Las Noticias de hoy 17 Diciembre 2016

             Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 17 de diciembre de 2016     

 

Indice:

Newsletter Diario

Homilía del Papa: los cristianos con su testimonio allanen el camino a Jesús

El Papa Francisco asiste a la tercera predicación de Adviento

80 años del Papa Francisco: el amor de la gente, su regalo más grande

El Papa en “diálogo sincero por la paz en Colombia” con Santos y Uribe

Boletín de Interactividad: lo más visto en las Redes Sociales de Radio Vaticana

JOSÉ  (Cuarto Domingo de Adviento): +Francisco Cerro Chaves.-Obispo de Coria-Cáceres

 Domingo 4º de Adviento; ciclo A: Llucià Pou Sabaté

"¡Déjale que te exija!": San Josemaria

 Gracias

El Episcopado expresó sus condolencias por la muerte del prelado del Opus Dei

Razón de nuestra esperanza: Lluís Clavell

Cristianismo como Adviento: Carlos Javier Alonso

Hacia una Iglesia autóctona: + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo de San Cristóbal de Las Casas

NOTA DE PRENSA: Ante la injusta absolución de Rita Maestre por un delito de ofensa a los sentimientos religiosos.

VENEZUELA: EL COLAPSO YA LLEGÓ: René Mondragón

Violación: resquebrajamiento familiar y social: Norma Barba

CURIOSA PREGUNTA DE JUAN EL BAUTISTA: Leo J. Mart.

Mirar, comprender y acompañar a las familias: Lluis Esquena Romaguera

 Misericordia y misión: Jesús Martínez Madrid

Más de 4 millones de personas se han beneficiado: Enric Barrull Casals

 Arreglar lo no arreglable: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

Newsletter Diario

 

Homilía del Papa: los cristianos con su testimonio allanen el camino a Jesús

El Papa Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta

16/12/2016 13:06

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Ser como Juan Bautista que, con su testimonio humilde de la luz de la verdad, le abre el camino a Jesús

 

 Los cristianos contemplen la grandeza de Juan Bautista y su modelo de humilde testimonio de Jesús, que se anonada hasta la muerte, para indicar la venida del Hijo de Dios. Fue la invitación del Papa Francisco, en la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la que participaron también algunas parejas de casados, religiosos y sacerdotes que celebraban, respectivamente, su 50 aniversario de matrimonio y de consagración.

Con las lecturas del día, prosiguiendo las de los días anteriores, el Obispo de Roma reflexionó sobre la figura de Juan Bautista, presentado como testimonio, como lámpara que arde y resplandece, para testimoniar a Jesús:

«Lámpara que indica dónde está la luz, da testimonio de la luz. Él era la voz. Él mismo dice de sí: ‘yo soy la voz que clama en el desierto’. Él era la voz que también da testimonio de la Palabra, indica la Palabra, el Verbo de Dios, la Palabra. Él sólo voz. La Palabra. Él era el predicador de la penitencia que bautizaba, el Bautista, pero deja claro, dice claramente: ‘Después de mí viene otro que es mayor que yo, es más grande, al cual no soy digno de desatar la correa de su calzado. Y él los bautizará en fuego y Espíritu Santo’»

Haciendo hincapié en que el modelo de Juan Bautista es lo provisorio que indica lo definitivo y que lo definitivo es Jesús, el Papa destacó que «ésta es su grandeza», la que demuestra cada vez que el pueblo y los doctores de la ley le peguntaban si era él el Mesías, a lo que él respondía claramente que no:

«Y este testimonio provisorio, pero seguro, firme, aquella llama que no se ha dejado apagar por el viento de la vanidad, aquella voz que no se dejó disminuir por la fuerza del orgullo, se vuelve siempre uno que indica al otro y abre la puerta al otro testimonio, el del Padre, el que Jesús dice hoy: ’Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan, es el del Padre’. Y se oye la voz del Padre: ‘Éste es mi Hijo’. Fue Juan el que abrió esta puerta. ¡Es grande este Juan, siempre se hace de lado».

«Juan es humilde, se disminuye, se anonada… por la misma senda de Jesús». Y lo hace «hasta morir decapitado, en la oscuridad de la cárcel, por el capricho de una bailarina, la envidia de una adultera y la debilidad de un borracho», dijo también el Santo Padre.

Y luego se dirigió a los fieles que participaron en la Misa, para celebrar según su condición, 50 años de casados, de consagración o de ordenación:

«Es un lindo día para preguntarse sobre la propia vida cristiana, si la propia vida cristiana le ha abierto el camino a Jesús. Si la propia vida ha estado llena de ese gesto: indicar a Jesús. Agradecer  por las tantas veces que lo hicieron, agradecer y volver a empezar, después de 50 aniversario, con esa vez joven o juventud envejecida - ¡como el vino bueno! – dar un paso adelante para testimoniar a Jesús. Que Juan, el gran testimonio, los ayude en este nuevo camino que empiezan hoy, después de la celebración del 50 aniversario de sacerdocio, de vida consagrada y de matrimonio».

 

 

El Papa Francisco asiste a la tercera predicación de Adviento

El Papa asiste a la tercera predicación de Adviento en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano. - ANSA

16/12/2016 13:42

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Bebamos, sobrios, la embriaguez del Espíritu

También el tercer viernes de diciembre a las 9.00 el Papa Franciscoasistió a la tercera Predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico del Vaticano. El tema de esta predicación fue: “La sobria embriaguez del Espíritu”, que el Predicador analizó a lo largo de tres puntos.

Ante todo hizo una distinción acerca de los “dos tipos de embriaguez”. También recordó que el lunes después de Pentecostés, del año 1975, con ocasión de la clausura del Primer Congreso Mundial de la Renovación Carismática Católica, el Beato Pablo VI se había dirigido a los diez mil participantes, reunidos en la Basílica de San Pedro, definiendo a la Renovación Carismática como “una oportunidad para la Iglesia”. Y aprovechó la ocasión para felicitar al Santo Padre ante la inminencia de su 80º cumpleaños.

A partir de Orígenes – explicó el Padre Cantalamessa – son incontables los textos de los Padres que ilustran este tema, aludiendo a la analogía o contraste entre la embriaguez material y espiritual, en el sentido de que ambos tipos de embriaguez infunden alegría, hacen olvidar las fatigas y hacen salir de sí mismos. “El contraste – afirmó – consiste en el hecho de que mientras la embriaguez material – a causa del alcohol, las drogas, el sexo o el éxito – vuelve vacilantes e inseguros, la embriaguez espiritual nos hace estables en el bien. Sí porque la primera hace que salgamos de nosotros mismos para vivir por debajo del propio nivel racional, mientras la segunda nos hace salir de nosotros mismos, pero para vivir por encima de nuestra propia razón. De ahí que para este estado se utilice la palabra “éxtasis”.

De la embriaguez a la sobriedad

En el segundo punto el Predicador se refirió a cómo hacer para retomar este ideal de la sobria embriaguez y encarnarlo en la situación histórica y eclesial actual. “El Espíritu – afirmó textualmente – nos ha sido dado para ser capaces de mortificarnos, antes que como premio para ser mortificados”. Y añadió que una vida cristiana, llena de esfuerzos ascéticos y de mortificaciones, pero sin el toque vivificante del Espíritu, se parecería a una Misa con tantas lecturas, ritos y ofrendas, pero en la que no se llevara a cabo la consagración de las especies por parte del sacerdote. Con lo cual – dijo – todo permanecería como era antes, pan y vino.

El bautismo en el Espíritu

En el tercer y último punto de su predicación, el Padre Raniero Cantalamessa se refirió a los “lugares” en los que el Espíritu actúa hoy de manera pentecostal.  Y dijo que uno de los modos en que se manifiesta en nuestros días el modo de obrar del Espíritu fuera de los canales institucionales de la gracia es, precisamente, la Renovación carismática.

Se trata de una renovación y una actualización no sólo del Bautismo o de la Confirmación – añadió –  sino también de toda la vida cristiana: para los casados, del Sacramento del Matrimonio; para los sacerdotes, de su Ordenación y para los consagrados, de su Profesión religiosa. Y agregó que el “Bautismo en el Espíritu” se ha revelado un medio sencillo y poderoso al mismo tiempo, para renovar la vida de millones de creyentes en casi todas las Iglesias cristianas.

El Predicador de la Casa Pontificia concluyó estas meditaciones con las palabras del himno litúrgico que había recordado al inicio de esta meditación y que reza: Que Cristo sea nuestro alimento, que Cristo sea el agua viva: en Él gustamos sobrios la embriaguez del Espíritu”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

Texto de la meditación del Predicador de la Casa Pontificia traducido por la agencia Zenit:

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Tercera predicación de Adviento 2016

LA SOBRIA EBRIEDAD DEL ESPÍRITU

1. Dos tipos de ebriedad

El lunes después de Pentecostés de 1975, en ocasión de la clausura del Primer Congreso mundial de la Renovación Carismática Católica, el beato Pablo VI dirigió a los diez mil participantes reunidos en la basílica de San Pedro un discurso en el que la definió como “una oportunidad para la Iglesia”.

Una vez concluida la lectura del discurso oficial el Papa añadió, improvisando, las siguientes palabras:

“En el himno que leemos esta mañana en el breviario y que se remonta a san Ambrosio, en el IV siglo, se encuentra esta frase difícil de traducir aunque sea muy simple: Laeti, que significa con alegría; bibamus, que significa bebamos; sobriam, que significa bien definida y moderada; profusionem Spiritus, o sea la abundancia del Espíritu. ‘Laeti bibamus sobriam profusionem Spiritus’. Podría ser el lema de vuestro movimiento: un programa y un reconocimiento del movimiento mismo”.

La cosa importante que debemos notar enseguida es que aquellas palabras del himno no fueron escritas en el origen para la Renovación carismática. Ellas siempre fueron parte de la liturgia de las horas de la Iglesia universal; son por lo tanto una exhortación dirigida a todos los cristianos y como tal quiero nuevamente proponerla, en esta meditación que quiere ser también un pequeño homenaje al Santo Padre por su 80º aniversario.

En verdad en el texto original de san Ambrosio, en el lugar de “profusionem Spiritus”, la abundancia del Espíritu, está “ebrietatem Spiritus”, o sea la ebriedad del Espíritu[1]. La tradición sucesiva había considerado a esta última expresión demasiado audaz y la había sustituido con una más blanda y aceptable. Entretanto de esta manera se había perdido el sentido de una metáfora antigua como el mismo cristianismo. Justamente por lo tanto, en la traducción italiana del breviario se ha recuperado el sentido original de la frase ambrosiana. Una estrofa del himno de Laudes, de la cuarta semana del salterio, en idioma italiano de hecho dice:

Sea Cristo nuestro alimento,
sea Cristo el agua viva:
en Él gustamos sobrios
la ebriedad del Espíritu.

Lo que empujó a los Padres a retomar el tema de la “sobria ebriedad”, ya desarrollado por Filón Alejandrino[2], fue el texto en el cual el Apóstol exhorta a los cristianos de Éfeso diciendo:

“No se emborrachen de vino, el cual produce desenfreno, sino sean colmados por el Espíritu, entreteniéndose juntos con salmos, himnos, cantos espirituales, cantando y alabando al Señor con todo vuestro corazón” (Ef 5,18-19).

A partir de Orígenes son incontables los textos de los Padres que ilustran este tema, jugando a veces sobre la analogía, otras sobre el contraste contradicción entre la ebriedad material y la ebriedad espiritual. La analogía consiste en el hecho que ambas ebriedades infunden alegría, hacen olvidar los esfuerzos y hacen salir de uno mismo.

La contraposición consiste en el hecho de que mientras la ebriedad material (alcohol, droga, sexo, éxito) vuelve vacilantes e inseguros, la espiritual nos vuelve estables en el bien; la primera hace salir de sí mismos para vivir por debajo del propio nivel racional, la segunda hace salir de sí mismos para vivir por encima de la propia razón. Para ambas se usa la palabra “éxtasis” (¡nombre dado recientemente a una droga tremenda!), pero uno es un éxtasis hacia el bajo y lo otro un éxtasis hacia lo alto.

Aquellos que en Pentecostés confundieron a los apóstoles por ebrios tenían razón, escribe san Cirilo de Jerusalén; se equivocaban solamente en atribuir la ebriedad al vino ordinario, cuando en cambio se trataba del “vino nuevo”, elaborado de la “viña verdadera” que es Cristo; los apóstoles estaban sí ebrios, pero de aquella sobria ebriedad que da la muerte al pecado y da vida al corazón [3].

Tomando inspiración en el episodio del agua que fluye de la roca en el desierto (Es 17, 1-7), y del comentario que hace san Pablo en la Carta a los Corintios (“Todos bebieron de la misma bebida espiritual... Todos hemos bebido de un solo Espíritu). (1 Cor 10,4; 12,13), el mismo san Ambrosio escribía:

“El Señor Jesús hace surgir agua de la roca y todos bebieron de ella. Los que la bebieron en la figura quedaron saciados; aquellos que la bebieron en la verdad quedaron incluso ebrios. Buena es la ebriedad que infunde alegría. Buena es la ebriedad que afirma los pasos de la mente sobria... Bebe a Cristo que es la vid; bebe a Cristo que es la roca de la cual brota el agua; bebe a Cristo para beber su sus palabras... La Escritura divina se bebe, la Escritura divina se devora cuando la medula de la palabra eterna baja en las venas de la mente y en las energías del alma”. [4]

2. De la ebriedad a la sobriedad

¿Qué nos dice hoy a nosotros este sugestivo oxímoron de la sobria ebriedad del Espíritu? ¿Cómo hacer para retomar este ideal se la sobria ebriedad y encarnarlo en la actual situación histórica y eclesiástica? ¿Dónde está escrito de hecho que un modo así “fuerte” de sentir al Espíritu era una exclusividad de los Padres y de los primeros días de la Iglesia, pero que no lo es más para nosotros? El don de Cristo no se limita a una época particular, pero se ofrece en cada época. Hay bastante para todos en el tesoro de su redención. Es justamente el rol del Espíritu el que vuelve universal la redención de Cristo, disponible para cada persona, en cada punto del tiempo y del espacio.

En el pasado el orden que se inculcaba era, generalmente, el que va de la sobriedad a la ebriedad. En otras palabras, el camino para obtener la ebriedad espiritual o el fervor, se pensaba, es la sobriedad, o sea la abstinencia de las cosas de la carne, el ayunar del mundo y de sí mismo, en una palabra la mortificación. En este sentido el concepto de sobriedad ha sido profundizado en particular por la espiritualidad monástica ortodoxa, relacionada a la llamada 'oración de Jesús'. En esa la sobriedad indica “un método espiritual” hecho de “vigilante atención” para librarse de los pensamientos pasionales y de las palabras malas, substrayendo a la mente cualquier satisfacción carnal y dejándole, como única actividad la compunción por el pecado y la oración.[5]

Con nombres distintos (desvestirse, purificación, mortificación), es la misma doctrina ascética que se encuentra en los santos y en los maestros latinos. San Juan de la Cruz habla de un “despojarse y desnudarse por el Señor de todo lo que no es del Señor”[6]. Estamos en los períodos de la vida espiritual llamados purgativo e iluminativo. En estos el alma se libera con fatiga de sus hábitos naturales, para prepararse a la unión con Dios y a sus comunicaciones de gracia. Estas cosas caracterizan el tercer nivel, la “vida unitiva” que los autores griegos llaman “divinización”.

Nosotros somos herederos de una espiritualidad que concebía el camino de perfección de acuerdo a esta sucesión: antes es necesario vivir largo tiempo en el nivel purgativo, antes de acceder a aquel unitivo; es necesario ejercitarse largamente en la sobriedad, antes de sentir la ebriedad. Cada fervor que se manifestara antes de aquel momento había que considerarlo sospechoso. La ebriedad espiritual, con todo lo que eso significa, está colocada por lo tanto al final, reservado a los “perfectos”. Los otros, “los proficientes”, tienen que ocuparse sobre todo de la mortificación, sin pretender, hasta que están luchando aún con los propios defectos, de tener una experiencia fuerte y directa de Dios y de su Espíritu. 

Hay una gran sabiduría y experiencia en la base de todo esto, y pobre de aquel que considere estas cosas como superadas. Es necesario entretanto decir que un esquema así rígido indica también un lento y progresivo desplazamiento del acento de la gracia al esfuerzo del hombre, de la fe a las obras, hasta resentir a veces de pelagianismo. De acuerdo al Nuevo Testamento, hay una circularidad y una simultaneidad entre las dos cosas: la sobriedad es necesaria para llegar a la ebriedad del Espíritu, y la ebriedad del Espíritu es necesaria para llegar a practicar la sobriedad.

Una ascesis tomada sin un fuerte empuje del Espíritu sería esfuerzo muerto y no produciría otra cosa que “presunción de la carne”. Para san Pablo es “con la ayuda del Espíritu” que nosotros debemos “hacer morir las obras de la carne”(cfr. Rm 8,13). El Espíritu nos ha sido dado para que estemos en grado de mortificarnos, antes aún que como premio para habernos mortificado.

Una vida cristiana llena de esfuerzos acéticos y de mortificación, pero sin el toque vivificante del Espíritu, se asemejaría -decía un antiguo Padre- a una misa en la que se leyeran tantas lecturas, se cumplieran todos los ritos y se llevaran tantas ofrendas, pero en la cual no se realizara la consagración de las especies por parte del sacerdote. Todo quedaría aquello que era antes: pan y vino.

“Así -concluía aquel Padre- sucede también con el cristiano. Aunque él haya cumplido perfectamente el ayuno y la vigilia, la salmodia y toda la ascesis y cada virtud, pero no se ha cumplido por la gracia, en el altar de su corazón la mística operación del Espíritu Santo, todo este proceso ascético está inconcluso y es casi vano, porque él no tiene la exultación del Espíritu místicamente operante en el corazón”. [7]

Esta segunda vía -que va de la ebriedad a la sobriedad- fue la que Jesús le hizo seguir a  sus apóstoles. Si bien tuvieron como maestro y director espiritual al mismo Jesús, antes de Pentecostés ellos no fueron capaces de poner en práctica casi ninguno de los preceptos evangélicos. Pero cuando en Pentecostés fueron bautizados con el Espíritu Santo, entonces se los ve transformados, con la capacidad de soportar por Cristo molestias de todo tipo y hasta el mismo martirio. El Espíritu Santo fue la causa de su fervor, más que el efecto de ese.

Hay otro motivo que nos lleva a redescubrir este camino que va de la ebriedad a la sobriedad. La vida cristiana no es solamente una cuestión de crecimiento personal en la santidad; es también ministerio, servicio, anuncio, y para cumplir estas tareas tenemos necesidad de la “potencia que viene desde lo alto”, de los carismas; en una palabra, de una experiencia fuerte, pentecostal, del Espíritu Santo.

Nosotros tenemos necesidad de la sobria ebriedad del Espíritu, más aún de lo que tuvieron los Padres. El mundo se ha vuelto refractario al Evangelio, tan seguro de sí que solo el “vino fuerte” del Espíritu puede prevalecer a su incredulidad y quitarlo fuera de su sobriedad toda humana y racionalista que se hace pasar por “objetividad científica”.

Solamente las armas espirituales, dice el Apóstol, “tienen de Dios la potencia para abatir las fortalezas, destruyendo los raciocinios y toda arrogancia que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometiendo cada intelecto a la obediencia de Cristo. (2Cor 10, 4-5).

3. El bautismo en el Espíritu        

¿Cuáles son los “lugares en donde el Espíritu actúa hoy de este modo pentecostal? Escuchemos nuevamente la voz de san Ambrosio que fue el cantor por excelencia entre los Padres latinos, de la sobria ebriedad del Espíritu. Después de haber recordado los dos “lugares” clásicos en donde encontrar el Espíritu -la Eucaristía y las Escrituras-, él indica una tercera posibilidad. Dice: 

“Hay también otra ebriedad que se realiza a través de aquella penetrante lluvia del Espíritu Santo. Fue así que en los Actos de los Apóstoles, aquellos que hablaban en idiomas diversos aparecían a los oyentes como si estuvieran llenos de vino”. [8]

Después de haber recordado los medios “ordinarios” san Ambrosio, con estas palabras indica un medio diverso, “extraordinario”, en el sentido de que no ha sido fijado antes y no es algo instituido. Consiste en revivir la experiencia que los apóstoles hicieron en día de Pentecostés. Ambrosio no entendía seguramente señalar esta tercera posibilidad para decir al público que esta estaba excluida para ellos, siendo reservada solamente a los apóstoles y a las primeras generaciones de los cristianos. Al contrario, él entendía animar a sus fieles a hacer como la primera generación de los cristianos. Él anima a sus fieles a hacer experiencia de aquella “lluvia penetrante del Espíritu” que se verificó en Pentecostés.

Queda por lo tanto abierta también para nosotros la posibilidad de contactar al Espíritu por esta vía nueva, personal, que depende únicamente de la soberana y libre iniciativa de Dios. No debemos caer en el error de los fariseos y de los escribas que a Jesús le decían: “Existen nada menos que seis días para trabajar, ¿por qué entonces sanar y hacer milagros en día de Sábato? Nosotros podríamos ser tentados de decir o pensar en nuestro corazones: hay siete sacramentos para santificar y donar el Espíritu, ¿por qué actuar fuera de ellos en manera nueva y desconocida?”.

Uno de los modos en que se manifiesta hoy esto actuar del Espíritu fuera de los canales institucionales de la gracia es precisamente la Renovación carismática. El teólogo Yves Congar en su informe al Congreso Internacional de Pneumatología que se realizó en 1981 en el Vaticano, en ocasión del XVI centenario del Concilio Ecuménico de Constantinopla, hablando de los signos del despertar del Espíritu Santo en nuestra época dijo:

“¿Cómo no situar aquí la corriente carismática, mejor llamada Renovación en el Espíritu? Esto se ha difundido como fuego que corre sobre los pajares. Es algo muy diverso de una moda... Por un aspecto, sobre todo, esto se asemeja a un movimiento de despertar: por el carácter público y verificable de su acción que cambia la vida de las personas... Es como una juventud, una frescura y nuevas posibilidades en el seno de la vieja Iglesia, nuestra madre. Salvo excepciones muy raras, la Renovación se coloca en la Iglesia y lejos de poner en discusión las instituciones clásicas, las reanima” [9].

El instrumento principal con el cual la Renovación en el Espíritu “cambia la vida de las personas es el bautismo en el Espíritu. Hablo sobre ello sin ninguna intención de proselitismo, sino solamente porque pienso sea justo que se conozca en el corazón de la Iglesia una realidad que involucra a millones de católicos. Se trata de un rito que no tiene nada de esotérico, sino que es hecho más bien de gestos de gran simplicidad, calma y alegría, acompañados por actitudes de humildad, de arrepentimiento, de disponibilidad de volverse niños, que es la condición para entrar en el Reino.

Es una renovación y una actualización no solo del bautismo y de la confirmación, sino de toda la vida cristiana: para los casados, del sacramento del matrimonio, para los sacerdotes, de su ordenación, para los consagrados, de su profesión religiosa. El interesado se preparara, además que con una buena confesión, participando a encuentros de catequesis en los cuales viene puesto en un contacto vivo y alegre con las principales verdades y realidades de la fe: el amor de Dios, el pecado, la salvación, la vida nueva, la transformación en Cristo, los carismas, los frutos del Espíritu. El fruto mas común y hermoso es que ayuda a realizar un encuentro  personal con Jesús resucitado y vivo. En la comprensión de la Iglesia católica el bautismo en el Espíritu no es un punto de llegada sino un punto de salida hacia la madurez cristiana y el servicio de la Iglesia.

Una década después que llegó la Renovación carismática en la Iglesia católica, Karl Rahner escribía:

“No podemos negar que el hombre pueda hacer aquí abajo experienciasde gracia, que le dan un sentido de liberación, le abren horizontes enteramente nuevos, se imprimen profundamente en él, lo transforman, plasmando también por largo tiempo su actitud cristiana más íntima. Nada prohíbe llamar a tales experiencias bautismo del Espíritu[10].

¿Es justo esperarse que todos pasen por esta experiencia? ¿Es este el único modo posible para sentir la gracia de Pentecostés? Si por bautismo en el Espíritu entendemos un cierto rito, en un determinado contexto, debemos responder no; no es el único modo para tener una experiencia fuerte en el Espíritu. Hubo y hay incontables cristianos que han hecho una experiencia análoga, sin saber nada del bautismo en el Espíritu, recibiendo una efusión espontánea del Espíritu, a continuación de un retiro, de un encuentro, de una lectura, o –come dice san Tomas de Aquino – en el momento en qué una persona está llamada a un compromiso nuevo y más exigente en la Iglesia[11].

Es necesario decir entretanto que el “bautismo en el Espíritu” se ha revelado un medio simple y potente para renovar la vida de millones de creyentes en todas las Iglesias cristianas.  También un curso de ejercicios espirituales puede muy bien concluirse con una especial invocación del Espíritu Santo, si quien lo guía ha hecho experiencia y los participantes lo desean.

He tenido una experiencia de esto el año pasado. El obispo de una diócesis del sur de Londres convocó, por iniciativa suya, a un retiro carismático abierto también al clero de otras diócesis. Estaban presentes un centenar entre sacerdotes y diáconos permanentes y al final todos  recibieron la efusión del Espíritu, con el apoyo de un grupo de laicos de Renovación que vinieron para la ocasión. Si los frutos del Espíritu son “amor, alegría y paz”, al final estos se podían tocar con las manos, entre los presentes.

No se trata de adherir a uno más bien que a otros movimientos actuales en la Iglesia. No se trata ni siquiera, propiamente hablando de un “movimiento”, sino de una “corriente de gracia” abierta a todos, destinada a perderse en la Iglesia como una descarga eléctrica que se dispersa en la masa, para después desaparecer come realidad independiente,  una vez que se cumplió esta tarea.

Concluimos entonces con las palabras del himno litúrgico recordado en el inicio:

Sea Cristo nuestro alimento,
sea Cristo el agua viva:
en él saboreamos sobrios
la ebriedad del Espíritu.

 


[1] S. Ambrosio, himno “Splendor paternae gloriae”, en Sancti Ambrosii, Opera, 22: Hymni, Inscriptiones, Fragmenta, Milano, Roma 1994, p. 38.

[2] Filone Alejandrino, Legum allegoriae, I, 84 (ed. Claude Mondesert, Paris, u Cerf 1962, p. 88 (methē nefalios).

[3] S. Cirilo de G., Cat. XVII, 18-19 (PG 33, 989).

[4] S. Ambrosio, Comm. al Sal 1, 33.

 

[5] Cfr. Esichio, Carta a Teodulo, in Filocalia, I, Torino 1982, p. 230ss).

[6] S. Juan de la Cruz, La subida del monte Carmelo 5, 7; en Opere, Roma 1979, p. 82)

[7] Macario Egipcio, in Filocalia, 3, Torino 1985, p. 325).

[8] S. Ambrosio, Comm. al Sal 35, 19.

[9] Y. Congar, Actualité de la Pneumatologie, in Credo in Spiritum Sanctum,Libreria Editrice Vaticana, 1983, I, p. 17ss.

[10] K. Rahner, Erfahrung des Geistes. Meditation auf Pfingsten, Herder, Friburgo  i. Br. 1977.

[11] S. Tomas de Aquino, S. Th. I, q. 43, a.6, ad 2

 

 

80 años del Papa Francisco: el amor de la gente, su regalo más grande

Jorge Mario Bergolio y el Padre Pepe Di Paola - AFP

16/12/2016 13:46

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 Son tantos en todo el mundo los gestos de afecto por el Papa Francisco en ocasión de su octogésimo cumpleaños, mañana sábado 17 de diciembre. son tantas las iniciativas espontáneas incluso fuera de la Iglesia Católica. Con particular alegría vive este momento Buenos Aires, y sobre todo los pobres de las Villas Miserias que en Jorge Mario Bergoglio vieron siempre a su pastor.

Junto al entonces arzobispo de Buenos Aires estaba siempre el cura villero, el padre “Pepe” Di Paola, que hablando telefónicamente desde Argentina con nuestro colega, Alessa

 

 

El Papa en “diálogo sincero por la paz en Colombia” con Santos y Uribe

Audiencia del Papa al Presidente y Ex - Presidente de Colombia. - ANSA

16/12/2016 15:49

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 La mañana de este viernes, 16 de diciembre de 2016, el Papa Francisco recibió en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano al Presidente de la República de Colombia, el Sr. Juan Manuel Santos Calderón, que a continuación encontró a Su Eminencia Rev.ma el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, a quien acompañaba su Excelencia Rev.ma el Arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Las conversaciones se llevaron a cabo en un ambiente de gran cordialidad, confirmando las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Colombia. Así mismo, se ha expresado reconocimiento por el apoyo del Papa al proceso de paz, así como la esperanza de que dicha paz sea estable y duradera. En ese sentido, se ha puesto de relieve la importancia del encuentro y de la unidad entre las fuerzas políticas colombianas y del compromiso de las FARC-EP, mientras la Iglesia local podrá continuar ofreciendo su contribución a favor de la reconciliación nacional y de la educación al perdón y a la concordia. También se han abordado algunas cuestiones relacionadas con la actualidad regional.

El Santo Padre se encontró seguidamente con Su Excelencia el senador Álvaro Uribe Vélez, primero en audiencia privada y luego junto con el presidente Santos. El Papa habló de la “cultura del encuentro” y señaló la importancia de un diálogo sincero entre todos los actores de la sociedad colombiana en este momento histórico.

 

 

Boletín de Interactividad: lo más visto en las Redes Sociales de Radio Vaticana

La Radio del Papa también está presente en las Redes Sociales para interactuar con nuestros oyentes. - RV

16/12/2016 17:40

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 Crece la comunidad de oyentes que eligen las Redes Sociales para informarse y escuchar la programación de Radio Vaticana. Por eso, cada viernes elaboramos un resumen con las publicaciones más vistas y compartidas por nuestros seguidores en Facebook y Twitter. En tan sólo cinco minutos, hacemos un «repaso virtual» de lo más destacado de la semana, concerniente a las actividades del Papa Francisco y de la Santa Sede:

Comenzamos con el llamamiento del Papa Francisco, el domingo 11 de diciembre a la hora del Ángelus, invitándonos a optar por una «elección de civismo», que despierte la conciencia ciudadana ante la terrible situación de guerra y violencia que sufren los hermanos de Alepo en Siria, reafirmado con una carta que envió al presidente sirio Assad, en el que reitera una vez más su condena a toda forma de extremismo y violencia.

Posteriormente el Santo Padre bendijo las imágenes del «Niño Jesús» que llevaron los peregrinos a la Plaza de San Pedro, y que adornarán los pesebres familiares en esta Navidad. Las fotografías de este momento de la bendición fueron las más compartidas por nuestros seguidores. Pueden verlas en este enlace.

La tarde del lunes 12 de diciembre tuvo lugar la celebración de la Misa en honor a la Virgen de Guadalupe, presidida por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro. En su homilía el Obispo de Roma se centró en la figura maternal y conciliadora de la Virgen María. Encontrarán el video de la retransmisión de la misa, así como nuestra radio crónica en nuestro canal de Youtube.

Esa misma noche, recibimos la noticia del fallecimiento de Mons. Javier Echevarría, obispo español, segundo sucesor de San Josémaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, a los 84 años de edad. Coincidiendo con la festividad de la Virgen de Guadalupe, confiamos en que nuestra Madre lo acompañe en su «descanso eterno».

Otra de nuestras noticias con mayor difusión: «Impulsar la paz y el desarme, erradicar la pobreza y la trata de personas, restituir dignidad a los excluidos, cuidar la naturaleza», así se lee en el mensaje enviado por el Papa al noveno Foro Global sobre migraciones y desarrollo, que se celebró en Daca, capital de Bangladesh del 10 al 12 de diciembre. 

Y como siempre la catequesis del Papa es la publicación más esperada de la semana. Nuestros perfiles de Facebook y Twitter se llenaron de comentarios y reflexiones sobre las palabras que pronunció en español, el Pontífice en su Audiencia General del 14 de diciembre.

Por la tarde, el Santo Padre envió su pésame al Arzobispo de São Paulo, Brasil, por el fallecimiento del cardenal Paulo Evaristo Arns, Arzobispo Emérito de la misma arquidiócesis, el día miércoles 14 de diciembre a los 95 años de edad.

A continuación, ofrecemos un breve resumen de los titulares más compartidos en las Redes

«El impulso misionero y la sinodalidad se han considerado las dos líneas claves de la reforma de los dicasterios vaticanos», es en síntesis cuanto emerge de la XVII reunión del Papa Francisco con el Consejo de Cardenales(C9), que colaboran en la reforma de la Curia romana y en el gobierno de la Iglesia universal, el jueves 15 de diciembre.

«El asombro ante las obras que Dios realiza: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí», es el tema del Mensaje del Santo Padre para la XXV Jornada Mundial del Enfermo 2017, que se celebrará el próximo 11 de febrero, en la fiesta de la Virgen de Lourdes.

«Vidas valientes. Vidas que dan la vida». Fue el tema del encuentro, que se desarrolló en el encuentro del Papa con los pequeños pacientes del Hospital Niño Jesús, en Roma a quienes recibió en audiencia el jueves 15 de diciembre en el Vaticano. Francisco exhortó a acompañar y cuidar a los niños que sufren con ternura y a no perder la esperanza, que es «la gasolina de la vida cristiana».

El viernes 16 de diciembre el Pontífice asistió a la tercera Predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, cuyo tema fue: «La sobria embriaguez del Espíritu».Y posteriormente recibió en audiencia al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Finalizamos invitándolos a participar de la misa que celebrará el Papa Francisco el sábado 17 de diciembre, coincidiendo con el día de su 80 cumpleaños, junto a los cardenales en la capilla Paulina del Vaticano, a las 8 de la mañana hora local de roma. Pueden seguir en directo la crónica de Radio Vaticana en nuestro canal de Youtube

audios del Papa, así como todas sus misas diarias en la Capilla de Santa Marta en nuestra página Web.

 

 

JOSÉ  (Cuarto Domingo de Adviento)

 

María y José en este cuarto domingo de Adviento son  los grandes protagonistas  del que ya está golpeando  a la puerta para venir  y entrar, el Señor Jesús.

María, la mujer que creyó que para Dios nada hay imposible, está detrás de la fe de San José al que el Señor le pide lo más difícil y complicado que te puede tocar en esta vida cuando amas. Y el Señor le pide la poda y el despojo total.

Primero, el amor sin poseer. José tiene que amar con locura y saber que no le pertenece su esposa, María ni el Niño que ha nacido “por obra y gracia del Espíritu Santo”. José no comprende, como nosotros, pero recorre kilómetros amando sólo en fe y esperanza.  No  pide explicaciones especiales, sólo quiere saber dónde situarse en el misterio en el que Dios le envuelve y confía, en medio de no pocas tribulaciones, dudas y dificultades.

Segundo, el problema de los “Josés” de la historia es cumplir con el papel perfectamente y cuando se cierre el telón saber desaparecer con paz. Es la lógica de las almas grandes, de los gigantes que hacen tanto bien sin notarse. Estar en los momentos claves de la vida y de la historia, como José, y luego de puntillas retirarse en el momento “justo y necesario”.  Esto sólo lo entienden las almas grandes, capaces de vivir en voluntad de Dios. Los que saben que el gran protagonismo de la historia es el Amor de Dios. La profunda humildad del corazón de hacer el bien casi sin notarse.

Por último, José no se retira al sótano de los quemados intensivos, de los instalados en la queja permanente,  sino que busca, desde su propia realidad, amar hasta el extremo. Desde cualquier situación que vivamos podemos ser Adviento, esperanza y como José,  construir desde nuestra pobreza, desde nuestro cansancio.  Sabiendo que cuando nos ponemos en sus manos con una infinita confianza, el Señor nos transforma y nos crecen las  alas, como a San José, de servicio y de entrega aunque nos toque aparentemente la parte más dura de la vida, la de amar desde el anonimato, la sencillez y el, al mismo tiempo, saber desaparecer.

José, en este último domingo de Adviento, es una llamada a vivir la fe de María. Abrirse al Misterio. Contemplar al que llega para saciar  nuestro infinito deseo de Amor.

+Francisco Cerro Chaves.-Obispo de Coria-Cáceres

 

Domingo 4º de Adviento; ciclo A

 

La fe de San José nos ayuda a participar en el misterio de Emanuel, “Dios con nosotros”

“La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1,18-24).

1. El nombre de Jesús significa “Dios ayuda” y también significa “Dios salva”. ¿De qué nos salva? Del pecado, de todo mal… y Jesús nos llega por María y José, el patriarca que aparece hoy junto a María, como un hombre justo (cf. Mt 1,19), con una fidelidad unida a su misión con Jesús y María, que hoy precisamente vemos que descubre en su famosa “duda”. Le vemos padre de Jesús, y de la Iglesia, y especialmente de los sacerdotes. Hoy vamos a contemplar la fe a través de la figura de José, y la noche de Navidad veremos la caridad que Jesús nos trae, el amor de Dios encarnado.

Enviadlo, altos cielos, como rocío, que las nubes lluevan al Justo. Abrase la tierra i germine el Salvador” (Is 45, 8), dice la Antífona de entrada. Y le pedimos al Señor en la oración colecta lo que cada día recitamos en el Angelus: “derrama tu gracia sobre nuestros corazones, para que, así como por el anuncio del ángel hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, seamos llevados por su Pasión y Cruz a la gloria de la Resurrección”. Veremos hoy cómo la fe de San José se manifiesta de una manera especial en el sacrificio, ante la cruz. En Belén la gente dice que no hay lugar para ellos. Hoy también la gente va a lo suyo, no tiene tiempo por Dios, Jesús está buscando lugar en el corazón de los hombres. Explica con ingenuidad el poeta catalán Mossen Cinto Verdaguer que yendo José y la Virgen de camino por ese mundo con el niño Jesús, como eran pobres y el camino era largo, entró en un pueblo a pedir comida, y se llegó a las puertas de una casa buena, golpeteando la puerta con el bastón: “-¿Quien es?” -le dijeron desde dentro. 

–“Unos pobres que vamos de camino”, respondió el patriarca humilde. “¿Nos harían una gracia de caridad, por amor de Dios?” 

-“Dios os ampare”, le dieron como respuesta. 

-“Estos serán pobrecitos como nosotros”, añadió el santo ante la negativa. “Llamemos a esa otra casa que tiene aires de palacio, aquí vivirá gente rica y caritativa que nos llenará el zurrón”... y al llamar dijo: - "¿querríais hacer una limosna a unos pobres peregrinos, por amor de Dios?" 

-"¡Para peregrinos estamos!" -respondió una voz ronca sin abrir la puerta. 

-"Deben de estar enfermos” -dijo San José-, “los ricos también pasan enfermedades y penas". 

Llamó a otra casa importante y le respondieron: "¡Dios os dé!", y en otra ni esto le dijeron, respondiéndole solamente los perros con sus ladrillos poco acogedores. San José, que era un saco de paciencia, al ver una recibida tan mala para su santísima esposa, y para el Niño, la salvación del mundo, se apenó y dos lágrimas amargas le resbalaron por su cara. El niño Jesús tuvo compasión, y sintiendo brotar también sus lágrimas de sus hermosos ojos, dijo a san José: -"llamemos, si te parece, a esa cabañita". Era la más pobre de las casas de aquel pueblo y tan pequeña que ni el santo ni su esposa se habían apercibido de ella; mes, esto sí, todas estaban cerradas a cal y canto como si tuvieran miedo de ladrones, y esa, que no tenía nada que esconder, estaba de puertas abiertas; ni hubieron de llamar sino que entraron y –en un inocente anacronismo el poeta pone en boca de san José la frase popular-: "-¡Ave María purísima!" y de dentro respondieron: "-sin pecado concebida", y vieron que era una familia alegre y pobre, que les invitaban: "pasad, pasad, ¿queréis quedaros a cena con nosotros?" decía la mujer, mientras ponía más platos en la mesa, con unos pequeños panecillos y en medio la sopera... allí estuvieron muy bien acogidos y contentos de estar con aquella humilde familia, y luego se fueron, y después cuando ya estaban alejándose, la Virgen María volviéndose al niño Jesús, le dijo: -"hijo mío, ¿y qué paga les darás por esta obra buena que han hecho?" Dicen que el niño respondió: "-madre mía, la paga la tendrán en el cielo; aquí en la tierra, cruces y más cruces".

Es el misterioso sentido de la cruz que lleva a la gloria, la puerta de la salvación, el signo más y de victoria, que tienen forma de cruz, sacrificio que da fruto… Dios llama a la puerta de nuestra casa de muchas maneras. En lo de cada día y ha algo de divino. En la abundancia o en la pobreza, en la salud o enfermedad es Jesús quien nos busca, y hemos de dejarlo entrar... pues dónde los dedos notan la espina que pincha, la mirada de fe descubre la belleza de la rosa que nos regala, esto es la cruz.

José es "justo", pero no con esa justicia legalista que quiere poner la ley de su parte y repudiar a su mujer, yo pienso que él veía algo grande que no entendía: su mujer embarazada de una criatura, unos planes de los que él no sabía nada… y sin dudar de ella vio que sobraba, que no tenía parte en todo eso… y entonces es cuando interviene el ángel para comunicar a José que Dios le necesita, porque si bien no tiene nada que hacer al nivel del alumbramiento, tiene una misión que cumplir al nivel de su paternidad: “Dios te necesita para hacer que ese Niño entre en el linaje de David y darle un nombre, Dios te necesita para que le hagas de padre". Respeta a Dios en su obra y cumple el papel que Dios le asigna: introducir a Jesús en la estirpe real. La salvación del hombre no depende, por tanto, exclusivamente de una iniciativa soberana de Dios que basta esperar pasivamente. Dios no salva al hombre sin la cooperación y sin la fidelidad del hombre (Maertens-Frisque). La duda de José no fue acerca de la culpabilidad o inocencia de María, sino sobre el papel que él personalmente tenía que jugar en todo aquello. Entonces, conocido su papel en aquel matrimonio, cesa su turbación, desconcierto o duda. San Bernardo, antes de otras explicaciones complejas que han aparecido después, y más bien extrañas a la confidencia entre esposos, hace mil años, bien puede comentar esta explicación, o al menos no la desmiente: "¿Por qué quiso José despedir a María? Escuchad acerca de este punto no mi propio pensamiento, sino el de los Padres; si quiso despedir a María fue en medio del mismo sentimiento que hacía decir a san Pedro, cuando apartaba al Señor lejos de sí: ‘Apártate de mí, que soy pecador’ (Lc 5,8); y al centurión, cuando disuadía al Salvador de ir a su casa: ‘Señor, no soy digno de que entres en mi casa’ (Mt 8,8). También dentro de este pensamiento es como José, considerándose indigno y pecador, se decía a sí mismo que no debía vivir por más tiempo en la familiaridad de una mujer tan perfecta y tan santa, cuya admirable grandeza la sobrepasaba de tal modo y le inspiraba temor. El veía con una especie de estupor, por indicios ciertos, que ella estaba embarazada de la presencia de su Dios, y, como él no podía penetrar este misterio, concibió el proyecto de despedirla. La grandeza del poder de Jesús inspiraba una especie de pavor a Pedro, lo mismo que el pensamiento de su presencia majestuosa desconcertaba al centurión. Del mismo modo José, no siendo más que un simple mortal, se sentía igualmente desconcertado por la novedad de tan gran maravilla y por la profundidad de un misterio semejante; he ahí por qué pensó en dejar secretamente a María. ¿Habéis de extrañaros, cuando es sabido que Isabel no pudo soportar la presencia de la Virgen sin una especie de temor mezclado de respeto? (Lc 1, 43). ‘En efecto, ¿de dónde a mí, exclamó, la dicha de que la madre de mi Señor venga a mí?’". San Jerónimo fue más parco: “José, conociendo la castidad de María y extrañado por lo acaecido, oculta con su silencio aquello cuyo misterio ignora”.

José es el que permanece en segundo plano, oculto, escondido, con su sí permanente es el hombre fiel: de fe a prueba de fuego, dócil a la voz del Señor, aunque sea en sueños, como solía hablarle el ángel. Se acomoda a los planes divinos sin protestar. Es el hombre del santo encogimiento de hombros, que todo le está bien. La decisión de dejar a María era darle libertad, quedaba fuera del riesgo de pública infamia; y él aparecía como causante de la separación. Dios, al ver su docilidad, no le hace sufrir más e interviene en sueños por medio de un ángel. La caricia de Dios da vida otra vez a José, que así se va preparando más y más para su misión.

2. El rey Acaz y el profeta Isaías se hallan frente a frente. Acaz solicita la ayuda a Siria para vencer a sus vecinos enemigos: bajo una falsa religiosidad oculta una absoluta falta de fe en la intervención divina. Isaías le ofrece un signo: el nacimiento de un niño, encarnación de la benevolencia de Dios, de su presencia salvadora -Enmanuel- Dios con nosotros. Cuando, el comenzar nuestra era, una joven doncella llamada María quede embarazada sin concurso de varón y dé a luz un hijo, síntesis de lo humano y lo divino y en cuya vida, muerte y resurrección se den cita cumplidamente todos los anuncios de Isaías en estos capítulos conocidos como al "Libro del Emmanuel" ya nadie podrá negar la proyección mesiánica y salvífica de aquel Emmanuel en pañales de Isaías, cuya madurez nos ha sido revelada en Cristo.

Podemos cantar con el salmista: “Del Señor es la tierra y cuanto la llena / el orbe y todos sus habitantes: / Él la fundó sobre los mares, / Él la afianzó sobre los ríos.” Es un canto a la obra de la creación.  Ahora pasamos al templo de Jerusalén: “¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes y puro corazón”: "manos" y "corazón" evocan la acción y la intención, es decir, todo el ser del hombre, que se ha de orientar radicalmente hacia Dios y su ley. “Ése recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Este es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob”.

3. Vemos en S. Pablo que el Evangelio compromete al hombre entero, es siempre obediencia: “para llevar a la obediencia de la fe". Jesús, hijo de David es también el Hijo de Dios.

Llucià Pou Sabaté

 

"¡Déjale que te exija!"

 

Dios nos quiere infinitamente más de lo que tú mismo te quieres... ¡Déjale, pues, que te exija! (Forja, 813)

El Señor conoce nuestras limitaciones, nuestro personalismo y nuestra ambición: nuestra dificultad para olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos a los demás. Sabe lo que es no encontrar amor, y experimentar que aquellos mismos que dicen que le siguen, lo hacen sólo a medias. Recordad las escenas tremendas, que nos describen los evangelistas, en las que vemos a los Apóstoles llenos aún de aspiraciones temporales y de proyectos sólo humanos. Pero Jesús los ha elegido, los mantiene junto a Él, y les encomienda la misión que había recibido del Padre.

También a nosotros nos llama, y nos pregunta, como a Santiago y a Juan: Potestis bibere calicem, quem ego bibiturus sum? (Mt XX, 22): ¿Estáis dispuestos a beber el cáliz –este cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre– que yo voy a beber? Possumus! (Mt XX, 22); ¡Sí, estamos dispuestos!, es la respuesta de Juan y de Santiago. Vosotros y yo, ¿estamos seriamente dispuestos a cumplir, en todo, la voluntad de nuestro Padre Dios? ¿Hemos dado al Señor nuestro corazón entero, o seguimos apegados a nosotros mismos, a nuestros intereses, a nuestra comodidad, a nuestro amor propio? ¿Hay algo que no responde a nuestra condición de cristianos, y que hace que no queramos purificarnos? Hoy se nos presenta la ocasión de rectificar. (Es Cristo que pasa, 15)

 

Gracias

 

El Episcopado expresó sus condolencias por la muerte del prelado del Opus Dei

 

Viernes 16 Dic 2016 | 12:13 pm

Buenos Aires (AICA): La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) expresó hoy sus condolencias por el fallecimiento de monseñor Javier Echevarría, prelado del Opus Dei. El Episcopado agradeció a Dios “por el regalo de su vida, su entrega fecunda y su ministerio en la misión que el Señor le encomendó”, y pidió que “san Josemaría interceda para que pronto les conceda un nuevo pastor de acuerdo al corazón de su Hijo”.

En una carta enviada al vicario general del Opus Dei, monseñor Mariano Fazio, la Conferencia Episcopal Argentina expresó hoy sus condolencias por el fallecimiento de monseñor Javier Echevarría, prelado del Opus Dei.

“Nos unimos a las oraciones de los miembros de la Obra para que el Señor conceda el eterno descanso a monseñor Echevarría y en su corazón misericordioso lo reciba en la Casa del Padre”, dice el documento.

Además, los obispos argentinos agradecieron a Dios “por el regalo de su vida, su entrega fecunda y su ministerio en la misión que el Señor le encomendó”, y solicitaron al vicario general del Opus Dei “que pueda hacer extensivo este saludo a todos los miembros de la Obra y que san Josemaría interceda para que pronto les conceda un nuevo pastor de acuerdo al corazón de su Hijo”.

La carta está firmada por el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, y por el secretario general de la CEA y obispo de Chascomús, Carlos Humberto Malfa, en nombre de todo el Episcopado argentino.

Misas en la Argentina
Tras el fallecimiento del obispo y prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, ocurrido el 12 de diciembre, se celebraron diversas misas en la Argentina.

Con la numerosa participación de miembros del Opus Dei, en la tarde del jueves 15 de diciembre, se celebró una Eucaristía por el difunto en la catedral metropolitana de Buenos Aires. La misa fue presidida por el presbítero Víctor Urrestarazu, vicario regional del Opus Dei para la Argentina, Paraguay y Bolivia.

También, ese mismo día, a las 20, se celebró otra misa en sufragio por el alma de monseñor Echeverría en la catedral de Mar del Plata.

 

 

Razón de nuestra esperanza

El reto peculiar de la etapa histórica que vivimos consiste –en gran medida– en lograr comunicar la novedad de Cristo a quienes consideran que se trata de una figura de algún modo superada. Artículo del profesor Lluís Clavell.

Otros 19 de Abril de 2016

Opus Dei - Razón de nuestra esperanza

A lo largo de su extraordinario pontificado, Juan Pablo II convocó a todos los cristianos a la tarea de evangelizar aquellos países y ambientes que, a causa de un largo proceso de secularización, ya no conocen a Cristo.

Muchos apenas han oído hablar de Jesús y, a la vez, se sienten insatisfechos ante las propuestas terrenas más difundidas en la opinión pública; otros han escuchado o leído algo sobre su Persona, pero en realidad la conocen superficialmente o poseen una imagen deformada.

El reto peculiar de la etapa histórica que vivimos consiste –en gran medida– en lograr comunicar la novedad de Cristo a quienes consideran que se trata de una figura de algún modo superada.

Benedicto XVI ha querido asumir plenamente esta misión: en sus homilías, discursos, escritos, se advierte cómo busca modos de ponernos en contacto con el verdadero Cristo y de suscitar la amistad con Él.

Muchos, creyentes y no creyentes, corresponden a este empeño, como se aprecia en la creciente atención que se presta a las palabras del Papa y en el notable aumento de las personas que acuden a la plaza de San Pedro para oírle. También las colas constantes para rezar ante la tumba de Juan Pablo II son una prueba de la reacción positiva de la gente a la llamada de la nueva evangelización, y de la indeleble necesidad que el corazón humano tiene de Dios.

Facilitar el encuentro con Jesucristo

En Pentecostés, el Espíritu de Verdad se presentó en forma de lenguas de fuego sobre María y los discípulos. Los Apóstoles hablaron con palabras que los millares de peregrinos presentes en Jerusalén esos días comprendieron en su propio idioma. Hoy, como entonces, el Consolador nos impulsa a emplear unas argumentaciones y un lenguaje que se ajusten a cada ambiente y a cada persona. La situación cultural, política y mediática plantea la exigencia de encontrar razones convincentes para los diferentes contextos sociales, de elaborar ideas que atraigan, y de ofrecer soluciones positivas a las dificultades.

Se trata de dar motivaciones sólidas y comprensibles, de modo sereno, respetuoso y amable, como recomienda la primera carta de San Pedro: glorificad a Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; pero con mansedumbre y respeto[1].

Ahora, como en los primeros pasos de la Iglesia, sólo un mejor conocimiento del rostro amable de Jesucristo y una amistad más profunda con Él nos permitirán sorprender a nuestros contemporáneos con una noticia esperanzadora y alegre: la que supone descubrir al Señor como el único capaz de llenar con creces los dolorosos vacíos de sentido en los que tantas veces se angustian.

"Sólo un mejor conocimiento del rostro amable de Jesucristo y una amistad más profunda con Él nos permitirán sorprender a nuestros contemporáneos con una noticia esperanzadora y alegre".

Benedicto XVI insiste en la necesidad de fortalecer la razón, y en la importancia que ha tenido, ya en sus orígenes, el encuentro del cristianismo con la tradición filosófica helénica. Su primera encíclica, Deus caritas est, es un ejemplo de su voluntad de reconciliar razón y fe en el núcleo mismo del cristianismo, el amor divino: «la naturaleza específica de la fe es la relación con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón.

Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio»[2].

La fe se presenta como amiga de la razón, como una iluminación trascendente, como una luz más potente que se infunde en nuestra inteligencia humana; pero Benedicto XVI reivindica también el papel que la razón puede desempeñar como instancia crítica de la religión misma.

La razón, abierta a la trascendencia, a la búsqueda de la verdad, proporciona –desde la perspectiva cristiana– una base para el diálogo con otras creencias; más aún, es un recurso fundamental para que la religión no degenere en superstición. De este modo, se puede decir que la razón pertenece al núcleo de la tarea del teólogo, y también a la existencia teologal cristiana, en la medida en que –como recordaba el Papa, citando a Manuel II Paleólogo– «no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios»[3]

A la luz de la Revelación cristiana, que enseña cómo en el principio era el Logos [4], la razón amplía su uso: no se cierra en las realidades sensibles, sino que su apertura a la verdad alcanza de algún modo los interrogantes fundamentales del hombre, y es capaz de purificar la forma en la que se vive la fe [5]. La fe y la razón «son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación

de la verdad»[6].

Ampliar el horizonte de la razón, una tarea universitaria

Al abordar las relaciones entre la razón y la fe, el cristiano debe contar con la diversidad de las ciencias. Actualmente, la especialización es una característica patente en la organización de las ciencias; gracias a ella, además, el progreso científico ha recibido en el último siglo un notable empuje.

En bastantes ocasiones, sin embargo, es probable que el científico sea llevado por su mismo trabajo a plantearse cuestiones que nunca podrá resolver con su propio método de conocimiento; esta carencia muestra la necesidad de estimular la colaboración entre los expertos de las distintas ramas del saber, para aunar enfoques y llegar así a una síntesis novedosa.

La búsqueda de una nueva armonía entre fe y razón es una tarea especialmente propia de la Universidad. Ésta se debería convertir en «un gran laboratorio en el que, según las diversas disciplinas, se elaboran itinerarios siempre nuevos de investigación en una confrontación estimulante entre fe y razón (...). ¿No es una aventura que entusiasma? Sí, lo es porque, moviéndose dentro de este horizonte de sentido, se descubre la unidad intrínseca que existe entre las diversas ramas del saber: la teología, la filosofía, la medicina, la economía, cada disciplina, incluidas las tecnologías más especializadas, porque todo está unido» [7].

En la Universidad, se condensa la universalidad de los conocimientos humanos y se manifiesta la dependencia entre el crecimiento de la persona humana y el plan creador divino: la investigación –como cualquier otro trabajo honesto– enriquece nuestro habitar el mundo, al tiempo que propone a cada generación un compromiso con el futuro.

Para realizar esta gran aventura de síntesis cultural, Benedicto XVI sugiere un camino: «la razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método.

Ahora bien, la pregunta sobre el porqué existe este dato de hecho, la deben plantear las ciencias naturales a otros ámbitos más amplios y altos del pensamiento, como son la filosofía y la teología» [8]. Los que cultivan las ciencias particulares han de abrirse, por lo tanto, a un ámbito superior capaz de iluminar una multiplicidad de resultados, en donde sea posible percibir una comprensión que dé unidad a esos conocimientos: el mundo alcanza su significado en la capacidad unificadora de la inteligencia, pero ésta ha de desplegarse a un más allá trascendente, que confiera su sentido último a la existencia.

"La razón, abierta a la trascendencia, a la búsqueda de la verdad, proporciona una base para el diálogo con otras creencias; más aún, es un recurso fundamental para que la religión no degenere en superstición".

Por otra parte, la apertura universal de la razón afecta también a los teólogos y a los filósofos, que no pueden aislarse y prescindir de las otras ciencias. La filosofía –de modo particular la metafísica– utiliza conocimientos de las demás disciplinas y examina sus presupuestos, tratando de aclararlos y justificarlos. Es un saber adecuado a las cuestiones de principios, pero de ningún modo hace superfluas las demás ciencias [9].

Además, la apertura de la razón reclama que filosofía y teología reflexionen sobre otras dimensiones de la existencia humana, como son las grandes experiencias religiosas. «En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la gran tarea de la universidad» [10].

Una síntesis personal, fruto de la unidad de vida

Las relaciones entre fe y razón no se manifiestan sólo en el ámbito universitario: podemos considerar las enseñanzas de Juan Pablo II y Benedicto XVI como llamamientos de la Providencia a expresar mejor la armonía entre la fe y la razón.

Responder a esta llamada obliga a cuidar la propia formación y a considerar cómo la fe ilumina la inteligencia en nuestro existir diario; supone poner medios para que nuestra razón sea católica.

En palabras de San Josemaría, una mente auténticamente cristiana debería poseer amplitud de horizontes, y una profundización enérgica, en lo permanentemente vivo de la ortodoxia católica; –afán recto y sano –nunca frivolidad– de renovar las doctrinas típicas del pensamiento tradicional, en la filosofía y en la interpretación de la historia...; –una cuidadosa atención a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento contemporáneos; –y una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida[11].

Como no todas las personas tenemos las mismas oportunidades, ni capacidades, ni intereses para profundizar en la formación cultural, las anteriores palabras se concretarán en cada caso de modo diverso; pero en todos han de suponer un acicate para considerar los medios que ponemos en la tarea de comprender mejor los problemas de nuestro tiempo y ser más incisivos en las propuestas que aportamos.

La familiaridad con la dimensión racional de la fe es una parte fundamental de la formación teológica de todo cristiano, y ciertamente un factor importante del don de lenguas que San Josemaría pedía para el apóstol moderno [12].

Las lecturas de calidad ayudan en muchos aspectos: añaden razonamientos, informaciones, cuidado del lenguaje, educación de los sentimientos y afectos... La lectura puede ser un medio muy apropiado para ampliar los propios horizontes formativos. Sin duda, la lectura sosegada estimula la formulación de nuevos proyectos y permite enjuiciar mejor las informaciones –en ocasiones, fragmentarias– que se reciben desde los medios de comunicación; pero, con relativa frecuencia, algunos estilos de vida dificultan que el lector se acerque a obras literarias o de pensamiento que le podrían enriquecer: la intensidad del trabajo induce a muchas personas a buscar un descanso pasivo, como el que proporcionan la televisión o las novelas de pura evasión.

Pensando en las nuevas generaciones, es útil recordar que la cultura personal y colectiva depende mucho del ambiente en el que uno se ha formado. Por eso, para rehabilitar la razón y ejercitarla en armonía con la fe, es decisivo que la educación que se recibe en la familia o en el colegio ayude a apreciar, ya desde la infancia, la belleza del bien, de los comportamientos virtuosos y de las obras íntegramente acabadas. De los padres, profesores, tutores y amigos depende que los jóvenes se aficionen pronto a la lectura y ejerciten cada vez más esa participación en el Logos divino que es la inteligencia.

Otro ingrediente de la mentalidad universal es la actitud positiva y abierta frente a las corrientes de pensamiento. Para poder desvelar a los hombres que Cristo es la respuesta a sus inquietudes, es necesario mostrar que nos hacemos cargo de los problemas y de las soluciones que nos propone el interlocutor, por equivocadas que nos puedan parecer.

Un ánimo auténticamente católico y universal sabe analizar y exponer la posición del otro, incluso cuando sea contraria a la personal, con respeto, sin ridiculizarla, tomándola en serio, con todo el atractivo que pueda tener.

Examinar con calma los argumentos contrarios ayuda a hacerse preguntas, estimula a madurar las propias ideas, a pensar seriamente: es un modo de razonar utilizado frecuentemente por el Papa Benedicto XVI. Omitir este primer paso puede llevar a los oyentes a aceptar algo sin interiorizarlo, o a que consideren –quizá con razón– que la respuesta no responde al problema planteado: el argumento de autoridad tiene una vigencia limitada y, de hecho, en la mayor parte de los temas no es suficiente; por el contrario, penetrar en las razones del otro permite poner de relieve los límites de esas ideas, por muy generalizadas que estén, en el momento oportuno y con objeciones motivadas.

Sin un verdadero interés desinteresado –es decir, amoroso– por el otro, no llegaremos nunca a comprenderlo a fondo, como es: sólo el amor entiende de lo concreto.

La armonía entre la razón y la fe en la vida pública

El uso de la razón en su función argumentativa y retórica ayuda a perder el miedo a hablar de Dios en el mundo profesional y público, a no limitar la labor apostólica al ambiente privado, familiar y amistoso.

La cultura actual exige que los cristianos participen en los debates públicos sobre temas de interés general, y que lo hagan manifestando su unidad de vida. De este modo se potenciará un debate auténticamente sereno y razonado, con un lenguaje cuidado que contribuirá a la convivencia pacífica.

Hoy, en algunos lugares, se pretende poner como base del diálogo político un cierto relativismo, que ignora cualquier concepción trascendente del hombre. Frecuentemente, se presenta relacionado con la tolerancia, como queriendo afirmar que creer en Dios incapacita para comprender los problemas y necesidades de quienes no tienen fe; o incluso que el creyente, a la hora de dialogar, pretende imponer –aunque no sea consciente de ello– unas convicciones que son puramente subjetivas.

Sin embargo, el relativismo no es una condición para el progreso, ni el resultado de un mayor respeto a la libertad; basta considerar la historia para ver la aportación decisiva del cristianismo en el descubrimiento de la dignidad humana, de la confianza en la razón y en los valores de la libre convivencia.

La fe no ha perdido ninguna de sus virtualidades: por eso, frente a las dificultades de un ambiente que relega lo religioso a lo privado, el cristiano no puede dejarse llevar por el desánimo o por la tentación de ocultar sus creencias. Esto sería una manifestación de tibieza, de comodidad y, en definitiva, de no haber captado la profunda relación entre razón y fe.

El diálogo político requiere aunar esfuerzos para construir el bien común; solicita de cada persona su iniciativa, sus propuestas, sus soluciones a los problemas sociales. En este sentido, la doctrina social de la Iglesia propone «un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia; un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, fundado sobre la dignidad y libertad de la persona» [13]. Quien no hiciera oír su voz ante el relativismo imperante no sólo renunciaría a esa concepción cristiana del hombre, sino que abdicaría de su propia intimidad, de tal modo que privaría a los demás de su personal aportación al bien común.

Ciertamente, la Iglesia no pretende imponer su fe a quienes no la tienen; pero la verdad de su concepción del hombre pueden reconocerla, al menos en parte, los no creyentes. Una de sus contribuciones a la vida civil y política consiste en ofrecer argumentos racionales: «no hay que olvidar que, cuando las Iglesias o las comunidades eclesiales intervienen en el debate público, expresando reservas o recordando ciertos principios, eso no constituye una forma de intolerancia o una interferencia, puesto que esas intervenciones sólo están destinadas a iluminar las conciencias, permitiéndoles actuar libre y responsablemente de acuerdo con las verdaderas exigencias de justicia» [14].

En la mayoría de las ocasiones no serán las instituciones oficiales de la Iglesia las que intervengan en la discusión pública, sino que corresponderá a los fieles laicos tomar las decisiones concretas de orden teórico o practico –por ejemplo, en relación a las diversas opiniones filosóficas, de ciencia económica o de política, a las corrientes artísticas y culturales, a los problemas de su vida profesional o social, etc.– que cada uno juzgue en conciencia más convenientes y más de acuerdo con sus personales convicciones y aptitudes humanas[15].

"Es decisivo que la educación que se recibe en la familia o en el colegio ayude a apreciar, ya desde la infancia, la belleza del bien, de los comportamientos virtuosos y de las obras íntegramente acabadas".

Cada uno debe considerar responsablemente, en la presencia de Dios, cómo puede colaborar en la implantación de un orden social que sea más justo, que exprese mejor la dignidad humana.

Aunque los políticos poseen un compromiso más directo con la edificación del bien común, no es una tarea reservada sólo a ellos. Todos los cristianos están llamados a cooperar con el desarrollo social en sus propias circunstancias: dando ejemplo de justicia en las relaciones profesionales; colaborando en iniciativas culturales o de solidaridad, o en los medios de comunicación; tal vez quepa intervenir en asociaciones profesionales, o participar en una conferencia...

Las posibilidades son múltiples, y a cada uno corresponde reconocer cuándo se le presentan. Pero, en definitiva, también en el terreno de la opinión, aunque no haya reglas universales, convendrá mostrar en muchos casos –de un modo adecuado, pensando en el público al que nos dirigimos– que sin Jesucristo falta la perspectiva para comprender el verdadero calado de muchas situaciones; que toda cuestión puede encontrar respuesta desde una perspectiva cristiana, aunque a veces no sea fácil formularla.

En esta nueva evangelización, el cristiano hace fecundo el don que Dios le ha dado con el Bautismo. Se sabe participe de la misión real, profética y sacerdotal de Cristo, y confía en Él para que ponga el incremento a su labor.

El creyente, enviado a la viña por Quien mejor la conoce, escucha con nueva fuerza las palabras de Juan Pablo II: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas tanto económicos como políticos, los dilatados campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. ¡Solo Él lo sabe!» [16].

Lluís Clavell

[1] 1 Pe 3, 15-16.

[2] Benedicto XVI, Litt. enc. Deus caritas est, n. 28.

[3] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006

[4] Cfr. Jn 1, 1

[5] Cfr. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[6] Juan Pablo II, Litt. enc. Fides et Ratio, preámbulo.

[7] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad Católica del Sacro Cuore, Roma, 25-XI-2005.

[8] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[9] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Super Boetium De Trinitate , III, q. 5, a. 1 ad 6.

[10] Benedicto XVI, Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

[11] San Josemaría, Surco, n. 428.

[12] Cfr. Ibid., nn.430, 899.

[13] Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 19.

[14] Benedicto XVI, Discurso, 30-III-2006.

[15] San Josemaría, Conversaciones, n. 12.

[16] Juan Pablo II, Homilía al inicio del ministerio de Supremo Pastor de la Iglesia, 22-X-1978. Citado en Exhort. apost. Christifideles laici, n. 34.

 

 

Cristianismo como Adviento

Carlos Javier Alonso

La Iglesia celebra esta semana el adviento, y nosotros con ella. Si reflexionamos sobre lo que aprendimos en nuestra infancia acerca del adviento y su sentido, recordaremos que se nos dijo que la corona de adviento, con sus luces, es un recuerdo de los miles de años (quizás miles de siglos) de la historia de la humanidad antes de Jesucristo. Nos recuerda a todos aquella época en que una humanidad irredenta esperaba la salvación. Nos trae a la memoria las tinieblas de una historia todavía no redimida, en la que las luces de la esperanza sólo se encendían lentamente hasta que, al fin, vino Cristo, luz del mundo, y lo libró de las tinieblas de la condenación. Aprendimos también que estos miles de años antes de Cristo eran un tiempo de condenación, a causa del pecado original, mientras que los siglos posteriores al nacimiento del Señor son «anni salutis reparatae», años de la salvación restablecida. Recordaremos, finalmente, que se nos dijo que en adviento la Iglesia, además de pensar en el pasado, en el período de condenación y de espera de la humanidad, se fija también en la multitud de los que aún no han sido bautizados, para los que todavía sigue siendo adviento, porque esperan y viven en las tinieblas de la falta de salvación.

Si reflexionamos como hombres de nuestro siglo, y con las experiencias del mismo, sobre las ideas aprendidas de niños, veremos que apenas si podemos aceptarlas. La idea de que los años posteriores a Cristo, comparados con los precedentes, son de salvación nos parecerá una cruel ironía si recordamos fechas como 1914, 1918, 1933, 1939, 1945; fechas que indican los períodos de guerras mundiales, en las que millones de hombres perdieron sus vidas, a menudo en circunstancias espantosas; fechas que reviven el recuerdo de atrocidades en las que la humanidad no se vio nunca anteriormente. Una fecha (1933), que nos recuerda el comienzo de un régimen que alcanzó la perfección más cruel en la práctica del asesinato en masa; y, finalmente, brota la memoria de aquel año en el que la primera bomba atómica explotó sobre una ciudad habitada, ocultando en su deslumbrante resplandor una nueva posibilidad de tinieblas para el mundo.

Si pensamos en estas cosas, no nos resultará fácil dividir la historia en un período de salvación y otro de condenación. Y si, ampliando aún más nuestra visión, contemplamos la obra de destrucción y desgracia llevada a cabo, en nuestro siglo y en los anteriores, por los cristianos (es decir por los que nos llamamos hombres «salvos»), no seremos capaces de dividir los pueblos en salvados y condenados. Si somos sinceros, no volveremos a construir una teoría que distribuya la historia y los mapas en zonas de salvación y zonas de condenación. Más bien, nos aparecerá toda la historia como una masa gris, en la que siempre es posible vislumbrar los resplandores de una bondad que no ha desaparecido por completo, en la que siempre se encuentran en los hombres anhelos de hacer el bien, pero en la que también siempre se producen fracasos que conducen a las atrocidades del mal. En esta reflexión queda claro que el adviento no es (como quizá pudo decirse antiguamente) un santo entretenimiento de la liturgia que, por así decir, nos presenta el pasado y nos muestra lo que entonces ocurrió, para que podamos gozar con mayor alegría y felicidad la salvación de nuestros días. Tras las ideas anteriores, tendremos que reconocer que el adviento no es un puro recuerdo y distracción sobre el pasado, sino que el adviento es nuestro presente, nuestra realidad: la Iglesia no juega; nos muestra la realidad de nuestra existencia cristiana. Con este período del año litúrgico despierta nuestras conciencias, forzándonos a reconocer la falta de salvación no como un hecho que se dio alguna vez en el mundo, y que todavía se da en algún sitio, sino como un hecho situado en medio de nosotros y de la Iglesia.

Me parece que en esto corremos un cierto peligro: querer ocultarnos la realidad. Vivimos, por así decir, con los ojos cerrados, porque tememos que nuestra fe no pueda soportar la luz plena y deslumbradora de los hechos. Nos encerramos en nosotros mismos y procuramos no pensar en ellos para no derrumbarnos. Pero una fe que se oculta la mitad, o más, de los hechos, es en el fondo una forma de negación de la fe o al menos una forma muy profunda de credulidad mezquina, que teme que la fe no pueda competir con la realidad. No se atreve a aceptar que ella es la fuerza que vence al mundo.

Por el contrario, creer verdaderamente significa contemplar la realidad con corazón valiente y abierto, aunque esto vaya contra la imagen que a veces nos hemos hecho de la fe. Algo típico de la existencia cristiana es que nos abrevamos a hablar con Dios desde el abismo de nuestras tinieblas y tentaciones, igual que Job. Es esencial que no pensemos ofrecer a Dios solamente una mitad de nuestro ser (la parte buena), reservando el resto por temor a enojarlo. No; precisamente ante él podemos y debemos colocar, sin ambages, toda la carga de nuestra existencia. Olvidamos demasiado que en el libro de Job, transmitido por la sagrada Escritura, Dios proclama, al final, que Job es justo, aunque le ha dirigido los más duros reproches; mientras que sus amigos son falsos oradores, a pesar de haber defendido a Dios, y haber buscado a todo una solución bonita y una respuesta.

Comenzar el adviento no significa otra cosa que hablar con Dios igual que Job. Significa ver con valentía toda la realidad, el peso de nuestra existencia cristiana, y presentarla ante el rostro justiciero y salvador de Dios, aunque no podamos dar ninguna respuesta —como Job—, sino que tengamos que dejársela a Dios, manifestándole qué faltos de palabras nos encontramos en nuestra oscuridad.

La promesa incumplida

Intentemos, pues, reflexionar ahora en la presencia de Dios sobre esta plena realidad del adviento, que no es un juego, sino la esencia de nuestra vida cristina. Tomo dos imágenes y pensamientos de la sagrada Escritura, que muestran patentemente la forma en que nos afectan a los hombres de hoy los problemas del adviento y la manera de experimentar su realidad; pero no lo hago para efectuar un análisis profano, sino intentando entablar un diálogo con Dios.

En el profeta Isaías (c. 11) se encuentra la visión del tiempo mesiánico, cuando haya llegado el retoño de David, el salvador. Sobre este período se dice:

Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los pastoreará. La vaca pacerá con la osa, y las crías de ambas se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto al agujero del áspid, y el recién destetado meterá la mano en la caverna del basilisco. No habrá ya más daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento del Señor, como llenan las aguas el mar (Is 11, 6-9).

Se describe la época del mesías como un nuevo paraíso. Es verdad que muchas de estas cosas son simple imagen. Pues el que los osos y corderos, los leones y las vacas vivan tranquilamente juntos es, naturalmente, una visión imaginaria que desea expresar algo más profundo. No esperamos que se produzca esto en nuestro mundo. Pero el texto cala mucho más hondo; esta imagen habla de la paz, que será la señal de los hombres salvados. Dice que los hombres redimidos son hombres de paz; que no actúan ya con malicia, malvadamente, porque la tierra está llena del conocimiento de Dios, que la cubre como un mar. Los hombres salvos —dice el texto— viven de la cercanía y de la realidad de Dios, de forma que son plenamente pacíficos.

Pero, ¿qué ha sucedido de esta visión en la Iglesia, entre nosotros que nos llamamos «salvados»? Todos sabemos que no se ha cumplido, que el mundo ha sido, y sigue siendo más que nunca, un mundo de lucha, de inquietud, un mundo que vive de la guerra de unos contra otros, un mundo marcado con la ley de la maldad, de la enemistad y del egoísmo; un mundo que no está cubierto por el conocimiento de Dios —como la tierra por las aguas—, sino que vive alejado de él, en medio de tinieblas.

Esto nos conduce a un segundo pensamiento, que se impone cuando leemos la profecía de la nueva alianza en Jeremías:

Esta será la alianza que yo haré con la casa de Israel en aquellos días, palabra de Yavé. Yo pondré mi ley en ellos y la escribiré en su corazón… (Jer 31, 33). E Isaías dice lo mismo con más claridad: Todos tus hijos serán adoctrinados por Yavé (Is 54, 13).

En el Nuevo Testamento, el mismo Señor cita este texto (Jn 6, 45), indicando que en el tiempo de la nueva alianza ya no es necesario que unos hombres hablen a otros de Dios, porque todos están llenos de su presencia. En los Hechos de los apóstoles se vuelve a insistir en esta idea; en el discurso de pentecostés recuerda san Pedro una profecía semejante del profeta Joel, y dice que ahora se ha cumplido esta palabra:

 

Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres, y profetizarán vuestros hijos e hijas (Hech 2, 17; Joel 3, 1-5).

Una vez más hemos de reconocer lo lejos que nos encontramos de un mundo en el que no es necesario ser instruido sobre Dios, porque él está presente en nosotros mismos. Se ha afirmado que nuestro siglo se caracteriza por un fenómeno totalmente nuevo: por la incapacidad del hombre para relacionarse con Dios. El desarrollo social y espiritual ha provocado la aparición de un tipo de hombre que juzga inválidos todos los puntos de partida para conocer a Dios. Sea esto verdad o no, hemos de conceder que la lejanía de Dios, la oscuridad y problemática sobre él, son hoy más intensas que nunca; incluso nosotros, que nos esforzamos por ser creyentes, tenemos con frecuencia la sensación de que la realidad de Dios se nos ha escapado de las manos. No nos preguntamos a menudo: ¿sigue él sumergido en el inmenso silencio de este mundo? ¿No tenemos a veces la impresión de que, después de mucho reflexionar, sólo nos quedan palabras, mientras la realidad de Dios se encuentra más lejana que nunca?

Demos un nuevo paso. Creo que la auténtica tentación del cristiano de hoy no consiste en el problema teórico de si Dios existe, o si es trino y uno; tampoco en si Cristo es, simultáneamente, Dios y hombre. Lo que hoy nos angustia y nos tienta es, más bien, el hecho de la inoperabilidad del cristianismo: tras dos mil años de historia cristiana no vemos que se haya producido una nueva realidad en el mundo; éste sigueinmerso en los mismos temores, dudas y esperanzas que antes. También en nuestra existencia individual advertimos la debilidad de la realidad cristiana en comparación con todas las otras fuerzas que nos agobian. Y si, después de vivir cristianamente en medio de todos los esfuerzos y tentaciones, sacamos el resultado final, nos invadirá de nuevo el sentimiento de que la realidad se nos ha escapado, de que la hemos perdido, y sólo nos queda un último recurso a la débil lucecilla de nuestra buena voluntad. Entonces, en estos momentos de desánimo, cuando recorremos retrospectivamente nuestro camino, brota la pregunta: ¿para qué todo este conjunto del dogma, del culto y de la Iglesia, si al final volvemos a encontrarnos sumergidos en nuestra propia miseria? Esto nos hace volver al problema del mensaje del Señor: ¿qué es lo que él ha anunciado en realidad, y qué ha traído a los hombres? Recordaremos que, según la narración de san Marcos, todo el mensaje de Cristo se compendia en estas palabras:

Se ha cumplido el tiempo, y el reino de Dios está cercano: arrepentíos y creed en el evangelio (Mc 1. 15).

«Se ha cumplido el tiempo, el reino de Dios ha llegado». Tras estas palabras se encuentra toda la historia de Israel, ese pequeño pueblo que fue juguete de las potencias mundiales, y que probó sucesivamente todas las formas de gobierno existentes; hasta que, al fin, al ver que éstas no le traían la salvación, se dio cuenta de su fracaso. Aprendió muy bien que, cuando gobiernan los hombres, las cosas ocurren muy humanamente, es decir con muchas miserias e irresoluciones. En esta experiencia de una historia llena de desengaño, de servidumbre, de injusticia, Israel anheló cada vez más fuertemente un reino que no fuese de los hombres, sino de Dios; un reino de Dios en el que reinaría el verdadero Señor del mundo y de la historia. Gobernaría él, que es la misma verdad y justicia, para que, por fin, las únicas fuerzas dominantes en el hombre fuesen la salvación y el derecho. El Señor responde a esta espera represada a través de los siglos cuando dice: ha llegado el tiempo, ha llegado el reino de Dios. No es difícil imaginar la esperanza que producirían estas palabras. Pero también es muy comprensible nuestro desencanto cuando contemplamos lo que ha sucedido.

La teología cristiana, que se encontró pronto con esta discrepancia entre espera y cumplimiento, hizo del reino de Dios un reino celeste, situado en el más allá; la salvación del hombre la convirtió en salvación del alma, que también se realiza en el más allá, después de la muerte. Pero con esto no da ninguna respuesta. Porque lo grandioso del mensaje consiste en que el Señor no habla solamente del más allá y del alma, sino que llama a todo el hombre en su corporalidad y en cuanto incluido en la historia y la sociedad; lo grandioso consiste en que promete su reino a unos hombres que viven corporalmente con otros hombres. Cuanto más bello es este conocimiento redescubierto por la investigación bíblica en nuestro siglo (que Cristo no sólo miraba al más allá, sino que se refería al hombre concreto), tanto mayor puede ser nuestro desengaño y desánimo cuando contemplamos la historia real que no es verdaderamente un reino de Dios.

Podemos ampliar estas ideas si nos fijamos en el mensaje moral de Jesús, en esas palabras del sermón del monte, que contraponen a la casuística de los fariseos un simple llamamiento al bien:

Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio; el que le dijere «tonto» será reo ante el sanedrín y el que le dijere «loco» será reo de la gehenna del fuego (Mt 5, 21 s).

Cuando escuchamos estas palabras nos encanta la sencillez con que se destruyen las distinciones morales de la casuística, con que se prescinde de una teología moral que pretende capacitar al hombre para engañar a Dios con artimañas y procurarse la salvación. Nos entusiasma la sencillez con que no exige un precepto particular sino un «sí» incondicionado al bien. Pero cuando reflexionamos más de cerca sobre las palabras «el que dice a su hermano “tonto” será reo del infierno», nos resulta un juicio terrible, y la casuística de los fariseos casi llega a parecernos una forma de compasión, ya que al menos intenta conciliar el precepto con la debilidad humana.

Podemos aún reflexionar sobre lo que dijo Cristo a los dignatarios del Antiguo Testamento y a sus discípulos: cómo exigió que ya no hubiese más títulos, ya que todos son hermanos al vivir del mismo Padre (Mt 23, 1-12). ¡Con qué frecuencia hemos conciliado estas palabras, en la teoría y en la práctica, con las realidades que experimentamos en la Iglesia, con todos los rangos y distintivos, con todo el fausto cortesano! Pero hay cosas más profundas que estos problemas externos que, si bien no debemos infravalorar, tampoco debemos exagerar. Nos vemos forzados a preguntar: ¿no se ha desmoronado el ministerio neotestamentario en su misma esencia? San Agustín tuvo que decir a sus fieles que las duras palabras del Señor contra los servidores del Antiguo Testamento servían también para los servidores de la Iglesia:

En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan pesadas cargas sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas (Mt 23, 24).

¿Estamos salvados?

Pasemos ahora de la Escritura a la teología y veamos cómo ha explicado la salvación. Advertimos que ha seguido dos caminos, el de la teología occidental y el de la oriental. La teología occidental ha construido un sistema propio; dice que Dios fue infinitamente injuriado por el pecado, de forma que era necesaria una reparación infinita. Esta reparación infinita, que no podía ofrecerla ningún hombre, la llevó a cabo Cristo, el Hombre-Dios. El individuo particular recibe este beneficio a través de la fe y del bautismo, de manera que se le perdona la culpa general e indeleble que precede a cualquier otro pecado particular. Pero en este nuevo ámbito en que se encuentra debe andar con mucho cuidado. Cuando entra en la arena de la vida cristiana tiene la impresión de no haber sido salvado, como si en este sistema de gracia se hubiese quedado en un lugar inaccesible, teniendo el hombre que actuar y merecer sin su auxilio. De este modo, el sistema salva realmente la idea de la redención, pero ésta no actúa en la vida sino que permanece en algún sitio oculto, en un ámbito inabarcable de injuria y bondad infinitas, mientras nuestra existencia se desarrolla en las mismas tentaciones y dificultades, como si toda esta construcción no existiese.

La teología oriental ha explicado la salvación como una victoria conseguida por Cristo sobre el pecado, la muerte y el demonio. Estas potencias han sido vencidas por el Señor de una vez para siempre, y así el mundo está salvado Pero insistamos: cuando contemplamos la realidad de nuestras vidas, ¿quién se atreve a afirmar que estas fuerzas del pecado han sido derrotadas? Por nuestra propia existencia, llena de tentaciones, sabemos muy bien el poder inmenso que conservan. Y, ¿quién puede decir seriamente que la muerte ha sido vencida? Quizás nos enfrentamos aquí con el aspecto más humano de la no-salvación del hombre: en todas nuestras enfermedades, debilidades, soledades y necesidades seguimos sometidos al poder de la muerte y de su incesante presencia.

El Dios oculto

Es adviento. Y cuando reflexionamos en todas estas cosas que teníamos que decir —como Job hablando con Dios— experimentamos con plena evidencia que realmente todavía hoy sigue siendo adviento para nosotros. Pienso que debemos aceptar esto con sencillez. El adviento es una realidad incluso para la Iglesia. Dios no ha dividido la historia en una mitad luminosa y otra oscura. No ha dividido a los hombres en «salvados» y «condenados». Sólo existe una única e indivisible historia, caracterizada en su totalidad por la debilidad y miseria del hombre, y situada bajo el compasivo amor de Dios, que la abraza y acoge completamente.

Nuestro siglo nos obliga a conocer la realidad del adviento de forma totalmente nueva: la realidad de que hubo un adviento, pero que todavía hoy sigue habiéndolo. La realidad de que sólo existe una humanidad ante Dios. Que toda ella se encuentra en tinieblas, pero también que está iluminada por la luz de Dios. Y si es verdad que existió y existe un adviento, esto significa que Dios no fue puro pasado para ningún período precedente de la historia. Al contrario, Dios es origen para todos nosotros, ya que venimos de él; pero es también el futuro hacia el que caminamos. Lo que significa que no podemos encontrar a Dios más que saliéndole al encuentro cuando se acerca a nosotros esperando y exigiendo que nos pongamos en marcha. Sólo podemos encontrar a Dios en este éxodo, en este salir de la comodidad presente para correr hacia el oculto resplandor del Dios que se aproxima.

La imagen de Moisés, subiendo al monte y entrando en la nube para encontrar a Dios, es válida para todos los tiempos. Dios sólo puede ser encontrado —incluso en la Iglesia— si subimos al monte y entramos en la nube del enigma de Dios, oculto en este mundo. Los pastores de Belén, al comienzo de la historia neotestamentaria, enseñan lo mismo de otra forma. Se les dice: «Esto tendréis por señal: encontraréis al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre» (/Lc/02/12). Con otras palabras: la señal para los pastores es que no encontrarán ninguna señal, sino sólo a Dios hecho niño; y, a pesar de este ocultamiento, deben creer en la cercanía de Dios. La señal exige de ellos que aprendan a descubrir a Dios en la incógnita de su ocultamiento. La señal exige de ellos que reconozcan que no es posible encontrar a Dios en las realidades perceptibles de este mundo, sino sólo saltando por encima de ellas.

Ciertamente, Dios ha puesto una señal en la grandeza y fuerza del universo, tras el que rastreamos algo de su poder creador. Pero la auténtica señal, la que él ha elegido, es el ocultamiento, comenzando por el pequeño pueblo de Israel y pasando a través del niño de Belén hasta morir en cruz pronunciando las palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46). Esta señal nos indica que las realidades de la verdad y del amor, las auténticas realidades de Dios, no son adquiribles en el mundo cuantitativo, sino que sólo pueden ser halladas cuando, pasando sobre éste, nos introducimos en un orden nuevo, Pascal ha expresado esta idea en su grandiosa teoría de los tres órdenes. Según él, existe en primer lugar el orden de la cantidad, poderosa e inconmensurable: el objeto inagotable de las ciencias naturales. El orden del espíritu —el segundo gran ámbito de la realidad— aparece, desde el punto de vista de lo cuantitativo, como la pura nada, pues no abarca un espacio que se pueda medir. Y, a pesar de todo, un solo espíritu (Pascal cita como ejemplo el espíritu matemático de Arquímedes), un solo espíritu, decíamos, es más grande que todo el orden del mundo cuantitativo, porque este espíritu, que no tiene peso, ni longitud, ni anchura, puede medir todo el cosmos. Mas por encima de él se encuentra el orden del amor. También éste, desde el punto de vista del «espíritu», de la inteligencia científica, como Arquímedes, es pura nada, pues le falta la comprobación científica y no aporta nada a este ámbito. Y, sin embargo, un único impulso del amor es infinitamente más grande que todo el orden del espíritu, porque representa la verdadera fuerza creadora, vivificadora y salvadora 3. A esta nada de la verdad y del amor, que no obstante es en realidad el verdadero uno y todo, nos conducirá el enigma de Dios, ya que él está oculto en este mundo y sólo puede ser encontrado en el ocultamiento. Es adviento. Todas nuestras respuestas son parciales.

Lo primero que debemos aceptar es esta realidad continua del adviento. Si lo hacemos, empezaremos a conocer que la frontera entre «antes de Cristo» y «después de Cristo» no está marcada en la historia ni en los mapas, sino que sólo atraviesa nuestro propio corazón. En la medida en que vivamos del egoísmo, cerrados en nosotros mismos, seremos de «antes de Cristo». Pero roguemos al Señor en este período de adviento que nos conceda no ser ni de «antes de Cristo» ni de «después de él», sino el vivir realmente con Cristo y en Cristo: con él, que es el mismo ayer, hoy, y por los siglos (Heb 13, 8)

 

 

Hacia una Iglesia autóctona

 

   
   

+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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¡Con cuánta emoción, hasta las lágrimas, hemos vivido las ordenaciones de nuevos diáconos permanentes! ¡Con cuánta ilusión esperamos las próximas ordenaciones de tres nuevos presbíteros y de un diácono transitorio! Todos ellos son chiapanecos, nacidos en nuestro territorio diocesano. ¡Son autóctonos! Casi todos los diáconos permanentes que tenemos son indígenas de las cinco etnias: tseltales, tsotsiles, ch’oles, tojolabales y zoques. Pasaron varios años para que la Santa Sede nos permitiera continuar ordenando diáconos permanentes, después de muchos diálogos y habiendo hecho las precisiones necesarias. El diálogo eclesial, en fe y oración, da frutos.

Contamos ya con 11 sacerdotes indígenas, nativos de aquí. De los 68 alumnos de nuestro Seminario, 21 de los cuales cursan Teología, más de la mitad son indígenas. De los casi 8,000 catequistas que trabajan en la evangelización, la gran mayoría con comunidades y adultos, sin descuidar a los niños, un alto porcentaje son indígenas. Y esto es natural, pues nuestra diócesis, con una población de un poco más de dos millones de habitantes, tiene un 75 por ciento de población indígena, que vive su cultura en su vida ordinaria, y no la reduce a un folcklor, ni la guarda en un museo. No podríamos dejar de dar los pasos necesarios para lograr ser una Iglesia autóctona.

Sin embargo, un connotado arzobispo, ya emérito, en una de nuestras asambleas episcopales me increpaba el por qué yo usaba esa expresión. Le sonaba como a algo no acorde con la doctrina y la praxis de la Iglesia. De igual modo, algunos cardenales en Roma, ahora ya retirados, me insistían que dejara de usar ese término. Que mejor hablara de Iglesia inculturada, encarnada, pero no autóctona. Siempre respondí que lo dejaría de hacer cuando hubiera un Concilio Vaticano III, que prohibiera lo que había ordenado el II.

PENSAR
En efecto, el Concilio Vaticano II, en su Decreto Ad gentes, en el No. 6 claramente dice: “Deben crecer de la semilla de la Palabra de Dios en todo el mundo Iglesias particulares autóctonas suficientemente fundadas y dotadas de propias energías y maduras, que, provistas suficientemente de jerarquía propia, unida al pueblo fiel, y de medios apropiados para llevar una vida plenamente cristiana, contribuyan, en la parte que les corresponde, al bien de toda la Iglesia. El medio principal para esta plantación es la predicación del Evangelio de Cristo. Para anunciarlo envió el Señor a sus discípulos a todo el mundo, a fin de que los hombres, renacidos por la Palabra de Dios, ingresen por el bautismo en la Iglesia, la cual, como cuerpo del Verbo Encarnado que es, se alimenta y vive de la Palabra de Dios y del pan eucarístico”.

“Deben crecer… en todo el mundo Iglesias particulares autóctonas”. Es un imperativo: “Deben crecer”.

Es lo que estamos procurando llevar a la práctica, con el gozo de ir teniendo más y más una “jerarquía propia”, con las vocaciones nativas que Dios, por pura gracia y misericordia, nos está regalando.

Hemos de advertir lo que mi predecesor, Don Samuel Ruiz García, indicaba en la nota No. 1 del III Sínodo Diocesano: “Autóctono no debe confundirse con autónomo. De acuerdo con el Concilio Vaticano II nosotros, en este documento, no hablamos de una Iglesia autónoma, sino de una Iglesia autóctona… La Iglesia particular mantiene diversidad de prácticas en la unidad de la fe… Es católica precisamente por su situación geográfica, por su diversidad cultural y, principalmente, por su unidad en la fe. Su catolicidad se realiza al estar en comunión con otras Iglesias locales, bajo la presidencia de la Iglesia de Roma”.

Y más adelante: “En nuestra Diócesis sabemos que una Iglesia autóctona no es una Iglesia independiente, separada de las demás… Una Iglesia autóctona católica siempre estará en comunión con las demás Iglesias particulares y con la Iglesia que preside quien está a la cabeza de la caridad; siempre será una Iglesia fiel a la Tradición; abierta a las experiencias de las Diócesis hermanas que puedan enriquecerla, y también consciente de su vocación misionera hacia otras naciones, aun cuando tenga escasez de clero”.

ACTUAR
Oremos para que el Señor nos siga regalando variadas vocaciones nativas y sigamos esforzándonos por ser muy fieles a la Iglesia universal, con Pedro y bajo Pedro, con un corazón abierto a los pueblos originarios que conforman nuestra Iglesia local.

 

 

 NOTA DE PRENSA: Ante la injusta absolución de Rita Maestre por un delito de ofensa a los sentimientos religiosos.

La Audiencia Provincial de Madrid deja vía libre a los violentos con una sentencia imposible de encajar en un Estado democrático de derecho.

Desde el Centro Jurídico Tomás Moro pedimos a la Justicia Española sentencias con fundamentos jurídicos, y no panfletos con apariencia de sentencias.

 

Madrid, a 16 de diciembre de 2016.- Hoy la Audiencia Provincial de Madrid ha dictado una injusta sentencia absolviendo  a doña Rita Maestre por el delito de ofensa a los sentimientos religiosos, y condenando al pueblo español a la pérdida de sus libertades ciudadanas, finiquitando de esta manera la existencia de un régimen jurídico defensor de las más básicas libertades civiles.

 

Efectivamente, hoy la Audiencia Provincial de Madrid en su sentencia 684/16 ha sustentado jurídicamente que ningún delito comete quien entrando violentamente y en cuadrilla en una capilla tras empujar a su capellán, interrumpiendo el rezo de los feligreses congregados a la espera de iniciarse la Santa Misa al grito de "arderéis como en el 36" y "vamos a quemar la Conferencia Episcopal", desnudándose posteriormente en el altar y leyendo un manifiesto sumamente ofensivo de los sentimientos religiosos mayoritarios, e insultante a la inteligencia más elemental.

 

Igualmente la Audiencia Provincial de Madrid acaba de declarar a España como un estado teocrático, al dar trascendencia jurídica a un supuesto perdón canónico impartido por Monseñor Osorio.

 

De igual forma, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid acaba de derogar todo el sistema jurídico español al considerar jurisprudencia, no las sentencia emanadas del Tribunal Supremo, o del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, sino las sentencias de simples Juzgados de Instrucción tal y como hace en su Fundamento de Derecho Tercero.

 

La Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid igualmente ha iniciado una nueva teoría del derecho al dictar una sentencia panfleto en lugar de una Sentencia jurídica, pues este Centro Jurídico no ha encontrado en los 14 folios de la sentencia la fundamentación jurídica que sustente la absolución de la hasta hoy condenada Rita Maestre. En la sentencia solo se encuentran esbozadas algunas ideas panfletarias que suponen un claro peligro para las libertades ciudadanas. En este sentido la sentencia llega a afirmar textualmente para justificar la actuación de Rita Maestre que "estamos habituados a que activistas del grupo Femen lleven a cabo actos de protesta de esta naturaleza en los lugares más inverosímiles y ante personalidades de toda índole y por diferentes motivos"es decir, que como otras mujeres también tienen la costumbre de desnudarse en público parece justificada la conducta de la señorita Maestre, y por tanto según la Audiencia no es necesario el reproche penal. Siguiendo esta teoría cualquier delito se justificaría si es un delito frecuente y la sociedad ya está acostumbrada a su comisión, es decir si triunfa el argumente de la Audiencia la corrupción política no sería penable pues hay muchos corruptos y la sociedad esta habituada.

Igualmente la Audiencia Provincial de Madrid acaba de firmar la sentencia de muerte a la apariencia de imparcialidad de nuestra justicia, pues es necesario recordar que este Centro Jurídico recusó al magistrado ponente don Francisco David Cubero Flores pues considerábamos que no se podía obviar la importancia fundamental que la apariencia de imparcialidad adquiere en el ordenamiento jurídico. El Centro Jurídico decidió recusar al magistrado por entender que circunstancias personales que concurrían en su persona pudieran ser suficientes para justificar la percepción por parte de la sociedad de la pérdida de apariencia de imparcialidad. Nuestra denuncia tenía por objeto preservar la dignidad de nuestros Tribunales evitando interpretaciones mal intencionadas por parte de la sociedad española. En este sentido nos sigue preocupando la propia redacción de la Sentencia en la que se trasluce un respeto inusitado a la parte apelante, por cuanto parece que la Audiencia Provincial la pide perdón cada vez que la contradice al usar expresiones como  "dicho sea en estrictos términos jurídicos" o "permítasenos la expresión, dicha con el máximo respeto, resulta en este aspecto baladí" sin que dicha Audiencia manifieste igual respeto por las dos acusaciones.

El equipo jurídica del Centro Jurídico Tomás Moro a pesar del tenor literal de la sentencia que establece que no cabe recurso alguno, ya está estudiando junto a la otro acusación las posibles vías de recurso pues ya no se decide la libertad de creencias, ni la libertad de expresión, sino que se juzga la libertad del pueblo español de defenderse frente a actos perpetrados con violencia y desprecio de los derechos civiles.

 

Recurso informativo:

Puede descargar la Sentencia en el siguiente enlace: http://www.tomasmoro.info/wp-content/uploads/2016/12/CCF16122016_00003.pdf

Puede conocer más sobre el proceso judicial en: http://www.tomasmoro.info/2011/03/24/querella-contra-los-responsables-de-la-profanacion-de-la-capilla-de-la-universidad-complutense-de-madrid-2/

Para más información:

www.tomasmoro.info

info@tomas-moro.org

 

 

VENEZUELA: EL COLAPSO YA LLEGÓ

Por René Mondragón

 

¿FELIZ NAVIDAD?

 

            Mientras mis bellísimas lectoras y espléndidos lectores rompen piñatas, cantan “las Posadas”, cargan a los Peregrinos y degustan una tacita de delicioso “ponche”, nuestros hermanos venezolanos  -en expresión del compositor mexicano, José Alfredo Jiménez- seguramente estarán pasando una “amarga Navidad”. Las razones son variopitas.

 

            La entrega de la periodista Alicia Hernández del NYT desglosa algunos razonamientos que nos permiten afirmar que el colapso para el gobierno de Nicolás Maduro ya llegó, lo reconozca o no el dictador.

 

            Un muñequito común y corriente cuesta 39,000 bolívares, es decir, 3749.92 euros o $18,720.00 mexicanos, lo que coloca en niveles de prohibitivos los juguetes. No hay harina de maíz, tampoco será posible comprar ropa o zapatos para regalar a los hijos.

 

            De acuerdo con la nota en comento, la canasta básica cuesta más de 600 dólares, lo que significa nada más allá de sobrevivencia. No habrá luces, ni nacimientos –como se hacían “antes”- ni este tipo de tradiciones, porque la prioridad es la comida.

 

POR SI FUESE POCO

 

            Al retirar los billetes de 100 bolívares, la máquina de hacer papel se echó a andar. Nuevos billetes de 500 hasta 20,000 bolívares. Esto es una inflación bestial lo reconozca o no el Banco Central de Venezuela o el propio dictador. En México no somos ajenos al fenómeno. Hubo un tiempo que un empaque de 20 galletas llegó a costa un millón y medio de pesos mexicanos. Como puede apreciarse, la estulticia económica no resolverá ningún problema para el país hermano. Sus índices inflacionarios rebasan ya el 180 por ciento, con la expectativa de que llegará, con enormes posibilidades, a 700 por ciento.

 

            Hasta a los economistas marxistas les parece -como señala Manuel Sutherland, (Marxista. Investigador del Centro de Investigación y Formación Obrera de Venezuela (CIFO) y de la Asociación Latinoamericana de Economía Marxista) un disparate. Los billetes de 100, ya no los reciben en ninguna parte.

            Y, como para que no queden dudas sobre el fracaso del socialismo chavista por adopción y bolivariano por expropiación, el gobierno utiliza varias medidas terroristas: Fiscalizar a los negocios obligándolos a bajar sus precios entre el 30 y el 50 por ciento, “para garantizar precios justos al pueblo”.

ESTATISMO MEGALÓMANO

 

            Los niveles de locura son insólitos. A la empresa Kreisel (www.kreisel.com) fabricante de juguetes con 30 años en el mercado venezolano, le fueron decomisados 4,000,000 de juguetes, para que los Comités Locales de Abastecimiento, los distribuya casa por casa. Se trata, pues, de un gobierno que usurpa el lugar de Santa Claus y Los Reyes Magos.

 

            A ello se agrega el recién nombrado Consejo Nacional Electoral que, contraviniendo toda la norma jurídica, Maduro lo ha conformado con personajes “a modo”. Obvio, los liderazgos de oposición se levantaron ya de la mesa de negociaciones. El diálogo está cancelado por el gobierno.

 

            Envolviendo todos los problemas aparece el fantasma –por ahora, ya bastante real- de la hiperinflación, como señala Andrés Schipani del Financial Times. No habrá dinero para Navidad. Seguirá la escasez de alimentos, de medicinas, de toallas femeninas, y con ello, podría dispararse la ya presente malaria y otras enfermedades. Vamos, para colmo, la frontera con Colombia está fuertemente resguardada, para “evitar las mafias de contrabandistas”

 

            Ciertamente, se han dado casos en que los problemas económicos no alcanzan la categoría de levantamientos en armas o golpes de estado, pero este aprendiz de escribano considera que, Nicolás Maduro no puede estirar tanto la liga…podría romperse con consecuencias impredecibles.

            Va un abrazo entrañable para Lilian Tintori, para Leopoldo y Enrique. 

 

 

 

Violación: resquebrajamiento familiar y social

Norma Barba

Última actualización: 16 Diciembre 2016

"Ella me dio la esperanza de vida que necesitaba¨, dice Liana Rebolledo, tras un intento de suicidio a los 13 años de edad por la violación sufrida, al referirse a Janett, hija de aquella agresión sexual.

Al escuchar la noticia de que estaba embarazada, continua: ¨pensé, ahora no estaré sola" en este largo y doloroso proceso. No me hará olvidarlo, pero me llenará y la llenaré de amor, recordaba.

De acuerdo con estimaciones de la Secretaria de Salud, en México cada cuatro minutos una mujer es violada sexualmente, es decir, más de 120 mil al año. Lo que sin duda refleja un fracaso social, institucional y familiar, no sólo en la prevención y sanción de delitos, sino también en la vivencia y transmisión de valores.

Ya es muy común encontrarnos con publicidad, programas de TV, libros de texto, teatro y cine sexista, es decir, poses sugerentes, desnudos, que estimulan y promueven la cosificacion de la persona como objeto de placer, que se puede utilizar y deshacerse como y cuando se desee.

Pero también los son las políticas promotoras de anticonceptivos que tienen como mensaje central llevar una vida sexual sin responsabilidad, donde lo negativo no es la falta de autocontrol, sino la posibilidad de enfermarse o ser padres.

Por su parte, las familias prenden también un foco rojo, pues de acuerdo con la misma Secretaría de Salud, más del 60 por ciento de las violaciones se dan en el hogar, por familiares y amigos cercanos. Es decir, que las familias, base de la sociedad, no están cumpliendo con su función esencial de formadora y cuidadora, lo que no sólo da cabida al resquebrajamiento familiar, sino social.

La violación es y seguirá siendo un atropello a la dignidad de la persona humana y, por tanto, una violación a los derechos humanos; pero también lo es y seguirá siéndolo el aborto, mal llamado interrupción legal del embarazo.

Para la protagonista de esta historia, hablar del aborto es hablar de una segunda violación perpetrada por las autoridades, de quienes se espera apoyo, quienes en momento de vulnerabilidad le ofertan el asesinato de su hijo, sin ni siquiera plantearle las consecuencias emocionales y físicas que se sumarán a su tragedia.

Una supuesta píldora mágica, llamada píldora de emergencia, que es antiimplantatoria, o sea, abortiva, es la propuesta obligatoria del Estado a las víctimas de violación, ante la tragedia, dejando como optativo la persecución del delincuente. Es decir, dando prioridad al asesinato, antes que a la justicia.

Pero aún más. A partir de octubre de este año en Jalisco, con la unificación de la Norma Oficial Mexicana 46, se desprotege a las menores de edad víctimas de violación, a quienes sin autorización de sus padres les pueden practicar el aborto, dejándolas en soledad y abandono, violándoles nuevamente sus derechos al cuidado y la protección.

Una sociedad ausente es culposa, una familia ausente es destructiva, una madre ajena es irreparable.

Humanicemos la vida, el aborto es una segunda violacion.

 

 

 

CURIOSA PREGUNTA DE JUAN EL BAUTISTA

Leo J. Mart.

No deja de llamarnos la atención la pregunta de Juan el bautista, entregó su vida a anunciar la venida del Señor, pero al final de su vida le manda a preguntar  a Jesús si es él que ha de venir o si sigue esperando a otro.  Confrontar Mateo 11,3

Juan estando en la cárcel, al escuchar por medio de sus discípulos los prodigios de Jesús, que el mismo Juan también había visto y comprobado antes, le manda a preguntar a Jesús si es Él el que ha de venir o esperamos otro.  Mateo 11,3

¿Juan pregunta lo que ya sabe para confirmar a sus discípulos, o pone en duda lo que sabe?

 Hay preguntas que siembran dudas. Hay preguntas que confunden y hay preguntas que aclaran. La duda es buena si se ponen los medios para salir de ella; pero la duda es mala si nos quedamos con la duda. La Escritura santa dice: < El que duda no sabe amar >

Juan supo que su padre se había quedado mudo por poner en duda las palabras del enviado del Señor, confrontar Lucas, 1,20 y ahora también parece entrar en duda.

Juan estaba confundido porque en realidad estaba en la cárcel y en el fondo presentía lo que había de pasarle, que por decir la verdad le cortaran la cabeza, como al final sucedió. Quien sigue a Jesús tiene que estar dispuesto a que le corten la cabeza. Quien defiende la verdad y la justicia, sabe que corre el pequeño riesgo de salir con vida.

 Seguir a Cristo es correr el riesgo de perder la vida pasajera para ganar la Vida eterna. Con razón dijo Jesús: < El que pierda su vida por mí la encontrará> Mateo 16,21-27   

Juan había escuchado desde niño,  de labios de su madre Ana, la visita de la Madre del Señor Jesús a su propia casa, confrontar Lucas, 1, 39-56 y ahora pregunta si es Jesús el que ha de venir.

Juan había escuchado de labios de su madre que él había dado saltos de gozo (Lucas, 1,44) ante la presencia de María cuando aún estaba en el vientre materno, y ahora pregunta si es Jesús el que ha de venir.

Juan había escuchado de su madre, y sabía de memoria las palabras de María: < Todas las generaciones me llamarán bien aventurada porque el Señor ha hecho en mí cosas grandes >, Lucas, 1,49  y ahora pregunta si es Jesús el que ha de venir.

Juan creía firmemente en las palabras de Isaías:    < Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.> Isaías 7,14

Juan conocía la visita de los reyes de oriente y sus palabras: < ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle…  > Mateo 2, 2-6 

Juan conocía plenamente las palabras de Miqueas 5, 2: <  Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.>

Juan les había dicho a sus discípulos que Jesús es el cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo, Juan 1,29 y ahora pregunta si es Jesús el que ha de venir.

Juan escuchó cuando aquella mujer le dijo a Jesús: <  Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.> Juan, 11,27

Juan escuchó el gran testimonio de la muchedumbre ante los prodigios de Jesús, que decía: < La gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo. > Juan 6,14

Juan había escuchado de labios de Jesús estas palabras <conviene que yo me someta a la justicia> Mateo 3,15 cuando Juan se rehusó a bautizar a Jesús, en ese momento se acordó Juan de las palabras de Jeremías: < He aquí, vienen días--declara el Señor-- en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra.… > Jeremías 25, 5,6 

Juan vio posarse sobre Jesús al Espíritu Santo en forma de paloma, Mateo 3, 16 y ahora pregunta si es Él el que ha de venir.

Juan escuchó en el momento del bautismo de Jesús las palabras de los cielos: < Este es mi hijo amado en quien tengo mis complacencias > Mateo 3,17 y ahora pregunta si es Jesús el que ha de venir.

Juan había dicho que  no era digno de desatarle las sandalias a Jesús   y pregunta lo que ya sabe.      <  Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. > Juan 3,11

Juan había visto que ante la presencia del Mesías prometido < Los ciegos recuperan la vista,  los cojos andan,  los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y vio además la cantidad de pobres que seguían a Jesús y a ellos se les anunciaba el Evangelio. (Lucas 7,22)  Jesús tuvo que recordarle todo esto a Juan y además le mandó a decir:                                        < Bienaventurado el que no dude de mí> Lucas 7, 22

Hubo cosas que el mismo Juan Bautista no entendió de Jesús. Juan se alimentaba con langostas y miel silvestre, confrontar Mateo 2,4 y cuando los discípulos de Juan vieron que Jesús comía y bebía como todos los demás mortales les llamó la atención y extrañados preguntaron  <  En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” > Mateo 9,14-17

Si un hombre tan santo como Juan, <el más grande nacido de mujer> -como lo llamó Jesús, confrontar Mateo 11, 11 también dudó, no te extrañe que ante ciertos momentos de tu vida también dudes; pero no te quedes con la duda que confunde; pregúntale a Jesús como hizo Juan y él te confirmará y te llenará de paz para aceptar con amor  lo que se venga, como también lo hizo Juan que le cortaron la cabeza.

José también dudó de abandonar a su esposa María al verla en proceso de gestación sin que él hubiese tenido intervención alguna; pero un ángel del cielo lo consoló. Confrontar Mateo 1, 18-24

Pedro, la roca firme de la Iglesia de Jesús ( Mateo 16, 13-20) también dudo y comenzó a tragar agua; pero supo decir: < ¡Señor, sálvame! > Mateo, 14, 24-36

 

 

Mirar, comprender y acompañar a las familias

En su carta apostólica Misericordia et misera, con motivo de la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia (21-XI-2016), escribe el Papa Francisco que en medio de una situación como la nuestra, de crisis familiar, “es importante que llegue una palabra de gran consuelo a nuestras familias” (n. 14).

 

Se refiere al matrimonio ante todo como un don, como “una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con el amor generoso, fiel y paciente”.

 

De ahí nace la belleza inmutable de la familia, que permanece a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas, haciendo que la alegría del amor que se vive en las familias sea también la alegría de la Iglesia (cf. Amoris laetitia, n. 1).

 

Al mismo tiempo –continúa diciendo– ese camino y proyecto de amor entre un hombre y una mujer a veces se interrumpe por el sufrimiento, la traición y la soledad

Por otra parte, “la alegría de los padres por el don de los hijos no es inmune a las preocupaciones con respecto a su crecimiento y formación, y para que tengan un futuro digno de ser vivido con intensidad”.

Lluis Esquena Romaguera

 

 

Misericordia y misión

La conclusión del Jubileo extraordinario de la Misericordia y el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro acabaron con un broche de oro: la publicación de la Carta Apostólica Misericordia et Misera. Se calcula que durante un año 900 millones de fieles han cruzado las Puertas Santas abiertas desde África a Oceanía, desde América a Asia pasando por Europa. 

La misericordia divina ha sido la protagonista y debe seguir siéndolo, porque no es un paréntesis en la vida de la Iglesia, y porque ella está llamada a ser instrumento de misericordia que no excluye a nadie. Misericordia y misión están estrechamente unidas: Francisco ha recordado que Dios sigue siendo hoy un desconocido para muchos, y esa es la mayor de las pobrezas y el mayor obstáculo para el reconocimiento de la dignidad inviolable de la vida humana.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Más de 4 millones de personas se han beneficiado

El rey ha tenido palabras especialmente agradecidas, en su visita a la sede de la Conferencia Episcopal Española con motivo del 50º,  para la enorme labor caritativa y asistencial que la Iglesia despliega, y que se ha visto con particular nitidez en estos años de crisis en los que ha sostenido a tantas personas que lo necesitaban. Los números no lo explican todo, pero como ha relatado Don Felipe, son muy elocuentes. 

En estos años de grandes dificultades la Iglesia católica ha aumentado un 70% sus centros de carácter social y más de 4 millones de personas se han beneficiado anualmente de la labor desarrollada por trabajadores y voluntarios. Un ejemplo elocuente de solidaridad que contribuye también a la cohesión social.

Enric Barrull Casals

 

 

 

Arreglar lo no arreglable

 

            Lo que no tiene solución o al menos no la va a tener en muchos años venideros, lo quieren solucionar “deprisa y corriendo” y sin que nos expliquen con claridad el cómo piensan hacerlo exponiendo igualmente los medios con que cuentan.

            El día que esto escribo están en Roma convocados por el Papa, para solucionar el drama de las invasiones humanas que están padeciendo muchas partes del mundo, unas docenas de alcaldes de importantes ciudades del mundo y entre ellas las más importantes de España. Asombra oír la cantidad de disparates que desde el Papa para abajo dicen muchos de los asistentes; que en realidad no arriesgan nada suyo en esas soluciones imposibles que tratan de preconizar.

            Entre ellas destaco la solución que aporta la alcaldesa de Madrid… “Tenemos viviendas, hospitales, escuelas, etc. esperándolos -  Podemos (representa a este partido), considera fundamental que el emigrante obtenga un trabajo digno en la tierra que lo recibe”. En general se han dicho muchas cosas absurdas o disparatadas, seguro que para hacerse todos una propaganda mundial y gratuita, al propio tiempo que se costean un opíparo viaje que les paga el muy explotado contribuyente, que los oye ya como el que oye llover o peor aún; por que veamos.

            ¿Todos los lugares que dicen representar estos políticos tienen de verdad todos los recursos que dicen y ello no afecta a quienes los mantienen en el puesto? ¡No en absoluto! En España, lo que aumenta cada vez más es todo lo contrario; la pobreza llega ya a millones de españoles, muchos de ellos les llegan a cortar la electricidad incluso y se alumbran con velas de sebo, se alimentan de caridad y viven como pueden, muchos ya en plena indigencia. Trabajo es que no hay ya para nadie como lo demuestra la brutal emigración que de nuevo sufre España.

            Y si nos vamos a otro extremo, es en Alemania donde ya hay una política de ocultación de los grandes problemas que se ocultan y que producen los emigrantes que han llegado en “la invasión” que sufren debido a los temas que existen y que trata de solucionar “el Papa y los alcaldes citados”; lo denunciaba en un preocupante artículo en ABC días pasados, el habitual columnista Herman[i] Tertsch y donde cuenta violaciones y otros hechos delictivos, que las autoridades alemanas ocultan por miedo a “remover fangos a los que no se atreven a enfrentar”; búsquenlo en la red, puesto que ese periódico nacional de España, lo inserta todo en la red y juzguen a la vista del mismo.

            Por otra parte si hay solución a todo ello, que yo insisto que no… el Papa a quién tiene que reunir es al presidente norteamericano, al ruso, al chino y a otros interesados, en las guerras que han provocado ese movimiento y desplazamiento de masas de inocentes, que los que no han muerto asesinados, lo que querrían es estar en sus países de nacimiento y allí poder desarrollarse como seres humanos y no haber emprendido ese éxodo que reitero, ya no tiene solución; la solución vendría y con cierta lentitud, si de verdad son eliminados los problemas que lo han provocado y la infinidad de tiranos locales, que no han dejado vivir a sus poblaciones, esquilmándolas de todos los bienes que de verdad necesita el ser humano para vivir allí donde nació.

            La última tragedia ha sido el asalto de la frontera española en Ceuta, donde medio millar de negros africanos, asaltando las vallas blindadas y a riesgo de morir en el intento, han entrado a la fuerza en dicha ciudad española, hiriendo de paso a dos guardias civiles y colapsando el pequeño reducto que allí existe para retenerlos y luego expulsarlos.

            Meter a la fuerza en Europa a esa ya incontrolable invasión, aparte de imposible es crear nuevos problemas que crearán problemas mayores y cada vez más virulentos; así es que no nos mientan; que no nos engañen, que hablen claro y que como mínimo reconozcan la imposibilidad de solucionar lo que no tiene solución ni de momento ni en el transcurso de muchos años… “todos los hechos sangrientos y violentos que han ocurrido y los que están larvados y seguirán ocurriendo lo demuestran y lo demostrarán, si no se buscan soluciones más lentas pero más efectivas a lo que no puede solucionarse de otra forma… sencillamente por cuanto es imposible”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 


[i] Hermann Tertsch del Valle-Lersundi (Madrid9 de abril de 1958) es un periodista español.