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Las Noticias de hoy 30 Mayo 2016

                Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 30 de mayo de 2016       

Indice:

Newsletter Diario

Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos

“Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”, el Papa en el Jubileo de los Diáconos

Tren de los niños: cristiano es quien hace el bien, dijo el Papa

El Papa abraza a Hebe de Bonafini, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo

Martes de la semana 9 de tiempo ordinario; año par: Llucià Pou Sabaté

La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

La Visitación de la Virgen María: Llucià Pou Sabaté

“Haced lo que Él os diga”: San Josemaria

Esther Tallah: "La falta de acceso de la mujer a la educación acarrea numerosos lastres sociales"

‘Amoris laetitia’: Pautas doctrinales para un discernimiento pastoral: Angel Rodríguez Luño

Papa Francisco sobre el amor en la familia: Charles J. Chaput

El nuevo sexo discriminado: encuentra.com

Papel de la madre en la formación de sus hijos y en el hogar: Acción Familia

AMOR… SIN TIEMPO: Eliseo León Pretell 

Hablemos de sexualidad con nuestros hijos: Silvia del Valle Márquez

El inexplicable prestigio del comunismo en España: Pedro de Tena

FAMILIA ¿SE TAMBALEA?: Ing. Jose Joaquín Camacho                      

'Nueva mentalidad': Suso do Madrid

La educación diferenciada no segrega: Jesús Martínez Madrid

Austria como síntoma: Domingo Martínez Madrid

Presencia de la mujer en el mundo misionero: Lluis Esquena Romaguera

Los chinos y su implacable guerra de conquista: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

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Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

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Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos

Ángelus dominical del Papa Francisco en el Jubileo de los Diáconos – AP

29/05/2016 11:54

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Al final de la celebración Eucarística con motivo del Jubileo de los Diáconos el Santo Padre rezó con los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus dominical.

Antes de rezar a la Madre de Dios, y con su saludo a los queridos Diáconos llegados de Italia y de diversos países, a quienes les agradeció especialmente su presencia en la Iglesia, el Obispo de Roma recordó la celebración de la Jornada Nacional del Consuelo, que tiene por objetivo ayudar a las personas a vivir bien la fase final de la su existencia terrena.

El pensamiento del Santo Padre también se dirigió a la tradicional peregrinación que hoy se realiza en Polonia al Santuario mariano de Piekary, con el deseo de que la Madre de la Misericordia sostenga a las familias y a los jóvenes en el camino hacia la Jornada Mundial de Cracovia.

Y destacó que el próximo miércoles, 1° de junio, con ocasión de la Jornada Internacional del Niño, las comunidades cristianas de Siria, tanto católicas como ortodoxas, rezarán juntas por la paz.

“Los niños sirios – dijo el Pontífice – invitan a los niños de todo el mundo a unirse a su oración por la paz”. De ahí su invitación a invocar por estas intenciones la intercesión de la Virgen María, mientras le encomendamos a Ella la vida y el ministerio de todos los Diáconos del mundo.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Palabras del Santo Padre Francisco antes de rezar el Ángelus dominical:

Al final de esta celebración deseo dirigir un especial saludo a ustedes, queridos Diáconos, llegados de Italia y de diversos países. ¡Gracias por su presencia hoy, pero sobre todo de su presencia en la Iglesia!

Saludo a todos los peregrinos, en particular a la Asociación europea de los Schützen históricos; a los participantes en el “Camino del Perdón” promovido por el Movimiento Celestiniano; y la Asociación Nacional para la Tutela de las Energías Renovables, comprometida en la obra de educación para el cuidado de la creación.

Recuerdo además la hodierna Jornada Nacional del Consuelo, finalizada a ayudar a las personas a vivir bien la fase final de la existencia terrena; como también la tradicional peregrinación que se realiza hoy en Polonia al Santuario mariano de Piekary: la Madre de la Misericordia sostenga a las familias y a los jóvenes en el camino hacia la Jornada Mundial de Cracovia.

El próximo miércoles, 1° de junio, con ocasión de la Jornada Internacional del Niño, las comunidades cristianas de Siria, sean católicas que ortodoxas, vivirán juntos una especial oración por la paz, que tendrá como protagonistas a los propios niños. Los niños sirianos invitan a los niños de todo el mundo a unirse a su oración por la paz.

Invoquemos por estas intenciones la intercesión de la Virgen María, mientras encomendamos a Ella la vida y el ministerio de todos los Diáconos del mundo.

 

“Servir es el estilo mediante el cual se vive la misión de evangelizar”, el Papa en el Jubileo de los Diáconos

El Papa Francisco en la Plaza de San Pedro en la Celebración Eucarística en el Jubileo de los Diáconos. – AFP

29/05/2016 10:45

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 “Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la Celebración Eucarística en el Jubileo de los Diáconos. El evento jubilar que congregó a diáconos de todo el mundo bajo el lema: “El diácono, imagen de la misericordia para la promoción de la nueva evangelización”, concluyó con la Misa presidida por el Santo Padre.

«Servidor de Cristo» (Ga 1,10).

En su homilía, el Obispo de Roma recordó las expresiones con las cuales se define el apóstol Pablo cuando escribe a los Gálatas, a ellos se presenta como servidor y apóstol. “Ambos términos, apóstol y servidor, afirma el Papa, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús”. En este sentido, el Pontífice explicó que el Señor ha sido el primero que nos ha mostrado el servicio, Él se hizo servidor para traernos la Buena Noticia. Por ello, “el discípulo de Jesús – afirma el Papa – no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús”.

Invitados a vivir la disponibilidad

Y el verdadero testigo de Cristo, señala el Sucesor de Pedro, es el que hace como Él, es decir, el que sirve sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio. Y para ser testigos de Cristo, como primer paso, estamos invitados a vivir la disponibilidad. “El siervo aprende cada día a renunciar a disponer todo para sí – subraya el Papa – y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que serán para vivirlos como una entrega de sí”. En efecto, quien sirve no es un guardián celoso de su propio tiempo, sabe que el tiempo que vive no le pertenece, sino que es un don recibido de Dios para a su vez ofrecerlo. “El siervo – agrega el Pontífice – sabe  abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir algo que le gusta o el descanso que se merece”. Solo así, queridos diáconos, los alentó el Papa, viviendo en la disponibilidad, su servicio estarán exentos de cualquier tipo de provecho y serán evangélicamente fecundos.

La mansedumbre y humildad del servicio cristiano

Comentando el Evangelio que la liturgia presenta este IX Domingo del Tiempo Ordinario, el Vicario de Cristo señaló que de él podemos sacar enseñanzas preciosas sobre el servicio. Sobre todo de la actitud del Centurión. “Le asombra la gran humildad del centurión, afirma el Papa, su mansedumbre… Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29)”. En efecto, agrega el Pontífice, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solícito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores. “Estos son también los rasgos de mansedumbre y humildad del servicio cristiano, que es imitar a Dios en el servicio a los demás: acogerlos con amor paciente, comprenderlos sin cansarnos, hacerlos sentir acogidos, a casa, en la comunidad eclesial, donde no es más grande quien manda, sino el que sirve”.

Jesús, «no nos llama más siervos, sino amigos»

Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco recordó que además del apóstol Pablo y el centurión, en las lecturas de hoy hay un tercer siervo, aquel que es curado por Jesús. “De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro”. Por ello, afirma el Papa, “nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús. Pidan cada día esta gracia en la oración, en una oración donde se presenten las fatigas, los imprevistos, los cansancios y las esperanzas: una oración verdadera, que lleve la vida al Señor y el Señor a la vida”. Sólo así encontraran la presencia de Jesús, que se entrega, para que ustedes se den a los demás, los alentó el Papa, sólo así, podrán ser disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, sólo así, no tendrán temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Texto y audio completo de la homilía del Papa Francisco

«Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.

El Señor ha sido el primero que nos lo ha mostrado: él, la Palabra del Padre; él, que nos ha traído la buena noticia (Is 61,1); él, que es en sí mismo la buena noticia (cf. Lc 4,18), se ha hecho nuestro siervo (Flp 2,7), «no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). «Se ha hecho diácono de todos», escribía un Padre de la Iglesia (San Policarpo, Ad Phil. V,2). Como ha hecho él, del mismo modo están llamados a actuar sus anunciadores. El discípulo de Jesús no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo, como hizo Pablo: aspirar a ser un servidor. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús. Su testigo es el que hace como él: el que sirve a los hermanos y a las hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio.

¿Por dónde se empieza para ser «siervos buenos y fieles» (cf. Mt 25,21)? Como primer paso, estamos invitados a vivir la disponibilidad. El siervo aprende cada día a renunciar a disponer todo para sí y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que serán para vivirlos como una entrega de sí. En efecto, quien sirve no es un guardián celoso de su propio tiempo, sino más bien renuncia a ser el dueño de la propia jornada. Sabe que el tiempo que vive no le pertenece, sino que es un don recibido de Dios para a su vez ofrecerlo: sólo así dará verdaderamente fruto. El que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios. El servidor está abierto a las sorpresas, a las sorpresas cotidianas de Dios. El siervo sabe abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir algo que le gusta o el descanso que se merece. El servidor descuida los horarios. A mí me hace mal el corazón cuando veo un horario – en las parroquias – de tal hora a tal hora. ¿Después? No hay una puerta abierta, no está el sacerdote, no está el diácono, no hay un laico que reciba a la gente… esto hace mal. Descuidar los horarios: tienen esta valentía, de descuidar los horarios. Así, queridos diáconos, viviendo en la disponibilidad, vuestro servicio estará exento de cualquier tipo de provecho y será evangélicamente fecundo.

También el Evangelio de hoy nos habla de servicio, mostrándonos dos siervos, de los que podemos sacar enseñanzas preciosas: el siervo del centurión, que regresa curado por Jesús, y el centurión mismo, al servicio del emperador. Las palabras que este manda decir a Jesús, para que no venga hasta su casa, son sorprendentes y, a menudo, son el contrario de nuestras oraciones: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo» (Lc 7,6); «por eso tampoco me creí digno de venir personalmente» (v.7); «porque yo también vivo en condición de subordinado» (v. 8). Ante estas palabras, Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre. Y la mansedumbre es una de las virtudes de los diáconos, ¿eh? Cuando el diácono es manso, es servidor y no juega a imitar a los sacerdotes, no, no… es manso. Él, ante el problema que lo afligía, habría podido agitarse y pretender ser atendido imponiendo su autoridad; habría podido convencer con insistencia, hasta forzar a Jesús a ir a su casa. En cambio se hace pequeño, discreto, no alza la voz y no quiere molestar. Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). En efecto, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solícito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores. Estos son también los rasgos de mansedumbre y humildad del servicio cristiano, que es imitar a Dios en el servicio a los demás: acogerlos con amor paciente, comprenderlos sin cansarnos, hacerlos sentir acogidos, a casa, en la comunidad eclesial, donde no es más grande quien manda, sino el que sirve (cf. Lc 22,26). Y jamás gritar: ¡jamás! Así, queridos diáconos, en la mansedumbre, madurará vuestra vocación de ministros de la caridad.

Además del apóstol Pablo y el centurión, en las lecturas de hoy hay un tercer siervo, aquel que es curado por Jesús. En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad (v.2). De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que «no nos llama más siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Queridos diáconos, podéis pedir cada día esta gracia en la oración, en una oración donde se presenten las fatigas, los imprevistos, los cansancios y las esperanzas: una oración verdadera, que lleve la vida al Señor y el Señor a la vida. Y cuando sirváis en la celebración eucarística, allí encontraréis la presencia de Jesús, que se os entrega, para que vosotros os deis a los demás.

Así, disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, no tendréis temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy.

 

Tren de los niños: cristiano es quien hace el bien, dijo el Papa

Encuentro del Obispo de Roma con los pequeños participantes en la nueva edición de la iniciativa conocida como el “Tren de los niños” – ANSA

28/05/2016 18:36

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 Tal como estaba previsto, a mediodía del último sábado de mayo y en un ambiente lleno de alegría, tuvo lugar el encuentro y abrazo del Obispo de Roma con los pequeños participantes en la nueva edición de la iniciativa conocida como el “Tren de los niños”, que organiza el Atrio de los Gentiles, para menores que se encuentran en situaciones de dificultad. En esta ocasión llegaron a la Ciudad del Vaticano para el encuentro con el Papa Francisco más de 400 niños procedentes de la región italiana de Calabria.

Los emigrantes “no son un peligro, sino que corren peligro”. Con este juego de palabras el Santo Padre fotografió la situación de los prófugos y migrantes en fuga de las guerras y persecuciones durante su encuentro con estos pequeños huéspedes del “Tren de los niños”, que se reunieron con el Pontífice en el atrio del Aula Pablo VI.

En este tren, cargado por el dolor de las vicisitudes de sus pequeños pasajeros, viajaba también la Orquesta infantil “Cuatro cantos” de Palermo, en el que cantan niños de ocho etnias gracias a la iniciativa de María Salvia, Directora de una escuela de Vibo Marina, que llevó a Francisco el dinero que recaudaron en una colecta para los chicos de Lesbos y una carta, firmada por sus alumnos, que el Cardenal Gianfranco Ravasi leyó al Papa:

“Hemos reflexionado acerca de todos aquellos adultos y niños que dejan su tierra a causa de la guerra y de las persecuciones. Muchos ni siquiera logran alcanzar la meta a causa de aquellas olas que deberían garantizarles la salvación y que, en cambio, los traicionan y los llevan a la muerte. Pensamos en ellos y no logramos comprender cómo en el mundo puedan existir tantas injusticias. Prometemos recibir a quien llegue a nuestro país, sin considerar a quien tenga un color de la piel diverso, a quien hable una lengua diferente o profese otra religión, un enemigo peligroso”.

En efecto la edición de este año del “Tren de los niños” está dedicada a los pequeños emigrantes que han afrontado un gran viaje en busca de esperanza, y también está dirigida a los niños que los han acogido en sus ciudades, en sus escuelas y en sus casas. De ahí el lema de “Traídos por las olas”, como ha sucedido a un joven nigeriano que dejó su país con sus padres para huir de la guerra, pero que durante el viaje perdió a su papá y a su mamá en una de las tantas y dramáticas tragedias del mar. Él logró sobrevivir y ahora vive en la localidad de Lamezia, donde ha sido acogido como un hijo.

Durante este conmovedor encuentro con centenares de niños de diversas etnias y religiones sobre el drama de la inmigración, observado desde el punto de vista de los pequeños, uno de ellos, Sayende, procedente de Nigeria le dijo a Francisco: “Buenos días Papa, quiero pedirte que reces por mi familia que está en el cielo y por mis amigos, que también se fueron al cielo, murieron en el agua”.

Sabiendo que los niños entienden, el Santo Padre amplificó para ellos palabras como “paz, hermandad, comprensión, bien, igualdad y acogida”. Mientras una niña le preguntó al Pontífice qué significa para él “ser Papa”.

“Significa – fue la respuesta – hacer el bien que yo puedo hacer. Siento que Jesús me ha llamado para esto. Jesús ha querido que yo fuera cristiano, y un cristiano debe hacer esto. Y Jesús también ha querido que yo fuera sacerdote, obispo; y un sacerdote y un obispo deben hacer esto. Yo siento que Jesús me dice que tengo que hacer esto: esto es lo que siento”.

 

El Papa abraza a Hebe de Bonafini, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo

Hebe de Bonafini, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo – EPA

28/05/2016 18:49

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El Santo Padre recibió la tarde del viernes 27 de mayo en la Casa de Santa Marta, a la Sra. Hebe de Bonafini, fundadora y presidenta de las Madres de Plaza de Mayo. Se trata de una asociación formada por las madres de los desaparecidos durante la dictadura militar argentina.

Hebe de Bonafini, a pesar de sus 87 años, no ha perdido su espíritu combatiente. Durante la dictadura militar en Argentina  su vida fue sacudida por la pérdida de dos hijos y una nuera, desaparecidos junto a tantos opositores del régimen de entonces.

El encuentro con el Pontífice  fue largo y muy afectuoso. Nos hemos abrazado y conmovido – explicó la Sra. de Bonafini – quien en el pasado había criticado al Papa Bergoglio, razón por la cual le ha pedido disculpas.

Anteriormente y mediante una carta, había admitido que se había equivocado, ignorando el empeño del Cardenal Bergoglio por los pobres. La fundadora de las Madres de Plaza de Mayo le comentó al Pontífice la dramática situación que atraviesa en este momento su país, con la gente que no tiene trabajo y lucha por sobrevivir. El Papa – dijo también la Sra. de Bonafini en su encuentro con los periodistas – sobre todo ha escuchado con gran atención y le dijo que por el momento no puede ir a Argentina.

 

Martes de la semana 9 de tiempo ordinario; año par

Estamos llamados a participar de las actividades temporales con el corazón lleno de amor de Dios.

«Le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprenderle en alguna palabra. Acercándose, le dicen: Maestro, sabemos que eres veraz y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios de verdad. ¿Es lícito dar tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos? Pero él, advirtiendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que lo vea. Ellos se lo mostraron, y les dice: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César Jesús les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraban de él».(Marcos 12, 13-17)

1. Jesús, te hacen una pregunta malévola, pero tú respondes con una regla de oro para compaginar la religión con la vida social. ¿Cómo compaginar el respeto a la libertad de la conciencia de cada uno, al mismo tiempo que busco la gloria de Dios? Quisiera profundizar en tus palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Estoy en el mundo, pero soy hijo de Dios. Soy del mundo, pero no me limito a él, estoy llamado a algo más. No te tendré solo en el cielo, Señor, sino que ya estás aquí, en nuestras cosas, en las personas que conviven conmigo: «pues cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25,40). Quiero verte, Señor, y darte lo que es tuyo, en unión con los demás, respetando su modo de ser, su libertad política, unidos en el trabajo común, en buscar el bien común a través del trabajo, la justicia, la solidaridad.

Que te sepa ver, Dios mío, en aquellos que tienen alguna necesidad material o espiritual, y que sepa darles lo que les toca por justicia, sin dejarme llevar por ese dios falso que es “don dinero”.

Se va acuñando el término “laicidad”, para significar mutuo respeto entre Iglesia y Estado fundamentado en la autonomía de cada parte, porque hoy día un “laicismo” quiere la no inclusión de la influencia religiosa en la vida social, fruto de un proceso de secularización. Cuando se rompió la unidad religiosa y un cierto control de la Iglesia sobre actividades seculares, especialmente a partir de la Ilustración, se va configurando una separación entre los ámbitos religioso y profano, con unas Constituciones democráticas donde se va plasmando esa separación Iglesia-Estado. En estos años primeros del siglo XXI, se ha focalizado la atención sobre la manifestación pública de los símbolos religiosos, como el crucifijo en los lugares públicos.

En nuestra sociedad, que los Estados quieren controlar todo, cuesta más el "dad a Dios lo que es de Dios". "Laicidad" puede significar, en positivo, superar esas tensiones antiguas de "poder civil" opuesto a "poder religioso", es decir no subyugar un aspecto al otro, pues las áreas civiles y religiosas pertenecen igualmente a la persona en su carácter público. Así, toda forma de (cesaropapismo) quedaría superada y también una respuesta -¡por fin!- por parte de la Iglesia (Concilio Vaticano II, Decreto sobre la libertad religiosa) a la justa autonomía de la esfera civil, y de los laicos, en el orden político y social. Para los creyentes, en pocas palabras, se trataría de sustituir el sueño de la "teocracia" (gobierno con "censura" religiosa) a una aspiración de "teocentrismo": uno, libremente, puede albergar la luz de Dios en su interior, y con ella iluminar a su alrededor, sabiendo que la propia libertad acaba donde comienza la libertad de los demás.

También hoy se olvida que muchos progresos de la humanidad han sido promovidos por las instituciones religiosas: en los campos del derecho (derecho de gentes, preludio del Derecho internacional), de la cultura (el comienzo de las Universidades, muchas escuelas), de los servicios (los hospitales y tantas otras cosas que ahora sustenta el Estado o entes privados), la comunicación, de la ciencia y de la tecnología. Algunos intentan excluir a Dios de estos y otros ámbitos de la vida, presentándolo como antagonista del hombre, cuando han sido los cristianos promotores de la libertad (que no existía como hoy entendemos en la antigua Grecia, por ejemplo).

Los bienes de la Ilustración: libertad, igualdad, fraternidad, son de raíz cristiana en gran parte. Pero sin las raíces, no dan frutos: así, sin referencia al Padre, la fraternidad no se vive -sin padres, no hay hermanos-, sino que es una filantropía que muchas veces pisa a los demás, los ningunea a través de diversas formas de su corrupción.

Jesús, tú desacralizas el concepto de impuesto, sin desprestigiar la autoridad civil que tiene derecho a la obediencia, pero nos indicas que siempre que no vaya contra la conciencia que indica una obediencia superior: la que se debe a Dios. Lo que indicas “Al César lo que le toca y Dios lo propio”, no es contradictorio sino el modo de conjugar las dos cosas. Te pedimos valentía para defender por ejemplo la libertad de la conciencia ante los asaltos de los poderes del Gobierno, a los que quizá convendrá denunciar a los tribunales, cuando falten a ese respeto al marco constitucional.

No te pedimos, Jesús, un lugar de privilegio para la Iglesia ni mandar sobre las cosas de la calle, pero sí un respeto a la libertad religiosa de cada persona. Te pido que nos ayudes a influir en la sociedad, cada uno en nuestro campo. En tu tiempo había algunos contrarios a los impuestos (zelotes) y otros que veían en ellos un modo de cuidar del Templo (fariseos), incluso algunos adulaban al poder establecido (herodianos). Jesús, que aprenda a no tomar parte sino estar con la verdad, a no “venderme” ante los poderosos, chantajes, tráfico de influencias,

Te pido también, Jesús, no servirse de lo religioso para los intereses políticos, ni de lo político para los religiosos. Que no me deje llevar por el bienestar material, y ponga encima el espiritual. Ser un ciudadano pleno, comprometido en los varios niveles de la vida económica, profesional, política, y ser creyente, como dice Jerónimo, «tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del César».

Te pido verte en las cosas el mundo, buscar una ética en mi campo profesional, con un discernimiento que vaya madurando en la oración, donde –dice Tertuliano- «Cristo nos va enseñando cuál era el designio del Padre que Él realizaba en el mundo, y cual la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio».

2. Este mundo es camino para el otro, pero aquí hemos de verte, Señor, como dice el Apóstol: “-Hermanos, esperad con impaciencia la venida del "Día del Señor"”. Ayúdanos, Señor, a vivir de esperanza. Que sepamos trabajar en este mundo, en espera del gran día donde la justicia, belleza, amor, santidad vencerán toda injusticia, fealdad, egoísmo, todo mal: “-Porque esperamos, según la promesa del Señor, unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia”. Lo mejor no está a nuestra espalda, sino delante de nosotros. Lo mejor no está en el pasado sino en el porvenir. Los cielos y la tierra son ya muy hermosos. Pero no son más que un pálido bosquejo de la maravilla que serán «los cielos nuevos y la tierra nueva» (Noel Quesson).

-“En la espera de ese día, hermanos muy queridos, esforzaos en ser hallados en paz ante el Señor, sin mancilla y sin tacha, irreprochables”. ¡Ayúdanos, Señor, a poner en todas las cosas ese «acabado perfecto» que esperas de nosotros! Es decir, que rezar me ayude a trabajar y no parar hasta que a mi lado no haya nadie en paro, sin poder trabajar… con paz.

-“Vosotros estad alerta… No os dejéis arrastrar por el error… No abandonéis la firmeza”…

3. Quiero cantarte con el Salmo (89): “Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación”, con tu Providencia conservas y diriges todo, para que todo encuentre en Ti su plenitud. Contigo, Señor, todo irá bien. Te pido, por la mediación de santa María, construir una sociedad más fraterna, en vistas a la Gloria eterna.

Llucià Pou Sabaté

 

La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

Evangelio de San Lucas

Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:
-Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. (Lc 1, 39-45)

Acompaña a María
Ahora, niño amigo, ya habrás aprendido a manejarte.
—Acompaña con gozo a José y a Santa María… y escucharás tradiciones de la Casa de David: Oirás hablar de Isabel y de Zacarías, te enternecerás ante el amor purísimo de José, y latirá fuertemente tu corazón cada vez que nombren al Niño que nacerá en Belén…
Caminamos apresuradamente hacia las montañas, hasta un pueblo de la tribu de Judá. (Luc., I, 39)
Llegamos. —Es la casa donde va a nacer Juan, el Bautista.
—Isabel aclama, agradecida, a la Madre de su Redentor: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! —¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme? (Luc., I, 42 y 43)
El Bautista nonnato se estremece… (Luc., I, 41) —La humildad de María se vierte en el Magníficat… —Y tú y yo, que somos —que éramos— unos soberbios, prometemos que seremos humildes.
Santo Rosario, 2º misterio gozoso

Bienaventurada eres porque has creído, dice Isabel a nuestra Madre. —La unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque “lleva” a Cristo.
Surco, 566

Vuelve tus ojos a la Virgen y contempla cómo vive la virtud de la lealtad. Cuando la necesita Isabel, dice el Evangelio que acude «cum festinatione», —con prisa alegre. ¡Aprende!
Surco, 371

Maestra de fe
Maestra de fe. ¡Bienaventurada tú, que has creído!, así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Amigos de Dios, 284

La paz de sabernos amados por nuestro Padre Dios, incorporados a Cristo, protegidos por la Virgen Santa María, amparados por San José. Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida.
Es Cristo que pasa, 22

 

 

La Visitación de la Virgen María

Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. Con tu amor y servicio nos ayudas a entender que servir es reinar

“Por aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá". Entonces María dijo: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo, y su misericordia es eterna con aquellos que le honran. Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio.
Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada. Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre".
María estuvo con Isabel unos tres meses; después regresó a su casa” (Lucas 1, 39-56).

1. Se celebra esta fiesta para toda la Iglesia a partir de 1389, cuando se pidió a María su intercesión para que concluyera el cisma de Occidente. Culmina con ese día el mes dedicado de modo especial al culto de María, al menos en Europa. Esta fiesta nos manifiesta su mediación, su espíritu de servicio y su profunda humildad. Mediación que canta en el Magnificat, servicio de unos meses a su prima ya mayor, humildad que viene de su gran amor. Nos enseña a llevar la alegría cristiana allí a donde vamos: la Virgen, al conocer que su prima tendría un hijo, siendo ya mayor, fue a ayudarla “cum festinatione”, haciendo fiesta, es decir con alegría. Y al saludar a su prima salta de gozo el niño que llevaba dentro Isabel, el que será llamado Juan Bautista.

Canta un himno: “La Virgen santa, grávida del Verbo, en alas del Espíritu camina; la Madre que lleva la Palabra, de amor movida, sale de vista.

Y sienten las montañas silenciosas, y el mundo entero en sus entrañas vivas, que al paso de la Virgen ha llegado el anunciado gozo del Mesías.

Alborozado Juan por su Señor, en el seno, feliz se regocija, y por nosotros rinde el homenaje y al Hijo santo da la bienvenida.

Bendito en la morada sempiterna aquel que tu llevaste, Peregrina, aquel que con el Padre y el Espíritu, al bendecirte a ti nos bendecía. Amén”.

En el segundo misterio de gozo del Santo Rosario contemplamos siempre esta entrega pronta, alegre y sencilla de la Virgen, que nos anima a hacer lo mismo con quienes nos rodean. Si estamos como ella muy cerca del Señor, podremos: “la unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque ‘lleva’ a Cristo” (San Josemaría Escrivá, Surco, n. 566). Señor, te pido llevarte conmigo, con la alegría, allí a donde voy… al trabajo, a las relaciones de amistad o sociales; que sepa ser instrumento de alegría para los demás, al llevarles tu presencia.

A la llegada de Nuestra Señora, Isabel, llena del Espíritu Santo, proclama en voz alta: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno”.

Isabel inventa el Avemaría… no se limita a llamarla bendita, sino que relaciona su alabanza con el fruto de su vientre, que es bendito por los siglos. ¡Cuántas veces hemos repetido también nosotros estas mismas palabras, al recitar el Avemaría!: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Quisiera, Madre mía, pronunciarlas con el mismo gozo con que lo hizo Isabel, al trabajar, al mirar una imagen tuya…

María y Jesús siempre estarán juntos. Los mayores prodigios de Jesús serán realizados –como en este caso– en íntima unión con su Madre, Medianera de todas las gracias. “Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte” (Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58).

Aprendamos hoy, una vez más, que cada encuentro con María representa un nuevo hallazgo de Jesús. “Si buscáis a María, encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en este corazón de Dios que se anonada” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 144), que se hace asequible en medio de la sencillez de los días corrientes. Este don inmenso –poder conocer, tratar y amar a Cristo– tuvo su comienzo en la fe de Santa María, cuyo perfecto cumplimiento Isabel pone ahora de manifiesto: “la plenitud de gracia, anunciada por el ángel, significa el don de Dios mismo; la fe de María, proclamada por Isabel en la Visitación, indica cómo la Virgen de Nazareth ha respondido a este don” (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 1987,12).

Rezamos con la Oración de hoy: “Dios todopoderoso, Tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo…”

Como contemplamos en el Santo Rosario, la Visitación es un misterio de gozo. Juan el Bautista exulta de alegría en el seno de Santa Isabel; esta, llena de alegría por el don de la maternidad, prorrumpe en bendiciones al Señor; María eleva el Magnificat, un himno todo desbordante de la alegría mesiánica: es “el cántico de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la alegría del antiguo y del nuevo Israel (…). El cántico de la Virgen, dilatándose, se ha convertido en plegaria de la Iglesia de todos los tiempos” (Pablo VI, Exhor. Apost. Marialis cultus, 1974,18).

Estas palabras son el espejo del alma de Nuestra Señora; un alma llena de grandeza y tan cercana a su Creador: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”.

Y junto a este canto de alegría y de humildad, la Virgen nos ha dejado una profecía: “desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. “Desde los tiempos más antiguos la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo acuden los fieles, en todos sus peligros y necesidades, con sus oraciones. Y sobre todo a partir del Concilio de Éfeso, el culto del pueblo de Dios hacia María creció maravillosamente en veneración y amor, en invocaciones y deseo de imitación, en conformidad de sus mismas palabras proféticas: Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso”, sigue diciendo el texto Vaticano.

La devoción popular, la inmensidad de imágenes a ella dedicadas, las incontables alabanzas que se dirigen a la Virgen en una multitud de iglesias que llevan su advocación, son prueba de que la llamamos bienaventurada, con aquellas palabras pronunciadas en la fiesta que celebramos: Dios te salve, María, llena eres de gracia…, bendita tú eres entre todas las mujeres…

De modo particular la hemos invocado a lo largo de este mes de mayo, “pero el mes de mayo no puede terminar; debe continuar en nuestra vida, porque la veneración, el amor, la devoción a la Virgen no pueden desaparecer de nuestro corazón, más aún, deben crecer y manifestarse en un testimonio de vida cristiana, modelada según el ejemplo de María, el nombre de la hermosa flor que siempre invoco // mañana y tarde, como canta Dante Alighieri (Paradiso 23, 88)” (Juan Pablo II, Homilía, 1979).

Tratando a María, descubrimos a Jesús. “¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –“Magnificat anima mea Dominum!” –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado.

”¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con Él y de tenerlo” (San Josemaría Escrivá, Surco, 95). Te pedimos, Madre mía, participar de la fe que tienes, que se haga realidad en mí lo que dijo de ti tu prima: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Te pedimos una unión de amor como esas imágenes románicas que se te ve en el abrazo con tu prima, con un mismo mirar, con los ojos pegados que parecen el mismo, así quisiera ver las cosas con una identificación de tu mirada, desde tu mirar y desde tu corazón.

Llucià Pou Sabaté

 

“Haced lo que Él os diga”


En medio del júbilo de la fiesta, en Caná, sólo María advierte la falta de vino… Hasta los detalles más pequeños de servicio llega el alma si, como Ella, se vive apasionadamente pendiente del prójimo, por Dios. (Surco, 631)
Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino (cfr. Jn 2, 3). Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

—Haced lo que Él os diga (Jn 2, 5).

Implete hydrias (Ioann. II, 7), llenad las vasijas, y el milagro viene. Así, con esa sencillez. Todo ordinario. Aquellos cumplían su oficio. El agua estaba al alcance de la mano. Y es la primera manifestación de la Divinidad del Señor. Lo más vulgar se convierte en extraordinario, en sobrenatural, cuando tenemos la buena voluntad de atender a lo que Dios nos pide.

Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!…

Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos (Jn 2, 11). Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

— ¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea! (Santo Rosario, 2º Misterio luminoso).

 

Esther Tallah: "La falta de acceso de la mujer a la educación acarrea numerosos lastres sociales"

 

Esther Tallah ha recibido recientemente en Madrid el premio Harambee por su lucha desde África contra la malaria y ha visitado Galicia para dar a conocer las iniciativas que lleva a cabo en Camerún. Fue la responsable del Proyecto Internacional para la Salud Materno-Infantil dirigido a la atención de madres embarazadas y niños recién nacidos, y miembro del Consejo Ejecutivo de Unitaid, iniciativa de prevención de la trasmisión del VIH entre madres e hijos.

Revista de prensa

 S.A.R. Doña Teresa de Borbón Dos Sicilias entrega el Premio a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana a la Dra. Esther Tallah.

Entrevista publicada en El Correo Gallego (Descarga la entrevista completa en PDF)

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Asimismo, desde hace nueve años lidera la Coalición de Camerún contra la Malaria. Viuda y madre de tres hijos, además de impulsar una sanidad pública digna y de reclamar el respaldo internacional para erradicar la malaria, dedica gran parte de su tiempo a promover la Asociación Efedi (Ecole, Familie, Education Integrale), una entidad sin ánimo de lucro creada para impulsar la educación de calidad de las niñas de su país

¿Qué significa Harambee y en qué consiste el premio que acaba de recibir?

Harambee es la expresión que se usa en África cuando se necesita que todos colaboren con todos. Es un proyecto internacional de solidaridad que promueve iniciativas de educación en África, a través de proyectos de desarrollo en el área subsahariana y de actividades de sensibilización en el resto del mundo, difundiendo los valores, las cualidades y las posibilidades de futuro del continente africano. Este premio pretende reconocer las iniciativas desarrolladas en el ámbito de la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana.

¿La malaria aún es un problema muy grave en Camerún?

En los medios no se habla de la malaria, sin embargo es un virus mucho más asesino que el zika, el ébola y la tuberculosis juntos, por eso merece más fondos y más atención, porque su erradicación es posible. Según la OMS, cada dos minutos hay una muerte por esta enfermedad. El mayor número de casos son niños menores de cinco años, concretamente, cuatro de cada diez que mueren en Camerún son consecuencia de la enfermedad. Es también la primera causa de muerte entre mujeres embarazadas, muchas fallecen al dar a luz, ya que la malaria produce anemia, lo que multiplica las posibilidades de sufrir una hemorragia en el parto.

 

‘Amoris laetitia’: Pautas doctrinales para un discernimiento pastoral

Escrito por Angel Rodríguez Luño

Publicado: 29 Mayo 2016

Parece útil recodar algunos puntos que conviene tener en cuenta para que el proceso de discernimiento sea conforme a las enseñanzas de la Iglesia, que el Santo Padre presupone y que en ningún modo ha querido cambiar

La Exhortación Apostólica Amoris laetitia ofrece las bases para dar un nuevo y muy necesario impulso a la pastoral familiar en todos sus aspectos. En el capítulo VIII se refiere a las delicadas situaciones en las que más se pone de manifiesto la debilidad humana. La línea propuesta por el Papa Francisco puede resumirse con las palabras que componen el título del capítulo: “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad”. Se nos invita a evitar los juicios sumarios y las actitudes de rechazo y exclusión, y a asumir en cambio la tarea de discernir las diferentes situaciones, emprendiendo con los interesados un diálogo sincero y lleno de misericordia. “Se trata de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento que ’orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios. La conversación con el sacerdote, en el fuero interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer. Dado que en la misma ley no hay gradualidad (cfr. Familiaris consortio, 34), este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia’”[1]. Parece útil recodar algunos puntos que conviene tener en cuenta para que el proceso de discernimiento sea conforme a las enseñanzas de la Iglesia[2], que el Santo Padre presupone y que en ningún modo ha querido cambiar.

Por lo que concierne a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, la Iglesia ha enseñado siempre y en todo lugar que “quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”[3]. La estructura fundamental del sacramento de la Reconciliación “comprende dos elementos igualmente esenciales: por una parte, los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, a saber, la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción; y por otra parte, la acción de Dios por ministerio de la Iglesia”[4]. Si faltase del todo la contrición perfecta o imperfecta (atrición), que incluye el propósito de cambiar de vida y evitar el pecado, los pecados no podrían ser perdonados, y si no obstante la absolución fuese impartida, la absolución sería inválida[5].

El proceso de discernimiento tiene que ser coherente también con la doctrina católica sobre la indisolubilidad del matrimonio, cuyo valor y actualidad el Papa Francisco subraya fuertemente. La idea de que las relaciones sexuales en el contexto de una segunda unión civil son lícitas, comporta que esa segunda unión se considera un verdadero matrimonio, y entonces se entra en contradicción objetiva con la doctrina sobre la indisolubilidad, según la cual el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto, ni siquiera por la potestad vicaria del Romano Pontífice[6]; si, en cambio, se reconoce que la segunda unión no es un verdadero matrimonio, porque verdadero matrimonio es y sigue siendo sólo el primero, entonces se acepta un estado y una condición de vida que "contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía"[7]. Si, además, la vida more uxorio en la segunda unión se considerase moralmente aceptable, se negaría el principio fundamental de la moral cristiana según el cual las relaciones sexuales sólo son lícitas dentro del matrimonio legítimo. Por esa razón, la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 14 de septiembre de 1994 decía: “El fiel que está conviviendo habitualmente ’more uxorio’ con una persona que no es la legítima esposa o el legítimo marido, no puede acceder a la Comunión eucarística. En el caso de que él lo juzgara posible, los pastores y los confesores, dada la gravedad de la materia y las exigencias del bien espiritual de la persona y del bien común de la Iglesia, tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia riñe abiertamente con la doctrina de la Iglesia”[8].

El Papa Francisco recuerda justamente que pueden existir acciones gravemente inmorales desde el punto de vista objetivo que, en el plano subjetivo y formal, no sean imputables o no lo sean plenamente, a causa de la ignorancia, el miedo o de otros atenuantes que la Iglesia ha tenido siempre en cuenta. A la luz de esta posibilidad, no se podría afirmar que quien vive en una situación matrimonial así llamada “irregular” objetivamente grave esté necesariamente en estado de pecado mortal[9]. La cuestión es delicada y difícil, porque siempre se ha reconocido que “de internis neque Ecclesia iudicat”, acerca del estado de lo más íntimo de la conciencia ni siquiera la Iglesia puede juzgar. Por eso la Declaración del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos acerca de canon 915, citada por el Papa Francisco[10], en la que se decía que la prohibición de recibir la Eucaristía comprende también a los fieles divorciados vueltos a casar, puso mucho cuidado en precisar qué debe entenderse por pecado grave en el contexto de ese canon. El texto de la Declaración dice: “La fórmula ’y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave’ es clara, y se debe entender de modo que no se deforme su sentido haciendo la norma inaplicable. Las tres condiciones que deben darse son: a) el pecado grave, entendido objetivamente, porque el ministro de la Comunión no podría juzgar de la imputabilidad subjetiva; b) la obstinada perseverancia, que significa la existencia de una situación objetiva de pecado que dura en el tiempo y a la cual la voluntad del fiel no pone fin, sin que se necesiten otros requisitos (actitud desafiante, advertencia previa, etc.) para que se verifique la situación en su fundamental gravedad eclesial; c) el carácter manifiesto de la situación de pecado grave habitual”[11].

La misma Declaración aclara que no se encuentran en esa situación de pecado grave habitual los fieles divorciados vueltos a casar que, no pudiendo interrumpir la convivencia por causas graves, se abstienen de los actos propios de los cónyuges, permaneciendo la obligación de evitar el escándalo, puesto que el hecho de no vivir more uxorioes de suyo oculto[12]. Fuera de este caso, en la atención pastoral de estos fieles habrá que tener también en cuenta que parece muy difícil que quienes viven en una segunda unión tengan la certeza moral subjetiva del estado de gracia, pues sólo mediante la interpretación de signos objetivos ese estado podría ser conocido por la propia conciencia y por la del confesor. Además, habría que distinguir entre una verdadera certeza moral subjetiva y un error de conciencia que el confesor tiene la obligación de corregir como se ha dicho antes, en cuanto que en la administración del sacramento el confesor es no sólo padre y médico, sino también maestro y juez, tareas todas éstas que ciertamente ha de cumplir con la máxima misericordia y delicadeza, y buscando ante todo el bien espiritual de quien se acerca a la confesión.

Los aspectos doctrinales mencionados, que pertenecen a la enseñanza multisecular de la Iglesia, y muchos de ellos al magisterio ordinario y universal, no deben impedir a los sacerdotes empeñarse con espíritu abierto y corazón grande en un diálogo cordial de discernimiento. Como escribe Papa Francisco, se trata de “evitar el grave riesgo de mensajes equivocados, como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente ’excepciones’, o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores. Cuando se encuentra una persona responsable y discreta, que no pretende poner sus deseos por encima del bien común de la Iglesia, con un pastor que sabe reconocer la seriedad del asunto que tiene entre manos, se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral”[13]. Por el contrario, sabiendo que la variedad de las circunstancias particulares es muy grande, como muy grande es también su complejidad, los principios doctrinales antes mencionados deberían ayudar a discernir el modo de ayudar a las personas interesadas a emprender un camino de conversión que les conduzca a una mayor integración en la vida de la Iglesia y, cuando sea posible, a la recepción de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Angel Rodríguez Luño

Fuente: unav.edu.

[1] Francisco, Exhortación Apostólica Post-sinodal Amoris laetitia, 19-III-2016, n. 300. La cita interna es del n. 86 de la Relación finaldel Sínodo del 2015.

[2] El Santo Padre así lo dice explícitamente en Amoris laetitia, n. 300.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1385.

[4] Ibid., n. 1448.

[5] Cfr. Ibid., nn. 1451-1453; Concilio de Trento, Sess. XIV, Doctrina de sacramento paenitentia, cap. 4 (Dz-Hü 1676-1678).

[6] San Juan Pablo II, en su discurso a la Rota Romana, del 21-I-2000, n. 8, declaró que esa doctrina ha de tenerse definitivamente.

[7] San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 22-XI-1981, n. 84.

[8] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados vueltos a casar, 14-IX-1994, n. 6.

[9] Cfr. Francisco, Amoris laetitia, n. 301.

[10] Cfr. Ibid., n. 302.

[11] Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Declaración sobre la admisibilidad a la Sagrada Comunión de los divorciados que se han vuelto a casar, 24-VI-2000, n. 2.

[12] Cfr. Ibidem. No está de más tener en cuenta que no se puede exigir que los fieles que viven en una segunda unión civil garanticen absolutamente que nunca más tendrán relaciones. Basta que tengan el sincero y firme propósito de abstenerse. A veces este propósito puede tenerlo sólo uno de los cónyuges. En este caso, según las circunstancias y la edad, puede ser suficiente para que pueda acceder a los sacramentos, tratando siempre de evitar el escándalo.

[13] Francisco, Amoris laetitia, n. 300.

 

Papa Francisco sobre el amor en la familia

Escrito por Charles J. Chaput

Publicado: 28 Mayo 2016

Un documento accesible a cualquier adulto interesado en su fe, que debe ser leído a fondo a un ritmo reflexivo

Vivimos en una época en la que los nervios de la gente están a flor de piel, por la información que reciben, ya sea porque no les gusta, no confían en ella o con frecuencia ni siquiera necesitan. Nos ahogamos en publicidad, en grupos de presión o en una política insana. Mientras tanto, en realidad, los mensajes vitales que dan vida pasan desapercibidos. Y en cuestiones complicadas, es más fácil sencillamente no pensar, y pasar directamente a la discusión.

Francisco, sin embargo, tiene un enfoque diferente. Las más de 250 páginas de la reciente exhortación apostólica del Santo Padre sobre el amor en la familia, Amoris laetitia −"La alegría del amor"− pueden parecer desalentadoras, como mirar la cumbre del monte Everest desde el campamento base. Pero ahí es donde termina la semejanza. Se trata de un documento accesible a cualquier adulto interesado en su fe. Y debe ser leído a fondo a un ritmo reflexivo. También debe sopesarse cuidadosamente a la luz de la exhortación apostólica Familiaris consortio de San Juan Pablo II, la teología del cuerpo, y otros documentos de la Iglesia anteriores sobre el matrimonio y la familia.

Al igual que su texto anterior Evangelii gaudium −"La alegría del Evangelio"−, las reflexiones postsinodales de Francisco sobre la familia, escritas con viveza, contienen una enseñanza excelente, ofrecida en un estilo atractivo propio. Los que buscan un cambio en la enseñanza católica sobre el matrimonio, el divorcio, la familia y la sexualidad se sentirán decepcionados, como ya han mostrado los titulares en la prensa secular. Otros pueden encontrar pasajes del texto del capítulo 8, cuando se subraya la sensibilidad pastoral en situaciones matrimoniales irregulares, que parecen ambiguos en su contenido.

Por lo tanto, es necesario entender "la alegría del amor" en el contexto del cuerpo de la doctrina católica y de la probada sabiduría que la enmarca. Este contexto dará forma a la respuesta de la Iglesia aquí en Filadelfia. Como escribió Romano Guardini −y cabe recordar que Guardini, uno de los grandes eruditos católicos del siglo pasado, es una influencia clave en la mente de este Papa− la piedad es una virtud más perfecta que la justicia. Pero como también Guardini escribió, no puede existir verdadera piedad desconectada de la verdad. Y la verdad del matrimonio cristiano, enseñado por Jesús mismo, es que el matrimonio es una alianza irrevocable permanente, con todo lo que ello implica para la vida sacramental católica.

Cada lector tendrá sus propios pasajes favoritos en este texto. Para mí, el valioso corazón de Amoris laetitia se encuentra en los capítulos 4-7. La extensa reflexión del Papa sobre la primera carta de Pablo a los Corintios es excepcionalmente hermosa. Los párrafos 178-181 sobre la infertilidad, la adopción, el acogimiento y la vocación de la familia son excelentes. Así como el número 187 sobre la familia extendida. El n. 193 sobre la importancia de la memoria histórica es muy valioso, como lo son los números 174-177 sobre el papel de padres y madres. El n. 167 tiene un elogio de bienvenida para las familias numerosas, y todo el texto tiene una profunda concepción de los hijos como un don.

Los párrafos nn. 47 y 48 muestran una genuina sensibilidad para los niños con necesidades especiales y los ancianos. El n. 80 reafirma enérgicamente el mensaje de la Humanae vitae, así como el n. 83 reafirma la santidad de toda vida humana. Y en el número 56, Francisco rechaza claramente la ideología de género y la confusión que promueve sobre la identidad sexual.

El capítulo 8 es una delicada reflexión sobre la necesidad de incluir a los divorciados vueltos a casar civilmente en la vida de la Iglesia, y de tratar a todas las personas en uniones irregulares con un adecuado cuidado. En mi experiencia, es raro que un pastor deliberadamente busque poner obstáculos en el camino de cualquiera que desee vivir una buena vida cristiana. Al mismo tiempo, tenemos que recordar que la enseñanza católica no es un "ideal" para ser alcanzado por unos pocos, sino una forma de vida que puede y debe ser vivida por todos nosotros.

Sería un error interpretar mal el espíritu compasivo de Amoris laetitia como una licencia para ignorar la verdad cristiana sobre cuestiones de fondo −las cuestiones que incluyen la enseñanza católica sobre el matrimonio y la disciplina de la Iglesia en la administración de los sacramentos.

Al momento de escribir estos pensamientos se están elaborando las directrices diocesanas para la comprensión y aplicación de Amoris laetitia, y serán ampliamente difundidos en el próximo mes, una vez que se terminen.

Mientras tanto, sobre todo a raíz de Encuentro de las Familias del año pasado los católicos de Filadelfia sólo puede enriquecerse por la lectura y la oración sobre "La Alegría del Amor".

Arzobispo Charles J. Chaput

Fuente: collationes.org.

 

El nuevo sexo discriminado

Barbara Kay es una conocida comentarista del National Post, uno de los principales diarios de Canadá. En una reciente conferencia en la McGill University, resumida aquí, subrayó la necesidad de superar el viejo feminismo de la confrontación con los hombres (1).

Kay comenzó contando algunas experiencias vitales que enmarcan sus ideas. En primer lugar, habló de su padre, hombre carismático y emprendedor que, tras haber sufrido extrema penuria en su juventud, estaba obsesionado con dar seguridad económica a su mujer y a sus tres hijas. Su vida de trabajo extenuante le llevó a una muerte prematura. Kay dice que su padre fue un héroe para ella, y que en su vida ha conocido otros hombres magníficos, entre los que cuenta a su marido, con el que lleva casada 42 años, a su hijo y a su yerno.

Así, dice, “estoy bien dispuesta hacia los hombres, a no ser que vea buenas razones en contra”. Su experiencia le ha permitido comprobar que “los hombres normales, psicológicamente sanos, educados en una sociedad respetuosa de las mujeres, como la canadiense, en su relación con las mujeres se rigen por el instinto de protegerlas, no de hacerles daño”.

El segundo elemento biográfico que menciona Kay es su condición de judía. “Crecí en una época de creciente aceptación de los judíos como iguales en la sociedad, consecuencia directa del movimiento mundial de compasión hacia los judíos tras el Holocausto”. La historia del pueblo judío inspiró a Kay una “desconfianza instintiva hacia cualquier grupo -ya sea una raza, una etnia, una religión o un sexo- que recurre a planteamientos maniqueos y usa a una colectividad entera de chivo emisario para explicar los fracasos de sus propios miembros”.

En las últimas décadas, Kay ha observado un cambio. Antes el ambiente era favorable a la diversidad intelectual y empezaba a serlo también a las mujeres. La época actual, dice, se ha vuelto desfavorable a la diversidad intelectual y no muy favorable a los hombres no homosexuales, pero extraordinariamente favorable a las mujeres. De todos esos nuevos fenómenos escribe en el National Post desde el año 2000.

Libertinaje

Al principio se ocupó a menudo de la “moda de la chica mala”. Escribió, por ejemplo, un artículo sobre la aparición de niñas vestidas de manera provocativa, como si fueran show girls de Las Vegas, con el consentimiento y aun el estímulo de sus madres; más tarde, publicó otro sobre mujeres educadas en universidades de élite que ponían en marcha revistas pornográficas; también unos cuantos sobre la degradante promiscuidad sexual. En esos artículos sostenía que “lo que para las mujeres comenzó como liberación sexual había degenerado en un libertinaje sexual irresponsable y adormecedor de la intimidad, que constituía una tendencia insana para las mujeres y para la sociedad”.

Para Kay, este fenómeno tuvo su icono cinematográfico en ‘El diario de Bridget Jones’, que supuestamente era una puesta al día de ‘Orgullo y prejuicio’. Pero mientras en la novela de Jane Austen “Elizabeth Bennet, gracias a su marcada personalidad, su integridad y su inteligencia, cautiva el corazón del estirado y cortés Mr. Darcy”, Bridget Jones es “una zángana impulsiva, fumadora empedernida, que no da muestra de inteligencia ni de comprensión de la naturaleza humana, totalmente volcada al sexo y disponible para cualquier hombre de buena apariencia que se cruza en su camino”.

Curiosamente, anota Kay, el Mark Darcy de la película es una fiel recreación del Mr. Fitzwilliam Darcy de Austen: un hombre inteligente, refinado, de buen gusto, discreto y templado. Por eso la película es inverosímil, pues en la vida real un hombre así no tomaría en serio a una joven como Bridget. De modo que la película, comenta Kay, “ilustra una extraña diferencia de géneros en materia de modelos morales, pues el caballero sigue siendo un caballero, pero la dama se ha convertido en una golfa”.

Feminismo y demografía

Después Kay se interesó para sus artículos en “las dramáticas consecuencias demográficas del feminismo”. “Las feministas promovieron la igualdad con los hombres en materia de carrera profesional y fomentaron la experimentación sexual, en vez de alentar a comprometerse joven y ser fiel; a consecuencia de todo eso, las mujeres tienen menos hijos y más tarde, y muchas no tienen ninguno”.

Ahora no pocas mujeres descubren que les gustaría tener hijos, pero se dan cuenta cuando ya es demasiado tarde. “Ni las clases de Estudios sobre la Mujer ni las comentaristas feministas les avisaron que la fertilidad alcanza su máximo en torno a los 25 años, ni que los embarazos a edad tardía entrañan más riesgo, ni que los abortos provocados aumentan la probabilidad de partos prematuros en embarazos posteriores”.

“El aborto es ahora tan común aquí que se ha convertido en el último recurso para el control de la natalidad. En los últimos diez años, la tasa de abortos en Quebec casi se ha multiplicado por dos: el 16% de los embarazos en 1998, el 30% hoy. No hace falta ser un cristiano fervoroso para considerar preocupante ese dato”.

De la misoginia a la misandria

Kay también se ha interesado por las consecuencias del feminismo en los hombres. Una de ellas es la extensión de la misandria o aversión a los hombres (la actitud inversa a la misoginia; la misantropía, como aclara la propia Kay, es la aversión al trato humano), que “hoy está arraigada en nuestro discurso público, en nuestro sistema educativo y en los servicios sociales”. Sin embargo, “la misandria no es detectada por la mayor parte de nosotros, porque nos hemos amoldado a aceptar teorías que no tienen nada que ver con la realidad, así como al lenguaje que acompaña a esa tendencia”.

Podemos ver un ejemplo de la misandria dominante, dice Kay, en el favoritismo hacia la mujer que se ha asentado en el derecho de familia. “La misandria en el derecho de familia es fruto de una ideología que considera a los niños como propiedad de las mujeres, pese a que muchos estudios muestran que los niños quieren y necesitan a sus dos progenitores, y ni uno solo permite concluir que sea beneficioso para el niño estar a cargo de la madre sola”.

Pero hoy, en las causas matrimoniales, cuando no hay acuerdo sobre la custodia de los hijos, en el 90% de los casos los jueces la conceden exclusivamente a la mujer, por mediocre madre que sea ella y por buen padre que sea él, y aunque el resultado sea que los niños pasen el día entero al cuidado de canguros o en la guardería. También, dice Kay, ella puede acusarlo falsamente de conducta violenta para que le prohíban acercarse a sus hijos, pues “sin necesidad de pruebas, cualquier denuncia o aun simple expresión de temor de malos tratos por parte de una mujer provocará la actuación inmediata de la policía y de los tribunales, sin que el hombre pueda defenderse”. O si ella impide al padre ejercer el derecho de visita, nunca será castigada.

A la inversa, si él deja de pasar la pensión, aunque se haya quedado sin trabajo y no tenga más recursos para pagar, será condenado, y si va a la cárcel, como muy bien puede suceder, cumplirá una condena más larga que un traficante de cocaína.

“Y sin embargo, todos los estudios sociológicos dignos de crédito que se conocen muestran sin lugar a dudas que si existe un indicador seguro de éxito en la vida adulta, es la presencia del padre desde que el niño o la niña tiene edad bastante para salir a la calle. Si existe un indicador seguro de fracaso (abandono de los estudios, drogas, promiscuidad, delincuencia), no es la pobreza: es la ausencia del padre en la última fase de la infancia y en la adolescencia”.

Kay concluye recordando una frase de Oscar Wilde: “Hace cien años, el amor homosexual era el amor que no se atrevía a decir su nombre. Hoy el amor homosexual ruge, y es la virilidad la que susurra en las sombras. (…) No necesitamos silenciar las voces de los hombres para que se oigan las de las mujeres. Necesitamos más conversación y menos monólogo. (…) El humanismo lleva al respeto y a la confianza entre los sexos. Y la colaboración entre los sexos lleva al ‘dorado árbol de la vida’ [Goethe] que todos debemos esforzarnos por alcanzar: una sociedad sana”.

(1) La versión original íntegra está disponible en MercatorNet (mercatornet.com).

 

 

Papel de la madre en la formación de sus hijos y en el hogar

“El futuro de un hijo es obra de la madre” (Napoleón)

El amor materno

«¡Feliz el hombre a quien Dios dio una Santa Madre!», dice Lamartine. A pesar de los desvíos de su imaginación, Lamartine conservó siempre el recuerdo de la educación cristiana que le dio su madre. Como dice Joseph de Maistre: «Si la madre tomó como un deber imprimir profundamente en la frente de su hijo el carácter divino, puede estarse prácticamente seguro de que la mano del vicio nunca lo apagará enteramente».

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«¡Cuantas otras madres imprimieron profundamente, en el alma de los hijos, el repeto, el culto, la adoración de Dios, de Quien ellas eran para ellos, por la pureza de vida, la imagen viva!

«Como madre, la mujer cristiana santifica al hombre-hijo; como hija, ella edifica al hombre-padre; como hermana, ella mejora al hombre-hermano; como esposa ella santifica al hombre-esposo».

La «raíz» de la santificación

«Yo quiero hacer de mi hijo un Santo»- decía la madre de San Atanasio.

«¡Gracias mil veces, Dios mío por habernos dado por madre una Santa!» – exclamaron por ocasión de la muerte de Santa Emilia sus dos hijos San Basilio y San Gregorio Nazianzeno.

«¿Quién nos dio a San Bernardo, y lo hizo tan puro, tan fuerte, tan abrasado de amor por Dios? Su madre, Aleth.

«Más cerca de nosotros, Napoleón dijo: «El futuro de un niño es la obra de su madre».

Pasteur afirmó: «¡Oh padre mío y madre mía, que vivisteis tan modestamente, es a vosotros que yo debo todo! Tus entusiasmos, mi valerosa madre, tú me los trasmitiste. Si yo siempre asocié la grandeza de la ciencia a la grandeza de la patria, es por que yo estaba impregnado de los sentimientos que tu me habías inspirado».

A algunos que lo felicitaban por tener el gusto de la piedad, el Santo Cura de Ars dijo: «Después de Dios, esto se debe a la obra de mi madre». «Casi todos los santos hicieron remontar los orígenes de su santidad a su propia madre».

La «raíz» de grandes personajes

«Es sobre las rodillas de la madre – dice Joseph de Maistre – que se forma lo que hay de más excelente en el mundo».

«Ella es en el hogar esa llama resplandeciente de que habla el Evangelio, distribuyendo sobre todos la luz de la Fe y el ardor de la caridad divina. A ella incumbe vivificar en la familia la idea de la soberanía de Dios, nuestro primer principio y nuestro ultimo fin, el amor y reconocimiento que debemos tener por su infinita bondad, el temor de su justicia, el espíritu de religión que nos une a Él, la ley de las castas costumbres, la honestidad de los actos y la sinceridad de las palabras, la dedicación y ayuda mutua, el trabajo y la templanza»…

…y de hombres de cualquier condición social

«En la familia obrera -dice Augustin Cochin- la figura dominante es la de la madre. Todo depende de su virtud y acaba por modelarse de acuerdo con ella. Al marido competen el trabajo y el aprovisionamiento del hogar, y a la mujer los cuidados y la dirección interior. El marido gana, la mujer ahorra. El marido alimenta a los hijos, la mujer los educa. El marido es el jefe de la familia, la mujer es su eslabón de unión con ella. El marido es la honra del hogar, la mujer su bendición».

Madre Católica: «raíz» del heroísmo

«El Vizconde de Maumigny escribió:

«Debemos a nuestras madres y hermanas el fondo de honra y de devota y caballeresca dedicación que es la vida de Francia. Nosotros les debemos la Fe católica. Discípulas de la Reina de los Apóstoles y de los Mártires, las madres hicieron pasar sus corazones a los de los hijos…».

«María Santísima, el modelo de las madres les enseñó cómo se sacrifica un hijo único a Dios y a la Iglesia. Al oír las narraciones de esas inmolaciones sublimes (este texto fue redactado en 1862, cuando los Zuavos Pontificios derramaban su sangre para defender la Santa Sede), Pío IX comentaba: «¡No, La Francia que produjo tales santas no perecerá jamás!».

La primera vez que la heroica viuda de Pimodan vio al Papa, no le dijo: «¡Oh, Santo Padre, devolvedme a mi marido!», si no que dijo: «¡Oh, decidme que él está en el Cielo!». Y cuando Pío IX respondió: «No rezo más por él», ella no preguntó nada más, pues entendió que era viuda de un mártir, y eso bastaba.

«En Castelfidardo los Zuavos Pontificios combatían bajo los ojos de sus madres, presentes en su pensamiento y entre las paredes del santuario donde la Reina de los Mártires engendró al Rey de los Mártires. Todos, mientras marchaban contra el enemigo, repetían esta frase de uno de ellos: «Mi alma a Dios, mi corazón a mi madre, mi cuerpo a Loreto». A la madre de ellos, a María Santísima, que a todos inspiraba, revierte la honra de la batalla. Como otrora los Cruzados, y más tarde los Vandeanos, fue sobre las rodillas de las madres que ellos aprendieron a morir por Dios, por la Iglesia y por la Patria.»

(Mons. Henri Delassus, L”Esprit Familial dans la Maison, dans la Cité et dans l”État, Société Saint-Augustin).