Las Noticias de hoy 05 Septiembre 2016

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 05 de septiembre de 2016       

Indice:

Newsletter Diario

Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa con Rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta

Que la Madre Teresa enseñe a reconocer en Jesús a los hermanos necesitados, pide el Papa durante el Ángelus

El Papa Francisco canonizó a la Madre Teresa de Calcuta: en toda la Iglesia sea venerada entre los Santos

Papa: Virgen Aparecida custodie el pueblo de Brasil con la justicia social y el amor de Jesús

Madre Teresa icono de la Misericordia en Asia y el Mundo. Aliento del Papa a encuentro internacional

Martes de la semana 23 de tiempo ordinario; año par: Llucià Pou Sabaté

“La Misa es acción trinitaria, no humana”: San Josemaria

Prelado del Opus Dei: “Santa Teresa de Calcuta veía el mundo como una casa común”

Para entender a la Madre Teresa: Javier Echevarría. Prelado del Opus Dei

Una serena atención: las obras de misericordia espirituales: Carlos Ayxelá

TEMA 8. Jesucristo, Dios y Hombre verdadero: José Antonio Riestra

Pedir con el corazón: Cardenal Robert Sarah

MADRE TERESA RADIOGRAFÍA SOCIO-POLÍTICA: René Mondragón

Cifuentes pervierte a la infancia en medio de un estruendoso silencio: Alejo Fernández Pérez

BUSCADORES DE LO AUTÉNTICO: Pepita Taboada Jaén

Católicos y Evangélicos: “No votaremos por quienes apoyen el proyecto de ley de aborto”

La enseñanza del martirio: Enric Barrull Casals

La paz siempre es posible: Valentín Abelenda Carrillo

¿El suicidio está más allá de cualquier crítica moral?: Jesús Martínez Madrid

Nos hacen pagar cuentas que otros malgastaron: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa con Rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta

El Papa Francisco presentó el modelo de Santa Teresa de Calcuta en el Jubileo de los voluntarios de la misericordia – AFP

04/09/2016 08:31

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 “Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea su modelo de santidad”. Palabras elocuentes, las del Sucesor de Pedro, en la homilía de la Santa Misa con el rito de Canonización de la Madre Teresa de Calcuta, en la conclusión del Jubileo del Voluntariado y de los Operarios de Misericordia, llevada a cabo en una plaza de san Pedro repleta de fieles y peregrinos provenientes de cada rincón del mundo.

El Santo Padre desarrolló su homilía reflexionando a partir del interrogante del libro de la Sabiduría «¿Quién comprende lo que Dios quiere?». Un interrogante que presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos, dijo, pero cuya respuesta encontramos en el mismo texto: para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. Lo que a su vez se puede sintetizar en la expresión del Evangelio de Mateo: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9,13).

El pontífice explicó que a Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos “el rostro de Dios que nadie puede ver” y es por eso que reiteró que no hay alternativa a la caridad, dado que “quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios”.

Aun así, el Papa indicó que la vida cristiana “no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad”, dado que esto sería un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero que es “estéril porque no tiene raíz”. El compromiso que el Señor pide es, en cambio, aquel de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor, es decir, “un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso que requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y ponerse a su servicio”.

Por eso el Obispo de Roma entregó al mundo del voluntariado a la Santa de Calcuta, incansable dispensadora de la misericordia divina, quien “se ponía a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana”, como modelo de santidad, deseando, en la conclusión de su homilía, que ella ayude a comprender cada vez más que el único criterio de acción de los cristianos es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo, derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión, porque de este modo “abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura”.

(Griselda Mutual – Radio Vaticano)

A continuación, voz y texto completo de la Homilía pronunciada por el Papa Francisco en el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario 

 

«¿Quién comprende lo que Dios quiere?» (Sb 9,13). Este interrogante del libro de la Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos. Los protagonistas de la historia son siempre dos: por un lado, Dios, y por otro, los hombres. Nuestra tarea es la de escuchar la llamada de Dios y luego aceptar su voluntad. Pero para cumplirla sin vacilación debemos ponernos esta pregunta. ¿Cuál es la voluntad de Dios en mi vida?

La respuesta la encontramos en el mismo texto sapiencial: «Los hombres aprendieron lo que te agrada» (v. 18). Para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. En muchas ocasiones, los profetas anunciaron lo que le agrada al Señor. Su mensaje encuentra una síntesis admirable en la expresión: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; Mt 9,13). A Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver (cf. Jn 1,18). Y cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios (cf. Mt 25,40): es decir, hemos tocado la carne de Cristo.

Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe. No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (cf. 1 Jn 3,16-18; St 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad. Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.

Hemos escuchado en el Evangelio que «mucha gente acompañaba a Jesús» (Lc 14,25). Hoy aquella «gente» está representada por el amplio mundo del voluntariado, presente aquí con ocasión del Jubileo de la Misericordia. Vosotros sois esa gente que sigue al Maestro y que hace visible su amor concreto hacia cada persona. Os repito las palabras del apóstol Pablo: «He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor, ya que, gracias a ti, los corazones de los creyentes han encontrado alivio» (Flm 1,7). Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derraman en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe – ¡da voz a la fe! y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad.

El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza’ Y hacer esto con la memoria viva de la mano tendida del Señor sobre mí, cuando estaba caído.

Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre». Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes – ¡ante los crímenes! – de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar – para llorar – su pobreza y sufrimiento.

Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. ¡Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad! Pienso, quizá, que tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa: su santidad está tan cerca de nosotros, tan tierna y fecunda que espontáneamente la seguiremos llamando: ¿madre Teresa’… Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión. Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír». Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura.

 

 

Que la Madre Teresa enseñe a reconocer en Jesús a los hermanos necesitados, pide el Papa durante el Ángelus

Nuestro continente también presente en la canonización de la Madre Teresa – AFP

04/09/2016 11:51

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Al final de la ceremonia de este domingo el Papa Francisco dirigió el rezo mariano del Ángelus, agradeciendo a los miles de presentes y a todos aquellos que participaron virtualmente a través de los diferentes medios de comunicación. Elevando su oración a la Virgen María, “Madre y Reina de todos los santos”, el Obispo de Roma pidió especialmente para los Misioneros de la Caridad – familia espiritual de la Madre Teresa-  que la nueva santa les obtenga “ser fieles a Dios, a la Iglesia y a los pobres”, asimismo que enseñe a todos a contemplar y a adorar cada día a Jesús Crucificado para reconocerlo y servirlo en los hermanos necesitados.  

Palabras del Santo Padre Francisco antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

mientras estamos por concluir esta celebración, deseo saludar y agradecer a todos ustedes que han tomado parte en ella.

Ante todo a las Misioneras y a los Misioneros de la Caridad, que son la familia espiritual de la Madre Teresa. Que su santa Fundadora vele siempre sobre su camino y les obtenga ser fieles a Dios, a la Iglesia y a los pobres.

Con grata deferencia saludo a las altas Autoridades presentes, de manera particular a aquellas de los Países más ligados a la figura de la nueva Santa, como también a las Delegaciones oficiales y a las numerosísimas peregrinaciones venidas de esos países en esta feliz ocasión. Dios bendiga a sus Naciones.

Y con afecto saludo a todos ustedes, queridos voluntarios y operadores de misericordia. Los confío a la protección de la Madre Teresa: que ella les enseñe a contemplar y a adorar cada día a Jesús Crucificado para reconocerlo y servirlo en los hermanos necesitados. Pidamos también esta gracia para todos aquellos que están unidos a nosotros a través de los medios de comunicación en todas partes del mundo.

En este momento quisiera recordar a aquellos que se gastan en el servicio a los hermanos en contextos difíciles y arriesgados. Pienso especialmente en las muchas Religiosas que donan totalmente su vida. Recemos de manera particular por la misionera española, Sor Isabel, que hace dos días fue asesinada en la capital de Haití, un País tan probado, y para el que deseo cesen tales actos de violencia y haya una mayor seguridad para todos. Recordemos también a las otras religiosas que recientemente han sufrido violencia en otros países.

Lo hacemos dirigiéndonos en oración a la Virgen María, Madre y Reina de todos los santos…

 

 

El Papa Francisco canonizó a la Madre Teresa de Calcuta: en toda la Iglesia sea venerada entre los Santos

El Papa Francisco pronunció la fórmula de canonización de la Madre Teresa de Calcuta y la inscribió en el Libro de los Santos – ANSA

04/09/2016 09:40

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 El Amén de la numerosísima asamblea en la Plaza de San Pedro y un intenso aplauso emocionado se elevó al cielo, en acción de gracias a Dios, uniéndose a los corazones llenos de fervor de todo el mundo, cuando el Papa Francisco pronunció la fórmula de canonización en latín e inscribió en el Libro de los Santos a la Madre Teresa de Calcuta. Y el canto gozoso y solemne del Jubilate Deo subrayó el momento en que las reliquias de la nueva Santa se colocaban al lado del altar.

Fórmula de la canonización de Teresa de Calcuta que pronunció el Papa Francisco:

«En honor de la Santísima e Indivisible Trinidad, para exaltación de la Fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y la Nuestra, después de la debida reflexión y la oración frecuente implorando la asistencia divina, y después de haber oído el parecer de muchos de nuestros hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santa

a la Beata Teresa de Calcuta

y la inscribimos en el Libro de los Santos, decretando que en toda la Iglesia ella  sea venerada  entre los Santos. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

 

 

Papa: Virgen Aparecida custodie el pueblo de Brasil con la justicia social y el amor de Jesús

El Papa Francisco en el Santuario de Aparecida, el 24 de julio de 2013 – AFP

03/09/2016 11:31

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 Fue bendecida en los jardines vaticanos una imagen de Nuestra Señora Aparecida. «Así la tengo cerca», dijo con alegría el Papa Francisco, con su oración por todos los brasileños, rogando en especial por los más necesitados:

«Estoy contento de que la imagen de Nuestra Señora Aparecida esté en los jardines. En 2013 había prometido volver el próximo año, no sé si será posible, pero por lo menos la tendré más cerca aquí. Los invito a rezar para que Ella siga custodiando todo el Brasil, a todo el pueblo brasileño, en este momento triste. Que custodie a los más pobres, a los descartados, a los ancianos abandonados, a los niños de la calle. Que custodie a los descartados puestos en manos de los explotadores de todo tipo. Que salve a su pueblo con la justicia social y con el amor de Jesucristo, su Hijo. Roguemos con amor, por todo el pueblo brasileño, que Ella, Madre, lo bendiga. Fue encontrada por pobres trabajadores, que hoy todos la puedan encontrar, en especial aquellos que tienen necesidad de trabajo, de educación, aquellos a los que se les ha privado de la dignidad. Recémosle juntos: Ave María…»

 

 

Madre Teresa icono de la Misericordia en Asia y el Mundo. Aliento del Papa a encuentro internacional

La Madre Teresa de Calcuta, foto de archivo – EPA

03/09/2016 14:15

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El Papa Francisco hizo llegar su bendición a los participantes en el encuentro internacional, dedicado a la Madre Teresa de Calcuta, como icono de la Misericordia para Asia y el mundo, organizado por AsiaNews, en la víspera de la canonización de la Fundadora de las Misioneras y Misioneros de la Caridad. En un telegrama, enviado en su nombre, por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, al Padre Bernardo Cervellera, director de la agencia de noticias del PIME.

En el telegrama, que hace hincapié en el Jubileo extraordinario de la Misericordia, se lee que el Santo Padre desea que «el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta, testigo privilegiada de caridad y generosa atención a los pobres y a los últimos, contribuya a hacer que Cristo sea cada vez más el centro de la vida y a vivir generosamente su Evangelio, en el ejercicio perseverante de las obras de misericordia para ser constructores de un futuro mejor, iluminado por el esplendor de la Verdad».

Asimismo «Su Santidad invoca la celestial intercesión de la Virgen María, Madre de toda consolación, para que los devotos de la Madre Teresa, imitando su ardor apostólico, puedan actuar aquella Revolución de la Tern

 

 

Martes de la semana 23 de tiempo ordinario; año par

Jesús nos elige y nos descubre un sentido de misión, para el que nos concedió las capacidades que vamos desarrollando en la vida

“Por aquellos días subió Jesús al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.” (Lucas 6,12-19)

1. -“En aquel entonces se fue a la montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Toda la noche…” Ayúdame, Señor, a rezar a ejemplo tuyo, dedicando tiempo a ese trato necesario con el Padre Dios. Te veo, Jesús, rezar habitualmente, y especialmente en los momentos señalados: en su bautismo en el Jordán, cuando muchedumbres quieren oírte y tu curación, antes de la elección de tus apóstoles… Especialmente en el huerto de Getsemaní, en la Cruz perdonando a todos, y al entregar tu alma al Padre…

-“Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a "doce" de ellos a los que nombró "apóstoles"” (que significa "enviados por alguien"). Por tanto ahí les diste, Señor, el nombre de “enviados”.

«Un día -no quiero generalizar; abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia-, quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. Te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana -que es la razón más sobrenatural-, respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia, constante, que sólo desaparece cuando te apartas de El» (J. Escrivá, Es Cristo que pasa 1).

¿Soy apóstol, en mi ambiente, en mi familia, en mi trabajo, en mi oración? ¿Soy consciente de que Jesús espera algo de mí, y me envía? El verdadero apóstol no acapara, no atrae hacia sí mismo… sino que orienta hacia el encuentro personal con Jesús.

-“Simón, Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, Simón el Zelote, Judas y Judas Iscariote, que fue el traidor”. Misterio de la libertad humana (Noel Quesson).

La comunidad de Jesús es "apostólica". No es cuestión de ser perfectos, sin defectos, pues todo está cimentado en la piedra angular, que es Cristo Jesús. sino de apreciar el don de Dios en nuestra vida. «Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida y que la adornan con profusión» (San Bernardino de Siena).

En este Cuerpo de Cristo, del que él es la Cabeza, hay fundamento (apóstoles) y sus sucesores, como Bernabé y Timoteo y Tito, ministros y otros muchos hombres y mujeres fieles. Todos somos igualmente miembros activos de la Iglesia (J. Aldazábal).

2. “Cuando alguno de vosotros tiene un pleito con otro, ¿cómo se atreve a llevar la causa ante los injustos y no ante los fieles?” No es bueno ir a los tribunales para cosas que se pueden resolver en la Iglesia. Se dice que esos tribunales contenían fórmulas idolátricas, y estamos ante una sociedad pre-cristiana, con normas muy distintas de las que el Evangelio quiere introducir. Te pido, Jesús, que sepa aportar mi vivencia del Evangelio, a la sociedad en la que vivo, para que mejoren las «instituciones» civiles, judiciales, políticas y sindicales. Es falso que algo mejora en lo social cuando lo que llevo es un espíritu «incoloro, inodoro e insípido».

Benedicto XVI habló de laicidad precisamente a la sociedad francesa, donde se confunde con el laicismo. Propuso una “laicidad positiva”, separación armónica entre Iglesia y del Estado, que se valoren mutuamente, sin negar la contribución de la Iglesia para iluminar los problemas éticos que se plantean en la sociedad: “Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más”.

Sería malo entender laicidad como laicismo en el sentido de excluir de lo religioso a la vida civil, pues “es fundamental (…) la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos”. Conviene “adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.” La promoción coherente de los derechos humanos puede potenciar estos valores que están a la base de la convivencia social, como son los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sus derechos religiosos.

-“¿No sabéis que los justos han de juzgar al mundo?” Tú, Señor, dijiste que ellos participarán de su poder real y judicial: «os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt 19,28).

-“Y ¿no es ya para vosotros un fallo tener pleito, hermanos entre hermanos, y esto ante los no creyentes?” Entonces podía provocar escándalo ir a tribunales civiles para determinadas cosas. Hoy día podemos discernir, según los casos, qué puede resolverse en el ámbito eclesial, y qué es mejor llevar a esos tribunales.

-“¿Por qué no preferís soportar la injusticia? ¿Por qué no dejaros antes despojar?” Jesús, nos dijiste que «al que te abofetea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra… al que quiera pleitear para quitarte la túnica, déjale también el manto…» (Mt 5, 38). A veces es mejor no discutir entre hermanos por cuestiones de dinero, cuando no se comete una injusticia sino simplemente nos privan de algo que nos correspondía. Si en cambio eso repercute en otras personas, habría que ver…

-“Los injustos no heredarán el Reino de Dios… Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces… y esto fuisteis algunos de vosotros, pero habéis sido lavados por el bautismo y sois «santos»”. Te pido, Padre, por la intercesión de tu Hijo Jesús, que tu misericordia me llene y me libres de todo mal. Que siempre domine en mi corazón la ley que nos enseñaste, Señor: «En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros» (Jn 13,35). Así resume también san Pablo todo mandamiento: "No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás y cualquier otro mandamiento que haya se resumen en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no causa daño al prójimo y, por tanto, el cumplimiento de la ley es el amor" (Rom 13,8-10).

Vivir «en el nombre del Señor y en el Espíritu de nuestro Dios» es algo nuevo.  Y aquí ha mostrado el Apóstol que una familia y una comunidad cristiana deberían saber "lavar la ropa sucia en casa", con una actitud tolerante, imitando la misericordia de Cristo, que refleja la de Dios Padre. Romper la espiral de la violencia o del rencor.

¡Qué impresión más pobre hace el que una familia airee sus tensiones internas con personas ajenas! Te pido, Señor, perdón y capacidad de humor (J. Aldazábal).

3. Con el salmista clamamos: “cantad al Señor un cántico nuevo, / resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; / que se alegre Israel por su Creador, / los hijos de Sión por su Rey.

Que los fieles festejen su gloria / y canten jubilosos en filas: / con vítores a Dios en la boca; / es un honor para todos sus fieles”

Llucià Pou Sabaté

 

“La Misa es acción trinitaria, no humana”

¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de recortar, de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar? (Camino, 530)
La Misa ‑insisto‑ es acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que celebra sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra en nombre propio, sino in persona et in nomine Christe, en la Persona de Cristo, y en nombre de Cristo.

El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. Este es el sacrificio que profetizó Malaquías: desde la salida del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pura. Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros la Redención, que no podían alcanzar los sacrificios de la Antigua Ley. (Es Cristo que pasa, 86)

 

 

Prelado del Opus Dei: “Santa Teresa de Calcuta veía el mundo como una casa común”

El prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, invitó a "reclinarse y ponerse al servicio de los demás” según el ejemplo de santa Teresa de Calcuta, canonizada hoy en Roma, "en una fiesta para la Iglesia y para toda la humanidad”. El prelado ordenó hoy a seis sacerdotes en el santuario de Torreciudad (Huesca) en una ceremonia con el templo lleno de familiares y fieles.

Noticias 4 de Septiembre de 2016

 Los nuevos sacerdotes, al terminar la ceremonia. Fotos: Álvaro García Fuentes

Mons. Echevarría destacó cómo santa Teresa de Calcuta se inclinaba espiritualmente para “acoger al abandonado o para curar heridas del cuerpo o del alma”. Dijo también que “su generosidad y coherencia son un impulso para aprender a vivir para los demás”. Con palabras del papa Francisco, pidió “ser instrumentos del cariño de Dios por todos los seres de la tierra” y animó a ver “en la humanidad una familia y en el mundo una casa común”, como destacaba la nueva santa.

A los nuevos sacerdotes les pidió “ser buenos pastores que buscan a todas las ovejas” y a saber gastarse por los demás, viviendo el sacerdocio como “un grandísimo don”. El prelado pidió a los asistentes su plegaria por el Papa, los obispos y los sacerdotes y que estén dispuestos a servir gozosamente.

En su estancia en Torreciudad, el obispo Javier Echevarría ordenó sacerdotes a seis diáconos: el mexicano Irineo Pallares, de 40 años, gerente de un hotel; el ingeniero mecánico peruano Alejandro Arenas, de 50 años; y los españoles Eduardo Ares, filólogo nacido en Madrid hace de 45 años; Pablo López, madrileño de 31 años, pedagogo; Carles Rodríguez, aparejador catalán nacido en 1979 y Miguel Angel Correas, ingeniero informático de 40 años, nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

Más información: testimonios de los seis nuevos sacerdotes.

 

 

Para entender a la Madre Teresa

Artículo de Mons. Echevarría en La Vanguardia, con motivo de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta.

Revista de prensa 4 de Septiembre de 2016

 Madre Teresa de Calcuta.

“Recuerdo vivamente su figura menuda, doblada por una existencia vivida al servicio de los más pobres entre los pobres, pero siempre llena de una inagotable energía interior. La energía del amor a Cristo”. Eran unas palabras emocionadas que pronunció Juan Pablo II, al poco de fallecer la madre Teresa de Calcuta. La conocía bien.

A todos nos llegó el impacto de aquella figura menuda, con los años encorvada, pero con un ánimo sorprendente y una impresionante misión de servir a los más desamparados. Ella se definía así: “De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.

Cuando empezó, no podía sospechar que alcanzaría fama mundial. Nunca lo pretendió. Pero en su persona, se hacía muy visible un aspecto esencial del mensaje cristiano: la preocupación por los más abandonados. Y así removió a muchas personas. También, al final, a algunos críticos, que pensaban que servir a los pobres por amor de Cristo era deformar ese servicio, con la intención de evangel

San Juan Pablo II, junto a la nueva santa y al beato Álvaro del Portillo, el 1 de junio de 1985.

Ciertamente se puede trabajar por los demás, y muchos lo llevan a cabo, sin un motivo religioso, por una convicción filantrópica o por sentimientos de compasión. Son intenciones y realidades muy buenas y profundamente humanas. Pero la relación entre el amor a Dios y el amor a los demás revela algo más: una clave del mensaje cristiano que, al canonizar a la madre Teresa, la Iglesia quiere recordar a la humanidad.

Ante la invitación de Jesucristo –dar la vida por los demás, amando a todos, incluso a los enemigos–, se manifiestan las limitaciones humanas: la falta de ánimo, fuerza y capacidad, pero también las resistencias de la pereza y el egoísmo. De ahí procede una convicción íntima: me parece muy bonito, pero no me veo capaz.

La fe cristiana y la misma experiencia enseñan que, si realmente se quiere afrontar esa entrega y se pide a Dios, su ayuda no falta. Por eso en la intimidad de los santos, se produce siempre esa curiosa combinación de profunda humildad, al sentir la propia de incapacidad y la fuerza del amor de Dios

Dos misioneras de la caridad conversan con el Prelado durante su viaje pastoral a Rusia en 2014.

Los santos cristianos no son superhombres o supermujeres que todo lo consiguen con una personalidad arrolladora, una fuerza de voluntad implacable, una energía desbordante o un impulso irresistible. Tampoco aparecen, generalmente, como un prodigio de la planificación económica o técnica. La explicación de su fuerza y el valor que poseen para los cristianos no se queda en que sean excepciones de la naturaleza, sino en que han dejado obrar en sí mismos al amor de Dios.

En la misma ocasión que recordaba al principio de este artículo, Juan Pablo II apuntaba a las claves de esta mujer menuda y, a la vez, gigante: Su misión comenzaba cada día, antes del alba, delante de la Eucaristía. En el silencio de la contemplación, la madre Teresa de Calcuta sentía resonar el grito de Jesús en la cruz: «Tengo sed». Este grito, recogido en lo profundo de su corazón, la impulsaba por las calles de Calcuta y de todos los arrabales del mundo, en busca de Jesús en el pobre, en el abandonado y en el moribundo”, y deseo añadir: en los huérfanos o no deseados por sus padres.

Javier Echevarría

Prelado del Opus Dei

 

Una serena atención: las obras de misericordia espirituales

Las obras de misericordia espirituales atienden al hambre y a la sed, a la desnudez y al desamparo, a la enfermedad y a la cautividad que experimenta, en tantas formas diversas, el corazón humano.

Misericordia 2 de Septiembre de 2016

La Iglesia tiene la sabiduría de una buena madre, que sabe lo que necesitan sus hijos para crecer sanos y fuertes, en el cuerpo y en el espíritu. Con las obras de misericordia, nos invita a descubrir siempre de nuevo que tanto el cuerpo como el alma de nuestros hermanos los hombres necesitan de cuidados, y que Dios nos confía a cada uno esa custodia atenta. «El objeto de la misericordia es la misma vida humana en su totalidad. Nuestra vida misma en cuanto “carne” está hambrienta y sedienta, necesitada de vestido, casa y visitas, así como de un entierro digno, cosa que nadie puede darse a sí mismo (…). Nuestra vida misma, en cuanto “espíritu”, necesita ser educada, corregida, animada, consolada (…). Necesitamos que otros nos aconsejen, nos perdonen, nos aguanten y recen por nosotros»[1].

Aun con el peso que llevemos a nuestras espaldas, Dios espera que nuestro corazón se conmueva como el suyo, que no se insensibilice ante las necesidades de los demás.

Vamos a considerar ahora las obras espirituales, que atienden al hambre y a la sed, a la desnudez y al desamparo, a la enfermedad y a la cautividad que experimenta, en tantas formas diversas, el corazón humano: formas de mendicidad espiritual que a todos nos aquejan, y que descubrimos también, si no nos dormimos, a nuestro alrededor[2]. Aun con el peso que llevemos a nuestras espaldas, Dios espera que nuestro corazón se conmueva como el suyo, que no se insensibilice ante las necesidades de los demás. «En medio de tanto egoísmo, de tanta indiferencia –¡cada unoa lo suyo!–, recuerdo aquellos borriquitos de madera, fuertes, robustos, trotando sobre una mesa… –Uno perdió una pata. Pero seguía adelante, porque se apoyaba en los otros»[3].

La misericordia de todos los días

San Josemaría recordaba en una ocasión su alegre experiencia de generosidad cristiana, confirmada a lo largo de los años: «conozco miles de estudiantes (…) que han renunciado a construirse su pequeño mundo privado, dándose a los demás mediante un trabajo profesional, que procuran hacer con perfección humana, en obras de enseñanza, de asistencia, sociales, etc., con un espíritu siempre joven y lleno de alegría»[4]. Donde hay un cristiano que se reconoce «como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar», encontramos «la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades»[5]. «Hombres todos, y todos hijos de Dios, no podemos concebir nuestra vida como la afanosa preparación de un brillante curriculum, de una lucida carrera»[6]. Es lógico que nos ilusionemos con los horizontes que se abren ante nosotros en nuestro trabajo; pero esa ilusión, si no quiere ser delirio –«vanidad de vanidades» (Qo 1,2)–, debe estar inspirada por la pasión de iluminar las inteligencias, pacificar las tensiones, confortar los corazones.

Todos incidimos de un modo u otro en la cultura y en la opinión pública: no solo los escritores, los profesores o los profesionales de la comunicación. Cada uno a su modo puede hacer mucho por «enseñar al que no sabe», «dar buen consejo al que lo necesita» y «corregir al que se equivoca»: a quienes son víctimas, aun sin saberlo, de la superficialidad o de las ideologías; a quienes tienen sed de saber, de beber de las fuentes de la sabiduría humana y divina; a quienes no conocen a Cristo, «ni han visto la belleza de su rostro, ni saben la maravilla de su doctrina»[7] El esfuerzo por pensar la fe, de modo que se perciba el resplandor de la verdad; la disposición a complicarse la vida organizando medios de formación en los contextos más diversos; la ilusión por dar forma cristiana a la propia profesión, purificándola de abusos y abriéndole horizontes; el interés de los profesores por hacer crecer a sus alumnos; la iniciativa para orientar con nuestra experiencia a quienes se abren paso en el mundo profesional; la disposición a ayudar o aconsejar a los colegas en sus dificultades; el apoyo a los jóvenes que no se deciden a formar una familia a causa de la precariedad de sus condiciones de trabajo; la nobleza y la valentía de «corregir al que se equivoca»… Estas, y otras actitudes que van mucho más allá de éticas minimalistas, dan forma a la misericordia ordinaria que Dios pide a los cristianos de la calle.

El terreno habitual de la misericordia es un día a día del trabajo regido por la pasión de ayudar: ¿qué más puedo hacer? ¿a quién más puedo implicar?

Aunque sin duda conviene dar vida a proyectos allí donde tengamos posibilidad de dar una mano, el terreno habitual de la misericordia es un día a día del trabajo regido por la pasión de ayudar: ¿qué más puedo hacer? ¿a quién más puedo implicar? Todo esto es misericordia en acto, sin horarios, sin cálculos: «una misericordia dinámica, no como un sustantivo cosificado y definido, ni como adjetivo que decora un poco la vida, sino como verbo –misericordiar y ser misericordiados–»[8].

Arropar la debilidad del otro

Este binomio –misericordiary ser misericordiados– se hace eco de la bienaventuranza más específica de este año jubilar: «bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (Mt 5,7): se abrirá paso en ellos la misericordia, porque al darla la recibirán de lo alto. El genio de Shakespeare lo sintetizó así: «La misericordia no es obligatoria; cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe»[9].

A los misericordiosos, pues, el Señor no les promete solo clemencia y comprensión al final de sus días, sino también una medida generosa de dones –el ciento por uno (Mt 19, 29)– para esta vida: el misericordioso percibe más intensamente cómo Dios le perdona y le comprende; se alegra a su vez perdonando y comprendiendo, aunque duela; y experimenta también la alegría de ver cómo la misericordia de Dios se contagia, a través de él, a los demás. «Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1 Co 1,25). Cuando ahogamos el mal con abundancia de bien; cuando evitamos que la dureza de los demás nos endurezca el corazón, y no respondemos a la frialdad con más frialdad; cuando nos resistimos a volcar sobre quienes nos rodean nuestras dificultades; cuando nos esforzamos por sobreponernos a nuestra susceptibilidad y a nuestro amor propio, entonces libramos «las batallas de Dios (…). No hay más remedio que tomarse con empeño esta hermosísima guerra de amor, si de verdad queremos conseguir la paz interior, y la serenidad de Dios para la Iglesia y para las almas»[10].

Otra de las obras de misericordia espirituales consiste en «sufrir con paciencia los defectos de los demás». No se trata solo de no poner en evidencia al otro, de no señalarle con el dedo: la misericordia arropa la debilidad del otro, como los hijos de Noé[11], aunque al arroparle note el «olor» de sus defectos. Una misericordia distante no sería misericordia. El «olor a oveja»[12] –porque todos en la Iglesia somos «oveja y pastor»[13]– no suele ser agradable, pero exponerse a él es un sacrificio que, realizado sin aspavientos, sin que se note, tiene un aroma muy agradable a Dios: el bonus odor Christi[14]. «Cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto» (Mt 6,17-18)

La misericordia invierte una fácil tendencia a ser exigentes con los demás, y transigentes con nosotros mismos.

La misericordia invierte una fácil tendencia a ser exigentes con los demás, y transigentes con nosotros mismos. Descubrimos entonces con frecuencia que lo que nos parecía un defecto era simplemente una etiqueta que habíamos puesto al otro, quizá por un episodio aislado, o por una impresión a la que habíamos dado demasiada importancia; un «juicio sumario» que cristalizó, y que nos impide verle como es, porque percibimos solo esa cara negativa, ese rasgo hinchado por nuestro amor propio. La misericordia de Dios nos ayuda a evitar y, en su caso, a levantar esos dictámenes severos, de los que a veces no somos demasiado conscientes. También aquí rige aquella sentencia tan sabia de Tertuliano de que «dejan de odiar quienes dejan de ignorar, desinunt odisse qui desinunt ignorare»[15]. Un reto de la misericordia ordinaria, pues, es conocer mejor a quienes nos rodean, y evitar etiquetarles: padres, hijos, hermanos; vecinos, colegas… Además, cuando comprendemos a una persona, cuando no desesperamos de ella, la ayudamos a crecer; y en cambio, la fijación en las insuficiencias produce una tensión, un agarrotamiento con el que difícilmente brota lo mejor de cada uno. Toda nuestra relación con los demás, especialmente en la familia, debe ser «un “pastoreo” misericordioso»: sin paternalismos, «cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro»[16]

Hace falta también misericordia para llevar sin resentimiento la dureza con la que los demás a veces puedan tratarnos. No es fácil querer cuando uno recibe coces o indiferencia, pero «si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos?» (Mt 5,47). El aire cristiano no se caracteriza solo por la mutua comprensión sino también por la disposición a reconciliarse cuando fallamos o cuando nos tratan con desdén. La actitud sincera de «perdonar las ofensas» es la única vía para romper las espirales de incomprensión que vemos alzarse a nuestro alrededor y que son, casi siempre, espirales de desconocimiento mutuo. No es esta una actitud idealista para ingenuos que no están en contacto con la mezquindad o con el cinismo, sino «fuerza de Dios» (1 Co 1, 19): una brisa suave, capaz de derrumbar las estructuras más imponentes.

Enviados a consolar

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros seamos capaces de consolar a los que se encuentran en cualquier tribulación, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1,3-4). El cristiano sufre como los demás hombres; sufre a veces más por las incomprensiones o por las dificultades que le crea su fidelidad a Dios[17]; pero a la vez los sufrimientos se le hacen más ligeros, porque tiene el consuelo de su Padre. «Esta es tu seguridad, el fondeadero donde echar el ancla, pase lo que pase en la superficie de este mar de la vida. Y encontrarás alegría, reciedumbre, optimismo, ¡victoria!»[18] El consuelo que Dios nos da nos hace capaces de consolar; nos envía al mundo a consolar, porque «nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor»[19].

Una de nuestras alegrías en el cielo será descubrir el bien que hizo a tantas personas una brevísima oración en medio del ajetreo del tráfico o del transporte público.

Para «consolar al que está triste» es necesario aprender a leer las necesidades de los demás. Hay personas que están tristes porque experimentan la «amargura que proviene de la soledad o de la indiferencia»[20]; otras porque están sometidas a mucha tensión y necesitan descansar: se tratará de acompañarles y, a veces, de enseñarles a descansar, porque nunca aprendieron ese arte. Un buen hijo de Dios procura emular la tarea discreta del verdadero Consolador, «descanso en el trabajo, alivio en el calor, consuelo en el llanto»[21]: atender a los demás sin hacerles notar que les estamos dedicando tiempo, sin que tengan la impresión de que les concedemos audiencia, o de que les gestionamos. «Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido»[22] Un hijo de Dios camina por la existencia con la convicción profunda de que «cada persona es digna de nuestra entrega»[23]: la sonrisa, la disposición a ayudar, el interés verdadero por los demás, también por aquellos a quienes ni siquiera conocemos, pueden cambiarles el día, y a veces la vida.

Con todos, conocidos y desconocidos, nuestra misericordia encontrará un «cauce ancho, manso y seguro»[24] en la oración: «Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios»[25]. Por eso la Iglesia nos alienta a «rogar a Dios por vivos y difuntos». Una de nuestras alegrías en el cielo será descubrir el bien que hizo a tantas personas una brevísima oración en medio del ajetreo del tráfico o del transporte público, a veces quizá como respuesta misericordiosa a un gesto poco amable; la esperanza que Dios inspiró, por nuestra intercesión, a quienes sufrían por cualquier motivo; el consuelo que recibieron vivos y difuntos por nuestro recuerdo –memento– en la Santa Misa, metidos en la oración de Jesús al Padre, en el Espíritu Santo.

Acabamos así este breve recorrido por las obras de misericordia, que son en realidad «infinitas, cada una con su sello personal, con la historia de cada rostro. No son solamente las siete corporales y las siete espirituales en general. O más bien, estas, así numeradas, son como las materias primas –las de la vida misma–: cuando las manos de la misericordia las tocan y las moldean, se convierten cada una de ellas en una obra artesanal. Una obra que se multiplica como el pan en las canastas, que crece desmesuradamente como la semilla de mostaza»[26].

Carlos Ayxelá

[1] Francisco, 3ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[2] El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica las enumera así: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que yerra; perdonar las injurias; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos de los demás; rogar a Dios por vivos y difuntos.

[3] San Josemaría, Forja, 563.

[4] San Josemaría, Conversaciones, 75.

[5] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), 273.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, 76.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 179.

[8] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[9] W. Shakespeare, El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I. Cfr. Francisco, Mensaje para la 50 Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2016.

[10] San Josemaría, Apuntes tomados de una meditación, II-1972, citado en Es Cristo que pasa, Edición crítico-histórica preparada por Antonio Aranda, Rialp 2013, 8d.

[11] Cfr. Gn 9,22-23.

[12] Francisco, Homilía, 28-III-2013.

[13] Cfr. Javier Echevarría, Carta Pastoral, 1-VIII-2007.

[14] Cfr. 2 Cor 2,15.

[15] Tertuliano, ad Nationes, 1, 1. También San Agustín aborda esta cuestión en In Evangelium Ioannis Tractatus, 89 y 90.

[16] Francisco, Ex. Ap. Amoris Laetitia (19-III-2016), 322.

[17] Los salmos se hacen eco con frecuencia de esta dificultad del creyente. Cfr. p.ej. Sal 42 (41),10-12; 44 (43),10-26; 73 (72).

[18] Via Crucis, VII estación, 3.

[19] Francisco, Evangelii Gaudium, 265.

[20] San Josemaría, Discurso en el Centro ELIS, con motivo de su inauguración, 21-XI-1965 (en Josemaría Escrivá de Balaguer y la universidad, Pamplona, Eunsa 1993, 84).

[21] Misal Romano, Pentecostés, Secuencia Veni Sancte Spiritus

[22] Francisco, Enc. Laudato si’ (24-V-2015), 226

[23] Francisco, Evangelii Gaudium, 274.

[24] Amigos de Dios, 306.

[25] Catecismo de la Iglesia Católica, 2635.

[26] Francisco, 3ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016. Cfr. Mt 13,31-32; 14,19-20.

 

 

TEMA 8. Jesucristo, Dios y Hombre verdadero

Jesucristo asumió la naturaleza humana sin dejar de ser Dios: es verdadero Dios y verdadero hombre.

Resúmenes de fe cristiana 24 de Diciembre de 2012

 Jesucristo, el Verbo encarnado, no es ni un mito, ni una idea abstracta cualquiera; es un hombre que vivió en un contexto concreto.

1. La Encarnación del Verbo

«Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» ( Gal 4, 4). Se cumple así la promesa de un Salvador que Dios hizo a Adán y Eva al ser expulsados del Paraíso: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras acechas tu su calcañar» ( Gn 3, 15). Este versículo del Génesis se conoce con el nombre de protoevangelio, porque constituye el primer anuncio de la buena nueva de la salvación. Tradicionalmente se ha interpretado que la mujer de que se habla es tanto Eva, en sentido directo, como María, en sentido pleno; y que el linaje de la mujer se refiere tanto a la humanidad como a Cristo.

Desde entonces hasta el momento en que «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» ( Jn 1, 14), Dios fue preparando a la humanidad para que pudiera acoger fructuosamente a su Hijo Unigénito. Dios escogió para sí al pueblo israelita, estableció con el una Alianza y lo formó progresivamente, interviniendo en su historia, manifestándole sus designios a través de los patriarcas y profetas y santificándolo para sí. Y todo esto, como preparación y figura de aquella nueva y perfecta Alianza que había de concluirse en Cristo y de aquella plena y definitiva revelación que debía ser efectuada por el mismo Verbo encarnado [1] . Aunque Dios preparó la venida del Salvador sobre todo mediante la elección del pueblo de Israel, esto no significa que abandonase a los demás pueblos, a “los gentiles”, pues nunca dejó de dar testimonio de sí mismo (cfr. Hch 14, 16-17). La Providencia divina hizo que los gentiles tuvieran una conciencia más o menos explícita de la necesidad de la salvación, y hasta en los últimos rincones de la tierra se conservaba el deseo de ser redimidos.

La Encarnación tiene su origen en el amor de Dios por los hombres: «en esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de El» (1 Jn 4, 9). La Encarnación es la demostración por excelencia del Amor de Dios hacia los hombres, ya que en ella es Dios mismo el que se entrega a los hombres haciéndose partícipe de la naturaleza humana en unidad de persona.

Tras la caída de Adán y Eva en el paraíso, la Encarnación tiene una finalidad salvadora y redentora, como profesamos en el Credo: «por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo de María Virgen, y se hizo hombre» [2] . Cristo afirmó de Sí mismo que «el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» ( Lc 19, 19; cfr. Mt 18, 11) y que «Dios no ha enviado a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él» ( Jn 3, 17).

La Encarnación no sólo manifiesta el infinito amor de Dios a los hombres, su infinita misericordia, justicia y poder, sino también la coherencia del plan divino de salvación. La profunda sabiduría divina se manifiesta en cómo Dios ha decidido salvar al hombre, es decir del modo más conveniente a su naturaleza, que es precisamente mediante la Encarnación del Verbo.

Jesucristo, el Verbo encarnado, «no es ni un mito, ni una idea abstracta cualquiera; Es un hombre que vivió en un contexto concreto y que murió después de haber llevado su propia existencia dentro de la evolución de la historia. La investigación histórica sobre Él es, pues, una exigencia de la fe cristiana» [3] .

Que Cristo existió pertenece a la doctrina de la fe, como también que murió realmente por nosotros y que resucitó al tercer día (cfr. 1 Co 15, 3-11). La existencia de Jesús es un hecho probado por la ciencia histórica, sobre todo, mediante el análisis del Nuevo Testamento cuyo valor histórico está fuera de duda. Hay otros testimonios antiguos no cristianos, paganos y judíos, sobre la existencia de Jesús. Precisamente por esto, no son aceptables las posiciones de quienes contraponen un Jesús histórico al Cristo de la fe y defienden la suposición de que casi todo lo que el Nuevo Testamento dice acerca de Cristo sería una interpretación de fe que hicieron los discípulos de Jesús, pero no su auténtica figura histórica que aún permanecería oculta para nosotros. Estas posturas, que en muchas ocasiones encierran un fuerte prejuicio contra lo sobrenatural, no tienen en cuenta que la investigación histórica contemporánea coincide en afirmar que la presentación que hace el cristianismo primitivo de Jesús se basa en auténticos hechos sucedidos realmente.

2. Jesucristo, Dios y hombre verdadero

La Encarnación es «el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo» ( Catecismo , 483). La Encarnación del Hijo de Dios «no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre» ( Catecismo , 464). La divinidad de Jesucristo, Verbo eterno de Dios, se ha estudiado al tratar sobre la Santísima Trinidad. Aquí nos fijaremos sobre todo en lo que hace referencia a su humanidad.

La Iglesia defendió y aclaró esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a las herejías que la falseaban. Ya en el siglo I algunos cristianos de origen judío, los ebionitas, consideraron a Cristo como un simple hombre, aunque muy santo. En el siglo II surge el adopcionismo, que sostenía que Jesús era hijo adoptivo de Dios; Jesús sólo sería un hombre en quien habita la fuerza de Dios; para ellos, Dios era una sola persona. Esta herejía, fue condenada en el 190 por el papa San Víctor, por el Concilio de Antioquía del 268, por el Concilio I de Constantinopla y por el Sínodo Romano del 382 [4] . La herejía arriana, al negar la divinidad del Verbo, negaba también que Jesucristo fuera Dios. Arrio fue condenado por el Concilio I de Nicea, en el año 325. También actualmente la Iglesia ha vuelto a recordar que Jesucristo es el Hijo de Dios subsistente desde la eternidad que en la Encarnación asumió la naturaleza humana en su única persona divina [5] .

La Iglesia también hizo frente a otros errores que negaban la realidad de la naturaleza humana de Cristo. Entre estos se encuadran aquellas herejías que rechazaban la realidad del cuerpo o del alma de Cristo. Entre las primeras se encuentra el docetismo, en sus diversas variantes, que tiene un trasfondo gnóstico y maniqueo. Algunos de sus seguidores afirmaban que Cristo tuvo un cuerpo celeste, o que su cuerpo era puramente aparente, o que apareció de repente en Judea sin haber tenido que nacer o crecer. Ya San Juan tuvo que combatir este tipo de errores: «muchos son los seductores que han aparecido en el mundo, que no confiesan que Jesús ha venido en carne» (2 Jn 7; cfr. 1 Jn 4, 1-2).

Arrio y Apolinar de Laodicea negaron que Cristo tuviera verdadera alma humana. El segundo ha tenido particular importancia en este campo y su influencia estuvo presente durante varios siglos en las controversias cristológicas posteriores. En un intento de defender la unidad de Cristo y su impecabilidad, Apolinar sostuvo que el Verbo desempeñaba las funciones del alma espiritual humana,. Esta doctrina, sin embargo, suponía negar la verdadera humanidad de Cristo, compuesta, como en todos los hombres, de cuerpo y alma espiritual (cfr. Catecismo , 471). Fue condenado en el Concilio I de Constantinopla y en el Sínodo Romano del 382 [6] .

3. La unión hipostática

Al principio del siglo quinto, tras las controversias precedentes, estaba clara la necesidad de sostener firmemente la integridad de las dos naturalezas humana y divina en la Persona del Verbo; de modo que la unidad personal de Cristo comienza a constituirse en el centro de atención de la cristología y de la soteriología patrística. A este nueva profundización contribuyeron nuevas discusiones.

La primera gran controversia tuvo su origen en algunas afirmaciones de Nestorio, patriarca de Constantinopla, que utilizaba un lenguaje en el que daba a entender que en Cristo hay dos sujetos: el sujeto divino y el sujeto humano, unidos entre sí por un vínculo moral, pero no físicamente. En este error cristológico tiene su origen su rechazo del título de Madre de Dios, Theotókos , aplicado a Santa María. María sería Madre de Cristo pero no Madre de Dios. Frente a esta herejía, San Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso del 431 recordaron que «la humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción… Por eso el Concilio de Éfeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno» ( Catecismo , 466; cfr. DS 250 y 251).

Unos años más tarde surgió la herejía monofisita. Esta herejía tiene sus antecedentes en el apolinarismo y en una mala comprensión de la doctrina y del lenguaje empleado por San Cirilo por parte de Eutiques, anciano archimandrita de un monasterio de Constantinopla. Eutiques afirmaba, entre otras cosas, que Cristo es una Persona que subsiste en una sola naturaleza, pues la naturaleza humana habría sido absorbida en la divina. Este error fue condenado por el Papa San León Magno, en su Tomus ad Flavianum [7] , auténtica joya de la teología latina, y por el Concilio ecuménico de Calcedonia del año 451, punto de referencia obligado para la cristología. Así enseña: «hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad» [8] , y añade que la unión de las dos naturalezas es «sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación» [9] .

La doctrina calcedonense fue confirmada y aclarada por el II Concilio de Constantinopla del año 553, que ofrece una interpretación auténtica del Concilio anterior. Tras subrayar varias veces la unidad de Cristo [10] , afirma que la unión de las dos naturalezas de Cristo tiene lugar según la hipóstasis [11] , superando así la equivocidad de la formula ciriliana que hablaba de unidad según la “fisis”. En esta línea, el II Concilio de Costantinopla indicó también el sentido en que había de entenderse la conocida formula ciriliana de «una naturaleza del Verbo de Dios encarnada» [12] , frase que San Cirilo pensaba que era de San Atanasio pero que en realidad se trataba de una falsificación apolinarista.

En estas definiciones conciliares, que tenían como finalidad aclarar algunos errores concretos y no exponer el misterio de Cristo en su totalidad, los Padres conciliares utilizaron el lenguaje de su tiempo. Al igual que Nicea empleó el término consubstancial, Calcedonia utiliza términos como naturaleza, persona, hipóstasis, etc., según el significado habitual que tenían en el lenguaje común, y en la teología de su época. Esto no significa, como han afirmado algunos, que el mensaje evangélico se helenizara. En realidad, quienes se demostraron rígidamente helenizantes fueron precisamente los que proponían las doctrinas heréticas, como Arrio o Nestorio, que no supieron ver las limitaciones que tenía el lenguaje filosófico de su tiempo frente al misterio de Dios y de Cristo.

4. La Humanidad Santísima de Jesucristo

«En la Encarnación ‘la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida’ (GS 22, 2)» ( Catecismo , 470). Por eso la Iglesia ha enseñado «la plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo. Pero paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a “uno de la Trinidad”. El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidad (cfr. Jn 14, 9-10» ( Catecismo , 470).

El alma humana de Cristo está dotada de un verdadero conocimiento humano. La doctrina católica ha enseñado tradicionalmente que Cristo en cuanto hombre poseía un conocimiento adquirido, una ciencia infusa y la ciencia beata propia de los bienaventurados en el cielo. La ciencia adquirida de Cristo no podía ser de por sí ilimitada: «por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar “en sabiduría, en estatura y en gracia” ( Lc 2, 52) e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental (cfr. Mc 6, 38; 8, 27; Jn 11, 34)» ( Catecismo , 472). Cristo, en quien reposa la plenitud del Espíritu Santo con sus dones (cfr. Is 11, 1-3), poseyó también la ciencia infusa, es decir, aquel conocimiento que no se adquiere directamente por el trabajo de la razón, sino que es infundido directamente por Dios en la inteligencia humana. En efecto, «El Hijo, en su conocimiento humano, demostraba también la penetración que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombres (cfr. Mc 2, 8; Jn 2, 25; 6, 61» ( Catecismo , 473). Cristo poseía también la ciencia propia de los beatos: «Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar (cfr. Mc 8, 31; 9, 31; 10, 33-34; 14, 18-20.26-30» ( Catecismo , 474). Por todo esto debe afirmarse que Cristo en cuanto hombre es infalible: admitir el error en Él sería admitirlo en el Verbo, única persona existente en Cristo. Por lo que se refiere a una eventual ignorancia propiamente dicha, hay que tener presente que «lo que reconoce ignorar en este campo (cfr. Mc 13, 32), declara en otro lugar no tener misión de revelarlo (cfr. Hch 1, 7)» ( Catecismo , 474). Se entiende que Cristo fuera humanamente consciente de ser el Verbo y de su misión salvífica [13] . Por otra parte, la teología católica, al pensar que Cristo poseía ya en la tierra la visión inmediata de Dios, ha siempre negado la existencia en Cristo de la virtud de la fe [14] .

Frente a las herejías monoenergeta y monotelita que, en lógica continuidad con el monofisismo precedente, afirmaban que en Cristo hay una sola operación o una sola voluntad, la Iglesia confesó en el III Concilio ecuménico de Constantinopla, del año 681, que «Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne, en su obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo que ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación (cfr. DS 556-559). La voluntad humana de Cristo “sigue a su voluntad divina sin hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario estando subordinada a esta voluntad omnipotente” (DS 556)» ( Catecismo , 475). Se trata de una cuestión fundamental pues está directamente relacionada con el ser de Cristo y con nuestra salvación. San Máximo el Confesor se distinguió en este esfuerzo doctrinal de clarificación y se sirvió con gran eficacia del conocido pasaje de la oración de Jesús en el Huerto, en el que aparece el acuerdo de la voluntad humana de Cristo con la voluntad del Padre (cfr. Mt 26, 39).

Consecuencia de la dualidad de naturalezas es también la dualidad de operaciones. En Cristo hay dos operaciones, las divinas, procedentes de su naturaleza divina, y las humanas, que proceden de la naturaleza humana. Se habla también de operaciones teándricas para referirse a aquéllas en las que la operación humana actúa como instrumento de la divina: es el caso de los milagros realizados por Cristo.

El realismo de la Encarnación del Verbo se manifestó también en la última gran controversia cristológica de la época patrística: la disputa sobre las imágenes. La costumbre de representar a Cristo, en frescos, iconos, bajorrelieves, etc., es antiquísima y existen testimonios que se remontan al menos al siglo segundo. La crisis iconoclasta se produjo en Constantinopla a comienzos del siglo VIII y tuvo su origen en una decisión del Emperador. Ya antes había habido teólogos que se habían mostrado a lo largo de los siglos partidarios o contrarios al uso de las imágenes, pero ambas tendencias habían coexistido pacíficamente. Quienes se oponían solían aducir que Dios no tiene límites y no puede por tanto encerrarse dentro de unas líneas, de unos trazos, no se puede circunscribir. Sin embargo, como señaló San Juan Damasceno es la misma Encarnación la que ha circunscrito al Verbo incircunscribible. «Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado (…) Por eso se puede “pintar” la faz humana de Jesús ( Ga 3, 2)» ( Catecismo , 476). En el II Concilio ecuménico de Nicea, del año 787, «la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas» ( Catecismo , 476). En efecto, «las particularidades individuales del cuerpo de Cristo expresan la persona divina del Hijo de Dios. El ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo humano hasta el punto de que, pintados en una imagen sagrada, pueden ser venerados porque el creyente que venera su imagen, venera a la persona representada en ella» [15] .

El alma de Cristo, al no ser divina por esencia sino humana, fue perfeccionada, como las almas de los demás hombres, mediante la gracia habitual, que es «un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor» ( Catecismo , 2000). Cristo es santo, como anunció el arcángel Gabriel a Santa María en la Anunciación: Lc 1, 35. La humanidad de Cristo es radicalmente santa, fuente y paradigma de la santidad de todos los hombres. Por la Encarnación, la naturaleza humana de Cristo ha sido elevada a la mayor unión con la divinidad –con la Persona del Verbo- a que puede ser elevada criatura alguna. Desde el punto de vista de la humanidad del Señor, la unión hipostática es el mayor don que jamás se haya podido recibir, y suele conocerse con el nombre de gracia de unión. Por la gracia habitual el alma de Cristo fue divinizada con esa transformación que eleva la naturaleza y las operaciones del alma hasta el plano de la vida íntima de Dios, proporcionando a sus operaciones sobrenaturales una connaturalidad que de otro modo no tendría. Su plenitud de gracia implica también la existencia de las virtudes infusas y de los dones del Espíritu Santo. De este plenitud de gracia de Cristo, «recibimos todos, gracia sobre gracia» ( Jn 1, 16). La gracia y los dones han sido otorgados a Cristo no sólo en atención a su dignidad de Hijo, sino también en atención a su misión de nuevo Adán y Cabeza de la Iglesia. Por eso se habla de una gracia capital en Cristo, que no es una gracia distinta de la gracia personal del Señor, sino que es un aspecto de esa misma gracia que subraya su acción santificadora sobre los miembros de la Iglesia. La Iglesia, en efecto, «es el Cuerpo de Cristo» ( Catecismo , 805), un Cuerpo «del que Cristo es la Cabeza: vive de Él, en Él y por Él; Él vive con ella y en ella» ( Catecismo , 807).

El Corazón del Verbo encarnado. «Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: “El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Nos ha amado a todos con un corazón humano» ( Catecismo , 478). Por este motivo, el Sagrado Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia del amor con que ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (cfr. ibidem ).

José Antonio Riestra

 

(Texto actualizado el 29/12/2010 )

 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia católica , 422-483.

Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret , La Esfera de los Libros, Madrid 2007, 371-410.

Lecturas recomendadas

A. Amato, Jesús el Señor , BAC, Madrid 1998.

F. Ocáriz – L.F. Mateo Seco – J.A. Riestra, El misterio de Jesucristo , 3ª ed., EUNSA, Pamplona 2004.

—————————————

[1] Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium , 9.

[2] Concilio de Constantinopla I, Symbolum , DS 150; cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium , 55.

[3] Comisión Teológica Internacional, Cuestiones selectas de Cristología (1979), en ID., Documentos 1969-1996 , 2ª ed., BAC, Madrid 2000, 221.

[4] Cfr. DS 151 y 157-158.

[5] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Mysterium Filii Dei , 21-II-1972, en AAS 64(1972)237-241.

[6] Cfr. DS 151 y 159.

[7] Cfr. Ibidem , 290-295.

[8] Cfr. Ibidem , 301; Catecismo , 467.

[9] Cfr. Idem .

[10] Cfr. Ibidem , 423.

[11] Cfr. Ibidem , 425.

[12] Cfr. Ibidem , 429.

[13] Cfr. Comisión Teológica Internacional, La conciencia que Jesús tenía de Sí mismo y de su misión (1985) , en ID., Documentos 1969-1996, 2ª ed., BAC, Madrid 2000, 377-391.

[14] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Notificación , n. V, 26-XI-2006.

[15] Concilio de Nicea II, DS 601.

 

 

Pedir con el corazón

Escrito por Robert Sarah

Publicado: 04 Septiembre 2016

Es impresionante ver que Dios, queriendo llamar al pueblo a la conversión, no le amenaza con el castigo, sino que evoca su misericordia, como para mover el corazón y la inteligencia del hombre

La imagen esponsal hace presente el hecho de que Dios ha amado a su esposa, mientras que la respuesta de ésta es, paradójicamente, una traición. A pesar de ello Dios sigue amando a su esposa infiel.

Es en los profetas donde la misericordia de Dios alcanza, en el Antiguo Testamento, su más alta expresión; únicamente es sobrepasada por la revelación de Jesucristo. En los profetas se encuentran las dos imágenes más fuertes y más apropiadas, al nivel de la experiencia humana y de las relaciones interpersonales, que son capaces de expresar el amor de Dios: se trata de la imagen filial y de la imagen nupcial.

La imagen filial

La imagen del amor paterno es presentada en los profetas de maneras diferentes, que son otros tantos matices de una misma imagen. En ciertos textos, se evoca esta imagen para afirmar que el Señor, habiendo creado Israel, lo considera como un hijo al que está profundamente apegado, y cuyas infidelidades le hacen sufrir mucho. El capítulo 11 del profeta Oseas establece una analogía con el rechazo del amor paternal y maternal: «Cuando Israel era joven lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí. Sacrificaban a los baales, ofrecían incienso a los ídolos. Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba»(Os 11, 1-3).

Es impresionante ver que Dios, queriendo llamar al pueblo a la conversión, no lo hace por medio de la amenaza del castigo, sino evocando su misericordia, sentimiento “incontrolable” que brota de la profundidad de su Ser como para tocar y conmover el corazón y la inteligencia del hombre, y provocar su conversión y su regreso sincero hacia su Dios y Padre: «¿Cómo podría abandonarte, Israel? […] Mi corazón está perturbado, se conmueven mis entrañas»(Os 11, 8). Israel es, así pues, un hijo muy querido y hasta preferido por Dios; Él se acuerda siempre de él con afecto, sintiendo por él una profunda ternura (cfr. Jr 31, 20). Este afecto es eterno e irrevocable: «Con amor eterno te quiero»(Is 54, 8). El amor misericordioso de Dios, fuente de agua viva (Jr 17, 13), vivifica y recrea al hombre que ha caído en la idolatría y en el pecado.

El fuerte simbolismo de este lenguaje se amplía y enriquece cuando son los propios profetas, o los orantes, los que sufren con sentimientos “maternales”, a causa de las desdichas y los pecados del pueblo: «¡Ay mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las paredes del corazón, me palpita con fuerza, no puedo callar. […] El país ha quedado devastado»(Jr 4, 19-20).

También en los salmos encontramos el tema de la misericordia de Dios. Como ejemplo, baste mencionar uno de los salmos más queridos por la piedad hebrea, que es asimismo uno de los más importantes en la liturgia católica. En el salmo 51 encontramos la expresión de la profunda experiencia del perdón de Dios que David ha podido hacer después de haber cometido dos pecados muy graves: el homicidio y el adulterio. Tan pronto como David reconoce y confiesa su pecado, acompañándolo del arrepentimiento, el anuncio del perdón llega inmediatamente por medio de la voz del profeta Natán: «David respondió a Natán: “He pecado contra el Señor”». Entonces Natán dijo a David: «También el Señor ha perdonado tu pecado»(2 Sam 12, 13). En su confesión David invoca la misericordia y el amor de Dios con un íncipitmuy intenso desde el punto de vista teológico, que nosotros aquí leemos en una traducción más literal, que nos permite “gustar” más la fuerza de las expresiones hebreas: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad[ḥesed] y, por tu inmensa compasión[raḥamîm] borra mi culpa». La gran importancia de este salmo en la historia de la espiritualidad cristiana resulta confirmada por su presencia frecuente en la oración oficial de la Iglesia católica: la Liturgia de las Horas. De hecho, la encontramos en las Laudes del Viernes Santo y en las de cada viernes de las cuatro semanas, así como en las Laudes del Oficio de difuntos. Esto significa que, en los momentos más importantes del año litúrgico y de su vida personal, los fieles se dirigen a Dios, por la mañana, para implorar su misericordia en tanto que comunidad eclesial y también cada uno personalmente.

Imagen nupcial

La imagen nupcial-esponsal, a la que han recurrido todos los grandes profetas de Israel para explicar la intensidad y la naturaleza de la relación gracias a la cual Dios ha querido unirse a su pueblo, es todavía más fuerte y más frecuente en el Antiguo Testamento. El simbolismo nupcial hace presente en la historia de la salvación –y, por tanto, en nuestra historia espiritual personal– el hecho de que Dios ha amado a su esposa, mientras que la respuesta de esta última a un amor tan intenso es paradójicamente una traición y un adulterio (se trata de relaciones adúlteras con otros dioses). A pesar de ello, Dios sigue amando a su esposa infiel. En el contexto de esta metáfora, los profetas califican de prostitución el pecado de idolatría.

El primero que utiliza con realismo la imagen nupcial de Dios con su pueblo es Oseas. Llega a afirmar que el pecado cometido por Israel al dar culto a los ídolos no es solamente una prostitución, sino un adulterio. Oseas considera la Alianza del pueblo con Dios como una verdadera Alianza nupcial. En la línea de las acciones simbólicas descritas en los libros proféticos, la vida misma de estos hombres de Dios se convierte en un instrumento de la revelación de su designio misterioso. Para mostrar que Dios considera a Israel como una esposa infiel, dice a Oseas: «Ve, despósate con una mujer ligada a la prostitución […] porque el país no hace sino prostituirse»(Os 1, 2). El dolor que experimenta un marido ante la traición de su esposa amada, lo siente Dios también a causa de los pecados de su pueblo. Y como un marido indignado se aleja de la esposa infiel, así también Dios se aleja de Israel. Las hijas del profeta, cada una llamada por un nombre fuertemente simbólico, sirven para expresar esta tragedia personal, donde Dios se expresa su decepción y su amargura a causa de la infidelidad de su pueblo: «Ella volvió a concebir y dio a luz una hija. Y el Señor le dijo: “Ponle de nombre ‘No compadecida’, porque ya no tendré más compasión de la casa de Israel ni les soportaré más”» (Os 1, 6).

Afortunadamente, Dios no se detiene en el adulterio, ni en el dolor de su amor traicionado; no se empecina en el odio, sino que intenta de todas las maneras posibles e inimaginables convencer a la mujer infiel para que vuelva a él, y, cuando lo consigue la acoge con el ardor de los primeros amores y la colma de bienes: «Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón, le entrego allí mismo sus viñedos, y hago del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí, responderá como en los días de su juventud»(Os 2, 16-17). Puesto que Dios nos ama, hemos de desprendernos de nuestros ídolos, de nuestras pasiones desordenadas, de nuestros pecados, para volver a Él como una esposa vuelve a su esposo para siempre. La potencia y la misericordia de Dios permiten dejar atrás y olvidar todas las infidelidades de Israel, hasta el punto de que el nuevo pacto nupcial se caracteriza por una bienaventuranza eterna: «Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura»(Os 2, 21). Los hijos nacidos de este amor reciben nombres nuevos, portadores de un simbolismo opuesto al de los tiempos de la infidelidad: «Decid a vuestros hermanos: “Pueblo mío”, y a vuestras hermanas: “Compadecida”»(Os 2, 3).

Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

Fuente: Revista Palabra.

 

 

MADRE TERESA RADIOGRAFÍA SOCIO-POLÍTICA

 

Por René Mondragón

 

AGNES: UN ÍCONO

            Para creyentes y no, Madre Teresa constituye un paradigma en el servicio, la humildad, la generosidad, la entrega y el compromiso con una visión trascendente de la vida y la voluntad de Dios.

            Tomado de aleteia.org (ReL Septiembre 1, 2016) Tom Hoopes difundió una carta que la santa envió a una pareja el día de su boda. Nadie estaba seguro si Teresa respondería a la invitación, pero se hizo presente con una misiva tan interesante como aplicable, precisamente ahora, cuando cientos de miles de personas marcharán para defender la vida y la familia.

            La frase de entrada del texto compartido por Hoopes, hace que la palabra de Madre Teresa sea demoledora, directa, sin ambages, no solo por el impacto social que encierra en sí misma, sino por la repercusión política que asume, de manera significativa contra la cultura de la muerte.

LA VISIÓN DE LOS HIJOS

            De manera singular, en Europa, las parejas prefieren adoptar un perro, que tener un hijo. El impacto social es negativo. Europa es ya un continente viejo. Hay países en donde la población más joven tiene 15 años, es decir, no hay niños y el hueco generacional con todo lo que ello implica, será grave de verdad.

            Madre Teresa apunta: “Den la bienvenida a los niños en su matrimonio y ayúdenles a madurar para que sean la luz del amor de Dios en su familia y su vecindario”. Esto es, los hijos no son una carga como refiere SS Francisco en Amoris Laetitia. Y el escribano agrega, no pueden ser considerados un estorbo como lo quieren hacer ver las feministas radicales que afirman, que el desarrollo de la mujer se ve “interrumpido” o cancelado por la maternidad y la posterior atención de los chicos.

            Indudablemente, los hijos son una bendición, por ello mismo, la labor educativa en el hogar, contribuye a que los chicos maduren y sean luz del amor de Dios, en la familia y el vecindario. En otros términos, cuando los hijos son formados para “ser luz”, para transmitir y proyectar valores de orden superior, no solo iluminan el hogar paterno, sino que esto también incide en las relaciones y convivencia en la sociedad inmediata a la familia. De aquí que está enormemente cuestionado el contenido de los libros de texto que ofrece el gobierno del presidente Peña Nieto.

UNA SEGUNDA EVIDENCIA

            Durante una entrevista periodística, Teresa de Calcuta describe al reportero una enseñanza de su padre: “comparte siempre con los demás incluso la poca comida que tengas, sobre todo con los pobres. El egoísmo es una enfermedad del espíritu que nos convierte en sirvientes de nuestras riquezas”.

            La frase debiera ser elevada a rango constitucional porque el espíritu y sentido intenso de la expresión del padre de Agnes, tendría que ser el soporte jurídico, social y económico de los programas contra la pobreza y el hambre, al tiempo de favorecer una cultura de generosidad, de solidaridad con quienes menos tienen, y de un comportamiento social en donde el egoísmo no tiene cabida.

            ¿Por qué tanta importancia? Simple. Si partimos del concepto egoísta que pervive en los ámbitos sociales, económicos, financieros, políticos y culturales, no debe extrañar que se favorezca e impulse un clima en donde el ciudadano se vuelve sirviente de las propias riquezas, muchas o pocas.

            Y como envoltorio, “Conserven la alegría de amarse mutuamente y compártanla con los demás”. Lo que hemos sostenido en otras oportunidades en este mismo espacio, en la familia se aprende a amar a Dios, a la Patria, a los semejantes y a la naturaleza.

            La ventaja competitiva que evidencia la santa de Calcuta, se sustenta en una enorme dosis de alegría para hacer de cada suceso ordinario, una realización extraordinaria. Imaginen mis adorables lectoras y amables lectores, que todas las personas del vecindario en donde viven, repartan sonrisas y frases de buenos deseos y alegría a los demás. Más de alguno afirmaría que en ese barrio hay una locura colectiva con fuertes rasgos de esquizofrenia sonriente.

Esa es la semilla de la paz, el amor y la solidaridad. Bienvenida Madre Teresa a los altares.

 

 

 

Cifuentes pervierte a la infancia en medio de un estruendoso silencio

16/08/2016 11:40 en Enormes minucias

http://www.hispanidad.com/cifuentes-pervierte-a-la-infancia-en-medio-de-...

  • ¿Qué hacen los colegios religiosos que no braman contra la presidenta madrileña y contra su partido, el PP?
  • ¿Qué hacen los jesuitas, dueños de colegios y universidades?
  • ¿Qué hace el Opus Dei, que lidera tantos centros de enseñanza?
  • ¿Qué hacen los salesianos?, ¿la Compañía de María?, ¿y los maristas?, ¿y los pilaristas?
  • Con su silencio cobardón todos ellos demuestran más amor por el dinero del concierto que por la formación de sus alumnos.
  • ¿Qué hace la Concapa, que se dice confederación Católica de Padres de Alumnos?
  • ¿Qué hacen los cristianos del PP que cobran de su cargo público? ¿Presidir las ceremonias religiosas el día de la fiesta del patrón?
  • Ni uno solo ha criticado la barbaridad de Cristinita. Y la hija del general ya da lecciones a los obispos.
  • Y lo más grave de todo: ¿qué hacen los padres de los niños condenados al homosexualismo por lavado de cerebro en el cole?
  • ¿Votarán al PP de Cristina Cifuentes las próximas elecciones?
  • Católico: a ver si es que te están dando lo que te mereces.

Si no fuera por miedo, Cristinita Cifuentes (en la imagen), la estrella emergente del PP de Rajoy, sería la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro.

En Hispanidad ya hemos contado el alcance perverso de la nueva ley autonómica, gobiernon del Partido Popular, que condena a los menores al adoctrinamiento homosexual en las escuelas, tanto públicas como privadas.

Todo esto me asombra pero no me sorprende. Sé lo que puedo esperar de esa derecha pagana que lidera Mariano Rajoy. Y tampoco me extraña la dictadura mordaza que quiere imponer el lobby gay. Todo aquel que se atreva a criticar la homosexualidad será condenado al silencio o a pena de cárcel, con ese maravilloso invento conocido como delitos de odio.

Y lo que me asombra es abandonar el campo de batalla antes de que la batalla comience.

Para entendernos, la ley de la choni del PP supone que los colegios, ojo, tanto públicos como privados, tendrán que dar clases de adoctrinamiento homosexual que naturalmente llevará a cabo el LGBT (al tiempo), o sea, los especialistas en la materia.

¿Y el ideario del centro? A freír espárragos.

¿Y la libertad de cátedra? Idem.

¿Y la libertad de los padres para que sus hijos reciban el tipo de formación que consideren más conveniente. De eso nada: los niños para el Estado, los forja el Estado, como hacían lossoviéticos, como quiso hacer Hitler, sólo que no le dio tiempo. Esto no es sólo de Podemos, ahora es también de la Choni Cifuentes, es decir, del PP.

Y ante todo este tornado, el silencio cobarde de los afectados. A saber:

¿Qué hacen los jesuitas, dueños de colegios de renombre?

¿Qué hace el Opus Dei, que lidera tantos centros de enseñanza?

¿Qué hacen los salesianos? ¿Y la Compañía de María? ¿Y los maristas? ¿Y los pilaristas?

Con su silencio cobardón todos ellos demuestran más amor por el dinero del concierto que por la formación de sus alumnos.

¿Qué hace la Concapa, que se dice Confederación Católica de Padres de Alumnos? Un comunicadito tenue, no se vayan a enfadar nuestros hermanos mayores del puñetero PP.

¿Y qué hacen los propios cristianos del PP que cobran de su cargo público? ¿Presidir las ceremonias religiosas el día de la fiesta del santo patrón?

Ni uno solo ha criticado la barbaridad de Cristinita. Y la hija del general ya se atreve a darlecciones a los obispos sobre lo que es católico y lo que no lo es.

Y lo más grave de todo: ¿qué hacen los padres de los niños condenados al lavado de cerebro en el cole?

¿Votarán al PP de Cristina Cifuentes las próximas elecciones?

los dos obispos (Getafe y Alcalá) que se han atrevido a llamar a las cosas por su nombre, con exquisito respeto y amplia caridad, se enfrentan a una demanda por odio (tiene bemoles, la copla) por parte del lobby gay. Y Cristinita sonríe. Una sonrisa un poco boba porque ningún miembro del lobby gay va a votar al PP. Pero la choni del PP piensa en el uso interno que puede darle al asunto.

Católico: a ver si es que te están dando lo que te mereces.

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 Notas de Alejo:

En primer lugar, es deprimente que sean tan pocas las voces de los católicos que se levantan contra estos desafueros. Gracias, muchas gracias al autor de este artículo.

¿Que dice Cristo  o su Iglesia para estos casos? Su palabra nos importa

Cristo dijo “Si os golpean en una mejilla, presentad la otra” Pero a partir de la segunda “guantá”  no dijo más. Lo dejó a juicio de sus hijos. Otra cosa es cuando se ofende a Dios , a la Virgen o a su Iglesia.

Además,  Cristo también dijo; Marcos 9, 38 > "Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles." Ver también Mt 10,33; Lc 12,9; 2 Tm 2, 12 ( Por vergüenza, o mejor dicho por cobardía, se cometen hoy una gran proporción de pecados)

Santiago 4,17 > Al que sabe hacer el bien y no lo hace se le imputa a pecado ( Terrible frase)

El bien que pudimos hacer y no hicimos, se queda sin hacer por toda la eternidad

El sentido común nos dice que

Bajo ningún concepto, amenazas o presiones podemos dejar a nuestros hijos en manos de enfermos sexuales . Recordemos a Sodoma  y  Gomorra  

 La CONCAPA debe ponerse en marcha. Individualmente, sin unión no hay nada que hacer. La unión hace  la fuerza. Y los católicos seguimos teniendo más fuerza de la que parece. También en política si nos dejamos de pamplinas y empezamos a recomendar, incluso desde el púlpito,  a quienes un cristiana jamás  debe votar ¿ No predicaba Cristo en los templos sobre los fariseos, políticos de aquellos tiempos?

 Que el Estado prive de  ayudas a los colegios católicos solo indica  que se ha bajado los pantalones ante Satanás. Y se ha convertido en el primero de los ladrones de lmas

Todo lo que manda el Rey, que va contra lo que Dios manda, no tiene valor de Ley, ni es Rey quien así se desmanda.(Lope de Vega) En estos casos nuestra obligación es desobedecer, y hay muchas formas de hacerlo

Cada vez que los católicos dan un paso hacia atrás, sus enemigos dan dos pasos adelante.

Cristo, único ejemplo a seguir, fustigó duramente a los fariseos e hipócritas de su tiempo, atacó sin contemplaciones a las autoridades políticas y religiosas, predico a tiempo y a destiempo en poblaciones, aldeas, alquerías, en el templo, en el campo, en casas particulares,…se expuso a peligros y a la muerte, pero cumplió su tarea y cambió al mundo. Triunfó, pero para ello tuvo que , levantase del sillón, salir de la trinchera y avanzar.

 Jesús conocía bien el futuro y la debilidad de los hombres. Por vergüenza no se habla hoy -2016- nada de Jesús, de la Iglesia, de la Misa, Indulgencias, Confesión, Infierno, purgatoria, gloria, ayunos,  abstinencias ni de mil cosas más porque : ¿Eso que es?, Estas cosas están superadas, ya no se llevan, no existen, son costumbres desaparecidas, van contracorriente, los medios de comunicación no nombran nunca a Cristo,,….. Y los obispos, cardenales, curas y laicos de los llamados católicos sentados en sus butacas viendo culos, tetas y bailes en la TV.¿ Ya no hay nadie que defienda a Cristo y a su Iglesia?

Si desertamos hoy, veremos los resultados cuando estos niños sean mayores

Mérida 2016-08-20     Alejo1926@gmail.com

 

 

BUSCADORES DE LO AUTÉNTICO

Es triste comprobar que muchas conductas juveniles y no tan juveniles, están como sumergidas en un mundo de  fantasía que les resulta atractivo, pero no llegan, o no quieren percibir, que sus comportamientos están influenciados por teorías erróneas que les hacen sentirse fascinados,  aunque nunca satisfechos  o contentos. Estas teorías les pueden resultar fáciles y cómodas, pero  confunden  la autenticidad con la comodidad.  Quizás no lleguen a descubrir que sus vidas son “únicas e irrepetibles” y que podrían dejar de ser  páginas emborronadas, para convertirse en originales limpios y útiles.

Por otra parte,  da mucha alegría contemplar  grupos  numerosos  de jóvenes que buscan afanosamente otra forma de aprovechar la vida, acudiendo, en este caso, a encontrarse con el representante de Aquél que dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

 Este año se ha celebrado en Polonia la ya famosa J.M.J. (Jornada Mundial de la Juventud). Muchos repetían experiencia, convertidos ya en alegres comunicadores de la fe y llevaban a sus amigos y familiares para que descubrieran, entre otras cosas, que la felicidad es posible aún en esta vida. Otros acudían por primera vez buscando lo auténtico, huyendo de promesas engañosas que, por sus propios testimonios, algunos ya habían experimentado.

El Papa Francisco les habló de la alegría de Dios cuando encuentra de nuevo al pecador: “¡Sí, la alegría de Dios es perdonar! Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio: Cada uno de  nosotros es esa oveja perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad  siguiendo ideales falsos, espejismos de felicidad, que ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca, es paciente, nos espera siempre y respeta nuestra libertad.- Su corazón  está  en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría”.

Fue exigente la intervención del Papa en la vigilia de la J.M.J. animando a los jóvenes a “no ser cómodos” y  a “dejar huella”: “Queridos jóvenes no vinimos a este mundo a “vegetar”; a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar huella”. Esta pasividad, confundir la  felicidad con consumir, tiene un precio muy caro: “perdemos la libertad”. El Papa recalcó que: “Jesús es el Señor del riesgo… Jesús no es el Señor del confort” y animaba a “cambiar el sofá por un par de  zapatos que te ayuden a caminar… Sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes”.

 En el balcón del Arzobispado de Cracovia, compartió con los fieles que se habían reunido allí  -muchos eran parejas recién casadas y otras  a punto de casarse- tres consejos muy prácticos para acertar en el matrimonio. “Es algo tan hermoso -dijo-  que tenemos que cuidarlo porque es para siempre y esas tres palabras son: permiso, gracias  y perdón.  Permiso es preguntar siempre al cónyuge, la mujer al marido y el marido a la mujer: ¿Qué te parece, te parece que hagamos esto? Nunca atropellar, permiso .”

Segunda palabra: “ser agradecidos: Cuántas veces el marido le tiene que decir a la mujer, gracias; y cuántas veces la esposa le tiene que decir al marido, gracias…”

La tercera palabra es perdón: Una palabra muy difícil de pronunciarse. En el matrimonio siempre, o el marido o la mujer tienen alguna equivocación. Pedir disculpas, pedir perdón hace mucho bien…”

Fueron también varios jóvenes los que atravesaron la Puerta Santa en esos días para ganar el Jubileo. En algunos sitios silenciosos de  Croacia,  en pleno campo, se habían instalado confesonarios para recibir a los que desearan abrir el corazón en el Sacramento de la Reconciliación. Una chica de 23 años quiso dejar este testimonio: “Cuando atravesé la Puerta Santa sentí una profunda necesidad de confesarme. Me acerqué a un sacerdote que no conocía para poder, precisamente, sentirme más libre, no juzgada. Sentía un profundo deseo de purificarme. Ahora me siento verdaderamente libre…”

Nuestra enhorabuena a tantos chicos y chicas que, a través del encuentro con el Papa Francisco, en esta memorable Jornada, han superado miedos y cansancios para descubrir que la vida es el mejor regalo que han recibido y que han de potenciar para ayudar a otros a descubrirlo.

Pepita Taboada Jaén

 

 

Católicos y Evangélicos: “No votaremos por quienes apoyen el proyecto de ley de aborto”

FIRMA AQUÍ: http://goo.gl/NlSVWA

Miles de ciudadanos católicos y evangélicos salieron a marchar en todo Chile contra el proyecto de ley de aborto que promueve la presidenta Michelle Bachelet. Con varios obispos y pastores a la cabeza, estos ciudadanos advierten que harán sentir su voz (y voto) en las próximas elecciones municipales y parlamentarias.

Este descontento generalizado ha agudizado la crisis de popularidad por la que atraviesa el gobierno de Bachelet con sólo 13% de aprobación, el nivel más bajo que haya alcanzado históricamente (Encuesta ADIMARK).

Las marchas de Santiago, Arica, Puerto Mont, Concepción, Los Angeles, Chillan, Temuco, Angol, San Bernardo, Iquique y Antofagasta son un mensaje fuerte sobre todo para aquellos partidos y políticos que se consideran a sí mismos “cristianos” pero han declarado que votarán a favor de la ley de aborto.

Al convocar a la Marcha por la Vida, Monseñor Juan Ignacio Gonzáles, Obispo de San Bernardo, manifestó:

“Lo grave de todo esto es que si en Chile hay aborto sería por el voto de personas cristianas y católicas y son senadores fundamentalmente de la democracia cristiana (…) Expresamos a nuestros parlamentarios de ámbito Cristiano no deben dar lugar a esta votación  de la ley del aborto”

De la misma forma el Obispo evangélico David Paillán hizo un llamado al pueblo evangélico:

“Llamaremos enfáticamente al pueblo evangélico a no votar por ningún candidato que promueva o vote a favor de los proyectos de ley de aborto”

Únete a esta iniciativa de obispos y pastores y pídele a los parlamentarios que voten en contra del proyecto de ley de aborto de la presidenta Bachelet.

FIRMA AQUÍ: http://goo.gl/NlSVWA

 

 

La enseñanza del martirio
 
Durante la pasada semana se ha celebrado en la localidad asturiana de La Granda un curso dedicado a las víctimas y a los mártires del siglo XX, desde la perspectiva histórica y teológica. El curso, dirigido por monseñor Juan Antonio Martínez Camino. Profesores de varias universidades norteamericanas y europeas se han dado cita para recordar que el martirio por causa de la fe forma parte de la identidad de la Iglesia y que los mártires son testigos de la caridad y de la verdad de Cristo. Las siguientes palabras son como una síntesis de lo que se ha hablado.
 
La memoria de los mártires, lejos de ser un acicate para la revancha o para la división, es un signo de la verdad del amor. La Iglesia invita, con el recuerdo de los mártires de todos los tiempos, no sólo a considerar las causas de las muertes violentas y los sufrimientos, sino el itinerario de la vida de los testigos de la fe. El papa Francisco ha insistido en el martirio como el “ecumenismo de sangre” para un mundo que encuentra en el Evangelio una respuesta a la presencia del mal y de la violencia en la historia.
 
Enric Barrull Casals

 

 

La paz siempre es posible
 
Pienso que no puede decirse que el acuerdo de paz alcanzado, entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Gobierno presidido por Juan Manuel Santos, suponga una rendición del Estado de Derecho en Colombia. Aunque deberá promulgarse una ley de amnistía destinada a los guerrilleros que no tengan pendientes graves delitos de sangre, serán muchos los jefes guerrilleros, cuyos nombres aún se desconocen, los que tendrán que comparecer ante los jueces y ser eventualmente condenados a penas que pueden ir hasta veinte años de cárcel. Lo que ahora cuenta es que se abre desde ya mismo un plazo de tres meses para el desarme total de los rebeldes cuyo armamento será fundido para construir un monumento a la paz. El futuro puede ser todavía incierto, pero es evidente que el acuerdo de La Habana, en el que también ha participado Noruega y que será supervisado por la ONU, es una buena noticia que demuestra que la paz siempre es posible.
 
Valentín Abelenda Carrillo

 

 

¿El suicidio está más allá de cualquier crítica moral?
 
 
Sobre el suicidio asistido quiero hacer algunas consideraciones generales. Insisto: dejando a un lado el caso personal de cada persona que decide tomar esta medida.
 
Todavía recuerdo un artículo de hace un par de años, publicado en la revista británica Spiked, que llamaba la atención sobre un hecho realmente sorprendente. Hasta hace muy poco, el suicidio se consideraba un acto moralmente negativo: un gesto nihilista, una acción destructiva, una manifestación de egoísmo que dañaba no sólo al interesado, sino también a su familia, a sus amigos y a la comunidad. Antes era algo patológico. Ahora lo que se considera patológico es criticarlo.
 
Brendan O’Neill, el director de la publicación, sostenía que el suicidio “revela la incapacidad de la sociedad para afirmar el valor de la vida, el valor de la lucha por la existencia, lo cual puede tener el indeseado efecto de convertir el suicidio en algo normal, posiblemente incluso positivo”.
 
Es verdad. La sociedad trata el suicidio de un tiempo a esta parte como una legítima opción. Da pena, lógicamente, pero se insiste en el sacrosanto derecho de cada cual a decidir sobre su existencia. Esta postura ha recibido tal respaldo social y gubernamental en los últimos años que la legalización del suicidio asistido o el ‘derecho a morir’ en algunos países occidentales es ya una realidad.
 
Este posicionamiento no es inocente. Porque presentar el suicidio como algo que está más allá de cualquier crítica moral, pienso que contribuye a normalizarlo.
 
Jesús Martínez Madrid

 

 

Nos hacen pagar cuentas que otros malgastaron

            “Thomas Jefferson[1] fue uno de los padres de la más moderna y ambiciosa de las repúblicas modernas; fue el tercer presidente de la nueva nación y es una figura de la historia mundial y precisamente por su valía como gobernador y estadista, con las ideas bien claras. Aquellos “primeros” norteamericanos destacaron en tantas cosas que mejor lean sus más completas biografías. Hoy los que gobiernan esa gran nación, no les llegan ni a… “las suelas de sus botas de verdaderos luchadores y estadistas que piensan en el verdadero progreso de pueblos y naciones”… y es por lo que conviene, no sólo a los actuales norteamericanos, sino al resto de habitantes del mundo, el que sean recordados y hablemos de ellos. Por mi parte ya le dediqué un buen artículo a uno de aquellos “grandes entre los grandes”, como lo fue George Washington, el que tras derrotar a los ingleses, se le propuso ser coronado como rey y no aceptó; se limitó a ser el primer presidente republicano y marcar un camino a seguir. No influyeron sus enseñanzas y ejemplo, pues sabido es; “la cantidad de reyes norteamericanos que hubo y sigue habiendo”… “el del ladrillo, el del automóvil, la banca, el petróleo… y así hasta los de la cola, las hamburguesas y los ordenadores”.

            Pues bien; Jefferson y con una clarividencia envidiable, dijo en su tiempo, lo que sigue y que de haber seguido sus indicaciones, seguro que ni USA ni el resto del mundo estaría tan esquilmado como hoy lo está: veamos lo que contundentemente manifestó.

            “Deseo que fuera posible obtener una sola enmienda a nuestra Constitución. Estaría dispuesto a depender de ello para la reducción de la administración de nuestro gobierno; me refiero a un artículo adicional quitándole al gobierno federal el poder de tomar prestado” – “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron".

            Lo que antecede lo publiqué hace más de diez años, e incluso bastante antes, he hecho referencia a este gran presidente norteamericano, considerado por mí como de los mejores gobernantes que ha tenido este pobre mundo. Pero al final “los buitres” entraron de nuevo “en los rebaños de borregos” y se los han ido comiendo hasta con “la zalea” o lana y de nuevo es el dinero pésimamente empleado es el que en vez de producir prosperidad soportable y renovable; produce ruina, miseria y destrucción.

           Aquí en España, como país muy devastado por ese “pernicioso dinero manejado por vulgares avaros sedientos de riquezas a costa de lo que sea”; se nos informa de una brutal deuda y se nos conmina a que con los sacrificios que sean y que nos serán impuestos, paguemos como “capullos”, lo que otros innombrables (no hay ya nombres para calificar a esta casta de bichos dañinos) debieran pagar y luego estar en la cárcel con cadena perpetua.

            Así y sin añadir nada positivo, se nos dice en grandes titulares que… “Cada español debemos 23.444 euros de deuda pública, mil más que hace un año”; y así lo afirma el diario ABC del 16 de Julio del 2016, en sus páginas de economía.

            En las mismas páginas el mismo diario nos informa de que, en 2008 debíamos 439.771 millones, para sólo ocho años después (mayo 2016) esa deuda ha subido hasta la friolera de 1.088.738 , o sea casi dos veces y media más; así pues la ruina principal (los técnicos incluso dicen que la deuda es mucho mayor: Roberto Centeno en “sus Disparates Económicos”) nos la han echado encima, el indeseable José Luís Rodríguez Zapatero y el contumaz y tampoco muy deseable, Mariano Rajoy Brey; los dos últimos presidentes-plaga que hemos tenido que soportar y que inexplicablemente, siguen queriendo estar en candelero; cosa no explicable en país alguno… “salvo en españa” (adrede y con minúsculas). Un detalle sólo, sólo en el pasado año (2015) la deuda nos la aumentan en la friolera de 45.000 millones de euros… ¡Y viva España!

            Pero… ¿En realidad nosotros los indefensos habitantes de este territorio debemos esas cantidades? ¡No, rotundamente no! Nos lo hacen deber, por imposición contributiva y que va a durar hasta ni se sabe qué siglo, puesto que según técnicos esa deuda ya es impagable, pero eso sí, los intereses que nos harán pagar cada año, serán lo que lastrará grandemente los recursos sociales, pensiones y demás que disfrutábamos, pero que nos han ido quitando y cada vez lo harán más.

             Noten ustedes que los políticos (todos los políticos, que yo sepa) de estas y otras cosas de verdadero interés para la población, no hablan ni pío… “ellos con sus discursos, mentiras y demagogias, lo que tratan es de quitar al que le estorba para ponerse ellos mismos y cobrar lo mismo que cobra el oponente, o mucho más si es que pueden.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

[1] Thomas Jefferson (13 de abril de 1743 — 4 de julio de 1826) fue el tercer presidente de los Estados Unidos de América, ocupando el cargo entre 1801 y 1809. Anteriormente también había ocupado los cargos de Secretario de Estado (entre 1790 y 1793), Vicepresidente (entre 1797 y 1801) y de gobernador de Virginia (1779-1781). También es conocido por el hecho de ser el autor principal de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y por fundar la Universidad de Virginia