidos fundamentales, expuestos con claridad, evitando pérdidas de tiempo y posibles confusiones que podrían seguirse de enseñar teorías poco probadas o marginales a la fe. Ya te encarecí –escribe el Apóstol a Timoteo– al marcharme a Macedonia, que permanecieras en Éfeso para que mandases a algunos que no enseñaran doctrinas diferentes, ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, que más bien fomentan discusiones que de nada sirven al plan salvífico de Dios en la fe6. El Papa Juan Pablo II, comentando este pasaje de la Escritura, indica a todos aquellos que se dedican a la formación de otros que «se abstengan de turbar el espíritu de los niños y de los jóvenes en esta etapa de su catequesis, con teorías extrañas, problemas inútiles o discusiones estériles...»7.

Quienes se presentan como maestros, pero no enseñan las verdades de la fe sino sus teorías personales, que siembran dudas o confusión, son un peligro grande para los fieles. A veces, con la intención de adaptar los contenidos de la fe al «mundo moderno» para hacerla más comprensible, no solo cambian el modo de explicarla sino su esencia misma, de tal manera que ya no enseñan la verdad revelada.

Hoy, también hay en medio del trigo una abundante siembra de cizaña, de mala doctrina. La radio, televisión, literatura, conferencias..., son medios poderosos de difusión y comunicación social, para el bien y el mal: junto con mensajes buenos, difunden errores que afectan de modo más o menos directo a la doctrina católica sobre la fe y las costumbres. Los cristianos no nos podemos considerar inmunes al contagio de esta enorme epidemia que sufrimos. Los maestros del error han aumentado en relación a aquella primera época en la que San Pablo escribe estas fuertes recomendaciones. Y sus advertencias, a pesar del tiempo transcurrido, son de plena actualidad. Pablo VI hablaba de «un terremoto brutal y universal»8: terremoto, porque subvierte; brutal, porque va a los fundamentos; universal, porque lo encontramos por todas partes9.

Conocedores de que la fe es un inmenso tesoro, hemos de poner los medios necesarios para conservarla en nosotros y en los demás, y para enseñarla con especial responsabilidad a aquellos que de alguna manera tenemos a nuestro cargo. La humildad de saber que también podemos sufrir el contagio nos moverá a ser prudentes, a no comprar o leer un libro de moda por el solo hecho de estar de moda, a pedir información y consejo sobre espectáculos, programas de televisión, lecturas, etc. La fe vale más que todo.

II. Guarda el precioso depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros10.

En el Derecho romano el depósito eran aquellos bienes que se entregaban a una persona con la obligación de custodiarlos para devolverlos íntegros cuando el que los había depositado lo requería11. San Pablo aplica el mismo término al contenido de la Revelación, y así ha pasado a la tradición católica. Este conjunto de verdades que es entregado a cada generación, que a su vez los transmite a la siguiente, no es fruto –como hemos meditado muchas veces del ingenio y de la reflexión humanos, sino que procede de Dios. Por eso, a quienes no son fieles a su enseñanza se podrían dirigir las palabras que el Profeta Jeremías pone en labios de Yahvé: Dos pecados ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a Mí, fuente de las aguas vivas, para excavarse aljibes agrietados que no pueden retener las aguas12. Quienes dejan a un lado el Magisterio de la Iglesia, solo pueden enseñar doctrinas de hombres, que resultan no solo vanas y vacías, sino también dañinas –a veces demoledoras para la fe y la salvación. El verdadero evangelizador es aquel que, «aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar»13.

Dentro de las verdades que componen el depósito de la fe, la Iglesia ha señalado con todo cuidado las definiciones dogmáticas. Muchas de ellas fueron formuladas y precisadas ante ataques de los enemigos de la fe, en épocas de oscuridad, o para acrecentar la piedad de los fieles. En unas charlas a los universitarios católicos de Oxford, R. Knox explicaba que estas verdades venían a ser para nosotros, que recorremos el camino de la vida, lo que para los navegantes las boyas puestas a la desembocadura de un río. Señalan los límites entre los cuales se puede navegar con seguridad y sin miedo; fuera de ellos, siempre existe el peligro de tropezar con algún banco de arena y encallar. Mientras se discurre dentro del camino señalado, tan cuidadosamente marcado, en aquellas materias que se refieren a la fe y a la moral, se puede avanzar tranquilo y a buena marcha. Salirse de él equivale a naufragar. Cuando nos encontramos con estas verdades, nuestro pensamiento, lejos de sentirse coartado, discurre más seguro, porque la verdad se ha hecho más nítida14.

Desde muy antiguo, la Iglesia, maternalmente, ha procurado resumir las verdades de la fe en pequeños Catecismos, en los que de una manera clara y sin ambigüedad ha hecho asequible el tesoro de la Revelación divina –explicado por el Magisterio a lo largo de los siglos–, al alcance de todos. La catequesis, obra de misericordia cada vez más necesaria, es uno de los principales cometidos de la Iglesia, y en ella, en la medida de nuestras posibilidades, hemos de participar todos. A nosotros mismos, cuando ya han pasado los años de la infancia y quizá de la adolescencia, nos puede ser de gran ayuda el repaso de las verdades contenidas y explicitadas de modo sencillo en el Catecismo. Pero no basta con recordar estas ideas fundamentales que un día aprendimos: «poco a poco -señala Juan Pablo II se crece en años y en cultura, se asoman a la conciencia problemas nuevos y exigencias nuevas de claridad y certeza. Es necesario, pues, buscar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana. Si no se llega a ser personalmente conscientes y no se tiene una comprensión adecuada de lo que se debe creer y de los motivos de la fe, en cualquier momento todo puede hundirse fatalmente...»15. Sin fidelidad a la doctrina no se puede ser fiel al Maestro, y en la medida en que penetramos más y más en el conocimiento de Dios se hace más fácil la piedad y el trato con Cristo.

III. Attende tibi et doctrinae... Cuida de ti mismo –aconseja San Pablo a Timoteo– y de la enseñanza; persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan16. Debemos aprovechar con empeño los medios de formación que tenemos a nuestro alcance: estudio de obras de la Sagrada Teología que nos recomiende quien sabe y nos conoce bien, aprovechamiento de los retiros, de la lectura espiritual... Se trata de adquirir una buena formación doctrinal según nuestras peculiares circunstancias, para conocer mejor a Dios, para darlo a conocer, para evitar el contagio de tantas falsas doctrinas como cada día, por un medio u otro, nos llegan.

La doctrina nos da luz para la vida, y la vida cristiana dispone el corazón para penetrar en el conocimiento de Dios. Él nos pide constantemente una respuesta de la inteligencia a todas aquellas verdades que, en su amor eterno, nos ha revelado. Este no es un conocimiento teórico: debe desplegarse en la totalidad de la existencia, para permitirnos actuar, hasta en lo más pequeño, de acuerdo con el querer del Señor. Hemos de vivir con arreglo a la fe que profesamos: sabiéndonos hijos de Dios en todas las situaciones, contando con un Ángel Custodio que el Señor ha querido que nos ampare, animados siempre con la ayuda sobrenatural que nos prestan todos los demás cristianos... Con esta vida de fe, casi sin darnos cuenta, daremos a conocer a otros muchos el espíritu de Cristo.

1 Flp 2, 22. — 2 1 Tim 6, 20. — 3 1 Tim 6, 16. — 4 1 Tim 3, 15. — 5 1 Tim 1, 13. — 6 1 Tim 1, 3-4. — 7 Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 16-X-1979, 61. — 8 Cfr. Pablo VI, Exhor. Apost. Petrum et Paulum, 22-II-1967. — 9 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 151. — 10 2 Tim 1, 14. — 11 Cfr. Sagrada Biblia, vol IX, Epístolas a los Tesalonicenses. Epístolas pastorales. EUNSA, Pamplona 1989, nota a 1 Tim 6, 20. — 12 Jer 2, 13. — 13 Pablo VI, Exhor. Apost. Evangelii nuntiandi. 8-XII-1975, 78. — 14 Cfr. R. A. Knox, El torrente oculto, Rialp, Madrid 1956, p. 262 ss. — 15 Juan Pablo II, Alocución 24-III-1979. — 16 1 Tim 4, 16.

* Discípulos y colaboradores de San Pablo, fueron Obispos de Éfeso y Creta, respectivamente. Son los destinatarios de las Cartas llamadas «pastorales» del Apóstol.

Timoteo nació en Listra, en Asia Menor, de madre judía y padre gentil, y se convirtió en el primer viaje de San Pablo a aquella ciudad. Destaca en él la fidelidad con que siguió al Apóstol; debía de ser muy joven cuando San Pablo ruega a los cristianos de Corinto que le traten con respeto, y aún no tenía muchos años cuando fue nombrado Obispo de Éfeso. La tradición nos ha transmitido que murió mártir en esta ciudad.

Tito fue uno de los discípulos más apreciados por San Pablo. Hijo de padres paganos, fue convertido seguramente por el mismo Apóstol. Asistió con él y con Bernabé al Concilio de Jerusalén. En las Cartas de San Pablo aparece como un hombre lleno de fortaleza ante los falsos maestros y las erróneas doctrinas que ya comenzaban a aparecer. Murió, casi centenario, hacia el año 105.

 

† Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) s�lo nos ha autorizado a difundir la meditaci�n diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribuci�n por fotocopias u otras formas de distribuci�n.

 

 

“Un encuentro personal con Dios”

Cuando le recibas, dile: Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas (Forja, 832)

No descubro nada nuevo si digo que algunos cristianos tienen una visión muy pobre de la Santa Misa, que para otros es un mero rito exterior, cuando no un convencionalismo social. Y es que nuestros corazones, mezquinos, son capaces de vivir rutinariamente la mayor donación de Dios a los hombres. En la Misa, en esta Misa que ahora celebramos, interviene de modo especial, repito, la Trinidad Santísima. Corresponder a tanto amor exige de nosotros una total entrega, del cuerpo y del alma: oímos a Dios, le hablamos, lo vemos, lo gustamos. Y cuando las palabras no son suficientes, cantamos, animando a nuestra lengua ‑Pange, lingua!‑ a que proclame, en presencia de toda la humanidad, las grandezas del Señor.

Vivir la Santa Misa es permanecer en oración continua; convencernos de que, para cada uno de nosotros, es éste un encuentro personal con Dios: adoramos, alabamos, pedimos, damos gracias, reparamos por nuestros pecados, nos purificamos, nos sentimos una sola cosa en Cristo con todos los cristianos. (Es Cristo que pasa, nn. 87-88)

 

 

Mons. Mariano Fazio, nombrado vicario general del Opus Dei

Con el parecer favorable de los miembros del Congreso general electivo, Mons. Fernando Ocáriz ha nombrado vicario general del Opus Dei a Mons. Mariano Fazio.

Notas y comunicados 25 de Enero de 2017

Opus Dei - Mons. Mariano Fazio, nombrado vicario general del Opus Dei

Mons. Mariano Fazio saluda al nuevo Prelado, Mons. Fernando Ocáriz.

Con el parecer favorable de los miembros del Congreso general electivo, Mons. Fernando Ocáriz ha nombrado vicario general del Opus Dei a Mons. Mariano Fazio. El nuevo vicario será principal colaborador del prelado para el gobierno ordinario y central de la prelatura.

Mariano Fazio nació en Buenos Aires, el 25 de abril de 1960. Es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Recibió la ordenación sacerdotal en 1991, de manos de san Juan Pablo II, tras siete años de trabajo en Ecuador como profesor de Filosofía del Derecho y editorialista del diario El Telégrafo.

De 1996 a 2002, fue el primer decano de la Facultad de Comunicación institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) y, de 2002 a 2008, rector de esa universidad. Durante el mismo periodo fue elegido presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Pontificias Romanas.

En 2007, durante la V Conferencia General del Episcopado de América, trabó amistad con el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio

En 2007, fue nombrado perito para la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe (Aparecida, Brasil). Allí tuvo la ocasión de conocer al entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio.

Pocos meses después, se transfirió de nuevo al continente americano. Fue vicario del Opus Dei en Argentina, Paraguay y Bolivia. En diciembre de 2014 fue nombrado vicario general del Opus Dei por el entonces prelado, Mons. Javier Echevarría.

Tiene intereses culturales y filosóficos variados. Es, por ejemplo, miembro de la Sociedad Chestertoniana Argentina y de la Academia Nacional de Historia del Ecuador. Ha publicado más de 20 libros sobre sociedad moderna y procesos de secularización, entre los que destacan Historia de la filosofía contemporánea; Historia de la filosofía moderna; Historia de las ideas contemporáneas. Entre sus obras se encuentran también varias semblanzas biográficas, como El Papa Francisco. Claves de su pensamiento; San Juan XXIII; Beato Pablo VI. Gobernar desde el dolor o De Benedicto XV a Benedicto XVI.

Fotos de Mons. Mariano Fazio

Más información sobre el congreso electivo

 

 

«Jóvenes, familia y pobreza son los retos de los cristianos de hoy»

El nuevo prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, atendió a los periodistas ayer en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Habló del Papa Francisco y de los retos que afronta la Iglesia, de los que se hablarán en el Congreso general del Opus Dei que se desarrolla estos días en Roma.

Notas y comunicados 25 de Enero de 2017

El nuevo prelado del Opus Dei mantuvo un encuentro con profesionales de la comunicación ayer por la tarde. Mons. Fernando Ocáriz dijo que se encontraba “sereno y tranquilo” ante el nombramiento de prelado,con la seguridad de que “si Dios ha querido esto, Dios me dará la ayuda necesaria para llevarlo adelante, a través de la oración de los fieles de la prelatura y de tantos amigos”.

"Si Dios ha querido esto, Dios me dará la ayuda necesaria para llevarlo adelante".

En su intervención, agradeció a Dios, a los electores y al Papa Francisco “la confianza” manifestada. “Si pienso en los tesoros que nos han dejado san Josemaría, el beato Álvaro y el último prelado que, humana y sobrenaturalmente, tenían una grandeza muy notable, no me siento digno. Confío en la oración de tantas personas y estoy seguro de que Dios me ayudará”.

Sobre el trabajo del Opus Dei para los próximos años, el prelado señaló que “los desafíos son los mismos que se encuentran los cristianos de hoy”. Se refirió concretamente a los jóvenes, la familia, la lucha contra la pobreza y los enfermos. “En la prelatura se hace un amplio trabajo para ayudar a las familias”, aseguró. “El Papa Francisco insiste continuamente en la pastoral familiar, como se ha visto con el Sínodo o la carta apostólica Amoris Laetitia. Nosotros queremos seguir sus exhortaciones”.

No debemos ser personas que buscan el enfrentamiento, que no lleva a ninguna parte y puede ocasionar faltas de caridad.

Mons. Fernando Ocáriz recordó que su nombramiento ha tenido lugar en la semana de oración por la unidad de los cristianos. “Esto me hace pensar en lo que dice el Papa Francisco: construir puentes. No debemos ser personas que buscan el enfrentamiento, que no lleva a ninguna parte y puede ocasionar faltas de caridad. No hablo de irenismo: es posible ser amigos y tener ideas diferentes. El puente de la amistad puede llevar a la comunión de ideas”.

Mons. Mariano Fazio acompañó al nuevo prelado al encuentro con periodistas. En la tarde del lunes comunicó la decisión del Congreso electivo al Santo Padre. “El Papa Francisco firmó el nombramiento inmediatamente. Dijo que este es un momento importante para el Opus Dei, pues por primera vez será guiado por una persona que no ha trabajado estrechamente con san Josemaría. Pidió que, siendo muy fieles al espíritu del fundador, se afronten con audacia los retos del futuro”, comentó Mons. Mariano Fazio.

Francisco regaló un medallón de la Virgen al nuevo prelado. El próximo 27 de enero, tendrá lugar el ingreso solemne de Mons. Fernando Ocáriz en la iglesia de Santa María de la Paz, donde se encuentra la sede del prelado del Opus Dei. 

 

 

Tiempo de raíces

Nos tienen secuestrados los termómetros y los informativos del tiempo con este frío que nos hiela en estos días. Se han recrudecido algunas epidemias de gripes y catarros propios de estación, y andamos –quien más y quien menos– con el pañuelo en la nariz y la bufanda en la garganta. Es normal en estas calendas del invierno concluyendo ya el primer mes del año. Nada de especial y que no sepamos.

De modo que el imparable caminar del calendario nos impone su marcha que no sabe de pausa. Aunque los días se empiezan a alargar con el tiempo calmo de estas fechas, y parece que poco a poco se nos cuela antes la luz cada mañana al despertar, y que resulta cada vez más remolona al decirnos adiós al atardecer, tiene algo este tramo del año que nos hace inevitablemente nostálgicos detrás de esa bufanda protectora, con nuestro sufrido pañuelo nasal, y con la tiritera que nos encoje cuando vamos de acá para allá.

Resulta que no estamos todavía ante la explosión vivaracha de una primavera en frescor que a su tiempo vendrá, ni ante el apacible estío que llena de sosiego jornadas largas de tiempo amable, y tampoco estamos ante ese otoño discreto que nos introduce en la serena paz de caminos como alfombras de hojas caídas. Por eso puede parecer difícil este tiempo en el que el frío por fuera parece que nos atenta por dentro, y nos deja demasiado desnudos ante una intemperie desnuda también. Efectivamente, el paisaje invernal pone esta nota de austeridad que puede sumirnos en una cierta soledad que nos aísla, como si no hubiera otro problema que el frío que pasamos y la tos que no nos deja.

No obstante estamos ante una apariencia. Acaso no siempre nos apercibimos de ella, pero podemos decir que sin embargo, en el invierno la vida también crece. No tiene la apariencia vistosa y colorida de otras estaciones del año, pero hace su papel asignado y trabaja calladamente para que luego lleguen los frutos sabrosos, y rompan las flores con su aroma, y el agua salte cantarina por torrentes y valles bañando de esperanza y música todo lo que ella va encontrando.

Viene entonces la pregunta: ¿sirve para algo el invierno? Y sólo podemos acercar esta respuesta: que nuestra vida tiene momentos de invierno que no son inútiles, ni sin sentido, sino que encierran un profundo significado. Hay que saber vivirlos con la sencillez y sabiduría de quien también aquí se atreve a entender el mensaje de Dios. Porque no es el momento de la flor ni del fruto, sino el tiempo de la raíz. Y las raíces no trabajan en el escaparate, sino en la más noble trastienda, la que está en el hondón de la vida, para que luego se pueda presentar y exhibir lo que callandito se ha ido preparando.

Como decía el gran poeta Rainer María Rilke: “Dios nos espera siempre donde están las raíces”. Estamos también nosotros preparando el fruto de la primavera que deseamos para todos. El Señor que es quien ha sembrado su Gracia en el surco de nuestra vida y de nuestra Diócesis, es también Él quien la riega y abona, y será Él quien hará brotar una novedad que llene de luz y de fecunda bondad nuestros caminos.

Tiempo de invierno, tiempo de raíces, para crecer interiormente, poniendo así los peldaños por los que podremos subir al altozano desde donde se ven las cosas con los ojos de Dios. La Iglesia no tiene un balcón mejor. Ni hay otra atalaya donde poder asomarse para ver las cosas, todas las cosas, de otra manera. Bendito hermano invierno que así nos invita a algo más bello y más grande que mirar el termómetro y embozarnos con la bufanda. Dios nos espera en las raíces.

 

         + Fr. Jesús Sanz Montes.-  Arzobispo de Oviedo

 

 

Casada y con Hijos

AntonioOrozco Delclós

¿Madre de 6 hijos en un país donde nadie quiere tener ni siquiera uno? Disfruta de esta conversación con una madre de familia muy singular.

Conversación con una madre de familia

Hay un país en la tierra que tiene un índice de natalidad del 1,3 y en algunas regiones suyas es aún más bajo. Significa esto que carece del relevo generacional necesario para garantizar un futuro humano mínimamente satisfactorio. Lo previsible produce ciertos escalofríos. Ese país es España, a la cola de Europa. Y Europa, a la cola del mundo.

¿Cómo empezó la cosa? Idro Montanelli dice en su Historia de Roma, que la caída del Imperio comenzó con la corrupción de sus clases altas. El pescado – ilustra con un dicho italiano- siempre comienza a oler mal por la cabeza. A los romanos altos, les comenzaron a resultar incómodos los hijos y llegó el tiempo en que escasearon los hombres para el trabajo y para la guerra al extremo que la invasión bárbara fue poco menos que coser y cantar.

En un país como España, encontrarse con una mujer de 31 años con seis hijos, uno todavía en camino de ver la luz y el mayor de sólo 8 años, es como toparse con un especímen extraterrestre. Es el caso que me ha acontecido con Lourdes Rivero, casada con Javier, de 36 años, militar, capitán ingeniero de construcción.

Sé que Lourdes no una excepción propiamente dicha, pero los índices están ahí. Dejaré al lector que juzgue por sí mismo sobre la rareza de esta señora y maestra.

- Si me permite usted la pregunta, ¿a dónde van ustedes -usted y su marido -, con tantos hijos por esos mundos de Dios? ¿No se han enterado de que la paternidad ha de ser responsable?

– Vamos a un sitio muy concreto. Me casé con Javier a los 22 años, al terminar los estudios de Magisterio, después de cinco años y un día de noviazgo. Entonces yo quería esperar un par de añitos a tener mi primer hijo, para disfrutar de una nueva vida, nuevas libertades, salir, entrar, viajar… Pero no fue así: me casé un día de los Inocentes y Javi nació a los diez meses. Papá me decía: “cuando tengas tus propios hijos te darás cuenta de lo que te hemos querido tus padres”. Tenía razón: cuando me pusieron a mi niño en mis brazos, sentí dentro algo que sólo una madre puede sentir: no hay palabras para expresarlo. Es una mezcla de ternura infinita, un amor que te quema las entrañas, tanto, tanto, tanto, que sólo puedes decir: ¡Gracias, Señor, por esto que no tiene nombre! ¡Gracias, Señor, por lo que me han querido mis padres! ¡Ahora lo comprendo!… Pero he aquí que, de repente, me viene al corazón un sentimiento, una voz que me dice: “Yo te quiero muchísimo más que eso! Yo, Dios, te quiero con fortaleza de padre y ternura de madre!” Desde ese día cambió todo, todo. Empecé a entender qué significa de verdad “filiación divina”, ser hijo de Dios. Y al comprender, más bien intuir el amor paternal de Dios, todo en mi vida lo veo bajo la luz del cariño de Dios: las alegrías, las penas, las cosas que no comprendo. Todo tiene sentido. Todo tiene un color diferente. Cualquier anécdota o suceso que tengo con mis hijos, me sirve de referencia para interpretar mi relación con Dios.

O sea, que, como Dios es un Padre tan bueno, todo maravilloso, ¿no?

 

– Pues, no exactamente. Cuando Javi tenía un año, tuvo una gastroenteritis angustiosa: vomitaba y tenía mucha diarrea y muchísima sed. Yo sólo le podía dar una cucharadita de suero cada diez minutos. Era angustioso verle sufrir. Para él, lo único bueno era beber. Tenía mucha sed. Era “lícito” y “justo” beber agua… y yo no se la podía dar. Hubiera sido peor, porque si tomaba más, vomitaba de nuevo y era retroceder. ¡Cuántas veces he pedido y “exigido” a Dios cosas que me han parecido justas y razonables y no me las ha dado! Por aquel entonces me quedé en estado de Luli. A mi marido y a mí nos hacía mucha ilusión. A los cuatro meses de embarazo me diagnosticaron toxoplasmosis. Por lo visto, es una infección sin importancia, pero conlleva un peligro: que si se contrae en los tres primeros meses de embarazo o en los tres últimos, puede afectar gravemente al bebé. Así que me advirtieron que tenía la infección y que además era muy alta; y que, siendo así, lo más probable es que la niña tuviera un 96 por ciento de posibilidades de ceguera o de malformaciones de corazón; y si no, costras calacáreas en el cráneo…

Un grave problema de responsabilidad, ¿no?

 

– Tremendo. Mi primera reacción fue: llorar. Después, me planteé: ¿Qué quiero para mis hijos? Que vayan al Cielo. Siempre digo: ¡sano y santo! Si falta lo primero, lo segundo estará garantizado. Así Dios arrancó de mí un fiat! y me devolvió la paz, no sin preocupación, pero sabiéndome en sus manos.

- ¿Qué pasó con la niña?

 

– Mire, está ahí, en la foto. Nació y ¡gracias a Dios!, perfectamente sana. Pero Dios me dejó un recuerdo… Todo el mundo, al verla -y aún más ahora -, me dicen: ¡qué ojos tan bonitos tiene esta niña, ¡llaman la atención! Y es verdad, Luli tiene unos ojos grandes, negros, profundos, limpios… Segunda lección: “Dios no se deja ganar en generosidad”. Me arrancó el sí que tanto me costaba dar y luego me premió con creces.

- ¿Cómo sigue la historia?¿Ganó usted en sensatez o en insensatez?

– Pasaron 21 meses y Dios nos regaló otra niña: Elenita, gordita, alegre, simpática, dulce. Siempre con su sonrisa picarona… Comprendo perfectamente lo que dice André Frossard: “Dios sabe contar sólo hasta uno”. Cada hijo es único. Se le quiere como es y se le quiere todo.

- Y la gente, ¿qué le decía esta vez?

 

– Comenzó a sentirse con derecho a reñirme, porque ya estaba saliéndome del “canon preestablecido” (la parejita). Una señora por la calle, al verme con los tres pequeños me advirtió sobre lo “mal que están los tiempos”. Le dije: “A mí me da igual. Sólo sé que cada hijo es un beso de Dios y ya van tres besazos, señora…”

A los veinte meses nació María. Se llama así, a secas y celebramos su santo el día de Santa María, Madre de Dios, porque el día que me enteré de que estaba embarazada era el día de la Anunciación. Entonces viví un embarazo muy cerca de la Virgen María, pensando que Ella sentiría lo mismo que yo: sueño, cansancio, molestias…, cómo hablaría con el Niño Jesús, cómo haría sus pañales, cómo prepararía sus sábanas… Tanto lo imaginé que cuando llegó el día de ir al hospital para que naciera María, Javier me reñía: “¿pero a dónde crees que vas? ¡Vas a un parto!”. Me lo decía porque mi maleta la llené con disfraces, alas doradas y cosas así, porque tenía la ilusión de hacer la fotografía de un belén viviente. Mire, aquí está: Javier es San José; Luli, la Virgen María; Elena, un ángel; y María, el Niño Jesús. Nació el 18 de diciembre y tras el esfuerzo de Javier (padre) pudimos mandar a todos una tarjeta de Navidad con este motivo.

Alguna gente ya se puso más rabiosa contra mí. Un día, en el parque, una señora me preguntó lo de si yo sabía sobre la paternidad responsable. Yo no me considero nada, pero sí creo que lucho por ser coherente – que no es fácil – y responsable: intuyo la gran importancia de lo que Dios me da prestado. Sé que hay que tener los pies en el suelo, y sé que a la vez hay que confiar mucho en Dios. Si El lo manda, El sabe más. Y desde luego sé que si me lo manda es porque me dará fuerzas para sacarlo adelante con alegría y salero, aunque implique esfuerzo. A la señora del parque me gustaría pedirle perdón, porque mi respuesta no fue muy correcta. Me salió del alma un “¿se cree que soy imbécil?”, con un tono un poco elevado. Pero me gustaría también hacerle reflexionar sobre si no ha confundido en su corazón el concepto de “paternidad responsable” con el de “comodidad irresponsable”. Creo – y no quiero juzgar a nadie – que de esto mucha gente sabe mucho.

Quizá los índice de natalidad tengan alguna significación, en este sentido. Pero, no estamos aquí para juzgar a nadie. ¿Usted tiene una idea concreta del número ideal de hijos para un matrimonio normal?

 

– No es cuestión de un número. Es hacer en cada momento la Voluntad de Dios, aceptarla, amarla, ponerla en práctica, la que sea. Sean uno, o tres, o quince, o ninguno. Se trata de saberse querido y guiado por Nuestro Padre y olvidarnos de lo demás.

Javier terminó unos estudios y le iban a destinar. Creímos oportuno pensar que sería bueno que la llegada de un nuevo bebé se distanciase hasta que estuviéramos instalados en “algún lugar”. Pero Dios decidió otra cosa mejor. Comentamos con Javier: “El hombre propone y Dios dispone. Cuanto más inoportuno y más inesperado, más de Dios será”. Una amiga mía a la que quiero mucho, me decía: “¿Pero tú estás colgada?. Yo le dije: imagínate que eres hija de un gran rey, riquísimo; y que supieras que cada hijo tuyo fuera a ser heredero de la totalidad de ese reino, sin importar el número de hijos que tuvieras. La herencia sería la misma para todos. ¿Tú pondrías trabas a tener esos reyes en potencia? Cada hijo que tengo es hijo de Dios, heredero del Cielo, heredero de aquello que “ni ojo vio, ni oído oyó”. ¿Quién soy yo para decidir quien va o no va? No puedo ser tan mezquina. Algo de lo que yo anhelo disfrutar, ¿cómo se lo voy a negar a alguien que, encima, voy a querer con todo mi corazón?

El problema del traslado y de la vivienda se solucionó mucho mejor de lo que esperábamos. Una vez más, lección: lección número mil. Desde el “después” es desde donde se entiende el “antes”. Dios sabe más. Ya estamos instalados en una casa grande, con sitio para todos, todos juntitos, con la vida más organizada, etcétera. Con cinco niños ya he cumplido, ¿no? La ingrata de mí se iba dando mil razones para decir basta, es decir, no, a la pregunta que Dios había sembrado dentro de mi y de Javier: “¿y por qué no otro?”. ¡Pobre Dios! Ya me creía algo y seguía siendo la misma rácana del principio. Pero El, con su infinita paciencia y bondad me hacía pensar: “Quiero ése”.

- Pero usted ¿cómo oye a Dios?

 

– Como tanta gente que le oye: no con los oídos. El sabe decir las cosas; sólo hay que querer escucharle y pedírselo. Y aunque nos costaba, volvió a arrancar nuestro fiat!. Digo “nuestro” porque Javier y yo hemos hablado siempre de todo y compartido estos sentimientos.

Así que el nuevo bebé que está con nosotros es -igual que todos – hijo de Dios. Pero me parece que “éste” es especialmente querido por Dios: éste y no otro posible es el que quiere Dios. Así que no me equivoco si añado que este hijo no es sólo un besazo de Dios, sino – cómo decirlo – mucho más. Y esto me llena de gozo.

Lourdes se disculpa por -según dice – el “rollo que me está colocando”. Pero no sé si hemos llegado aún al fondo de su concepto de “responsabilidad”, y le pido que profundice un poco más en el asunto.

- ¿No le parece frustrante, después de hacer una carrera con tanto esfuerzo, de tener peticiones de centros de enseñanza para trabajar fuera de casa en su profesión, encerrarse con cinco o seis niños en casa?

 

– Esto mismo me decía una amiga que estudia periodismo. La comprendí perfectamente, aunque no comparto del todo su opinión. También hablábamos de lo horriblemente difícil que está la vida para los matrimonios jóvenes. El problema de la casa es real. En muchas ocasiones son necesarios dos sueldos y uno se va en el alquiler del piso o pago de hipotecas… Todo esto es verdad y es una injusticia tremenda porque coarta la libertad de las personas. Es un problema político que habría que solucionar, con ayudas concretas. Pero también es cierto que hay un clima de desprestigio del trabajo de una madre de familia en su casa. Nos llaman “marujas”. A mí me encanta mi carrera de Magisterio, que es vocacional al cien por cien. Disfruto dando clase y me encanta la idea de formar personas. No descarto la idea de trabajar en ello el día de mañana y procuro reciclarme, estar al día en la medida de mis posibilidades. Pero he renunciado por ahora al Magisterio y no sólo no me arrepiento sino que cada día soy más feliz con esta decisión.

¿Por qué no se valora el trabajo en casa? Porque no se gana un duro. Hoy, por desgracia, está extendida la idea de “tanto ganas, tanto vales”. Y en casa, desde luego, de “duros”, nada. Pero estoy en casa, en primer lugar, porque creo que los niños de 0 a 3 años necesitan imprescindiblemente de la compañía de mamá. Es el tiempo de formar su personalidad, su seguridad, su afectividad. ¿No estamos dispuestos a dejarnos la hijuela por el mejor colegio? Pues para esa edad, esto que hago es mejor que Oxford o Harvard.

En segundo lugar, creo que así hago -lo intento al menos – hogar, para que cuando lleguen del colegio o (mi marido) del trabajo, tengan alguien que les quiere con locura, para escucharles, ayudarles, estar con ellos. Solamente escuchando se detectan muchos problemas, la influencia de las amistades, se está más “al loro” y hoy en día es muy importante. Hay que andar con “los pies de plomo”.

Siendo algo apasionante ayudar como profesora a la formación de los hijos de los demás, me parece que lo es muchísimo más, formar a tus propios hijos. Dan unas alegrías enormes. Javi, a los tres años, me dijo una vez: -Mamá, ¿a que cuando comulgas, el alma se pone blanca. -Sí. -¡También se pone amarilla!. -¿Amarilla? ¿por qué?. – Porque Jesús es Dios y Dios creó la luz. Entonces, cuando comulgas, el alma se pone amarilla de luz… Y a los 5 años: -Mamá, ¿cómo entró Jesús en el seno de la Virgen?. Yo empecé a pensar cómo se lo explicaba, pero se me adelantó: -Ya lo sé yo: entró Dios en el seno de la Virgen y dijo: ¡Ahora me convierto en Niño!

Anécdotas de este estilo me hacen pensar en mi responsabilidad en la formación de mis hijos. Yo no sé que será de su vida, pero me hacen reflexionar: “¿y si estoy educando un futuro sacerdote, ¡otro Cristo!?” Es mucha responsabilidad. Insisto, no sé que será de él, pero en todo caso estoy formando la sociedad de mañana. Tengo la misión de formar “sal de la tierra”, “luz” y “levadura” del mundo. Y también tengo la responsabilidad de rezar, para que cuando ellos hagan uso de su libertad, haya siempre en sus labios un fiat! (¡hágase!) a la Voluntad de Dios. Es apasionante y sobrecogedor.

En resumen: ¿Cansancio?: todo. ¿Paciencia?: a veces me falta. ¿Felicidad?: TODA. ¿Por qué? Porque sé que soy hija de Dios y estoy donde debo estar. Porque me ayuda dándome “no sé qué”. Tengo Esperanza, Ilusión, Alegría y Fe. ¿Qué más puedo querer? Ningún día es igual a otro, aunque parezca todo lo contrario. Pero, no se crea, así no he pensado desde le primer día. Ni siquiera depende de mí pensar así. Todo esto me lo va descubriendo Dios día a día.

Dejo al lector el juicio sobre este raro especímen llamado Lourdes. ¿Se trata de un fruto tardío de anacronismos irreversibles o de una anticipación del futuro, realidad de lo posible? Por si acaso, advirtamos al eventual lector poco avisado, que rehuya a personas como ésta, no vaya a ser que nos contagie su Fe, su Esperanza, su Amor y, sin querer, pulvericemos los materialismos y hedonismos al uso y nos hallemos de pronto en el alba de una nueva Humanidad llena de la alegría de vivir.

 

 

El enemigo invencible

Una historia de castillos, príncipes, servidores y combatientes. El odio no admite rival… Una fantástica historia que te hará reflexionar.

Erase una vez un castillo abandonado. Antigua morada de grandes y generosos reyes. Estaba casi derruido, la humedad hacía que las piedras de los muros brillaran ante la tenue luz de algunas antorchas. En una parte recóndita de aquella fortificación prácticamente arruinada, estaba la habitación del príncipe, asegurada dentro de la roca misma de la montaña que le servía de cimientos. Y ahí estaba él, solo, mordisqueando sus furias y resentimientos. El rostro que alguna vez había sido bello estaba lleno de cicatrices, y la crueldad de aquellos ojos era rivalizada únicamente por una sonrisa amargada que le daba ese aspecto tan feroz como nocturno.

El soberano esperaba impaciente la llegada del prisionero. Había sido una larga cacería. Toda la astucia del príncipe (que no era poca) fue necesaria para atrapar a su odiado disidente. Las frenéticas tropas habían acosado a su objetivo desde tiempos que ya no podía ni siquiera recordar. Sin embargo su adversario parecía invencible. De todos los obstáculos que hábilmente le había colocado salía siempre librado misteriosamente.

La corte entera esperaba la acariciada promesa de aquel mercenario: “Yo lo mataré”.

Junto al príncipe merodeaban nerviosos guerreros de un aspecto estremecedor. En una esquina, se encontraba un personaje con un martillo. Sus golpes eran contundentes, tenía una fuerza portentosa. Sus sorpresivos ataques eran de una efectividad sorprendente, particularmente ante oponentes de corazón débil. Él había tratado de aniquilar una y otra vez al enemigo del príncipe, pero su martillo y sus ataques sorpresivos mellaban las fuerzas del contrincante, pero no le destruían.

Mientras el guerrero del martillo daba vueltas por la habitación del príncipe, otro mercenario más temible observaba sus manos, perfectamente cuidadas. Nadie podría creer que era un guerrero, y en eso estaba su fuerza. Su rostro femenino, las maneras dóciles, un lenguaje sutil y penetrante eran suficientes para que sus contrincantes quedaran rendidos a los pies sus perfumados encantos. Sin embargo, tras aquel rostro bello y atrayente había un corazón podrido.

Había muchos otros servidores y combatientes que también habían intentado destruir al enemigo del príncipe. Estaba el gigante de piedra que aplastaba cualquier cosa a su paso, la mujer de hielo que congelaba cuanto tocaba, la mendicante que robaba todos los recursos materiales de sus enemigos y los dejaba sin medios para combatir, también estaba la peste, que a los corazones más curtidos acababa haciéndolos caer en la desesperación.

Y a pesar de tan feroces adversarios, el enemigo del príncipe siempre había salido airoso de todos los combates. Maltrecho, herido, lastimado en lo más profundo, pero vivo, y es que bastaba con que quedara un pequeñismo aliento de vida para que volviera a crecer y, peor aún, a fortalecerse.

Todos los intentos habían sido vanos, hasta que llegó un nuevo mercenario de una región alejada. Cuando le vieron entrar a la corte del príncipe todos se burlaron de él. Su aspecto no tenía nada de temible. Parecía un campesino común y corriente. Pasaba desapercibido por donde merodeaba. Aquel aspecto ordinario era su escudo, más efectivo que uno de hierro forjado. Cuando se presentó al príncipe prometiendo que mataría al enemigo todos rieron con excéntricas carcajadas. Sin embargo, nadie rió cuando extendió su mano y mostró unos pequeñísimos alfileres. El guante que protegía las manos de aquel mercenario de aspecto vulgar contenía miles de millones de diminutos alfileres. Al instante los arrojó hacia uno de los soldados de la corte. Nadie vio aquellas insignificantes agujas volar por el aire. Ninguno vio tampoco cómo penetraron la armadura del soldado. Ni siquiera la víctima sintió cómo se clavaron aquellas puntas afiladas en su carne. El personaje dijo al príncipe “No tengo prisa. Puedo matar a tu enemigo como ya he matado a tu soldado. Lo ves de pie, y no siente nada. Volveré en seis meses y me dirás si crees que puedo aniquilar a tu adversario.”

Y, efectivamente, pasaron seis meses. El soldado comenzó a sangrar a las pocas semanas. Eran gotas imperceptibles. Las puntas de los alfileres se habían clavado en su carne creando millones de heridas imperceptibles, tan menudas que era imposible verlas y por tanto curarlas. El soldado sufrió una agonía larga, aunque indolora. Simplemente moría un poco cada segundo. Hasta que un día, sin que nadie pudiera evitarlo, el soldado cayó muerto ante el irremediable mal que el mercenario había arrojado sobre él.

El príncipe, con mueca maligna, esperaba ansioso la llegada del cautivo, su perenne enemigo había caído en su trampa, creyendo que aún estando preso nada podrían contra él. “Muy equivocado” meditó el príncipe.

Las horas de espera fueron largas y llenas de agitación. El mismo aire escapaba de los pulmones del soberano que esperaba ansioso la llegada del cautivo.

De pronto, se abrieron las puertas del recinto y los soldados arrojaron al centro de la pieza una figura de deslumbrante belleza. Ni siquiera los golpes brutales habían podido empañar aquel rostro resplandeciente. No era esa belleza lo que enervaba al príncipe, era aquel poder que tenía de rejuvenecer a quien tocara, de llenar de esperanza el corazón que acariciaba. El soberano del castillo detestaba profundamente el brillo que aquel enemigo imprimía en aquellos a los que se acercaba.

El príncipe se puso de pie y se acercó al prisionero macilento. Sin tocarlo (no podría soportarlo) le habló muy cerca del oído.

-Te has burlado de mí. Me has humillado, has hecho lo que has querido en lo que me pertenece. Has resistido todos mis ataques. El Mal Carácter, con su martillo te debilitó, pero seguiste en pie. La ambición con su belleza sensual te arrebató pero no te mató. Y lo mismo ocurrió con la Enfermedad, la Pobreza, y con todos mis aliados.

El príncipe sonrió malévolo y mientras caminaba en círculos contra su contrincante, paladeando el momento de su triunfo.

-Creíste que todo lo podías… mmmm… Amor… Amor… –repitió el príncipe diciendo aquel nombre casi con asco- ¿Quién te crees tú que eres? ¿De donde has salido? ¿Por qué osas meterte en mis dominios? ¿No sabes que tengo poder en toda la tierra? ¿No sabes que soy mas astuto, más viejo, más inteligente y más poderoso que tus seres humanos, a los que tanto cuidas? Amor… Qué nombre tan repugnante. “Nada puede contra el amor” –dijo el príncipe con expresión burlona- “El amor lo puede todo, el amor rompe barreras” ¡Basura! –la expresión del príncipe se volvió rabiosa y atroz y mientras hablaba sus manos temblaban de la ansiedad con las que las pronunciaba. “Este es MI tiempo, MI momento, MI mundo…”

El príncipe se desplomó pesadamente en su trono.

-Pero ha llegado tu fin. ¡Traigan al mercenario!

Las órdenes fueron cumplidas de inmediato, y ahí apareció la ordinaria figura del interesado. Caminó hasta donde estaba el amor. Con rostro flemático le observó.

El príncipe dijo entonces “¡Hazlo!”. El guerrero de aspecto normal metió su mano enguantada en una bolsa y extrajo una miríada de sus artefactos mortales. Hizo el ademán necesario para arrojarlo cuando el príncipe interrumpió la ejecución.

-¡Espera! Antes de que lo hagas… ¿Cuál es tu nombre?

El combatiente ordinario solo pronunció dos palabras.

-La rutina.

 

 

Lo que piensa don Fernando Ocáriz

Jose Francisco Serrano

El nombramiento de monseñor Fernando Ocáriz como Prelado del Opus Dei me ha llevado a recuperar un libro, en estos días, imprescindible para conocer la personalidad y el pensamiento del sucesor de monseñor Javier Echevarría.

Es el volumen entrevista de Rafael Serrano, “Sobre Dios, la Iglesia y el mundo”, editado por Rialp. Hay quien pudo pensar en aquel momento que era un texto premonitorio. No lo sé, no se trata del “post hoc, ergo propter hoc”. Clarificador, entonces y ahora.

Como la teología está más próxima a las inquietudes humanas que la física de partículas, que se dice por allí, quiero recordar que no le gusta mucho hablar de lo suyo, de su biografía. Y que entonces me sorprendió su relación con Carlos Cardona y Cornelio Fabro. Con estos dos avales de su configuración mental filosófica, hay poco más que añadir. Hablemos pues de sus escritos, de su teología.

Es cierto que de don Fernando tenemos varios tratados teológicos de largo alcance. No estaría de más, por ejemplo, traer ahora los que me sorprendieron más: su “Naturaleza, gracia y gloria”, con prefacio del entonces Joseph Ratzinger –ojo a lo que dice del autor-,  o su manual de “Teología fundamental” con Arturo Blanco.

Y algunas intervenciones en libros de varios colaboradores que no hay que perder de vista, con un mensaje hoy de pleno sentido. Por ejemplo, destaco una que me parece relevante. El libro comentario a las consideraciones de la Congregación para la Doctrina de la fe, editado en español por Palabra, en 2003, con comentarios de R. Pesch, R. Minnerath, P. Rodríguez, F. Ocáriz, P. Goyeret, A.M. Sicari y N. Bux. Un texto en el que encontramos algunas pistas relevantes sobre lo que significa, desde la encíclica "Ut unum sint", "una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva".

No hay que olvidar lo que don Fernando Ocáriz dice allí y que sintetiza, al final de su trabajo, con palabras del documento de la Congregación: "Solo el Papa (o el Papa con el Concilio Ecuménico) tiene, como Sucesor de Pedro, la autoridad y la competencia para decir una última palabra sobre las modalidades de ejercicio de su propio ministerio pastoral en la Iglesia universal".

Don Fernando y las modalidades de ejercicio del ministerio. Otro título. Otra columna.    

 

 

        Carta del cardenal arzobispo de Madrid: Haz un mundo acogedor y seguro

Una voluntaria con una niña inmigrante siria en Múnich. Foto: AFP Photo/Christof Stache

 

Hoy los conflictos surgen y se mantienen en diversas partes de la tierra y el miedo se convierte en escaparate del mundo. ¿No seremos capaces de poner otro?

Cuando el pasado 1 de enero celebrábamos la Jornada Mundial de la Paz, pensaba en cómo decir a todos los hombres, y muy especialmente a los más jóvenes, el modo y la manera de construir un mundo más acogedor y seguro. ¿Por qué? Creo que no es muy difícil ver que el clima que estamos viviendo es de incertidumbre, de sufrimiento para muchos pueblos, de angustia para muchas personas que padecen en su propia carne la falta de acogida y de seguridad. Y recordaba al profesor Julián Marías, cuando decía que amar es que el otro sea tu «proyecto de vida». ¿Estamos dispuestos a vivir así? ¿Qué amor es el que tenemos en nuestro corazón? ¿No será ese amor que no es verdadero, y que nace de nuestras inseguridades e incongruencias, de nuestros egoísmos? ¿No será que no conocemos el amor verdadero y nos convertimos en dictadores que deseamos programar la vida de los otros, porque en el fondo queremos ser iguales a Dios y no ponemos en dinamismo lo que somos: imágenes de Dios?

Estas preguntas me hicieron pensar en el tema del Sínodo próximo que el Papa Francisco propone a la Iglesia y que va a tratar sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Entreguemos a los jóvenes las herramientas con las que se puede construir un mundo acogedor y seguro. No vale cualquier herramienta. No valen ni sirven las construidas por los hombres. Regalemos la experiencia de un Dios que nos ha creado, que se hizo hombre por nosotros, que nos ama incondicionalmente. No regalemos ni propongamos programas. Entreguemos y demos la persona de Jesucristo, rostro verdadero de Dios y del hombre.

Hace un siglo, el mundo se encontraba de lleno en una I Guerra Mundial, se sembraba muerte y dolor en este mundo y surgían totalitarismos que produjeron más división y enfrentamiento, que trajeron otro conflicto mundial. Hemos vivido tiempos de bienestar, pero no hemos logrado corazones que acojan y den la seguridad que necesita el ser humano. Quizá donde hemos querido asentar la paz, la verdad, la libertad y el bienestar, ha sido en dioses de barro. Hoy los conflictos surgen y se mantienen en diversas partes de la tierra. Como dice el Papa Francisco, estamos en una III Guerra Mundial «por partes»… Millones de personas viven en conflictos insensatos y el miedo se convierte en escaparate del mundo: violencias, dramas, emigración. ¿No seremos capaces de poner otro escaparate en este mundo, que dé confianza, acogida y seguridad a los hombres de toda la tierra y muy especialmente a los más pobres y a los que sufren en su propia carne los conflictos?

Os propongo algo atrevido, para algunos insensatos, para otros sin sentido, pero para los que más sufren es la solución de los conflictos: utilicemos el arma de amar. Amemos con el amor mismo de Dios. Amemos haciendo del otro el proyecto de mi vida; amándolo como Dios mismo lo ama. Descubriendo que es una imagen verdadera de Dios que no puedo estropear y utilizar a mi capricho. Los que somos discípulos de Cristo, desarrollemos en plenitud en nuestra vida lo que el Señor en el Bautismo nos regaló como gracia: su Vida, su Santidad. Quienes no lo sois o no conocéis a Cristo, deteneos por un momento viendo lo que Él regaló en su vida, pues eso mismo lo podéis hacer dejándoos llenar de su Vida.

Y ahora entenderás quién es un santo y cómo tú también puedes serlo. Porque un santo es quien acepta vivir la vida desde la santidad que Dios le ha regalado, haciéndosela percibir a los demás. Haz del otro el proyecto de tu vida, como lo hizo Jesús mientras estuvo entre nosotros y lo sigue haciendo ahora dándonos su Vida. A todos los que encontraba por el camino les decía: «¿Qué quieres que haga por ti?». A quien se encontraba tirado lo levantaba, y nos alentaba: «Haz tu lo mismo». A todos nos dice: «Lo mismo que os he amado, hacedlo con los demás siempre».

El santo siempre remite a ser sal y luz del mundo: «Vosotros sois la sal de la tierra» (cfr. Mt 5, 13-16). Hay que ser sal y luz del mundo con la propia existencia. Y se es sal y luz solamente cuando encendemos la vida para iluminar a los demás; damos y ponemos sabor cuando sabemos, actuamos, prolongamos en los otros el sabor que da y engendra Jesucristo. De ahí que la gran tarea que os propongo sea dar rostro con nuestra vida a la acogida y seguridad que solamente Jesucristo da, que supone emprender un seguimiento radical de Cristo, conformarnos con su conducta, mirar con su mirada y escuchar con sus oídos, ampliar nuestro corazón al de sus medidas.

Me impresionan unas palabras de san Basilio, que pueden ser elocuentes para nosotros: «Habiendo desaprovechado un tiempo en vanidades, perdiendo casi toda mi juventud en un trabajo inútil al que me aplicaba para aprender las enseñanzas de una sabiduría que aparecía vana a los ojos de Dios, por fin un día, como si despertase de un sueño profundo, volví mis ojos a la admirable luz de la verdad del Evangelio y me di cuenta de lo inútil que resulta la sabiduría de los príncipes de este mundo que son perecederos» (Epístola 223; PG 32, 824ª). En este mundo hay necesidad de santos. Nuestra historia solamente la cambiarán santos. Ante las situaciones que hoy vivimos, como son las perturbaciones que se dan en la vida pública, de tonos muy diversos; la falta de diálogo, los vacíos de existencia; las incertidumbres sobre el futuro a causa del terrorismo, de la crisis económica, de las guerras, de los enfrentamientos entre los pueblos; las desigualdades que se dan entre países ricos y pobres… Qué importante es centrar la vida humana. Por ello te recuerdo que:

1. Tienes que poner en el centro de tu vida a Jesucristo. Él es el centro vital, absolutamente necesario, al que todas las realidades y acontecimientos deben referirse para que puedan adquirir un sentido y una sólida consistencia.

2. Tienes que descubrir el método para centrar la vida y que esta sea así expresión viva de que en verdad eres luz y sal. Ese método está descubierto, es el de siempre y se manifiesta de manera significativa en tu diálogo con el Señor, en la oración.

3. Tienes que atreverte a ser mensajero de la paz en un mundo roto y dividido, de esa paz que es Cristo mismo. Muestra que eres luz y la das. Muestra que das sabor a todo lo que te rodea. Ten el atrevimiento de significar algo para los demás.

4. Tienes que amar siempre la verdad y buscar el método para encontrarla. Se ama la verdad y se encuentra en la Palabra de Dios, pero no te acerques sin piedad y con la pretensión de querer discutirla.

5. Tienes que mostrar que la fuerza de la razón y de la fe cuando van unidas conducen al conocimiento de la verdad, del amor y de la libertad.

Atrévete a ser santo. Déjate provocar por Jesús, por sus palabras, por su vida, por su mensaje, por sus estrategias de comunión y de fraternidad.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

 

 

Es necesario saber dar y negar

El falso concepto de la libertad conduce a una esclavitud a los vicios. Concepto verdadero: libertad es el derecho de hacer todo lo que la ley de Dios permite.

Cierta pedagogía autodenominada moderna se equivocó al querer inculcar en los padres de familia una actitud excesivamente indulgente: nunca prohibir, jamás decir no a los impulsos de los hijos. O sea, aplicar solamente la primera parte del axioma de nuestro título, “Es necesario saber dar…”, —dar a los hijos todo cuanto exijan, ceder siempre a sus deseos, concederles una libertad sin fronteras. En contraposición a este desequilibrio, la pedagogía tradicional, basada en los principios de la Santa Iglesia, enseña que es necesario saber dar, pero también, cuando sea necesario, saber negar, prohibiendo a los hijos aquello que los llevaría a adquirir malos hábitos.

* * *

A continuación, mostraremos que esa pedagogía libertaria es unilateral, porque ve apenas un lado de la cuestión. Pues basándose en un falso concepto de libertad, enseña que para ser felices los niños deben vivir completamente libres, haciendo “lo que les dé la gana” y que no se les debe cohibir sus espontaneidades en nada.

¿Por qué decimos que esa interpretación de la libertad es falsa? Porque, si al hombre, a cualquier edad, se le permite hacer todo lo que clama la imaginación, las malas tendencias lo llevan a ceder a sus propios caprichos y a las malas pasiones, y acto seguido al pecado. De ahí la expresión “esclavo del pecado”.

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Libertad y “libertad”

​Al respecto, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira explica cuál es el sentido exacto de la libertad, señalando que:

“La doctrina católica sobre la libertad humana enseña que ésta consiste, no en el derecho o en la facultad de hacer todo cuanto agrade a los sentidos y a la imaginación, sino en seguir los dictámenes de la razón, a su vez ilustrada y amparada por la fe. Lo que constituye precisamente lo contrario de la doctrina de Freud y de la mayor parte de las escuelas psicológicas y psiquiátricas que surgieron después de él.

“Ahora bien, en estas condiciones, la sujeción a una disciplina orientada a impedir que el hombre se ponga en ocasiones de ser arrastrado por el rugido irracional y turbulento de los instintos, constituye, no un vínculo o unos grilletes para la libertad, sino una preciosa protección para ella.

“Así, prohibir a un joven que frecuente ambientes donde se fuma marihuana no es limitar su libertad, sino garantizar esa libertad contra la tiranía del vicio, para lo cual una tentación sutil o torrencial puede atraerlo de un momento a otro”. [1]

¿Libertad? Sí, para el bien; no, para el mal

En la conocida Encíclica de León XIII, Libertas Praestantissimum, del 20 de junio de 1888, (ver recuadro) el Pontífice denuncia como distorsión y abuso de la libertad el permitirse hacer todo lo que pasa por la cabeza, inclusive el mal; la libertad no consiste en la espontaneidad instintiva, sino en seguir la recta conciencia: pues la verdadera noción de libertad está en la práctica de la virtud y no en la facultad de pecar, que sería una esclavitud.

Así, cuando un niño obedece a sus padres, su libertad no es reprimida, más bien da pruebas de ser libre aceptando ser orientado por ellos en aquello que es bueno y evitando el mal.

El santo pedagogo Marcelino Champagnat supo, en la educación de los niños en los colegios maristas por él fundados, armonizar extraordinariamente el saber dar y el saber negar. Según él, para conciliar disciplina y libertad es necesario grabar los principios religiosos en el alma del niño y formarle la voluntad, desde los primeros años. Pues hacerlo más tarde, sería como querer enderezar un gran arbusto que, al doblarlo, se quiebra. Al paso que, siendo pequeñito, fácilmente es enderezado.

Cuando el niño es aún pequeño, los buenos principios se imprimen con facilidad en su espíritu y en su corazón; adquiere el gusto por la práctica de la virtud, convencido de que ésta es el bien que lo hace verdaderamente feliz, incluso en este mundo, y que el pecado es el peor de los males.

Para una buena formación, aliar la firmeza con la bondad

​San Marcelino Champagnat enseña que, para la formación de la voluntad de los niños, es necesario imponer disciplina, pero sin exigencias innecesarias; advertir, pero con dulzura; castigar, pero sin aterrorizar.

Por último, algunos de sus consejos en ese sentido:

“El más funesto azote de nuestro siglo es la independencia: todo el mundo quiere obrar a su antojo y se cree más capacitado para mandar que para obedecer. Los hijos se niegan a obedecer a los padres, los súbditos se rebelan contra los monarcas; la mayor parte de los cristianos desprecian las leyes de Dios y de la Iglesia; en una palabra, la insubordinación reina en todas partes. Se presta, pues, un excelente servicio a la religión, a la Iglesia, a la sociedad, a la familia, y especialmente al niño, doblegando su voluntad y enseñándole a obedecer. Pero, ¿cómo se le inculca la obediencia? Es preciso:

1. No mandarle ni prohibirle nada que no sea conforme a justicia y razón; no prescribirle nunca nada que provoque la rebelión en su mente o tenga visos de injusticia, tiranía o tan sólo capricho. Tales mandatos no consiguen sino turbar el juicio del muchacho, inspirarle profundo desprecio y aversión al maestro, y pertinaz repulsa de cuanto le manden.

2. Evitar el mandar o prohibir demasiadas cosas a la vez, ya que la multiplicidad de las prohibiciones o mandatos provoca la confusión y el desaliento en el corazón del niño y le hace olvidar parte de lo mandado. Por lo demás, la coacción no es necesaria ni da otro resultado que desanimar y sembrar el mal espíritu.

3. No mandar nunca cosas demasiado difíciles o imposibles de llevar a cabo, pues las exigencias inmoderadas irritan a los niños y los tornan testarudos y rebeldes.

4. Exigir la ejecución exacta e íntegra de lo que se ha mandado. Dar órdenes, encargar deberes escolares, imponer penitencias y no exigir que se ejecuten, es hacer al niño indócil, echarle a perder la voluntad y acostumbrarle a que no haga caso alguno de los mandatos o prohibiciones que recibe.

5. Establecer en la escuela una disciplina vigorosa y exigir a los alumnos entera sumisión al reglamento. Esa disciplina es el medio más adecuado para robustecer la voluntad del niño y darle energías; para hacerle adquirir el hábito de la obediencia y de la santa violencia que cada uno ha de ejercer sobre sí mismo para ser fiel a la gracia, luchar contra las malas pasiones y practicar la virtud. Semejante disciplina ejercita constantemente la voluntad con los sacrificios que impone a cada momento. Obliga al niño a cortar la disipación, guardar silencio, recoger los sentidos, prestar atención a las explicaciones del maestro, cuidar la postura y los modales, reprimir la impaciencia, ser puntual, estudiar las lecciones y hacer las tareas; ser reverente con el maestro, obsequioso y servicial con los condiscípulos; doblegar y acomodar el temple a mil cosas que le contrarían. Ahora bien, ese ingente número de actos de obediencia, esa larga serie de triunfos que el niño alcanza sobre sí mismo y sus defectos, son el mejor método de formación de la voluntad, la manera mejor de robustecerla y darle flexibilidad y constancia”. [2]

León XIII: Adhesión a un bien falso = defecto de la libertad

“La libertad es, por tanto, como hemos dicho, patrimonio exclusivo de los seres dotados de inteligencia o razón. Considerada en su misma naturaleza, esta libertad no es otra cosa que la facultad de elegir entre los medios que son aptos para alcanzar un fin determinado, en el sentido de que el que tiene facultad de elegir una cosa entre muchas es dueño de sus propias acciones. …

“Pero así como la posibilidad de errar y el error de hecho es un defecto que arguye un entendimiento imperfecto, así también adherirse a un bien engañoso y fingido, aun siendo indicio de libre albedrío, como la enfermedad es señal de la vida, constituye, sin embargo, un defecto de la libertad. De modo parecido, la voluntad, por el solo hecho de su dependencia de la razón, cuando apetece un objeto que se aparta de la recta razón, incurre en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad. Y ésta es la causa de que Dios, infinitamente perfecto, y que por ser sumamente inteligente y bondad por esencia es sumamente libre, no pueda en modo alguno querer el mal moral; como tampoco pueden quererlo los bienaventurados del cielo, a causa de la contemplación del bien supremo. …

El Doctor Angélico se ha ocupado con frecuencia de esta cuestión, y de sus exposiciones se puede concluir que la posibilidad de pecar no es una libertad, sino una esclavitud” (León XIII, Encíclica Libertas Praestantissimum, in www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_...).

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

¿QUIÉN ERES TÚ?

Leo J. Mart.

¿Quién eres tú, qué es el hombre? Te lo voy a decir para que puedas conocerte un poco más. Conociendo las distintas concepciones del hombre, puedes tú escoger con cual quieres quedarte.

Para los filósofos el hombre es un animal, como todos los animales, que nace, crece, se reproduce y muere; pero según el filósofo Boecio, el hombre es animal; pero racional, su célebre definición del hombre es esta: < Sustancia individua de naturaleza racional> Boecio admite que el hombre es un ser compuesto de dos elementos diferentes: cuerpo mortal y alma inmortal.

Para Aristóteles el hombre es un animal político, es decir un ser sociable. Política I, 1, 1253 Para la ciencia política todos los hombres son iguales ante la ley, y tienen los mismos derechos y deberes.

Para la justicia, el hombre es un ser endeudado, porque todo el que recibe debe.

Para la economía el hombre es un elemento de producción, fácilmente reemplazable por una máquina que trabaja más y no se queja, ni pide aumento de sueldo.

Para la sociología el hombre es un ser que tiene capacidad de interactuar con los demás; pero que cada acción trae también su propia reacción. Hobbes dice: < Homo, homini lupus> El hombre es un lobo para el hombre.

Para la pedagogía, la verdadera pedagogía, el hombre no es un saco para llenar de teóricos conocimientos, sino un ser para infundirle principios y valores, y grandes ideales.

Para la psicología el hombre es un ser susceptible de muchos traumas. Si vas a un psicólogo algún trauma psicológico te encontrará. 

Para la ciencia médica el hombre, es un organismo susceptible de enfermar. Si vas al médico alguna enfermedad te encontrará.

Para la ciencia teológica, el hombre es una criatura única especial, a la cual Dios la elevó a la dignidad de ser su propio hijo, el hombre es hijo de su Padre Dios.

Para Lutero, el hombre es un ser caído por el pecado original que no tiene posibilidades de pararse. 

Para la Iglesia católica, el hombre ciertamente es un ser caído por el pecado original; pero Cristo vino precisamente a brindarle la forma de pararse.

¿Quién eres tú?, ¿Qué quieres ser?

Leo J. Mart. Filósofo, escritor.

 

 

Antropoceno

Con tanta intensidad lo hace, que el ensimismamiento generalizado nos ha convertido en politeístas de nosotros mismos. El hombre en el centro (antropoceno), sí, pero especialmente para mirarse al espejo y preguntarse quién es el más bello.

Mientras esto sucede, al ser humano le cuesta hasta asegurar su propia supervivencia como especie, cuando defiende a ultranza a otras. El suicidio demográfico que asola a Europa, y significativamente a España, es posible que participe también de este enamoramiento súbito a nuestros ombligos. Esta sacudida recia de narcisismo, que adopta infinidad de modalidades, impide hoy ocuparse de la progenie, algo incompatible con el moderno way of life y, desde luego, con cualquier forma ortodoxa de pensar y actuar en la carpa circense reinante. 

A este paso, pronto las calles estarán repletas únicamente de esos llamativos ancianos maquillados y entintados que no paran de hablar de sí mismos, rodeados de sus chihuahuas. Y, también, de animales salvajes a los que algunos majaderos impiden regular en sus poblaciones, por inventados motivos ecológicos, al tiempo de alentar o ponerse de perfil cuando de la cruel muerte de una indefensa criatura humana se trata. “Tengo entendido que los que defienden el aborto ya han nacido”, como con trágico sarcasmo dejó dicho aquel gran presidente norteamericano.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Un panorama desolador

Lamentablemente, como subrayaba Monseñor Padrón, el diálogo abierto en Venezuela fue hasta ahora más bien un instrumento para ganar tiempo, parar la presión interna y externa y, sobre todo, poner freno al Referéndum Revocatorio del Presidente Maduro. 

El panorama es tan desolador, con la violencia disparada, el hambre y la falta de comida, la corrupción generalizada y los ataques liberticidas a todos los que no se atienen al pensamiento único del régimen, que las muestras de hastío y desesperación de los propios venezolanos son comprensibles.  

No obstante, reconociendo la incontestable realidad de que los venezolanos inician 2017 sumidos en el caos, los obispos subrayan que, tampoco en este año que acaba de comenzar, pueden dejar que nada ni nadie les robe la esperanza. No es fácil, pero no todo está perdido mientras haya, como existe en Venezuela, una ciudadanía consciente, con la fe y la esperanza activadas, capaz de diseñar y emprender los nuevos rumbos que tanto necesita el país.

Enric Barrull Casals

 

 

“Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

El caso de Yakarta confirma la ley del embudo que aplica el fundamentalismo islamista. Apenas deja resquicio a la libertad donde es mayoritario, mientras no deja de protestar -a veces de modo violento- contra las supuestas y mínimas manifestaciones de islamofobia en Occidente. La historia confirma que prácticamente sólo en la órbita cristiana se produce la real separación entre religión y política, a partir de la famosa distinción de Jesús entre lo debido al César y a Dios. Su penetración en las costumbres no fue fácil, ni tampoco unívoca. Pero se puede decir que forma parte de la vida y la doctrina desde el refrendo formal del Concilio Vaticano II.

Lo expresó claramente Juan Pablo II, entre otros lugares, en la famosa encíclica ‘Centesimus annus’, de 1991. Exige el reconocimiento de los derechos humanos, también en los Estados democráticos, donde se producen desviaciones  que -afirmaba el pontífice con espíritu profético- “producen desconfianza y apatía, con lo cual disminuye la participación y el espíritu cívico entre la población, que se siente perjudicada y desilusionada”. En síntesis apretada, la Jerarquía católica “respeta la legítima autonomía del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional. La aportación que ella ofrece en este sentido es precisamente el concepto de la dignidad de la persona, que se manifiesta en toda su plenitud en el misterio del Verbo encarnado”. Nunca tuvo nostalgia del Estado confesional el santo pontífice polaco, como expresamente declaró en su exhortación apostólica sobre la Iglesia en Europa de 2003.

Jesús Martínez Madrid

 

 

MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’

            Tras cuanto se sabe de antes y después de la muerte del padre... del actual rey, Mohamed VI y de los problemas de ambos con su pueblo (‘nunca mejor dicho lo de su pueblo’) no tiene uno, más remedio que pensar, que el triste, bochornoso, inexplicable y criminal trasiego de africanos en esos ‘cascarones’ denominados pateras, sometidas a todo cuanto de horrible y perverso podamos imaginar... está plena y totalmente consentido e incluso fomentado, por el monarca actual, el que joven y puede que en principio lleno de buena voluntad... ve que lo mejor es seguir como ‘su padre’  y ‘salga es sol por Argelia... que es por donde se le puede meter el fundamentalismo’ que lo destrone y mande ‘a paseo’.

            Y como de reformas eficaces, nada de nada y de invertir lo mucho que tienen (los que tienen en Marruecos) evadido en el extranjero; de lo que sólo a la familia real ya se les asignan capitales fabulosos en cantidad (se ha publicado en ABC) de decenas y decenas de miles de millones en dólares... pues, nada... ‘a mandar marroquíes y todo tipo de otros africanos, al estrecho y caiga quien caiga, puesto que... al final todo son ganancias para el Gobierno de Marruecos y todos cuantos el mismo... consiente para tan criminal hecho’.

            Si comparamos ello, con la forzada emigración de trabajadores españoles, efectuada ó fomentada… por los gobiernos de Franco a otros países europeos... ‘Franco nos aparece como un ángel de la guarda... comparado con los gobernantes marroquíes’ y no se asusten (que no trato de glorificar a Franco, sí el darle su justo valor a un hecho histórico y que se puede constatar en los archivos nacionales hoy mismo)... que voy a decir, los motivos que existen para que esa ‘moderna invasión’ siga y siga y que nadie va a parar o detener, aunque los muertos en ese paso, se den por miles y miles... si no al tiempo, puesto que cuando escribo esto, ha aparecido en prensa, el que ya y como en los grandes almacenes de la denominada ‘sociedad opulenta ó de consumo’... esos desgraciados están ya, recibiendo ofertas especiales para su paso por el estrecho de Gibraltar... ‘Les están ofreciendo un tres por uno... pagan un viaje y si falla y no mueren, son deportados o devueltos a África... los organizados fletadores de pateras y otros frágiles barquitos... les dan dos posibilidades más’. Suponemos que las ofertas no se cierran y si el desgraciado puede cubrir los tres pasajes y aún quedar con vida y con dinero... seguro que le admiten otra oferta y así... hasta que muera en el intento o pase de la forma que sea, a la tan añorada orilla española y europea.

            ¿Por qué se fomenta todo ello?: es claro y sencillo para cualquiera que piense y deduzca, siendo medianamente inteligente pues no se necesita más; veamos:

Cada marroquí que pasa a España, es un problema que el Rey de Marruecos y sus gobiernos se quitan de encima.

Cada marroquí (igual es si es de otro cualquier país) que pasa y logra encontrar donde trabajar, lo primero que hace es ahorrar el máximo de lo que gana y mandar a su familia el resto; más o menos lo que hicieron los españoles en la época que antes cito, de Franco y que fue el motivo de ‘uno de sus milagros’ (el otro fue el Turismo).

Esas remesas de dinero internacional admitido en todo el mundo, pasan de momento a enriquecer el Tesoro marroquí... no hablemos si luego, se hacen remesas clandestinas desde éste al extranjero... ‘cómo siguen engordando’ los capitales evadidos y a los que antes me he referido. 

Si el africano sigue mandando dinero, con él vive la familia y otros problemas que se quitan los gobiernos de turno... y si por fin, el africano se sitúa definitivamente en España u otro país europeo, igualmente los gobiernos africanos, se han quitado de encima... una familia más.

En el intervalo y como esos desgraciados, aún tienen que pagar por su cuenta y riesgo cantidades fabulosas (para ellos) y por simplemente ser pasados a la otra orilla... imaginemos las cantidades que ello representa, para corromper a todo tipo de funcionarios (o no funcionarios) y para fomentar ese horrible e incalificable (ya) ‘mercado de esclavos en que se ha convertido todo ese infernal tinglado.

Si analizamos todo ello, no nos explicamos ‘las contemplaciones que guarda’ primero el Gobierno de España, con su Presidente a la cabeza... tampoco cómo callan y otorgan, el ‘otro gobierno superior’ compuesto por un enjambre de representantes (‘pagados a peso de oro’) y que cacarean en Bruselas o Luxemburgo... tampoco las actuaciones de ‘los buenos samaritanos’, que en cierto modo, con sus ayudas (que también) lo que deben es pedir y exigir, el que todo este enorme tinglado, se regularice en su totalidad y simplemente que se haga, lo que se hacía en esos tiempos de los gobiernos de Franco... o sea, que desde origen y previo reconocimiento médico de cada individuo (lo que no es discriminación, si no una simple prevención sanitaria o epidémica) se contraten legalmente a aquellos trabajadores, que de verdad... vengan a trabajar y necesitemos para ello, los que y eso sin excusa ni pretexto alguno... a partir de ese momento, tienen que tener todos y cada uno de los derechos de cualquier trabajador español ó europeo... ‘no nos la cojamos con papel de fumar’... las cosas son como son (o debiera ser) todo lo demás son demagogias, cuando no... ‘complicidades criminales y encubiertas’.

            Trate usted de entrar en Marruecos u otro país musulmán ‘organizado’ y vea cuanto les exigen... yo puedo decir que para bajar en el puerto de Agadir, al Sur de Marruecos, en un crucero turístico compuesto por gente acomodada y para visitar aquella parte de Marruecos, subiendo a Marraquech... nos retuvieron los pasaportes a todos y cada uno de los pasajeros de aquel trasatlántico y sin consideración alguna a nadie... ¿Qué peligro podíamos representar unos cientos de personas que simplemente fuimos a Marruecos... a gastar dinero?... Y ni se les ocurra, propagar algo de cualquier otra religión que no sea la musulmana, pues en algunos países y ahora mismo... ello les puede costar años de cárcel e incluso la vida... ‘ello se ha publicado en prensa y muy recientemente’.

            A la vista de todo ello, que cada cual piense, medite y tome la postura que mejor le venga en gana, pero... ‘ayudar si y todo cuanto se pueda... bajarse los pantalones no desde luego’... ‘al prójimo como a ti mismo, pero mirando al tipo de prójimo que sea’... con ello, simplemente nos evitaremos problemas insolubles y que ya están padeciendo en otros países occidentales y si ello no lo ven quienes nos gobierna... simplemente es que son idiotas en grado muy preocupante.

NOTA: Este artículo fue escrito y publicado en el mes de agosto del año 2001… ¿Podría haberse escrito hoy mismo? Yo estimo que sí.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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